viernes, 31 de octubre de 2008

Fidel: El encuentro con Lula


Reflexiones del compañero Fidel: EL ENCUENTRO CON LULA

No es la inyección de dinero en sí a los países en desarrollo lo que critico en mi reflexión de ayer, como interpretaron algunos cables.

Al escribir La Peor Variante, me refería a la forma y los objetivos de la inyección. He venido exponiendo la idea de que la crisis financiera es consecuencia de los privilegios concedidos en 1944 en Bretton Woods al capitalismo desarrollado en Estados Unidos, que emergía con un enorme poder militar y económico, próximo a concluir la Segunda Guerra Mundial. El fenómeno se repite con una frecuencia cada vez mayor.

En carta al presidente de Brasil, Lula da Silva, que le envié apenas llegó a Cuba, ya que un encuentro conmigo no estaba programado en su breve visita a nuestro país, le escribí textualmente sobre ese punto:

“Quien sea el gobernante de Estados Unidos después de la actual crisis, necesita sentir una fuerte presión de los pueblos del Tercer Mundo demandando soluciones en las que participen todos y no un grupo de Estados. Las naciones más ricas necesitan desesperadamente que los pobres consuman, de lo contrario se paralizarían sus centros productores de bienes y servicios. Que utilicen sus computadoras para calcular cuántos millones de millones deben invertir para que las naciones pobres se desarrollen sin destruir la ecología y la vida en nuestro planeta.”

Para cualquier lector es obvio que, cuando hablo de invertir, me refiero a un aporte monetario al Tercer Mundo, fundamentalmente como crédito blando, con intereses de casi cero, en aras de un desarrollo racional que no destruya la ecología.

Pude reunirme con Lula, quien solicitó verme a pesar de su ajustado programa, y conversar durante casi dos horas con él. Le expliqué que divulgaría conceptos contenidos en mi carta; no tuvo objeción alguna. La conversación fue, como siempre, amable y respetuosa. Me explicó bastante detalladamente la obra que lleva a cabo en su país. Le di las gracias por el apoyo político y económico de Brasil a Cuba en su lucha, y le recalqué el papel decisivo desempeñado por Venezuela, una nación latinoamericana en desarrollo, y su Presidente, en los días más críticos del período especial y hoy, cuando el bloqueo imperialista se ha recrudecido y nuestro país ha sufrido el azote destructor de dos huracanes.

A pesar de nuestro amplio intercambio, quedó libre hora y media antes de la prevista para la partida.

Por lo que vi en varios cables esta tarde, adoptó una posición valiente con relación a las elecciones de Estados Unidos. Si triunfara McCain, no estaría contando de antemano con el mayor país latinoamericano, Brasil.

El próximo 15 de noviembre tendrá lugar en Washington la reunión convocada por Bush del Grupo del G-20. Apenas se abre un televisor, aparece un jefe de Estado hablando en una reunión de alto nivel. ¿Qué tiempo les quedará a los jefes de Estado para informarse y meditar sobre los complejos problemas que agobian al mundo?

El actual Presidente de Estados Unidos no tiene problema alguno: no los resuelve; los crea. La solución para él es tarea de otros.


Fidel Castro Ruz

Octubre 31 de 2008

5 y 15 p.m.

Denuncia politólogo argentino bloqueo contra Cuba


BUENOS AIRES, 31 de octubre

(PL).— De putrefacción moral de la Casa Blanca calificó el politólogo argentino Atilio Borón el pertinaz bloqueo contra Cuba durante casi medio siglo.

Al abordar el tema hoy en el diario Página 12, opinó que la reciente votación en la ONU, donde 185 de los 192 países miembros aprobaron por decimoséptima vez una resolución exigiendo ponerle fin no tiene antecedentes como repudio universal a las políticas de Washington.

Señaló que el bloqueo constituye un escarmiento a Cuba por luchar por su verdadera independencia y lo comparó con el castigo ejemplarizante que esclavistas y conquistadores de España y Portugal aplicaban con sadismo a quienes pretendían liberarse de sus cadenas.

Recordó también la enorme indemnización que Francia obligó a pagar a Haití por su independencia en 1825, la cual terminó de cancelarse en 1947 para sumir a ese estado caribeño en la más absoluta miseria.
Pero Cuba no pudo ser igualmente doblegada, y eso no se perdona, expresó Borón.

Acotó que para Washington, la Isla es un pésimo ejemplo que debe erradicarse de la faz de la Tierra, y Venezuela, Bolivia y Ecuador demuestran la malignidad del contagio, mientras otros gobiernos no infectados con el virus de la autodeterminación y la dignidad nacional coquetean con los rebeldes.

Subrayó que ni aún la devastación producida en Cuba por dos gigantescos huracanes hizo que Estados Unidos pusiera temporalmente un paréntesis a su criminal política.

Su reconstrucción, una empresa humanitaria por definición, se vería facilitada si la Casa Blanca tuviera todavía un pequeño resto de nobleza y moralidad y permitiera a La Habana adquirir los bienes que necesita en Estados Unidos. Pero no lo tiene.

Aclaró que La Revolución Cubana no quiere regalos, sino comerciar, pagando en efectivo y por adelantado sus compras, lo que favorecería a empresarios y trabajadores de su vecino del norte.

De este modo, la isla deberá adquirir en tierras lejanas bienes que, por el bloqueo y los fletes, terminan siendo carísimos. Será todo más difícil, pero Cuba ha dado repetidas muestras de no arredrarse ante la adversidad. Ahora podrá demostrarlo una vez más, concluye Borón.

http://www.granma.cubaweb.cu/2008/10/31/interna/artic19.html

Putrefacción moral en la Casa Blanca
por Atilio A. Borón

La enumeración de las atrocidades cometidas en los últimos tiempos contra los pueblos y la naturaleza para salvaguardar el sistema capitalista ocuparían todas las páginas de este diario.

Quisiéramos detenernos en una, de gran actualidad ante la inminencia de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y la votación que días atrás tuvo lugar en la Asamblea
General
de las Naciones Unidas, donde 185 de los 192 países miembros aprobaron, por decimoséptima vez, una resolución exigiendo poner fin al bloqueo iniciado hace cuarenta y seis años en contra de Cuba. En diecisiete oportunidades Washington ignoró olímpicamente las recomendaciones, prácticamente unánimes, de la comunidad internacional. Y todavía tiene el descaro de arrogarse la misión de diseminar la justicia y la libertad a lo largo y a lo ancho del planeta.

No se conocen antecedentes de un repudio tan universal a las políticas del imperio, acompañado en la defensa de sus fechorías tan sólo por Israel (su Estado-cliente y gendarme regional en Medio Oriente) y Palau.

Merece una digresión el caso de este micro-Estado que, según informa el sitio web de la CIA, es conjunto de islitas de 451 km cuadrados con una población de 21.093 habitantes. Es un país “independiente”, que vota en la ONU y se alinea con la Casa Blanca, razón por la cual seguramente será caracterizado por sus publicistas como una sólida y vibrante democracia.

No parece molestar a Washington en este caso el tema del partido único, recurrentemente utilizado para criticar a Cuba, porque en este baluarte de las libertades del lejano Pacífico sencillamente no existen partidos políticos, según lo informa también la CIA. No es que sólo hay uno y eso es malo; no hay ninguno, pero en este caso eso es bueno y no provocan el desvelo que a la inefable Condoleezza Rice le produce la débil arquitectura institucional del sistema político en Venezuela o Bolivia.

Tampoco lo hace el hecho de que en Arabia Saudita, gran amigo de Washington, los partidos políticos estén prohibidos. De todos modos, estos son detalles nimios que, en el caso de Palau, se compensan con largueza cuando se recuerda que ese protectorado del Tío Sam firmó un Tratado de Libre Asociación con Estados Unidos que lo convierte de facto en una colonia, pero una de un tipo muy especial. Puede sentarse en la Asamblea General para votar a favor de sus amos, y opinar y proponer resoluciones sobre asuntos de interés mundial.

No tuvo la misma suerte Puerto Rico, que Washington se preocupó desde la misma fundación de la ONU para incluir a ese botín de guerra en la lista de Territorios No Autónomos y, por lo tanto, inhabilitados para integrarse a la ONU. Sus cuatro millones de habitantes, más otros tantos que residen en Estados Unidos, no pueden opinar sobre ningún asunto. Los de Palau sí.

Afortunadamente en esta ocasión, las Islas Marshall, que la propia CIA describe como un simple “testing ground” (banco de prueba) de la cohetería del Pentágono –algo que hasta hace poco también hacían en la Isla puertorriqueña de Vieques- , y Micronesia decidieron desobedecer las órdenes de la Casa Blanca y se abstuvieron de votar en contra de Cuba.

Decíamos putrefacción moral porque no hay otra forma de calificar el pertinaz sostenimiento de un bloqueo durante casi medio siglo, ¡caso único en la historia de la humanidad!, que es en realidad un prolongado escarmiento propinado a Cuba por haberse animado a luchar por su verdadera independencia. Un castigo ejemplarizador, de esos que los esclavistas y los “conquistadores” de España y Portugal aplicaban con total sadismo a los que tenían la osadía de pretender liberarse de sus cadenas. Otras potencias colonialistas no se quedaron atrás en este torneo de infamias y oprobios. Francia, sin ir más lejos, impuso a la joya de sus colonias en el Caribe, Haití, en 1825, el pago de una enorme indemnización (equivalente a unos 21 mil millones de dólares de hoy) por los “perjuicios” ocasionados a los latifundistas franceses por su independencia. Además estableció, previo envío de una flotilla de cañoneras, un tributo del 50 por ciento a todos los bienes que entrasen o saliesen de ese desafortunado país, la primera república al Sur del Río Bravo. Esta deuda desangró al país: se terminó de pagar en 1947.

Después de más de un siglo de saqueo “legalizado” y avalado por los campeones mundiales de la libertad, la democracia y la justicia la que había sido una de las islas más ricas del Caribe quedó sumida en la miseria más absoluta.

Pero Cuba no pudo ser igualmente doblegada, y eso no se perdona. Es un pésimo ejemplo que debe erradicarse de la faz de la Tierra. Ahí están Venezuela, Bolivia y Ecuador para demostrar la malignidad del contagio. Y los otros gobiernos, que sin haberse infectado con el virus de la autodeterminación y la dignidad nacional, coquetean con los rebeldes.

Ni aun la fenomenal devastación producida por dos gigantescos huracanes hizo que Estados Unidos pusiera temporalmente entre paréntesis su criminal política para honrar los valores humanistas y solidarios sobre los cuales, dicen, se funda la sociedad norteamericana. Tal como lo declarara el canciller Pérez Roque en la ONU, el saldo de este desastre fue de “más de 500 mil viviendas y miles de escuelas e instituciones de salud afectadas, un tercio del área cultivada devastada y una severa destrucción de la infraestructura eléctrica y de comunicaciones, entre otros daños”.

Su reconstrucción, una empresa humanitaria por definición, se vería enormemente facilitada si la Casa Blanca tuviera todavía un pequeño resto de nobleza y moralidad y permitiera a La Habana adquirir los bienes que necesita en Estados Unidos. Pero es inútil: no lo tiene. La Revolución no quiere regalos; quiere comerciar, pagando en efectivo y por adelantado sus compras, lo que favorecería a empresarios y trabajadores de ese país y ayudaría a revitalizar, aunque sea en pequeño grado, una economía que ya se despeña hacia la recesión.

Pero ni eso admite la Casa Blanca. De ahí que sea sólo lógico hablar de la podredumbre moral en que se revuelcan sus ocupantes. Una administración que ya demostró su total insensibilidad y colosal ineptitud (aparte de un mal disimulado racismo) ante el flagelo que el Katrina provocó entre los suyos en New Orleáns. Una degradación moral que, para colmo, se combina con la inaudita estupidez de la pandilla reaccionaria que en estos días manda en Washington y que acelera el hundimiento del país en toda clase de pantanos de los cuales no saldrá indemne: Afganistán, Irak, Medio Oriente y, ahora, el estallido de la fenomenal burbuja financiera alentada por esa gente a lo largo de tantos años. De este modo, Cuba deberá adquirir en tierras lejanas bienes que, por el bloqueo y los fletes, terminan siendo carísimos. Será todo más difícil, pero la Revolución Cubana ha dado repetidas muestras de no arredrarse ante la adversidad ni ser vencida por ella. Ahora tendrá la oportunidad de demostrarlo una vez más. Y para ello contará con la solidaridad del mundo entero, excepto ese trío despreciable y rufianesco que votó en su contra en la ONU.

Dr. Atilio A. Boron es director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina

Tomado de ALAI AMLATINA, 31/10/2008, Buenos Aires.-

La razón tuvo un nombre: CUBA

por Raúl San Miguel

En el escaño de los Estados Unidos en la ONU dos funcionarios norteamericanos escuchaban al canciller cubano Felipe Pérez Roque. En sus rostros descubrí el esfuerzo por permanecer incólumes, cuando en realidad conocían el peso de cada una de las verdades que golpeaban en la sala convertida en una denuncia permanente de la aberrada política de bloqueo impuesto y mantenido por las diferentes administraciones que han dirigido la política exterior de la Casa Blanca.

Canciller cubano Felipe Pérez RoqueLas naciones que votaron en contra de la eliminación del bloqueo, Estados Unidos, Israel y Palau, no pudieron evitar que el resto del mundo se fundiera en un abrazo con la Mayor de las Antillas.

En la Isla, ocurrió un hecho que no por repetido mantiene su singularidad, el orgullo de ser cubano. Así lo comentaba un trabajador por cuenta propia que circulaba en su bicitaxi con la radio puesta, mientras escuchaba el discurso de Pérez Roque.

También en el agromercado, la gente exponía sus criterios y con sólidos argumentos defendían la posición de Cuba en relación con la injusticia que representa el bloqueo genocida que Washington pretende justificar al exigir concesiones que pondrían en peligro la soberanía de nuestro país.

Solo la prensa occidental (específicamente la estadounidense) pretendió escamotear la esperada victoria, al pretender reducir la intensidad de la noticia que recorrió el mundo y se posicionó en los titulares de muchos diarios de la prensa escrita y digital. No obstante, el embajador norteamericano en la ONU, Robert Godar, expuso el viejo discurso de siempre y donde la mentira repetida (al estilo de Goobels) no tendrá lugar en un mundo que atraviesa la peor crisis de su historia debido a las consecuencias de la política imperial dirigida (recuérdese las sanciones impuestas a quienes comercien con Cuba. Léase Leyes: Torricelli y Helms-Burton) contra todos los pueblos.

En esta nueva derrota de los Estados Unidos se cumplen las palabras del Comandante Ernesto, Che, Guevara:

"Esta humanidad ha dicho basta y echado a andar".

http://www.elhabanero.cubaweb.cu/2008/octubre/nro2375_oct08/nac_08oct764.html

Reflexiones del compañero Fidel: La peor variante


El líder de la Revolución Cubana afirma que el capitalismo desarrollado aspira todavía a seguir saqueando al mundo como si el mundo pudiera soportarlo y se refiere a declaraciones del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) que señalan que al ritmo actual de gastos, la humanidad necesitaría los recursos de dos planetas en 2030 para mantener su estilo de vida

Leí hoy que la Reserva Federal de Estados Unidos había creado una nueva línea de créditos para los Bancos Centrales de México, Brasil, Corea del Sur y Singapur.

En la misma declaración informa que ha proporcionado créditos similares a los Bancos Centrales de Australia, Canadá, Dinamarca, Reino Unido, Japón, Nueva Zelanda, Suiza y el Banco Central Europeo.

En virtud de esos acuerdos, proporciona dólares a los Bancos Centrales a cambio de reservas en divisas de esos países, que han sufrido pérdidas considerables debido a la crisis financiera y comercial.

De ese modo se afianza el poder económico de su moneda, privilegio otorgado en Bretton Woods.

El Fondo Monetario Internacional, que es el mismo perro con diferente collar, anuncia la inyección de elevadas sumas a sus clientes de Europa Oriental. A Hungría le inyecta el equivalente a 20 mil millones de euros, gran parte de los cuales son dólares procedentes de Estados Unidos. No cesan las máquinas de imprimir billetes ni el FMI de otorgar sus leoninos préstamos.

Por su parte, ayer el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) declaraba en Ginebra que al ritmo actual de gastos, la humanidad necesitaría los recursos de dos planetas en 2030 para mantener su estilo de vida.

El WWF es una institución seria. No hace falta ser graduado universitario en Matemáticas, Economía o Ciencias Políticas para comprender lo que eso significa. Es la peor variante. El capitalismo desarrollado aspira todavía a seguir saqueando al mundo como si el mundo pudiera soportarlo.


Fidel Castro Ruz

Octubre 30 de 2008

8:05 p.m.

jueves, 30 de octubre de 2008

Escenario en que triunfa la Revolución Cubana II

Escenario internacional y regional en que triunfa la Revolución Cubana: Una nueva visión II, por Orlando Cruz Capote
  • El movimiento revolucionario en América Latina y el Caribe.

En este marco internacional, América Latina y el Caribe enfrentaron un desafío extraordinariamente complejo y tenso. Sin subestimar la influencia positiva y negativa de los acontecimientos mundiales, el proceso revolucionario en el subcontinente debió tener muy en cuenta la política agresiva de los Estados Unidos en esta zona del mundo. Latinoamérica y el Caribe fueron las regiones donde los movimientos de ascenso de la lucha clasista y de liberación nacional parecieron imperceptibles ante la cantidad y diversidad de victorias parciales y derrotas profundas. Sirva de ejemplo recordar que solo entre 1943 y 1964 se sucedieron en el subcontinente alrededor de 71 golpes militares y alrededor de 4 intervenciones norteamericanas y extranjeras directas, y que entre 1947 y 1956, 18 de los 20 países latinoamericanos sufrieron de golpes militares derechistas y/o “reacomodos” burgueses favorables a Washington. Solo dos gobiernos, los de México y Uruguay, lograron mantener su sistema político burgués democrático-representativo sin interferencias directas.

Por lo tanto, en el subcontinente, la reanimación sociopolítica alcanzó otra dimensión. Estados Unidos emergió, luego de 1945, como el máximo explotador de los principales recursos naturales y humanos de la región. Las inversiones de los monopolios norteños sometieron los débiles intentos de las denominadas burguesías nacionales de lograr, otra vez más, cierta autonomía y se profundizó la dependencia de la región hacia el Imperio del Potomac.

No obstante, la estructura económica, socio-clasista y política de las sociedades de las tierras desde el Río Bravo hasta la Patagonia sufrieron notables cambios. Los partidos marxista-leninistas, recién culminada la contienda bélica, robustecieron en algún sentido sus organizaciones y aumentaron su influencia política-ideológica en el seno de varios sectores sociales. Pero la presencia temporal de las ideas del browderismo en su seno (4) y además, la presencia del viejo y siempre presente dogmatismo y del economicismo hicieron mella en su accionar práctico. En poco tiempo, las corrientes nacionalistas-reformistas, populistas y otras, ocuparon -porque arrancaron las banderas a los comunistas y de algunas otras fuerzas de izquierda- un importante espacio político en la región. De todas formas, el accionar clasista y antiimperialista cobró un nuevo impulso, aunque algunas concepciones reformistas obstaculizaron su desarrollo radical ascendente.

Este solo fue un ángulo de la problemática. En 1947 fue creado el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), y en 1948, la Organización de Estados Americanos (OEA). Los sueños panamericanistas de los gobernantes estadounidenses parecían haber encontrado su realización a pesar de la resistencia de los pueblos. El movimiento sindical latinoamericano y caribeño fue dividido por la acción de las centrales “amarillas” que operaban en el subcontinente y que estaban, prácticamente, subordinadas a los principales sindicatos norteños. Tal fue el caso del surgimiento de la Organización Regional Interamericana del Trabajo (ORIT) en 1951, que se dio a la tarea de escindir las filas de la clase obrera, supeditarla a la política expansionista de los monopolios extranjeros, a favor de las oligarquías burguesas locales y proclamar la política de la reconciliación de clases. El movimiento revolucionario en el subcontinente y, muy en particular el comunista, sufrió los embates de la cruzada represiva y divulgativa anticomunista compulsada por el clima de Guerra Fría imperante. Las campañas de propaganda acerca del peligro “moscovita” y “chino” influyó negativamente a una gran cantidad de sectores populares.

En la mayoría de los casos los marxista-leninistas reconocidos se encontraron aislados de las masas trabajadoras y populares por la persecución, las torturas y asesinatos, y por ser erradas y no adecuadas sus tácticas y métodos de lucha. Estas deficiencias e insuficiencias, copias de modelos y esquemas lejanos, los dejó sin mucha capacidad de iniciativa y creatividad revolucionarias lo que a la larga lastró el lado positivo de sus programas estratégicos e ideales. La espera del “instante adecuado” para lanzarse a la toma del poder político, arrojó a la mayoría de las fuerzas de izquierda al olvido de la necesidad de ir creando las condiciones subjetivas de la lucha, que toda vanguardia sin vestigio de aventurerismo y voluntarismo, debía y debe preparar lenta y concienzudamente para llevar a cabo el asalto definitivo al poder. En ocasiones, el reformismo político y el economismo permeó el accionar de muchas fuerzas de izquierda, en especial las comunistas que, en las alianzas establecidas, quedaron muy a la zaga del resto de las agrupaciones y de las masas populares y, prácticamente, fueron arrastradas (disminuidas) políticamente por los partidos burgueses. La cercana presencia de los Estados Unidos y su apoyo sin ambages a los gobiernos oligárquicos burgueses domésticos, representativos y dictatoriales, ejerció un efecto anestésico -el fatalismo geográfico- sobre los que apreciaron y calcularon que sólo con una correlación internacional y regional de fuerzas muy favorable, podía alcanzarse el triunfo revolucionario en el hemisferio occidental.

Sin embargo, los pueblos y las agrupaciones políticas revolucionarias no cesaron de luchar. El descontento popular y la contraofensiva de la reacción tuvieron su primera confrontación en tierra colombiana. Al unísono de la celebración de la IX Conferencia Panamericana en 1948, se produjo en la capital de Colombia, Bogotá, el asesinato del popular candidato de las fuerzas democráticas Jorge Eliécer Gaytán, y con ello un rudo golpe a las aspiraciones de las masas colombianas de realizar reformas y cambios necesarios en la sociedad. La tensa situación provocada por las fuerzas de la derecha obtuvo la respuesta del pueblo quien entabló un desigual combate contra los militares, primero en la capital y posteriormente en las montañas. El joven Fidel Castro, quien asistió al Congreso de Estudiantes Latinoamericanos citado en la urbe colombiana, precisó con acierto, que en “El Bogotazo” [ver imagen] se puso en evidencia la heroicidad del pueblo el cual, espontáneamente, sin organización y dirección adecuada, clamó por la justicia social. Resultado de este episodio fue la entronización de dos dictaduras, e incluso, el envío de tropas a la contienda coreana.

La República de Bolivia vivió en estos años otro de los procesos socio-políticos más interesantes de esta etapa. En abril de 1952, los obreros de las minas, en franca beligerancia, derrotaron al ejército constitucional. Se creó el Ejército de la Revolución que fue integrado por obreros y campesinos. Igualmente se dio inicio a un proceso de expropiaciones de las principales riquezas mineras del país en manos del capital norteamericano. Se firmó una débil reforma agraria en 1953 que, sin embargo, satisfizo en alguna forma una aspiración ancestral de los trabajadores y campesinos del campo boliviano. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), fuerza dirigente de este proceso, cedió ante las presiones de la oligarquía doméstica y de los monopolios norteños y sin decisión y firmeza revolucionarias hizo abortar el proyecto democrático en 1954.

La lucha del pueblo puertorriqueño por su independencia y soberanía tomó un serio impulso cuando se vertebró orgánicamente el movimiento independentista y se produjo en octubre de 1950, la denominada Revolución Nacionalista. Los EE.UU. con su tozudez habitual maniobraron política y diplomáticamente en la arena internacional (las Naciones Unidas en específico), y en 1952 concedió a Puerto Rico la condición eufemística de “Estado Libre Asociado”. Como consecuencia de las acciones revolucionarias por la emancipación nacional, fue encarcelado en prisiones norteamericanas un grupo numeroso de nacionalistas quienes se convirtieron en las décadas siguientes, junto a Pedro Albizu Campos, en los presos políticos más antiguos del continente.

Otra conmoción política que sacudió a la región tuvo lugar en 1953, al alcanzar el Partido Popular Progresista de Guyana, la mayoría de los votos en las elecciones convocadas en ese país. Esta organización que formó gobierno durante 133 días fue depuesta por el imperialismo británico, temeroso de que su viejo territorio colonial pudiera lograr la independencia.

La defensa de los intereses económicos, comerciales y financieros de los monopolios norteamericanos, ante el auge de las luchas revolucionarias, tuvo sus momentos culminantes y más agresivos en Nicaragua y Guatemala. En 1953, los marines yanquis desembarcaron en el puerto nicaragüense de Corinto ante los síntomas de desestabilización que sufrió una de las dictaduras dinásticas más sangrientas del subcontinente, la de los Somoza. Entre ese año y el posterior, se produciría una agresión del ejército nicaragüense contra la nación costarricense que fue repelida por su pueblo y la acción mancomunada de algunas fuerzas revolucionarias latinoamericanas que arribaron a ese país para participar en la lucha.

El proceso guatemalteco y su interrupción violenta por la intromisión de los EE.UU. y la OEA en los asuntos internos de ese país, fue uno de los capítulos más relevantes de estos años. El gobierno de Jacobo Arbenz, en el poder desde 1951, realizó una serie de importantes reformas socioeconómicas con el fin de dar alguna solución a los graves problemas acumulados en esa nación. En 1952, fue promulgada una reforma agraria que comenzó a entregar las tierras no cultivadas a los campesinos, afectando los intereses de la United Fruit Company. Importantes nacionalizaciones fueron acometidas contra otros monopolios norteamericanos. Los tímidos pasos en un inicio y la paulatina radicalización de las reformas posteriores chocaron con la vieja estructura estatal-militar que no fue demolida durante el proceso de transformaciones. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana comenzó su labor conspirativa contra las soberanas decisiones del gobierno guatemalteco. Esta actividad subversiva y de descarada injerencia fue arreciada luego de la “Resolución 93”, aprobada por mayoría en la reunión de la OEA, celebrada en Caracas, Venezuela, en 1954. Acusando al proceso nacionalista guatemalteco de comunista, los EE.UU. y la OEA, en franco contubernio con las fuerzas militares y los partidos de derecha internos, actuaron con toda su fuerza militar y política contra el proceso popular y ahogaron en sangre y fuego al pueblo centroamericano en 1954.

Por otra parte, la denominada “Revolución Libertadora” que derrocó al presidente constitucional Juan Domingo Perón, en 1955, fue la conclusión de un período político en la historia argentina. Populista y reformista en esencia, este proceso trajo algunas mejoras socioeconómicas a las masas populares en ese país. Desde 1946 se habían dado algunos pasos importantes en la intervención y nacionalización por el Estado argentino de distintas industrias, bancos y servicios fundamentales. En el agro se acometieron serias transformaciones que incluyeron la liquidación de posesiones a un grupo de terratenientes y la entrega de la tierra a los arrendatarios y campesinos. Sin embargo, el temor a radicalizar el proceso y darle mayor participación a las masas populares, hizo que el gobierno peronista comenzara a coquetear con las transnacionales y se sometiera a los pedidos de las instituciones económico-financieras yanquis y del imperialismo mundial. Las vacilaciones y concesiones fueron restando capacidad de maniobra al peronismo y su presidente abandonó el poder.

Una mención para el partido marxista-leninista cubano

El primer Partido Comunista de Cuba (PCC), había surgido a la vida política en agosto de 1925. Entre sus fundadores se encontraron revolucionarios e intelectuales orgánicos como Julio Antonio Mella y, más tarde, Rubén Martínez Villena (este en 1927), además del viejo luchador clasista e independentista Carlos Baliño, quien había estado al lado de José Martí en la creación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), en 1892. En el congreso constituyente de los comunistas cubanos participaron un grupo de marxistas con más corazón y pasión que convicciones conceptuales, porque en las conciencias de muchos de sus miembros estaban presentes las ideas anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas utópicas y de otras corrientes socialistas en boga en el continente europeo y los Estados Unidos de América. La práctica revolucionaria en la lucha de masas que le sobrevendría de inmediato serían sus primeras pruebas de fuego, la Revolución del 33, y la lectura-asimilación crítica de los clásicos vendrían al unísono pero más lentamente. Eran ante todo, patriotas y martianos de fe y espíritu.

En este Partido se fusionaron definitivamente las ideas de la liberación nacional con la justicia social en la Isla. Sus programas políticos -así como sus dirigentes y militantes más aguerridos- sufrieron los avatares de una época en que la III Internacional -la Internacional Comunista, IC o la Komintern-, luego de la muerte de V. I. Lenin, desvió en muchas ocasiones su rumbo marxista-leninista auténtico, principalmente luego de su VI Congreso en 1928, cuando se impuso la línea de “clase contra clase”, la prohibición de compromisos y alianzas con otras fuerzas de izquierda, así como tendencias sectaristas y dogmáticas. Estas deficiencias e insuficiencias de la IC se difundieron e incidieron en las directivas y prácticas del movimiento comunista mundial, incluyendo al cubano.

A pesar del viraje teórico y práctico del VII Congreso, bajo el liderazgo de Jorge Dimitrov, en el que se trató de recuperar el Frente Único, con los nombrados Frentes Amplios Populares -en la lucha contra el fascismo-, las ideas estalinistas habían penetrado lo suficiente para que no se pudiera transformar radicalmente ese pensar-accionar de la Casa Matriz (como también se le denominaba a la Komintern, radicada en Moscú), que desempeñó un rol determinante en las decisiones, por indicaciones del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). No obstante, los comunistas cubanos desplegaron algunas estrategias y tácticas propias, apostadas originaria y creativamente contra esas normativas y “ukases”, pero no pudieron evitar el alcance de esos errores internacionales y los suyos propios.

Tampoco sería justo olvidar, que el PCC fue una de las organizaciones más ferozmente perseguidas por los gobiernos burgueses clientelistas y que sus miembros aportaron un martirologio importante en las luchas revolucionarias. Por eso, ante la represión desatada, en 1937 decidió fundar una organización paralela, el Partido Unión Revolucionaria que tuvo un carácter legal, mientras continuaba existiendo el Partido Comunista de Cuba en la clandestinidad. En 1940 se fundieron ambas organizaciones y pasó a denominarse Unión Revolucionaria Comunista, y en 1944, por problemas políticos-tácticos, se nombró Partido Socialista Popular.

Sus métodos de lucha contra los gobiernos burgueses de turno fueran o no dictaduras, consistieron en la preparación de la huelga general revolucionaria de masas, el aprovechamiento de las vías electorales y parlamentarias, y la lucha armada sólo como último recurso. No obstante poseían un Departamento Militar, grupos de choque y una enorme vitalidad para participar con hombres, armas y logística, por ejemplo, en los enfrentamientos clasistas más agudos al interior de la nación y contra el imperialismo yanqui, solidarizarse con las causas justas de otros pueblos como el español en su combate contra el franquismo en el que participaron alrededor de mil combatientes en las Brigadas Internacionales, y apoyar incondicionalmente a la URSS en la segunda contienda bélica mundial ante la agresión nazifascista, donde murieron los jóvenes Enrique Vilar y Aldo Vivó, ambos con grados de oficiales del Ejército Rojo.

Esa línea de acción denominada de agosto, estuvo presente en la historia del PCC, antes de los años 1952-1957. Ella formaba parte de los principios políticos trazados por el movimiento comunista internacional. Sin embargo, a pesar de sus desavenencias públicas con la acción del ataque al Cuartel Moncada por la Generación del Centenario, el PCC mantuvo contactos con la dirección del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, en especial con Fidel Castro, a través de dirigentes de la Juventud Socialista, en México en el año 1955. Más tarde apoyó a los expedicionarios y combatientes durante y después del desembarco del Granma y a la lucha que se desarrolló en las zonas rurales y en las ciudades.

Pero no fue hasta finales de 1957, en que sus métodos cambiaron a partir de complicadas reuniones en su Comité Central y más que todo por la presión de sus organizaciones de base que ya estaban participando en la contienda insurreccional junto a las otras organizaciones revolucionarias. A principios de 1958, crearon un frente guerrillero en el macizo montañoso del Escambray, con Félix Torres como dirigente máximo, y en julio de ese año enviaron a un representante de su más alta dirección al Campamento de La Plata, en la Sierra Maestra, cumpliendo con lo acordado en el Pacto de Caracas. Pasos definitivos en el proceso de unidad se dieron en las conversaciones sostenidas por los Comandantes Ernesto Che Guevara y Faure Chaumón - éste último del Directorio Revolucionario 13 de marzo-, en el Pedrero, el 1ro de diciembre de 1958, en la antigua provincia de Las Villas, y los acuerdos tácitos entre el Comandante Camilo Cienfuegos y Félix Torres que también decidieron realizar acciones militares y políticas coordinadas conjuntas.

Al unísono, la gira de Blas Roca, Secretario General del PSP, a varios países latinoamericanos explicando la disposición de la organización de formar parte de la beligerancia guerrillera y su solicitud a la dirección del movimiento comunista internacional para incorporarse a la insurrección armada-política y popular fueron de una iniciativa rayana a la herejía. Más tarde, ya en pleno triunfo y transformaciones revolucionarias la decisión personal de Blas Roca de pasar las banderas del Partido Comunista a Fidel Castro, de autodisolverse y formar parte de las filas de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y, finalmente, del nuevo Partido Comunista de Cuba, el 3 de octubre de 1965, sugieren una actitud de humildad, modestia, capacidad de rectificación de errores y de espíritu unitario trascendental, que no se ha repetido en la historia latinoamericana y caribeña.

Pero esta explicación necesaria, quizás esclarezca las palabras del Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, compañero Fidel Castro, en la celebración del 1er Congreso del PCC, en 1975, cuando en el Informe Central expresó: “(...) En medio de esta situación la ideología burguesa y proimperialista dominaba el escenario político. El anticomunismo en pleno apogeo de la guerra fría marcaba la tónica en todos los medios de divulgación masiva (...) El Partido marxista-leninista, por sí solo, no contaba con los medios, fuerzas y condiciones nacionales e internacionales para llevar a cabo una insurrección armada. En las condiciones de Cuba en aquel instante habría sido un holocausto inútil (...) Pero no hay situación social y política, por complicada que parezca, sin una salida posible. Cuando las condiciones objetivas están dadas para la revolución, ciertos factores subjetivos pueden jugar entonces un papel importante en los acontecimientos. Esto no constituye un mérito particular de los hombres que elaboraron una estrategia revolucionaria que a la larga resultó victoriosa. Ellos recibieron la valiosa experiencia de nuestras luchas en el terreno militar y político: pudieron inspirarse en las heroicas contiendas por nuestra independencia (...) y nutrirse del pensamiento político que guió la revolución del 95 y la doctrina revolucionaria que alienta la lucha social liberadora de los tiempos modernos (...) el pueblo, la experiencia histórica, las enseñanzas de Martí, los principios del marxismo-leninismo, y una apreciación correcta de lo que en las condiciones peculiares de Cuba podía y debía hacerse en aquel momento (...) El pueblo mismo tenía que despertar un día a las profundas verdades contenidas en la doctrina de Marx, Engels y Lenin. Entre tanto, la tarea que se planteaba a los nuevos elementos revolucionarios era interpretarla y aplicarla a las condiciones específicas de nuestro país. Ésta fue y tuvo que ser obra de nuevos comunistas, sencillamente, porque no eran conocidos como tales y no tuvieron que padecer en el seno de nuestra sociedad, infestada de prejuicios y controles policíacos imperialistas, el terrible aislamiento y exclusión que padecían los abnegados combatientes revolucionarios de nuestro primer Partido comunista.” (5)

Conclusiones.

El balance de éxitos y derrotas para los revolucionarios latinoamericanos en la década del 50 no fue muy consolador. A pesar del derrocamiento de las dictaduras en el Perú (1956), Haití (1956), Colombia (1957) y Venezuela (1958) aún sobrevivieron las tiranías de Somoza en Nicaragua, Alfredo Strossner en Paraguay, Fulgencio Batista en Cuba y la de Jean Claude Duvalier (hijo) que se reinstauró en Haití. Un alto funcionario diplomático cubano, ahora retirado, el compañero Carlos Lechuga, definió el contexto latinoamericano de la siguiente manera: “El cuadro político (en 1959) era evidentemente favorable a los designios de Washington pues, en términos generales, la ductilidad de la mayor parte de los componentes del panorama continental, salvo la tradicional política mexicana, se prestaba para encajarlos en la estrategia que ya estaba en marcha (contra Cuba)”. (6)

Y el panorama internacional no debe dejar margen a equívocos. La Guerra Fría continuaba y se profundizó en el año del triunfo revolucionario cubano. La crisis de las dos Alemanias en 1961, con su consiguiente construcción del “Muro” de separación en la República Democrática Alemana en ese año, para evitar las constantes crisis con la República Federal Alemana, y la crisis de octubre o de los mísiles, en 1962, en la que Cuba tuvo un rol protagónico, fueron los momentos más álgidos de la confrontación entre los dos sistemas antagónicos, especialmente el último, en que se pudo desarrollar una conflagración nuclear mundial de impredecibles consecuencias.

Sin embargo, las lecciones y experiencias extraídas de lo acontecido permitieron la realización de una síntesis crítica de lo que no se debía y si podía hacerse para alcanzar la victoria y, con ello, producir un vuelco positivo en el panorama político latinoamericano a finales de 1958. Esta misión de tratar de asimilar las enseñanzas del pasado y el presente -incluidas las negativas- y de aportar ideas y prácticas renovadoras y creativas en la teoría y en la vida real le correspondió a la Revolución Cubana en su proceso de gestación y desarrollo ascendente. Pero es imposible deducir una coyuntura internacional totalmente favorable en el momento del triunfo revolucionario cubano, porque significaría mostrar la historia en términos de blanco o negro, o sea una falacia. Y no se trata de sobrestimar y tampoco subestimar la correlación de fuerzas internacionales y regionales en ese instante sino de ubicar el análisis en su justo medio. Algunos hechos posteriores corroboraron que, el equilibrio estratégico político-militar entre el socialismo y el capitalismo se alcanzó con enormes esfuerzos y, a un alto costo para la URSS y sus aliados, en la década de los años 70, cuando se produjo un clima de distensión entre ambas potencias y bloques.

Finalmente, podemos afirmar que la Revolución Cubana si inauguró una nueva etapa o fase en la crisis del capitalismo mundial, si se tiene en cuenta que este triunfo se produce en el hemisferio occidental, y gracias al impacto que tuvo de inmediato en el área latinoamericana y caribeña. El análisis de acontecimientos y procesos posteriores permiten hoy poder plantear que, Cuba abrió y formó parte, adelantada, de la compleja y revolucionaria década de los años 60 y que, por lo tanto, fue el primer movimiento antisistémico de ese período.

Notas bibliográficas y referencias:

4) El problema del browderismo sólo fue resuelto en 1947, con la publicación de la carta del dirigente comunista francés Jean Duclòs, que denunció a Eroch Browder, Secretario General del PC de EE.UU., de elaborar una teoría sobre la necesidad del colaboracionismo entre el socialismo y el capitalismo en la postguerra (el libro lo escribió estando en la prisión), tesis que devendría, más tarde, en la concepción de la convergencia entre los dos sistemas.

5) Fidel Castro Ruz Informe del Comité Central del Partido Comunista de Cuba al Primer Congreso, en La unión nos dio la Victoria, Editado por el DOR del CC del PCC, La Habana, 1976, pp. 37-41.

6) Carlos Lechuga Itinerario de una Farsa, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1991, p. 12.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

Escenario en que triunfa la Revolución Cubana I

Escenario internacional y regional en que triunfa la Revolución Cubana: Una nueva visión (I ) por Orlando Cruz Capote

Muchos de los análisis histórico-políticos realizados acerca del escenario internacional y regional en que triunfó la Revolución Cubana el Primero de Enero de 1959, arrojan un esquema muy absolutizado de la situación existente en el mundo y, específicamente, la predominante en América Latina y el Caribe. La conclusión más generalizada es la referida a que el proceso revolucionario cubano surgió en una coyuntura mundial favorable, que devino posterior al triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en la Rusia de los zares, en 1917, y de la conformación del campo socialista de la postguerra (1945); una segunda, muy asimilada por la historiografía cubana hasta los años 80, percibió que la Revolución en la Mayor de las Antillas significó el comienzo de la tercera etapa en la crisis general del capitalismo. Y la otra acepción estableció que la Revolución Cubana germinó en un contexto mundial donde la “Guerra Fría” había disminuido en intensidad, tesis que sirve de corolario a las anteriores.

El estudio riguroso del panorama mundial y regional, de forma concienzuda y con algún distanciamiento temporal, permitirá comprender en toda su dimensión la victoria revolucionaria cubana y su irrupción, repercusión e inserción independiente y soberana y, al unísono, necesariamente vinculada a los triunfos y derrotas del movimiento revolucionario mundial. El proceso histórico mundial nunca fue ni es (tampoco será) sencillo y rectilíneo. Y las tendencias progresistas en su seno se abren camino entre infinidades de variantes con avances en un sentido, estancamientos y retrocesos en otros. El grado de desarrollo del movimiento revolucionario no ha sido uniforme en todos los países y momentos históricos. Las olas de auge y reflujo de las fuerzas revolucionarias en el contexto internacional son muy complejas para simplificarlas en una fórmula ascendente que, aunque fuera cierta en sentido general, en instantes determinados y precisadas en zonas geográficas, no puede sustituir la riqueza contradictoria de la realidad particular y singular.

Las concepciones erróneas, anteriormente apuntadas, que no solo sirvieron de marco referencial externo para Cuba, fueron acogidas por diversos teóricos, políticos y cientistas sociales, dando por cuasi-realizado lo que cada destacamento revolucionario aún debía hacer y aportar en su propio escenario protagónico. La teoría pretendió suplantar a la práctica en detrimento de esta última y a la inversa. A partir de tales criterios, algunos de los análisis históricos se vieron precedidos por (semi) verdades a priori y no por el estudio de las singularidades y las regularidades, lógicas y dialécticas, que estaban presentes en el seno de las sociedades, por la acción de las leyes objetivas y subjetivas de éstas y, mucho menos, por la demostración tácita de una praxis revolucionaria que lo sustentara.

Luego de los cambios acaecidos una vez culminada la Segunda Guerra Mundial, en especial el surgimiento y fortalecimiento del campo socialista este europeo gracias a la resistencia antifascista interna pero, sobre todo, a la misión liberadora del Ejército Rojo, fue estampada una frase que expresó, de forma absoluta, que esta era “(...) la época del tránsito del capitalismo al socialismo, de la crisis del imperialismo, del derrumbe de su sistema colonial y del triunfo de las revoluciones proletarias.” Concebida su terminología por algunos de los trabajos leninistas, recepcionados en su letra aunque no siempre en su espíritu, y reestablecidos por una interpretación dogmática-esquemática vulgar y escolástica estalinista, el grupo de conceptos en cuestión tenían cierta sustentación real, pero vistos como tendencias generales y nunca para ser aplicados mecánica y arbitrariamente a cada situación sociohistórica concreta espacial, nacional y regional, así como referidos a un tiempo histórico, también específico. Su acuñamiento, no podía y no tenía que ser comprendido como verdades irremediables e irreversibles. Y si es cierto que el surgimiento del campo socialista de Europa Oriental tuvo una importancia cardinal en los asuntos del movimiento revolucionario mundial, el reduccionismo que conllevó este estereotipo teórico -muy eurocentrista por cierto- hizo mucho daño al accionar progresista y a las ciencias históricas y sociales en su desarrollo.

No obstante, algunos hechos progresistas acaecidos posteriormente en el ámbito mundial corroboraron, en cierto sentido, la formulación positiva enunciada: creación de la Federación Sindical Mundial en 1945; fundación, en ese mismo año, de la Federación Mundial de las Juventudes Democráticas y de la Federación Democrática Internacional de Mujeres; independencia de Vietnam, Indonesia y Laos en 1945; surgimiento de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1945; representación de los partidos comunistas en los gobiernos de Francia, Italia y Grecia; independencia de la India en 1947; triunfo de la Revolución China y proclamación de la República Popular China en 1949; creación en 1950, en Varsovia (Polonia), del Consejo Mundial por la Paz; victoria del pueblo coreano en su lucha contra la agresión norteamericana (1950-1953); triunfo de Vietnam contra los colonialistas franceses en la histórica batalla de Dien Bien Fu, en 1954; proyección de las naciones emergentes en el escenario mundial, hecho acaecido en la Conferencia de Bandung, Indonesia en 1955, donde se congregaron 29 Estados afroasiáticos y delinearon un decálogo de conceptos acerca de los derechos de los pueblos del mundo subdesarrollado (Tercer Mundo), entre otros.

Además, en el plano militar, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) logró demostrar en 1957, con el lanzamiento y puesta en órbita del primer satélite artificial de la Tierra (Sputnik), que contaba con cohetes balísticos intercontinentales capaces de transportar armas nucleares -posee el arma atómica desde 1949 y la bomba nuclear de hidrógeno, desde 1953- y con ello se inició un proceso de cambio en la correlación militar internacional que, de todas formas, siguió siendo favorable a los imperialistas. La posibilidad de un golpe coheteril de respuesta a los agresores fue un nuevo elemento a considerar por parte de los aventureros y guerreristas que asumieron una actitud más cautelosa ante la probabilidad de una destrucción mutua en caso de iniciar un ataque sorpresivo a la URSS y al campo socialista. De ello se deriva que, junto a las demás fuerzas revolucionarias fundamentales actuantes, el sistema socialista se convirtió en un factor más influyente en los acontecimientos mundiales y en un soporte básico, aunque no decisivo, de los grandes combates clasistas, antiimperialistas y nacional-liberadores. En 1949, las democracias populares este-europeas y la URSS crearon el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), lo que constituyó un cambio cuantitativo y cualitativo en la correlación de fuerzas e impuso un equilibrio bipolar EE.UU. vs. URSS o el capitalismo vs. el socialismo, que modificó en cierto sentido la geopolítica en todo el orbe.

Los avances reales del movimiento revolucionario mundial fueron ampliamente divulgados y situados en un orden prioritario por parte de los políticos y teóricos progresistas pero un espejismo triunfalista nubló la objetividad de la mayoría de los observadores. Los resultados de la conflagración mundial relegaron a un plano secundario las contradicciones interimperialistas al verse destruidos económica y militarmente un número considerable de países capitalistas en Europa y el Japón. Ello no fue óbice, sin embargo, para que los grupos dominantes de esos Estados burgueses defendieran ante todo sus intereses de clase esenciales frente el auge de las ideas socialistas en el movimiento obrero y en otras clases y grupos sociales.

Los Estados Unidos de América, fortalecidos económica y militarmente como consecuencia de la guerra, comenzaron a ejercer su hegemonía unívoca en el mundo del capital y esta potencia se erigió en el gendarme mundial. A través de la Doctrina Truman, el Plan Marshall [ver imagen] y el Plan Clayton, este último para América Latina, y otros proyectos político-militares, económico-comerciales y financieros, los estadounidenses iniciaron junto a las fuerzas más retrógradas del capital monopolista internacional y la reacción burguesa de otros países, el período denominado de la “Guerra Fría”. La Unión Soviética y los demás estados socialistas fueron rodeados de bases militares y sometidos a la presión y el chantaje nuclear. La creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en abril de 1949, dio un matiz más agresivo a los intentos del imperialismo de revertir los cambios operados en la arena internacional. Una particular atención merecería, en un artículo posterior, el accionar de la guerra ideológica y cultural contra el movimiento revolucionario. (1)

Aunque los combates clasistas en los países capitalistas más desarrollados continuaron sucediéndose, las fuerzas democráticas y progresistas comenzaron a perder las posiciones políticas alcanzadas al terminar la contienda bélica mundial. Los capitalismos -europeo, estadounidense y japonés- recuperaron en menos de una década su poderío económico, comercial, financiero, político y cultural, y crearon una muralla de contención ideológica contra el campo socialista y frenaron la lucha de los trabajadores y los pueblos de sus naciones. En 1957 fue creada la Comunidad Económica Europea (CEE), con el fin de coordinar las acciones económicas de los países capitalistas más desarrollados de esa región. En Asia y en el Medio y Centro Oriente, fueron creados bloques militares y económicos. En 1947, el imperialismo francés invadió a Vietnam -luego que este pueblo derrotara a los militaristas nipones- y, entre 1950-1953, los gobernantes de los EE.UU. desarrollaron su guerra contra Corea. Y aunque estos dos países alcanzaron la victoria sobre los agresores-usurpadores, sus naciones quedaron divididas, interrumpiéndose temporalmente el proceso total de liberación. Solo Vietnam alcanzó su unificación en 1976, luego de su victoria contra la agresión estadounidense en 1975, y Corea del Norte y del Sur continúan hoy cercenadas.

Por otra parte, las luchas independentistas africanas enfrentaron una nueva ofensiva de las potencias capitalistas cuyos puntos de referencias fueron el recrudecimiento de la intervención francesa en Argelia y el entrometimiento militar en los asuntos egipcios. La problemática del Medio Oriente se agudizó al crearse, en 1948, el Estado de Israel e iniciarse una guerra contra los países árabes vecinos hasta 1949. La fundación de un Estado Palestino quedó bloqueada en las Naciones Unidas por los países occidentales miembros del Consejo de Seguridad de ese organismo. La mayoría de los nuevos Estados naciones, en un proceso de descolonización que tendría mayor auge a partir de la década del 60, prosiguieron y hasta profundizaron su dependencia económica, comercial y financiera para con las viejas-nuevas metrópolis capitalistas-imperialistas. Algunos de ellos habían alcanzado una independencia política formal con serios problemas étnico-nacionales, raciales y religiosos internos, además de problemas territoriales-fronterizos y de migraciones poblacionales hacia sus países vecinos, todos heredados gracias a la arbitraria división geográfica realizada, una vez más, por los colonialistas y neocolonialistas. El problema del subdesarrollo y atraso en todas las esferas de la vida socioeconómica y cultural de estos países, más las presiones imperialistas hicieron naufragar en muchos casos los deseos de realizar transformaciones radicales en el interior de las naciones liberadas.

Otro factor vino a agravar la situación socioeconómica y política de los países del denominado Tercer Mundo y las relaciones económicas internacionales: el desarrollo de varias crisis cíclicas del sistema capitalista. Dichas crisis, que nunca determinaron el debilitamiento definitivo del mismo, siempre han conllevado a importantes reajustes estructurales en su economía, nuevas tácticas en la proyección de su política interna y externa y, fundamentalmente, el peso de tales debacles ha recaído sobre las frágiles economías subdesarrolladas, las clases trabajadoras y los pobres del Primer Mundo, con sus lógicas y catastróficas secuelas sociales. Un elemento nuevo a considerar en el análisis de la situación real en el capitalismo mundial nos muestra su inusitada fuerza en los años de la década del 50, gracias a la introducción y utilización eficiente, aunque no exenta de contradicciones como el derroche de recursos energéticos y el consumismo desenfrenado, entre otros, de los avances de la iniciada III Revolución Industrial, ahora con una nueva denominación: Revolución Científico-Técnica.

Paralelamente, aunque los hechos verificaron la recuperación económica de los países socialistas gracias al trabajo abnegado de sus pueblos bajo la dirección de los partidos marxista-leninistas, algunos datos dados a conocer posteriormente demuestran que las cifras socioeconómicas alcanzadas por estos jóvenes estados, si bien mostraron crecimiento y estabilidad, no fueron suficientemente productivas y eficientes para compararse a los mismos índices existentes en las naciones capitalistas desarrolladas. Un handicap en esta problemática lo constituyó el inicio del retraso tecno-científico manifestado y no superado en algunas esferas básicas y de avanzada de la economía socialista, además de ciertos problemas de calidad y variedad en los productos elaborados y el querer consumir con la misma intensidad de los países capitalistas. Se repitió la misma lógica reproductiva del capital, ahora al servicio de la mayoría, aunque hubo problemas de corrupción en algunas esferas de dirigentes de alto nivel.

Asimismo, los graduales pasos en el desarrollo socioeconómico, político y militar del campo socialista fueron respaldados con una vigorosa política de coexistencia pacífica en la arena internacional. Las propuestas de desarme general y total, moratoria de las pruebas y ensayos nucleares, reducción de los armamentos y los ejércitos fueron iniciativas permanentes de estos Estados, encabezados por la Unión Soviética. Sin embargo, la carrera armamentista comenzó un auge inusitado con el consiguiente desgaste de los países del bloque socialista.

Igualmente, la política de coexistencia pacífica no negó la tradicional y militante ayuda solidaria para con los movimientos clasistas y nacional liberadores. Los principios del internacionalismo proletario y socialista se ejercieron en muchos casos a contrapelo de las posibilidades reales de la potencialidad económica y militar alcanzada. En los puntos clave de política exterior existió, en general, una posición común entre las naciones socialistas y el resto del movimiento revolucionario internacional, aunque con limitaciones ideológicas serias, provocadas por la pretendida hegemonía política de Moscú que se manifestaba en “zonas de influencias” privilegiadas -lo que el Occidente denominó, más tarde, como la “Doctrina Brezhnev”- por su geopolítica y por el viejo método que remarcaba que su experimento socialista debía ser el único y por tanto calcado mecánicamente por el resto de los pueblos y países que se encaminaran por esa vía de desarrollo socioeconómico y político. No obstante esas limitaciones, ello permitió una sustancial contribución a la reducción del espacio político de las fuerzas más agresivas del imperialismo, sin limitarlas totalmente, y fortaleció el rol de las fuerzas democráticas y progresistas en el orbe, aunque existieron políticas selectivas e intereses acerca de a quiénes ayudar y el monto de ese apoyo.

En el denominado movimiento obrero y revolucionario internacional, las centrales sindicales en los países de régimen capitalista conocieron de las divisiones internas provocadas por las tendencias oportunistas, reformistas, anticomunistas y antisoviéticas, y por algunos de los errores sectarios y políticas desacertadas aplicadas por los propios marxista-leninistas, con una clara tendencia pro-euroriental, aunque también por las influencias del denominado marxismo occidental -más rico en la teoría que en la práctica-, en sus países y en la arena internacional. La acentuación de la escisión ideológica y orgánica del movimiento obrero y sindical tuvo como importantes jalones la creación de la Internacional Socialista en 1951, y el dominio mayoritario de las tendencias de centro-izquierda y derecha en su seno. La fundación de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), en el otoño de 1951, constituyó un duro golpe a las aspiraciones de la Federación Sindical Mundial (FSM) de reunir en una sola y unitaria organización a todos los trabajadores del planeta. Fueron creadas otras agrupaciones sindicales paralelas en las distintas regiones y países, por lo que se perdió la unidad organizativa y de acción del movimiento obrero internacional, regional y nacional.

La vieja disputa cultural, en su más amplia acepción que incluía la política y la ideológica, acerca de que la posición principista interna y, especialmente, la exterior del Estado, gobierno y el partido soviético no debía mezclarse y confundirse con la del movimiento comunista obrero y la de otras agrupaciones de izquierda -que ya venía manifestándose desde los congresos internacionales culturales de París (1935), Londres (1936) y el celebrado en la España de la Guerra Civil en 1937-, abrió un abismo ideopolítico muy bien aprovechado por la propaganda y las acciones diversionistas de la derecha burguesa y sus agencias de espionajes de los países capitalistas. Porque el conocimiento, paulatino, de los crímenes y abusos del estalinismo cometidos en la URSS -los tristemente famosos Procesos de Moscú-, y más allá de sus fronteras, contra otros destacamentos comunistas y adversarios “ideológicos”, aunque estuvieran en la esfera de las izquierdas -el asesinato de León Trotski en tierras mexicanas, ejecutado por agentes de la KGB, en 1942, por ejemplo-, fueron creando la visión de una revolución socialista que había torcido su rumbo democrático y humanista, abandonando los Soviets como forma real de gobierno, de una potencia emergente que estaba imponiendo su diseño de cómo llegar y construir el “nuevo” modo de producción al resto de los países socialistas, al movimiento comunista, obrero y al de liberación nacional, sin distinguir sus diversidades y singularidades ideopolíticas. Muchos se desencantaron y traicionaron al comunismo -algunos fueron justa o injustamente excomulgados-, marchando hacia un camino sin regreso, el de la conversión ideopolítica y se transformaron en una de las bases sociales de la ultraderecha conservadora en las naciones del capital. (2)

Estos son también los años en que comenzaron a manifestarse fenómenos negativos en el movimiento comunista internacional. En 1948 se produjo una aguda y estéril discusión entre el Buró de Información (C0MINFORN), organismo creado en 1947, (3) para la coordinación de acciones comunes de los partidos comunistas, luego de la disolución de la III Internacional (Internacional Comunista o KOMINTERN) en 1943, que había sido fundada por V. I. Lenin en 1919, y la Liga de los Comunistas de Yugoslavia que conllevó a una nueva división en el campo socialista y la expulsión de los comunistas yugoslavos del mismo. Otros sucesos acaecidos ese mismo año en Checoslovaquia, mostraron que las fuerzas de la reacción interna con el apoyo exterior no renunciaban a la revancha contra el socialismo. Asimismo, los acontecimientos de 1956 y 1957 en Hungría, país donde hubo de recurrirse a la intervención de fuerzas militares soviéticas con el objetivo de frenar los objetivos contrarrevolucionarios de algunas fuerzas internas, ratificó la tesis de que la lucha de clases aun en el interior de los países socialistas podían agudizarse. Pero las intromisiones en países considerados amigos y aliados, fueron estimados por mucha gente, como una flagrante violación del derecho internacional vigente. Numerosos observadores políticos y personas con sentido común vieron ese proceso como verdaderas agresiones contra modelos que distaban del implantado en la URSS, pero que se encaminaban por sus propias vías hacia el socialismo.

Y a todo este acontecer, estuvieron muy vinculados los errores y deficiencias cometidos en la construcción del socialismo en esos países que abrió espacios políticos a las acciones de los distintos grupos sociales y políticos que, en muchos casos, pasaron a la oposición abierta en contubernio con los planes de las agencias especiales capitalistas que contemplaban, no con los brazos cruzados, la posible erosión y destrucción de los regímenes socialistas desde dentro. Gran repercusión, positiva y negativa, adquirió la celebración del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1956, en donde se realizó una valiente pero insuficiente crítica a los errores y deformaciones en la construcción de la sociedad socialista en la URSS. La revelación de algunas de las graves deficiencias del estalinismo en el PCUS y en la dirección estatal socialista del país tuvo una amplia resonancia en el movimiento revolucionario mundial -en el comunista en primer lugar- por cuanto el modelo soviético de construcción socialista servía de referente histórico para los otros partidos marxista-leninistas. La problemática se proyectó sobre las fuerzas revolucionarias en el mundo y se produjeron infinidad de polémicas que conllevaron, en algunos casos, a la frustración, a la división y a la búsqueda de caminos alternativos y originales en la edificación del socialismo, con un saldo indiscutible de desgajamientos y confrontaciones.

Ello provocó, junto a otras divergencias, que en ocasión de la Conferencia de los Partidos Comunistas y Obreros de 1957, y con mayor fuerza en la de 1960, celebradas ambas en Moscú, la dirección del Partido Comunista de China manifestara importantes puntos de vista diferentes con el PCUS acerca del análisis y soluciones de la complicada situación política internacional y del propio movimiento revolucionario. Las acusaciones de revisionistas de izquierda y de derecha, oportunistas, maoístas, trotskistas, renegados y falsificadores cayeron con igual peso sobre aquellos que hicieron todo lo realmente posible por mellar el filo revolucionario de la ideología marxista-leninista y, también golpearon a muchos de los que indagaron con creatividad en las esferas teórica y práctica y nunca fueron traidores a la causa clasista y de liberación nacional de los pueblos.

Notas bibliográficas y referencias:

1) Frances Stonor Saunders La CIA y la guerra fría cultural, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2003.

2) Eliades Acosta Matos El Apocalipsis según San George, Ediciones Abril, La Habana, 2005; Siglo XX: intelectuales militantes, Ediciones Abril, La Habana, 2007

3) El COMINFORN surge el 9 de septiembre de 1947, en Polonia, constituidos por nueve partidos comunistas -de la URSS, Bulgaria, Rumania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoslavia, Francia e Italia- y tuvo en un inicio una función de ser un órgano de consultas y coordinación de acciones. Se disolvió el 14 de abril de 1956.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

Jornada Juvenil de Solidaridad con Los Cinco



Jornada Juvenil de Solidaridad con Los Cinco Héroes Cubanos prisioneros injustamente en cárceles de Estados Unidos.

8 de octubre al 30 de abril de 2009.

La Unión de Jóvenes Comunista convoca a las organizaciones y asociaciones juveniles y estudiantiles, y en general a todos los jóvenes de buena voluntad del mundo que se unan como en tanta ocasiones a la lucha a favor de la verdad y la justicia. Desarrollaremos del 8 de octubre al 30 de abril una nueva jornada internacional de solidaridad con los cinco jóvenes cubanos prisioneros injustamente en cárceles de Estados Unidos.

La lucha por la excarcelación de estos cinco héroes, representa una batalla por la verdad y contra el terrorismo. El objetivo es romper el muro de silencio que el gobierno de Estados Unidos impone a la opinión pública sobre el caso, denunciar la manipulación y la mentira de un juicio parcial e injusto y exigir la libertad inmediata de nuestros cincos hermanos.

El imperialismo durante diez años ha vertido todo su desprecio hacia la dignidad humana con total irracionalidad; desconoce de manera arbitraria los pronunciamientos de los organismos internacionales y crea todo tipo de obstáculos jurídicos y políticos que les permitan encontrar una solución para liberar a los cinco. Solo la movilización real de la opinión pública hará posible la influencia necesaria para alcanzar la justicia por la que hoy lucha nuestro pueblo.

La humanidad vive un momento de trascendental importancia para su historia y somos los jóvenes responsables de esta victoria en bien del futuro. Esta jornada será a favor de cinco hombres que sintetizan los más altos valores de dignidad, altruismo, valentía y solidaridad.

Invitamos a todos a concluir la jornada, los días entre el 28 y el 30 de abril realizando el II Encuentro Juvenil Internacional de solidaridad, en la Habana, Cuba. Nuestra juventud y nuestro pueblo sentirán un inmenso orgullo de recibirlos, para juntos reflexionar e intercambiar experiencias e ideas que han de multiplicarse para alcanzar la victoria en esta batalla.

¡Libertad para los Cinco Héroes!
¡Libertad a la Verdad y la Justicia!

¡Hasta la Victoria Siempre!
Unión de Jóvenes Comunista