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viernes, 20 de febrero de 2009

"Está hecha por humanos imperfectos"

"El problema… es que [la revolución] está hecha por humanos imperfectos"
Entrevista á Hernando Calvo Ospina, escritor colombiano radicado en París.
Por Orestes Martí - Manuel Alberto Ramy

Así dice Hernando Calvo Ospina (1961) un colombiano que combina su ágil pluma con la pupila de los rastreadores de temas polémicos. Escritor y periodista, reside en Francia. Colabora con la famosa publicación Le Monde Diplomatique. Entre sus libros publicados se encuentran ¿Disidentes o Mercenarios?; Don Pablo Escobar; Ron Bacardi, CIA, Cuba y Mundialización; El Equipo Choc de la CIA. Su último libro "Cuba: 50 años de Revolución, Hasta la Victoria Siempre!" fue publicado en Paris el 31 de enero con gran aceptación de público.

Cuba se acerca a la celebración de su 50 aniversario ¿vivió aquel acontecimiento? ¿Cómo lo recuerda?

Calvo Ospina: Yo aun no había nacido cuando sucedió la Revolución cubana. Recuerdo, eso si, que siendo muy niño mis padres me llevaban a Pereira, al sur occidente del Colombia. En esa ciudad ya existía un barrio llamado Cuba, donde vivían familiares. Era un barrio humilde. Y yo tenía la obsesión de encontrar a Fidel Castro. Ese barrio, en aquella época, hacia finales de los años sesenta, quedaba a las afueras de la ciudad. Cerca había unas plantaciones de caña de azúcar, a donde pedía que me llevaran pues quizás encontraba ahí a Fidel.

Pensándolo hoy, me llama la atención el que sintiera esa atracción hacia Fidel y Cuba, cuando lo normal es que se le tuviera miedo porque la propaganda decía que él mataba los niños para ponerlos en latas de conserva, o los enviaba para detrás de la cortina de hierro, o sea a los países socialistas, en particular la URSS. Esa era la propaganda, y que muchísimos creyeron en América Latina. Tengo pasajes en mi memoria donde me veo caminando de la mano de mi padre buscando a Fidel. Y él sonríe. Creo que es urgente que le pregunte a mis padres cómo vivieron la revolución cubana, y lo que se decía de ella. Si tengo esos recuerdos es porque a ellos no les afectó mucho la terrible propaganda. Aunque en algo debió incidirles, porque fue tanta y tan tenebrosa que de seguro debieron dudar y hasta temer.

¿Qué influencia considera ha tenido la Revolución cubana en su sociedad?

Calvo Ospina: Nací en Cali, ciudad del sur occidente colombiano. Me crecí en uno de los barrios más pobres del país. Además de rancheras y tangos, la otra música que escuchábamos era la cubana, la realizada antes de la Revolución. No tenía nombre de son, chachachá o mambo: era "música cubana". Y con ella aprendimos a bailar. Cali fue junto a Buenaventura, puerto sobre el Pacífico, y Barranquilla, en el Caribe, donde esta música se mantuvo viva. Los ritmos que se crearon con la Revolución fueron totalmente bloqueados, prohibidos, y afuera quedó la sensación que con ella "hasta" la música había acabado. Tan solo en los años ochenta sus sonidos empezaron a regarse de nuevo por el continente, y así comprobamos que el mítico y delicioso son no había partido de Cuba, como repetían algunas canciones producidas en Miami.

La influencia de la Revolución también la viví durante mis estudios secundarios. Las nacientes inquietudes políticas de nuestra joven generación tenían a Cuba entre las referencias. Y sin necesidad de ser militante del Partido Comunista. Cuba, por su influencia en el acontecer internacional, siempre estaba presente en nuestras luchas estudiantiles. El sueño de muchos era viajar a Cuba para "tocar" lo que ya era un mito rebelde. Pero bueno, las condiciones económicas de la inmensa mayoría nos relegaban el sueño a leer sobre ella y apoyarla.

Por la misma época llegó la "música protesta" o Nueva Trova. Y ahí surgieron las discusiones con una parte de la dirigencia de izquierda que quería "meternos" una música que, en el caso de Cali, nada tenía que ver con nuestras vivencias de barrio humilde. Su letra no estaba mal, pero su sonido no nos calentaba la piel. Mientras la pequeña burguesía intelectual y de izquierda se casaba con la Nueva Trova, la música popular bailable gozaba y compartía amores y rebeldías con nosotros, con el "lumpen-proletariado". Por eso, cuando en los ochenta llegaron los ritmos bailables producidos con la Revolución, para nosotros no fue un descubrimiento porque en nuestras esquinas, calles, salas y solares habíamos cuidado de sus antecesores.

¿Qué opinión le merece el bloqueo norteamericano a Cuba? ¿Aconsejaría a la nueva Administración norteamericana su levantamiento atendiendo al reclamo de la opinión pública internacional, especialmente a los resultados de las votaciones de la ONU?

Calvo Ospina: Es una vergüenza, no solo de Estados Unidos, sino de todos los gobiernos que lo apoyan, de una u otra manera. Porque aunque muchos de ellos se opongan en el papel, en las votaciones en la ONU, le siguen el "juego" a Washington.

¿Cuáles considera son la "asignatura pendientes" del proceso revolucionario cubano?

Calvo Ospina: Creo que con sus errores, la Revolución tiene buenas bases. El problema de ella es que está hecha por humanos imperfectos. Creo que muchos cubanos no han sabido apreciar el papel casi paternalista de la Revolución. Mientras Papá-Estado hace hasta milagros por buscar el bienestar para la población, algunos parecen decir: "lo que nada cuesta, hagámoslo fiesta". Es un gran reto para una Revolución que apenas está creciendo, pues cincuenta años no son nada para los 500 que la nación vivió dentro de un sistema enfermizo. Cuba es una escuela para otros procesos que van caminando en el continente: el ser papá sin ser paternalista, y que los ciudadanos aprenda a conservar porque todo cuesta, hasta vidas.

¿Cuáles son sus expectativas de la Revolución cubana en los próximos años?

Calvo Ospina: El camino no está fácil, pero no imposible. Hoy Cuba no está sola. Quien se va quedando aislado es Estados Unidos. El reto de Cuba no es simple, porque no solamente debe proseguir y mejorar para el interior sino para el exterior porque ella es ejemplo. Qué dura tarea!

Hernando Calvo Ospina es escritor y periodista colombiano radicado en Paris. Ha publicado numerosos libros sobre temas relacionados con Cuba y la extrema derecha cubano-americana radicada en los EEUU.

Progreso Semanal, Estados Unidos

jueves, 19 de febrero de 2009

Nuevo Aniversario (50) de la Revolución Cubana

Es cierto que cuando la mayoría de los comunistas y socialistas "de en de veras" (como dice una amiga), festejaban los 50 años de la primera Revolución Socialista Verdadera en el mundo, estábamos un poquito en receso, o dispersos, o con algunos problemitas.

Alguien habrá advertido la proposición de “Verdadera” y tal vez pueda sentirse molesto.

Quienes difieran de esta opinión, pueden sin dudas escribirnos sobre su desacuerdo, pero el pensamiento del Ojo Izquierdo no está atado a ningún esquema o estructura política que resuelva qué decir y qué no. La página es como la última carta del Che a Fidel y al pueblo cubano. No importa si tengo un mundo en contra, si entre la gloria y el sacrificio elijo lo segundo, si muchos creen que estamos errados. Creemos esto y lo afirmamos. Ojo, con el marxismo en la mano!

El hombre en Cuba, es para el Pueblo y su Estado lo más importante. No existe una prioridad mayor. La mayoría del Pueblo, no puede ser otra cosa que solidario con el ser humano, esté donde esté. Miles de cubanos ejercen esa calidad revolucionaria en todo el mundo. ¿Cómo? Con miles de médicos curando en los sitios más remotos y difíciles del mundo. Con educadores que alfabetizan a quienes el capitalismo abandonó ya hace tiempo. Con la solidaridad espontánea ante la desgracia de cualquier hombre o mujer en la tierra. Aún estadounidenses!

En Cuba, hay una economía de guerra casi permanente. Nunca sobra, no vemos autopistas atestadas de automóviles, no vemos ni siquiera en La Habana un conglomerado de rascacielos como en Buenos Aires, no vemos grandes supermercados atestados de gente, o miles ocupados con sus celulares, o jóvenes haciendo picadas o fumándose un porro en la esquina, tampoco están los restaurantes donde la gente se atraganta con un pedazo de pizza antes de seguir, etc. Claro que el bloqueo que obliga vivir pagando al contado, tiene mucho que ver.

Faltan muchas cosas, muchas comodidades. Pero llama la atención no ver un solo pibe en la calle hasta las seis de la tarde. ¿Donde están? Todos estudian. A los pioneros, los más chiquitos, se los recoge todos los días de su casa a la escuela. (Si nos equivocamos que alguien nos corrija). Ellos prometen: "Seremos como el Che". Los más grandes prometen defender la Revolución hasta la muerte. "Patria o Muerte, Venceremos" Que en definitiva es más o menos lo mismo.

En educación, no debe haber en el mundo que se compare con Cuba. El Pueblo se educa cada vez mejor y hasta educa a extranjeros por miles. ¡Sí, Cuba gasta dinero en la formación profesional de latinoamericanos sin recursos! Pero, lo que confirma que esta Revolución es Verdadera, es la calidad de su gente.

Es permanente la construcción del Hombre Nuevo, desde la convicción, la formación militante, la conciencia, el patriotismo y el internacionalismo, etc.
Prácticamente, un 90 % del pueblo se encuentra organizado y dispuesto a defender la Revolución. Por otra parte, el pueblo cubano destila paz por cada uno de sus poros. Ama el arte, la historia, la filosofía, etc. Pareciera que nadie sufre estrés. Son felices.

Compañeros Fidel, Raúl, Camilo, Ernesto, Rubén, y no podemos seguir por justicia, esa es la realidad, esa es la Revolución que queremos para nuestra Patria que hoy sufre. Nuestro homenaje a la Revolución Cubana, no es tardío. Es permanente.
¡Hasta la Victoria Siempre!

OJO, Ricardo (Que se viene... la Revolución en la Argentina)

http://www.geocities.com/ojo.izquierdo/index.htm

Imagen de http://s232.photobucket.com/albums/ee100/troubleros/?action=view&current=Revolucion.jpg

martes, 27 de enero de 2009

50 años: sin dejar de pisar tierra firme

Aunque ya enero va entregándonos su cuota final de días, no quiero que termine sin compartir con ustedes dos textos que celebran el 50 Aniversario de nuestra Revolución.

El primero viene desde la Patria de Allende y de Neruda, y lo envía un camarada de luchas cibernéticas: uno de los primeros con los que compartimos la defensa de la Revolución en Listas de Correo electrónico, y que fuera activo colaborador del Boletín Librínsula, bastión de la Batalla de Ideas durante varios años: les hablo del felizmente reencontrado Profesor Carlos Poblete, del Movimiento de Solidaridad con Cuba de Rancagua, Chile.

El segundo es de un soldado de la palabra que desde nuestra Patria linda, sabe defender, sin apañar errores, la fuerza de nuestra cincuentenaria Revolución, y les hablo del periodista José Alejandro Rodríguez, en su trinchera del Diario Juventud Rebelde.

Disfrútenlos y sigamos dando Vivas a esta Revolucion "con todos y para el bien de todos"

1

CUBA, 50 AÑOS DE REVOLUCIÓN SOCIALISTA

Iniciamos el presente año 2009 quienes valoramos la Revolución Cubana, celebrando los 50 años de su existencia. En rigor histórico, su carácter socialista se declaró al poco tiempo de su triunfo, ocurrido en enero de 1959.

Dura ha sido la batalla por sus conquistas plenas de humanismo. No será fácil seguir su camino constructor de más socialismo y, más aún, alcanzar en el tiempo el gran objetivo del comunismo. Estamos ciertos que Cuba no se quedará sólo en el empeño.

La Isla del Apóstol, a su modo, con su proceso ha recreado la teoría de los egregios pensadores del socialismo científico. Su práctica diaria enriquece ese pensamiento teórico. Ha sido ése otro de sus desafíos permanentes. No ha existido otra revolución en el hemisferio occidental que hable en castellano.

En todo proceso histórico-social transformador hay que estimar siempre la idiosincrasia de cada pueblo. En la tierra de Martí también se ha marcado un hito en ese aspecto. Su hazaña es creación propia. Ciertamente ningún proceso es un círculo cerrado, recibe y proyecta influencias. Mucho de lo que ha sucedido en América Latina en este medio siglo, y de lo que ocurre, tiene relación con la experiencia de la isla caribeña. Los pueblos y sus líderes del continente han vivido alumbrados por los destellos de la Sierra Maestra.

La revolución isleña nos entregó al Che y su moral, y al conductor de pueblos que es Fidel. Ambos nos enseñan con sus palabras y sus actos que un mundo nuevo es posible, que se puede y se debe. Que la solidaridad humana aplicada es adversaria irreconciliable del egoísmo.
Son millones los seres humanos de diversas latitudes planetarias que han sufrido el desamparo que el capitalismo provoca, que han recibido de Cuba de forma directa el humanismo de su revolución.

Fue Fidel quien dijo en un Foro Mundial hace unos años : " Desaparezca el hambre y no el hombre ".

Conocidos, y reconocidas por entidades internacionales son las metas alcanzadas por la revolución en áreas tan sensibles como educación y salud. Esos logros hacen de la Isla una potencia mundial.

Cuando hace 20 años cayeron los procesos y los países que en Europa del Este construían una forma de socialismo, a Cuba algunos le daban el pésame y otros le contaban los días. Entonces, apareció Fidel para decir : "Solos, pero en la cima ". Aquellos no conocían ni saben del temple de ese pueblo, bloqueado criminalmente hasta hoy durante 48 años por la potencia imperialista. En esas mismas circunstancias en extremo díficiles para Cuba y el mundo, Fidel, una tarde, en un encuentro con él en el Palacio de la Revolución, nos dijo : "Tenemos que resistir, y también desarrollarnos ". Agregó : " Cuba no los defraudará ".

El proceso histórico-social en la patria de José Martí lo revolucionó todo, en lo material y en lo moral. Allá la palabra Patria es plena de sentido, porque hay decoro. Es una revolución social y cultural, pero por sobre todo es una revolución ética.

El nuevo cumpleaños de la revolución martiana y socialista es un buen motivo para el abrazo en el año que se inicia.

Carlos Poblete Avila, Profesor de Estado
Ex dirigente nacional / internacional docente.
Chile, enero 2 de 2009.

Publicado en http://www.elrancahuaso.cl/admin/render/noticia/17255

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La lealtad insurgente

Por José Alejandro Rodríguez

Es el compromiso no entendido como fanatismo ni tampoco cual conformista complacencia, sino como fidelidad participativa y crítica, en el mejor sentido de la palabra: enjuiciar lo que se ama con la misma intensidad con que se le besa; pensar en lo que acecha y se incuba, alertar de las turbulencias que no dejan ver la luz.

Es fidelidad, porque no supone que todo anda bien, ni se cree que los paradigmas y valores supremos se trasfunden por sí mismos en la realidad, por una especie de ósmosis ideológica. Lleva una sana insurgencia, que ignoran los acomodados —de bienes o de mente—, oportunistas, dogmáticos, simuladores, cínicos y tecnócratas descreídos. Los que tienen la otra casaca preparada por si las moscas.

Los fieles inconformes que respondieron al llamado de Raúl de debatir sin tabúes nuestros problemas, ahora aguardan —claro que sin milagros, pero sí con esperanza— que del inventario se deriven cambios para más socialismo, que quiere decir mejor. Socialismo sin estigmas, trabas, dogmas e ineficacias que nuestro sistema debe dejar atrás para cumplir ese compromiso de la plenitud en cuerpo y alma, que tiene con el ser humano.

Ante tanto desafío, no solo urge debatir y consultar, sino vigorizar el sistema y la institucionalidad con mayor participación del sujeto supremo: las masas. Control popular, participación colectiva en la administración y dirección de muchos frentes, descentralización de funciones, que en modo alguno significa abandonar las riendas desde arriba, sino complementarlas con la vigorización horizontal que desburocratice muchos procesos, especialmente la economía.

Claro que son retadores los asuntos, en medio de tantas presiones exteriores que nos bloquean no digo yo el sustento, hasta el pensar y el soñar. Pero no hay más alternativa que recomponer el país si queremos que la carcoma no nos mine y se nos vayan de la mano los problemas, en una etapa en que, inevitablemente, la generación histórica de la Revolución va desapareciendo. A fin de cuentas, aún tenemos el timón de la nave y podemos guiarla a puerto seguro.

En este empeño salvador, es inestimable lo que pueden contribuir las investigaciones y diagnósticos de las ciencias sociales cubanas, de una agudeza sorprendente, y no siempre tenidos en cuenta en las políticas ni en la toma de decisiones sobre asuntos vitales del país.

No es menos cierto que Cuba es un país sui géneris, con un síndrome de cerco y plaza sitiada que ha generado muchos vaivenes y vientos encontrados en sus políticas, para readaptarse constantemente. Pero afortunadamente, la vida nos dice cada vez más que el empirismo, el voluntarismo y la improvisación en las políticas, sin el sedimento de la cientificidad que descubra y prevea tendencias, escenarios y factibilidades, son serios obstáculos para el avance.

Esas profundas introspecciones en el diseño de nuestra sociedad, son elocuentes al revelarnos bajo el principio de la duda científica —que no política ni ideológica— por qué, por ejemplo, la propiedad estatal no precisamente implica la social y el sentido de pertenencia del sujeto. O por qué, a pesar de que busquemos el pleno empleo, no por ello todos van a incorporarse a él con arengas o presiones, si este no se revaloriza, al punto de seducir y compulsar al mismo tiempo.

También la ciencia nos demuestra que los recursos —esa salvación cuantitativa que ponderan muchos— no curan si no se resuelven los problemas funcionales y estructurales de raíz. O que un país pobre, por inteligente que sea, no puede sostener sus abarcadores y crecientes programas sociales si no alcanza elevados niveles de eficacia y eficiencia en nuestra economía, cimentados en crecimientos sostenibles de la productividad y nuevos valores creados.

Detenido en medio del largo y azaroso camino, mirando hacia atrás 50 años y oteando el horizonte por conquistar sin dejar de pisar tierra firme, uno siente la sensación de que, si bien el entusiasmo es decisivo como el primer día, no llegaremos a la victoria si no nos guiamos, cada vez más, por la brújula de la inteligencia y la racionalidad.

El mejor homenaje a la Revolución Cubana en sus 50 años, no son las retóricas cansinas ni las consignas repetitivas, abstraídas de los vía crucis y complejidades que vive el país. La lealtad necesaria hoy no es la cerril con orejeras, sino la que defiende nuestros principios esenciales en lidia con los males intestinos, ojos y oídos alertas ante las plagas —importadas o criollas— que nos atacan y pudieran devorarnos.

http://www.juventudrebelde.cip.cu/opinion/2009-01-18/la-lealtad-insurgente/

jueves, 22 de enero de 2009

Cuba: los primeros cincuenta años

Por Winston Orrillo

"Te lo prometió Martí ¡¡Y Fidel te lo cumplió!"

Nacimos a la conciencia revolucionaria con ella. Era la primera revolución socialista en español. Ágrafos, nosotros, empezamos a deletrear, bajo su égida amable, transparente, fraterna.

Otrora, palabras como "heroísmo, sacrificio, patriotismo", eran, hasta su advenimiento, meros vocablos, sujetos a la repetición escolar, manida.

Lo que sucedía en Cuba, cotidianamente, era, en cambio, a partir del 1º de enero de 1959, una verdad profunda, "humana, demasiado humana": de allí sus errores, que los enemigos se empecinan en enrostrarle.: Pero ya el Apostol, como siempre, se había adelantado: "Hasta el sol tiene manchas. Los mezquinos ven las manchas, nosotros vemos la luz" (es cita de memoria).

Índices macroeconòmicos muy pocos países pueden lucir, en esta época de delirante crisis con sabor a hecatombe. En medio de estas vicisitudes, con todas sus necesidades y limitaciones, el Primer Territorio Libre en América es un paradigma.

Su fórmula yo la hallo meridiana: ha dado tanto que el mundo subdesarrollado, el mal llamado Tercer Mundo, es ahora deudor de su munificencia: ya no hay analfabetos en Venezuela ni Bolivia, por obra de la solidaridad cubana. Muchas vidas fueron salvadas en las catástrofes telúricas acaecidas en nuestro propio país, porque la solidaridad cubana era la primera que se hacía presente: recuerdo, vívida, la imagen de Fidel, el primer donante de sangre para el cataclismo del 31 de mayo de 1970, que nos costó más de sesenta mil muertos.

Pero cada uno en lo suyo: mi campo es la cultura, y aquí la Revolución incentivó las potencias culturales de su pueblo, siempre bajo la égida martiana: "Ser cultos para ser libres", y con esa aura, alfabetizó a su pueblo, creó la Casa de las Américas, puso los libros al alcance de todos, creó el ICAIC, el Instituto de Cine, responsable del renacimiento de la cinematografía en toda América Latina, y dio importancia fundamental a la Educación Artística, en Cubanacán, que recibió a miles de becarios del mundo entero. Así como también la Escuela de Medicina de Cuba –es la mejor medicina de Nuestra América- ha becado a miles y miles de estudiantes del orbe entero.


Los concursos anuales de la Casa de las Américas, devinieron en barómetro de los avances artístico-literarios del mundo en su totalidad, y la presencia de los escritores cubanos fue absolutamente necesaria en todos los contextos en los que de cultura se hablara. (Y también hay que decir que muchos miserables se aprovecharon de la generosidad cubana, para usarla como trampolín, y luego despotricar de ella. No los cito porque hoy no es mucho hablar de excrecencias.)

Lo que sucede es que la Revolución supo incorporar a valores que ya tenían una presencia en el mundo de las letras y las artes, como Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Wilfredo Lam, Mariano Rodríguez, y otros, más jóvenes, que habían estudiado en el extranjero, pero que sintieron el llamado y la llamarada de su patria y volvieron a trabajar por ella, como Roberto Fernandez Retamar y Pablo Armando Fernández, entre muchos otros.

En fin, Cuba sigue siendo foco de cultura, con Festivales Internacionales como los de Poesía, que va por la XIV edición –ya convocada para este año- en la que tiene participación decisiva la UNEAC, que preside Miguelito Barnet y que tiene como colaboradores a Alex Pausides, Nancy Morejón, Aitana Alberti, César Lopez, Pablo Armando y un Comité Internacional que ha hecho que el Festival homenajee a los vates de lenguas vernáculas y haga sesiones concomitantes con el Comité de Escritores y Artistas en Defensa de la Humanidad.


Y todo esto con un bloqueo criminal, condenado ecuménicamente pero que hasta el momento –hoy que escribo juramenta Obama como presidente del Imperio- no tiene visos de solución.

Cuba sufre ciclones, los últimos le ocasionaron cerca de 10 mil millones en pérdidas materiales, lo que, sumado a la convalecencia del "periodo especial" (motivado por la caída de la URSS y el desmoronamiento del campo socialista) ha hecho mucho más heroica aun la sobrevivencia en la perla del Caribe.

Mis amigos y hermanos cubanos son, todos ellos, héroes, en primer lugar, de la lucha por la sobrevivencia con dignidad y en medio de escaseces terribles.

Por eso, justísimas, como siempre, las palabras del querido Fidel, del impertérrito Fidel, quien, ante todo, felicitó al pueblo de Cuba, verdadero gestor y actor de esta Revolución que ha encendido la Segunda y Definitiva Independencia de América Latina.

Sin Cuba no se entenderían Venezuela Bolivariana, Bolivia insurgente, Ecuador dignísimo, Nicaragua sandinista, Paraguay en combate, y ahora mismo, anuncian, El Salvador en el camino de la victoria irrerversible.

jueves, 8 de enero de 2009

Santiago de Chile: celebración del Cincuentenario de la Revolución Cubana

Queridos amigos de Cuba y el mundo:

Lo primero que quiero contarles con un tremendo orgullo, que en Santiago de Chile la celebración del Cincuentenario de la Revolución Cubana se celebró en la plaza más central de la capital, organizado por el Movimiento Chileno de Solidaridad con cuba, en el que ocupa un lugar muy reconocido el Comité Gladys Marín M.

El Acto de la Plaza de Armas del día Viernes 2 de Enero resultó una celebración jubilosa y multitudinaria; la gente empezó a llegar antes de las 18.00 hrs., y una columna de simpatizantes irrumpió en el lugar, marchando desde Av. Alameda con el paseo Ahumada, portando banderas chilenas, cubanas, de colectividades politicas y organizaciones sociales y sindicales que simpatizan con la Revolución. Allí venían las banderas del PC, del Mapu, del PH, de la IC, del PS, pancartas alusivas, lienzos, alegría y la presencia de un amplio espectro ideológico, coreando canciones de homenaje y consignas de apoyo a la Revolución cubana.

El evento se realizó además con la participación de stands temáticos a cargo de algunos comités de solidaridad con Cuba, que desde las 17.00 hrs. entregaron al público abundante material impreso con informes de diferentes temas relacionados con la realidad de Cuba: "El Bloqueo de EE.UU." contra la Isla, "El Terrorismo Anticubano", "La Verdad Sobre La Emigración en Cuba", "Los Cinco Patriotas cubanos presos políticos en EE.UU." y "Las Elecciones en Cuba", "La Salud en Cuba", "La Educación en Cuba", y "El Deporte en Cuba".

En un engalanado escenario estuvo la presencia y conducción del actor Aníbal Reina, y sus siempre aplaudidas cualidades declamatorias, con la actuación de algunos artistas como el aplaudido folklorista Francisco Caucamán y el Colectivo de Danzas Andinas de Santiago que presentó un Tinkú, (danza que alegoriza la resistencia indígena). Se alternaron las presentaciones artísticas con las lecturas de los correos de muchas organizaciones sociales que desde las provincias adhirieron a la celebración.

A cargo de expresar el saludo chileno al pueblo cubano en esta celebración, estuvo el compañero Guillermo Teiller, Presidente del Partido Comunista de Chile, y el saludo de Cuba a los santiaguinos estuvo a cargo de Maira Ruiz, Embajadora Suplente.

Finalmente, el popular Conjunto Juana Fé de nuestra capital entregó su actuación musical, con la que el público cantó y bailó en este Acto de Homenaje, en el que la alegría y los momentos emotivos fueron importantes protagonistas, prolongándose la celebración hasta pasado las 21.00 hrs.

El financiamiento de dicho acto de celebración se hizo con una campaña de bonos de cooperación a la que adhirieron los amigos del Movimiento Chileno de Solidaridad con Cuba en Santiago.

Al día siguiente, Sábado 3 de Enero a medio día, como continuación de la celebración, se realizó una caravana de vehículos, adornados con afiches, banderas chilenas, cubanas, y parlantes, para recordar a los santiaguinos la importancia de la fecha. Luego de recorrer algunas calles de la capital, llegamos a la Embajada de EE.UU. para presentar una carta dirigida al Presidente electo Barack Obama . En dicha carta exigimos el cese del bloqueo económico a Cuba por parte de EE.UU., y la libertad de los cinco patriotas presos políticos en cárceles norteamericanas.

Luego de entregar la carta para el Presidente Obama nos dirigimos a la Embajada de Cuba para saludar a su Embajadora y al personal de la Embajada, donde expresamos nuevamente el saludo y compromiso de nuestro pueblo con la Revolución Cubana, ¡¡ Cuba, Cuba, Cuba, Chile te saluda!!, y la Embajadora también nos dirigió algunas palabras, que recibimos con un muy entusiasta ¡¡venceremos!!

Finalmente, cada uno volvió a su casa con la tremenda tranquilidad de haber saludado esta fecha importante con la dignidad y nivel que la Revolución Cubana merece.

Gracias, Fidel, por levantar en alto tus banderas!!

Hoy, como ayer, la Revolución hizo de la verdad, y de la unión con el pueblo, una bandera: lo demuestran las palabras de Raúl el pasado 1º de enero, lo anunció Fidel el 8 de enero, hace hoy, exactamente, 50 años:

"Las revoluciones sólo avanzan y perduran cuando las lleva adelante el pueblo. Haber comprendido esa verdad y actuado invariablemente en consecuencia con ella, ha sido factor decisivo de la victoria de la Revolución cubana frente a enemigos, dificultades y retos en apariencia invencibles."
Raúl Castro, 1º de enero de 2009


¡Jamás defraudaremos a nuestro pueblo!

Esa fue la promesa que hizo el Comandante en Jefe Fidel Castro aquel 8 de enero de 1959 en el campamento de Columbia (hoy Ciudad Libertad) al hablar ante una multitud que celebraba jubilosa la entrada a la capital del país de la Caravana de la Libertad.

Con la publicación del texto íntegro del discurso pronunciado aquella memorable noche, Granma comenzará a reflejar en sus páginas a lo largo de este año diversos documentos e intervenciones del líder de la Revolución, cuyas ideas y conceptos mantienen su plena vigencia medio siglo después y constituyen lecciones históricas de enorme valor para los días de hoy y los tiempos por venir.

Decirle siempre al pueblo la verdad

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, a su llegada a La Habana, en Ciudad Libertad, el 8 de enero de 1959

(VERSION TAQUIGRAFICA DE LAS OFICINAS DEL PRIMER MINISTRO)

Compatriotas:

Yo sé que al hablar esta noche aquí se me presenta una de las obligaciones más difíciles, quizás, en este largo proceso de lucha que se inició en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956.

El pueblo escucha, escuchan los combatientes revolucionarios, y escuchan los soldados del Ejército, cuyo destino está en nuestras manos.

Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.

Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo.

¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a los soldados.

Cuando nosotros teníamos un revés, lo declarábamos por "Radio Rebelde", censurábamos los errores de cualquier oficial que lo hubiese cometido, y advertíamos a todos los compañeros para que no le fuese a ocurrir lo mismo a cualquier otra tropa. No sucedía así con las compañías del Ejército. Distintas tropas caían en los mismos errores, porque a los oficiales y a los soldados jamás se les decía la verdad.

Y por eso yo quiero empezar —o, mejor dicho, seguir— con el mismo sistema: el de decirle siempre al pueblo la verdad.

Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance considerable. Aquí estamos en la capital, aquí estamos en Columbia, parecen victoriosas las fuerzas revolucionarias; el gobierno está constituido, reconocido por numerosos países del mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y, sin embargo, no debemos estar optimistas. Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba.

Si a mí me preguntaran qué tropa prefiero mandar, yo diría: prefiero mandar al pueblo.

Discurso íntegro en http://www.granma.cubaweb.cu/2009/01/08/nacional/artic01.html


GRACIAS FIDEL


A Raúl Gómez García

“Aquellos hombres dejaron sus huellas en la piedra
y
las aves los mencionan en sus cantos.
Ellos son cada d
ía mas.” ,

(Hernando Núñez, poeta peruano)


El ojo sabio despierta antes o quizás

mantiene en guardia la mente en el descanso

Quien habría de suponer

que removiera tanto el entorno en estos años

Giro alrededor mío y observo el momento

en que salí al ruedo

Entré al universo que me tocó

con las primeras nociones de vida

cuando accedí al origen de la idea

a la maravilla de Martì

entrega poética hecha carne en el Hombre

La interpretación en busca de equilibrio

condujo a lo que somos

a lo que la conciencia nos permitió

y hemos querido ser


A pesar de la distancia entre los ciclos

con gratitud me sentí próxima

a la generación soñada

portando sólo la percepción de lo inmediato

y las incógnitas que después despejarían

cuando quedó atrás por siempre

el desalojo de la existencia que representaba

la paradójica pesadilla que sufríamos

y que no era mas que un reflejo real

del continente de nuestras fronteras

cuando el pueblo encumbró en Enero

el compromiso inextinguible

del camino que debía hacia el futuro

orientado siempre por el Sol.

Natacha Santiago, Diciembre 2008


lunes, 5 de enero de 2009

Cuba en la vanguardia de la historia

Por Atilio Borón

Es una tarea ciclópea resumir en unas pocas líneas el significado de algo tan especial como la Revolución Cubana, que el viejo Hegel no hubiera dudado un instante en caracterizar como un acontecimiento «histórico-universal».

Una Revolución que destruyó mitos y prejuicios profundamente arraigados: que la revolución jamás podría triunfar en una Isla situada a 90 millas de Estados Unidos; que el imperialismo jamás permitiría la existencia de un país socialista en su patio trasero; que la revolución era impensable en un país subdesarrollado y, para colmo, sin el protagonismo de un partido «marxista-leninista» conduciendo la insurrección de las masas. Todos estos pronósticos, y muchos otros que sería largo enumerar, fueron refutados por el triunfo del Movimiento 26 de Julio y la consolidación y heroica sobrevivencia de la Revolución Cubana.

En efecto: ha sido —y sigue siendo— una hazaña resistir a medio siglo de un bloqueo económico sin precedentes en la historia de la humanidad y que año tras año es condenado por casi todos los países de la ONU, con la excepción de Estados Unidos y un puñado de sus indignos «estados-clientes». Pensemos simplemente lo que hubiera ocurrido en la Argentina (o cualquier otro país) ante un bloqueo de apenas un año, limitando drásticamente desde la importación de bienes esenciales hasta el ancho de banda de la Internet: este país se habría desintegrado producto de la conmoción social y la crisis integral que los sufrimientos y privaciones del bloqueo habrían desencadenado.

Es precisamente por eso que quien no quiera hablar del imperialismo norteamericano y sus políticas de permanente bloqueo y agresión hacia Cuba debería abstenerse de formular cualquier tipo de crítica a la Revolución. Es bien importante marcar esta postura porque tanto dentro como fuera de la Isla —especialmente el «progresismo bienpensante», una especie ampliamente difundida en la región— no son pocos quienes disparan sus dardos contra las asignaturas pendientes de la Revolución sin hacer la menor mención al influjo radicalmente desestabilizador de la política del imperio. Es cierto que hay mucho por hacer todavía en Cuba pero, ¿cómo explicar esas falencias al margen de un bloqueo de medio siglo cuyo costo, según cálculos muy conservadores, oscila en torno a los 93 000 millones de dólares, una cifra dos veces superior al Producto Interno Bruto de Cuba, más allá de otras consecuencias que trascienden lo económico y que se miden en vidas humanas y en sufrimientos innecesarios e indiscriminados de toda la población? Cualquier crítica a la política, la economía o la sociedad cubana que no comience por un análisis del bloqueo y su demoledor impacto termina siendo —involuntariamente pero eso no importa— objetivamente reaccionaria. Equivaldría, salvando las distancias, a criticar a los judíos que lucharon con extraordinaria valentía y dignidad en la defensa del gueto de Varsovia por su incapacidad para resistir a los embates de la maquinaria militar de los nazis, explicando su aniquilamiento como producto exclusivo de la situación interna del gueto e ignorando por completo el contexto más amplio que hizo posible su derrota.

A las restricciones propias del bloqueo habría que agregar, entre muchas otras, el humillante servilismo de la casi totalidad de los países de la región, con la honrosa excepción de México, que ante un ucase del imperio cortaron relaciones con la patria de Martí a partir de 1962, profundizando los efectos deletéreos del bloqueo. Pese a ello, los 50 años de la Revolución encuentran a Cuba sólidamente a la cabeza en una amplia diversidad de índices de desarrollo social. Este es un asunto que ya se da por descontado pero conviene recordarlo puesto que tales logros se alcanzaron bajo la hostilidad permanente de Estados Unidos y debiendo además sobreponerse a las tremendas consecuencias derivadas de la implosión de la Unión Soviética y la desaparición del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). Los otros países de la región, rutinariamente cubiertos de elogios por la prensa imperialista y sus voceros en el mundo político, registran índices de desarrollo social muy inferiores —en algunos casos vergonzosamente inferiores— a los cubanos pese a que a lo largo de este medio siglo contaron con el permanente apoyo financiero y político de Washington. Un solo indicador habla con elocuencia: la tasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos coloca claramente a Cuba por encima de cualquier otro país de las Américas, con un nivel semejante al de Canadá (5/1 000) y aventajando a Estados Unidos (7/1 000), para no hablar de países como Argentina, Brasil, México, en donde estas tasas triplican o cuadruplican a la cubana.

Este cincuentenario plantea renovados desafíos a la Revolución Cubana, originados en: (a) los grandes cambios que caracterizan a la economía mundial y que provocan la obsolescencia del viejo modelo de planificación ultracentralizada; (b) la creciente beligerancia de un imperialismo que se enfrenta con renovadas resistencias a lo largo y ancho del globo, sobre todo luego de la crisis global estallada pocos meses atrás; y, (c) la necesidad de renovar el impulso revolucionario y, sobre todo, transmitirlo a las nuevas generaciones. Desafíos que requieren de respuestas innovadoras pero, como el mismo Fidel lo recordara, para nada significa caer en el «error histórico» de creer que «con métodos capitalistas se puede construir el socialismo». En otras palabras: la indispensable reforma que Cuba necesita no puede significar la reintroducción de métodos capitalistas en la gestión de la economía, como se hizo en China o Vietnam. Cuba, colocada una vez más en la vanguardia de la historia, como a mediados del siglo pasado, deberá transitar por un estrecho sendero en donde se mantenga la planificación de las actividades económicas y el papel rector del Estado pero apelando a estructuras más flexibles de planificación y control y a procesos más ágiles de conducción y ejecución. De lo contrario las desigualdades se multiplicarían y la corrupción y la desmoralización resultante de las mismas podrían, al cabo de un tiempo, debilitar irreparablemente el impulso revolucionario y favorecer los planes de la reacción imperialista. Fue ese el mensaje claramente expresado por Fidel en su discurso de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana. Por eso Cuba está a la vanguardia de la historia, realizando un experimento sin precedentes: reformar al socialismo pero profundizando el socialismo. Al igual que antes, Cuba rompe con todos los manuales y con el saber convencional. Estamos seguros de que también en esta oportunidad el éxito rubricará su osadía.

Una reflexión final: imaginemos lo que habría sucedido en América Latina si la Revolución Cubana hubiese sucumbido ante las agresiones del imperialismo o como consecuencia del derrumbe de la Unión Soviética. La respuesta es clara y contundente: en tal hipotético caso nuestra historia habría sido radicalmente diferente. Sin el fuego emancipador preservado heroicamente por Cuba durante medio siglo los pueblos de las Américas difícilmente habrían tenido la inspiración y la audacia para resistir la renovada opresión de que eran objeto, y para rebelarse en contra del imperio y sus lugartenientes locales. Fue su vibrante ejemplo el que incendió la pradera de América Latina en los años 60, lo que alimentó las grandes movilizaciones que impulsaron el ascenso de la Unidad Popular en Chile y el triunfo de Héctor Cámpora en la Argentina. Fue su ejemplo el que abrió el espacio para el giro radical de Juan Velasco Alvarado en el Perú y para la instauración de la Asamblea Popular y el gobierno de Juan José Torres en Bolivia; fue el rotundo mentís que Cuba le propinó al fatalismo y al inmovilismo lo que nutrió la insurgencia constitucionalista del Coronel Francisco Caamaño Deñó en la República Dominicana ultrajada por el invasor yanqui. Fue la inconmovible lealtad y solidaridad de Cuba con todos los pueblos en lucha lo que hizo posible resistir las atrocidades de las dictaduras que asolaron la región en los años 70 y, entre tantas otras cosas, asegurar el triunfo del Sandinismo en Nicaragua y, con el sacrificio de sus hijas e hijos, derrotar al apartheid sudafricano y garantizar la independencia de Angola. Fue la inconmovible fortaleza de Cuba la que la convirtió en referencia obligada cuando, a mediados de los 80, el continente retomaba el escarpado —¡y todavía inconcluso!— sendero de la «transición democrática» agobiado por el peso de una deuda externa que ya en 1985 se definió en La Habana como «incobrable e impagable». Ejemplo que adquirió dimensiones gigantescas cuando la Isla demostró ser capaz de resistir a pie firme el derrumbe de los mal llamados «socialismos realmente existentes», desplomados precisamente por no ser socialismos. Y la Isla resistió en esos terribles momentos las presiones y los cantos de sirenas de los agentes del imperialismo y sus publicistas (entre los cuales sobresale por su dedicación el lobbista número uno de las transnacionales españolas: Felipe González) que le recomendaban a La Habana «volver a la sensatez» y olvidarse de la Revolución, para reemerger victoriosa, como el ave Fénix en medio de la debacle de la Unión Soviética y el CAME para animar a los pueblos del mundo entero a decir ¡basta! Es en este escenario, que lleva la marca indeleble de la resistencia de Cuba como una de sus señas de identidad, que irrumpe la Revolución Bolivariana y la figura excepcional de Hugo Chávez, mientras que más al sur Rafael Correa ponía en marcha su Revolución Ciudadana y en la Bolivia del Che un extraordinario dirigente cocalero, Evo Morales, se proyectaba como el líder de un pueblo en pos de una reivindicación que se le debía desde hacía más de cinco siglos. Hay también otros procesos en marcha en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y, en general, en casi toda nuestra geografía. Con características externas diferentes según los casos pero, invariablemente —al menos en el espíritu de los pueblos— como expresión de un intransigente rechazo al imperialismo, al capitalismo y las políticas neoliberales que rara vez se refleja en las políticas que propician esos gobiernos.

Todo esto no habría sido posible si Cuba hubiera sido derrotada en Girón, o si sus hombres y mujeres hubiesen defeccionado, abandonando sus ideales, ahogando la antorcha que con tanto esfuerzo y dignidad sostuvieron en alto durante medio siglo. Por eso la deuda de los pueblos latinoamericanos —y en gran medida también los del África Sub-sahariana— con la Revolución Cubana es inmensa. Una Revolución cuyo internacionalismo la llevó a apoyar a todos los movimientos de liberación nacional de América Latina y el Caribe, a todos los gobiernos que sinceramente se proponían cambiar las vetustas e injustas estructuras de nuestras sociedades y a derrotar, empuñando las armas, a los fascistas sudafricanos apoyados por las «democracias occidentales» bajo la conducción de Estados Unidos. Y como si todo lo anterior no fuera suficiente hoy Cuba inunda al Tercer Mundo de médicos, enfermeros, maestros, instructores deportivos; una Revolución que siembra educación, salud y vida, contra un imperio y sus aliados que siembran ignorancia, destrucción y muerte. Por eso, y por tantas otras cosas que sería imposible siquiera nombrar, vaya nuestra eterna gratitud para con el pueblo y el gobierno cubanos, para Fidel y para Raúl, y antes para el Che, para Camilo, para Haydée, y tantos otros héroes anónimos, cubanas y cubanos que con su lucha cotidiana y su tenacidad de hierro hicieron posible la sobrevivencia de la Revolución y el renacimiento de las perspectivas del socialismo en América Latina.

Fuente: Rebelión

Tomado de http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2009-01-04/cuba-en-la-vanguardia-de-la-historia/

sábado, 3 de enero de 2009

Estos 50 años fueron de resistencia y firmeza del pueblo

Estos 50 años fueron de resistencia y firmeza del pueblo

Entrevista realizada al Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, por la periodista Talía González Pérez, del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, el 31 de diciembre de 2008

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Entrevista realizada al Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, por la periodista Talía González Pérez, del Sistema Informativo de la Televisión CubanaPeriodista: Durante los primeros días del triunfo de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresaba al pueblo que aunque la Revolución había triunfado nadie debía imaginar que en lo adelante todo sería más fácil, sino que en lo adelante tal vez todo sería más difícil. ¿Cuán difícil han sido estos 50 años para construir una Revolución socialista frente a las agresiones imperialistas y el complejo panorama internacional?

Raúl Castro.- La frase del Comandante en Jefe, que fue pronunciada el 8 de enero de 1959, al llegar a la capital, en el antiguo campamento de Columbia, el principal cuartel de la dictadura, la recuerdo con toda nitidez, porque me causó una gran impresión de cómo él veía el futuro, y más ahora a los 50 años, por la certeza conque lo previó.

Aquella idea advertía: “La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”.




"Esta noche quiero depositarles flores a los caídos del Segundo Frente, a Vilma también.
Mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles
unas flores a Martí, a los caídos del Moncada,
en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas".

Y así ha sido, desde sus inicios. Con las primeras medidas que se tomaron en defensa de la Revolución, la captura y juicio de los peores asesinos y torturadores de la tiranía, empezó una confrontación con los medios en manos de las fuerzas dominantes del continente y del planeta, o parte del planeta en ese momento.

Recuerdo la campaña gigantesca que se montó en los primeros meses del triunfo de la Revolución. No pasó mucho tiempo, la Revolución ya estaba en marcha. El 17 de mayo, habían transcurrido cuatro meses y medio del triunfo de la Revolución y se produce la aprobación, en la Comandancia de la Plata, por el propio Fidel, en la Sierra Maestra, donde fue el Consejo de Ministros, de la primera Reforma Agraria. Esa Ley afectó muchos intereses norteamericanos, ya que eran los dueños de las mejores tierras, de las que se habían apropiado fundamentalmente con las ventajas que les daba la ocupación del país, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, donde se dio el caso que simbólicamente pagaron hectáreas de magnífica tierra a 10 centavos de dólar y, como es natural, fue la primera seria afectación que sufrieron sus intereses al recuperar Cuba esa riqueza fundamental que es la tierra.

Considero que esa medida significó algo parecido al Rubicón de la Revolución Cubana. El Rubicón era un río que marcaba la frontera entre Italia y la provincia romana de la Galia Cisalpina. Cuando Julio César decidió cruzarlo, después que el Senado romano le prohibiera entrar en Italia con su ejército, se hizo famosa la frase: “Cruzó el Rubicón”; o sea, que tomó una decisión irreversible. Y fue el Rubicón al afectarse esos intereses norteamericanos y desatarse, con toda virulencia, la lucha de clases y la agresividad del imperialismo contra Cuba.

Puede decirse que fue el primer paso importante, después vinieron otros.

Las constantes agresiones, el golpe que nos daban al negarse a refinar el petróleo que compramos en la Unión Soviética más barato, la advertencia de que tenían que refinarlo, que era una obligación de ellos, su insistencia en negarse, la decisión de nacionalizar sus refinerías, y así, sucesivamente, iniciaron un proceso de golpes y contragolpes. Un paso muy importante, fue en aquel verano de 1960, consecuencia de esa lucha en la cual no nos podíamos detener o era derrotada la Revolución, la nacionalización de todas aquellas grandes empresas norteamericanas. Aprovechamos un congreso de jóvenes latinoamericanos que se celebraba en La Habana, y en el antiguo estadio del Cerro, donde hoy está el Latinoamericano, se improvisó una actividad. Recuerdo que pusimos una pequeña tribuna, en la que apenas cabían algunas decenas de compañeros, por allá por el center field, y entre jóvenes latinoamericanos y cubanos y una gran población de trabajadores y pueblo en general, Fidel proclamó la nacionalización de todas esas empresas.

No se puede decir que el tránsito de un sistema social a otro se produzca en un día, es imposible; es un proceso de muchos pasos, que concluye con el predominio de los bienes de producción en manos mayoritarias de la población.

En el caso de Cuba si hay un día que se puede proclamar como tal es precisamente ese, por el peso que tuvo en la economía el conjunto de todas esas propiedades que pasaron, de propiedad particular norteamericana, a propiedad de todo el pueblo, a través del Estado cubano recién surgido.

Durante ese tiempo, en 1960, se empiezan a desatar las bandas contrarrevolucionarias que se hicieron fuertes en las montañas del Escambray; aunque lo intentaron en las diferentes provincias, sobre todo las que tenían sistemas montañosos.

Hay que tener en cuenta que el gobierno del presidente estadounidense, Dwight Eisenhower (1953-1961), ya en su etapa final, había producido la invasión de Guatemala en 1954 —siete años antes—; la Guatemala progresista de Jacobo Arbenz, coronel, persona honesta, que llegó a la presidencia por la vía de las elecciones y ante la miseria de la gran masa de indios y de campesinos guatemaltecos hizo una pequeña reforma agraria —digo pequeña, si la comparamos con el alcance y profundidad que tuvo la nuestra—, eso fue suficiente para que condenaran a muerte, su proceso revolucionario. Eisenhower, John Foster Dulles, su secretario de Estado, y el hermano de este último, Allan Dulles, quien era jefe de la CIA, tomaron tal decisión.

Fue una invasión más pequeña que la de Girón, fue por tierra, no hubo resistencia, vaciló el presidente Arbenz, no armó al pueblo que estaba decidido a luchar, según las manifestaciones que se observaban. Nosotros pudimos seguir esa situación por la prensa que nos llegaba al presidio de Isla de Pinos, donde desde hacía un año estábamos presos por el ataque al cuartel Moncada.

En los primeros años del triunfo de la Revolución Cubana, ese era el trío que decidía todavía la política en Estados Unidos, (Eisenhower, los hermanos Foster y Allan Dulles), aunque ya contando o por lo menos compartiendo la información con la futura administración que ya había sido electa, encabezada por John F. Kennedy (1961-1963).

Es por ello que durante el año 1960 planifican dicha operación, la aceleran, porque ya sabían que estábamos preparando pilotos para aviones Migs en los países socialistas y querían acelerarla, y se percataron de que estábamos adquiriendo armamentos para fortalecer la defensa de la Revolución.

No obstante, concluye el mandato de Eisenhower, del Partido Republicano, y a partir del 20 de enero de 1961 asume la presidencia de Estados Unidos, el demócrata John F. Kennedy.

Hay que decir, antes de continuar esta fase, que Foster Dulles —el secretario de Estado de Eisenhower— era abogado de la United Fruit Company, que fue la que estimuló y apoyó, fundamentalmente, la intervención en Guatemala; eran los dueños de las grandes plantaciones bananeras y de otras propiedades en ese país, al igual que en otras repúblicas centroamericanas. United Fruit Company era la misma que en Cuba tenía otro nombre: United Sugar Company, allá banano, aquí azúcar. Les dio resultado la aventura del año 1954 contra Guatemala e intentaron hacer igual, con un poco más de fuerzas, más aviones, barcos, porque somos una isla y tenían que ser transportadas en barco las fuerzas invasoras; pero fueron los mismos y por los mismos intereses que organizaron la agresión de Playa Girón, mucho antes de que aquí ni se hablara de socialismo.

El 2 de enero de 1961, utilizando de pretexto el discurso de Fidel el primero de enero en la Plaza de la Revolución, deciden romper las relaciones diplomáticas con Cuba. Era un pretexto, ya Playa Girón estaba planificada. La agresión a nuestro país estaba decidida antes de proclamarse el carácter socialista de la Revolución Cubana que, como sabes, fue el 16 de abril de 1961, lo que demuestra que venían creando las condiciones para ya no tener relaciones diplomáticas y agredirnos.

Kennedy, a los dos meses y medio de asumir la presidencia, lanza la invasión de Playa Girón, empezando con los bombardeos del 15 de abril.

Ese es un ejemplo de por qué yo digo —uno de los tantos— que en Estados Unidos hay un solo partido. En esa ocasión la invasión la planificaron los republicanos y la ejecutaron los demócratas. Eso es como si en Cuba existieran dos partidos: uno lo dirige Fidel y el otro Raúl, con pequeños matices de diferencia, pero es lo mismo.

Hay que decir que en esta operación de Playa Girón hubo un joven y prometedor oficial de la CIA, que se ocupó del reclutamiento de la mayoría de los mercenarios que fueron alistados en la Florida fundamentalmente y trasladados después a Centroamérica para su entrenamiento y siguiente partida hacia Cuba. Ese joven oficial, quien posteriormente fue jefe de la CIA y más adelante presidente de Estados Unidos, se llama George H. Bush (1989-1993), en este caso el padre del actual mandatario George W. Bush (2001-2009) —para que vean que todo es el mismo poder, una misma élite que se alterna en el poder, según las circunstancias.

Cuando Playa Girón estábamos alfabetizando el país. Ya a las bandas contrarrevolucionarias se les había dado un golpe poderoso con la movilización de decenas de miles de obreros, fundamentalmente, de la capital, para lo que se llamó la Limpia del Escambray, y ellos estuvieron pensando desembarcar por Trinidad, y, si fracasaban, se encontraban a un paso prácticamente del macizo mal llamado del Escambray, su verdadero nombre es Guamuhaya.

Como se les dieron esos golpes en el año 1960, estudiaron entonces la variante de Playa Girón, que no es mala, es el humedal más grande del Caribe —del Caribe insular me refiero—, difíciles sus accesos, una carretera que atraviesa la ciénaga, la principal vía de comunicación, donde en un lugar llamado Pálpite, en medio de la misma, donde hay un poco más de tierra firme, lanzaron sus paracaidistas y la ofensiva tuvimos que hacerla en fila india los tanques, la artillería, los soldados, las tropas no se podían desplegar, y esa es una de las causas de que tuviéramos más bajas que los agresores.

Es conocida la advertencia de Fidel y la orden de liquidar la invasión en 72 horas. Había que liquidarla en 72 horas, porque se previó, con mucha lucidez por parte de Fidel, que si no lo hacíamos así, una vez que consolidaran su cabeza de playa, hubieran trasladado hacia allí al gobierno títere, que ya tenían formado, encabezado por Miró Cardona, en una base militar norteamericana en la Florida.

Consolidada la cabeza de playa, el gobierno títere ya en tierra firme, reconocido por Estados Unidos, reconocido por la OEA a la que le pedirían ayuda inmediatamente y los barcos norteamericanos ya a la vista, era fácil, era lógico el desembarco de esas tropas para apoyo de los mercenarios. Por eso esta invasión se produce en 1961.

Y dando un salto operativo, como decimos los militares, cuando en enero de 1962, bajo el dictado del gobierno de los Estados Unidos, nos expulsaron de la OEA y todos los países latinoamericanos, con la honrosa excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas con Cuba. El país que ha sido agredido unos meses antes cuando Playa Girón, ahora es expulsado de la OEA, bajo las indicaciones de Estados Unidos ante su ministerio de colonias, como le llama el canciller Roa.

¿Por qué era eso? Porque una vez derrotados en Girón, los Kennedy, la administración norteamericana y el sistema no resistían esa afrenta, esa humillación, esa derrota por un país pequeñito frente a su poderío, y ya esa expulsión de la OEA era creando las condiciones. Como antes los yankis hicieron, que rompieron relaciones en enero para tener las manos libres y atacarnos en abril en Girón, la OEA nos expulsa en enero por ser incompatible nuestro sistema con su “sistema democrático”. El objetivo era la invasión directa, probablemente, el mismo año 1962, que solo se pudo impedir por la presencia de los cohetes nucleares soviéticos en Cuba; de lo contrario, hubiéramos sido invadidos. Había quien tenía dudas si eso iba a ser cierto o no, las dudas se esfumaron años después; con la desclasificación de documentos secretos, era evidente que ya estaban preparando la agresión.

Señalo solo los aspectos más visibles, más sonados, más importantes de aquellos años. Fueron cinco o seis años muy duros. El bloqueo ya estaba andando; pero existía la Unión Soviética bajo la dirección del Partido Comunista soviético y de Jruschov, que tuvieron una actitud muy positiva y desempeñaron un papel muy importante para el hecho de que pudiera subsistir y resistir la Revolución. Fuimos dotados con una buena cantidad de armamentos de todo tipo, hasta lograr la fortaleza con la que hoy contamos desde el punto de vista militar.

Es decir que viene Girón, viene el acuerdo entre dos presidentes, uno asesinado y el otro destituido, acuerdo verbal de la retirada de los cohetes con el compromiso de no agredir a Cuba; pero entonces surge la Operación Mangosta, dirigido por el hermano del Presidente, o controlado, supervisado, por Robert Kennedy, procurador del gobierno norteamericano, que también tuvo participación en los contactos que hizo con la mafia norteamericana para los conocidos y ya investigados planes de atentados a Fidel, de los tantos que planificaron.

Fueron cinco años de constante lucha interna; miles los muertos y heridos, víctimas del terrorismo de Estado, orientado, organizado y dirigido por Estados Unidos.

Crearon entonces en Miami un centro de la CIA, el más grande que existía después de sus oficinas centrales que están en Langley. Cientos de oficiales de la CIA dirigiendo las actividades contra Cuba, primero de Girón y después de la Operación Mangosta; solo fue superado ese centro por el que años después establecieron en Saigón, la ciudad hoy llamada Ho Chi Minh, en el sur de Viet Nam, cuando la agresión a ese país, un centro muy grande de la CIA; solo ese superó el que hicieron en Miami para luchar contra nosotros.

Llegó a haber, como se sabe, 179 bandas contrarrevolucionarias armadas en todo el país de diferentes tamaños, a veces se unían, daban un golpe, se volvían a fragmentar; en dos ocasiones estuvieron en las seis provincias del país, antes de la actual división político-administrativa, incluso en el sur de La Habana, que era una sola provincia.

Fueron seis años, creo que hasta por allá por el año 1965 o enero de 1966, que aniquilamos la última banda de aquella etapa; después surgieron algunas, en diferentes períodos, que eran eliminadas rápidamente. Se fue fortaleciendo la Revolución, existían las milicias campesinas, compañías serranas.

Como te decía, fue en el Escambray donde único alcanzaron fuerza. Oriente era un lugar muy peligroso, era la provincia más grande, hoy son cinco provincias, la zona más montañosa, donde existía una base norteamericana; y allá por los años sesenta Fidel me dijo, cuando empezó a complicarse la situación: “Mira, vete para Oriente y yo me hago cargo del Ministerio de las Fuerzas Armadas con el Jefe del Estado Mayor” —que era Sergio del Valle, ya fallecido—, “vete para allá, ve organizando el Ejército Oriental, que si salvamos Oriente, salvamos a la Revolución”, es la confianza que él tenía por la fuerza de Oriente, la importancia de Oriente, y en los propios orientales, esa confianza que siempre hemos tenido, su tradición de lucha. Y así fue, yo estuve año y medio allí, fundé el Ejército Oriental, periódicamente venía a La Habana, participaba en las reuniones más importantes, y posteriormente Fidel, igual que mandaba al Che para Pinar del Río, a Almeida para el Centro, a mí me mandaba para Oriente cada vez que había una crisis de este calibre, de esta magnitud: Crisis de Octubre, Girón; pero en esta ocasión que te dije estuve más o menos año y medio allí.

Eso, junto con el bloqueo, los sabotajes permanentes, yo he narrado que a veces llegaba al Ministerio de las Fuerzas Armadas y venían cuatro o cinco ayudantes, que eran enlaces con los diferentes territorios, ejércitos y regiones del país, y para andar más rápido no me hacían informes, venían con un listado de lo que había acontecido en las últimas 24 horas, o por lo menos las últimas 12 horas de la noche anterior: decenas de casas de curar tabaco incendiadas en Pinar del Río, tantas decenas de cañaverales ardiendo en todo el país, según la época del año; tantos combates librados, tantas bombas en ciudades y otros lugares, tantos sabotajes a tendidos eléctricos. A veces yo les decía: “Díganme lo más importante”, y eso fue, con mayor o menor intensidad, durante cinco o seis años.

Es un botón de muestra de una época de mucha actividad, de mucha agresividad del enemigo, pero con mayor o menor intensidad, esa ha sido la lucha durante estos 50 años. El daño ha sido grande, pero también las ventajas han sido grandes.

Periodista: ¿A partir de ese recorrido histórico, cómo definiría la participación del pueblo para enfrentar todas estas agresiones durante este medio siglo?

Raúl Castro: Te diría que estos 50 años fueron de resistencia, los años de la subsistencia, los años de la firmeza del pueblo, los que nos mantuvimos firmes, que es la inmensa mayoría del país.

Después vino el gran golpe de la disolución del campo socialista, muy especialmente de la Unión Soviética, con el que teníamos el 85% del intercambio comercial, donde el Producto Interno Bruto, que es el valor de toda la producción de un país, cayó un 33%; el transporte colapsa, empieza a colapsar todo —menos mal que teníamos en los almacenes bastantes piezas de repuesto— y se empezó un nuevo período al que Fidel, 10 años después de haber comenzado este período especial —es un término que usábamos los militares en la planificación para en caso de guerra; la economía pasaba a un período especial, por eso se usó ese término—, calificó como la época más gloriosa de estos 50 años de Revolución. ¿Por qué? Por la resistencia del país.

No podemos olvidar actos terroristas y crímenes como el del avión de Barbados; no podemos olvidar asesinatos de nuestros adolescentes alfabetizadores en las montañas por aquellas bandas que actuaban en los primeros años. Así sucesivamente, no podemos olvidar las cifras de esas víctimas mortales, que en estos 50 años suman 3 478 y los condenados de por vida a incapacidades que alcanzan el número de 2 099.

No podemos olvidar los 101 niños muertos cuando el dengue hemorrágico. Según organizaciones internacionales de salud resulta imposible por causas naturales lo ocurrido en Cuba, donde en pocas horas hubo que ingresar a 344 203 personas afectadas, dándose el caso verdaderamente récord de 11 400 nuevos enfermos reportados en un solo día, el 6 de julio de 1981.

Son cuestiones que pasan así, como una película rápida por la mente, sobre todo, en esta fecha de hoy, en que hace 50 años que se rinde a Fidel el ejército de Batista, las guarniciones que estaban en Santiago, los momentos que estábamos viviendo hace 50 años; el Primero de Enero, donde pudimos presenciar cómo se desmoronó ese ejército, fundado por los norteamericanos cuando disolvieron el ejército mambí a fines del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, esa Guardia Rural que nos dejaron como herencia, ese ejército instruido por ellos, que fueron vencidos por el Ejército Rebelde.

¿Qué era el Ejército Rebelde? Ni más ni menos que el ejército mambí; retomó las armas del ejército mambí, que fue desarmado por el imperialismo, por el naciente imperialismo, que empezaba a tomar fuerzas, y que Lenin calificó esa guerra hispano-cubana-norteamericana como la primera guerra imperialista. Ya el mundo había sido dividido por las grandes potencias, en una reunión en Berlín, en el último cuarto del siglo XIX, y para obtener nuevas tierras había que quitárselas a otras potencias coloniales. Ese fue el pretexto que aprovecharon para quedarse con Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y a Cuba, por ser la que más luchó, por espacio de cerca de 30 años, con sus altas y sus bajas, le permitieron un himno, una bandera, un escudo y una Constitución con una enmienda llamada Platt, por el nombre del senador que la propuso.

Tal enmienda les daba el derecho a intervenir en Cuba cuando lo estimaran pertinente e hicieron uso de eso en más de una ocasión.

La Enmienda Platt rigió hasta después de la caída de la dictadura de Machado, por la década del 30, pero siguió lo mismo. Realmente, por esas cosas de la historia, el primer soldado americano entra en La Habana el primero de enero de 1899. Esta guerra se libró en Oriente y por eso ellos entran en La Habana una vez que se habían rendido las tropas españolas, el primero de enero de 1899; y por esas ironías de la historia las primeras columnas guerrilleras de la Revolución enviadas por Fidel, la del Che y Camilo, entraron a La Habana también el Primero de Enero, un primero de enero, pero de 1959.

Quiere decir que el dominio absoluto norteamericano en este país duró exactamente 60 años. Cierto es que algún capital norteamericano ya había entrado con anterioridad a Cuba; pero el dominio absoluto del imperialismo norteamericano en Cuba duró 60 años, de un primero de enero a otro primero de enero.

Y esos 60 años tuvieron sus altas y sus bajas, dejaron un gran complejo en el país, una gran confusión, un gran dolor, hasta que empiezan a resurgir de las cenizas de aquellos acontecimientos los movimientos populares, surge el primer partido comunista en el año 1925, fundado por Mella y por Baliño, un joven brillante y un veterano amigo de Martí, luchador por la independencia. El imperialismo que manejaba el país instaura la dictadura machadista, hace fracasar la revolución que la derroca; surge Batista, un sargento del Estado Mayor que conocía todas las interioridades de dicha institución, con un grupo de sargentos dio un golpe, a los pocos días es coronel: es el nuevo instrumento del imperialismo como poder detrás del trono desde 1933 hasta las elecciones de 1940, y es presidente hasta 1944, se retira al extranjero, surgen los llamados gobiernos auténticos y corruptos de Grau San Martín y Prío Socarrás hasta 1952, y es el 10 de marzo de ese año que resurge nuevamente Batista, prohijado, como siempre, por el gobierno norteamericano. Esta vez la dictadura duraría siete años.

En esa época América Latina estaba plagada de dictadorzuelos al estilo de Batista, que era el método que utilizaban los Estados Unidos, fundamentalmente, para tener el dominio absoluto del continente, también en el Caribe, en el Caribe anglófono todavía eran colonias inglesas; pero en República Dominicana y Haití, la llamada La Española, la segunda en tamaño de las Antillas Mayores, había dictaduras ni más ni menos que la de Trujillo y la de Duvalier. Esa era la situación del continente.

Ahí empezó la lucha del Moncada, conocida perfectamente por nuestro pueblo; una dictadura que duró unos siete años, desde el 10 de marzo de 1952 hasta el primero de enero de 1959: cinco años, cinco meses y cinco días transcurridos desde el ataque al Moncada hasta el triunfo, una coincidencia de tres cinco.

Periodista: Constituye un hecho inédito en la historia de la humanidad que los principales líderes de un proceso revolucionario puedan ver después de 50 años del triunfo los frutos de las ideas por las que se luchó y continúen trabajando para seguir consolidándolas. ¿En el plano personal qué sentimientos experimenta usted hoy?

Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro RuzRaúl Castro: Cuántas cosas, sentimientos, sensaciones, vivencias han pasado en estos 55 años desde el Moncada. Nos ha tocado vivir esta época, la más gloriosa en la historia de esta nación, la de la gran tensión, y hoy somos respetados.

El pueblo de Cuba se siente orgulloso de sí mismo, se siente seguro de sí mismo, está orgulloso de su Revolución, con un sentido de pertenencia de su Revolución.

Periodista: Usted ha hablado en reiteradas ocasiones del tema del bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba, que casi cumple medio siglo y que ha costado al gobierno cubano y a su pueblo años de lucha y de resistencia; también del complejo panorama internacional de guerra, de desunión, de desastres naturales. Cuba hoy, a 50 años de Revolución, ¿qué estrategias implementa hacia lo interno, para seguir defendiendo la Revolución socialista que construimos?

Raúl Castro: Ante todo, basarnos en nuestros propios esfuerzos —ya eso lo ha expresado Fidel hace rato—, y sobre todo después que nos quedamos solos, después de la disolución del campo socialista; la necesidad de basarnos en nuestro propio trabajo. Ya lo dijo Fidel en la magnífica definición del concepto Revolución aquel primero de mayo del 2000, en la Plaza de la Revolución, en La Habana.

Cuestión vital es desarrollar las producciones internas, incrementar las exportaciones, producir todos los alimentos que se puedan producir en este país, ahorrar. Nadie, ni una persona ni un Estado, puede gastar más de lo que produce, sería dejarles a nuestros hijos y nietos una gigantesca deuda; no es ético, no hay derecho.

Hemos resuelto muchos problemas, pero el propio desarrollo trae aparejado otros nuevos.

La tasa de natalidad es baja. Al cierre de este año se ha incrementado algo, la cifra sobrepasa en 10 mil nacimientos los del año pasado, es poco todavía.

La esperanza de vida se ha elevado. Tenemos miles, decenas de miles, cientos de miles de personas en la tercera edad. Igual que es necesario hacer círculos infantiles para los niños —que como ya sabes, no alcanzan, muchos se cerraron, otros se vieron afectados—, ya a cierta edad hay que hacer casas para los abuelos, que se pasen el día en dichas casas y por la noche vayan a su propio hogar con el resto de la familia; pero hay casos en que ya eso no podrán hacerlo por su edad avanzada, tienen que estar con la familia y es difícil para la familia cuando ya se llega a cierta edad, habrá que hacer más asilos.

La esperanza de vida es una gran ventaja. Cuando atacamos el Moncada, andábamos en 59 años de esperanza de vida y hoy estamos en 77,97. La mortalidad infantil disminuye.

Hay muchas cosas positivas que traen aparejados nuevos problemas que tenemos que enfrentar.

No hemos tenido paz, no hemos tenido tranquilidad. El enemigo dice que el socialismo ha sido un fracaso. ¿Por qué no nos dejan tranquilos para luchar en igualdad de condiciones? Pero no ha sido ningún fracaso, ni siquiera en estas condiciones. Ha sido un incesante batallar.

Hemos tenido que dedicar gigantescos gastos a la defensa, porque, como ya hemos dicho en otras ocasiones: para nosotros evitar la guerra equivale a ganarla; pero como hemos añadido: para ganarla, evitándola, hay que derramar ríos de sudor y no pocos recursos, miles de kilómetros de túneles; menos los barcos de guerra, todas las unidades están bajo tierra. Eso cuesta, eso da seguridad.

Por mucho que puedan bombardear un día, por mucho que puedan bloquearnos, el problema es que para resolver el problema de Cuba hay que desembarcar, y ahí es cuando estemos de igual a igual, soldado a soldado, la cosa es diferente.

Yo no quisiera ver ni en un laboratorio lo que sería una agresión a Cuba por parte de Estados Unidos, porque el precio que tendría que pagar nuestro pueblo sería muy caro, muy elevado. Aunque Martí lo dijo: la libertad cuesta muy caro y hay que resignarse a vivir sin ella o estar dispuesto a pagar el precio que sea necesario. Y ya se sabe lo que hemos hecho nosotros: desde hace más de un siglo hemos estado dispuestos a pagar el precio que sea necesario, lo hemos pagado.

Pero tenemos que ahorrar, tenemos que eliminar gratuidades. Si queremos equilibrar los salarios en el justo papel que deben desempeñar, hay que, paulatinamente, o simultáneamente, ir eliminando gratuidades indebidas, que fueron surgiendo por aquí y por allá, y subsidios excesivos. El Estado siempre tiene necesidad de ir subsidiando para ir equilibrando, ayudando a los de menos ingresos, por un motivo o por otro, siempre tiene que haber subsidios en una cosa u otra, pero no abusar de eso. Nadie se acuerda de lo que recibe de subsidios y de gratuidades, solo se lleva la cuenta de lo que se recibe en el salario mensual, y esa cuenta está mal sacada. Tenemos que aprender que dos y dos son cuatro, no cinco; a veces, tal vez en el socialismo, dos y dos da tres. Esas son cuestiones fundamentales.

Tenemos que saber que hemos estado viviendo y tenemos que continuar viviendo en una situación tensa y difícil; se nos viene encima, la tenemos ya, un mundo turbulento, con una crisis económica y financiera que se sabe cómo empezó, pero no se sabe ni cuándo ni cómo terminará, mucho peor y más grave que la de hace 80 años, en la década del veinte del siglo pasado; afectará a todos, y, como es natural, a los países más pobres, y dentro de los países ricos, a los ciudadanos más pobres. Tal vez nosotros, en algunos aspectos, seamos menos afectados. Tenemos un pueblo entrenado, más del 70% de la población nació en condiciones de bloqueo; si hay algún país que está entrenado para resistir situaciones de este tipo somos nosotros y está demostrado que vivimos.

Tenemos que darle el verdadero valor al trabajo, y podemos quedarnos roncos hablando y predicando ese concepto, que si no tomamos las medidas para que las personas sientan la necesidad vital de trabajar para satisfacer sus necesidades, no acabaremos de salir de este bache, y saldremos.

Quizás no podamos resolver muchos de los problemas con la rapidez que se requiere. Hay que trabajar, hay que ponerse para ese concepto que es trabajar, crear y ahorrar. Esa es la situación, creo que se entenderá. Son verdades, por duras que sean, nosotros no podemos edulcorarlas, tenemos que decirlas.

Tenemos para el 2009 grandes tareas: continuar el reparto en usufructo de las tierras; se ha avanzado, ya salimos de las primeras trabas iniciales que nos encontramos por hábitos atávicos de burocracia. Vamos saliendo por lo menos, en parte, de los daños ocasionados en la producción agrícola, por los tres terribles huracanes que nos azotaron.

Esos huracanes nos costaron un poquito más de 9 700 millones de dólares —y nunca se suele sacar la cuenta exacta, porque es muy difícil, de los daños que nos ocasionaron—, lo que equivale a alrededor del 20% del Producto Interno Bruto del país. Se sacaron las reservas que teníamos para alimentar a la población, no hay quejas de ese aspecto. No podremos en muy poco tiempo resolver las deudas de viviendas que tenemos de viejos huracanes del año 2002, 2005, más las nuevas viviendas destruidas; hasta que en todo el país no tengamos casitas que puedan resistir, con sus placas, y que puedan resistir los huracanes cada vez más frecuentes y violentos, tendremos esta situación.

Hemos decidido que en muchos lugares de las costas, sobre todo, en la costa sur, donde son continuos y repetitivos los huracanes o penetraciones del mar que destruyen viviendas, construirlas más atrás. La población quiere que se le haga en el mismo lugar donde las tenía, viene otro fenómeno de este tipo y volvemos a la misma situación. En Cuba, cualquier cosa sirve como casa por el clima, pero no para resistir los huracanes. Ya vamos experimentando que son más frecuentes y más violentos por las conocidas razones de la alteración del clima, fundamentalmente, por la irracionalidad humana, problema aún no resuelto.

Estamos llenos de optimismo, siempre hemos sido optimistas hasta en los peores momentos, lo aprendimos de Fidel, desde cuando —hizo 50 años el pasado 18 de diciembre—, con sus dos fusiles unidos a los cinco que yo llevé, me hizo la famosa pregunta: “¿Cuántos fusiles traes?” “Cinco.” “Y dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!”. Siempre fue igual, sacaba fuerzas de donde parecía que no había posibilidades de ningún tipo, ni de sobrevivir ni de seguir avanzando. Eso es una historia constante.

Estos 50 años son años heroicos. Los que tuvimos el privilegio de vivirlos conscientemente y participar activamente en todos esos grandes acontecimientos, junto con nuestro pueblo, tenemos que sentirnos orgullosos de todo lo que hemos vivido, esa gloria que no podemos mancillar, que no podemos dejar caer, que tenemos que continuar, porque el imperialismo está ahí.

Periodista: A partir del reciente resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, varios analistas en la prensa internacional especulan que existen expectativas de cambio con la asunción a la Casa Blanca de Barack Obama. ¿Cuál es su apreciación?

Raúl Castro: Ahora hay un presidente que ha levantado esperanzas en muchas partes del mundo; pienso que esperanzas excesivas, porque aunque sea un hombre honesto, y creo que lo es, un hombre sincero, y creo que lo es, un hombre no puede cambiar los destinos de un país, y mucho menos —un hombre solo, me refiero— a Estados Unidos. Podrá hacer mucho, podrá dar pasos positivos, podrá hacer avanzar ideas más justas, podrá frenar la tendencia, casi ininterrumpida desde el surgimiento de Estados Unidos, en que casi todos los presidentes han tenido su guerra, o sus guerras. Dijo que va salir de Iraq, buena noticia. Dice que va a duplicar las fuerzas en Afganistán, mala noticia. Las soluciones de los problemas del mundo no pueden ser a base de guerra.

Considero que con Afganistán no hay solución, salvo una: dejar quietos a los afganos. Por allí solo entró y salió ileso Alejandro Magno, será porque se casó con una princesa afgana, pero, sobre todo, porque se fue rápido. Ahí los ingleses sufrieron un descalabro en el siglo XIX; en el siglo XX los soviéticos sufrieron su descalabro, que vivimos todos nosotros, y en el siglo XXI los norteamericanos y los que con ellos se queden en Afganistán sufrirán también su descalabro. Son realidades, y eso es negativo.

Los gigantescos recursos que se dedican a las cuestiones militares, a las guerras, desde la guerra de Viet Nam... ¿Para qué la guerra de Viet Nam? ¿Para qué la agresión? ¿Para qué cerca de 60 000 muertos norteamericanos? Ignoro la enorme cantidad —debe ser dos o tres veces mayor— de inválidos, heridos, mutilados. ¿Para qué 4 millones de vietnamitas muertos, de ambas partes? ¿Qué objetivos? ¿Qué lograron? ¿Para qué el bloqueo a Cuba 50 años, qué han logrado? Nos han fortalecido más, nos sentimos más orgullosos, nuestra resistencia, somos más fuertes, estamos más confiados.

Ojalá me equivoque en mi apreciación. Ojalá el señor Obama tenga éxitos; en cuanto a nosotros tenga éxitos, pero en una política justa, y que ayude a resolver, por el poderío que tienen, los graves problemas del mundo.

Nuestra política está definida: el día que quiera discutir, discutimos, en igualdad de condiciones, como ya he dicho, sin la más mínima sombra a nuestra soberanía y de igual a igual. Y como suele suceder o solía suceder que a cada rato venía alguien a pedir que hiciéramos un gesto, como también recibí una carta de un ex presidente que sugería que se aproximaban cambios ante las elecciones presidenciales en Estados Unidos y que era bueno que Cuba hiciera algunos gestos, con la misma amabilidad que me escribió le contesté: La época de los gestos unilaterales se acabaron; gesto por gesto. Y estamos dispuestos a hacerlo cuando lo decidan ellos, sin intermediarios, directamente. Pero no estamos apurados, no estamos desesperados, y, por supuesto, ya lo dijimos y lo dijo Fidel también desde hace años: no discutimos con garrote y zanahoria, ya eso pasó, ya eso era otra etapa.

Esa es nuestra posición, seguiremos a la espera pacientemente. Cosa increíble que con el temperamento de los cubanos aprendamos a tener paciencia; la tenemos, y por lo menos en esto lo hemos demostrado.

Periodista: Durante estos cincuenta años los Estados Unidos han hecho lo imposible por aislar a Cuba del mundo. Recientemente nuestro país ha roto ese aislamiento de los mecanismos regionales de integración con el ingreso al Grupo de Río. ¿Qué representa ese hecho para Cuba?

Raúl Castro: Fue muy emocionante cuando en el estado de Bahía, Brasil, donde se celebraron tres de las cumbres que participé, en presencia de la casi totalidad de los jefes de Estado de América Latina y del Caribe, que por primera vez en la historia se reúnen sin la presencia de fuerzas extrarregionales —dígase Canadá, Estados Unidos o Europa—, cuando yo dije con bastante emoción que lo que lamentaba era que Fidel no estuviera sentado allí en ese momento, fue una ovación generalizada de todos. Ese fue un gran reconocimiento y una gran alegría de nosotros que captó el pueblo, porque fue un reconocimiento a nuestra resistencia, como yo dije: “¡Estamos aquí porque resistimos, resistimos medio siglo!” y, por supuesto, hay que estar listos para resistir medio siglo más.

La vida es un permanente batallar, es un eterno luchar, hay quienes se cansan y después reniegan de lo que hicieron; por suerte pocos. El pueblo se mantiene, y así mantendrá por siempre su Revolución. Precisamente, un ejemplo de resistencia son nuestros Cinco Héroes que ya cumplieron diez años de injusta prisión en cárceles norteamericanas.

Periodista: Sobran las razones para un día como hoy celebrar el 50 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana. ¿Cómo rendirá usted homenaje a esta conmemoración?

Raúl Castro: Pienso esta noche, a las 12:00 estar en el Mausoleo de los compañeros caídos en el Segundo Frente o que fueron enterrados allí posterior al triunfo. Quiero depositarles flores a ellos, a Vilma también; escuchar con ellos los cañonazos del 50 aniversario de la gran alborada y el Himno Nacional. Y mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles unas flores a Martí, a los caídos en el Moncada, a los caídos en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas santiagueros en homenaje a los de todo el país. Lo haré contento, emocionado y lleno de optimismo en el futuro.

Periodista: Muchas gracias y felicidades por el 50 aniversario del triunfo de la Revolución.

Raúl Castro: Gracias a nuestro heroico pueblo.

Fotos: Geovani Fernández y Raúl Abreu