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martes, 14 de agosto de 2012

Al Comandante Eterno de la Historia en sus 86

Por mucho que quisiera no podría, en el breve lapso de 24 horas, compartirles todos los mensajes que han ido llegando a mi correo electrónico o a mi muro de facebook, o han sido insertados como comentarios en mis blogs, pero al menos intentaré postear algunos otros que quedaron pendientes:


Al Comandante Eterno de la Historia en sus 86
Por Carlos Maldonado*

Muy pocos líderes a nivel mundial en este momento histórico, tienen la talla de Fidel. Empezando porque muchos de ellos no logran aglomerar alrededor suyo más que a sus amigos y algunos colaboradores enajenados por su avaricia y ambición. En pocas palabras, comprados. Tal es el caso de los que encabezan los gobiernos amansados por el Imperio.

Razón por la que debería cuestionarse si realmente merecen el apelativo de líderes.

Fidel, cuya figura saltó a la palestra pública global con el fracasado intento de tomar el cuartel militar de Moncada en Santiago de Cuba, hoy convertido en la Escuela 26 de julio, luego demostró sus dotes de líder auténtico al encabezar, a partir de ese supuesto fiasco, la Revolución exitosa que se convirtió en la mayor afrenta del Imperio estadounidense a escasos 150 kilómetros de su territorio instalada en una minúscula isla a la cual esos imperialistas consideraban su prostíbulo y casino.

Continuación de una empresa inconclusa que otros líderes de la talla de Martí, Maceo, Gómez, García y otros no lograron finalizar.

Isla, que luego de esa revolución, se catapultó a la estatura de nación dejando atrás la pústula colonial que el imperio español y luego el yanqui, le impusieron. Denigración que luego de haberse librado de ella los cubanos, sus opresores no les perdonan. De ahí, su enjundia y paroxismo al imputarles un bloqueo económico que en un principio creyeron doblegaría y rendiría por hambre a su valeroso pueblo.

Sin embargo, ese chasco es continuamente apabullante y el anacronismo es parte de ese espíritu caduco en que se revuelcan los que usurpan el gobierno de esa nación que una vez brilló bajo la visión de sus padres fundadores pero que ahora es sinónimo de imposición y engaño cuando se agotaron hace rato sus argumentos de democracia y honrados principios.

Mientras el imperio se resquebraja por la presión de sus propias contradicciones y estafas, la imagen de Fidel junto a su pueblo, luego de la de un intrépido líder revolucionario se ha trastocado con el concurso de los años, en la de un padre prudente, benévolo pero firme en sus convicciones. Humilde pero altivo, solidario pero intransigente cuando de defender los derechos de los pueblos se refiere. Incluyendo los del pueblo estadounidense explotado, abrumado y engañado por sus propios gobernantes.

Cuando esos gobernantes, más no líderes, se desplazan a uno u otro lugar del planeta, los recursos para resguardar su seguridad se traducen en sumas estratosféricas y aparatajes de contención espectaculares de kilómetros a la redonda de donde estarán pues el odio que han cosechado alrededor del mundo está en relación a esa inmensidad. A diferencia de líderes de la envergadura de Fidel que, de lo único que se han tenido que cuidar es de esos sátrapas que han hecho de su asesinato una misión obligada pues su brillo los opaca, los baños de pueblo son repetitivos y anecdóticos. Los pobres quisieran tocarlos, demostrarles el amor que les profesan con abrazos y besos. Sus rostros acompañan sus marchas y manifestaciones como íconos de rebeldía e inconformidad con el “estado” de las cosas como las han proyectado los tiranos.
Por eso, a pesar de sus 86, Fidel jamás morirá como no lo han hecho el Che, Gandi, Jesucristo, para nombrar solo algunos. Porque la santidad de estos se mide en la firmeza y la pulcritud de sus actos y no en la magnificencia de sus posesiones. En su ejemplo diáfano y no en el poderío sobre el que se sientan.
Cuba es hoy una nación digna e inexpugnable por la estatura a la que la guío Fidel que a su vez fue formado por ese pueblo indómito. Dialéctica que los sesudos ideólogos al servicio de los imperialistas jamás podrán entender o no quieren entender, que es peor. Pequeños misterios que se pierden en las sinuosidades de la filosofía humana tan compleja y tan sencilla a la vez que por el bullicio del consumismo no pueden percibir los magnates.

Fidel es una autoridad cuya autoridad se finca en la verdad de su ejemplo; en que sus actos jamás han sido fruto de la hipocresía ni la mezquindad. Al contrario, su palabra es consecuencia de sus actos; la autocrítica y la rectificación, parte insustituible de su carácter. La defensa de los principios su cotidianidad a la que ni sus propios enemigos han podido poner objeción ni encontrado paja alguna.

Fidel, Fidel, por ello ahora sí sabemos, por qué el imperialismo no puede con él.

¡Feliz cumpleaños Comandante Eterno de la Historia!


*Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala; Colectivo “La Gotera”

Guatemala, 13 de agosto de 2012
Imagen agregada RCBáez

sábado, 9 de julio de 2011

Asesinado en Guatemala Facundo Cabral, el trovador argentino que le cantó a la vida

Lo dijo otro grande de América:

"Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma..."




Un nuevo golpe de la violencia irracional:
 
Facundo Cabral, el trovador argentino que le cantó a la vida
09 de julio de 2011 •

http://youtu.be/5Hq7CkVL4jo



Facundo Cabral, muerto a tiros en Guatemala este sábado a los 74 años, fue un cantautor argentino que recorrió América latina y el mundo con su trova en la que mezclaba el desparpajo y la cruda ironía con las reflexiones sobre la vida, el amor y la paz.

"No soy de aquí ni soy de allá" fue una de las canciones que le valió la fama en los años 70 y la que mejor describe su actitud hacia la vida que él mismo definió alguna vez como la de un "vagabundo que busca ser felíz".

Nacido en la ciudad bonaerense de Balcarce, sufrió el abandono de su padre y emigró junto a su madre y seis hermanos a Tierra del Fuego, en el extremo sur del país, donde vivió una niñez traumática en la extrema pobreza.

"Un día me fui a Buenos Aires sin avisar a nadie, porque no había casa ni nadie a quien avisar, tardé siete semanas en llegar, tenía 9 años y casi no hablaba, quería conocer al presidente (argentino Juan) Perón y lo hice", relató en una reciente entrevista en Buenos Aires en la que repasó su vida de asombro.

En la adolescencia empuñó una guitarra "para conseguir un peso" y comenzó a tejer una carrera de trovador en Mar del Plata, 400 km al sur de Buenos Aires, donde se presentaba en hoteles con repertorios de los folcloristas argentinos Atahualpa Yupanqui y José Larralde, de donde brevó sus fuentes.

Su desparpajo y sus canciones que mezclaban ácidas críticas sobre la realidad ganaron su mayor fama en Argentina en los años 80, cuando regresó de su exilio en México durante la dictadura militar (1976-1983).

Sus canciones fueron grabadas en nueve idiomas y cantó junto a artistas como el estadounidense Neil Diamond, el español Julio Iglesias y el mexicano Pedro Vargas.

Su canción de cuna "Vuele bajo" fue uno de los hitos de su carrera, grabado por numerosos artistas.

"Facundo hablaba de Dios y de la paz, nunca fue un desobediente de la sociedad ni le hizo daño a nadie, fue un hombre en el buen sentido de la palabra bueno", recodó este sábado el cantautor argentino Alberto Cortés, con quien formó un trío con el que hizo decenas de presentaciones en España durante los años 90.

"Mi vida es caminar por la calle sin maletas, soy libre", decía Cabral, que se jactaba de no tener propiedad alguna y cuya residencia eran cuartos de hoteles de Buenos Aires.

Fue analfabeto hasta los 10 años, enviudó a los 40 y conoció a su padre a los 46.

Grabó una veintena de discos cuya producción matizó con la escritura en la que había una fuerte impronta mística con alusiones a Dios y a la Madre Teresa de Calcuta.

Su constante llamado a la paz le valió un reconocimiento de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que lo declaró Mensajero Mundial de la Paz en 1996.

"Soy un agradecido de la vida, jamás pensé hacer tanto, nadie pensaba eso porque nadie daba nada por mí, yo soy un milagro", dijo alguna vez Cabral sobre sí mismo.

Tomado de Terra - Entretenimiento


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viernes, 20 de mayo de 2011

Ponencia: La pervivencia de Martí

Mis muy estimadas amigas y amigos:
martienguatemala.jpgEl día de ayer, 19 de mayo de 2011, tuve el honor de disertar acerca del Apóstol latinoamericano José Julian Martí y Pérez, en conmemoración del 116 aniversario de su caída en combate.

La actividad se llevó a cabo en el Teatro de Arte Universitario (TAU) ubicado en el Centro Cultural Universitario de la Universidad de San Carlos de Guatemala (2ª. Avenida 12-40, zona 1) a las 17:30 de la tarde.

Les cuento, fue una experiencia enriquecedora y, sobre todo, esperanzadora. Pudimos ser testigos, los otros disertantes y su servidor, del peso profundo que tiene entre nuestra gente el “maestro” y de cómo, a pesar del bombardeo mediático y consumista, la veta de dignidad que el trazó está muy pegada al sentir popular. ¡Esos son los valores que debemos transmitir, afincar y conservar!
Como un sencillo homenaje a su portentosa figura, les envío el texto íntegro de mi intervención.
Saludos cordiales,
Carlos Maldonado
La pervivencia de Martí

¿Qué exclamaría el niño habanero?. Sus ojos, cual fulgores de fuego, quizá resplandecerían en medio de la cerrada noche que hoy envuelve el globo para descubrir por qué el miedo de los poderosos se encuentra pegado a su ira; su pavor, al homicidio. Quizá crean que con la muerte, mejor si es cruel, lograrán frenar la dignidad de los oprimidos.

Se preguntaría el muchachito, por qué se rinde pleitesía a criminales y verdugos en páginas actuales y coloridas y se desprecia e invisibiliza a los briosos combatientes de la humanidad. 

Una vida bella que transitó entre el cariño, la tibieza hogareña y la férrea disciplina de su tiempo; entre la congoja de ver colgado a un esclavo, el ser más despreciable de su ciudad, pero a la vez lo más importante por sus brazos necesarios. ¡Qué humana distancia la del muchacho que al ver estrangulado al perro de su era, de sus ojos rodaron dos lágrimas funestas pero altivas! Tanta grandeza que, ante cosa tan común en sus tiempos, su alma se rebeló y esos ojos velados, sin luz de aquél péndulo humano, lo empujaron con más ahínco contra sus opresores, los de aquél que ahora se convirtieron en los de él. Los que arrumaban su presente  y los venideros que enjaezados de falsa superioridad veían a los demás como enanos, esclavos y lacayos. 

Anduvo el Apóstol jamás conspirando, sino enseñando humanidad, educando en el arte de amar. Los que lo tacharon de conjurado fueron los esclavistas y los matarifes, los traidores e innobles. Los que no se sentían cómodos con su gloriosa presencia y la verdad de su argumento. Padres de esos que asesinaron próceres, de esos que se arrogaron salvar al mundo de la peste comunista y que hoy trafican y decapitan ideas libertarias. Esos, que han sumido al mundo en tinieblas y ahogado en sangre. Esos, merecen ser sepultados en el olvido y sus huesos quemados en el crisol de la revelación de sus crímenes. ¿Cómo puede alguien mentir que salvó a sus hermanos cuando la guadaña en sus manos con la cual los degolló pende diáfana de sus manos? ¿Cómo atribuirse heroísmos cuando lo que hizo fue matar inocentes, desmembrar familias, violar mujeres, destripar niños y ancianos? Con falsos argumentos en defensa de bienes y tradiciones maniqueas arrasaron campos y aldeas. Se ensañaron contra inocentes a quienes infringieron terror. Personas que iban al campo a sembrar, que recibieron al viajero con calidez, que rezan a sus dioses con la humildad de los que esperan poco. De las que salen a trabajar temprano.

Cobardes sus asesinos tienen en los que escriben sus historias en pasquines justificando sus crímenes a cambio de buena paga, a su defensa vaga. ¡Qué mayor afrenta si provienen de la patria del Maestro! ¡Vergüenza de la humanidad! ¡Lacayos del Imperio fascista!

Muy al contrario el espíritu noble del Apóstol quien amaba, vivificaba y cuando había que imponer la causa de la hermandad, de la igualdad a aquellos que sojuzgaban y esclavizaban a sus semejantes, la imponía a fuerza de combate claro, diáfano, sin odio, porque seguro estaba de que los argumentos a favor de la humanidad jamás los aceptarían los sanguinarios. Incluso, con inferioridad técnica pero con la audacia y la gallardía de saber que la razón lo respaldaba en esas cuitas sangrientas, cuyas necesidades las consideraba faenas inevitables, así se lanzaba convencido el maestro. Era la fuerza de la verdad la que lo impelía a triunfar. La moral revestida de principios.

Era Martí partidario de la paz, del diálogo y el acuerdo, pero, si hubiese diálogo en aquellos opresores hubiese sentado con ellos. ¿Quiénes fuesen los dialogadores? ¿Quiénes acordado desembarazarse de negros y mulatos, cuyos brazos colmaban sus  haciendas de riquezas y buen vivir? Poquísimos en verdad. No obstante, la humanidad se encaminaba a un nuevo pacto. No era dable y correcta la esclavitud. Era, en muchos lugares ya, obsoleta y despreciable. Era propia de ogros y necios.

Pero quienes más lo entendieron por vivirla en carne propia fueron  cimarrones, negros de cuadra y de casa, los que trabajaban en el campo y en las ciudades y en gran número se unieron a su justa causa. Marcharon con el Apóstol, con Gómez y Maceo. Y, todos juntos se hicieron gigantes. Escribieron todos ellos la historia gloriosa de Nuestra América. La guerra por la Independencia en Cuba fue a su vez la guerra de los pueblos desde el Bravo hasta el Arauca. Do iba Martí pregonaba su presencia como el sol su verdad.

Guatemala no fue la excepción. Pasó el gigante por esta tierra, engalanó sus campos y sus calles con sus versos, prendió un corazón, más la causa era su mayor pasión. Con el puño apretado y el pecho dolorido llevóse entre los ojos y en el alma la almohadilla preciada de su amiga preñada en sus venas de amor por él y el dolor de saber que las ideas libertarias no podrían albergarlas tiranos que las pregonaban pero esclavizaban, mataban y expulsaban indios. 

Hombres que cantaban Reforma pero aplastaban pueblos. Soñó con las cumbres y los mares del país de los pinos entregando sus secretos de amor y desengaño al torbellino de su lucha y como queriendo despejar su frente, enrumbó a organizar.

Murió de frío la chiquilla, dijeron muchos, yo sé que murió de amor. Quedó Guatemala anclada al hierro del nuevo comendador.

Casó con otra y procreó un hijo de quien siempre se ocupó y supo ganar tiempo en medio del ajetreo de su misión. A tal punto que le escribió pensando en sus osadas mejillas al bebé centro de aquellos versos sencillos y los cuentecillos que adornan esa magnífica creación. 

Partió luego al frente. El ejemplo había que corroborarlo con presencia y acompañamiento. Joven e impetuoso como era, imposible no quemar hormona en el fragor de la batalla máxime cuando erizada la corneta mambí tocaba a degüello. 

¿Que murió Martí? No. Imposible. No murió. Tanto vive que no necesita espacios comprados: fresco aparece en cantos, risas y arengas populares.

Sus ríos de tinta han desbordado mentes, salones, selvas y campiñas. Sus coplas y prédicas han servido de estandartes y espadas. Los del Granma llevaban en el pecho inscritas sus palabras; la solitaria estrella refulgía sus rayos en el rostro de los que la admiraban. Se trastocó en el Che y en Fidel, en Yon Sosa y Turcios; en Farabundo, Roque y Mármol; en Sandino y Fonseca, en millones que hoy blanden la espada bajo sus harapos. Está escondida su mirada en la mirada de los obreros y sembradores, en los maestros y los discípulos, en el rostro moreno de indios y en cofradías negras. 

El águila, como lo predijo, se lanzó sobre nosotros. Era su premura liberar a su patria para edificar barricadas y contener su fiereza contra su América, más no logró en su efímera mortalidad semejante hazaña. Tuvieron que hacerla sus prosélitos.

La misión que se propuso en vida está cumplida. La nuestra liberar al continente y con él al mundo de norte a sur y de occidente a oriente.

Desde el alto monte de la eternidad Martí vigila. Con su culto dedo señala al sur. Somos otro pueblo, nos recuerda, ni somos los primeros que habitamos América ni somos los que vinieron a invadirla. Somos su mezcla a la que luego se unió la de los descendientes de los padres de la humanidad. Los del África. 

Con esa mixtura hemos compuesto pueblos gentiles y sabios, irredentos y bravos que en cuanto han servido, compartido y bailado también han combatido y arrasado. Cual río que canta feliz y manso dentro de los parajes selváticos, cuando es tiempo de asolar asolamos. Remansos de paz cuando paz se recibe, tormentas y fuegos para calmar los heridos egos.

Martí nos llama en esta hora fraterna a crear, pensar y organizar. La esclavitud moderna igual que la pasada ha quedado rebasada. Su fracaso es más que evidente más algunos conservarla desean pues similar que aquellos hacendados que pretendieron acopiar sus negros e indios, hoy pretenden atar hombres a su capital. 

No sabrían que hacer, más el hombre tiene que ser libre, el uno de cadenas el otro de encadenar. 

El hábito, la costumbre son engañosos. Hacen pensar que normal es esclavizar, enseñorearse sobre otros y, a otros, hacer pensar que es normal ser esclavo, sumiso y obediente a los designios de los demás.

La dignidad no se aprende de la noche a la mañana; se va construyendo de a poco, pero es necesario luchar y reflexionar. Es urgente saber y comprender que un cuerpo esclavo de otro, no es humano. Ni el primero porque es rebajado a la estatura de cosa y el otro a la estatura de abusador. Ambos deben ser libres para conversar, para cantar, para reír, para crear.  Compartir ideas, sueños, amistad.

No le alcanzó la vida al gigante, murió en plena flor más la flor de su prosa se diseminó como la hiedra en los muros. Adornó con sus rosas la historia de su pueblo y los nuestros. Cambió la pluma por la espada y luego ésta por la pluma. Blandía ambas con destreza original.
Su lengua en vez de expresar perfidias construía maravillas.

Luego de enlazar con su ideario a su pueblo, regó con su sangre su tierra para que de ella germinara para su América la semilla de dignidad y libertad. 

Ha querido el destino que cayera en Dos Ríos, mas solo cayó su cuerpo. Su espíritu noble recorre los caminos, las cordilleras, las costas de esta geografía detonante que dando tumbos altivos derroca al bellaco rubio quien creyéndose el amo del mundo ha trocado en llaga. Poderoso magnate, dueño del fuego destructor, de caprichos excelsos y excesivos, no cultiva más que la guerra. No sabe más que de ella por eso en ella sucumbirá.

Desconoce su historia que preñada en la violencia desdeña la de sus vecinos. Miente a cual más, resultando enredado en sus patrañas. La vida es verdad pues sin ella no puede existir la cordialidad y el decoro.

De parte de los pueblos desconfianza y recelo, rabia y rencor. Llegará el momento en que confabulándose semejantes sentimientos corroan sus cimientos como las termitas socavan al árbol majestuoso que en medio de la sabana sucumbe presuroso. 

La gloria de las naciones no estriba en destruir sino en edificar, empero, para poder erigir necesario lo viejo demoler. Desmontar la crueldad y la prepotencia, la ignominia y la falsedad es la tarea presente.

Ideas nuevas que vienen pregonándose desde tiempos del Apóstol y que él cual magnífico alfarero juntó experiencias diferentes y diversos matices, los cuales marcaron a sus aprendices. Nada es novísimo, todo está impregnado de los olores de pasado del pueblo y su amalgama. El maestro solo lo mezcló y agregándole su propia esencia lo hizo suyo y como cosa nueva lo lanzó a la fama. Es así la vida: una dialéctica precisa e invisible que ajusta todos nuestros actos y nuestros dichos. Él solo le dio voz y letra; lo adornó con versos y lo cantó en sus rimas. 

Loas a Martí quien sabiendo vivir con la plenitud del astro rey supo morir en la consecuencia de sus palabras de lo cual se entienda que su cuerpo repose en su tumba pero su hálito se extienda a los corazones que luchan con esperanza. Que más ejemplo que el de un ser que no teniendo nada supo darlo todo. Que más lección de un héroe que alzándose sobre sus limitaciones pudo ver el futuro y alertarnos sobre los peligros del egoísmo. Que más talante de alguien que a pesar de su gloria supo vivir son sencillez y honradez. Que más desprendimiento de un humano que a pesar de poder hacerse de grandes fortunas optó por los sinsabores y las amarguras de una lucha desigual. 

Venció Martí a la muerte. Trascendió su época y hoy su idea cabalga junto a la de los grandes. Aplasta las memorias artificiales cuya constancia la quieren construir los mezquinos a fuerza de propaganda y dinero. Enanos que solo pueden brillar con luz artificial. Cuando se  acaba el oro automáticamente se acaba también la bujía. Quedan en tinieblas. Más los héroes que  resplandecen con luz propia no necesitan neón, viven en la mente de los pueblos, repiten en sus vidas, transmutan  generaciones y siguen vigentes en sus altares sin rasguños ni heridas.

¿Acaso los pobres no recuerdan con tristeza y rencor las afrentas y con amor y tibieza las caricias? ¿Quién recuerda a sus verdugos? ¿Quien no conmemora a sus titanes?  ¿Dónde quedó Judas dónde el profeta? ¿Quién se ocupa de Caifás, quien de Pilatos? Pero, ¿Quién no recuerda a Gaicaipuru, Tupac o Lautaro? ¿Al Ché o a Fidel? ¿A Bolívar, Artigas o San Martín? ¿Qué sería de América sin su Apóstol José Martí? 

Muchas gracias.

Carlos Guillermo Maldonado
Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala; Colectivo “La Gotera”

Guatemala, 19 de mayo de 2011