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domingo, 9 de agosto de 2015

El estigma del discurso colonial (Segunda parte, final)


Por Juan Jesús Guanche Pérez *



De mulatos, pardos, morenos y de color: la marca del racismo

De manera análoga a la identificación de las personas negras de piel, el término mulato tiene diverso origen. Una versión lo deriva de mula; o sea, del cruce entre caballo o yegua y burro o burra. Debido al racismo y la posición subordinada de las personas esclavizadas, se relacionaba el burro con el hombre negro y la yegua con la mujer blanca. En la práctica este criterio tiene un fundamento absurdo pues la inmensa mayoría de este tipo de relaciones matrimoniales en América se efectuó entre hombre europeo y mujer africana; es decir, al revés. 

Otro criterio señala que el término tiene origen árabe, en el que se usaba la palabra muwallad para designar personas nacidas de un progenitor árabe y uno no-árabe. Esto se remite al término wallad, que significa parir o engendrar individuos mezclados. Un tercer criterio se deriva también del árabe muladí/es empleado para designar a tres grupos sociales presentes en la Península Hispánica durante la Edad Media: a) el cristiano que abandonaba el cristianismo, se convertía al Islam y vivía entre musulmanes. Se diferenciaba del mozárabe en que éste último conservaba su religión cristiana en áreas de dominio musulmán; b) el hijo de un matrimonio mixto cristiano-musulmán y de religión musulmana; y c) la población de origen hispanorromano y visigodo que adoptó la religión, la lengua y las costumbres del Islam para disfrutar de los mismos derechos que los musulmanes tras la formación de Al-Ándalus. En este sentido, el criterio b se relaciona con la mezcla de fenotipos y con una práctica religiosa no católica, vista entonces con gran desprecio desde el referente catolicocéntrico durante toda la época colonial.

De este modo, el criterio de lo «mezclado» se oponía al mito de lo «puro», cuando en la práctica la humanidad no ha hecho más que mezclarse incesantemente de un continente a otro a través de los múltiples flujos y reflujos de los procesos migratorios masivos, voluntarios o forzados.

Si de manera coloquial también se les denominó a las personas mulatas con el apelativo de «café con leche», por el gran parecido de su color de piel con el de esta mezcla; cuando en el Medioevo los europeos trataron de categorizar de modo arbitrario a las personas en supuestas «razas», para lo tenido como «puro» usaron los términos «blanco, indígena, negro» y sus diversas mezclas como «mestizo, mulato y zambo», más por los rasgos epiteliales que por otros criterios.

Uno de múltiples ejemplos en Cuba son los censos de la época colonial que usan diversos términos al respecto. Los correspondientes a los años 1774, 1792, 1817 y 1827 emplean los criterios de «blancos, negros y mulatos»; pero ya el propio resumen del censo de 1827 introduce los términos de «blancos, morenos y pardos» para sustituir y homologar en los dos últimos casos al de  «negros y mulatos». Este criterio de  «blancos, morenos y pardos» se observa también en el censo de 1841 pero en las tablas comparativas de la propia fuente se introducen las categorías de «blancos y de color», para fundir en el absurdo término «de color» a quienes aparecen identificados como «morenos y pardos», como si los otros carecieran de algún color.

Los censos anulan o desestiman lo que también es identificado en los archivos parroquiales con el término «indio» para establecer diferencias hasta muy entrado el siglo XIX respecto de quienes son registrados como «blancos o españoles» y «pardos y morenos». Ya a mediados del siglo XIX también aparece el término «asiático» para hacer referencia a los inmigrantes chinos, pero este último término no se emplea, porque desde la primera mitad del siglo XIX ya chino/na es un sustantivo que designa:

El hijo o hija de Mulato y Negra, o viceversa. [Otra acepción hace referencia a] El que viene de aquel país contratado para servir en esta Isla, distinguido por otros con sus denominaciones de Asiático o Colono para no confundirle con el de Chino hijo de Mulata y Negra. [Una tercera acepción lo identifica como] Vocativo familiar afectuosísimo (1) 

Estas acepciones denotan tanto la diversidad de fenotipos humanos, las nuevas corrientes migratorias como las relaciones afectivas.

Esta terminología colonial influyó sobremanera en el imaginario social y aun se emplea de manera coloquial el término «de color» para hacer referencia a las personas ricas en melanina como si las demás personas fueran transparentes o carecieran de algún color. Para la mentalidad colonial y su secuela en otros tiempos no era posible pensar que, sin excepción, todos somos de color.

El censo de 1861 introduce nuevos términos, el de «raza blanca» y «raza de color», dos criterios tan absurdos como los anteriores, pues se produce la dicotomía ausencia de color o despigmentación y presencia de color o pigmentación para hacer referencia a seres humanos con diversos fenotipos. Los últimos censos coloniales de 1877 y 1887 conservan estos mismos criterios (2),  que luego se arrastran con nuevos matices en los de la República neocolonial y en los de la etapa 1970-2012 en relación con el color de la piel vistos más desde la autopercepción del entrevistado y en otras desde el criterio del entrevistador según el imaginario social, que desde los conocimientos científicos sobre la diversidad de fenotipos humanos.

Actualmente existen diversas poblaciones donde es muy común observar grados de mixtura en toda una gama de matices en el color de la piel, como en las zonas africanas al norte del Sáhara, en EE. UU. (donde predomina el estigma racista de la gota de tinta en el vaso de leche) (3),  en la mayoría de los países latinoamericanos, como Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. En Asia existen también grupos de personas identificables en lo epitelial como mulatas.

Sin embargo, en cuanto a la falsa noción de «raza» se trata de un término ya superado por el conocimiento científico, que implicaba la absurda existencia de  personas «puramente blancas» o «puramente negras» y el individuo identificado como «mulato/ta» era el resultado de la mezcla de ambos; algo así como el 50% de cada quien en un pulcro laboratorio biológico. Actualmente, genetistas, antropólogos, historiadores y otros campos del conocimiento rechazan el concepto de «raza» en relación con los seres humanos y aceptan la existencia de la especie Homo sapiens común a toda la humanidad.

Los nuevos hechos científicos colocados en la palestra pública como negación de las «razas humanas» en el sentido biológico, no elimina el largo impacto social de los prejuicios y la discriminación racial como resultado de la ideología racista relacionada indisolublemente con la desigualdad social. La «raza» como construcción cultural es un hecho sumamente engañoso y perverso, pues de igual manera que resulta imposible combatir lo que no existe, este combate ha logrado desviar la atención hacia lo fundamental del problema, que es la desigualdad social derivada de la estamentación humana entre explotados y explotadores. Por lo anterior, la lucha contra el racismo y la discriminación es un proceso altamente complejo que debe atenderse en todas sus aristas, desde el imaginario individual y colectivo hasta las instituciones del Estado.

Lo afrocubano, la nación fragmentada

La noción de lo supuestamente «afrocubano» como aparente defensa del legado africano en la cultura cubana en pleno siglo XXI, también tiene su evolución en el tiempo y en diversos usos que se le ha dado al término.

Al abordar este tema en la década de los ochenta del siglo pasado me refería entonces:

Con el propósito de reconocer, estudiar y defender en ese momento histórico neocolonial, la presencia de los elementos de la cultura africana, cuando Fernando Ortiz publica Los negros brujos en 1906, introduce el uso del vocablo afrocubano, el cual, según el propio autor: «evitaba riesgos de emplear voces de acepciones prejuiciadas y expresaba con exactitud la dualidad originaria de los fenómenos sociales que se proponía estudiar». Aunque esta palabra ya había sido empleada en Cuba hacia 1847 por Antonio de Veitía, no había cuajado en el lenguaje general como cuando la empleó Ortiz posteriormente.

Sin embargo, aunque el término afrocubano fue necesario en el período histórico de la República neocolonial para designar y sobre todo defender la presencia de elementos culturales africanos en la formación de la cultura cubana; hoy, en el proceso de construcción socialista, ya es un vocablo impropio y anacrónico, pues cuando hablamos de cultura cubana, con plena conciencia nacional de pueblo para sí, sobrentendemos el complejo proceso transcultural esencialmente hispanoafricano que dio lugar a una formación cultural nueva y distinta de sus elementos antecedentes. Emplearlo hoy como lugar común, significa sobreafricanizar o deshispanizar procesos o manifestaciones culturales que el propio desarrollo dialéctico transformó cualitativamente, hace más de un siglo, en cubano (4).  

El punto de vista de Ortiz entraba en contradicción con los resultados de múltiples investigaciones que luego realizó y que lo condujeron a la crítica del concepto asimilacionista aculturación (aculturation) cuando propone transculturación como categoría interactiva y muy dinámica de los grupos humanos de diverso origen en contacto, pues lo supuestamente «afrocubano» resultaba ser tan cubano como cualesquiera de los procesos culturales transformados con el paso de varias generaciones.

Por ello, cuando escribe y divulga Los factores humanos de la cubanidad (5)  enfatiza en la concepción inclusiva de Cuba cual un ajiaco, para hacer un símil con la alimentación tradicional de los primeros pobladores. En una de sus reflexiones sobre los aportes culturales africanos señala:

El aporte del negro a la cubanidad no ha sido escaso. Aparte de su inmensa fuerza de trabajo, que hizo posible la incorporación económica de Cuba a la civilización mundial, y además de su pugnacidad libertadora, que franqueó el advenimiento de la independencia patria, su influencia cultural puede ser advertida en los alimentos, en la cocina, en el vocabulario; en la verbosidad, en la oratoria, en la amorosidad, en el materialismo, en la descrianza infantil, en esa reacción social que es el choteo, etc.; pero sobre todo en tres manifestaciones de la cubanidad: en el arte, en la religión y en el tono de la emotividad colectiva. 

En el arte, la música le pertenece. El extraordinario vigor y la cautivadora originalidad de la música cubana es creación mulata. Toda la música original, de belleza regalada por la América al otro mundo, es música blanquinegra. [Tempranamente] poseemos una gloria de tangos, habaneras, danzones, sones y rumbas, amén de otros bailes mestizos que desde el siglo XVI salían de La Habana con las flotas para esparcirse por ultramar. Hoy baila música afrocubana, es decir, mulata, de Cuba, el mundo entero (6). 

Con más de cuatro décadas de experiencia y su nivel de conocimientos lo «afrocubano» es equiparado ya con lo mulato, o sea, con la plena mezcla humana de toda la población desde sus orígenes hasta el presente. Aquí se observa el contexto de lo que denomina por única vez en el texto como «afrocubano» como parte plena de la cubanidad devenida cubanía y como una condición sustancial de la cultura nacional, no como algo ajeno a ella.

Para desarrollar el anterior criterio Ortiz deja claro el decisivo papel de las culturas en contacto y desecha abiertamente el falso criterio de lo tenido entonces por «raza».

Sería fútil y erróneo estudiar los factores humanos de Cuba por sus razas. Aparte de lo convencional e indefinible de muchas categorías raciales, hay que reconocer su real insignificancia para la cubanidad, que no es sino una categoría de cultura. Para comprender el alma cubana no hay que estudiar las razas sino las culturas (7). 

Este punto de vista de Ortiz no tiene que haber sido leído ni interpretado por otros autores cubanos que han empleado lo supuestamente «afrocubano» con un sentido positivo o dignificador del papel de la población identificada como negra y/o mulata en sus respectivos textos (8),  que además, desde el contexto de la otredad se ha puesto muy de moda en el discurso internacional que trata de dividir la realidad de nuestro país en compartimentos estancos; o sea para fragmentarlo.

No podemos olvidar que un término absurdo o una mentira repetida y divulgada muchas veces son creídos y asumidos como ciertos, especialmente en la sociedad global de la información y las comunicaciones. Veamos cómo se comporta el término en la web.

Una revisión de la web a través del buscador GoogleCuba nos indica que el término cubano tiene una alta presencia pues aparecen unos 10.100.000 resultados en solo 0,40 segundos (9).  El término se asocia principalmente con la lengua, el cine, las comunicaciones, la medicina y otros temas cotidianos de la Isla y su presencia internacional. De igual manera, el término afrocubano posee una alta visibilidad pues aparecen 334.000 resultados en 0,49 segundos (10).  En este caso se asocia más con una marca comercial relacionada con la música, el baile, así como con las instituciones y personas que proponen clases para su aprendizaje. Resulta evidente que el término cubano es 297 veces superior a «afrocubano» en español.

La presencia en la Wikipedia se observa también en una definición categorial para un conjunto de 28 personas incluidas como supuestos «afrocubanos»: «Esta categoría reúne a personas de nacionalidad cubana pertenecientes a la etnia afroamericana (ya sea por línea paterna y/o materna) originarios del África negra». Es decir, lo cubano es solo la nacionalidad y la pretendida «etnia» es la misma que se le impone a otras personas en el resto de América y se les da como «originarios del África negra»; es decir, es un brevísimo y malsano tratado de "disparatología".

Si observamos las personas a las que alude esta página, aumenta el enfoque tendencioso y racista (11),  pues lo mismo hay hombres y mujeres muy representativos en melanina como Bola de Nieve, Claudio José Brindis de Salas, Carlota, Celia Cruz y Chano Pozo, como personas de epidermis mucho más clara como Juan Almeida Bosque, Juan Gualberto Gómez, Omara Portuondo y Nancy Morejón, lo que desdibuja o anula el origen de uno de sus progenitores. Se repite así el estigma de la gota de tinta en el vaso de leche, pero fuera del territorio estadounidense.

Mucho más visibilidad tiene el término afro cuban con 3.800.000 resultados en solo 0,27 segundos; es decir en casi la mitad del tiempo que los dos anteriores, cual muy alto índice del posicionamiento y 11 veces superior a su versión en español (12).  Aquí también el término opera como marca comercial para dar énfasis al jazz, la discografía, sus estrellas, los tecladistas y percusionistas, así como la posibilidad de ver y bajar videos y música. Algo semejante sucede cuando buscamos su versión francesa en afro cubaine, con 363,000 resultados en 0,34 segundos, es decir, 29 mil resultados más en 0.15 segundos menos que su versión en español. La versión alemana de afrokuban nos vuelve a remitir a su versión en inglés, cuya lengua es dominante en la web.

Esta situación de las autopistas de la información está en plena sintonía con las acciones de los think tanks o tanques pensantes y su labor de largo alcance. Este grupo de expertos se diferencia de otras instituciones universitarias en que cumplen una función especializada de investigación y asesoramiento a gobiernos u organizaciones políticas, y asumen o se comprometen con determinada línea política o proyecto político, por lo que no existen think tanks neutros.

La eficiencia de estos grupos aumenta en la medida que mantiene su autonomía como organizaciones independientes.

La experiencia nos dice que si se crean think tanks en el marco de estructuras gubernamentales éstas sufren excesivo estrés e intermitencia en sus procesos de investigación, ya que padecen prácticamente la misma presión a la está sujeto todo ministro/a o gobernante; sin embargo, esto no obsta que se organicen unidades de análisis en dependencias públicas y desenvuelvan funciones específicas de apoyo a sus autoridades (13). 

Uno de tantos expertos sobre el modo de operar los think tanks señala en relación con el uso del tiempo y sus objetivos:

El científico y el político tienen tiempos diferentes: el primero puede concederse tiempos largos; el segundo casi siempre debe decidir en estado de necesidad y urgencia. También sus responsabilidades son diferentes. La responsabilidad del científico es aclarar los términos de un problema; la del político es resolverlo con una decisión, que no puede aplazarse de manera indefinida.

Además los think tanks se emplean como instrumentos de influencia y penetración en la sociedad civil y difusión de ideas, de ahí la gran importancia que en occidente han adquirido como herramientas de geoestrategia, solo es cuestión de observar el rol que cumplieron por ejemplo, en educar en democracia y capitalismo al desmantelado exbloque socialista (14). 

La política de subversión ideológica contra Cuba pasa por la creación, empleo, resemantización, difusión y alta visibilidad de términos que contribuyen a crear estados de opinión desfavorable, dudosa o confusa para el proyecto nación y su potencial integración en otros contextos más favorables para el desarrollo sostenible y próspero.

En este sentido, lo afrocubano hoy resulta además de polisémico, antónimo de sí mismo, pues bien se ha usado como recurso categorial para defender los derechos y espacios de las personas negras y mulatas en el contexto nacional, se emplea en diversos contextos como marca comercial y estratégicamente como un fragmentador de la identidad nacional.

Afrodescendientes, ¿cuántos y quiénes?

El término sale a la palestra pública como una denominación genérica,  controvertida y dudosa para hacer referencia a las personas nacidas fuera de África que tienen antepasados oriundos de África al sur del Sahara. Designa en Las Américas y el Caribe a las personas descendientes directa e indirectamente de africanos esclavizados desde la época colonial. De modo genérico alude a las personas melanodermas (del color de la piel identificado como «negro») o mezclados con europeos («mulatos») o con aborígenes («mestizos»), nacidas fuera de África desde el punto de vista del fenotipo, especialmente el color de la piel. Sin embargo, desde el punto de vista genético toda la población del orbe es afrodescendiente con múltiples mutaciones y adaptaciones a los más disímiles ecosistemas. El término se emplea más con una acepción política que científica, pues alude a los derechos y aspiraciones de grupos humanos vulnerables y socialmente desfavorecidos. El término tiene variadas acepciones, interpretaciones y posiciones contradictorias:
  • -Desde el punto de vista de la antropogénesis más general, todos los seres humanos somos afrodescendientes, por lo que el término envuelve a toda la humanidad y no se encuentra circunscrita a una parte de ella. Esta acepción es inclusiva, antirracista y antidiscriminatoria. Es la acepción menos empleada por las personas melanodermas que reclaman derechos.
  • -Se emplea como una denominación particular que sustituye al término negro o negra, como en EE.UU., donde se le ha dado una connotación despectiva, y el nuevo término adquiere una connotación distintiva, dignificadora y diferenciadora de otros fenotipos humanos. También ha sido interpretado como un tipo de racismo en dirección contraria o como rechazo al racismo estructural implementado en ese país.
  • -La anterior acepción es trasladada de múltiples maneras a las demandas reivindicadoras de grupos humanos en América Latina y el Caribe, por lo que de modo consciente o inconsciente, niega, neutraliza, silencia o sustituye las denominaciones nacionales (gentilicios) y el reconocimiento a la formación de los estados nacionales históricamente nuevos: brasileño por afrobrasileño, uruguayo por afrouruguayo, por ejemplo; es decir un discurso diferenciador y separatista en un contexto regional de abierta integración.
  • -Por su intencional polisemia, el término es aceptado por unos y rechazado por otros, pues tiene una significación más política que sociocultural, científica o étnica.
            No obstante, se ha ido imponiendo como un término operatorio para reclamar derechos, oportunidades, convocar y activar a la opinión pública nacional e internacional (15).  Su presencia en la web también es alta pues aparecen unos 538.000 resultados en solo 0,24 segundos con estrecha relación hacia Latinoamérica (16).

Por tal motivo, la Asamblea General de las Naciones Unidas en su 64a Sesión aprobó declarar el año 2011 Año Internacional de las personas afrodescendientes para fortalecer medidas nacionales y la cooperación regional e internacional en beneficio de estas poblaciones en relación con el goce pleno de sus derechos económicos, culturales, sociales, civiles y políticos, su participación e inclusión en todas las esferas de la sociedad, la promoción de un mayor respeto y conocimiento de la diversidad, su herencia y su cultura. La Asamblea General encomendó al Secretario General que presente un informe donde incluya un proyecto de programa de actividades para el Año Internacional de las personas afrodescendientes a partir de las opiniones y recomendaciones de los Estados Miembro, del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, el Grupo de trabajo de Expertos sobre los Afrodescendientes del Consejo de Derechos Humanos, entre otros (17).

La Cumbre Iberoamericana de Alto Nivel para Conmemorar el Año Internacional de las personas afrodescendientes que se efectuó en la ciudad de Bahía, Brasil, el 19 de noviembre de 2011, realizó la Declaración de Salvador en la que «Enfatizaron que la Cumbre asumió una relevancia particular, teniendo en cuenta que América Latina y el Caribe tienen la mayor población de los «afrodescendientes», calculada en 150 a 200 millones de personas, y fue el destino primario de la diáspora africana» (18)  trasatlántica, transamericana y caribeña.

El 19 de diciembre de 2013 la Asamblea General de las Naciones Unidas da a conocer el Proyecto de resolución presentado por el Presidente de la Asamblea General sobre la Proclamación del Decenio Internacional de los Afrodescendientes, que comenzará el 1 de enero de 2015 y terminará el 31 de diciembre de 2024, con el tema Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo, que se inaugurará de forma oficial inmediatamente después del debate general del sexagésimo noveno período de sesiones de la Asamblea General (19).

El término, como otros de muy dudosa procedencia, debe emplearse con la cautela pertinente de cara a la consolidación de las naciones y a los perspectivos procesos de integración, sin perder de vista su connotación polisémica diferenciadora y fragmentadora de la diversidad fenotípica de las personas y de la unidad de la especie humana en las Américas y el Caribe.

Ante tantas secuelas de términos que condicionan ideas, modos de pensar y de interpretar la realidad desde la época colonial hasta nuestros días, podemos decir a estas alturas, con el debido apoyo de los estudios sobre el ADN, que sin dudas somos mestizos, de color y afrodescendientes. Todo depende del prisma con que se evalúa, de los alcances del texto con que se fragua el discurso y de las complejidades, compromisos y responsabilidades de cada contexto.

Pero al mismo tiempo, si bien en el campo de la física la histéresis es la tendencia de un material a conservar una de sus propiedades, en ausencia del estímulo que la ha generado; en al ámbito de las ideas la histéresis ha sido resemantizada como la resistencia de las mentalidades al cambio histórico.

Una valoración de esta resistencia señala:

En efecto, existe un desajuste evidente entre la velocidad vertiginosa de los cambios tecnológicos y la cuasi inercia de las mentalidades. Desde la historia de estas últimas, F. Braudel ha comparado, en uno de sus textos más conocidos (20),  las mentalidades a los fondos oceánicos, casi al abrigo de las corrientes marinas y, por ende, sólidamente instaladas en la mayor inercia; las mentalidades son estructuras profundas y pesadas que resisten en general al cambio. Con toda seguridad, podemos afirmar que una mentalidad, en tanto que vasto constructo ideacional petrificado es, por lo mismo, aquella estructura que menos se adapta a las transformaciones culturales, políticas, sociales, económicas, es decir que menos capacidad autopoiética tiene (21). 

 Por ello, superar el estigma del discurso colonial es también un acto de liberación mental, representa un verdadero antídoto contra la histéresis, cual resistencia del pensamiento ya establecido y sedimentado frente al cambio de época. Es oponer la crítica consecuente de concepciones obsoletas frente a un discurso novedoso que sea fuente necesaria de acciones renovadoras. (Fin)
*Lic. en Historia del Arte (Universidad de La Habana). Dr. en Ciencias Históricas con especialidad en Antropología Cultural del Instituto de Etnografía (Academia de Ciencias, URSS). Profesor Titular (UH) e Investigador Titular de la Academia de Ciencias de Cuba, del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana y de la Fundación Fernando Ortiz, donde es Miembro de la Junta Directiva. Es miembro del Grupo de Expertos del Consejo de Redacción y del Colectivo de Autores del Atlas Etnográfico de Cuba, del Atlas de los instrumentos de la música Folclórica popular de Cuba y del Diccionario de la música española e hispanoamericana.
NOTAS
  (1) Véase Esteban Pichardo. Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas (1836), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976:216.
  (2) Véase Los censos de población y vivienda en Cuba, t. I, vol. 2., La Habana, 1988.
  (3) Ver obra de Harris.
  (4) Véase Jesús Guanche. Procesos etnoculturales de Cuba, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983:462.
  (5) Conferencia leída en un ciclo organizado por la fraternidad estudiantil «lota-Eta», en el anfiteatro Varona de la Universidad de La Habana, el 28 de noviembre de 1939. Publicada en la Revista Bimestre Cubana, La Habana, marzo-abril de 1940, vol. XIX, no. 2, pp. [161]-186.
  (6) Véase Fernando Ortiz. «Los factores humanos de la cubanidad», en Fernando Ortiz y la cubanidad, Colección La Fuente Viva, no 1, Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 1996:26-27.
  (7) Op. Cit.:16.
  (8) Véanse Tomás Fernández Robaina, Identidad afrocubana: cultura y nacionalidad, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2010; y  Afrocubanas: historia, pensamiento y prácticas culturales, selección de textos: Daisy Rubiera e Inés M. Martiatu, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2011.
  (9) Búsquedas relacionadas con cubano el jueves 20 de febrero de 2014, 8:10 PM. cubano letra, chat cubano, lenguaje cubano, cubano font, cubano hablando, cine cubano, cubano las pastillas, cubano bar
  (10) Búsquedas relacionadas con afrocubano el jueves 20 de febrero de2014, 8:15 PM. afrocubano wikipedia, cultura afrocubana, afrocubano música, afrocubano baile, definición afrocubano, clases afrocubano
  (11) Esta categoría incluye las siguientes 28 páginas: Equis Alfonso, Juan Almeida Bosque, Fulgencio Batista, Mario Bauzá, Bola de Nieve, Bola de Nieve, Claudio José Brindis de Salas, Cándido Camero, Carlota (esclava), Celia Cruz, Guillermo Fariñas, Ibrahim Ferrer, Juan Gualberto Gómez, Nicolás Guillén, Pedro Knight, Antonio Maceo, Machito (músico), Benny Moré, Nancy Morejón, Ángel Moya Acosta, Ignacio Piñeiro, Omara Portuondo, Chano Pozo, Arsenio Rodríguez, Mongo Santamaría, Berta Soler, Chucho Valdés, Bebo Valdés, y Yusa.
  (12) Búsquedas relacionadas con afro cuban el jueves 20 de febrero de2014, 8:20 PM. afro cuban all stars discografia, afro cuban all stars videos, afro cuban keyboard grooves pdf, afro cuban keyboard grooves, afro cuban grooves for bass and drums, afro cuban all stars, afro cuban all stars discografia descargar, afro cuban latin jazz
  (13) Véase Mario Ramos. La geopolítica de los think tanks (versión en PDF).
  (14) Ibídem. Ramos cit. Bobbio.
  (15) Véase Jesús Guanche y Carmen María Corral. Op.cit. (Versión digital, 2014:30). Para hacer referencia a personas cubanas negras y mulatas véase también Gisela Arandia Cobarrubias. Población afrodescendiente cubana actual. Instituto Cubano de Investigación Cultural «Juan Marinello», Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA), La Habana, 2012.
  (16) Búsquedas relacionadas con afrodescendiente, 25 de febrero de 2014, 5:52 PM afrodescendiente definicion, cultura afrodescendiente, gastronomia afrodescendiente, musica afrodescendiente, indigena, movimiento afrodescendiente, historia afrodescendiente, que es afrodescendiente yahoo
  (17) Véase Resolución aprobada por la Asamblea General [sobre la base del informe de la Tercera Comisión (A/64/439/Add.2 (Parte II))] 64/169. Año Internacional de los Afrodescendientes.
  (18) Véase CUMBRE IBEROAMERICANA DE ALTO NIVEL PARA CONMEMORAR EL AÑO INTERNACIONAL DE LOS AFRODESCENDIENTES, “DECLARACIÓN DE SALVADOR”, versión en PDF.
  (19) Véase Sexagésimo octavo período de sesiones Tema 67 b) del programa. Eliminación del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia: aplicación y seguimiento generales de la Declaración y el Programa de Acción de Durban.
  (20) Se refiere a La dynamique du capitalisme (París, 1971).
  (21) Véase Manuel Antonio Baeza. Cambio histórico versus mentalidades: el fenómeno de histéresis a través de la llamada “revolución tecnológica”, Universidad de Concepción, Argentina (versión en PDF).

FOTO Roberto Chile "Maestra"
Nota de la editora de los blogs: Ha sido virtualmente imposible reproducir en las notas del trabajo (8, 9, 10, 11 Y 16), todas los links de las búsquedas en Google o en Wikipedia realizadas por el autor de este trabajo; las menciones a trabajos en pdf no venían vinculadas en el original: ruego disculpen las molestias ocasionadas.

El estigma del discurso colonial (Primera parte)

Por Juan Jesús Guanche Pérez *

Introducción

Estamos en pleno siglo XXI y aun tenemos que escuchar en diversos espacios públicos, tanto académicos como ordinarios, el mismo discurso que emplearon los colonialistas europeos para sus súbditos en América, como si el valor contextual y semántico de los términos que conforman conceptos no hubieran cambiado con el tiempo. Expresiones escritas por la legislación de entonces como «indio, blanco, negro, mulato, pardo, moreno, de color, raza», u otros términos más recientes como «afrocubano y afrodescendiente», se apropian de los discursos como si la significación de los términos tuviera una inocencia prístina despojada de toda intención colonizadora o de dominación de las ideas para trascender una época histórica marcada por la explotación, la discriminación y la pérdida de la condición humana.

Muchos de estos términos fueron creados, definidos y usados para justificar campañas de conquista, saqueo, genocidio, colonización y apropiación de territorios y poblaciones mayores de las que disponían las metrópolis de entonces. Pasaron al léxico jurídico, político, científico y eclesial para imponerse mediante el poder de la justicia, las armas, la convicción o la fe,  y fueron apropiándose de las mentalidades hasta abarcar la lengua vernácula en las más diversas variantes, cual signos de prejuicio, discriminación, exclusión y también de autoestima, solidaridad, sobrevivencia en las más complejas situaciones sociales.

Veamos algunos de estos términos en sus alcances semánticos para contribuir a despojarnos de un viejo y anacrónico estigma colonial, pues un modo eficaz de transformar las mentalidades es repensar críticamente el significado de los términos con el que aplicamos conceptos a la siempre cambiante realidad de la que formamos parte.

De indios a pueblos originarios

El término indio en el contexto americano tiene un alcance polisémico ya que puede referirse en su acepción original al habitante nativo de la India, perteneciente o relacionado con este gran país de Asia; aunque en varios países americanos se prefiere emplear el término hindú, debido a que una parte muy representativa de la población de la India profesa el hinduismo, junto con la intención de evitar la ambigüedad del gentilicio indio usado comúnmente para designar a los aborígenes del continente americano. En ocasiones encontramos referencias a indostánico o hindustaní, una denominación lingüística de una rama de la familia indoeuropea envolvente de varios pueblos de la India y Paquistán, aunque también se habla en Fiyi, Guyana, Malasia y Surinam.

También el término indio se refiere al poblador nativo u originario de América, debido a la muy conocida confusión de Cristóbal Colón al llegar a esta parte del mundo y no a la India. Esta acepción ha generado varios términos derivados del primero para tratar de subsanar el error como indígena americano, indoamericano, amerindio y que supuestamente aparecen identificados como si fueran  «correctos», sin perder el erróneo referente indio, desconectado de los etnónimos de muchos pueblos americanos que reflejan diversos sentidos de pertenencia en sus respectivas lenguas (1).  Por ello, el término indio ha tenido y aun tiene connotaciones despectivas en varios países de América e implicaciones racistas y de exclusión cultural. En ocasiones, aunque el fenotipo aborigen americano de las personas sea evidente e indudable, muchos no prefieren identificarse como «indios» y acuden a otros ardides de la identidad étnica; es decir, mestizos, cholos u otros términos.

Recordemos en este sentido los argumentos que en el siglo XVI exponía el dominico Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573) para justificar la guerra de conquista como «justa» y para despojar a los primeros pobladores de América de su condición humana:

Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas.

¿Qué cosa pudo suceder a estos bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de aquellos cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de bárbaros, tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pueden serlo.

Por muchas causas, pues y muy graves, están obligados estos bárbaros a recibir el imperio de los españoles [...] y a ellos ha de serles todavía más provechoso que a los españoles [...] y si rehúsan nuestro imperio podrán ser compelidos por las armas a aceptarle, y será esta guerra, como antes hemos declarado con autoridad de grandes filósofos y teólogos, justa por ley natural.

La primera [razón de la justicia de esta guerra de conquista] es que siendo por naturaleza bárbaros, incultos e inhumanos, se niegan a admitir el imperio de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; imperio que les traería grandísimas utilidades, magnas comodidades, siendo además cosa justa por derecho natural que la materia obedezca a la forma (2).
Muy conocida también es la ferviente oposición de Fray Bartolomé de Las Casas (1484-1566) como uno de los precursores de los derechos humanos al proponer la noción del derecho de gestes como argumento en defensa de estos pueblos. La denuncia a las atrocidades de los conquistadores y gobernantes que realiza en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias en 1542 lo sinteriza de manera formidable en el Prólogo de la obra antes de pasar a describir tal situación en cada una de las islas y Tierra Firme:
La causa porque han muerto y destruido tantas y tan infinito número de ánimas los cristianos, ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días y subir a estados muy altos y sin proporción de sus personas (conviene a saber): por la insaciable codicia y ambición que han tenido, que han sido mayor que en el mundo ser pudo, por aquellas tierras tan fértiles y tan ricas, y las gentes tan humildes, tan pacientes y tan fáciles a sujetar, a las cuales no han tenido más respeto ni de ellas han hecho más cuenta ni estima […], no digo que de bestias […], pero como a menos que estiércol de las plazas (3).
 Recientemente, como parte de la crítica a las terminologías coloniales, muchos prefieren hablar de aborígenes americanos; es decir originarios del lugar donde viven o de pueblos originarios, inicialmente empleado por los movimientos sociales y que posteriormente ha influido en el discurso académico y político(4).

Por la significación histórico-cultural para toda la humanidad de los pueblos originarios, el 13 de septiembre del 2007 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. De este modo se efectuó un nuevo paso para cumplir una denodada demanda histórica de las poblaciones originarias de todo el mundo. En la votación, se pronunciaron 144 países a favor, 4 en contra (Australia, Canadá, Estados Unidos de América y Nueva Zelanda) y 11 abstenciones. Esta Declaración se compone de 46 artículos y abre un nuevo espacio al Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU (UNPFH), a la vez que contribuye a un mayor nivel de responsabilidad de los Estados(5).  En la sesión anual del 2010 «el Foro recomendó a las seis divisiones de la ONU “prestar mayor atención a las cuestiones de los pueblos indígenas” y hacer valer los derechos de esas poblaciones. Asimismo, reclamó que las opiniones de esas comunidades sean decisivas a la hora de formular políticas que afecten a sus integrantes, tierras y recursos, y exigió una mayor participación en los procesos intergubernamentales y programas de cooperación técnica»(6).

Como se observa, frente a la crítica a diversas denominaciones obsoletas, determinados organismos internacionales conservan los mismos términos coloniales para tratar de defender lo que tantas veces fue atropellado.

De blancos sin sangre azul

El concepto del supuesto individuo blanco, como falso criterio de «raza», se origina  en 1781 por el antropólogo físico alemán Johan Blumembach (1752-1840), quien propuso la denominación de «raza caucásica o caucasoide» limitada a la población europea. De lo anterior se deriva la hipótesis no demostrable acerca de que las personas de piel clara eran originarias o se habían dispersado en las montañas del Cáucaso. Hacia 1855, en su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, Arthur de Gobineau (1816-1882), también especulaba sobre la supuesta raza nórdica como la mejor de todas, como si fuera un exclusivo producto de boutique, por lo que consideraba perjudicial la mezcla con otros grupos, ya que aquello podría degenerar la inventada «pureza racial».
Por ello, una connotación restringida en varias definiciones del fenotipo blanco es que el término se refiere a personas originarias y nativas de Europa. En cambio, otros criterios más abarcadores incluyen poblaciones de  algunas zonas de África del Norte y del Medio Oriente. Incluso si se atiende al color de la piel hay grupos humanos del norte de la India y poblaciones tan alejadas de Europa como los pashtún de Pakistán y Afganistán con bajos niveles de melanina. De manera que el criterio eurocéntrico del supuesto «hombre blanco» de desdibuja por su propio peso. Sin embargo, fue también otro recurso de dominación mediante una supuesta «superioridad» respecto de otros seres humanos.

Esto motiva una discusión acerca de la diferencia entre la noción de  piel clara respecto del equívoco criterio de «blanco». El término de por sí es un error histórico y científicamente muy cuestionable, ya que la mayoría de las personas identificadas como «blancas», independientemente del origen étnico o geográfico, tienen una pigmentación epitelial que va del rosa pálido, rosado o rosáceo más o menos bronceado. No obstante, una piel puede considerarse clara si en el registro del espectrómetro se manifiesta un índice alto o reflectante, que revela un bajo nivel de melanina o pigmento epitelial.

A lo anterior se añade en el contexto colonial de América bajo la dominación hispánica la doctrina de la limpieza de sangre, todo un morboso sistema de discriminación que apareció en el siglo XIV en la España de la Edad moderna y que se replicó en el Nuevo Mundo. El sistema estableció entre los españoles una diferenciación entre personas de supuesta «sangre pura» y personas a los que se les atribuía tener la «sangre impura, manchada o mezclada» con la población conversa de judíos o moros de España, lo que creó una distinción entre «cristianos viejos» y «cristianos nuevos» o conversos.

Esta doctrina se empleó primero para discriminar a los propios españoles con ascendencia judía o mora y luego para segregar a los españoles que pretendían asentarse en América. Tras la expulsión de los judíos sefardíes en 1492, muchos se «convirtieron» al catolicismo para disfrutar de los mismos derechos que los cristianos viejos. Es entonces cuando se originan en las instituciones del estado y en diversas organizaciones privadas los «estatutos de limpieza de sangre», que establecen  la «investigación» genealógica de las personas con intenciones de algún privilegio, con el objetivo de identificar si éstas tenían o no «sangre judía, mora o hereje», para facilitar o impedir el ingreso a los colegios, grados militares, monasterios, cabildos y a la propia Inquisición. En este sentido, por primera vez se emplearon los falsos y míticos conceptos de «raza» y «sangre» homologados como estrategia de discriminación.

Otra expresión mítica de origen hispánico fue la de «sangre azul», que más tarde se extendió a otros idiomas (blue blood, sang bleu) e indica noble cuna o ascendencia refinada. Se relaciona formalmente con la palidez propia del color de la piel de los aristócratas y privilegiados, que no realizaban trabajos físicos rudos ni sufrían las inclemencias del tiempo, mientras que otros sectores laborales como campesinos y artesanos tenían una piel más curtida. Las venas de muchas personas de piel clara transparentan un aspecto azulado que el imaginario mitifica cual signo de privilegio.

Todo lo anterior contrasta con las evidencias de la emigración hispánica hacia América, pues la inmensa mayoría de quienes cruzaron el Atlántico, desde las calaveras colombinas hasta el trasvase masivo desde fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX fueron personas humildes, trabajadoras, impulsadas a buscar un mejor nivel de vida. Uno de tantos ejemplos es la Composición laboral de la emigración hispánica hacia América durante el siglo XVIII, según la profesión, ocupación o estatus. En este caso, nada menos que el 86,8% está compuesto por criados acompañantes, cargadores o gentes de trabajo manual, mercaderes, familiares, pasajeros eventuales o de afincación, sin definir profesión, y artesanos; mientras que solo el 13,2% restante está compuesto por funcionarios o personal administrativo, eclesiástico y militares (7),  donde podrían concurrir algunos que otros migrantes de «blanca palidez». Por ello, la mayoría de la emigración hispánica hacia América estuvo compuesta por los entonces denominados «blancos» pero sin sangre azul.

De negros a personas

Como bien han señalado diversos estudiosos del tema, ni en América hay indios ni en África hay negros (8).  Fueron términos impuestos por la dominación colonial para cosificar la fuerza de trabajo esclavizada al mismo nivel objetual de una máquina que se vendía, compraba, cambiaba, subastaba y en este caso también se torturaba, a la vez que era completamente ajena a su condición humana.

El propio Johan Blumembach, que también había descrito a los etíopes de manera caricaturesca, para identificar así a todos los africanos, excepto a los del norte, tras conocer en Suiza a «una negra tan bella como para enamorarse» cambió completamente sus opiniones y llegó a decir que:
Los africanos individuales difieren de otros africanos tanto como los europeos difieren de otros europeos, o incluso más. Esto se puede ver sobre la base de la diferencia en la pigmentación de la piel, y especialmente sobre la base de las grandes diferencias en el ángulo facial de Camper (9). 
 De ese modo, el fundador de las teorías raciales modernas se convirtió en un ferviente admirador de los africanos, por sus talentos naturales y capacidades mentales (10).

Muchos colegas de diversas disciplinas que concurren a los documentos de la época colonial aun emplean el término negro a secas, como sustantivo cosificador, como objeto esclavizado y no cual sujeto sometido a la ferocidad de un sistema que lo despojaba de su condición humana. Otros hemos preferido denominar al africano y sus descendientes,  hayan sido esclavizados o libertos, por su lugar de origen o por su condición de haber nacido en un nuevo espacio y no por el simple color de su piel.

Lo negro deja de ser sustantivo y se transforma en adjetivo cuando se hace referencia a una persona negra o de piel negra, donde lo más significativo no es el color en sí mismo, sino la condición de persona sobre cuya fuerza de trabajo descansó el peso fundamental del sostén económico en las otrora colonias de América y sus millones de descendientes hoy forman parte plena de los estados nacionales.

Actualmente posee cada vez más fuerza el estudio del ADN mitocondrial y el 
cromosoma Y, para inferir que toda la humanidad procede de África y que los primeros representantes del Homo sapiens poseyeron una morfología similar a las poblaciones negras (melanodermas) actuales, especialmente en relación con el color de la piel, que más tarde se fue aclarando como adaptación a otros lugares donde la presencia de los rayos solares es inferior a la que se efectúa en África, aunque no podemos descartar el oscurecimiento epitelial en algunas poblaciones, según las mutaciones en diversos espacios. Tal es el caso de la población más antigua de Australia.

En los EEUU, por ejemplo, desde los años 50 del siglo XX fue cada vez más común el empleo del término «afroamericano» para hacer referencia a las personas negras de antiguo origen africano, pero muchos de los clasificados en esa categoría consideraron discriminatoria la expresión, al ubicarlos en el continente africano, como si un estadounidense no pudiera ser negro sin prefijos ni especificaciones, cuando ellos son parte fundadora de la nación. El debate ha conducido a posiciones contrarias y hoy se prefiere la denominación de «africano-americano (african-american)», como parte de un problema fundamental relacionado con la identidad. Este problema y su terminología acompañante han sido trasladados a otros contextos de América distintos en su formación histórico-cultural gracias al dominio estadounidense de los medios globales de comunicación, como veremos.

Por esta razón, varias lenguas, como el inglés, el francés y el alemán, tienen dos términos para designar a las personas negras de piel, uno simplemente descriptivo del color y otro claramente racista. De ese modo en inglés se usa black (negro) y nigger; en francés noir (negro) y nègre, y en alemán: Schwarzer (negro) y Neger.

Sin embargo, el término negro también adquirió diversos grados de polisemia en América, desde los anteriormente señalados para el inglés y el francés, hasta términos más amigables en el área hispanohablante mediante los diminutivos de negrito, negrita, mi negro o mi negra, hacia personas que aun sin ser de piel oscura se les tiene un afecto muy especial; de ahí el posesivo mi. Es la actitud de zafarse para siempre de la cosificación colonialista y reconocer la condición humana de millones de personas fundamentales para la formación de los pueblos actuales de este continente.

Durante un curso de postgrado en el Centro de Estudio del Caribe (CERAC) de la Universidad Católica Santo Domingo en 2008, cuando traté el tema sobre las denominaciones humanas y el color de la piel en relación con el Caribe, uno de los estudiantes-profesores (pues todos eran profesores de diversos lugares del país) me decía con pleno orgullo: «Yo soy un hombre dominicano negro y a mucha honra, rechazo todo eso de afro, pues ni mis abuelos nacieron en África. Mis raíces están aquí en este lugar. Este es mi país, mi patria y yo no me dejo colonizar». Esas palabras son todo un clamor de dignidad para muchos de sus compatriotas que preferían identificarse como «indio claro» o «indio oscuro» para ocultar o minimizar sus ancestros africanos e hispánicos.

NOTAS

(1) Vale señalar que decenas de etnónimos de los pueblos originarios en América Latina y el Caribe significan gente, persona, ser humano u otro indicativo identitario respecto de otros pueblos. Véase Jesús Guanche y Carmen María Corral. Los pueblos de América Latina y el Caribe, Diccionario etnográfico, tabla 1 (Versión digital, 2014).
(2)  Véase De la justa causa de la guerra contra los indios.
(3)  Véase Bartolomé de las Casas. Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977:29.
(4)  Véase Colectivo de autores. Abya Yala una visión indígena, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2011.
  (5) Véase, «Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas», en Oralidad, para el rescate de la tradición oral de América Latina y el Caribe, Anuario 15, Diversidad cultural y expresiones orales. Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO, La Habana, [s.a.]: 104-110.
  (6) Carriba, Victor M. «ONU-Cuestiones indígenas: dos decenios y mucho más», en Abya Yala una visión indígena (Prólogo de Evo Morales Ayma), La Habana, 2011:37.
  (7) Véase Jesús Guanche. España en la savia de Cuba, La Habana, 2013, Cuadro 4:36.
  (8) Véase Luz María Martínez Montiel. Africanos en América, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2008.
  (9) Véase Jan Nederveen Pieterse. Blanco sobre negro. Las imágenes de África y de los negros en la cultura popular occidental. Centro Teórico-cultural criterios, La Habana, 2013:54.
  (10) Op. cit.:54.
  (11) Véanse Argeliers León. Tras las huellas de las civilizaciones negras en América, La Habana, 2001 y Jesús Guanche. Africanía y etnicidad en Cuba. Los componentes étnicos africanos y sus múltiples denominaciones, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2011.
*Lic. en Historia del Arte (Universidad de La Habana). Dr. en Ciencias Históricas con especialidad en Antropología Cultural del Instituto de Etnografía (Academia de Ciencias, URSS). Profesor Titular (UH) e Investigador Titular de la Academia de Ciencias de Cuba, del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana y de la Fundación Fernando Ortiz, donde es Miembro de la Junta Directiva. Es miembro del Grupo de Expertos del Consejo de Redacción y del Colectivo de Autores del Atlas Etnográfico de Cuba, del Atlas de los instrumentos de la música Folclórica popular de Cuba y del Diccionario de la música española e hispanoamericana.
 FOTO: "Atributos", de Roberto Chile
Enviado por su autor para La Polilla Cubana

viernes, 31 de julio de 2015

Afrocubanía y afrodescendencia

Por  Felipe de J. Pérez Cruz*



Afrodescendiente


Es un tema complicado desde siempre. Mis criterios:

1.         No voy a abundar en el concepto de raza humana, que hay una sola. Ni en la categoría racialidad entendida como constructo teórico-operativo, para tratar los fenómenos étnicos que caracterizan la variabilidad de la raza o especie humana. En cuanto al racismo como fenómeno impuesto desde las circunstancias de poder y dominación, que se establecen en las sociedades de explotación, hay suficiente consenso. Me centraré en el concepto afrocubano, y en el término afrodescendiente de más reciente promoción, y tendré como referencia los debates históricos, étnicos, sociológicos, y políticos que últimamente se han dado alrededor de los referidos conceptos.

2.         Mucho se ha debatido sobre si el producto resultante de lo “afro” y de lo cubano, más que una mezcla de ambos, es cubano de origen africano, o africano transculturado (1) en Cuba, pero de lo que no cabe dudas es de que existe un sujeto social colectivo histórico, donde la  cubanía como totalidad se expresa con un definido corpus –de materialidades y subjetividades- de origen africano. El concepto de afrocubano lo propone Fernando Ortiz Fernández (1881-1969) a principios del siglo XX. Considero que no existe mejor concepto para referirse  al complejo cultural de la población negra y mestiza cubana. La condición de afrocubano por demás escapa al reduccionismo del color de la piel. Se trata ante todo de un sentimiento de pertenencia e identidad, de psicología personal y colectiva, de cultura espiritual y material, de especificidades del modo de vida, de la constatación y el orgullo de ser negro o negra – “por dentro”- , peculiaridades todas que interpenetran la vitalidad de los sujetos, y se expresan como totalidad, independientemente del lugar que se ocupe en la estructura social, en la actividad laboral, cultural o política.  África, con sus santos tambores, cosmogonías, sensualidades, colores, sabores y olores, es una condición cultural aún para aquellos que no se han podido sacudir los  prejuicios y estereotipos heredados y los adquiridos. Definitivamente existe en Cuba un complejo cultural afrocubano que es patrimonio de todos, independientemente del color de la piel, incluso quiéranlo o no las personas, porque está “metido” en lo profundo de la psicología y la cultura nacional.

3.         El término afrodescendiente o africano-descendiente hace referencia a las personas nacidas fuera de África que tienen antepasados oriundos de ella. La Asamblea General de la ONU manifestó que la declaración del 2011 como “Año Internacional de los Afrodescendientes”, tiene como objetivo fortalecer el compromiso político de erradicar la discriminación contra las personas de descendencia africana, y promover una mayor conciencia y respeto a su diversidad y cultura. El término no aparece en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Si los términos afroamericano, afroantillano, afrocubano. Con la declaración de la ONU, el término comenzó a abrirse paso, y en tanto a motivar inquietudes y polémicas. En muchas naciones esta propuesta de la ONU se utiliza para actualizar y adelantar las luchas a favor de la pretérita población de origen africano. Cuba, el país que ha saldado en lo fundamental su deuda histórica con la población negra y mulata, y avanza para eliminar los espacios de discriminación que en este y otros zonas sociales aún persisten, y sin dudas el pueblo que más ha hecho en materia de solidaridad concreta por la liberación y el desarrollo del continente de sus ancestros (2); el concepto afrodescendiente, permite subrayar uno de los troncos fundamentales de la matriz nacional, para reconocernos en lo que realmente somos como pueblo latinoafricano,  y en tanto recolocar y reimpulsar la conciencia de nuestra etnicidad y universalidad. En tanto cubanos somos idoamericano-descendientes, hispano descendientes, afrodescendientes… A propósito las últimas investigaciones realizadas, prueban que todos los seres humanos provenimos de una primera madre AFRICANA. Por lo tanto todos, TODOS Y TODAS EN ESTE MUNDO, somos en buena medida afrodescendientes.

4.         Hay religiones afrocubanas por su origen africano y formación criolla, y digo por su origen y formación histórica,  porque tanto la Santería, como los Abakuá, los Paleros… constituyen complejos religiosos que integran y practican  cubanos y cubanas de todos los colores de piel y orígenes, y  mucho más allende los mares.

5.         Hay grupos de cubanos que viven sumergidos en lo afrocubano, lo disfrutan y desarrollan, la mayoría de estos son compatriotas de evidente origen africano, a lo que no están cerrados muchos otros cubanos y cubanas de nuestro hermoso mosaico racial, sobre todo en los barrios y poblaciones donde la mayoría es de negros y mulatos, en La Habana: el barrio de El Canal, Los Sitios, Coco Solo... En estas unidades familiares y barriales donde  la concentración demográfica resulta significativa, lo afrocubano crece y se enriquece, y en tales concentraciones  podemos hablar de población afrocubana. En esta dimensión no es exacto hablar pueblo afrocubano, pues reducimos a una parte el todo.

6.         En Cuba todos  y todas somos mestizos Tenemos de aborigen, congo, de carabalí de mandinga…, de asturiano, gallego, canario… La Genética confirma que somos mestizos y la tendencia es a ser más mestizos. Los estudios de ADN nuclear y de ADN mitocondrial, que ya existen, no dejan lugar a dudas, en todo el archipiélago, sea cual sea el origen matrilineal, el fenotipo, el color de la piel. La Genética nos confirma lo que la cultura también prueba: somos una nueva entidad en comparación con nuestros orígenes, y somos más que genes y corporalidad. Somos peculiaridad identitaria y especificidad cultural, productos de la historia compartida: cubanos y cubanas.

7.         Por el color de la piel no ha ido el tema racial, aunque este sea un indicador de visibilidad por excelencia, que marca la diferencia. Si por la explotación del hombre por el hombre y la doble y hasta trile explotación de la mujer, por el capitalismo  primero colonial y luego neocolonial.  El color de la piel -y más los enfoques prejuiciosos sobre las etnias del África subsahariana (3)-, han sido parte del pretexto, para ocultar la historia de la esclavitud moderna, de cómo se dio  la conversión de África en cazadero de esclavos (Acordarse de Carlos Marx en el Capítulo XXIV de El Capital). La esclavitud antigua, era menos mentirosa: sustentaba el “derecho” de esclavizar en la guerra de conquista, las penas por delitos, deudas económicas, que podían hacer de cualquier sujeto independientemente de la etnia y el color de su piel, un esclavo o esclava.

8.        La historiografía  cubana aún con presencia racista y sexista, ha hecho énfasis en el proyecto de nación de la oligarquía reformista blanca, cuyos contornos más visibles, se conformaron en la última década del siglo XVIII, que tuvo en la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) su institución más representativa, y en Félix Varela y Morales (1788-18539 la figura más avanzada en términos políticos e ideológico culturales,  en tanto es quien rompe con el horizonte reformista y se plantea la emancipación política. El proyecto oligárquico reformista fue esencialmente racista, solo  Varela denuncia la falacia de fingirse liberales con esclavitud: “Constitución, libertad, igualdad, son sinónimos; y a estos términos repugnan los de esclavitud y desigualdad de derechos” (4).

9.         Existió un proyecto cubano progresista y revolucionario de nación, desde los negros y mulatos, en particular desde aquellos que mejor podían hacerlo, que eran los libertos, que por su esfuerzo propio logran moverse de manera ascendente en la sociedad colonial. Las clases populares  -“los sin historia”, no dejan muchas cartas, documentos y otras huellas para la evaluación positiva tradicional y cuando existen se trata la mayor parte de las veces, de una historia contada por sus antagonistas, hacendados, policías y fiscales. Entonces las evidencias fundamentales precisan de una evaluación pluricualitativa, que reconstruya lo que realmente pasó en la Historia.  El movimiento revolucionario del campesino negro bayamés Nicolás Morales (1795),  y la conspiración abolicionista e independentista (1812) del artesano negro criollo habanero José Antonio Aponte Ulabarra –primer intelectual orgánico del movimiento popular cubano-, a pesar de intentar ser sepultadas en los legajos de la inquisitoria policial así lo confirman. Lo demuestra, el odio feroz de clase, contra Aponte y sus lugartenientes, torturados y ejecutados sin presentarlos a juicio; el asesinato de la lucumí Carlota, líder de la sublevación de Triunvirato (Matanzas, 1843), torturada, aún viva, atada por sus extremidades a cuatro caballos, que tiraron de ellas hasta descuartizar su cuerpo. Ese terror del Estado  colonial, que se multiplicó en  los masivos crímenes contra esclavos y libertos durante la llamada Conspiración de la Escalera (1848), tuvo especial enseñamiento  con los negros y mulatos libres, representativos de avance socio-económico de la población afrocubana, y en especial con aquellos que eran de hecho lo primeros representantes de la  intelectualidad negra y mulata. Y definitivamente lo ratifica el sector de negros y mulatos libres que en la ruralidad del oriente cubano, espoleados además por el arribo “de los franceses”  luego del levantamiento haitiano, logran organizar su propio complejo de vida económica y sociocultural. La familia Maceo-Grajales-Regüeiferos fue representativa de este entorno, que dará a la guerra independentista, en su estallido de 1868, un decisivo aporte en soldados y jefes capaces. Marcos Maceo y Mariana Grajales, la Madre de la Patria, constituyeron un matrimonio y familia tipo, y no un excepcionalidad. El proyecto de cubanía forjado en aquella familia que haría historia, fue de superación cultural y religiosidad liberadora, abolicionista, antirracista, inclusivo, patriótico.

10.       Cuba tiene la maravilla de que la lucha por la independencia nacional, fraguó una nación de integración racial. Lo fue en muchos aspectos y en tres fundamentales: Primero: Carlos Manuel de Céspedes –que fue un hacendado esclavista-, se superó a sí mismo en su interés de clase, para entender la eticidad de la abolición y su necesidad política. En el mismo acto de la Demajagua:1) hizo a sus esclavos hombres y mujeres libres, 2) les convirtió en ciudadanos  de la República en Armas que nacía, y 3) les dio la posibilidad de asumir voluntariamente la condición de combatientes revolucionarios. Esa trilogía no se dio en ninguna de las campañas por la independencia de América, no en el Sur, mucho menos en el Norte, tal claridad ética y política, es la que hizo a  Céspedes ante sus contemporáneos, el Padre de la Patria. Segundo: La trilogía cespediana sentó las bases para el democratismo antirracista en el Ejército Libertador, que en su concepción de méritos y ascensos militares, reconoció en igualdad a todos sus miembros, y premiaba por valor en el combate y resultados. Ello hizo posible la promoción de decenas de oficiales negros y mulatos, ex esclavos y libertos, que llegaron  ostentar los más altos grados, y fueron jefes militares respetados y queridos por las tropas multirraciales del movimiento independentista. Tercero: La trilogía cespediana tuvo éxito, porque era la expresión de un sentir maduro en las bases del movimiento emancipador, expresada en los valores de la familia mambisa: Una peculiaridad cubana es el papel importante que ocupa lo familiar, y en tal, el lugar de las madres y esposas. La familia en su composición, se incorpora al campamento insurrecto.  Y acuden las de los hacendados revolucionarios y las de base popular –de negros, mulatos y campesinos y blancos pobres, que se funden en un modelo de relaciones cotidianas y trascendentes, de prácticas y saberes, de eticidades y solidaridades.  Desde una psicología que evocaba el colectivismo y el heroísmo, en la entrega patriótica, en la producción y economía de guerra, en educación y alfabetización de niños y niñas, junto a sus padres y madres combatientes, en la manigua insurrecta y en la emigración revolucionaria, se forjó en treinta años de duro combate por la vida en dignidad y soberanía,  una tipología de familia patriótica, la familia mambisa.

11.       “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro.Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro” definiría José Martí Pérez (1853-1895) (5): Tanto la condición humana,  como la identidad nacional, estaban para Martí por encima de las diferencias étnicas (6). Esta perspectiva consolida la amistad de Martí con el intelectual mulato Juan Gualberto Gómez (1854-1933), el más importante líder de la lucha contra la discriminación racial en la Cuba desde finales del siglo XIX. En 1887, surge el “Directorio Central de las Sociedades de la Raza de Color" para representar los intereses de los negros y mulatos  y fortalecer la lucha contra el  racismo, organización que elige a Juan Gualberto como su presidente en agosto de 1891. Hacia el julio de 1892, el Directorio tenía 65 sociedades extendidas por la isla. A la promoción de las ideas antirracistas del periódico La Fraternidad  fundado por Juan Gualberto en 1878, se suma “La Igualdad”, órgano oficial del Directorio. En abril de 1892 se proclama por Martí la constitución del Partido Revolucionario Cubano,  para preparar y dirigir la lucha por la independencia de Cuba y Puerto Rico, y en ejercicio definitivo de praxis revolucionaria, Juan Gualberto se convierte en el principal colaborador dentro del país del Partido martiano.

12.       El antirracismo militante de José Martí es compartido por Antonio Maceo Grajales (1845-1896) y Máximo Gómez Báez (1836-1905), quienes con sus actos y pensamiento desde la Guerra de los Diez Años, forjaron en el legado cespediano, la concepción igualitaria y solidaria, multirracial, que nutrió y proyectó el basamento conceptual  emancipatorio, en el tránsito de lo patriótico –de la vanguardia ideológica y política- a lo nacional, como expresión masiva y totalizadora del arribo al concierto universal de un corpus particular, el cubano. Martí, Maceo y Gómez, unidos en esta y en otras decisivas coincidencias ideológicas y políticas, por haberlas hecho  realidad, por fundirlas en el movimiento real de masas de la independencia, para que nos acompañen hasta el día de hoy, conformaron con precisos contornos, el panteón compartido  de los Héroes Nacionales de Cuba.

13.       La concepción  popular y revolucionaria de la no raza, de lo cubano como integridad, perdió prevalencia en la medida que el liderazgo revolucionario en la última Guerra de Independencia 1895-1898 –muertos Martí y Maceo-, fue ocupado por sectores proclives a la ideología y política burguesa, donde el racismo es consustancial.

14.       Los negros y mulatos, como exponentes del pueblo pobre, fueron los perdedores más significativos en el traspaso de la soberanía y la sociedad colonial a neocolonial. La republica oligárquica, racista y sexista que surge en 1902, como resultado de una intervención militar estadounidense profundamente reaccionaria y racista, a la que las fuerzas patrióticas le impiden prosperar como anexión; se ve obligada a reconocer el voto de los oficiales y veteranos mambisas, en su mayoría –sobre el 60 %- negros y mulatos, pero prepara y ejecuta en 1912 el zarpazo racista, con la represión del movimiento revolucionario de los Independientes de Color (1912). Desde entonces el sector de la oficialidad mambisa negra y mulata, queda fuera de toda alternativa política. Y a la par, la politiquería burguesa perfecciona sus políticas clientelistas de control del voto electoral, de promoción del divisionismo por la vía de la exclusión –hasta se quiso organizar Ku Klux Klan nativo-. En este escenario se fortalece el asociacionismo negro y mulato de matriz burguesa asimilacioncita, se produce un reflujo del pensamiento y el movimiento revolucionario, y las manifestaciones progresías y revolucionarias son muy limitadas.

15.       La pobreza se profundiza y  extiende por el pueblo cubano, y la población afrocubana es la más pretérita. Esta situación se agudiza con la importación por parte de las compañías monopolistas azucareras de braceros antillanos. Mientras, la sociedad burguesa se escandaliza con “los negros brujos” y los “hechos de sangre” de los santeros,  matrices  de opinión que adelantan la criminalización de las prácticas religiosas y culturales afrocubanas.

16.       Deprimido y sin invisibilidad, el proyecto martiano de nación antirracista, se mantuvo latente en lo profundo de la cultura popular, en el mambisado patriótico –en un mantenido liderazgo ético antirracista de Juan Gualberto Gómez hasta su muerte - y la intelectualidad política, artística y literaria. El sabio Fernando Ortiz y su traducción inédita del mundo afrocubano a los lenguajes de la historia, la etnología y la sociología, y el sentimiento y orgullo de la negritud  en la poesía negra o afroantillana de Nicolás Guillén (1902-1989) (7), marcan la época. La tradición mambisa y las visiones desde los saberes de la ciencia y el arte, serán decisivos en la estructuración y actuación de una intelectualidad negra y mulata, que va a ser crítica del blanqueamiento y la asimilación, para mantener vigente el tema de la cultura afrocubana y la lucha contra la discriminación racial, a lo largo de cinco décadas en las que se suceden gobiernos “democráticos” corruptos y dictaduras neocoloniales. En lo político la crítica al racismo del joven mulato Julio Antonio Mella (1903-1927), y el programa antirracista que desde la década del 40 del siglo pasado, levanta el primer Partido Comunista de Cuba, y sus impactos en los movimientos obrero, juvenil y feminista, serán los focos más significativos; hasta el definitiva reinicio de la gesta libertadora  con el salto los cuarteles Moncada y de Bayamo, el 26 de julio de 1953.

17.       La Revolución en el poder salda en lo fundamental la deuda histórica con la población negra y mulata, cuando colocó por primera vez en la Historia de Cuba, a todos los trabajadores y campesinos y a sus hijos e hijas, en posibilidad de acceder a la dignidad del trabajo, a la capacitación, cultura, y gestión y promoción política, lo que produjo una notable movilidad social a favor de la población afrocubana y rescató, e hizo política de Estado,  el concepto multirracial de cubano de Martí. El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz desde febrero de 1959, inicia una radical crítica política y ética contra el racismo como parte del programa martiano de unidad nacional. Muy pronto –en 1965- comenzaría la epopeya cubana a favor de la liberación africana. Miles de cubanos y cubanas acudieron voluntariamente, en composición de ejército popular de masas, a dar su aporte militar y civil en la tierra de sus ancestros.

18.       La Revolución no pudo resolver en lo mediato, la totalidad  de una problemática, que como la racial acumula errores y prejuicios centenarios. Los  líderes revolucionarios, y  los más preclaros intelectuales -al menos los que estaban más cercanos o eran parte del poder político real-, no vieron la notable diferencia de punto de partida que acumulaban negros y mulatos, por los siglos de explotación y pobreza y racismo. Tampoco se percataron de la complejidad  que conlleva la erradicación de los impactos, que la perenne discriminación y los fenómenos patológicos que ello conllevó, habían creado en lo profundo del ser nacional.  Esta situación se  arrastró durante los primeros 30 años de Revolución, y fue aflorando en la medida en que desde la economía y la sociedad avanzaba la crisis del modelo soviético que importamos, para eclosionar y convertirse en un importante nudo de necesidades y contradicciones no resueltas, al precipitarse el período especial. Esta situación se hace más visible aún,  con varios fenómenos de discriminación racial directa o indirecta, que intentan imponer los empresarios capitalistas, que recomienzan a interactuar en el país a raíz de las asociaciones con capital extranjero.  En ese el momento histórico en que, Fidel declara la lucha contra la marginalidad, y renueva su crítica al racismo, en medio del programa de lucha ideológica y formación cultural socialista, que fue la Batalla de Ideas.

19.       En siglos de explotación y discriminación colonial y neocolonial, el racismo que tiene su andamiaje estructural en las relaciones materiales objetivas, ante todo, las económicas, interpenetró la psicología, las culturas, las políticas y muchas otras expresiones de la socialidad, enquistándose como patología social que afecta al conjunto de la sociedad. Los prejuicios racistas y la discriminación por el color de la piel se metamorfosearon para esconder su vileza en cada momentos y ante cada situación: Resistieron al margen del movimiento antirracista independentista, sobrevivieron la tardía e inmoral “abolición” colonialista de 1886, se fortalecieron e intentaron emular el racismo visceral de la élite burguesa estadounidense y sus interventores y gobernantes de turno, pervivieron en la república oligárquica y burguesa, y llegaron hasta la Revolución de 1959, para pervivir en los reductos de desigualdad no resueltos, y en el pensamiento burgués- individualista derrotado, en minoría, pero persistente. Hay quien se declara y se piensa revolucionario, reconoce derechos, pero no quiere mezclarse con “la gente de color”. Existen  personas que siguen viendo en el negro un factor de atraso social y cultural, como lo hacían los oligarcas y la intelectualidad burguesa reformista de principios del siglo XIX,  que lo perciben como el “otro” o la “otra”, siempre en recelo y previsión del suceso negativo, el negro como sujeto del choteo y el chiste racista, que ven lo afrocubano como subcultura, y llegan hasta el rechazo al “olor a negro” en los carnavales. Esta minoría no hace nación, menos patria, pero como lleva en sí la infamia secular del opresor, frena. Hay que trabajar y rescatarlos a la causa justa, en primer lugar para ellos mismos, porque son cubanos y cubanas que merecen ser y sentirse mejores humanos.

20.      Negro-homosexual,  Negra-lesbiana, Negra y prostituta… acusan la existencia de otras dimensiones cuya visibilidad y atención discriminatoria aún no se asume con rigor y pertinencia. La problemática de quienes son rechazados doblemente,  por los prejuicios racistas en conjunción con el machismo y el sexismo que nos contamina, resulta puente y confirmación para avanzar en la articulación  de unas y otras necesidades, del conjunto de  las batallas culturales e ideológicas desenajenadoras del socialismo cubano.

21.       A tanto racismo “desde el poder” de explotadores  que en su mayoría eran “blancos” de piel, criollos hacendados, funcionarios coloniales y neocoloniales, mandones desde las metrópolis racistas de Madrid o Washington, correspondieron también patologías del racismo en sectores e individuos negros y mulatos. El blanqueamiento y la asimilación, fue y aún hoy es, una estrategia racista para negar los orígenes, esconderse e integrarse a la sociedad de opresión económica y racial. Así hubo negros y mulatos dueños de esclavos, capataces, rancheadores, guerrilleros mercenarios y serviles en todos los tiempos, que actuaron como blancos y “aspiraron”  a que se les reconociera como tales. Y en su extremo, negros y mulatos comidos de la injusticia y el oprobio acumulado, actores del odio racial contra los “blancos”. Hubo y hay negros y mulatos racistas respecto a los blancos. Y ahora mismo, por muy fenomenológico que pueda ser esta realidad, también los tenemos. Un solo ejemplo sirva de medida: He tenido que discrepar de activistas en la lucha contra la discriminación racial, que cuestionan a otros activistas, por el hecho de que la pareja que estos tienen en la vida sea “blanca”, y sus hijos en tanto tengan una piel “menos” negra. Con mucha fraternidad, y más perseverancia y amplitud, sin ceder un solo ápice en la tarea martiana y marxista de la desenajenación de las circunstancias, y de cada uno de nosotros, como sujetos donde una y otra vez se introproyecta –al decir de Paulo Freire (1921-1997)- la dominación y la ideología reaccionaria a vencer (8), debemos ir al debate con los compañeros y compañeras que no logran sacudirse esta tipología de opresión racial.

22.      La nueva realidad  de la reemergencia de las relaciones de mercado, la filosofía individualista y la discriminación racial reimportada en empresas capitalistas, son fenómenos que colocan al tema racial en el  punto de mira de los problemas internos a resolver, si de salvar y avanzar el socialismo en Cuba se trata (Me refiero a la valiente clarinada autocrítica y alerta del líder de la Revolución Cubana, el 17 de noviembre del 2005, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana (9)). Una vez más el alerta de Carlos Marx resulta definitivo, hay que explicarse el mundo, el cómo y por qué llegamos hasta donde estamos, pero tal conocimiento solo es progresivo si se convierte en praxis revolucionaria, si peleamos el cambio de las circunstancias, y con ellas sus hombres y mujeres.

23.      En la presencia de racismo en espacios de la socialidad cubana, y en la emergencia de contribuir a dar equidad y equilibrio, frente a la centenaria realidad de desventajas de la población afrocubana; crece el movimiento intelectual y popular que reivindica la justicia de hallar las soluciones pertinentes con la mayor cuota de justicia histórica que merecen. El Comité Central del PCC, la Asamblea Nacional del Poder Popular y el Gobierno han colocado el tema en sus agendas de prioridad. Ente las organizaciones políticas y de masas, de jóvenes, barriales, femenina, las asociaciones de la intelectualidad artística y literaria, historiadores e historiadoras, etnólogos, culturólogos, profesores y maestras,  avanzan los programas concretos de acciones y  se pronuncia la necesidad una estrategia integral nacional, en estrecho vínculo con otros temas de discriminación aun latentes, como parte del crecimiento de la solidaridad y el humanismo socialista.

24.      La Revolución Cubana está enfrascada en el diseño de sus más inmediatas y mediatas acciones emancipadoras, y en tal propósito  se articula una  estrategia antirracista, y ello impone una mayor responsabilidad y activismo ciudadano. La estrategia  necesita uno  y muchos análisis de la naturaleza y de las causas del racismo que pervive entre nosotros, precisa sobre todo de confrontar opiniones, sin temores a la equivocación o el disenso, pues el conocimiento de lo que se piensa por unos y otros cubanos y cubanas, será siempre el acierto mayor.  Un tema a resolver es la promoción mediática: Hay debates de excelencia que no logran saltar de nuestros salones de conferencia, a la fertilidad de  los juicios y saberes populares.

25.       También se manifiestan en el país un conjunto de posicionamientos adversos. Están los que atrincherados en una oficialidad burocrática,  solo subrayan los logros de la Revolución, y hablan de las “reminiscencias heredadas” de la pasada sociedad, como si la propia socialidad e idealidad revolucionaria, no tuviera responsabilidad en lo que no vimos y en lo que erramos, y sobre todo en lo que tenemos que hacer ahora mismo. Están  los que “no ven” contradicciones ni entuertos por resolver, estos en su mayoría son cubanos de piel menos negra. Otros ciudadanos no le dan al tema la importancia que tiene, no se sienten ni objeto ni sujetos de discriminación, afirman que la problemática no es significativa  y que se irá resolviendo de manera “natural”, “sin tanto aspaviento”. Hay quien sostienen que la reemergencia del tema racial le hace “daño” a la unidad política de la nación.  La más reciente y muy hipercrítica ultraizquierda cubana, se hace eco de las leyendas sobre un pretendido capitalismo de Estado en Cuba, y por esta vía intenta contender y hostilizar la actividad gubernamental y partidista, tachándola de ineficiente, complaciente, comprometida con el mal hacer, y pro capitalista.  En esta visión el Estado socialista tiene tanta culpa como los Estado capitalista contemporáneos, y los apremios de soluciones se subjetivizan, desligándose de las conexiones con el conjunto de luchas y resistencias internas y externas de la etapa actual de la Revolución Cubana.     Entre tales compañeros y compañeras, aparecen los que se reafirman una afrocubanidad  y/o una afrodescendencia,  copiada  de las plataformas de lucha  afro en el exterior, que nada tienen que ver con la historia, y la visión integrativa de nuestros próceres. Hay quien sueña con un Caucus negro como el  existente en el Congreso norteamericano, para defender los intereses de los negros millonarios estadounidenses. Las posiciones burocráticas incomunican a sus sostenedores, porque verdades incluidas, la gente en Cuba está cansada del discurso mecanicista y apologista. El contenido confrontativo, completamente alejado de la cultura política socialista que hemos fomentado, es percibido y criticado por muchos compatriotas. La última postura que refiero, también  fábrica rechazos por su mimetismo acrítico y ahistórico, y califica sospechas de oportunismo, así se debilita el conjunto de sus planteamientos, donde hay críticas y propuestas valiosas. El conjunto de opiniones  que refiero desdibujan la problemática, y frenan avanzar el debate ideopolítico.

26.      Hay que reconocerle  a nuestros adversarios,  que han sabido colocar en la agenda de la subversión anticubana y de la actividad contrarrevolucionaria, el tema de la “situación” de pobreza de los negros y mulatos en Cuba; y la hipercrítica oportunista –desvergonzada, lo subrayo aunque  tales tipejos carecen de vergüenza -, sobre lo racial como un “problema no resuelto” por la Revolución. Así han sido efectivos en la construcción de una nómina de mercenarios que venden como disidentes, de piel negra y mulata.  No es casualidad que hoy la mayoría de los líderes más promovidos en la fauna contrarrevolucionaria son negros y mulatos, y no falta un mustio ramillete de organizaciones contrarrevolucionarias de “defensa” y promoción  de los negros, que ocultan su raquítica membresía e inexistente incidencia social,  en una alta publicidad mediática por medios de Internet y la prensa extranjera. La maquinaria propagandística anticubana, y no pocos de los “estudios” que paga la USAID y otras agencias de la subversión, manipulan los conceptos afrocubano y afrodescendiente, como elementos de desmonte de la historia, confrontación y división al interior del pueblo cubano.

27.       Soy de lo que sostienen que 1) todos los cubanos somos afrodescendiente, 2) que la existencia de lo afrocubano y de una población que culturalmente se puede catalogar como afrocubana, es riqueza y privilegio, también de todos los cubanos y cubanas, 3) y que  el problema de la discriminación racial existe, es histórico y concreto, y hay que enfrentarlo con métodos de ciencia, cultura del debate ciudadano y académico, con todos los revolucionarios y patriotas, con políticas efectivas, con propaganda eficiente, sin ingenuidades, con combatividad frente a las maquinaciones de la subversión anticubana y  la contrarrevolución mercenaria, y sobre todo con mucho sentido patriótico y humanismo martiano y socialista. Mi punto de vista es el siguiente: Ni las características antropofísicas, ni la genética, tienen la última palabra, y la realidad desborda lo propiamente etnológico cultural. No soy afrocubano, pero en tanto cubano, vivo consciente y orgulloso de mi naturaleza afrocubana y condición de afrodescendiente.  Quienes nos hemos formado en el humanismo de raíz popular, que nace de lo más profundo de la cubanía, tuvimos la posibilidad  de acceder  a una ‘conciencia de etnicidad’ en la que nuestras abuelas y abuelos africanos, fueron dotados de valores positivos y utilizados como medios simbólicos de afirmación de la propia identidad individual, familiar y nacional. Una identidad que en el caso de la africanidad, tiene por centro, para nuestro orgullo y regocijo a nuestros compatriotas afrocubanos.

28.      Hay que achicar y eliminar las secuelas de la discriminación racista alrededor del tema de los negros y mulatos, pero ello no basta. El para qué  resulta decisivo. En esta dirección me gusta mencionar el siguiente ejemplo. Si la Historiografía de Cuba, ha sido hasta ahora racista -salvo las excepciones que conocemos-, nos tenemos que plantear la tarea de HACER –investigar, sistematizar, construir- la Historia de los negros en Cuba, pero concluida esta tarea, como no vivimos la problemática segregacionista de Estados Unidos, Brasil u otro de los países, donde la historia de discriminación hizo necesario el reducto de resistencia y desarrollo propio de la cultura de origen africano, en Cuba no se trata solo de establecer un curso de Historia de los negros “para fortalecer la identidad afro”,  lo fundamental está en que con los nuevos conocimientos y enfoques sobre el papel de los negros en la historia colectiva, completemos y enriquezcamos   el curso general de la Historia de la nación, para fortalecer la identidad de los indoamericano-descendientes, los afrocubanos, los hispano cubanos, los chino cubanos…para fortalecer la identidad compartida de todos los cubanos y cubanas.

29.      En política, en ciudadanía, en ejercicio y disfrute de una identidad política patriótica nacional multifertilizada, nuestra historia ha adelantado tanto, que más que idoamericano-descendientes, afrocubanos, hispano cubanos, afrodescendientes, chino descendientes…. Hoy somos cubanos patriotas, buenos cubanos y cubanas;  o apátridas y malos cubanos y cubanas, no hay término medio. Todo otro reconocimiento atrasa lo alcanzado,  divide artificial y peligrosamente en tiempos que siempre van a ser de urgente y enriquecedora unidad.

30.      La cubanidad multirracial que hoy  nos caracteriza, impone la unidad de lucha contra todas las discriminaciones que persisten, y en tanto se precisa a nivel de la producción  artística, literaria y científica, y en el activismo social, una mayor interacción de los temas de raza, género y diversidad sexual. Si una sociedad en el mundo actual, está en posibilidad de resolver los legados centenarios de la hegemonía ideológico-cultural reaccionaria, esa es la cubana. Nadie en el mundo –y lo digo sin chovinismo, sin autosuficiencia: está probado y reconocido  por numerosas mediciones y evaluaciones de organismos internacionales-, ha resuelto en equidad e igualdad plena, lo que los cubanos y cubanas tenemos y disfrutamos, y esa fortaleza nos abre horizontes aún inalcanzables para otras sociedades. 
Notas:
(1)       El vocablo transculturación la creó Ortiz para expresar los variadísimos fenómenos que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones de culturas que aquí se verifican, sin conocer las cuales, consideraba imposible entender la evolución del pueblo cubano, así en lo económico como en lo institucional, jurídico, ético, religioso, artístico, lingüístico, psicológico, sexual y en los demás aspectos de su vida. Ver: FernandoOrtiz: “Del fenómeno social de la transculturación y de su importancia en Cuba”. En: Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar, La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1963. p. 98 -104.
(2)       Hasta 1991, más de 380 mil cubanos y cubanas cumplieron misiones militares internacionalistas en África y su entrega fue decisiva para la consolidación de la independencia de Angola, la liberación de Namibia, y la derrota del régimen del apartheid en Sudáfrica. Hasta el día de hoy más de 80 mil compatriotas han prestado colaboración civil o se encuentran haciéndolo. Más de 40 mil jóvenes africanos se han formado en Cuba como especialistas para el desarrollo y la paz del continente.
(3)       El desconocimiento de la historia de estos pueblos es notorio y nada casual.
(4)       Felix Varela y Morales: Proyecto y memoria para la abolición de la esclavitud en Cuba. En: Obras (Volumen II), Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz- Universidad de La Habana, Imagen Contemporánea-Cultura Popular, La Habana, 2001, p 115.
(5)       José Martí Pérez: “Mi raza”. En: Obras completas, tomo 2, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963-1965, p. 299.
(6)       Últimamente algunos críticos acusan a Martí de omitir los elementos culturales propios de los negros y de ofrecer un panorama idílico y falseado de la igualdad racial durante las luchas por la independencia. Así, descontextualizan y deforman estas frases al eliminar la primera y citar solo la segunda con lo que se quiebra y se deforma la secuencia de la lógica argumentativa martiana: hombre, o sea, humanidad, es el concepto clave y superior, que sintetiza las cualidades de cada grupo y de cada individuo; cubano —como cualquier otra nacionalidad— es para él un concepto incluido dentro del anterior. Recuérdese su frase, de similar sentido inclusivo, tantas veces citada: “Patria es humanidad”: Ver: Pedro Pablo Rodríguez: El negro y la africanía en el ideario  de José Martí, Revista Temas, La Habana, octubre-diciembre de 2012, No. 72, p 101.
(7)       En Motivos de son (1930), Sóngoro cosongo. Poemasmulatos (1931), West Indies Ltd. (1934).
(8)      Para Paulo Freire, la problemática fundamental del oprimido y de la construcción de una pedagogía (hegemonía) a formular “con” él se centra en la “introyección” de los valores/intereses/necesidades de los opresores en su conciencia, lo que impediría la real percepción de la situación de subalternidad en la cual se encuentra y la toma de decisión en sentido opuesto:  El gran problema consiste en cómo podrán los oprimidos, que han introyectado al opresor, participar en la elaboración, en tanto seres duales, inauténticos, de la pedagogía de su liberación.  Solamente en la medida en que descubran que llevan en sí al opresor podrán contribuir al nacimiento de su pedagogía liberadora. Ver: Paulo Freire: Pedagogia do oprimido, Editora Paz e Terra, Río de Janeiro, 1984, p. 32.
(9)       Ver: Fidel Castro Ruz: Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005. Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado, http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f171105e.html





*Doctor en Ciencias Pedagógicas,  Profesor e investigador y Presidente en La Habana de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC)

 Foto Roberto chiLe