Mostrando entradas con la etiqueta eficiencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eficiencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Qué cultura debemos salvar?

Por Luis Toledo Sande*

 

El artículo “Nosotros, ¿nuestros recolonizadores?”, de Iroel Sánchez, publicado en su blog La Pupila Insomne, refuta una convocatoria que el autor testimonia haber oído no en una cháchara de barrio, sino en el Noticiero Nacional de Televisión Cubana, espacio que los enemigos del quehacer revolucionario considerarán especialmente supervisado y controlado de cerca por el poder político y sus instituciones de vigilancia ideológica.

 A propósito del inicio del nuevo curso escolar en Cuba, la convocatoria citada reclamó que las universidades formen profesionales competitivos, lo que el articulista interpreta así: profesionales “no competentes, no solidarios, no humanistas, sino competitivos, esa categoría que el neoliberalismo ha trasladado de las empresas a los seres humanos como si de mercancías, o peor aún, perros de pelea o caballos de carrera, se tratara”. Lo más grave es que tal interpretación tiene peso de realidad. Las palabras portan pensamiento, y competitivo remite al pragmatismo economicista que pudiera convertirnos en lo contrario de lo que hemos proclamado que aspiramos a ser.

 No han faltado indicios o brotes de ese peligro, que deben conjurarse no porque el enemigo pueda utilizarlos, sino porque le hacen daño al país, aunque a veces pasen inadvertidos en los agobios y las prisas de la ardua vida cotidiana. Algunos habrán sido hasta estruendosos, y no pocos habrán tenido aliados en trabas burocráticas; pero ninguno merece que se le regalen complicidades involuntarias. Sin ignorar malas yerbas aisladas, como ojalá fueran los obstáculos aludidos, estemos atentos contra prados de ellas que puedan prosperar al amparo de la necesidad de alcanzar la eficiencia económica, cuyo mayor crédito, si no único válido, sería asegurar un funcionamiento social basado en la civilidad y la ética, en el cultivo de los valores espirituales.

 Antes de que el avispero neoliberaloide se revuelva contra lo que aquí se dice  -aunque es sabido que se mantiene permanentemente revuelto- quede claro que ni al autor del artículo citado ni al de estas líneas se les ocurriría pensar que podemos darnos el lujo de formar profesionales ineptos. Se trata de algo muy diferente. Para solo aludir a la educación en general, y a la universitaria en particular, el ideal que no pasa de formar profesionales competitivos  —es decir: empresarios pragmáticos—, y resta importancia a su integralidad, ¡ni hablar de carreras humanísticas!, es central para el Plan Bolonia en Europa, y para otros similares que, comoquiera que se les llame, el neoliberalismo promueve en todas partes.

 En Cuba no han faltado voces —ni en encuentros juveniles convocados por organizaciones políticas, ni entre alumnos, adulticos ya, en cursos universitarios de posgrado— que expresen su deseo de que aquí se aplique en la enseñanza la privatización que en otras naciones ha suscitado la rebeldía de movimientos estudiantiles, como el de Chile, país cuyo sistema de instrucción está entre los que dichas voces han defendido como ejemplo. Al invocar la presunta superioridad de las universidades privadas, se desconoce la presencia en ellas de déficits que se han denunciado en distintas naciones, y al creer que la privatización es una panacea, se olvidan logros que por la vía social alcanzó Cuba, donde tanta sangre y tanto esfuerzo costó vencer el analfabetismo y establecer la educación pública universal.

 Eso le dio al país un crecimiento científico reconocido por numerosas instituciones internacionales de distintos signos ideológicos. Los problemas que hoy puedan señalarse fundadamente en la educación cubana, son inseparables de los que tiene la sociedad en su conjunto. Sería criminal culpar a la masividad, propia de una orientación de veras popular. 

Las causas de que el fraude cause estragos hasta en las universidades, se podrán hallar en el deterioro de la ética, y hasta en nobles ilusiones que entronizaron el promocionismo. Pero Cuba —lo han apreciado también instituciones internacionales— no es, ni con mucho, el mayor ejemplo de corrupción en este planeta, ni están libres de fraude países donde, junto con la corrupción sistémica, impera y crece el carácter privado de la educación, y de todo.

 El culto a la propiedad privada conduce a otro: el rendido a la ley del más fuerte. Los  neoliberales, tan hostiles a lo que se hace en Cuba, cuando les conviene esgrimen el criterio de distribución socialista: cada quien trabaja de acuerdo con su capacidad, y se le remunera en correspondencia con los resultados de su labor. No dicen, sin embargo, que para los ideólogos del socialismo, y en general para las personas justicieras y conscientes de la realidad en que tal norma se inscribe, esta puede ser necesaria por diversas razones, como lo mucho heredado del pragmatismo capitalista y la insuficiente asunción de la propiedad social; pero es expresión de una etapa, no el fin buscado. Una cosa es reprobar el llamado igualitarismo y otra considerarlo más dañino que las desigualdades, las cuales acaban siendo promovidas en función de que, en la competencia, el premio lo reciba quien primero llegue a la meta. Pero la sociedad en su conjunto no es una pista de carrera.

 Tampoco hoy están solas las ideas justicieras. Entre sus defensores cuenta el chileno Marcos Roitman, de quien Sánchez asume palabras como estas: “el éxito cultural del neoliberalismo ha consistido en hacer de los proyectos sociales democráticos, emancipadores y socialistas, una opción individual de mercado”. La cita es más extensa, pero desde esa parte apunta a un hecho básico: el asunto en discusión pasa por elementos políticos, económicos, sociales, jurídicos…, pero es, en su abarcamiento y en su médula, un hecho cultural. Para la reflexión que ello suscita se requiere mayor espacio. Solamente recordemos el llamado a salvar la cultura hecho por el líder de la Revolución Cubana ante el desastre del socialismo en Europa y el establecimiento en Cuba del denominado período especial, que, si bien ha cedido, perdura de distintas maneras.

 A veces se tiene la impresión de que aquella convocatoria se cita desde un entendimiento superficial de lo que significa la cultura. En ella tiene un lugar específico, pero con interrelaciones que la permean y la desbordan, lo que gremialmente se entiende por cultura, un concepto más o menos limitado a lo artístico y literario, y, para algunos, de preferencia al mundo del espectáculo. No hace falta poner en duda que el líder pensaba también en esas áreas culturales al hacer el reclamo citado, pues grandes han sido las inversiones del país en ellas de 1959 para acá.

 Pero el reclamo las desborda, y en su amplitud sigue demandando salvar la cultura justiciera, solidaria, con valores de hondo contenido humano y humanitario —no solo humanista en el sentido profesional— por la que viene abogándose, para no ir más lejos, desde La historia me absolverá. Esa fue una de las razones, si no la principal, por las cuales cupo declarar que José Martí había sido el autor intelectual de los sucesos del 26 de julio de 1953, aserto aplicable también a la obra revolucionaria iniciada con ellos.

 Es asimismo necesario salvar, por ejemplo, el arte —importante como otros— de las maracas, el tres y los bongoes. Pero ese arte puede también existir en un sistema social injusto. De hecho, no se fraguó ni se definió precisamente dentro del afán de construir el socialismo, aunque al calor de ese afán el apoyo a las expresiones artísticas experimentó no solo un salto cuantitativo sin precedentes en la nación, sino también cualitativo: se trata de un aporte de clara voluntad popular, no regido por dividendos económicos, sino por la utilidad social, que ha de seguir siendo la brújula, aunque el asidero económico resulte indispensable.

 No se permita, ni en nombre de la necesaria eficiencia organizativa y económica, que se levanten contra la espiritualidad muros frustrantes. Dentro de la producción artística y literaria habrá expresiones que, por ser más rentables en términos de economía —la cual no ha de esgrimirse para menospreciar lo propiamente cultural, estético, formador—, puedan aportar dividendos para el sostenimiento de otras. Pero no serán las ganancias dinerarias el índice para mantener o desmontar una manifestación artística determinada.

 Una buena revista, digamos, cumplirá una función social más importante que el monto de sus recaudaciones, y no será su precio lo que pague su producción. El país está por desarrollar en plenitud, sin desbocarse por los despeñaderos del mercantilismo, el funcionamiento empresarial y el papel de la publicidad. Pero no serán los ingresos el cartabón para decidir que una publicación se mantenga o se cierre. Quizás una revista pornográfica se autopromueva y se venda más que una de poesía, o de ciencia.

 Sin espiritualidad, ningún experimento revolucionario valdrá la pena. Ella nos hace distintos de los seres irracionales, y debe cuidarse desde el centro y desde los mayores niveles de dirección de la sociedad. Hoy se ve defendida ostensiblemente por personas que desde el punto de vista ocupacional clasifican como intelectuales, condición que los pragmáticos economicistas menospreciarán, mostrando con ello ignorancia, pues intelectuales son también ellos, mientras no se demuestre lo contrario. La realidad es más importante que las clasificaciones, por útiles que estas resulten. El autor rinde homenaje a la profesora Beatriz Maggi, quien solía decirle a su alumnado universitario: “Ustedes van a ser intelectuales, pero no se confundan: intelectual no es sinónimo de inteligente”.

 Si no se insiste más aquí en ese punto, es por no parecer que se aprueba la gris chatura antintelectual que de cuando en cuando aflora entre nosotros. Frente a eso, lo más provechoso será poner en práctica, de modo orgánico, no ocasional y consignero, el pensamiento justiciero, emancipador y lúcido que el país necesita, como el resto del mundo. Defenderlo corresponde a todas las personas que lo abracen, sean cuales sean sus ocupaciones, pero en ello una responsabilidad particular les toca a los dirigentes y funcionarios de la política y la economía, también intelectuales, pues trabajadores manuales no son, aunque participasen en tareas voluntarias en la agricultura, la construcción y otros frentes, si todavía se hicieran.

 Aún es pertinente recordar dos anécdotas a propósito del título “Nosotros, ¿nuestros recolonizadores?” del texto de Iroel Sánchez. Con motivo de la visita de uno de los papas que han venido a Cuba, una voz de los medios del país apuntó que —de acuerdo con el material de que está hecha— la estatuilla de la Virgen de la Caridad llegada al Santuario del Cobre es obra de un indígena evangelizado, ¡y lo dijo con alborozo! ¿Ignora lo que significó para los aborígenes la evangelización forzosa a la cual se les sometió como parte de planes de dominación reciamente orquestados? La segunda anécdota puede pasar sin comentario. Otra voz de los medios públicos nacionales habló sobre la fundación de una de las villas del Oriente cubano, y la atribuyó, ¡con júbilo!, a “nuestro primer conquistador”.

 Ojalá tales anécdotas sean hechos aislados, no asomos de fallas culturales por donde puedan entrar, o seguir entrando, peligros opuestos a la plena construcción de una república revolucionaria. En ella las desigualdades pueden ser inevitables, pero sería pavoroso que, lejos de suscitar preocupación, acabáramos aceptándolas, o aplaudiéndolas, como fruto de un mandato divino o natural incontestable. A diferencia de las otras especies animales, la humana puede ir más allá de los instintos reproductivos y de sobrevivencia, y plantearse metas que, aunque parecieran inalcanzables, o incluso especialmente por parecerlo, requieren el decidido concurso de los seres humanos de buena voluntad.

 Los medios de comunicación hegemónicos se las han arreglado para desprestigiar las ideas emancipadoras identificándolas como utopías, en el más devaluado sentido del término. Desafiarlos puede hacernos pasar por tontos ante quienes hayan decidido pensar y actuar, vivir, en función de sus intereses individuales, de su bienestar personal, en busca de un exitismo egoísta divorciado de la ética, contra el cual se erige el legado de los pensadores que han encarnado ideales de justicia, Cristo incluido, no solo “comunistas trasnochados”.

 Para justificar el individualismo habrá siempre excusas, y a nadie se le puede obligar a seguir el camino de la solidaridad y la vocación de servicio colectivo, ni a convencerse de que los poderes hegemónicos entronizados en el mundo no son ni tienen por qué ser eternos y, sobre todo, no conducirán al triunfo de la justicia. Es más: por el camino que lleva el planeta, su destrucción parece más probable que su salvación. Pero no menos claro que todo eso resulta el hecho de que dejarse empujar, o arrastrar, por los designios de los poderosos, por la inercia de la injusticia social acumulada durante siglos, no será lo que nos permita lograr un mundo mejor, el cambio de rumbo que la humanidad necesita.
*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia. Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.
Publicado originalmente enCubarte
Imagen agregada FOTO Roberto Ruiz

martes, 21 de junio de 2011

Cuba: Control en favor de la eficiencia

Para el que dude que vamos al duro y sin guante en la recuperación de nuestro país, lea:
Control en favor de la eficiencia Por: Ramón Barreras Ferrán
Tomado del periódico Trabajadores



“El control debe descansar en la responsabilidad de los jefes y del colectivo”, afirmó Gladys Bejerano Portela, contralora general de la República, en uno de los resúmenes provinciales dela VI Comprobación al Control Interno.

Sobre ese y otros temas reflexionó también la Vicepresidenta del Consejo de Estado, en entrevista concedida a Trabajadores.

¿Qué significación tienen la educación, la orientación y la prevención en el afán de favorecer el control de los recursos del Estado?

“En ellas radica el camino real para tener conocimiento pleno y la información y como resultado de eso, exista mayor conciencia de la responsabilidad y el compromiso que se asume, principalmente por parte de los dirigentes administrativos.


“Hemos tenido que enfrentar casos en los que las personas han perdido valores e incumplieron sus deberes conscientemente, con el objetivo de beneficiarse.

“También hay muchos compañeros, la mayoría de los que asumen cargos administrativos, que son muy abnegados y han dado su disposición de enfrentar la dirección de una empresa en momentos difíciles. Pero les faltan conocimientos y preparación, y han estado influidos por malos hábitos, como el de producir a toda costa y costo… Es cierto que producir resulta muy importante para el avance y desarrollo del país, pero debe hacerse con calidad, con buenos resultados.

“Se han entregado reconocimientos a determinada empresa por lo logrado en la producción y después ha ocurrido allí una irregularidad porque no ha mantenido un sistema de control adecuado.

“Y no solo la educación y la capacitación deben llegar a las administraciones, que son las que tienen mayor responsabilidad, sino también a los trabajadores”.

¿Qué papel le corresponde desempeñar a la Contraloría General de la República en la actualización del modelo económico cubano?

“La misión está precisamente en preservar los recursos del país, lograr una dirección económica y administrativa eficientes, y prevenir los hechos de corrupción e ilegalidades.

“Al estudiar los Lineamientos aprobados en el VI Congreso y escuchar las palabras del compañero Raúl en el Informe Central y en las conclusiones, comprendemos que hoy más que nunca debemos ayudar a la administración a establecer fórmulas para fortalecer sistemas de control que sean practicables, alejados del burocratismo, y que constituyan verdaderos instrumentos de dirección.

“Los sistemas de control tienen que servir para que las administraciones sean más eficientes, y en ese sentido nosotros debemos ayudar y exigir.

“La misión de la Contraloría es trabajar, junto con todos los factores, en asegurar ese ambiente a fin de que se materialicen con eficiencia, orden y control los acuerdos del Congreso del Partido”.

A punto de cumplirse dos años de creada la Contraloría (1º deagosto), ¿cómo valora la labor desarrollada en un ámbito tan abarcador y complejo?

“La etapa ha sido fuerte, intensa. Hemos tenido que crear un nuevo órgano a partir de la Ley 107, aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular, sin detener el trabajo. Nos hemos visto precisados a establecer nuevos reglamentos, cambiar la estructura, intensificar la preparación de los cuadros, organizar la comprobación que tuvo nuevos programas, asumir la responsabilidad de auditar el presupuesto del Estado…

“En primer lugar tuvimos que dedicar tiempo a estudiar, prepararnos, fortalecer el Sistema Nacional de Auditoría. Estamos insatisfechos. No hemos alcanzado el nivel que se necesita, pero se ha logrado, por ejemplo, completar la plantilla de auditores y contralores, elaborar el reglamento interno, los manuales…Trabajamos también en la actualización de las Normas Cubanas de Auditoría.

“Nos estimula haber tenido buena aceptación y apoyo de las propias administraciones”.

¿Qué papel deben desempeñar los trabajadores en sus respectivos colectivos en cuanto al control de los recursos materiales y financieros?

“Pienso que todo lo grande que se ha hecho en Cuba, como la propia Revolución, es obra de las masas, y todo lo que sea fuerte, importante y decisivo tiene que estar acompañado de la acción de los trabajadores.


“No hemos logrado aún un adecuado nivel de participación, pero no es responsabilidad de ellos, sino de las administraciones, las que deben definir bien los deberes de cada uno, capacitarlos, seleccionar los idóneos…

“El sistema de control no puede verse solo en el aspecto contable, pues está vinculado a todas las operaciones y actividades, y dirigido al cumplimiento de los objetivos de los centros laborales.

“Muchas veces los trabajadores no conocen aspectos económicos importantes, por lo que debe comenzarse por los elementos simples, sencillos, para que cada uno domine de forma adecuada lo que le corresponde hacer y el efecto de su labor.

“También debe fortalecerse el derecho que ellos tienen de exigir y que la administración les rinda cuenta periódicamente, pero no de forma general, sino que propicie el análisis a fondo de los problemas fundamentales y facilite la participación activa de los trabajadores con sus ideas, criterios, iniciativas y exigencias. Y eso permitiría además, aprovechar todo el potencial existente en los recursos humanos”.

¿Cómo avizora el futuro del panorama económico cubano en medio de tantas crisis y limitaciones que existen en el mundo?

“Todos estamos conscientes de que el futuro, por las complejidades existentes y nuestras propias limitaciones, no resultará fácil. Debe existir confianza y optimismo. Se ha demostrado que ante tantas circunstancias adversas, con un trabajo más eficaz, podemos obtener mejores resultados.

“No debemos pensar que las cosas pueden ser logradas por arte de magia, pero tampoco podemos perder la convicción de que sí resulta factible hacer lo que nos hemos propuesto.

“Somos un pueblo preparado y acostumbrado a batallar y a vencer. Si materializamos las directivas principales que ha trazado el VI Congreso del Partido, mejoramos nuestra gestión, actualizamos el modelo económico y actuamos con más responsabilidad, el futuro del país será mucho mejor, aunque el camino se presente difícil. Nunca ha sido fácil”.

sábado, 9 de octubre de 2010

Prensa internacional dice que habrá un millón de despidos...

100-0292.JPG
 
Prensa internacional dice que habrá un millón de despidos: La verdad es que Cuba encara reformas económicas para mejorar el socialismoPor Emilio Marín*


Las agencias internacionales titulan desde agosto que en Cuba se echará un millón de empleados. Ni la cifra es correcta. La isla busca más eficiencia y productividad de su economía socialista.


Cuba está bloqueada por su poderoso y mal vecino, en forma total desde febrero de 1962. La Asamblea General de la ONU está examinando el informe presentado este año por ese país, instando a que EE UU cese en esa medida que califica como acto de guerra y genocidio.


En ese informe se lee: “el daño económico directo ocasionado al pueblo cubano por la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba hasta diciembre de 2009, a precios corrientes, calculados de forma muy conservadora, asciende a una cifra que supera los 100 mil 154 millones de dólares”.


Al hablar de la isla no se puede perder de vista ni por un instante el daño brutal y las limitaciones que impone el bloqueo, prorrogado por Barack Obama por otro año más.
Sin embargo, además de exigir el cese de esa agresión, las autoridades cubanas entienden que su modelo económico necesita reformas. Esto es fruto de la crítica y la autocrítica, el análisis y la reflexión para saber qué anda regular o mal y cómo cambiarlo.


El presidente Raúl Castro planteó el problema del exceso de empleados estatales en abril de este año al hablar ante el Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). “Si mantenemos plantillas infladas en casi todos los ámbitos del quehacer nacional y pagamos salarios sin vínculo con los resultados, elevando la masa de dinero en circulación, no podemos esperar que los precios detengan su ascenso constante.



Sabemos que sobran cientos de miles de trabajadores en los sectores presupuestado y empresarial, algunos analistas calculan que el exceso de plazas sobrepasa el millón de personas y este es un asunto muy sensible que estamos en el deber de enfrentar”.


Las agencias internacionales interesadas en desprestigiar a la revolución cubana, lo único que retuvieron de ese mensaje es que el presidente se aprestaba a despedir a un millón de empleados. Hasta la cifra era falsa, pues textualmente él afirmó que sobraban “cientos de miles de trabajadores”. Lo del “millón”  era opinión de “algunos analistas”.


Acostumbradas CNN y Fox al despiadado sistema capitalista, aún más inhumano luego de la crisis desatada en 2008, no repararon en este compromiso del orador: “la Revolución no dejará a nadie desamparado, luchará por crear las condiciones para que todos los cubanos tengan empleos dignos, pero no se trata de que el Estado se encargue de ubicar a cada uno tras varias ofertas laborales. Los primeros interesados en encontrar un trabajo socialmente útil deben ser los propios ciudadanos”.


Así comenzó el debate en La Habana, mal interpretado y mal presentado por los medios de comunicación obsesionados en bombardear al socialismo caribeño. ¿Acaso no es legítimo que ese país busque mejores resultados económicos?


Consultas y plan


Al hablar el 1 de agosto ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el jefe de Estado aludió a las etapas en que se irá reduciendo el exceso de empleados estatales.
Lo importante es que, a diferencia de las cesantías masivas producidas en los países imperialistas y capitalistas, estos programas son debatidos con los interesados. Castro detalló que se había dialogado con la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), los militantes del Partido Comunista Cubano y la UJC.


El parlamento fue anoticiado [sic.] que “en una primera fase, que planificamos concluir en el primer trimestre del próximo año, se modificará el tratamiento laboral y salarial a los trabajadores disponibles e interruptos de un grupo de organismos de la administración central del estado, suprimiendo los enfoques paternalistas que desestimulan la necesidad de trabajar para vivir y con ello reducir los gastos improductivos, que entraña el pago igualitario, con independencia de los años de empleo, de una garantía salarial durante largos períodos a personas que no laboran”.


Las tendencias al igualitarismo, de pagar lo mismo a quienes hacen bien su trabajo que a quienes lo hacen mal o directamente no trabajan, están haciendo daño a la economía. Hay indisciplina y hasta relajo laboral. El presidente Castro llegó a decir: “tenemos que borrar para siempre la idea de que Cuba es el único país del mundo en que uno puede vivir sin trabajar”. Si esto era así o no, serán los cubanos quienes puedan afirmarlo con certeza. Pero si era así, como sostuvo el mandatario, es obvio que debía ponérsele fin. Un país bloqueado por el imperio, carente de muchas riquezas naturales, etc., debe superar sus dificultades en base a su pueblo culto, que lo tiene, y un estilo de trabajo esforzado, donde habría carencias.


El 13 de setiembre, la CTC emitió un comunicado con algunos detalles. En una primera etapa, hasta el primer trimestre de 2011, se piensa aliviar en medio millón el número de agentes públicos. No un millón, como titularon La Nación, EFE, The Economist, CNN, etc., sino medio millón, equivalente al 10 por ciento de la fuerza laboral total.


La central obrera afirmó que el Estado promovería el trabajo por cuenta propia y las cooperativas, a las que gestionaría créditos de bancos públicos para poner en marcha sus negocios. Esto supuso ampliar el número de cuentapropistas ya existentes y la autorización para contratar empleados, pagando las contribuciones e impuestos respectivos.


Las resoluciones del Consejo de Ministros y diversas carteras, publicadas en setiembre y el corriente mes, puntualizaron que ahora son 178 los oficios permitidos por cuenta propia. Van desde afinador y reparador de instrumentos musicales hasta alquiler de ciclos, pasando por albañil, carpintero, decorador, electricista, fotógrafo, jardinero, mecanógrafo, paladares (venta de bebidas y comidas), payaso y traductor. ¿Dónde está aquí la menor traición al socialismo?


Cuba es socialista


Los despiadados críticos del socialismo cubano no se inmutaron cuando la crisis iniciada en Wall Street generó 8 millones de desocupados extras en EE UU. Tampoco se escucharon sus lamentos porque tal crisis tuviera un costo estimado de 2.2 billones (millones de millones) de dólares, según las conservadoras estadísticas del FMI.



El gobierno cubano autorizó la salida de 53 presos contrarrevolucionarios, parte de los cuales partió con sus familias hacia España. Este país tiene más del 20 por ciento de desocupación, equivalente a más de 4 millones de trabajadores.


Es muy revelador cómo se tratan distintas esas crisis del capitalismo y las reformas que Cuba introduce en su socialismo. El subsecretario de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela, declaró en la Cumbre de las Américas en Miami, el 15/9, que las referidas medidas cubanas “demuestran el fracaso de ese modelo económico”. Valenzuela mentaba la soga en casa del ahorcado…


Cuando la ONU haga el recuento de las Metas del Milenio allí estará Cuba, entre los pocos que cumplieron y en algunos casos sobrecumplieron las metas. Sin ir más lejos, en las recientes “Jornadas de Responsabilidad Empresaria y Primera Infancia” realizadas en Buenos Aires con participación de nueve países de la OEA se pintó un panorama desolador. La excepción fue Cuba “como ejemplo del trato preferencial que se otorga a la primera infancia en cuanto a asistencia y educación” (Las Doce, Página/12, 1/10).


¿Qué pasará con los cubanos que sobren en empresas u oficinas estatales? Primero, la lista de los excedentes será elaborada con discusión democrática en los lugares de trabajo, sin favoritismos y en base a la foja de servicios. Segundo, el cesanteado recibirá hasta tres ofertas de trabajo por parte del Estado, se supone que en agricultura y la construcción, donde falta mano de obra. Y tercero, “los trabajadores despedidos continuarán teniendo los siguientes beneficios: asistencia sanitaria y educación gratuitas, vivienda y transporte con elevados subsidios y modestas raciones de alimentos gratuitos.”, como debió admitir el británico The Economist el 16/09.


Así y todo es posible que haya gente de adentro y afuera de Cuba que cuestione la reforma económica. Pero hay un límite y fue sobrepasado largamente por el oligárquico diario “La Nación” en su editorial del 15/9, al comparar a Cuba con Hitler: “Así como Hitler ascendió en 1933 al poder, y luego lo reforzó, con elecciones populares de resultados demostrativos de un inmenso apoyo popular, también la revolución cubana ha estado sostenida no sólo por el uso brutal de la fuerza y la persecución de los adversarios, sino por el acompañamiento de vastas franjas de la población”, calumnió la empresa que con métodos nazis y durante la dictadura militar-cívica se apropió de Papel Prensa y justificó el terrorismo de Estado.


Opinión www.laarena.com.ar

Enviado por su autor

*Periodista cordobés que publica sus columnas semanalmente en el diario La Arena, de Santa Rosa, La Pampa, en forma ininterrumpida desde 1987 a la fecha.
Fotos RCBaez: Cuentapropistas en la Habana