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sábado, 28 de diciembre de 2013

Aniversario 25 de la Plaza Ernesto Che Guevara: Un sitio sagrado de la Patria

Por Freddy Pérez Cabrera

Este 28 de diciembre se conmemoran cinco lustros de existencia de la Plaza Comandante Ernesto Che Guevara, de Santa Clara, escenario principal de acontecimientos que han marcado la vida de los cubanos en los últimos 25 años, sitio donde reposan los restos del Guerrillero Heroico y varios de sus compañeros de lucha.

FOTO DEL AUTOREl Complejo Escultórico ha acogido los principales acontecimientos de los últimos años en Villa Clara.

Inaugurada en esa fecha con la presencia del General de Ejército Raúl Castro, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, el espacio fue construido con el concurso de miles de villaclareños, quienes hicieron suya la obra, aportando más de 400 mil horas de trabajo voluntario y buena parte del bronce utilizado en los diferentes proyectos.

Concebida por los arquitectos Jorge Cao Campos, Blanca Hernández Guivernau, José Ramón Linares Ferrera, el escultor José de Lázaro Bencomo (Delarra) y el ingeniero Pedro Nolasco, el sitio constituye todo un complejo conformado por la plaza, la tribuna, el museo, el memorial que atesora los restos del Che y sus hermanos de lucha en Bolivia, además de la osamenta del guerrillero Hermes Peña; así como un Mausoleo erigido en fecha posterior en homenaje a los combatientes del Frente de las Villas.

Son muchos los momentos significativos vividos por el pueblo cubano, vinculados a este histórico lugar, como aquella gigantesca concentración del 30 de septiembre de 1996, cuando en apenas unas horas los villaclareños abarrotaron la plaza para escuchar al líder de la Revolución, Fidel Castro.

Ese día marcó un antes y un después para esta provincia, que a partir de aquella estimulante visita obtuvo varios reconocimientos y sedes del acto por el 26 de Julio, haciendo honor a las palabras expresadas ese día por el Comandante en Jefe cuando llamó a los villaclareños “vencedores de dificultades y obstáculos”.

Un momento singular, sin dudas el más importante de su historia, ocurrió en octubre de 1997 cuando se recibieron aquí los restos del Che y un grupo de guerrilleros de Cuba, Bolivia y Perú, instante sobrecogedor y emotivo donde se daba la bienvenida a la Patria al Héroe de la Batalla de Santa Clara, y a quienes Fidel llamó con justicia, el Destacamento de Refuerzo.

Luego se producirían otros tres arribos de combatientes, el último de ellos el 9 de octubre del año 2000, cuando fueron depositados en el memorial los restos de Eliseo Reyes Rodríquez (Rolando o San Luis), Antonio Sánchez Díaz (Marcos o Pinares), José María Martínez Tamayo (Papi o Ricardo), Casildo Condori Vargas (Víctor), Serapio Aquino Tudela y Restituto José Cabrera Flores (Negro), ceremonias que también marcaron la rica historia del recinto.

La convocatoria al V Congreso del Partido Comunista de Cuba, se efectuó desde este sagrado lugar el 16 de abril de 1997, un hecho que todos recuerdan, al igual que la celebración allí de Tribunas Abiertas y otros actos trascendentales para la nación.
Otra página imborrable en el devenir de la plaza ocurrió en octubre del 2007 durante la visita del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, quien a través de su programa Aló Presidente, cautivó a la multitud allí reunida con su proverbial capacidad comunicativa y su innata inteligencia.

Mitos y leyendas

Por cuestiones obvias, en ningún lugar del mundo se siente la cálida presencia del Che como en Santa Clara. Hasta su nicho en el Memorial han llegado más de tres millones de personas de todos los confines del planeta, quienes derraman lágrimas, susurran un poema o le declaran su fidelidad al situarse frente a él, entre otros gestos de agradecimiento y admiración hacia el héroe.

De igual manera, a través de estos años suman cientos las personas que han donado objetos de particular valor sentimental al Museo, el cual colecciona fotos, prendas y documentos vinculados a la vida y obra del Che o de algunos de sus compañeros de lucha en Bolivia, los cuales completan más de 800 en la actualidad.

Entre esos presentes hay una carta enviada por un niño argentino apodado Coni, quien le dice al Che que lo amaba profundamente, además de manifestarle el odio que sentía por sus asesinos, prometiéndole que algún día vendría hasta su tumba costara lo que costara.
También existen decenas de prendas personales, poemas, canciones, banderas, condecoraciones, velas y dibujos, entre los cuales resalta la llave con que un patriota chileno logró evadirse de la prisión en los tiempos de la sangrienta dictadura de Pinochet.

Asimismo, en el libro de visitantes inaugurado el 17 de octubre de 1997, fecha de la llegada de los restos del Che, se inscribe una idea expresada por Giustino Di Celmo, padre del joven Fabio Di Celmo, víctima de un atentado terrorista, la cual encierra el verdadero sentido de este sitio: “Nunca la historia se vuelve tan aplastante como al entrar a este lugar, porque aquí se sienten los gritos de combate, el galope de Rocinante o el tableteo de ametralladoras victoriosas".

 Tomado de Diario Granma

martes, 8 de octubre de 2013

Ché, estás en todas partes

Por Wilkie Delgado Correa*


 
Aunque cuarenta y seis años parezcan mucho tiempo, no lo es tanto como un simple momento de la historia. Aunque se haya caído en cualquier forma, y más en combate desigual contra el enemigo, y parezca un signo o símbolo de derrota, no lo es cuando se ha hecho realidad lo pronosticado por Guillén, con la lámpara maravillosa de su poesía frente a la certeza de la muerte del Ché en tierras bolivianas. Todo lo expresado en el poema, concebido para circunstancias prácticamente imprevisibles, con el tiempo fue emergiendo como un sol al cabo de los días y años, y todavía asciende hermoso en horizontes cercanos o lejanos.

   Qué razón había en aquellos versos que, en voz del poeta parecían un mensaje atronador, cuando anunciaba en medio del dolor y la tristeza más sobrecogedora: 

“No porque hayas caído/ tu luz es menos alta. / No por callado eres silencio/ y no porque te quemen, / porque te disimulen bajo tierra,/ porque te escondan / en cementerios, bosques, páramos, / van a impedir que te encontremos, / Che Comandante, / amigo. / Estás en todas partes, / vivo, como no te querían”.       
   Treinta años duró encontrar aquellos “guerrilleros huesos”, como dijera Ché en su poema a Fidel en 1956, para que el pueblo cubano pudiera cumplir con su última voluntad en aquellos días inciertos de la expedición del Granma: 
“Y si en nuestro camino se interpone el hierro, / pedimos un sudario de cubanas lágrimas/ para que se cubran los guerrilleros huesos/ en el tránsito a la historia americana”.
   El hallazgo de sus restos, a pesar de todo el oscuro silencio para ocultarlos, el traslado a Cuba y la veneración y honra que se les dispensan en Villa Clara, son expresión de la ligazón sublime de Ché con el pueblo cubano, que siempre le rendirá el homenaje sentido al hijo entrañable de la Revolución cubana y americana.

   Desde aquella caída en combate el 8 de octubre de 1967, y su posterior asesinato al día siguiente, Ché ha continuado librando batallas, y su rostro diverso, pero igual de luminoso, se ha convertido en bandera de lucha, y sus ideas han devenido consignas, convicciones e himnos para gritar aspiraciones o cantar sueños y realidades.   

   Quien se calificó en la intimidad de los sentimientos como “pequeño condotiero del siglo XX”, y a la vez se confesaba un Quijote que otra vez sentía bajo sus talones el costillar de Rocinante y volvía al camino con la adarga al brazo, encontró en la acción transformadora de la Revolución el sentido esencial de su existencia y, por eso mismo, definió que ser revolucionario es alcanzar el escalón más alto de la especie humana.

   En Ché se resumieron muchos valores de lo mejor del género humano. Se destaca en él la admiración, coincidencias y lealtad con Fidel.  Y por sus luchas e ideas encarna el ideal del hombre nuevo, capaz de cualquier sacrificio por un pueblo, la humanidad y un mundo mejor. Fue y es un modelo posible, excepcional sí, pero multiplicable por esa voluntad de ser como Ché, en la pequeñez o sencillez, o en la grandeza y el heroísmo. Cayó detrás de un sueño y fue a realizar a otras tierras la revolución posible, al menos la de lograr la segunda independencia de nuestra América.

   Después de su muerte, la tozudez de los acontecimientos históricos, acumulando éxitos y reveses en su dialéctica, se encargó de convertir en realidad lo que no pudo en vida, y sus consignas e ideas han sido retomadas, coreadas y repetidas por hombres sencillos del pueblo, hombres ilustres y presidentes de naciones.

   En este nuevo aniversario de su desaparición física, Ché nos acompaña como un ser vivo. Y cabe, en relación con él, seguir su consejo a los jóvenes en cuanto a cómo acercarse consecuentemente a Martí.

   Y esta recordación de Ché será la ocasión propicia para pensar que cada uno de nosotros lo revive cada vez que piense en él y lo revive mucho más cada vez que actúe como él quería que actuáramos. La historia sigue su curso indetenible y la cita inevitable de los pueblos será, tal como vaticinara, hasta la victoria siempre.


*Médico cubano; Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.

Imagen agregada RCBáez con foto de Aldo Bonavita y otros