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miércoles, 3 de julio de 2013

Sí, tenemos muchos y buenos médicos en Cuba

Por Wilkie Delgado Correa*
"Porque consecuente con el pedido de Ché, la universidad se tornó flexible, se pintó de negro, de mulato, de obrero, de campesino, y, en fin, después de pintarse de pueblo, se pintó con los colores que le parecieron bien al pueblo cubano"
Hay que confesar que estamos acostumbrados a las buenas noticias sobre el desarrollo de la medicina cubana en el país y en el mundo. Sin embargo, no puede faltar que, de vez en cuando, tengamos que soportar las campañas que orquesten los enemigos del proceso revolucionario cubano para desacreditar la labor y competencia reconocidas de los médicos y otros profesionales de la salud cubanos, tomando como pretexto una u otra circunstancia. Amigos solidarios como Frei Beto y otros se han encargado de reivindicar, allende los mares, el prestigio indudable de quienes han hecho un aporte significativo a la salud y a la vida de numerosos pueblos, según lo reconocen las autoridades gubernamentales de los países y organizaciones como la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, entre muchas otras.

 El modelo de formación de médicos y otros profesionales de la salud en Cuba se sustenta en una estrategia desarrollada y puesta en práctica, dentro y fuera del país, durante más de cincuenta años.

 En síntesis, se ha caracterizado por procurar satisfacer las necesidades urgentes nacionales y, a la vez, en la medida de lo posible o supuestamente imposible, brindar una ayuda solidaria a otros pueblos; por abrir las puertas universitarias a los hijos de todos los estamentos de nuestra sociedad y, como complemento solidario, acoger como propios a los hijos de los sectores humildes de otros pueblos del mundo; por poner en práctica planes de estudio sucesivos, o procesos de perfeccionamiento de los vigentes en cada época, acorde con el desarrollo de las ciencias médicas, las tendencias modernas en el campo de la pedagogía y la evolución de las concepciones más justas y eficientes en la salud pública; por la ruptura con los métodos dogmáticos, elitistas y enciclopedistas en la enseñanza, y divorciados, en gran medida, de las necesidades y las realidades de las sociedades; por la búsqueda incesante de una mejor articulación con los niveles de enseñanza precedentes y la enseñanza posgraduada continuada; por contemplar en el perfil del egresado, como parte de los estudios de especialización o de entrenamientos específicos, la necesaria introducción y complementación de aquellos conocimientos o prácticas que aconsejen o demanden la situación de salud nacional o la propia, en dependencia del área geográfica, de aquellos países donde ejercen la misión médica nuestros profesionales; por la integración de la ciencia y la conciencia en el proceso formativo de nuestros profesionales, que les permite respetar, valorar y compartir las disímiles culturas de los pueblos a los que brindan sus servicios;  por el desarrollo, cada vez con mayor envergadura, de la colaboración en la formación de médicos en muchos países; por la integración del sector de la salud con los planes de investigaciones en todos los campos científicos de avanzada, como son, entre otros, la biotecnología, la farmacéutica y las nuevas tecnologías. 

 En el mismo año del triunfo de la Revolución, Che se encargó de apuntar hacia el decisivo comienzo de la enseñanza universitaria en Cuba. En el discurso al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Central de Las Villas, el 28 de Diciembre de 1959, el Comandante Ernesto Guevara, definió magistralmente el pedido que el Gobierno Revolucionario hacía a las Universidades cubanas y que debía concretarse con urgencia y como un mandato irrenunciable para el futuro.

“Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba…, y el pueblo que ha triunfado, que está hasta malcriado en el triunfo, que conoce su fuerza y se sabe arrollador, está hoy a las puertas de la Universidad, y la Universidad debe ser flexible, pintarse de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o quedarse sin puertas, y el pueblo la romperá y él pintará la Universidad con los colores que le parezca”.

En el discurso del Che Guevara en el Primer Encuentro Internacional de Profesores y Estudiantes de Arquitectura, el 29 de septiembre de 1963, apuntaba hacia la proyección internacionalista de la revolución cubana:

“Además, nunca debemos olvidar que la Revolución cubana, por la fuerza de su ejemplo, no actúa solo aquí, internamente, y que sus deberes están más allá de las fronteras de Cuba: … ; el deber de ser sensibles ante todas las miserias del mundo, ante todas las explotaciones y las injusticias; el deber que sintetiza Martí en una frase que muchas veces hemos dicho, y que siempre debemos tener en la cabecera de nuestra cama, en el lugar más visible, y es aquello de que “Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre”.

 Consecuente con las ideas de Fidel Castro delineadas desde el heroico Asalto al Cuartel Moncada, las necesidades del país y la voluntad del Gobierno Revolucionario y del pueblo, la ley de la Reforma de la Enseñanza Superior, firmada el 10 de enero de 1962,  trazó como fines de la Universidad los siguientes: Formar profesionales de nivel superior en el número y calidad que demanden las necesidades del país; organizar y difundir los estudios de la ciencia y las humanidades; realizar investigaciones científicas, desarrollar el espíritu de investigación en los universitarios y colaborar con las instituciones científicas y organismos técnicos extra-universitarios; completar la formación cultural, moral, política y corporal de los estudiantes, de modo que constituyan ciudadanos de las más altas calidades, dispuestos a servir siempre a la Patria y a la Humanidad con la eficiencia, el desinterés y la abnegación necesaria; contribuir a elevar, mediante actividades de extensión universitaria, el nivel cultural del pueblo cubano; fomentar el intercambio científico y cultural entre Cuba y los demás países del mundo.

 La política de la Revolución para las universidades en el campo específico de la salud quedó expresada de la forma siguiente:

"La salud es uno de los aspectos más importantes del bienestar material del hombre. La sociedad necesita médicos y enfermeras, necesita clínicas y hospitales, en los que la ciencia más avanzada esté al servicio de todo el pueblo. Esto representa para la Universidad un mayor esfuerzo en términos cuantitativos y una orientación  completamente distinta desde el punto de vista cualitativo de lo que fue hasta hoy la enseñanza y la práctica de la Medicina, pero también en este caso la determinación de los recursos materiales y la orientación de los planes de estudio de la Facultad de Ciencias Médicas tienen que basarse en una evaluación de las necesidades de la sociedad cubana y del plazo en que estas necesidades pueden ser satisfechas”.    

“El conjunto de principios acordados –señala la Ley de Reforma Universitaria-  debe conferir a la institución universitaria, una vez provista de idóneo elemento humano, una base funcional eficiente a un “espíritu”, es decir, una actitud, una conciencia colectiva, una sensibilidad y una voluntad de servir a la cultura, a la Patria y al mundo.”    

Cosechas recientes de este proceso formativo en las Ciencias Médicas son las graduaciones del curso académico. Son reflejo de la lucha de Cuba, a nivel nacional e internacional, para garantizar el derecho humano a la vida, en primer término, para complementar la vida con el derecho a la salud, en forma universal y gratuita, en segundo término, y para asegurar una calidad de vida como elemento indispensable del bienestar general de hombres, mujeres, niños, adultos y ancianos.

¿Acaso no son buenas noticias el hecho de que en el mes de julio del 2012 se graduaron 5 315 médicos cubanos y 5 694 jóvenes que procedían de 59 países; mientras que en julio de 2013 se graduarán 5 683 médicos cubanos y otros 4 843 que proceden de 70 países?

¿Acaso no llama la atención, favorablemente, que de esas 70 naciones, 9 muestren el saldo siguiente?: Bolivia: 855; Ecuador, 718; México, 444; Argentina, 387; El Salvador, 386; Guyana, 280; Timor Leste, 194; Angola, 118; y China, 101.

¿Acaso no será una buena y extraordinaria noticia que la cifra total de graduados en el año 2012, en todas las carreras de Ciencias Médicas (Medicina, Estomatología, Enfermería, Psicología y Tecnología de la Salud) fue de 32 171, mientras que este año de 2013 será de 29 712, de los cuales 5 020 proceden de otras naciones?

Estas promociones son fruto de la docencia desarrollada en 13 universidades  de Ciencias Médicas y 3 Facultades Independientes y la Escuela Latinoamericana de Medicina, que cuentan con más de 37 500 profesores. Además de éstos habría que contar los cientos que participan en la docencia de una cifra similar de miles de estudiantes en sus países respectivos.

Pero se podría añadir más, ya que entre los acontecimientos relevantes ignorados por la “gran prensa” y que nunca estará dispuesta a reconocer, está el hecho de que desde el triunfo de la Revolución en 1959 hasta el año 2012 se han graduado en Cuba más de 124 712  médicos. Este ha sido el resultado de una estrategia concebida y desarrollada por Fidel con una delectación de artista y una voluntad tenaz de combatiente de la luz y la vida. Su sueño de convertir a Cuba en una potencia médica, es una realidad tangible, mal que les pese al imperio y a la ralea reaccionaria de todos los ropajes y de todos los parajes.

De modo que los que hoy, abroquelados en su formación elitista, sus intereses gremiales egoístas y en sus prejuicios clasistas, atacan a los médicos cubanos por estas o aquellas razones, sin atender ni mencionar que más allá de cualquier intento de prejuzgar y demeritar su actividad integral concreta en las condiciones de vida más difíciles y hasta peligrosas, la experiencia de las misiones médicas cubanas en muchos países del orbe les han otorgado, más que el aprobado, un certificado de excelencia a estos profesionales generosos. Y no porque sepan más que todos los médicos del mundo de su mismo perfil y especialización, sino porque lo saben hacer y mucho mejor en las condiciones peores que se les presenten para ejercer los servicios médicos básicos. Pero cuando se ha tratado de servicios médicos altamente calificados, también han demostrado, dentro y fuera del país, que saben brillar por sus resultados, su talento, sacrifico y generosidad.   

Tal vez cabe añadir que la lucha por una exigencia mayor en la calidad y competencia de nuestros egresados no debe terminar nunca, porque es el reto  del desarrollo científico y social. Siempre habrá una insatisfacción al respecto. Pero también es verdad –sépanlo las clases elitistas y exclusivistas- que en todas partes los pueblos aprenden a diferenciar lo que es bueno y lo que malo, que los pueblos un día despiertan o se cansan y, como expresara Ché, conocen su fuerza y se saben arrolladores, y el día en que toquen a las puertas de la Universidad, la Universidad debe ser flexible, y pintarse de blanco, de negro, de mulato, de indio, de obrero, de campesino, o se quedará sin puertas, y los pueblos las romperán y ellos pintarán la Universidad con los colores que les parezca..Y también inventarán y fundarán las nuevas universidades que den solución a sus necesidades.
*Médico cubano; Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Cuba y el día y el ahora de la medicina latinoamericana

Por Wilkie Delgado Correa*

“Unos hicieron el juramento de Hipócrates y otros hicieron el juramento de hipócritas”. 
Fidel

El 3 de diciembre se celebra el Día de la Medicina Latinoamericana en reconocimiento a Carlos J. Finlay, ilustre médico cubano nacido en esa fecha en 1833. Por su trascendente y visionario descubrimiento merece honor en las Américas y el mundo.

En el contexto epidemiológico, social, científico y cultural propio del siglo XIX, permeado por teorías confusas diversas en torno a la etiología de la fiebre amarilla, Carlos J. Finlay expuso su medular y genial trabajo en la sesión ordinaria de la Academia de Ciencias Médicas en La Habana, el domingo 14 de agosto de 1881. El título del trabajo fue El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla. El mismo había sido precedido por una ponencia presentada el 18 de febrero de 1881 en la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington.

 En este trabajo Finlay postuló meridianamente su teoría: “Tres condiciones serán pues necesaria para que la fiebre amarilla se propague: 1o  Existencia de un enfermo  de fiebre amarilla, en cuyo capilares el mosquito puede clavar sus lancetas e impregnarlas de partículas virulentas, en el período adecuado de la enfermedad;   2o Prolongación de la vida del mosquito entre la picada hecha en el enfermo y la que deba reproducir la enfermedad;  3o Coincidencia de que un sujeto apto para contraer la enfermedad y que el mismo mosquito vaya a picar después”.

 Tal como afirmara Finlay a continuación, “Tal es mi teoría, señores, y en verdad ella ha venido a robustecerse singularmente con las numerosas coincidencias históricas, geográficas, etnológicas, meteorológicas que ocurren entre los datos que se refieren al mosquito y lo que tenemos  acerca de la fiebre amarilla, y también con la circunstancia de que podemos con su auxilio explicar circunstancias hasta ahora inexplicable por las teorías existente”.

 A pesar de su fundamentado estudio y su brillante y detallada exposición, su tesis tardó muchos años para ser aceptada, pues era una teoría que discrepaba esencialmente de las ideas que hasta entonces eran propagadas acerca de la fiebre amarilla. Incluso se intentó escamotear la gloria a Carlos J. Finlay, y adjudicarla ilegítimamente al médico norteamericano Walter Reed, quien recibió del sabio cubano todos los resultados, hallazgos y las fundamentaciones teórica y práctica.

 Pasaron años y fue necesario una lucha tenaz de instituciones y científicos de Cuba para que se hiciera justicia a Carlos J. Finlay, y para que la historia de la ciencia reconociera la verdadera esencia de su descubrimiento. Uno, la teoría científica del contagio de la enfermedad, y otro, la identificación del mosquito como agente de transmisión o vector de la fiebre amarilla.

 Finalmente un siglo después de su nacimiento y después de su muerte ocurrida el 14 de agosto de 1915, en 1933 le fue reivindicada y reconocida la paternidad de su aporte científico con el establecimiento el 3 de diciembre como el Día de la Medicina Latinoamericana.

 Así se inició el papel trascendente de Cuba a la medicina latinoamericana y mundial. Después del triunfo de la Revolución Cubana el aporte a la medicina en estos ámbitos geográficos ha sido más directo y práctico a través del desarrollo de un modelo de colaboración excepcional para la atención sanitaria y la formación de los recursos humanos en el sector de la salud, así como la elaboración de vacunas y medicamentos de alto impacto.

 De manera que el AHORA en América Latina y el Caribe, y también en gran parte de los países subdesarrollados del mundo, está signado por progresos en el campo de la salud de esos países en los cuales la ayuda y colaboración cubana ha sido decisiva.

 Pero todo tuvo que empezar a partir de las transformaciones ocurridas en la educación cubana en todos los niveles, en particular el universitario, pues la nueva Universidad refundada por la Revolución Cubana sería, a partir del triunfo revolucionario, una universidad de nuevo tipo, desarrolladora y trascendente. Y como dijo Fidel, “la universidad, libre ya de los problemas políticos que la embargaban, libre ya del eterno conflicto con los gobernantes, porque el sentimiento universitario público, y el sentimiento del pueblo, y el sentimiento de los gobernantes, serán en lo adelante una sola cosa, libre ya de las batallas que antes libraba, porque ya no tendrá que librarlas, porque ya no habrá injusticia, porque ya no habrá tiranía, porque ya no habrá inmoralidades, la universidad podrá invertir su extraordinario caudal de energía y entusiasmo en preparar a los hombres, en preparar a la generación de hombres capacitados que la patria necesita, porque allí donde campeaba antes la politiquería, el oportunismo y el vicio, ha de campear en el futuro la virtud y la capacidad.”

 En estos cincuenta años han surgido numerosas Universidades en Cuba y, por desarrollarse con una concepción nueva, hoy existe un país-universidad.

 Fidel Castro ha expresado: “Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. (…) Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación.” [1]

 Se ha dicho que el bienestar de las futuras generaciones dependerá de la cantidad y calidad de las reservas de recursos naturales, tanto de los no renovables como de los renovables, que sea capaces de legarles, y también dependerá, en gran medida, de cuánto se sepa hoy invertir en la formación del patrimonio humano de esas generaciones, fundamentalmente a través de la educación y la investigación.

 Más de un millón de graduados universitarios en todas las ramas ha sido el fruto de las Universidades cubanas después del triunfo de la Revolución, que han hecho un aporte extraordinario a su país, mientras que un número de cientos de miles han contribuido al desarrollo de otros muchos países en todas partes del mundo, ejerciendo una labor de cooperación solidaria en los más variados campos.

 En el campo específico de las Ciencias Médicas esto ha significado alcanzar una cosecha de futuro, construido en estos años, representada en las graduaciones de profesionales de las ciencias médicas que hoy se efectúan a lo largo del país, y que son reflejo de la lucha de Cuba, a nivel nacional e internacional, para garantizar el derecho humano a la vida, en primer término; para complementar la vida con el derecho a la salud, en forma gratuita, en segundo término; y para asegurar una calidad de vida como elemento indispensable del bienestar general de hombres, mujeres, niños, adultos y ancianos.

 En el periodo comprendido entre 1959 y el 2010 se han graduado en el país más de 108 000 médicos, de los cuales, al cierre del primer trimestre del 2011, se encontraban en plena labor 73 025.

 Y en el curso escolar que se inició en septiembre del 2012 se encuentran en las aulas 103 880 estudiantes de Ciencias Médicas –en el curso anterior la matrícula total fue de 118 914- que abarcan Medicina, Estomatología, Licenciatura en Enfermería, Psicología y Tecnología de la Salud.

 Durante los cincuenta años transcurridos después del triunfo de la Revolución, incluso desde sus primeros años, se inició la formación de profesionales de la salud extranjeros en Cuba. Pero fue a partir de la creación de la Escuela Latinoamericana de Medicina, fundada el 15 de noviembre de 1999, que este proceso se incrementó con ritmo inusitado.

 Si bien el objetivo inicial de esta institución fue la formación de Médicos Generales Básicos, orientados hacia el trabajo de la atención primaria de salud, como escenario fundamental de su actuación profesional y con una elevada preparación científica, humanista, ética y solidaria, capaces de actuar en su entorno para satisfacer las necesidades de la región latinoamericana y contribuir al desarrollo humano sostenible, la experiencia de la colaboración internacional ha extendido su misión al resto de países del mundo, incluyendo a los Estados Unidos de América, con un acento particular en jóvenes procedentes de los sectores humildes de esos países, que, a su vez, se comprometan a reciprocar estas oportunidades a las poblaciones o comunidades de los que son originarios. En la actualidad estudian miles de jóvenes de estos países, el 75% de ellos son hijos de obreros y campesinos; además de estar representadas con becarios 104 comunidades originarias de América Latina y también suman ya cerca de 15 000 los egresados de la institución.

 El papel académico de esta institución resulta acrecentada con la derivación de los estudiantes, en distintas fases de formación, al resto de las 21 Facultades de Medicina con que cuenta el país.

 Además, en el ámbito de la formación de profesionales extranjeros. tiene una significación especial la Escuela Caribeña de Medicina de Santiago de Cuba, dedicada a estudiantes de países de habla anglófona, que acogiera inicialmente a estudiantes procedentes de Haití.

 Adicionalmente a este aporte de Cuba en la formación de personal de la salud para la América Latina y el resto del mundo, dentro del país, y la que llevan a cabo cientos de profesores universitarios dedicados a la docencia médica fuera del país, cabe recalcar la contribución que realiza a través de la colaboración que ofrecen miles de médicos, estomatólogos, enfermeros y tecnólogos de la salud cubanos en la atención médica gratuita a las poblaciones pobres.

 En América Latina, la más desigual de las regiones del mundo en lo que respecta a la distribución de las riquezas, se ha avanzado mucho en lo que se refiere a la inclusión social, el acceso a los servicios de salud y la formación de los recursos humanos, partiendo del ejemplo y modelo cubano y su contribución solidaria con el programa integral de salud. Y esto se refleja en indicadores diversos de la salud pública de los países de este y otros continentes.

 El día en que todos los países, sin excepción, se decidan a establecer y concertar las políticas de salud viables y necesarias, mediante la asignación de los recursos materiales y humanos indispensables, y en las que medie la solidaridad incondicional, el salto cuanti-cualitativo en lo social será gigantesco y asombroso. América Latina y el mundo esperan y merecen ese día en que el futuro se convierta en presente.

 *Médico cubano; Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.

[1] Discurso de Fidel Castro en Conferencia ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo, 1992 http://www.cubadebate.cu/opinion/1992/06/12/discurso-de-fidel-castro-en-conferencia-onu-sobre-medio-ambiente-y-desarrollo-1992/

 Imagen agregada RCBáez