viernes, 27 de febrero de 2015

El día en que mataron al Primer Presidente de Cuba

 Por Wilkie Delgado Correa* 
El día de su muerte era viernes, igual que hoy, 27 de febrero de 1874…
 

Carlos Manuel de Céspedes cayó en combate en San Lorenzo, un punto remoto de la geografía de la Sierra Maestra en la provincia de Oriente. Libró su último combate solo y disparando con un arma en mano, para ser consecuente con su decisión y gesto rebelde de alzarse en armas contra España el 10 de octubre de 1868. Fue el primer presidente de la República de Cuba en Armas y devino con el tiempo en Padre de la Patria.

    El día de su muerte era viernes, igual que hoy, 27 de febrero de 1874  Su cuerpo inerte fue arrastrado por las tropas enemigas desde el fondo del cañadón donde cayera mortalmente herido. El único homenaje en aquel momento aciago provino de la garganta de una humilde mujer, Panchita, con su grito desesperado de “¡Han matado al Presidente!” Aquella mujer llevaba en su seno un hijo que era fruto de un amor azaroso y de consolación surgido en aquel paraje durante los pocos meses transcurridos después de la deposición del cargo de presidente en circunstancias graves para la revolución en marcha.

    Aquel día cayó aquel líder impetuoso y visionario que el día del inicio del levantamiento armado había dicho a sus esclavos:   “-Ciudadanos, hasta este momento habéis sido esclavos míos. Desde ahora, sois tan libres como yo. Cuba necesita de todos sus hijos para conquistar su independencia. Los que me quieran seguir que me sigan; los que se quieran quedar que se queden, todos seguirán tan libres como los demás”

    Aquel día cayó el líder revolucionario y rebelde que cuando, en los inicios de la campaña independentista, sus tropas fueron diezmadas y su compañía estuvo  reducida a doce hombres, y alguien desalentado ante el espectáculo de la derrota y la desbandada, exclamó: -¡Todo se ha perdido!, contestó impertérrito: y resuelto:    -Aún quedamos doce hombres: basta para hacer la independencia de Cuba.

    Aquel día cayó el estadista que a mediados del año 1869 analizaba en su campamento en Sabicú, una vez más, la necesidad de la llegada, desde el exterior, de expediciones que aportaran a la Revolución los recursos que urgentemente requería. Pensaba en las armas, las municiones, en una tienda de campaña para las reuniones del gobierno ambulante, en los materiales para reproducir documentos y, por supuesto, en los hombres que se incorporasen a las tropas insurrectas en el país. Comprendía, sin embargo, que para todo ello se requería dinero. Y hasta ese momento las recaudaciones entre los emigrados no lograban con prontitud el monto que se requería. Ante esta realidad, Carlos Manuel decidió desprenderse de todo su dinero y joyas personales y familiares.

    El 8 de junio se puso a contar el dinero y hacer el inventario de las prendas que remitiría al exterior para que con lo producido se realizara la compra de armas, las municiones de guerra y otros artículos necesarios. El dinero sumó 4 000 pesos. Las joyas permanecían en un cofre de caoba bellamente tallado. Carlos Manuel tomaba cada una de las prendas. Cuando la colocaba en una de sus manos abiertas, rememoraba su procedencia y el momento de adquisición. Comenzó por un par de espolines de plata, después fue alineando en la rústica mesita un par de brazaletes de oro con ópalos y esmeraldas, un prendedor para reloj de señora, un prendedor esmaltado con esmeraldas y brillantes, un prendedor con esmeraldas, un prendedor de oro con una cruz de brillantes, un juego de sortijas, alfiler y pendientes de brillantes, una gargantilla de brillantes, un sortijón de brillantes, un par de botones esmaltados de brillantes, una sortija de brillantes y rubíes, un reloj de oro patente inglés, una leontina de oro con una cornalina y dos cadenas de oro.

    Al terminar el recuento, Carlos Manuel escribió a su amigo Francisco José, expresándole su sentimiento por no poseer una mayor cantidad de dinero y alhajas para ofrecer en obsequio a la patria.

    Aquel día caía muerto por el enemigo para levantarse inmortal para la historia, el primer presidente que tuvo Cuba, el hombre que al asumir el cargo el 11 de abril de 1869, expresara, en alocución al pueblo cubano: “… No desconozco la grave responsabilidad que he asumido al aceptar la Presidencia de nuestra naciente República. (…) Cuba ha contraído, en el acto de empeñar la lucha contra el opresor, el solemne compromiso de consumar su independencia o perecer en la demanda: en el acto de darse un gobierno democrático, el de ser republicana.

 Este doble compromiso, contraído ante la América independiente, ante el mundo liberal, y lo que es más, ante la propia conciencia, significa la resolución de ser heroicos y ser virtuoso:

 "Cubanos: Con vuestro heroísmo cuento para consumar la independencia. Con vuestra virtud para consolidar la República. Contad vosotros con mi abnegación”.
 
*Médico cubano; Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba

Roberta Jacobson: Diálogo respetuoso, aunque a veces con muchos retos

Roberta Jacobson en la conferencia de prensa. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Roberta Jacobson en la conferencia de prensa. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Palabras de la Subsecretaria de Estado Roberta Jacobson, en la conferencia de prensa al concluir la segunda ronda de conversaciones sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU, en el Departamento de Estado, Washington
Buenas Tardes a todos, gracias por venir.
Hoy, 27 de febrero del 2015 funcionarios cubanos y americanos se reunieron en Washington para hablar del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. La Directora General de Asuntos Estadounidenses, Josefina Vidal, lideró la delegación de Cuba.
Restablecer las relaciones diplomáticas es una de las medidas necesarias para normalizar las relaciones entre ambos países después de estar más de 50 años en pugna. Por ello, hoy fue un día productivo y que nos dio mucho ánimo. El diálogo fue siempre respetuoso, aunque a veces con muchos retos. En él abordamos los requisitos de ambos lados y las diferencias que identificamos en La Habana hace un mes, durante la primera ronda de conversaciones.
Hoy hemos avanzado bien, aunque sabemos que todavía hay diferencias serias entre ambos gobiernos.
Me complace decir que tuvimos el tipo de intercambio constructivo que nos lleva a unas relaciones más favorables. Este espíritu de intercambio también se verá reflejado en los eventos de la próxima semana, donde Cuba mandará dos delegaciones para hablar sobre la aviación civil y la trata de personas, entre otros temas.
El próximo mes de marzo se efectuará otra reunión en La Habana donde irá el embajador Daniel Sepulveda para trabajar con el gobierno de Cuba y ampliar el acceso de información al pueblo cubano. En ese mismo mes una agencia viajará a la capital de la isla para hablar de los cambios reglamentarios en Estados Unidos y fines de marzo hablaremos de la estructura de nuestro dialogo sobre Derechos Humanos.
Por el momento, estamos comprometidos con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas que nos permitirán de la manera más efectiva posible representar los intereses de los Estados Unidos e interactuar con el pueblo cubano. Hoy fue un paso muy importante hacia el futuro y con mucho gusto seguiré trabajando con la Directora General Josefina Vidal.

Preguntas de la prensa

Conferencia de prensa al finalizar las conversaciones entre ambas delegaciones. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Conferencia de prensa al finalizar las conversaciones entre ambas delegaciones. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
  • ABC: ¿Qué progreso se puede lograr en eliminar a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo? La Directora General Vidal dijo que no era una pre-condición, pero es sumamente importante. También, ¿cree usted que las embajadas de ambos países podrían abrirse antes de la Cumbre de las Américas, el 10 de abril?
Creo que el punto de vista nuestro, y hemos sido claros, que los dos temas son distintos, y separados. Entendemos el hecho de que la delegación cubana dé este hecho como prioridad. Para nosotros es importante terminar la revisión que todavía está en curso y desde el principio hemos pensado que teníamos que hacerlo tan pronto como fuera posible. El Secretario (de Estado) hizo hoy algunos comentarios que después reitero, que lo vamos a terminar tan pronto como sea posible según la ley, pero eso y el establecimiento de relaciones diplomáticas son dos procesos separados, y es lo que quiero reiterar.
En cuanto a la cronología, me parece que sí se puede lograr antes de la Cumbre de las Américas. Creo que con el tipo de cooperación que hemos visto hoy, yo soy una líder de esa conversación y de forma optimista, comprometida y reconociendo el trabajo que todavía queda por hacer, me gusta la idea de abrir las embajadas antes, y es muy bueno que fuera antes de la Cumbre.
  • Reuters: ¿Pudieron progresar hoy en el tema del Convenio de Viena sobre relaciones diplomáticas y la libertad de movimiento para los diplomáticos? Yo sé la importancia de eso para Estados Unidos a partir de las ventajas de poder reunirse con los disidentes políticos en Cuba.
Una de las cosas que yo dije entrando a estas conversaciones era que a lo mejor se podían decepcionar un poco, porque no vamos a tener grandes titulares, pero si hemos dicho que son temas de importancia, y sí hablamos de ese tema, y sí creo que hemos progresado. Hubo un espíritu muy cooperador. Eso es importante para nosotros, que la Embajada en La Habana pueda operar de forma que sean conformes con el convenio y los dos estuvimos de acuerdo. Así que creo que sí. Hemos progresado, hemos tenido un espíritu de cooperación, pero más que eso creo que lo dejaría para el diálogo diplomático.
  • Miami Herald: ¿El tema de derechos humanos lo hablaron en algún contexto de las conversaciones de hoy?
Lo que puedo decir es que de un par de maneras y en el sentido que nosotros siempre hemos dicho, en términos de poder vislumbrar una apertura de lo más grande posible, está conocer a todo el pueblo cubano, que es parte de nuestro trabajo. No sé si es directamente relacionado con derechos humanos pero si toca el tema de personas en Cuba, con quienes queremos hablar. Pero creo que para progresar, es una de las cosas que más me ha complacido: hablar de derechos humanos.
Por cierto, hablamos de que ese tema es uno de los más difíciles pero uno de los más importantes. Quizás en el momento haya unos 6 o más diálogos programados, me parece sumamente importante como una medida del dinamismo; y el movimiento de las relaciones hemos hablado como uno de ellos desde el principio. Van desde la aviación civil, hasta la tecnología de informática o la protección de la vida marina. Para nosotros es muy importante el diálogo sobre derechos humanos.
  • Wall Street Journal: ¿Usted dijo que a lo mejor podrían abrir las embajadas antes de la Cumbre de las Américas, pero esto va a requerir otra reunión en La Habana, por ejemplo?
Creo que usted escuchó lo que dijo la Directora General Vidal sobre la comunicación permanente, y me gusta esa frase aunque permanente, me parece implicar que no vamos a dormir nunca, pero si estamos de acuerdo que vamos a seguir teniendo conversaciones sobre muchos de estos temas, que todavía tenemos muchos que resolver. Hemos progresado el día de hoy, pero hay cosas que tenemos que consultar con nuestros superiores, otras cosas donde no tenemos un acuerdo completo. Entonces, ¿en qué forma se va a dar ese diálogo?
No nos queda muy claro, obviamente tenemos secciones de interés ambos y no tenemos que reunirnos cara a cara, pero también creo que en estas últimas reuniones hemos solidificado la importancia de esa diplomacia cara a cara y refuerza nuestra idea de las relaciones diplomáticas; y que tener embajadas enteras es importante para una relación como esta en la que hay diferencias y hay que sobrellevar tantas cosas. Entonces la variable es la comunicación. Entonces no sé qué forma tendrá esa comunicación pero seguirá hasta que tengamos un acuerdo.

Josefina Vidal: Hemos tenido progresos (+Video)

 
Josefina Vidal en la conferencia de prensa. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Palabras de Josefina Vidal, en la conferencia de prensa al concluir la segunda ronda de conversaciones sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU, en el Departamento de Estado, Washington
Agradecemos en nombre de la delegación de Cuba la acogida ofrecida por el Departamento de Estado en Washington para sostener una nueva ronda de conversaciones sobre el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas. Hemos asistido a esta reunión con un espíritu constructivo, puedo afirmar que la reunión se desarrolló en un clima respetuoso y profesional.
Tuvimos una buena reunión. Obtuvimos algunos progresos. Por segunda vez, delegaciones de ambos países, nos sentamos en la mesa de negociaciones, como iguales, para discutir los términos del restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas.
Reiteramos en esta ronda la importancia de encontrar solución a un grupo de asuntos, que permitan crear el contexto apropiado para restablecer las relaciones y abrir embajadas en ambas capitales.
En particular, la delegación cubana se refirió al tema de la exclusión de Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo internacional, y a la provisión de servicios financieros a la Sección de Intereses de Cuba en Washington, que durante más de un año ha carecido de marco para realizar sus operaciones. Nos sentimos optimistas de que en las próximas semanas podamos ver resultados en estos temas, que nos permitan avanzar hacia el restablecimiento de relaciones y la apertura de embajadas.
La delegación norteamericana nos informó que está trabajando en ambos asuntos. Expresamos nuestra disposición a mantener una comunicación permanente en los próximos días y semanas sobre los asuntos discutidos.
Por otro lado, intercambiamos información sobre las visitas y encuentros técnicos bilaterales que tendrán lugar en las próximas semanas sobre temas como la trata de personas, la aviación civil, las telecomunicaciones, los derechos humanos, áreas marinas protegidas, prevención del fraude migratorio, y los cambios realizados en las regulaciones sobre la implementación del bloqueo en los Estados Unidos.
En esta reunión, la delegación de Cuba ratificó la disposición a continuar el diálogo y a avanzar en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sobre bases de respeto, igualdad soberana y reciprocidad. Confiamos en que entre nuestros dos países se puedan establecer relaciones civilizadas de convivencia, y que seamos capaces de reconocer y respetar nuestras diferencias para, como vecinos, identificar áreas de interés mutuo para cooperar en beneficio de nuestros países de la región y del mundo.
Muchas gracias
Video.

Ronda de preguntas

  • NBC News: El Secretario de Estado John Kerry dijo antes que el asunto de la eliminación de Cuba de la lista de países de Estados patrocinadores del terrorismo es un tema separado del de la apertura de las embajadas, ¿usted ve la eliminación de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo como la precondición antes de establecer o abrir embajadas? , y ¿Cuba estaría dispuesta a pensar en devolver a Assata Shakur, que es una de las demandas del Congreso para la normalización?
Josefina: No hemos establecido enlaces ni lazos, entre abrir embajadas y eliminarnos de la lista de países terrorista. Hemos dicho que para Cuba es importante que este tema se resuelva, en un proceso hacia restablecer las relaciones diplomáticas y no específicamente abrir las embajadas.
En La Habana nos reunimos el año pasado y explicamos que para nosotros sería difícil explicar que Cuba y Estados Unidos han restablecido relaciones normales mientras Cuba todavía figure en esa lista de Estados patrocinadores en donde pensamos que nunca deberían habernos puesto. Nos han dicho que están dispuestos a resolver este problema. En cuanto al otro tema, muchas veces hemos hablado de este tema en el pasado, yo les puedo dar información, nosotros tuvimos un tratado de extradición entre Estados Unidos y Cuba que fue firmado a principios del siglo XX, en 1906.
Ese tratado de extradición después de 1959 no fue respetado cuando Cuba estuvo pidiendo a Estados Unidos que extraditara a miembros de la dictadura cubana que fueron responsables de crímenes terribles en Cuba. Desde el principio de la Revolución ya no funciona este tratado porque no fue honrado por Estados Unidos. Está todavía en vigor pero no funciona. Este tratado tiene una cláusula que dice que no se aplica a ninguna actividad política.
Por lo tanto, Cuba, legítimamente, ha dado asilo político a un pequeño grupo de ciudadanos estadounidenses porque tenemos razones para creer que lo merecen y es hasta donde hemos llegado, y cuando uno concede asilo político entonces no puede entrarse en este tipo de discusiones. Quizá hay muchas cosas más que explicar en términos de respetar los derechos de otros, pero voy a dejarlo en eso, gracias.
  • Telesur: Para resumirlo en dos preguntas, ¿cuál sería el titular de esta reunión? Y ¿cuál es el próximo paso y en qué fecha?
Yo diría que el titular es… en inglés: We have made progress, o sea que el titular en español es Hemos tenido progresos, en la reunión de hoy. Puedo afirmar que logramos aproximar las posiciones de ambos países en relación con los temas que son necesario discutir para este doble proceso de restablecimiento de relaciones y apertura de embajadas.
De manera que puedo decir que soy optimista de que en las próximas semanas podamos tener algunos resultados que nos permitan acercarnos a ese momento, para el cual todavía no tenemos una fecha, para dar el paso ya definitivo de restablecimiento de relaciones y acordar una fecha para la apertura de embajadas.
No hemos acordado específicamente una nueva reunión, pero sí hemos acordado mantenernos en una permanente comunicación en los próximos días y semanas para seguir intercambiando sobre los temas que discutimos hoy, en los próximos días. Es lo que yo puedo decir.
BBC: Usted dijo que la eliminación de la lista de [países] terroristas no era una precondición, es algo que esperan poder resolver pero no es algo que fuera una precondición para abrir embajadas. ¿Están viendo estas dos cosas como “disimilares” [sic]? ¿Se puede abrir una embajada antes de este resultado?
Josefina: No, pero le puedo decir que son dos temas distintos. Primero se restablecen las relaciones, y después se abren embajadas. Es la forma nuestra de verlo. Primero restablecemos relaciones, y después pasamos al próximo paso de abrir embajadas, entonces, lo que estamos diciendo no es una precondición, pero lo que decimos es que es un tema sumamente importante para Cuba. Puedo decir que es prioritario, y esperamos que se aborde y se resuelva en el proceso hacia el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Porque como ya dije, sería muy difícil decir que hemos establecido relaciones mientras nuestro país esté todavía en una lista en la cual creemos muy firmemente nunca se nos debería haber puesto.
  • AP: Buenas tardes, gracias por esta oportunidad. Quería preguntarle si estas reuniones técnicas que usted mencionó, incluyendo derechos humanos y áreas protegidas se van a llevar a cabo aún cuando no hay una acuerdo definitivo sobre la normalización, y si la respuesta es Sí, quería preguntarle si ya hay fecha para la reunión de Derechos Humanos, Y quería preguntarle también por qué es tan importante para Cuba que no esté en la lista [ de países patrocinadores] del terrorismo, si vimos el caso de Sudán, por ejemplo, que está en la lista, hay relaciones diplomáticas y Estados Unidos tiene una embajada que funciona en Khartoum.
Josefina: Gracias por sus preguntas, mire, la respuesta a la primera pregunta es que Sí, es posible tener reuniones de carácter técnico independientemente del proceso paralelo que estamos llevando a cabo para restablecer relaciones diplomáticas. De hecho puedo decir que estamos teniendo este tipo de reuniones técnicas desde hace un tiempo.
No es un proceso de reuniones que va a comenzar ahora. Ya desde hace aproximadamente, yo diría que tres años, hemos estado realizando reuniones técnicas, por ejemplo, sobre seguridad aérea, sobre prevención de derrames de petróleo en las operaciones de perforación en aguas profundas, sobre correo postal y lo que estamos haciendo es continuando algunas de estas reuniones.
Por ejemplo, en las próximas semanas vamos a tener una reunión sobre prevención de fraude migratorio. Esto es algo que hemos hecho ya anteriormente; pero también vamos a ampliar un poco la gama de temas sobre los cuales vamos a hablar a nivel técnico. Y por ejemplo, en las próximas semanas vamos a tener algunas de estas reuniones que van a ser nuevas, no las hemos realizado con anterioridad.
Por ejemplo, vamos a hablar sobre “información y telecomunicaciones”, a nivel oficial, entre representantes del Departamento de Estado y representantes de distintas agencias gubernamentales cubanas. Vamos a hablar por primera vez de “áreas marinas protegidas” , un tema de suma importancia para Cuba y para Estados Unidos por nuestro interés en la preservación y conservación del medioambiente que compartimos. Vamos a hablar por primera vez sobre Derechos Humanos.
Ya Cuba había propuesto en julio del año pasado al gobierno de Estados Unidos comenzar a tener una conversación civilizada, respetuosa, recíproca sobre los Derechos Humanos. Hemos recibido con satisfacción la aceptación de esta reunión por parte del Departamento de Estado. Todavía no tenemos fechas específicas, estamos intercambiando ideas, pero tenemos que chequear ambas partes los calendarios de los altos funcionarios de Cuba y Estados Unidos que van a participar. Eso es lo que le puedo decir.
Ah, mire, yo entiendo que hay otros países que tienen relaciones diplomáticas con Estados Unidos independientemente de que están en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, pero para Cuba es una cuestión yo diría que de justicia. O sea, como Cuba está tan convencida de que nunca debió formar parte de esta lista limitada, pequeña, reducida, de países y que hoy en día tampoco se sostiene que se mantenga nuestro país para nosotros se trata de una cuestión de ajustarse a la realidad y de hacer justicia.
Por tanto, yo diría que para nosotros, desde un punto de vista moral, ético, es muy importante abordar este asunto de modo que cuando restablezcamos relaciones estemos dando inicio a una verdadera nueva etapa, nueva etapa en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, sobre bases distintas, sobre bases sólidas, que de verdad representen un cambio cualitativo en el tipo de relación que en estos días estamos discutiendo para comenzar a construir, de eso se trata más bien.
  • La Opinión: Josefina, usted ha dicho que Cuba siente que ha sido injusto su inclusión en esta lista desde 1982, y esto es un tema sobre el tapete. Quería saber si en esta discusión de hoy las autoridades de Estados Unidos les han explicado a ustedes los cubanos cuáles son las condiciones que ustedes tienen que reunir para salir de esa lista de una buena vez.
Josefina: Hemos hablado del tema, por supuesto, no solo ahora. Yo creo que llevamos más tiempo hablando de este tema porque es un asunto que, cuando hemos empezado a hablar ya desde hace unos años Cuba siempre ha puesto sobre la mesa.
Ha sido un tema, yo diría que un tema recurrente en la agenda del lado de Cuba, incluso, en una etapa anterior, cuando todavía no se había tomado esta decisión histórica de dar un cambio nuestras relaciones. Hemos hablado sobre el tema, pero bueno, como es un asunto que compete únicamente a las autoridades de Estados Unidos porque es una ley de los Estados Unidos, es un ejercicio que se realiza por el gobierno de Estados Unidos, yo prefiero dejar ese tema en manos de los representantes de los Estados Unidos para que decidan si decidan si desean abordarlo y en qué nivel de detalles.
Muchas gracias a todos, ha sido un gran placer estar con ustedes y espero que nos volvamos a ver, en mejores condiciones. Muchas gracias, hasta luego.

Delegación cubana a ronda de conversaciones Cuba-EE.UU: Comunicado de prensa,


Comunicado de prensa de la delegación cubana a la ronda de conversaciones sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Washington, 27 de febrero de 2015


El 27 de febrero de 2015, tuvo lugar, en Washington, una nueva ronda de conversaciones entre delegaciones de Cuba y los Estados Unidos sobre el proceso de formalización del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de Embajadas, que fue anunciado por los presidentes Raúl Castro Ruz y Barack Obama, el 17 de diciembre de 2014.

La delegación cubana estuvo presidida por la directora general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal Ferreiro, y la estadounidense por la secretaria asistente para los Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Roberta S. Jacobson. La reunión se desarrolló en un clima profesional, respetuoso y constructivo.

Los representantes cubanos reiteraron la importancia de solucionar un grupo de temas, que permitan crear el contexto apropiado para restablecer las relaciones diplomáticas y abrir Embajadas en ambas capitales, en particular, la exclusión de Cuba de la lista de “Estados patrocinadores del terrorismo internacional” y la prestación de servicios financieros a la Sección de Intereses de Cuba en Washington, que durante más de un año ha carecido de un banco para realizar sus operaciones, debido al bloqueo y a la designación de Cuba como país que auspicia el terrorismo internacional.

Asimismo, la delegación cubana insistió en la necesidad de garantizar la observancia de los principios del Derecho Internacional y de las Convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares, que deberán ser la base de las futuras relaciones diplomáticas y del funcionamiento de las respectivas Embajadas.  

Específicamente, se hizo énfasis en el  cumplimiento de las normas referidas a las funciones de las misiones diplomáticas, al comportamiento de su personal, al respeto de las leyes nacionales y a la no intervención en los asuntos internos de los Estados.

Por otro lado se precisaron detalles sobre las visitas y encuentros técnicos bilaterales que tendrán lugar en las próximas semanas sobre temas como aviación civil, trata de personas, telecomunicaciones, prevención fraude migratorio y cambios en las regulaciones que modifican la implementación  del bloqueo.
 
Durante el intercambio, la parte cubana ratificó la disposición a continuar el diálogo y avanzar en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sobre bases de respeto, igualdad soberana y reciprocidad.

Fuente Cuba-MINREX

José Martí y la Guerra Necesaria

Por Luis Toledo Sande
“Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”
Patria libre, cordialidad entre pueblos y equilibrio del mundo

Martí visto por Ernesto García Peña
Así vio en 1990 a José Martí el artista
Ernesto García Peña. (Fotocopia: E.C.L.)
Cuando el 25 de marzo de 1895 José Martí le escribe al dominicano Federico Henríquez y Carvajal: “Yo alzaré el mundo”, no incurre en un exabrupto de vanidad contrario a su ética y su conducta, sino que resume el sentido con que ha preparado la guerra iniciada el anterior 24 de febrero. En la misma carta refuerza ideas que ha venido expresando desde tiempo atrás, incluso en textos relacionados directamente con el Partido Revolucionario Cubano, cuya fundación se proclama en Nueva York el 10 de abril de 1892.
En las Bases de esa organización, llamadas a prudencia ante graves obstáculos que deben vencerse para preparar y hacer una contienda eficaz, apunta que se actuará “sin compromisos inmorales con pueblo u hombre alguno”, y sin “atraerse, con hecho o declaración alguna indiscreta durante su propaganda, la malevolencia o suspicacia de los pueblos con quienes la prudencia o el afecto aconseja o impone el mantenimiento de relaciones cordiales”.
Saber que el Partido se ha creado y tendrá base operativa entre compatriotas emigrados en los Estados Unidos -desde donde se extiende a otras tierras de América y trenza redes conspirativas en Cuba, centro de su programa- da luz sobre una cautela que no es indiferencia irresponsable o cómplice.
El reclamo, en las Bases citadas, de fundar “la nueva República indispensable al equilibrio americano”, remite a textos anteriores suyos, y lo explicitan, entre otros, aquel de Patria del 17 de abril de 1894 en el cual saluda la entrada del Partido en su tercer año de vida, y desde el subtítulo expone que la organización encarna “el alma de la Revolución, y el deber de Cuba en América”.
El primer artículo de las Bases precisa el fin de “lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”. Ello conduce al fondo de ideas pilares expuestas en El tercer año del Partido Revolucionario Cubano, como esta: “las Antillas esclavas acuden a ocupar su puesto de nación en el mundo americano, antes de que el desarrollo desproporcionado de la sección más poderosa de América convierta en teatro de la codicia universal las tierras que pueden ser aún el jardín de sus moradores, y como el fiel del mundo”.
El entorno
Federico Henríquez y Carvajal
En la citada carta a Federico Henríquez y Carvajal,
Martí, en marcha hacia la guerra, afirma: “Ahora
hay que dar respeto y sentido humano, y amable,
al sacrificio”. (Foto: INTERNET)
No habla desde las nubes. Ha residido por más de una década en los Estados Unidos, y el trienio 1889-1891 le ha mostrado la necesidad de acelerar los preparativos de la guerra. En los dos primeros de esos años sesiona el Congreso Internacional de Washington, como fruto del cual tiene lugar en el último de ellos la Comisión Monetaria Internacional, en la misma ciudad. Con ambos intenta el poder anfitrión romper en beneficio propio el equilibrio mundial. Martí combate al primero en la prensa, en la tribuna y en numerosas cartas, y contra la Conferencia actúa desde dentro, como representante de Uruguay.
El poderoso país procura lograr en todo el continente pactos comerciales que le resulten ventajosos, calzados con la circulación dominante del dólar. No impulsa un panamericanismo sano, sino el imperialista que ha llegado al siglo XXI y ha empleado tanto argucias económicas y políticas como violencia armada, a tono con su política internacional, contra la que resisten y luchan pueblos, y gobiernos dignos.
Para espigar, en lo dicho por Martí sobre aquellos foros, unos pocos de los desentrañamientos que alumbren su concepción de la guerra para liberar a Cuba, recordemos advertencias como esta, acerca del primero: “De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”.
A los países de América ya independientes de España se les presenta un reto decisivo: “¿A qué ir de aliados, en lo mejor de la juventud, en la batalla que los Estados Unidos se preparan a librar con el resto del mundo? ¿Por qué han de pelear sobre las repúblicas de América sus batallas con Europa, y ensayar en pueblos libres su sistema de colonización?” No se trata de una forma de dominio accidental, sino de todo un sistema, que no tardará en llamarse neocolonialismo.
Junto a compatriotas, en un antiguo fuerte de Cayo Hueso, en prácticas de tiro. NOTA: La foto es de interés, y ya está visto con Diseño cómo destacar el rostro de Martí para que se distinga
José Martí, junto a compatriotas emigrados, durante una práctica
de tiro (hoy diríamos preparación combativa) en un antiguo
fuerte de Cayo Hueso, 1893. (Foto: ICONOGRAFÍA MARIANA)
Pero Cuba y Puerto Rico, todavía colonias, no están representadas en el Congreso, ni lo estarán en la Comisión Monetaria. Lo que para ellas reservan los planes estadounidenses lo pronostica Martí en particular con respecto a su patria. Se aprecia en cartas a su colaborador Gonzalo de Quesada, quien, secretario de la delegación argentina en el Congreso Internacional mencionado, será secretario suyo en el Partido Revolucionario Cubano.
Es conocida la previsión que estampa en una de esas cartas: “Sobre nuestra tierra, Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres: Ni maldad más fría”. Los sucesos de 1898 certificarán la claridad de la visión martiana.
Un mundo
Para preparar la guerra y los cimientos de la república futura, funda Martí el Partido Revolucionario Cubano, y sabe que este sería nulo, “aunque entendiese los problemas internos” de Cuba y quisiera resolverlos, si ignorase “la misión, aún mayor, a que lo obliga la época en que nace y su posición en el crucero universal. Cuba y Puerto Rico entrarán a la libertad con composición muy diferente y en época muy distinta, y con responsabilidades mucho mayores que los demás pueblos hispanoamericanos”.
Para estos últimos, a inicios del siglo XIX, aunque el sembrador Simón Bolívar y otros intuyeran el peligro que se gestaba en los Estados Unidos, ese país no representaba la amenaza que en las postrimerías de la centuria significaba, con implicaciones más graves aún, para territorios dominados por el coloniaje español: “En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder,–mero fortín de la Roma americana;–y si libres–y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora–serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte”.
A Manuel mercado Martí envió la carta que se considera su testamento politico
Manuel Mercado, presente en los Versos
sencillos
de José Martí: “yo tengo/
Allá en México un amigo”
,
recibió la carta que se considera por
excelencia el testamento político
del héroe.
(Foto: Cortesía de ALFONSO HERRERA
FRANYUTTI)
Por qué está en juego el honor de esa república lo expone Martí con una advertencia increpante y nutrida de realidad: “en el desarrollo de su territorio–por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles–hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo”. De semejante política -Martí lo advierte claramente de diversas maneras- se derivarán males hasta para el mismo pueblo de la voraz nación.
Frente a desafíos colosales, tarea colosal: “Se llegará a muy alto, por la nobleza del fin; o se caerá muy bajo, por no haber sabido comprenderlo. Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son solo dos islas las que vamos a libertar”. Declara que “la verdadera grandeza” radicará en “asegurar, con la dicha de los hombres laboriosos en la independencia de su pueblo, la amistad entre las secciones adversas de un continente, y evitar, en la vida libre de las Antillas prósperas, el conflicto innecesario entre un pueblo tiranizador de América y el mundo coaligado contra su ambición”. El calificativo innecesario es tenue ante los intereses en juego.
Encrucijada
Lo que se decide es vital: “Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba se levanta para todos los tiempos”. En la carta a Henríquez y Carvajal, donde ratifica su voluntad -de alcance planetario- de “servir a este único corazón de nuestras repúblicas”, dice en términos rotundos: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”. Con hechos como el saqueo a México, y los planes de dominar la economía y la política del continente, el honor de la potencia ya estaba lastimado. Con el aumento de sus prácticas expansivas, generadoras de desequilibrio mundial, se quebrantaría aún más.
El mismo día en que escribe aquella carta, fecha Martí el texto que se conoce con el título de Manifiesto de Montecristi, primer programa público de la gesta que ya arde en Cuba. No lo mueven ni prudencias mal entendidas ni entusiasmos infundados, sino el conocimiento de los conflictos medulares que el independentismo tiene ante sí: “En la guerra que se ha reanudado en Cuba no ve la revolución las causas del júbilo que pudiera embargar al heroísmo irreflexivo, sino las responsabilidades que deben preocupar a los fundadores de pueblos”.
Caída de martí en Dos Ríos
La tragedia de Dos Ríos, imaginada en 1917 por el pintor
Esteban Valderrama. (Fotocopia: E.C.L.)
La contienda tiene una enorme significación: “La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo”. Para salvar ese equilibrio se necesita crear “un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo”, afirma.
A Henríquez y Carvajal le dice: “De Santo Domingo ¿por qué le he de hablar? ¿Es eso cosa distinta de Cuba? ¿Vd. no es cubano, y hay quien lo sea mejor que Vd? ¿Y [Máximo] Gómez, no es cubano? ¿Y yo, qué soy, y quién me fija suelo?” Líneas más adelante convoca: “Hagamos por sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la cordillera de fuego andino”.
Deber mayor
Otro texto epistolar refuerza el sentido con que el revolucionario cubano concibe la guerra. Ya en Cuba, entre las prisas y contingencias de la contienda, le escribe al mexicano Manuel Mercado, su confidente por excelencia, la carta fechada 18 de mayo de 1895. La muerte lo sorprende al siguiente día y tensa el carácter testamentario del texto, cumbre de lo que ha sostenido durante años.
A Mercado le resume conversaciones que ha tenido, en campaña, con Eugene Bryson, corresponsal en Cuba de The New York Herald, de las cuales nace el mensaje que el patriota dirige a ese diario estadounidense, donde se publica, en traducción mutilada y adulterada, el mismo día en que él muere. El texto se conoce en su plenitud gracias a que el original, en español, se salvó.
El mismo corresponsal le confiesa que el militar y político español Arsenio Martínez Campos, con quien se ha entrevistado, le ha dicho que el gobierno español se entenderá con el estadounidense antes que aceptar la victoria cubana. Eso le confirma a Martí sus previsiones sobre el tema. A Mercado empieza por decirle: “Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber–puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo–de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.
Monumento a martí en el cementerio de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba
El Mausoleo que guarda los restos del héroe en el cementerio
de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, es venerado sitio de
peregrinación. (Foto: EDUARDO PALOMARES)
No es resolución de última hora, sino decisión pensada y madura: “Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”, afirma, y añade: “En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.
Lo que Martí, y no del todo, ha mantenido “en silencio y como indirectamente”, no es su pensamiento antimperialista, sino el hecho de que, en su proyecto, la lucha armada no se dirige ya en lo fundamental contra el poder de España, aunque todavía este no ha sido derrotado, sino contra los planes de los Estados Unidos. Proclamarlo habría sido una torpeza en quien, por sus mismas labores conspirativas, se ha visto obligado a vivir largamente en ese país.
A ello alude en la carta: “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:–y mi honda es la de David”, palabras ubicadas entre el relato de su plática con Bryson y estas otras sobre la gesta cubana y su contexto: “Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos–como ese de Vd. y mío,–más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia,–les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato de ellos”.
Con la masa creadora
Martí advierte a Mercado hasta sobre la pretensión de la emergente potencia norteña de elevar a presidente de México a un político más fácil para ella de manejar que el caudillo Porfirio Díaz. La actitud entonces de este último explicará que Martí –quien abandona México a finales de 1876 ante el levantamiento anticonstitucional de ese político–, al parecer se entrevista con él en 1894 en pos de apoyo para la revolución cubana. Se sabe que lo intentó.
Urge allegar recursos para una contienda que debe vencer grandes valladares. El anexionismo y el autonomismo se agitan en la isla y sus cúpulas se apiñan entre los más opulentos. A las dos tendencias pudiera aplicar Martí la caracterización que en el texto destina a la segunda: “especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta solo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,–la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,–la masa inteligente y creadora de blancos y negros”.
Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución que lleva su nombre, en La Habana. NOTA: Si no funcionara para la edición impresa, pudiera mantenerse para la digital
José Martí: palmas, bandera y sol en la Plaza
de la Revolución que lleva su nombre.
(Foto: L.T.S.)
Aunque “la actividad anexionista” le resulta igualmente repudiable, Martí aprecia que es “menos temible por la poca realidad de sus aspirantes”. En otras palabras: ansiarán que Cuba se convierta en un estado más de la federación norteña, pero no es lo que interesa a los gobernantes de esta, que se proponen someterla. En tales circunstancias el anexionismo, como el autonomismo, pero plegado más explícitamente que este a los designios de la nación del Norte, abona un ambiente favorable a los planes que la rigen desde el gobierno.
La revolución está en los inicios de su etapa armada, y se le oponen obstáculos enormes. No ignora Martí la posibilidad del fracaso; pero sabe que la guerra es necesaria para preservar el espíritu independentista y, en todo caso, dejar trazada la senda hacia futuros afanes liberadores.
La historia no es el simulacro o farsa en que quisieran tornarla ciertos representantes de una academia promovida desde el poderoso Norte, sino un conjunto de fuerzas actuantes, materiales y morales, que no se borran con maniobras deshonrosas para exterminar el pensamiento liberador y sustituirlo por la ideología del sometimiento.
Cultivando la vocación de dignidad y soberanía, el pueblo cubano se mantiene fiel a un legado que le reclama su constante mejoramiento en la utilidad de la virtud, y solidaridad con otros pueblos, empezando por los de nuestra América. Olvidarlo sería una mayúscula deslealtad a cuanto Martí hizo y, de no haber caído en combate, habría seguido haciendo. Como siguen haciéndolo su ejemplo y su ideario.

jueves, 26 de febrero de 2015

Las conversaciones actuales entre yanquis y cubanos. La "Pax Gringa"

Por  Nyls Gustavo Ponce Seoane*

 “…ninguna distinción habré de hacer entre tirio y troyano.”
Virgilio, en La Eneida


Actualización de una expresión antigua.

Comúnmente  con la expresión “tirios y troyanos” se designa a los  partidarios de opiniones o intereses opuestos. El origen de la misma se remonta a la Antigüedad y se encuentra en la rivalidad que existió entre las ciudades de Tiro y Troya, por la hegemonía del  Mediterráneo.

De ahí que "tirios" y "troyanos" se hayan tenido, a lo largo de la historia, como símbolos de la rivalidad y la divergencia. Y eso explica el sentido de la frase "tirios y troyanos" para referirnos a grupos opuestos o rivales

Sin embargo, la expresión se ha generalizado y es utilizada también para señalar que alguien o algo son aceptados por parte de dos bandos enfrentados, para resaltar lo llamativo del caso, ya que, por lo general, no es corriente que dos grupos contrapuestos coincidan en algo.

Se puede decir que esta es una de las muchas locuciones que tiene la lengua para expresar una totalidad que contrapone dos extremos y que ha tenido otras variantes sinónimas a lo largo de la Historia, como son justos por pecadores, moros y cristianos y otras,  acorde a la importancia o influencia  de determinados hechos e ideas de una época que han hecho que dichas frases  hayan trascendido para la posteridad.

El impacto provocado a nivel mundial por lo proclamado el 17 de Diciembre por los Presidentes de Cuba y de EE.UU. puede conllevar, con justificación histórica, a la actualización de la antigua frase, solo que ahora sería  entre “yanquis y cubanos”. Los primeros caracterizados por negocios, dinero y hegemonismo, han hecho célebre la frase de que “Los “americanos” no tienen amigos, solo tienen intereses”. Los segundos apuestan por acciones de ayuda y cooperación solidarias, y la emancipación. Son “de patria o muerte”, en el sentido martiano de que Patria es Humanidad.

Ese día, sin lugar a dudas histórico, fue  muy importante para  Cuba,  para los EE.UU., para todos los hijos  de  Nuestra América y del mundo por lo que significó de intentar lograr acuerdos que, en definitiva,  pueden ser considerados de paz, mediante conversaciones diplomáticas.

Esto se debe  tener presente a la hora de realizar cualquier análisis por estar puestos los ojos esperanzados de todo el mundo en la marcha de las conversaciones que se realizan y que se harán.

Es una nueva página de la historia que recién comienza, por lo que los opositores, que  ven sus intereses en peligro, deben cambiar el discurso y la actitud utilizados hasta el presente. Se deben incorporar a la construcción de  nuevas relaciones con profundos cambios de paradigmas de una vez por todas.

Por otra parte, si de verdad se quiere el éxito de las mismas, debe cesar la prepotencia hegemónica del poderoso y  la guerra mediática que, mediante la creación  de sutiles reflejos condicionados, norma y “formatea “  a las personas para su mejor control, inhibiéndoles la capacidad de pensar por sí mismas, pero que  al mismo tiempo, en relación con Cuba, ha sido poco fértil y productiva, como  lo demuestran los casos de Tele Martí y 14ymedio, que no tienen influencia pública alguna; más daño hacen algunas medidas burocráticas administrativas absurdas que se han tomado…

El  empleo de  otra  antigua  expresión.

En latín la expresión se conoció como “La Pax Romana” y se utilizó para denominar a un largo periodo de  paz impuesto por el  Imperio  Romano  a los pueblos por él sometidos.

En la historia también se conoce como “La Pax Augusta” ya que fue Augusto el que la inició, propició e instrumentó  a partir de  su declaración del fin de las guerras civiles.

La  denominación  de “Pax Romana“ proviene del hecho de que la administración y el sistema legal romanos  impusieron un dispositivo que implicó una paz armada hacia el interior del Imperio mediante el cual se pacificaron las  regiones más conflictivas  que habían sufrido disputas entre tribus, jefes, reyes y ciudades rivales que no beneficiaban la hegemonía imperial.

Durante  la misma, el Imperio  tuvo su mayor prosperidad económica y cultural, así como su máxima extensión geográfica, favoreciendo, además, el despertar de Oriente y la bonanza de Occidente.

La esencia  de  ella fue que los pueblos sometidos tuvieron que acatar las nuevas órdenes del poder central, lo que le permitió al Imperio hacer  sólo guerras hacia fuera del mismo, poniendo fin a algunas guerras internas que  lo perjudicaban y hacían daño. La paz interna o armada incidió en una mayor estabilidad desde el punto de vista institucional. Esto fue lo que hizo que repercutiera  en beneficios para el comercio y la cultura. Sin embargo, los combates  continuaron contra los partos y los germanos, entre otros pueblos de la periferia.

Históricamente, la Pax Romana coincidió en el tiempo con la denominada  “Pax Sínica” (La Paz China) que estaba teniendo lugar en el  este de Asia. Esta estabilidad que disfrutaron China y el Imperio romano favoreció el comercio y los viajes de larga distancia entre las dos esferas de poder.
Por analogía o semejanza histórica, la historiografía del pasado siglo  nombró como “La Pax Americana” al período de paz relativa que existió en el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que coincidió con la posición económica y militar dominante de los Estados Unidos, siendo similar al período de paz en Roma.
Sí, porque esa Paz Americana es en mucho como una Paz Romana de  aquellos días. En ambas situaciones el período fue de una paz relativa pues, aunque fue un tiempo de prosperidad para los estadounidenses, las guerras continuaron ocurriendo fuera  sus fronteras: los Estados Unidos estuvieron implicados en otras guerras como la de Corea y Viet-Nam e invasiones como la de Santo Domingo y Granada.
Terminada la guerra fría con la victoria bajo el liderazgo de los Estados Unidos se dieron las máximas condiciones para la imposición de “la Pax Americana” casi sin límites. Se pasó a un mundo unipolar bajo la hegemonía de los EE.UU.
Desde entonces pasó a existir una modalidad de invasión y destrucción de países, junto con la OTAN, de la que Afganistán e Irak  fueron los casos iniciales, pero cuyo efecto destructor se ha diseminado a países como Libia, Siria y Yemen, con potencial de extenderse hacia cualquier otro. Nunca el panorama ha sido tan desalentador y sin control, con perspectivas de empeoramiento, conforme la acción militar y política de los Estados Unidos,  que se intensifica, arrastrando a sus aliados, manteniendo el espionaje y operaciones encubiertas en varias naciones.
“La Pax Gringa”, nueva modalidad de la Pax Romana-Americana.
Debido a la similitud histórica, lo cierto es que con esta llamada “Paz”  se trata  de aumentar el control  interno donde tienen el poderío e influencia, para evitar  que  los pueblos, como en aquella época sucedía, se salgan fuera de su campo de influencia.
Entonces, de  la misma  forma que la antigua  expresión  “tirios y troyanos” adquirió en el transcurso de la historia  diferentes modalidades,  esta de la Pax Romana y Pax Americana se puede perfectamente actualizar, adaptándola a las nuevas condiciones que surgen en América Latina; teniendo en cuenta además las “nuevas” relaciones que desean establecer los EE.UU. con Cuba, a las cuales se han visto prácticamente obligados. Es por lo que adaptándola al lenguaje de América Latina, bien se le puede llamar “La Pax Gringa
 Fundamento para llamarla así hay, pues la naturaleza imperial  de los Estados Unidos no ha cambiado como lo demuestran las declaraciones abiertas de Barack Obama  sobre el fracaso  de la política dura con respecto a Cuba, sostenida durante más de 50 años, que los ha obligado a cambiar de táctica , pero no de estrategia, como él mismo inicialmente declaró; el desayuno de trabajo realizado por Roberta Jacobson con representantes de minúsculos grupos contrarrevolucionarios inmediatamente después de la primera ronda de conversaciones oficiales con el gobierno cubano en La Habana y sus declaraciones de continuar apoyándolos y  de mantener los privilegios de los emigrantes cubanos y posteriormente, las audiencias celebradas en las Comisiones de Relaciones Exteriores y de Derechos Humanos del Legislativo norteamericano donde intervinieron traidorzuelos cubanos de poca monta que fueron irrespetuosamente llamados y citados a declarar en ellas y donde manifestaron su oposición a la nueva política yanqui con Cuba.
Evidentemente, estos son, de hecho y de derecho, los primeros obstáculos impuestos por la administración norteamericana, desde el mismo comienzo de las conversaciones para la restauración de las relaciones diplomáticas,  al estarse entrometiendo en los asuntos internos de Cuba.
Deben ser denunciados y dados a conocer abierta y públicamente por la parte cubana, para que nadie se llame a engaño, ni amigos ni enemigos, de que si las negociaciones fracasan, la culpa es de ellos y por qué.
Esto es más que necesario decirlo, más aún cuando el objetivo de La Pax Gringa, no nos llamemos a engaño, no es sólo Cuba, sino que, como siempre han querido, después de neutralizada esta,  caer “con esa fuerza más” sobre los pueblos de Nuestra América.
Obviamente, el peso del temor a perder Latinoamérica es mucho mayor que el de hacer negocios con un pequeño y económicamente débil país como Cuba; más aún cuando las fuertes y continuas presiones políticas y diplomáticas de los países latinoamericanos consiguieron que Cuba va a estar presente en la Cumbre de las Américas.
Entonces, el Imperio necesita La Pax Gringa, quizás ahora más que nunca para:
- recuperar la influencia política debilitada sobre lo que otrora fue su “patio trasero”, que en definitiva, siempre lo reforzó a nivel mundial.
 - recuperar la proyección hegemónica en una región en auge económico, y participar e influir en los grandes proyectos de infraestructura, como el de la ampliación del Canal de Panamá, el megapuerto del Mariel, las exploraciones petrolíferas en el Golfo de México, el Canal de Nicaragua y otros.
- recuperar a Venezuela, no solo mediante el “dumping” en los precios de petróleo, sino también mediante  la organización de provocaciones subversivas internas para cambiar su gobierno.
- tratar de producir un distanciamiento entre La Habana y Caracas.
- tratar de atraer a Brasil nuevamente a su esfera de influencia y sacarlo de los BRICS.
- tratar de impedir el aumento de las relaciones económicas y comerciales chino-rusas con la región y que estas puedan conllevar a la presencia militar de dichos países.
Por lo tanto, es posible que Obama con este paso del cambio de táctica hacia Cuba esté dando, además, otro paso: el paso del gigante de las siete leguas, en su política exterior hacia Latinoamérica.
La Embajada y la implementación de la Pax Gringa
Ha llamado la atención -y se ha señalado por casi todos los analistas- lo apresurado que están los norteamericanos por reabrir su Embajada en La Habana lo más rápido posible.
Esto, claramente, responde a sus intereses de recuperar el control sobre Cuba y de la región latinoamericana por lo que significa una Embajada para ellos como canal de comunicación e información, comenzando por establecer una estación CIA, y, lo que es más importante aún: el establecimiento de La Pax Gringa.
Con respecto a Cuba, después de haberla perjudicado tras más de 50 años de bloqueo, lo que ahora ellos desean, con las nuevas relaciones, es darle el abrazo del Ogro-gigante a Pulgarcito-Meñique, para aplastarlo con sus millones.
Y estas relaciones, aunque son en parte positivas para los cubanos, por lo cual nos hemos alegrado, no debemos dejar de ser cuidadosos y estar alertas ante ellas, pues está en juego nuestra independencia y soberanía, lograda y sostenida “a capa y espada” por varias generaciones. Sin regir al dialogo y a los acuerdos, Meñique debe ser hábil y astuto ante el gigante de las siete leguas. Está obligado a serlo.
Quizás se crea que esto pueda ser una simple especulación extremista ideológica sobre el futuro de Cuba. Pero es que ahí están los hechos históricos de lo que significó, más que la Embajada, los embajadores norteamericanos para el gobierno y pueblo cubanos, los que representaban a aquél país en éste.  Los que lo vivimos, no lo olvidamos. Es más, eso contribuyó fundamentalmente a nuestro antiimperialismo, en pensamiento y en sentimiento…
Si hasta ahora los cubanos hemos estado más de medio siglo sin su Embajada ni sus embajadores, no debemos tener apuro alguno ni prisa para volverlos a tener. Para nada.
Si no aceptan nuestras propuestas y planteamientos de que nos quiten el pie de encima, como lo han hecho hasta ahora; de condiciones de respeto e igualdad y de colaboración mutua que deben existir entre nuestros dos pueblos, entonces, no tendrá sentido alguno las relaciones. Es elemental y evidente que “nos quiten el pie de encima” para el restablecimiento de las mismas, como también lo es, que después de quitado, en su nueva táctica, intenten darnos un traspiés. 
Es por eso que estas conversaciones con ellos deben efectuarse sin prisa, pero con pausas, para sopesar bien lo logrado o no y en base a esto, tomar decisiones para nosotros vitales. Que no piensen que se nos está dando una dádiva.
Fidel, en una reflexión reciente, planteó su desconfianza en los políticos norteamericanos. Algunos se asombraron, y hasta no les gustó. Hubo refunfuños. Oportunistas y renegados siempre los hay.
Sí, porque tal asombro y mortificación sólo puede ser de gente motivada por intereses individuales, personales; más aún cuando hay toda una historia que habla y dice más de lo que puede decir una sentencia.
Advertidos hemos estado, no de ahora, sino desde hace mucho tiempo atrás, desde siempre, cuando el Ché, que fue el primero que intentó establecer contactos con ellos, nos dejó dicho, en expresión simpática, una frase que a todos nos gustó en su momento y que gusta incluso ahora cuando la transmiten por la televisión y que fue cuando dijo que “del imperialismo no se puede confiar ni un tantico así” (e hizo esa seña con sus dedos).
La Habana, 25 de febrero de 2015.

Enviado por su autor
*Ingeniero Geólogo. Investigador Auxiliar, Instituto Geología y Paleontología, Ministerio de Energía y Minas de Cuba

miércoles, 25 de febrero de 2015

Eusebio Leal en el acto por el aniversario 120 del reinicio de nuestras Guerras Independentistas (+ Video)


Intervención de Eusebio Leal Spengler, Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el acto por el aniversario 120 del reinicio de la Guerra de Independencia y de condecoración a los Cinco Héroes, en el Palacio de Convenciones, el 24 de febrero del 2015, “Año 57 de la Revolución”

Querido General Presidente Raúl Castro Ruz;
Queridos compañeros Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René;
Queridos compañeras y compañeros;
Cubanas y cubanos:

Un día como hoy, como se ha dicho, hace 120 años comenzó el levantamiento del pueblo cubano para alcanzar su definitiva y total independencia. El amor a esa libertad, a esa soberanía, a esa esperanza, se inició mucho tiempo atrás, quizás desde el instante mismo en que empezó a formarse lo que llamamos comúnmente la identidad. Los que llegaron de distintas latitudes de Europa, ya de la España conquistadora o del África, o los vestigios de las comunidades indígenas, en trance de extinción pero sobrevivientes, unieron sus sangres para formar algo que José Martí llamaría en palabras emotivas “dulcísimo misterio”.

El concepto de cubano viene del nombre de nuestra isla, Cuba. Nunca pudo ser cambiado, prevaleció por sobre el intento de darle otros nombres, otras atribuciones. El nombre, sonoro y breve, quedó prendido en el corazón de los que lo escucharon por vez primera. Más allá del mar azul del Caribe, que se descubre desde la orilla de nuestras playas o desde el aire, Cuba aparece con la forma tan hermosa con que a las puertas del golfo de México establece la isla su presencia y su naturaleza.

En realidad nunca nos llamamos isleños, a pesar de que no es una, sino muchas islas las que conforman nuestra realidad. En el seno de ellas fueron surgiendo, a lo largo de los años, percepciones donde todo lo anterior que traía el conquistador o el conquistado como memoria fue cediendo lugar a algo diferente, que surgió en la manera de construir, que siendo igual o pareciéndolo era distinta. Surgió en el horizonte de la poesía, del canto campesino, de la voz de los poetas de más vuelo. Surgió también, tempranamente, en el pensamiento de los más inquietos, entre los que comenzaron a llamarse criollos.

Entonces éramos solamente un país. El país es un espacio. La patria comenzó a ser un sueño, una aspiración, y la nación, un derecho por el que había que luchar, una nación con leyes, una nación que sería depositaria y respetuosa de su propia cultura, una na­ción que sabría ir al futuro desde el pasado.
Allá en su retiro, muy cerca de Cuba, adonde quiso ir a morir ante la imposibilidad de llegar a ella, el presbítero Félix Varela exclamaba: “No hay patria sin virtud ni virtud con impiedad”. Pero, además, los últimos que le vieron afirman que les dijo: “Ofrezco todos mis sufrimientos y sacrificios por Cuba”.

Ese mismo sentimiento llevó a Heredia, en el padecimiento de su destierro, a sembrar en el alma cubana el espíritu de una patria, y eso alentó a los primeros que se rebelaron y encontraron que no había fronteras que cruzar más que el océano, que la lucha en última instancia sería aquí; que contra el cepo, el látigo, la discriminación, la humillación y la negación propia de la humanidad surgiría un día de redención y de libertad.

José Martí, autor del intento y del fundamento de la unidad de la nación cubana, creyó firmemente que no venía nuestra América ni de Rousseau ni de Washington, venía de sí misma. Al mismo tiempo, en la medida en que aún muy joven fue madurando su pensamiento, se acercó más a esa sufriente raíz de los orígenes: a Guaicaipuro, a Hatuey, a Guarina, a Cao­nabo, a todos los que enfrentaron el saber, como ha afirmado un pensador latinoamericano, que un determinado día y en una determinada hora nos habíamos enterado de que, primero, éramos indios; segundo, que nuestras teologías y nuestras ideas del bien o del mal eran distintas; que debíamos soberanía a un rey distante y que todo debía ser cambiado.

Sin embargo, más allá del dolor y el sufrimiento de aquellas primeras comunidades, que soportaron la mordida de los lebreles, el hierro de las cadenas y el fuego, como Hatuey, en Yara, donde vivía por los siglos la tradición de que en tiempos de tribulación o de esperanza un fuego misterioso se encendía en la noche iluminando el monte, Cuba fue forjándose, fue haciéndose y fue, desde lo que Martí juzga “la inocencia culpable” de un patriciado que, obteniendo su riqueza de la esclavitud, comenzó sin embargo a dar­se cuenta de que ya sus hijos no necesariamente pensaban como ellos, que necesitaban ardorosamente un cambio y que ese cambio pasaba por una autentificación de su identidad.

Cada pueblo nombrado, o cada una de las siete primeras ciudades, excepto tres, llevaron la impronta del lar indígena.
Así, Santa María del Puerto del Príncipe sobre el Camagüey, San Salvador sobre el Bayamo, La Habana sobre las huellas de Habaguanex, y así cada uno de los rincones y lugares repetían en la toponimia del suelo una presencia más antigua que empezaba a convertirse ya solo en una arqueología. O confundida con la sangre del conquistador dio a luz, como ha señalado el que fuera ilustre diputado de nuestra Asamblea, Cintio Vitier, el primer maestro, Miguel Velázquez que allá en Santiago de Cuba, donde tiene un modesto monumento, hablaba de que era tierra dominada y como de señorío. Un sentido de rebeldía antiguo vino desde abajo, y ese sentimiento rebelde se fue convirtiendo en más fuerte en la medida en que la esperanza de cualquier cambio político, fundado en la consideración del conquistador sobre el conquistado, era prácticamente imposible.

A la sublevación de los esclavos que primero llevaron los nombres de su lugar de origen: Juan Congo, Antonio Carabalí, Miguel Fula; sucedió el apellido que en la pila recibieron de sus amos: Morales, Ar­menteros, Cárdenas y así de esa gran cofusión y amalgama indo-hispano-africana, fue surgiendo nuestra identidad orgullosamente mestiza de la sangre y de la cultura.

Se hizo pronto realidad en la música, como lo fue en la poesía; era diferente en el paisaje tan distinto a las áridas pero hermosas tierras de Castilla, o la brumosa Galicia o Asturias, o las Islas Canarias... era otra cosa. Y para los propios africanos la tierra tenía sus misterios: ciertos árboles les recordaban los suyos, algunos que consideraban sagrados fueron objeto de sus cultos. Y muy pronto fue naciendo, lentamente, lentamente, lentamente, una aspiración que fue convirtiendo el país en el sueño de una patria.

A los grandes precursores, a los que murieron con la esperanza de construirla, debe Cuba todavía sentidos homenajes.

Y como decía hace unas horas un juicioso historiador: la historia de nuestras luchas todavía, a pesar de todo lo que está escrito, está por escribirse. Faltan muchas biografías, muchos heroísmos, muchos silencios, muchas lágrimas que nadie enjugó que deben ser cantadas por los poetas, como pedía José Martí a José Joaquín Palma, cuando le decía a su ilustre amigo, biógrafo de Céspedes, bayamés de cuna: “Lloren los trovadores republicanos sobre la cuna apuntalada de sus repúblicas de gérmenes podridos; lloren los bardos de los pueblos viejos sobre los cetros despedazados, los monumentos derruidos, la perdida virtud, el desaliento aterrador: el delito de haber sabido ser esclavo, se paga siéndolo mucho tiempo todavía”.

Y luego dirá: “Nosotros tenemos héroes que eternizar, heroínas que enaltecer, admirables pujanzas que encomiar:
tenemos agraviada a la legión gloriosa de nuestros mártires que nos pide, quejosa de nosotros, sus trenos y sus himnos”.
Y los que se anticiparon y se conjuraron, estuvieron dispuestos a perderlo todo, a sacrificarlo todo.

Ya a principios del siglo XIX la América parecía haber resuelto el problema y una inquietud profunda sacudía de una u otra parte el continente. Valientes pensadores explicaron los derechos de una América independiente, y algunos líderes se atrevieron a de-safiar el poder y a morir como Gual y España en una plaza de Caracas, siendo ejecutados antes de que llegara la hora.

Exactamente en Cuba, en el silencio de las logias, trabajaron “Frasquito” Agüero y otros para hacer un texto constitucional de una república ideal, utópica y futura. Los años pasaron y al parecer para muchos, unido a la trata esclavista, el destino de Cuba pasaba necesariamente por ser una estrella más de la unión del sur de Estados Unidos, algunos invocaban hasta la providencia divina para asegurarlo. Sin embargo, otros creían todo lo contrario: Cuba no debe esperar más que solidaridad; pero nuestro problema debemos resolverlo nosotros mismos, y esa solución, invocada ya por Varela y enseñada por Luz en su escuela, como educador y formador de una juventud rebelde, adquirió dimensión en lo que él llamó “el sol del mundo moral” que caerían reyes e imperios, pero que jamás caería del pecho humano.

Mucho debe Cuba a Luz, y Martí afirma que lloró dos ve­ces, por Luz y por Lincoln, dice, sin haber conocido a Luz ni a Lincoln. Luego, del segundo, dice que supo, y aconsejado por un mal político y por un mal hombre, quiso lanzar sobre Cuba toda la hez del Sur derrotado.

Sin embargo, venidos de allá?? de América, donde ha­­bían pre­senciado el gran debate en el Sur y el Norte, no pocos cubanos quisieron luchar también por la libertad de su patria. En Cuba el movimiento de búsqueda de la anexión a la nación norteamericana se fue debilitando en la medida en que el Sur iba siendo derrotado. Otros creían que era posible un camino: reformas, reformas y solo reformas. La aspiración a una concesión política, más que a una conquista política.
De esa ardua batalla entre dos corrientes surgió una victoriosa que se empezó a manifestar en distintos puntos del occidente, el centro y el oriente.

Ya en 1851, en una plaza de Camagüey, Joaquín de Agüero era ejecutado. Se dice que un joven, un adolescente fue llevado al dramático escenario de su ejecución y que mojó en su sangre su pañuelo; sería el que algunos llamarían: Bayardo y otros El Mayor, el letrado, el poderoso defensor de las ideas políticas y sociales, el que sería Mayor General del Ejército Libertador y líder del pensamiento abolicionista en Camagüey.

Mientras, en Oriente, más allá de Jobabo se reunían una y otra vez, y así lo hicieron por penúltima vez en lo que llamaron la Convención de Tirsán, en un lugar nombrado San Miguel del Rompe. Allí se escuchó la voz del más inquieto, del hombre de pequeña estatura, de grande y variado talento, abogado que había recorrido el mundo, buen jinete, jugador, afortunado, amante del amor y los placeres de la vida, pero dispuesto a renunciar a todo clamó por un levantamiento sin esperar más.

Otros con más riqueza, pero con no menos determinación aspiraban a un nuevo periodo de zafra para reunir con qué hacer la batalla definitiva, y sin embargo un juramento surgió de todos los conjurados: Si esta conspiración es descubierta, el primero al que intenten apresar, se levantará.

La madrugada del 9 al 10 de octubre Céspedes, en el patio de su ingenio La Demajagua, con apenas 37 hombres, a la vista del Golfo de Guacanayabo y contemplando en el horizonte la sierra magnífica, se dirigió a aquellos compañeros suyos proclamando no solamente la necesidad de luchar y arrebatar las armas del adversario, único camino posible, sino lanzando un tizón encendido sobre una isla esclavista. Sus propios esclavos serían libres y tendrían el derecho a luchar por su libertad y por su patria.

El concepto de patria se había unido a la ambición por una nación y en una fecha venturosa tomaron la primera de las ciudades orientales. Esa primera ciudad fue Bayamo, que después entregaron a las llamas en el momento en que todo parecía perdido. A las puertas de las casas de los conjurados o de los jóvenes más comprometidos llegaron los primeros guerrilleros solicitando pan y armas. En San Luis uno tocó a la puerta de Marcos y de Mariana, la insigne Mariana —este año es el bicentenario de su nacimiento—. Poderosa madre de una nación que en ese momento pone a sus hijos de rodillas y les hace jurar, ante el Cristo que toma de la pared del aposento, que lucharán hasta morir por su patria, juramento que se cumplió para casi todos.

Años de lucha y de sacrificio. Ninguna historia, ni española ni cubana, ha logrado hablar en toda su magnitud de lo que sufrió la familia, el niño, la mujer cubana, el campesino cubano. Peleábamos contra un ejército aguerrido y batallador, que venía de vindicar sus querellas en la península, en las largas guerras carlistas y ahora, en Cuba, por decenas de miles enfrentaban el levantamiento de los cubanos. Ya habían surgido entre nosotros guerrilleros temibles. Ante el temor de la toma inexorable de Bayamo, esperó con un puñado de hombres escogidos, en un punto llamado las Ventas de Casanova, un guerrero dominicano acostumbrado a combatir en la guerra de restauración de su propia patria y contra el invasor extranjero; allí demostró que esa arma, usada hasta ahora para vindicaciones de honor o cortar caña, sería la más importante en la lucha. Todavía se conserva en un museo en la península, una carabina cortada de un solo golpe por un machetazo fiero; tal fue el combate que duró segundos, que duró momentos, lo que permitió dar cuenta al enemigo de que había nacido un adversario, hijo de su sangre, que sería capaz de luchar por su libertad y alcanzarla.

Bayamo fue incendiada como una nueva Numancia y eso les anunció el futuro y el destino. Ya en 1853, en una humilde casa de la calle Paula, hijo de español y de española, había nacido José Martí. En ese mismo año muere el Padre Varela, en San Agustín de la Florida, y muere Domingo del Monte, en Bar­celona, dos poderosos pensadores se extinguen. Pero más me interesa el primero; el segundo, hombre de gusto, literato, diseñador de vida social y pensador agudo. El primero, revolucionario integral, que opta por la abolición de la esclavitud, por el reconocimiento de la independencia americana, que se convierte en defensor de los pobres, que publica su periódico y lo envía a Cuba.

Sus discípulos le lloraron, pero nadie sabía entonces que en la propia pila bautismal en que había sido bautizado José Julián, había sido también bautizado el Padre Varela. Cuando desapareció uno, nació el otro.

Y ese joven llamado a un poderoso destino es el que hoy evocamos, al conmemorar la hazaña de la unidad de la nación que él hizo nacer de la desesperación por el fracaso del magno esfuerzo después de tanto sacrificio; él, que leyó con amargura lo que ocurrió en los Mangos de Baraguá y escribió al General Antonio que tenía ante sí una de las páginas más hermosas de la historia de Cuba; él, que sintió como propio el honor de todo el pueblo y las lágrimas de ese pueblo; él, que sufrió las reconvenciones en su hogar; él, que llegó a tener una relación tan intensa y profunda con un padre, que siendo soldado y español, alcanzó a entender, al verlo herido y llagado, prisionero y enflaquecido, que su destino era otro, quizás diseñado en su hermoso poema Abdala, cuando presenta el duelo entre el yugo y la estrella y pide lo uno y lo otro, y está convencido, como afirma, de que esa estrella ilumina y mata.

Exilio, Centroamérica, la América del Sur, los cubanos dispersos, las acusaciones recíprocas, finalmente España, los Estados Unidos. Allí vivió 14 años, y fue, como han afirmado sus cronistas, el cubano que más entendió en su tiempo aquella nación. Admiró las virtudes de Emerson, las del padre Flanagan. Admiró la obra colosal de la construcción del puente de Brooklyn. Asistió puntualmente a las conferencias de Oscar Wilde, a las exposiciones de teatro; enamorose candorosamente de la hermosa bailarina española Charito Otero. Pero más que todo, se dio cuenta del gran fenómeno que en aquella nación se forjaba y que, como había afirmado Bolívar en un momento de extraordinaria lucidez, parece llamada por la providencia a colmar a la América Latina de pobreza y miseria en nombre de la libertad. Se dio cuenta de que si en 1868 nada pudieron esperar, de que, a pesar de que allí siempre existieron, existen y existirán amigos poderosos de Cuba, hubo una dicotomía entre el sentimiento de los amigos y la voluntad de un Estado que siempre quiso de una manera manifiesta impedir la realización de una independencia que creyó inoportuna. Creyó más bien en el cumplimiento de una doctrina trazada por uno de sus políticos, que planteaba que solamente extendiendo la mano en el momento de la madurez de la fruta, esta caería sencillamente en sus palmas.

No obstante todo ello, pasó de ser el orador de última fila, al primero. Cada acto del 10 de Octubre, cada conmemoración cubana, el horroroso recuerdo del 27 de Noviembre, terrible suceso que le sorprendió en España, vuelve todos los años a llevar al orador a la tribuna y a unir lo que estaba desunido. Y de mil octavillas surgió un periódico, Patria, y de mil discursos surgió una orientación política, y de mil disposiciones y pequeñas organizaciones soñó con la creación de un partido político para dirigir una guerra de liberación nacional, anticipándose al concepto de que es imposible hacer una revolución sin una teoría revolucionaria. Su teoría no era otra que nuestra historia, nuestro sacrificio, nuestro esfuerzo. Éramos una nación en ciernes, de derecho, pero no de hecho.

Llamado a poner empatía en la discordia, unió a Gómez y a Maceo. Es inocultable que después del fracaso de 1884 y del encontronazo de Nueva York, ya no había posibilidad de una amistad fecunda para iniciar un nuevo proceso. Hoy diríamos: no hay condiciones objetivas. Sin embargo, Maceo, en Costa Rica, preparaba a su contingente. Preparaba Gómez, en la soledad de Montecristi, en República Do­minicana, o cuando antes se encontraron en la construcción del canal de Panamá amigos dispuestos a ayudar, a dar amparo, a ofrecer techo y pan a los emigrados que por todas partes soñaban y querían su patria. Y de esa forma surgió la organización un 10 de abril, que es un día crítico en la historia de Cuba, el día de la gloriosa Asamblea Constituyente de Guáimaro, donde nació la utopía democrática del pueblo cubano; pero donde también se le puso plomo a las alas de la revolución, donde se pensó que era posible hacer una república de leyes cuando no éramos dueños más que del espacio que pisaban los campamentos y los caballos de los libertadores. En medio de esa realidad, un 10 de abril hace nacer su creación más completa: el partido político, un partido unitario que convocaría al pueblo cubano a una guerra que él consideró inevitable y, después, necesaria.

Inevitable, porque en sus sentimientos nobles, generosos, en su íntima y profunda convicción él había reclamado en su famoso Manifiesto a la República Española, que no le pediría lo imposible, pero le pedía lo posible: los derechos conculcados de Cuba, la representación de Cuba, el derecho de estudiar, de interpretar, de conocer que éramos diferentes. Nada de esto fue escuchado, solamente muchos solidarios en España y en otras partes del mundo creían en la causa de Cuba.

Ahora todo sería más difícil: había un alto desarrollo de la tecnología militar, una situación nueva en el continente americano, las repúblicas sufrían los padecimientos de sus propias divisiones cuando habían dejado intactos trono y altar después del esfuerzo inmenso de la primera batalla.
Recordaban aún las dolorosas palabras de Bolívar en Santa Marta: “He arado en el mar”; la tristeza de San Martín al regresar y encontrar su país dividido; la pena de O’Higgins al morir en Lima, apartado de su tierra amada; el dolor tremendo de Francisco de Morazán al verse capturado y ejecutado por sus propios compañeros, y aún pesaba aquella maldición casi bíblica que había lanzado Miranda, cuando el gran precursor al ser entregado prisionero a las puertas de una nave española, que lo llevará a una prisión perpetua y definitiva, al reconocer los que cometen aquel parricidio, responde: “Bochinche y solo bochinche es lo que saben hacer ustedes”.

Por sobre toda esa historia se levantó Martí, era vasta y grande su cultura como ha señalado uno de sus biógrafos, subía y bajaba escaleras como quien no tenía pulmones, su voz era clara y nítida, su poder de convencimiento grande. Era, al mismo tiempo, un escritor incansable, cuya hermosa letra inicial se ha­bía transformado prácticamente en líneas inteligibles solo para los paleógrafos. Faltaba tiempo, le faltaba tiempo.

Cuando todo estuvo preparado y dispuesto, cuando creyó que todo estaba organizado, cuando había logrado visitar a Mariana Grajales en Jamaica, que ya ciega le acaricia la cabeza y prácticamente con este gesto noble y de rodillas envía un abrazo fraterno al hijo que tanto amaba, a la madre que nunca pudo ver su patria libre; cuando ya separado de todo bien personal, lejos su esposa, apartado de su hijo, muerto su padre, dispersos sus amigos, se le vio pobre en Estados Unidos, trabajando en el invierno ganando el pan, fundando la Liga para educar a los negros cubanos, que bajo la orientación de Rafael Serra se reunían y le llamaban, con cariño y con devoción, Maestro y Apóstol. ¡Qué torpeza tratar de despojarlo de un título tan importante, Apóstol: el que lleva la palabra, el que trasmite un mensaje nuevo y ese fue su mensaje!

Cuando en el puerto de Fernandina se perdieron las naves creyó enloquecer, pero transformándose de José Martí en Orestes, que fue siempre el seudónimo de sus escritos y su seudónimo político, viajó de inmediato a la República Dominicana para buscar al general Gómez en Montecristi, en aquella casa donde en breves días, el 25 de marzo, se cumplirán también 120 años de la firma del poderoso Manifiesto llamando a las armas al pueblo cubano, a los españoles que nada debían de temer si respetaban la patria que había de fundarse. Hubo discordias, no se lograba entender qué estaba ocurriendo. Hoy es fácil para nosotros hacerlo a través de un teléfono, de un mensaje; entonces solamente era el telégrafo con su lenguaje críptico el que anunciaba que la hora había llegado.

Maceo había estado años antes en Cuba y conocía el estado político del país, y en este momento, vacilaba en poder salir hacia Cuba, porque no sabía qué estaba pasando en Estados Unidos y el dinero que se ofrecía para fletar una nave y llegar sanos y salvos no aparecía.

Gómez estaba igualmente pobre en Santo Do­mingo, apenas unos centavos para poder tomar esa determinación, y otros patriotas esperando en distintos lugares, y en Cuba mucha gente avisada en Oriente, en el Occidente, en Matanzas. De pronto el General dio la orden: “Es necesario el alzamiento”, y Martí no vaciló en enviar el telegrama, que su amigo recoge en la estación de la Western Union en la calle Obispo, en La Habana Vieja: “Giros agotados”, lo cual significaba que se había agotado el tiempo. Era la noche del 24 de febrero; el Capitán General tenía la convicción y las informaciones de que se tramaba realmente un movimiento.

Algunos dirigentes fueron capturados en La Ha­bana. Juan Gualberto Gómez, comprometido con su hermano y amigo José Martí, se fue a Matanzas, a Ibarra, en busca del ingenio Vellocino de Oro donde había nacido, para levantarse con un grupo de compañeros y cumplir su palabra.

En Santiago, Guillermo Moncada quiso morir cumpliendo su palabra, enfermo de tisis, pero en el campo de Cuba libre.
En Baire se levantaron, y en Bayate se alzó también Bartolomé Masó, y todo el mundo esperaba solamente la llegada de los líderes. Allá en España la conmoción fue grande, se había desmentido la propaganda autonomista, se había desmentido la propaganda anticubana de que todos eran sueños disparatados de un profeta enloquecido. Ahora solamente faltaba el arribo.

En admirable disciplina y en presencia de los generales y oficiales que estaban en Costa Rica, juraron Antonio y Flor aceptar las condiciones de viajar en las que el segundo le planteaba al primero, y así salieron hasta tomar la goleta Honor y arribar el 1ro. de abril a las costas de Cuba, en un punto del litoral baracoano: “Soy yo, Antonio Maceo, que he vuelto”, gritó en lo alto del camino, mientras fogoneaba con su arma a los guerrilleros de Baracoa. El 11 de abril, día glorioso y memorable, en Playitas de Cajobabo desembarcaban Máximo Gómez y José Martí.

Hace 20 años el Jefe de la Revolución me pidió contar esta historia. Con profunda emoción y como se sube a encender la llama en lo alto del cenotafio donde están los restos de los caídos, traté de cumplir mi deber. Confieso que ha sido un gran honor aquel y este que usted, General Presidente, hoy me ha conferido.

Pero algo más debo decir: El hecho importante y trascendental es que entonces concluí mis palabras clamando porque se levantaran de las tumbas los muertos gloriosos del 10 de Octubre y del 24 de Febrero; clamé por los mártires, por las heroínas, por las cubanas que bordaron banderas pidiéndoles atravesarnos en el camino de un enemigo y adversario implacable que, todo parecía indicar, venía esta vez a cercenar de forma definitiva, jugando con los azares de la historia, el destino de Cuba; pero no fue posible.

Hoy, 20 años después, estamos aquí de pie, en una coyuntura diferente. Nos hemos presentado con hidalguía bajo los mismos mangos orientales, para enfrentarnos con el caballeroso adversario que ofrece al menos detener por un tiempo la mano agresora y darnos la oportunidad de discutir lo que lógicamente será necesario debatir bastante.

Ahora más que nunca hace falta la unidad de la nación, ahora más que nunca la prenda más preciosa debe ser conservada. La fortaleza que nos ha permitido llegar hasta aquí fue aquella que vi esa otra noche de abril en Playitas de Cajobabo cuando, convocados por el líder de la Revolución, llegamos a aquella hora oscura de la noche a la orilla de la playa. Él llevaba la bandera cubana en el asta que le trajo uno de sus ayudantes, y entonces, entrando en el agua a la altura prácticamente del tobillo, se abrió de pronto en el cielo la luna blanca y movió la bandera de Cuba hacia el Sur, hacia el Norte, hacia el Este y hacia el Oeste, diciendo: ¡Aquí estamos!
Y aquí estamos hoy, ¡oh, patria amada!, ¡oh, bandera dulce, por la cual tantos lucharon! No importa que tú, Maestro generoso, te hayas ido tan pronto, aquel 19 de mayo, tuviste una profunda convicción, convicción profunda: “Yo sé desaparecer, pero mis ideas prevalecerán”.

Y esas ideas han prevalecido. Fueron las ideas que se defendieron en el proceso histórico del Moncada. Fueron las que conquistaron a los muchachos que se reunían en la calle de Prado para escuchar la voz de aquel joven que había irrumpido en la universidad como un torbellino, y de quien me dijo una de sus hermanas: un día volvió a la casa y papá ya lo sabía: “Vienes a buscar al chiquito”. El chiquito está aquí con nosotros, y el grande está con nosotros todavía.

¡Viva Cuba! (Ovación)