Por LUIS TOLEDO SANDE
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| El
valor histórico del balcón del Ayuntamiento de Santiago de Cuba creció
el 1° de enero de 1959, cuando desde allí Fidel, junto a Raúl, confirmó
el triunfo de la Revolución. (Foto: Autor no identificado) |
Sin
restar importancia a las dos guerras llamadas mundiales, ni a la
liberación de naciones como China y Vietnam –esta, además, con la
ejemplar victoria sobre la invasión estadounidense en su haber–, del
siglo XX cabe destacar cuatro procesos revolucionarios diversos: en
orden cronológico, la Revolución Mexicana, la Revolución de Octubre, la
Segunda República Española y la Revolución Cubana. Tres de ellos se
ubican en ámbitos de la lengua española, hecho contrastante con el
escaso prestigio que suele concederse a las ciencias sociales expresadas
en ese idioma.
Pero ese ángulo, de interés y merecedor de
atención frente a expresiones de colonialismo fomentadas desde otras
áreas culturales, requeriría un análisis particular. El presente
artículo apenas bordea el significado de la Revolución Cubana desde su
fragua y su llegada al poder, y en su existencia hasta hoy. Haberla
ubicado en el conjunto de procesos aludidos mueve a rozar por lo menos
algunos rasgos de los tres que la acompañan en el esbozo.
La
Revolución Mexicana, cuyo carácter pionero en aquel siglo no parece
tenerse tan en cuenta como sería justo, fue un paso de avance en la
transformación de un país de nuestra América frente a la herencia feudal
que le llegó de su formación como colonia. La importancia de esa
Revolución no debe ocultarla ningún estancamiento sufrido con el tiempo y
al influjo de los forcejeos clasistas y presiones externas, lo que se
dice sin afán de agotar el tema.
La de Octubre no se limitó a
“diez días que estremecieron el mundo”: sumó décadas de una siembra
emancipadora que incluyó tanto liberar a Rusia y sus colonias del
zarismo como propiciar el nacimiento de varias naciones marcadas por
aspiraciones socialistas. Generó, en fin, valiosas transformaciones
internas y un baluarte para la derrota del fascismo en la Segunda Guerra
Mundial.
A pesar de grandezas tales, deficiencias y males
internos contrarios al socialismo le impidieron llegar viva a los
finales de la centuria en que tantos logros cosechó y nutrió tantas
esperanzas, aunque haya interesados en negar unos y otras. Las causas
del desmontaje antisocialista de los frutos de esa Revolución, incluida
la propia Unión Soviética, deben seguir estudiándose. Ninguna precaución
será ociosa para que errores y aberraciones como los allí entronizados
no se reproduzcan y den al traste con otros proyectos justicieros.
Burocráticamente
declarada irreversible por decretos que pretendían blindar el
socialismo desde oficinas, la realidad que se logró construir en el
camino abierto por aquel extraordinario Octubre fue demolida. Además de
ser una tragedia en sí, ello ha dado asideros para negar legitimidad y
valor a todo empeño revolucionario.
Esa tendencia dolosa se
aprecia en análisis distorsionadores del pasado y el presente de la
humanidad, aunque se trate de un afán democrático tradicional como la
Segunda República Española, derrotada por una implacable alianza
internacional de la reacción fascista, sin descontar los que puedan
haber sido errores en su sostenimiento y su defensa.
Contra la
dignidad de ese ensayo fundador –en cuyas filas se vertió sangre cubana–
se lanzan hoy perros de la propaganda capitalista, en complicidad con
la herencia del fascismo que nutrió en España el denominado Bando
Nacional. Este, artífice del levantamiento anticonstitucional y
terrorista contra la República, enlutó el país durante décadas y
finalmente preparó la sucesión monárquica, sobre la cual se fabricó una
transacción “democrática” enfilada a silenciar el pensamiento de
izquierda y sepultar las aspiraciones republicanas. El sometimiento a la
OTAN no es casual.
Secuelas de un desmontaje

La
entrada el 8 de enero, en La Habana, de la Caravana de la Victoria,
encabezada por Fidel, fue recibida con desbordado entusiasmo. (Foto:
Autor no identificado)
Volviendo a los afanes socialistas,
se debe recordar que alguien tan objetivo, de pensamiento científico y
de honradez militante al servicio del socialismo como Vladimir Ilich
Lenin, sostuvo la inviabilidad de la plena construcción de un proyecto
de esa índole en un país aislado. Sobran razones para entender las
vicisitudes con que ha tenido que vérselas el experimento cubano.
Pero
ese experimento lo puso en práctica una Revolución que triunfó el 1° de
enero de 1959 y viene, por largo camino, de sus propias raíces, desde
antes de 1868, con su propio Octubre vivido en ese año. Eso le ha
permitido relacionarse con el mundo sin dejar de ser ella, y no solo
llegar viva al siglo XXI: continúa su marcha, su pujanza, con el deber
de fortalecerse, y enfrentando desafíos colosales, ya abiertos o
enmascarados.
Entre los obstáculos que la rodean está la
propaganda lanzada mundialmente contra todo lo que huela a revolución.
En el caso de Cuba, tal campaña tiene sus recursos predilectos. Uno es
sostener que la etapa más próspera del país fueron los años durante los
cuales se entronizó la tiranía encabezada, al servicio del imperialismo
estadounidense, por Fulgencio Batista, exponente mayor de los crímenes y
el latrocinio sufridos por la nación.
El triunfo de la Revolución
Cubana, y el apoyo con que desde la lucha insurreccional la abrazó la
mayoría del pueblo, se debieron a su carácter popular: esa mayoría vio y
encontró el camino para lograr, junto con la justicia social, la
soberanía que la intervención estadounidense le arrebató en 1898.
Esa
realidad explica que en 1961, tercer año tras la toma del poder,
cosechara dos victorias íntimamente vinculadas, e impensables sin el
apoyo mayoritario y entusiasta del pueblo: el aplastamiento de la
invasión mercenaria en Playa Girón y sus inmediaciones, y la declaración
del país como territorio libre de analfabetismo, gracias a la masiva
Campaña Nacional de Alfabetización que hoy sigue dando frutos dentro y
fuera de Cuba.
Fundamento

La
presencia de campesinos de todo el país en la celebración del 26 de
Julio en La Habana, en el propio 1959, mostró el carácter popular de la
Revolución, y entre sus testimonios dejó este Quijote de la Farola.
(Foto: KORDA)
Esos logros, y otros, se buscaron y se
percibieron asociados a la herencia martiana. Presente en la nación
desde el siglo XIX, devino –como expresó Fidel Castro, guía de la obra
desatada con los hechos aurorales del 26 de julio de 1953– fundamento
moral de la acción armada iniciada entonces y, en consecuencia, de los
logros cosechados en ese camino. En él, 1961 aportó otro nutriente
explícito, asumido en la médula nacional de la obra revolucionaria: en
Girón se combatió también en defensa del socialismo.
El carácter
socialista de la Revolución se proclamó precisamente en la despedida de
duelo de los mártires del bombardeo que, como ablandamiento artillero,
el imperialismo lanzó contra Cuba en vísperas de la invasión mercenaria.
Esta, así y todo, fue derrotada en poco más de 60 horas. Fue una
victoria de pueblos, porque a partir de entonces, como también dijo el
guía histórico de la Revolución, todos los de nuestra América, no solo
el cubano, “fueron un poco más libres”. Tal realidad abonó la simpatía
que la Revolución cosechó en la región desde el mismo 1959.
El
carácter popular que le permitió alcanzar el poder se consumó en logros
masivos, como las leyes de Reforma Agraria y de Reforma Urbana, y la
disminución de las grandes diferencias acumuladas entre el campo y la
ciudad, sobre todo en lo tocante a la capital. En medio de las
dificultades económicas de un país bloqueado, ese afán de equidad, sin
el cual la Revolución habría estado sumamente incompleta, generó
construcciones –carreteras, industrias, embalses de agua, edificios para
diversos usos sociales: escuelas, centros de atención médica,
viviendas– que transformaron hasta la imagen física del país.
Ello,
asumido con sed de equidad para toda la nación, pudiera explicar el
detenimiento constructivo y las dosis de pérdida de esplendor material
padecido por la capital. Ese hecho, tendenciosamente desgajado del
contexto, lo esgrimen los enemigos de la Revolución para denigrarla, y
aunque no existieran contra ella tales campañas de descrédito,
constituye uno de los frentes en que mayor esfuerzo por la recuperación
necesita seguir acometiendo.
La búsqueda de equidad entre los
territorios de la nación es también inseparable de logros que esta ha
venido disfrutando desde 1959 en terrenos tan vitales como la educación y
la salud, la ciencia y el deporte. En el quehacer literario –incluida
la vertiente editorial– y en otras expresiones artísticas –cine, música,
danza, plástica– se ha vivido, encaminado por instituciones que le han
dado gloria al país, un apogeo sin precedentes.
Datos, esencia

Las
nacionalizaciones de empresas que explotaban al país –extranjeras
muchas de ellas, y en gran parte estadounidenses– fueron respaldadas por
el pueblo. (Foto: Autor no identificado)
El auge lo ha
caracterizado la búsqueda de masividad, con un amplio movimiento de
aficionados en los distintos sectores poblacionales, y favoreciendo el
desarrollo de individualidades sobresalientes, que han merecido
admiración y lauros en distintas partes del planeta. Espectáculos
artísticos de alto nivel están al alcance de la población, con entrada a
precios módicos, o libre, al igual que los deportivos. Mantener ese
camino es una de las señales con que en medio de severas dificultades la
Revolución ratifica su lealtad, también en esas esferas, al José Martí
que entendió que “ser culto es el único modo de ser libre”.
Enumerar
las conquistas alcanzadas en los diversos frentes antes mencionados
pudiera ser necesario ante quienes opten por desconocerlas, pero en esos
casos resultaría estéril. Las personas honradas pueden disponer de la
información que emana de la propia realidad. Alúdase solo a los altos
grados de instrucción generalizada y a los índices de mortalidad
infantil y esperanza de vida que hacen de Cuba un país ejemplar en esas
esferas, como reconocen instituciones y organismos internacionales de la
mayor relevancia.
Los logros están presentes asimismo en la
amplia colaboración de Cuba con numerosos pueblos, y se aprecian hasta
en una emigración que, a diferencia de la de otros países –y no solo
entre los que clasifican como no desarrollados–, sobresale por su
preparación técnica y profesional. Quien conozca la realidad de los
inmigrantes en otras naciones, podrá dar fe de esas diferencias.
Anécdotas
y experiencias de tal realidad abundan. El autor de este artículo no
pasará de recordar la gratitud con que el embajador de un pueblo hermano
acogió la iniciativa de una universidad, europea, de ofrecer a
emigrantes de su pueblo cursos para adiestrarlos en tareas concretas.
Eran
las peor pagadas, y más despreciadas –por lo menos antes del
reconocimiento de la etapa de crisis que allí se gestaba– entre los
naturales de la nación a la que habían ido a parar: en ese caso,
empalmar cables, vestir camas, limpiar ancianos…; en otros
correspondería hablar de la agricultura y la construcción. Al final de
la ceremonia en que su embajador había expresado gratitud a la
universidad, un colega diplomático, amigo del articulista, le dijo a
este: “Los emigrantes de tu país no necesitan esa ayuda”.
Pero
Cuba ha tenido que desempeñarse en condiciones anormales, porque muy
pronto contra la Revolución se lanzó la hostilidad de la mayor potencia
mundial, los Estados Unidos. La poderosa nación imperialista,
acostumbrada desde su gestación, y en su desarrollo –en él se ubica el
robo de más de la mitad del territorio de México–, a dominar y saquear a
otros países, no le perdonó a Cuba su dignidad nacional y su servicio
al pueblo. Con esa orientación el gobierno cubano acometió
nacionalizaciones indispensables, y en ello también tuvo un rotundo
respaldo popular.
Patente imperial
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| El
2 de septiembre de 1960, en respuesta a las maniobras de la OEA en la
reunión de San José, Costa Rica, para aislar a Cuba, la Primera
Declaración de La Habana encarnó la firmeza de la Revolución y su
latinoamericanismo, propio de la historia nacional. (Foto: Autor no
identificado) |
Pronto la hostilidad del vecino del Norte se
expresó en un bloqueo económico, financiero y comercial que aún perdura,
y en agresiones armadas. En estas se inscriben la invasión mercenaria
de 1961 y las bandas de alzados –también mercenarias– que fomentó en
distintos sitios del país, y que en sus monstruosos actos terroristas
cometieron asesinatos, entre otros, de alfabetizadores.
En aquellos actos figuran la explosión del vapor francés
La Coubre
en el puerto de La Habana, y la voladura de un avión cubano en pleno
vuelo sobre Barbados. Esta última acción, así como otras, la orquestaron
agentes del imperio que gozan de libertad en la nación que se
autopromueve como el modelo de la democracia.
Cuando hoy, en su
licencia imperial, el presidente estadounidense propone cambiar la
política que su gobierno ha mantenido contra Cuba durante más de medio
siglo, y dice que tal política no ha conseguido su propósito, solo queda
una opción para interpretar sus palabras. Si a pesar del enorme daño
económico, material y en vidas que esa política le ha causado a Cuba, el
cabecilla del imperio la estima fallida, es porque ha sido planeada con
un superobjetivo: destruir a la Revolución y restablecer en la mayor de
las Antillas la dominación con que desde 1898 los Estados Unidos
ensayaron aquí el neocolonialismo, “su sistema de colonización”, como lo
denunció Martí pensando en los planes imperiales contra nuestra América
en general.
Pese a todo, Cuba –y por eso ha obligado al imperio a
buscar un cambio de imagen– perdura como ejemplo de resistencia. Ha
dado apoyo ideológico y moral a otros pueblos, y protagonizado un aporte
internacionalista que –aunque se propongan silenciarlo ingratos y
enemigos– contribuyó a las mejores transformaciones emancipadoras en
África. Lo han reconocido pueblos y guías políticos como Nelson Mandela
en Sudáfrica, y varios en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y otros
de nuestra América.

La
proclamación del carácter socialista de la Revolución fue abrazada por
la gran mayoría del pueblo, y defendida desde el siguiente día en Girón.
(Foto: Autor no identificado)
Allí, plantando cara al
vecino poderoso, se han desafiado las maquinaciones de la Organización
de Estados Americanos y del Área de Libre Comercio para las Américas. De
ese enfrentamiento han surgido alternativas de dignificación soberana
como la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América y la
Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Resurgen las banderas
del socialismo, en busca de actualización creativa, aunque no sea más,
ni menos, que por entre las estructuras del sistema capitalista.
Pero
el imperio no cesa en sus planes, y dispone de enormes recursos. En
general, con el individualismo y el pragmatismo consustanciales al
sistema capitalista, propala el neoliberalismo. Estimula las llamadas
desideologización y despolitización, máscaras del afán de erradicar el
pensamiento revolucionario.
Promueve y apoya cuanto pueda conducir a la
reversión de planes nacionales molestos para su manía de dominarlo todo.
Ahora, con respecto a Cuba en particular, intenta dar la imagen de un
cambio de actitud, y propone otros métodos para lograr lo que la
resistencia y la creatividad cubanas le han impedido conseguir.
Golpistas de etiqueta
Todo
eso, de lo cual las campañas contra Cuba son inseparables, explica
distintas formas de golpes de Estado que en Honduras y en Paraguay han
venido a sustituir el gorilismo armado, que no debe considerarse
definitivamente cancelado; los intentos golpistas en Venezuela, Bolivia y
Ecuador; las campañas y amenazas contra la misma Venezuela bolivariana;
la creación de nuevas bases militares en Colombia; la propaganda y las
maniobras para alimentar la oposición contra los gobiernos de Brasil y
Argentina.

La
victoria de Girón y la erradicación del analfabetismo marcaron el
alcance y la naturaleza de la obra revolucionaria. (Ambas fotos: Autor
no identificado)
En esta última la derecha consiguió
electoralmente el éxito contra las fuerzas progresistas que habían
sacado al país del hundimiento en que lo atascó el desafuero neoliberal.
El saludable optimismo no basta para ignorar que, con la guerra
mediática y económica, el imperio y sus cómplices intentan aplastar
cuanto proyecto justiciero le salga al paso. Sería torpe considerar a
Venezuela un caso aislado.
Los zarpazos de la derecha neoliberal
–que va por más en el mundo– se dan cuando en varios países las urnas
han devenido camino de triunfo para proyectos emancipadores, y los
medios imperiales de propaganda fabrican la imagen de que todo acto
armado por parte de los pueblos es terrorismo repudiable. Los Estados
Unidos y sus aliados de la OTAN, sin embargo, desencadenan guerras
genocidas y consiguen edulcorarlas con falacias lingüísticas tan
perversas como calificarlas de
humanitarias: deformación de
sentido que ha pasado incluso al periodismo revolucionario, o de
izquierda al menos, para hablar de crímenes y desastres de lesa
humanidad.
Es difícil –heroico, digamos sin rodeos– conseguir un
triunfo revolucionario valiéndose de los mecanismos y procedimientos que
el capitalismo ha perfeccionado para defender sus intereses. Pero la
persistencia de la Revolución Cubana la explica su toma del poder por la
lucha armada con decisiva participación popular. Y se ha mantenido
gracias al decisivo apoyo de la mayoría del pueblo.

De
las Marchas del Pueblo Combatiente y de los actos en reclamo del
retorno del niño Elián González a la patria nació la Tribuna
Antimperialista, llegada para quedarse cerca de la que ha vuelto a ser
la Embajada de los Estados Unidos en Cuba. (Foto: YAMIL LAGE)
No
es casual que todo lo relativo a Cuba sea tergiversado o satanizado,
con saña, por la propaganda imperialista. Para actuar, el país debe
guiarse únicamente por la norma de la justicia y lo correcto: ni hacer
para complacer al enemigo, ni dejar de hacer por no parecer que presta
atención a sus campañas.
Cuanto haga será sometido a lentes
distorsionadores, para desconocer sus aciertos y atribuirle errores o
magnificar los que cometa. El esperado afinamiento en su política
migratoria, por ejemplo, deja sin argumentos a no pocos infundios
lanzados contra ella, y en igual medida los mismos que los propalaban
intentan revertir el efecto de sus aciertos.
El contexto
internacional está signado por la preponderancia de las fuerzas del
imperio, y las circunstancias nacionales de Cuba se ven severamente
dañadas por el bloqueo que este le ha impuesto durante más de medio
siglo. Contra semejante engendro se proyecta el clamor de pueblos,
avalado en votaciones de la Asamblea General de la ONU, pero
groseramente las burla el mismo gobierno que anuncia la voluntad de
cambiar su política hacia Cuba.
Desplazamientos y persistencias
El
mayor reto que se le presenta al país radica en mantener el afán de
asegurar la justicia social en un contexto internacional con frecuencia
sórdido. En él –ha escrito Fernando Martínez Heredia en su libro
El corrimiento hacia el rojo,
título alusivo a los ciclos de expansión y contracción material del
universo– se aprecia “un mundo extraño, en el cual reinan el lucro y el
hambre, y no parece haber futuro para la decencia”.

No
caben en pocas líneas las instituciones cuyo intenso trabajo testimonia
la atención brindada a la cultura. La Feria del Libro –que no se limita
a La Habana–, es una de las múltiples evidencias de esa realidad.
(Foto: Autor no identificado)
Ante ello lo pertinente y
digno no será cruzarse de brazos y renunciar a construir un mundo mejor,
que es posible, además de necesario para que la humanidad llegue a
merecer en plenitud ese nombre. Como añade el mismo autor citado, “la
indecencia carece totalmente de legitimidad”.
La búsqueda de la
decencia en las relaciones humanas a todos los niveles define lo que un
país como Cuba, que ha llegado hasta donde está gracias a la
construcción revolucionaria, debe tener en la brújula de sus
replanteamientos en pos de una eficiencia económica indispensable para
mantener el proyecto justiciero que tanto esfuerzo y tanta sangre ha
costado. La seducción economicista y pragmática no será garantía para
ningún empeño revolucionario erigido sobre la convicción de que la
historia lo avalará, aunque tampoco deba ignorar los requerimientos de
la economía.
La Cuba que halló en Martí el fundamento moral para
su transformación, debe recordar el reclamo del Maestro, quien en
“Crece” (abril de 1894) se planteaba si la revolución que él fraguaba
tendría posibilidad de triunfar. Ante la duda, razonable, sostuvo que el
gran deber patrio y humano sería hacer posible la revolución, o, por lo
menos, acometerla del modo más eficaz. Lo innoble sería traicionar la
grandeza del sacrificio.

La
celebración de los Juegos Panamericanos de 1991 fue un justo
reconocimiento al deporte cubano, que ha cosechado impresionantes
victorias en el mundo. (Foto: Autor no identificado)
Se
avanzaba hacia la guerra que estallaría el 24 de febrero de 1895, y
afirmó: “Era ambiente la revolución, y hoy es plan. Era un sentimiento
inútil y cómodo: como corona de adelfas era, y de laurel, que no hay
derecho a arrancarse de la frente para sazonar, con sus hojas
ensangrentadas, la olla de la comodidad”. Comprendía que, aunque
imperfecto, lo hecho antes del 10 de octubre de 1868 –la “preparación
gloriosa y cruenta” asumida en el
Manifiesto de Montecristi
(marzo de 1895), ya en pie la nueva guerra–, se inscribía en la gloria
de la cual sería deshonroso huir: “¡infeliz, en la memoria de los
hombres, quien eche el laurel en la olla!”. Ratificó así la base ética
de su pensamiento y de su conducta.
Como otros suyos, aquel texto
de Martí de 1894 sigue trazándole a Cuba el gran deber de hoy, cuando
acomete una nueva etapa en una permanente sucesión de
institucionalizaciones. Ese empeño, que empezó con el desmontaje, desde
1959, de las estructuras capitalistas, vivió un momento señero cuando en
1976 se aprobó, en proceso hondamente democrático, popular, la
Constitución que ratificó a Cuba como república y como Estado
socialista, llamado, por tanto, a tener la guía de trabajadores y
trabajadoras, nada parecido al capitalismo de Estado.
Con esas
luces entra la Revolución en su año 58, cuando se prepara el VII
Congreso del Partido que tiene la misión de guiarla, y el cual en su
anterior Congreso aprobó los Lineamientos para acometer lo que se ha
denominado actualización del modelo económico cubano.
Utilidad y virtud
Se debe hacer lo necesario para que la Revolución mantenga ese espíritu productivo y –siempre Martí– orientado por la
utilidad de la virtud,
superior a la virtud de la utilidad, y para que dentro de muchas
décadas se pueda seguir hablando de ella como de una realidad viva, no
de un proceso estancado en resignaciones o sacado de rumbo por
deformaciones que serían deplorables. Cuando se ha tenido como brújula
echar la suerte con los pobres de la tierra, y se ha vivido más de un
siglo de luchas revolucionarias, sería criminal abandonar el camino que
esa brújula ha venido indicando.

Al
Centro Nacional de Investigaciones Científicas, pionero y emblemático
en su esfera, se han sumado numerosas y relevantes instituciones que
aseguran el futuro de Cuba como país de ciencia y conciencia. (Foto:
Autor no identificado)
Sabedor de que “ni hombres ni pueblos
pueden rehuir la obra de desarrollarse por sí,–de costearse el paso por
el mundo”–, Martí sostuvo: “No yerra quien intenta componer un pueblo
en la hora en que aún se lo puede; sino el que no lo intenta. Si no se
lograse la composición, se lograría al menos el conocimiento de las
causas por que no podía lograrse; y eso limpiaría el camino para
lograrla mañana”.
El error es humano, pero la rectificación,
también humana, es además sabia, y lo que se haga debe regirse por la
ética: “Si se intenta honradamente, y no se puede, bien está, aunque
ruede por tierra el corazón desengañado: pero rodaría contento, porque
así tendría esa raíz más la revolución inevitable de mañana”. Pero no
valdrían autocomplacencias a estas alturas de un camino en que el
“Patria y Libertad” de los mambises condujo al “Libertad o Muerte” del
Ejército Rebelde, lema que el logro de la libertad convirtió en “Patria o
Muerte” y frente a la saña enemiga fue coronado por un “Venceremos” que
hoy resulta más fuente de responsabilidad y compromiso consciente que
nunca antes.
La Revolución, que en las actuales circunstancias
urge mantener, puede verse como la que en su tiempo –con el ejército
español en Cuba y el estadounidense dispuesto a invadirla– Martí
vaticinaba que podría ser inevitable luego. Más de un siglo después –con
una Cuba que ha encarado y vencido desafíos tremendos–, la realidad es
otra, y tampoco se debe olvidar un hecho: a lo largo del devenir humano,
las revoluciones no han sido términos en la historia.
En sus
mejores frutos –incluso a pesar de errores y hasta de traiciones– han
representado actos de transición o fuentes de luz hacia logros de mayor
alcance. Para Martí, como se lee en su texto de 1894 citado, la meta era
la que puede seguir orientando a Cuba hoy y siempre: el “fin humano del
bienestar en el decoro”. Nada menos.

A
espectáculos de compañías danzarias –Ballet Nacional, Conjunto
Folclórico Nacional y otras–, del movimiento teatral y de agrupaciones
musicales –como la Orquesta Sinfónica Nacional, en la foto– el público
accede a precios módicos o con entrada libre. (Foto: L.T.S.)

En
la Escuela Latinoamericana de Medicina estudian jóvenes de escasos
recursos, provenientes de la región e incluso de los Estados Unidos. Ha
sido visitada, entre otros, por Ban Ki-moon, secretario general de la
ONU. (Foto: CUBADEBATE, AFP/Pool)

Las
criminales restricciones impuestas por el bloqueo son un grave
obstáculo para la salud, pero Cuba mantiene una atención médica
socializada y de alta calidad. Así en el Cardiocentro Pedriático William
Soler, al que corresponde la foto. (Foto: Autor no identificado)

También
a pesar del bloqueo se mantiene la educación universal y libre de pago
para todas las personas en edad escolar, y fuera de ese sector disfrutan
igualmente ese logro incontables interesados en superarse
profesionalmente. Se incluyen centros para educación especial para niños
con discapacidad físico-motora. (Foto: www.aclifim.sld.cu)

Del
17 de diciembre de 2014, la memoria patriótica cubana guarda
especialmente el completamiento del regreso de los Cinco luchadores
antiterroristas que sufrieron injusta prisión en cárceles del imperio.
(Foto: ESTUDIOS REVOLUCIÓN)
Tomado de
Revista Bohemia