jueves, 28 de enero de 2016

El trato del esqueleto



Por Omar Segura*

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 Raúl Roa García, el "Canciller de la dignidad", al conceder una entrevista [1] en ocasión de conmemorarse en 1968 el centenario del inicio de nuestras luchas por la independencia, fue “retado” por el “luciferino entrevistador”, Ambrosio Fornet, a “retratar o definir con una frase” diferentes personajes y hechos de la etapa republicana. Al responder en relación con el Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902, firmado entre Cuba y Estados Unidos, impuesto por esta nación a la Isla en el marco de la Enmienda Platt y del Tratado Permanente de Relaciones, Roa, con su aguzado ingenio y capacidad de síntesis, lo definió como “la variante yanqui del trato del esqueleto”, recurriendo a esta expresión que, en tono jocoso, definía como una de las partes, independientemente de su posición en el “trato”, llevaba siempre las de perder.

 La imposición de tratados se convirtió en una práctica de esa potencia imperialista, desde sus inicios, como un medio que refrendara legalmente sus afanes, expansionistas, anexionistas y de dominación.

 Cuba, la siempre codiciada “fruta”, fue objeto de esta política desde su inicio como República, condición ganada por su intransigencia y sus luchas, escamoteadas por el vecino del norte cuando ya los patriotas cubanos habían hecho la mayor parte del trabajo. Este tratado de “reciprocidad” comercial, firmado por el gobierno de la Isla en condiciones de ocupación militar,  estaba dirigido a imponer la posibilidad del control de Estados Unidos sobre la emergente república.

 Precisamente ese Tratado de 1902, que fuera ajustado posteriormente -en 1934- daba un trato abiertamente discriminatorio a los productos cubanos, y concedía a Cuba un lugar poco ventajoso al comercio con el poderoso vecino.

 Encontró en la época no poca oposición entre personalidades destacadas de la Isla. El patriota Manuel Sanguily dejó muy clara ante el Senado su posición, y alertó sobre las verdaderas intenciones del gobierno estadounidense y los posibles perjuicios que para Cuba conllevaría su aplicación. Sobre esas y otras aristas del Tratado, se manifestaron, entre otros, hombres como Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Emilio Roig de Leuchsenring, Raúl Cepero Bonilla y Jacinto Torras. 

Otros tiempos, otro panorama, otras medidas

 El tiempo, las luchas y la Revolución cambiaron el panorama. Ya Cuba no era la Isla que Estados Unidos administraba y controlara a sus antojos desde aquel entonces, 1898, y hasta el Primero de Enero de 1959.

 Al ver cómo su codiciada presa se les iba de las garras, y como represalia a su “díscolo” comportamiento, la potencia del norte decide romper sus vínculos con la Isla y, encima, aplicarle medidas tendientes a estrangularla, asfixiarla y aislarla económicamente para originar el hambre, la miseria y el caos interno que posibilitara volver a hacerse de su presa.

 Más de medio siglo y más de diez administraciones no dieron los resultados esperados.

 Al fin se dieron cuenta de que a las malas no caminaba la cosa. Lejos de perjudicar a la Isla, ellos también resultarían perjudicados. No solo se ganaron la animadversión de los cubanos. La Humanidad, casi en pleno, se puso de parte de estos y apoyó sus luchas. Se precisaba aplicar una nueva política, nuevos métodos, pero manteniendo los objetivos originarios: lograr que “la fruta” madurara y cayera en sus manos.

 El nuevo inquilino de la Casa Blanca, Barak Obama, se percata de ello e inicia una nueva era para reanudar las relaciones interrumpidas por más de medio siglo.
 Esta decisión sería dada a conocer públicamente, de forma simultánea por ese mandatario y el Presidente cubano, General de Ejército Raúl Castro Ruz, el 17 de diciembre de 2014.

 A partir de entonces, encuentros bilaterales entre representantes de los dos gobiernos, apertura de embajadas en los respectivos países, entre otras medidas adoptadas por las partes han matizado este proceso, donde la parte cubana plantea negociar sobre bases de reciprocidad y sin lesionar la soberanía ni admitir injerencias en los asuntos internos de cada país.

 Las negociaciones han venido caminando; algunas medidas se han tomado por ambos gobiernos, aunque sin adoptarse por la parte estadounidense decisiones medulares que resuelvan el problema principal que afecta a la nación cubana: el mantenimiento del bloqueo y la devolución de la base naval de Guantánamo, entre otras medidas incluidas en leyes refrendadas por diferentes administraciones estadounidenses, que violan, incluso, el Derecho Internacional, y que corresponde a esa parte resolver para hacer realidad el pleno disfrute de relaciones en justo plano de equidad y reciprocidad. 

Las nuevas medidas aprobadas por Obama

 Recientemente, en el marco de este proceso, los departamentos del Tesoro y de Comercio de los Estados Unidos anunciaron el martes 26 nuevas medidas relacionadas con Cuba en materias como las transacciones financieras, las exportaciones y los viajes.

 Sin pretender negar los avances obtenidos en esta reanudación de las relaciones EE. UU.-Cuba, no podemos sentirnos satisfechos. No es, como dicen algunos, que nos quejábamos de que Estados Unidos no nos vendiera bienes y servicios, y ahora nos quejamos de que nos quieran vender.

 Lo que no entendemos, más que simplemente “quejarnos”, es que este proceso no muestre reciprocidad, sea selectivo y que todo lo que se aprueba esté dirigido a poner al Estado contra la pared, y demagógicamente “empoderar al pueblo”, cuando de lo que realmente tratan es de empoderar a quienes trabajan y cobran para revertir el socialismo: los disidentes, los anexionistas. Es decir, que los revolucionarios, los militantes del Partido o los que les “huelan extraño” no entran en su concepto de pueblo.

 Otros han pedido que los cubanos no tomen estos resultados “como una ‘victoria’ contra el imperio debido a los ‘justos reclamos del pueblo…’”, y lo atribuyen a un gesto de “buena voluntad” por parte de USA para el descongelamiento de las relaciones bilaterales.

 Quienes así se expresan, desconocen (o pretenden desconocer) que, además de una victoria (así, sin comillas) de los cubanos, es, además, una victoria de todos los pueblos, que casi unánimemente han votado año tras año, por la eliminación de esa absurda y criminal política. Además, sin la resistencia de los cubanos, pésele a quien le pese, y disgústele a quien le disguste, eso no hubiera sido posible. Esto lo han reconocido no pocas personas, incluso, de diferentes creencias e ideas.
 En cuanto a lo de que es “un gesto de buena voluntad por parte de USA para el descongelamiento de las relaciones bilaterales”, diré que si se analizan bien -PERO BIEN- los discursos pronunciados por la parte estadounidense, desde el del presidente Obama el 17 de diciembre, en ellos se admite que el objetivo de la política estadounidense hacia Cuba se mantiene intacto y se reconoce tácitamente que el centro de las medidas pretenden desconocer al Estado cubano, el verdadero representante de este pueblo.

 ¿Tendrán esas personas pleno conocimiento de cuál ha sido la política hacia Cuba desde los inicios de esa gran nación? ¿O no conocen la política de la Fruta Madura?

 ¿Pretenderán reeditar, por otras vías y con otros términos, el Tratado de Reciprocidad Comercial? ¿Querrán aplicarnos el “trato del esqueleto”?
 Todos los gobernantes, sin excepción, desde los Padres Fundadores, han anhelado  -y lo han expresado- anexar nuestra estrella a su bandera. Lo que sucede es que “la fruta” está bien agarrada de su árbol, que tiene un tronco robusto y profundas raíces. Demostrado por la Historia.

 La verdadera Historia, no la que algunos pretenden revisar e imponernos.

Notas

 [1] Publicada en la Revista Cuba bajo el título “Tiene la palabra el camarada Roa”

Con informaciones extraídas de
 http://www.ecured.cu/Tratado_de_Reciprocidad_Comercial
 http://www.ecured.cu/Enmienda_Platt
 http://www.ecured.cu/Ra%C3%BAl_Roa

*Periodista cubano