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jueves, 28 de enero de 2016

El trato del esqueleto



Por Omar Segura*

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 Raúl Roa García, el "Canciller de la dignidad", al conceder una entrevista [1] en ocasión de conmemorarse en 1968 el centenario del inicio de nuestras luchas por la independencia, fue “retado” por el “luciferino entrevistador”, Ambrosio Fornet, a “retratar o definir con una frase” diferentes personajes y hechos de la etapa republicana. Al responder en relación con el Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902, firmado entre Cuba y Estados Unidos, impuesto por esta nación a la Isla en el marco de la Enmienda Platt y del Tratado Permanente de Relaciones, Roa, con su aguzado ingenio y capacidad de síntesis, lo definió como “la variante yanqui del trato del esqueleto”, recurriendo a esta expresión que, en tono jocoso, definía como una de las partes, independientemente de su posición en el “trato”, llevaba siempre las de perder.

 La imposición de tratados se convirtió en una práctica de esa potencia imperialista, desde sus inicios, como un medio que refrendara legalmente sus afanes, expansionistas, anexionistas y de dominación.

 Cuba, la siempre codiciada “fruta”, fue objeto de esta política desde su inicio como República, condición ganada por su intransigencia y sus luchas, escamoteadas por el vecino del norte cuando ya los patriotas cubanos habían hecho la mayor parte del trabajo. Este tratado de “reciprocidad” comercial, firmado por el gobierno de la Isla en condiciones de ocupación militar,  estaba dirigido a imponer la posibilidad del control de Estados Unidos sobre la emergente república.

 Precisamente ese Tratado de 1902, que fuera ajustado posteriormente -en 1934- daba un trato abiertamente discriminatorio a los productos cubanos, y concedía a Cuba un lugar poco ventajoso al comercio con el poderoso vecino.

 Encontró en la época no poca oposición entre personalidades destacadas de la Isla. El patriota Manuel Sanguily dejó muy clara ante el Senado su posición, y alertó sobre las verdaderas intenciones del gobierno estadounidense y los posibles perjuicios que para Cuba conllevaría su aplicación. Sobre esas y otras aristas del Tratado, se manifestaron, entre otros, hombres como Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Emilio Roig de Leuchsenring, Raúl Cepero Bonilla y Jacinto Torras. 

Otros tiempos, otro panorama, otras medidas

 El tiempo, las luchas y la Revolución cambiaron el panorama. Ya Cuba no era la Isla que Estados Unidos administraba y controlara a sus antojos desde aquel entonces, 1898, y hasta el Primero de Enero de 1959.

 Al ver cómo su codiciada presa se les iba de las garras, y como represalia a su “díscolo” comportamiento, la potencia del norte decide romper sus vínculos con la Isla y, encima, aplicarle medidas tendientes a estrangularla, asfixiarla y aislarla económicamente para originar el hambre, la miseria y el caos interno que posibilitara volver a hacerse de su presa.

 Más de medio siglo y más de diez administraciones no dieron los resultados esperados.

 Al fin se dieron cuenta de que a las malas no caminaba la cosa. Lejos de perjudicar a la Isla, ellos también resultarían perjudicados. No solo se ganaron la animadversión de los cubanos. La Humanidad, casi en pleno, se puso de parte de estos y apoyó sus luchas. Se precisaba aplicar una nueva política, nuevos métodos, pero manteniendo los objetivos originarios: lograr que “la fruta” madurara y cayera en sus manos.

 El nuevo inquilino de la Casa Blanca, Barak Obama, se percata de ello e inicia una nueva era para reanudar las relaciones interrumpidas por más de medio siglo.
 Esta decisión sería dada a conocer públicamente, de forma simultánea por ese mandatario y el Presidente cubano, General de Ejército Raúl Castro Ruz, el 17 de diciembre de 2014.

 A partir de entonces, encuentros bilaterales entre representantes de los dos gobiernos, apertura de embajadas en los respectivos países, entre otras medidas adoptadas por las partes han matizado este proceso, donde la parte cubana plantea negociar sobre bases de reciprocidad y sin lesionar la soberanía ni admitir injerencias en los asuntos internos de cada país.

 Las negociaciones han venido caminando; algunas medidas se han tomado por ambos gobiernos, aunque sin adoptarse por la parte estadounidense decisiones medulares que resuelvan el problema principal que afecta a la nación cubana: el mantenimiento del bloqueo y la devolución de la base naval de Guantánamo, entre otras medidas incluidas en leyes refrendadas por diferentes administraciones estadounidenses, que violan, incluso, el Derecho Internacional, y que corresponde a esa parte resolver para hacer realidad el pleno disfrute de relaciones en justo plano de equidad y reciprocidad. 

Las nuevas medidas aprobadas por Obama

 Recientemente, en el marco de este proceso, los departamentos del Tesoro y de Comercio de los Estados Unidos anunciaron el martes 26 nuevas medidas relacionadas con Cuba en materias como las transacciones financieras, las exportaciones y los viajes.

 Sin pretender negar los avances obtenidos en esta reanudación de las relaciones EE. UU.-Cuba, no podemos sentirnos satisfechos. No es, como dicen algunos, que nos quejábamos de que Estados Unidos no nos vendiera bienes y servicios, y ahora nos quejamos de que nos quieran vender.

 Lo que no entendemos, más que simplemente “quejarnos”, es que este proceso no muestre reciprocidad, sea selectivo y que todo lo que se aprueba esté dirigido a poner al Estado contra la pared, y demagógicamente “empoderar al pueblo”, cuando de lo que realmente tratan es de empoderar a quienes trabajan y cobran para revertir el socialismo: los disidentes, los anexionistas. Es decir, que los revolucionarios, los militantes del Partido o los que les “huelan extraño” no entran en su concepto de pueblo.

 Otros han pedido que los cubanos no tomen estos resultados “como una ‘victoria’ contra el imperio debido a los ‘justos reclamos del pueblo…’”, y lo atribuyen a un gesto de “buena voluntad” por parte de USA para el descongelamiento de las relaciones bilaterales.

 Quienes así se expresan, desconocen (o pretenden desconocer) que, además de una victoria (así, sin comillas) de los cubanos, es, además, una victoria de todos los pueblos, que casi unánimemente han votado año tras año, por la eliminación de esa absurda y criminal política. Además, sin la resistencia de los cubanos, pésele a quien le pese, y disgústele a quien le disguste, eso no hubiera sido posible. Esto lo han reconocido no pocas personas, incluso, de diferentes creencias e ideas.
 En cuanto a lo de que es “un gesto de buena voluntad por parte de USA para el descongelamiento de las relaciones bilaterales”, diré que si se analizan bien -PERO BIEN- los discursos pronunciados por la parte estadounidense, desde el del presidente Obama el 17 de diciembre, en ellos se admite que el objetivo de la política estadounidense hacia Cuba se mantiene intacto y se reconoce tácitamente que el centro de las medidas pretenden desconocer al Estado cubano, el verdadero representante de este pueblo.

 ¿Tendrán esas personas pleno conocimiento de cuál ha sido la política hacia Cuba desde los inicios de esa gran nación? ¿O no conocen la política de la Fruta Madura?

 ¿Pretenderán reeditar, por otras vías y con otros términos, el Tratado de Reciprocidad Comercial? ¿Querrán aplicarnos el “trato del esqueleto”?
 Todos los gobernantes, sin excepción, desde los Padres Fundadores, han anhelado  -y lo han expresado- anexar nuestra estrella a su bandera. Lo que sucede es que “la fruta” está bien agarrada de su árbol, que tiene un tronco robusto y profundas raíces. Demostrado por la Historia.

 La verdadera Historia, no la que algunos pretenden revisar e imponernos.

Notas

 [1] Publicada en la Revista Cuba bajo el título “Tiene la palabra el camarada Roa”

Con informaciones extraídas de
 http://www.ecured.cu/Tratado_de_Reciprocidad_Comercial
 http://www.ecured.cu/Enmienda_Platt
 http://www.ecured.cu/Ra%C3%BAl_Roa

*Periodista cubano

sábado, 17 de octubre de 2015

Relaciones Cuba-EE. UU.: ¿Ha perdido validez la resistencia a la guerra mediática?

Por Arnold August*

Jake tapper en twitterUno de los artículos que escribí recientemente y publicado el 14 de septiembre de 2015, que recibió muchos comentarios positivos, fue sobre la libertad de prensa en las relaciones Cuba-EE.UU. Los correos electrónicos provenientes de EE.UU., Canadá, Europa y Cuba reflejaron una frustración acumulada e incluso un enfado apenas velado, de cómo algunos medios de prensa de EE.UU. tratan a Cuba. Los lectores del artículo parecían dar un respiro de alivio porque algunos escritores no se dejaron llevar por las ilusiones tras el anuncio de las nuevas relaciones de Cuba-EE.UU., acerca de la guerra mediática tradicional dirigida contra Cuba desde la Revolución de 1959. Iroel Sánchez, otro escritor, respondió a The Washington Post por su desinformación y su prejuicio contra Cuba. Mi artículo no fue dirigido a CNN USA, pero impugnó a Jake Tapper, un presentador de alto nivel en CNN. Además, el artículo trató inicialmente su informe desde La Habana acerca de la reapertura el 14 de agosto de 2015 de la Embajada de EE.UU. y la ceremonia del izado de la bandera a cargo de John Kerry, secretario de Estado de los EE.UU.  

A medida que seguimos los intercambios cronológicos entre Tapper y yo, y otros, ¿qué conclusión sacamos? Se puede deducir que la resistencia a la guerra mediática y a la desinformación es más necesaria que nunca bajo las condiciones complicadas en las que se encuentra la Revolución Cubana. Para ser justo y tener el punto de vista de Tapper, le envié un mensaje tweet el 10 de septiembre preguntando: “¿Qué piensa de mi artículo sobre usted y CNN, titulado ‘Relaciones Cuba-EE.UU. y libertad de prensa’, [con un enlace al artículo en inglés]?”. En su respuesta, Tapper ni siquiera se dignó usar el límite de 140 caracteres permitido en Twitter: “No mucho”. Yo persistí: “Bien, ¿qué le parece abordar los aspectos de mis puntos de vista?”.  Él respondió: “No sabría donde empezar”. Mi replica le brindó una salida a la situación: “Bueno, como periodista experimentado, usted podría dignarse a responder a algunos puntos, por lo menos”. La respuesta de Tapper fue: “Vuelva a preguntarme en dos semanas y trataré de pensar en una crítica más constructiva dado que ahora estoy muy ocupado con los preparativos del debate [el debate de los candidatos republicanos a presidente de los EE.UU., en septiembre, que el ofició como anfitrión para CNN]”. “OK, de acuerdo”, le respondí. Además, le envié mi dirección electrónica en caso que le fuera más conveniente que usar Twitter.

Para profundizar el debate, el 22 de septiembre le escribí acerca de la cita parcial de una entrevista que me hizo Reuters sobre la visita del papa Francisco a Cuba.  A continuación se encuentra el reportaje de Reuters:
“Los disidentes en Cuba pueden ser vistos por algunos en el extranjero como valientes defensores de la libertad, porque gran parte de los medios de comunicación masivos los describen así. Es parte de lo que llamo una continua desinformación sobre Cuba”, dijo Arnold August, un escritor radicado en Montreal, que cree que Cuba es más democrática de lo que piensan la mayoría de los analistas”.

Le envié a Tapper un mensaje tweet: “Mi comentario en Reuters: #Cuba #Disidentes #Desinformación #DemocraciaCubana #PapaFrancisco.  Su respuesta a mi mensaje tweet confirma la cita de Reuters: “Es un misterio para mí por qué se siente orgulloso de su oposición a los activistas por los derechos humanos y la democracia”. De todas formas, saboreando un serio debate, le respondí: “Hablemos primeramente de mi artículo y de su respuesta. Usted prometió hacerlo después del debate. Luego, me ocuparé de su comentario”. 

Viendo que él estaba también informando sobre la visita del papa Francisco a los EE.UU., no insistí en las dos semanas en espera de una respuesta, dándole un poco más de plazo para responder. Sin embargo, noté que en su reportaje del 26 de septiembre desde Filadelfia, Tapper interpretó arbitrariamente los comentarios del Papa de ese día sobre la “tiranía” como si se aplicara a Cuba. 
 Esto es lo que él dijo en una conversación con John Allen, analista principal de asuntos del Vaticano para CNN:

“John Allen, hablemos por un momento sobre la libertad de culto, el aspecto de la libertad religiosa, hubo una parte donde él habló sobre varias formas de tiranía moderna tratando de reprimir la libertad de culto. Él se encontraba en Cuba donde existe, prácticamente, una tiranía moderna… ¿Usted cree que el Papa se refirió a un tipo específico de tiranía o habló en términos generales?”. 
JOHN ALLEN: “Bueno,  pienso que es todo eso y mucho más. Dado que lo que usted acaba de mencionar eran las tensiones entre el estado y la iglesia en relación al gobierno.  Tiene razón, en Cuba asume una forma diferente que en EE.UU., pero existen tensiones en ambos países. 

TAPPER: Eso es básicamente una tiranía en todo el sentido de la palabra. 
ALLEN: Tiranía metafórica, con seguridad.  
TAPPER: Sí.”
 
Pareciera que incluso John Allen no estaba interesado en referirse a Cuba. De hecho, él ni siquiera mencionó Cuba. Cuando fue presionado por Tapper, el experto en asuntos del Vaticano explicó que era “tiranía” metafóricamente hablando, que no se debería aplicarse literalmente. Quizás haya sido una forma amable de demostrar su desacuerdo con Tapper, dado que los vocablos “metafórico” y “literal” son opuestos. De todas formas, yo le envíe un mensaje tweet a Tapper diciendo: “¿Por qué dijo usted hoy que el Papa podría estar refiriéndose a #Cuba cuando él mencionó “tiranía”? #CubaUS #PopeInPhilly?”. Tapper no respondió.

El 2 de octubre, le escribí a Tapper: “El debate ya ocurrió así como también la visita del Papa. ¿Qué le parece si me comunica su crítica constructiva?” (En referencia al artículo del 14 de septiembre).   

Él nunca me respondió. Deseo dejar claro que Tapper no era un representante de CNN USA en el periodo posterior al 17 de diciembre de 2014, es decir, desde que el presidente Raúl Castro y el presidente Barack Obama anunciaron públicamente la reapertura de las respectivas embajadas. Por ejemplo, cuando Chris Cuomo, otro presentador de CNN, cubrió desde Cuba la visita del papa Francisco a la isla, nunca hizo comentarios negativos sobre Cuba ni de su sistema político o sus líderes. De hecho, CNN es parte de una nueva tendencia de algunos medios de prensa de cambiar la imagen de Cuba para el resto del mundo para que no siga siendo considerada un infierno, más sí como un amigo comprensivo y un lugar muy de moda para visitar.   

Así que, ¿cuál es el problema con Tapper? ¿Por qué se destaca de los otros presentadores de CNN?  ¿Existe un eslabón perdido? Sí, lo hay – y fue descubierto solo después del artículo del 14 de septiembre. Cuando envié el tweet con mi artículo, éste recibió una respuesta inmediata y favorable de otras cuentas Twitter, como es el caso deorganizaciones como Cuban Americans for Engagement (CAFE) y sobre todo de muchos cubanos residentes en la isla y de otros cubanos residentes en los EE.UU. Ese intercambio en las redes sociales data del 15 al 17 de agosto de 2015, justo uno o dos días después de la ceremonia de izado de la bandera de EE.UU. en La Habana. Este debate en Twitter es anterior al mío, por lo tanto les agradezco por brindarme el eslabón perdido.  

He aquí la transcripción de algunos de los mensajes tweet. Primera andanada:“@jaketapper fue a #Cuba no como periodista pero sí como propagandista de grupos de #USembargo. Él debería decirlo abiertamente”. Segundo mensaje tweet: “Sin duda alguna, especialmente después de leer @BurgosGOP que inmediatamente le aplaudió”.

¿Quién es @BurgosGOP? Se llama Alex Burgos, director de comunicaciones para el Senador Marco Rubio, además de ser uno de los candidatos republicanos para presidente de los EE.UU. 

Otro mensaje tweet de críticos a los reportajes de Tapper: “Quizás @jaketapper debe entrevistar a  @marcorubio, por eso es que él no pregunta sobre la violación a los derechos humanos del embargo”. Alex Burgos, respondió: “Comprendo que usted está enojado. @cnn @jaketapper puso en tela de juicio su estupidez y eso le molesta mucho, la prensa cubana no lo pudo censurar”. 

El enlace y los motivos posibles de la carrera profesional de Tapper emergieron el 6 de octubre de 2015. CNN publicó un artículo quejándose en su titular:  
“Marco Rubio: En todas partes...excepto en CNN.” [Prosigue lamentándose]: “Por más de dos meses, CNN ha solicitado diariamente entrevistas a Marco Rubio, y los coordinadores de su campaña presidencial se negaron a otorgarlas. En ese mismo periodo, los demás candidatos del Partido Republicano concedieron varias entrevistas a CNN. Solamente Rubio ha estado ausente. Mientras tanto, el senador de la Florida ha hecho acto de presencia en otras redes de noticias. 

El mismo artículo indicó que en ocasión de la entrevista (en CNN) el 7 de Agosto de 2015 a Marco Rubio por Chris Cuomo, presentador de CNN, la entrevista se “tornó tensa”. Entre otras cosas, esto demuestra nuevamente que CNN International no tiene una posición uniforme sobre Cuba. Al parecer, una sección de esta red de noticias por cable se opone al deshielo de las relaciones Cuba-EE.UU. y a levantar el bloqueo. Sin embargo, otros sectores tienen una actitud más abierta muy en línea con la administración del presidente Obama, aun cuando se mantenga el objetivo estratégico de derrocar la Revolución Cubana. Además, se debe recordar que Tapper no es un presentador común y corriente de televisión. A través de los años, él ha acumulado muchísimos contactos con muchas fuentes informativas y ha desarrollado la imagen de un individuo influyente en las decisiones políticas. Un artículo en Politico afirma que Tapper ocupa el espacio semanal de las 4 de la tarde en CNN dado que “Es cuando los responsables de tomar decisiones en Washington están en sus oficinas con sus televisores encendidos, asimilando las noticias del día”.

A diferencia de la creencia que se terminó la guerra mediática contra Cuba, la resistencia a esta desinformación e información errónea hace más importante aún aislar a aquellos a favor de mantener el bloqueo contra Cuba. Por lo tanto, la guerra mediática está muy lejos de acabar. Después de todo, el levantamiento del bloqueo es, en la actualidad, la preocupación principal del pueblo y del gobierno cubano a nivel internacional.

*Periodista y conferencista canadiense; es el autor de Democracy in Cuba and the 1997–98 Elections y más recientemente, Cuba y sus vecinos: Democracia en movimiento, disponible en Cuba. Los vecinos de Cuba son los Estados Unidos, Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Siga a Arnold en Twitter @Arnold_August.
Traducción: Franklin Curbelo del original en inglés, , 16 de octubre de 2015, CounterPunch
Imagen agregada: Foto de perfil de Tapper en Twitter

lunes, 15 de diciembre de 2014

El Times con un nuevo editorial, entre "asombros", verdades, medias verdades y sutilezas…

¿Inesperada franqueza en un país que se caracteriza por que sus más altos dirigentes hablen a calzón quitado con el pueblo y reconozcan ante él sus errores…? Ya por ahí me saltó un poco la liebre…  pero leer que se describa a Batista como un líder autoritario y no como el bestial asesino que fue, ya me pareció el colmo… Como en esos dibujos en que nos invitan a buscar el gazapo, los invito a leer este nuevo Editorial del New York Times "con los ojos bien abiertos", como nos invitaba Chuncha en aquél spot televisivo de nuestros años juveniles. Una razón más para confirmarnos en una idea: los cambios en Cuba nos tocan a nosotros, no para facilitarles a los yanquis el "cambio de régimen" si no porque son imprescindibles para lograr la patria socialista que merecemos y por la que hemos luchado. De todas formas, continúa siendo un punto a favor de nuestro país que estos temas lleguen a la opinión pública norteamericana:

La economía de Cuba en una encrucijada

En julio de 2007, cuando Raúl Castro estaba al mando del país mientras su hermano recibía atención médica, el presidente interino emitió una crítica asombrosa de la economía cubana al describir las ineficiencias de la industria láctea. Su descripción del oneroso y costoso mecanismo para llevar la leche de las vacas hasta la mesa familiar era una historia ya conocida para los cubanos, quienes han sido sometidos por décadas a una economía centralizada, que se encuentra entre las más disfuncionales y anómalas del mundo. Pronto se hizo evidente que la inesperada franqueza de Castro ese día representaba el inicio de una era de transformación para la economía de la isla.

Luego de que Fidel Castro cediera el poder a su hermano en 2008, el Gobierno cubano inició una serie de reformas que han permitido que sus ciudadanos comiencen a crear formas de sustento que no están completamente sujetas al control del Estado. El ritmo ha sido vacilante, con mucho retroceso propiciado por la antigua guardia del Gobierno, que considera una mayor liberalización de la economía como un repudio del sistema socialista que Fidel Castro hizo sacrosanto.

El inminente final de la era de los Castro —Raúl Castro, de 83 años, ha dicho que dejará el cargo en 2018— coincide con un intenso debate sobre el futuro de la economía del país.
Hasta ahora, la administración Obama ha observado las reformas con escepticismo. La Casa Blanca ha flexibilizado las restricciones de viaje a la isla y de remesas, pero ha hecho relativamente poco para empezar a levantar la red de sanciones que Estados Unidos ha impuesto a Cuba durante décadas.

El presidente Obama podría ayudar a expandir el papel de la pequeña pero creciente clase empresarial al flexibilizar sanciones mediante pasos que puede tomar unilateralmente la rama ejecutiva. También puede colaborar con el creciente número de legisladores que apoyan la expansión de relaciones comerciales con Cuba. La Casa Blanca podría iniciar el proceso eliminando a Cuba de la lista del Departamento de Estado de países que respaldan a organizaciones terroristas. También es posible ampliar los mecanismos mediante los cuales los estadounidenses pueden proveer capital a las empresas independientes.

Hacer eso empoderaría a los cubanoamericanos que desean desempeñar un papel más robusto en la transformación económica de la isla. Además, gradualmente, disminuiría la habilidad del Gobierno cubano de culpar a Washington por las deficiencias de una economía que está fallando a sus ciudadanos, principalmente como resultado de las políticas estatales.

Antes de que Fidel Castro asumiera el poder en 1959, la economía de Cuba estaba dominada por su relación con Estados Unidos, entonces el más importante importador del principal producto cubano, azúcar. Los turistas estadounidenses viajaban a la isla por montones, atraídos por su proximidad, clima tropical y deleitante vida nocturna.

Luego del derrocamiento de Fulgencio Batista, un líder autoritario que había protegido los intereses comerciales estadounidenses, el Gobierno de Fidel Castro afianzó el control sobre, prácticamente, todo segmento de la economía. Decomisó tierra y propiedades de empresas estadounidenses y prometió garantizar vivienda, atención médica y educación a todos los ciudadanos. El sistema comunista generó una economía retrógrada y lánguida, respaldada ampliamente por Moscú. Pero luego del colapso de la Unión Soviética en 1991, la economía cubana se desplomó.

Los cubanos llaman de manera eufemística a la austera privación de los años 90 el “periodo especial”, una época en que el Gobierno cubano fue forzado a permitir cierta inversión extranjera y autorizar, de manera limitada, el empleo por cuenta propia. En 1999, la Habana encontró un nuevo benefactor en el recién elegido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuyo apoyo hizo posible que las autoridades cubanas apretaran el control estatal de la economía.

Pero en los últimos dos años, Venezuela, que provee petróleo ampliamente subvencionado a Cuba a cambio de servicios médicos, lidia con una crisis política y económica que empeora, y que podría forzar la eliminación de subvenciones a La Habana.

La precariedad de esa relación le ha dado más urgencia al debate sobre cuán rápido el Gobierno cubano necesita implementar las reformas que respaldó Raúl Castro. Los líderes de la antigua guardia advierten que una economía de mercado liberalizada podría convertir a Cuba en una sociedad menos igualitaria y proveería una apertura a que Estados Unidos desestabilice al gobierno mediante una inundación de inversión privada. Los reformistas, incluidos algunos de los economistas más respetados del país, argumentan que el estado actual de la economía es insostenible.

La realidad es que los logros en la previsión social de la isla no pueden sustentarse si se mantienen las tendencias económicas y demográficas actuales. Cuba, Argentina y Chile son los únicos países de Latinoamérica y el Caribe actualmente clasificados en el rango superior del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, una medición del nivel educativo, expectativa de vida, entre otros indicadores, de un país.

El salario promedio en Cuba, en la actualidad, equivale a aproximadamente el 28% del valor adquisitivo antes del colapso de la Unión Soviética, según el Centro de Estudios de la Economía Cubana, una entidad estatal adscrita a la Universidad de la Habana. La devaluación ha causado hurtos descontrolados en los centros laborales. También ha incentivado a miles de profesionales cubanos que han emigrado a Estados Unidos y Latinoamérica en los últimos años en busca de una vida mejor. La tasa de natalidad del país ha descendido, a la vez que los ciudadanos en edad avanzada viven más tiempo.

El sector agrícola sigue obstaculizado por tecnología desactualizada y políticas bizantinas. Una ley para atraer inversión extranjera que la Asamblea Nacional de Cuba aprobó en marzo, aún no produce un solo acuerdo. Y, para aumentar los desafíos, el Gobierno cubano ha prometido eliminar próximamente su sistema de doble divisa, un proceso que podría generar inflación. El sistema dual, que incluye un peso ajustado al dólar, se estableció en los años 90, cuando se abrió el turismo.

A pesar del estancamiento económico, hay que destacar el crecimiento de una nueva clase de empleados del sector privado, actualmente casi 500,000. Aunque no es una cifra enorme en una nación de 11 millones de habitantes, constituye una clase sorprendentemente ingeniosa en un país donde administrar un restaurante privado exige adquirir prácticamente todos los ingredientes en el mercado negro. Un producto tan básico como la papa tiene que adquirirse como contrabando en Cuba.

Muchos de los que han establecido negocios, tales como posadas, son cubanos que regresaron con ahorros obtenidos en el extranjero y aquellos con parientes que aportaron el capital inicial. Todos luchan con la burocracia ante la imposibilidad de importar legalmente productos tan básicos como colchones y almohadas. Traer artículos de Estados Unidos es costoso y complicado, como consecuencia de las sanciones estadounidenses.

Las autoridades cubanas parecen tener una actitud inconstante respecto al creciente sector privado. Aunque dan la bienvenida al empleo y a la ganancia tributaria que genera, los burócratas están poniéndoles trabas a los negocios particularmente exitosos, y obligando algunos a convertirse en cooperativas administradas conjuntamente con el Estado. El mensaje parece ser: queremos prosperidad pero no personas más prósperas que otras.

Washington podría empoderar el campo reformista al facilitar que los empresarios cubanos obtengan financiamiento externo y formación empresarial. Es poco probable que esa estrategia sea exitosa, a menos que Estados Unidos abandone su política de cambio de régimen. A pesar de que la transformación económica de Cuba está avanzando lentamente, bien podría conducir a una sociedad más abierta. Por ahora, el continuo antagonismo proveniente de Washington solo está ayudando a la antigua guardia.

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 Otros editoriales del NYT sobre Cuba

  Foto AP/ Ramón Espinosa; Fuente The New York Times;

martes, 18 de noviembre de 2014

Estados Unidos-Cuba: ¿Qué viene ahora?

Por Iroel Sánchez
 
Siendo yo un niño iletrado en vías de dejar de serlo, siempre llamaba mi atención en el librero de mi padre un libro grueso con unas letras grandes rojas y negras en el lomo. Yo, que no sabía aún que la u no se pronuncia después de la g si no tiene diéresis, leía una palabra inexistente: la “güerra”.

Mucho después supe se trataba de un clásico, La guerra de Karl von Klausewitz, cuya frase más citada me ha venido a la mente por estos días.

El 26 de julio del año 2000, poco antes de terminar el gobierno de Bill Clinton, Fidel afirmó:

“Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen.

“Sin ánimos de perturbar los dulces sueños de los que esto último piensan, cumplo el cortés deber de advertirles que la Revolución cubana no podrá ser destruida ni por la fuerza ni por la seducción.”

La reciente saga de editoriales del diario The New York Times sobre Cuba ha evidenciado que hay un sector influyente en Estados Unidos que parece decidido a asumir la confrontación en el terreno propuesto por el líder cubano y “jugar limpio”.

Este ha venido a ser el último de una serie de acontecimientos que han marcado durante el año 2014 lo que muchos consideran la crisis terminal de la actual -y cincuentenaria-  política estadounidense hacia Cuba.

El mes en que cada fin de semana han aparecido declaraciones de la junta editorial del periódico neoyorquino pidiendo modificar la estrategia estadounidense hacia la isla caribeña, ha estado acompañado del reconocimiento del papel de Cuba en la lucha contra el ébola por el Secretario de Estado norteamericano John Kerry y la embajadora de EE.UU. en la ONU, Samantha Power.

El año 2014 había comenzado con la Cumbre de la Comunidad de Estados de Lationoamérica y el Caribe (CELAC), celebrada en La Habana que no sólo condenó de manera unánime el bloqueo estadounidense contra la Isla, sino que reconoció  “el compromiso de los Estados de la América Latina y el Caribe de respetar plenamente el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones”, en un respaldo total al derecho de Cuba a construir una sociedad diferente de la que Washington ha intentado imponerle.

El consenso latinoamericano sobre Cuba es tal que nadie discute si el presidente Raúl Castro estará en la próxima Cumbre de las Américas en abril de 2015. Lo que se debate es si Obama asistirá -en esas condiciones- a un espacio donde Washington se ha negado, desde su surgimiento en 1994, a aceptar a Cuba.

Por su parte, la Unión Europea reabrió las negociaciones con Cuba para un acuerdo de cooperación, cambiando tácitamente la “posición común” que Washington había impuesto a través del gobierno de José María Aznar. Infuyentes personalidades estadounidenses como el Presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. y la casi segura candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, se manifestaron públicamente contra el bloqueo.

Además del tema del bloqueo y la “impresionante contribución” cubana a la lucha contra el ébola, el Times le ha dedicado editoriales a los cambios en el electorado estadounidense con respecto a Cuba, a la necesidad de un “canje de prisioneros” entre ambos países, al descrédito provocado por el financiamiento destinado por Washington a grupos “disidentes” cubanos a través de la USAID y a reclamar el cese del programa estadounidense para estimular la emigración de médicos cubanos que colaboran en terceros países. Una por una, el Times ha ido descalificando las viejas y nuevas armas de la guerra estadounidense contra Cuba.

La propuesta de que EE.UU. conmute las penas de prisión de los tres cubanos del grupo de “Los Cinco” que aún están en cárceles estadounidenses por vigilar las actividades de grupos terroristas asentados en el Sur de la Florida a cambio de que Cuba libere al “subcontratista” estadounidense Alan Gross, condenado por implementar dentro del territorio cubano un plan del gobierno estadounidense llamado “Cuba Democracy and Contingency Planning Program” para el cambio de régimen, era ya vade retro para la extrema derecha cubanoamericana. Pero el cuestionamiento del dinero para quienes The New York Times llama “charlatanes y ladrones” es la gota que terminó de disparar las alarmas para el llamado negocio de la industria anticastrista que, como instrumento al fin, sienten que pueden ser sustituidos.

No es cualquier opinión. Desde el diario con el nombre de la Gran manzana habla una parte muy influyente del establishment estadounidense y global que ha comprendido que sus intereses se verían favorecidos con un cambio en la relación entre Cuba y EE.UU.

¿Qué puede pasar ahora? 
Dos cosas. Incluso si el presidente Barack Obama no utilizara en el corto plazo sus prerrogativas -que las tiene- para comenzar a avanzar en la normalización con Cuba -amplia licencia para viajes de ciudadanos estadounideses, canje de prisioneros, retirar a la Isla de la lista de países terroristas, por ejemplo- los sectores que se oponen al cambio -especialmente la llamada extrema derecha cubanoamericana- empleará todas sus artes para provocar un incidente que atore el proceso. Ya lo hicieron en el pasado cada vez que se vio en el horizonte cualquier posibilidad de acercamiento y ahora mismo deben andar desesperados buscando una provocación. 
En paralelo, veremos el incremento de las acciones para lo que The Times llama  “influir de manera positiva en la evolución de Cuba” con el consiguiente florecimiento -ya en parte apreciable y financiado desde terceros países aliados a EE.UU-. de proyectos para lo que el quinto editorial del periódico neoyorquino describe como  “mecanismos para empoderar al cubano común y corriente, expandiendo oportunidades de estudios en el exterior, organizando más enlaces profesionales, e invirtiendo en las nuevas microempresas en la isla”. Un desafío que es parte de ese acercamiento que Cuba jamás rechazará pero cuyo objetivo tampoco se debe desconocer.
También lo hicieron en el pasado. Desde que con Bill Clinton en la presidencia se vislumbró la posibilidad de un cambio de política -frustrado por las provocaciones de grupos como Hermanos al rescate- surgieron varios proyectos que cristalizaron en la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana y su revista Encuentro, apoyada desde la socialdemocracia otanista de Suecia y España. Ya otro gobierno socialdemócrata nórdico cuyo líder es hoy el Secretario General de la OTAN se involucró este año en proyectos intelectuales “de izquierda” en Cuba.
La National Endownment for Democracy (NED) definía así el objetivo de Encuentro: “Para promover un diálogo entre escritores, artistas y académicos en Cuba y en la diáspora sobre el cambio político y el futuro de Cuba”. Si los nacientes proyectos niegan tener una “agenda partidista” y no desean “criticar a ningún segmento de cubanos”, Encuentro en su primer editorial declaraba que “no representa ni está vinculada en modo alguno a ningún partido u organización política de Cuba o del exilio” y proclamaba “que no haya jamás ataques personales”.
Y lamentablemente, aunque sea motivo para que algunos digan, “puff, otra vez lo mismo”, tenemos que hablar de lo mismo: la CIA y sucedáneos. Encuentro, absolutamente derechizada con la llegada de George W. Bush al poder se escindió entre los portales de Internet Cubaencuentro y Diario de Cuba, financiadas actualmente por la NED -que el mismo Times definiera como pantalla de la CIA-, tomó el modelo y hasta el nombre de la revista Encounter del Congreso por la Libertad de la Cultura que durante la Guerra Fría Cultural fueran pagados también por Estados Unidos pero con sede en París.
Siempre serán proyectos “de izquierda no comunista” que buscarán legitimación intelectual porque, como concluyó la CIA al inclinarse por el novelista Arthur Koestler para liderar inicialmente su Congreso por la Libertad de la Cultura: “¿Quiénes mejor que los ex comunistas para luchar contra los comunistas?”. En su libro La CIA y la Guerra Fría cultural, Frances Stonor Saunders refiere la “revolución silenciosa” -en palabras de Arthur Schlesinger- en que “las personas en la Administración cada vez comprendían mejor y apoyaban en mayor grado las ideas de los intelectuales que estaban desilusionados con el comunismo pero que aún tenían fe en los ideales del socialismo”.
Del lado de los que han sido señalados como “charlatanes y ladrones” también hacen sus ajustes. Sólo días después del quinto editorial sobre Cuba del New York Times, Diario de Cuba adecuaba su lenguaje y presentaba un “órgano sin fines de lucro, no partidista, destinado a abogar por los derechos de los afrodescendientes y de otros grupos marginados en Cuba, al recuperar su historia de activa participación en la fundación y desarrollo de la nación y su cultura”. Altos y nobles fines para personajes que acaban de ser descalificados tan duramente por el periódico más importante el mundo, y que por cierto, nunca los buscó a ellos sino a personas involucradas en la vida institucional cubana para abordar esos temas. Porque como acaba de decir el Times al gobierno de Obama “es más productivo lograr un acercamiento diplomático, que insistir en métodos artificiosos”.
No olvidan ellos que fue con el acercamiento diplomático y desde arriba que lograron estimular la implosión de la URSS liderada por los que se planteaban “un socialismo con rostro humano”.
The New York Times y quienes el periódico representa -al describir tan exactamente a los empleados de la política estadounidense en Cuba- han comprendido que nada que no se identifique como “de izquierda” ni declare estar de acuerdo con la soberanía y la justicia social tiene espacio político en la sociedad cubana de hoy . Si Capriles se presentaba contra el bolivarianismo “desde abajo y a la izquierda” y en Brasil “socialistas” y “socialdemócratas” se unieron contra Dilma Rouseff, cómo será en Cuba donde la cultura política antimperialista y por la justicia social están mucho más acendradas.
Lo decisivo
La actuación del líder de la Revolución a inicios del Siglo XXI fue un intento de adelantarse, con lo que ha sido descrito por Martínez Heredia como “la ofensiva de Fidel que “pretendió frenar desigualdades y reforzar al socialismo”, a lo que inevitablemente ocurriría.
Luego de aceptar el desafío de lo que el New York Times propone ahora como nueva política hacia Cuba, Fidel se refería al antídoto en un nuevo escenario que el extremismo de la Administración Bush hizo retroceder y se vuelve a vislumbrar ahora como inminente:
“Con ideas verdaderamente justas y una sólida cultura general y política, nuestro pueblo puede igualmente defender su identidad y protegerse de las seudoculturas que emanan de las sociedades de consumo deshumanizadas, egoístas e irresponsables. En esa lid también podemos vencer y venceremos.”
Parte de esa cultura es saber qué es el imperialismo estadounidense en relación con Cuba y qué rol ocupa The New York Times dentro de él. Martínez Heredia lo describió con bastante exactitud a raíz de una polémica desatada hace un año y medio desde ese periódico sobre nuestro país:
“The New York Times es una gran empresa del sector de información y formación de opinión pública, antigua e influyente, y se sujeta a normas correspondientes a la idea que tiene de su función y al papel que le toca al servicio del orden vigente en su país y su política exterior imperialista. En todo sistema de dominación desarrollado cada uno tiene su esfera, sus maneras y su función. Que yo sepa, nunca ha mostrado alguna simpatía por la sociedad que tratamos de edificar en Cuba, pero puedo admitir que forma parte del sector educado de nuestros enemigos.”
No obstante, habrá que recordar y agradecer siempre la actual contribución de este medio de comunicación a hacer visible entre las élites norteamericanas el fracaso y descrédito de la guerra económica y de subversión estadounidense contra Cuba. Invirtiendo la archicitada frase de Klausewitz, la nueva política sería en este caso la continuación de la guerra por otros medios, una lid en la que como dijo el líder de la Revolución sólo podemos vencer “con ideas verdaderamente justas y una sólida cultura general y política”. Más que preocuparnos por lo que hagan nuestros adversarios, lo decisivo es una vez más qué hacemos nosotros.

(Publicado en CubAhora)

Tomado de su blog La Pupila Insomne

martes, 11 de noviembre de 2014

¿Por qué The New York Times quiere que se acabe el embargo a Cuba?

¿Por qué The New York Times quiere que se acabe el embargo a Cuba?


El diario estadounidense The New York Times ha publicado cinco editoriales sobre Cuba en cinco semanas consecutivas, todos en sus ediciones de fin de semana, todos en inglés y en español.

En ellos, los editorialistas piden que Estados Unidos le ponga fin al embargo que mantiene desde 1960, retire a la isla de su lista de países patrocinadores del terrorismo, deje los “esfuerzos ocultos para derrocar el gobierno” en La Habana y restaure las relaciones diplomáticas de más alto nivel, ausentes desde 1961.

El periódico también defiende la idea de un intercambio de presos que permita la liberación del subcontratista gubernamental estadounidense Alan Gross, detenido en Cuba desde hace casi cinco años, a cambio de tres agentes de inteligencia cubanos que fueron condenados en Estados Unidos por espionaje.

“Un canje podría abrir el camino para reanudar lazos diplomáticos, lo cual permitiría que Estados Unidos tuviera mayores oportunidades de fomentar cambios positivos en la isla mediante la expansión de comercio, turismo y mayor contacto entre cubanos y norteamericanos”, dice el editorial sobre ese tema, del 2 de noviembre.

“De lo contrario, se perpetuará la enemistad que ha reinado durante más de 50 años, continuando así un ciclo de desconfianza y actos de sabotaje por ambos lados”.

Lea también: Qué debe pasar para que EE.UU. levante el embargo a Cuba
 
¿Por qué cinco editoriales ahora?

El editor de las páginas editoriales de The New York Times, Andrew Rosenthal, le dijo a BBC Mundo que los cinco artículos del último mes corresponden con la postura histórica que ha tenido el diario sobre Cuba y el embargo.

Fidel Castro citó en una de sus columnas casi todo el editorial del Times que pide por el fin del embargo.
Fidel Castro citó en una de sus columnas casi todo el editorial del Times que pide por el fin del embargo.
Pero no deja de llamar la atención, más allá de que concuerde con una opinión de vieja data, que el periódico esté publicando tantos editoriales sobre el mismo país y con intervalos claramente definidos.

La razón para hacerlo ahora es que el diario considera que “por primera vez en más de 50 años”, la situación política de ambos países está dada para que se puedan reanudar las relaciones.

El periódico destaca cómo Cuba se está preparando para una “era post-embargo” con las reformas que ha implementado, mientras hay un creciente número de voces en Estados Unidos que abogan por una mayor cercanía con ese país.

Además, en Washington se está discutiendo cómo el presidente Barack Obama tiene una oportunidad importante de señalar cambios políticos sobre Cuba en los próximos meses, antes de la Cumbre de las Américas en abril, donde puede coincidir con el mandatario cubano Raúl Castro, quien fue invitado por el país anfitrión, Panamá.

Según Rosenthal, lo que en últimas busca el diario es “influenciar a los legisladores estadounidenses a medida que continúan contemplando las políticas sobre Cuba” y “fomentar reformas en la isla para empoderar a los cubanos comunes y corrientes y aumentar las libertades personales”.
Esta apuesta coincide con la llegada a las páginas editoriales de Ernesto Londoño, un periodista colombiano quien trabajó en The Washington Post.

Desde su contratación en septiembre, el periódico no sólo empezó a publicar algunos de sus editoriales en español, sino que aumentó su énfasis en América Latina con editoriales sobre Colombia, Bolivia y Venezuela.

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Los cinco editoriales bilingües sobre Cuba
Tiempo de acabar el embargo de Cuba – 11 de octubre de 2014 La impresionante contribución de Cuba en la lucha contra el ébola – 19 de octubre de 2014 Los cambios electorales respecto a Cuba -25 de octubre de 2014 Un canje de presos con Cuba – 2 de noviembre de 2014 En Cuba, desventuras al intentar derrocar un régimen – 9 de noviembre de 2014

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¿Qué tan influyentes son los editoriales?
The New York Times es considerado por muchos el diario más influyente de Estados Unidos. Sus editoriales tienden a discutirse en los círculos políticos en Washington y con frecuencia tienen resonancia internacional.
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El más reciente editorial fue reseñado en la portada del diario oficial cubano Granma.
Rosenthal opina que está satisfecho de haber “fortalecido el debate acá, en Cuba y alrededor de América Latina” con los cinco textos.

Éstos se han mencionado tanto en Estados Unidos como en la isla e incluso este lunes, el diario oficial cubano Granma reseñó en su artículo principal en internet cómo el Times reconocía “la política injerencista de EE.UU. contra Cuba”.
Fidel Castro también citó, en una de sus columnas en medios estatales, casi todo el editorial del periódico neoyorquino que pide el fin del embargo.

Los artículos, además, llamaron la atención en Miami, donde organizaciones del exilio cubano criticaron, por ejemplo, la propuesta del canje entre Gross y los tres agentes de inteligencia.
El diario considera que el embargo de EE.UU. a Cuba es "insensato".
El diario considera que el embargo de EE.UU. a Cuba es “insensato”.
Pero algunos comentaristas son un poco escépticos sobre el efecto que puedan tener los editoriales.

“No asumiría demasiado de (los artículos) de The New York Times, aunque sí son un pilar más de apoyo para que actúe la Casa Blanca”, le dijo a BBC Mundo Ted Piccone, analista de temas latinoamericanos en el centro de estudios Brookings, en Washington.

Piccone agregó que The New York Times “a veces tiene una sensación inflada de poder e influencia” y opinó que por sí mismos no cree que los editoriales sean muy influyentes.
Pero más allá de ese impacto percibido, el editor Andrew Rosenthal se siente satisfecho y concluye, en sus respuestas a BBC Mundo, que el diario seguirá buscando ángulos “que alimenten el debate” sobre Cuba.
(Tomado de BBC Mundo)

Vea también:

Fuente Progreso Semanal