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martes, 11 de agosto de 2009

¿Por qué las opciones de Cuba Socialista tienen que ser tan apocalípticas?

Por Orlando Cruz Capote

Hace unos poco días leí un artículo del camarada Guillermo Almeyra en Rebelión, y me dio la impresión que estábamos en los últimos momentos del proceso revolucionario cubano.

Como hemos vivido -todo el pueblo cubano- tiempos muy difíciles y complejos no encuentro razón alguna para que estos instantes históricos sean los más complicados y que nos lleven a una hecatombe sin remedio. Una mirada a la geopolítica mundial y regional actual nos da mucha razón para aseverar que es así. Otra es el desarrollo y crecimiento material y espiritual -no lineal, es cierto- que el país ha venido sosteniendo contra viento y marea -si hablamos de ciclones y penetraciones del mar-, y si tenemos en cuenta el terrible y genocida bloqueo de los EE.UU., que ha sido secundado por muchos países ricos del norte geopolítico.

Aunque el Imperio del Potomac continúa con su política agresiva, no obstante Cuba se ha mantenido firme y no ha realizado concesiones a su soberanía e independencia nacionales así como a su derecho a la autodeterminación. Aunque hemos perdido algunos niveles de equidad e igualdad social -debido al derrumbe del campo socialista y la URSS, el propio bloqueo e insuficiencias nuestras- hemos evitado una política de choque al estilo neoliberal que deteriore a los sectores más pobres de nuestra población.

Esa actitud ha sido reconocida por muchos, inclusive nuestros adversarios. Pero hay indicios de que el mundo está cambiando y que el único país que no ofrece una mínima expresión de transformación es el que administran la Casa Blanca. Incluso son la rara excepción de no acatar el mandato de la OEA, del Grupo de Río y otras organizaciones de Nuestra América. ¡Estados Unidos está aislado en su política anticubana! Todos los demás pueblos y gobiernos tienen relaciones con Cuba: cuando sea restituida la democracia legítima de Zelaya en Honduras esperamos que esas relaciones se normalicen otra vez.

Tenemos por primera vez en la historia de la Revolución, una diversificación del comercio y de los créditos como nunca antes. Tenemos a China Popular, a Rusia, Venezuela, Brasil y otros tantos más que nos han permitido evitar la dependencia hacia un solo país y un solo mercado. La Unión Europea, a pesar de sus veleidades y ambigüedades, comercia con Cuba y trata de mantener un diálogo constructivo con el gobierno cubano. Y si no se avanza con el bloque, se han realizado pasos positivos a nivel bilateral con algunos países.

Es verdad que la crisis capitalista estructural actual nos va a golpear a todos, también que el paso de los tres ciclones en el 2008 hizo grandes estragos en la Isla, y que nuestras reservas están muy apretadas. Pero, ¿por qué dudar del esfuerzo de nuestro gobierno y pueblo por dar un viraje en la autosuficiencia alimentaria y en el desarrollo industrial, educacional y cultural del país? ¿Por qué parte de la izquierda mundial debería tener incertidumbres de que otra vez la Revolución Cubana saldrá adelante, no obstante realizar grandes sacrificios?

Todos saben, incluso en el Pentágono, que una aventura militar contra Cuba sería costosísima, que sería esa “guerra infinita” de la que tanto han hablado y que nunca podrían vencernos y que sería la última que desarrollen. Que la solidaridad internacional sería enorme, pero que nuestra solidez defensiva propia es suficiente para destrozar a los marines si intentan hollar el suelo cubano. Y ese cálculo lo tienen realizado muy bien, con sus ganancias y pérdidas. Y a decir verdad no les cuadra, porque saldrían perdiendo. Morirían más soldados norteamericanos en un intento de desembarco en Cuba que en toda su historia bélica. Que la cercanía del Verde Caimán sería un problema para los corredores aéreos, que siempre seremos la Llave del Golfo, que solo estamos a 90 millas de sus costas, etc. Y que conste que Cuba nunca ha sido y nunca lo será un peligro de seguridad nacional para los EE.UU., pero que si osarán invadirnos o agredirnos

por aire, mar y tierra le daríamos una respuesta muy asimétrica en el terreno militar. Y ese, el súper-ejército norteamericano, nunca ha estado preparado para vencer una lucha popular prolongada, una guerra irregular incansable. Una mirada a Afganistán e Irak sería suficiente para cualquier analista militar y político.

¿El camarada Almeyra conoce bien a mi país? ¿Por qué duda de la juventud cubana? ¿Sabe lo que significa el heroísmo trascendental de un pueblo? ¿Lo diferencia del cotidiano y de los estados de opinión -muy críticos- que siempre han existido entre las masas populares, porque la Revolución nos enseño a criticar y a no ser conformistas? ¿Sabe que la Revolución Cubana es un proceso en permanente estado de subversión, que somos una utopía en construcción constante, que nada es definitorio y que luchamos por ir hacia un perfeccionamiento renovador, aunque algunos nos acusen de inmovilismo e inercia. ¿Y que tampoco queremos ser perfectos, porque el día que pensemos que lo somos, nos suicidamos como nación, nacionalidad y socialismo, esa autocomplacencia que es antagónica a los revolucionarios verdaderos?

¿Conoce el camarada Almeyra de nuestras tradiciones históricas y culturales y cómo las mismas se han convertido en una brújula y fortaleza del socialismo que construimos con miles de dificultades? ¿Comprende Ud. que las conquistas alcanzadas por la revolución Cubana nadie se las puede arrancar al pueblo de un plumazo?

En uno de sus párrafos Ud. escribe “[...] ¿Por qué no consultar a la población sobre sus necesidades y sobre cuáles son las propuestas que tiene para resolverlas? ¿Por qué dejar todo en manos del aparato estatal, o sea, de una burocracia y de una tecnocracia cuyas intenciones nadie discute pero que tienen otra percepción que la gente común, y tender a resolver las cosas de modo administrativo, utilizando la mano de obra militar, y no movilizando la energía y la creatividad de los trabajadores? ¿Por qué no hacer asambleas populares para la producción y la mejora de la vida, donde la gente discuta, proponga, resuelva, directamente? Si el congreso del partido ha sido postergado, confirmando una vez más que el partido no tiene vida propia y no controla al Estado sino que depende de un puñado de dirigentes de éste, ¿por qué no convertir la conferencia extraordinaria en una discusión abierta, libre, propositiva, ampliada a los trabajadores en sus lugares de trabajo? La opción tecnoburocrática es una opción falsa. No se construye el socialismo sin la participación consciente del pueblo cubano. Cuba está en una emergencia y sólo saldrá de ella con la participación y la voluntad de todos los trabajadores e intelectuales.

Y entonces, excúseme camarada Almeyra, en estas líneas impropias de un revolucionario, de una persona que se las puede tildar de izquierda hay mucha falta de respeto y de ética. Porque en Cuba siempre ha habido procesos de consulta con la población -80 mil asambleas de trabajadores se hicieron cuando el derrumbe del campo socialista en los años 90-, y en estos momentos se están preparando ese intercambio con el pueblo para la Conferencia Nacional del PCC y luego para su VI Congreso. ¿No leyó bien el discurso del Presidente de Estado y Ministros de Cuba, el compañero Raúl Castro? ¿Por qué repite como un papagayo esas sandeces acerca del partido comunista cubano que tanto denigran las fuerzas más reaccionarias de la derecha y los conversos de la izquierda? ¿Por qué se arroga el derecho de denominar a la dirección revolucionaria -y el pueblo que son una misma cosa- de ser tecno-burocrática y de no estar viviendo en la realidad de toda la población?

Mire, no quiero hacer más larga mi exposición. Porque me da la impresión que nos está atacando de mala fe, aunque su discurso parece sugerirnos pasos, porque se le ha salido un tufillo de odio hacia el proceso socialista cubano, y de paso hacia el venezolano porque afirma que nos dejarán solos y sin petróleo.

¿Cree Ud. en lo que escribe, camarada Almeyra? Si es así, está a un paso de cambiar su chaleco de revolucionario y usar un traje de corte burgués y entonces nuestro diálogo tomaría el rumbo de la confrontación. No se desconsuele y se desmerengue y asuma aquella máxima gramsciana -tomada Román Rolland- de que al pesimismo de la inteligencia debemos imponer le optimismo de la voluntad.

En Cuba no se le teme a la IV Flota, a las bases militares instaladas en Colombia, ni siquiera a la de Guantánamo, a las amenazas de agresión e intervención contra ella misma y contra cualquier país del hemisferio. Quizás ese sería el momento histórico de unirnos de una vez y para siempre y dar la sangre de todos por uno solo de los agredidos.

No se olvide de eso, camarada Almeyra. Aún Bolívar y Martí tienen mucho que hacer en Nuestra América, y junto a ellos Sandino, el Ché y otros tantos próceres y mártires de nuestras gestas independentistas y de las incesantes luchas por la justicia social.

martes, 24 de marzo de 2009

Ética, un puente hacia la civilización

Ética, un puente hacia la civilización
Por Noel Manzanares Blanco

“Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
“Ser culto es el único modo de ser libre”.
José Martí


Sin ánimos epistemológicos y sí en medida considerable convocado por el latir de las generaciones de terrícolas que viven al margen de la cultura universal o excluidos de las Estadísticas, considero oportuno alzar la palabra con vistas a apostar a la Ética como garante del progreso humano en el siglo XXI, mucho más cuando encaramos una crisis estructural del sistema de Relaciones Internacionales que agrava las restricciones en el Norte, y sobre todo las calamidades en el Sur.

Precisando conceptos

Para allanar el camino, resulta propicio especificar la formulación que operacionalmente acompaña a este rótulo, a saber:

Asumo como cultura universal al resultado y quehacer continuo de la obra humana a favor de la virtud contra instintos animales, todo lo cual ha sido legado de generaciones en generaciones desde tiempos remotos atendiendo a cada contexto histórico-concreto, cuya función cada vez más radica en satisfacer las necesidades materiales y espirituales de las personas en un medio que privilegie armonía con la sociedad y la naturaleza. Su núcleo duro debe ser la lucha por la fraternidad, la dignidad, la equidad y la felicidad de todos los pueblos, en contracorriente con la degradación de nuestra especie.

Con este presupuesto, la ética es entendida como el sistema de normas que rigen y condicionan la postura humana en aras de privilegiar la bondad en las acciones ante sí y el prójimo. Su clímax ha de medirse por la magnitud en que han sido aprehendidos los valores que hacen posible la convivencia de infantes, adolescentes, jóvenes y adultos a partir del esfuerzo y resultado que concrete la máxima de José de la Luz y Caballero según la cual “la justicia es el sol del mundo moral”.

Así, admito la presencia de la civilización justamente cuando la cultura universal quede traducida en que ―al tiempo que se resuelvan necesidades tales como comer, beber, tener un techo, vestir― la ciencia, las artes… constituyan patrimonio de las personas, sin discriminación alguna, y a partir de ello devenga tangible el mencionado núcleo.

Crisis y responsabilidad

Es secreto a voces que el mundo vive una profunda crisis estructural.

Cuando se abrieron las puertas del Tercer Milenio, las estadísticas revelaban que, lejos de disminuir, la pobreza crecía y se ampliaba la desigualdad entre los países y hacia el interior de las naciones, todavía más en las subdesarrolladas. Algunas referencias servían para hacer la denuncia: en una población que rebasaba los seis mil millones de habitantes, 2 600 millones de personas carecían de servicios de saneamiento; otras mil cien millones no tenían acceso a agua potable; al tiempo que paradójicamente cerca de mil millones de hembras y varones que viven en países desarrollados consumían alrededor de la mitad de la energía total, casi 2 000 millones de pobres no conocían todavía la electricidad; unos 850 millones pasaban hambre todos los días ―física, ni hablar de la específica―; más de 800 millones eran analfabetos y, como si fuera poco, 115 millones de niñas y niños no iban a la escuela primaria ―lo que era ya una indiscutible amenaza para el capital humano que demandan los desposeídos.

En los días que corren, basta leer el Periódico, oír la Radio, estar ante un Televisor o navegar en la Internet para recibir noticias que corroboran cómo el mundo anda de mal en peor. Aquí va una:

El pasado 17 de marzo, desde Tokio trascendió que el economista y premio Nobel de la Paz, el bengalí Muhammad Yunus, consideró que el actual sistema financiero mundial solo funciona para los ricos, y en correspondencia abogó por un nuevo concepto en el que los beneficios no sean la principal motivación, sino el fin social ―dice Prensa Latina.

También se conoció que este economista, de 68 años, indicó que con la pérdida de confianza en el sistema bancario tradicional su proyecto de concesión de microcréditos a través del Banco Grameen cobró más fuerza, incluso en los países más desarrollados.

En otros datos interesantes, la propia fuente acota que el banco Grameen, fundado en 1983, con sede en Dacca, capital de Bangladesh, le valió a Muhammad Yunus el Premio Nobel de la Paz en el 2006 al conceder préstamos a personas sin techo; que la entidad financiera tiene un índice de morosidad de apenas el 0,4% y convierte a los mismos prestatarios en accionistas y en parte esencial de sus activos; y que dicha iniciativa surgió para ayudar a las madres de una pequeña localidad bengalí y en la actualidad se quiere extender la experiencia a algunos países desarrollados.

Sin lugar a dudas, Muhammad Yunus es un ejemplo de responsabilidad en medio de la oscuridad traída con el desenvolvimiento del Capitalismo.

Ética y Estado

Una antítesis de este Premio Nobel se encuentra en lo que sigue: cuando estaba en su apogeo el proceso que condujo al desmontaje del Socialismo en la otrora Unión Soviética y sus aliados de Europa del Este, el norteamericano de origen japonés que responde al nombre de Francis Fukuyama, escribió el artículo "El fin de la historia", publicado en la revista The National Interest, Nº 16, 1989, en el que sentenció:
"Quizás estemos siendo testigos no sólo del fin de la Guerra Fría, o del pasaje de un período particular de la historia de posguerra, sino del fin de la historia como tal: esto es, el punto final de la historia ideológica de la humanidad y de la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano".

Ha confirmado la Historia misma, veinte años después, la inconsistencia de los postulados de Fukuyama.

Es difícil encontrar a alguien que todavía apueste al Neoliberalismo, es decir al culto desmedido a la propiedad privada, la no intervención del Estado en el desenvolvimiento de la sociedad –salvo si se trata de reprimir al pueblo– y la supresión de preferencias para los pobres –sean personas o naciones– a partir de una supuesta libertad e igualdad competitivas.

Es fácil encontrar cómo políticos de Occidente revitalizan las ideas Keynesianas.

El Presidente Barack Obama, consecuente con su discurso en Chicago tras conocer la victoria en las elecciones del 4 de noviembre último, dijo: “Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren”. De allí que haya dicho que su principal preocupación es lograr la aprobación de un paquete de estímulo económico multimillonario para crear empleos, como se ha empeñado en concretar.

Por ese mismo estilo anda la Canciller alemana Angela Merkel, quien impulsa una ley de nacionalización de bancos en su país. De acuerdo con un reporte de Reuters del 18 Febrero de 2009, su gabinete aprobó un borrador que permitiría nacionalizar los bancos dañados para apuntalar el sistema financiero. Se trata de una medida enfilada a reanudar la economía y, por ende, oxigenar el mercado laboral.

Sin embargo, ni Barack Obama ni Angela Merkel ni sus similares golpean el problema, a ciencia cierta. Ignacio Ramonet, en su artículo “La explosión del desempleo”, publicado en Le Monde Diplomatique y reproducido en el Sitio Rebelión el 3 de marzo de este año, expone una idea que comparto:

“Hay que repetirlo: la crisis aún no ha tocado fondo. Y las próximas noticias van a ser peores. Las Bolsas siguen desplomándose. Los planes de rescate fracasan uno tras otro. No impiden que las principales economías del mundo –Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, España– entren en recesión. Grandes o pequeños, los bancos se hallan en situación objetiva de quiebra. Si no se nacionaliza la banca urgentemente y en bloque, el sistema financiero occidental podría perecer”.

Entretanto, la coherencia entre Ética y Estado halla expresión en la actitud que asumen las autoridades de China, Rusia, Venezuela... La prensa así lo evidencia.

Informa la ONU

En este orden de pensamiento, igualmente es importante examinar el Informe “Estado mundial de la infancia 2009/ Salud materna y neonatal”, a cargo del organismo de las Naciones Unidas que se ocupa de la edad temprana, UNICEF. En ese documento, se puede encontrar:

Apartado 4 “Fortalecer los sistemas sanitarios para mejorar la salud de la madre y del recién nacido”/ “Medida 4: Garantizar una financiación equitativa y sostenible/
“Financiar servicios de salud de calidad plantea problemas tanto a los países industrializados como a los países en desarrollo. Aun cuando no existen umbrales acordados a nivel internacional sobre el gasto mínimo total per cápita, la Cuenta Regresiva para 2015 calcula que un gasto inferior a 45 dólares per cápita es insuficiente para ofrecer servicios sanitarios básicos de calidad. De los 68 países prioritarios en cuanto a salud materna, neonatal e infantil identificados por la Cuenta Regresiva para 2015, 21 gastan menos de 45 dólares per cápita.

“El gasto público en salud suele ser un factor determinante de la capacidad de los sistemas sanitarios. Los pobres resultados en salud, la escasez de personal y la precaria inversión en infraestructura sanitaria y logística son frecuentes en los países con tasas bajas de gasto per cápita. Datos de la Organización Panamericana de la Salud mostraron que, en 2004, el gasto promedio en salud pública en el conjunto de los países de bajos y medianos ingresos fue de apenas el 2,6% del producto interno bruto, un sensible contraste con respecto al gasto de los países de altos ingresos, a saber, casi el 7% del producto interno bruto”.

Sin comentarios.

Avisan otros cables

Acerca de la inmoralidad imperante en el mundo, también da cuenta un cable de la agencia EFE titulado “Vaticano acusa a las multinacionales de apropiarse de los recursos de África”, fechado el pasado 19 de marzo y firmado por Juan Lara en Yaundé, Camerún.

Según la misma fuente, en el "Instrumentum Laboris" (documento de preparación) del II Sínodo de Obispos para África, que se celebrará del 4 al 25 de octubre próximo en el Vaticano, se debatirá sobre "La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz", un manuscrito que dice textualmente:

"En connivencia con hombres y mujeres del continente africano, fuerzas internacionales se aprovechan de esta miseria del corazón humano. Se fomentan las guerras con la venta de armas y se apoyan a políticos irrespetuosos con los derechos humanos y los principios democráticos para lograr ventajas económicas. Así se desestabilizan a las naciones y elimina a los que quieren tutelarlas". "Aplastando a las compañías locales, compran miles de hectáreas expropiando a las poblaciones de sus tierras con la complicidad de dirigentes africanos. Además, dañan el ambiente y arruinan la naturaleza, que inspira nuestra paz y nuestro bienestar y con la que las poblaciones viven en armonía".

A este respecto añade que hay que "vigilar" la brujería de la cultura africana, "que destroza la sociedad de los pueblos y de las ciudades y en nombre de una cultura o tradición la mujer es la víctima en materias de herencias y de ritos tradicionales de viudedad, mutilación sexual, matrimonio forzado o poligamia".

Sin comentarios.

El caso Cuba

Al margen de los problemas subjetivos que acechan y que, por tanto, pudieran hacer reversible la Patria revolucionaria y socialista si no actuamos resueltamente contra vicios y chapucerías…, es realidad palpable que en la Mayor de las Antillas disfrutamos de bondades que ni siquiera son sueños para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta Tierra.

Baste decir que tenemos educación gratuita, incluso para los estudios universitarios, extendidos ahora a todos los municipios del país, donde se superan más de dos tercios de los jóvenes entre los 18 y 24 años con oportunidad de hacer hasta un Doctorado en Ciencias –dato que sirve para explicar el porqué algunos estudiosos de la dinámica social certifican que Cuba es una suerte de país-universidad, a pesar de serias deficiencias en vías de solución.

Asimismo, tenemos hoy una esperanza de vida que se enrumba a los 80 años, menos de cinco de mortalidad infantil por cada mil nacimientos vivos y carecemos de robo de infantes o tiroteos en instituciones estudiantiles, entre otros genuinos valores humanos.

Agrego que a disposición de la ciudadanía, está una vacuna terapéutica contra el virus del papiloma humano, al cual se vincula prácticamente al 100 % de los cánceres del cuello uterino en todo el mundo. Es una muestra de los beneficios derivados de la Biotecnología que, como todos los servicios en la nación, se disfrutan al margen de ideología.

A propósito, significo el título “Vacuna terapéutica para el cáncer pulmonar/ Esperanzador peldaño”, publicado este 21 de marzo en Granma con la firma de Orfilio Peláez, el cual me induce a citar algunos de sus párrafos:

“Cuba acaba de renovar las esperanzas de poder controlar un día la progresión del cáncer de pulmón al disponer de la única vacuna terapéutica registrada a nivel mundial para combatir esa enfermedad, la más frecuente y mortal entre las neoplasias malignas.

“Denominada CIMAvaxEGF, el novedoso producto fue obtenido por un equipo de científicos del Centro de Inmunología Molecular (CIM) encabezado por la Doctora en Ciencias Gisela González Marinello, en colaboración con especialistas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), el hospital Hermanos Ameijeiras, el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas (CIMEQ), el Centro Nacional Coordinador de Ensayos Clínicos (CENCEC) y otras instituciones del sistema nacional de salud.

“La doctora Tania Crombet Ramos, directora de Investigaciones Clínicas del CIM, precisó a este diario que durante los diferentes ensayos clínicos realizados en Cuba, Inglaterra, Canadá y Malasia la vacuna ha sido aplicada a más de 800 pacientes aquejados de cáncer de pulmón avanzado, lográndose resultados alentadores. Se encuentra en curso un ensayo clínico Fase III en 20 hospitales del país, que permitirá consolidar la evaluación de eficacia de la vacuna.

“Como su nombre lo indica, aclaró la doctora Crombet, las vacunas terapéuticas de cáncer no tienen carácter preventivo ni pretenden curar. El objetivo principal es tratar de mantener el tumor controlado por largos periodos de tiempo, demorando en lo posible su progresión. Por el momento y al igual que sucede con la CIMAvaxEGF, se usan en combinación con el resto de la terapia oncológica tradicional, es decir, no sustituyen el uso de las radiaciones ni los citostáticos”.

También se advierte que este nuevo y prometedor resultado obtuvo el Premio de la Academia de Ciencias de Cuba al trabajo de mayor aporte científico del 2008; al tiempo que cuenta con su correspondiente registro de patente y ha sido objeto de 14 publicaciones científicas en revistas de impacto internacional.

Por demás, la práctica de nuestro Internacionalismo se guía por la tesis planteada en el concepto de Revolución expresado por Fidel Castro el 1ro de mayo de 2000 en el sentido de “luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo”. Para confirmarlo, resulta suficiente valorar cuánto aportamos en el sector de la Salud pública, especialmente alrededor de los resultados de la Operación Milagro que ha permitido que miles y miles de personas de Nuestra América hayan mejorado y/o recuperado su visión; mientras que en el ámbito de la educación, –por ejemplo-, el método educativo cubano Yo, sí puedo se ha validado en más de quince países, con la correspondiente contribución a terminar con el analfabetismo en los pobres de la Tierra.

Entonces, éticamente somos un puente hacia la civilización.

En la foto, niños de enseñanza secundaria, Villa Panamericana, se reunen en un parque cercano a su escuela

martes, 10 de marzo de 2009

Críticos y revolucionarios

Por Enrique Ubieta Gómez

Quiere el escritor contrarrevolucionario cubano –nótese que digo cubano, que no ignoro su origen por mucho que se empeñe en desmerecerlo--, Rafael Rojas, sumergir la discusión política en las aguas de la academia, para privarla de oxígeno. Quiere que se respeten las definiciones que ha construido o adoptado para enmascarar y eludir realidades sencillas, que pueden entenderse mejor si abre las ventanas de su biblioteca. O si revisa con desprejuiciada atención los libros de historia que atesora, ¿cuántos de ellos son “oficiales” y cuantos son “críticos”? ¿Es oficialista o crítico El Ingenio de Moreno Fraginals, que el Comandante Ernesto Che Guevara defendiera siendo uno de los más prominentes ministros de la Revolución, por considerar que era, precisamente, crítico y revolucionario?

En un artículo en el que responde, entre otros, a un comentario mío aparecido originalmente en este blog y no en Kaos como dice –no quiere al parecer mencionar esta dirección electrónica: www.cambiosencuba.blogspot.com-, insiste en la fabricada oposición entre “historiadores oficiales” e “historiadores críticos”, que le permite otorgar medallas de buen o mal comportamiento a sus colegas. ¿Colegas? Rojas estudió filosofía marxista en la Universidad de La Habana y su excelente tesis de grado mostraba su fascinación por El Capital (nadie imagine que desde posturas críticas). Ahora, como historiador “crítico”, se dedica a reivindicar la actuación del general Fulgencio Batista y de los ya por entonces muy desacreditados políticos que colaboraron con él o que se “hicieron de la vista gorda”, mientras no se tambaleaba su dictadura, en artículos periodísticos que publica El Nuevo Herald.

Porque ser crítico, para Rojas, significa –él lo ha dicho, con ínfulas academicistas--, oponerse al discurso de legitimación del socialismo (que el lector no se confunda con el uso de palabras como “régimen” o “gobierno”). Un esfuerzo que conlleva aparejado otro de intención contraria: construir un discurso de legitimación para una posible neocolonia. Porque no se puede concebir en términos “modernos” –él lo sabe, y por eso vende de contrabando conceptos como “nacionalismo suave” o “autonomismo”--, un capitalismo diferente para una isla pobre situada a noventa millas del imperialismo hegemónico. Toda su obra es la construcción oficiosa, para no decir oficial, de un contradiscurso neocolonial plagado de oposiciones maniqueas, que persigue el debilitamiento de todas las resistencias teóricas e históricas que se oponen a ese proyecto.

Bien, aceptemos que el discurso que legitima a la Revolución fortalece al Gobierno revolucionario; ¿a quién fortalece el discurso que legitima a la Contrarrevolución, sino a las trasnacionales que fueron nacionalizadas en 1959 y al imperialismo que las representa? El calificativo de “oficial” o de “oficialista” –más que como concepto académico, en sus textos funciona como estigma--, es muy inexacto, pero en cualquier caso habría que preguntar nuevamente, ¿con respecto a qué? Aceptar como discurso “crítico” aquel que defiende la doctrina neoliberal y neoconservadora (con Bush o sin él), es como aceptar como discurso contracultural la defensa de la Coca Cola y del “star system” de Hollywood. En el capitalismo, ¿ese no es un discurso “oficialista”?

Nada de posturas ingenuas. Rojas sabe que la historia legitima o deslegitima cualquier doctrina política. Su obra es un ejemplo de sostenido esfuerzo legitimador del capitalismo. Por eso escamotea la verdadera contradicción, la que existe entre intelectuales revolucionarios e intelectuales contrarrevolucionarios. Y disfraza la intencionalidad política de sus textos bajo el dudoso manto de una “objetividad” o de un “cientificismo” en el que no cree. Para confundir y dividir, incluye en su catálogo a escritores revolucionarios que hablan de las hormigas o que aportan elementos que enriquecen la visión de una época (lo cual en ambos casos está bien), junto a otros francamente contrarrevolucionarios que intentan desmontar los argumentos históricos de la Revolución. No le interesa ni la verdad, ni la pluralidad: quiere arrinconar o desaparecer al Che Guevara, y sustituirlo por Márquez Sterling; a la “racionalidad utópica (revolucionaria) y premoderna” que incluye según su definición a Luz, Varela, Martí y Fidel, para sustituirla por “la racionalidad utilitaria (contrarrevolucionaria), moderna”, que empieza, también según su visión, por Arango y Parreño y termina en Montaner. Habla de “parcialidad” revolucionaria, para entronizar una parcialidad contrarrevolucionaria.

Los intelectuales que defendemos la Revolución somos críticos por definición: críticos, en primer lugar, del sistema que impera hoy en el mundo y que ha llevado a la Humanidad a una crisis sin precedentes; críticos, en segundo lugar, de las imperfecciones de nuestra realidad, la única perfectible en ese mundo que previamente criticamos. Somos “oficialistas” de la contracultura revolucionaria en un mundo plagado de oficialistas de la cultura del poder trasnacional. No nos avergonzamos de ello. Pero debemos situar cada término en su lugar.

› RAFAEL ROJAS: Qué es la historia oficial

› ENRIQUE UBIETA: Retóricas oficialistas

jueves, 5 de marzo de 2009

Una vieja deuda. Los núcleos duros y esenciales de una teoría política de izquierda (II)

Por Orlando Cruz Capote

El marxismo y otras concepciones de izquierda: las prácticas creadoras y heroicas.

Las realidades sociohistóricas incluidos, por sobre todo, sus contenidos de carácter relacionales-sociales objetivos y sus correlatos en la continuación, confrontación y superación de las ideas en el plano subjetivo y en las intersubjetividades -Vladimir I. Lenin planteó que “[...] la historia de las ideas es de la sucesión y, por lo tanto de la lucha de ideas”- son casi siempre irrepetibles aunque existan semejanzas generales y particulares en los distintos desarrollos civilizatorios, material y espiritualmente. Pero de forma invariable serán desiguales y asimétricos en cualquiera de las comparaciones históricas que se realicen.

A su vez, las singularidades aunque devienen en diferentes -algunas pueden hasta ser proclamadas como excepciones históricas- alcanzan en ocasiones su transformación en categorías y leyes generales-universales. Esas conclusiones, pocas veces reveladas a primera vista, en el pensamiento y accionar de los hombres son parte de la riqueza del marxismo y del leninismo, a pesar de que algunos autores contemporáneos olvidan a Lenin, relegándolo a un líder político y le niegan su aporte a la filosofía y a la teoría política científica. Y de paso, de esa forma “casualmente” también confinan a un último lugar, a la enorme personalidad de Federico Engels. Todo un operativo ideopolítico y cultural de hipnotizante desmemoria y des-segregación histórica llevado a cabo por los poseedores del capital, los Thins tanks y sus grandes poderes mediáticos.

El Prometeo de Treveris, Carlos Marx advertía en su obra cumbre El Capital, cuyo segundo y tercer tomo ordenó y terminó de redactar F. Engels, que la ley social-objetiva “[...] no solo se impone como una tendencia predominante de un modo muy complicado y aproximativo como una media jamás susceptible de ser fijada entre perpetúas fluctuaciones”, (1) y Vladimir Ilich Lenin confirmaba que la teoría de ningún modo podrá abarcar los matices de un proceso real en su variedad concreta porque “[...] En el mejor de los casos solo traza lo fundamental, lo general, solo abarca de un modo aproximado la complejidad de la vida” (2), y “[...] porque nunca podemos conocer lo concreto completamente”. (3)

La propia Revolución Cubana, su triunfo y desarrollo a lo largo de medio siglo ha sido por largos momentos históricos, una herejía teórica y revolucionaria. En específico, la victoria de enero transcurrió por senderos y vericuetos imprevistos, subvirtiendo postulados marxistas que parecían inmutables. Por eso, sin menoscabar el aporte de los textos políticos e históricos Fidel Castro afirmó, en 1965 que “[...] el marxismo lo hemos aprendido en los libros, pero sobre todo lo hemos aprendido en la vida”. (4)

Ello significa que lo general, incluso aquello que ha estado corroborado por la experiencia histórica anterior, no es impertérrito ni abstracto, sino que debe observarse-analizarse en la corriente viva del proceso histórico, o sea en su unidad orgánica con lo particular y lo singular. Porque lo general y lo universal deja de serlo cuando abarca y “[...] encarna la riqueza de lo particular, de lo individual, de lo genuino”. (5) Al final la regularidad siempre implica la singularidad. Por lo que no se deben mezclar y yuxtaponer las leyes objetivas generales del desarrollo social e histórico con la situación concreta. La prácticas reales, activas y vivas, en la mayoría de las ocasiones, no “encajan” o no entran forzadamente en las categorías y cuerpos teóricos generales y particulares elaborados. Las verdades teórico-filosóficas no deben ocupar el lugar de la realidad, ello puede conllevar a declarar como ya existente lo que todavía está por conseguir. Ese es el eterno problema de la sociedad socialista del “deber ser” y “lo que es”, entre la idealidad del proyecto y su construcción-desarrollo concreto, que depende en mucho de las subjetividades, del trabajo investigativo incesante para tratar de descubrir nuevas leyes generales y verificarlas en la práctica o a la inversa, esa práctica que al decir de Lenin en sus Cuadernos Filosóficos, “está por encima del conocimiento porque tiene ella misma la dignidad no solo de la universal, sino también de lo real inmediato”. Y que debemos re-construir -la teoría socialista- de forma sistemática, sistémica, coherente e integral y permanentemente, porque además de superar siglos de atavismos, de realidades objetivas y subjetivas ancestrales, también existen otras que se reproducen en el propio medio socialista con un carácter negativo y contrariedad paradójica con el fin de propiciar la superación de los remanentes de las mentalidades coloniales y neocoloniales -la colonialidad heredada- que se constituyen en pesados fardos porque actúan en el presente a veces de forma imperceptible a través de manifestaciones de racismos, xenofobias, de discriminación por el color de la piel, del sexual, el de género, el etáreo, así como por la supervivencia de la explotación y las opresiones socioclasistas y étnica-nacionales, el machismo y el paternalismo enajenante y alienante. Por eso el Comandante Ernesto Che Guevara aseveraba que “[...] tenemos que empezar a construir el comunismo desde el primer día, aunque nos pasemos toda la vida tratando de construir el socialismo”. (6)

Por tales motivaciones, los marxistas, los socialistas y las izquierdas radicales, los movimientos sociales y políticos antisistémicos actuales tienen que ser creativos, audaces y originales, porque si no lo son les va ir mal al menos en algunos aspectos de la actividad revolucionaria, ya que serán rígidos, esquemáticos y dogmáticos.

El ya fallecido dirigente político e intelectual cubano Carlos Rafael Rodríguez, en una memorable y esclarecedora intervención en el IV Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba -UNEAC, 1988-, expresó al respecto: “[...] En la resolución se nos propone también “el rechazo de toda desviación ética, política e ideológica, que pretenda erosionar nuestra voluntad de luchar por el socialismo” y se proclama la aspiración de estar “tan lejos del dogmatismo como del liberalismo, tan lejos de la intolerancia como de la complacencia” [...] Al llevarlo a la práctica, no debemos olvidar sin embargo que, aunque el liberalismo es peligroso y la autocomplacencia inaceptable, más peligrosos todavía, en el terreno de la cultura y la ciencia, son la intolerancia y el dogmatismo. Aquellos no pueden entrar -por su signo político- en nuestra unida y fuerte revolución. Pero si no vencemos el dogma, nos corroerá y nos cerrará el camino hacia la amplia y noble cultura del socialismo, en la cual la de Hombre tiene que ser, como lo proclamaba Máximo Gorki, “una hermosa palabra”. (Revista Cuba Socialista, No. 38, La Habana, Marzo-Abril 1988, p. 22) Pero en la política, tampoco saldremos adelante si nos entregamos al voluntarismo, al espontaneísmo-aventurerista, es decir si hacemos caso omiso a las regularidades generales que rigen, a pesar de nuestras conciencias, nuestra actividad práctica. Al unísono, es dable que las “reglas” y las regularidades, en determinados casos, se alteren pero lo imposible es que desaparezcan, sean ignoradas y obviadas. Pero cambiar algunas “reglas”, corregirlas, readecuarlas, redimensionarlas y/o aplicarlas crítica y acertadamente, luego de análisis concienzudos de la realidad sociohistórica concreta que pretendemos transformar, forma parte de la alta y consciente subjetividad política revolucionaria. Paralelamente, hay que poseer la visión de que es necesario impulsar los desarrollos independientes del marxismo (6) y que es urgente comprender que cada pueblo y nación con la plena autodeterminación, independencia y soberanía llegarán al socialismo por sus propios caminos, viviendo sus propias peculiaridades y experiencias. (7)

El dirigente del partido bolchevique, Vladimir Ilich Lenin expresaba que “La Revolución es una ciencia profunda, difícil y complicada” y el marxista italiano Antonio Gramsci confirmaba que “La Revolución [...] es una causa grande y pavorosa y no un juego para diletantes o aventura romántica”. Asimismo, el escritor Roman Rolland -tan citado por el propio Gramsci- escribía que en momentos de incertidumbre, dudas y perdida de la brújula revolucionaria había “que oponer al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”. Incluso una personalidad literaria tan controvertida y conservadora desde el ángulo político, como el famoso escritor argentino Jorge Luis Borges dijo que, la práctica errónea no invalida a la auténtica teoría.

Por su parte, el Amauta marxista peruano, José Carlos Mariátegui escribió: “No queremos ciertamente que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva”. Y Julio Antonio Mella, el primer marxista orgánico cubano, detalló en varios momentos de su fecunda vida la necesaria interpretación y adecuación de los preceptos generales. En 1925, acerca del ajuste acertado, original y creador del marxismo-leninismo subrayó que “[…] Donde cambia el aspecto en cuestión es cuando hay que practicar las frases. Entonces se da uno cuenta del gran abismo va de la realidad a la teoría.” (Julio Antonio Mella “Proletarios de todos los Países Unios. Juntarse es la palabra del mundo” en, Mella. Documentos y Artículos, Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 200). En otro momento, en el año 1928 afirmó, atendiendo a la lucha que desarrollaba Augusto César Sandino en Nicaragua que, “[…] No debe creerse en una explicación mecánica de la experiencia de otros movimientos”. (Idem., “¿Hacia donde va Cuba?”, p. 408). Asimismo, y para no ser más extensos, en su trabajo crítico “¿Que es el ARPA?” (Alianza Popular Revolucionaria Americana y que Mella le denominaba, irónicamente, “Alianza Para Revolucionarios Arrepentidos”), en el propio año 1928, indicó que “[…] Los pueblos coloniales también presentan rasgos semejantes en Asía y en América […] luego la aplicación táctica ha de diferir en los detalles y en la oportunidad histórica. Pero las generalidades (papel de las clases, base del frente único, desarrollo del imperialismo y el proletariado, etc.) son invariables a la luz del marxismo y de su adaptación a la época moderna del imperialismo: el leninismo [...]”. (Ídem., “¿Qué es el ARPA?”, 1928, p. 378).

Todas estas aseveraciones, enunciadas por diversas personalidades, son justas y contienen verdades dialécticas indiscutibles, que son válidas para quienes y los que, desde diferentes partidos y agrupaciones, movimientos y redes, están a la izquierda del espectro ideopolítico y luchan de manera antisistémica y contrahegemónica al imperialismo-capitalista. Por eso es tan necesaria la articulación de todas estas fuerzas y los agentes sociales que la componen, en aquellos puntos comunes que puedan unirlos y no siempre en las agendas máximas, siempre tan variadas y heterogéneas, que puedan disgregarlos para beneficio de la burguesía transnacional y sus agoreros.

Nunca ha habido una revolución que la haya realizado una sola clase, una sola organización política o un movimiento social por muy amplio que se constituya. Ni siquiera en la época de Marx y de Lenin cuando se precisaba con ahínco y seguridad que era el proletariado el núcleo que debía encabezarla, porque indudablemente era la clase obrera industrial el eje principal del enfrentamiento clasista contra el capital, y se convertiría en su sepulturero. Pero se olvidó, por otros, que por las características cuantitativas el proletariado no muestra su verdadero rol en la vida política, sino que revela solamente su lugar en la estructura social. Únicamente cuando las clases, las capas populares y, en nuestros días, los nuevos actores y/o agentes sociales del cambio, tienen conciencia política del nivel de explotación y opresión socioeconómica, es que pueden llevar a cabo la revolución social. Quizás por tal motivo Lenin afirmó que “quien esperara una revolución social “pura” no la verá jamás”. Y el concepto de pueblo de Fidel Castro en “La Historia me Absolverá”, es en ese sentido una verificación en la práctica de tales enunciados teóricos.

Hoy es demasiada la envergadura del viraje histórico que estamos experimentando -época de cambios o cambios de época- para esperar, con los brazos cruzados o continuar acumulando fuerzas, un gran salto en la conciencia social y política, porque de lo que no hay dudas es que tenemos que prepararnos para propiciar ese viraje o salto en cada una de las clases y actores sociales actuantes, hacia un nuevo espacio nacional-liberador y social con un trabajo de concientización constante. Hay que recordar que Marx le escribió a Engels que “en los grandes procesos del desarrollo histórico veinte años equivalen a un día, pero hay días que condensan esos veinte años”. Y si observamos con realismo crítico los escenarios de hoy, posiblemente concordemos que estamos en el instante histórico cuando la revolución no solo está estallando por la impaciencia de los desposeídos, como tampoco por la sola tozudez de los privilegiados, sino porque ambas condicionantes están presentes en el contexto regional latinoamericano-caribeño.

Y no se puede temer -u obviar, que sería más peligroso- una inevitable confrontación violenta con las fuerzas oligárquicas burguesas y el imperialismo transnacionalizado mundial, específicamente, el estadounidense, porque esa opción, tantas veces practicada, no debe estar descartada entre los que luchan de forma pacífica, en los procesos eleccionarios, en la recuperación de tierras y fábricas, en el batallar por los derechos humanos y la democracia. El que olvida la lección del garrote imperial y oligárquico, puede recibir ese golpe que casi siempre anonada a las masas populares si no están preparadas para enfrentar la violencia contrarrevolucionaria. Y Lenin también llamaba la atención sobre el no estar preparados para el instante histórico y sus probables consecuencias porque, “la Revolución puede haber madurado, y sus creadores revolucionarios pueden carecer de fuerzas suficientes para realizarla; entonces la sociedad entra en descomposición y esta descomposición se prolonga a veces por decenios”. No podemos permitir que esta situación se repita en la historia de nuestro subcontinente.

Las izquierdas actuales, sus actitudes y la contemporaneidad.

Hoy no puede existir un Socialismo del Siglo XXI, en el Siglo XXI o para el Siglo XXI, sin una investigación seria de la historia de las ideas y las prácticas del socialismo del pasado que, inexorablemente, se reflejan en el presente y se proyectan hacia el futuro. El filósofo Benedetto Croce escribió “Toda historia es contemporánea”. Cualquier abandono, por desidia e ignorancia, de lo que ocurrió y de lo que ocurre en el plano de las ideas y las prácticas socialistas podría ser un terrible boomerang que nos golpee una y otra vez. ¿O es que acaso la experiencia socialista cubana, así como la China, la vietnamita, la coreana del norte y la laosiana, con todas las limitaciones que podamos advertir en ellas, no provienen del siglo XX y se relanzan hacia el XXI? La ironía del autor J. M. Martinelli, parece advertirnos contra los que desean mutar de manera absoluta olvidando el pasado: “Si todo cambiara, ¿qué sería lo nuevo?”

Por eso los procesos revolucionarios en América Latina, con sus diferentes matices, como la Venezuela Bolivariana de Hugo Rafael Chávez Frías, la Bolivia del líder social Evo Morales, el Ecuador del presidente Rafael Correa, el Brasil de Jose Inacio “Lula” da Silva y la Nicaragua del sandinista Daniel Ortega, así como el Uruguay de Tabaré Vázquez, la Guatemala de Álvaro Colom, el Paraguay de Fernando Lugo, el Chile de Michelle Bachelet, entre otros gobiernos progresistas en algún aspecto de su política interna o externa, son herederos, por muchas rupturas definitorias que se pronuncien, quiéranlo o no, de las elaboraciones y las praxis socialistas de las dos centurias anteriores, desde la elaboración del Manifiesto Comunista en 1848, el primer ensayo obrero-revolucionario en el poder: la Comuna de París en 1871, y la triunfante Revolución Socialista Rusa de 1917. De esta forma también tienen ante sí, más cercanas en el tiempo, las experiencias de la Europa Oriental surgida de los sangrientos combates de la Segunda Guerra Mundial, el impacto de la Revolución China en 1949, la Revolución Vietnamita y su valiente lucha de resistencia contra los japoneses, franceses y los estadounidenses, la Revolución argelina y a la Revolución Cubana, que al decir de algunos líderes de los movimientos revolucionarios latinoamericano-caribeños, esta última constituye y simboliza la matriz de estas subversiones y rebeliones actuales, y es parte imprescindible de su inspiración ética y militante. Y se está haciendo honor a la primicia subversiva y no a la repetición mecánica de sus prácticas, porque cuando se trató de imitar a Cuba, muchos procesos de luchas populares, armadas y pacíficas, políticas radicales y reformistas fueron al fracaso, en parte, porque no tuvieron en cuenta las singularidades de su situación sociohistórica específica y, porque tampoco tuvieron la capacidad de resistencia, previsión y readecuación táctica ante la ofensiva contrarrevolucionaria lanzada por el imperialismo y la oligarquía burguesa interna.

Las lecciones, enseñanzas y experiencias históricas no están para ser obviadas sino para ser aprendidas, aprehendidas y comprendidas, además de proceder a su revisión cuidadosa y rigurosa, con la pretensión de criticarlas constructivamente, así como para re-crear y re-inventar algunas de sus partes teórica-metodológicas, hasta reactualizar y eliminar aquello que ya no nos sirve porque el tiempo y las nuevas circunstancias rebasaron los conceptos y los accionares establecidos. Lo que sería contraproducente es que nos permitamos el lujo de que se repitan los decepcionantes y catastróficos acontecimientos socialistas euro-orientales y de la Unión Soviética del siglo XX, por no conocer lo que sucedió realmente en aquellas experiencias históricas.

Al unísono, hoy es necesario apoderarse, realistamente, del tan polémico debate sobre como asumir, respetar y desplegar, con toda la intensidad posible, la inevitable presencia de la emergencia de la diversidad sociocultural, nacional, étnica, racial, de género, etárea, de opciones sexuales, diferencias regionales y locales, etc., de los diferentes movimientos sociales y políticos contemporáneos. (8) Porque todos ellos son signos de la complejidad del sujeto social-popular múltiple contemporáneo, capaz de ser, en plural, el sujeto histórico político de la transformación social, porque se han multiplicado los sepultureros del sistema capitalista.

El capital no ha des-asalariado, tampoco ha hecho desaparecer al obrero, aunque haya aumentado el nivel de capacitación de grandes grupos de trabajadores en la industria de punta científico-tecnológica y de avanzada, o los haya reubicado en el gran sector terciario: servicios, cultura y finanzas, o los haya desplazado del campo a la ciudad, ubicándolos casi siempre en el mercado informal. Esa movilidad social, no significa que estos nuevos trabajadores sean poseedores de los medios de producción -a algunos le han hecho creer tal falacia porque lo dejaron “invertir” en sus empresas-, sino al contrario, ha conllevado a un nivel de cosificación, fetichismo, enajenación / alienación del trabajo y el trabajador como mercancía, mucho mayor, y a la necesidad de llevar a cabo una superior, más abarcadora y riguirosa labor de concientización y de cultura política para con esos grandes grupos.

Por eso el reconocimiento de las diferencias deviene punto de partida para aceptar la diversidad social, siendo la Identidad el punto inicial para concebir la misma. Y estos preceptos, de identidad-diversidad y de movimiento sociales y políticos, ya no pueden ser dicotómicos o antagónicos porque la mayoría coexisten, se complementan y urgen de la promoción de interacciones mancomunadas, relaciones sociales basadas en el respeto mutuo, la tolerancia, el razonamiento, el fortalecimiento del tejido asociativo, la aportación constructiva y la coherencia ética. (9)

Esa ética de la articulación se construye sobre la base del aprendizaje y desarrollo de la capacidad dialógica, la disposición a construir juntos desde saberles, cosmologías y experiencias de acumulación y confrontación distintas, de potenciar identidades y subjetividades hasta el infinito. Es un enfoque ético-político que reconoce la multiplicidad y diversidad del sujeto social alternativo, de sus diferentes conceptualizaciones teóricas y aquellas que se producen desde el sentido común, por la legitimidad de epistemes y de reconocer que nadie en absoluto tiene la verdad absoluta. Donde estén representadas el conjunto de demandas emancipatorias-libertadoras y sociales, independientemente de las tendencias cosmovisivas ensayadas y, hasta confrontadas. (Idem.)

Las alternativas prácticas-transformativas de los tradicionales y nuevos movimientos sociales y políticos, fracasarán si no existe un pensamiento teórico alternativo para ir construyendo, en paralelo, ese socialismo necesario e imprescindible. “Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario”, (10) continuaría expresando Vladimir Ilich Lenin si estuviera hoy con nosotros.

Hay que partir de una realidad, y es que no todas las izquierdas son marxistas, algo que no debe preocuparnos, sino que forma parte de una realidad enriquecedora si sabemos establecer intercambios y diálogos constructivos, éticos y abiertos que nos conduzcan hacia el reconocimiento de la gran diversidad de puntos de partidas, metas y visiones, construcción y estructuración de programas mínimos y máximos, métodos de lucha, variados enfoques de la realidad concreta en que estas organizaciones maniobran y piensan, con diversas ideologías y políticas que determinan sus accionares, estrategias y tácticas en el enfrentamiento múltiple a las generalidades y particularidades del capitalismo que enfrentan en cada localidad, país, región y a nivel planetario.

Si analizamos la historia como proceso intervinculado y no como hechos empíricos aislados, podemos apreciar que en la historia de Nuestra América las luchas socioeconómicas y políticas, a la cual no ha sido ajena la confrontación ideológica y cultural, los cambios políticos han sido frecuentes tanto al interior como aquellos que se inducen desde el exterior lo que siempre ha motivado que las múltiples fuerzas de izquierda y revolucionarias tengan que dar batallas sociales y políticas simultáneas, contra enemigos diversos, en unión de aliados disímiles -algunos de corto y mediano compromiso- y utilizando consignas y formas de luchas también diversas. Eso es una regularidad de la historia pasada y presente del subcontinente. Todo ello enriquece el acervo de todos los que confrontamos al imperialismo-capitalista y sus heterogéneas manifestaciones fenoménicas, aunque sus esencias continúan siendo prácticamente similares.

Una definición de “izquierda, en el sentido de “ser de izquierda”, nos las brinda el Teólogo de la Liberación Frei Betto quien, en los “Diez consejos para mantenerse militando en la izquierda” (Aporrea / inSurgente) afirma, de forma amena y asequible a todos que: 1) se debe mantener viva la indignación en cuanto que la desigualdad social es una aberración a erradicar; 2) que la cabeza piensa donde pisan los pies, es decir que hay que luchar junto al pueblo, que la teoría no puede estar bien sin la práctica cotidiana; 3) que la izquierda no se puede avergonzar porque crea en el socialismo; que se debe ser crítico sin perder la autocrítica; 4) debe criticar y al mismo tiempo autocriticarse, y el admitir ser criticado; 5) el saber diferenciar quien es militante y quien no lo es -el autor lo llama militonto-, apreciando que “[...] el Militonto es aquel que presume de estar en todo, participar en todos los actos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de las grandes palabras y los efectos de su acción son superficiales [...] El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; se cualifica en una determinada forma y área de actuación o actividad, valora sus vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios [...]”; 6) el verdadero militante -como Jesús, Gandhi, Che Guevara- es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, ni orgulloso por estarlo [...] no se confunde a sí mismo con la función que ocupa; 7) asimismo, hay que alimentarse de la tradición de la izquierda o sea volver a las fuentes nutricias; 8) preferir el riesgo de equivocarse con los pobres, a la pretensión de acertar sin ellos; 9) defender siempre al oprimido, aunque aparentemente no tenga razón 10) y, finalmente, el militante de izquierda debe hacer de la oración un antídoto contra la alineación, o sea que orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar como Jesús amaba, liberadoramente.

Por su parte, el filósofo cubano Darío L. Machado Rodríguez, también analiza la actitud y la posición de las izquierdas “[...] en una perspectiva histórica integral, estratégica, de largo plazo, debe [...] incluir las cualidades de anticapitalista, científica, incluyente, ética, revolucionaria, activa y creativa e internacionalista”. (11) Aunque como advertía Lenin -continúa expresando Machado- a los movimientos políticos hay que valorarlos por lo que hacen no por lo que dicen, porque los hechos concretos resultan el principal indicador de sus motivaciones verdaderas. Esta aseveración se acerca a otra afirmación del propio Lenin cuando explicó, refiriéndose a los comunistas-marxistas pero que puede apegarse a una fuerza de izquierda radical -que viene etimológicamente de raíces-, que el mejor lugar para juzgar los revolucionarios, para verificar sus ideas teóricas es y será el campo de la actividad combativa, en donde, cómo y cuando el comunista y ese revolucionario radical pueden y deben convertir el marxismo -o su teoría revolucionaria- en acción liberadora. (12) Todas estas aserciones razonables y lógicas deben ser asumidas por los que enfrentan al capitalismo-imperialista.

Sin embargo, en las generalidades, las particularidades y singularidades que coexisten en el contexto sociohistórico concreto latinoamericano-caribeño, el accionar teórico y de método debe aplicarse de forma diferente para un país en que triunfó el socialismo hace ya 50 años, como es el caso de Cuba. Otra significación posee para el gobierno-poder, que no son lo mismo, que comienza su desarrollo incipiente pero representa a los intereses socioclasistas populares en algunas naciones del subcontinente; y una tercera opción, la pueden desempeñar aquellas fuerzas revolucionarias que accionan en terruños nacionales, regionales y planetarios en la más abierta o clandestina oposición, construyendo día a día el futuro de la emancipación nacional y social, desde abajo hacia arriba, arriba hacia abajo y desde las denominadas redes horizontales, momentos de una democracia participativa-directa que también son aplicables, pero adecuándolas, en los primeros ejemplos.

No obstante, puede que un nacionalismo populista, un reformismo de centro-izquierda y/o radical, un antiimperialismo no anticapitalista o sí, sea un paso de avance en los dos últimos casos enunciados, pero en Cuba sería dar un paso atrás de enormes consecuencias políticas negativas. A los cubanos solo nos resta marchar inexorablemente hacia el comunismo, aunque nos atrevamos a utilizar, controladamente, algunas de “las armas melladas del capitalismo”, y correr el difícil riesgo de atravesar las dificultades de no poseer aún una totalizadora economía política de esta etapa -porque el Programa de Gotha y otros textos marxistas no agotan esa problemática-, o una suficiente teoría política que nos indique qué Estado socialista re-construir una y otra vez, comprendiendo que hasta este momento el que poseemos, aunque sea radicalmente diferente al capitalista, está basado en los pilares del Estado-nación moderno, surgido precisamente en los albores del capitalismo como sistema mundial y se ha desenvuelto socialistamente en una sociedad que sólo ha estado viviendo esa experiencia por medio siglo, en medio de un brutal bloqueo genocida y agresiones constantes de los EE.UU. y sus aliados.

Y que ese Estado nación, sus estructuras, funciones y los componentes de la sociedad civil y política que fundamentan su carácter socialista, tiene un sistema de reproducción de ganancias -el denominado y necesario Producto Interno Bruto (PIB)- y lo realiza “quizás” con la lógica metabólica reproductiva de aquél que se heredó. Y aunque re-distribuye ese beneficio económico-material de la forma más equitativa posible, su dividendo no alcanza aún su total plenitud, porque prima el derecho burgués para esa etapa de tránsito de “a cada cual según su trabajo de cada cual según su capacidad” que tiene que cumplirse inexorablemente en este momento. Y al mismo tiempo, la Revolución debe producir una nueva subjetividad para la nueva sociedad que se construye; debe construirse un Hombre Nuevo, cuya conciencia necesita transformarse a partir de un conjunto de nuevos valores comprometidos con el mayor valor: el ser humano, su dignidad, su ética y honor.

Esta nueva conciencia humana, democráticamente apoderada y solidaria en todos los órdenes de la vida social, constituye la nueva palanca del desarrollo. Y hay que realizarlo estando, además, rodeado de un océano capitalista que impone casi todas las reglas del intercambio, el comercio, las finanzas, así como la competitividad para ese mercado ahora transnacionalizado y desigual, tan necesario para el desarrollo endógeno, y en donde la productividad, la eficiencia y la eficacia del modo de producción socialista es todavía muy insuficiente, aunque sus sistemas de salud, educacional, asistencia y seguridad social sean muy superiores en extensión y profundidad, y se comparen, inevitablemente, con el del resto de los países del sistema-mundo capitalista, y no precisamente con los menos ricos y opulentos.

Para este autor, no se debería realizar esta comparación entre ambos sistemas, -lo que se denominó en la era soviética “la “emulación de los dos sistemas”-, porque la fundamentación sobre la cual se parte es antagónica y no se corresponde en las premisas. Y siempre saldría muy mal parado el socialismo ante la inconmensurable productividad del capitalismo porque este super-explota para obtener la super-plusvalía, y no solo al obrero en su país, y es derrochador, consumista masivo, depredador, insostenible, etc.

La naturaleza y el ideal del socialismo es ser un sistema productivo eficiente, eficaz y auto-suficiente, pero sostenible y, por sobre todo, practicar la equidad, la libertad, la igualdad y la justicia social en el cuerpo societario. Y en esa competencia -eufemísticamente denominada emulación- se partirá de muchas premisas falsas, desiguales, porque son disimiles en su naturaleza, los contextos, el carácter, el contenido, la forma y espacio-tiempo de los dos sistemas antagónicos.

Cuba y su socialismo.

Sabiendo que la sociedad socialista que desarrollamos no tiene los mismos principios que ese modo de producción capitalista y que tampoco coinciden incluso en el propio tránsito, por eso tratamos de ser y somos -y seremos- más justos, más equitativos, más éticos, más solidarios e internacionalistas, y estos principios y prácticas las realizamos sobre la base de una conciencia patriótica-revolucionaria, solidaria-internacionalista y socialista, con hombres y mujeres libres y voluntarios, con niveles de conciencia política e ideológica variada, que se ven constantemente bombardeados por el consumismo que esquilma y derrocha, la seudocultura, la seudo-estética y los valores cuestionables que se producen y reproducen a través de los gigantescos poderes mediáticos-.mediatizados transnacionales capitalistas. Realidades y símbolos confusos y contradictorios que repetimos en nuestros sistemas de vida y valores espirituales, y en otras muchas esferas de nuestro socialismo (im)-perfecto. Porque no hemos hallado la forma de desconectarnos de ese sistema-mundo burgués, a pesar de los grandes esfuerzos por realizarlo.

Solo a finales del pasado año, nos hemos incorporado al Grupo de Río, con el derecho y la autoridad ganados por la resistencia y el desarrollo alcanzados. Y a pesar de ese reconocimiento, los imperialistas y sus lacayos han continuado los intentos por aislarnos de la región geográfica e histórica natural a la cual pertenecemos de modo natural. Y resistimos además las presiones, chantajes y sobornos de las vigentes, Ley de Ajuste Cubano (1966), la Ley Torricelli (1992), la Ley Helms Burton (1996) y el denominado “Plan Para una Transición en Cuba” (2004) que nos impiden competir en igualdad de condiciones con otros países y Estados naciones del mundo desarrollado, subdesarrollado y en vías de desarrollo.

Hace un año escribí un artículo titulado “La revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en su sistema socialista”, en el que expresé “[...] Por otra parte, no considero que las formas alternativas de autogestión y de autogobierno local, la sociedad de productores libres y la cooperativización por si solas, sin la presencia de un Estado Nación-Popular y Socialista fuerte -que no significa estatista y centralizador de todo-, puedan conllevar a un socialismo nuevo y más eficiente, como tampoco creo en la descentralización desmedida, el caos y la anarquía absolutas, aunque estén en manos de los trabajadores los destinos de la nación y el socialismo. Cualquier cosmovisión unilateral, podría conllevarnos a caminos o, mejor expresado, hacia atolladeros sin salida para un socialismo perfeccionado, pero que tiene que ser guiado por una teoría y práctica revolucionaria y, en el caso cubano, por un partido de vanguardia, que no significa que todos sus militantes tengan el mismo nivel de conciencia y ejemplaridad, de prestigio y méritos, pero que es una fuerza de avanzada, junto a la Unión de Jóvenes Comunistas, en que ambos suman alrededor de más de medio millón de cubanos”. (cubacoraje.blogspot.com, lapolillacubana.wordpress.com y Kaosenlared, entre otros, 3 de agosto de 2008)

En Cuba se juega el poder político conquistado por el pueblo, para el pueblo y con el pueblo, y sería bochornoso que un proceso de reformas no riguroso y no profundamente analizado conllevara a los caminos de la destrucción del socialismo en nuestro país, que sería la liquidación no solo de la justicia, la equidad y la igualdad lograda con tanta sangre y sudor, sino que pondría en peligro hasta la propia nación y la patria independiente y soberana.

Estamos abiertos al debate académico, político y desde la vida social cotidiana, pero tiene que ser una discusión y polémica seria y rigurosa, respetuosa y ética. Porque la unidad del pueblo alrededor de su proceso revolucionario socialista no puede ser quebrantada con llamamientos sobre una democracia abstracta que hasta hoy ningún gobierno y partido puede mostrarla como ejemplar y perfecta. El partido comunista es el partido de la nación cubana porque las condiciones históricas nos han enrumbado de forma natural a esa realidad objetiva y subjetiva. No es una construcción superficial y caprichosa. Se podrán mejorar los métodos y estilos de trabajo del partido, se podrá ser más crítico y autocrítico en el partido, pero dentro del partido. No habrá uniformidad y unanimidad, pero si una política de principios inalienables para la democracia socialista cubana. No existe socialismo democrático, sino democracia socialista. La fragmentación y la atomización social y política de los discursos de la posthistoria no nos interesan, porque no nos sirven.

Cuba no es una página digital alternativa de izquierda -ni virtual- donde se tengan cabida a expresiones caóticas, ambiguas y confusionistas. Cuba fue, es y será un opción legítima, viable y renovadora, en constante proceso de construcción socialista. Realizamos elecciones libres y soberanas, hacemos referendos cuando se necesiten, y esta es una sociedad heterogénea, diversa, pero es cubana, y todos nos comprometemos con la suerte del socialismo en Cuba, en mayor o menor medida. No tememos a los deslindes, a los vacíos en las filas. Siempre los hubo y los habrá, porque ello sucede, de forma perpetua, en toda Revolución auténtica y autónoma. Quien ataca a Cuba, escondiéndose en juegos de palabras seudo-revolucionarias, rectificadoras o reformadoras no podrán ejercer presión sobre los destinos del país. Mucho más si no están inmersos en el problémico cuerpo societal interno y luchan a diario junto al pueblo para solucionar nuestros derroteros, difíciles y llenos de obstáculos, pero socialistas.

No jugaremos con nuestra integridad e independencia y soberanía nacional. Han sido muchos años de guerras abiertas y encubiertas lanzadas contra la Revolución para que nos indiquen desde artículos, con doble intención, lo que debemos realizar.

La única solución para que Cuba emprenda nuevas y más profundas transformaciones con el objetivo de perfeccionar su sistema socialista transcurre por el inmediato cese del bloqueo imperialista-norteamericano, la retirada incondicional de la base militar de Guantánamo, la eliminación de la promoción y pago a los mercenarios-contrarrevolucionarios internos -como no han podido organizarlos masivamente a lo interno, nos los crean en el exterior- con el fin de subvertir a la Revolución, la culminación de las agresiones al espacio radio-televisivo nacional, el fin de todo tipo de hostilidad y presiones en su contra, especialmente el conjunto de leyes y normativas establecidas para producir el roll back del socialismo cubano, el respeto hacia su política interna y externa, el sentarse en una mesa de negociaciones de igual a igual para normalizar las relaciones con el gobierno de nuestro país con respeto, seguridad mutua y sin condicionamientos, concluir con los entrometimientos en los asuntos internos de la Patria y, también, de otro país hermano, entre otros. Estos son los factores externos que nos han golpeado a través de 50 años de victorias e ineficiencias, triunfos y errores, éxitos y deficiencias propias y ajenas.

Y no es que no hagamos cambios, pero lo realizaremos al ritmo que consideremos necesario y prudentemente, cuidando esta nación, nacionalidad y cultura revolucionaria y socialista: con el pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

Notas bibliográficas y referencias:
(1) Carlos Marx “El Capital”, en Tres Tomos, T. III, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965, p. 183.
(2) Vladimir I. Lenin “Cartas sobre Táctica”, en Obras Completas, 5ta edición, T. 31, Ed. Moskova, Politizdat, 1958-1965, P. 134. (En ruso)
(3) _____________ “Cuadernos Filosóficos”, T. 29, Idem., p. 152.
(18) Idem., p. 90.
(4) Fidel Castro Ruz Discurso por el XII Aniversario del asalto al Cuartel Moncada, Las Villas, Ediciones Orientación Revolucionaria, (17), La Habana, 1965, p. 28.
(5) Fernando Martínez Heredia “El Che Guevara: los sesenta y los noventa”, en El corrimiento hacia el rojo, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, pp. 254-255.
(6) V. I. Lenin “Nuestro Programa”, Obras Completas, Tomo 4, Editorial Progreso, Moscú, p. 194.
(7) V. I. Lenin “Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”, Ob. Cit., Tomo 30, p. 129.
(8) Entre ellos podemos mencionar: los indigenistas, étnicos, raciales, ecologistas, alterglobalización capital transnacional neoliberal, los antibélicos, sindicales, comunitarios, barriales; los antideuda externa, feministas, homosexuales (gay); los campesinos (como el Movimiento Sin Tierra, del Brasil), los movimientos anti-Tratados de Libre Comercio (como el que se desarrolla en América Latina contra el NAFTA, el ALCA y los TLC), los religiosos (como la Teología de la Liberación, en el subcontinente Latinoamericano-caribeño), las Abuelas de la Plaza de Mayo y las Madres de la Plaza de Mayo, ambos en Argentina, los pro-derechos humanos, los piqueteros, los cocaleros, etc.
(9) Informe Final de Investigación del Grupo de Axiología y Filosofía Social en América Latina (GALFISA), “Diversidad e Identidad en los Movimientos Sociales y Políticos en América Latina”, Instituto de Filosofía, CITMA, 2006, en Archivo del Instituto de Filosofía.
(10) V. I. Lenin “¿Qué hacer?”, Obras Escogidas, en Doce Tomos, T. II, Editorial Progreso, Moscú, 1975, p. 22.
(11) Darío L. Machado Rodríguez ¿Qué es hoy ser de izquierda?, en tres partes, http://lapolillacubana.nireblog.com, agosto de 2008.
(12) V. I. Lenin Recopilación leninista, XXXVII, Moscú, 1970, p. 249. (En ruso)

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

miércoles, 4 de marzo de 2009

Una vieja deuda. Los núcleos duros y esenciales de una teoría política de izquierda (I)

Por Orlando Cruz Capote

La dudosa pluralidad de las izquierdas en los medios alternativos.

Cuando terminé de escribir hace un tiempo atrás el artículo “Hacia donde conducen las dolorosas escisiones y las denominadas disidencias de las izquierdas”, (1) tuve el convencimiento que debía dedicar un breve trabajo conceptual, muy sintetizado, acerca de los “núcleos duros” y esenciales que toda agrupación de izquierda o movimientos sociales y políticos antineoliberales debían poseer por necesidad teórica y práctica, mucho más si se declaraban partidarios de un modelo socialista. Tal exigencia se hizo más imperiosa cuando examiné algunos de los comentarios al texto citado y leído por muchos lectores de Kaosenlared, y porque anteriormente me había referido a estos fundamentos sin entrar en explicaciones. Sin embargo, no pretenderé presentar cátedra y menos dar lecciones a nadie en un tema de por sí escabroso, porque eso es una tarea de reconstrucción colectiva y la vida enriquece cada día a la teoría, aunque existan, repito, principios esenciales.

Ante todo debo confesar, en honor a la verdad y a modo de aclaración, que escribo directamente para los medios digitales cubanos y después los textos son solicitados, enviados y colocados en otras páginas alternativas de izquierda. Cuando hago esta declaración, la realizo pensando en aquellos que imaginan que redacto mis trabajos sólo para Kaosenlared que, aunque se declara muy plural desde posiciones de izquierda, también no ha sido muy selectivo en cuanto a los trabajos críticos publicados sobre países, gobiernos y procesos revolucionarios, democráticos y progresistas, con el objetivo de brindar su espacio a interpretaciones variadas, las cuales, muchas veces, no han sido muy principistas en la misión informativa, teórica e histórica, ideológica, política y de formación que una página Web alternativa debe desempeñar. En la búsqueda incesante de un discurso opcional ante el capitalismo-imperialista transnacionalizado se ha puesto entredicho, sin embargo, esa denominada pluralidad desde y entre las izquierdas porque, muchas veces, tal parece que se carece de límites y fronteras. Tal apreciación se observa nítidamente con lo que se admite y se expone sobre la Revolución Cubana de manera continuada, incluyendo fotos vulgares y artículos nada serios y mucho menos rigurosos.

Para demostrar esa tendencia transcribo parte de la protesta de una autora, Nancy Valiño, quien expuso sin ambages que “[...] Cabe preguntarse entonces porqué se producen estas “coincidencias” -de publicación- con los medios de desinformación arriba mencionados (se refiere la autora a la FAES, en España, y lo que se escurre desde cada ONG financiada desde el imperio por la USAID o la NED, etc.) que trabajan abiertamente con fines contrarrevolucionarios, esos mismos que KAOS intenta contrarrestar mediante su accionar de información alternativa [...] Recordaremos que hace unos cuantos días, en estas mismas páginas de KAOS podíamos ver un reportaje de características similares, dedicado entonces a la supuesta prostitución infantil en Cuba (el de Tele5), cuyo propósito fuera rápidamente desenmascarado no solo por los lectores sino también por diversos y numerosos sectores de la solidaridad española, entre otros. Entonces KAOS no tuvo ninguna duda sobre lo que se trataba y supo mantener un perfil alternativo, contribuyendo así a contrarrestar las pretensiones difamatorias de los autores de dicho programa televisivo [...] No es de mi interés centrarme aquí a analizar la participación contrarrevolucionaria que artículos como estos ha facilitado; la trollística labor de esos pocos foristas que han venido proliferando con sus “opiniones” en cuanto foro sobre Cuba se abre en KAOS es a fin de cuentas inocua y hasta pintoresca, por más diatriba y empeño le coloquen colgándose en la página [...] Lo interesante sería que KAOS pudiera explicar el grado real de espacio que procesos como el cubano, con sus diferentes visiones, puede esperar para dar a conocer opiniones y experiencias en esta página, facilitando la información y el debate entre revolucionarios. Para lo otro, ya son suficientes los espacios de difamación y calumnia que el imperio dispone en su obsesión de hundir Cuba y la revolución”. (Nancy Valiño Acerca del anónimo “Indiferencia”, publicado en sección Cuba, en Kaosenlared, 2008).

Por mi parte, a pesar de las ambigüedades exhibidas, continuaré redactando textos en defensa de la Revolución Cubana y otras causas justas que se libren en cualquier lugar del mundo y no dejaré de agradecer al Consejo Editorial de Kaosenlared la colocación de mis trabajos, cortos y largos, en sus páginas. He asumido siempre la máxima que ningún espacio debe dejársele libre a los que critican a la Revolución. Si la batalla es en el terreno de las ideas, hay que ganarla con los pensamientos, como expresara el Apóstol de la independencia de Cuba José Martí, pero siempre con pensares y acciones racionales, dialéctico-lógicos y auténticamente revolucionarios. Nunca utilizaré una palabra obscena y vulgar contra mis oponentes, aunque no cejaré en tratar de denominar, en los términos que encuentre más apropiados, a esos que hipercritican todo, con el objetivo de no dejar lugar a dudas, de sus pretensiones abiertas y encubiertas muy intencionadamente negativas hacia Cuba socialista.

En la historia más reciente ese idioma del engaño, desde la semántica, los juegos lingüísticos y el simulacro desde la política fue algo que aconteció, por ejemplo, en el proceso de la Perestroika soviética cuando los autodenominados “reformistas”, “aceleradores”, “demócratas” y “socialistas” de la glasnost (transparencia informativa) y del nuevo pensamiento en las relaciones internacionales acusaron a muchos de los verdaderos revolucionarios y comunistas de “estalinianos” y “conservadores”, y bajo esas designaciones arbitrarias fueron expurgando a los individuos y grupos más consecuentes de los aparatos de dirección de la sociedad soviética, desprestigiando al partido y sus militantes -aunque es cierto que existía un anterior deterioro y corrupción en el aparichk-, para al final sustituirlos, con la ayuda de los auto-conversos y las agencias especiales capitalistas, por aquellos que provocaron el roll back del socialismo en ese país y lo condujeron hacia el capitalismo más salvaje.

Como conocen que las experiencias históricas fueron aprendidas por los revolucionarios cubanos y sabiendo que en Cuba no van a existir silencios cómplices, ni entregas ignominiosas de las banderas de la dignidad de la patria soberana, independiente y socialista, ni tampoco el gobierno cubano va a proceder al encarcelamiento y censura extrema de todo aquel que comente una inconformidad y un desacuerdo -sino lean lo que el cantautor Pablo Milanés ha estado declarando y diciendo desde España recientemente, (2) y regresa siempre a Cuba para dar sus conciertos-, no les queda más remedio que azuzar campañas de miedo, advirtiendo sin cesar además que si no cambiamos de forma acelerada los contenidos y formas de nuestro modelo socialista, nos encaminamos irremediablemente al desastre.

En ese caso, la intencionalidad y la manipulación “científica” es más evidente cuando se proclaman futurólogos y ven en todos los derroteros trazados -las medidas que han sido tomadas paulatinamente- sean de un tipo o de otro, un Apocalipsis irremediable para el socialismo cubano. Defensores de una pregonada diversidad y heterogeneidad “conceptualista” y practicista no admiten, sin embargo, nada que no sea lo que ellos escriben en raras entelequias políticas, económicas, sociales, ideológicas y culturales -podemos darles el marbete hasta de filosóficas- muy peligrosas para una Isla tan cercana a los EE.UU., su adversario principal, si se perdiera el consenso de apoyo mayoritario de la población a su independencia y socialismo nacional, que parecen promover de forma consciente, “ingenua” y premeditadamente con los persistentes llamados a disentir de todo lo que se proyecte realizar o se lleva a efecto. Para mayor coincidencia histórica, con los ejemplos del llamado socialismo real. están incitando a un aceleramiento en los cambios, a una mayor democracia -con tufillo liberal-, a utilizar el sistema de cooperativas y asociaciones libres de productores como forma esencial en la economía de la Isla, a cambios en la Constitución de la República y hasta lanzaron, antes del llamamiento al VI congreso del partido comunista cubano, un proyecto programático donde se expone sin ambages que el papel rector de esta organización de vanguardia debe eliminarse, y convocan a “foros políticos” de internautas en apoyo de tales proyectos que desean convertirlos en plataformas de obligada lectura y aprobación por todos los que tienen acceso a Internet.

Sin embargo, en ocasiones, no es tan fácil leerlos y comprender a las claras sus reales objetivos pues se dan el lujo de citar constantemente a Marx y Engels, a Martí, Fidel, al Che y Raúl, entre otros destacados teóricos y políticos revolucionarios, y luego lanzan sus interpretaciones muy confusas y enigmáticas, hasta para sus partidarios, quienes les reprochan e interrogan cuáles posiciones tienen y que aspectos critican en tan variados tonos, formas y contenidos, tan ambiguos y contradictorios. ¿Serán anarquistas y trotskistas trasnochados y, además, postmodernistas -de derecha- con un disfraz de izquierda marxista radicalizada? ¿No se percatan a quienes atraen hacia su lado y a quienes perjudican?

No es que presupongamos que cualquier crítica pueda resultar absolutamente infundada, incluso aquella que provenga del campo de los adversarios, opositores y los renegados. Hemos aprendido del leninismo y del pensamiento de Fidel Castro y de Ernesto Che Guevara que una información contentiva de una media mentira, con verdades manipuladas tiene su posible referencia en una realidad tangible o no, que a veces no es percibida ágilmente por los que están inmersos en la hechura teórica, ideológica y política de la obra revolucionaria. Aunque siempre la Revolución Cubana y sus ciencias sociales han declarado que su proceso socialista no es perfecto y si perfectible, tampoco se asumen los cuestionamientos con una actitud de negación metafísica, venga de donde venga, porque ello podría conllevar a un enclaustramiento muy escolástico que es antagónico al desarrollo de una teoría marxista y martiana, socialista creadora y original que, como sabemos, surgió en la crítica y la autocrítica continuada, como medio de auto-superación y que posee todas las potencialidades más eficientes para el uso adecuado y constructivo, precisamente, del arma de la crítica y en la correlación directa y dialéctica con la crítica de las armas.

No podemos temer a las disensiones y a los opositores -que siempre han existido a lo largo de la historia de la humanidad-, porque muchas veces la autocomplacencia, el triunfalismo y la apología desmesurada, conjuntamente con el dogmatismo pérfido, (3) han realizado más daño a la etapa de construcción del socialismo, que las duras críticas y autocríticas que ayudan a corrigen su rumbo. Tales asonadas hipercríticas de los denominados disidentes, los liberales burguesas y los neoconservadores de toda laya pueden llegar a ser, a fin de cuentas, un pequeño botón de muestra de que algo o muchas cosas no están funcionando bien en nosotros mismos, y entonces lo recepcionamos críticamente midiendo su dimensión cuantitativa y cualitativa, porque, lamentablemente, casi siempre son tremendistas.

Y eso lo conocen, lo comprenden y lo intentan responder y solucionar todos los que están comprometidos con los procesos de rectificaciones de los errores, deficiencias e insuficiencias dentro de Cuba -teniendo como antecedente inmediato aquel iniciado entre 1984-1986 hasta 1990, que hubo de posponerse por la implosión del denominado “socialismo real”-, y siempre junto al pueblo trabajador y de toda la sociedad cubana en su enorme diversidad socioeconómica, clasista, multirracial, política e ideológica, pluricultural y espiritual. Como escribiera acertadamente el sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal “[...] No se trata de no tener prejuicios teóricos sino de tener los prejuicios teóricos correctos”. Al que podíamos solo cambiar una palabra: no se trata de no tener prejuicios políticos sino de tener los prejuicios políticos correctos. Y agregaríamos, todo ello con ética revolucionaria.

El marxismo y sus núcleos duros.

Nada más difícil e imposible para un saber o ciencia filosófica-humanística, reflexiva y transformadora, que construir un sistema de principios eternos e inamovibles, porque ninguna teoría social puede ser cerrada ante los cambiantes tiempos y espacios de la realidad. La dialéctica y el historicismo han brindado demostraciones tangibles que lo auténtico y lo genuino están siempre en permanente movimiento y que los momentos de relativa inercia, quietud y hasta de unidad -de variados contrarios- son muy efímeros, especialmente, en los cuerpos societales.

En el caso específico del marxismo creativo e innovador, ajeno a la letra muerta, calcada y vulgar, y si muy congruente con el espíritu crítico-reflexivo y su praxis transformadora revolucionaria, debemos comprender que estamos en presencia de una teoría y metodología científica, una cosmovisión del mundo, una concepción materialista de la historia, una filosofía de la práctica, una guía para la acción, una lógica y una dialéctica viva, así como ante un conjunto de valores epistemológicos, éticos y humanistas, también ecologistas, de una elevada trascendencia. Estos serían sus primeros núcleos duros, los más esenciales. Sin embargo, sus fundadores Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Lenin, así como sus auténticos continuadores jamás pensaron enclaustrar sus pensamientos y accionares en fórmulas y esquemas preconcebidas y dictaminadas a priori. Las denominadas crisis teóricas y prácticas del marxismo, también lógicas y dialécticas, nunca han sido terminales porque más que todo poseen un problema a solucionar de continuidad-ruptura que tiene, por sí, un carácter superador, dado por la naturaleza de su búsqueda incesante de la justicia social, la equidad, la igualdad y la libertad colectiva e individual, todos principios reflexionados y practicados de manera integral.

En el caso de los Estados-naciones, los nacionalismos y los pueblos que integran una nación determinada, aunque en momentos de su historia algunas variantes del marxismo subestimaron las luchas nacionales y el nacionalismo patriótico y universalista -si no se complementa con lo segundo es y será un nacionalismo estrecho, aldeano vanidoso o xenofóbico-, el marxismo se plantea el deber y el poder existir de esa nación y su Estado correspondiente en cada país, como derecho legítimo a la autodeterminación de cada pueblo en procurarse el gobierno y régimen político que desee y gane en el combate nacional liberador y social. Esto significa la independencia, soberanía y seguridad nacionales combinadas con la solidaridad complementaria y el internacionalismo socialista. Por eso la teoría se trazó como misión, a lo endógeno y lo externo de los países, la eliminación de la dependencia y el clientelismo hacia las metrópolis externas capitalistas-imperialistas, el poner fin al atraso y la deformación estructural de la economía, con sus secuelas sociales de explotación, opresión, racismo, discriminación, así como de marginación, pobreza extrema y exclusión. En ese sentido el Amauta Peruano, José Carlos Mariátegui, defendió en época tan temprana, como la década del 20 del pasado siglo, a los pueblos originarios de su terruño natal, dándoles un lugar protagónico en el batallar por un socialismo indoamericano, muestra elocuente de un marxismo adecuado a una realidad nacional, pero también continental, en la que los indígenas son parte y todo de nuestra propia naturaleza y sociedad. No podrá haber, ni puede existir el intento de mexicanizar, peruanizar, entre otros ejemplos, a ese originario porque el tiene ganado su espacio y tiempo anterior al conquistador y colonizador, al criollo y el nacional -porque el mismo lo es- y, por lo tanto, tiene plenos derechos a su autonomía dentro de los marcos de un Estado plurinacional o multinacional, como lo han refrendado las constituciones de Bolivia y el Ecuador, con sus semejanzas y diferencias.

Pero como meta final de esa etapa de tránsito, de construcción del socialismo hacia el comunismo, está la extinción paulatina del Estado, las clases y los antagonismos entre las mismas, hecho que comienza imperceptiblemente a suceder desde el inicio del triunfo del socialismo. No obstante, ante la realidad palpable de que el proceso de desconexión hacia el sistema-mundo capitalista no se ha logrado por parte de ninguna organización comunista y movimiento socialista auténtica desde el poder, es inevitable que ese Estado deba fortalecerse y cohabitar con la existencia de los pueblos (nacionalidades, etnias), las diversas estratificaciones socioclasistas existentes a lo interno y países con gobiernos de todo el espectro ideopolítico, por un largo período de tiempo.

Por lo que debe introducir en sus prácticas, paulatinamente, las maneras experimentales-alternativas y permanentes de diversas formas de producción, reproducción y distribución más descentralizadas, aunque las proporciones de esas variantes sean, por su peso económico, mucho menor que el del resto de la economía estatal. Toda forma cooperativa y de auto-gestión pueden introducirse controladamente y, regulándose por el Estado socialista, pero sobre todo por los propios ciudadanos, en el sentido de educarlos en la co-responsabilidad en los asuntos económicos, políticos y sociales, jurídicos, morales y culturales, y evitar que se sientan enajenados y alienados, por deficiencias burocráticas en la democracia participativa de los procesos productivos. Esa participación popular se constituye definitivamente en la parte decisoria, conjuntamente con su capacitación educacional, cultural e ideopolítica integral, del proceso constructivo socialista. Y ese proceso no puede ser un paso voluntarista, porque existen fuerzas enormes a lo interno y lo externo que se contraponen a su crecimiento y desarrollo.
Asimismo el marxismo delineó la unidad en la diversidad de las clases, pueblos explotados y oprimidos, y llamó a las naciones que transiten por las vías socialistas, ya sean a través de la revolución y/o la reforma, hacia la urgente articulación de las fuerzas revolucionarias a lo interno y, en nuestro caso de los pueblos latinoamericano-caribeños, el Sur geopolítico, a la integración-unidad de las naciones, en función de las grandes mayorías, sin menosprecio, subestimación u obviando las demandas de las minorías. Quizás en esa etapa integracionista los Estados-naciones puedan ceder parte de su soberanía, de forma relativa, que no es lo mismo que una soberanía limitada, en aras de esa integración complementaria-solidaria en lo político, económico-comercial-financiero, lo social y cultural, y que no elimina las diversidades, sino que las incluye.

Esta teoría marxista representa y se contrapone de forma dialéctica a otros cuerpos filosóficos especulativos y abstractos, empíricos y fenomenológicos, existencialistas y psicologistas, idealistas -objetivos y subjetivos-, entre otros, pero no con un rechazo absoluto y ciego hacia esas corrientes y tendencias, sino a través de diálogos constructivos, contradictorios y hasta posiblemente antagónicos, para enriquecer y tomar lo más positivo del pensamiento universal y enriquecer su acervo, con principios electivos-selectivos críticos.

Esa etapa copista y mimética de manuales y prácticas socialistas que muy poco tenían que ver con la teoría marxista en su espíritu, la vivimos en Cuba y comenzamos a rectificarla con orden, mesura y buscando posibles respuestas en nuestras mejores tradiciones patrióticas y culturales, en el pensamiento martiano y el marxismo a nivel latinoamericano-caribeño y universal, para reencontrarnos en una etapa superior con esa necesaria articulación o hibridación-síntesis dialéctica que nos permita consolidar un pensamiento teórico a la altura de los tiempos que transcurren. El propio máximo líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro lo expresó, en la inauguración del IV Congreso del PCC, el 10 de octubre de 1991, de la siguiente manera: “[...] Nos percatamos de que una parte de los problemas que teníamos era como consecuencia de la copia de experiencias de los países socialistas, puesto que fueron los primeros y los que alcanzaron un enorme prestigio, no todo malo ni mucho menos, sería injusto decir eso. Siempre hay experiencias útiles en muchos campos que pueden utilizarse, pero desgraciadamente en nuestro país se cayó en una tendencia a la copia mecánica; todo lo que de allí venía era sagrado, todo lo que venía de allí era incuestionable, todo lo que estaba en un librito era indiscutible. Esa tendencia se desarrolló con notable fuerza y lo digo sinceramente no con poco desagrado por parte de algunos de nuestros compatriotas”. (4)

Cinco años antes, en el discurso pronunciado durante la clausura del V Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Fidel había argumentado sobre la necesidad de estudiar y conocer sobre el marxismo creador: “[...] Por eso hablábamos de la instrucción revolucionaria, del marxismo-leninismo, que es una teoría revolucionaria que hay que aplicarla de una manera consecuente, de una manera revolucionaria. Hay principios que no se pueden olvidar [...] la aplicación viva, consecuente, revolucionaria, de las ideas del marxismo-leninismo. Los hombres interpretan e interpretan de muchas maneras diferentes, ¡pero nosotros debemos tener nuestra forma de interpretar las ideas revolucionarias del marxismo-leninismo!” (5)

El marxismo en Cuba encontró terreno fértil desde la segunda mitad del siglo XIX, con serias limitaciones. Y su asimilación crítica, que hoy continúa, sufrió y sufre los avatares de la lejanía eurocéntrica de este cuerpo filosófico y revolucionario, de las traducciones y versiones tardías e insuficientes de los textos de los clásicos y sus continuadores, y hasta de los errores y deficiencias del accionar de los propios marxistas, entre otras izquierdas cubanas y del movimiento socialista y comunista internacional. Pero estas ideas llegaron para quedarse. Cuando en agosto de 1925 surge el primer partido marxista-leninista en la Isla no fue un hecho fortuito o un traslado extemporáneo de concepciones ajenas a la realidad nacional. No fue extraño entonces encontrarse a Carlos Baliño creando junto a José Martí al Partido Revolucionario Cubano (1892) y luego verlo fundando, al lado de Julio Antonio Mella, al Partido Comunista de Cuba. Más tarde no es tampoco una rareza observar y ver a Fidel Castro creando, de lo mejor de las miembros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y del Partido Socialista Popular -las fuerzas fundamentales que batallaron contra la tiranía de Batista, aunque no las únicas-, al Partido Comunista de Cuba, el 3 de octubre de 1965. Los sólidos puentes históricos a través de las mejores tradiciones y generaciones revolucionarias se realizan cuando el espacio que separa las riberas de la historia popular, necesita de urgente comunicación y continuidad-ruptura superadora.

La explicación de este proceso, en sus esencias, fenómenos y mediaciones, deben ser lúcida y brillante. No valen comparaciones metafísicas y mucho menos forcejeos teóricos para tratar de encajar la realidad en los conceptos, las leyes actuantes en una etapa con la vida real de esa o de otra. Ni la República de Martí era socialista, ni la que proyecta el proceso revolucionario cubano coincide totalmente con la martiana, lo que se trata es de las esencias de ambos cuerpos de ideas y de las prácticas, del alma de esas concepciones, de los puntos de identidad o coincidencia en cuanto a valores nacionales-patrios, éticos, solidarios, de equidad y justicia social. De aquellos valores que resaltan la necesidad de la integración y unidad de los países de Nuestra América desde el latinoamericanismo, el antirracismo y el antimperialismo militante hasta la dignidad plena del hombre, la moral y la ética humanística que enarbolan en cada instante y espacio, acorde al momento sociohistórico concreto. Un ideario se complementa con el otro, con un elemento condicionante fundamental: el quehacer creador cotidiano, específicamente temporal y espacial, que debe rebasar las expectativas de ambos proyectos. La historia de Cuba, la pasada, la presente y la futura no podrá realizarse sin las ideas martianas y marxistas, como tampoco deben reducirse todo a estos ideales y accionares, y no verificar las influencia de otras escuelas de pensamiento en el decursar histórico cubano, pero estas son las esenciales.

La filosofía marxista, en su actual crisis de superación que ciertamente ha tenido un espacio-tiempo muy dilatado, está asumiendo un rol cada vez mayor en la polémica, aunque es deseable y necesario que formule valoraciones generales y universales, así como particulares y singulares para cada localidad, nación, región e internacionalmente, con fines diagnosticadores pero también propositivos, basados en las diversas realidades sociohistóricas y políticas concretas de la vida real. Sobre su situación real en Cuba el destacado politólogo, Fernando Martínez Heredia afirmaba, en el año 1995, que “[...] mi impresión es que el viejo “marxismo-leninismo” aún funciona, como una rueda cada vez más suelta, en unos casos desvaído y en otros ligeramente remozado y mezclado con ingredientes “occidentales” [...] lo más visible es una suerte de vacío ideológico aparente. Me preocupa mucho que la agonía vergonzante del “marxismo-leninismo”, que durante 20 años fue confundido con todo el marxismo, aumente el desaliento y la confusión actuales. Hay que evitar que esa ideología arrastre en su caída a todo marxismo posible”. (6) Y el filósofo José Ramón Fabelo, expresó que eran muchas las limitaciones de aquellas formas de interpretar el marxismo y el leninismo como la “(…) excesiva dependencia de la política, exagerado optimismo histórico, limitado filo crítico hacia la realidad socialista, elementos de teleologismo y de universalismo abstracto, visión cerrada y conclusiva de la teoría de Marx, Engels y Lenin, negación absoluta de todo posible aporte realizado en los marcos de filosofías no marxista, etc.” (7)

Y aún en nuestros días, luego de cerca de 19 años de Período Especial, se puede percibir que en Cuba, el marxismo auténtico y creador -o los marxismos, porque indudablemente son plurales y tienen gentilicios según los países, movimientos sociales y políticos y modelos- ha perdido relativamente el espacio hegemónico intelectual y político en el seno de la sociedad y la cultura política, con una repercusión inmediata en el sistema de enseñanza nacional y en los procesos formativos de las nuevas generaciones de cubanos, así como en su presencia en las interpretaciones y análisis de los problemas sociológicos, económicos, psicológicos etc., y en algunos discursos de la propia política ejercida que, aunque enuncie su profesión de fe hacia el mismo, (8) aun parece (des)-apuntar hacia varias cosmovisiones y cuerpos teóricos-filosóficos produciéndose, lógicamente, un eclecticismo muy paradójico o contraproducente para el socialismo cubano que queremos redefinir y reconstruir. Y estamos hablando de un marxismo coherente, sistémico e integral como teoría, como guía y método. La celebración del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba en este año 2009, puede realizar un aporte esencial en ese redimensionamiento y reactualización del presente y el futuro marxista-socialista, a corto, mediano y largo plazo.

No obstante, en estos duros y difíciles años de Período Especial en Tiempos de Paz -comenzado en septiembre de 1990, el cual no ha culminado- que continúa significando una difícil crisis económica con su secuelas sociales y conflictos de valores en la vida espiritual del cubano, colectiva e individualmente, y que nunca constituyó una crisis de ingobernabilidad e inestabilidad política, estamos tratando, paulatinamente, de reconstruir una teoría marxista y martiana articuladoras, pero reconociendo que el esfuerzo no es aún suficiente, porque pasan, y que se basan, en la ideología y la política, la ciencia, el arte de gobernar y ejercer el poder popular, las relaciones entre dirigentes-dirigidos, todos atravesados perpendicularmente por la ética.

Por lo que es urgente revisarla -sin sentido peyorativo-, revitalizarla y hasta reinventarla como expresó Alfredo Guevara, destacada figura intelectual cubana, y relanzarla hacia el presente-futuro. Ya que siendo una teoría y práctica subversiva-revolucionaria está necesitada de profundas transformaciones internas para convertirse en una guía para la acción en la contemporaneidad, no sólo para Cuba sino a nivel continental y planetario. Por ello, ya en nuestros días se dan pasos inteligentes para su reimplantación renovada en el sistema de enseñanza superior, para luego re-introducirla en los niveles secundarios y preuniversitarios, incluso en las Sedes Municipales Universitarias (SUM). Esos intentos intelectivos deben y tienen que ampliarse hacia los medios de comunicación e información masivos y los demás espacios culturales de la sociedad antillana.

Los tiempos de cambio no sólo son de incertidumbres. Más que todo, en las épocas transicionales -y esta es una de ellas a nivel planetario- se crean dudas e interrogantes permanentes, pero urgen de transformaciones que tienen a su vez que ser repensadas profundamente por el carácter muchas veces efímero y apresurado de lo que acontece, por lo que es un riesgo albergar rapideces en los necesarios cambios si no se definen diáfanamente los potenciales y las tendencias auténticas que, además de ser reales, forman parte de otras muchas que no son fundamentales, por lo que la espera, esa que algunos plantean agota, rutiniza e inmoviliza, se convierte en un momento de reflexión necesaria. La máxima marxista de que hay que transformar al mundo, no ignora o anula la permanencia de repensar también continuadamente en el mismo.

Aunque la espera no ha sido parte de la historia pasada, presente y futura de Cuba, sino el cambio inmanente de un pueblo nuevo en ebullición. Es la resistencia activa, aquella incluyente del desarrollo material y espiritual la única alternativa que resulta eficaz. Y eso no se construye armando pasarelas intelectuales -como si estos fueran el ombligo del mundo- entre las dos orillas que demarca el Estrecho de la Florida, sino que debe decidirse en Cuba, aunque podamos tender la mano a aquellos que aun en la emigración no han perdido sus raíces, incluso a lo mejor del pueblo norteamericano y de otros pueblos, en un intercambio de todo tipo sobre la base del respeto mutuo. Pero ese cambio es fundamentalmente a lo interno y ello no tienen cabida los apartidas y mercenarios, aquellos que Martí denominó sietemesinos.

El Hombre Nuevo, del que habló y escribió el Comandante Ernesto Che Guevara, que no es más que la transmutación del Sujeto Popular -el pueblo en su riqueza heterogénea de todo tipo- en el Sujeto Histórico-Político que será el hacedor principal en esta novísima etapa. Pero requiere de mecanismos de construcción desde muchos ángulos, y no será nunca un proceso natural espontáneo el que coadyuve a esa transformación, no exenta de grandes obstáculos, que debe permitir llevar a cabo la “labor filosófica” -como afirmaría Antonio Gramsci- con el fin de elevar el nivel educacional, político-ético y moral de ese sujeto popular, y ello se logra con revoluciones culturales y morales incesantes para escalar niveles superiores en el desarrollo de la cultura política-popular revolucionaria socialista. Ese sujeto histórico-político, nacido del sujeto popular, debe crecer y desarrollarse en todos los sentidos, con vistas a lograr la hegemonía ideológica y política, ética, cultural y científica -en donde estará en el lugar que le corresponde, la filosofía, por su carácter integral-generalizador-, porque solo ese es el camino real para proceder a la continuación y superación, con las inevitables rupturas, de la tarea de concientizar a los actores sociales -hoy redimensionados en el cuerpo societal- que deben proseguir el acto creador e histórico de construir el socialismo.

El núcleo duro y esencial del marxismo.

Pero el marxismo, como teoría compleja, que nació y se desarrolla constantemente con los adelantos de la ciencia y la técnica, más los nuevos e infinitos conocimientos de las ciencias sociales y humanísticas de todos los tiempos, en las esferas de la vida material y espiritual, tiene su núcleo duro y esencial, (9) no tan determinista como han querido imputarle, ni tampoco tan relativista a ultranza como han querido revestirlo, entre otros, los neomarxistas, los deconstruccionistas y los postmodernistas de derecha. La dialéctica marxista no es un material ni una idea elástica, moldeable a cualquier circunstancia y capricho de los hombres y la naturaleza, en la que ambos conviven mancomunadamente en esa realidad holística, sino que opera en la objetividad y la subjetividad relacional, incluyendo las intersubjetividades, en una intervinculación socioeconómica, política, ideológica, cultural urgente, transicional, efímera y durable. Aunque no podemos re-caer en el viejo y aún presente error de que la sobre-suficiencia de la razón instrumental y la penuria de los valores éticos y morales humanistas -que enunciaron en su momento los mejores exponentes de la modernidad- no sean cumplidos otra vez y se desvíen destructivamente las vías de los conocimientos científicos y sus resultados en la práctica societal. Nuestra imaginación y conciencia social, política y cultural tiene ahora, por experiencias y enseñanzas de la historia, que estar a la altura de la imaginación científica y tecnológica. De que forma se resolverá ese dilema nos va la supervivencia como especie humana.

Ese núcleo duro y fundamental, del que hemos ya expuesto partes importantes, además de ser flexible táctica y metodológicamente, está diseñado para acoger las dinámicas y tensiones, contradicciones antagónicas y no, objetivas-reales y subjetivas-ideales, para reajustarse, readaptarse y re-articularse con otros pensamientos y accionares revolucionarios. Pero tiene el marxismo, para este autor, los siguientes principios inalienables, sumados a los anteriormente enunciados:

A) El carácter científico -no cientificista- de sus explicaciones e interpretaciones acerca de las leyes fundamentales que rigen el desarrollo de la historia de la humanidad y, en especial, aquellas regularidades del modo de producción capitalista y la obtención de la plusvalía -el super-plus o la superganancia- por la burguesía explotadora y opresora, propietaria privada de los principales medios de producción, objeto central además de su crítica demoledora y hasta ahora tesis irrebatible, a pesar de la existencia y supervivencia de este sistema y sus formas de re-acomodarse a las diferentes problemáticas, tal como sucede en la actualidad en su etapa imperialista mundializada-transnacionalizada y neoliberal y sus crisis cíclicas que, en este momento, se prefigura como una crisis múltiple -económica-financiera, alimentaria, energética y ecológica- de carácter estructural;

B) El lugar de la práctica en la teoría del conocimiento como comprobación-demostración y criterio de la verdad;

C) El despliegue de las leyes objetivas que rigen, con sus mediaciones inevitables, en las formaciones económico-sociales, en especial, la dialéctica de la correlación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, las inter-vinculaciones de las formas de propiedad en ese sistema y, como correlato, las que subsisten en el propio socialismo, etapa de tránsito hacia el comunismo;

D) El estudio serio y riguroso de los factores que intervienen directa e indirectamente -las denominadas mediaciones- en el proceso de producción de la conciencia humana, su cultura y sus comportamientos (las costumbres, las idiosincrasias, las religiones, el arte, la estética, los ritos, los mitos, el folclor, la psicología social e individual, la sociabilidad y vida cotidiana etc.), y las formas que adoptan en las heterogéneas realidades sociohistóricas concretas, en las cuales las condicionantes económicas son “en última instancia” las que influyen en la definición de las formas de esa conciencia, pero que no significa que el factor subjetivo, en mayo grado de lo que anteriormente se suponía, desempeñe un rol importante y determinante en los cambios que se suceden en las diferentes sociedades históricamente determinadas;

E) El papel impulsor de las clases y la luchas de clases como motor de la historia y su papel en las revoluciones, hasta arribar a la Revolución Social superior: la comunista, cuya etapa de tránsito -no tan efímera en el tiempo como se pensaba optimistamente- es el socialismo, y que conduce hacia la eliminación del Estado y a la propia existencia de los antagonismos de clases, pero que asume esta realidad socioclasista como una esencia no reduccionista, sino que tiene en cuenta las otras diversidades sociales: las étnicas-nacionales, las raciales, las de género, las sexuales, las comunitarias, las generacionales, las lingüísticas, las culturales, etc., así como los emergentes y presentes nuevos movimientos sociales y políticos, aún necesitados de articulaciones duraderas;

F) El marxismo tiene que ser ampliamente democrático, dialogador y polémico. Aunque al interior del partido, históricamente construido, se practique el centralismo-democrático, en el cual la minoría se suma al consenso logrado por la mayoría de sus miembros seleccionados por su ejemplaridad y méritos, combatividad y espíritu de sacrifico, esa democracia debe ampliarse más allá de la propia organización que tiene que re-constituirse el Partido de la nación Cubana, como se proclamó en el V Congreso de 1997.

Pero por naturaleza, el socialismo es democrático. Aunque hoy día no utilicemos el término de dictadura del proletariado, por su connotación semántica y atemporal de contenidos, el significado leninista de la misma -al cual hizo aportes imprescindibles Rosa Luxemburgo y otros marxistas en las diferentes épocas- mantiene vigencia, porque no es que exista un socialismo democrático -paradoja repetitiva si no lo es-, sino que la democracia socialista de y para las mayorías, en sus distintas etapas de desarrollo, en los cuales existen momentos de estancamientos y retrocesos, por coyunturas internas y externas, es un hecho intrínseco consustancial al socialismo.

Uno de los fallos del socialismo que se desarrollaba en los países del campo socialista centro y este europeo fueron las limitaciones de los marcos democráticos del sistema, que no pueden reducirse a los actores sociales anteriormente explotados y oprimidos sino que tiene que incluir a todos los miembros de la sociedad civil y política que varía en su composición y estructura, educación cultural y preparación ideológica y política en el proceso transformador socialista, por muy conflictivos que se comporten en el seno del cuerpo societal. Porque el socialismo tiene la misión de persuadir ideopolíticamente a todas las clases, capas, grupos, sectores, estratos, segmentos y estamentos de la población, para ganárselos a la causa común, en dinámicas muchas veces tensionales;

G) El marxismo reflexiona y trabaja con los mecanismos objetivos y subjetivos que propician la enajenación / alineación y la cosificación / fetichismo, con el fin de revertirlos. No obstante, reconoce que estos se reproducen metabólicamente -del modo de producción capitalista- en el nuevo sistema, y que convierte en mercancía a todo objeto y sujeto, y no únicamente a nivel de los países que asumen ese sistema de dominación múltiple del capital sino que abarca a todos en el planeta Tierra, permeando y absorbiendo a las otras formas precapitalistas y postcapitalistas, porque es un sistema-mundo capitalizado -eurocéntrico y también norteamericanizador- que lo realiza a través de las relaciones existentes en ese mercado capitalista absolutizado con su sacrosanta propiedad privada, y también por los vínculos económicos, comerciales, financieros, informatizados, comunicacionales, mediáticos y culturales, del capital, hegemonizante y uniformador a través del denominado pensamiento único. Al que no escapa, lamentablemente, el socialismo en su contenido, al construir la nueva economía política, la cultura política y las formas de hacer política y democracia.

Estos principios, o el denominado “núcleo duro” del marxismo, también lo poseen otras ciencias sociales integrales, específicamente las filosóficas de cualquier escuela, tal como afirma Imre Lakatos, (10) pero con diferenciado carácter, sentido y contenido. De ninguna manera constituyen un recetario de normas invariables para todos los tiempos y espacios sociohistóricos, ni siquiera son fórmulas esquemáticas para aplicarlas mecánicamente. Recordamos ahora un graffiti escrito en una pared de una ciudad sudamericana, en la década del 90 del pasado siglo, en el que se leía: “¡Cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas!”, lo que denota que no hay recetas de solución finiquitada para todas las interrogantes, porque específicamente la vida social muta, se transforma continuamente y hay que estar preparados para investigar, estudiar y buscar posibles satisfacciones a viejas y nuevas problemáticas conflictivas. Ni practicismos divorciados de la teoría, ni teoricimos divorciados de la práctica. Eso significa la muerte del marxismo y de otras corrientes de izquierda, a las cuales les dedicaremos la segunda parte.

Notas bibliográficas y referencias:
(1) Orlando Cruz capote “Hacia donde conducen las dolorosas escisiones y las denominadas disidencias de las izquierdas”, en Cubacoraje.cu, martes, 16 de diciembre de 2008 y Kaosenlared.net, diciembre de 2008.
(2) Pablo Milanés “El cantante cubano Pablo Milanés crítica al gobierno cubano de Raúl, en Kaosenlared.net, 15 de julio de 2008; “El socialismo cubano se ha estancado”, en Kaosenlared.net, 29 de diciembre de 2008.
(3) Claudio Katz “Los efectos del dogmatismo I.; Catastrofismo”; Esquematismo II, en http:// www.rebelión.org /
(4) Fidel Castro Ruz “IV Congreso del Partido Comunista de Cuba. Santiago de Cuba, 10-14 de octubre de 1991. Discursos y documentos”, Editora Política, La Habana, 1992, p.43.
(5) Fidel Castro Ruz “Discurso de Clausura en el V Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (7 de abril de 1987)”, en Por el Camino Correcto, Compilación de textos, 2da Edición, Editora Política, La Habana, pp. 137-138.
(6) Fernando Martínez. Heredia “Izquierda y marxismo en Cuba”, en Temas, No. 3, oct.-dic., La Habana, 1995, p. 23.
(7) José Ramón Fabelo Corzo “La filosofía y el socialismo en Cuba”, Revista Cubana de Ciencias Sociales, No. 36-37, Instituto de Filosofía, La Habana, jul/05-may/2006, p. 145.
(8) Orlando Cruz Capote “La Identidad Nacional y el Socialismo en Cuba. (1985-2007)”, Revista Cubana de Filosofía, No. 7, Septiembre- Enero, 2007, ISSN: 1817-0137. www.filosofia.cu
(9) Hemos utilizado el texto de Pablo Guadarrama González “El “núcleo duro” de la teoría marxista y su afectación por la crisis del marxismo” en, Humanismo, marxismo y postmodernidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1998, pp. 244-261; pero le hemos realizado algunas reactualizaciones y readecuaciones propias.
(10) Imre Lakatos La metodología de los programas de investigación científica, Alianza Editorial, Madrid, 1983.

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba