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domingo, 31 de mayo de 2015

Un joven que desafió al ébola: Ecos de Sierra Leona

 De la grandeza de este joven médico conocí en carne propia: cuando supo por mi hermanita Marlene de mi ingreso médico, a diario, desde Sierra Leona, llegaban sus mensajes a través de la enfermera Alina, del Dr. Nereido, sus compañeros del Hospital, solicitando informes sobre mi salud, mientras que, ya en Cuba, desde su retiro preventivo, el Dr. Ronald hacía "tremenda cola" para el teléfono para hacerme llegar directamente su cariño... esta es la grandeza de la revolución, de los revolucionarios, que unos pocos desaprensivos nunca podrán borrar...

Un joven que desafió al ébola: Ecos de Sierra Leona

Por Marlene Caboverde Caballero

“….cada día tiene una historia y nosotros 
somos las historias que vivimos…”.
Eduardo Galeno
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Recién llegado a Sierra Leona. Foto cortesía del Dr. Ríos
Las historias de amor nacen casi siempre del dolor. Volví a tener la certeza cuando conocí desde la distancia al médico de San Antonio de Río Blanco, Jaruco, Rotceh Ríos Molina. Fue el 19 de noviembre de 2014 cuando le envié el primer mensaje a Sierra Leona donde enfrentaba el Ébola junto a otros 164 colaboradores cubanos, y ese mismo día recibí emocionada su respuesta.
Así comenzó nuestra amistad y la aventura más fascinante en mi ejercicio como periodista. Él allá, yo aquí, cada uno en su trinchera hizo lo que correspondía en un momento histórico y hermoso para la humanidad. Juntos construimos un enlace que sirvió a ambos para repensar la vida, el mundo, el futuro.
Al principio me preguntaba, ¿por qué un médico de 29 años con una carrera brillante, la especialidad de Medicina Interna, un prestigio ganado en el Hospital Luis Díaz Soto (El Naval), dos niños encantadores y una bellísima esposa, decidió enrolarse en una de las misiones más riesgosas del los últimos tiempos? Hallé la respuesta en cada palabra suya y cada imagen que me enviaba desde Sierra Leona.
Por fin, el 22 de abril nos abrazamos al conocernos personalmente; y días después, en su casa de San Antonio de Río Blanco sostuvimos el diálogo largamente soñado y esperado.
P: Hagamos una viaje al mes de octubre de 2014, fecha en que arribaste a Sierra Leona. En aquellos momentos allí se registraba uno de los mayores índices de mortalidad por el virus del Ébola en África Occidental y para tratar a los enfermos ustedes debían llegar a las Unidades de Tratamiento y entrar al Área Roja donde estaban los casos positivos. ¿Qué hacían para protegerse?

Dr Ríos Molina
: Existe un protocolo para el uso del EPP, es decir Equipo de Protección Personal, algo que conocíamos de antemano, desde Cuba, a través del entrenamiento que recibimos en el Instituto de Medicina Tropical IPK, Pedro Kourí. Pero fue algo que terminamos de madurar en Sierra leona donde hicimos, primero entrenamientos teóricos y después, prácticos. Fue muy difícil. Son una serie de pasos para vestirte, otros pasos para el trabajo en el Área Roja y otros para el desvestido, que es el momento más crítico porque sales infectado y el equipo que llevas contiene fluidos por la manipulación al paciente. No se pueden cometer errores, si violas esos pasos puedes quedar infectado. Y lo hicimos bien porque ninguno nosotros enfermó, excepto Félix Báez, al inicio de la campaña contra el Ébola, en Sierra Leona.

P: Era la ropa que llevabas puestas, cuatro pares de guantes, el equipo de protección muy caluroso, según me decías en tus mensajes. ¿Cómo lo resistías?
Dr Ríos Molina: El clima de Sierra Leona es muy similar al nuestro, excepto por la humedad que no es tan alta como en Cuba. Te confieso que en los primeros días era desesperante por el calor que se pasaba. Después me adapté. A mí lo que me costaba más trabajo era resistir la mascarilla facial, el nasobuco, como le dicen en Cuba. Eso me daba cierta falta de aire, pero con los días la fui tolerando mejor porque me decía, si los cirujanos la usan todos los días, por qué no la voy a usar yo.
P: Rotceh, y cada vez que entrabas al Área Roja pensabas acaso, ¿hoy puedo quedar infectado?
Dr Ríos Molina: El riesgo de infección no estaba solamente en el centro. Yo siento y desde que estaba en Sierra Leona lo pensé de esta manera: Corro más riesgo fuera que dentro de la unidad de tratamiento. Dentro, uno sabe dónde está el paciente, lo tienes aislado y llevas el equipo de protección personal, pero en la calle, en el hotel donde convivíamos diariamente con los locales que allí trabajan, uno no sabe cuál puede ser la persona que está infectada y esté pasando por el periodo de síntomas atenuados y en ese medio no usas el equipo de protección.
P: Cuando estaban dentro del Área Roja era bien difícil de identificarlos por el traje casi de cosmonauta que usaban, y según observé en el video que tomaron ustedes, llevaban escritos sus nombres fuera del traje. ¿Los pacientes los llamaban por esos nombres?
Dr Ríos Molina: Habitualmente nos decían, Cuba.
P: ¿Los identificaban como cubanos por la manera de tratarlos respecto a los médicos locales o de otros países?
Dr Ríos Molina: Parece que sí, porque ellos preferían ir al Centro donde estábamos los cubanos y también había horarios nocturnos en los que no participábamos nosotros, y según nos decían después, los pacientes exigían la presencia de los médicos de Cuba. Nosotros teníamos más proximidad con los enfermos, éramos más atentos, más cariñosos.
P: ¿Cuál era el protocolo que debían seguir para asistir a un paciente sospechoso fuera del Área Roja?
Dr Ríos Molina: Cuando el paciente llegaba al Área de Clasificación había una barrera que dividía el Área Roja del área del médico, que es la Amarilla. En ese lugar no se usa el equipo de protección personal completo y uno lo que hace es interrogar al paciente a una distancia prudencial, sin tocarlo. Si llegas a la conclusión que es sospechoso de portar el virus del Ébola, entonces se indica que un enfermero local y un médico cubano se vistan o vestirte tú, clasificarlo y éntralo para examinarlo físicamente y elaborar las indicaciones. Yo aprendí a reconocer los casos positivos porque llegaban y se tumbaban en el piso sin fuerzas.
P: Siempre me llamaron la atención las imágenes de las lonas azules que conformaban las estructuras de los centros de tratamiento al Ébola en Sierra leona. ¿Cómo se diseñaban y se montaban esas unidades?
Dr Ríos Molina: Un Centro de Tratamiento al Ébola tiene diferentes fases. Lo primero es rentar el lugar, gestión que hacía el Gobierno de ese país. En Sierra Leona la mayoría de los pocos hospitales y unidades asistenciales son privados. La mayoría de los espacios que se destinaban a tratar el Ébola estaban en desuso. Por ejemplo, en el distrito de Waterloo donde trabajé, la unidad quedó montada donde antes hubo un hospital adventista, una especie de policlínica integral. Tenía tres salas, un pequeño salón de operaciones y un área de aislamiento. Después de rentar el lugar, lo que sigue es modificarlo con madera y las lonas azules para agregar otras áreas y marcar los límites.
P: ¿Quiénes se encargaban de ese trabajo?
Dr Ríos Molina: Había una compañía británica que entrenó a los locales en Sierra Leona para construir los Centros de Tratamiento al Ébola. Algunas veces lo hacían mal, y esa fue otra de las funciones que yo tenía, supervisar que lo hicieran correctamente. Felipe Delgado, uno de los médicos que estaba en mi grupo y era Epidemiólogo, era el más avezado en esa tarea y siempre iba conmigo para evaluar el trabajo. En el centro hay que colocar las entradas y salidas donde deben ser, situar los pasillos para el movimiento del personal médico y de los pacientes porque hay que cumplir un sentido en la trayectoria desde el punto de vista epidemiológico.
P: En los primeros mensajes a tu esposa Laritza le confesabas que a veces tenías el temor de no poder aguantar el peso enorme de la misión en la que te habías enrolado. ¿Era por las condiciones que exigía el trabajo o por lo terrible del Ébola?
Dr Ríos Molina: Es verdad. Eso fue al principio. Pero aprendí que el Ébola se puede controlar y hasta curar, porque no es lo tan infeccioso que es el virus, sino que es muy letal. Yo digo que si fuera tan infeccioso no quedara nadie en Sierra Leona, porque allí la gente además de vivir en condiciones deprimentes, no tiene percepción del riesgo. A pesar de la epidemia ellos seguían llevando su rutina habitual. También son personas que se tocan mucho, comen juntos y tienen costumbres funerarias que hacen que la transmisibilidad sea grande.
Cuando nosotros llegamos, más del noventa por ciento de las personas que enfermaban, morían. Eso demuestra no solamente la alta letalidad, sino que los pacientes estaban subtratados. Con la llegada de la brigada médica cubana y el apoyo de la Organización Mundial de la Salud, que fue fundamental, se comenzó a tratar el Ébola correctamente. Se creó un protocolo para asistir a los pacientes y eso mejoró la sobrevida de las personas que adquirían el virus. El periodo de incubación es de dos a 21 días, en tanto el período crítico es de siete a 14.
P: Rotceh, el dos de diciembre, [por el] Día de la Medicina Latinoamericana me enviaste desde Sierra Leona un mensaje conmovedor que compartí con la audiencia de Radio Jaruco y también de Cuba y el mundo, porque lo leí en La luz en lo oscuro, el programa que Radio Rebelde dedicó a los Cinco por más de una década. Te leo un fragmento: “…hoy visité por segunda vez el hospital pediátrico, único de su tipo en el país que alberga 20 camas para niños con Ébola y trabaje en zona roja dos horas… es de los 9 hospitales a los que he entrado en zona roja donde mejor se cumple el proceso de desinfección... hoy te decía me sentí muy útil pues cargué de su cunita a la ambulancia a una niña de un año y unos meses que se quedó sin familia por el Ébola. Examiné niños de diferentes edades que oscilan entre los meses de nacido y los 14 años, pero vi morir a cuatro..." ¿Cuánto te marcó esa experiencia?
Dr Ríos Molina: Fue muy difícil para mí. Yo había visto morir a los niños, en Sierra Leona pero en centros para adultos. Aquel era un centro, no de tratamiento, sino de aislamiento pediátrico. La primera vez que fui para evaluar si las condiciones eran óptimas para el trabajo de los médicos cubanos, vi morir a siete niños y a una familia que tenía a tres hijos quedarse reducida al padre y uno solo de los hijos. Aquel niño fue enviado a otro centro y después no supe cuál fue su destino. Yo soy un padre de dos niños, y ver aquello fue terrible para mí. El problema es que no solamente se morían de Ébola, sino también de paludismo, de neumonía, tuberculosis, diarreas, que son enfermedades curables. Allí se morían los niños y ya. Pero vivir aquello nos sirvió a mí y a mis compañeros para enseñar a los médicos y enfermeros locales a darle más sentido a la vida de aquellas personas, y les inculcamos que la vida de un ser humano, fuera quien fuera, era importante.
P: Y ya que mencionas esa enseñanza, ¿Cómo llevaban la labor preventiva y educativa a los pacientes?
Dr Ríos Molina: Nosotros no teníamos concebido trabajo de campo, sino que nos centrábamos en el tratamiento clínico en las unidades. El trabajo de campo lo desarrollaba la Organización Mundial de la Salud con personal británico y norteamericano encargado de visitar las comunidades para informar a la población. Lo otro era la labor de promoción que hacía el gobierno de Sierra Leona en las calles, la televisión y la radio. Ahora, qué pasa con esos medios. Allí no existe el fluido eléctrico, como en Cuba y por tanto la mayoría no tiene acceso a lo que se transmite. Lo que sí se veían eran mensajes y propagandas colocados por todas partes relacionados con el Ébola y se decía que debían llamar ante los síntomas de la enfermedad al 117, que era el Centro de asistencia a los pacientes sintomáticos.
Fue difícil al principio, también de esa manera, porque allí la gente creía que el Ébola no era real, sino una maldición de sus dioses. Por suerte cuando nosotros llegamos en octubre ya la población se estaba convenciendo de que el Ébola existía y era una enfermedad. Fíjate, que en agosto y septiembre las cifras hablan de la mortalidad tan grande en Sierra Leona porque a la gente le costaba entender que la vía de transmisión era de persona a persona y continuaban abrazando al fallecido y encima, mantenían el ritual de beber el agua con que bañaban al difunto para recoger su espíritu. Y ya te puedes imaginar los contagios, porque la mayor carga viral se produce cuando la persona muere.
P: Además de los 165 colaboradores cubanos que enfrentaban el Ébola en Sierra leona había especialistas y voluntarios de otras naciones. ¿Tuviste algún tipo de intercambio con ellos?
Dr Ríos Molina: Muchísimos contactos porque trabajábamos estrechamente con la Organización Mundial de la Salud. Médicos y enfermeros británicos, norteamericanos, australianos, chinos. En una ocasión visitamos un hospital de China, ellos también estaban haciendo un buen trabajo aunque tenían menos camas que nosotros, y ninguno de esos especialistas chinos se enfermó de Ébola. Esos intercambios me hicieron ver que los profesionales cubanos no tienen nada que envidiarle a los de esas superpotencias. Nosotros estamos muy bien formados en cuanto a preparación en la asistencia médica. Inicialmente ellos estaban un poco reacios a trabajar con nosotros por problemas que confrontábamos con el Inglés, pero en la medida que fueron conociendo de la calidad de nuestro desempeño fluyeron mejor las relaciones.
P: ¿Cómo es Sierra Leona?
Dr Ríos Molina: Sierra Leona es un país rico en recursos naturales: hay oro y diamantes. Tiene buenas tierras para cultivar, quizás tenga petróleo, pero es algo que no han explotado todavía. Pero ni el oro ni el diamante les pertenece, y no tienen condiciones para explotar la tierra porque no tienen agua, ni infraestructura. Es un país donde la gente permanece en la calle todo el día tratando de sobrevivir, vendiendo sobre todo, y los que más se dedican a vender son los niños. En cualquier intersección, porque allí no hay semáforos, se puede ver a los niños de siete, ocho o nueve años vendiendo agua refrescos, dulces y otras cosas para ayudar a su familia. Entonces, quienes trabajan son las mujeres y los niños, los hombres no, excepto los profesionales.
Como país capitalista al fin, allí hay de todo, lo de mejor y de peor calidad, lo que quieras comprar. En cambio, la población no tiene acceso a esos productos porque no tiene dinero. Conseguir trabajo es algo grande en Sierra Leona y aunque el salario no es fijo y el trabajador es prácticamente propiedad del dueño, tener empleo es la garantía de una vida mejor.
P: Es entonces otro país subdesarrollado con diferencias abismales entre las clases sociales.

Dr Ríos Molina:
Así es. Allí se puede ver justo al lado de una mansión, una choza miserable.

P: Sin embargo me comentabas en una ocasión, que la gente allí puede comprar un celular y luego no tener dinero para comida o medicinas.
Dr Ríos Molina: Así es. A nosotros, como cubanos, nos llamaba la atención ver como allí todo el mundo tiene celular de más o menos calidad. Yo no sé si tenían dinero para hablar, pero muchas veces andaban en harapos, pero con el celular en la mano. Lo que sucede es que la ignorancia es muy grande en Sierra Leona, y las personas no son capaces de ordenar sus prioridades como solemos hacer aquí en Cuba. Allí las cosas funcionan de manera diferente. Por ejemplo, las pocas farmacias que hay no están en función de la salud, sino del comercio. No cuentan con infraestructura de Salud Pública, ni clínicas comunitarias, ni se ven los médicos en las comunidades como aquí. Las unidades asistenciales son privadas y hay que pagar una gran suma de dinero para recibir una asistencia mínima, en tanto hay un solo hospital público que visité y está en muy malas condiciones.
P: Antes de la llegada de los médicos cubanos a Sierra Leona, el Ébola había cobrado la vida a algunos trabajadores de la asistencia sanitaria, y poco después de comenzar el enfrentamiento a la epidemia enfermó el doctor Félix Báez. ¿Cuándo conociste la noticia cuál fue tu primer pensamiento?

Dr Ríos Molina:
Fue duro. Éramos 165 hombres viviendo en medio de la epidemia. Cuando Félix enfermó, muchos de nosotros no habíamos entrado aún a un centro de tratamiento al Ébola, y entonces lo que pensábamos era que también nos enfermaríamos cuando nos llegara el momento de trabajar. Pero pesaba más la convicción que tenemos los cubanos de hacer los que nos tocaba al precio que fuera necesario. A partir de aquellos momentos elevamos el entrenamiento y nos preparamos mejor para enfrentar aquel monstruo que teníamos frente a nosotros.

P: ¿Te acuerdas cuando te decía en mis mensajes que revisaras el mosquitero antes de dormir? Y es que no solo debían protegerse del Ébola, sino también de otras enfermedades tan comunes allí como el paludismo, un mal que costó la vida a dos colaboradores cubanos en África Occidental. ¿Existe alguna campaña para proteger a la población local de ese padecimiento?
Dr Ríos Molina: No tienen forma, porque la mayoría no puede pagar ni el medicamento, ni los mosquiteros, ni los insecticidas. Nosotros los colaboradores cubanos si contábamos con todo eso y usábamos una quimioprofilaxis diaria, y evitábamos a toda costa las picaduras de los mosquitos. También trazamos una estrategia sanitaria que consistía en tomar la temperatura diaria y la búsqueda temprana de síntomas.
P: Otra de las historias enviadas por ti desde Sierra Leona que también me conmovió fue el parto que hicieron en la unidad que tenías bajo tu responsabilidad, en Waterloo. La conozco porque la leí, pero hoy me gustaría escucharla.
Dr Ríos Molina: Ese fue el único parto que se hizo en un Centro de Tratamiento al Ébola. Recuerdo que la paciente llegó con diagnóstico positivo de Ébola, remitida de un centro de aislamiento. Era una mujer joven de 31 años de edad, su primer embarazo y tenía casi 38 semanas de gestación, por lo que estaba a término. El centro de nosotros contaba con el único ginecólogo que había en Sierra Leona en aquellos momentos. A las cinco de la tarde nos llamaron porque la muchacha había entrado en trabajo de parto. El cirujano, Doctor Iliones y el ginecólogo que era el médico santiaguero Juan Andrés y otros cinco enfermeros comenzamos a trabajar. Yo fui solamente asistir, en realidad fueron ellos los que hicieron el parto que duró casi seis horas. La paciente fue tratada como si estuviera en Cuba, con todos los recursos, pero el feto estaba fallecido cuando nació, era un varoncito con un buen peso pero, al parecer, la carga viral del Ébola le causó la muerte. Ella quedó bien, las pérdidas que tuvo fueron discretas, se medicó y estaba con buen estado físico general. Pero al amanecer estaba muerta en el suelo, cianótica, debido a un tromboembolismo pulmonar causado, probablemente, por el líquido amniótico. Sin embargo no sangró, lo que nos llevó a concluir que la muerte no se debió al Ébola.
P: ¿El hecho de ser muy joven, cumpliste 30 años de edad en Sierra Leona, te creó obstáculos para tu desempeño como directivo en la misión?
Dr Ríos Molina: De los médicos era yo el más joven en Sierra Leona, y de los enfermeros había uno que contaba 26 años. Ciertamente, el haber ocupado el cargo de Coordinador General de un Centro de Tratamiento al Ébola fue un poco complejo. Yo tenía 37 subordinados y la responsabilidad era grandísima porque se trataba de mantener saludables a esas personas que tenía bajo mi mando y hacer bien el trabajo que nos tocaba. Inicialmente, el mando superior estuvo un poco reacio en darme esa responsabilidad por mi juventud, pero les demostré con mucho trabajo que sí podía hacerlo y hacerlo bien. Luego contaban conmigo para tomar decisiones porque aprendieron a confiar en mí. Y como yo, también brilló el médico Dayron de 29 años y un enfermero de Pinar del Río que tenía 26. Es decir que la juventud cubana estuvo muy bien representada allá porque el resto era personal de más edad y experiencia.
P: ¿Y de esas buenas relaciones de trabajo nacieron también lazos de amistad verdadera y perdurable?
Dr Ríos Molina: Cómo no. Allí trabajan conmigo personas de muchas provincias del país con quienes mantuve buenas relaciones de amistad, sobre todo, con los médicos y enfermeros de las Tunas que se convirtieron en mis amigos y serán mis amigos para toda la vida. También conocí a otros especialistas, que aunque trabajaban como yo en la capital, nunca nos habíamos visto, ellos son también amistades de verdad que se quedaron para siempre.
P: ¿Dejaste amigos en Sierra Leona?
Dr Ríos Molina: Muchísimos amigos que se quedaron llorando la partida de nosotros. Amigos de verdad que admiran mucho a los médicos y enfermeros cubanos y al pueblo de Cuba. Y conocen a nuestro Presidente y algo de nuestra historia. Muchas veces nos decían: nosotros no hacemos lo que ustedes hacen.
P: A la partida de los colaboradores cubanos, ¿quiénes se quedaron frente a los Centros de Tratamiento al Ébola, conociendo que el virus no se ha erradicado totalmente?
Dr Ríos Molina: Muchos centros empezaban a cerrarse en los últimos días de mi estancia en Sierra Leona, al ser significativa la reducción de los casos, y no ser rentable tener las unidades abiertas para uno o dos pacientes. Se fueron identificando los centros que más personal sanitario local tenían para centrar en estos el tratamiento a la enfermedad.
P: ¿El momento más terrible en Sierra Leona?
Dr Ríos Molina: Ver los niños morir.
P: ¿El más hermoso?
Dr Ríos Molina: Dar de alta a un niño de ocho años que perdió a su familia completa, a quien felizmente logramos salvar del Ébola.
P: Cuando nuestro amigo común, Gerardo Hernández, uno de los Cinco, llegó a Cuba tras 16 años de injusta prisión, él confesaba que al inicio despertaba algunas veces con la terrible sensación de estar todavía en la cárcel. ¿Te ha sucedido algo similar después del regreso a tu casa y tu pueblo de San Antonio de Río Blanco o pasaste la página sin traumas?

Dr Ríos Molina:
Marle, yo recuerdo todo lo que vi, todo lo que viví. La experiencia fue maravillosa, tengo la seguridad que fue una bendición en mi vida. Agradezco a las autoridades que me escogieron para la misión porque salvé muchas vidas y conocí cosas que jamás imaginé existieran en el mundo. Pero para mí no creó traumas. Yo fui a Sierra Leona a hacer lo que mejor sé, que es trabajar y dar vida y salud a las personas. Duermo tranquilo con la felicidad de estar con mi esposa, mis niños y mi familia.

P: Y ya que hablamos de Gerardo Hernández Nordelo, supe que te llamó por teléfono.
Dr Ríos Molina: Tremenda sorpresa. Yo estaba atendiendo a un paciente en mi casa…
P: ¿Es que acaso no estás de vacaciones?
Dr Ríos Molina: Sí, pero el enfermo no puede esperar y la gente sabe que puede llamar a mi puerta a la hora que sea.
P: Lo sé. No me equivoqué cuando quise que entre Gerardo y tú surgiera un puente de amistad. Pero cuéntame, ¿Que te dijo Gerardo?
Dr Ríos Molina: Mira, me agarró de sorpresa y no sabía qué decirle. Pero cuando lo escuché hablarme como si me conociera de toda la vida se me fueron los nervios. Me preguntó por mi familia, por mis niños. Me dijo que estuvo pendiente de lo que hicimos los colaboradores cubanos en África Occidental y me aseguró que en cuanto estuviera con menos complicaciones de trabajo vendría para verme y escuchar mis experiencias de Sierra Leona.
P: Además de ese encuentro con Gerardo, y de recibir el Nobel de la paz, ¿qué otros proyectos tienes en lo adelante?
Dr Ríos Molina: ¿Tú crees que lo ganemos? Va a ser difícil.
P: Estoy segura.
Dr Ríos Molina: Vamos a ver. Del futuro te puedo decir que seguiré trabajando en el Hospital Naval Luis Díaz Soto y me gustaría hacer una Maestría en Infectología. No sé si seguiré en el séptimo piso, pero tengo la seguridad de que me espera mucho trabajo por delante.
P: Si ahora te proponen enfrentar otra epidemia, incluso más terrible que el Ébola, fuera del país ¿qué harías?
Dr Ríos Molina: Te voy a decir lo mismo que le dije al Ministro de Salud Pública el día que me lo preguntó: Donde sea, cómo sea, a la hora que sea y lo que haya que hacer lo haré. Los cubanos somos así. Y ya te digo, sea fuera o sea dentro del país porque no me canso de decir que hay muchas misiones que cumplir aquí dentro también, y a veces se nos olvidan un poquito. Tenemos muchos problemas que resolver y tenemos que ponerle el pecho para que no se deteriore el sistema nacional de salud, que es una de las conquistas más hermosas de la Revolución. Cuando vas a otro país terminas convenciéndote más de esa verdad.
Con información de Cubadebate

viernes, 24 de abril de 2015

Dieron recibimiento de Héroe en Jaruco a médico Rotceh Ríos Molina, que enfrentó el Ébola en Sierra Leona

Por Marlene Caboverde Caballero*

Este 22 de abril fue una jornada de grandes emociones para el pueblo de Jaruco porque, finalmente, Rotceh Ríos Molina, el médico de San Antonio de Río Blanco, volvió a su casa tras seis meses de heroica labor enfrentando el virus del Ébola en Sierra Leona. A su llegada, su pueblo lo recibió como lo que es: un héroe de estos tiempos.

 El también Especialista de Medicina Interna fue recibido en las primeras horas de la mañana por la familia y las principales autoridades de la provincia en la Sede de la Asamblea del Poder Popular de Mayabeque, donde su presidenta Tamara Balido expresó la alegría por su regreso, hecho que coincide con el éxito alcanzado en las elecciones parciales celebradas este 19 de abril, en las que la provincia registró el mayor número de votaciones en el país.

Rotceh Ríos Molina, visiblemente emocionado por el reencuentro con su esposa, sus niños, la madre y la hermana, subrayó que los colaboradores, que como él, enfrentaron y continúan combatiendo el Ébola en África Occidental, simplemente, demostraron los altos valores de humanismo y solidaridad que distinguen a la Medicina cubana en el mundo.

Al filo de las diez de la mañana en San Antonio de Río Blanco, el colaborador jaruqueño fue sorprendido por un mar de pueblo que le regaló un recibimiento inmenso, matizado por la alegría de los alumnos de las escuelas, los abuelos de la Cátedra del Adulto Mayor y los trabajadores de la Salud Pública.

 En la celebración, las autoridades del Partido, el Gobierno, la Asamblea Municipal del Poder Popular y las organizaciones políticas y de masas de Jaruco, le otorgaron múltiples reconocimientos al héroe recién llegado, en tanto también recibió un presente especial de la emisora Radio Jaruco y el Comité Alas de libertad, de la escuela primaria Pelayo Cuervo Navarro, de esa comunidad.

Aclamado por la gente de su tierra, el médico Rotceh Ríos Molina agradeció por las muestras de cariño y enfatizó la importancia de reconocer el trabajo de todos los médicos de Cuba, donde quiera que estén.

 Y así, con esa petición y bailando en el barrio como buen cubano, Rotceh recalcaba que regresaba a su país fortalecido espiritualmente y más comprometido con su deber de dar vida y salud al pueblo.

*Periodista de Radio Jaruco [Mayabeque]

FOTOS Carlos Cánovas Caso

lunes, 1 de diciembre de 2014

A todos los trabajadores de la salud, en cualquier lugar que estén o cual sea su ocupacion

En su muro de Facebook, nuestro hermano Ronald ha compartido este hermoso mensaje que me he permitido editar para su más fácil lectura:


A todos los trabajadores de la salud, en cualquier lugar que estén o cual sea su ocupacion



Monrovia 29 de Noviembre del 2014

Carta desde Liberia para mi hijo Ronald Daniel Hernández Columbie.


Ronald:

En una fecha como ésta, donde celebramos la jornada en saludo a los trabajadores de la salud -como nos llamó nuestro invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, su "ejército de batas blancas"- al cual tenemos el honor tu mamá y yo de pertenecer, encontrándome en estos momentos en Liberia, como parte de una de las Brigadas Médicas que por petición del Secretario General de la ONU, y por decisión de la Dirección de la Revolución, estamos enfrentando esta terrible epidemia de Ebola, que ya ha causado la muerte a miles de personas, y que de no detenerla ahora, serian muchos más los fallecidos y podría extenderse a otras partes del mundo, incluyendo a nuestra querida patria, te pido que transmitas a nuestros compañeros de la salud, sean del perfil que sean, nuestras felicitaciones por la honrosa tarea que cumplen, no menos importante que la nuestra, pues son los encargados de cuidar la salud de la población Cubana y mantener los indicadores de salud que hemos logrado.
Que confiamos en ellos como una retaguardia segura, que el 3 de diciembre, día de la Medicina Latinoamericana, en homenaje a ese genio que fue Carlos J Finlay, no estaremos allí físicamente, pero sí moralmente, y que confíen en nosotros, que sabremos cumplir con esta misión como hemos cumplido otras, poniendo bien alto el prestigio de la salud y la Revolución Cubana.
Que cada día nos sentimos más orgullosos de haber nacido y habernos formado en Cuba, y más orgullosos aun, por la magnitud de la ayuda que prestamos, pues un país pequeño como el nuestro aporta mucho más que grandes potencias, y nosotros compartimos lo poco que tenemos, no regalamos lo que nos sobra.
Que hemos recibido y estamos recibiendo la preparación suficiente para minimizar los riesgos y regresar a la patria con la satisfacción del deber cumplido, eres aun pequeño para comprender muchas cosas, pero debes ir aprendiendo que a los revolucionarios nos deben caracterizar muchas cosas, y más si somos profesionales de la salud: humanismo, altruismo e internacionalismo; sé que leerás esto en tu escuela, y por tanto será como si yo estuviera allí a tu lado.
Saludos a todos, un abrazo bien fuerte con el corazón a ti, mi pequeño.
Sea este saludo extensivo a todos los trabajadores de la salud, en cualquier lugar que se encuentren o la profesión que desempeñen.
Dr. Ronald Hernández Torres

martes, 18 de noviembre de 2014

La Revolución Cubana: el pasado… ¿y el porvenir?

Por Javier Larraín Parada*

“El personal médico que marcha a cualquier punto para salvar vidas,
aun a riesgo de perder la suya,
es el mayor ejemplo de solidaridad que puede ofrecer el ser humano,
sobre todo cuando no está movido por interés material alguno”.
                                                           Fidel Castro Ruz, “La hora del deber”

 
En el marco de su reciente visita a La Paz, la chilena Marta Harnecker dedicó unas cuantas horas para dialogar/debatir con estudiantes y trabajadores, militantes y académicos, en torno a los desafíos que se nos presentan a la hora de entender y construir el “socialismo del siglo XXI”.

 Pero, como dijera José Martí: “radical es quien ve las raíces”, y lamentablemente, la Sra. Harnecker demostró, una vez más, no verlas. Siguiendo la línea que han asumido algunos intelectuales de nuestra América, no sólo dio sendos recetarios para guiarnos en cómo debemos hacer las cosas por estas latitudes, sino que, además, procuró advertirnos de algo que hasta ahora nos negábamos a aceptar: “la Revolución Cubana es del siglo XX”. ¿Con eso debemos pensar que no es del siglo XXI?, ¿o es muy tonto lo que estoy diciendo?

A volver el debate a su lugar

 En sus ácidas polémicas con la dirigencia soviética (y yugoeslava), nuestro querido Che Guevara, pasmado ante quienes vociferaban que el socialismo sólo se trataba de un mero desarrollo de las fuerzas productivas –y del mejoramiento continuo de las condiciones materiales de la población–, les dijo con voz grave y mirada profunda: “nosotros [los cubanos] empezaremos a construir el comunismo desde el primer día, aunque tardemos toda la vida en llegar al socialismo.”

 Insistió que la emancipación humana no era cuestión de distintos caminos que nos pudieran conducir a Roma; se trataba de Romas distintas. El argentino–cubano fue radical, se aproximó a la raíz, puso el debate en su lugar, o como nos sugirió el viejo Marx: “[lo invirtió] para descubrir el núcleo racional en la cáscara mística.”

 De esta forma, no se cansó de repetirle a la juventud cubana que el socialismo económico sin moral comunista no servía de nada. Los citó a trabajos voluntarios y sentó las bases del “hombre nuevo”, el del futuro, el constructor ¡aquí y ahora! de la sociedad comunista.

 Afortunadamente para nosotros, encontró oído receptores en ese pueblo y, a décadas de su fallecimiento, son decenas de miles los cubanos y cubanas que han entregado lo mejor de sí por tender una mano a los “condenados de la Tierra”.

 Aquel amistoso pueblo, junto a su dirección histórica, comprendió tempranamente el valor de la ética y la moral en el trabajo revolucionario, condiciones indispensables para humanizar al hombre alienado. Por esta razón, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la Revolución Cubana no sólo es del siglo XX sino que será de TODOS LOS SIGLOS (aporte que al parecer no ha percibido nuestra ilustre visitante).

 Pero, más allá de esas miradas estrechas, en estos días, como hace más de cinco décadas, esa pequeña gran Isla sorprende al mundo con su desprendida ayuda a los pueblos del África occidental en su lucha contra el ébola, virus que se ha cobrado más de cinco mil vidas de seres humanos.

 En las palabras de despedida a los colabores médicos cubanos que partían a tierras africanas, Raúl Castro Ruz, fue más cristalino aún: “Como parte del crisol de las culturas latinoamericanas y caribeñas, por las venas de «Nuestra América» corre sangre africana, aportada por quienes lucharon por la independencia y contribuyeron a crear la riqueza de muchos de nuestros países y de otros, incluyendo los Estados Unidos.”

Ese virus llamado Ébola

 El Ébola es un virus que causa la enfermedad del Ébola. Desde su aparición (1976), en la República Democrática del Congo –para entonces llamada Zaire–, se han sucedido otros 22 brotes que han costado la vida de 1.581 personas.

 Con una tasa de letalidad que llega hasta el 90%, sin embargo, el brote actual ha costado la vida de casi 5.000 africanos, pasando a convertirse en una emergencia de salud pública internacional, con riesgos reales a expandirse con toda su fuerza por otros continentes.

 Hasta ahora el ébola se había presentado en zonas rurales, preferentemente boscosas, siendo trasmitido a través de la exposición a sangre infectada por el virus, perteneciente a distintos animales cazados y comidos por los aldeanos, por ejemplo, la apetecida carne de mono; aunque se está llegando al consenso científico de que es el murciélago el principal trasmisor de la enfermedad, mal que no le afecta a consecuencia, según algunos estudios, de su capacidad de volar. Pero, fíjese bien, el presente brote, por vez primera, ha atacado a las poblaciones urbanas, de ahí su agresividad.

 La sintomatología nos indica que los enfermos padecen de una súbita fiebre, produciéndosele dolores musculares, de garganta, vómitos, diarreas, disfunción renal, hemorragias internas y externas, en un proceso bastante doloroso para un enfermo que, en la mitad de los casos, muere.

 Los aquejados por el ébola requieren de cuidados intensivos y completa aislación ya que al más mínimo contacto con otra persona, por ejemplo, el simple sudor u otras secreciones, el virus se propaga.

 Se ha descubierto que los sobrevivientes a la enfermedad pueden establecer contacto con los enfermos sin peligro de recaer. Por este motivo, los médicos cubanos instruyen a la población local que se ha recuperado en tareas de enfermería para colaborar en el tratamiento de los convalecientes.
La Brigada Médica Cubana

 Cuando el Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, hizo un llamado a la comunidad internacional para aunar esfuerzos en la lucha contra el letal virus, países como Brasil ofrecieron ayuda en alimentos por un valor de 5 millones de dólares, misma suma ofrecida por los gobiernos de Venezuela y China.

 Sin embargo, una Isla del Caribe con apenas 11 millones de habitantes y casi 6.051 USD per cápita –vale decir que sin grandes recursos económicos tampoco–, de manera inmediata puso a disposición de la ONU y la Organización Mundial de la Salud (OMS), un contingente de colaboradores de la salud que ascendía a casi 500 profesionales: 165 destinados a Sierra Leona, 83 a Liberia, 200 a Guinea Conakry, y el resto repartido entre Nigeria, Mali y otros países africanos.

 El llamado del gobierno revolucionario a combatir el ébola en el continente negro fue contestado por 15 mil profesionales de los cuales medio millar fueron seleccionados y hasta hoy laboran en los mentados países, atendiendo a casi 13 mil enfermos que padecen un virus que en este nuevo brote ha alcanzado cifras de letalidad que llegan hasta el 50% y 60% en algunas regiones.

 Hasta esos parajes Cuba ha enviado epidemiólogos, cirujanos, anestesiólogos, pediatras y enfermeros, con el fin de cubrir de manera integral las demandas de la población nativa. Y sepa Ud. que este esfuerzo ha sido desafiando toda barrera cultural en regiones donde la población anglo parlante no supera el 20%, es decir, donde las personas no hablan otras lenguas que sus propios dialectos.

 En la actualidad, los internacionalistas cubanos ascienden a casi 50 mil, de los cuales 23.158 son médicos, atendiendo en más de 40 países y 66 naciones de los cinco continentes. Sólo en los últimos años le han devuelto la visión a más de 3 millones de personas de 35 naciones, entre ellas, a 36 mil africanos. Asimismo, en quince años han graduado a 23.944 médicos de todo el tercer mundo en sus distintas facultades de Ciencias Médicas. Nuestro país bien sabe de eso.

 El ébola ya se cobró la vida de un voluntario cubano, Jorge Juan Guerra Rodríguez (60 años), jefe económico de la brigada en Guinea Conakry, quien, a causa del paludismo –que le provocó un fallo multiorgánico–, perdió la vida lejos de su familia, la tarde del 26 de octubre.

 Pero, lejos de decaer sus ánimos, los miembros del “ejército de batas blancas” cubano se engrandecen, y esta semana, en la propia ciudad de La Habana han compartido sus experiencias con expertos de 19 países latinoamericanos en el “Primer Curso Internacional para la Prevención y Enfrentamiento al Ébola”. Allí hablaron sobre la vigilancia epidemiológica en centros especializados, el fortalecimiento de relaciones intersectoriales con organismos fronterizos, sistematizaron el intercambio de experiencias y solicitaron estandarizar equipos de protección personal para adquirirlos a precios preferenciales y crear una reserva regional para distribución inmediata. Además, impartieron cursos prácticos de tratamientos contra el ébola en el “Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí” (IPK), de dicha capital.

 Igualmente, desde el 6 de noviembre han puesto en funcionamiento al recientemente creado “Centro de Tratamiento del Ébola”, en Kerry Town, al sur de Freetown, capital de Sierra Leona, y que cuenta con 92 camas altamente aisladas.

Con la misión cumplida

 Estimado lector, no sé si me sobran o faltan las palabras para referirme a la inmensa labor de los internacionalistas cubanos, aunque sí me alberga la convicción de que son ellos los hombres y mujeres nuevas, y que sólo imitando su capacidad de entrega e infinita dosis de amor por los que sufren podremos construir una sociedad mejor, que son esos cubanos los del siglo XX, XXI y XXII, aunque esto no cuadre con los esquemas marxistas de algunos.

 Para terminar, quisiera compartir con ustedes un extracto de la carta que el Dr. José Eduardo Díaz Gómez, miembro de la Brigada Médica Cubana en Guinea Conakry, le dirigiera a su familia y a toda Cuba:
“Desde el África pidieron al mundo la colaboración para detener a un enemigo invisible: era el Ébola que sin piedad, ni importarle sexo, edad o raza, cegaba la vida a todo el que encontrara a su paso. Muchos se asustaron y otros callaron, conocimos a algunos que como dijera Martí, esperan hoy todavía que pase la tormenta con los brazos en cruz, los millonarios se desentendieron… Nuestro Pueblo, Familia y Revolución cuando pasen los meses entenderán que esta será nuestro Moncada, nuestra Sierra y nuestro Girón. A ellos, a nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, a Raúl, les pedimos nos esperen al pie de la escalerilla del avión, pues esta brigada de titanes solo regresará a la Patria con la misión cumplida”.


*Chileno, radicado en Bolivia. Escribe para el Semanario La Época, donde publicó originalmente este trabajo

domingo, 16 de noviembre de 2014

Estados Unidos: malos propósitos e ignorancia

Por  Néstor García Iturbe*

Un amigo tuvo la gentileza de enviarme el artículo de la columnista del Wall Street Journal, Mary Anastasia O'grady , titulado “Cuba’s Slave Trade in Doctors”, el cual trata de tergiversar totalmente los propósitos que mueven a Cuba en relación con la ayuda médica que presta a distintos países del mundo.

 Cuando analizamos los artículos que el Wall Street Journal publica bajo la firma de  O'grady, comprendemos que de la misma es imposible recibir una valoración imparcial y balanceada como debe ser el trabajo de un periodista que se respete y que a la vez se haga respetar por sus lectores.

 Los escritos que hemos podido analizar de la misma se refieren a distintas situaciones sobre América Latina. El estilo y enfoque de O'grady es en extremo crítico y reaccionario.  No es necesario describir un paraíso cuando se habla de algún país de nuestro continente, pero tampoco es honesto satanizarlo.

 Sus comentarios sobre Chile, la educación en dicho país y en especial sobre la líder estudiantil Camila Vallejo llegan en su mayoría a ser degradantes para la propia O'grady.  Dentro de las ideas que trata de transmitir, está la aseveración que la periodista realiza sobre el interés de los chilenos en el comunismo y plantea que uno de los mayores culpables de esto fue precisamente Augusto Pinochet, que no supo detener esta tendencia.  Quizás considere que Pinochet debería haber asesinado un número mayor de chilenos para asegurar, que al dejar el poder, no quedaran vestigios de  esa tendencia ideológica. En otro artículo sobre Chile, publicado el 2 de noviembre del 2014, titulado “El milagro chileno avanza en reverso” se realiza un análisis desproporcionado y totalmente falso del curso de los acontecimientos  bajo la dirección de Michelle Bachelet, evidentemente con el propósito de socavar el prestigio de la misma.

 En cuanto a la Argentina, en un artículo que publicó el 17 de marzo del 2013, realiza un análisis donde se proyecta hacia el futuro de dicha nación. Plantea que todavía la señora Kirchner no ha terminado de implantar un régimen totalitario sin libertad de prensa, pero que ese día llegará pronto.  Expresas que se está persiguiendo a los comerciantes, que los periódicos son acosados cuando publican artículos que no están dentro de la línea oficial.  En el propio artículo trata de crear enemistad entre el Papa y Argentina, tratando de hacer ver que el gobierno ha planteado que todos los obispos tenían complicidad  con la dictadura.

 Los artículos de esta señora no han excluido de sus patrañas ataques contra Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y otros países latinoamericanos que han preferido trabajar en pro  de la defensa de los intereses nacionales, alejándose de los designios de Washington.

 En cuanto al mencionado artículo sobre Cuba, uno de los tantos, pues Cuba  aparece en la lista de favoritos de la señora O'grady, el mismo utiliza la misma técnica que utilizaban los propagandistas del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, iniciar el artículo con una gran mentira, que llame la atención, se fije en la mente de los lectores y después tratar de sustentar la misma.

 En el artículo publicado el 9 de noviembre del 2014, se plantea que Cuba recibe anualmente 8 mil millones de dólares (8 billones) por el concepto de servicios prestados a otros países por parte de nuestros médicos. Esta cifra, de ser cierta, superaría lo que Cuba recibe en otros rublos, como el Nickel y el Turismo. La cifra que se ha mencionado en distintas oportunidades sobre este tipo de ingreso, no sobrepasa los 2,000 millones de dólares.

 Es importante resaltar que, de acuerdo a lo que he podido conocer, Cuba solamente recibe ingreso por este concepto de un número de países, cuya economía y relaciones comerciales con Cuba lo permiten.  Un buen número de países reciben esta ayuda sin costo alguno, estos son países que no cuentan con recursos económicos para garantizar la atención médica de su población y que por lo regular la misma padece de un buen número de necesidades, principalmente el no contar con una adecuada alimentación.  Si no tiene para comer, cómo les vamos a cobrar.

 Los países a los que Cuba no cobra la atención médica, se responsabilizan con el alojamiento y  alimentación del personal médico cubano, al cual también le entregan mensualmente una módica cantidad en dinero del país para sus gastos personales. Por otra parte, Cuba  continúa pagando a la familia de dichos médicos el salario de estos.

 Regularmente el personal médico cubano, que incluye médicos, enfermeras, técnicos y especialistas de la medicina, son los asignados a los lugares más remotos y olvidados del país, donde muchas veces hace años que no visita un médico, donde en ocasiones la primera labor es el establecer la comunicación y relaciones con el curandero de la tribu, para poder desarrollar su labor.

 En ocasiones la labor solidaria, sin costo alguno,  de Cuba, promueve que otros países también ayuden al país donde están actuando las brigadas médicas cubanas.  Cuba aporta el personal médico especializado y el otro país aporta la medicina y otros recursos, también con carácter gratuito.

 Como otro aporte a la salud pública de distintos países, Cuba cuenta con la Escuela Latinoamericana de Medicina, en la que estudian jóvenes de distintos países que se gradúan como médicos y después regresan a su país para ejercer. En esta escuela, al igual que en otras facultades de medicina de la isla, estudian jóvenes de países africanos, asiáticos, latinoamericanos e inclusive estadounidenses.  Ni las personas, ni sus gobiernos, pagan cantidad alguna durante los años en que estos se  preparan como médicos.  En la mayoría de los casos, los gobiernos entregan al estudiante una cantidad para sus gastos personales, ya que Cuba asume el alojamiento, matricula, libros y alimentación de los mismos. 

La Revolución Cubana no comercia ni se enriquece con las desgracias ajenas.

 La solidaridad de Cuba llega hasta los más remotos rincones y si en algunos casos se cobra una cantidad por los servicios médicos brindados, el principal objetivo de esto es el poder sufragar los gastos en que incurre en países donde el hambre y la situación económica no permite al gobierno de los mismos dar una atención adecuada a la población.

 Quisiéramos tener un  ingreso mayor por estos conceptos, para poder ayuda aún más  a otros países del mundo, que en vez de recibir ayuda, cada día le roban los recursos económicos con que cuentan y las grandes corporaciones que se apropian de los beneficios de esta política del despojo, solamente se ocupan de recibir las utilidades, no de garantizarle la vida a los pueblos que explotan.

*Cubano, Doctor en Ciencias Históricas. Miembro del Consejo Asesor y del Consejo Científico del Instituto Superior de Relaciones Internacionales; Editor del Boletín Informativo El Heraldo

Imagen agregada RCBáez

viernes, 14 de noviembre de 2014

Cuba combate al ebola y garantiza la salud global

Por Nydia Egrem, en @BuzosdlaNoticia
Cientos de epidemiólogos, infectólogos y profesionales sanitarios cubanos los que viajaron más de siete mil kilómetros hasta África Occidental, región donde la epidemia de ébola ya infectó a 13 mil 700 personas y ocasionó más de cinco mil muertes. Esas brigadas aspiran a cumplir con su promesa de salvar a los enfermos y regresar sanos a su país. Son la única esperanza para millones de africanos y la primera línea de defensa contra el pánico y la ansiedad que imponen cuarentenas obligatorias, cierres de fronteras, suspensiones de visados y despliegue de tropas en zonas de riesgo.
La alerta se activó en marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó un brote de ébola en Guinea Conakry, que luego se expandió a Liberia, Sierra Leona, Nigeria y Senegal. Desde entonces, África Occidental es la mayor zona de riesgo epidemiológico y su población clama por ayuda, ya que muchos de los 400 médicos locales se contaminaron y miles de pacientes quedaron sin atención y sin diagnóstico oportuno. Esto nunca se había visto en ningún brote anterior de ébola.
De los 193 países miembros de la OMS, Cuba fue el primero en ofrecer su contribuición con personal médico para enfrentar esa emergencia sanitaria. Esa respuesta ha sido reconocida por la comunidad internacional y algunos medios de comunicación influyentes, entre ellos The New York Times (TNYT) que en su editorial del 19 de octubre estimaba que el aporte cubano es parte del esfuerzo que el Estado nacional de este país hace para mejorar su estatus en el escenario mundial, pero que aún así debe ser aplaudido e imitado.

Detrás de esa acción solidaria está medio siglo de ataques biológicos que ha sufrido la población cubana desde el triunfo de la Revolución. En 1961-62 la Operación Mangosta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) esparció químicos en los cañaverales para enfermar a los campesinos y contaminar el azúcar de exportación. En 1971, Cuba vivió el primer brote de fiebre porcina, razón por la que tuvo que sacrificar toda su población de cerdos; una década después, se introdujo una virulenta variedad de dengue que afectó a 273 mil personas, de las que 158 murieron.

Por esas amargas experiencias, Cuba se propuso formar recursos humanos de excelencia especializados en la prevención médica. Pese a que el bloqueo que hace 55 años le impuso Estados Unidos (EE. UU.) que la priva de recursos básicos como medicinas y alimentos, hoy esta pequeña isla posee una riqueza colosal: 90 mil médicos con espíritu solidario. La OMS reconoce que las brigadas cubanas que trabajan en el mundo son las más experimentadas, pues la mayoría de sus elementos ha participado en más de dos misiones en el extranjero.

Ante la expansión del ébola, de inmediato 15 mil profesionales de la salud se ofrecieron como voluntarios para ir al occidente africano a frenar la epidemia. Así, el 15 de septiembre, 461 sanitarios comenzaron su preparación teórica y práctica en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) de La Habana.

Mientras los voluntarios se capacitaban rigurosamente en bioseguridad y contra las enfermedades emergentes que podrían enfrentar en la zona afectada en Atlanta, Georgia, Barack Obama anunciaba su plan de combate al ébola. En la sede del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de esa ciudad propuso enviar tres mil efectivos militares a África Occidental, que serían coordinados por el Comando Africano (Africom) con un Mando de Fuerzas Conjuntas en Liberia. Además dispuso usar fondos de contingencia del Pentágono (unos 500 millones de dólares) y solicitar al Congreso otros 88 millones para equipos, hospitales móviles y kits para 400 mil viviendas.

Entre tanto, el 2 de octubre llegaba a Sierra Leona –país devastado por una guerra civil de 16 años– el primer grupo de 165 cubanos. Uno de ellos, el doctor Ronald Hernández Torres envió este mensaje: “para tranquilidad de nuestra familia, amigos, vecinos y todos quienes se preocupan por nosotros, estas fotos muestran la preparación intensiva que hemos recibido por expertos de la OMS y de nuestros queridos maestros de la Unidad Central de Colaboración; capacitación que nos posibilitará trabajar en las mejores condiciones. Venceremos y volveremos”.

A su vez, el doctor Leandro Castellanos Vivanco narraba su llegada a aquel país: “al vernos con nuestras banderitas cubanas se podrán imaginar la alegría de los niños que saltaban, reían y nos saludaban desde sus quimbos”. El director de esa brigada, Jorge Juan Delgado Bustillo, dice que la connotación epidemiológica del ébola le confiere un tinte estratégico distinto al que su equipo ha enfrentado en otros países: “en otras circunstancias se sabe dónde está el enemigo, aquí estamos en un medio donde la enfermedad se multiplica cada día. Nunca nos habíamos enfrentado a una situación tan complicada”, subraya.

El 21 de octubre el presidente Raúl Castro despidió al segundo contingente de 83 colaboradores cubanos que viajó a Liberia y Guinea Conakry –ambas golpeadas por décadas de pobreza– y al abordar el IL-96 prometieron entregarlo todo, sanar hasta el cansancio, cuidarse permanentemente, regresar sanos y volver a la Patria narrando sus victorias. Una vez en su destino, se adiestraron para resistir los pesados trajes de protección en jornadas de hasta tres horas contínuas bajo el intenso calor de la zona de desastre. Trabajarán por turnos y en pequeños equipos durante seis meses.
Washington reacciona
El gesto de Cuba se nutre de la tradición solidaria internacionalista de su Revolución. Así lo reconoce la editorial de TNYT del 19 de octubre, al citar que en medio siglo, Cuba envió más de 185 mil profesionales de la salud a por lo menos 103 países. Tras el terremoto en Haití sus médicos protagonizaron la lucha contra el cólera y cuando algunos regresaron enfermos, la isla enfrentó el primer brote de esa enfermedad durante una década. La Habana ofreció enviar médicos a Nueva Orléans para atender a los heridos del huracán Katrina en 2005, pero los dirigentes estadounidenses rechazaron el ofrecimiento.

 El artículo ‘En la reacción médica ante el Ébola, Cuba da un golpe muy superior a su peso’, The Washington Post (TWP) reseña que mientras el mundo arrastra los pies frente al avance del virus, la pequeña isla emerge como proveedor crucial de experiencia médica en las naciones africanas afectadas por esa epidemia. Al describir el despliegue de 550 soldados del Pentágono en países afectados, TWP afirma que sería cuestión de sentido común y compasión que si los cubanos cayeran enfermos el Pentágono debiera darles acceso al centro médico que construyó en la capital de Liberia y ayudar a su evacuación.

Aunque el envío de voluntarios médicos al centro de la epidemia cultivó la simpatía internacional, pronto se apuntalaron las obsesiones anticubanas de la Guerra Fría. El historiador Gred Grandin recordó que el Departamento de Estado intenta diluir ese gesto al reactivar el Programa de Profesionales Cubanos de la Medicina Bajo Palabra, que consiste en incitar al personal médico cubano a desertar a EE. UU. Otra ofensiva provino de la prensa de La Florida, al afirmar que el Estado cubano envió médicos a África para obtener cuantiosas ganancias. En contraste TeleSur calificó de Héroes contra el ébola a los contingentes de la isla.

Mientras los voluntarios médicos cubanos combaten al ébola con riesgo de su propia integridad física, en EE. UU. se debate si debe permitirse el ingreso a todos los que proceden de las naciones afectadas por esta epidemia, o si debe imponerse una cuarentena sólo a trabajadores de salud que vienen de aquella región. Detrás de esa inquietud están la desinformación y las presiones de sectores que ven en la emergencia sanitaria de países pobres un riesgo para el estado de bienestar de la población estadounidense.

Dereck Thompson, en su artículo ‘El peligroso mito del pánico contra el Ébola’, critica la cobertura mediática sobre esta epidemia: “El ébola está en la televisión, la radio, los periódicos y en el Internet. Todos hemos consumido sobredosis del virus en esa cobertura en las últimas semanas mientras muchos saben ya, que en África hay una terrible crisis de salud, pero que en EE. UU. apenas ha muerto una persona por esa causa. La cobertura mediática responsable no ha abundado en los últimos tiempos, por lo que se ha contribuido a formentar la histeria sobre este tema”, dice Thompson en The Atlantic.

El pánico global por la epidemia radica en que es un mal nuevo; es temible porque los estadounidenses nunca han tenido experiencia con ella e ignoran cómo se comportarían, explica el consultor en percepción de riesgo David Ropeik a la editora de Live Sciencia, Rachael Rettner. En cambio, sí saben cómo comportarse ante la gripe, aunque ese virus mate al año entre tres mil y 49 mil personas en este país, mientras que el ébola sólo ha ocasionado la muerte de una persona. Para evitar la ansiedad ante la epidemia, Ropeik propone reconocer que las emociones nublan la razón y evitar hacer juicios sin conocer los hechos. Sobre todo hay que informarse en lugar de preocuparse, pues el estrés debilita el sistema inmunológico.

Esa paranoia está detrás del aislamiento forzoso de la enfermera Kaci Kickox, aislada en el aeropuerto de Newark a su regreso de Sierra Leona a pesar de dar negativo a ébola en un hospital de Nueva Jersey. Kickox afirmó que no seguirá en casa la cuarentena que le impuso Maine, su estado natal, hasta el 10 de noviembre. Si sale de su vivienda será arrestada por el policía que custodia su puerta.

Kickox es la primera afectada por los controles adoptados por los Centros de Control de Epidemias de varios estados para evitar la propagación de la epidemia, que han sido criticados por especialistas. La paranoia contra el ébola llevó al secretario de Defensa, Chuck Hagel, a firmar una orden que impone un periodo de observación de 21 días a todos los militares que forman parte de la Operación Asistencia Unida (de ayuda contre el ébola en el sureste africano).

La orden se extiende a todas las Fuerzas Armadas (unos cuatro mil militares, entre ellos ingenieros, expertos en logística, enfermeras y médicos) que no tratan directamente a pacientes. Debido a esta orden, una decena de tropas que terminó su misión en Liberia y su general, Darryl Williams, están bajo observación en la base militar estadounidense de Vicenza, en Italia.

La paranoia generada por la epidemia alcanzó a la auxiliar de enfermería española Teresa Romero, contagiada en su país por atender a misioneros que contrajeron ébola en África. Ningún medio español publicó su intención de seguir cuidando a los enfermos al considerar que ella ya tenía anticuerpos que la protegían, tal como dijo a su esposo. Pero el acoso fue tal que su perro Excalibur fue eliminado por temor a un supuesto contagio, aunque 300 mil personas firmaron para mantenerlo vivo.
Proteger la casa
Mientras el acoso y la paranoia por la epidemia paralizan a millones de personas en el llamado Primer Mundo, los miembros de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América–Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA–TCP) se posicionaron como pioneros para actuar en la protección de sus poblaciones. Realizaron la Cumbre Extraordinaria en Cuba del 20 de octubre, donde el coordinador en jefe de la ONU para el ébola, David Nabarro, agradeció y reconoció el envío de voluntarios cubanos a la región y destacó que ese despliegue supera a la cantidad de personal enviado por Médicos sin Fronteras o el Comité Internacional de la Cruz Roja, y más de lo que han enviado Estados Unidos, el Reino Unido y China.


A su vez, la directora general de la OMS, Margaret Chan, afirmó que el virus del ébola es implacable y de los más mortales del planeta, porque no perdona el más mínimo error y se aprovecha de toda oportunidad para intensificarse o propagarse a nuevas áreas. Por ello no pasa un día sin conocerse de un caso en un aeropuerto o una sala de emergencia en algún lugar del mundo. Admitió que las personas tienen miedo, pero si un país se prepara bien puede derrotar un brote de ébola, como ocurrió en Senegal y como puede suceder con el brote de Nigeria.

Días antes, el líder cubano Fidel Castro en su reflexión ‘Llegó la hora del deber’, afirmó que era momento para que EE. UU. y Cuba pusieran fin a sus diferencias, así sea temporalmente, para combatir esta amenaza global. Como efecto de ese llamado, de la presión de la prensa estadounidense y de la Cumbre del ALBA, la vocera del Departamento de Estado, Marie Harf, manifestó que celebraba la oportunidad de colaborar con Cuba para enfrentar el brote de ébola. Un paso significativo fue la presencia del director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades para Centroamérica, Nelson Arboleda, en la reunión técnica de la ALBA–TCP.

Paradojas de la naturaleza: Cuba encabeza el combate contra la epidemia de ébola acompañada de sus adversarios políticos, quienes en la cima del pánico violan los derechos humanos de sus propios ciudadanos, entre ellos el de la libertad.
Esta misma revista dedica su Editorial a los médicos cubanos que luchan contra el ébola
Frente a la terrible amenaza del ébola, en el mundo surgieron de inmediato dos posiciones diametralmente opuestas, de un lado la decisión de combatir la epidemia hasta vencerla, salvando a la población amenazada en los países africanos y evitando la propagación del virus a otros continentes; ésta fue la actitud de miles de médicos cubanos que respondiendo al llamado de su Gobierno se alistaron voluntariamente, dispuestos a enfrentar la enfermedad en el occidente africano arrostrando el peligro mortal que el contagio representa. En el extremo opuesto están los países que, dejándose llevar por el miedo y la desinformación, se han limitado a tomar medidas para que el mal no llegue a su territorio, aislando a la población de los países afectados y cerrando sus fronteras para evitar el acceso de todo sospechoso de portar el virus, creyendo garantizar así el “estado de bienestar” de la población norteamericana a la que se ha encargado de alarmar a través de las campañas mediáticas que la han llevado al borde de la histeria.
La primera actitud conduce al envío oportuno de experimentados médicos, personal sanitario, medicamentos y equipo; corresponde a una visión humanista, solidaria con todos los pueblos pobres del mundo; y sólo podía adoptarla un país como Cuba, cuyo internacionalismo lo ha llevado a participar, siempre en primera línea, para llevar ayuda a más de 100 países que han sufrido epidemias, guerras o desastres naturales. La segunda actitud, característica de los países llamados de primer mundo, con Estados Unidos (EE. UU. ) a la cabeza, sólo acarrea el cierre de fronteras, suspensión de visas y el despliegue de tropas en zonas de riesgo para asegurar la contención de la epidemia. Mientras el Gobierno cubano se propone salvar a la población africana, el estadounidense, simulando proteger a los de casa, viola los derechos de médicos, militares y ciudadanos a quienes somete a cuarentenas y arrestos domiciliarios a su regreso de los países afectados, aunque las pruebas arrojen resultados negativos al ébola.

Es digno de admiración que Cuba esté en condiciones de poner este ejemplo al mundo entero, siendo un país pequeño, aislado no sólo geográficamente, sino por el asedio y el bloqueo económico al que EE. UU. lo ha sometido por décadas; sólo hay una explicación posible para tal proeza: el régimen económico y social imperante en la isla y el Gobierno correspondiente, capaz de formar médicos altamente calificados y con una elevada conciencia del deber social, dispuestos a luchar por el bien de la humanidad, a diferencia del individualismo y el afán de lucro que la ideología capitalista inculca a todo tipo de profesionistas, que jamás estarán dispuestos a exponer voluntariamente su seguridad personal en bien de sus semejantes.

Y es reprobable la reacción del imperialismo norteamericano, que en lugar de seguir el ejemplo de las brigadas cubanas de combate al ébola en África, ha reactivado su ofensiva ideológica, de un lado calumniando al Gobierno de la Isla para desvirtuar su loable objetivo y de otro incitando a los médicos cubanos que arriban a las misiones sanitarias para que deserten, seducidos con el señuelo de la vida americana. Así recompensa el imperio ese gesto de solidaridad y humanismo; pero no faltan voces que aún en el seno del capitalismo consideran héroes a quienes marchan como soldados de la salud para luchar contra el ébola, dispuestos a arriesgar su vida para salvar a la humanidad; y tampoco faltan los países que arrastrados por el ejemplo, se suman al gran esfuerzo de los médicos cubanos, tal es el caso de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Los médicos cubanos están allí insuflando vida

Por Wilkie Delgado Correa*

 Los parajes más recónditos e inhóspitos, esos conocidos con razón como sitios donde el diablo dio las tres voces, han sido palmos de tierra donde los médicos cubanos han sembrado amor, calmado dolores e insuflado vida.

La respuesta cubana contra el ébola como parte de la estrategia internacional contra la epidemia en Äfrica ha llamado la atención y ha concitado la admiración de los organismos internacionales competentes como la ONU y la OMS, de gobiernos de países ricos y pobres y de medios noticiosos diversos, entre los que destacan The New York Times y la revista Time. Tal parece que esta vez algunos en este mundo han despertado de una ancestral modorra o se han visto obligados a reconocer ahora algo que se había ocultado, se había soslayado o no se quiso ver ni decir durante más de cincuenta años. Porque es manifiesto que lo que hoy Cuba hace con una naturalidad generosa es consecuente con lo que ha venido haciendo durante ese largo lapso. Se trata de una política trazada desde el triunfo de la revolución cubana y una siembra de los valores humanos inherentes para tan noble misión en todos los ciudadanos cubanos y, en especial, en el personal de la salud.

   El hombre nuevo del siglo XXI que fuera anunciado por el Che Guevara como fruto del difícil proceso de construcción de una nueva sociedad socialista iniciada en los decenios finales del siglo XX, a pesar de todas las contradicciones y los escollos inimaginables, se ha convertido en realidad en una forma especial como nunca lo pensaron o imaginaron los descreídos y los desmoralizadores sietemesinos.

   Los contingentes médicos que han nutrido las misiones de colaboración de salud de Cuba en otros países poseen un extraordinario expediente de vidas salvadas y situaciones de salud mejoradas que merece un reconocimiento mundial por su excepcionalidad. El personal involucrado en acciones contra el ébola en Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakri, unos 256 profesionales especializados, es apenas una pequeña parte de las 32 brigadas médicas en Äfrica, con 4 048 trabajadores, que son parte integrante de los 50 000 trabajadores que en la actualidad desempeñan acciones integrales de salud en 66 países. Por otra parte, la disposición de más de quince mil voluntarios en las filas del personal de la salud cubano para cumplir misión contra el ébola es reflejo de la existencia de una conciencia solidaria internacionalista que no se conoce en otras partes. Así que se puede afirmar que los médicos cubanos han realizado una hazaña humanitaria en todos los confines y desde ese punto de vista hay motivo para el asombro. Y como ha expresado un colaborador cubano en Liberia, las nuevas generaciones tienen un papel trascendente en este instante de la historia, pues “ahora llegó el momento de nuestra generación de ayudar al pueblo africano a combatir al ébola. Es nuestro Moncada, es nuestra Sierra Maestra…”

   Donde quiera que el sufrimiento humano ha dejado escuchar su solicitud de socorro, allí han ido o están los colaboradores de la salud. Los parajes más recónditos e inhóspitos, esos conocidos con razón como sitios donde el diablo dio las tres voces, han sido palmos de tierra donde los médicos cubanos han sembrado amor, calmado dolores e insuflado vida. Son esos lugares donde el diablo del colonialismo se cebó durante centurias y puso sus botas e impuso su voz para mejor esclavizar a los nativos de las tierras “descubiertas” y conquistadas a sangre y fuego. Esos donde el diablo devenido en capitalismo e imperialismo se nutrió con la explotación  de la fuerza de trabajo mediante el capital y alzó su voz trepidante de trompetas y medios tecnológicos para hechizar y engañar en tiempos más modernos, aunque muchas veces demasiadas también puso sus botas sobre el escuálido esqueleto de los pueblos. Esos sitios donde el diablo de la pobreza, la ignorancia, el hambre, la insalubridad, alza también la voz propia, esa tercera voz de los sufridos y desesperados del infierno, que emana como grito y reclamo de su condición de pueblo explotado, desvalido y subdesarrollado.

   En estos tiempos en que imperan en muchos escenarios nacionales e internaciones un clima de guerra y terror, de estallidos y silencios que cobran vidas de culpables e inocentes, alienta y provoca fundada esperanza, la solidaridad compartida, hombro a hombro, de hombres y mujeres abnegados de países de variados signos políticos e ideológicos, que en esta lucha contra el ébola están hermanados en acciones para derrotar a la epidemia en su lugar de origen.

Ojalá esta sea una experiencia singular para aprobar en el seno de las Naciones Unidas un proyecto encaminado a luchar contra la epidemia política del terror –venga de donde venga, incluso del quinto infierno y lograr que su derrota instaure la soñada paz de la especie humana.

*Médico cubano; Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba