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jueves, 7 de julio de 2011

El sistema de justicia que condeno a los Cinco: El Gran Jurado (Séptima parte)

Por Salvador Capote*


“…Y no me vengan con cuentos de camino
que yo no sólo pienso sino, además, opino”.
Nicolás Guillén

No uno sino dos grandes jurados federales  fueron convocados para reunir evidencias con vista a una posible presentación de cargos contra Luis Posada Carriles. Por ingenuidad o por exceso de optimismo, muchos pensamos que al fin el gobierno de Estados Unidos se había decidido a emprender acciones contra el segundo -siguiente de Bin Laden- en el “ranking” mundial del terrorismo que ahora, después de la ejecución extrajudicial de este último, pasa al primer lugar indiscutido, pues ningún otro tiene en su haber hazañas satánicas de la magnitud de la voladura en el aire de un avión de pasajeros con 73 personas a bordo.

Pero ambos grandes jurados pasaron misteriosamente, como estrellas fugaces en cielo nublado y desaparecieron sin hacer ruido, sin dejar nada.  Y uno se pregunta ¿por qué, después de gastar millones de dólares del contribuyente norteamericano sólo se presentaron ridículos cargos a Posada Carriles por  mentiroso y ni siquiera por eso quisieron condenarlo? (1) ¿Y por qué los grandes jurados accionaron en el distrito occidental de Texas y en Newark, New Jersey, y no en Miami donde vive Posada y donde notoriamente está el baluarte principal de la mafia que lo protege?  ¿No se encuentra en Miami la sede de la Fundación Nacional Cubano-Americana, una de las fuentes financieras de Posada Carriles en sus actividades terroristas contra la Isla? ¿No entregaron las autoridades cubanas al FBI “los expedientes de 40 terroristas de origen cubano, la mayoría de los cuales vivía en Miami y los datos para encontrar a cada uno de ellos?” (2).  ¿Por qué convocaron un gran jurado en El Paso, donde sólo se podían obtener evidencias de violaciones migratorias?.  ¿Y por qué en New Jersey donde los “sujetos de interés” y los “blancos” (3) estaban todos muertos y los testigos eran amigos o cómplices de los terroristas?

Antes de intentar dar respuesta a estas preguntas, debido a la enorme desinformación que existe en relación con el gran jurado, creo necesario dedicar algunos párrafos al análisis de qué es y qué significa esta institución en la historia de Estados Unidos y de cómo cambiaron sustancialmente su naturaleza y sus propósitos después del 11 de septiembre de 2001.

Lo primero que hay que destacar es que se trata de un mastodonte antediluviano surgido en el siglo XII en Inglaterra como arma política del rey Enrique II contra sus enemigos y que actualmente no existe en ningún país de habla inglesa (ni en ningún otro país) excepto en Estados Unidos. Inglaterra –su cuna- abolió el gran jurado hace ya 78 años (1933), Nueva Zelanda en 1961, Canadá en 1984, Australia lo utilizó en raras ocasiones y renunció  definitivamente a utilizarlo en 2009.

En Estados Unidos, aproximadamente la mitad de los estados lo han abandonado también, sustituyéndolo por audiencias preliminares en las cuales un juez escucha las evidencias sobre el supuesto delito y toma una decisión con respecto al procedimiento a seguir.

El Gran Jurado evolucionó desde los tiempos de Enrique II por dos caminos diferentes. Por una parte se convirtió en escudo contra la persecución injusta de los ciudadanos (pero no de los esclavos, ni de los siervos ni de las minorías); panel de vecinos que determinaría la existencia o no de suficiente evidencia para llevar a juicio a personas acusadas  de graves delitos. Tuvo sus mejores momentos al defender a los súbditos de las colonias inglesas frente a los desafueros de la metrópolis y es por este motivo que fue incorporado al “Bill of Rights” de la Constitución de Estados Unidos. Otros momentos felices se asocian a las décadas de 1920 y 1930 cuando se usó para incriminar a las familias mafiosas de New York, Chicago, Kansas City y Pittsburgh.

Por otra parte, continuó sirviendo al poder establecido como poderoso instrumento inquisitorial  y de castigo. Antes y después de la independencia de Estados Unidos fue utilizado para sostener la esclavitud en contra de los abolicionistas y de los que protegían a los esclavos fugitivos. El presidente Thomas Jefferson lo usó para acusar de sedición a sus enemigos políticos.

Durante décadas fue el arma favorita contra el movimiento obrero. Se empleó también contra anarquistas, comunistas, socialistas, en la persecución a  todo tipo de movimiento progresista, contra los pacifistas, contra las asociaciones en pro de los derechos civiles, contra las organizaciones radicales negras, etc.
La administración del presidente Richard Nixon convirtió el gran jurado federal en un aparato de inteligencia. Con ese fin reactivó la dormida “Justice Department’s Internal Security Division” (ISD), un equipo de fiscales federales escogidos, formado durante la cacería de brujas anticomunista de las décadas de 1940 y 1950. Casi desaparecida, la ISD pasó de 6 a 60 fiscales investigadores (un aumento del 1000 %) y controlaba las investigaciones del gran jurado en 36 estados y 84 ciudades (4). La versión actualizada de este método la vimos con el “asesoramiento” de fiscales del “Homeland Security” (Seguridad Nacional) a sus colegas a cargo de los grandes jurados de El Paso y Newark.

Lo segundo a destacar es la descentralización del sistema de justicia criminal entre los estados. A este nivel estatal y condal existe un verdadero caos. Las reglas que rigen la formación, el funcionamiento y los objetivos de los grandes jurados estatales, donde todavía se utilizan, son diferentes para cada estado. Por ejemplo, el número de sus integrantes  puede ir desde 5 hasta 23. En algunos estados permiten que un abogado acompañe al testigo en su comparecencia, en otros se prohíbe terminantemente. En algunos es obligatoria la lectura de los derechos que otorga la 5ta. Enmienda, en otros se omite este procedimiento. En algunos se permite, en determinadas circunstancias, que el “target” o persona que es objeto de la investigación, declare o presente pruebas exculpatorias, en otros no.

Pero mientras el poder del gran jurado se difumina en las jurisdicciones estatales y condales, en la jurisdicción federal, por el contrario, su poder ha crecido, sobre todo en las últimas décadas, actúa en los 50 estados, y actualmente es una amenaza por su capacidad  para neutralizar o suprimir los derechos constitucionales de los ciudadanos. El senador Edward Kennedy, testificando ante el Subcomité Judicial de la Cámara, en marzo de 1992, expresó: “Somos testigos del nacimiento de una nueva especie de animal político, el gran jurado ‘kangaroo’ (5), engendrado en un oscuro rincón del Departamento de Justicia y alimentado por una administración [de George Bush padre] inclinada a torcer la aplicación de la ley para servir a sus propios fines políticos; peligrosa forma moderna de la secreta inquisición de la ‘Star Chamber’ (6) que está pisoteando los derechos de los ciudadanos estadounidenses de costa a costa”.

El gran jurado federal, en su versión moderna, está compuesto por 16 a 23 miembros. Con 16 se alcanza el quórum, y la mayoría con 12. Las sesiones son secretas y se realizan en locales sin acceso al público en los edificios de las cortes federales. Existen diferencias fundamentales entre el jurado común y el gran jurado. Este último no juzga, su función es investigar y determinar si hay “causa probable” para un juicio. A las sesiones del gran jurado no asisten ni abogados defensores ni periodistas y sus miembros  no pueden, bajo juramento, divulgar lo que se diga o suceda. Las evidencias que se obtienen por medios anticonstitucionales y que se rechazan en los procesos judiciales ordinarios, son rutinariamente admitidas por los grandes jurados, ya que no hay defensor que objete, juez que controle, prensa que vigile, ni opinión pública informada que reaccione, pero sí hay un fiscal que las procura.

Toda persona que es citada (“subpoenaed”) está obligada a comparecer ante el gran jurado. Al comenzar el interrogatorio puede acogerse a la Quinta Enmienda, pero si el fiscal le promete inmunidad tendrá que responder a todas las preguntas o ir a la cárcel. Y no existen límites para el interrogatorio. El fiscal puede preguntarle cualquier cosa, y durante todo el tiempo que quiera, de su vida y de su pensamiento, de sus afiliaciones políticas, de sus amigos y de sus familiares, de lo que usted piensa de la lucha de los palestinos, o de la independencia de Puerto Rico, o del embargo contra Cuba, o de los bombardeos contra Libia, o de cualquier otro asunto. Puede preguntarle de su vida sexual, de sus enfermedades, de sus ingresos y gastos, de sus sentimientos, de sus convicciones religiosas. Y puede luego interrogar a su padre, a su madre, a sus hermanos, a todos sus familiares y amigos y preguntarles por usted; y cualquier contradicción en las declaraciones, espontánea o provocada, puede utilizarse para una acusación de perjurio.

Dos de los más prestigiosos juristas norteamericanos, Margaret y Michael Ratner escribieron (7):

“…Usted pudiera pensar que tiene el derecho a no responder a  preguntas humillantes, que tiene el derecho, garantizado por la Quinta Enmienda, a no auto-incriminarse. Pero no. Usted tiene que responder a todas las preguntas. El fiscal sólo necesita prometer que no utilizará contra usted lo que usted diga. Pero puede ser utilizado contra otros, incluyendo a sus amigos. Y aún puede usted ser acusado por el delito sobre el cual testificó”.

“…Después que le otorgan inmunidad, si usted rehúsa responder a las preguntas, si usted rehúsa discutir su ideología política o la de otros, usted va a la cárcel. Usted va a la cárcel hasta que hable. No importa si usted tiene niños o un trabajo o está enfermo. Usted puede ir a la cárcel por muy largo tiempo. A veces durante años”.

“Usted puede pensar, ‘Bueno, no tengo de que preocuparme. No soy un criminal y no soy amigo de criminales. Esto no me puede suceder a mi’. Pero usted se equivoca. Todo tipo de personas puede ser atrapado en las redes del gran jurado. De hecho, uno de sus usos ilegítimos es destruir los movimientos políticos, intimidar a los activistas, y encarcelar a los líderes”.

Los integrantes del gran jurado escuchan sólo la parte inculpatoria de los hechos, la que les proporciona el fiscal, sin que exista un juez que supervise ni abogados defensores. Es el fiscal federal, por tanto, el que domina todo el proceso. Es él quien determina quiénes serán   investigados, quiénes serán citados a declarar, quiénes recibirán “inmunidad”, qué documentos -y otras pruebas materiales- serán solicitados o requisados, sin consideración de la Cuarta Enmienda, y qué cargos serán incluidos en la acusación. El dominio del fiscal federal es tan absoluto que es célebre la frase de Sol Wachtler cuando fungía como juez principal de la corte de apelaciones de New York,  refiriéndose a la fácil manipulación del gran jurado: “Cualquier fiscal que lo desee puede lograr que el gran jurado presente cargos contra un sandwich de jamón” (8).

Con posterioridad a septiembre 11 de 2001, las pocas limitaciones que servían de control  fueron eliminadas. Ahora, por ejemplo, bajo el amparo de la Ley Patriota, el Departamento de Justicia puede revelar y compartir materiales secretos del gran jurado, sin aprobación ni supervisión de las cortes, con el FBI, la CIA, la DEA, el Homeland Security y otras agencias  del gobierno. Con el pretexto del “antiterrorismo” el gran jurado se convierte cada vez más en apéndice y herramienta política del Ejecutivo. Los miembros del gran jurado no son otra cosa actualmente que peones que actúan cumpliendo decisiones unilaterales del fiscal. “Rubber stamp” (sello de goma) llaman al gran jurado  porque pone el cuño de aprobación a todas las decisiones del fiscal.

El tercer aspecto a destacar, por consiguiente, y el más importante, es que el gran jurado no es, como se supone debía ser, una institución independiente sino que actúa siguiendo las instrucciones del fiscal federal y éste a su vez las del fiscal general, de los fiscales del Homeland Security y de la Casa Blanca. Con el disfraz solemne de una institución de justicia es, en realidad, una institución política subordinada al Ejecutivo. Su potencial como arma política es inmenso pues los fiscales federales son nombrados por el presidente y el gran jurado tiene autoridad para actuar no sólo cuando se viola la ley sino también cuando el fiscal sospecha que se viola la ley o incluso para cerciorarse de que se cumple la ley. En otras palabras, puede poner en acción el gran jurado cada vez que lo desee o reciba instrucciones en este sentido de instancias superiores.

Teniendo en cuenta estas premisas, podemos entender mejor por qué se convocó en otras partes y no en el Sur de la Florida el gran jurado. La maniobra de convocarlo en New Jersey para investigar conexiones económicas con Luis Posada Carriles no pasó inadvertida para el Duende de Radio Miami, que en septiembre de 2007 señaló la paradoja de investigar en otro lejano estado mientras el principal acusado vivía en Miami y sin que la justicia investigase sus actos criminales.

Y es que el gran jurado en El Paso y el gran jurado en Newark fueron convocados precisamente para que el gobierno mantuviese el control de la situación pues un gran jurado federal sólo puede investigar  delitos cometidos en el distrito donde sesiona (9). Ambos jurados creaban la ilusión de una fuerte actitud federal contra Posada Carriles y enmascaraban los verdaderos  objetivos, evitar la ubicación del gran jurado en el Sur de la Florida y ganar tiempo para que el gobierno pudiese evitar la extradición de Posada Carriles a Venezuela, a lo que está obligado por las leyes internacionales si no lo juzga en Estados Unidos. Pero un gran jurado en Miami era demasiado peligroso, como demuestran por ejemplo, las declaraciones de Gina Garrett-Jackson, abogada de Homeland Security, el 18 de enero de 2011, en el juicio en El Paso a Luis Posada Carriles. Por ella supimos que la jueza Caroline Heck Miller, fiscal federal de Miami que desempeñó un papel protagónico en las desmesuradas condenas impuestas a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, se negó, en agosto de 2005, a procesar a Luis Posada Carriles por sus actividades terroristas.

Es probable que la jueza Heck-Miller rehusase porque sabe que un gran jurado en Miami no sólo puede verse arrastrado a indagar en las profundidades insondables de la complicidad gubernamental con el terrorismo contra Cuba sino que  puede irse fácilmente de las manos. Parte de este peligro es el hecho de que los integrantes de los grandes jurados federales son extraídos de áreas geográficas mucho más amplias que los de jurados locales.  Este gran jurado, por tanto, estaría compuesto por ciudadanos de diferentes ciudades de la Florida, designados al azar y sin selección posterior.

Además, a pesar del obligado secretismo y los poderes del fiscal que hemos señalado, existen antecedentes de jurados “runaway” (fuera de control). Un conocido caso tuvo lugar en la planta de armas nucleares de Rocky Flats, propiedad de Rockwell International, en las afueras de Denver, Colorado. El jurado comenzó a investigar en 1989 violaciones de las leyes ambientales, incluyendo contaminación por desechos radiactivos. Pero cuando el fiscal federal decidió llegar a un arreglo indecoroso imponiendo una multa pero sin instruir de cargos criminales a ninguno de los ejecutivos responsables, el jurado acusó al fiscal y a varios funcionarios del gobierno.

Imaginemos por un instante lo que significaría un gran jurado sesionando en Miami para investigar en serio las acciones criminales de Luis Posada Carriles. En Miami, donde existen centenares de “subjects” o “personas de interés”, responsables de organizar numerosas acciones terroristas contra Cuba, realizadas dentro y fuera del territorio de Estados Unidos; donde es fácil encontrar a miles de testigos materiales que conocen de estas conspiraciones terroristas; donde existen decenas de organizaciones contrarrevolucionarias con largas historias de acciones violentas; donde lucra con millonarios fondos federales toda una  industria anti-castrista; donde la corrupción es endémica;  donde un alcalde de Hialeah es capaz de entregar las llaves de la ciudad y rendir homenaje a un terrorista confeso; donde viven y nadie los molesta  ex-miembros de escuadrones de la muerte centroamericanos, ex-paramilitares colombianos, golpistas y criminales de la DISIP venezolanos, torturadores y asesinos de todo el resto de la América del Sur y del Caribe, y políticos ladrones provenientes de los cuatro puntos cardinales, que en Miami escapan todos a la justicia popular. 

Inevitablemente, sucedería justo lo que tanto el gobierno como la ultraderecha cubano-americana han tratado siempre de evitar, la atención de la opinión pública de Estados Unidos. ¿Y cómo podrían evitarlo, por mucho secreto que guarde el gran jurado, con el desfile interminable ante el panel de personajes de leyendas de horror como, por ejemplo, los que asesinaron a Carlos Muñiz Varela?

Y cada palabra, cada confesión, de cada uno de esos personajes siniestros, sería una prueba más de la inocencia de nuestros cinco hermanos injustamente presos en cárceles de Estados Unidos.
(1)   Ver en Cubadebate: “Diario de El Paso” por José Pertierra
(2)  Ricardo Alarcón de Quesada: “Los Héroes Prohibidos”, Editora Política, La Habana, 2010, p. 57.
(3)  Las personas que son llamadas a declarar ante el gran jurado se clasifican en “witness” (testigos), “subjects” (sujetos o personas de interés) y “targets” (blancos, focos de investigación).
(4)  Leslie Berger: “The Grand Jury”, Chelsea House Publ., 2000, p. 67.
(5)  “kangaroo”: falso, fraudulento, donde los resultados se conocen de antemano y la justicia se mueve a saltos como un canguro.
(6)  “Star Chamber”: tribunal con sede en el Palacio de Westminster hasta 1641, donde se torturaba a los detenidos y los juicios eran secretos y utilizados como arma política contra los enemigos de la monarquía.
(7)  Margaret Ratner et Michael Ratner: “The Grand Jury: A Tool to Repress and Jail Activists”. In: “States of Confinement”, St. Martin’s Press, New York, 2000, p. 278.
(8)  “How to Indict a Ham Sandwich”, Washington Times Aug. 18, 1999.
(9)  Susan Brenner et Lori Shaw: “Using a Grand Jury to investigate the September 11, 2001 Terrorist Attacks”, The Federal Grand Jury, 2002.



*Bioquímico cubano, actualmente reside en Miami. Trasmite con cierta regularidad por Radio Miami el Programa “La Opinión del Día”, que aparece poco después en laradiomiami.com. Es colaborador de Areítodigital.net; participa, con la Alianza Martiana, en la lucha contra el Bloqueo impuesto a Cuba por Estados Unidos.

martes, 31 de mayo de 2011

Después del escándalo de los “Cinco”, la farsa de Posada Carriles

Por Maurice Lemoine*

Traducido para Rebelión por Guillermo F. Parodi
 
RCBaez_Teatro EL Paso De nacionalidad cubano-venezolana, Luis Posada Carriles no tiene ciudadanía estadounidense. Si bien adquirió la residencia permanente en 1962, la perdió por haber pasado más de un año fuera del país. No puede por lo tanto entrar sin cumplir los requisitos migratorios de un no residente.

Ocurre sin embargo que con el objetivo de pasar su vejez en el “país de la libertad”, en marzo de 2005, deja atrás Guatemala, cruza la Belice y se dirige hacia Cancún, en el Estado mexicano de Quintana Roo. Hasta su llegada en esta ciudad balnearia, fue ayudado y asistido por traficantes de drogas que pertenecían al cartel centroamericano que dirige el mafioso Otto Herrera García.

En Cancún, Juan Carlos Riverol, alias “el profesor”, toma el relevo. Vinculado con un grupo de “narcos” de origen cubano-estadounidense -Los Marielitos- Riverol se enriqueció a costa de cubanos sin visa deseosos de llegar a los Estados Unidos evitando los 145 kilómetros del estrecho de Florida, infestado de tiburones… y de guardacostas norteamericanos.

De Cancún, Posada Carriles vuelve a salir para la isla Mujeres, en la extremidad noreste de la península del Yucatán. La mañana del 15 de marzo, un yate de 27 metros, el Santrina atraca en la isla. Pertenece al millonario Santiago Álvarez, presente a bordo en compañía de cinco cipayos de la comunidad cubano-estadounidense de Miami. El mismo día, a las 14, el barco vuelve a salir y en dirección a Florida, llevando a bordo a un “clandestino”.

El 11 de abril, Fidel Castro denuncia la presencia de Posada Carriles en Miami. El 12, durante la rueda de prensa diaria del Departamento de Estado, esta “insinuación” hace que el portavoz Richard Boucher se muestre escandalizado: “Es un tema que abordamos numerosas veces anteriormente. No estoy seguro que haya algo de nuevo”. Hubiera hecho mejor en callarse. El día siguiente, causando algún sobresalto, Posada Carriles pide asilo político ya que -alega su abogado-, “favoreció los intereses de los Estados Unidos durante alrededor de cuatro décadas”: pero: ¡no puede presentarse tal petición hasta que el individuo ya se encuentre en el territorio nacional! Desde la Habana y Caracas, Castro y Hugo Chávez exigen a las autoridades estadounidenses que arresten al individuo por actividades terroristas y reclaman su extradición.

Terrorismo Internacional

Nacido en Cienfuegos (Cuba), el 15 de febrero de 1928, Posada Carriles colaboró con la policía de del dictador Fulgencio Batista, a partir de 1955. En 1959, el triunfo de la revolución le causa una gran desazón y pasa a las filas contra-revolucionarias. Miembro de la Brigada 2006, participa en la tentativa de invasión de la Bahía de los Cochinos que comienza el 17 de abril de 1961. No hizo nada verdaderamente heroico, ¡no logrando ni siquiera desembarcar! Herido por este fracaso individual y colectivo, es uno de los doscientos cubanos que se incorporan al ejército estadounidense para ser formado para acceder el grado de oficial. Es, además, reclutado por la Central Intelligence Agency (CIA). En octubre de 1967, la “Compañía” lo envía a Caracas para reestructurar los servicios de inteligencia venezolanos. Pide y obtiene la nacionalidad venezolana para poder integrar la Dirección General de Policía (Digepol) que se convertirá posteriormente en la División General de Seguridad de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip). Bajo el seudónimo de “comandante Basilio”, se lanza hasta 1974 a la represión feroz de los movimientos de izquierda venezolanos.

Dejando sus funciones tras un cambio de Gobierno, Posada Carriles permanece en Caracas y abre una agencia de detectives - Investigaciones Comerciales e Industriales CA. Siempre vinculado con la CIA y colaborando con los servicios secretos argentinos, chilenos, guatemaltecos y salvadoreños, dirige, con otro cubano, Orlando Bosch, el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU). Ambos preparan y financian la colocación de dos bombas en el vuelo CU 455 del Cubana de Aviación que, saliendo de Barbados, el 6 de octubre de 1976, estallará en vuelo, causando la muerte de setenta y tres pasajeros.

Encarcelado en Caracas con Bosch y los dos venezolanos que perpetraron materialmente el crimen, Posada Carriles, cuyo juicio aún no había terminado, se evade en 1985 con la ayuda de la Fundación Nacional Cubano-Estadounidense - creada en 1981 por Ronald Reagan, con base en Miami-, y la CIA. Esta última necesita de sus competencias. Reencontramos efectivamente a Posada Carriles en la base militar de Ilopango, en El Salvador, donde, bajo la dirección del teniente coronel estadounidense Oliver North, y como jefe de logística, proporciona armas y materiales a los contra-revolucionarios nicaragüenses - los contra. Violando una prohibición explícita del Congreso de los Estados Unidos, la operación es para más financiada gracias a toneladas de cocaína provistas por el cartel de Medellín, en Colombia.

Cuando estalla el escándalo Irán-Contras [1], Posada Carriles no se muestra durante algún tiempo antes de reaparecer como “consejero” de la policía salvadoreña, después de pasar por Guatemala en 1988 donde, en pleno conflicto armado -doscientos mil muertos-, trabaja para el gobierno como funcionario de inteligencia [2].

Independientemente de sus actividades al servicio de Imperio, dictaduras continentales y luchas contra insurreccionales, la prioridad de Posada Carriles siempre continúa siendo Cuba. Los grupos anticastristas de Miami y en particular la FNCA (Fundación Nacional Cubano Americana, NdT) lo financian bajo el tapete haciendo funcionar sus negocios. Siempre en América Central, recluta, forma -es experto en explosivos- y equipa a los guatemaltecos y salvadoreños a los que encarga la ejecución una serie de atentados en la isla. Del 12 de abril al 4 de setiembre de 1997, sus bombas estallan en hoteles de La Habana y Varadero - Meliá Cohiba, Capri, Nacional, Sol, Palmeras, Tritón, Castillo Miramar y Copacabana; en éste último, muere un joven turista italiano, Fabio Di Celmo.

El 17 de noviembre de 2000, Luis Posada Carriles es arrestado en Panamá en el momento en que preparaba un atentado con bomba contra Fidel Castro de visita en ese país para asistir a una Cumbre Ibero-Americana. El artefacto debía explotar durante una conferencia del presidente cubano a la Universidad, con el riesgo de herir, mutilar o matar una cantidad considerable de estudiantes panameños. Condenado el 20 de abril de 2004 a ocho años de cárcel “por haber comprometido a la seguridad pública”, Posada Carriles es amnistiado el 26 de agosto, por “razones humanitarias”, por la presidente panameña Mireya Moscoso, que debe terminar su mandato… el día siguiente. Ciertamente, el Presidente del Tribunal Supremo se había opuesto a esta medida, estando el pleito en curso de apelación siendo que la ley panameña estipula que no es posible indultar a un preso si el procedimiento judicial aún no está cerrado. Pero, en las semanas precedentes, Moscoso había recibido la visita del Secretario de Estado Colin Powell y de Otto Reich, cubano-estadounidense encargado de los asuntos del hemisferio occidental (América Latina) en el Consejo Nacional de Seguridad del Gobierno de George W. Bush. Después de la estadía de Reich al Panamá, un rumor había circulado insistentemente en Miami: “Arregló todo.” Ese 26 de agosto, los cómplices cubano-estadounidenses de Posada Carriles -Guillermo Novo Sampol, Pedro Remón et Gaspar Jiménez-, también amnistiados, aterrizan triunfalmente en Miami. Por las razones mencionadas anteriormente -no es ciudadano estadounidense-, su jefe no puede acompañarlos. Un segundo avión, a bordo del cual se encuentra Santiago Álvarez, lo transporta a San Pedro Sula, en Honduras. Es desde Centroamérica donde lo acogen y lo protegen altos funcionarios de la policía, colaboradores de la CIA, negociantes de armas y narcotraficantes que emprenderá el viaje que, en marzo de 2005, que le permite entrar clandestinamente a los Estados Unidos.

Según usted sea «los Cinco» o Posada

Caracas y La Habana han hecho demasiado ruido. Washington no puede fingir más que ignora el lugar de residencia del “terrorista internacional” -según la definición de la Federal Bureau of Investigation (FBI)-, en tanto que éste pasa su tiempo dando entrevistas. El 17 de mayo, se resignan a arrestarlo. El 19 es encarcelado en El Paso (Texas), en una celda de “cincos estrellas”, acusado de… “violación de la legislación migratoria”: El 27 de setiembre, la justicia estadounidense determina que no será extraditado ni a Venezuela ni a Cuba para ser juzgado por sus crímenes [3], ya que… “podría ser torturado en esos países”. Movido por un sentimiento de rencor primitivo, Posada Carriles podría sobre todo revelar el lado oscuro de la “guerra sucia” conducida por Washington en América Latina y Cuba desde los años sesenta, las torpezas de la CIA e incluso, por qué no, el papel del que era director en 1976, en el momento de la explosión del CD-8 del Cubana de Aviación: George Bush (padre). El riesgo de ver expuesto abiertamente el American Way of Death es prácticamente el mismo si es realmente juzgado en los Estados Unidos. En resumen, Posada Carriles tiene en la cabeza secretos que muchos no desean que vean la luz del día.

Desde ese momento, dos escándalos judiciales estrechamente vinculados uno al otro colisionan públicamente. En efecto, el 24 de mayo de 2005, algunos días después de la detención de Posada Carriles, el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre las detenciones arbitrarias denunciaron el encarcelamiento, en los Estados Unidos, de cinco Cubanos -Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Fernando González y Antonio Guerrero-, destacando que viola las normas internacionales y exigen un nuevo proceso. Este mismo año 2005, diez Premios Nobel harán un llamamiento para la liberación de los cinco cubanos en cuestión [4].

Infiltrando sin violencia, por la cuenta del gobierno cubano, los grupos terroristas que responden a Posada Carriles con el fin de neutralizar los efectos en la isla, los “Cinco” fueron arrestados en Miami en septiembre de 1998, juzgados en esta ciudad y en condiciones asombrosas por “conspiración por espionaje” que ponía en peligro la seguridad nacional de los Estados Unidos, luego condenados en diciembre de 2001 a penas que superan toda comprensión [5].

Otra va a ser la suerte del que las acciones impusieron su presencia en Miami, en nombre de la legítima defensa de su país, Cuba. Después de haber decidido que Posada Carriles no podía ser extraditado ni a La Habana ni a Caracas, el juez William Lee Abott dio noventa días al gobierno para que encuentre un tercer país a donde expulsarlo. Washington busca entonces un lugar en el que pueda vivir tranquilamente. Posada Carriles que está listo para preparar sus valijas -es una de sus grandes especialidades. Pero: Canadá, México, Honduras, Costa Rica, Guatemala y El Salvador se niegan a aceptarlo en sus respetivos territorios, Washington se queda con ese amigo cargoso en sus manos.

Aunque el Gran Jurado haya sido convocado en Newark (New Jersey) en enero de 2006 para escuchar su testimonio sobre su implicación en los atentados de La Habana en 1997, la justicia estadounidense le concede la libertad condicional, contra una fianza de 350.000 dólares, el 19 de abril de 2007. Disfruta desde ese momento de un retiro tranquilo en la urbanización Lago del Rey, en el sudoeste de Miami. Pasarán cuatro años con maniobras dilatorias, intrigas y artimañas, antes que por fin se abra el proceso, el 10 de enero de 2011, en El Paso. ¿Por qué esa ciudad de Texas? ¡Porque Posada Carriles tiene imaginación! Interrogado por las autoridades migratorias, pretendió que, viniendo de México, atravesó en automóvil la frontera de ese Estado, en Brownsville, y a continuación viajó en autobús Greyhound hasta Miami. Mintió una vez más al departamento de Justicia y Seguridad cuando, habiendo solicitado asilo político y su naturalización estadounidense, negó, bajo juramento, estar relacionado de una manera u otra a los atentados que tuvieron lugar en Cuba en 1997.

Crímenes sin castigo

Bajo la presidencia de la jueza federal Kathleen Cardone, nombrada en 2003 para ocupar esa función por… George W. Bush, el show puede comenzar. Prestándose a sonreír, once cargos son presentados contra Posada Carriles, que comparece como acusado libre: perjurio, fraude, obstrucción a la justicia, infracción a las leyes estadounidenses de inmigración, etc… Además, con el riesgo para el acusado, señalado por José Pertierra, el abogado que representa a Caracas para su extradición, de que: “Si el tribunal lo juzga culpable de haber mentido respecto de su relación con los autores de los atentados de la Habana, la justicia estadounidense estará obligada a perseguirlo como autor intelectual de los crímenes”. La defensa no se equivoca, desde la primera audiencia, se concentra en transformar el affaire Posada Carriles en un proceso contra… Cuba. El abogado Arturo V. Hernández se puso todavía más inquieto cuando la jueza autorizó al Ministerio Público a presentar 6500 documentos provenientes de La Habana. Permitió también utilizar como prueba elementos proporcionados por el gobierno guatemalteco, entre ellos el pasaporte falso a nombre de Manuel Enrique Castillo López con el que Posada Carriles entró a México (ver más abajo).

El 19 de enero, la funcionaria de la inmigración Susana Bolaños avanza hacia el estrado. Tuvo que examinar el formulario N400 con el cual Posada Carriles pedía su naturalización. A la pregunta “militó en algún momento, para derrocar a algún gobierno”, él respondió “sí”. A la pregunta concerniente a los antecedentes penales, mencionó una condena que lo confinó a cuatro años de prisión en Panamá. “Esos hechos definitivamente me preocuparon”, concluyó Bolaños. El abogado Hernández respondió rápidamente: el acusado no tiene un conocimiento del inglés suficientemente fluido como para haber comprendido cabalmente, las preguntas que le hicieron.

Cubano-estadounidense, pero también informador (a cambio de su naturalización) a sueldo del FBI, Gilberto Abascal presta declaración durante seis días a partir del 24 de enero. Reclutado por Santiago Álvarez como mecánico, formaba parte de la tripulación que, a bordo, del yate Santrina, fue a recoger a Posada Carriles a Yucatán y a transportarlo clandestinamente a Miami. Abascal confirma la vía de entrada real del acusado. Sacando de la manga informes médicos de la Agencia de Seguridad Social, la defensa intenta desacreditarlo: se le habían diagnosticado serios síntomas de esquizofrenia, entre 2002 y 2003, después de una caída, en 2000, desde un inmueble en construcción. “Problemas mentales” concluyó el abogado. Lo que no debería hacer olvidar que Abascal probó sus declaraciones mostrando una fotografía de Posada Carriles haciéndose cortar el pelo por un peluquero de la isla Mujeres, antes de embarcarse en la Santrina.

Abascal va a pagar muy caro su prestación. El 27 de enero, el juez Cardone le pide sentarse en el banco de los testigos y le pregunta, antes de la llegada de los jurados: “Sr. Abascal, parece perturbado. ¿Quisiera explicarme lo que ocurre?”. Hay en la voz del testigo un matiz de amargura cuando responde: “[el abogado] Arturo Hernández le inventó historias a mi mujer y ella me llamó para decirme que en razón de este hostigamiento, no quiere saber más nada conmigo [6]”. Es que Abascal desde hace tiempo, les despierta odio. También fue un testigo “clave” de la acusación en la comparecencia de Santiago Álvarez, el propietario del Santrina, en 2006, en Miami. Detenido por el FBI en 2004 por posesión de un arsenal (AK-47 y AR-15 con los números de identificación limados, silenciador, granadas, etc.), en su oficina de Hialeah, en Miami, Álvarez se ha condenado a cuatro años de prisión por este motivo, pero también porque se negaba a dar testimonio para explicar cómo Posada Carriles había llegado a los Estados Unidos. En agosto 2006, en Miami, Abascal escapó por poco de una tentativa de asesinato con arma de fuego. Una vez más, en El Paso, parece un conejo encandilado por los faros de un camión. Con gran severidad, al comenzar la audiencia y después de haber pedido a los fiscales que se acercasen, la jueza llama al abogado al que amonesta por el delito federal -intimidación de testigo-, pasible de prisión. De todas maneras para que los jurados no puedan escuchar la conversación, previamente desconectó el micrófono. Cuando la sesión continua, el abogado mantiene en vilo a Abascal durante un tiempo interminable, ¡lo intimida, lo insulta, lo trata de ladrón, de mentiroso, de espía de Cuba, de mercenario y de loco!

Para recordar, digamos que durante los siete meses de proceso a los Cinco, en Miami, en 2000 y 2001, fue el fiscal el que permitió todo tipo de presiones y amenazas contra los jurados - tomados como presas de caza en el Palacio de Justicia, desafiados por la multitud de anticastristas, acosados por los periodistas que tomaron partido por la extrema derecha cubano estadounidense - al tal punto que los jurados expresaron el temor por su seguridad en varias ocasiones.

El 7 de febrero, nos enteramos por boca de Steven Ussher, investigador del Servicio de Inmigración y del Control de Aduanas, que las autoridades estadounidenses jamás dieron la orden de investigar o examinar el Santrina para buscar pruebas de la presencia de Posada Carriles. El 8 el abogado de éste último libra una batalla desesperada para convencer a la jueza para que impida o retarde el testimonio del teniente coronel de la Seguridad cubana Roberto Hernández Caballero.

Una vez más, dos asuntos entran en colisión - y curiosamente: el 29 de marzo de 2001, a la petición de la defensa de los Cinco, Hernández Caballero ya prestó testimonio ante el Tribunal Federal de Miami. Su adversario de ayer, el Gobierno de los Estados Unidos, le pide ahora presentar los mismos elementos de la investigación contra Posada Carriles, siendo que los combatió violentamente cuando habrían permitido, usando una lógica correcta, absolver los Cinco. Es cierto que, esta vez, lo que está en juego es menor: no se juzgan los crímenes de un anticastrista contra Cuba, ni a los que intentaron impedirlos, sino algunas “pequeñas mentiras entre amigos”.

El 9 de febrero, se interrumpió permanentemente por las objeciones de la defensa de que el coronel Hernández Caballero suministre finalmente su declaración sobre los acontecimientos de 1997, los heridos que provocó y la muerte del turista Di Celmo. La jueza Cardone considera entonces que ha hecho lo suficiente sobre el tema. Decide que el testigo siguiente -Ileana Vizcaíno Dime, especialista cubana de medicina forense que hizo la autopsia del cuerpo de Di Celmo- será interrogada por la acusación y la defensa, pero… sin de la presencia de los jurados. De la misma manera, no permite que se presente a éstos un fax particularmente esclarecedor enviado por Posada Carriles a sus cómplices, desde Guatemala, en 1997.

Interceptado por Antonio “Tony” Álvarez, hombre de negocios cubano a exiliado que, en la Ciudad de Guatemala, compartía a una oficina con el terrorista (sin sospechar inicialmente sobre sus actividades), el fax en cuestión, firmado Solo- uno de los seudónimos favoritos de Posada [7] -exigía de sus interlocutores información precisa sobre el resultado de sus atentados en la isla, entonces atribuidos a la oposición interna por los medios de comunicación internacionales: “Como se lo expliqué, si no hay publicidad, el trabajo es inútil. Los Diarios estadounidenses no publican nada si no se confirma la información. [...] Si no hay publicidad, no habrá pago. Espero tener noticias mañana [...]”. Alarmado, Álvarez había advertido a los agentes de la oficina del FBI en Miami que estrictamente no habían hecho nada.

En El Paso, antes de que su declaración interrumpida, “Tony” Álvarez, tendrá justo el tiempo de explicar que pudo constatar, en la época, la presencia, en la oficina de Posada Carriles, de un tubo llevando la mención “Industria Militar Mexicana -C-4 - Explosivos peligrosos”- precisión aportada en “pequeño comité”, la jueza Cardone tuvo, nuevamente, la delicada atención de hacer retirar a los jurados.

En una entrevista concedida a los periodistas Ann Louise Bardach y Larry Rother, el 18 de junio de 1998, en la isla holandesa de Aruba, Posada Carriles reconoció que había organizado la campaña contra objetivos turísticos cubanos en 1997, que era financiaba por la FNCA y su Presidente Jorge Mas Canosa, y que había pagado al salvadoreño Raúl Cruz León para colocar las bombas - incluida aquélla que mató a Di Celmo [8]. Posada Carriles se estaba incluso permitido algunas bromas: “El FBI y la CIA no me obstruyen. Soy neutro con ellos. Cada vez que puedo, los ayudo”. Esta entrevista se publicaba en Nueva York Times los días 12 y 13 de julio de 1998.

Es pues con mucho interés que se esperaba la presencia de Bardach en el proceso de EL Paso. No obstante, desde el principio, los dados fueron trucados, la defensa poniéndose de acuerdo con los fiscales Timothy J. Reardon y Jerome Teresinski para censurar la grabación realizada por el periodista en Aruba. De una duración original de seis horas y treinta minutos, ésta se redujo a dos horas y cuarenta minutos en la versión sometida a la escucha de los jurados. Se evitó así sobrecargarles la mente con: el papel de Posada Carriles en el escándalo Irán-contras, en los años ochenta; sus relaciones clandestinas con las organizaciones paramilitares de El Salvador y Guatemala, durante la misma década; su relación de más de treinta años con la CIA.

Durante cuatro días, Bardach debió defender vigorosamente su trabajo y responder a los ataques insidiosos o directos del abogado Arturo Hernández. Así: “¿No cree que violó el código de ética periodístico escribiendo en el New York Times que Cruz León trabajaba para Posada?”. Bardach responde con una voz aguda: “Si, abogado Hernández, Cruz León, trabajaba para Posada. Éste me lo dijo - “soy el jefe, el autor intelectual, el responsable de la operación”.  Hernández insiste. Lee la transcripción en la cual Posada Carriles afirma que “otro tipo” empleó a León. “¡Otro tipo! ¡Cualesquiera puede haberlo empleado!”. Bardach se exaspera: “¡Sé quién es el tipo, ustedes saben quién es el tipo, ellos [los fiscales] saben quién es el tipo! ¡Todos sabemos quién es el tipo, pero no podemos decirlo! ¡Ustedes no quieren que se diga quién es el tipo! Digamos que se llama Sr. X. Este tipo nunca habría reclutado a Cruz León si Posada no hubiera querido que reclutara a Cruz León…”

Desencriptado (excepto para los jurados, a quienes se prohíbe el acceso a esta información): “el tipo” se llama a Francisco Chávez Abarca. Salvadoreño, fue uno de los que colocó bombas. Una de entre ellas estalló el 12 de abril de 1997, en la discoteca del hotel Meliá Cohíba, causando importantes daños; otra, disimulada en el piso quince del mismo establecimiento, pudo desactivarse a tiempo. Siguiendo instrucciones de Posada Carriles, reclutó y entrenó -entre otras cosas-, para el mismo tipo de “trabajo”, a dos otros salvadoreños, a Otto Rodríguez Llerena (detenido en ocasión de su segunda misión en La Habana, el 10 de junio de 1998) y Cruz León. El 1 de julio de 2010, portador de un falso pasaporte guatemalteco, Chávez Abarca fue detenido en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía (Caracas). Tras su detención, reconoció haber entrado a Venezuela para evaluar la posibilidad de crear, en vínculo con miembros radicales de la oposición, desordenes y atentados con miras a desestabilizar el país, en la víspera de las elecciones legislativas del mes de septiembre siguiente. Obtenida la extradición a Cuba el 7 de julio, durante el juicio, llevado a cabo el 20 y 21 de diciembre, reconoció su culpabilidad y describió las operaciones que le encargó Posada Carriles [9].

Cuando, a la solicitud de la defensa, se presenta Otto Reich, el juez Cardone lo presenta como un “experto en asuntos cubanos”. Es sobre todo un ex colaborador directo de los Presidentes: Ronald Reagan, George Bush I y George Bush II. Implicado en Irán-contras y en todos los “golpes sucios” de Washington en América Latina, desempeñó también un papel en la tentativa de derrocamiento del Presidente Chávez, en abril de 2002, en Venezuela. Los jurados no tienen por qué saberlo, inútil de sobrecargarles la mente. Envalentonado por su rica experiencia Reich lanza una larga acusación contra la “dictadura cubana” dónde “se tienen cincuenta mil militares prisioneros (¡sic!)”, antes de tomarse contra Bardach -“capaz de adulterar las respuestas de cualquier entrevistado”- incluso en el New York Times, casi cualificado de diario cripto-cubano.

El 8 de abril, al término de una comedia que se eternizó durante trece largas semanas, y después de tres cortas horas de deliberaciones, el tribunal, por unanimidad, declaró a Posada Carriles inocente de los once cargos que pesaban sobre él. El Sur de los Estados Unidos obliga, la mayoría de los doce jurados eran de origen hispano. Ahora bien, El Paso, situado sobre la frontera mexicana, es una de las puertas de entrada de la inmigración ilegal al territorio estadounidense - práctica que, para todo individuo llegado él mismo en esas condiciones, o descendiente de personas que recurrieron a esa práctica, no solo no constituye un crimen, sino que además es vista con una cierta simpatía.

Por lo tanto, considera el abogado de Caracas Pertierra, “juzgar a un “sin papeles” por haber mentido a Inmigraciones es absurdo para un paseño. ¡Esos casos, normalmente, sólo requieren el tiempo necesario para bailar un merengue a la puerta de un colegio! ” Tanto más cuando el jurado nunca ha sabido que, si Posada Carriles mintió, es sobre todo para proteger los que, junto con Santiago Álvarez, a bordo del Santrina, le permitieron desembarcar ilegalmente en Miami (la ayuda a un “terrorista” es sancionada severamente por la ley). Nunca supieron que la jueza Cardone había rechazado el caso Posada Carriles en 2007. Pretendió que el Gobierno había engañado a este último para que hiciese falsas declaraciones que permitirían, a continuación, proseguirlo por perjurio. Fue necesario que un Tribunal de apelación invalidase esta decisión y obligase la magistrada a abrir el pleito.

En estas condiciones, nadie se asombrará de que el juicio se haya transformado en la puesta en escena de una pieza teatral de acusación a Cuba; que Cardone constantemente haya suspendido a las audiencias, durante varios días y bajo distintos motivos; que dejaban así el show perpetuarse durante más de tres meses, atontando a los jurados, lo que permitió que la defensa hostigase durante horas a los testigos; que haya dejado de lado las una serie de pruebas; que regularmente haya hecho retirar a los jurados de la sala cuando había testimonios importantes; que en numerosas ocasiones, haya intimado a estos mismos jurados de no tener en cuenta lo que acababan de oír; que…

En revancha, no pudo ni prever ni prevenir la pequeña bomba que estalló el 18 de enero (metáfora, N. del T.). Ese día, informaba Gina Garrett-Jackson, abogada del Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security). Ésta dijo cómo, en contacto con fiscales federales y agentes del FBI, la Policía de aduanas e inmigración, así como con el Drug Enforcement Administración (DEA) [10], trabajaba en 2005 sobre el caso Posada Carriles. No ignorando que, debido a sus anteriores actividades, no cumplía las condiciones para obtener el asilo político, explicó a El Paso, “sin embargo lo interrogué con todo detalle ya que mi deber era indagar sobre su credibilidad. Y no le creí”. Lo que la llevó, en agosto de ese año, a contactar por correo electrónico a una fiscal federal de Miami, Caroline Heck Miller, para preguntarle si no le parecía conveniente perseguir a Posada Carriles “por sus actividades criminales”. Por la respuesta Garrett-Jackson concluyó: “La fiscal no pareció interesada”.

Heck Miller no es una desconocida. Fue la encargada de la acusación contra los Cinco, en ocasión de su inicuo proceso, en Miami. Fue ella quién, bajo las ordenes del fiscal general del sur de Florida, Guy Lewis, cuya convivencia con la extrema derecha cubano-estadounidense apenas disimulaba, pidió contra los Cinco castigos más severos que los previstos en la “guía de penas” de los Estados Unidos. En agosto de 2005, precisamente, cuando ignora la invitación de Garrett-Jackson a interesarse seriamente en el caso de Posada Carriles, tres jueces de la Corte de Apelación de Atlanta acababa de decretar la nulidad del proceso contra los Cinco. En su argumentación, se referían extensamente a la larga lista de crímenes de Posada Carriles y otros terroristas que los Cinco tenían que vigilar y, gracias a la información que recogían, contribuir a neutralizarlos [11].

Entonces, ahora sabemos, que ella misma -Heck Miller- que desplegó una energía enorme para hacer condenar a Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Fernando González y Antonio Guerrero a penas inicuas por crímenes que no cometieron, se negó a perseguir a Posada Carriles por crímenes perfectamente probados.

Como para hacer la historia aún más inmoral, el 18 de enero, mientras que Garrett-Jackson indagaba en El Paso, Heck Miller reapareció en Miami: donde nuevamente solicitó la prórroga de la solicitud de habeas corpus presentada por uno del Cinco, Gerardo Hernández, el hombre a quien lanzó a las cárceles estadounidenses por dos perpetuidades más quince años.

Notas

[1] Violando el embargo internacional, el gobierno de Ronald Reagan vende material militar a Irán y utiliza ese dinero para financiar a los contras.

[2] Es en esta época, le 28 de febrero de 1990, que Posada Carriles es víctima de un atentado, en la ciudad de Guatemala. Lo alcanzan dos tiros: uno le rompe la mandíbula y le atraviesa la lengua, el otro se fija junto al corazón.

[3] La Habana reclama a Posada Carriles por la muerte de los setenta y tres pasajeros y miembros de tripulación del CD-8 de la Cubana de Aviación, en Barbados; por la muerte del turista italiano Fabio di Celmo en 1997; para varias conspiraciones con el fin de asesinar a Fidel Castro. Caracas lanzó una orden de detención internacional ya que fue en esa ciudad que se organizó el crimen en Barbados y porque Posada Carriles se evadió de una prisión venezolana en 1985.

[4] José Ramos-Horta, Wole Soyinka, Adolfo Pérez Esquivel, Nadine Gordimer, Rigoberta Menchú, José Saramago, Zhores Alferov, Darío Fo, Günter Grass, Mairead Corrigan Maguirre.

[5] Quince años de cárcel para René González; diecinueve años para Fernando González; perpetuidad más dieciocho años para Ramón Labañino; perpetuidad más diez años para Antonio Guerrero; dos perpetuidades más quince años para Gerardo Hernández. Al término de una muy larga batalla judicial, Antonio Guerrero vio su castigo reducido a veintiún años más diez meses, el 13 de octubre de 2009; Ramón Labañino a treinta años de encarcelamiento y Fernando González a diecisiete años más nueve meses, el 8 de diciembre de 2009.

[6] Episodio relatado por José Pertierra, en Cubadebate, el 28 de enero.

[7] Inspirado en una serie televisiva famosa en los años 1960, MAN from U.N.C.L.E., (el hombre de U.N.C.L.E. (United Network Command for Law and Enforcement), NdT)), cuyo héroe se llamaba Napoleón Solo.

[8] Detenido el 4 de septiembre de 1997 La Habana, condenado a muerte en 1999, Cruz León al apelar vio su pena reducida a treinta años de prisión por la justicia cubana, el 3 de diciembre de 2010.

[9] Fue condenado a treinta años de prisión.

[10] Organismo para la lucha contra las drogas, dependiente del ministerio de justicia.

[11] El Fiscal General de los Estados Unidos, Alberto González, se apoyó en la decisión de los tres jueces y, el 9 de agosto de 2006, el Tribunal Plenario la desaprobó, ratificando el pleito de Miami.

Tomado de Cubadebate


*Periodista y escritor francés, autor de la primera novela escrita sobre el caso de los Cinco cubanos prisioneros en los EEUU.

martes, 12 de abril de 2011

¡Alerta!: La impunidad y el terrorismo que nos acecha

Por Percy Francisco Alvarado Godoy


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La reacción ante el bochornoso dictamen del jurado en el juicio llevado a cabo contra Luis Posada Carriles en la ciudad de El Paso, Texas, mediante el cual se le exoneró de los once cargos  de perjurio, fraude migratorio y obstrucción de procedimiento que pendían sobre él, no se hizo esperar. Cuba, quien [ha] padecido las secuelas dolorosas de sus crímenes, solicitó a la ONU la distribución de una denuncia como documento oficial de Naciones Unidas, en la que se califica a este juicio como una farsa judicial. Nuevamente el terrorista recibió el espaldarazo de sus amos de la CIA, quienes lo han usado por más de 50 años como una de sus principales fichas en la guerra sucia contra la Isla.

El contexto legal para la consumación de la vergonzosa decisión judicial estaba prefabricado de antemano: una jueza complaciente ligada a la extrema derecha norteamericana, una débil e inconsistente labor de la fiscalía, una defensa que trató de desviar la atención del jurado del verdadero prontuario criminal de su cliente y, sobre todo, la omisión deliberada de las pruebas que los inculpaban directamente con atroces actos terroristas. Un jurado cansado y ávido de retornar a sus hogares ante un dilatado juicio, desconocedor de las realidades del terrorismo contra Cuba, fue otra de las fichas que se manejaron sobre la mesa del dominó. Tampoco conoció el jurado sobre la condición de Posada Carriles como prófugo de la justicia venezolana y otros detalles de su prontuario criminal, incluida su sospechosa participación en actividades terroristas en suelo norteamericano, entre los que se le ubica como uno de los posibles ejecutores del magnicidio contra el ex presidente norteamericano John F. Kennedy. Por supuesto, tampoco el jurado conoció que Posada ingresó a Estados Unidos ilegalmente luego de recibir un indulto por parte de la ex presidenta panameña Mireya Moscoso, el cual fue declarado anticonstitucional y que, reconocido por su propio abogado en aquel entonces, Rogelio Cruz, el proceso que lo condenó a 8 años por delitos contra la seguridad colectiva y falsificación de documentos, todavía se encuentra inconcluso pues existe todavía un recurso de apelación inconcluso ante el Segundo Tribunal de Justicia de Panamá. Se violó el hecho de que, luego del indulto bochornoso, debiera haberse resuelto el recurso de apelación.

Lo sorprendente también es que ni Posada Carriles ni varios de sus congéneres como Orlando Bosch Ávila, José Basulto, Pedro Crispín Remón, Horacio Salvador García Cordero, Santiago Álvarez Fernández-Magriñá, los hermanos Novo Sampoll y muchos más, quienes han realizado múltiples actos terroristas, han sido excluidos, o no incorporados deliberadamente, en las listas de las cerca de 450 000 personas sospechosas de ser terroristas, elaboradas por los servicios de seguridad y contrainteligencia norteamericanas. Lo más sorprendente es que varios de ellos han sido juzgados por posesión de grandes alijos de armas e intentos de magnicidio.

Un dudoso panorama legal venidero

Según la declaración del MINREX cubano, en sudeclaración del 9 de abril de 2011, “el gobierno de Washington tiene en sus manos todas las pruebas de los crímenes de Posada, muchas de las cuales fueron presentadas en el juicio de El Paso”. Y continúa la declaración: “Habrá que ver si es capaz ahora de entablar un nuevo proceso contra Posada Carriles por terrorismo, o de proceder a su extradición a Venezuela, como le fuera solicitado hace ya más de cinco años por ese país, y a lo que está obligado jurídicamente por los convenios internacionales de que es parte y por la resolución 1373 (2001) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que el propio gobierno de Estados Unidos promovió”.

Por su parte, el 11 de abril de 2011, el Gobierno de Venezuela convocó al encargado de Negocios de la Embajada de EEUU en Caracas para una reunión en Cancillería, con el objetivo de reiterar oficialmente la solicitud de extradición a Venezuela del terrorista Luis Posada Carriles, continuando con la demanda en ese sentido expresada desde mayo de 2005 y reiterada por vías oficiales en reiteradas oportunidades.

La parte norteamericana, cómplice innegable del repugnante resultado obtenido en El Paso, haciendo gala de la más abominable hipocresía, esta vez mediante Dean Boyd, portavoz de la división de Seguridad Nacional del Departamento de Justicia, declaró su decepción por el resultado. El funcionario declaró a la agencia española EFE: “Obviamente estamos decepcionados por la decisión de absolver al señor Posada de los cargos en su contra. Sin embargo, respetamos el veredicto del jurado y valoramos el servicio del jurado durante este largo y difícil juicio”.

Tanto el señor Boyd, como la propia Casa Blanca, al pretender respetar ese infame veredicto y negarse a enjuiciarlo como terrorista o extraditarlo a Venezuela, ignorando las abundantes pruebas existentes contra Posada Carriles y que fueron ofrecidas por Cuba en varias oportunidades, ignoran tácitamente la peligrosidad de que hombres como él deambulen con absoluta impunidad por las ciudades estadounidenses. Bastaría recordarles algunos hechos que han dañado, incluso en proporciones aún mayores que AlQaeda y las milicias extremistas, la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Lo que se tapa con impunidad

Como escribí  en mi artículo titulado “La seguridad nacional de los Estados Unidos: objetivo del terrorismo doméstico de la mafia cubano-americana”, “… solo en el lapso entre 1959 y el 2001, casi cuatro décadas, se consumaron 360 hechos terroristas en territorio norteamericano, ejecutados por diferentes organizaciones de origen contrarrevolucionario, protegidas permanentes del gobierno de ese país. De esas acciones, 186 afectaron directamente a intereses de los Estados Unidos de América”.

El grado de vulnerabilidad ocasionado por la mafia anticubana en territorio norteamericano puede resumirse de forma breve y precisa de la siguiente manera: 35 asesinatos de personas de origen cubano, norteamericano y de otras nacionalidades, incluyendo al ex canciller chileno Orlando Letelier, en suelo estadounidense; 14 atentados contra aeropuertos norteamericanos, sobresaliendo los ocurridos en los aeropuertos de La Guardia y John F. Kennedy (Nueva York), el Miami Internacional Aiport y el de Newark, Nueva Jersey; la realización de más de 300 atentados con bombas dentro del territorio de la Unión y Puerto Rico, incluidas varias instalaciones federales, tales como el FBI, Inmigración y Aduanas, el Federal Building de Miami, la de la Policía del Condado de Miami, Oficinas del Seguro Social y agencias policiales. No faltó, por supuesto, la amenaza directa y las exhortaciones, mediante medios radiales, de televisión y prensa escrita, contra la integridad física de varios presidentes norteamericanos en funciones. Uno de estos terroristas, por señalar solo un ejemplo, Orlando Bosch Ávila, realizó nada menos que 72 atentados con bomba en territorio norteamericano.

Estos criminales grupúsculos mafiosos que operan en ciudades como Miami, Nueva Jersey y Los Ángeles, entre otras ciudades norteamericanas, acumulan cuantiosas y alarmantes cantidades de armas explosivos, disponen de sofisticados medios de comunicación y campos de entrenamiento, particularmente en La Florida, siendo perseguidos ocasionalmente por el FBI y la ATF. En la mayoría de los casos, sus actividades son ignoradas. También se ha denunciado de manera permanente que la mayor parte de sus integrantes son remanentes de operativos de la CIA en su guerra sucia contra Cuba, tales como  Movimiento Nacionalista Cubano, Gobierno Cubano Secreto, Frente de Liberación Nacional Cubano, Poder Cubano, el Alacrán, Acción Cubana, Escorpión Cubano, Jóvenes de la Estrella, Omega 7 y Comandos Pedro Luis Boitel, entre tantos, a los que se han incorporado paulatinamente Alpha 66, el PUND, Comando L, la Organización para la Liberación de Cuba, Comisión Nacional Cubana, Cuba Independiente y Democrática (CID),  el Grupo de Acciones Navales, la Brigada 2506, Hermanos al Rescate, Comandos F-4, el CAMCO, la FNCA, el CLC, entre otros, y han sido empleados en cualquier parte del mundo como mercenarios para cumplir operaciones encubiertas. Aún hoy, entre las tenebrosas sombras de la confabulación, todavía actúan en varias partes del mundo al servicio de la CIA.

Cuba aún recuerda el repuntar terrorista en la pasada década de los 90, en los cuales se prepararon nada menos que cerca de una veintena de planes contra la vida de Fidel, 8 planes contra otros dirigentes de la Revolución y más de 120 atentados con bombas y otras acciones de corte violento.

Reacciones mafiosas ante el fallo injusto

Un histérico alboroto reinó en Miami al conocerse el amañado fallo del jurado que deliberó solo escasas tres horas para exonerar al Posada Carriles. Todos sus cófrades y compinches se sintieron aún más seguros e impunes, prestos para preparar nuevas agresiones contra Cuba.

“Es una gran derrota para el régimen cubano que siempre ha buscado que Posada Carriles sea extraditado o condenado y un gran triunfo para nosotros”, se apresuró a declarar Rodolfo Rodríguez San Román, presidente del Presidio Político Histórico Cubano, radicado en la ciudad de Miami. “Le daremos un gran recibimiento cuando regrese a Miami”, sentenció.

La propia Nelly Rojas, del Grupo Amigos de Luis Posada Carriles, integrada por decenas de sus socios históricamente vinculados con el terrorismo contra Cuba, declaró eufórica: “Ha sido algo extraordinario lo que hemos sentido porque hemos ganado una lucha contra el régimen castro-comunista que fue el que tendió todo esto alrededor de Luis. De manera que es un golpetazo bien rudo a la cabeza de ese sistema comunista”.

No podía faltar la intolerante Ninoska Pérez Castellón, directiva del Consejo por la Libertad de Cuba (CLC) y asociada a la crápula terrorista más reaccionaria de la mafia miamense, quien expresó su alborozo con las siguientes palabras: “Prevaleció la justicia, a pesar de traer a testificar (la Fiscalía Federal) a testaferros de una dictadura comunista y periodistas que lo único que han hecho es difamar a esta comunidad”.

Su padrino y protector, Santiago Álvarez Fernández-Magriñá, involucrado como Posada en varios actos terroristas contra Cuba, también mostró su euforia, al declarar: “Esta es la mayor demostración de que la justicia estadunidense no es ni la justicia bolivariana ni la dictadura castrista, esta es una democracia vigente y popular”.

Sin embargo, fueron las propias declaraciones del terrorista absuelto donde se esconden los más oscuros presagios de la continuidad del terrorismo contra Cuba. Con su acostumbrada hipocresía y sabedor de que es, y ha sido, un consumado mentiroso, Posada Carriles declaró ante la prensa, luego de conocerse el fallo absolutorio:

“Espero que lo que me ha pasado hoy sirva de ejemplo a la Justicia de mi país, Cuba, en donde hoy no existe libertad ni justicia”. [...] “Estoy sumamente agradecido con Estados Unidos, con la justicia que me ha juzgado y que decidió absolverme”.

La amenaza velada del Tartufo criminal y su intención de seguir promoviendo actos terroristas queda clara en sus propias palabras: “Mi camino no se acabó aún, la naturaleza de la lucha ha cambiado, pero aún es la misma, y seguiremos intentando restaurar pacíficamente lo que Cuba fue una vez”. [...] “Ese momento llegará pronto, ya ganamos, no tenemos aún la recompensa deseada, pero hemos llegado”.

¿Quién puede creerle al falsario y al mentiroso sobre su anuncio de que dedicará sólo a promover acciones pacíficas dentro de Cuba?

¿Se le puede creer a este pretendido defensor de la lucha pacífica,  cuando desde su irrisoria prisión extrapenal durante estos años, en Miami, Posada apareció públicamente incitando a desarrollar acciones terroristas contra Cuba? ¿Se le puede creer cuando es hartamente conocido que estuvo involucrado con el envío de Francisco Chávez Abarca para realizar actos terroristas en la República Bolivariana de Venezuela? ¿Se le puede creer, también, cuando se conoce que su cómplice como torturador en la DISIP, Henry López Sisco, actualmente detenido en Costa Rica  y con posibilidad de ser extraditado a Venezuela, luego de haber sido un consumado torturador, masacrador  y enlace entre la CIA, la DINA y la DISIP, se ha mantenido como contacto de Posada para realizar acciones terroristas en territorio venezolano y en otras naciones centroamericanas?

Peligros potenciales que se avecinan

Sin querer ser alarmista, sino más bien cauto y receloso, considero que el reciente espaldarazo dado a Luis Posada Carriles por la supuesta justicia norteamericana, así como otros factores dentro de Cuba y en el marco del diferendo actual impuesto a la Isla por parte de Estados Unidos, abren la posibilidad para un resurgir de acciones terroristas en gran escala contra Cuba.

El fracaso de la política norteamericana de fomentar a la contrarrevolución interna y de desarrollar fenómenos similares a los que actualmente sacuden a países del Medio Oriente, a pesar del desembolso de cifras millonarias para tal empeño, sumado a la oportuna denuncia mediante “Las Razones de Cuba” y la pérdida de prestigio de sus mercenarios dentro de la Isla, carentes de influencia sobre la población cubana, propician la creación de una base contrarrevolucionaria aún más dañina, capaz de desarrollar una política de acciones violentas, sabotajes y fabricar artificialmente, al estilo libio, una supuesta  rebeldía. Dentro de este concepto, no es lejano el pretexto de varias organizaciones radicadas en Miami como el CID, la FNCA, Comandos F-4, el CAMCO  y el CLC, entre otros, de fomentar supuestas brechas entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior con respecto al Gobierno cubano. Esa falsa e inventada rebeldía, usada como pretexto para el envío de mercenarios y terroristas desde el exterior, que no serán exclusivamente centroamericanos, así como la posibilidad de enviar teams de infiltración provenientes de La Florida u otras bases creadas en alguna nación Centroamericana, particularmente en Honduras, con el objetivo de atentar contra  instalaciones turísticas y otros objetivos de importancia económica.

No debe descartarse tampoco el empleo de la exigua base contrarrevolucionaria existente dentro de la Isla, potencialmente anti socialista y pro norteamericana, para desarrollar actividades violentas dentro de la Isla. Por mi propia experiencia como agente de la Seguridad Cubana infiltrado en los medios terroristas de Miami y, particularmente, por mi conocimiento de personas como Luis Posada Carriles, Pepe Hernández, Horacio Salvador García Cordero, Huber Matos, Luis Zúñiga Rey y muchos otros,  así como por el estudio detallado de la supuesta oposición “pacífica” interna, considero que una gran parte de estos mercenarios son potencialmente propensos a realizar acciones violentas. Este fenómeno ha sido hartamente documentado por nuestros Órganos de Seguridad del Estado.

Tan solo para citar un ejemplo, el Partido Cuba Independiente y Democrática (CID) ha sido uno de los principales instigadores del terrorismo contra la Isla y ha usado la creación de células a lo largo de los años para, con el disfraz de la lucha pacífica, realizar acciones terroristas, desarticuladas por parte nuestra en varias ocasiones. La ideología de estas diminutas células quedó evidenciada el 31 de marzo pasado, cuando en el municipio Playa, particularmente en la casa ubicada en la avenida 21 # 6821 entre 68 A y 70, Reparto Buena Vista, un grupo de contrarrevolucionarios integrado por Sergio García Argentel, Leydis Coca Quesada, Yuniel Laura Ibáñez, Julio Cesar Peña Laballe, Máximo José García González y Pedro Zamora Ibáñez, criticaron la detención por el gobierno cubano del espía norteamericano Alan P. Gross y “demandaron su inmediata excarcelación”. Esta prueba de servilismo y el desconocimiento de la labor provocadora del señor Gross y de la USAID contra Cuba, les coloca en el fino hilo que separa al servilismo del terror.

 Otros lacayos del Imperio, como Oscar Elías Biscet, han abogado por el derrumbe del socialismo en la Isla, la instauración del capitalismo y por la eliminación de nuestra independencia nacional a favor de Estados Unidos.

Ante esta tropa endeble y raquítica, estimulada por los detestables fallos de la justicia made in USA, rabiosa y frustrada por sus fracasos durante más de cinco décadas, se enfrenta nuestro pueblo revolucionario y socialista. Así lo reafirmaremos el próximo 16 de abril en la celebración del 50 Aniversario de la Victoria de Playa Girón.

Solo basta recordarles que estamos más y mejor preparados y unidos que nunca. Si se lanzan, un nuevo Girón los espera.

viernes, 8 de abril de 2011

Justicia mafiosa en El Paso: Posada Carriles absuelto de todos los cargos

Por Jean-Guy Allard

caricatura91.jpgUn tribunal de la nación que establece una lista donde se designa a otros países como “patrocinadores del terrorismo”, ha declarado ayer al terrorista internacional Luis Posada Carriles inocente de 11 cargos de perjurio, fraude y obstrucción de procedimiento, en un juicio ante jurado cuya decisión no se puede apelar.

Este jurado, integrado por siete mujeres y cinco hombres, emitió el veredicto en sólo tres horas de deliberaciones previamente orientadas por la jueza Kathleen Cardone -nombrada por George W. Bush– que preside por segunda vez un proceso al término del cual Posada se va para su casa de Miami.

La agencia española EFE reportó como Posada Carriles, de 83 años, “se abrazó a sus tres abogados que estallaron en júbilo en la sala del tribunal al escuchar el veredicto”, después de un juicio de trece semanas.

"Cada vez que el jurado tiene un caso no se puede predecir lo que decidirá, pero respetamos lo que decidan", dijo por su parte el fiscal federal Timothy Reardon, de la Sección antiterrorrista del Departamento de Justicia, enviado paradójicamente desde Washington para este caso, mientras el Gobierno se niega a reconocer que Posada es un terrorista y a procesarlo como tal, de acuerdo con los convenios internacionales que firmó.
Posada sigue reclamado con 73 cargos de homicidio por la justicia venezolana desde su aparición en Miami en 2005.

Al absolverlo, el jurado se negó a reconocer, a pesar de todas las pruebas y evidencias presentadas, su entrada ilegal a EEUU por el Rio Miami a bordo del barco camaronero Santrina, y prefirió creer el cuento del “coyote” que elaboró.

Tampoco admite, implícitamente, su papel en los atentados con explosivos registrados en Cuba en 1997, que causaron la muerte al joven turista italiano Fabio Di Celmo.

Colaborador de la policía batistiana, Posada fue reclutado por la CIA a su llegada a Estados Unidos e integrado a la Operación 40, diseñada para dirigir una masacre de partidarios de la Revolución al margen de la invasión de Playa Girón.

La CIA lo incorporó a mecanismos de represión tanto en Venezuela -donde dirigió las mortíferas operaciones de “limpieza” de la DISIP- como en El Salvador, Guatemala y Honduras, donde se lo asignó a tareas similares.

Fue detenido en Venezuela como autor intelectual de la voladura de un avión de Cubana en 1976 que mató a 73 personas, pero se escapó para manejar la operación de tráfico de armas y droga que se desarrolló desde la base aérea de Ilopango, en El Salvador.

En noviembre del 2000, Posada fue arrestado en Panamá a raíz de un complot para matar al líder cubano Fidel Castro durante la Cumbre Iberoamericana, y fue condenado a 8 años de cárcel por terrorismo. Salió de cárcel en el 2004, indultado por la presidenta mafiosa Mireya Moscoso, presionada por la mafia terrorista cubanoamericana y sus protectores, desde Washington y Miami.

Una larga sucesión de crímenes horrorosos que el gobierno norteamericano, por razones obvias, no solo se niega a reconocer sino que se dedica a encubrir.

viernes, 25 de febrero de 2011

Carta a Bambi*



rcbaez_bambiloboferoz.JPGNo sabemos quién escribió el insólito documento que sigue –probablemente un cubano-americano que por décadas conoció y apoyó las actividades de Luis Posada Carriles.  Una conserje mexicana lo descubrió mientras barría bajo la silla donde Posada se sienta durante su juicio en el tribunal federal de El Paso. La hija de esa señora de la limpieza, y que estudia periodismo en el cercano Juárez, nos la envió.

El autor de la carta (la firma era indescifrable) aparentemente comparte las suposiciones declaradas de Posada Carriles publicadas en un libro en 1994, pero considera que el comportamiento posterior de su ex compatriota ha traicionado la causa contrarrevolucionaria. [Nuestros comentarios están entre corchetes.] [La carta comienza con palabras de la introducción del libro de Posada, Los caminos del guerrero.]:

"Existe una raza de hombres en vías de extinción. El honor, la lealtad, el valor, el amor a la tierra que los vio nacer forman su carácter, condición y estilo de vida.

Esta especie humana, de la que todavía quedan algunos raros ejemplares, viven en un hábitat hostil. La falsedad, la hipocresía, la cobardía, la traición del mundo que los rodea, no pueden contra la decisión inquebrantable de luchar por sus ideales. Estos hombres no temen a las prisiones ni a la muerte, no se rinden, no claudican en sus principios. Nadie ni nada los puede apartar de sus metas. A esta raza en extinción pertenece el autor, Luis Posada Carriles..”

Ese cuadro te describía  hace tiempo, Bambi [apodo de Posada Carriles]. ¡Pero ya no! Tu comportamiento reciente ha hecho que algunos de tus antiguos seguidores que te hemos seguido hayamos reconsiderado. En otra época compartimos una ética patriótica común: huevos y reglas con las cuales realizar nuestra lucha. Coño, recuerdo el trabajo clandestino en Cuba durante el desembarco en Bahía de Cochinos –tú te zafaste de esa—y las décadas de ataques e infiltraciones a la isla. Pensándolo bien, tú nunca estuviste con nosotros en los desembarcos.

Mientras sigo tu juicio no puedo evitar compararte con tu adversario que es también el mío. Puedes decir lo que quieras de Fidel Castro, pero en 1953 atacó personalmente el Cuartel Moncada. [La segunda base militar en importancia de Batista.] Él no contrató a nadie para hacer el trabajo peligroso. En su juicio de 1953, aceptó orgullosamente su responsabilidad y utilizó su defensa para explicar su visión de una Cuba diferente y para denunciar al régimen. Incluso terminó su discurso proclamando que hasta la condena más dura de los jueces no le importaba.

Tú, por otra parte, enviaste a venezolanos a sabotear un avión de pasajeros que llevaba a 73 personas. [Suponemos que se refiere al vuelo 455 de Cubana de Aviación que estalló sobre Barbados en 1976.] Luego reclutaste a salvadoreños para que pusieran bombas en hoteles y restaurantes en Cuba. [Un turista italiano murió por una de esas bombas en 1997.] Ahora, en tu juicio, en vez de decir al mundo lo que tú y yo defendemos te niegas a declarar. Tú y tus amigos ricos contrataron a un picapleitos para que finja y luzca encantador.

“Llámenme Art," le dijo al jurado, en vez de Arturo, el nombre que sus padres le dieron.

¿Puedes defenderte? Fidel lo hizo. Los norteamericanos convirtieron tu juicio en un caso menor de inmigración y tú lo permitiste. No insististe en un juicio político que haga énfasis en el futuro de Cuba. Según los documentos publicados, te pareces a un moderno Capitán Araña [**] que contrata a extranjeros para que hagan su guerra contra Cuba. Mientras ellos se pudren en prisiones de Cuba,  tú retozas con los exiliados ricos de Miami, vendes tus cuadros con buenas ganancias y asistes a actos  de recaudación de fondos en tu honor. ¡Y luego mientes de cómo entraste a Estados Unidos! ¿A quién le importa tal hecho trivial?

¿Honor? Tú concebiste el plan que mató a toda esa gente en el avión de pasajeros y al turista italiano en el hotel, pero no tienes cojones para admitirlo. Si no cometiste esos actos terroristas, ¿por qué la gente te rinde homenaje?  ¿Por tener la lengua larga?

Te presentas como nuestro representante, dispuesto a usar “sangre y fuego”, pero todo lo que Washington tiene que hacer es acusarte de un delito menor y te escondes detrás de una farsa legal. Tu abogado hasta llega a decir que Fidel ordenó  que pusieran esas bombas. Pero tú les dijiste a dos reporteros de The New York Times [se refiere a Larry Rohter y Ann Louise Bardach en julio de 1998] que lo hiciste porque tú y nosotros queríamos publicidad por las bombas para alejar a los turistas potenciales que pudieran tener planes de ir a Cuba de vacaciones.

Hace un mes, el jurado en El Paso escuchó una grabación tuya de 2005 diciendo a un juez de inmigración que no tenías que ver con las bombas de 1997 en La Habana ni que habías pagado a centroamericanos para que llevaran explosivos a Cuba. Entonces, ¿por qué le mentiste al Times?  ¿Se comportaría de esta manera un hombre de convicciones? ¿Miedo para qué?

En Miami citaste al luchador por la independencia Antonio Maceo acerca de la lucha por la libertad: “¡La libertad no se mendiga! ¡Se conquista con el filo del machete!”

Maceo se enfrentó a las tropas españolas durante 30 años y murió por Cuba –LUCHANDO por la independencia nacional, como hizo José Martí. Fidel, ese sucio jesuita rojo, no hizo a Batista blanco de un asesinato porque eliminar a una figura decorativa corrupta no cambiaría el sistema o la dependencia de Cuba. Algunos revolucionarios cubanos del movimiento estudiantil trataron sin éxito de matar a Batista. Pusieron sus vidas por delante. Tú no. Tu lucha contra un hombre te hizo matar con bombas a otros cubanos, pero nunca estuviste presente cuando estallaron y no participaste en intentos de asesinato a Fidel, a no ser que estuvieras seguro de tener una vía de escape.

[Suponemos que se refiere al plan de la CIA para matar a Castro en Ecuador en 1971.]

No es así como luchan los hombres; ni las mujeres (con una excepción congresional) se comportan de esta manera.

Parece que te has infestado con la enfermedad norteamericana: traición. Quizás sea porque trabajaste para ellos durante tanto tiempo y te contagiaste con este virus pernicioso que los llevó a eviscerar a nuestra causa del exilio. Nos joden el movimiento, pero te permiten planear actos irresponsables y sangrientos y nunca te exigieron que propusieras una alternativa viable. ¡Vaya!

En el tribunal te has rebajado a la mezquindad de tus acusadores. En vez de empinarte y declarar lo que los sufridos exiliados esperan de ti, contratas a un abogado embaucador para que complique el caso. A los 82 años, eres una vergüenza para nuestra causa. Te has vendido. Fidel, nuestro enemigo  mortal, al menos tiene carácter.

Compara tu comportamiento con lo que los nobles enemigos del comunismo debieran representar. No necesitamos el permiso de Washington o su dinero para combatir a la dictadura comunista. Los líderes de EE.UU. hablan del gobierno de la ley, pero practican la tortura, hacen la guerra, violan los derechos y hacen cualquier cosa que deseen, e inventan palabras –seguridad nacional—para justificar sus actos. ¿Por qué debemos respetar a esos miserables hipócritas o a cualquier otro de los charlatanes en la ONU? No respondemos a nadie, especialmente no lo hacemos al gobierno de EE.UU. que nos ha jodido durante cinco décadas.

* Nelson P. Valdés y Saul Landau recibieron y “tradujeron” el documento.

** Capitán Araña organizó conspiraciones, pero reclutó a otros para correr los riesgos y cargar con la culpa.

Tomado de Progreso Semanal

Imagen agregada RCBáez

domingo, 30 de enero de 2011

Esperando el próximo paso, en El Paso

Diario de El Paso: Las preguntas de los abogados no son evidencia, pero pesan.

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La mañana comenzó con una advertencia a Gilberto Abascal, quien se ha pasado la semana entera testificando en el juicio contra Luis Posada Carriles en El Paso.  ”Usted tiene que escuchar las preguntas y contestarlas sin ir más allá”, le dijo la Jueza Kathleen Cardone al testigo que se quejó ayer de que el abogado de Posada había estado acosando a su ex esposa y a sus hijos.

Cardone le advirtió que, “por ejemplo, es inapropiado que usted cuente del incidente que ocurrió por teléfono y las acusaciones de soborno”.

Lo que no se le cuenta al jurado

No sabemos los detalles de ese incidente, ni tampoco de alguna supuesta oferta de soborno.  La jueza Cardone quiere mantener eso así, porque no quiere contaminar este juicio con esos alegatos.  El caso se trata exclusivamente sobre los 11 cargos de falsas declaraciones y perjurio contra Luis Posada Carriles.  No tiene que ver con los 73 cargos de asesinato que tiene el cubano-venezonalo pendientes por la voladura de un avión de pasajeros el 6 de octubre de 1976.  Ni tampoco se juzga aquí el asesinato de Fabio di Celmo en La Habana, el 4 de septiembre de 1997, ni la tortura a Jesús Marrero en junio de 1973 en Venezuela. Tampoco, el caso de Brenda Esquivel en Caracas, quien jura que Posada Carriles le mató a su hijo con una patada cuando ella estaba embrazada.

El propósito del contra-interrogatorio del abogado de Posada Carriles es solamente demostrar que Gilberto Abascal ha recibido pagos del FBI, es un mentiroso, un loco y . . . para colmo, un espía del gobierno cubano.

Abascal sostiene que trajo a Posada Carriles desde Isla Mujeres hasta Miami en un barco llamado el Santrina en marzo de 2005,  y Posada mantiene que él ingresó en un camioneta con la ayuda de un coyote que lo llevó desde Guatemala hasta Houston, donde abordó un ómnibus Greyhound hasta Miami.

Premisas miamenses

Abascal testificó anteriormente que había ido a Panamá, con Osvaldo Mitat, para presenciar el juicio de Luis Posada Carriles en el 2004.  También dijo que fue a Cuba cuatro o cinco veces ese mismo año.  Con bombos y platillos, Hernández le enseña varias fotos a Abascal que supuestamente fueron tomadas en Panamá.  ”Opacas”, es como las describe Abascal.  También pone en evidencia un boleto de avión a nombre de Gilberto Abascal, fechado el 13 de marzo de 2004.  El boleto es a Panamá.

Establecido que Abascal había estado en Panamá en esa fecha por cuatro días, Hernández lanzó su arponcillo.  ”¿No es cierto que había gente en Panamá, observando el juicio de Posada Carriles, que estaban conectados con el régimen cubano?”  ”No entiendo la pregunta”, responde Abascal.  ”Oficiales de la inteligencia cubana”, afirma el abogado. “No sé”, respondió el testigo. Hernández entonces le prepara la trampa: “¿No es cierto que había reporteros de la prensa cubana ahí?”  ”Sí”, dice Abascal.  ”¿Y la prensa cubana no está controlada por el gobierno cubano”, pregunta Hernández pensando que ha logrado establecer que los periodistas cubanos son espías del gobierno cubano.  Un giro miamense para un drama en El Paso. Hernández entonces le prepara otra trampa leguleya al testigo que lleva ya cinco días contestando ese tipo de preguntas.  ”¿No será cierto que la prensa cubana, específicamente el periódico Granma, reportó que usted había estado en Panamá apoyando a Luis Posada Carriles en su juicio?”.  Aturrullado de tantas preguntas que considera absurdas, Abascal pacientemente le dice “no sé, no me acuerdo”.  ”¿No es cierto que usted tuvo reuniones con agentes de la inteligencia cubana en Panamá?”  ”No”, le responde.

Hernández entonces comenzó una serie de preguntas sobre los viajes a Cuba de Gilberto Abascal.  ”¿Cómo logró usted una licencia del gobierno de los Estados Unidos para ir a Cuba en el 2004?”  Abascal contó que con un permiso para llevarle leche al pueblo cubano.  ”¿No es verdad que usted le presentó una solicitud para una licencia específica de viajar a Cuba a la Oficina de Control de Bienes del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos?”, le preguntó Hernández.  ”¿Eh?  No.  Yo le pedí la licencia a la Agencia de Viajes Marianao en Miami.  La que usted amenazó”, le respondió Abascal a Hernández con el fuerte acento que trae de provincia Habana.  La intérprete, que no es cubana, no entendió bien el nombre de la agencia de viajes.  Le pidió a Abascal que lo repitiera despacio. “Ma-ri-a-na-o”, deletreó pausadamente. Ella tradujo: “María—Now”.  En fin, también pasan cosas graciosas en estos predios.

Hernández no se río.  Reanudó el ataque.  ”¿Cómo una persona tan identificada con Luis Posada Carriles, que usted acompañó y apoyó durante su juicio en Panamá, puede haber logrado un permiso del régimen de Cuba para entrar y salir del país cinco veces?”  Ahí la trampa.  Una premisa fundamental del derecho es que las preguntas de los abogados no son evidencia.  Solamente las respuestas de los testigos y los documentos ofrecidos,  constituyen evidencia en el caso.  Sin embargo, las preguntas insidiosas insinúan mucho, y el jurado las escucha y por eso tienen peso.  Mucho peso.  Es inevitable.  Por eso, los abogados defensores las hacen tanto.  Esta última serie de preguntas de Hernández tiene como premisa que los espías cubanos abundan en el mundo.  Que hay espías cubanos dondequiera.  Que los periodistas que vieron a Abascal en Panamá son espías, porque trabajan para la prensa cubana.  Que Abascal es un espía, porque si no lo fuera Cuba no le diera permiso para entrar y salir del país.

El hecho, por ejemplo, de que Abascal haya ido a presenciar el caso de Posada en Panamá y que posteriormente haya ido y salido de Cuba no muestra que es un espía.  Si muestra algo, es que Cuba no persigue a las personas que no han cometido delitos.  Después de haber escuchado las preguntas del abogado de Luis Posada Carriles sobre los viajes de Abascal a Cuba, el jurado problemente habrá razonado que la Isla es un país libre y democrático en el mar Caribe.  Hernández, sin embargo, cree todo lo contrario. El problema es que sus premisas funcionan en Miami.  En El Paso, no lo creo.

La relación de Abascal con el FBI

Otra línea de preguntas planteadas por Arturo Hernández tiene que ver con que Abascal, aparte de ser un espía del gobierno cubano, es una persona que depende del bolsillo del FBI.  Por ambas razones, piensa que el jurado descartará su testimonio. Abascal era parte de la tripulación del Santrina.  Poco después de llegar a Miami, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) se comunicó con él.  El agente del FBI, Omar Vega, lo entrevistó en el 2005 y Abascal le dijo que Posada no abordó el Santrina en Isla Mujeres.  Que los tripulantes de la embarcación zarparon hacia Miami sin él, y que el propósito del viaje había sido entregarle a Posada 10 000 dólares para que él contratara un coyote que lo pudiese llevar por carretera a los Estados Unidos.

Hernández se enfocó en la inconsistencia.  En el 2005, “usted le dijo una cosa al FBI, y ahora dice otra.  ¿Por qué?”  ”Ya yo le he explicado esto varias veces”, respondió Abascal, “estaba siguiendo órdenes de Santiago Alvarez.  Usted está malinterpretando las cosas para confundirme”.  ”¿No será cierto que usted cambió su cuento para que el FBI lo ayudara con su solicitud para hacerse ciudadano estadounidense, para resolver una necesidad económica y porque no quería perder los beneficios de asistencia social que le iban a quitar al cumplir siete años de residencia legal en los Estados Unidos?”, le preguntó el abogado de Posada.

“No”, fue la respuesta, “ellos nunca me prometieron nada”. “¿Cuánto dinero ha recibido usted del FBI?”, preguntó Hernández.  ”Alrededor de 8 000 dólares”, dijo Abascal.  ”El gobierno dice en un documento que usted recibió $8.800, ¿cierto?”, reiteró Hernández.  ”Más o menos”, replicó Abascal.  ”¿Le pidió usted al FBI a finales de agosto de 2005 que le pagaran dinero?”, volvió a recalcar Hernández.  ”No recuerdo”.  ”¿Le pidió usted al gobierno que le dieran alguna compensación?”, insistió Hernández.  ”No recuerdo”.  Ese es el clásico estilo del contra-interrogatorio en los Estados Unidos.  Antes de ayer, el fiscal Jerome Teresinski se quejó de que Arturo Hernández, el abogado de Posada Carriles, está repitiendo las mismas preguntas ad nauseam.  Es decir, unas pocas preguntas reiteradas de diferentes maneras hasta el hartazgo.  Y es así.

Es cierto, sin embargo, que el FBI le pagó $8.800 por sus servicios y que se gastó en él una suma sustancial de dinero para reubicarlo a un lugar más seguro.  El testigo ha dicho que tiene temor de persecución, debido a su disposición de hacer declaraciones contra Luis Posada Carriles y sus colaboradores.  Hernández se pasó como una hora interrogando a Abascal sobre el dinero que ha recibido del FBI y los gastos que tuvieron para conseguirle una nueva casa, alimentos y almacenaje.  Abascal tiene miedo entre otras cosas, porque ya la han hecho un atentado.  En enero de 2007 encontró una bomba en su vehículo que la policía tuvo explotar para neutralizarla.  Esa noticia salió en El Nuevo Herald y en la agencia noticiosa de la Associated Press. Pero el jurado no lo sabe.  No es parte de este caso.

Un testigo fuera de turno

En el medio del testimonio de Gilberto Abascal, la fiscalía anunció que quería tomar declaración a un testigo fuera de turno.  Es decir, interrumpir el contra-interrogatorio de Abascal para poder recibir el testimonio, “breve”, le dijo el fiscal a la jueza, de un testigo que necesita irse de El Paso hoy mismo. La jueza le dio su autorización y la fiscalía presentó a John Timoney,  Jefe de la policía de Miami del 2003 hasta el 2010.

John Timoney, el ex jefe de la Policía de Miami. Foto: Life
John Timoney, el ex jefe de la Policía de Miami. Foto: Life

Si los integrantes del jurado han estado atentos al testimonio de Gilberto Abascal sabrán que anteriormente dijo que Rubén López Castro llevó a Luis Posada Carriles a un restaurante en el  río Miami, y que cuando regresó al Santrina exclamó: “¡Ay, Dios mío, el Jefe de la Policía estaba ahí comiendo!”.  Por eso estábamos todos anticipando el testimonio de ese jefe de la policía. ¿Recordará haber visto a Posada Carriles en marzo de 2005 en el restaurante?

Inmediatamente el fiscal Timothy J. Reardon despejó la duda. ”¿Usted reconoce a alguien sentado en la mesa a mi izquierda”, preguntó señalando hacia la mesa donde estaban los abogados defensores Arturo Hernández, Felipe Millán y Rhonda Anderson, más su cliente Luis Posada Carriles, vestido elegantemente hoy con un traje azul oscuro.  Timoney miró en esa dirección y dijo que no reconocía nadie.  El jurado visiblemente se desinfló.  Anticiparon una confirmación del jefe de la policía de Miami al testimonio de Abascal, pero Timoney no se la dio.
¿Por qué entonces los fiscales citan a Timoney? El jefe de la Policía, quien está retirado desde el año pasado pero a quien todos aún llaman “Chief”, testificó que su secretaria mantenía un récord de las actividades diarias de él, cuando se desempeñaba como “Chief”.  Se trata de un “Day Book”.  Reardon presentó el Day Book como evidencia.  Muestra que el 18 de marzo de 2005, el Jefe Timoney almorzó con el cónsul de Gran Bretaña en un restaurante ubicado en el río Miami: The Big Fish.  Reardon mostró una foto del restaurante.  Muy bien ubicado.

Big Fish, restaurante en el río Miami con atracadero propio.
The Big Fish, restaurante en el río Miami con atracadero propio.

“El restaurante está en el mismo río”, dijo Timoney.  ”Yo acababa de pedir la cena (pidió pescado), cuando vi que llegó un bote al muelle.  Tres o cuatro personas se bajaron y entraron al restaurante.  Parecían que llegaban de un viaje de pesca.”  Timoney explicó que él estaba vestido de uniforme completo.  ”Cuatro estrellas doradas y mi chapa de jefe de la policía en mi camisa… Recuerdo que ellos caminaron muy cerca de nuestra mesa. A diez o quince pies de distancia”.

Con eso, Reardon terminó, repentinamente, su interrogatorio al jefe de la policía.  Duró 10 minutos. Arturo Hernández le dio una bienvenida untuosa a Timoney.  Le dijo que le había gustado ver las fotos del río Miami, después de tantos días en El Paso.  Le expresó agradecimiento por su magnífico trabajo como jefe de la policía y se sentó.  Su contra-interrogatorio a Timoney duró menos de cinco minutos. La sustancia de lo que declaró Abascal no está comprobada, pero tampoco está descartada. El testimonio del ex jefe de la Policía respalda el de Abascal al demostrar que sí estaba en el restaurante ese día y que recuerda haber visto a cuatro personas desembarcar de una lancha frente del restaurante.

Hasta el lunes

Hoy terminamos temprano.  Al mediodía, porque los abogados están agotados y pidieron un respiro.  Nos esperan dos días de descanso en El Paso.  Todos los necesitamos, porque el lunes sigue el drama de Gilberto Abascal.  Arturo Hernández sigue con el contra-interrogatorio.

Tomado de Cubadebate