Mostrando entradas con la etiqueta alertas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alertas. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de febrero de 2015

De la amistad y la firmeza

Por Fernando M. García Bielsa*

Tun, tun, ¿quién es? – La paloma y el laurel… ¡Abre la muralla!,
Tun, tun ¿quién es? – El alacrán y el ciempiés… ¡Cierra la muralla!
Nicolás Guillén, 1958

Al tiempo que nos expresamos acerca de los peligros que la nueva dinámica bilateral y la necesidad de estar alertas y preparados, lo hacemos sin perder de vista lo fundamental de los hechos recientes: que el giro del gobierno Obama hacia el restablecimiento de relaciones con nuestro país y la excarcelación de nuestros héroes son una victoria de nuestra resistencia y nuestros principios, y que avanzar hacia una progresiva y mutuamente beneficiosa “normalización” es algo a lo que damos plena bienvenida.
 Por otra parte, no es nuevo que los objetivos subversivos de la política estadunidenses se formulen melosamente, como si fueran a tendernos la mano, y que sigan anunciando que tratarán de “promover la democracia” en Cuba y articular o financiar programas para “ayudar al pueblo”. El énfasis que el que subscribe y muchos otros hacemos en la necesidad de conocer tales planes y los subterfugios de aproximación del enemigo histórico de nuestra nación es bien pertinente.
 Pero es asimismo muy importante que, junto a tal posicionamiento, no vayamos a caer en actitudes defensivas simplistas o extremas, ajenas a nuestro proceder. De ninguna manera nuestro pueblo ni nuestras instituciones confundirán a quien nos visita – y que acogemos –, con los planes del enemigo – que rechazamos. Alertas sí, pero sin alarmismo. Mientras mejor informado, nuestro pueblo estará en mejor capacidad para ello.
 Una efectiva defensa debe partir de no desnaturalizarnos, sino crecernos y ser como somos por naturaleza: abiertos, cálidos, y amistosos…, que están entre las cualidades con que siempre nos hemos ganado a la gran mayoría de quienes nos visitan y que aquí ven desmentidas, por nuestra imperfecta pero admirable realidad, las horrendas historias que les han narrado en la prensa amarilla predominante en muchos lugares.
 Muchos en EE.UU. y en el mundo han saludado con legítima emoción el anuncio conjunto del 17 de diciembre. Siempre hemos sabido diferenciar entre el pueblo y el gobierno de EE.UU. Ello ha sido un concepto y casi un principio que se desprende de todos los planteamientos de Fidel y nuestra revolución, desde el mismo enero de 1959. Y muchos en Cuba hemos tenido ocasión de conocer a muy amistosos ciudadanos de EE.UU., provenientes de círculos muy diversos, no pocos de los cuales después se han sumado a la solidaridad.
 Estoy convencido – pues lo he palpado – que la muy extendida opinión adversa en la población norteamericana respecto a nuestro país y su sistema de gobierno tiene un sustento muy superficial, epidérmico. Cuando uno rasga esos “criterios”, cuando nos movemos fuera de ciertos círculos de Washington y del sur de la Florida, el ciudadano estadounidense no tiene, en general,una opinión formada sino solo una imagen simplista alimentada por los medios, que se desarma cuando conoce y trata con un “cubano de la isla” y, más aun, cuando visita Cuba.
 Así que demos la bienvenida a los intercambios y reforcemos los contenidos nuestros en los llamados “contactos pueblo a pueblo”, al tiempo que nos mantenemos informados y preparados para enfrentar los planes de confundirnos y para “matarnos con amor” del gobierno estadounidense.
 Podemos convivir con el vecino del norte, pero no hay razón para que queramos al país imperial y prepotente. Queremos como dijo Martí a la patria de Lincoln, no a la de Cutting – y agregaríamos que tampoco a la del Ku Klux Klan, ni la del macartismo. Recordamos y queremos, pues son parte de los que hacen posible la meta de una verdadera normalización de relaciones, entre otros, a todos los que han formado parte de los 45 contingentes de la Brigada Venceremos, de las 23 caravanas de Pastores por la Paz que lideró el ReverendoLucius Walker; los millones que apoyaron el derecho del niño Elián a regresar con su padre a Cuba, y los otros tantos que -en ese país- se solidarizaron con nuestros Cinco Héroes.
 Es la tierra también de Henry Reeve y Pete Seeger, de Martin Luther King y Malcom X; de Harry Belafonte, Ángela Davis, Sandra Levinson y Danny Glover; de Leonard Weinglass y muchos otros abogados solidarios; de Saul Landau y toda una gama de académicos e intelectuales amigos, entre muchos otros. Es además la tierra donde residen un millón de cubanos los que en su inmensa mayoría mantienen fuertes vínculos familiares y de todo tipo con nuestro país.
 Es aquella una nación cuyas mujeres han estado a la vanguardia en la lucha por los derechos femeninos. Es la patria, entre otros muchos, de los millones movilizados contra la guerra en Vietnam, contra las armas nucleares y por detener esa furia de agresiones que desde allí se originan, incluyendo las que se han producido contra nuestro país, los que seguramente se mantendrán activos en contra del bloqueo y de cualquier nueva forma de agresión.
 Por eso, junto con la necesidad de mantenernos alertas en defensa de nuestra soberanía y a la urgencia de restañar vulnerabilidades y resquicios, estas líneas se hacen sin menoscabo de la amistad entre nuestros pueblos. Estos temas deben estar sobre la mesa porque el momento lo exige y porque aquella sociedad aún está dominada por estructuras y una lógica imperial.
 Pero con el mismo énfasis, sumo mi voz a la de muchos otros que acerca de estos temas tratan de situar las cosas en multicolor, en todos sus matices, lo que incluye que entendamos las complejidades, que evitemos las rigideces, o una eventual paranoia, improbable por ajena a nuestra naturaleza.
 Como pueblo culto, patriota y comprometido con esta Revolución, nos posicionamos y estaremos vigilantes ante toda acción irrespetuosa u hostil; y no cometeremos deslices ni ingenuidades ante aproximaciones sutiles que están a la orden del día y pretenden inocular el veneno.
 Y a la vez, simultáneamente, seguiremos siendo como somos, seguros de nosotros mismos, acogedores con quienes nos visitan, revolucionarios con las dosis de amor que mencionara el Che y con el concepto martiano de ¡Patria es Humanidad!.

Tomado de La Pupila Insomne



*Diplomático y docente cubano. Ha ocupado cargos en la Sección de Intereses de Cuba en Washington. En su campo de estudio y enseñanza se incluyen la filosofía, la historia y las ciencias sociales.

sábado, 10 de agosto de 2013

¿Por qué Estados Unidos no cerró la SINA?

Por Pedro Díaz Arcia
Ante el riesgo de atentados de grandes dimensiones de Al-Qaeda o sus aliados contra objetivos oficiales o privados de Estados Unidos, el gobierno de Barack Obama decidió cerrar 22 embajadas y consulados del 4 al 10 de agosto, y emitir una advertencia de viajes a sus ciudadanos para que tomen precauciones adicionales en el extranjero hasta el 31 de este mes, según informó el Departamento de Estado.
 Sin embargo, ¿cómo se explica que Washington no cerrara la Oficina de Intereses en La Habana (SINA), si incluyó a Cuba en la lista de países “patrocinadores de terrorismo” que dio a conocer en mayo?

 Entre las naciones afectadas por el cierre temporal de estas sedes se encuentran, entre otros: Egipto, Jordania, Libia, Yemen, Arabia Saudí, y Kuwait, así como Madagascar, Burundi, Ruanda y Mauricio en territorio africano. Las oficinas en Kabul, en Afganistán, y Bagdad, en Irak, reabrieron sus puertas este lunes. La medida, calificada como un “exceso de cautela”, responde a la intercepción de conversaciones que constituyen una de las mayores amenazas para el país desde el 11-S, de acuerdo a declaraciones de legisladores que tuvieron acceso a la información.

 Pero, reiterando la duda: ¿No podría una célula de Al-Qaeda desarrollar acciones bélicas contra la sede estadounidense en la capital cubana, como lo hicieron en los propios Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001?

 La Casa Blanca sabe perfectamente que Cuba jamás ha realizado ninguna acción terrorista ni adentro ni afuera de sus fronteras. Mientras, ha sido víctima de horrendos crímenes como la voladura de la aeronave de Cubana de Aviación, en 1976, con el trágico balance de 73 civiles muertos, incluyendo el equipo juvenil de esgrima cubano. El hecho fue calificado por el Gobierno Revolucionario como “el primer ataque terrorista contra la aviación civil en el hemisferio occidental”.

 El autor intelectual del atentado, Luis Posada Carriles, un destacado ex agente de la CIA, autor de otros ataques contra instalaciones cubanas e intentos de asesinato contra el ex presidente Fidel Castro, hoy se pasea libremente por Miami en medio de bochornosos homenajes. 

Los antecedentes de la SINA se remontan a 1977, cuando bajo la presidencia demócrata de Jimmy Carter y luego de ingentes esfuerzos, ambos países anunciaron la apertura de sendas Oficinas de Intereses en La Habana y Washington, que fueron inauguradas oficialmente el 1 de septiembre de ese año.

 Aunque estas representaciones deben ocuparse, según lo acordado, de asuntos consulares y otros temas de interés bilateral: la SINA considera, entre sus objetivos, el promover “una transición pacífica al sistema democrático basado en el respeto a la ley y a los derechos humanos individuales y abrir sistemas económicos y de comunicación” en la isla, en una clara intervención en los asuntos internos de Cuba.

 De hecho, sus instalaciones se han convertido en un centro promotor de actividades de subversión interna, entrenando y financiando a grupos contrarrevolucionarios. Si alguien realizara una acción terrorista contra la SINA o contra alguno de sus funcionarios, den por seguro que se trataría de una autoagresión organizada por la CIA con el fin de justificar una nueva vuelta de rosca al criminal bloqueo que ejercen contra la isla por más de medio siglo, o de preparar una nueva invasión militar contra el país.

 ¡Quien tiene sobradas razones para cerrar la SINA es el gobierno de La Habana!

Tomado de Discrepando
 *Profesor Titular de Historia. Fue miembro del cuerpo diplomático de nuestro país, como Viceministro de Relaciones Exteriores y Embajador en diversos países. Es, además, colaborador habitual de diversos órganos de prensa, ensayista y poeta.