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jueves, 6 de noviembre de 2014
The New York Times rompe el bloqueo mediático
Por Ricardo Alarcón de Quesada
En mí artículo que aparece en la Nueva Réplica actualmente circulando reproché al New York Times que no hubiese planteado el caso de Gerardo, Ramón y Antonio en su Editorial del pasado octubre en el que se pronunció por la eliminación del bloqueo norteamericano contra Cuba.
Cuando lo escribí no imaginaba que con ese documento el diario neoyorquino iniciaba un importante debate, que dura ya un mes, e incluye varios editoriales abogando por un cambio sustancial en las relaciones entre ambos países. El más reciente del domingo 2 de noviembre, propone que los tres sean liberados a cambio de que Cuba por razones humanitarias ponga en libertad a Allan Gross sancionado aquí por participar en actividades ilegales destinadas a derrocar al Gobierno revolucionario.
Se trata de una posición justa y razonable. Tiene razón el periódico cuando define la liberación de los tres Héroes cubanos como un paso indispensable para avanzar hacia la convivencia civilizada entre dos países que son y serán siempre vecinos.
Debería agregarse a los argumentos del Times que ninguno de los Cinco fue acusado de realizar espionaje y por tanto no eran “espías”. Como se demostró en el juicio de Miami ninguno de ellos accedió o buscó informaciones secretas relacionadas con la seguridad nacional de Estados Unidos.
Tampoco recibieron orientaciones para buscar ese tipo de informaciones. Así lo reconoció, bajo juramento, el General James R. Clapper quien fue testigo del Gobierno y cuyo testimonio aparece entre las páginas 13089 a 13235 de las Actas Oficiales del Tribunal. Es el mismo Clapper que hoy es el Director Nacional de Inteligencia de la Administración Obama.
También es necesario recordar que la misión de los Cinco era tratar de frustrar los planes terroristas contra Cuba que más de una vez han causado muerte y daños también a personas residentes en Estados Unidos.
Pero, en todo caso, este Editorial del New York Times debe ser saludado como un hecho de importancia trascendental. El muro de silencio que rodeaba el caso de los Cinco ha recibido un golpe demoledor que ojalá sea definitivo.
Publicado en Democracy Cuba
Montaje fotográfico RCBáez
jueves, 19 de junio de 2014
Alan Gross, Cuba, táctica política y riesgo
Por Juan Manuel Alvarez Tur

Ante la muerte de la madre de Alan Gross, el gobierno cubano tuvo dos opciones dada la muy específica iniciativa norteamericana de solicitar un permiso humanitario para que Gross pudiera asistir a los funerales.
Cuba lo denegó de manera clara a través de la Directora General de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores: “ni el sistema penitenciario cubano ni el norteamericano contemplan la posibilidad de que los sancionados internos viajen al exterior, cualesquiera que sean los motivos que se aleguen”.
Esto ya nos sirve para desmontar algo que ha estado circulando (y continuará) en Internet, acusando al gobierno cubano de “no ser recíproco” en franca alusión a los permisos que se le concedieran a René González ante situaciones lamentables como la que acaba de suceder alrededor de Gross. René se encontraba bajo otro régimen penitenciario para entonces, más flexible, ya no era un recluso interno, como sí lo es aún Alan, por lo cual no cabe la comparación en este caso. En cambio la situación por la que pasó Gerardo Hernández Nordelo ante la muerte de su madre sí está directamente conectada con la de Gross, al estar ambos cumpliendo su sanción penal con internamiento.
Ayer martes 18 de junio Jen Psaki, asistente de la portavoz del Departamento de Estado, fue interrogada sobre el asunto y lo que deseo destacar es su respuesta ante la siguiente pregunta: ¿Ustedes (se refiere a la administración Obama) tienen que proveer algunas garantías para asegurar su retorno a Cuba? Psaki respondió tajante: “No entraré en un nivel mayor de detalle en ese punto”. Antes, Psaki decía que la aceptación del permiso humanitario era un gesto (muy político y sentimental término) que el gobierno cubano debía conceder a Gross.
Acá entró a jugar una cuestión puramente táctica para Cuba, y en la cual la estrategia seguida estuvo supeditada a nuestros intereses y también a la historia de traiciones a los gestos positivos que hemos tenido respecto a Estados Unidos desde 1959, que no se conocen del todo. Pero además, ¿por qué Psaki no se refirió a las garantías que debe ofrecer su gobierno? Cuba podía, sí, mover ficha, y esperar que esto tuviera una repercusión positiva en los actores políticos de cara a una normalización de las relaciones, que es más enrevesada de lo que se piensa, porque los objetivos primarios de Estados Unidos para Cuba no han cambiado. Era un riesgo, y soberanamente todo parece indicar que se decidió no correrlo.
Deseamos que el asunto de Gross tenga una solución positiva, pero también tenemos nuestras aspiraciones y el gobierno de los Estados Unidos sabe a quiénes se enlazan ellas cuando hablamos de Gross. Algunos miembros del Congreso lo tienen muy claro. Al menos eso parece indicar esta frase con la que terminó una declaración del senador Patrick Leahy el pasado 8 de Abril al referirse, entre otras cuestiones, a la situación de Alan Gross y la solución a su caso: “Hay un camino para resolverlo, hay un amplio precedente para hacerlo, y es nuestro interés nacional”.
El punto clave está en que Estados Unidos abandone su obcecada postura de exigir desde lo alto. Esa postura también, lo sabe el senador Leahy, tiene un amplio precedente, y está lleno de fracasos.
Tomado del Blog CubaXDentro
@blogcubaxdentro
Imagen agregada RCBáez
Ante la muerte de la madre de Alan Gross, el gobierno cubano tuvo dos opciones dada la muy específica iniciativa norteamericana de solicitar un permiso humanitario para que Gross pudiera asistir a los funerales.
Cuba lo denegó de manera clara a través de la Directora General de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores: “ni el sistema penitenciario cubano ni el norteamericano contemplan la posibilidad de que los sancionados internos viajen al exterior, cualesquiera que sean los motivos que se aleguen”.
Esto ya nos sirve para desmontar algo que ha estado circulando (y continuará) en Internet, acusando al gobierno cubano de “no ser recíproco” en franca alusión a los permisos que se le concedieran a René González ante situaciones lamentables como la que acaba de suceder alrededor de Gross. René se encontraba bajo otro régimen penitenciario para entonces, más flexible, ya no era un recluso interno, como sí lo es aún Alan, por lo cual no cabe la comparación en este caso. En cambio la situación por la que pasó Gerardo Hernández Nordelo ante la muerte de su madre sí está directamente conectada con la de Gross, al estar ambos cumpliendo su sanción penal con internamiento.
Ayer martes 18 de junio Jen Psaki, asistente de la portavoz del Departamento de Estado, fue interrogada sobre el asunto y lo que deseo destacar es su respuesta ante la siguiente pregunta: ¿Ustedes (se refiere a la administración Obama) tienen que proveer algunas garantías para asegurar su retorno a Cuba? Psaki respondió tajante: “No entraré en un nivel mayor de detalle en ese punto”. Antes, Psaki decía que la aceptación del permiso humanitario era un gesto (muy político y sentimental término) que el gobierno cubano debía conceder a Gross.
Acá entró a jugar una cuestión puramente táctica para Cuba, y en la cual la estrategia seguida estuvo supeditada a nuestros intereses y también a la historia de traiciones a los gestos positivos que hemos tenido respecto a Estados Unidos desde 1959, que no se conocen del todo. Pero además, ¿por qué Psaki no se refirió a las garantías que debe ofrecer su gobierno? Cuba podía, sí, mover ficha, y esperar que esto tuviera una repercusión positiva en los actores políticos de cara a una normalización de las relaciones, que es más enrevesada de lo que se piensa, porque los objetivos primarios de Estados Unidos para Cuba no han cambiado. Era un riesgo, y soberanamente todo parece indicar que se decidió no correrlo.
Deseamos que el asunto de Gross tenga una solución positiva, pero también tenemos nuestras aspiraciones y el gobierno de los Estados Unidos sabe a quiénes se enlazan ellas cuando hablamos de Gross. Algunos miembros del Congreso lo tienen muy claro. Al menos eso parece indicar esta frase con la que terminó una declaración del senador Patrick Leahy el pasado 8 de Abril al referirse, entre otras cuestiones, a la situación de Alan Gross y la solución a su caso: “Hay un camino para resolverlo, hay un amplio precedente para hacerlo, y es nuestro interés nacional”.
El punto clave está en que Estados Unidos abandone su obcecada postura de exigir desde lo alto. Esa postura también, lo sabe el senador Leahy, tiene un amplio precedente, y está lleno de fracasos.
Tomado del Blog CubaXDentro
@blogcubaxdentro
Imagen agregada RCBáez
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