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viernes, 24 de julio de 2015

Apuntes para una cartografía en torno al debate del término Afrocubano/a

Martí, al que muchos llaman "el más universal de todos los cubanos" escribió en 1893 "Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro. En los campos de batalla, muriendo por Cuba, han subido juntas por los aires las almas de los blancos y de los negros. En la vida diaria de defensa, de lealtad, de hermandad, de astucia, al lado de cada blanco, hubo siempre un negro". Mucho más que un siglo después, aún es un tema que ocupa el interés de los hombres:
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Apuntes para una cartografía en torno al debate del término Afrocubano/a.
Por Alberto Abreu*

En los últimos tiempos la impugnación del término afrocubano se ha colocado como un lugar común en diferentes intervenciones de intelectuales cubanos. Los intentos por descalificar este término provenientes, casi siempre, del ámbito académico institucional, y los argumentos esgrimidos por sus detractores trascienden la dimensión terminológica, y vehiculan un grupo de cuestiones relativas a la preservación de la identidad nacional, la historia de la nación y la unidad de la Revolución Cubana. Desde luego que tales impugnaciones no resultan nuevas. Me recuerdan la reacción que hacia finales de la década del ochenta produjo en el paisaje intelectual cubano el encuentro de un grupo de jóvenes artistas e intelectuales con los postulados teóricos del post estructuralismo y la post modernidad, y los descalces de aquella generación emergente a ciertos marcos analíticos, paradigmas teóricos, así como al monolitismo de sentido, las percepciones enclaustradas del sujeto y la identidad nacional heredadas de los años setenta, las cuales se tornaban inoperante para analizar estos nuevos gestos culturales. Sobre la manera en que, tiempo después, esa misma academia recicló hasta hacer suyos tales presupuestos, discursos y obras -presentándolos, en muchas ocasiones, como una conquista suya-, es otra historia que no puede hacernos olvidar aquellas tensiones y encarnizados debates que, en el marco de las luchas interpretativas y en el plano de las relaciones saber-poder atravesaron el campo cultural cubano de la segunda mitad de los ochenta y primeros años de la década del noventa. En primer lugar, porque una zona importante de aquellas poéticas emergentes (René Peña, Armando Mariño, Douglas Pérez, Elio Rodríguez, Belkis Ayllón, Pedro Álvarez, el método de actuación trascendente de Tomás González, la cultura hip hop) interpelaban las políticas de representación, hasta entonces vigentes, sustentadas en un sujeto nacional homogéneo, al tiempo que se abrían a provocadoras representaciones del cuerpo racializado negro, deconstruyendo un grupo de mitos arraigados en el imaginario popular. 

Compulsadas por esa fascinación posmoderna por los bordes, la alteridad, la carnavalización, el neohistoricismo y la disolución de las fronteras entre lo culto y lo popular, estas obras desmontaban ciertos silencios, estrategias de reducción que habían devenido en signo de la centralidad del poder del blanco frente al sujeto negro/a o mulato/a.

Sin embargo, ya entrado el nuevo milenio se produce un desplazamiento de estos análisis y debates, hasta entonces enunciados desde el campo de las presentaciones simbólicas y el discurso sobre el arte y la literatura, al campo de las ciencias sociales, lo que trajo consigo la aparición de nuevas voces, textos o proyectos socio-culturales que, desde disciplinas como la historia, la antropología, la etnografía, jerarquizaron el abordaje de estas problemáticas. A ellos habría que sumarle otras cuestiones relativas a los paradigmas y el status teórico-metodológico de estas disciplinas para encarar esos nuevos desafíos provenientes de los imaginarios y sujetos subalternos, de la memoria contada desde el poder o desde la perspectiva del otro. Lo anterior resulta válido para entender por qué los debates sobre el término afrocubano/a, dentro del campo intelectual cubano de hoy, no sólo remiten -una manera u otra- a ciertos vacíos, momentos de tensión e irresolución simbólica dentro nuestra memoria nacional, sino que también necesariamente competen al status teórico de nuestras ciencias sociales, y sobre todo a las luchas que se libran en el espacio de las relaciones saber-poder.

    Por estas razones, a pesar de que algunos –como suele ser ya un lugar común en este tipo de debates culturales- intenten presentar al término afrocubano/a como peyorativo, erosionador de la identidad nacional, dicho rótulo se coloca como el lugar teórico que describe y donde se dilucidan un grupo de fricciones entre la viejas y las nuevas epistemologías raciales. Lo que intento decir, es que más allá de los afeites políticos, de implante neoliberal, etc., con que intentan ser presentado por algunos de sus detractores, los debates alrededor del vocablo afrocubano/a no son más que otro capítulo de las tantas luchas interpretativas libradas en la historia del campo intelectual cubano, donde lo que está en juego son relaciones de saber o lo que Pierre Bourdieu, en “La fuerza de la representación”, llama: “el monopolio respecto al poder de hacer ver y hacer creer, hacer conocer y hacer reconocer”. Así lo sugieren muchos de estos textos que vienen germinando desde los bordes del saber institucional, y en los que se advierten la impronta deconstructiva de los estudios subalternos y decoloniales, la crítica cultural y el pensamiento afrofeminista frente a la voluntad centrista y unificadora de una academia que en nombre el conocimiento verdadero se afana en domesticar, ordenar, jerarquizar gestos culturales, sujetos e imaginarios que antes proscribió por iletrados, no cultos. El posicionamiento que en este sentido asumen los hablantes en estas discusiones nos ayuda a entender por qué en estas discusiones algunas voces oficialmente resultan más visibles que otras.

A manera de resumen considero, que un análisis de las discusiones sobre el término afrocubano/a en el campo cultural cubano del nuevo milenio, presupone: historiar la evolución e itinerarios que describe este término en su tránsito por el campo intelectual cubano de los siglos XX y XXI, auscultado aquellos momentos en que el mismo ha servido como mecanismo explicativo a nuestros procesos históricos-culturales. Llama la atención como tanto el térmico afrocubano/a como la ideología del mestizaje, de una forma u otra, deben su nacimiento o puesta en circulación a las mismas coyunturas históricas. Basta repasar las páginas de la Revista de Avance para constatar como Alfredo Zamora en su reseña “Eduardo Abela, pintor cubano” (1928), al referirse a la representación del negro en la pintura de este artista habla de: la complejidad del alma afrocubana. De igual forma Fernando Ortiz, quien empleó el término en reiteradas ocasiones, nos habla de: “Los afrocubanos dientemellados” (1929), de “Cuentos afrocubanos” (1929), “De la música afrocubana…” (1934), etc. De igual forma el rótulo identificó a instituciones como la Sociedad de Estudios Afrocubanos, dirigida por Ortiz y la revista Estudios Afrocubanos. Ballagas en su “Mapa de la poesía negra americana”, (1946) se refiere a las habilidades del letrado blanco para captar el “espíritu afro-cubano”. El vocablo también figura en los estudios de Rómulo Lachatañeré. Aunque, según afirma el investigador Tomás Fernández Robaina, el término fue criticado por Nicolás Guillén y Alberto Arredondo,  sin embargo, es precisamente Gustavo Urrutia, amigo cercano de Guillén, quien lo dota de nuevos sentidos y de un horizonte de significado que dialoga con los propuestos posteriormente por Ortiz en su estudio “Por la integración cubana de blancos y negros” (1959). La genealogía que, en este estudio, Ortiz construye de dicho vocablo remonta su empleo, entre nosotros, a 1847.

 Después de estos datos que, de manera sucinta, acabo de ofrecer resulta incongruente y hasta paradójico que quienes, en la actualidad, apelen a la descalificación de este término, sean los mismos que defienden el pensamiento transculturador de Ortiz, la mulatez de Guillén, o los travestismos y canibalismos culturales a los que apeló la corriente poética conocida como poesía negra, mulata, afrocubana o afroantillana. Desde luego, que a nadie se le ocurriría decir que en Fernando Ortiz el empleo del vocablo afrocubano, desde el punto de vista sintáctico, es defectuoso, ni que el mismo es un constructo llegado de la academia norteamericana, o un intento de trasladar metodologías foráneas para explicar nuestros procesos, ni mucho menos calificarlo de implante del neoliberalismo. Como si en la historia de nuestra modernidad periférica fueran nuevos estos ademanes de reciclajes, citas, apropiaciones y contra-apropiaciones que intentan dotar de nuevos sentidos y de un carácter propio ideas, tendencias y conductas culturales generadas en contextos centrales.
Lógico que los contornos semánticos de dicho vocablo no se han mantenido estáticos, sino que han ensanchado a otras inflexiones y recombinaciones. En 1966, en un texto entregado para un número especial de la revista Casa de las Américas (no. 36-36), dedicado a la presencia de África en América, Fernando Ortiz estratégicamente vuelve a reposicionar el término al hablar de una cocina afrocubana, en ese mismo número aparece un ensayo de Julio Le Riverend, quien propone el concepto de Afroamérica, retomado posteriormente (1992) por Nancy Morejón en su ensayo ¿Afroamérica, ¿la invisible?”.
Finalmente pregunto: si en las comunidades intelectuales de América Latina y el Caribe, donde el término es reciente, el mismo ha sido abrazado sin reticencia, ¿por qué en Cuba sigue despertando tantos recelos? ¿Qué razones se enmascaran detrás de los mismos? Lo cierto es que quiérase o no: afrocubano/a no es un simple vocablo, sino del espacio teórico que la tradición del pensamiento antirracista y descolonizador cubano construyó a lo largo del siglo XX. El lugar de enunciación desde el cual se han articulado y re-pensando los vínculos de racialidad negra con la identidad nacional, nuestra historia y cultura.  
*Alberto Abreu Arcia: Narrador, ensayista, curador y crítico cultural.
 Nota: Este trabajo fue publicado el pasado año, pero me animan a su difusión recientes mensajes recibidos desde otros países, que impugnan el término afroamericano por considerarlo sinónimo de desarraigo y esclavitud.
 
Imagen tomada del blog Salir a la manigua
 Recomiendo además la lectura de Ética, ciencia verdadera y liberación en un pensamiento ejemplarmente antirracista, por Roberto Fernández Retamar

martes, 11 de febrero de 2014

¿Es el trabajo comunitario una de las vías más efectivas para mantener el socialismo en la Cuba de hoy?

Por F. Ulloa* 
 

Al resumir el acto por el 55 Aniversario del Triunfo de la Revolución, el pasado 1ro de enero de 2014 en Santiago de Cuba, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, concluyó su intervención recordando una frase de Fidel cuando sentenció: “Cincuenta y cinco años después, en el propio lugar, podemos repetir con orgullo: ¡La Revolución sigue igual, sin compromisos con nadie en absoluto, solo con el pueblo!”

Históricamente, las comunidades conformadas por ese valeroso pueblo al que se refirieron Fidel y Raúl han desempeñado un importante rol en las diferentes etapas por las que ha transitado nuestro país en la construcción del proyecto social actual.

Al triunfar la Revolución las grandes masas populares, con bajo nivel cultural e históricamente marginadas, no estaban preparadas para insertarse en un proceso de participación social para la toma de decisiones. Por eso, una de las primeras medidas revolucionarias fue la campaña de alfabetización y la educación popular de adultos, que requirió del apoyo comunitario para la identificación de las necesidades en esa dirección y de los recursos humanos que podía implementar ese programa.

Las transformaciones revolucionarias de índole política, social y económica, tanto en la ciudad como en el campo, requerían del apoyo y participación de las comunidades por lo que se crean diferentes organizaciones como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), entre otros que, junto a instituciones y organismos, llevan adelante los programas de la Revolución y tienen como base de sustentación un trabajo comunitario de amplia participación popular, con grandes movilizaciones a la agricultura, a la construcción de obras sociales, por solo mencionar algunas.

También debemos recordar las acciones realizadas por parte de los primeros instructores de arte, artistas, funcionarios de cultura, siendo significativo el trabajo del Cine Móvil del ICAIC y el Grupo de Teatro Escambray, trasladando a las comunidades enseñanzas valiosas en el campo del arte y la literatura, lo que ponía al pueblo en una mejor situación para comprender y asimilar la cultura. De igual forma ocurrió con Salud Pública que es considerada pionera del trabajo en las comunidades en Cuba.

Debe resaltarse que en las primeras décadas, el pueblo se movilizó guiado por líderes y promotores, realizando acciones de gran significación en el fortalecimiento de las bases de la Revolución Cubana.

Los acuerdos del Primer Congreso del Partido celebrado en 1975, unido a la aprobación en el año 1976, mediante referendo popular, de la Constitución Socialista y su puesta en práctica, impulsan el desarrollo sociocultural y económico del país.
En 1976, con la implementación de la nueva división política administrativa se crearon 14 provincias y 169 municipios, desaparece la estructura regional, aumenta la extensión de los municipios y se produce un proceso de descentralización.

Posteriormente, motivado por la propia práctica de la gobernabilidad, se detectan consecuencias negativas en este tipo de organización localizadas en lo democrático y la participación del pueblo en la satisfacción de las necesidades y solución de problemas. Ante esta situación, a nivel de dirección del país se plantea la necesidad de una forma intermedia de gobierno, que respondiera de forma más directa a la población y que estuviera ubicada antes que el eslabón municipal.
En el año 1988, se constituyeron los Consejos Populares que tienen como objetivos, garantizar una representación del Estado en la comunidad, que vele por la eficiencia de la producción y los servicios y asegure la participación de la población en la fiscalización y control de la actividad de las entidades estatales y privadas, que conozca las necesidades e inquietudes de los miembros y a la vez que ofrezca el apoyo necesario para su solución.

A partir de allí, se comienzan a desarrollar numerosas experiencias de trabajo comunitario y es cuando se manifiesta la necesidad de profundizar en materia de investigación comunitaria, siendo las universidades e instituciones como Cultura y Educación las que comienzan a desarrollar proyectos para la investigación y la intervención desde nuevos presupuestos.

El período especial modificó el balance del tejido social cubano. La depresión de todos los indicadores sociales convertía en urgente el tratamiento de los problemas de forma puntual e integral, en el mismo medio social donde los sujetos demandaban solidaridad, cooperación, mayor espacio de participación y gestión eficiente para la satisfacción adecuada de sus necesidades.

Tratando de satisfacer necesidades espirituales,  a través de acercar más el arte al pueblo, en un escenario tan difícil como el que se vivía en esos años, la UNEAC creó en 1993, los coordinadores municipales, artistas que se responsabilizaron con la coordinación del trabajo y la acción artística de todos los creadores que residían en sus municipios.

De tal forma, a la respuesta que se daba a las situaciones concretas de la población desde las instituciones culturales, educacionales, de salud, encargadas de velar por la seguridad y la asistencia social, el desarrollo cultural y recreativo, etcétera, donde cada entidad intentaba cumplir con sus funciones, a pesar de la escasez de recursos materiales y de formación suficiente de recursos humanos para lograrlo, comenzó a denominársele trabajo comunitario.

Esta definición tan empírica no encontró mucha resistencia en los medios académicos de las ciencias sociales dentro del país, debido al incipiente desarrollo que en esta dirección se había alcanzado; de esto se desprendió una fragmentación de la labor en la comunidad, la cual ha sido objeto de preocupación de funcionarios e investigadores sociales, que aunque ha encontrado propuestas estructurales y metodológicas para su superación, aún espera por una solución cabal.

Estas condiciones hacen que los conceptos de participación social e integración tomen un carácter más dinámico desarrollándose diversas experiencias al utilizar las potencialidades de las comunidades en cuanto a recursos materiales, humanos y la implementación de las acciones de organismos y organizaciones que de alguna manera inciden sobre el desarrollo y educación de las comunidades.

Tal coyuntura coadyuvó al reforzamiento de la política científica del Estado en torno a la salida práctica de las investigaciones, ocupando lugares destacados en los documentos oficiales los términos impacto social y trabajo comunitario.

Entonces, en ese contexto, la acepción de trabajo comunitario se develaba como una manera de expresar la continuidad del paradigma que anima al proyecto social cubano en términos de plenitud del desarrollo humano y justicia social, ahora con la carga de perfeccionamiento que demandan los niveles de protagonismo y democratización de nuestra sociedad, en consonancia con las nuevas y críticas circunstancias de la década de los ´90.

Esto no excluía la política científica en todas las ramas del saber, extrapolándose e interpretándose el concepto comunidad, en muchos casos, como el espacio social donde se aplicaba concretamente el desarrollo científico para el bien común, o simplemente, la comunidad se identificaba con la sociedad en general; esta es una visión que aún encuentra seguidores.

Ezequiel Ander-Egg, estudioso del tema que visitó el país hace un tiempo, se refiere en diferentes publicaciones, relacionadas con la organización y desarrollo de las comunidades, a la necesidad de lograr el autodesarrollo a partir del protagonismo de los propios actores.

Con el surgimiento y desarrollo de la Batalla de Ideas se desarrollan múltiples programas dirigidos a elevar la cultura de la población y su masividad por lo que se requirió de nuevas formas de participación de las comunidades en la solución de sus problemas, se produce un enriquecimiento del contenido de conceptos como: participación, integración, coordinación y aprendizaje, formando parte del núcleo de acciones y eventos protagonizados por los actores sociales, expresión máxima de la praxis-transformadora de la sociedad.

En apretada síntesis se ha tratado de describir el desarrollo del trabajo comunitario en nuestro país, con el objetivo de hacer notar que el momento en que vivimos ahora no se parece en nada a los anteriores. Para nadie es un secreto que los jóvenes de hoy son los nacidos en el período especial, con una marcada influencia de padres, también jóvenes, que en los últimos 20 años han visto interrumpidas algunas de sus aspiraciones y proyectos de vida. Ambos, padres e hijos, no han tenido la oportunidad de cumplir aquellas tareas que marcaron y definieron a la juventud de las décadas de los 60, 70 y 80, desarrollándose en el período más difícil de la Revolución.

Si a esto unimos los errores cometidos en distintos sectores que contribuyeron a debilitar los valores sociales, y la lógica confrontación con visitantes de otros países -muchos de ellos solidarios pero provenientes de un modo de vida capitalista- que se da a través del incremento del turismo y la solidaridad con otros pueblos así como la mayor posibilidad de acceder a las nuevas tecnologías: mp3, mp4, dvd, internet, teléfonos móviles, memorias flash, Facebook, Twitter, etc., a través de los cuales se recibe y circula cualquier información.
Adiciónese, la difícil situación económica que favorece la transmisión por televisión de series que promueven lo peor de los modelos pseudoculturales, de modos de vida reduccionistas, simplificadores, banales, que no se encargan de preparar al pueblo para interactuar de manera inteligente, lúcida, con los circuitos contemporáneos de transmisión de la información y nos convierte en ávidos receptores de toda banalidad simplificadora, favoreciendo así la elaboración de proyectos de vida basados en una falsa conciencia, podrá comprenderse el interés de Estados Unidos en destinar más fondos para la contrarrevolución en Cuba, tratando de crear una “disidencia” entre jóvenes de distintos sectores que tienen una nueva forma de manifestarse y por ende una mayor influencia sobre una parte de esa juventud que no tiene una sólida formación revolucionaria y que viven en nuestras comunidades.

En un cable confidencial, fechado el 15 de abril de 2009, emitido en La Habana por la Sección de Intereses de Estados Unidos y en cuyo asunto se consigna “Los Estados Unidos y el papel de la oposición en Cuba”, el representante del gobierno norteamericano en nuestro país refiere que: “…dado el hecho de que el gobierno de Raúl Castro en Cuba parece dejar establecida su no disputada autoridad internamente, vale la pena preguntarse qué está haciendo la oposición política y qué papel puede representar en el futuro, y que, ellos (los disidentes) tienen poco contacto con los cubanos más jóvenes y su mensaje se está haciendo obsoleto, no ofrece atracción a ese segmento de la sociedad….”

Más adelante expresa el mensaje: “…los jóvenes, incluyendo bloggers, músicos y artistas de la plástica no se relacionan con reconocidas organizaciones (disidentes), aunque son más propensos a tomar posiciones de “rebeldía” que les acarrean mayor atracción popular…”

Como se puede leer, el extenso cable, dado a conocer por Wikileaks, revela la importancia que los personeros del Imperio en La Habana le confieren al trabajo con los jóvenes y dentro de ellos la prioridad que para la subversión tiene la acción que pueda hacer el gobierno norteamericano y sus mercenarios sobre aquellos más proclives a asumir posiciones de rebeldía y de mayor atracción popular.

Otra noticia publicada el 15 de junio de 2011 en el Blog Cuba en Miami decía textualmente: “Después de varios enfrentamientos entre fuerzas políticas de los Estados Unidos, la Agencia Estadunidense para el Desarrollo Internacional (USAID) ha anunciado la creación de tres proyectos para promover la democracia en Cuba a los cuales destinará 21 millones de dólares. El dinero será distribuido de la siguiente manera, 6 millones para promover proyectos que ayuden a facilitar el libre acceso de los cubanos a la información utilizando nuevas tecnologías y medios tradicionales, 6 millones para fomentar la libertad de expresión y 9 millones a iniciativas para hacer a miembros de comunidades locales, barrios u otros grupos más conscientes de sus derechos y responsabilidades cívicas para participar plenamente en el desarrollo democrático de Cuba“.

En noviembre de 2013, el Nuevo Herald “filtró” documentos de la USAID en los que se demuestra que el gobierno de los Estados Unidos tiene un plan concreto para derribar el gobierno cubano. Los documentos no estaban clasificados como secretos, pero contenían información detallada sobre programas del gobierno de EEUU para ayudar a disidentes cubanos. Solicitudes extremadamente detalladas de un programa de 6 millones de dólares para entrenar a líderes emergentes de los sectores no gubernamentales de Cuba. La Agencia para el Desarrollo Internacional de EEUU (USAID) usó por error una línea no codificada para enviar los documentos a diplomáticos estadounidenses en La Habana.
Así, se conoce que a través de esta agencia, en el último año, se ha distribuido una gran cantidad de dinero para los siguientes fines:

•  $750,000 para promover los derechos humanos y la democracia en Cuba
•  $250,000 para ayudar a los familiares de los supuestos presos políticos (por ejemplo, a las llamadas damas de blanco y las recientemente creadas damas de apoyo)
•  $500,000 para los que luchan para liberar a los supuestos presos políticos.
•  $900,000 para Freedom House. Una organización que por 10 años fue dirigida por Frank Calzón. El dinero sería para fortalecer a los líderes de la supuesta oposición: artistas, músicos y bloggers. Con un cínico énfasis en los afrocubanos
•  $400,000 para el Institute for Sustainable Communities. 

Para tratar de “identificar a los nuevos líderes de la comunidad cubana” y ayudarlos en su campaña publicitaria y política. O sea, casi medio millón de dólares para que Washington identifique a los nuevos líderes a quienes les repartirán la plata.

•  $200,000 para fortalecer supuestamente a las redes de apoyo que Washington ha creado en Cuba. Proveer equipos y entrenamiento para ellas.
•  $2, 600,000 para Development Associates Inc. Con el propósito de ampliar la red de apoyo cubana que Washington ha creado y promover el mensaje de Miami hacia Cuba.
•  $2, 000,000 para apoyar grupos afines a Washington en Cuba, especialmente ciertas mujeres y afrocubanos, para promover la iniciativa individual económica (es decir, el capitalismo).
•  $2, 500,000 para Creative Associates. Una organización que está activa clandestinamente ampliando la red social para buscar apoyo hacia un cambio político en la isla, utilizando especialmente el desarrollo de la “iniciativa individual económica de las mujeres y los afrocubanos”.
•  $2, 900,000 para promover, bajo la tutela del Departamento de Estado, la libre expresión en la isla: especialmente entre ciertos artistas, músicos, escritores, periodistas y bloggers.
•  $500,000 para que individuos vinculados a grupos religiosos o espirituales defiendan su derecho para la libertad de religión.
•  $500,000 para promover una determinada política laboral en la isla y generar “presión internacional contra el gobierno cubano para que reforme sus leyes laborales”.
•  $350,000 para ejercer influencia sobre ciertos grupos de la sociedad civil cubana, “especialmente a las mujeres que suelen ser explotadas sexualmente”.
•  $500,000 para las ONGs y otras organizaciones vinculadas a Washington.
•  $1, 150,000 para adiestrar a ciertas organizaciones, incluyendo periodistas y bloggers en Cuba para utilizar las nuevas tecnologías comunicacionales.
•  $2, 500,000 para administrar los programas de este presupuesto.

 De igual forma se conoce que el gobierno de los Estados Unidos, para el año fiscal que transcurre entre el 1 de octubre de 2013 y el 30 de septiembre de 2014, aprobó  una “inversión” para “la promoción de la democracia en Cuba”, de la siguiente forma:

- $ 13, 069,219 dólares para programas relacionados con la sociedad civil y los medios de comunicación.
- $ 2, 959,342 de los derechos humanos.
- $ 3, 971,439 dólares para el apoyo y la administración del programa.
TOTAL: 20 MILLONES DE DÓLARES

De ellos:

259 342 dólares, para ayudar a los activistas a distribuir “la información independiente no censurada a nivel popular” y también respaldará el envío actual de ayuda humanitaria.
1 350 000 dólares, para darle “la oportunidad a los líderes comunitarios en Cuba de experimentar directamente las libertades fundamentales como la libertad de expresión y de asociación, y cómo se ejercen estas libertades en un contexto abierto y democrático”.
500 000 dólares se utilizarán para “elevar la conciencia de los asuntos que afectan a los afrocubanos y respaldar el desarrollo de una red de grupos afrocubanos independientes en Cuba”.
1 470 026 dólares continuarán apoyando la actual ayuda relacionada con la “capacitación de la comunidad a través de la acción”.
895 184 dólares destinados al “fortalecimiento de la sociedad civil a través de la participación a nivel de comunidad”. El programa contribuye a fomentar la capacidad de liderazgo de los activistas cubanos y la autoconfianza a nivel de comunidad y está diseñado para “crear una base sólida para que perdure la sociedad civil independiente”.
1 399 351 dólares, para desarrollar con seguridad la preparación de los activistas y la sociedad civil para satisfacer las necesidades de su comunidad. “Los activistas podrán ofrecerles a los participantes el modelo de una conducta democrática, al crearles expectativas de la posibilidad de un futuro donde sea posible una relación de verdadera colaboración entre los ciudadanos y los funcionarios locales para solucionar las necesidades de la comunidad”. El programa tiene como objetivo continuar aumentando la capacidad de los cubanos para que estén mejor preparados para “abogar por la solución de las necesidades de la comunidad y así incrementar las expectativas y la responsabilidad de un mejor gobierno”.

1 704 658 dólares, se utilizará para facilitar la producción y distribución de materiales audiovisuales e impresos y respaldar la organización de talleres, discusiones, círculos de lectura y debates para infundir el pensamiento crítico. El programa también incluirá el “adiestramiento especializado según la demanda” sobre liderazgo, tecnología, educación y superación vocacional.
500 000 dólares, que ayudará a los activistas a aprender cómo capacitar a las comunidades y contribuirá a ejercer presión para establecer un “sistema de justicia independiente no político”.

Como puede apreciarse, la mayor parte del dinero que el gobierno de los Estados Unidos envía para la “promoción de la democracia en Cuba” se destina al trabajo en las comunidades. Por lo tanto, en este contexto, con un bloqueo que se arrecia, asediados, amenazados constantemente, y en medio de la institucionalización, de ajustes internos del país y de una batalla crucial contra las indisciplinas, el delito y la corrupción, se demuestra la importancia que tiene, en las circunstancias actuales desarrollar el trabajo comunitario.

Si queremos mantener la identidad nacional, que es sinónimo de independencia y libertad, ante esos modelos pseudoculturales que se nos imponen y nosotros mismos transmitimos y promovemos por los medios de comunicación masivos y las cada vez más crecientes intensiones, sutiles y no tan sutiles, de los vecinos del norte de “apagar” la Revolución, tenemos que defender la cultura popular tradicional y para ello no queda otro camino que no sea priorizar el trabajo comunitario. Espacio que dejemos libre nosotros, lo ocupará el enemigo.

No es por gusto que la Ley No. 1 de Cuba es la de la Protección al Patrimonio Cultural de la Nación y que la No. 2 sea la Ley de los Monumentos Nacionales y Locales o que en la Ley 106, del Sistema Nacional de Museos, se refuerce esta idea dentro de las funciones de los mismos, tampoco es por gusto que el No. 163 de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, entre otras cosas dice: “Continuar fomentando la defensa de la identidad, la conservación del patrimonio cultural (…) enriquecer la vida cultural de la población y potenciar el trabajo comunitario como vías para satisfacer las necesidades espirituales y fortalecer los valores sociales.”

Asunto que se reafirma con los Objetivos aprobados en la Primera Conferencia del Partido, al referirse el No. 59 a “Garantizar que los proyectos culturales, dirigidos a nuestro pueblo, se diversifiquen, enriquezcan la vida espiritual en las comunidades, revitalicen las tradiciones, lleguen a los lugares más recónditos y excluyan enfoques mercantilistas u otros de diferente naturaleza que distorsionen la política cultural” y el No. 61 a “Promover a escala masiva, mediante el trabajo integrado de las instituciones culturales, medios de comunicación, directores de programas, espectáculos, artistas e intelectuales, instructores de arte y promotores, la capacidad de apreciación artística y literaria y el fomento de valores éticos y estéticos, así como la erradicación de manifestaciones de chabacanería y mal gusto que atenten contra la dignidad de las personas y la sensibilidad de la población.

Sin embargo, para citar solo un ejemplo de lo que ocurre en uno de los organismos que debe realizar trabajo comunitario, en el Consejo Nacional de la UNEAC, efectuado el 24 de junio de 2010, el propio MINCULT, al rendir cuenta del estado de cumplimiento de los acuerdos del VII Congreso de la UNEAC, reconoce como una de las principales dificultades la “Insuficiente comprensión de la función de las casas de cultura como institución coordinadora e integradora de los actores sociales del territorio cuya acción se relaciona con la vida cultural”

Y es que dentro del propio Ministerio de Cultura, no solo realiza trabajo comunitario el sistema de Casas de Cultura con todos sus instructores de artes, sean o no de la Brigada “José Martí”, lo hacen también las Empresas de la Música, las instituciones de las Artes Escénicas, del Instituto Cubano del Libro y los centros provinciales, las Bibliotecas Públicas, los Museos, las Galerías de las Artes Plásticas, el ICAIC y los centros provinciales del cine, la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la Enseñanza Artística, el Sistema Empresarial de la Cultura (ARTEX, la EGREM, el FCBC) y la UNEAC; pero cada cual lo hace a su manera, sin una intencionalidad e integración como sistema.

Peor es cuando esa integración debe ocurrir entre todos los que he mencionado con actores que no son del sistema de la cultura, como los Trabajadores Sociales, los CDR, la FMC, Educación, Salud, el INDER, la Gastronomía, el Poder Popular, entre otros, lo cual sólo se logra en aquellos casos donde se ejecuta un proyecto comunitario y no siempre existe la misma comprensión por parte de las autoridades que tienen que tomar determinadas decisiones al respecto. Podrá existir o no un proyecto, pero lo que si debe haber siempre es trabajo comunitario.

Y ese trabajo comunitario debe estar estimulado por una mayor vinculación de promotores culturales e instructores de arte con maestros y profesores de instituciones educativas, las que se necesita proyecten más su rol educativo y cultural hacia la comunidad.

Los mayores problemas que enfrentamos para realizar un acertado trabajo comunitario que conlleve al desarrollo local, están, en mi opinión, en la insuficiente sensibilidad y comprensión por los cuadros de la importancia que tiene este trabajo y en la falta de integración, coordinación y cooperación entre los actores que actúan o que deben actuar en una comunidad, acción que pudiera liderar el Delegado de la Circunscripción o el Presidente del Consejo Popular en el que están enclavados.

Es el momento de resolver los problemas subjetivos señalados, para incrementar, a pesar de los escasos recursos y las limitaciones económicas, el número de actividades de calidad en las comunidades, no solo en el verano, sino todo el año; es el momento de hacer más actividades variadas en los museos para atraer hacia ellos más visitantes, es el momento de preservar y cuidar todo el patrimonio para evitar que se pierda o que salga del paísa; es el momento de exigir a quien corresponda que hay que atender, mantener y utilizar la tarjas y monumentos; es el momento de investigar y socializar más los resultados de esas investigaciones; es el momento de que todas las instituciones educativas proyecten adecuadamente su rol educativo y cultural hacia la comunidad y se conviertan realmente en el centro cultural más importante de la misma; es el momento de evitar las ingenuidades políticas: es el momento de preparar mejor ideológicamente a nuestros cuadros y trabajadores, para que estos a su vez tengan una mayor influencia en la población.

Es el momento de divulgar más lo que se hace y a la vez establecer o consolidar espacios de crítica a las cosas mal hechas que ocurren cotidianamente, es el momento de pensar cómo hacemos mejor lo que hemos venido haciendo hasta ahora, es el momento de elaborar un programa de trabajo que prevea qué hacer ante la presencia de la contrarrevolución o ante cualquier provocación en cualquiera de nuestras comunidades e instituciones, cómo fortalecer las áreas más débiles, qué hacer con las personas más vulnerables, cómo utilizar a los líderes positivos.

Es vital para la Revolución preservar y utilizar a favor de ella, lo logrado hasta hoy y todo lo mejor que podamos hacer de ahora en adelante, para eso la dirección del Partido cuenta y confía en el pueblo.

En su ensayo “La Cigarra y la Hormiga: un remake al final del milenio”, Abel Prieto alerta: “Nada habríamos adelantado los revolucionarios cubanos si algún día, derrotado el bloqueo, salimos de la crisis, y alcanzamos cierta “abundancia” económica para descubrir entonces que se nos ha vaciado el alma: que tenemos hombres y mujeres “prósperos” y embrutecidos por ese “bullicio” zoológico que vio Martí en el modelo yanqui; hombres y mujeres sin cultura, sin coherencia ni densidad espiritual, sin memoria ni Patria…”

El Estado y el Gobierno tienen hoy el reto de interpretar, interiorizar y ejecutar lo que se expresa al respecto en los documentos rectores del Partido y lo que aquí se ha expuesto y el gran privilegio y la oportunidad de adoptar los acuerdos que impulsen este empeño, conociendo de antemano que preservar la identidad nacional, a través del Trabajo Comunitario, es preservar a la Patria para las futuras generaciones, razón más que suficiente para afirmar que EL TRABAJO COMUNITARIO ES UNA DE LAS VÍAS MÁS EFECTIVAS PARA MANTENER EL SOCIALISMO EN LA CUBA DE HOY.

*Analista cultural

Bibliografía
 Almaguer, R. y otros: Cuaderno de Trabajo. Comunidad y desarrollo. Teoría y práctica de nuestros días, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, La Habana, Cuba, 2001.
Ander-Egg, E.: Metodología y práctica del desarrollo de la comunidad, B. Aires, Humanitas, Argentina (1982), 338 pp.
________________: El desafío de la reconceptualización, Ediciones Humanitas, España, 1984.
________________: Cómo elaborar un proyecto comunitario. En: http://comunidadinnycia.guadalinfo.es/sites/default/files/2012_bib_22_ander_egg_y_aguilar_como_elaborar_proyecto_2.pdf. Consulta: 19 de noviembre de 2013
Apuntes para un debate. Informe presentado por la Dirección Nacional de la Asociaión Hermanos Saíz en el Consejo Nacional de diciembre de 2011
Barrios Montes, O. Para una definición del trabajo comunitario desde la Extensión Universitaria. En:http://www.redivu.org/docs/publicaciones/Barrios_Montes_Osvaldo_definicion_extension.pdf. Consulta: 13 de julio de 2010
Breve valoración del trabajo realizado por las principales instituciones de la cultura, desde el VII Congreso de la UNEAC hasta el presente. Informe presentado por el MINCULT al Consejo Nacional de la UNEAC, el 24 de junio de 2010
Castro Ruz, R.: Discurso pronunciado en el acto de conmemoración del 55 Aniversario del triunfo de la Revolución en el parque Carlos Manuel de Céspedes, Santiago de Cuba, 1ro de enero de 2014. Periódico Granma, 2 de enero 2014, págs. 3, 4 y 5.
Fontana, Y. ¿Filtración?. En: http://www.yohandry.com/index.php/component/content/article/49-yohandry/2416-2013-11-19-15-26-33. Consulta: 19 de noviembre de 2013
Gómez Labrada, A. R. Tendencias históricas en el proceso de educación comunitaria en cuba. En: http://innovacion.ciget.lastunas.cu/index.php/innovacion/article/viewFile/43/39. Consulta: 13 de julio de 2010
Informe de la Comisión Cultura y Sociedad. VII Congreso de la UNEAC. Habana 2008
Ley No. 1/77, Ley de Protección al Patrimonio Cultural
Ley No. 2/77, Ley de los Monumentos Nacionales y Locales
Ley No. 91/88, Ley de los Consejos Populares
Ley No. 106/09, Ley del Sistema Nacional de los Museos de la República de Cuba
Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución
Morales Aguilera, N. Cómo invirtió EE.UU los últimos 20 millones de dólares para la subversión en Cuba. http://islamiacu.blogspot.com/2013/11/como-invirtio-eeuu-los-ultimos-20.html#sthash.L5WEYKXg.dpuf. Consulta: 23 de noviembre de 2013
Objetivos de la Primera Conferencia Nacional del Partido
Prieto, A.: La Cigarra y la Hormiga: un remake al final del milenio, en Fundar es nuestra tarea. 6 intervenciones sobre política cultural, Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 2012

Montaje fotográfico sobre fotos de José Luis, del Blog Adicto a los viajes y de Abel Padrón, Cubadebate

viernes, 18 de enero de 2013

De la derecha o de la izquierda

Por Hugo Chinea Cabrera*

“[...] los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica
es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente”
José Martí
La vida y la historia parecen confirmar que los hombres más avanzados han estado  siempre del lado del progreso social, esto es, de la izquierda.

En Cuba lo muestra con creces el hecho de que aquellos Iluminados, devenidos Patriotas, cuando las ideas y los movimientos políticos a los que se habían asociado interpretando el interés nacional no funcionaron, tomaron la vía de las armas. De Céspedes a Martí, de Martí a Fidel Castro, abiertamente de izquierda.

El hecho se repite, esta vez por la vía es electoral, a escala de nuestra geografía latinoamericana.

No pocos en el mundo nacieron en cunas de oro y renunciaron a sus riquezas y a su clase e interpretando la voluntad de sus pueblos pusieron sus destinos del lado de los más pobres y desvalidos, de las mayorías, es decir,  de la izquierda.  

Con independencia de las adscripciones teóricas a las corrientes de pensamiento y de asociación, todo hombre progresista, por definición, es un hombre de izquierda.

Estar hoy con las mayorías es ser de izquierda.

Hoy la izquierda es más visible que nunca debido a la existencia de una tecnología que permite la difusión de pensamientos y acciones con la rapidez del segundo. También identificar aquellos que de tanto girarla se da la mano izquierda con la derecha; y a los de la derecha, con toda la gama de matices, de  moderada a  ultra.

En esta especie de selva mediática contemporánea en la que va y viene el concepto de derechas e izquierdas, se debate el enfoque de los derechos humanos.

Convenientemente, la derecha global ha creado sus instituciones para tutelar y juzgar, a su antojo y conveniencia, cómo se cumple en cada país, excepto en los suyos propios: la Europa y el Imperialismo yanqui en crisis, los sacrosantos derechos humanos.

Los enemigos de la Revolución cubana mantienen una movilización permanente en su empeño por desacreditarla, y los derechos humanos es uno de sus caballitos de batalla.

Por eso, cuando fabrican un truco novedoso o surge algún desacostumbrado en Cuba, se lanzan con todos los hierros, mueven sus peones, saturan los medios con campañas de falacias y medias verdades, e incluso sorprenden en su buena fe a personalidades no suficientemente al tanto de la vida social y política del país.

Esa filosofía de la derecha contra Cuba consiste en ver siempre sólo manchas, nunca los empeños del país, pobre, bloqueado por cincuenta años, que sobrevive a brazo partido en la lucha por su soberanía, se reforma para bien, colabora desinteresadamente con otros pueblos y cuya virtud más universal es, precisamente, el cuidado por la vida.  

El principal derecho humano del hombre es su derecho a existir, derecho por demás sin el cual ningún otro tendría sentido.

Sería demasiado pedir a los medios, blogueros contra y adláteres, afectos a la derecha, enjuiciar gobiernos y figuras responsables por los apaleamientos contra hombres y mujeres que protestan defendiendo sus derechos arrebatados por el capital financiero internacional en las capitales de los países más industrializados de Europa y de Estados Unidos, o por la reacción que en diferentes países asesina dirigentes y periodistas honestos cuyo único delito es defender a sus conciudadanos de la ilegalidad y la barbarie.

Parece ser que la familiaridad cotidiana de tales y tan numerosos crímenes no son noticias suficientes como para hacer cruzadas a favor de que cese el terror en el planeta por parte de los poderosos. En cambio basta que ocurra algo desusado en Cuba para que truenen las famosas siete trompetas de los siete sacerdotes de Jericó.

Asociado inicialmente a las revoluciones burguesas en Inglaterra y Francia durante los siglos XVII y XVIII, y a sus corrientes de pensamiento respecto al papel del Estado, el gobierno y su relación con el individuo y la sociedad, el término Derechos Humanos, ha incorporado notables aportes a los derechos constitucionales, algunos de ellos recogidos en prácticamente todas las constituciones de los Estados modernos.

Corresponde a Hobbe, Locke, Rosseau y Montesquieu el impulso fecundo. Luego del holocausto nazi y de la creación de las Naciones Unidas, los Derechos Humanos han adquirido total representación y validez universal.

Cuba, que cumple crecidamente con los Derechos Humanos consensuados en los documentos respecto a la vida, la educación, cultura, trabajo, y otros derechos pertinentes, se inscribe, consecuentemente, en lo que los especialistas consideran en la actualidad Tercera Generación de los derechos humanos.

Tal concepto trata de la inclusión de materias globales vinculadas con la colaboración, la paz, el medio ambiente, el desarrollo y otros, que por su naturaleza supranacional demandan una adecuada interrelación de países y en cuya práctica concreta Cuba incursiona desde hace muchos años.

Como un juicio de consenso latinoamericano, y más allá, el ex presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula Da Silva, se refirió recientemente a Cuba, calificándola como el país “especialista en colaboración”    

Cuba no es perfecta. Hoy está enfrascada en su perfeccionamiento económico, institucional y político.

En cambio es una sociedad que ha dejado bien atrás aquella  herencia de los que con las manos en los bolsillos buscaban trabajo para librar el sustento del día y el hambre, el hambre de verdad, que campeaba por sus respetos; donde estudiar era un verdadero dolor de cabeza, mucho más acudir a un médico, atenderse  un dolor, una infección, una simple operación, sacarse unas piezas dentales y dejar la cajetilla sin dientes para cuando se pudiera hacer una prótesis, un día de éstos, “cuando hubiera dinero”

Es aquél mismo país de los tiempos muertos en el campo y de los desalojos, de los bohíos destartalados, de los niños llenos de parásitos, de la guardia rural, del plan de machete, del robo al erario público, de la politiquería y la corruptela, de la ausencia absoluta de esperanza en el futuro…

Es el país de los que saben leer y escribir y fundar una pedagogía inédita, el “Yo, Si Puedo”, un sistema para la enseñanza de analfabetos que ya da la vuelta al mundo sembrando libertades en millones de seres humanos que despiertan al saber y a la vida civilizada. Y donde la investigación científica y sus resultados crecientes están dispuestos para el bienestar y salud de todos los ciudadanos del mundo, incluyendo a los norteamericanos, fomenta la Escuela de Medicina Latinoamericana -que se expande por todo el continente-, y no por latinoamericana y científica tiene el prestigio que tiene sino por ser, al mismo tiempo, expresión de una ética nueva, cimentada en la consagración profesional, humanista, solidaria, desinteresada e internacionalista.

Es el mismo país donde Virgilio Piñera escribió y envió aquella memorable carta a Fidel:
“Utilizando una locución popular, nosotros, los escritores cubanos somos “la última carta de la baraja”, es decir, nada significamos en lo económico, lo social y hasta en el campo mismo de las letras. Queremos cooperar hombro con hombro con la Revolución, mas para ello es preciso que se nos saque del estado miserable en que nos debatimos. ¿Quiere usted un ejemplo entre muchos? Cuando un escritor cubano se dirige al director de un periódico a fin de que este le publique un artículo, la más de las veces obtiene rotunda negativa y hasta es tildado de raro. Y si acaso es complacido, que ni piense por un momento que su trabajo será pagado. Esta es la verdad y esta nuestra situación. Si como usted ha dicho, el cubano es muy inteligente y si nosotros somos lo uno y lo otro, es preciso que la Revolución nos saque de la menesterosidad en que nos debatimos y nos ponga a trabajar. Créanos, amigo Fidel: podemos ser muy útiles.1 (Diario Libre, sección Arte y Literatura, 14 de marzo de 1959, p.2)

El mismo donde no había  centros e instituciones para el estudio y desarrollo del talento artístico al alcance de todo ciudadano. Ni eventos de alcance mundial en las artes y las letras, ni Premios Nacionales de Historia, Ciencias Sociales, Edición, Artes Plásticas, Literatura, Teatro, Televisión, Radio, y más…” Era, vamos a ver…”, el país de la indigencia.

Es hoy otra Cuba. Aquél pasado ya, definitivamente, no convive con nosotros, pero puede, ¡cómo no!, regresar en las banderas de los reconquistadores, de una derecha aberrada y aberrante para la cual el principal derecho humano es el suyo propio.

Pareciera que el signo de estos Tiempos de Revolución tiene la complejidad política de la simpleza: de la Derecha o de la Izquierda.


*Sociólogo cubano; ejerció como periodista y dirigió algunos órganos de prensa nacionales fundamentalmente en su arista cultural. Jurado de diversos premios e instituciones culturales, significativamente podemos señalar el Premio Casa de las Américas. Durante casi una década, dirigió la Sección de Cultura del Departamento de Ciencia, Cultura y Centros Docentes del Comité Central. Parte de su obra narrativa ha sido publicada en antologías cubanas, latinoamericanas y en otros países. Recientemente obtuvo el Premio de Teatro del Concurso Literario Benito Pérez Galdós, auspiciado por el Gobierno de Canarias y la Asociación Canaria de Cuba.
Imagen agregada RCBáez

lunes, 1 de octubre de 2012

Estados Unidos sin autoridad moral ni política para enjuiciar a Cuba


PALABRAS DEL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE LA REPÚBLICA DE CUBA, BRUNO RODRIGUEZ PARRILLA, EN EL DEBATE GENERAL DEL 67 PERÍODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU. NUEVA YORK, 1RO. DE OCTUBRE DE 2012.

Felicito al Excelentísimo Señor Vuk Jeremic por su elección como Presidente de esta Asamblea

Señor Presidente:

Nunca antes, América Latina y el Caribe se habían expresado con tanta fuerza y unidad como en la llamada “Cumbre de las Américas”, que excluyó nuevamente a Cuba por imposición del gobierno de los Estados Unidos, celebrada en abril, en Cartagena de Indias.

La soberanía argentina de las Malvinas, que nuestro país apoya fervientemente, y el cese del bloqueo a Cuba fueron los ejes de un pronunciamiento que demostró que la Patria Americana de Bolívar, “Nuestra América” de Martí, ha entrado en una nueva época, en el siglo de su definitiva independencia.

Meses antes, precisamente en Caracas, había ocurrido la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). “Ningún otro hecho institucional de nuestro hemisferio durante el último siglo refleja similar trascendencia”, escribió al respecto el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

Sabemos que la CELAC aún deberá ser construida en los hechos para que nuestros pueblos puedan “andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”, pero definitivamente, América Latina y el Caribe han cambiado y se propone hacer una contribución mayor al “equilibrio del mundo”.

Sin embargo, no podrían subestimarse las amenazas, los peligros ni los obstáculos.

La política de Estados Unidos hacia nuestra región, con gobiernos demócratas o republicanos es, en esencia, la misma. Las promesas del 2009 que hizo el actual Presidente no se cumplieron. La voracidad por nuestras riquezas, la imposición de modelos, cultura, pensamiento y la injerencia en nuestros asuntos no cesan.

Aunque se hable del “poder inteligente” y se utilicen nuevas y fabulosas tecnologías, prevalecen el enfoque de seguridad y el despliegue militar, en vez de una relación democrática y de beneficio mutuo entre Estados soberanos e iguales.

En circunstancias de crisis económica global, agotamiento de recursos y nuevo reparto del mundo, la OTAN continúa percibiendo a nuestra región como periferia euro-atlántica, donde se puede intervenir para asegurar intereses, incluso ilegítimos.

Las inminentes elecciones en la hermana República Bolivariana de Venezuela serán decisivas para el destino común de la región. Al pueblo venezolano y a su líder, el Presidente Chávez, expresamos toda nuestra solidaridad ante los intentos de desestabilización que se avizoran.

Los poderes que gobiernan en los Estados Unidos cometerían un gravísimo error, de consecuencias impredecibles, si alentaran revertir por la fuerza las conquistas sociales de nuestros pueblos.

Con discreción y modestia, Cuba siempre ha contribuido a la paz en Colombia, dio todo su apoyo a las conversaciones exploratorias confidenciales realizadas a lo largo del año en La Habana y así lo hará como Garante y Sede del proceso de diálogo entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que se avecina.

“Nuestra América” permanecerá mutilada mientras Puerto Rico, nación latinoamericana y caribeña, no sea independiente, causa que tiene nuestro mayor apoyo.

Señor Presidente:

No se parece el mundo de hoy a aquel que auguraban los redactores de la Carta de las Naciones Unidas, sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, cuando resolvían preservar a nuestras generaciones del flagelo de la guerra, proteger los derechos fundamentales del ser humano y la igualdad entre naciones grandes y pequeñas; fomentar la justicia, la dignidad y el progreso social.

Ahora se promueve, sin disimulo, el derrocamiento de gobiernos mediante el uso de la fuerza y la violencia, se impone el “cambio de régimen” desde Washington y otras capitales de la OTAN, y se libran guerras de conquista por el control de recursos naturales y zonas de importancia estratégica.

El gobierno de los Estados Unidos y algunos de Europa han decidido el derrocamiento del gobierno sirio, para lo cual han armado, financiado y entrenado a los grupos opositores, incluido el uso de mercenarios.

Gracias, fundamentalmente, a la firme oposición de Rusia y China, no ha sido posible manipular al Consejo de Seguridad, para imponer la fórmula intervencionista aplicada en aventuras bélicas recientes.

Cuba reafirma el derecho del pueblo sirio al pleno ejercicio de la autodeterminación y la soberanía, sin injerencia ni intervención extranjera de ningún tipo. Para ello, han de cesar la violencia, las masacres y los actos terroristas que han ocasionado un alto número de pérdidas de vidas inocentes. Tiene que terminar también el trasiego de armas y dinero a los grupos insurgentes y la vergonzosa manipulación mediática de la realidad.

Corresponde a la Asamblea General usar todas sus facultades para promover una solución pacífica a la situación que desgarra a la nación árabe e impedir que se desate una agresión militar extranjera con graves consecuencias para todo el Medio Oriente.

La Asamblea General debe actuar resueltamente en el reconocimiento del Estado palestino, como miembro pleno de la Organización de las Naciones Unidas, con sus fronteras anteriores a 1967 y su capital en Jerusalén Oriental; y ha de hacerlo ya, con o sin el Consejo de Seguridad, con veto estadounidense o sin él, con o sin nuevas negociaciones de paz.

Señor Presidente:

La crisis económica global, que hoy se manifiesta con particular crudeza en Europa, refleja la incapacidad de los gobiernos y las instituciones para resolver un problema que requiere replantearnos los fundamentos del actual sistema de relaciones económicas internacionales que solo sirve para expoliar a los países subdesarrollados.

Las duras consecuencias de la crisis en el mundo desarrollado y de las fallidas políticas hasta ahora adoptadas para intentar detenerla, siguen descargándose sobre los trabajadores, la creciente masa de desempleados, los inmigrantes y los pobres, cuyos movimientos de protesta son brutalmente reprimidos.

Los augurios de una nueva espiral en los precios de los alimentos, como resultado de la sequía que afecta a gran parte de América del Norte, amenaza con hacer todavía más crítica la situación de inseguridad alimentaria mundial.

Avanza también la destrucción del medio ambiente, se acelera la pérdida de la biodiversidad y el equilibrio natural de los ecosistemas, mientras que la agudización de los patrones de producción y consumo irracionales, la marginación de más de la mitad de la población mundial y la ausencia de medidas globales para detener el avance del cambio climático, suponen un riesgo cada vez mayor para la integridad física de naciones enteras, particularmente los pequeños Estados insulares.

Frente a estos colosales retos, cabría preguntarse qué puede justificar que, veinte años después de concluida la llamada “Guerra Fría”, el gasto militar se haya casi duplicado para alcanzar la astronómica cifra de 1.74 millones de millones de dólares. Como ha advertido el Presidente Raúl Castro Ruz, ¿contra qué enemigo se usarán esas armas? ¿Servirán para eliminar a las masas de pobres que no soporten más su pobreza o para enfrentar incontenibles migraciones de sobrevivientes?

En estas circunstancias, urge salvar la Organización de las Naciones Unidas y, al mismo tiempo, someterla a profunda reforma para ponerla al servicio de todos los Estados igualmente soberanos y sustraerla de las arbitrariedades y doble rasero de unos pocos países industrializados y poderosos.

Deben hacerse prevalecer con determinación el Derecho Internacional y los Propósitos y Principios de la Carta, restablecer el papel central de la Asamblea General y refundar un Consejo de Seguridad democrático, transparente y verdaderamente representativo.

La Cumbre del Movimiento de Países No Alineados se celebró exitosamente en Teherán y reafirmó sus posiciones en la defensa de la paz, la independencia y la igualdad soberana de los Estados, la justicia, el derecho al desarrollo, la soberanía sobre los recursos naturales, el desarme general y completo, en particular el desarme nuclear; y reafirmó el derecho al uso de la energía nuclear con fines pacíficos. A la Presidencia del Movimiento daremos todo nuestro concurso.

Señor Presidente:

El 31 de julio pasado, el Departamento de Estado de los Estados Unidos incluyó nuevamente a Cuba en su lista unilateral y arbitraria de Estados patrocinadores del terrorismo internacional.

El verdadero propósito de mantener a Cuba en ese listado espurio es fabricar pretextos para endurecer la persecución de nuestras transacciones financieras y justificar la política de bloqueo, que ha provocado invaluables daños humanos y económicos por un millón de millones de dólares, al valor actual del oro.

Los Estados Unidos no tienen la más mínima autoridad moral ni política para enjuiciar a Cuba.

Es conocido que el gobierno norteamericano ha utilizado el terrorismo de Estado como un arma de su política contra Cuba, que ha provocado 3 478 muertes y 2 099 discapacitados entre nuestros compatriotas, al tiempo que ha cobijado a decenas de terroristas, algunos de los cuales aún hoy viven libremente en ese país, mientras mantiene en prolongado e inhumano encarcelamiento o retiene cruel y arbitrariamente en su territorio a los cinco luchadores antiterroristas cubanos.

Cuba rechaza enérgicamente la utilización de un tema tan sensible como el terrorismo con fines políticos y demanda que el gobierno de los Estados Unidos deje de mentir y ponga fin a este vergonzoso ejercicio, que ofende al pueblo cubano, a la comunidad internacional y desacredita la causa de la lucha contra el terrorismo.

Reiteramos a los Estados Unidos, en vísperas de sus elecciones, nuestra indeclinable vocación de paz y el interés de avanzar hacia la normalización de las relaciones mediante el diálogo, en pie de igualdad y con pleno respeto a nuestra independencia.

Con toda certeza, ocurra lo que ocurra, nuestro pueblo, “con todos y por el bien de todos”, persistirá en el camino escogido hasta “conquistar toda la justicia”.

Muchas gracias.

Fuente Cubadebate y Youtube



jueves, 9 de agosto de 2012

Cuba: Este viernes, debate online sobre los jóvenes y sus derechos

Por AINen la sección

La Habana, agosto 8.- A un debate online sobre los jóvenes y sus derechos, en qué medida se conocen, garantizan y respetan, abrirá sus puertas este viernes, de 10 de la mañana y hasta el mediodía, la versión digital del periódico Juventud Rebelde.

Excelente oportunidad para compartir información y opiniones, contrastar realidades, reflexionar y hallar respuestas, será este foro interactivo, una de las muchas acciones previstas en Cuba a propósito del 12 de agosto, Día Internacional de la Juventud.

Durante esas dos horas y desde la Redacción Digital del “diario de la juventud cubana”, especialistas del Ministerio de Justicia y del Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), de la Unión de Jóvenes Comunistas, dialogarán con cibernautas dentro y fuera de la Antilla Mayor.

Temas para el intercambio serán, por ejemplo, los derechos sexuales y reproductivos, acceso a una educación gratuita y de calidad y al empleo, inmunización ampliada y servicios básicos de salud, protección, no violencia y educación en una cultura de paz, libertad de expresión, participación y toma de decisiones.

Otros derechos no menos importantes, como los referidos a la alimentación, recreación y constitución de una familia, también tendrán cabida, precisó a la AIN la Master en Ciencias Ana Isabel Peñate, subdirectora del CESJ, y alentó a los jóvenes a participar en este foro y a enriquecer con sus propuestas el temario.

De hecho, varios comentarios han sido “colgados” ya por los lectores en la página web del periódico, en respuesta a la convocatoria, y uno tras otro van llegando los mensajes al correo digital@juventudrebelde.cu , aseguró.

La de hoy es la generación joven más numerosa en la historia humana, y satisface poder contribuir, con iniciativas como esta, a generar el diálogo, la reflexión, movilización y toma de conciencia en torno a realidades terribles y elementales derechos vulnerados e, incluso, negados a millones en todo el planeta, enfatizó. 

jueves, 2 de agosto de 2012

Cuba: La conceptualización del modelo económico

Por Jesús Arboleya Cervera


LA HABANA - Aunque apenas mencionado en las noticias relacionadas con el evento, uno de los asuntos más relevantes de la recién finalizada Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba, fue el anuncio de la prioridad que le concede el gobierno a la “conceptualización del modelo económico” que se aspira implantar en el país.

De lo aprobado hasta ahora, pueden asumirse algunas premisas que estarán contenidas en esta conceptualización: la empresa estatal como célula fundamental de la economía, aunque coexistiendo con otras formas de propiedad, cuyos niveles de capitalización estarán limitados por una política progresiva de impuestos; la planificación como elemento rector de la economía y su coexistencia con una ampliación del mercado interno bajo condiciones de oferta y demanda; la descentralización administrativa y el establecimiento de criterios básicamente económicos para el funcionamiento de las empresas estatales y la adopción de un código de trabajo que será discutido con todos los trabajadores.

Sin embargo, es de suponer que esta conceptualización no se limite a exponer criterios organizativos para el funcionamiento de la economía, sino, tal y como se infiere de lo dicho por el presidente Raúl Castro, de lo que se trata es de establecer las “principales líneas del desarrollo sostenible”, con vista a dejar de pensar “solo en la supervivencia” y esclarecer tanto las metas del país como la manera de alcanzarlas.

En definitiva, lo que se propone es diseñar un modelo para el sistema socialista cubano partiendo de la realidad actual, lo cual, además de constituir una necesidad vital para el país, sería un aporte que enriquecería la actualización de la “teoría del socialismo”, puesta en crisis como resultado de la debacle del antiguo campo socialista europeo.   

Hasta entonces considerado por muchos el único modelo válido de “construcción socialista”, al desaparecer la URSS, algunos anunciaron la muerte definitiva de la alternativa socialista. No fue así, pero resulta evidente que los proyectos socialistas actuales adolecen de una teoría que le sirva de sustento al proyecto político, lo cual no solo dificulta su implementación, sino la movilización del pueblo en función de su realización.   

En el caso de Cuba, aún está pendiente un análisis objetivo de la experiencia que constituyó su integración al campo socialista, ya que, al margen de sus insuficiencias y errores, constituyó un intento relativamente exitoso de cooperación entre países que se planteaban funcionar bajo normas distintas a las impuestas por el orden capitalista mundial y, bajo estas condiciones, la economía cubana alcanzó uno de los indicadores más altos de América Latina, haciendo posible universalizar el acceso a la educación, la salud pública y la asistencia social, lo que originó un desarrollo humano sin parangón en el Tercer Mundo, así como la certidumbre de las perspectivas del modelo, a partir de la cual se articuló la resistencia que explica su supervivencia. Por lo que se trata de un proyecto integracionista recuperable en muchos sentidos.

Algunos analistas enfatizan los defectos de este proyecto, el cual estuvo condicionado por la implantación de tecnologías atrasadas, alto gasto de combustible, poca productividad del trabajo y criterios igualitaristas que frenaban los incentivos laborales; así como deformaciones administrativas, generadoras de una inmensa burocracia, resultante de la excesiva centralización estatal de la economía.

Aunque tales problemas no dejan de ser ciertos y precisamente a resolverlos están destinadas las actuales reformas, en mi opinión, eran superables dentro del esquema integrador del mercado socialista, si ese mundo no hubiera desaparecido como resultado de sus propias contradicciones, lo que fue más consecuencias de errores políticos que de sus limitaciones económicas, dando lugar a la crisis sufrida por Cuba en los años 90, lo que originó la necesidad de transformar sustancialmente el modelo económico existente en el país.

La crisis, por demás, obligó a restringir el discurso político a las metas de “salvar los logros del socialismo y preservar la soberanía nacional”, objetivos legítimos en ese momento, pero, al extenderse en el tiempo, generaron un vacío de expectativas particularmente nocivo para el compromiso de la juventud, toda vez que no dejaba claro los objetivos hacia el futuro y las normas socialistas que debían regir los avances individuales y colectivos.

Está claro que el socialismo cubano no puede ser concebido como antes se concibió, pero esto no es un defecto, sino una virtud, ya que,  aunque desconocida por los dogmáticos, su adecuación a la práctica constituye una virtud del socialismo. Ello implica que no tiene sentido pretender un “modelo único” para el socialismo como sistema, sino que cada país tendrá que adaptarlo a sus condiciones concretas y lo que  cuenta es la tendencia, un hecho esencialmente político, porque está demostrado que la economía no se regula por si misma y ni siquiera el avance económico garantiza las reformas sociales a las que aspira el sistema.

No descubro nada al afirmar que en el avance hacia el desarrollo parejo de la sociedad, solo alcanzable mediante una distribución social de la riqueza y la formación de una conciencia colectiva respecto a sus metas, radica la utopía del socialismo. El problema es cómo concretarlo, por lo que creo que el aporte fundamental de Cuba a este empeño sería demostrar su viabilidad y esclarecer sus principios básicos.

Sin duda, ello constituirá un esfuerzo intelectual en el que tendrán que involucrarse especialistas de muy diversas ramas del saber, pero no cumpliría su cometido si la conciencia popular, mediante la activa participación de todos, no lo convierte en un proyecto de vida para la mayoría de los cubanos.  De aquí la importancia política e ideológica que tendría una adecuada “concreción del modelo económico cubano”, el cual, por su propia naturaleza, debe constituir el proyecto para el futuro de la nación.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.

jueves, 19 de abril de 2012

El oxígeno del debate

Por José Alejandro Rodríguez

 

En medio de un país cada vez más heterogéneo, el socialismo cubano desestima hoy esa obsoleta e inviable unanimidad que pretendió en años de excesivos verticalismo y centralización, y navega en las aguas retadoras de los consensos y las discrepancias, sin hacerle el juego ingenuamente a los que, adentro y afuera, desean desarticular cualquier vestigio de Revolución.

Claro que es muy complejo rediseñar una sociedad, sin referentes ya consumados de socialismo, un sistema tan joven y aún a gatas frente a siglos de pícaro y camaleónico capitalismo. Lo más fácil sería derruirlo todo con la receta neoliberal, para después empezar a vivir lo más difícil y retrotraerse al pasado. Y tampoco sirve ya el modelo de socialismo real que fracasó en Europa, del cual Cuba asumió grises e inoperantes herencias, que hoy necesita soltar como lastres, para empinarse en un progreso efectivo y no solo en palabras y deseos.

La intolerancia contumaz, a la derecha más torcida de la política, sataniza a Cuba, haga lo que haga. Y le exige pluripartidismo, como si esta fuera la kryptonita del supermundo. Esa fustigadora nunca va a aceptar que el país ya lleve un tiempo mirándose por dentro y exorcizando gradualmente sus atavismos, dogmas y fracasos, sin remover las buenas savias que corren por sus venas, esas que lo han traído hasta aquí, y no aceptarían “transfusiones” incompatibles con los ideales de justicia, saber, luz y bienestar para todos.

Respetuoso del criterio adverso, y discrepante de quienes a lo interno en Cuba pretenden estandarizar los estados de opinión, no pido permiso ni a unos ni a otros para afirmar que en mi país cobra cada vez más fuerza el debate de los asuntos domésticos.

Los cambios que se registran en la economía y en la sociedad, aunque lentos  para muchos, ya comienzan a tocar zonas sensibles de la vida y del inventario y el imaginario del cubano. Y esas transformaciones nacieron de un debate popular en torno a los Lineamientos Económicos y Sociales del Partido Comunista de Cuba. Un ágora plural convocada por un solo Partido. ¿Podrá negársele a Cuba que intente enhebrar la diversidad desde los cimientos de la unidad nacional, frente a enemigos tan poderosos?

El propio presidente Raúl Castro ha llamado a la discrepancia y el debate, pero ese estilo, que no caos sino elucidación colectiva, no puede quedar en lo abstracto o en la mera ocasión de una convocatoria. Tiene que hacerse carne y sangre de la vida cotidiana.  Todo el sistema de Gobierno cubano, desde el barrio hasta el Parlamento, está desafiado a dejar atrás la tranquila complacencia de las concordancias que no ven ni oyen lo que pasa a tu lado, mirando a los celajes y esperando señales.

En la última reunión ampliada del Consejo de Ministros, el presidente cubano insistió en la necesidad de “discutir cualquier propuesta a todos los niveles, dándole la participación al pueblo”. Y ello afianza la apreciación de que la consulta popular debe ser un estilo sistémico y no ceñirse al sentido instrumental de convocatorias ocasionales.

Claro que los propios cambios en lo que ha dado en llamarse “actualización del modelo económico cubano”, generan inevitablemente transformaciones sociales, en la institucionalidad y en las formas de gobernar; e implican desarrollar mayores espacios de la democracia socialista y de participación popular; y eso le molesta a ciertos inmovilistas ortodoxos adeptos al ordeno y mando. Aún así, es la oportunidad para hacer una revolución dentro de la Revolución, y alcanzar martiana y marxistamente la aspiración de gobernar “con todos y para el bien de todos”.

El otro antídoto contra el voluntarismo y los bandazos, el otro facilitador de un permanente observatorio crítico que preserve a la sociedad de repetir viejos errores y engendrar nuevos fiascos, es la medida en que la conducción de los destinos de la nación y las decisiones –siempre políticas- estén avaladas por criterios y diagnósticos cada vez más científicos. La reciente Conferencia Extraordinaria del Partido refrendó la importancia de ese fundamento científico, y de tener más en cuenta los aportes de la investigación en las ciencias sociales a la hora de la toma de decisiones.

¿Cómo podrá Cuba alcanzar estos objetivos, sin distraerse con el asedio y la hostilidad de quienes se conjuran en negarle la posibilidad del intento desde dentro del socialismo, sin brincar la cerca? ¿Cómo lo hará sin cansarse frente a la resistencia interna de cierta burocracia que aplaude por un lado, y entorpece por el otro, ya en actitud francamente contrarrevolucionaria? Eso lo dirán la vida, la tenacidad, la inteligencia y  el tino de los revolucionarios. Pero hay que dejar a Cuba probarse en el intento.


Tomado de Progreso Semanal/Weekly

Imagen agregada RCBáez