Por F. Ulloa*
Al
resumir el acto por el 55 Aniversario del Triunfo de la Revolución, el
pasado 1ro de enero de 2014 en Santiago de Cuba, el General de Ejército
Raúl Castro Ruz, concluyó su intervención recordando una frase de Fidel
cuando sentenció: “Cincuenta y cinco años después, en el propio lugar,
podemos repetir con orgullo: ¡La Revolución sigue igual, sin compromisos
con nadie en absoluto, solo con el pueblo!”
Históricamente,
las comunidades conformadas por ese valeroso pueblo al que se
refirieron Fidel y Raúl han desempeñado un importante rol en las
diferentes etapas por las que ha transitado nuestro país en la
construcción del proyecto social actual.
Al
triunfar la Revolución las grandes masas populares, con bajo nivel
cultural e históricamente marginadas, no estaban preparadas para
insertarse en un proceso de participación social para la toma de
decisiones. Por eso, una de las primeras medidas revolucionarias fue la
campaña de alfabetización y la educación popular de adultos, que
requirió del apoyo comunitario para la identificación de las necesidades
en esa dirección y de los recursos humanos que podía implementar ese
programa.
Las
transformaciones revolucionarias de índole política, social y
económica, tanto en la ciudad como en el campo, requerían del apoyo y
participación de las comunidades por lo que se crean diferentes
organizaciones como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la
Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños (ANAP), entre otros que, junto a instituciones y
organismos, llevan adelante los programas de la Revolución y tienen como
base de sustentación un trabajo comunitario de amplia participación
popular, con grandes movilizaciones a la agricultura, a la construcción
de obras sociales, por solo mencionar algunas.
También
debemos recordar las acciones realizadas por parte de los primeros
instructores de arte, artistas, funcionarios de cultura, siendo
significativo el trabajo del Cine Móvil del ICAIC y el Grupo de Teatro
Escambray, trasladando a las comunidades enseñanzas valiosas en el campo
del arte y la literatura, lo que ponía al pueblo en una mejor situación
para comprender y asimilar la cultura. De igual forma ocurrió con Salud
Pública que es considerada pionera del trabajo en las comunidades en
Cuba.
Debe
resaltarse que en las primeras décadas, el pueblo se movilizó guiado
por líderes y promotores, realizando acciones de gran significación en
el fortalecimiento de las bases de la Revolución Cubana.
Los
acuerdos del Primer Congreso del Partido celebrado en 1975, unido a la
aprobación en el año 1976, mediante referendo popular, de la
Constitución Socialista y su puesta en práctica, impulsan el desarrollo
sociocultural y económico del país.
En
1976, con la implementación de la nueva división política
administrativa se crearon 14 provincias y 169 municipios, desaparece la
estructura regional, aumenta la extensión de los municipios y se produce
un proceso de descentralización.
Posteriormente,
motivado por la propia práctica de la gobernabilidad, se detectan
consecuencias negativas en este tipo de organización localizadas en lo
democrático y la participación del pueblo en la satisfacción de las
necesidades y solución de problemas. Ante esta situación, a nivel de
dirección del país se plantea la necesidad de una forma intermedia de
gobierno, que respondiera de forma más directa a la población y que
estuviera ubicada antes que el eslabón municipal.
En
el año 1988, se constituyeron los Consejos Populares que tienen como
objetivos, garantizar una representación del Estado en la comunidad, que
vele por la eficiencia de la producción y los servicios y asegure la
participación de la población en la fiscalización y control de la
actividad de las entidades estatales y privadas, que conozca las
necesidades e inquietudes de los miembros y a la vez que ofrezca el
apoyo necesario para su solución.
A
partir de allí, se comienzan a desarrollar numerosas experiencias de
trabajo comunitario y es cuando se manifiesta la necesidad de
profundizar en materia de investigación comunitaria, siendo las
universidades e instituciones como Cultura y Educación las que comienzan
a desarrollar proyectos para la investigación y la intervención desde
nuevos presupuestos.
El
período especial modificó el balance del tejido social cubano. La
depresión de todos los indicadores sociales convertía en urgente el
tratamiento de los problemas de forma puntual e integral, en el mismo
medio social donde los sujetos demandaban solidaridad, cooperación,
mayor espacio de participación y gestión eficiente para la satisfacción
adecuada de sus necesidades.
Tratando
de satisfacer necesidades espirituales, a través de acercar más el
arte al pueblo, en un escenario tan difícil como el que se vivía en esos
años, la UNEAC creó en 1993, los coordinadores municipales, artistas
que se responsabilizaron con la coordinación del trabajo y la acción
artística de todos los creadores que residían en sus municipios.
De
tal forma, a la respuesta que se daba a las situaciones concretas de la
población desde las instituciones culturales, educacionales, de salud,
encargadas de velar por la seguridad y la asistencia social, el
desarrollo cultural y recreativo, etcétera, donde cada entidad intentaba
cumplir con sus funciones, a pesar de la escasez de recursos materiales
y de formación suficiente de recursos humanos para lograrlo, comenzó a
denominársele trabajo comunitario.
Esta
definición tan empírica no encontró mucha resistencia en los medios
académicos de las ciencias sociales dentro del país, debido al
incipiente desarrollo que en esta dirección se había alcanzado; de esto
se desprendió una fragmentación de la labor en la comunidad, la cual ha
sido objeto de preocupación de funcionarios e investigadores sociales,
que aunque ha encontrado propuestas estructurales y metodológicas para
su superación, aún espera por una solución cabal.
Estas
condiciones hacen que los conceptos de participación social e
integración tomen un carácter más dinámico desarrollándose diversas
experiencias al utilizar las potencialidades de las comunidades en
cuanto a recursos materiales, humanos y la implementación de las
acciones de organismos y organizaciones que de alguna manera inciden
sobre el desarrollo y educación de las comunidades.
Tal
coyuntura coadyuvó al reforzamiento de la política científica del
Estado en torno a la salida práctica de las investigaciones, ocupando
lugares destacados en los documentos oficiales los términos impacto
social y trabajo comunitario.
Entonces, en ese contexto, la acepción de trabajo comunitario
se develaba como una manera de expresar la continuidad del paradigma
que anima al proyecto social cubano en términos de plenitud del
desarrollo humano y justicia social, ahora con la carga de
perfeccionamiento que demandan los niveles de protagonismo y
democratización de nuestra sociedad, en consonancia con las nuevas y
críticas circunstancias de la década de los ´90.
Esto
no excluía la política científica en todas las ramas del saber,
extrapolándose e interpretándose el concepto comunidad, en muchos casos,
como el espacio social donde se aplicaba concretamente el desarrollo
científico para el bien común, o simplemente, la comunidad se
identificaba con la sociedad en general; esta es una visión que aún
encuentra seguidores.
Ezequiel
Ander-Egg, estudioso del tema que visitó el país hace un tiempo, se
refiere en diferentes publicaciones, relacionadas con la organización y
desarrollo de las comunidades, a la necesidad de lograr el
autodesarrollo a partir del protagonismo de los propios actores.
Con
el surgimiento y desarrollo de la Batalla de Ideas se desarrollan
múltiples programas dirigidos a elevar la cultura de la población y su
masividad por lo que se requirió de nuevas formas de participación de
las comunidades en la solución de sus problemas, se produce un
enriquecimiento del contenido de conceptos como: participación,
integración, coordinación y aprendizaje, formando parte del núcleo de
acciones y eventos protagonizados por los actores sociales, expresión
máxima de la praxis-transformadora de la sociedad.
En
apretada síntesis se ha tratado de describir el desarrollo del trabajo
comunitario en nuestro país, con el objetivo de hacer notar que el
momento en que vivimos ahora no se parece en nada a los anteriores. Para
nadie es un secreto que los jóvenes de hoy son los nacidos en el
período especial, con una marcada influencia de padres, también jóvenes,
que en los últimos 20 años han visto interrumpidas algunas de sus
aspiraciones y proyectos de vida. Ambos, padres e hijos, no han tenido
la oportunidad de cumplir aquellas tareas que marcaron y definieron a la
juventud de las décadas de los 60, 70 y 80, desarrollándose en el
período más difícil de la Revolución.
Si
a esto unimos los errores cometidos en distintos sectores que
contribuyeron a debilitar los valores sociales, y la lógica
confrontación con visitantes de otros países -muchos de ellos
solidarios pero provenientes de un modo de vida capitalista- que se da a
través del incremento del turismo y la solidaridad con otros pueblos así como la mayor
posibilidad de acceder a las nuevas tecnologías: mp3, mp4, dvd,
internet, teléfonos móviles, memorias flash, Facebook, Twitter, etc., a
través de los cuales se recibe y circula cualquier información.
Adiciónese,
la difícil situación económica que favorece la transmisión por
televisión de series que promueven lo peor de los modelos
pseudoculturales, de modos de vida reduccionistas, simplificadores,
banales, que no se encargan de preparar al pueblo para interactuar de
manera inteligente, lúcida, con los circuitos contemporáneos de
transmisión de la información y nos convierte en ávidos receptores de
toda banalidad simplificadora, favoreciendo así la elaboración de
proyectos de vida basados en una falsa conciencia, podrá comprenderse el
interés de Estados Unidos en destinar más fondos para la
contrarrevolución en Cuba, tratando de crear una “disidencia” entre
jóvenes de distintos sectores que tienen una nueva forma de manifestarse
y por ende una mayor influencia sobre una parte de esa juventud que no
tiene una sólida formación revolucionaria y que viven en nuestras
comunidades.
En
un cable confidencial, fechado el 15 de abril de 2009, emitido en La
Habana por la Sección de Intereses de Estados Unidos y en cuyo asunto se
consigna “Los Estados Unidos y el papel de la oposición en Cuba”, el
representante del gobierno norteamericano en nuestro país refiere que:
“…dado el hecho de que el gobierno de Raúl Castro en Cuba parece dejar
establecida su no disputada autoridad internamente, vale la pena
preguntarse qué está haciendo la oposición política y qué papel puede
representar en el futuro, y que, ellos (los disidentes) tienen poco
contacto con los cubanos más jóvenes y su mensaje se está haciendo
obsoleto, no ofrece atracción a ese segmento de la sociedad….”
Más
adelante expresa el mensaje: “…los jóvenes, incluyendo bloggers,
músicos y artistas de la plástica no se relacionan con reconocidas
organizaciones (disidentes), aunque son más propensos a tomar posiciones
de “rebeldía” que les acarrean mayor atracción popular…”
Como
se puede leer, el extenso cable, dado a conocer por Wikileaks, revela
la importancia que los personeros del Imperio en La Habana le confieren
al trabajo con los jóvenes y dentro de ellos la prioridad que para la
subversión tiene la acción que pueda hacer el gobierno norteamericano y
sus mercenarios sobre aquellos más proclives a asumir posiciones de
rebeldía y de mayor atracción popular.
Otra
noticia publicada el 15 de junio de 2011 en el Blog Cuba en Miami decía
textualmente: “Después de varios enfrentamientos entre fuerzas
políticas de los Estados Unidos, la Agencia Estadunidense para el
Desarrollo Internacional (USAID) ha anunciado la creación de tres
proyectos para promover la democracia en Cuba a los cuales destinará 21
millones de dólares. El dinero será distribuido de la siguiente manera, 6
millones para promover proyectos que ayuden a facilitar el libre acceso
de los cubanos a la información utilizando nuevas tecnologías y medios
tradicionales, 6 millones para fomentar la libertad de expresión y 9
millones a iniciativas para hacer a miembros de comunidades locales,
barrios u otros grupos más conscientes de sus derechos y
responsabilidades cívicas para participar plenamente en el desarrollo
democrático de Cuba“.
En
noviembre de 2013, el Nuevo Herald “filtró” documentos de la USAID en
los que se demuestra que el gobierno de los Estados Unidos tiene un plan
concreto para derribar el gobierno cubano. Los documentos no estaban
clasificados como secretos, pero contenían información detallada sobre
programas del gobierno de EEUU para ayudar a disidentes cubanos.
Solicitudes extremadamente detalladas de un programa de 6 millones de
dólares para entrenar a líderes emergentes de los sectores no
gubernamentales de Cuba. La Agencia para el Desarrollo Internacional de
EEUU (USAID) usó por error una línea no codificada para enviar los
documentos a diplomáticos estadounidenses en La Habana.
Así,
se conoce que a través de esta agencia, en el último año, se ha
distribuido una gran cantidad de dinero para los siguientes fines:
• $750,000 para promover los derechos humanos y la democracia en Cuba
•
$250,000 para ayudar a los familiares de los supuestos presos políticos
(por ejemplo, a las llamadas damas de blanco y las recientemente
creadas damas de apoyo)
• $500,000 para los que luchan para liberar a los supuestos presos políticos.
•
$900,000 para Freedom House. Una organización que por 10 años fue
dirigida por Frank Calzón. El dinero sería para fortalecer a los líderes
de la supuesta oposición: artistas, músicos y bloggers. Con un cínico
énfasis en los afrocubanos
•
$400,000 para el Institute for Sustainable Communities.
Para tratar de
“identificar a los nuevos líderes de la comunidad cubana” y ayudarlos en
su campaña publicitaria y política. O sea, casi medio millón de dólares
para que Washington identifique a los nuevos líderes a quienes les
repartirán la plata.
•
$200,000 para fortalecer supuestamente a las redes de apoyo que
Washington ha creado en Cuba. Proveer equipos y entrenamiento para
ellas.
•
$2, 600,000 para Development Associates Inc. Con el propósito de
ampliar la red de apoyo cubana que Washington ha creado y promover el
mensaje de Miami hacia Cuba.
•
$2, 000,000 para apoyar grupos afines a Washington en Cuba,
especialmente ciertas mujeres y afrocubanos, para promover la iniciativa
individual económica (es decir, el capitalismo).
•
$2, 500,000 para Creative Associates. Una organización que está activa
clandestinamente ampliando la red social para buscar apoyo hacia un
cambio político en la isla, utilizando especialmente el desarrollo de la
“iniciativa individual económica de las mujeres y los afrocubanos”.
•
$2, 900,000 para promover, bajo la tutela del Departamento de Estado,
la libre expresión en la isla: especialmente entre ciertos artistas,
músicos, escritores, periodistas y bloggers.
• $500,000 para que individuos vinculados a grupos religiosos o espirituales defiendan su derecho para la libertad de religión.
•
$500,000 para promover una determinada política laboral en la isla y
generar “presión internacional contra el gobierno cubano para que
reforme sus leyes laborales”.
•
$350,000 para ejercer influencia sobre ciertos grupos de la sociedad
civil cubana, “especialmente a las mujeres que suelen ser explotadas
sexualmente”.
• $500,000 para las ONGs y otras organizaciones vinculadas a Washington.
•
$1, 150,000 para adiestrar a ciertas organizaciones, incluyendo
periodistas y bloggers en Cuba para utilizar las nuevas tecnologías
comunicacionales.
• $2, 500,000 para administrar los programas de este presupuesto.
De
igual forma se conoce que el gobierno de los Estados Unidos, para el
año fiscal que transcurre entre el 1 de octubre de 2013 y el 30 de
septiembre de 2014, aprobó una “inversión” para “la promoción de la
democracia en Cuba”, de la siguiente forma:
- $ 13, 069,219 dólares para programas relacionados con la sociedad civil y los medios de comunicación.
- $ 2, 959,342 de los derechos humanos.
- $ 3, 971,439 dólares para el apoyo y la administración del programa.
TOTAL: 20 MILLONES DE DÓLARES
De ellos:
259
342 dólares, para ayudar a los activistas a distribuir “la información
independiente no censurada a nivel popular” y también respaldará el
envío actual de ayuda humanitaria.
1
350 000 dólares, para darle “la oportunidad a los líderes comunitarios
en Cuba de experimentar directamente las libertades fundamentales como
la libertad de expresión y de asociación, y cómo se ejercen estas
libertades en un contexto abierto y democrático”.
500
000 dólares se utilizarán para “elevar la conciencia de los asuntos que
afectan a los afrocubanos y respaldar el desarrollo de una red de
grupos afrocubanos independientes en Cuba”.
1 470 026 dólares continuarán apoyando la actual ayuda relacionada con la “capacitación de la comunidad a través de la acción”.
895
184 dólares destinados al “fortalecimiento de la sociedad civil a
través de la participación a nivel de comunidad”. El programa contribuye
a fomentar la capacidad de liderazgo de los activistas cubanos y la
autoconfianza a nivel de comunidad y está diseñado para “crear una base
sólida para que perdure la sociedad civil independiente”.
1
399 351 dólares, para desarrollar con seguridad la preparación de los
activistas y la sociedad civil para satisfacer las necesidades de su
comunidad. “Los activistas podrán ofrecerles a los participantes el
modelo de una conducta democrática, al crearles expectativas de la
posibilidad de un futuro donde sea posible una relación de verdadera
colaboración entre los ciudadanos y los funcionarios locales para
solucionar las necesidades de la comunidad”. El programa tiene como
objetivo continuar aumentando la capacidad de los cubanos para que estén
mejor preparados para “abogar por la solución de las necesidades de la
comunidad y así incrementar las expectativas y la responsabilidad de un
mejor gobierno”.
1
704 658 dólares, se utilizará para facilitar la producción y
distribución de materiales audiovisuales e impresos y respaldar la
organización de talleres, discusiones, círculos de lectura y debates
para infundir el pensamiento crítico. El programa también incluirá el
“adiestramiento especializado según la demanda” sobre liderazgo,
tecnología, educación y superación vocacional.
500
000 dólares, que ayudará a los activistas a aprender cómo capacitar a
las comunidades y contribuirá a ejercer presión para establecer un
“sistema de justicia independiente no político”.
Como
puede apreciarse, la mayor parte del dinero que el gobierno de los
Estados Unidos envía para la “promoción de la democracia en Cuba” se
destina al trabajo en las comunidades. Por lo tanto, en este contexto,
con un bloqueo que se arrecia, asediados, amenazados constantemente, y
en medio de la institucionalización, de ajustes internos del país y de
una batalla crucial contra las indisciplinas, el delito y la corrupción,
se demuestra la importancia que tiene, en las circunstancias actuales
desarrollar el trabajo comunitario.
Si
queremos mantener la identidad nacional, que es sinónimo de
independencia y libertad, ante esos modelos pseudoculturales que se nos
imponen y nosotros mismos transmitimos y promovemos por los medios de
comunicación masivos y las cada vez más crecientes intensiones, sutiles y
no tan sutiles, de los vecinos del norte de “apagar” la Revolución,
tenemos que defender la cultura popular tradicional y para ello no queda
otro camino que no sea priorizar el trabajo comunitario. Espacio que
dejemos libre nosotros, lo ocupará el enemigo.
No
es por gusto que la Ley No. 1 de Cuba es la de la Protección al
Patrimonio Cultural de la Nación y que la No. 2 sea la Ley de los
Monumentos Nacionales y Locales o que en la Ley 106, del Sistema
Nacional de Museos, se refuerce esta idea dentro de las funciones de los
mismos, tampoco es por gusto que el No. 163 de los Lineamientos de la
Política Económica y Social del Partido y la Revolución, entre otras
cosas dice: “Continuar fomentando la defensa de la identidad, la
conservación del patrimonio cultural (…) enriquecer la vida cultural de
la población y potenciar el trabajo comunitario como vías para
satisfacer las necesidades espirituales y fortalecer los valores
sociales.”
Asunto
que se reafirma con los Objetivos aprobados en la Primera Conferencia
del Partido, al referirse el No. 59 a “Garantizar que los proyectos
culturales, dirigidos a nuestro pueblo, se diversifiquen, enriquezcan la
vida espiritual en las comunidades, revitalicen las tradiciones,
lleguen a los lugares más recónditos y excluyan enfoques mercantilistas u
otros de diferente naturaleza que distorsionen la política cultural” y
el No. 61 a “Promover a escala masiva, mediante el trabajo integrado de
las instituciones culturales, medios de comunicación, directores de
programas, espectáculos, artistas e intelectuales, instructores de arte y
promotores, la capacidad de apreciación artística y literaria y el
fomento de valores éticos y estéticos, así como la erradicación de
manifestaciones de chabacanería y mal gusto que atenten contra la
dignidad de las personas y la sensibilidad de la población.
Sin
embargo, para citar solo un ejemplo de lo que ocurre en uno de los
organismos que debe realizar trabajo comunitario, en el Consejo Nacional
de la UNEAC, efectuado el 24 de junio de 2010, el propio MINCULT, al
rendir cuenta del estado de cumplimiento de los acuerdos del VII
Congreso de la UNEAC, reconoce como una de las principales dificultades
la “Insuficiente comprensión de la función de las casas de cultura como
institución coordinadora e integradora de los actores sociales del
territorio cuya acción se relaciona con la vida cultural”
Y
es que dentro del propio Ministerio de Cultura, no solo realiza trabajo
comunitario el sistema de Casas de Cultura con todos sus instructores
de artes, sean o no de la Brigada “José Martí”, lo hacen también las
Empresas de la Música, las instituciones de las Artes Escénicas, del
Instituto Cubano del Libro y los centros provinciales, las Bibliotecas
Públicas, los Museos, las Galerías de las Artes Plásticas, el ICAIC y
los centros provinciales del cine, la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la
Enseñanza Artística, el Sistema Empresarial de la Cultura (ARTEX, la
EGREM, el FCBC) y la UNEAC; pero cada cual lo hace a su manera, sin una
intencionalidad e integración como sistema.
Peor
es cuando esa integración debe ocurrir entre todos los que he
mencionado con actores que no son del sistema de la cultura, como los
Trabajadores Sociales, los CDR, la FMC, Educación, Salud, el INDER, la
Gastronomía, el Poder Popular, entre otros, lo cual sólo se logra en
aquellos casos donde se ejecuta un proyecto comunitario y no siempre
existe la misma comprensión por parte de las autoridades que tienen que
tomar determinadas decisiones al respecto. Podrá existir o no un
proyecto, pero lo que si debe haber siempre es trabajo comunitario.
Y
ese trabajo comunitario debe estar estimulado por una mayor vinculación
de promotores culturales e instructores de arte con maestros y
profesores de instituciones educativas, las que se necesita proyecten
más su rol educativo y cultural hacia la comunidad.
Los
mayores problemas que enfrentamos para realizar un acertado trabajo
comunitario que conlleve al desarrollo local, están, en mi opinión, en
la insuficiente sensibilidad y comprensión por los cuadros de la
importancia que tiene este trabajo y en la falta de integración,
coordinación y cooperación entre los actores que actúan o que deben
actuar en una comunidad, acción que pudiera liderar el Delegado de la
Circunscripción o el Presidente del Consejo Popular en el que están
enclavados.
Es
el momento de resolver los problemas subjetivos señalados, para
incrementar, a pesar de los escasos recursos y las limitaciones
económicas, el número de actividades de calidad en las comunidades, no
solo en el verano, sino todo el año; es el momento de hacer más
actividades variadas en los museos para atraer hacia ellos más
visitantes, es el momento de preservar y cuidar todo el patrimonio para
evitar que se pierda o que salga del paísa; es el momento de exigir a
quien corresponda que hay que atender, mantener y utilizar la tarjas y
monumentos; es el momento de investigar y socializar más los resultados
de esas investigaciones; es el momento de que todas las instituciones
educativas proyecten adecuadamente su rol educativo y cultural hacia la
comunidad y se conviertan realmente en el centro cultural más importante
de la misma; es el momento de evitar las ingenuidades políticas: es el
momento de preparar mejor ideológicamente a nuestros cuadros y
trabajadores, para que estos a su vez tengan una mayor influencia en la
población.
Es
el momento de divulgar más lo que se hace y a la vez establecer o
consolidar espacios de crítica a las cosas mal hechas que ocurren
cotidianamente, es el momento de pensar cómo hacemos mejor lo que hemos
venido haciendo hasta ahora, es el momento de elaborar un programa de
trabajo que prevea qué hacer ante la presencia de la contrarrevolución o
ante cualquier provocación en cualquiera de nuestras comunidades e
instituciones, cómo fortalecer las áreas más débiles, qué hacer con las
personas más vulnerables, cómo utilizar a los líderes positivos.
Es
vital para la Revolución preservar y utilizar a favor de ella, lo
logrado hasta hoy y todo lo mejor que podamos hacer de ahora en
adelante, para eso la dirección del Partido cuenta y confía en el
pueblo.
En su ensayo “La Cigarra y la Hormiga: un remake al final del milenio”, Abel Prieto alerta: “Nada
habríamos adelantado los revolucionarios cubanos si algún día,
derrotado el bloqueo, salimos de la crisis, y alcanzamos cierta
“abundancia” económica para descubrir entonces que se nos ha vaciado el
alma: que tenemos hombres y mujeres “prósperos” y embrutecidos por ese
“bullicio” zoológico que vio Martí en el modelo yanqui; hombres y
mujeres sin cultura, sin coherencia ni densidad espiritual, sin memoria
ni Patria…”
El
Estado y el Gobierno tienen hoy el reto de interpretar, interiorizar y
ejecutar lo que se expresa al respecto en los documentos rectores del
Partido y lo que aquí se ha expuesto y el gran privilegio y la
oportunidad de adoptar los acuerdos que impulsen este empeño, conociendo
de antemano que preservar la identidad nacional, a través del Trabajo
Comunitario, es preservar a la Patria para las futuras generaciones,
razón más que suficiente para afirmar que EL TRABAJO COMUNITARIO ES UNA
DE LAS VÍAS MÁS EFECTIVAS PARA MANTENER EL SOCIALISMO EN LA CUBA DE HOY.
*Analista cultural
Bibliografía
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práctica de nuestros días, Facultad Latinoamericana de Ciencias
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Consulta: 19 de noviembre de 2013
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Consulta: 13 de julio de 2010
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Ley No. 1/77, Ley de Protección al Patrimonio Cultural
Ley No. 2/77, Ley de los Monumentos Nacionales y Locales
Ley No. 91/88, Ley de los Consejos Populares
Ley No. 106/09, Ley del Sistema Nacional de los Museos de la República de Cuba
Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución
Morales
Aguilera, N. Cómo invirtió EE.UU los últimos 20 millones de dólares
para la subversión en Cuba.
http://islamiacu.blogspot.com/2013/11/como-invirtio-eeuu-los-ultimos-20.html#sthash.L5WEYKXg.dpuf.
Consulta: 23 de noviembre de 2013
Objetivos de la Primera Conferencia Nacional del Partido
Prieto,
A.: La Cigarra y la Hormiga: un remake al final del milenio, en Fundar
es nuestra tarea. 6 intervenciones sobre política cultural, Ediciones
Sed de Belleza, Santa Clara, 2012
Montaje fotográfico sobre fotos de José Luis, del Blog Adicto a los viajes y de Abel Padrón, Cubadebate