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martes, 15 de diciembre de 2015

¿Dónde está Carmela?

 

 
Graziella Pogolotti
 
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La diferencia que se olvida...
  
Llovía. De edad avanzada, la maestra seguía fiel a su aula, siempre puntual. Al cruzar Vía Blanca, un carro la atropelló. Enredada en su sombrilla, la violencia del golpe la hizo volar por los aires. Cayó sobre la calle mojada. La fractura de cráneo era irreparable. Murió como combatiente en el cumplimiento del deber. Conmovidos, los estudiantes del preuniversitario Rosalía Abreu le rindieron homenaje póstumo. Me pregunto ahora si algo semejante hicieron en su comunidad, porque la sociedad en su conjunto debe modelar valores reconociendo sus paradigmas, no solo a quienes alcanzan relieve nacional, sino a los que conviven con cada uno de nosotros en el día a día de la bodega, la carnicería y las reuniones de vecinas, la Carmela que está al doblar de la esquina.
Un filme, Conducta, convocó a un público masivo. Por lo que me han contado, no es una historia truculenta. No acude a los ganchos hipnóticos utilizados por el consumismo. Remueve rescoldos de sentimientos enraizados en la aspiración latente al mejoramiento humano. Invita a una reflexión que a todos compromete.

Desde hace algún tiempo, sufrimos las consecuencias de la falta de maestros numéricamente suficientes y cualitativamente calificados en lo que respecta al conocimiento y al modo de conducirse. Ya se sabe, los salarios son bajos, atrapados como estamos en la búsqueda del difícil equilibrio entre las limitaciones financieras y la voluntad política, entre los apremios del día que corre y las exigencias del mañana que se nos viene encima. Y, sin embargo, en el aula estamos sembrando futuro. Allí descansa el porvenir de la nación.

Para afrontar los problemas, hay que analizar su origen y naturaleza y perfilar las aristas de la verdad. En la república neocolonial, el capitalismo subdesarrollado mantenía altas tasas de desempleo. La discriminación racial marginaba a negros y mestizos del acceso a ciertos puestos de trabajo. La frontera se levantaba en las oficinas de las empresas privadas y llegaba al mostrador de las tiendas más elegantes, aunque todo ello violara la Constitución de la República. Recuerdo el batallar para conquistar estos espacios vedados.

Mal pagado siempre, el magisterio público garantizaba estabilidad laboral. Para los marginados, ofrecía reconocimiento social y reforzaba la autoestima en quienes tuvieron que contar con el respaldo familiar de tantas madres que entregaron sus vidas lavando para la calle. En la sociedad moderna, el médico que cuida la salud del cuerpo y el maestro que transmite conocimiento y valores son los sustitutos del gurú de la tribu. En una sociedad corroída por el afán de lucro y por el dominio del poderoso caballero don dinero, los educadores constituían excepción de la regla. Modesta en el vestir, con la misma ropita una y otra vez, encarnaba la imagen de la persona decente. Cuando iban cayendo los años, de vez en cuando recibían la visita de un antiguo alumno, muestra de eterna gratitud.

No se puede rebobinar la historia y mucho menos, restaurar la injusticia estructural de entonces. Por voluntad política y para preservar la soberanía de la nación, tenemos que someternos a un autoanálisis tan implacable como una operación quirúrgica. El Día del educador necesita despojarse del formalismo impuesto por el cumplimiento rutinario de las tareas. Hay que estimular en los niños y en sus padres la capacidad de invención. El aula ha de ser un espacio sagrado de intercambio entre alumnos y maestros, libre de interferencias ajenas donde el educador preserva el ejercicio pleno de su autoridad. La experiencia me dice que el conglomerado humano que se reúne cada inicio de curso es siempre diferente. El grupo resultante de las pequeñas individualidades se consolida sin perder su heterogeneidad intrínseca, en el trabajo cotidiano apuntarán liderazgos incipientes, aliados potenciales del maestro, al que corresponde dar cauce a las rebeldías mediante la cohesión de responsabilidades y el incentivo a formas de participación activa, iniciación primera a la construcción de la conciencia ciudadana.

Propongo considerar en la formación de maestros una atención sustantiva al desarrollo de la facultad de observar. En cualquier nivel de enseñanza, tendrá ante sí un conjunto de personitas en proceso de crecimiento intelectual, psicológico y moral, sobreprotegidos o carentes de cariño, portadores de conflictos familiares, víctimas de sentimientos de inferioridad o deformados por la vanidad. El manejo inteligente de esas conductas garantiza el éxito del aprendizaje y el mantenimiento de la disciplina.

El proyecto educativo no puede desentenderse de la permanente problematización de la realidad. El diseño de la economía, necesidad de la supervivencia, provee soluciones para superar la crisis y formular medidas con el propósito de sentar las bases de un porvenir más satisfactorio. Su perspectiva debe situarse a mediano y largo plazo, porque todo cambio en este terreno repercute en la sociedad y en el sistema de valores imperante teniendo en cuenta, además, que crecimiento no implica, por necesidad, desarrollo. Este último se sustenta en la dimensión humana de un proyecto equitativo, garante de la igualdad de oportunidades con la consiguiente apertura a la cristalización de nuestros sueños. En este sentido, la voluntad política tiene que mantener, con mano firme, la brújula apuntalada en el andamiaje educativo.

«Los niños nacen para ser felices» se ha convertido en lema vaciado de contenido por la reiteración mecánica. Expresa el anhelo más profundo de la especie. Su esencia se borra cuando la frase se desarticula del pensamiento integrador del Maestro. La noción de la felicidad es conquista y aprendizaje. Se hace a la medida de cada uno. Entraña una filosofía de la vida inspirada en el amor, nunca en el estímulo a una mentalidad competitiva.
 
Tomado de Segunda Cita

jueves, 26 de noviembre de 2015

Infancia y adolescencia en Cuba: derechos conquistados


Por Aileen Infante Vigil-Escalera 
 
La Organización de Pioneros José Martí realiza una jornada nacional por el aniversario 26 de la Convención de los Derechos del Niño y el Día de los Derechos Humanos
Regi García Ríos es muy feliz. Contra toda expectativa médica, este miércoles celebró sus 15 años de vida rodeado de amigos, familiares y profesores de la escuela especial para niños, niñas, adolescentes y jóvenes Sierra Maestra, en el municipio de Plaza de la Revolución, en la capital.

Varias afecciones detectadas en su infancia, más el Síndrome de Down con el que nació, no le auguraban llegar hasta la fecha, pero con el apoyo de muchos fue posible el milagro. En especial, su enorme familia de la institución docente le ha permitido adquirir las destrezas que hoy exhibe.


La escuela, de referencia por el trabajo que realiza con los jóvenes de entre seis y 21 años de varios municipios capitalinos (Plaza, Cerro, Playa, La Habana Vieja y Centro Habana), se unió la víspera a la jornada nacional por el aniversario 26 de la Convención de los Derechos del Niño y el Día de los Derechos Humanos, promovida por la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) desde el pasado 20 de noviembre.

Allí, como pocos en el mundo, sus alumnos y trabajadores atestiguan los privilegios de la enseñanza especial cubana. Un matutino, la exposición de los talleres que se desarrollan en el centro, una muestra de actividades deportivas y el tan esperado cumpleaños, matizaron la jornada.

«En Cuba la infancia, adolescencia y juventud viven en estado de derecho», afirmó Aymara Guzmán Carrazana, presidenta de la OPJM, una de las invitadas de la jornada.

«Mostrar lo que se logra en instituciones como esta con el esfuerzo del país y los profesionales del sector es la mayor prueba del cumplimiento de los acuerdos de la Convención. Todas estas actividades, más la docencia que reciben rigurosamente nuestros alumnos, tributan a su mayor y completa formación profesional y personal», aseguró Pilar María Medina Fuentes, directora del centro.

Desde el triunfo de la Revolución, la escuela Sierra Maestra recibe a niños con discapacidades y, específicamente, con Síndrome de Down, autismo y retraso mental. Entre sus 50 docentes, médicos y trabajadores de servicios garantizan la atención personalizada de cada uno de los educandos, incluso después de cumplir los 18 y ser insertados en otras labores fuera de la institución.



Durante la jornada, la Presidenta de la OPJM explicó a nuestro diario que esta y otras actividades similares se celebrarán hasta el próximo 11 de diciembre en varios centros de enseñanza y espacios públicos del país, en saludo, además, al Día de los Derechos Humanos, el 10 de ese mes.





Más fotos en Juventud Rebelde, Roberto Ruiz

jueves, 20 de agosto de 2015

¿Sin tiempo para ser niño?

Aunque no suelo publicar este tipo de texto, esta llamada de alerta de mi querida Vladia debe ser escuchada atentamente... tu hijo no es el depósito de tus deseos incumplidos, vale?

¿Sin tiempo para ser niño?

Por Vladia Rubio*/CubaSí
Diseñarle, movidos por la mejor intención, una agenda llena de estudios extraescolares sin tiempo para jugar y ser niño, es mutilarle la infancia. Diseñarle, movidos por la mejor intención, una agenda llena de estudios extraescolares sin tiempo para jugar y ser niño, es mutilarle la infancia.
 
Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos porque los aman. Esa es una verdad de Perogrullo. Pero a veces hay amores que matan, o, al menos, asfixian.

La máster en Psicología Clínica Roxanne Castellanos Cabrera, en un ensayo dado a conocer el pasado año, así lo demuestra, a la vez que pone bajo las luces de la ciencia un fenómeno que “está en el ambiente”, pero ahí sigue, como gato al que no le habían puesto el cascabel: los excesos de actividades extraescolares que la familia impone a sus menores pretendiendo complementar su preparación.


Y sí, está muy bien que el niño o la niña aprenda idiomas, reciba clases de baile o aprenda a tocar el piano. Pero si mientras se encamina rumbo a la profesora de inglés, se le van los ojos hacia el grupo de amigos que están jugando un cuatro esquinas, gozando cantidad; si la chiquitina no puede cogerle el ritmo ni a La Guantanamera y sufre horrores intentando aprender el solfeo… entonces, algo no está bien.


Incluso, puede que el muchachito sea un lince para los idiomas; que, a la vez, resulte Mozart reencarnado; pero si cuando termina con las tareas de la escuela, regresa de las clases de idioma, y acaba, por fin, de repasar la partitura indicada por la maestra de piano, se tira sobre el sofá esperando la comida y queda dormido como una piedra… entonces, algo sigue sin estar bien.


Eso, por no hablar de con cuántos amiguitos comparte, de qué tiempo le queda para jugar, solo o acompañado, o para intercambiar con la familia.

altSobreexigir al niño con muchos aprendizajes extraescolares, robándole tiempo de descanso y recreación, pudiera atentar contra su rendimiento en la escuela.

Ocupar el horario extraescolar del niño con estas y otras alternativas que incluyen el aprendizaje de deportes, artes plásticas o computación, es conocido como “el síndrome del niño con agenda completa”, y “responde a una tendencia universal que recién ha llegado a nuestro país”, asegura la máster en Psicología Clínica Roxanne Castellanos Cabrera en su ensayo «De las “agendas completas” al ordenador. Dificultades en la socialización de nuestros niños y niñas».


La también profesora de la facultad de Psicología llama la atención sobre la siguiente paradoja: mientras los adultos reclaman tiempo libre para hacer lo que deseen, sin presiones ni diseños preconcebidos, a la vez, están privando a sus hijos de lo mismo que ellos demandan.

Queda claro que lo hacen con la mejor de las intenciones, pero como apunta la propia psicóloga, esta “suerte de estrategias de estimulación cognoscitiva, sin asesoría especializada, muchas veces termina por sobrecargar a los niños (…). El desarrollo de la esfera emocional y de la socialización queda relegado a un segundo plano”.

En ocasiones, los diseños extracurriculares ideados por los padres ni siquiera responden a los intereses y gustos de sus hijos, y no faltan los casos —así también lo hace saber la investigadora— en que mamá pone a la niña a aprender baile español porque en su lejana infancia ella no pudo hacerlo, aunque era su principal anhelo.

Semejantes transferencias abonan sentimientos de frustración y baja autoestima en los muchachos, cuyas inclinaciones no tienen por qué coincidir con las de sus progenitores. Ahora que el nuevo curso escolar ya se acerca, sería conveniente que los adultos tuvieran en cuenta estas situaciones y evitar la sobrecarga —con la mejor de las intenciones— del menor. No olvidar que “hay amores que matan”.

Soledad frente a la pc

Una información reciente daba cuenta de un joven español que desconectó a su abuelo del respirador artificial para enchufar en el toma el cargador de su celular.

“Mi madre me pidió que le avisara cómo estaba el abuelo nada más llegar al hospital, así que tenía que mandarle un WhatsApp y no tenía batería”, se excusó Adrián Hinojo, de 26 años. Antes de enviar el mensaje a la madre, el joven tomó una foto al anciano que publicó en Instagram. “Lo hice para que todos vieran que se encontraba bien. Después de un rato, noté que el color de su piel se transformaba en azul”, explicó Adrián.

Es un caso, aunque real, extremo. Pero no caben dudas de que las nuevas tecnologías absorben y desconectan del raciocinio a más de uno.

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Las nuevas tecnologías no lo pueden enajenar del contacto con amigos, del esparcimiento al aire libre. Foto: Radio Rebelde


Si el exceso de horas dedicadas a aprendizajes extracurriculares atenta contra la socialización de los niños, la soledad frente al ordenador o en la interacción con nuevas tecnologías en general, merecen un aparte. Porque cuando el asunto es entre gigabytes, entonces, más que el estrés o sentimientos de frustración, puede abrirse paso una honda e inadvertida soledad.

Estudios anteriores acerca de estas interacciones, en particular referidos a los juegos de ordenador, ya indicaban que la violencia de la que estos juegos son portadores a veces puede volver a los menores poco sensibles al sufrimiento ajeno, desarrollar en ellos conductas agresivas y volverlos temerosos del mundo que les rodea.

Y si esto fuera poco, la ya citada máster Castellanos Cabrera asegura que “la invasión tecnológica atenta seriamente contra la interacción social; los niños y adolescentes no solo emplean más tiempo en estas actividades que en el contacto con sus pares, sino que además, las prefieren”.

Es una afirmación algo amarga, que, hiperbolizada, podría remitir al impactante cuento La pradera, de Ray Bradbury. Claro, no es de esperar cuartos virtuales, cuyos escenarios, ideados por los pequeños, devoren a los padres que quieren limitarles el acceso a tal futurista esparcimiento. Pero sí es de temer esa falta de socialización, el no entrenamiento para tratar con otros de su edad, que pudiera desembocar en adultos desajustados.   

TV: Temible y amada cajita

En la cara opuesta a las familias que pretenden planificar a sus hijos agendas detalladas hasta el minuto, se ubican aquellos otros parientes que los dejan a solas con la pequeña pantalla, sin interesarse en qué está mirando.

La psicóloga Mónica Guillén del Campo, especialista en Investigación en Medios de Comunicación Social del Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Cubano de Radio y Televisión (CIS-ICRT) y Thelvia M. Bérriz Valle, Licenciada en Matemática, especialista en Estadística y en Investigación de Mercado, colaboradora del CIS-ICRT, dieron a conocer este año una valiosa indagación acometida por ambas: «Mediación familiar en el consumo audiovisual de niños y adolescentes de La Habana».


Dicho estudio, contenido en la publicación digital Alternativas cubanas en la Psicología, encuestó a 250 padres, entre otras modalidades investigativas, y concluyó que el modelo de mediación familiar predominante en el consumo audiovisual de niños y adolescentes habaneros, es el llamado permisivo.


“Los padres casi no ofrecen a sus hijos consejos ni sugerencias sobre la televisión; la covisión (ver tv junto a los niños) es escasa, por lo que prácticamente el diálogo es inexistente”.

Prevalece, puntualizan las investigadoras, la permisividad en cuanto al consumo indiscriminado de programas televisivos por parte de los niños, lo mismo referido a la programación infantil que a la destinada a los adultos.

No obstante, como tendencia y según el texto mencionado, las familias controlan el tiempo frente al televisor y contenidos que consideran inadecuados como los sexuales y de violencia.

A propósito de los niños y el televisor, la psicóloga Roxanne Castellanos, mencionada en los inicios de estas líneas, comentaba: “Hoy encontramos madres que, apenas desde que el bebé se puede sentar, lo ponen a ver dibujos animados. Ellos están diseñados para captar la atención, pero eso no los califica como estimulación. Luego, al comenzar las afectaciones en el desarrollo, los síntomas confunden y hacen sospechar a los psicólogos un posible trastorno autista.

Pero en estos menores, “el fallo en el desarrollo social no viene condicionado biológicamente, de modo que en cuanto se retira el exceso de tecnología y se enfatiza el soporte social, toda esa sintomatología empieza a desaparecer”.

Cambiar de acera ante la presencia de las nuevas tecnologías es, a estas alturas, una irresponsabilidad. Pero también lo es dejar a los menores a su libre albedrío en la interacción con las mismas, frente a la TV, o someterlo a una sobrecarga de aprendizajes extraescolares.


A largo plazo, podría volverse un adolescente huraño, dependiente, vulnerable, inhábil para tratar con sus pares, y mucho más para cultivar amistades. Adaptarse al ambiente escolar y a otras normas en general, le resultaría difícil, así como sensibilizarse con los problemas de los otros.


Ni pasarse, ni no llegar. Encontrar el justo equilibrio para que los muchachos interactúen con su entorno, con la información y con la tecnología, será garantía de futuros adultos equilibrados.


*Periodista y artista plástica

Equidad, igualdad e igualitarismo: A propósito del VII congreso del PCC

Por Darío Machado Rodríguez *

 

El debate acerca de la justicia social, la igualdad y el igualitarismo, ha sido, es y será algo permanente en la sociedad cubana y gozará de primera prioridad siempre que no se abandone la orientación socialista de la construcción social y económica.

No está de más recordar que el tema es asaz complejo y que apenas se pretende con este artículo participar en el intercambio de ideas, en el razonamiento colectivo.

En un trabajo publicado en el periódico Granma hace unos 20 años, el 19 de marzo de 1994, titulado Firmeza de principios y cambio de mentalidad, se plantea: “Las medidas económicas que se requieren para el funcionamiento cabal de este principio (se refiere al principio socialista que reza: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”) reclaman a su vez un cambio de mentalidad. Su aplicación hace emerger desigualdades reales, ya que las capacidades, habilidades, inteligencia y laboriosidad de la gente son objetivamente diferentes, aun cuando existan oportunidades iguales para todos.” Y más adelante: “Todos no podemos recibir lo mismo tanto porque no habría cómo hacerlo, como porque si lo pretendiéramos ello conduciría al inmovilismo y a la ineficiencia  (…) Debemos fijar en nuestras conciencias que las circunstancias han cambiado radicalmente y que el modo en que debemos continuar los objetivos socialistas y comunistas deben adaptarse a la nueva situación (1).”

Sean las circunstancias de mediados de la década de 1990, las de hoy ya adentrado el siglo XXI, como las futuras, el tema de la igualdad y de la justicia social,  debe ser objeto de sistemática atención.

La necesidad de esclarecer  el significado de los términos

En el debate sobre la igualdad social los contenidos adjudicados a los términos empleados son difusos. No pocas veces se identifica igualdad con igualitarismo, o equidad con igualdad. Por ejemplo, he leído la frase “trato equitativo” entendida como el enfoque que toma en cuenta el ámbito social y condiciones de existencia de cada individuo, lo que confunde en mi criterio su significado  con el de igualdad social.

La confusión de los términos, su carácter difuso, obedece a la cercanía de los contenidos que tratan, lo que obliga en primer lugar a la precisión de los significados que se tendrán en cuenta cuando se mencionen los conceptos de equidad, igualdad e igualitarismo. Y una vez aclarados los significados servirse desprejuiciadamente de ellos para el análisis.

El término equidad (equidad social), que se emplea hoy con mayor frecuencia en lugar del término igualdad (igualdad social), es un concepto que se ha tomado de la jurisprudencia, pertenece al terreno del derecho positivo, al significar originalmente el grado de discrecionalidad que tiene un juez para dictar sentencia en los marcos del ordenamiento jurídico real, existente y vigente en un determinado Estado, o sea, el derecho establecido, codificado.

En relación con los conceptos producidos en el terreno de la economía política en la época actual, la equidad social aparece efectivamente tomando distancia de la igualdad social en su contenido y significado ético y acercándolo a las normas del derecho. Desde el punto de vista de las realidades y el ideal, propongo aceptar la gradación siguiente: equidad, igualdad e igualitarismo.

Cuando se habla de distribuir equitativamente, el principio que rige es el de la equidad, es decir, de aquello a lo que hay, de últimas, derecho reconocido legalmente (2).  En un sentido significa igualdad, pero con los límites en la legalidad establecida, es igualdad en la aplicación de la equidad. De hecho cuando se profundiza en el origen etimológico del término en la lengua castellana, las raíces griegas refieren la equidad como un derivado de la igualdad, pero también existe otra interpretación vinculada a la raíz εικοσ que significa “razonable o justo”.

La distribución bajo el concepto de equidad no es contraria a la moral pública, antes bien responde a la moral predominante en la sociedad. Eso es precisamente lo que avistó Marx cuando hizo la crítica al programa de Gotha al referirse a la sociedad que enrumba por el camino socialista como una realidad emergente del capitalismo y mantiene en lo económico, así como en lo intelectual y lo moral el sello de esa sociedad.

Sin embargo, lo anterior no obsta para enfocar la igualdad social desde un punto de vista ético, como algo que está más allá de la equidad social y a lo que puede aspirarse cuando hay un consenso de la sociedad lo suficientemente consciente y amplio.

Fuera del debate acerca de los significados y evolución histórica del término, en la actualidad el concepto de distribución equitativa se refiere a lo que está regulado jurídicamente y lo que está regulado jurídicamente en materia económica son las relaciones económicas existentes. De modo que en este plano referiremos la equidad a los niveles de igualdad social que están jurídicamente codificados, a partir de las condiciones del desarrollo económico de la sociedad y de los entendidos prevalecientes, en particular la psicología y lógica del intercambio de equivalentes.

La equidad aparece en este enfoque como el principio que asegura que las aspiraciones a la igualdad no mermen la eficacia del esfuerzo productivo, dadas las actuales condiciones de la división social del trabajo, el desarrollo tecnológico y la prevaleciente psicología y lógica del intercambio de equivalentes.

Igualdad social es algo superior, tiene una carga no solo económica y jurídica, sino, y principalmente, ética. Cuando hablamos de igualdad estaremos refiriéndola a otros ámbitos de la actividad humana. Puede incluso verse como el ideal aceptable para el largo plazo en nuestra sociedad, lo que no quiere decir que no se pueda ejercer en los límites que la realidad impone y, como se dijo arriba, cuando se tiene el consenso.

En consecuencia, hablar de “igualdad social” requiere su enfoque global, que debe incluir lo ético, lo político, lo económico, lo cultural. Reducirla a su argumentación desde el metabolismo socioeconómico solamente es un vicio tecnicista.

El igualitarismo es la hipérbole de la igualdad. Y obviamente, como principio universal resulta disfuncional en condiciones de la división social del trabajo actualmente existente y en construcción en la sociedad cubana, cuando el modelo económico en curso y para el futuro es el de una economía mixta con diferentes formas de propiedad sobre los medios de producción y servicios, y cuando predomina una psicología de intercambio de equivalentes. Ello no significa que no se puedan establecer algunas formas de distribución bajo un concepto igualitario, no solo por la carga de humanismo y justicia social que tengan, sin también por lo conveniente que resultarán para el desarrollo equilibrado y eficiente de la actividad social incluyendo naturalmente la económica.

El ejemplo de lo anterior lo tenemos en Cuba donde los niveles de educación y salud de la población constituyen una fortaleza fundamental para enfrontar los desafíos del desarrollo económico.

No olvidar el pasado (3)

En Cuba pre revolucionaria existían algunas de estas vías de distribución que se sustraían a la lógica del mercado y se practicaban como modo de coadyuvar a la estabilidad social y al decurso “normal” del metabolismo socioeconómico vigente, sin que llegaran ni remotamente a cubrir las necesidades de la población. Pero ni siquiera aquellas vías de distribución quedaban totalmente protegidas, pues no pocas prestaciones (en el terreno de la educación y la salud pública, por ejemplo) se veían invadidas por las prácticas clientelares que reflejaban la lógica mercantil de modo más o menos directo.

Muy frecuentemente las familias quedaban huérfanas de apoyo para educar y proteger la salud de sus miembros, quedando como únicas responsables frente a una realidad que les resultaba hostil.

Por otra parte, y siguiendo con el ejemplo de la educación y de la salud pública, el predominio de la propiedad privada alcanzaba a estos sectores y con ello funcionaba en estas actividades básicas de la sociedad la lógica del intercambio de equivalentes. Como resultado las minorías pudientes tenían acceso a estos servicios pagados y los demás tenían que acudir a los públicos insuficientes y a menudo contaminados por el clientelismo.

La condición de país capitalista dependiente y subdesarrollado subordinaba la mayor parte del esfuerzo productivo de la sociedad a los intereses del capital estadounidense y de sus socios locales, mientras que los propietarios de los medios de producción y de servicios no vinculados a estos intereses controlaban los resultados de casi todo el esfuerzo productivo restante, si se exceptúa la economía natural y los trabajadores independientes, recibiendo así los restos del pastel económico del país.

Aquella sociedad generaba numerosas deformaciones estructurales: monocultivo, mono exportación, diferencias abismales entre la ciudad y el campo, infraestructura deficiente, profundas diferencias sociales que, a su vez, aprovechaban los políticos de turno, reduciendo aún más los derechos de los más pobres con el clientelismo y el abuso de poder.

Al cubano pobre y necesitado de entonces le resultaba muy difícil cuando no imposible ascender, mejorar en la propia escala social que pautaba el mercado capitalista dependiente del país. La movilidad social “hacia arriba” era lenta y tortuosa, predominaba la inercia cuando no el empeoramiento de la situación social de las mayorías. La tiranía batistiana resultó ser “la tapa al pomo” del entreguismo de la oligarquía criolla a los intereses de los EEUU.

En resumen, había en Cuba una minoría en posición social ventajosa y una mayoría presa del sistema con escasas posibilidades de mejorar sus condiciones de vida.

Las cifras a veces esgrimidas por algunos analistas sesgados acerca de la cantidad promedio de vehículos, televisores, transmisores de radio, etc. superior en la Cuba de entonces a la de muchos países de la región no puede ocultar la realidad de injusticia social que predominaba en el país.

Nada que no fuera ya explicado por Marx, cuando afirmaba en El Capital que el capitalismo –y más aún el subdesarrollado y dependiente- solo sabía desarrollar las tecnologías y los procesos productivos minando las fuentes originales de las riquezas: el ser humano y la naturaleza.

El principio que aportará la energía para mantener el rumbo socialista en Cuba, partirá de la realidad misma, de su constante esclarecimiento acerca del capitalismo que sufrimos y el que podríamos volver a sufrir si la sociedad deriva hacia el predominio en ella del mercado y de la propiedad privada. De regresar al predominio del mercado capitalista sobre nuestra sociedad, no se podrá esperar otra cosa como no sea la depauperación social, el deterioro del ecosistema y la pérdida de soberanía e independencia.

Ahí volvería indefectiblemente Cuba en los planos económico, social y finalmente político, si la sociedad a través del Estado revolucionario y de la participación social real no va solucionando paso a paso en función de mantener regulada la acción del mercado, las contradicciones entre la propiedad social y la privada, el mercado y la planificación, el interés individual y el interés social, el interés nacional y el del capital de las trasnacionales, contradicciones que pueden y deben convertirse en oportunidades para superar social y políticamente al mercado.

Obviamente, todas las políticas y acciones en general realizadas en esta dirección deben ser objeto del consenso de la sociedad, de ahí que sea tan importante la labor ideopolítica sistemática, capaz de resumir la inteligencia colectiva.

Si algo puede definir hoy a alguien en Cuba como revolucionario y como marxista, es la convicción de que se volverá a las condiciones del pasado si la ideología y la política no juegan su papel en la sociedad, en primer lugar orientando los cambios en el metabolismo socioeconómico.

Sobre el punto de partida actual

Primero despejar el tema desde lo económico:
La economía mixta como concepto estructural y dimensión jurídica reconoce la diversidad de intereses en la actividad económica y, por tanto, una desigualdad económica que se suma a desigualdad de rendimientos individuales. En condiciones de una economía mixta es natural reconocer determinados tipos, magnitudes y niveles de desigualdad social.

La necesidad de reconocer la relación mercantil, que parte de la realidad de la psicología y lógica del intercambio de equivalentes, radica en el reconocimiento primero de su capacidad para contribuir a ordenar y hacer funcionar el metabolismo socioeconómico de la sociedad y, a partir de su ordenamiento, la posibilidad de regularlo subordinando su funcionamiento al mandato de la sociedad.

La consideración de que es imposible regular al mercado, es el reconocimiento de la eternidad del sistema capitalista con sus nefastas y catastróficas consecuencias sobre los seres humanos y la naturaleza.

La consideración de que ello es posible es el fundamento del camino socialista.

Esa capacidad debe ser vista como un complejo de acciones combinadas: regulaciones jurídicas, económicas, organizativas, ideológicas, políticas, culturales, comunicacionales. No se trata solamente de una justa y proporcionada política impositiva sobre todo tipo de actividad económica, sino de la integración de acciones en una misma dirección: regular el mercado, con la fortaleza fundamental del predominio de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios.

Pretender que puede alcanzarse la justicia social del socialismo desde la redistribución de lo que se recaude por impuestos procedentes de la actividad económica privada, y que por ello no hay que poner límites a esta propiedad, porque “si producen más habrá más para todos”, no solo es nuevamente un enfoque economicista, reducido, sino que supone que los fundamentos jurídicos y políticos del Estado socialista cubano no terminarán minados y finalmente destruidos, bajo el impulso del afán de lucro y la corrupción, tanto externos como internos.

Es una realidad que la crisis económica en Cuba no ha generado una crisis política, pero no es un cheque en blanco respaldado por un capital inagotable. Es preciso ubicar en perspectiva política los cambios económicos en curso. Ese pensamiento que postula: “resolver primero el tema económico y después ver lo político” contiene la ingenuidad de separar la economía de la política.

La única garantía de poder aspirar a mantener una orientación socialista de la economía radica en el predominio de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción y servicios, una legalidad que lo ampare y un Estado que la articule eficientemente, junto con una regulación colectiva de los trabajadores en cada unidad productiva o de servicios. Todo ello con el correlato ideológico de la actividad política y cultural que postule y promueva los valores humanistas del socialismo (4).

Quiero recalcar que digo expresamente “garantía de poder aspirar”, ya que se necesita una capacidad organizativa y una vigilancia política anclada en la participación popular, porque no basta que predomine la propiedad social. Si predomina la privada, no hay posibilidades, pero si predomina la social no es automático que funcionará como miel sobre hojuelas el metabolismo socioeconómico socialista de modo eficiente.

Todo un entramado de formas organizativas diversas, normas legales, control político, vigilancia popular, serán indispensables. Pero sobre todo, control popular.

Sin un anclaje popular en cada lugar donde se generan las riquezas, en el que cobre real sentido la importancia social de la actividad económica y también la actividad sindical y política, donde se aprenda en la práctica a dirigir y a responsabilizarse colectivamente con las decisiones que deben tomarse con estricta observancia de las leyes, la actividad económica terminará gestionada con un sentido puramente técnico, administrativo, de ordeno y mando, burocrático y todo el edificio social terminaría manejado por una superestructura que dejará de mirar “hacia abajo”, hacia la sociedad, que mirará solo “a los lados” y “hacia arriba”, generándose una tecnocracia y una burocracia, que se alejarán cada vez más de los trabajadores, de quienes crean las riquezas, sustrayéndoles el derecho a representar al colectivo laboral ante la sociedad y a la sociedad ante el colectivo laboral.

Lo anterior no niega, sino presupone las estructuras necesarias de dirección, las responsabilidades individuales, las diferenciaciones en la remuneración en función de esas responsabilidades, pero regulada por el colectivo laboral en los marcos establecidos por la ley.

En la coyuntura actual y futura de la sociedad cubana no podrá llevarse adelante ningún proyecto de desarrollo que responda a los intereses de la nación, si no se hace más eficiente el papel del Estado, si no se mantiene la cohesión de la ciudadanía alrededor del poder político del pueblo trabajador, y si no se transfiere poder hacia las bases de la sociedad, sin por ello perder vitalidad en su cohesión. 

Lo anterior es lo que significa efectivamente la descentralización del poder, el empoderamiento real de los trabajadores.

El socialismo implica desarrollar las fuerzas productivas desde la auto-organización de los trabajadores y desarrollar la auto-organización de los trabajadores desde el desarrollo de las fuerzas productivas, dentro del principio de proteger la naturaleza y los seres humanos. La legalidad socialista debe encontrar el modo de codificar esta relación.

Sobre las otras dimensiones de la igualdad social

La sociedad es más que economía. Parece algo obvio, sin embargo, no pocos pretenden resolver los problemas sociales buscando soluciones económicas y olvidando las restantes variables. Es un tema que hemos discutido en otros trabajos (5) .

Una de esas variables y forma de la igualdad social es la igualdad política de los cubanos. Ella es una de las dimensiones más efectivas que tiene el país, sin ser, ni mucho menos, lo mejor que puede y podrá hacerse. Esa igualdad política se asienta en última instancia en la igualdad económica que significa ser copropietarios colectivos de los medios fundamentales de producción y servicios y demás propiedades socializadas, pero en primer término es un fundamento jurídico político codificado por la ley, una expresión de la institucionalidad y ciudadanía cubanas, un derecho conquistado por la revolución socialista una ética consustancial al socialismo en Cuba.

La igualdad social es un concepto que incluye una serie de variables cuya influencia forma parte del bienestar, la satisfacción y la felicidad de los individuos, variables que rebasan la equidad. La igualdad social se refiere esencialmente a la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidades, el trato correcto, igual y sin discriminación, por motivo de sexo, género, etnia, raza, posición social, los derechos de participación en las decisiones, la libertad de palabra, la libertad de asociación.

No creo necesario abundar en porqué todo ello es posible en condiciones de existencia de un único partido en la sociedad cubana. Baste señalar que la existencia de múltiples partidos para nada es garantía de una real libertad de expresión y de asociación, que es lo generalizado en las democracias representativas del capitalismo, en las cuales se alinean detrás de intereses corporativos las diferentes formas de asociación política generadas o cooptadas por esos intereses, que amordazan y secuestran la democracia, violentan las leyes y su cumplimiento, manipulan la información y los medios de comunicación, impiden la justicia social.

A la vez, el pluralismo político, ese que permite todas las opiniones políticas no depende de si hay uno o más partidos, sino de si hay o no pluralismo político en la sociedad, si se ampara legalmente, si la libertad de expresarlo tiene espacio en la sociedad. Si lo que se dice tiene real valor para las decisiones trascendentales en el país. De ahí el llamado de Raúl a conquistar toda la democracia posible.

Todo ello también deberá ser objeto de discusión en el proceso de reconstrucción del consenso, urgente e imprescindible dado el grado avanzado de las decisiones en curso en materia económica y por su importancia política en la sociedad cubana.

La desaparición del conflicto Este – Oeste que influyó en los procesos sociales en el mundo entero con magnitudes y formas diferentes, dio lugar a la aparición de una conflictividad política mucho más compleja y difícil, pero a la vez también nos ha obligado a entendernos mejor a nosotros mismos, pasar balance de logros y carencias, quedarnos con lo más auténtico de nuestra experiencia social y política, y a proyectar nuestros análisis de modo más ágil  y con una responsabilidad mayor, dada la conciencia que tenemos hoy de las realidades y del valor de los principios.

La “cuadratura del círculo”

De nada vale “descubrir” y afirmar que la desigualdad es inevitable en la actualidad y en el futuro. Hay que definir dónde y en cuáles magnitudes está hoy esa desigualdad, cuán justificable es no solo económicamente, sino también jurídica y éticamente. Tampoco tiene sentido o utilidad alguna afirmar que esa desigualdad hay que minimizarla, que no se puede perder la orientación socialista hacia la igualdad social, todos esos planteamientos no pasarían de ser simplemente “declarativos”, actos de fe, posiciones que muchos compartimos, pero que no ofrecen enfoques útiles para encontrar las salidas.

Es cierto que no es sencilla la solución, sino muy compleja. De cara a los problemas del presente y a la proyección futura es preciso establecer criterios básicos y el modo de asegurarlos junto con toda la proyección de desarrollo de la sociedad porque, incluso compartiendo declarativamente esos criterios, pueden practicarse políticas contrarias totalmente a ellos.

Por tal razón hay llevar el debate hasta su concreción en postulados básicos que no deberían ser en ningún caso trasgredidos, los que deben mantenerse anclados en la nueva constitución del país y en las leyes, como límites a la búsqueda de rentabilidad y producción “a cualquier costo”.

Obviamente, la definición de esos postulados básicos no puede ser obra de un grupo de iluminados, sino que tiene que ser algo discutido con toda la población del país en un debate amplio, en el que tengan cabida todas las opiniones sea cual fuere su argumentación, que fomente del desarrollo de una subjetividad enriquecida y que termine expresando fielmente aquello que goza del mayor consenso de la sociedad.

Tal debate debería estar hace rato manifestándose en nuestros medios de comunicación, pero al menos es posible comenzarlo ya y debe procurarse que tenga el tiempo necesario para que madure en la conciencia de la sociedad, esto es de los trabajadores, las amas de casa, los jubilados, los estudiantes, los militantes del partido y de la juventud, las mujeres, los jóvenes, los dirigentes administrativos y políticos, las instituciones económicas, políticas, jurídicas, sociales y culturales, en fin la sociedad en su conjunto. Un asunto de tal envergadura requiere que se le trate como tal.

Concretar el debate

Obviamente los temas a incluir dependerán de cómo se enfoque su planteamiento. A continuación me referiré a algunos que considero no deben faltar.
El predominio de la propiedad privada es el predominio del capital sobre el trabajo y el predominio del mercado sobre la sociedad. En consecuencia, lo primero y fundamental es el establecimiento de límites a la propiedad privada. 

Si ello no se define, si se deja al arbitrio de las decisiones posteriores, se corre el peligro del crecimiento y empoderamiento del mercado y sus leyes en lugar de su limitación y regulación (6) .

Algunas vías de distribución del producto social se deberán regir entonces por el concepto de equidad social, otras por el concepto de igualdad social y otras incluso por el concepto igualitario de la igualdad.

El debate debe reafirmar que la educación y la atención médica universal y gratuita y la seguridad social básica, deben formar parte de un área que debe conservarse en términos socialmente igualitarios.

Hay que incluir el enfoque de la política impositiva como un elemento universal inherente a toda actividad económica.

Naturalmente, hay que definir lo que debe entrar en el concepto de seguridad social básica (7).  La seguridad social básica se refiere no solo al pago de las jubilaciones, la protección de las personas con discapacidad, la protección de la maternidad, la protección laboral, los ancianos sin amparo filial, los grupos vulnerables, sino también a los subsidios que se consideren necesarios y posibles en el terreno del suministro de agua, de electricidad, de alimentos básicos, de las medicinas, etc. y a las formas de organizar y canalizar ese subsidio, donde el concepto de universalidad no significa  ni mucho menos uniformidad en las formas de realizarlo.

Hay que concretar el debate alrededor de los ejes fundamentales de la proyección socioeconómica de la sociedad cubana para los próximos años, en particular en lo referido a las políticas sociales.

Para terminar

El enfoque científico de la construcción socialista en la sociedad cubana no puede pretenderse acabado, ni completo. Justamente su carácter científico parte de reconocer su esencia inacabada e inexacta. De ahí también la necesidad de su sistemática reelaboración y junto con ella de la constante reconstrucción del consenso.

Los cambios que se producen y producirán en la sociedad como resultado de la política económica, del desarrollo del conocimiento, de las capacidades productivas, de la cultura, de las diferentes vías de comunicación, las transformaciones del entorno internacional, los desafíos que impone la naturaleza, y muchos otros factores influyentes, exigirán su expresión en la teoría, confirmando y extendiendo las prácticas positivas y desechando las negativas, siempre con la mirada puesta en alcanzar toda la justicia social posible.

El crecimiento económico que se espera con la ampliación de las relaciones mercantiles en la sociedad cubana debe ser en cada momento acompañado desde la ideología socialista y la política revolucionaria, para dejar atrás algo del capitalismo en cada paso hacia delante en materia de desarrollo económico y tecnológico, porque puede ocurrir que mañana el país produzca más, pero acabemos siendo menos humanistas, menos socialistas.

NOTAS:
  (1)   Ver: Darío L. Machado Rodríguez, “Firmeza de principios y cambio de mentalidad”, Periódico Granma, 19 de Marzo de 1994, p.3.
  (2) “Equidad”, según el “Diccionario del Español Moderno” de Martín Alonso, Editorial Aguilar, Madrid, 1982, p.434, significa en primera acepción: igualdad de ánimo, en segunda acepción: entereza, en tercera acepción: benignidad”, en cuarta acepción: justicia natural y en quinta y última acepción moderación en el precio de las cosas. Un diccionario de expresiones y términos jurídicos define la equidad así: “Es lo general dentro de lo especial. Se califica como fuente de derecho mediata. Se dice que es igualdad de ánimo; propensión a dejarse guiar o fallar por el sentimiento del deber o la conciencia…” Marzio Luis Pérez Echemendía y José Luis Arzola Fernández, “Expresiones y términos jurídicos”, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2009, pp. 141-142-
  (3) Quizá para muchos lectores lo que contiene este acápite sea innecesario por bien conocido. No obstante, y a riesgo de parecerles redundante, decidí incluirlo, sobre todo para quienes no tengan suficiente información y claridad acerca de cómo era la situación social anterior a 1959.
  (4) “El socialismo es la única alternativa de aprovechar el lado constructivo de las relaciones mercantiles en una fase de desarrollo de las fuerzas productivas en la que nos es posible asegurar a todo el mundo todas sus necesidades, ni la sociedad como un todo está subjetivamente preparada para ello, al reducir sus consecuencias sociales materiales y espirituales negativas, destructivas. Y tal relación es posible solamente si se tiene el dominio sobre la propiedad.” Ver Darío L. Machado Rodríguez, “¿Es posible construir el socialismo en Cuba?”, segunda edición, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2006, pp. 91-92. 
  (5) Ver: Darío Machado Rodríguez, “Economía…política, valga la redundancia”, Publicado en Rebelion el 2 de octubre de 2012.
  (6) “La necesidad de que el Estado no pretenda organizarlo ni administrarlo todo, la obligada tendencia a la descentralización no se puede confundir con la obligación de privatizar. Ese signo de igualdad tiene un sesgo ideológico signado por una suerte de condición de “varita mágica” que se sigue otorgando por algunos al carácter privado de la propiedad y con ello al individualismo y a la competencia capitalista. (Ver: Darío L. Machado Rodríguez, “¿Es posible construir el socialismo en Cuba?, Op. Cit. p.140.).
 (7) “En el socialismo, el criterio determinante para la distribución, fuera de la educación, la atención médica y la seguridad social básica, tiene que ser el aporte individual a la sociedad, es decir, la cantidad y calidad del trabajo que cada quien haga. De igual modo, la sociedad en su conjunto desarrollará sus capacidades y dispondrá de recursos y riquezas en dependencia de la capacidad y posibilidades de producción de sus integrantes.” (Ver: Darío L. Machado Rodríguez, “Firmeza de principios y cambio de mentalidad”, Periódico Granma, 19 de Marzo de 1994, p.3.).

*Licenciado en Ciencias Políticas. Diplomado en Teoría del proceso ideológico y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
Enviado por su autor para La Polilla Cubana. Imagen agregada RCBáez; montaje sobre fotos de archivo

martes, 23 de junio de 2015

Respuesta a una estudiante australiana

Por Felipe de J. Pérez Cruz*
Educacion en cuba
Rosa Báez, excelente compañera e incansable bloguera revolucionaria, me solicitó responder a la inquietud de una de sus lectoras, joven australiana que realiza un proyecto de estudios sobre la educación cubana. No casualmente en estos días en que nuestros amigos de la solidaridad y la lucha contra el bloqueo, los amigos de nuestros amigos, y muchísimos otros estadounidenses que vienen en plan de “descubrimiento”, nos visitan,  he tenido que responder a interrogantes similares.

 Pienso que existen en no pocos compañeros y compañeras de izquierda, aprehensiones y justas preocupaciones sobre el impacto de las relaciones con los Estados Unidos. Abundan los juicios de extrema negatividad  y las lecturas que dan por perdida la Revolución a plazo histórico. Y tales realidades multiplican en nuestros interlocutores, la necesidad de conocer cómo pensamos los que estamos dentro de la Isla-archipiélago. En este propósito comparto la respuesta que le envié a la citada estudiante:

 Le agradezco que esté en un proyecto de estudios sobre Cuba, y en particular sobre la educación cubana. Sobre su pregunta alrededor de cambios en mi país, vista las relaciones con los Estados Unidos, debo comentarle lo siguiente:

 La educación cubana está concebida de manera estratégica, con o sin relaciones con los Estados Unidos, con bloqueo o sin bloqueo. Nada va a cambiar en lo inmediato  (2016) en la propuesta educacional, porque se restablezcan relaciones con el país del Norte. En la inmediato sigue el bloqueo, en lo inmediato también, el Presidente Obama declara que las relaciones son solo “para buscar una nueva vía” para destruir la Revolución, porque según reconoce está probado que lo que hicieron en el medio siglo anterior fue derrotado. Esta búsqueda a mediano plazo de destruir la Revolución, con “nuevos” métodos, probablemente de intensificación de la subversión ideológico-cultural, sin dudas coloca a la educación cubana y a todo el sistema de la cultura nacional ante  retos, que se reflejaran necesariamente en la educación. Sobre esto último tendremos que atenernos a responder lo que pretendan hacer nuestros adversarios ideológicos y políticos, y de seguro volveremos a derrotarlos.

 Al aflojarse la cruel e inhumana política de los Estados Unidos contra Cuba, se va a favorecer la educación dentro del país del Norte, porque como ya ocurre, muchos profesores y alumnos estadounidense podrán visitar  e intercambiar con sus homólogos cubanos, aprender de una realidad como la de mi país, y ello será un hecho muy positivo para la educación norteamericana, comida por el mercantilismo, la tecnocracia inculta y el individualismo.

 De tal relación nos beneficiaremos en Cuba, en primer orden en lo humano: Con el pueblo estadounidense tenemos una fraternal relación desde hace más de tres siglos (pocos conocen que los criollos blancos, negros y mulatos cubanos, pelearon en el territorio continental por la independencia de la vecina nación, y que el general Washington tuvo en Cuba su más firme bastión de apoyo económico y aseguramiento de retaguardia).

 En medio de no poca mediocridad, existe en los Estados Unidos una intelectualidad universitaria (de izquierda y también de derecha) con sólidas e importantes fortalezas y muchas virtudes a compartir con sus colegas cubanos, puedo dar fe de ello, porque en lo personal  he aprendido mucho con mis colegas estadounidenses de la Pedagogía Crítica, y también en el debate respetuoso e inteligente con quienes solo ven del socialismo sus errores históricos.

 Los jóvenes  estudiantes que nos visitan son la realidad y a la vez el futuro de las relaciones entre las dos naciones, podemos con ellos hacer la siembra de cooperación y solidaridad, frente a quienes los impulsan a aventuras de guerra y muerte para defender los intereses de las grandes corporaciones del capital financiero y el complejo militar-industrial. Los jóvenes estudiantes y profesionales estadounidense, en su conjunto, hacen un “trabajo  político-ideológico” muy positivo en su contacto con los jóvenes cubanos, pues les describen “la verdad” de vivir en el capitalismo sin cuentos de hadas, y nada mejor que los de aquí,  puedan acceder en directo a esos testimonios.

 También la relación, nos puede favorecer  en varios temas de infraestructura y desarrollo de la economía del conocimiento, si a pesar del bloqueo se permite la transferencia de tecnología, si se desbloquea el acceso cubano a la banda ancha de Internet, algo que Estados Unidos impide, y si  se gestionan fondos para investigaciones, docencia y publicaciones conjuntas.

 Como puede constatar, TODO lo que le menciono en el rubro “beneficios”, no “cambia” lo que hacemos. Serán relaciones para continuar la línea estratégica de la Revolución Cubana en la  educación, lo que tendrá siempre por finalidad, formar un ciudadano y una ciudadana socialistas, patriotas humanistas e internacionalistas,  hombres y mujeres cultos, dotados de lo mejor de la ciencia y la tecnología contemporánea, para bien de sus personas, de sus familias, de Cuba y del mundo.

 Su pregunta de cambios en la educación cubana para el 2016, si tiene una respuesta afirmativa, en lo que a la política interna cubana se refiere, en lo que hacemos para enfrentary resolver nuestros propios problemas e insuficiencias, sobre todo aquellas que no son “culpa” del imperio y de bloqueo, a pesar de la global interconexión de sus afectaciones sobre el conjunto de las personas, su vida cotidiana e institucional. Le adelanto que hoy la mayoría de los maestros y maestras, los padres, madres y familias, estamos muy satisfechos y comprometidos con lo que se realiza desde el Ministerio de Educación. Se habían acumulado un grupo de deterioros y errores, que hoy se han evaluado con valentía autocrítica, y se ven las soluciones en curso.  Nos queda muchísimo por hacer, por cambiar para recuperar lo perdido, y por cambiar para enfrentar lo que crece, es cualitativamente superior, y en tanto impone la articulación de imprescindibles rupturas dialécticas.

 *Doctor en Ciencias Pedagógicas,  Profesor e investigador y Presidente en La Habana de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC)

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El derecho de escoger su destino

Por y
El tema de los derechos humanos ha estado históricamente sometido a la manipulación de las grandes potencias, que lo utilizan para atacar a los países que no se someten a sus intereses
Libertad, democracia y derechos, son conceptos cuyas esencias se han transformado a conveniencia del poder con el paso de los años, y su resemantización urge en estos tiempos.

El tema de los derechos humanos ha estado históricamente sometido a la manipulación de las grandes potencias, que lo utilizan para atacar a los países que no se someten a sus intereses.

Fue un arma utilizada contra la Unión Soviética y el bloque de países socialistas como parte del conflicto este-oeste, principalmente en los años 70 y 80. Hoy se utiliza contra Rusia, China y los países de Oriente Medio a los cuales Washington intenta someter.

Las guerras genocidas por el dominio geopolítico y de los recursos naturales que encabezan las grandes potencias, violan el principal derecho humano: el derecho a la vida. No obstante, esto no ocupa a la opinión pública mundial ni se sanciona en los organismos internacionales; del mismo modo en que nada ocurrió tras los escándalos por las cárceles secretas de la CIA o sobre el campo de concentración moderno en que se ha convertido la Base Naval de Guantánamo.

La mirada, sin embargo, sí ha estado clavada sobre Cuba.
Con el fin de la Guerra Fría, la excusa de combatir la expansión del comunismo fue ineficaz para justificar las continuas agresiones de los gobiernos de Estados Unidos contra nuestro país, que se remontan al triunfo de la Revolución, en enero de 1959. La estrategia se centró, desde entonces, en disfrazar su política subversiva como una cruzada por los derechos humanos en la Isla.

Para lograr ese cometido, reforzaron la campaña mediática de desprestigio contra Cuba y ejercieron presión para provocar una condena internacional en materia de derechos humanos.

Los ataques cayeron sobre la mayor isla de las Antillas, que al propio tiempo construía y construye una de las mayores obras en el empoderamiento del ser humano, justamente asentada en el respeto a sus derechos. Cuba no conoce un desa­parecido, un torturado; su geografía es en la que la mujer ha alcanzado su plena emancipación; donde el empleo es un derecho; la participación popular en las decisiones de dirección del país una realidad; la tranquilidad ciudadana una virtud para nacionales y visitantes, y la que ha sido considerada por la ONU como el país más seguro de la región.

Sin embargo, la hostilidad por parte de las administraciones estadounidenses, se mantuvieron en la antigua Comisión de Derechos Humanos de la ONU. A pesar de ello, la verdad se impuso y en el 2007 Cuba fue electa como miembro pleno del nuevo Consejo de Derechos Humanos, creado por mandato de la ONU para sustituir a la antigua Comisión, y en el cual Estados Unidos no obtuvo un puesto.

Fue el reconocimiento del Tercer Mundo, de los que somos la mayoría, al valor de nuestra resistencia y solidaridad, al haber continuado la batalla por la justicia social a pesar de los cambios geopolíticos que sufrió el mundo en la década de los 90. Honrando ese compromiso, nuestro país cumplió dos mandatos consecutivos (máximo establecido) en el nuevo Consejo de Derechos Humanos y fue electo una vez más como miembro pleno en el 2013.

La labor solidaria de nuestros hombres y mujeres en numerosos rincones del mundo en materia de salud, educación y en el apoyo al desarrollo de los pueblos ha sido reconocida por muchas naciones. Prueba irrebatible de ese reconocimiento internacional a la labor social de Cuba durante el último medio siglo dentro y fuera de sus fronteras, es también el rechazo unánime al genocida bloqueo económico, comercial y financiero que por más de cinco décadas le ha impuesto Estados Unidos y que es la principal violación a los derechos humanos de los cubanos.

Cuba y su Revolución no sólo han erradicado el analfabetismo y establecido un sistema educacional universal y gratuito cuya calidad ha sido reconocida por organismos internacionales como la UNESCO, sino que ha contribuido, con método autóctono, a que más de ocho millones de personas en todo el orbe aprendan a leer y escribir.

En materia de salud, el sistema cubano —además de mostrar indicadores semejantes a los de naciones desarrolladas, con independencia de las carencias materiales que enfrenta el país—, es también reconocido por la Organización Mundial de la Salud por la labor que han desempeñado sus profesionales en otras tierras. En poco más de medio siglo 137 000 colaboradores han ejercido su humanitaria tarea en zonas remotas y condiciones difíciles.

Más allá de que la Constitución de la República establece los derechos, deberes y garantías fundamentales de los ciudadanos, cada vez más nuestras leyes y proyectos gubernamentales van encaminados a proteger a las minorías, respetar la diversidad sexual, racial, religiosa y de género.
Cuba no es lugar para la trata de personas y sus instituciones son referentes en la protección a la niñez, de cuyos instrumentos internacionales es signataria, así como de otros tantos en materia de derechos humanos.

Como cualquier otro país, existen cosas por mejorar, pero es tarea del pueblo cubano escoger el camino para continuar alcanzando nuevos derechos sociales, sin que en ello medien las imposiciones sobre lo que desde el exterior consideren que es mejor para quienes habitamos en esta tierra.

La actualización del modelo económico cubano, respetando las conquistas sociales de la Revolución, es la principal demostración de que nuestro país no ha abandonado sus principios humanistas y solidarios en la tarea de garantizar la construcción de un socialismo próspero y sostenible. Cuba tiene el derecho de escoger su destino y le sobran razones para caminar con la cabeza en alto este 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. una de ellas es la expresada por el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz:
“¿Y cómo se hizo esa revolución? ¿Cuál fue la conducta del Ejército Rebelde durante la guerra? Cientos de heridos fueron abandonados por el enemigo en el campo de batalla, nuestros médicos los recogieron, los curaron y los devolvieron. Miles de prisioneros fueron capturados en los campos de batalla, jamás se golpeó a un prisionero, jamás se asesinó a un prisionero. Nunca un ejército en el mundo, nunca una revolución en el mundo se llevó a cabo tan ejemplarmente, tan caballerosamente, como se llevó a cabo la Revolución Cubana”.

Tomado de Periódico Granma

El derecho de escoger su destino

Por y
El tema de los derechos humanos ha estado históricamente sometido a la manipulación de las grandes potencias, que lo utilizan para atacar a los países que no se someten a sus intereses

Libertad, democracia y derechos, son conceptos cuyas esencias se han transformado a conveniencia del poder con el paso de los años, y su resemantización urge en estos tiempos.

El tema de los derechos humanos ha estado históricamente sometido a la manipulación de las grandes potencias, que lo utilizan para atacar a los países que no se someten a sus intereses.

Fue un arma utilizada contra la Unión Soviética y el bloque de países socialistas como parte del conflicto este-oeste, principalmente en los años 70 y 80. Hoy se utiliza contra Rusia, China y los países de Oriente Medio a los cuales Washington intenta someter.

Las guerras genocidas por el dominio geopolítico y de los recursos naturales que encabezan las grandes potencias, violan el principal derecho humano: el derecho a la vida. No obstante, esto no ocupa a la opinión pública mundial ni se sanciona en los organismos internacionales; del mismo modo en que nada ocurrió tras los escándalos por las cárceles secretas de la CIA o sobre el campo de concentración moderno en que se ha convertido la Base Naval de Guantánamo.

La mirada, sin embargo, sí ha estado clavada sobre Cuba.
Con el fin de la Guerra Fría, la excusa de combatir la expansión del comunismo fue ineficaz para justificar las continuas agresiones de los gobiernos de Estados Unidos contra nuestro país, que se remontan al triunfo de la Revolución, en enero de 1959. La estrategia se centró, desde entonces, en disfrazar su política subversiva como una cruzada por los derechos humanos en la Isla.

Para lograr ese cometido, reforzaron la campaña mediática de desprestigio contra Cuba y ejercieron presión para provocar una condena internacional en materia de derechos humanos.

Los ataques cayeron sobre la mayor isla de las Antillas, que al propio tiempo construía y construye una de las mayores obras en el empoderamiento del ser humano, justamente asentada en el respeto a sus derechos. Cuba no conoce un desa­parecido, un torturado; su geografía es en la que la mujer ha alcanzado su plena emancipación; donde el empleo es un derecho; la participación popular en las decisiones de dirección del país una realidad; la tranquilidad ciudadana una virtud para nacionales y visitantes, y la que ha sido considerada por la ONU como el país más seguro de la región.

Sin embargo, la hostilidad por parte de las administraciones estadounidenses, se mantuvieron en la antigua Comisión de Derechos Humanos de la ONU. A pesar de ello, la verdad se impuso y en el 2007 Cuba fue electa como miembro pleno del nuevo Consejo de Derechos Humanos, creado por mandato de la ONU para sustituir a la antigua Comisión, y en el cual Estados Unidos no obtuvo un puesto.

Fue el reconocimiento del Tercer Mundo, de los que somos la mayoría, al valor de nuestra resistencia y solidaridad, al haber continuado la batalla por la justicia social a pesar de los cambios geopolíticos que sufrió el mundo en la década de los 90. Honrando ese compromiso, nuestro país cumplió dos mandatos consecutivos (máximo establecido) en el nuevo Consejo de Derechos Humanos y fue electo una vez más como miembro pleno en el 2013.

La labor solidaria de nuestros hombres y mujeres en numerosos rincones del mundo en materia de salud, educación y en el apoyo al desarrollo de los pueblos ha sido reconocida por muchas naciones. Prueba irrebatible de ese reconocimiento internacional a la labor social de Cuba durante el último medio siglo dentro y fuera de sus fronteras, es también el rechazo unánime al genocida bloqueo económico, comercial y financiero que por más de cinco décadas le ha impuesto Estados Unidos y que es la principal violación a los derechos humanos de los cubanos.

Cuba y su Revolución no sólo han erradicado el analfabetismo y establecido un sistema educacional universal y gratuito cuya calidad ha sido reconocida por organismos internacionales como la UNESCO, sino que ha contribuido, con método autóctono, a que más de ocho millones de personas en todo el orbe aprendan a leer y escribir.

En materia de salud, el sistema cubano —además de mostrar indicadores semejantes a los de naciones desarrolladas, con independencia de las carencias materiales que enfrenta el país—, es también reconocido por la Organización Mundial de la Salud por la labor que han desempeñado sus profesionales en otras tierras. En poco más de medio siglo 137 000 colaboradores han ejercido su humanitaria tarea en zonas remotas y condiciones difíciles.

Más allá de que la Constitución de la República establece los derechos, deberes y garantías fundamentales de los ciudadanos, cada vez más nuestras leyes y proyectos gubernamentales van encaminados a proteger a las minorías, respetar la diversidad sexual, racial, religiosa y de género.

Cuba no es lugar para la trata de personas y sus instituciones son referentes en la protección a la niñez, de cuyos instrumentos internacionales es signataria, así como de otros tantos en materia de derechos humanos.

Como cualquier otro país, existen cosas por mejorar, pero es tarea del pueblo cubano escoger el camino para continuar alcanzando nuevos derechos sociales, sin que en ello medien las imposiciones sobre lo que desde el exterior consideren que es mejor para quienes habitamos en esta tierra.

La actualización del modelo económico cubano, respetando las conquistas sociales de la Revolución, es la principal demostración de que nuestro país no ha abandonado sus principios humanistas y solidarios en la tarea de garantizar la construcción de un socialismo próspero y sostenible. Cuba tiene el derecho de escoger su destino y le sobran razones para caminar con la cabeza en alto este 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. una de ellas es la expresada por el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz:
“¿Y cómo se hizo esa revolución? ¿Cuál fue la conducta del Ejército Rebelde durante la guerra? Cientos de heridos fueron abandonados por el enemigo en el campo de batalla, nuestros médicos los recogieron, los curaron y los devolvieron. Miles de prisioneros fueron capturados en los campos de batalla, jamás se golpeó a un prisionero, jamás se asesinó a un prisionero. Nunca un ejército en el mundo, nunca una revolución en el mundo se llevó a cabo tan ejemplarmente, tan caballerosamente, como se llevó a cabo la Revolución Cubana”.

Tomado de Periódico Granma