Por Andrés Gómez*
Por
esas cosas extrañas que pasan en las economías de mercado, Radio Miami,
nuestra programación radial diaria en Miami, no podrá seguir
trasmitiendo. La radioemisora a través de la cual ha venido siendo
trasmitido nuestro programa radial, dirigido por nuestro compañero Max
Lesnik, ha sido vendida a otra empresa la cual se especializa en
programas de índole religioso solamente y no tendrá espacio para
nosotros. De la misma manera será afectada la programación de La Tarde
se Mueve, programación que se trasmite en la misma radioemisora,
dirigida por nuestro compatriota Edmundo García.
En
la mayoría de las grandes ciudades, como Miami, no habría muchos
problemas en encontrar otra radioemisora donde comprar el espacio diario
de una hora de duración, de ambas programaciones. Pero en Miami no es
así.
Y
no lo es porque ambas programaciones ofrecen a sus audiencias radiales,
informaciones, análisis y opiniones alternativas sobre la sociedad
cubana, sobre las problemáticas entre los Estados Unidos y Cuba, sobre
las terribles consecuencias para el bienestar, el desarrollo y la paz
del pueblo cubano, que las políticas que los gobiernos de Estados Unidos
han mantenido y mantiene en su contra, sobre la naturaleza y las
acciones de la ultra derecha cubanoamericana y sus terroristas, en fin
programaciones radiales que nada tienen que ver con el resto de las
ofrecidas en español o en inglés por el resto de los medios de prensa de
esta ciudad sobre todo con aquello relacionado con Cuba o con los
cubanos que residimos en este país.
Y
cuando digo el resto de los medios de prensa de esta ciudad --cuya
población es de más de dos millones de habitantes, de los cuales más del
65% entiende perfectamente el español, por ser de origen
latinoamericano— me refiero a los medios televisivos, radiales y los de
la prensa escrita.
Por
lo tanto cuando algo así ocurre más que ser extraño es algo sospechoso -muy sospechoso- porque al suceder, desaparecen de la radio en Miami las
voces de la oposición a la extrema derecha cubanoamericana, a sus
políticas y métodos de acción en contra del pueblo cubano, así como a
las políticas de sus dueños en Washington que anual y millonariamente
financian a esa extrema derecha y a todo lo demás en contra de Cuba.
La
programación radial de Radio Miami ha mantenido sus trasmisiones
diarias por más de diez años en dos diferentes radioemisoras comerciales
en la frecuencia AM. Ya que una situación similar nos sucedió hace un
par de años, cuando la radioemisora en la cual originalmente se
trasmitía nuestra programación fue vendida y sus nuevos dueños tampoco
aceptaron la posibilidad de nosotros poder tener un espacio en su nueva
programación. No es de extrañar ya que nuestros adversarios, o enemigos,
como más les guste, aquellos que por más de medio siglo han querido
destruir al pueblo cubano, son muy poderosos, política y económicamente
en Miami. Y saben cómo ejercer “presión” sobre otros empresarios, si
esa en verdad fuese la situación…
En
aquella ocasión pudimos lograr encontrar otra radioemisora, de mucha
menos potencia, aunque con la que tiene se cumplen nuestros fines, y en
la cual hemos estado funcionando.
Ahora,
por lo menos en el futuro cercano, a no ser que ocurra un milagro, no
será así. Nos hemos quedado sin nuestra voz radial. Dentro de poco ya
no podrá escuchar nuestra audiencia radial, ni la de la programación
dirigida por Edmundo García, nuestras informaciones, análisis y
opiniones. No podremos ejercer la tan cacareada “libertad de prensa”
para poder incidir a través de la radio en el debate político en
esta ciudad.
Pero
a pesar de este revés, la programación de Radio Miami, tanto en audio
como en textos, continuará disponible, con un nuevo contenido
diariamente, el que hemos venido haciendo para la radio a diario, en su
sitio en la web: http://www.radio-miami.org/ para todos aquellos interesados en estas cuestiones.
Sin
lugar a dudas, especialmente en lo inmediato, el quedarnos sin voz
radial, afectará muchas cosas. Pero como hemos estado involucrados en
estos asuntos por tantos años, encontraremos otras nuevas maneras,
además de la internet, de comunicarnos y convocarnos para seguir
manteniendo exitosamente nuestra presencia pública en el debate político
sobre estos asuntos en esta tan complicada Miami.
*Periodista cubano residente en EE.UU., Director de Areito Digital
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jueves, 6 de febrero de 2014
jueves, 12 de abril de 2012
Viva Fidel… digo… Abajo Fidel… Bueno, lo que sea
Por Álvaro F. Fernández
Fidel Castro sigue siendo la persona más influyente en Miami. Y en 2012, independientemente de que aún tiene una cierta cantidad de poder en Cuba, un retirado, envejecido y débil Fidel puede que tenga más vitalidad aquí, en la capital del exilio, que hasta en La Habana. Su nombre en Miami provoca las más primarias reacciones por parte de la gente común en la calle, lo cual se traduce en un temor a todo lo que se vincule no muy sutilmente a Castro. Este terror social que provoca el tema de Cuba es parte de la estructura de mi ciudad de residencia, lo cual hace que muchos se nieguen a opinar. Saben que una respuesta “incorrecta” puede llegar a una situación Ozzie Guillén.
A estas alturas, el país entero sabe que los “cubanos locos” de Miami se han alzado en armas de nuevo, esta vez acerca de un comentario que reportó en su edición online la revista Time. Parece que el director del equipo de béisbol Marlins de Miami dijo que amaba y admiraba a Fidel Castro. Los medios de todo el país propagaron la noticia de la declaración, a lo que le siguió una tormenta de fuego de reacciones. En el Sur de la Florida, los idiotas vociferantes en hogares, esquinas, radio y TV pidieron el despido de Guillén.
Yo lo esperaba, sólo que llegó antes de lo que creí. Sé que muchos otros también están esperando. Se sabe que Guillén a menudo mete la pata. Él dice lo que piensa con total desenfado. A veces sus comentarios son una reacción no bien pensada. A menudo, después de haber ingerido algunas bebidas alcohólicas. Pero Ozzie es un jugador de béisbol convertido en director de equipo. No es un político ni un estadista. Sin embargo, había muchos en esta comunidad que estaban tras el micrófono y de puertas de políticos esperando que Guillén hiciera su papel de bufón –esta vez en Miami, donde no le iban a permitir que se saliera con la suya. Y especialmente cuando muchos aquí sabían de los anteriores comentarios favorables de Ozzie acerca de Fidel Castro y de Hugo Chávez –hombres considerados por muchos en el Sur de la Florida como el demonio y su hermano.
Ahora, antes de seguir adelante, dejemos las cosas claras. Guillén está siendo vapuleado por los medios y la comunidad debido a una declaración suya, palabras dichas al periodista de una revista. Punto. No ha matado a nadie ni causado daño físico en ninguna parte. Pero por haberlo hecho, hay que despedirlo. Al menos es lo que piensan muchos en Miami. En una conferencia de prensa el martes en el estadio, dio marcha atrás a su comentario a Time y dijo que odiaba a Fidel y a todo lo que él significa.
Y yo digo, ¿a quién le importa?
Perdido en el alboroto hay algo que Ozzie agregó durante la entrevista, que a mí me pareció más preocupante. Dijo al reportero que cuando el equipo está de visita en otras ciudades, él se emborracha después de cada juego. No he visto muchas quejas acerca de eso. En otras palabras, la posibilidad de alcoholismo está bien.
Lo interesante es que la declaración de Guillén se hizo en un país que enarbola su Primera Enmienda –que garantiza la libertad de palabra– como su bandera de independencia y democracia
¡Aaah, Miami! Un verdadero bastión de la libertad de palabra…
Aquí se tiene el derecho a decir y hacer como a uno le venga en ganas, siempre y cuando no disguste a un poderoso y vociferante segmento de esta comunidad. Si uno cruza los límites trazados por estas personas (casi todos de ascendencia cubana), entonces las reglas no valen.
He pensado mucho y por largo tiempo acerca de lo que acaba de sucederle a Guillén. Y seguramente tengo derecho a estar molesto (o no) por su amor a Fidel. ¿Pero insistir en despedirlo por las palabras que dijo?
La gente que pide la cabeza de Guillén son algunos de los que asisten a los juegos de béisbol en un estadio construido con el dinero de los contribuyentes que nos quitaron de la manera más atroz. Nos engañaron los propietarios de los Marlins y los políticos locales que fueron atraídos por cualquier cosa que el equipo les haya ofrecido. Es más, hasta The Miami Herald, que ha demostrado la estafa de los Marlins, celebra el nuevo estadio como si el negocio hubiera sido totalmente legítimo.
Mientras tanto, el vecindario alrededor de ese estadio y las personas que viven allí –algunos desde que llegaron de Cuba– están siendo forzados a mudarse debido al costo de las nuevas urbanizaciones. Es el aburguesamiento, un proceso que expulsa a los indeseables (porque no pueden pagarlo) a fin de abrir el camino a los que pueden pagar bienes raíces más caros. En otras palabras, como ustedes no pueden pagarlo (lo que ayudaron a financiar) no son bienvenidos. A eso se le llama progreso.
Muchas de esas mismas personas se han alzado en armas por la controversia del caso Guillén. Yo les aconsejaría que no permitan que el equipo (así como los políticos y lo “líderes” de la comunidad) desvíe la atención de lo que es más importante: lo que el estadio está haciendo a la comunidad circundante.
Pero en Miami aún estamos preocupados por Fidel –y por el idiota que tuvo las agallas de admitir que ama al líder cubano, probablemente después de unos cuantos tragos de más.
De Progreso Semanal
A estas alturas, el país entero sabe que los “cubanos locos” de Miami se han alzado en armas de nuevo, esta vez acerca de un comentario que reportó en su edición online la revista Time. Parece que el director del equipo de béisbol Marlins de Miami dijo que amaba y admiraba a Fidel Castro. Los medios de todo el país propagaron la noticia de la declaración, a lo que le siguió una tormenta de fuego de reacciones. En el Sur de la Florida, los idiotas vociferantes en hogares, esquinas, radio y TV pidieron el despido de Guillén.
Yo lo esperaba, sólo que llegó antes de lo que creí. Sé que muchos otros también están esperando. Se sabe que Guillén a menudo mete la pata. Él dice lo que piensa con total desenfado. A veces sus comentarios son una reacción no bien pensada. A menudo, después de haber ingerido algunas bebidas alcohólicas. Pero Ozzie es un jugador de béisbol convertido en director de equipo. No es un político ni un estadista. Sin embargo, había muchos en esta comunidad que estaban tras el micrófono y de puertas de políticos esperando que Guillén hiciera su papel de bufón –esta vez en Miami, donde no le iban a permitir que se saliera con la suya. Y especialmente cuando muchos aquí sabían de los anteriores comentarios favorables de Ozzie acerca de Fidel Castro y de Hugo Chávez –hombres considerados por muchos en el Sur de la Florida como el demonio y su hermano.
Ahora, antes de seguir adelante, dejemos las cosas claras. Guillén está siendo vapuleado por los medios y la comunidad debido a una declaración suya, palabras dichas al periodista de una revista. Punto. No ha matado a nadie ni causado daño físico en ninguna parte. Pero por haberlo hecho, hay que despedirlo. Al menos es lo que piensan muchos en Miami. En una conferencia de prensa el martes en el estadio, dio marcha atrás a su comentario a Time y dijo que odiaba a Fidel y a todo lo que él significa.
Y yo digo, ¿a quién le importa?
Perdido en el alboroto hay algo que Ozzie agregó durante la entrevista, que a mí me pareció más preocupante. Dijo al reportero que cuando el equipo está de visita en otras ciudades, él se emborracha después de cada juego. No he visto muchas quejas acerca de eso. En otras palabras, la posibilidad de alcoholismo está bien.
Lo interesante es que la declaración de Guillén se hizo en un país que enarbola su Primera Enmienda –que garantiza la libertad de palabra– como su bandera de independencia y democracia
¡Aaah, Miami! Un verdadero bastión de la libertad de palabra…
Aquí se tiene el derecho a decir y hacer como a uno le venga en ganas, siempre y cuando no disguste a un poderoso y vociferante segmento de esta comunidad. Si uno cruza los límites trazados por estas personas (casi todos de ascendencia cubana), entonces las reglas no valen.
He pensado mucho y por largo tiempo acerca de lo que acaba de sucederle a Guillén. Y seguramente tengo derecho a estar molesto (o no) por su amor a Fidel. ¿Pero insistir en despedirlo por las palabras que dijo?
La gente que pide la cabeza de Guillén son algunos de los que asisten a los juegos de béisbol en un estadio construido con el dinero de los contribuyentes que nos quitaron de la manera más atroz. Nos engañaron los propietarios de los Marlins y los políticos locales que fueron atraídos por cualquier cosa que el equipo les haya ofrecido. Es más, hasta The Miami Herald, que ha demostrado la estafa de los Marlins, celebra el nuevo estadio como si el negocio hubiera sido totalmente legítimo.
Mientras tanto, el vecindario alrededor de ese estadio y las personas que viven allí –algunos desde que llegaron de Cuba– están siendo forzados a mudarse debido al costo de las nuevas urbanizaciones. Es el aburguesamiento, un proceso que expulsa a los indeseables (porque no pueden pagarlo) a fin de abrir el camino a los que pueden pagar bienes raíces más caros. En otras palabras, como ustedes no pueden pagarlo (lo que ayudaron a financiar) no son bienvenidos. A eso se le llama progreso.
Muchas de esas mismas personas se han alzado en armas por la controversia del caso Guillén. Yo les aconsejaría que no permitan que el equipo (así como los políticos y lo “líderes” de la comunidad) desvíe la atención de lo que es más importante: lo que el estadio está haciendo a la comunidad circundante.
Pero en Miami aún estamos preocupados por Fidel –y por el idiota que tuvo las agallas de admitir que ama al líder cubano, probablemente después de unos cuantos tragos de más.
De Progreso Semanal
Fascismo en Miami
Por Lázaro Fariñas*
Ozzie Guillén, el manager del equipo de baseball de las grandes ligas, los Miami Marlins, hasta hace unos días creía que era un hombre libre que, viviendo en una sociedad democrática, podía expresar lo que le diera la gana sin tener ningún tipo de consecuencias. Pobre hombre. ¡Qué equivocado estaba al creer semejante bobería! El venezolano Guillén pensó que, como en otras ocasiones públicamente había dicho cosas irreverentes refiriéndose a otros temas, también podía afirmar libremente su respeto por el líder indiscutible del pueblo cubano, el Comandante Fidel Castro, y no pagar ninguna consecuencia.
Empezando con las palabras "I love Fidel Castro", en la última edición de la revista Time salió publicado un artículo escrito por el periodista Sean Gregory, quien transcribe textualmente la frase que le dijera Ozzie Guillén. No creo que hayan pasado más de dos hora de haber salido la revista a la calle, cuando los fascistas de la extrema derecha de Miami comenzaron la campaña de difamación contra Guillén. Los programas de radio que dirigen estos personajes locales empezaron a destilar veneno contra el hombre que se había atrevido a decir que amaba a un líder político que es amado y respetado por millones de cubanos y por centenares de millones de personas alrededor del mundo. El veneno de la radio saltó a los políticos locales, quienes exigían a los dueños del equipo beisbolero que votara a su manager. Mientras la administración del equipo sacó públicamente una declaración en la que se alejaba de lo declarado por Guillen y aunque hasta la fecha no lo han despedido, sí lo han suspendido por 5 juegos.
Lo más probable es que, a pesar de las constantes declaraciones de Guillén en las que les pide perdón a la morralla miamenses, este no pueda evitar que los Marlíns lo dejen en la calle y sin llavín. Esta jauría es insaciable y de nada le vale a Guillén, ni a nadie, humillarse ante ella para conseguir un perdón, porque estos elementos de la extrema derecha de Miami está compuesto por personas enfermas de rabia y de odio. Por esa humillación de tener que pedir perdón, ya han pasado muchos antes. Guillén es el último, no el primero, ni el único.
Sería interminable la lista de las personas a las que aquí les han caído encima. No hay que olvidar que Nelson Mandela fue declarado persona non grata por el gobierno condal por ser amigo de Cuba y su líder; que los Papas han sido, en diferentes ocasiones, acusados de comunistas; aquí, hasta a los presidentes Kennedy, Carter, Clinton y ahora Obama los han acusado de colaboradores del gobierno cubano. También tuvo su momento en este carnaval fascista el cantante venezolano, Oscar de León, quien tuvo que venir a la radio de Miami a pedir perdón, llorando, después que le cayeron como buitres por haber participado en un festival de música en Varadero. Por ese camino también han pasado, entre muchos otros, el dúo Los Españolísimos, Julio Iglesias, la brasilera Denise de Kalafe, los puertorriqueños Danny Rivera y Andy Montañez, la cubana Ana Margarita Martínez Casado y hasta el mismísimo Willie Chirino, quien tuvo que llorar en un programa de radio después que le regaló un instrumento musical a un músico cubano en Panamá. Es verdad que esta gente que ha llorado no tienen columna vertebral y se han irrespetado a sí mismos al tener que decir que donde dijeron Diego dijeron digo, pero los insultos son muchos y las amenazas económicas y hasta de la propia vida, son más.
La verdad que hay que preguntarse es ¿cómo es posible que en una ciudad norteamericana, donde rige una constitución que contiene una enmienda que le da el derecho a los ciudadanos de expresar libremente su pensamiento, alguien sea humillado y amenazado de perder su trabajo o su vida, precisamente por expresar lo que piensa?
Esto sólo pasa porque en esta ciudad existe un enclave fascistoide que domina los medios de comunicación, que tiene poder económico y además, exagerado poder político. Ese enclave es el mismo que se pasa la vida gritando a los cuatro vientos que en Cuba no hay democracia, mientras ellos aquí amenazan y humillan a todo aquel que se atreva a decir algo diferente a lo que ellos quieren que se permita decir.
La presión para que boten al manager de los Marlíns no va a parar hasta que logren su objetivo. Ojalá que no lo logren, aunque mucho lo dudo. Suceda lo que suceda con Ozzie Guillén, y aunque humanamente me da pena con él, me alegro que esto haya sucedido y que haya sido reportado por todos los grandes medios de comunicación de los Estados Unidos para que se vuelva a enterar el resto de los habitantes de este gran país de la clase de morralla fascista que controla económica, política y socialmente una de las más importantes ciudades de esta nación.
*Lázaro Fariñas periodista cubano residente en EE.UU.
Fuente original: Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad
Imagen agregada RCBáez
Vea además, sobre este tema:
Libertad de expresión en Miami: entrenador de beisbol es sancionado y debe pedir perdón por elogiar a Fidel
Video en Youtube
Ozzie Guillén, el manager del equipo de baseball de las grandes ligas, los Miami Marlins, hasta hace unos días creía que era un hombre libre que, viviendo en una sociedad democrática, podía expresar lo que le diera la gana sin tener ningún tipo de consecuencias. Pobre hombre. ¡Qué equivocado estaba al creer semejante bobería! El venezolano Guillén pensó que, como en otras ocasiones públicamente había dicho cosas irreverentes refiriéndose a otros temas, también podía afirmar libremente su respeto por el líder indiscutible del pueblo cubano, el Comandante Fidel Castro, y no pagar ninguna consecuencia.
Empezando con las palabras "I love Fidel Castro", en la última edición de la revista Time salió publicado un artículo escrito por el periodista Sean Gregory, quien transcribe textualmente la frase que le dijera Ozzie Guillén. No creo que hayan pasado más de dos hora de haber salido la revista a la calle, cuando los fascistas de la extrema derecha de Miami comenzaron la campaña de difamación contra Guillén. Los programas de radio que dirigen estos personajes locales empezaron a destilar veneno contra el hombre que se había atrevido a decir que amaba a un líder político que es amado y respetado por millones de cubanos y por centenares de millones de personas alrededor del mundo. El veneno de la radio saltó a los políticos locales, quienes exigían a los dueños del equipo beisbolero que votara a su manager. Mientras la administración del equipo sacó públicamente una declaración en la que se alejaba de lo declarado por Guillen y aunque hasta la fecha no lo han despedido, sí lo han suspendido por 5 juegos.
Lo más probable es que, a pesar de las constantes declaraciones de Guillén en las que les pide perdón a la morralla miamenses, este no pueda evitar que los Marlíns lo dejen en la calle y sin llavín. Esta jauría es insaciable y de nada le vale a Guillén, ni a nadie, humillarse ante ella para conseguir un perdón, porque estos elementos de la extrema derecha de Miami está compuesto por personas enfermas de rabia y de odio. Por esa humillación de tener que pedir perdón, ya han pasado muchos antes. Guillén es el último, no el primero, ni el único.
Sería interminable la lista de las personas a las que aquí les han caído encima. No hay que olvidar que Nelson Mandela fue declarado persona non grata por el gobierno condal por ser amigo de Cuba y su líder; que los Papas han sido, en diferentes ocasiones, acusados de comunistas; aquí, hasta a los presidentes Kennedy, Carter, Clinton y ahora Obama los han acusado de colaboradores del gobierno cubano. También tuvo su momento en este carnaval fascista el cantante venezolano, Oscar de León, quien tuvo que venir a la radio de Miami a pedir perdón, llorando, después que le cayeron como buitres por haber participado en un festival de música en Varadero. Por ese camino también han pasado, entre muchos otros, el dúo Los Españolísimos, Julio Iglesias, la brasilera Denise de Kalafe, los puertorriqueños Danny Rivera y Andy Montañez, la cubana Ana Margarita Martínez Casado y hasta el mismísimo Willie Chirino, quien tuvo que llorar en un programa de radio después que le regaló un instrumento musical a un músico cubano en Panamá. Es verdad que esta gente que ha llorado no tienen columna vertebral y se han irrespetado a sí mismos al tener que decir que donde dijeron Diego dijeron digo, pero los insultos son muchos y las amenazas económicas y hasta de la propia vida, son más.
La verdad que hay que preguntarse es ¿cómo es posible que en una ciudad norteamericana, donde rige una constitución que contiene una enmienda que le da el derecho a los ciudadanos de expresar libremente su pensamiento, alguien sea humillado y amenazado de perder su trabajo o su vida, precisamente por expresar lo que piensa?
Esto sólo pasa porque en esta ciudad existe un enclave fascistoide que domina los medios de comunicación, que tiene poder económico y además, exagerado poder político. Ese enclave es el mismo que se pasa la vida gritando a los cuatro vientos que en Cuba no hay democracia, mientras ellos aquí amenazan y humillan a todo aquel que se atreva a decir algo diferente a lo que ellos quieren que se permita decir.
La presión para que boten al manager de los Marlíns no va a parar hasta que logren su objetivo. Ojalá que no lo logren, aunque mucho lo dudo. Suceda lo que suceda con Ozzie Guillén, y aunque humanamente me da pena con él, me alegro que esto haya sucedido y que haya sido reportado por todos los grandes medios de comunicación de los Estados Unidos para que se vuelva a enterar el resto de los habitantes de este gran país de la clase de morralla fascista que controla económica, política y socialmente una de las más importantes ciudades de esta nación.
*Lázaro Fariñas periodista cubano residente en EE.UU.
Fuente original: Martianos-Hermes-Cubainformación-Cubasolidaridad
Imagen agregada RCBáez
Vea además, sobre este tema:
Libertad de expresión en Miami: entrenador de beisbol es sancionado y debe pedir perdón por elogiar a Fidel
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