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domingo, 28 de junio de 2015

En busca del tiempo perdido

"Nosotros, los comunes, podemos también encontrar un cauce creativo en la acción cotidiana de los trabajos y los días, a través de la solidaridad con el otro. Desde el sitio más modesto, estamos en condiciones de cambiar las circunstancias". ¡No perdamos más tiempo!

En busca del tiempo perdido

Por Graziella Pogolotti

P1000648Una de las más célebres novelas del siglo XX sale en busca del tiempo perdido. La sensación producida por un pastelillo que se disuelve en la boca al tomar un sorbo de té, despierta en el narrador la memoria de un pasado ya distante, el de su infancia en el mítico Combray y, luego, la vida toda. En ese recorrido, van cayendo máscaras hasta alcanzar el fondo sórdido, mezquino y aún grotesco, oculto tras la fascinante apariencia.

Si pasamos de la literatura a la economía, descubrimos que el tiempo constituye también una categoría importante, con peso decisivo a la hora de evaluar costos. Parte esencial de la efímera existencia humana, su adecuada administración contribuye a la rentabilidad, a la competitividad y a la eficiencia del proceso productivo de bienes y servicios. Una consigna reiterada con frecuencia hace algunos años aludía a la cadena puerto-transporte-economía interna. La permanencia de las mercancías en los almacenes paralizaba el funcionamiento de la industria y el comercio, adelgazaba el margen de utilidades y se traducía en pérdidas.

Seguidora fidelísima de las cartas de los lectores a nuestros órganos de prensa, encuentro en ellas muestras útiles para un análisis sociológico de nuestra realidad. El fluir de la cadena que garantiza el adecuado funcionar de la economía y la vida apacible de los ciudadanos sufre constantes interrupciones como tren lechero girando en un interminable circuito de ida y vuelta. En ocasiones las dificultades responden a causas materiales. Lo más frecuente, sin embargo, sucede por razones originadas en el factor humano.

Los planeamientos recurrentes vuelven una y otra vez. Pueden agruparse en tres básicos. Uno de ellos se centra en los obstáculos infinitos que entorpecen cada trámite con total indiferencia ante las necesidades del solicitante y en relación con el desperdicio de tiempo en oficinas y en viajes prolongados. Estos problemas se derivan del incumplimiento de las funciones que corresponden a cada cual, nunca limitadas a la simple recepción de un formulario. Se extienden también a la tarea de orientar a los ciudadanos que no pueden ser duchos en las numerosas resoluciones normativas de cada organismo. Otro paso importante se produciría mediante el establecimiento de ágiles coordinaciones entre las oficinas ubicadas en un mismo circuito.

Otra zona problemática nos concierne a todos. Atañe a la experiencia cotidiana de los habaneros, aunque sean pocos los empeñados en reclamar, por los medios a su alcance, una respuesta adecuada. Se trata de la limpieza de las alcantarillas, el desbordamiento de las fosas albañales, y la limpieza de calles, aceras y solares yermos. La magnitud del problema parece abrumadora, pero se impone encontrar soluciones puntuales de acuerdo con el contexto específico. Las consecuencias sanitarias pueden ser aún más costosas en la preservación de vidas y en el gasto por tratamiento. La agresión ambiental contribuye a la indisciplina social y puede repercutir negativamente en el desarrollo del turismo.

Vistos los ejemplos precedentes, puede afirmarse que la consigna de otrora referida a la cadena puerto-transporte-economía interna adquiere el carácter de metáfora de muchos tropiezos actuantes en nuestro existir cotidiano. Hay que romper esquemas, combatir hábitos y cambiar mentalidades. El mundo que nos rodea está interconectado. Hemos construido parcelas con férreas delimitaciones en cuanto a lo que toca a cada uno. De esa manera, desechamos el pleno uso del capital disponible, obstruimos la participación creadora de los colectivos formados en oficios y profesiones diferentes y renunciamos a la necesidad de fortalecer el sentimiento de responsabilidad. Para la solución de los problemas de gran magnitud, se requiere la inversión de recursos considerables. Pero en el universo de la pequeña y también de la gran escala, el papel de la subjetividad es decisivo. La rutina y la apatía burocráticas coartan la voluntad de hacer, propagan el escepticismo, paralizan la iniciativa y la confianza en que, del esfuerzo mancomunado, habrán de surgir respuestas a los problemas que devoran el brevísimo tiempo disponible para el trabajo útil, la atención a la familia y a la comunidad, la recreación, el descanso y la superación.

El narrador de En busca del tiempo perdido, llegado al término de su existencia vuelve la mirada hacia atrás para rescatar desde la memoria los acontecimientos que se le escaparon entre los dedos. Marcel Proust, el autor de la novela, un judío en parte excluido por su origen, dedicó años de esfuerzo para acceder al mundo aristocrático de los grandes salones. Poco a poco se le fueron revelando las mezquindades de un universo que proyectaba una imagen maravillosa. Entonces, encerrado en su habitación, en una cama cubierta de minúsculos papeles con anotaciones, se entregó por completo a su obra y descubrió en ella el sentido de su vida. Nosotros, los comunes, podemos también encontrar un cauce creativo en la acción cotidiana de los trabajos y los días, a través de la solidaridad con el otro. Desde el sitio más modesto, estamos en condiciones de cambiar las circunstancias. Abotagados por la rutina burocrática, sometidos a la monotonía de las horas que transcurren, despojados de proyectos motivadores, desechamos inútilmente el precioso tiempo de vida que nos viene dado, y con nuestra indiferencia, malbaratamos el de las personas que acuden en solicitud de ayuda, como estar ante la ventanilla de un sótano, observando tan solo los pies de los caminantes.

Fuente Juventud Rebelde
FOTO RCBáez: Paisaje usual en la Villa Panamericana

jueves, 11 de abril de 2013

Sobre ¿Un problema racial?: Nuevas opiniones se suman al debate

Cuba tiene la obligación moral de librar esta batalla: Mi contribución al debate
Por Zuleica Romay Guerra • La Habana, Cuba

Los procesos emancipatorios que caracterizaron la insurrección de los 60, develaron un nuevo espectro de intereses, fines, demandas y expectativas sociales y políticas. Lo que la teoría política de inspiración soviética encorsetó bajo el rótulo de “movimiento progresista internacional” adquirió  rostro y voz en gente  hasta entonces invisibilizada en las estadísticas electorales de los partidos tradicionales. Mujeres  emancipadas de prejuicios sexistas, jóvenes irreverentemente sediciosos, etnias  no “integradas” a las culturas hegemónicas, sindicalistas radicalizados y negros con conciencia de su mismidad, se lanzaron a la calle a luchar por sus derechos.

El mundo cambió en Europa y Norteamérica, sacudido por manifestaciones estudiantiles, demandas obreras y reclamos de derechos civiles. Se volvió menos gobernable con montañas sudamericanas tomadas por guerrillas y colonias africanas empeñadas en ser países. En esa ebullición de fuerzas desatadas, el movimiento afrodescendiente americano intentó articularse, inspirado por el pensamiento, los métodos de lucha y el discurso contestatario de un nuevo liderazgo tercermundista.

Mas las batallas antisistémicas de organizaciones y movimientos sociales encabezadospor descendientes de africanos durante los años sesenta del pasado siglo fueron objeto, en la década siguiente, de una operación contrainsurgente, ejecutadapor el capital transnacional. Veinte años después  se reavivaron los rescoldos, mientras alguien –con razón apresurada y mucho eco mediático– pronosticaba el fin de la historia. De la historia toda, no de aquella que escribieron los dominadores de siempre, dando por sentada nuestra minusvalía cultural.

La Articulación Regional Afrodescendiente de América Latina y el Caribe (ARAAC), es resultado de ese proceso de refundación política y de los años de lucha que lo antecedieron.En los umbrales del tercer milenio era otro el escenario. Debilitado el liderazgo de la miope y siempre dividida izquierda teorizante; diluido el socialismo europeo en sus contradicciones y espejismos; comprobada la falacia desarrollista de las recetas neoliberales; espantado el mundo ante los efectos devastadores de nuevas guerras de rapiña, la rebeldía entretejió sus redes para crear alianzas, construir consensos, reinventar formas de comunicación y fundar un nuevo tipo de sensibilidad transnacional, que articula representaciones, símbolos, objetivos, discursos, y nos hace compartir un mismo sueño.

La Articulación Regional Afrodescendiente de América Latina y el Caribe (ARAAC), es resultado de ese proceso de refundación política y de los años de lucha que lo antecedieron. La incorporación de la mayor de las Antillas a ARAAC y la constitución del Capítulo cubano, en septiembre de 2012, coincidieron con el encuentro en La Habana de casi una treintena de líderes y activistas sociales por la equidad racial de Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Puerto Rico, República Dominicanay Venezuela, y afianzaron nuestro compromiso de estimular la participación ciudadana en la lucha contra todo tipo de discriminación.

La reunión de La Habana respondió a una solicitud de varios líderes de ARAAC, persuadidos de que ningún país ha llegado tan lejos como Cuba en la materialización de los ideales de justicia social y equidad racial. Ninguno ha aportado el sudor y la sangre de cientos de miles de sus hijos para contribuir a la emancipación de África, un continente del que toda la humanidad será siempre deudora. Vinieron a acá porque Cuba tiene la obligación moral –obligación que dimana de su ejemplo– de librar esta batalla hasta el final.

Trascendido el idealismo ciego y el silencio vergonzoso, comenzamos a dejar atrás el sentimiento de culpa ante la persistencia del problema. Comprendemos mejor que la pelea cubana contra los demonios del racismo es mucho más larga, complicada y difícil de lo que creyeron nuestros padres, cuando el entusiasmo por los grandes progresos sociales de los primeros años de la Revolución, les hizo subestimar la magnitud del reto: desracializar las relaciones sociales hasta que el color de la piel pierda la significación social que hoy tiene en nuestros países, donde el cepo y el grillete fueron sustituidos por los grillos mentales de la colonialidad.

...desracializar las relaciones sociales hasta que el color de la piel pierda la significación social que hoy tiene en nuestros países, donde el cepo y el grillete fueron sustituidos por los grillos mentales de la colonialidad.
Por estos días retomamos el examen de problemas que han sido expuestos y argumentados por intelectuales y artistas de nuestro país. Parte de los ricos intercambios que hoy tienen lugar en la sociedad cubana se deben al compromiso y capacidad de argumentación de una vanguardia intelectual formada por la Revolución. Bisnietos de africanos y criollos esclavizados, nietos de hombres y mujeres sin renta ni futuro, hijos de obreros y campesinos al fin cultos y libres, contribuimos en la medida de nuestras facultades a estimular la capacidad transformadora del debate social. Y hemos de hacerlo con responsabilidad, transparencia y compromiso con una obra tan imperfecta como la naturaleza humana que la ha creado, pero capaz de defenderse por sí misma en el difícil y digno quehacer de cada día.

Durante esta semana he participado en ejemplares intercambios entre los miembros de ARAC. Ejemplares por su descarnada y afectuosa sinceridad, por la profundidad y madurez de muchos de los planteamientos, por la gallardía al realizar críticas y señalar ingenuidades, por la persistente vocación de trabajar unidos y poner freno a egocentrismos y vanidades, por la forma respetuosa de analizar nuestras diferencias de criterios en cuanto a las tácticas, y por la coincidencia de opiniones sobre nuestros objetivos estratégicos.

El documento contentivo de la posición de ARAC ante las polémicas del momento es resultado de un ejercicio inherente a la voluntad de hacer Revolución. Nuestras discusiones no necesitan moderadores prejuiciados, relatores amarillistas ni escépticos profetas.ARAC es un proyecto revolucionario, defendido por personas conscientes de que el capitalismo no tiene nada que ofrecer a los negros y mestizos de este país. Muy cerca de nosotros, en la nación más rica del mundo, muchísima gente como yo son irremediablemente pobres; no tienen periódicos ni gobierno que defiendan sus intereses, aunque hayan elegido a un hombre negro para ocupar un trono.

Lo que puede dividirnos, cubanos todos en nuestros matices y colores, es no dirimir nuestras diferencias de opinión confrontando argumentos.Confieso que no le temo a los disensos. Lo que puede dividirnos, cubanos todos en nuestros matices y colores, es no dirimir nuestras diferencias de opinión confrontando argumentos. Es asumir que la quiebra de la unanimidad conduce a algún tipo de fractura institucional. Mi seguridad descansa en el conocimiento que tengo de mi país y sus posibilidades, en la certeza de que en 2020 el gobierno de Cuba no estará formado por politicastros ni empresarios capitalistas. Mi seguridad se reafirma con la solidaridad y la confianza de los líderes de ARAAC en diferentes países de Nuestra América, quienes son conscientes de la manipulación mediática y la denuncia hipócrita.

El debate asombra –y el disenso regocija– a quienes de tanto pregonar nuestros presuntos miedos, han terminado por creer en sus mentiras. Así, se desata el sensacionalismo alrededor de un tema que no solo está en las redes y en la calle, sino que ha llegado a la Asamblea Nacional del  Poder Popular y ha adquirido densidad política en los objetivos de trabajo del Partido Comunista de Cuba y en el discurso del presidente Raúl Castro. Creo que hemos avanzado lo suficiente, y con el consenso necesario, para que el proceso no tenga vuelta atrás. Ampliaremos cada vez más el consenso sobre lo que debe hacerse, cuándo hacerlo, con qué medios y a qué velocidad. ARAC surgió precisamente para contribuir a ello.
Zuleica Romay Guerra: Investigadora y escritora cubana. Premio Extraordinario de Estudios sobre la presencia negra en las Américas y el Caribe contemporáneos, en la edición 53 del Premio Casa de las Américas 2012, con su investigación Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad.

Este y los vínculos siguientes son tomados de La Jiribilla:

Derivas con (por, y desde) Zurbano: Dolor, alegría y resistencia

Víctor Fowler • La Habana, Cuba

La Jiribilla pone a disposición de sus lectores el artículo enviado por nuestro colaborador, el poeta y ensayista Víctor Fowler, a propósito de los enfoques sobre el tratamiento del tema racial que por estos días se pueden leer en nuestro sitio. Como el propio Fowler afirma, este es el espacio “natural de aparición” de un texto que pretende integrarse al debate como parte de la política editorial de la revista: colocar la opinión de los intelectuales y artistas en torno a temas de nuestra cultura, en el universo de sitios web de infor­mación sobre Cuba.
http://www.lajiribilla.cu/articulo/4278/dolor-alegria-resistencia

Roberto Zurbano acusa al NYT de "manipulaciones y violaciones éticas"

Andrea Rodríguez, The Associated Press • La Habana, Cuba
LA HABANA -- El importante funcionario cultural cubano anunció el viernes que fue degradado, casi dos semanas después de que publicó un artículo de opinión en el diario The New York Times, en el cual criticó el "racismo flagrante" en la isla.
http://www.lajiribilla.cu/articulo/4251/roberto-zurbano-acusa-al-nyt-de-manipulaciones-y-violaciones-eticas

Cuba, EE.UU. y el mundo de los contratos

Fernando Martínez Heredia • La Habana, Cuba
No diré nada acerca del racismo y las cuestiones de raza. He escrito un buen número de textos y hablado numerosas veces acerca de esos temas, y lo seguiré haciendo. No lo haré ahora, porque a mi juicio se trata de otra cuestión, una cuestión fundamental para la sociedad cubana.
El imperialismo de EE.UU. es el enemigo histórico y el enemigo actual de la existencia de una nación independiente en Cuba y de todo proceso de liberación y de vida digna del pueblo cubano. Nunca le fue posible a Cuba tener en EE.UU. un buen vecino.
http://www.lajiribilla.cu/articulo/4254/cuba-eeuu-y-el-mundo-de-los-contratos

jueves, 4 de abril de 2013

¿Un problema racial?: Opiniones diversas sobre un mismo tema

A propósito de un controversial y -en nuestra modesta impresión- extemporáneo artículo del escritor Roberto Zurbano, algunos intelectuales cubanos han publicado sus opiniones al respecto. A la de Guillermo Rodríguez Rivera, primera que nos acercó al tema, a partir de su lectura en el Blog Segunda Cita, agregamos algunos vinculos a un Dossier que publicara La Jiribilla y también, descargable en pdf , el texto que nos enviara el Doctor Orlando Cruz, Investigador Auxiliar del Instituto de Filosofía analizando el artículo de marras: 


Fotomonaje sobre fotos de Roberto Chile y Cubadebate

Una opinión
Por Guillermo Rodríguez Rivera  

Lo primero que llamó mi atención fue que Diario de Cuba –que es una publicación declaradamente opositora a la Revolución Cubana–, acogiera in extenso, las opiniones de un ensayista cubano que vive en la Isla y que, sin duda, se ubica en el ámbito de la que ellos (los del Diario) llaman “oficialidad” cubana, como estima la publicación a todo el que trabaje en cualquier entidad estatal del país: ahora mismo, el 75% de la población laboral de la nación.

Roberto Zurbano, el ensayista al que aludo, porque son sus declaraciones las que recoge la publicación de nombre cubano, radicación madrileña y aires miamenses, es director del Fondo Editorial de Casa de las Américas y, como puntualiza el Diario, “vicepresidente de la Asociación de Escritores de la oficialista UNEAC”. [*Ver nota de esta Institución]

Me pareció escandaloso que un negro cubano y revolucionario afirmara de modo terminante que “para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”. Es perfectamente lógico que semejante declaración le sirva a Diario de Cuba para colocarla como cintillo de la información que resume las opiniones de Roberto Zurbano, y que el escritor cubano diera originalmente a The New York Times.

Como Zurbano, además de ser cubano es negro y revolucionario, considero que hay ciertas apreciaciones conceptuales que lo han conducido a unas conclusiones superficiales en torno a los complejos problemas que aborda. Me parece necesario aclararlas.

El primer asunto que quiero tratar es la confusión que existe en las opiniones del ensayista al abordar conceptos como racismo y discriminación racial. En el caso que nos ocupa, el racismo anti-negro es la idea de la inferioridad de la raza negra. Se trata de la raza que fue esclavizada por casi cuatro siglos y, después, ha sufrido las consecuencias de esos siglos de opresión.

Tan temprano como en marzo de 1959, Fidel Castro advertía las complejidades y dificultades del problema. Decía ese mes, en un discurso, que el de la discriminación racial es uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la Revolución tiene que abordar… Quizás el más difícil de todos los problemas que tenemos delante, quizás la más difícil de todas las injusticias de las que han existido en nuestro medio ambiente… Hay problemas de orden mental que para una revolución constituyen valladares tan difíciles como los que pueden constituir los más poderosos intereses creados [1].

Cuando Fidel está refiriéndose a asuntos “de orden mental”, está subrayando que el racismo solo puede ser parcialmente resuelto por las leyes y resoluciones que pudiera dictar el gobierno de la Revolución y advierte que el prejuicio racial no está únicamente en los económicamente poderosos, en los enemigos de la Revolución, sino en gente que no tiene latifundios, ni tiene rentas, ni tiene nada, que no tiene más que prejuicios en su cabeza [2].

Son los siglos de esclavitud y los prejuicios que generó esa forzada interiorización del negro, los que conforman la perspectiva racista y desembocan en la praxis que es la discriminación racial.

El instrumento legal contra la discriminación racial se desplegó a fondo en el marco de la Revolución Cubana, del mismo modo que se puso en juego un amplio dispositivo ideológico contra el racismo que, de hecho, transformaron en vergonzantes las manifestaciones de discriminación que podían aparecer. La Revolución Cubana desarrolló un estado de opinión mayoritaria entre los cubanos, que obligaba a aquel que la sentía, a enmascarar cualquier manifestación de racismo.

La Revolución Cubana no solo inició la lucha contra el racismo y la discriminación sino que puede decirse que nunca esa lucha había sido tan a fondo como en ese momento de nuestra historia.

En otro artículo, Zurbano manifestaba que el racismo solo podía manifestarlo quien ejercía el poder. En verdad, quien no ejerce el poder también puede ser racista, pero tendrá dificultades mucho mayores para que su racismo desemboque en la práctica que es la discriminación.

Pero el único poder en un estado no es el central, ese que dicta layes, decretos y resoluciones. Mucho más abajo un director, un administrador, un jefe de personal, ejercen un poder efectivo que puede pasar y a veces pasa por encima de los criterios de ese poder central, claro que sin hacerlo explícito. Finalmente, puede ejercerse incluso la discriminación privada, la que dispone la sola persona en el ámbito que domina.

Pero la apertura de los puestos de trabajo, de los medios de comunicación, de los centros y las oportunidades de estudio a los cubanos de todos los colores, es algo que no puede ignorarse, porque resulta una falsedad cuando se hace. Zurbano, que nació y creció en tiempos de revolución, debía indagar –si es que no lo conoce– el asunto con sus mayores, antes de formular ante la prensa norteamericana una opinión que acaso la complazca, pero que desacredita sin ningún fundamento real a la Revolución Cubana.

Los procesos radicales de la historia cubana han generado en diversos momentos la esperanza del fin de la discriminación racial. Es lo que creyó uno de los más importantes líderes negros cubanos, Juan Gualberto Gómez, quien supuso que la proclamación de la independencia cubana tras el fin de la esclavitud, solucionaría el problema de la subordinación de negros y mulatos cubanos en una sociedad que los había discriminado.

Pero la república surgida en 1902, tras cuatro años de intervención norteamericana y la imposición de la Enmienda Platt, ya no era la proyectada república “con todos y para el bien de todos” proclamada por Martí y apoyada por Antonio Maceo.

Cuando triunfa la Revolución en 1959 y se proclama socialista en 1961, el mulato comunista Nicolás Guillén acaso tuvo las mismas esperanzas que Juan Gualberto medio siglo atrás. Guillén sabía que la igualdad de derechos de las razas no podía darse en medio de la opresiva sociedad de clases, en las que negros y mulatos arrastraban la desventaja de más de trescientos años de esclavitud. Pero eso había terminado. Cuando Guillén publica Tengo, su primer libro ya en la Revolución, escribe:

Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
nadie me puede detener
a la puerta de un dancing o de un bar.

O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

La conclusión del texto era plenamente optimista:

Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.

Nicolás Guillén, comunista, creo que sí pensaba, porque era obvio, que la Revolución había comenzado para los negros cubanos. Acaso creyó también que ya todo se había conseguido y ahí sí se equivocaba.

Casi treinta años después se produce el derrumbe de la Unión Soviética y del campo socialista europeo. Cuba pierde el suministro de la energía que la mantenía viva y el 85 % de su comercio. Para no rendirse ante la contrarrevolución, el país tiene que hacer transformaciones que, en efecto, implicaron enormes sacrificios para la inmensa mayoría de los cubanos, blancos y negros. Los que lo vivimos, no olvidamos aquel agosto de 1993, cuando la ciudad de La Habana se apagaba y encendía alternadamente cada 8 horas. Hubo que sacrificar brutalmente el consumo de la población justamente para obtener los recursos a fin de que esa misma población subsistiera, para mantener actuantes los sistemas de salud y educación, y los demás servicios vitales.

Zurbano hace un arbitrario sesgo de la población que, automáticamente dice que fue escindida en dos porciones absoluta y claramente delimitadas:

La primera es la de los cubanos blancos, que han movilizado sus recursos para entrar en una nueva economía impulsada por el mercado y cosechar los beneficios de un socialismo supuestamente más abierto. La otra es la de la pluralidad de los negros, que es testigo de la muerte de la utopía socialista

La “utopía” socialista la vimos morir blancos, indios, mulatos, negros, zambos y “jabaos” de todas las categorías. Nos pasó a médicos, albañiles, arquitectos, obreros, maestros, deportistas, profesores, peones agrícolas, ingenieros.

Los que pudieran emerger como beneficiarios de esa anormal situación no son en manera alguna “los blancos”, presentados como una compacta, solvente y masiva unidad, sino la exigua minoría de gerentes y sus colaboradores y acólitos, que no representaría ni el 0,1% de la población del país, integrada por blancos, negros y mulatos. Otra parte de la población, también minoritaria aunque creciente, empezó a buscar lenta pero indeteniblemente, la forma de ir accediendo, en los avatares de las necesidades cotidianas, a esos mínimos beneficios que empezaban a deslizarse hacia un reducido sector de sus conciudadanos.

Zurbano acepta en sus declaraciones –que reproduce también la opositora Martí Noticias– la engañosa idea de convertir en dólares, de acuerdo con la tasa de cambio cubana, los salarios de los trabajadores, pero esa conversión no puede tener en cuenta el reducidísimo costo de la vivienda en Cuba, y los servicios gratuitos de salud y educación que hacen que los 20 dólares que aparentemente gana un trabajador, le permitan vivir. El salario entra forzosamente en relación con los gastos que deben asumirse: en otros sitios, con ese salario, el mismo trabajador sería un limosnero.

Creo que Roberto Zurbano necesita conocer mejor la conformación y las peculiaridades de la población cubana, para entender mejor las de su zona negra, que es la que parece importarle. Y yo empezaría por decir que ese es un problema cambiante, en la realidad y en la misma percepión del fenómeno.

En los primeros años del pasado siglo, la norteamericana Irene Wright trataba así el tema racial en Cuba:

Los nativos [los cubanos] son negroides. Algunos “pasan por blancos”, como expresa la ilustrada expresión coloquial. Algunos son, posiblemente, blancos; sin embargo, pocos se preocuparían de someter su linaje a un escrutinio a fin de probarlo. Sólo los [norte]americanos piensan cosas inferiores sobre el cubano, porque si él no es de color, es al menos matizado [3].

Es curioso que esta “cubanóloga” de la época, estadounidense, catalogue como “negroides” a los cubanos, y es obvio que la Wright no está aludiendo esencialmente al color de la piel de los habitantes de la Isla. Lo precisa inmediatamente después. Cuando se refiere a los cubanos de piel blanca, aquellos en que no existen los rasgos físicos de la raza negra, aclara:

“la sangre negra está allí […] en una cierta voluptuosidad de la figura y, obviamente, en la alegre visión de la vida en general” [4].

Mujer de una nación en la que la cultura del blanco sojuzgó las de los negros; en la que el negro fue también esclavizado pero, además, aculturado, despojado de sus tambores, sus cantos y sus creencias, está comprobando con inquietud la esencial mulatez espiritual del cubano: cómo esas culturas negras han actuado sobre el cubano blanco para comunicarle esa “alegre visión de la vida” que ella entiende casi como una propiedad de la sangre negra.

Desde una perspectiva ideológica colocada en las antípodas de las de la Wright, Nicolás Guillén rechazaba la pertinencia del término “afrocubano” para calificar la poesía que escribe.

A partir del criterio de Fernando Ortiz que califica nuestra cultura de “blanquinegra”, Guillén sostiene que lo cubano ya tiene en lo africano uno de sus componentes, que va unida en él a la impronta española. Guillén, que aludió a los dos abuelos que eran los ancestros del cubano, reclamaba para su poesía el calificativo de “mulata”, `porque pensaba que mulata era también Cuba. No hay que decir afrocubano, porque lo cubano implica, incluye lo africano.

Para Zurbano, como ocurre en la cultura norteamericana, lo no puramente blanco es negro. Pero llamar negro a un mulato únicamente apresa una porción de su identidad. Zurbano reclama lo que llama un “conteo preciso de los afrocubanos”, pero esa precisión quedaría vulnerada al “contar” como negros a los mulatos, en los que la ascendencia española coexiste con la africana. Creo que despojar de la impronta española al puro (si es que existiera esa pureza) negro cubano, es también desconocer su identidad [5]. De alguna manera el “ajiaco” al que alude Fernando Ortiz; el “todo mezclado” que proclama Nicolás Guillén, devienen auténticas imágenes de la cubanidad.

La Revolución Cubana se ha defendido sabiamente de aquello que ha querido destruir la unidad del pueblo. Esa unidad garantizó su invulnerabilidad en los días de las agresiones militares de las décadas de los sesenta y setenta. Acaso la preservación de la seguridad del país hizo que el abordaje del tema racial fuera considerado lesivo para el mantenimiento de la unidad de los cubanos.

Tiene razón Zurbano cuando afirma que es la crisis económica que vive el país en los años noventa la que pone de relieve el tema del racismo, cuando es el propio Fidel Castro quien lo aborda en uno de los congresos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Zurbano opina que, cuando Raúl Castro abandone la presidencia en el año 2018, no puede esperarse que los cubanos elijamos un presidente negro, por lo que él llama “la insuficiente conciencia racial” que existe en Cuba.

Pero Cuba ya tuvo un presidente no blanco: fue el general Fulgencio Batista y Zaldívar aunque, de acuerdo a los parámetros de Zurbano, habría que clasificarlo como negro.

Estados Unidos, que ha visto surgir en su seno una burguesía negra, eligió en 2008 su primer presidente negro. Barack Obama pertenece a la misma clase política burguesa que los republicanos Colin Powell y Condoleeza Rice y como ellos, así sea con matices, es un defensor de la política imperial que también defendieron los presidentes blancos, porque la burguesía no tiene raza sino intereses e ideología.

Quiera Dios, o Elegguá, que abre los caminos, que cuando los cubanos tengamos que elegir un presidente en 2018, no pensemos en el color de su piel, sea esta del color que sea, sino en el hombre que está cubriéndose con ella y, sobre todo, en lo que ese hombre tenga en la cabeza.

[1] Cf. Pérez, Wilder: “Raza y desigualdad en  Cuba actual: boceto de un tema adolescente”, en  Caminos, La Habana. No. 58, 2010, p. 94
[2]  Idem.
[3] Wright, Irene: Cuba, MacMillan, Nre York, 1919., pp- 83-88.
[4] Idem.
[5]  La médico y genetista Beatriz Matcheco ha realizado recientemente un estudio en cubanos de todos los colores de piel y absolutamente todos llevan en su sangre, genes europeros y africanos.

Tomado del Blog Segunda Cita


Vea, a propósito del texto en cuestión, los links que recoje el Dossier que publicara la Jiribilla


Nunca como hoy se han debatido tanto en Cuba los temas del racismo de modo tan recurrente. Acuciosos investigadores, activistas, miembros de organizaciones sociales y dirigentes políticos han conformado grupos de trabajo, realizado eventos, publicado libros y promovido conmemoraciones tan trascendentales como el bicentenario de la conspiración de José Antonio Aponte y el centenario de la masacre de los Independientes de Color.


No negamos que el tema de la racialidad, de los prejuicios, de las pretericiones por el color de la piel es asignatura aún pendiente. Estoy consciente y sé que no vivo en una sociedad perfecta.

El hombre piensa como vive, y Zurbano es un hombre nacido con la Revolución o algunos años antes, lo que no le permitió conocer la otra Cuba.


Entrevista con la Dra. Graziella Pogolotti, crítica de arte, prestigiosa ensayista y destacada intelectual cubana, promotora de las Artes Plásticas Cubanas. Graziella es también la presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y miembro de la Academia Cubana de la Lengua.


Bajo un título carente de rigor histórico y objetividad, Roberto Zurbano trata de caracterizar la situación de los negros en la Cuba de hoy. Como  evaluador crítico del tema que soy, podemos compartir algunas de sus aseveraciones, pero no en términos tan absolutos y mucho menos, con la carencia de objetividad con que estas se formulan. Tampoco las conclusiones a que  el autor arriba. 


Tengo en mis manos el artículo de opinión de Roberto Zurbano Torres,  publicado en The New York Times el pasado 23 de marzo, que reza  textualmente en su presentación: “For Blacks in Cuba, the Revolution Hasn´t Begun”  (Para los negros cubanos, la Revolución no ha comenzado). Y da una serie de argumentos, sus argumentos, que pueden ser ampliamente analizados.


En un artículo publicado recientemente por el diario estadounidense The New York Times se lee: “Para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”, afirmación que le atribuye al escritor cubano Roberto Zurbano. Cinco imprescindibles aclaraciones...


Este mensaje fue enviado por el profesor y politólogo August Nimtz al editor del The New York Times, en respuesta al artículo “For Blacks in Cuba, the Revolution Hasn’t Begun”, de Roberto Zurbano, publicado el pasado 24 de marzo.


Leo, con estupor, a Roberto Zurbano en The New Yok Times. Y no por lo que dice, que ni es mucho ni es nuevo, y ni siquiera por lo que no dice, sino por lo que debiera haber dicho y no quiso o no se le ocurrió. Otra oportunidad perdida, otro más que muerde el polvo.

“Nuestro país no puede estar al margen del debate contra el racismo, la discriminación étnica y la xenofobia” / Heriberto Feraudy

Nota de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de CubaUNEAC • La Habana, Cuba

A partir de la publicación en The New York Times, el pasado 23 de marzo, del texto “Para los negros en Cuba la Revolución no ha comenzado aún”, ha aparecido en Internet que el escritor Roberto Zurbano es vicepresidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC. Esa información no responde a la realidad, pues Roberto Zurbano hace años dejó de pertenecer al Ejecutivo de nuestra Asociación.

    Nancy Morejón
    Presidenta de la Asociación de Escritores de la UNEAC.

Según aclaración de Ernesto Pérez Castillo y Rodríguez Ribera, Zurbano es “Director del Fondo Editorial de esa institución” [Casa de las Américas]