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domingo, 11 de octubre de 2015

La cultura en el centro de la vida

Por Luis Toledo Sande*
RCBaez_La nueva conquista 

En 1961, su tercer año en el poder, la Revolución Cubana logró dos victorias de pareja relevancia: fue aplastada la invasión mercenaria en Playa Girón y sus inmediaciones, y la patria se convirtió en territorio libre de analfabetismo. Ambas victorias mostraron su rumbo y su alcance, y merecen seguir definiendo su existencia frente a desafíos que no cesan.

Alguna cronología “objetiva” señala que el 3 de enero del propio 1961 los Estados Unidos y Cuba habían roto relaciones. Pero las rompió la potencia del Norte, en respuesta a la decisión de independencia y soberanía del país caribeño. Aún antes de los hechos de Playa Girón, el gobierno estadounidense tramaba o ponía en práctica acciones enfiladas a derrocar una Revolución llegada para darle a Cuba la independencia y la soberanía que desde 1898 aquella potencia, entonces en desarrollo, le había impedido lograr.

En un sitio como BBC Mundo, insospechable de ánimos filocomunistas, se lee: “Hoy sabemos que en marzo de 1960, el entonces presidente de los Estados Unidos, Dwight Einsenhower, autorizó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para que iniciara el entrenamiento de refugiados cubanos para una posible invasión”. Tal autorización es impensable sin pasos previos.

No había que ser muy previsor para intuir que la decisión de romper relaciones con Cuba no la tomaba el imperio para que el pueblo cubano viviera mejor, para que revirtiese las calamidades que había sufrido bajo gobiernos manejados desde Washington mediante su Embajada en La Habana, o con intervenciones directas. Procuraba tener las manos libres para patrocinar actos como la invasión mercenaria, cruentas acciones terroristas y un férreo bloqueo económico, financiero y comercial aún hoy vigente.

Mientras ataca, se canta a sí mismo

El imperio no logró aplastar a Cuba; pero le ha causado grandes daños. Además, creó en el continente escuelas de lucha antiguerrillera donde se enseñaban torturas, y promovía —no ha dejado de hacerlo— golpes de Estado para seguir contando en la región con gobiernos similares al derrocado en Cuba por la lucha revolucionaria. Y ha mantenido prácticas políticas y culturales para edulcorar su propia imagen y aplacar el espíritu combativo de los pueblos.

Desde perspectivas revolucionarias, el recuento de aquellos años suele subrayar la pujanza de la lucha, pero no cabe menospreciar lo alcanzado por falacias imperiales como la Alianza para el Progreso: puesta en marcha también en 1961 por la administración estadounidense que cargó con la derrota de Girón, duró una década, pero su influencia desbordó ese lapso. Como una muestra de sus derivaciones, dígase que en 1983 se creó, y todavía perdura, la llamada Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés), igualmente concebida para insuflar el espíritu contrainsurgente y la cultura de la dominación imperial.

Algunas décadas después del apogeo que tuvo tras el triunfo de la Revolución Cubana, el movimiento de guerrillas se vio en general sin asideros, llamado a cesar para no ser visto o presentado como vandalismo. Con su propaganda, en el seguimiento de cuanto durante años hizo contra todo lo que tuviera visos de lucha por la liberación nacional, el imperio tilda de terrorista cuanta acción armada lo contraríe.

Pero continúa haciendo uso de las armas cuando se le antoja. Aunque la dignidad de los pueblos y de sus mejores representantes permanece en pie, y hasta por la vía electoral logra triunfos, nada debe llevar a la desmovilización del pensamiento revolucionario. Aquellos triunfos no son irreversibles, ni sus defensores deben desentenderse de las maquinaciones imperiales. Para ejemplificarlas, bastaría recordar los devastados Irak y Libia, la amenazada Venezuela bolivariana y el apoyo a Israel contra Palestina. ¿Cree alguien que ya Cuba está fuera de esos planes?

Con desfachatez gemela de su pragmatismo, el imperio lo aplica todo a mantener una hegemonía contra la cual surgen competidores y, sobre todo, se yergue la rebeldía de pueblos y vanguardias emancipadoras. Pero él tiene reservas para una duración prolongada. La llamada Guerra Fría fue una contienda para afinar procedimientos políticos y culturales de dominación, y uno de ellos radica en la invitación permanente a no pensar.

El imperio promueve el olvido de la historia, que está llena de crímenes perpetrados —y en marcha— por él, y es fuente de lecciones para la voluntad emancipadora. Con su poderío, si la invitación al olvido no funciona, auspicia espectáculos para sobreponerlos a la historia. Se ha visto en torno al restablecimiento de sus relaciones diplomáticas con Cuba.

Símbolos, historia

En la reapertura de su Embajada en La Habana desplegó una intensa dramaturgia, como señaló Rosa Miriam Elizalde en Símbolos, artículo publicado en Cubadebate: automóviles mostrados como prueba de la eficacia de la industria yanqui y no de la inventiva cubana para mantenerlos funcionando a pesar del bloqueo; tres marinos en representación de un signo de continuidad que no se correspondiera con la defensa por Cuba de la independencia y la soberanía que ganó en 1959; un poema descafeinado para idealizar las relaciones entre “vecinos” sin adjetivos que los diferencien…

¿A quién le conviene enmascararse sino al lobo que le pide a Cuba muestras de buena voluntad para retomar relaciones que ella no rompió? ¿Invadió Cuba a los Estados Unidos? ¿Ha patrocinado allí actos terroristas en que murieron ciudadanos estadounidenses y de otras nacionalidades? ¿Ha bloqueado por más de medio siglo la economía del agresivo vecino? Esos actos los ha perpetrado contra Cuba el imperio. Obra de seres humanos, la Revolución Cubana ha cometido errores; pero no está entre ellos su radical antimperialismo, que es parte señera de su honor.

El 14 de agosto, junto a la Tribuna Antiimperialista habanera —a la que nadie debe venir a suavizarle el nombre en un afán contemporizador grato al imperio— ocurrió algo que se inscribe, claro está, en la historia. La bandera de las barras y de las estrellas volvió allí por gestión del imperio que cambia de táctica para lograr contra Cuba lo que no consiguió con la hostilidad evidente. No retornó como emblema del pueblo estadounidense, con el cual nunca ha roto el cubano, como tampoco fue el gobierno de este país el que rompió las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

Frente a euforias desmedidas en torno a ese 14 de agosto, Fernando Martínez Heredia introdujo, en Cubadebate, algo más que un matiz: llamarlo histórico “podría ser una hipérbole perdonable, si no estuvieran en juego la soberanía nacional y la sociedad que hemos creado en el último medio siglo”. La precisión, que contradice entusiasmos expresados hasta por algún (o alguna) profesional cubano de la información, irrita al avispero neoliberal y proanexionista, furioso ante cada expresión del pensamiento revolucionario.

Pero ese avispero no es lo que ha de preocuparnos. Centremos la atención en nosotros mismos, en el deber que tenemos con la claridad en asuntos tan significativos. No basta decir que un político estadounidense se ha pronunciado contra el bloqueo, si lo que ha hecho es señalar su inoperancia y reclamar tácticas efectivas para conseguir contra Cuba lo que no obtuvieron las agresiones. Es necesario no propiciar falsas expectativas si en la Casa Blanca se instala ese político (o esa política, pues el imperio, que ha ensayado en su presidencia con un hombre “no-blanco”, ¿rehusaría hacerlo con una mujer rubia, para dar otra imagen de cambio? They can!)

Como diversas voces han venido advirtiendo —y el autor de este artículo no repetirá lo que ha escrito en textos publicados en Cubadebate y Cubarte, y reproducidos en otros órganos digitales—, el asunto no empezó ni terminará en aquel espectáculo escenificado junto al Malecón habanero. La batalla cultural está en el centro de lo que Cuba necesita atender con desvelo para mantener la defensa de su independencia y su soberanía, y su derecho, también deber irrenunciable, a cultivar la justicia social.

Es indispensable mantener alerta el pensamiento, y ello supone una actitud profundamente cultural. El imperio, que invierte en fomentar y difundir vacíos culturales, no deja de pensar ni un momento en cómo conservar y fortalecer su poderío por distintos caminos, incluidos los productos audiovisuales que le convengan. Se emplea aquí el concepto de producto, asociado a la generación fabril y al mercado de bienes materiales, no para aceptar un término de moda, sino como reconocimiento de que no siempre lo difundido merece llamarse obra en el sentido cultural de la palabra.

A menudo los rigen lacras como la explotación mercantil de la imagen de la mujer, y la estética del nuevorriquismo, en la cual aspira el imperio a tener en todas partes —y, por tanto, en Cuba— un aliado conceptual para sus fines. Calzan también esos productos la invitación a una vida muelle inalcanzable, pero cuya representación puede desatar confusiones, espejismos paralizantes.

Caballos de Troya que se reproducen

El peligro lo refuerza el efecto de imágenes reiteradas hasta imponerse como modelos supranacionales, supraculturales, para sustituir el razonamiento por la aceptación resignada, acrítica, de la propaganda dominante. Por su eficacia pragmática, los productos que la calzan no solo se reproducen y llegan a todas partes según salen de sus fábricas: también minan las concepciones con que se hacen los que por nacionalidad son, y por alcance y perspectivas deberían ser, nuestros aportes audiovisuales.

Asimismo ocurre que, para estimular al colectivo de un centro de trabajo de cualquier sector, incluidos la prensa y el que gremialmente clasifica como cultural, se le oferta —palabra de médula mercantil— una sesión de esparcimiento harto cuestionable. Irrumpen en ella audiovisuales orientados por conceptos y prácticas que deberíamos rechazar, o que incluso, a nivel consciente, repudiamos, pero de hecho aceptamos por inercia. En las fiestas —parece decírsenos— podemos ser acríticos, aceptar cualquier cosa.

No hay que esperar que eso ocurra solamente en sitios de recreación bautizados con nombres tan marcados ya como Las Vegas, y otros. En nuestros centros de trabajo, aun en aquellos con explícitas responsabilidades en la formación de valores culturales, éticos, políticos, ideológicos, se puede celebrar una fecha histórica de la patria con música representativa de las peores groserías. En algún caso es usada hasta para competencias infantiles de baile.

Si en niños y niñas se ven modos de bailar en los cuales la grosería de las letras la refuerzan gestos, más que sexistas, procaces, estamos ante un indicio de que semejantes prácticas se han extendido, y calan. Pero ¿a qué se le abren así las puertas si no a una mayor grosería y a una conducta zafia, impropias, en especial, para esas edades? Parece que se ha generalizado la idea de que niñas y niños deben consumir también la música que conscientemente se supone que rechazamos.

En distintos entornos se hacen entre niñas elecciones de misses, remedos de certámenes como el de la Miss Universo, que ahora aparece con voluntad humorística en un espacio de la Televisión Cubana. Sobre esta última, y sobre la radiodifusión en general, deberían tener mayores y eficaces prerrogativas, y participación, el Ministerio de Cultura y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, con toda la responsabilidad cultural y política, profesional, de ambos.

En lo privado hogareño cada quien consumirá los productos culturales o seudoculturales que desee. En sus preferencias tendrán peso decisivo su preparación y su gusto en materia cultural, estética. La educación debe servir para iluminar deslindes sensatos, sanos. No se requiere ser un académico para saber que la grosería y la estulticia no son buenas aliadas de los propósitos elevados.

Lo peor es que productos detestables no solo lleguen por vías como el famoso “paquete”, o por emisoras enemigas, sino que se trasmitan por nuestros medios de información y prosperen en nuestros centros de trabajo, en el transporte público y en otros entornos sociales, con abuso de decibeles incluido. Si no hubiera ocurrido ya en actos de graduación escolar, sintámonos felices; pero los cuidados para impedir que suceda no estarán de más.

Si de pueblo se trata

Uno de los males que debemos prevenir o erradicar, se haya en asumir mal el concepto de pueblo. No es cosa de venir a defender a estas alturas nociones caducas propias de aristocracias variopintas. Pero el contrario deseable para oponerlo a la aristocracia no es el lumpen, la marginalidad que puede ser arrastrada a las peores causas, sino los valores de una verdadera civilidad popular.
José Martí admiraba —y como trabajador se identificaba con ellas— a las que en los Estados Unidos llamó “las tremendas capas nacientes”: los obreros que combatían la injusticia, por lo cual algunos fueron linchados. Supo diferenciarlos claramente de “la chusma adolorida que jamás podrá triunfar en un país de razón”.

Estúdiese en lo hondo para ver hasta qué punto, en nombre de un mal entendido democratismo, lo peor de la sociedad puede haber infectado entre nosotros el torrente circulatorio nacional, hasta minar proyecciones culturales. No hay pueblo homogéneo: su diversidad es parte de su riqueza, y de sus complicaciones. Pero le haría un gran mal a la nación que en ella acabara imponiéndose lo vulgar, lo menos válido para desarrollar la civilidad, la disciplina social, que no es lo que más parece abundar hoy.

Eso lo ha señalado, para recabar que se combatan las deformaciones, la máxima dirección del país. El llamamiento debe ser atendido por cada ciudadano que desee lo mejor para la patria, y, con el mayor sentido de responsabilidad, por las organizaciones políticas y de masas, y las instituciones estatales de todos los sectores, y aún más por aquellas con misiones concretas en ese terreno.

A realizadores de ciertos productos audiovisuales se les oye decir: “Yo no trabajo para los críticos, sino para el pueblo”. Lo dicen especialmente si, después de haber sido impugnados, reciben un premio de la popularidad. Pero aquellas palabras darían para un tratado. ¿Basta, al enjuiciar el trabajo de un cirujano, la simpatía con que hable de él una determinada cantidad de sus pacientes?

Nadie es infalible, pero la evaluación integral de un médico, ¿no debe expresar el criterio de honrados profesionales de la Medicina? Generalizar sobre la base de lo que opina una muestra de la sociedad puede ser impreciso, riesgoso, sobre todo si no se conoce bien la composición de la muestra, ni se tiene debidamente en cuenta quiénes se sienten más animados a formar parte de ella.

Más que repudiar o aceptar que algunos productos artísticos, y a veces seudoartísticos, tengan éxito, valdría la pena indagar por qué pueden gustar entre amplios sectores de la población, sean o no sean jóvenes. La aspiración de trabajar para el pueblo —la cual, si se entiende y se asume bien, es plausible en sí misma— trae a la memoria algo de lo dicho por Antonio Machado, mediante las voces de sus heterónimos Juan de Mairena y Abel Sánchez, sobre lo que significa “escribir para el pueblo”.

De profunda raíz popular y elevada expresión —lo que hizo de él uno de los grandes poetas de la lengua española—, Machado sostuvo: “Escribir para el pueblo […] ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. […] Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra”.

 Otros nombres, de antes y de después, incluido el suyo, sería justo añadir al punteo intercultural hecho por el gran poeta; pero no hay aquí espacio para tanto, ni es forzoso hacerlo. Lo citado basta para advertir su elevada concepción del pueblo, en términos de ascensión, no de empobrecimiento y descenso.

Todo el tiempo

A las manifestaciones artísticas y literarias suele darse el nombre de cultura, que corresponde a la obra toda de los seres humanos al asumir el mundo y contribuir al mejoramiento propio y al de su entorno. En ese ámbito se inscriben aquellas manifestaciones, cuya dignidad será tanto mayor cuanto más enriquezcan ellas el afán de superación, en lo material y en el espíritu, diferencia esencial entre los seres humanos y las otras especies animadas.

Mucho más que unos cuantos párrafos, el tema requiere la meditación de conocedores, de especialistas, y de la ciudadanía en pleno. Este artículo no ha expresado más que algunas preocupaciones sobre algo en lo cual, importante en sí y como parte de reclamos todavía mayores, la sociedad debe bracear con denuedo y lucidez.

Cada punto esbozado daría para largas reflexiones. Como en estos días todo pasa o se hace pasar —mesura o desmesura, lucidez o euforia, racionalidad o embullo mediante, según quién y cómo observe— por el reinicio de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, asunto de grandes implicaciones culturales, estos apuntes estarían todavía más incompletos si no tuvieran en cuenta algunos hechos.

Gracias a su capacidad de resistencia, su lealtad a la historia patria y su claridad de ideas, la mayoría del pueblo cubano consiguió que el imperio fracasara en sus planes. Por ello la ruptura de relaciones diplomáticas en enero de 1961, y la agresiva hostilidad preparada incluso antes de esa fecha, no le permitieran al monstruo engullir a Cuba, convertirla en el dominio colonial, el patio para experimentos y vertedero que siempre aspiró a tener en ella.

Nadie se baña dos veces en el mismo río, pero el río sigue su curso sin ser enteramente otro; y el imperio continúa siendo el mismo. En circunstancias acaso más complejas que nunca antes, el pueblo cubano tiene la misión de impedir que el imperio logre con respecto a Cuba, usando otros procedimientos, lo que no obtuvo bloqueándola y agrediéndola: tragarse definitivamente a la nación que le ha dado al mundo el ejemplo de hacerse respetar frente al poderoso vecino. Eso sí es histórico, más que por haber sucedido, como todo, en la historia, por ocupar en ella un sitio aleccionador.

*Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Administra el Blog “Luis Toledo Sande: artesa en este tiempo”



Fuente Bohemia
Tomado de Cubadebate


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Más dinero del Gobierno de EEUU para cambio de régimen en Cuba: 4,4 millones para generar spam

wash-software

Washington Software, una empresa contratada para inundar a Cuba de correos electrónicos y mensajes de texto, ha ganado más de 1,2 millones de dólares en contratos del gobierno este año, según nuevos documentos publicado por el blog Along the Malecon.

La Junta de Gobernadores de Radiodifusión (BBG por sus siglas en inglés), contrató a esta firma el 1 de julio de 2011. Desde entonces, el BBG ha pagado a la empresa 4 398 409 dólares, según los registros que se encuentran en el Federal Data Procurement System (el Sistema de Datos de Contratos Federales).

La BBG, una entidad del gobierno de los Estados Unidos, supervisa la Oficina de Transmisiones para Cuba (Office of Cuba Broadcasting, OCB), que opera Radio y TV Martí en Miami.

washLos casi 4,4 millones de dólares se han empleado en tareas como:
  • Diseñar y operar un servicio de mensajes cortos o SMS, a través de una red social.
  • El envío de mensajes de texto a Cuba a través de SMS
  • Prevenir el bloqueo de los mensajes electrónicos desde la Isla.
  • Programar computadoras para estos “servicios”.
  • Envío de correos electrónicos masivos.
Washington Software tiene su sede en Germantown, Maryland.

(Tomado de Along the Malecon)

viernes, 15 de agosto de 2014

La CIA al descubierto: Costa Rica en la Estrategia Mediática contra la Revolución Cubana

Por: Raúl Antonio Capote (Daniel)



La reciente presencia de varios elementos contrarrevolucionarios en Costa Rica, forma parte de la nueva estrategia mediática creada, organizada y dirigida por los servicios especiales estadounidenses, principalmente la CIA, con el objetivo de darle visibilidad a la contrarrevolución cubana colocándola cerca de los centros de poder político, social y comunicacional.

No es una estrategia cualquiera, está basada en acciones que combinan el marketing político con herramientas propias de las clásicas operaciones encubiertas de los servicios especiales estadounidenses.

El pasado 30 de julio el contrarrevolucionario cubano Antonio Rodiles entregó en San José, Costa Rica, documentos de la “Campaña por Otra Cuba”, al Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon quien se encontraba de visita oficial en ese hermano país. El hecho de colocar a Antonio Rodiles y a otros elementos de la contrarrevolución de origen cubano, delante del secretario general de la ONU, violando todas las normas del protocolo y de la seguridad, habla no solo de lo peligroso e irresponsable de esta estrategia, sino que evidencia que existen “piezas” con gran influencia, poder y acceso, brindando apoyo a la misma y que Costa Rica no escapa a ello.

¿Por qué Costa Rica? La presencia de estos elementos en el país centroamericano, responde a los planes que viene desarrollando la contrarrevolución con vista a boicotear la próxima cumbre de la CELAC a efectuarse en ese país en el 2015.

¿Quiénes manejan los hilos de la manipulación? ¿Quiénes participan en esta estrategia?

Rodiles- Montaner
Montaner-Rodiles
Agentes que actúan bajo fachada construida por los servicios especiales. El archiconocido terrorista y agente de la CIA, el mercenario de la pluma, Carlos Alberto Montaner, pater putativus de los asalariados Antonio Rodiles y Yoani Sánchez, entre otros, (Putativo porque el padre verdadero sabemos cuál es), De Montaner dijo el ya fallecido periodista y escritor de origen cubano radicado en EE.UU. Luis Ortega: “Montaner es capaz de cambiarle el nombre a La Celestina y publicarla con el nombre de un disidente cubano”. No se sabrá nunca cuantas historias han salido del taller de Montaner, destacó en su momento Luis Ortega.

Figuras reconocidas, de relieve político internacional, como es el caso del expresidente Oscar Arias, creador de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano. Premio Nobel de la Paz y Premio Príncipe de Asturias.

Oscar Arias es, a pesar de sus premios y títulos, una figura controvertida en el mundo de la política, especialmente en el área centroamericana, muchos sospechan que jugó un anónimo papel al servicio del Departamento de Estado norteamericano durante el golpe de estado al presidente de Honduras, José Manuel Mel Zelaya Rosales. Se atribuyen al Dpto de Estado las iniciativas presentadas por Arias antes y después del golpe y la estrategia de haberse ofrecido como mediador antes del gorilazo, con el supuesto afán de evitarlo.
La tercera pieza del “aceitado” engranaje, la más significativa, tiene que ver con los servicios especiales norteamericanos, se trata del diplomático estadounidense Gonzalo Gallego, radicado en la Embajada de los EE.UU en Costa Rica (Es su segunda misión en este país).

A inicios de la década anterior, estuvo destacado en la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en la Habana (SINA), Gallegos no era un diplomático cualquiera, pertenecía a la nómina de oficiales de la Estación CIA en nuestro país. Durante su estancia en Cuba mantuvo fuertes vínculos con sectores hostiles a la Revolución. Personas relacionadas al medio artístico y a algunas ONG, le recuerdan como alguien que trabajó con dedicación en su intento por influir sobre ese sector y en general sobre grupos de personas con trabajos independientes, lo que lleva a recordar las recientes revelaciones de la agencia The Associated Press (AP) en cuanto al trabajo sobre los jóvenes y el sector artístico comunitario, que se articulaba por Creatives Associates desde Costa Rica.

Llama la atención el poco impacto mediático que tuvo la estancia de estos contrarrevolucionarios, tal vez se deba, nos atrevemos a especular, a una sabia intención gubernamental de no magnificar los hechos, ni comprometerse con una acción que pudiera interpretarse como poco cordial hacia Cuba, su compañera en la Troika.

Sin embargo el hecho de que bajo los auspicios de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano y la ONG sueca Civil Rights Defenders, con el aseguramiento del oficial de la CIA, Gonzalo Gallego, y la presencia de elementos contrarrevolucionarios que viajaron desde varios países, se celebre en Costa Rica un taller financiado por The National Endowment for Democracy (NED)1 , para “promover” los Pactos de los Derechos Humanos en Cuba, no es pura casualidad.

Entre los asistentes sobresalen el contrarrevolucionario radicado en España Yaxis Cires, de quien se ha dicho que tiene vínculos con la CIA, el nombre de Cires aparece vinculado en varias publicaciones subsidiadas por el Departamento de Estado de los EE.UU. a terroristas como Ángel de Fana y Frank Calzón 2 . Tanto Cires como Rodiles son en buena medida regenteados por Carlos Alberto Montaner y también el sueco Erik Jennische, directivo de la ONG sueca Civil Rights Defenders y miembro del Partido Liberal Sueco, conocido en Cuba por sus contactos con la contrarrevolución en sus viajes a la Isla.

Erik Jenniche
Erik Jennische
Sobre Erik Jennische escribe Manuel David Orrio, ex agente Miguel de los Órganos de la Seguridad del Estado “…Desde su llegada, y en posteriores visitas a Cuba — expulsión incluida –, realizó una detallada exploración de la denominada disidencia criolla, y un seguimiento que en el Contraespionaje puede interpretarse como presencia de un “agente indicador” 3.

Erik Jennische puso en manos de la “disidencia” cubana importantes recursos, que son facilitados a las ONG suecas que trabajan contra la Revolución por la USAID, como ha sido denunciado repetidas veces por organizaciones suecas solidarias con Cuba.

Fue ampliamente divulgado, como, previo a la Cumbre de la CELAC en La Habana, la contrarrevolución cubana hizo todo lo posible por entorpecer su realización e incluso intentó utilizar el territorio de Costa Rica como escenario para sus planes de proyección mediática y política. Además se consideró la posibilidad de realizar allí una cumbre paralela, proyecto que fue desestimado.

En territorio costarricense se realizaron conciliábulos para organizar acciones de cara a la Cumbre. Los días 7 y 8 de noviembre del año 2013, tuvo lugar una reunión secreta en San José a la que asistieron representantes de la contrarrevolución cubana y de la oposición venezolana, con el concurso de políticos nicaragüenses y costarricenses. El encuentro tuvo lugar en el Hotel Presidente, ubicado en la avenida Primera de San José, cercano a la sede de la fundación Arias para la Paz y el Progreso. Oscar Arias asistió, patrocinó y en parte financió la reunión, el origen del dinero, no fue revelado, pero la ruta conocida nos lleva a la NED que posee un abultado financiamiento para las acciones contra Cuba.

Trascendió también que en dicha reunión se rubricó un documento por parte de la contrarrevolución cubana y la oposición venezolana para actuar de común acuerdo contra la CELAC. Algunos elementos conocidos hacen creer que probablemente también se trazaron coordenadas para el último taller celebrado recientemente para “promover” la ratificación de los pactos de Derechos Humanos en Cuba, con la participación de la Sociedad Civil Cubana

En la reunión anti-CELAC celebrada en San José estuvieron presentes además de Antonio Rodiles y otros cubanos, el opositor venezolano ultraderechista Leopoldo López y el Nicaragüense Edmundo Jarquín. Nada, una vez más se cumple aquello de que “Codicia los cría y el diablo los junta”

Un simple análisis de los acontecimientos aquí descritos evidencia que las acciones del gobierno de los EE.UU. sus servicios especiales, sus aliados y mercenarios no se dirigen solo contra Cuba, de lo que se trata es de entorpecer el proceso integracionista y liberador de América Latina, punto central en la agenda hacia América Latina del Departamento de Estado.

Las recientes revelaciones de la agencia The Associated Press evidencian que el gobierno de los EE.UU. ha estado utilizando el suelo costarricense para sus acciones contra Cuba. Proyectos como Zunzuneo, Piramideo, Jóvenes Viajeros, etc. han involucrado a ciudadanos de esa hermana nación.

Fuertes presiones se ejercerán sobre el Gobierno Tico para intentar boicotear la próxima Cumbre de la CELAC, para someter de nuevo a nuestros pueblos a reunirse únicamente “bajo la sombra del águila temible”, apretadas en su garras las banderas todas de América Latina. Por ahí anda el juego.

El taller en acción
El taller en acción

El taller en acción
El taller en acción

1/N.A. Desde hace 30 años, la National Endowment for Democracy (NED) se encarga de la parte “legal” de las operaciones ilegales de la CIA. Es considerado una especie de Trojan Horse del gobierno norteamericano. El Informe de la NED del año 2013 evidencia que esta agencia yanqui está muy activa en su trabajo contra Cuba y que pese a todo seguirán destinándose millones de dólares para promover la contrarrevolución cubana.
2/Jean-Guy Allard Detrás de la campaña europea contra Cuba, los socios alemanes de la CIA. Granma, Org. Oficial del PCC, miércoles 28 de abril del 2010.
3/Un reencuentro entre Erik Jennische y Manuel David Orrio, Sitio digital Rebelión  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131740

Tomado de su blog El Adversario Cubano

lunes, 18 de noviembre de 2013

El parche antes de que salga el grano… gubernamental


Cada vez que alguien cita documentos, u otras evidencias, sobre los vínculos de la llamada disidencia cubana con el gobierno de Estados Unidos es acusado de portavoz del gobierno cubano.

Pero quizás eso cambie a partir de hoy. El diario El Nuevo Herald de Miami ha querido poner el parche antes de que salga el grano, dando a conocer que al gobierno de Estados Unidos se le ha escapado una información secreta sobre el pago de seis millones de dólares “para ayudar a disidentes cubanos que el gobierno cubano ha declarado ilegales como parte de una campaña semiclandestina para derribar al régimen comunista”.

Según El Herald, entre la información estaba un programa “para entrenar a líderes emergentes de los sectores no gubernamentales de Cuba”, incluyendo  “los nombres de algunos posibles candidatos para recibir el entrenamiento y los lugares donde podrían ser entrenados”.

El reporte del periódico miamense denomina a los beneficiarios de ese dinero “sectores no gubernamentales de Cuba” pero lo que prueba este hecho es que se trata de  sectores gubernamentales de Estados Unidos, quien no sólo los financia sino que entrena a sus directivos -como animales de Circo- en lo que deben hacer.

Dice El Nuevo Herald que  la inteligencia cubana tiene los documentos, quizás esa es la razón por la que el diario de Miami ha decidido dar la alarma y proteger a los “no gubernamentales” que en Cuba trabajan para el gobierno de Estados Unidos. Lo simpático es que los blogueros y periodistas cubanos, a los que El Nuevo Herald y sus adláteres, llaman oficialistas y progubernamentales nos enteramos de esa información -ya en poder de la inteligencia cubana, según dice el diario- por los voceros del gobierno estadounidense -a cuyos empleados en Cuba quieren proteger-  y no por el “régimen comunista” del que supuestamente somos portavoces.

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