
Por José (Pepe) Chávez
En los primeros días de octubre leí el artículo La crisis del siglo, del destacado periodista, Ignacio Ramonet, y encontré un párrafo que me puso de inmediato a pensar. Es este:
“Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.”
Y es cierto, porque realmente no se aprecia una ofensiva conscientemente dirigida de la izquierda al neoliberalismo. No es necesario teorizar, no es necesario pronosticar el futuro. Ahí están los resultados de la práctica al alcance y la comprensión de todos. Los ejemplos están en el presente, en cada país de cada continente. No ha habido otro momento tan ideal para enfrentar a las derechas, al capitalismo, al imperialismo, al neoliberalismo. Ellos se han quedado desarmados teórica y prácticamente.
Las izquierdas solo tienen dos alternativas. La primera, la más fácil, dejar las cosas como están y sentarse a contemplar como la derecha se une, buscando soluciones comunes para salir de la crisis. La segunda, la más difícil, el combate. Pero para combatir hay una premisa: LA UNIDAD. Luego profundizar en la conciencia de las masas, sembrar ideas sólidas y utilizar argumentos que son irrebatibles. No es momento de sumisión, derrotismo o divisiones internas, ha dicho el compañero Fidel Castro, sino de rescate de nuestro espíritu de lucha, de la unidad y cohesión en torno a nuestras demandas.
El mundo necesita una cierta dirección para enfrentar sus actuales realidades: garantizar alimentos, salud, educación, empleo, ropa, calzado, techo, agua potable, electricidad y transporte para el extraordinario número de personas que viven y vivirán en los países más pobres. También el mundo necesita definir patrones de consumo y evitar el implante de gustos y modos de vida inspirados en el modelo despilfarrador de las sociedades industrializadas, lo que sería suicida además de imposible.
Las nuevas tecnologías y el poder destructivo de las armas modernas, nos obliga a pensar en el deber de impedir que los conflictos de intereses, que inevitablemente se desatarán, conduzcan a guerras sangrientas
Las palabras del compañero Fidel Castro se convierte hoy en un instrumento más poderoso, cuando dijo:
“Hay que sembrar ideas, desenmascarar engaños, sofismas e hipocresías, usando métodos y medios que contrarresten la desinformación y las mentiras institucionalizadas. La experiencia de 40 años de calumnias caídas sobre Cuba como lluvias torrenciales nos ha enseñado a confiar en el instinto y la inteligencia de los pueblos.”
Cuando a los pueblos se orientan y guían, luchan y desempeñan un importante y decisivo papel en esa lucha, pues es su respuesta a la pobreza y los sufrimientos que les han sido impuestos. Luchar, ha reiterado Fidel, por juzgar y cambiar el actual orden económico que se ha impuesto al mundo para que haya una distribución justa de las riquezas que los seres humanos sean capaces de crear con sus manos laboriosas, y fecunda inteligencia.
Asimismo, el líder de
“Cese la tiranía de un orden que impone principios ciegos, anárquicos y caóticos, que conduce a la especie humana hacia el abismo. Sálvese la naturaleza. Presérvense las identidades nacionales. Protéjanse las culturas de cada país. Que prevalezcan la igualdad, la fraternidad y con ellas la verdadera libertad. No pueden continuar creciendo las insondables diferencias entre ricos y pobres dentro de cada país y entre los países. Deben, por el contrario, disminuir progresivamente hasta cesar algún día. Que sea el mérito, la capacidad, el espíritu creador y lo que el hombre realmente aporte al bienestar de la humanidad; no el robo, la especulación o la explotación de los más débiles lo que determine el límite de las diferencias. Practíquese verdaderamente el humanismo, con hechos y no con hipócritas consignas.”
Hay que luchar, y las izquierdas pueden hacerlo. No es posible en dos cuartillas exponer el contenido de esa lucha. Además, ellas son suficientemente inteligentes para determinar y precisar que le corresponde hacer en cada uno de sus países, donde la crisis de una forma u otra está lacerando a las masas populares.
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