
Por Ulises Pimentel
Defenderé, pues, con confianza, la causa de la Humanidad ante los sabios que me animan a ello y no quedaré insatisfecho de mí mismo si no me hago digno del tema y de mis jueces.
El contrato social, Jean-Jacques Rousseau
El hombre había llegado a su cúspide civilizatoria y empezaba a involucionar producto de una crisis que olía a hecatombe. Con los pies en el siglo XX asistí incrédulo a la crueldad histórica sin límites de los Hitler, de los Goebbels, de los Menguele, por citar a tres íconos de nuestro fracaso colectivo con nombre propio…
Entrado el siglo XXI todavía nadie había explicado como un loco que iba a Nepal a medir los cráneos de los lugareños para demostrar la supremacía de la raza aria fue seguido por otro hato de carniceros para incendiar Europa con sus crímenes, todo esto detenido a tiempo por el sacrificio ruso de millones de hombres, héroes no reconocidos de la Humanidad.
Disfrazados de ideologías, de religiones, de avances científicos, la Humanidad tenía su enemigo en un cáncer que se la devoraba por dentro, ciega por la negación a todo esto, primero con los nazis y luego con su continuación, el imperialismo norteamericano.
No se trató de un problema ideológico, no se trató de a que dios adorar ni cómo, no se trató de atraso en el progreso, ni de progresos tecnológicos, ni de superioridad o inferioridad racial, ni fue siquiera, me atrevería a arriesgar, un problema moral. Todas estas fueron meras excusas; absurdamente fue un problema de control vulnerado por un lado, y de egoísmo ideológico criminal y salud mental por otro.
¿Cómo llegaron los perros desquiciados al poder, luego, ya con misiles atómicos? ¿Cómo lograron obtener las ganzúas al conocimiento científico, a la división de poderes, al ojo inquisidor de cada uno de nosotros, a la crítica de la oposición, a la sagacidad periodística, a los filtros universitarios? ¿De que manera subrepticia, con qué clase de engaños y con qué crímenes y tecnología se colaron al poder? ¿Cómo nos engañaron a todos y estuvieron a punto de dirigir al mundo y a la Humanidad toda a su propia destrucción?
Bertolt Brecht decía en su época que las revoluciones nacían en los callejones sin salida. Hoy, de los callejones sin salida nos espera la guerra atómica y el imperialismo criminal implacable, cebado en un siglo de carne humana y de éxitos servidos en bandeja por la complicidad de todos, no parará hasta obtenerla acorralando en un callejón a lo que queda del mundo.
Pasado lo que haya pasado, hay que recomenzar, como se hizo siempre. Una nueva oportunidad es siempre promisoria; es el momento de juntar los fragmentos del conocimiento que hayan quedado a salvo y enumerar los errores para diseñar un futuro que no aniquile lo progresado otra vez. Intentar siempre dar a luz un hijo definitivo.
Busquemos el común denominador a todo, para armar este rompecabezas, de modo que sea independiente de nuestro tiempo y hasta de nuestra opinión.
Primero hagamos un poco de historia sobre los opresores de los pueblos y sus libertadores:
En cada sociedad se tejen estos inicuos sistemas que le quitan la dignidad al ser humano e impiden la civilización. “Socialismo o barbarie”, acuñó Rosa Luxemburgo, “civilización o barbarie”, repitió Sarmiento, una figura argentina controvertida: liberal, educador, progresista, cosmopolita pero al mismo tiempo ¡racista¡ (Ya se mencionará lo intricado e incoherente de la lógica humana en construcción).
La mafia en Sicilia, exportada a Estados Unidos y que ahora domina al mundo, dominando su entorno con sus crímenes, la monarquía sojuzgando a los pueblos, los dictadores latinoamericanos como Batista, la iglesia apuntalando a los poderosos para que magreen al pueblo, los políticos y gremialistas corruptos que roban y quitan los derechos del ciudadano y miles de figuras más, son ejemplos históricos de esta lucha sempiterna entre antisociales y sociales, entre fascistas y socialistas, o como se quiera llamar. Se volverá luego con esta denominación y clasificación.
La historia de Jesús, cierta o no, es la historia de un revolucionario libertador que elige uno de los caminos posibles: la no violencia que luego usaría Gandhi y que lleva al martirio. Otro camino posible es la lucha armada para lograr el cambio de estructura liberador que se dio en llamar revolución. Y un tercer camino aparecido en esta época es una combinación de ambos: los musulmanes kamikaze que se inmolan pero llevándose al enemigo con ellos.
Este personaje judío de la clase obrera que amenaza a los inicuos con una guerra santa celestial enfrenta al imperialismo de su época, el imperio romano, y al poder religioso aliado con aquel. Logra imponer una ideología que cambia el mundo. Para ese entonces el imperialismo se entretenía masacrando gente en su circo romano, como espectáculo para una sociedad corrompida hasta la perversidad, muy similar a la actual.
Sus ideas humanitarias pronto son reemplazadas por las típicas ideas opresoras y clasistas. La iglesia católica con su boato y la iniquidad de sus representantes entra en escena. Hacen construir grandes catedrales en toda Europa para demostrar su poder, con mano de obra esclava como hicieron los egipcios para construir las pirámides, usando a los judíos. Cada vez que se monta el poder opresor aparecen las ideas liberadoras. En esa época vinieron de la mano de los masones que no era otra cosa que los obreros de las catedrales constituidos en sociedades secretas, algo muy común en todas las épocas, para no ser masacrados por el imperio de turno.
Esas sociedades secretas pasaron de ser anticlericales a antimonárquicas también y fueron las que liberaron América de la opresión europea. Washington en Norteamérica, Miranda y Bolívar en el Caribe y los Andes, San Martín y Belgrano en el sur lograron la independencia y la constitución de repúblicas y es la razón por la que no hay monarquías en el continente.
Anteriormente la monarquía y con ella la opresión histórica o división de clases recibe su más certero golpe con la Revolución Francesa, de una importancia tal que termina con la edad moderna para dar lugar a la edad contemporánea. Esta revolución fue motorizada 20 años antes por las ideas de la Enciplopedia de d'Alembert, la cual generó conciencia en toda Europa y permitió pasar a los hechos en Francia.
El siglo XX se encontró con el movimiento anarcosindicalista que era importado a América con la emigración, fenómeno del clasismo que expulsaba de sus países a los menos favorecidos. Luego vinieron la Revolución Bolchevique en Rusia en 1917 que instaló el comunismo y llevó a la creación de la superpotencia confederada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la Revolución Cubana de Fidel Castro que luego de algún devaneo instaló el socialismo con el cual resistió hasta el siglo XXI la opresión de Estados Unidos el cual encabezó el crimen organizado internacional, la revolución justicialista de Eva Duarte y Juan Perón en Argentina de carácter pacifista que fue masacrada por la CIA por su carácter antiimperialista, aún siendo también antimarxista, Salvador Allende en Chile que pese haber llegado al poder por vía democrática y con el apoyo del pueblo también fue asesinado por la CIA, etc.
Ya en el siglo XX el Estados Unidos mutado en monstruo representa a todos los poderes opresores de la Historia. El Sanhedrín de los judíos, el imperio romano de Nerón y Calígula, la iglesia católica y sus inicuos papas, la monarquía fastuosa viviendo a costa del pueblo, los esclavistas, los criminales de toda laya de todos los tiempos, concentrados en uno solo gracias al aprovechamiento de un siglo tecnológico.
Pero dejemos la historia que ha servido de prolegómeno y vayamos al motivo de esta construcción.
He aquí un primer ensayo: el objetivo humano es crear un sistema sustentable en el tiempo, de equilibrio entre cada uno de los individuos sin faltar uno sólo (el dolor de un solo hombre debería conmover al Universo, denuncia William Faulkner) donde se respeten sus derechos y sea una celebración su dignidad como persona.
Este simple enunciado, de los que hay tantos, es muy difícil de cumplir por la egoísta naturaleza humana y por su debilidad al bajar los brazos cuando una tarea es difícil, pues si excede sus fuerzas, dado su egoísmo, no busca trabajar en equipo, simplemente asevera: “no se puede”, y su vida minúscula es alimentada con la opresión al prójimo, la víctima de su egoísmo y su necedad.
Es necesario cambiar la mente de cada individuo que nazca. Se dirá: “esto es una locura irrealizable” pero ya se intentó hasta en mi época; se trató de educar a cada individuo para que supiera leer y escribir, es decir, se planificó modificar la mente de cada persona nacida y por nacer logrando así que la Humanidad toda subiera un escalón.
Este ejercicio no es más ni menos que la puesta en práctica de los postulados del libertador Ernesto “Che” Guevara: la construcción del Hombre Nuevo.
Esta tarea requiere el compromiso de hacerlo a cada generación, sabiendo que ninguna dejará de hacerlo por motu propio habiendo gustado los beneficios del sacrificio de esta transformación. Ningún padre dice a su hijo “es un sacrificio aprender a leer y escribir, no lo hagas”. Dice más bien “¿qué sería de mí si no hubiera aprendido a leer y escribir?”
Habrá resistencia a lo bueno pero luego nadie querrá volver sobre sus pasos; esa es la razón del ataque de tus contemporáneos. Enséñales a leer igual.
Cada vez que la Humanidad quiera subir otro escalón se requerirá del concurso de muchos individuos y colectivos de diferentes épocas, revisando sus trabajos y su ejemplo en busca de las claves que permitan unir los fragmentos.
Deberán conjugarse ciencias como la Historia, la Sociología, la Psicología o la Ética y el estudio de infinidad de individuos, con sus ejemplos buenos y malos, para diseñar la arquitectura de ese Hombre Nuevo, es decir de esa pedagogía que hará de una generación, de todas las siguientes, la primera en subir ese otro nivel.
Empecemos a escribir ese programa, como decía Newton, parados sobre hombros de gigantes, es decir, con todo el conocimiento y experiencia que nos precedió, pasando la posta a la generación siguiente, la cual se parará sobre nuestros hombros, los de nuestra generación o sociedad.
En lo personal creo que una forma de socialismo (o la etiqueta que quieran ponerle) es el próximo paso, entendiéndose como tal una doctrina que establezca en la práctica la igualdad de derechos entre los individuos. No declamados sino concretos.
Hay sólo dos posiciones en la vida del individuo: una que he dado en llamar socialista o social y otra fascista o antisocial. Acuñé los segundos términos para independizar estas ideas de las connotaciones políticas de los primeros, pero se grafica mejor, por los menos en mis tiempos, la división socialista o fascista.
Considero socialista o social a todo lo que lleve a la igualdad entre individuos. Así de simple.
Hasta los propios disimulados neonazis norteamericanos tuvieron que admitirlo al no poder borrar (bien que hubieran querido poder hacerlo) su Declaración de Independencia: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales”
Considero fascista o antisocial a cualquier individuo que habiendo transcurrido los necesarios años para que madure, mantenga su original egoísmo con cualquier excusa o disimulo. Porque estos saben muy bien que su posición es errada y el único camino que les queda a los antisociales para presentarse en sociedad es la excusa, el disimulo y la hipocresía.
Los antisociales o fascistas manipularán las religiones, la historia, las ideologías, etc., para que estas no los condenen. Así como el criminal se esconde de la policía ganando tiempo y soñando una impunidad eterna, así los antisociales se esconden detrás de su hipocresía con el mismo objetivo. El negocio del criminal o del antisocial es el tiempo inmediato pero la civilización, más tarde o más temprano le hará pagar sus crímenes.
Hay que tener cuidado con estas habilidades de disimulo e hipocresía porque los antisociales suelen medrar hasta dentro de asociaciones socialistas. Se los descubre porque buscan su propio provecho a costa del bien colectivo.
El egoísmo es natural en el ser humano y es una necesaria cualidad de supervivencia, así como en los animales. Los niños son tremendamente egoístas pero en un marco inofensivo, en una etapa larval.
El ser humano es un híbrido entre un animal en su cuerpo y un dios que quiere saberlo todo en su mente. Esta dualidad que es una metamorfosis permanente, una lucha permanente entre el mundo sensual y el intelectual, establece una crisis de maduración en él, tanto sea en forma individual como colectiva.
Vivir en sociedad es establecer un sistema monstruoso en tamaño y lógica, lleno de imperfecciones, que va creciendo también en una dolorosa metamorfosis, hacia su perfección. Estas imperfecciones del sistema golpean a ciertos individuos los cuales responden con el egoísmo como modo de defensa, de supervivencia.
Detrás de cada criminal como Hitler o los imperialistas norteamericanos, sin rostro ni nombre, hay una escondida historia de dolor. No es casualidad que el primero haya salido de la Alemania torturada por el tratado de Versailles y los segundos luego de la crisis de 1929. Estados Unidos pasó de ser la esperanza de las libertades (Francia hasta le hizo el regalo de la estatua de la Libertad) al cáncer insidioso, hipócrita y pérfido que atacó a la Humanidad por la espalda hundiendo su daga psicópata.
Si se construyera un mundo socialista que siguiera la máxima de Faulkner (“el dolor de un solo hombre debería conmover al Universo”) estaría prevenida la gestación de estos monstruos, ya que una vez creados solamente los detiene su destrucción violenta, como a Hitler o como al imperio norteamericano.
Una aclaración con los términos fascista y socialista; los mismos los uso en sentido figurado y no literal, de modo que no es imposible encontrar fascistas en la izquierda, algo no muy difícil de creer ya que hace mucho que fue acuñado el refrán los extremos terminan uniéndose.
Producto de la interacción de estos dos bandos, estas dos fuerzas que nacen de la psicología del hombre (por eso el Che buscaba el cambio desde el Hombre Nuevo, de quien él mismo era el mejor ejemplo) hay una dinámica histórica siempre subyacente en todas las épocas: la lucha entre oprimidos y opresores. Cuidado porque ser oprimido no es garantía de ser social o socialista, pues muchos de ellos, cuando llegan al poder, se comportan peor que sus predecesores y esta es otra fórmula fascista, “aguanta todas las humillaciones y opresiones a que te someto para que tú luego puedas hacer lo mismo con los que te sucedan”. Así funcionan muchos cuadros del ejército por ejemplo.
Necesito una palabra, una denominación, un vocablo para esta lucha liberadora, ecualizadora o justiciera que etiquete este intento secular de los pueblos oprimidos y esclavos de quitarse de encima a sus tiranos, a sus dictadores, a sus opresores, a sus esclavizadores. Creo que alguien por ahí la llamó Revolución.
La Revolución es pues la definición a ese intento de la Humanidad por librarse de sus cadenas en esa metamorfosis a la perfección igualitaria. Es una madre dando a luz la Igualdad con sacrificio, trabajo, dolor, contracciones, el tener que pujar, la inevitable sangre, pero que termina en el regocijo de la continuidad de la vida.
Una revolución es casi siempre sangrienta pero no siempre la violencia viene de ambos lados. Del lado opresor está siempre la violencia porque es inherente al sistema pero del lado libertado puede haberla (Revolución Francesa, Revolución Rusa) o no (Jesús, Ghandi, Perón).
Es pues Revolución una palabra filosófica que engloba a todas las revoluciones que han sido y que serán. Cada revolución socialista o social para liberar a un pueblo es un paso más de la Humanidad contra el cáncer del fascismo, contra esa división en su propio seno que hace que haya opresores y oprimidos.
La clasificación está dada entre fascistas y socialistas o entre antisociales y sociales; busquemos algunos ejemplos de uno y otro caso en la Historia, nunca puros ni absolutos sino para que se tenga una idea gráfica. Cabe aclarar que los ejemplos no son lineales porque es una lógica compleja. Por ejemplo el ideólogo argentino Juan Perón aplicó el socialismo o medidas sociales que llevaron a la igualdad de derechos al pueblo pero era antimarxista y cargó contra intelectuales como Victoria Ocampo, a la que acusaba de oligarca pero la cual bregaba, a su vez, por los derechos de la mujer (se nota aquí lo intricado y contradictorio de la lucha libertadora). O los judíos que pasaron en el mismo siglo, de ser oprimidos por el nazismo a ser opresores de los musulmanes. O los norteamericanos que plasmaron una declaración de independencia que en muchos puntos es una declaración universal de derechos humanos a ser el opresor del mundo más grande de la Historia. O la iglesia católica que empezó siendo prácticamente comunista (Hechos de los Apóstoles, Capítulo 5) a ser fascista o antisocial desde el medioevo, incluyendo guerras con ejércitos como la batalla de Lepanto o torturas como con el monje Torquemada.
Veamos algo curioso e interesante al respecto. Quizás Marx tenga razón y las religiones sean las drogas que consumen los pueblos aunque yo les veo dos cosas positivas: primero les dan esperanzas al ser humano sobre la continuidad de la vida después de la muerte. Esto no es banal ya que como decía Sartre, la vida era absurda porque la muerte sorprendía al hombre en medio de la construcción de sí mismo. Ergo, es necesario construir una religión socialista, cientificista que tolere la probabilidad de una fuerza creadora que de continuidad a la vida en instancias superiores.
Y el segundo punto es la moral ya que sin moral los pueblos se autodestruyen.
Pues, después de todo, ¿esta lucha entre opresores y oprimidos, es algo más que una lucha moral? Pero la moral de las religiones es absurda, incoherente entre lo enunciado y lo practicado, severa e intolerante. Como digo, hay que construir una moral laica, no la moral católica de la cintura para abajo, y no hay que dejarle su dictado a la religión, que generalmente es un poder fascista opresor. Muchos católicos en mi país se atienen en teoría a los dictados de su iglesia pero hipócrita y veladamente aprueban la tortura y el homicidio que se practicó con los llamados desaparecidos, incluso en lisiados, ciegos, embarazadas y niños. Como decía George Bernard Shaw: “el cristianismo sería una gran idea, si alguien la practicara”.
Si leemos la Biblia, el manual de la mitología oficial de estos lares y estos tiempos (ya no se llama Zeus el dios histórico de turno) en el libro de los Hechos (5:1-11) los seguidores del revolucionario judío Jesús crearon una iglesia en la que, para entrar, había que donar todos los bienes que se poseyera, para tenerlos para uso común, y la organización (iglesia) se encargaría de las necesidades de los adherentes.
Si tomamos la auto historia católica que Pedro fue el primer papa y que ahí comenzó la iglesia católica con los subsiguientes ministros, concluimos que la iglesia católica en sus comienzos fue... ¡comunista!
En los tiempos del revolucionario Jesús, el Sanhedrín de los judíos aliado al imperio de su época, opresor del pueblo con dictados morales para mantener sus privilegios (nótese como esto es una herramienta histórica para la opresión) es un ejemplo cabal de cómo se alían poder militar y religioso. Instrumentos de tortura como la crucifixión eran usados contra un simple ladrón pero el sistema de propaganda cristiano plasma en la mente que la única muerte que importaba era la de su líder, convirtiendo a un predicador de la igualdad en un privilegiado más. Esta es una técnica fascista: establecer en la mente de la gente que hay muertes importantes y otras que no importan, con cualquier mera excusa. Y también la de sentarse en un escritorio, bajo el cuadro de un prócer para hacer creer a los que están viendo que comparte su ideología. O la iglesia católica desde el medioevo, con el torturador Torquemada que era confesor de los reyes católicos españoles Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (este último personaje fue quien inspiró a Machiavelo para escribir “El Príncipe”) representantes de una histórica institución del fascismo o antisocialismo: la monarquía.
No es casualidad que en la época que me tocó vivir se traten de reinstaurar las monarquías como sucedió en España con el sucesor designado por el criminal de más de un millón de españoles, el fascista Francisco Franco, velado protegido del imperio, ya que acabaron con Hitler y Mussolini pero no con Franco, lo que demuestra dos cosas: que los que liberaron al mundo del fascismo fueron los rusos al costo de millones de mártires de la Humanidad no reconocidos en su tiempo (los norteamericanos ganaron la guerra sólo en el cine) y que la pelea entre Hitler y la alianza anglosajona fue dirimir una interna entre fascistas. El mundo muy pronto sabría a que atenerse cuando cayera la máscara democrática norteamericana.
¿Pero como llegan los criminales a enquistarse en el poder, el cual tiene la responsabilidad primera de ser mecanismo de control? Conjeturemos pues nada viene servido. Salvo las ciencia exactas, demostradas con teoremas, todas las demás son conjeturales. La conjetura científica es muchas veces la única puerta a la verdad.
Hasta el rey de las ciencias exactas, el físico judío Albert Einstein conjeturaba, pues la imaginación hace vislumbrar mundos que luego son descubiertos en los cálculos en la pizarra. El genio decía en una carta al Dr. Jan Ehrenwald el 8 de julio de 1946: “No tenemos derecho, desde un punto de vista físico, a negar a priori la posibilidad de la existencia de la telepatía”. A tal punto tenía la mente abierta, el secreto de su éxito.
Ningún criminal firma su obra pues la subrepción es inherente a su actividad. Es necesario por ello ser tanto perspicaz como suspicaz para detectar a los enemigos de la Humanidad. Así como los últimos planetas del sistema solar se descubrieron sin verse, en forma indirecta, por la influencia gravitatoria que ejercían en los ya conocidos, así es necesario abrir la mente y descubrir a Hitler antes de que se arme y acabe con nosotros. Y Hitler tenía cara y nombre, los norteamericanos que detentan el poder, no. Nótese como el fascismo perfecciona su maldad cada vez.
El Che habla del despertar de los pueblos del “largo sueño embrutecedor a que fueron sometidos”. Tan irrevocable es distraerse que quizás ya sea tarde y con el enfrentamiento inevitable, nos vaya la vida en ello.
Es necesario estudiar la psicología humana tanto general como particularmente la de personajes históricos, pues hay avatares que se dan rara vez, convirtiendo a un individuo en un monstruo que es luego imparable. Nerón, Hitler y el poder que subyace en Norteamérica, ese imperio construido desde debajo de la cama, son tres ejemplos.
Estarán también en tu tiempo y verás impotente como la gente que te rodea cree en ellos o los tolera por cobardía, conveniencia o simple estupidez.
Mi única fuente de información es el monopolio mediático imperial; cuando todo está tomado sólo resta poner la fuerza del enemigo a nuestro favor, no queda nada de nuestro lado. Con esos datos me enteré que las oficinas del Centro Mundial de Comercio, las dos torres derrumbadas, fueron vendidas unos meses antes, en junio. Unos días después, el 11 de septiembre de 2001 el impacto de dos aviones era filmado desde todos los ángulos como en una producción de Hollywood. Me enteré luego que ese día casi nadie fue a trabajar. De las 50.000 personas que podrían haber muerto sólo lo hicieron unos miles y muchos de ellos bomberos y policías.
Sin embargo el discurso único universal trasmitido por los medios (veladamente comprados uno a uno) es la historia oficial pergeñada por los naziamericanos. Me pregunto cuantas mentiras burlonas están en frente a nuestras narices y, o no las vemos, o las tenemos que aceptar porque lo cree todo el mundo. “Miente, miente, que algo quedará”, decían los antecesores, los otros nazis.
Por la misma razón, por la que no reaccionaron contra el nazismo, no reaccionan hoy contra el autodenominado imperialismo: porque no pueden creer que existan monstruos así. Y porque quizás “no se pueda hacer nada”. Acá rescato nuevamente las palabras de un amigo: “Mientras un pueblo se ve obligado a obedecer, y obedece, obra bien; tan pronto como puede sacudir el yugo, y lo sacude, obra mejor aún” (Rousseau )
El pueblo norteamericano es medianamente ignorante de lo anormales que son sus gobernantes en las sombras, sus gobernantes subrepticios, los que mataron a Kennedy (no sus mandatarios pesudoelegidos que son meros fantoches).
Para que la Humanidad se deshiciese de Hitler hubo que matar a parte del pueblo alemán; lamentablemente la Humanidad no podrá detener a sus tiranos sin recurrir a su arsenal y a un gigantesco sacrificio y holocausto como en la guerra del hemisferio norte, que los fascistas o antisociales llamaron mundial. Veamos por qué se denominó así.
Ignorar al otro es el súmmum de la ideología fascista o antisocial. Se habla del “descubrimiento de América” como si acá no hubiera habido personas (es más, la iglesia católica tuvo el tupé de discutir si los indígenas eran seres humanos). Otro ejemplo son las llamadas “guerras mundiales” que fueron en realidad guerras europeas o del hemisferio norte. De esa ignorancia del otro y el consecuente avasallamiento (no reconocer al otro es la máscara hipócrita que antecede y prepara el crimen) devinieron el África paupérrima, al abandono de Surásia y el saqueo-destrucción de América Latina, entre otros métodos con el gigantesco “cuento del tío” de las deudas externas tan simultáneas como todos los golpes de Estado que la CIA ejecutó en el continente.
Volvamos a los ejemplos de nuestra categorización. En términos generales que aceptan excepciones o confiesan que la lógica es compleja, con elementos heterogéneos de ambas partes, podríamos decir que son fascistas o antisociales , o sea que no suscriben a la igualdad entre seres humanos, porque de alguna manera se creen superiores o quieren hacerlo creer, a:
Los criminales en general, el nazismo, el fascismo literalmente hablando, el racismo en sus formas explícita y velada, el sionismo antimusulmán, el cristianismo político que se comporta como el fascismo, el capitalismo, el neoliberalismo, el imperialismo (o cualquier etiqueta que se le dé), el crimen organizado, la intolerancia religiosa o sexista, el machismo criminal o las religiones que no admiten derechos de la mujer, los mercantilistas y cientificistas que utilizan a la población para ensayos sin reconocer sus derechos, los que reducen a servidumbre a los pueblos con trabajo precario o por monedas, etc.
Esta categoría esta asociada a una posición activa o de ataque violatoria de los derechos humanos.
Los que suscriben de hecho a la igualdad entre las personas, sociales o socialistas son:
Los defensores de los derechos humanos, el cristianismo social, el socialismo literalmente hablando, las organizaciones solidarias y cooperativas, el comunismo, los anti racistas y anti fascistas, el feminismo no divisor, defensor de los derechos de la mujer, los defensores de los derechos de los trabajadores, etc.
Esta categoría se asocia a una actitud pasiva o defensiva si consideramos que el orden natural es la igualdad, o activa en el momento de reestablecer esa igualdad.
El mundo tiene incrustadas fórmulas socialistas o sociales, en occidente en forma velada para no reconocer sus virtudes. Como ejemplo de estas formas socialistas o sociales podemos citar:
Los seguros (pagan todos un extra para socorrer al que cayó en desgracia), las colectas religiosas para los menesterosos, la propiedad pública, el Estado, la forma equalizante de la Unión Europea, que es una construcción fascista de la OTAN pero que subvenciona a las regiones más atrasadas hasta que alcanzan el estándar de vida de las demás, el cobro de impuestos a la renta financiera en Estados Unidos o algunos estados (recordemos que es un país federal) que ante la bancarrota de un municipio privilegia las necesidades de la población antes que a los acreedores, los hospitales públicos de atención gratuita que hay en varios países del mundo, la educación gratuita e indiscriminada, etc.
Por otro lado uno de los grandes íconos de los antisociales es la propiedad privada, muy emparentada con el egoísmo basal o larval del ser humano. En realidad el uso criminal de la propiedad privada, sobre todo en la concentración o monopolio.
Si se pudiera borrar el imperialismo infantil antihumano que tiene como única sicópata meta conquistar el mundo, la Humanidad debería construir una fórmula igualitaria de justicia mundial. Países con exceso de recursos como los países árabes petroleros o como Argentina (sí, Argentina, la cual teniendo a comienzos del siglo XXI menos de 40 millones de habitantes producía alimentos para 400 millones, que el imperialismo se llevaba al norte en forma de divisas) deberían aportar estos excedentes de recursos y a la vez volver a recibirlos, por ejemplo, cuando se acabe el petróleo, haya un terremoto, un tsunami, una epidemia, etc.
Esta ideología social o socialista es innata e inherente a la condición humana. En ella esta encerrado el Derecho Natural que viene inscripto en el cerebro de cada nacido.
No hay que confundirlo con el comunismo, ni con el socialismo democrático, del cual he tomado prestado el nombre. El comunismo es una forma práctica de aplicar la ideología social desarrollada por Marx, pero no la única, sólo una manera determinada de hacerlo. De hecho, por haber prohibido el imperialismo el comunismo (en realidad cualquier cosa que se le oponga, no es un problema de ideologías) a costa de infinidad de homicidios, esta ideología social se impone gota a gota en todo el mundo cada vez que un ser humano ayuda a otro, porque lo considera su igual, porque está en el centro mismo de la psiquis humana. Es un ejército invisible, quintacolumnista, cuyos soldados no se conocen, casi no se comunican pero que al mismo tiempo tienen una única dirección: la construcción de la civilización, que no es otra cosa que la construcción de la igualdad entre los seres humanos. Y es un ejército que no se puede derrotar porque cada niño que nace es un nuevo soldado de este ejército de la Humanidad. Cuidemos a este niño para que el imperio de turno no lo corrompa, para que no se convierta en un traidor como les pasó a los norteamericanos.
Al hombre del futuro:
Si llegó este mensaje en una botella cruzando el océano del tiempo es que la Humanidad ha sobrevivido. Sabe disimular mis yerros e ingenuidades y corrige tomando la posta. No hay nada en tu tiempo, se hundirán tus pies, busca el futuro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario