Polilla:
Reciba un saludo respetuoso y fraternal. He leído lo que Ud. escribió en Nuestramérica, y la verdad me mueve a compartirle mi sentir, el heroísmo del joven periodista irakí.Soy una señora de 52 años, he sufrido mucho, he visto bastante y he descubierto unas cuantas cosas. Después de 52 años y con esa historia, pocas personas podrían impresionarme; por esa razón yo no tenía héroe, pero de verdad le digo que cuando ví al periodista lanzar los zapatos comprendí que acababa de descubrir a mi héroe. Claro que comprendí también que él lo pasaría muy mal pero es que la dignidad tiene un precio: la vida misma. Incluso pensé que le dispararían allí mismo, eso no evitaría que él fuera mi héroe.
Pienso en él, y quisiera tener esos poderes que dicen que tienen los mentalistas, para transmitir el pensamiento, sólo para expresarle mi admiración, cómo me encantaría poder estar frente a él y decirle: Joven, Ud. hizo lo que los pueblos del mundo debemos hacer: Ser contundentes en nuestra condena a semejante monstruo, ser contundentes y categóricos en nuestra censura a tanto crimen y a tanto discurso justificando lo injustificable. Gracias por lo que hizo y la enorme lección de dignidad que nos ha dado.
Y como me gusta cocinar, cada vez que me quedan bien las tortas de maíz rellenas de queso, pienso que me encantaría poder ofrecerle unas a ese muchacho...
Todo el respeto del mundo y de los pueblos para el joven irakí que desafió la ignominia!!!
Hasta luego, Sra. Polilla, mis respetos también para Ud.
Atentamente,
Sra. Regina.
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