sábado, 20 de septiembre de 2014

José Luis Díaz-Granados: Cronipoemas de La Habana

Por Winston Orrillo

“Cuba es una mina de cultura, un rico yacimiento de ideas, la más grande cantera de conocimientos existente en el planeta;  y todo ello se encuentra en continuo movimiento progresivo a favor del ser humano, de la vida, del bien común, del porvenir de miles de millones de hombres y mujeres, niños y ancianos a lo largo y ancho de un orbe donde imperan el odio, la intolerancia la ignorancia y la violencia”
                                    JLD-G

Poeta excelso, narrador sapiente y periodista perspicuo, José Luis Díaz-Granados (1946), es uno de los valores de su patria, la misma de Gabriel García Márquez (del que,  por otro lado, es primo), y, desde los 22 años en que publicara su primer poemario, “El laberinto”, con el que obtuvo el codiciado Premio “Carabela”, de Barcelona (1968), ha escrito –y editado-  novela, periodismo y numerosos ensayos literarios, que han consolidado su fama inexhaustible.

Su novela “Las puertas del infierno” (1986) fue finalista en el importante Premio “Rómulo Gallegos”; y él, como si no le bastara la multívoca creación, ha desempeñado cargos como los de Presidente de la Casa Colombiana de Solidaridad con los pueblos, y Presidente de la UNE: Unión Nacional de Escritores. Ha ganado el Premio Nacional de Periodismo de su país y el Premio Nacional de Novela, con “Aniversario Ciudad Pereira”. Asimismo, ha publicado libros para niños, y, en el reciente 2008, fue el Poeta Homenajeado en el XVI Festival Internacional de Poesía de Bogotá.

Pero, sobre todo, él es uno de esos autores raigales, necesarios por su compromiso militante con la cultura, con el hombre, con la salvación del destino humano, hoy amenazado por la barbarie a la que nos está conduciendo el irracional neoliberalismo.

El precio de su militancia lo pagó, era natural, con el exilio político –tenía varias amenazas de muerte en su nada pacífico país- que cumpliera en la patria de José Martí, entre el 2000 y el 2005, y del que salieran varios libros, uno de los cuales es el que reseñaremos ahora, y que se titula “La Habana soñada y vivida”, conjunto de crónicas que, por momentos, nos conducen a su vena lírica intrínseca (hace poco comentamos uno de sus libros que conmemoraba sus 40 años de ejercicio poético); de allí el título de este artículo.

Y lo llamamos Cronipoemas porque, a partir de saber que la crónica es el más literario de los géneros periodísticos, en el caso de JLD-G varias de ellas son en realidad casi poemas en prosa, como las que dedica a los pioneros de Cuba, a José Martí, a los ojos de la mujer cubana, a Fidel,  al Che, a Alicia Alonso o a Nicolás Guillén, entre otras.

Este libro nos lleva de la mano –de la mano del alma- a través de las calles y callejuelas de la capital de Cuba (en especial de La Habana Vieja), en la búsqueda de sus bares paradigmáticos; nos sumerge en paisajes que son pura poesía –en especial esos amaneceres, que tanto admirara Hemingway; es decir, nos permite encuentros con personajes, vividos y soñados, y sus páginas estremecen con el mismo choque eléctrico que las mejores metáforas e imágenes de todas las literaturas, máxime porque, en ésta, no hay palabra desperdiciada y cada una de ellas hace alusión al destino del hombre, a su combate inagotable por el futuro.

Ejemplo inmejorable de lo que afirmamos, es la crónica “Flor de Flores de Cuba”, donde descubrimos que la más bella, la más impertérrita flor que nos da el Primer Territorio Libre en América, es nada menos que la relevante presencia de sus niños: “ese jardín jubiloso y permanente de sus pioneros”, que resulta ser
“la más apreciada cosecha de sonrisas y de talentos prodigiosos. El asombro no solo mío sino ya universal, al admirar a estos niños con sus trajes rojo-vino-tinto, sus camisas blancas y sus pañoletas azules y rojas, caminando por calles y carreteras, saliendo y entrando a las escuelas, en guaguas, camiones y bicicletas, con sus padres y abuelos, es un presente delirante y lleno de emociones.
Esa flor de flores que asegura la eternidad de la Revolución Cubana es una fortaleza de pétalos de acero que vibra en defensa de la soberanía de la patria. ¿Quién no se ha conmovido escuchando a una niña de tercer grado, expresando de manera espontánea su conocimiento de la problemática actual del mundo? ¡O con su fe en el futuro de la humanidad al niño de apenas 6, 7 u 8 años, que nos da certeras lecciones de historia de la Isla! Niños hermosos y valientes, con sus mejillas bermejas o con sus pecas rubias, sus ojos castaños o verdes, su rostro negro, mulato, mestizo, trigueño, o su mirada china, vocalizando con exactitud, las palabras con las cuales señalan los flagrantes pecados del imperialismo y las certeras victorias del pueblo revolucionario, unido ante sus logros y sus convicciones.
Flor de pioneros, esta es la mayor riqueza de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio. Sus voces, sus actitudes, sus ideales, son el orgullo no solo de Cuba, sino del género humano, son la esperanza de todos los desposeídos y oprimidos de la tierra, el soplo feliz que estimula las fuerzas de quienes luchan por sus derechos en el Tercer Mundo.
Ante todos los niños de Cuba, este cronista colombiano se inclina con respeto y con amor, porque en ellos está vivo y encarnado el pensamiento puro de Martí, de Maceo, del Che, de Fidel”
No olvidemos que el Apóstol dijo que los niños son “la esperanza del mundo”... Y entonces, habría que recordar a los niños de nuestras repúblicas obscuras: la última escala de la explotación, a los cuales es posible verlos, mendicantes, en las esquinas o al pie de los automóviles o de las lujosas 4x4, producto, mayormente, de la corrupción de nuestros regímenes del alegre neoliberalismo.

Nos podría bastar con esta larga, explícita y necesaria cita, para saber qué terreno pisamos.

Pero el libro tiene más, muchos más: nos conduce a la habanera y multitudinaria Feria del Libro, al gran Museo Nacional, al inconsútil Ballet Nacional de Cuba, al Barrio Chino, a visitar las obras de los penates de la literatura de ese país hermano, como, el primerísimo de ellos, el poeta y Héroe Nacional, conocido como El Apóstol, José Martí;  Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Dulce María Loynaz, Loló de la Torriente, Manuel Navarro Luna,  Fernández Retamar, Eliseo Diego, Pablo Armando Fernández, Luis Suardíaz, Abel Prieto, entre varios otros.  Y a darnos una grata vuelta por la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, y su Escuela Internacional de Cine y  Televisión de San Antonio de los Baños.

Lo importante es que el autor tiene conciencia, y sabe transmitírnosla en sus cronipoemas, que todo esto es producto de una Revolución, y por eso los elogios a Fidel y al Sistema socialista son el punto de partida de todo. Y, asimismo, el de arribo.

No tendríamos cuándo acabar, y prefiero hacerlo con una frase del propio autor:

“Ah, La Habana, ¡Ciudad divina y humana! ¡Ciudad eterna!"