viernes, 10 de abril de 2015

ESCARAMUZAS POLÍTICAS: En la Cumbre de Panamá, dos fuerzas poderosas en pugna

Por Gloria Analco, @GloriaAnalco
 Cada Jefe de Estado y de Gobierno, asistente a la VII Cumbre de las Américas en Panamá, lo sabe: sabe que el Gobierno de EE.UU., después de la primera aparición de Barack Obama en una cumbre de esa naturaleza-en 2009-, tomó la determinación de escalar una nueva fase de agresiones contra América Latina.
Sabe que la inauguró con el golpe de Estado en Honduras y después en Paraguay, y sucesivos intentos en Venezuela; sabe que para recuperar la influencia perdida sobre América Latina y el Caribe ha estado desarrollando una ofensiva generalizada para debilitar a gobiernos que favorecen la integración de la región.
Sabe que desestabilizando gobiernos, como los de Brasil, Argentina y Chile, intenta hacer claudicar a organismos regionales como UNASUR, CELAC, el ALBA y Mercosur; sabe que está aumentando la penetración en las Fuerzas Armadas de varios países y realizando un mayor despliegue del Comando Sur en la región.
Sabe que la embestida estadounidense incluye un cambio de régimen en países que actualmente favorecen la integración para que restrinjan espacios geopolíticos a China y Rusia, aunque EE.UU. no esté en capacidad de suplir esascuantiosas inversiones, garantizando con ello el desastre económico alque ya condujo a las economías de Europa Occidental, por su afán de seguir teniendo la supremacía mundial.
Sabe que su acercamiento con Cuba obedece a influir en su transición al capitalismo, luego de su sonoro fracaso para alcanzar ese objetivo por medio de la confrontación.
Sabe que para la geopolítica de Washington es perentorio lograr un cambio de régimen en Venezuela, donde se está empleando a fondo y presentando a ese país –que descansa sobre 300 mil millones de barriles de petróleo- como “amenaza extraordinaria” para intervenirlo militarmente, ya que por medio del uso de la oposición de derecha no ha podido remover de su cargo a Nicolás Maduro, y a partir de ahí la región volvería a quedar bajo su entero dominio.
Todo eso lo saben las y los mandatarios asistentes en Panamá. Barack Obama también lo sabe. Será difícil para él ofrecer cara a sus homólogos latinoamericanos y caribeños, cuando todos saben el juego que su país está jugando.
Michelle Bachelet, por ejemplo, ya empezó a ser víctima de la embestida estadounidense, al igual que Dilma Rousseff y Cristina Kirchner -y no por misoginia-, por pretender favorecer la participación de Chile en los organismos de integración regional, y no sólo en la Alianza del Pacífico, bloque comercial de inspiración estadounidense.
Bachelet canceló su viaje a la cumbre de Panamá, pretextando las fuertes inundaciones que azotaron a su país con pérdidas humanas, cuando lo peor ya había pasado, luego de que corrió un rumor de que ella presentaría su renuncia al alto cargo que ostenta.
Al parecer lo interpretó como un mensaje de desestabilización a su mandato, y decidió no asistir, a sabiendas de lo que esa cumbre encierra y de lo que en el fondo se está jugandola región: su declive o resurgimiento, dependiendo de si Obama logra imponer su voluntad.


*Reportera mexicana, publica en Uno más uno y otros órganos de prensa. Colaboradora habitual de Cuba coraje. Trabajo enviado por su autora



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