viernes, 3 de julio de 2015

Los Americanos

Por Harold Cárdenas Lema, @HaroldC4rdenas


Ante el reciente anuncio de que se abrirán nuevas embajadas de Estados Unidos y Cuba en respectivos países, ¿cuáles son las expectativas? ¿Será todo más fácil?
Todo lo que aprendí de política cuando niño me lo enseñaron mis abuelos. A los ocho años ya estaba seguro de dos cosas: primero que matar las hormigas del patio es un favor a la humanidad y segundo, que los americanos son vecinos peligrosos. A mis veintitantos he cambiado de opinión: las hormigas son inocentes.

Y me cuesta decir “los americanos” porque esa es una calificación compartida por todos los nacidos en este continente pero nací en el centro de Cuba y así les decían todos allí. Resulta que en la universidad conozco par de ellos que resultan ser bárbaros en el mejor sentido. Y “el enemigo” (ese eufemismo gastado y cierto) entonces se vuelve más claro, gubernamentalmente al norte o polarizado en un grupo de Miami, en diciembre aún más.

Mientras Obama y Raúl buscan construir una relación lo más cercana posible, algunos extremistas en cada orilla respiran paranoia exagerada. Otros se aferran a mentalidades pasadas, que no implican malicia siempre que no sean por oportunismo. Mi abuelo Ramón es un excombatiente típico, no tiene boina (creo) porque era demasiado honesto para quedarse con algún ropaje del ejército, es un estereotipo de televisión. A veces no estamos de acuerdo y discutimos pero siempre desde el respeto porque su voz es la de una generación bautizada con fuego.

Ramón apoya pero es muy escéptico en esta nueva relación con los Estados Unidos. Ver el presidente de los Estados Unidos anunciar la apertura de embajadas puede ser un evento traumático para algunos en las dos orillas. Quienes se formaron y vivieron la Guerra Fría no entienden qué hace Barack Obama reconociendo la legitimidad del Estado cubano y por qué Raúl Castro califica de honesto a su homólogo. De repente los americanos se acercan en una magnitud que queríamos pero en la que no habíamos pensado realmente.

El abuelo Ramón me daba clases de política en una edad en la que solo podía mirar el reloj esperando que se acabara esa tortura gratuita. Creo que si buscamos bien, algún derecho me habrá violado al someterme a cuanto noticiero radial o televisivo estaban transmitiendo. Al final funcionó y se lo agradezco porque años después, necesito estar informado constantemente. Quizás con la diferencia de que ahora se me hace imprescindible contrastar fuentes, él ni siquiera sabe qué es eso.

Ahora tenemos un presidente “honesto” en la Casa Blanca que sostiene llamadas de media hora y apretones de mano con el nuestro. Si fuera Nostradamus y se lo hubiera contado a la maestra de niño, seguro que me ganaba un cocotazo de la profe y la burla del aula. La confrontación venía en nuestro ADN, más razón aun para apoyar y reconocer la capacidad de los que están pasando página en ambas orillas.

Veo el discurso de Obama. El hombre empieza diciendo: “Good morning everybody…”, así anuncia la apertura de embajadas y lo hace respetando las pausas necesarias para que se entienda lo que dice. Repite con entonación las palabras claves y no necesita leer en absoluto. Horas antes estaba con un grupo de niños en el patio de la Casa Blanca y ahora está dando un discurso que sabes tendrá lugar, porque su agenda del día es (aparentemente) pública para consultar en Internet.

¿Cómo no temer al país más poderoso del mundo que lleva medio siglo en nuestra contra? ¿Cómo no estar precavidos con los americanos? ¿Cómo no preocuparse ante un discurso tan perfectamente ejecutado cuando sabes que ya estamos lejos de lograr la comunicación política que existía hace años? Cuando Obama repite la palabra “change” un montón de veces, pienso en Ramón una vez más, porque quizás el cambio que quiere el americano no es como los cambios que queremos nosotros.

Cuando pasaron los años mi abuelo me confesó que me ponía a matar hormigas para tenerme entretenido, no estuviera por la casa molestando y preguntando todo. Así murió la primera certeza de mi niñez pero la segunda sigue viva, los americanos sigue siendo los mismos vecinos peligrosos. Solo que ahora tienen embajada en la Habana. ¿Será todo más fácil?

Tomado de El Toque