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lunes, 16 de noviembre de 2009

Por tu cumpleaños… Un tango en La Habana

Habana, mi Habana… hoy es tu cumpleaños y podría decirte tantas cosas… podría hablarte de quienes te vivimos y te amamos, podría contarte de aquéllos que, bajo lejanos cielos, te añoran y te sueñan, podría decirte qué tienes o qué te falta, pero también aquello que nunca necesitarás, aquello que nunca perderás.

Podría contarte lo que siento cuando recorro la Habana Vieja imprescindible, o cuando camino -bajo el sol más fuerte que haya conocido- las calles con olor y sabor de mar de mi Cojímar, tierra que aprendí a querer como mía, o cuando regreso, sonrisa y grito siempre pronto a las aceras rotas de mi Párraga natal…

Mucho podría decirte, pero para ello siempre tendremos tiempo. Hoy, como es tu cumpleaños, quiero traerte un regalo porteño, un dulce recordarte de una de mis más queridas hermanas argentinas, esa otra tierra que adoro y añ
oro, porque me enseñó como ninguna el valor de la solidaridad… entonces, Habana mía, acá te dejo este texto con todo el sabor de la nostalgia:

Un tango en La Habana

Un tango en La Habana
Por Ana María Peña


Difícil intentar describir la magia del casco histórico de esta ciudad caribeña, el encanto que emerge de su gente y de su peculiar fisonomía.

Engalanada en toda su extensión por el paseo marítimo del Malecón, desborda de callecitas de colores radiantes que desembocan en majestuosas plazas y nos obligan a balancearnos entre el esplendor, el decoro y el destrozo harapiento de inquilinatos que despliegan ropas desteñidas desde sus balcones.

Aun así luce seductora en sus contrastes, apenas pincelada de noche por tenues luces de neón que le otorgan el aspecto de una verdadera ciudad vieja.

Las plazas -escoltadas por iglesias de elegante silueta, rodeadas de edificios de diferentes estilos, rebosantes de plantas tropicales que sombrean algún bar al aire libre- son verdaderos centros de reunión y esparcimiento, siempre con alguna peculiaridad distintiva.

En la plaza de la Catedral, de imponente barroco y circundada por aristocráticos edificios del siglo XVIII, un simpático retratista danza alrededor de sus clientes mientras delinea caricaturas de excelencia. Muy cerca, la famosa Bodeguita del Medio, imposible de descartar si queremos embebernos tanto de los chupitos como del espíritu cubano.

Compramos varios libros de segunda mano en el mercado de la Plaza de Armas, que custodia edificios de bella estampa colonial. Y desde allí, por la calle Obispo hasta El Floridita, donde nos detuvimos a probar un típico daikiri.

Desde la torre de la basílica de San Francisco disfrutamos de una bella vista de la ciudad. Más tarde, en la plaza, nos fotografiamos con el famoso Manuel, un cubano barbudo y carismático que nos anticipó la idiosincrasia del pueblo cubano. Son festivos, afables, coloridos, amantes del ritmo y la buena onda. No desaprovechan oportunidad para prodigar su cadenciosa sensualidad: la plaza, la calle, el hotel?, donde nos deleitaron con un baile improvisado en el restaurante, tan divertido que pronto nos habíamos contagiado del ritmo todos los comensales. Es admirable su dignidad, que protegen más allá de prohibiciones y carencias, al margen de acuerdos o desacuerdos. De ahí su inalterable alegría de vivir.

En una callecita en cercanías de la Plaza Vieja, rodeada por edificios de los siglos XVII-XVIII-XIX (ventanas de medio punto y art nouveau), mi hermano Carlos, ya totalmente imbuido del salero cubano, comenzó a entonar un tango. Una anciana se ofreció a acompañarlo. Y ambos, abrazados y al unísono, concluyeron la melodía.

Una sociedad tan acogedora y singular como sus cuadros naïf con toques surrealistas, como sus autos de los años 50 pintados, al igual que las paredes, de colores rutilantes. Una ciudad a la que quisiera regresar para recorrer también sus otros sectores y seguir compartiendo con su gente.

viernes, 3 de abril de 2009

Cuba fomenta un arte crítico para defender la utopía: Abel Prieto

Cuba fomenta un arte crítico para defender la utopía: Abel Prieto
Por Pablo Espinosa

Bienal Habanera: Logramos convertir la capital de la isla en una gran galería, expresa a La Jornada.
Responde categórico Abel Prieto, ministro de Cultura de Cuba: Si, hacer crítica al sistema desde el arte es un acto revolucionario hoy día.

“Estamos fomentando un arte crítico, de reflexión, que nos ayude a descubrir nuestras distorsiones, a defender la utopía. Cuando se hace la crítica desde una posición de compromiso con el país, los resultados son realmente fecundos”.
Cumplida la primera semana de la décima Bienal de La Habana, el funcionario hace una evaluación preliminar, aborda temáticas sensibles y vislumbra nuevas rutas para la cultura cubana, en entrevista con La Jornada.
–¿Cuál sería su balance preliminar, una vez que está en su apogeo la décima bienal?
–Estamos muy satisfechos. Se ha cumplido uno de los propósitos, que La Habana se convirtiera en una gran galería. Uno de los principios de la política cultural nuestra es combatir de manera inteligente cualquier concepto elitista del arte y democratizarlo.“En ese sentido, las instituciones son débiles frente al talento. Hay una desproporción entre la fuerza, el vigor y la exigencia del talento, y las posibilidades reales de las instituciones.“Operamos en situaciones a veces ruinosas, hay que decirlo crudamente. Con problemas financieros, una notable falta de recursos. Cuando tú sacas las cuentas, te percatas de que esta bienal se hace con centavos, a base de milagros.

Foro de la pobreza irradiante

Amigos que conocen de estos actos nos dicen, ‘oye, las bienales son multimillonarias’. “Ésta es una bienal de la pobreza –prosigue Abel Prieto–. De la pobreza irradiante, como decía Lezama (Lima), tomando esto como una cualidad, una actitud positiva.
“Y precisamente el área más desventajosa en términos económicos para nosotros es en las artes visuales, porque las instituciones no tienen los resortes para colocar al artista en el gran mercado". A pesar de eso, el artista Kcho, por ejemplo, reconoce que la Bienal de La Habana ha sido la plataforma de lanzamiento de los principales artistas cubanos de los pasados 20 años”.

–¿Está en la naturaleza de esta bienal la conciencia de integrar respuesta al arte de mercado?

–Es uno de sus principios. Construir una alternativa frente a las concesiones del mercado. A las estafas, porque hay obras que tienen tremendo éxito, pero sin sustento artístico y mucha propaganda de por medio.

–¿Qué significado tiene la presencia, en estos días, como parte de la bienal, de artistas y obras provenientes de Estados Unidos, con un sentido de crítica política en esas creaciones?

–Ejerce una presión simbólica sobre el gobierno de Obama y sobre las políticas de hostilidad y de bloqueo. Hay todo un movimiento entre artistas y promotores culturales en Estados Unidos para levantar todas las trabas al intercambio en el campo de la cultura. Incluso gente del mundo del espectáculo, personas muy poderosas, con cargos importantes en esa industria.

“Lamentablemente, viste que hace unos días Joe Biden dijo que el bloqueo no se iba a levantar. No esperamos ningún cambio espectacular en la política de Estados Unidos hacia Cuba, pero al menos esta exposición Chelsea visita La Habana levanta una bandera simbólica después de los años de silencio de Bush. Antes de él venían muchos artistas estadunidenses. Jack Nicholson, Robert de Niro, Steven Spielberg.“La Compañía Nacional de Danza de Cuba viajaba cada año a Estados Unidos, al igual que el conjunto Van Van.

Claro, en situaciones desventajosas, porque ni la compañía de Alicia Alonso ni el grupo de Juan Formell podían cobrar por su trabajo. Era desventajoso para los artistas cubanos, pero al fin y al cabo era intercambio cultural.

“Hubo una Bienal de La Habana a la que concurrieron 3 mil artistas de Estados Unidos.“Bush cortó radicalmente eso, lo redujo a cero. Dejó de dar visas. A Chucho Valdés, fundador de Irakere y a Juan Formell, director de Van Van, les pusieron en el pasaporte una leyenda delirante, que dice algo así como que son un peligro para la seguridad nacional. Bush llevó su paranoia y su odio a extremos.

“Por eso también resulta relevante la exposición Chelsea visita La Habana. Es lo primero que se hace en la era pos-Bush de la cultura estadounidense. En Cuba, y hay que resaltar esto siempre, no hay un sentimiento de rechazo hacia el pueblo de Estados Unidos ni hacia los artistas de ese país, al contrario”.

Crítica sana desde la revolución

-–En esta bienal destaca la participación de la artista cubana Tania Bruguera, con la cátedra Arte Conducta, en la que participan artistas muy jóvenes con obras severamente críticas con el sistema cubano. ¿Se tolera, se fomenta o se cultiva este espíritu francamente crítico al sistema?

–No sólo en el proyecto de Tania, sino en general en los jóvenes artistas cubanos hay un énfasis en un arte crítico, analítico, que reavive aquel espíritu de la vanguardia con su papel transformador de la sociedad, de la persona, del entorno.

“Es sano, es una crítica desde la revolución, desde una posición comprometida con la revolución y muchas veces esas críticas coinciden con el análisis que estamos haciendo para lograr una mayor eficiencia, luchar contra las mismas trabas burocráticas que nosotros mismos hemos creado.”

–En el Taller Arte Conducta hay obras donde Fidel Castro aparece como muñequito de peluche, de ésos que se “pescan” por unas monedas con unas pinzas en los malls, y se critica también la glorificación de los atletas cubanos como una cosificación utilitaria, ¿eso también se tolera o se fomenta?

–En esas obras asociadas a la Cátedra Conducta hay un interés desacralizador, que para los jóvenes artistas resulta muy atractivo. Pero ocurren cosas como ésta: lamentablemente el domingo por la noche, en un performance que Bruguera presentó, hubo una provocación. La muchacha bloguera ésta muy famosa (Yoani Sánchez) tomó el micrófono para hacer un discurso en contra de la revolución. Ella dijo que la Internet era una grieta en la censura cubana.

“Lo que planteó es algo que hemos considerado importante: crear un clima apropiado para la recepción de ese tipo de arte. Sucede que en Cuba estamos sometidos a una vigilancia mediática que distorsiona permanentemente la realidad. Lo del domingo fue utilizado por personas inescrupulosas y por los medios de Florida.

“Ése es uno de los temas del arte crítico en Cuba. Estamos fomentándolo para reflexionar, que nos ayude a descubrir nuestras distorsiones, que nos ayude a defender la utopía.

“Cuando se hace crítica como lo hace Tania Bruguera, desde una posición de compromiso con el país, los resultados son realmente fecundos.”

El ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, en La Habana, durante la entrevista con La Jornada
Foto Pablo Espinosa