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sábado, 6 de junio de 2015

Sesionó en Palacio de las Convenciones de La Habana panel internacional sobre Ciberseguridad

Rosa Miriam Elizalde, editora de Cubadebate, moderó el Panel dedicado a al Cibeseguridad, de la Conferencia Internacional "Nuevos escenarios de la Comunicación Política en el ámbito digital 2015", organizado por la Cancillería cubana. Foto: Ismael Francisco/ CubadebateRosa Miriam Elizalde, editora de Cubadebate, moderó el Panel dedicado a la Ciberseguridad, de la Conferencia Internacional “Nuevos escenarios de la Comunicación Política en el ámbito digital 2015″, organizado por la Cancillería cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
La nuevas (y no tan nuevas) tecnologías, ocupan un lugar preponderante incluso para quienes no tienen un acceso directo a ellas. Las formas de producir y procesar la información desde hace años se han trastocado, y con ellas las formas de hacer política, economía, cultura, y de vivir en sociedad.

Entre esas transformaciones destaca una que pone sobre la mesa algo que compete lo mismo a ciudadanos que a gobiernos y organizaciones internacionales: la seguridad.

Con esa palabra de orden se reunió esta mañana en el Palacio de las Convenciones el panel integrado por Li Tao, director general adjunto de la Oficina de políticas y regulaciones de la Administración del Ciberespacio de China; Yulia Olegovna, agregada del Departamento para los asuntos de nuevos desafíos y amenazas del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia;  y Enrique Amestoy, quien fuera asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores para temas de Tecnologías de la Información y Comunicaciones de Uruguay.

La moderación estuvo a cargo de la Doctora Rosa Miriam Elizalde, periodista y editora principal de Cubadebate. Los análisis tuvieron lugar en el marco de la Conferencia Internacional Nuevos Escenarios de la Comunicación Política en el ámbito digital que sesiona desde el 5 hasta el 7 de junio.

Ciberseguridad a debate

Elizalde enfatizó en que el proceso para garantizar la soberanía y la seguridad de una nación comienza por sus habitantes, por lo tanto, es un fenómeno en el que resulta decisiva la cultura de la ciudadanía.

El director general adjunto de la Oficina de políticas y regulaciones del ciberespacio de China mencionó que una gran parte de la economía China opera en escenarios virtuales, tal es el caso de Alibaba, el gigante de comercio electrónico que protagonizó el 19 de septiembre la mayor presentación a la bolsa en la historia de Wall Street.

Comentó que la estrategia para la ciberseguridad en su país consta de cuatro puntos fundamentales. El primero relacionado con el respeto a la soberanía y la oposición a la hegemonía de una sola nación (o un pequeño grupo de ellas) en escenarios virtuales. El segundo fundamento se centra en la garantía de la seguridad política, cultural, económica e informática, sobre todo en países víctimas de monitoreos, ataques y robos de información. El tercero pretende mantener el orden cibernético y garantizar la libertad ciudadana en el ciberespacio. En ese sentido afirmó que la libertad es el motivo del orden, y el orden es la garantía de la libertad. En cuarto lugar mencionó la necesidad de centrarse en la tolerancia y en el aprendizaje mutuo.

La agregada del Departamento para los asuntos de nuevos desafíos y amenazas del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, hizo hincapié en la necesidad de ampliar el marco jurídico internacional con tal de solucionar la cuestión del empleo del derecho internacional para actuar en conflictos políticos internacionales que se gestan en el ámbito digital. El fin máximo a perseguir sería en este caso evitar la militarización del espacio informativo y evitar los ataques usando las TIC.

Enrique Amestoy, quien fuera asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores para temas de Tecnologías de la Información y Comunicaciones de Uruguay, centró su intervención en las políticas que ha desarrollado su país en torno al uso de la tecnología. Amestoy considera que es incorrecto bloquear el acceso a cualquier tipo de contenido, y ve en los procesos de alfabetización tecnológica y en la migración a software libre la posibilidad de orientar a los usuarios, sobre todo a los niños, a prácticas seguras.

Entre las propuestas más interesantes de los asistentes al debate se encuentra el proyecto de modificar la arquitectura de Internet, de manera que la raíz deje de ser solo una y se multiplique, presentada por un expositor chino.

Cuba jamás atacará a otro país en el ciberespacio

Yohanka Rodríguez, coordinadora del Centro de Seguridad del Ciberespacio de Cuba, señaló que en la actualidad hay un aumento de ciberataques en el mundo, de allí la necesidad de compartir experiencias, coordinar acciones y combatir ese tema.

En ese sentido, Cuba ha hecho grandes esfuerzos para aumentar la seguridad y fortalecer el ciberespacio nacional e integrar las capacidades existentes para detectar y contrarrestar los eventos cibernéticos nocivos.

Reiteró que como han expresado sus máximos dirigentes, el gobierno cubano se opone enérgicamente al uso del ciberespacio como polígono de guerra y como plataforma para la subversión política, y fue enfática al afirmar que Cuba jamás ejercerá de manera unilateral acciones de este tipo contra otros Estados.
Rodríguez reclamó la integración de los esfuerzos internacionales que permitan el logro de un ciberespacio seguro y un marco jurídico que garantice enfrentar las ciberamenazas.
Es necesario presentar iniciativas que permitan contrarrestar estos peligros, puntualizó la especialista, que ve en la capacitación de los recursos humanos y en la elevación de la cultura de ciberseguridad en todos los ciudadanos, elementos fundamentales sobre este aspecto.

“Falta mucho por hacer, como la adopción de posiciones comunes y convertir al ciberespacio en un lugar seguro y fiable y que Internet sea un instrumento para la paz y no para la guerra”, señaló Yoanka Rodríguez.

Problema de primer orden

Por su parte Tetsu Kobayashi, corresponsal en Washington del periódico japonés, The Ashabi Shimbun, relató cómo un millón y medio de registros personales del Seguro Social de su país fueron sustraídos por un reciente ataque cibernético, de allí la importancia de aumentar las capacidades de protección contra esos fenómenos.

La cifra de ciberataques en Japón en el 2014 fue cinco veces superior a la de 2013, lo que habla del reto que significa la multiplicación de estos sucesos.
“La sociedad japonesa depende mucho de Internet, por lo que hace falta encarar conjuntamente las amenazas, el gobierno está previendo ya, por ejemplo para los Juegos Olímpicos de 2020 medidas extremas de ciberseguridad con el precedente de los 200 millones de ciberataques que sucedieron en los Juegos de Londres en 2012”, agregó Kobayashi.

Renio Díaz, del Centro de Investigaciones de Política Internacional de Cuba llamó a revisar la estrategia de Estados Unidos para el ciberespacio del año 2011 y estar preparados para las eventualidades que esas medidas incluyen.

“Incluso hablan de lograr un mensaje coherente en todas sus plataformas, tanto en los canales secretos como en las redes sociales públicas, lo que aumenta la vulnerabilidad de nuestras sociedades, ante la manipulación política, ideológica y cultura que potencian”, apuntó Díaz.

El uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones no constituye una opción para las fuerzas de izquierda, sino un imperativo de primer orden, porque la construcción de un discurso es parte de la guerra simbólica de los contenidos que contribuye a disminuir la brecha digital que sufren nuestros países, resaltó el especialista cubano.

En tanto Sergio Scaravino, jefe de la Oficina Regional de la Organización Internacional de Telecomunicaciones en América Latina, ponderó el papel de las organizaciones y los gobiernos en el trabajo conjunto para lograr mayor niveles de ciberseguridad.
Si bien las opiniones de quienes formaron parte del debate no siempre coincidieron, el consenso es que el acceso a Internet debe servir al interés de los países y formar parte de las estrategias de las naciones para salir de la pobreza y fortalecer las relaciones de cooperación y beneficio mutuo.

El acceso a Internet, y las maneras de garantizar la protección de la privacidad de los usuarios, los secretos de estado y el tráfico de información, requiere poner sobre la mesa el tema de la ciberseguridad con reflexiones capaces de aunar pluralidad de criterios que trasciendan una mirada hegemónica del fenómeno en pro de la construcción de un nuevo modelo de Internet.

La conclusión fundamental del panel estuvo curiosamente en las palabras de inicio de Rosa Miriam Elizalde: el tema de la ciberseguridad no debe ser visto desde una posición tecnocrática, que aprecia la tecnología como dispositivos y maquinarias. El análisis debe tener en cuenta que el uso que de las TIC se hace supone casi infinitas posibilidades políticas y culturales de democratización y empoderamiento de los seres humanos.

Más fotos y video en Cubadebate

A continuación, palabras de Rosa Miriam Elizalde

 A propósito de la ciberseguridad y de la urgencia de integrarnos

 
Como suele suceder con la tecnología, la ciberguerra ha saltado de las novelas de ciencia ficción a la realidad y es ya una de las principales amenazas directas contra nuestra vida cotidiana, y uno de los pretextos de moda para criminalizar a nuestras naciones. Debe ser por eso que poca gente seria en este mundo se hace la pregunta de cuán reales son las amenazas, sino qué puede hacer un país con bajos presupuestos en comparación con lo que asignan a estos temas los industrializados, para defender nuestras infraestructuras críticas y nuestras soberanías.

Todas las naciones están expuestas a los ciberataques. Estos no solo generan elevados costos económicos, sino también, y lo que es más importante, la perdida de confianza de los ciudadanos en unos sistemas que son críticos para el normal funcionamiento de la sociedad: la aviación, la electricidad, la distribución del agua, la transportación, la producción de petróleo y gas, entre otras.

Los datos hablan. Un estudio de la compañía McAfee ha revelado que los delitos del cibercrimen le cuestan al mundo entre 300 mil millones y un billón de dólares al año, cifra que equivale a cerca del uno por ciento del PIB mundial, llegando al nivel de establecidas amenazas criminales como el narcotráfico y la piratería. La Unión Europea tenía en el 2014 cerca de 1 millón de profesionales dedicados a la ciberseguridad, con un presupuesto de 850 millones de euros destinados a Investigación-Desarrollo-Innovación (I+D+I) en ciberseguridad, en el período 2013-2020. La Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos le dedica a este asunto un presupuesto de 52,6 mil millones dólares, con 107 000 personas dedicadas al tema de inteligencia.

Con el cinismo que suele acompañarlo, pero sin que le falte razón, el ex Zar del contraterrorismo estadounidense, Richard Clark, ha afirmado que “si gastas más en café que en seguridad, serás hackeado… Y mereces ser hackeado… Y luego tendrás una úlcera”.
Independientemente de que muchas empresas de Ciberseguridad han hecho su agosto con este negocio, las cifras descomunales revelan algo más importante que los números: los efectos pueden alcanzar a todos los ciudadanos, administraciones, instituciones y empresas del Estado aunque no estén conectados al ciberespacio, como en el viejo paradigma de la guerra total.


De hecho ya se están librando grandes escaramuzas de guerra electrónica. En 2010 el programa nuclear iraní sufrió un duro revés cuando un destructivo virus —Stuxnet— se cebó sobre los sistemas de control de producción industrial del país. El 58% de todas las computadoras de Irán resultaron infectadas. Dada la complejidad del virus, expertos de todo el mundo aseguraron que únicamente un Estado podría haber dedicado los recursos necesarios para fabricarlo, apuntando directamente a Estados Unidos e Israel.

Edward Snowden también ha aportado abrumadoras evidencias de cómo la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU interceptó los correos de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, lo que desató las alarmas en nuestro continente. Recientemente, en un taller similar a este organizado por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Claudio Caracciolo, del Centro de Ciberseguridad Industrial de Argentina, alertaba sobre la posibilidad de que un ejército podría tomar todos los dispositivos smart –los Smart Phone, los Smart TV, las cafeteras, las lavadoras conectadas a Internet…-, y usar todo ese poder computacional para atacar. No es la película de la Guerra de las Galaxias IV, podría ser la realidad. El experto advertía que cuando todos los productos “inteligentes” son de importación, es difícil saber si pueden ser utilizados por otros, particularmente en América Latina, con las redes de telecomunicaciones más dependientes del mundo: más del 90% del tráfico en Internet de la región pasa por servidores norteamericanos; el 85% de los contenidos digitales de Latinoamérica están alojados en territorio estadounidense.

La incorporación a la comunicación en red de cada vez más estructuras —y más necesarias para la vida cotidiana— supone un gran avance, particularmente si están en función de lo que José Martí llamaba el “mejoramiento humano y la utilidad de la virtud”, pero conlleva también grandes riesgos que, simplemente, no es posible ignorar. Tiene sentido reforzar las inversiones en medios humanos y materiales en este campo, y tiene sentido integrarnos para prevenir y neutralizar estas amenazas, e incluir, por fuerza, la investigación y el desarrollo, y las acciones en el ámbito jurídico.

Llamo la atención sobre otro asunto que a veces no tienen la suficiente comprensión de la comunidad técnica y se enajenan incluso en las políticas públicas: la Ciberseguridad no debería ser pensada exclusivamente desde la visión tecnocrática, como territorio exclusivo de los cables y la computadoras. La Seguridad y la Soberanía de un país comienzan por las personas, es cultura, son contenidos. A mi juicio es más importante que desarrollar y dominar nuestras infraestructuras, reafirmar un pensamiento descolonizador por la vía de generar nuestra propia producción cultural en red, nuestros discursos, nuestras historias de vida, y no de cualquier modo, sino de la manera en que conecte con las personas.

Se trata de una carrera en la que, por pura supervivencia, no deberíamos quedar atrás. En el mundo complejo y contradictorio que vivimos, la política de defensa de un país ya no se basa solo en sus soldados, sus barcos y sus aviones, sino también —y cada vez más— en sus medios técnicos y su producción cultural. Por tanto la pregunta no es cuán reales son estas amenazas, sino cuánto nos falta para que, como naciones libres y soberanas, entendamos, dominemos y seamos verdaderamente los dueños de nuestro entorno digital.
 

sábado, 2 de agosto de 2014

Volver a los 60: la historia no contada

Por Tania Chappi Docurro



El panel, donde se sentaron juntos un antiguo jefe de la Seguridad del Estado, un hijo de banqueros nacionalizados en 1960, residente en Miami; un pastor bautista discriminado por su fe religiosa, quien mantuvo sus convicciones; y un economista asesor en diversos organismos, tuvo una dinámica particular, diferente a otros Último Jueves.

Sobre cuatro tópicos versó el grueso de los criterios esgrimidos por los ponentes y el público: el auge y declinación de la contrarrevolución durante los primeros años posteriores al primero de enero de 1959, la postura de la burguesía, la conducta política de las iglesias y la corriente antirreligiosa en el gobierno, y el lugar del sector privado nacionalizado por la Ofensiva Revolucionaria de 1968.

Raúl Garcés, subdirector de la revista y moderador, comenzó la jornada con una pregunta dirigida al general de división (r) Fabián Escalante, quien integrara la Seguridad del Estado desde 1960, y llegara a dirigirla desde mediados de los años 70: ¿Qué caracterizó a la contrarrevolución en el contexto de esa etapa?, ¿cuál era su núcleo duro?

Según su criterio, la génesis de la primera contrarrevolución se halla en los políticos y militares del régimen de Batista, los dictadores latinoamericanos que los apoyaron (Trujillo, Somoza), y muy especialmente, los intereses y el gobierno de los Estados Unidos. “Esa contrarrevolución no surgió por iniciativa de la burguesía y los terratenientes cubanos, sino como consecuencia del estímulo generado por  la posición del gobierno norteamericano, asumida desde el mismo triunfo revolucionario”. Desde 1959, se crearon en los Estados Unidos las dos primeras organizaciones: La Rosa Blanca y las Milicias Obreras Anticomunistas (liderada por Rolando Masferrer), que con el patrocinio de la CIA comenzaron a actuar inmediatamente. Leónidas Trujillo apoyó, desde República Dominicana, una conspiración desarticulada el 13 de agosto de 1959. Las medidas tomadas durante los meses precedentes (Ley de Reforma Agraria, rebaja de los alquileres, los medicamentos, las tarifas eléctrica y telefónica; la Reforma Urbana) ocasionaron “que dentro del núcleo revolucionario apareciera una significativa disidencia entre quienes habían combatido contra Batista, pero no estaban de acuerdo con el camino que la conducción de la Revolución proyectaba”. Como consecuencia, abandonaron el gobierno el presidente Urrutia y algunos miembros del gabinete; y los partidos políticos tradicionales se aunaron en un esfuerzo político (todavía no armado ni clandestino), aunque dirigido por la embajada de los Estados Unidos en La Habana, para cambiar el rumbo de los acontecimientos. El momento culminante de esa confrontación, en 1959, fue el fallido golpe de Estado de Hubert Matos, jefe del Regimiento de Camagüey. En diciembre de ese año, la CIA aprueba el primer proyecto para asesinar a Fidel.

“A partir de este momento se produce una metamorfosis. Todos aquellos grupos políticos y las organizaciones laicas de la Iglesia católica van a formar agrupaciones clandestinas armadas (Movimiento de Recuperación Revolucionaria, Movimiento Revolucionario del Pueblo, Movimiento Demócrata Cristiano, Organización Auténtica, la Triple A, entre otras).  En marzo de 1960, el presidente Eisenhower aprueba el programa contra Cuba, con cuatro aspectos: realizar sabotajes, infiltrar grupos paramilitares para fomentar un levantamiento interno (que luego evolucionaría hasta la invasión de Playa Girón), establecer en el interior del país una red de subversión e inteligencia, y desarrollar una amplia campaña de guerra psicológica. La máxima expresión de los sabotajes fue la explosión de La Coubre, el 4 de marzo de 1960; y de la guerra psicológica, la Operación Peter Pan”, narró Escalante.

Como no pudo derrocar la Revolución, la CIA elaboró un nuevo plan, conformado por tres líneas fundamentales: crear una brigada de desembarco y asalto para intervenir militarmente (capturar una cabeza de playa) en la Isla, estimular un levantamiento interno, e infiltrar grupos de misiones especiales, los denominados equipos grises. La historia de Playa Girón es bien conocida. En cuanto a los otros puntos, los infiltrados entraron al país el 13 de marzo de 1961 y fueron detenidos el 18 de ese mes, conjuntamente con los jefes de los principales movimientos contrarrevolucionarios; “esa cúpula quedó aniquilada por la acción popular, porque las criadas de las casas de Miramar donde ellos se reunían informaron al respecto”.

Después de Girón, se sucedieron otros intentos: la autoprovocación de la Base Naval de Guantánamo; el plan “Cuba en llamas”, en noviembre del 61; y especialmente, la Operación Mangosta, a partir de 1962, que conllevó más de cinco mil sabotajes en solo ocho meses, e intentos de asesinar a Fidel. Sin embargo, los cuadros de la burguesía, sobre todo los laicos de la Iglesia católica, que dirigían las organizaciones contrarrevolucionarias, fueron detenidos o huyeron del país. A mediados de 1962, elementos marginales tomaron la jefatura de esas agrupaciones. “Yo creo que a finales de 1963, el núcleo duro de la contrarrevolución había sido desarticulado. Aunque la CIA siguió actuando, mediante grandes y pequeñas redes, la más importante en Pinar del Río”, concluyó el disertante.

Los que se fueron

Gustavo Godoy, periodista radicado en Miami y descendiente de los banqueros Godoy-Zayán, se marchó del país con sus padres en junio de 1960.  El pasado jueves, reflexionó acerca de cómo la burguesía afrontó el proceso revolucionario en su período inicial.
En ese momento “había un entusiasmo legítimo” ante el derrocamiento de la dictadura, una simpatía mayoritaria hacia las fuerzas rebeldes. “La Revolución había tenido el sostén de las clases populares, pero no debe subestimarse el hecho de que también miembros de la burguesía, la aristocracia, la clase media, el empresariado, ayudaron al Movimiento 26 de Julio; las contribuciones económicas, el respaldo en los medios de comunicación procedían en gran parte de estos sectores”.

Al inicio, solo salieron del país  militares y partidarios de Batista. Debido a la Reforma Agraria, la Reforma Urbana y la gradual nacionalización de propiedades extranjeras y luego de grandes empresas cubanas, la oposición se diversifica. “Llegan a los Estados Unidos elementos revolucionarios que no están de acuerdo con el giro del gobierno hacia la izquierda. Se empieza a manifestar una oposición cautelosa en ciertos sectores, y hasta de abierto rechazo a las medidas de la Revolución, aunque no tanto hacia los líderes mismos. Creo que los dirigentes seguían teniendo apoyo más de un año después del triunfo revolucionario”.

No obstante, numerosas personas temían al comunismo; pensaban que no debía permitirse la circulación del periódico Noticias de Hoy ni la existencia del Partido Socialista Popular, así como la presencia de dirigentes comunistas en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA).  Para los agricultores, azucareros y tabacaleros adinerados “en este punto se agudiza la confrontación, y ello motiva un cambio radical”. Incluso entre quienes no se vieron afectados de manera directa muchos se preguntaban qué iba a pasar.

En 1960, un amplio grupo de grandes empresarios y hacendados salió del país. Su expectativa de regresar enseguida, disminuyó después de Playa Girón y la Crisis de Octubre. “Fue como un bombillo que se va apagando poco a poco”, expresó Godoy.

Posiciones encontradas

Raúl Suárez, hoy pastor bautista y director del Centro Memorial Martin Luther King, Jr., ofreció su testimonio de creyente, valioso para entender las complejidades de la ruptura entre la Iglesia y el Estado. “La Revolución encontró un catolicismo con el cual no había posibilidad de dialogar. Por otra parte, resulta innegable que el protestantismo histórico en Cuba jugó un papel en la estrategia estadounidense de norteamericanización de la Isla, salvo excepciones en las que el patriotismo estuvo presente. En cuanto al marxismo-leninismo, yo conocí a buenos cristianos que militaban en el Partido Socialista Popular”.

En los 60, “cuando se da el encontronazo de las iglesias católica y protestantes con el marxismo-leninismo”, en la práctica se empieza discriminar a los creyentes como miembros legítimos del proceso revolucionario. Según el pastor, el marxismo-leninismo adoptado asumía definiciones expuestas por Engels a finales del siglo XIX, quien entendía la fe religiosa como inexorablemente reaccionaria y opuesta a la ideología de la clase obrera, sostenía la existencia de una contradicción insuperable entre ciencia y religión, no interpretaba de manera correcta la realidad latinoamericana y caribeña; además, otorgaba al ateísmo un rango doctrinal y científico. La interiorización de estas ideas y el abandono de la crítica revolucionaria y política de José Martí a la religión, traían consigo prejuicios y actitudes que convertían a los creyentes en ciudadanos de segunda clase y los alejaba de la Revolución. “Tales vientos soplaron tan fuerte que 70% de los pastores protestantes se fueron para los Estados Unidos y 80% de los graduados de nuestro seminario de Matanzas salieron de Cuba. Lo peor de todo es que también llevó a algunos a la contrarrevolución activa. Se creó el Movimiento Conjunto de Cristianos Cubanos; y en 1965 fueron detenidos alrededor de 43 pastores y laicos. En el juicio, uno de los pastores confesó que era agente de la CIA”. Otro desacierto de las iglesias fue “oponer al ateísmo marxista-leninista el teísmo cristiano. Al final nos dimos cuenta de que ni uno ni otro era la solución”, opinó el panelista.
Su relato confirmó que las posiciones en torno a la religión no fueron homogéneas. 

Emocionado, rememoró cómo el propio Fidel, quien ya se había declarado marxista en diciembre de 1961, afirmó en una alocución pronunciada en la Universidad de La Habana, el 13 de marzo de 1962, para conmemorar el ataque al Palacio Presidencial, que en la lucha contra el capitalismo y el imperialismo debían unirse el creyente honesto y el marxista honesto.

La década de los 60 fue el período de mayor agudización de la lucha ideológica en el país y también de confrontación entre las diferentes clases, aseveró Raúl Suárez. “Esta lucha atravesó toda la estructura social, no hubo un solo espacio donde no se manifestara. El pueblo optó por la Revolución. Las iglesias perdimos un gran número de miembros. La Juventud Estudiantil Católica hizo una encuesta sobre la Reforma Agraria, e incluyó la siguiente pregunta: ¿De quién usted espera la solución de los problemas históricos y sociales del país? Solamente 3,4% veía la solución en las iglesias, nosotros no éramos la esperanza del pueblo, eso hay que reconocerlo”.

Un parteaguas polémico

La Ofensiva Revolucionaria de 1968 terminó de transformar radicalmente la economía de la Isla. Sobre ello discurrió el economista Rogelio Torras, estudiante de Economía en aquellos años, luego profesor de la Universidad, y posteriormente especialista del sector económico  en diversos organismos. Como antecedentes citó: la confiscación de bienes malversados y de los dejados atrás por quienes abandonaban el país; la nacionalización de las propiedades norteamericanas, en respuesta a las presiones ejercidas contra Cuba por el gobierno de los Estados Unidos (canceló el suministro de petróleo, promulgó la Ley Puñal, que reducía la exportación del  azúcar destinado al mercado norteamericano); finalmente, la nacionalización de la banca y de los grandes negocios privados cubanos, en octubre de 1960.

En 1966, el país confrontaba un creciente desbalance comercial con los países socialistas y carecía de suficientes divisas para comprar en el mercado internacional; se optó por dar un salto en la industria azucarera y alcanzar una gran producción en 1970. Con el objetivo de destinar grandes recursos económicos a la esfera productiva, se previó restringir el consumo, tanto de alimentos como de bienes de uso duradero, y se decidió que el interés social debía prevalecer sobre el individual. A partir de esa base, se derivan dos razones para fundamentar la nacionalización del sector privado remanente: la primera, este constituía un obstáculo para la mayor organización de la producción y la distribución; la segunda, se caracterizó al sector privado como contradictorio con las metas de la ideología revolucionaria, dada su condición individualista.

En aquel momento, el comercio privado tenía mejor oferta y calidad, aunque empezaba a languidecer por restricciones con los insumos. Antes de lanzar la Ofensiva, se realizó una investigación sobre las relaciones entre el sector estatal y el privado, durante el primer semestre de 1967. Los datos mostraron que las personas vinculadas con el sector privado vivían mucho mejor que quienes trabajaban para el Estado: la mayoría de los primeros ganaba alrededor de 300 pesos mensuales, cuando el salario medio del país no llegaba a 150 pesos; incluso algunos de los empresarios medianos percibían más de mil pesos. Por otra parte, los establecimientos privados satisfacían una gran cantidad de necesidades de la población, pero también de la esfera empresarial estatal, a la cual vendían bienes intermedios, bienes finales y servicios, explicó Torras.

Las tablas mostradas por el panelista revelaron que eran privadas 46% de las tiendas de víveres, más de la mitad de las carnicerías-pescaderías, 81% de los establecimientos gastronómicos y de las quincallas, 58% de los que vendían bebidas, 88% de las barberías y peluquerías, 63% de las tintorerías-lavanderías. Y que los clientes de la pequeña industria privada incluían a varios centenares de empresas estatales en diferentes sectores: pintura, repuestos automotrices, materiales de oficina y de construcción, impresos, entre otros.
Al concluir la Ofensiva, 100% de la industria y el comercio, 98% del transporte (los vehículos porteadores y los taxis no fueron nacionalizados) y 75% del sector agropecuario estaban en manos del Estado. “Se afectaron más de 58 000 negocios”, incluyendo 9 200 personas que trabajaban solas, “vendiendo fritas, palomitas de maíz, etcétera”.

“La Ofensiva Revolucionaria permitió que el gobierno adquiriera plena capacidad de maniobra para concentrar todos los recursos en la Zafra. Por otro lado, el gobierno empezó a administrar directamente los recursos y las empresas se fueron acostumbrando a mirar hacia arriba para solicitarlos. En 1967 se había simplificado al máximo el sistema tributario, casi se eliminó en aquel momento, porque era prácticamente pasar dinero de una empresa estatal al presupuesto nacional. Las medidas adoptadas impidieron el potencial enriquecimiento de algunos empresarios privados y se evitó que muchos de ellos emplearan recursos contra la Revolución”, expuso Rogelio Torras. Las nacionalizaciones de 1968 generaron, además, un grave inconveniente: “Quedó demostrado que cuando el Estado centralmente debe manejar un país completo dedica la mayor atención a los grandes problemas, pero las cosas pequeñas quedan al margen”.

 Desde el auditorio




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Quienes intervinieron aportaron nuevas dimensiones al análisis de los problemas tratados, e introdujeron otros temas, acerca de una década inabarcable en un ejercicio de dos horas.  Entre los asuntos abordados estuvo la situación de guerra civil e intervencionismo de los Estados Unidos que distinguió a la primera mitad de la década, así como el entorno internacional de total aislamiento de la segunda mitad, y el consecuente enrarecimiento político e ideológico del contexto interno, muy diferente al actual.

Respecto a la necesidad de ampliar la historia del proceso revolucionario, se mencionó el papel de sectores de la clase media, que integraron organizaciones como el Movimiento de Resistencia Cívica, a menudo ignorado cuando se hace el inventario de las organizaciones aunadas en la lucha contra la dictadura.

Dentro de los aspectos poco estudiados y divulgados se encuentra  “la revolución que se hizo en el sector femenino de la sociedad. La mujer cubana –sobre todo las jóvenes de procedencia urbana– fue una antes de los 60 y otra después de esa década. Dichas transformaciones no ocurrieron por decretos, leyes, ni siquiera por una política no escrita. 

La mujer cambió a partir del contexto, por ejemplo, la Campaña de Alfabetización hizo que las muchachas salieran del entorno familiar. Pero también hubo, no sin trauma, que romper muchos tabúes personales. Algunas canciones de Silvio, Pablo y Noel, poemas y hasta novelas hablan sobre eso; no obstante, es muy importante investigarlo”, comentó la ensayista, profesora y editora, Denia García Ronda, miembro del Consejo asesor de Temas.
Orlando Márquez, director de la revista católica Palabra Nueva, polemizó cordialmente con el reverendo Raúl Suárez, llamando la atención sobre la necesidad de entender que la doctrina social de la Iglesia católica no formula una postura política unívoca, ni les dice a los laicos cuál adoptar, sino se limita a reflejar una serie de preocupaciones legítimas desde la perspectiva de la fe.

Para el conocedor de la literatura sobre los años 60 en Cuba, el panel aportó un conjunto de elementos inéditos. Marcó la fecha temprana en que la contrarrevolución fue estratégicamente vencida, aunque la guerra civil se extendiera en las montañas del centro de la Isla hasta 1965, y las acciones terroristas siguieran acompañando el proceso décadas después. Volvió (dándole voz a los religiosos) sobre el complejo asunto del anticomunismo eclesial y el ateísmo como doctrina de Estado. Y presentó un grupo de datos ignorados acerca de la medida en que el sector privado se articulaba con (y aportaba a) el estatal y al consumo popular en marzo de 1968.

Naturalmente, yo añadiría –y muchos otros conmigo– que para conformar una idea más completa sobre los años 60 se requiere ahondar en la dinámica cotidiana, profundamente transformada; los grande cambios en la educación; la creación de un arte nuevo, desde la cinematografía hasta la música; las polémicas, de fuerte contenido ideológico, en torno a la literatura, las artes y el periodismo; y hasta las nuevas relaciones entre géneros (incluida la minifalda). Temas podría convocar a otro panel sobre esta y otras décadas, que se dan por conocidas, y que requieren ser historiadas con la presencia de sus propios protagonistas.

Tomado de Catalejo, el Blog de Temas

martes, 27 de noviembre de 2012

Convocan desde Cuba a unidad en la lucha por el regreso de los Cinco (+ Video y Fotos)


Video en Youtube


La Habana, 26 nov (PL) Familiares de los cinco cubanos antiterroristas condenados en Estados Unidos convocaron hoy aquí a amigos de todo el mundo a unirse en la lucha por su regreso a Cuba, durante un foro en Internet sobre el caso.


El panel, integrado por miembros de las familias de los Cinco -como son conocidos en el mundo- e integrantes del Comité por su liberación, se comunicó con internautas de alrededor de 35 países para explicar los detalles en torno al tema.

Según la periodista moderadora del encuentro, Arleen Rodríguez, de esta forma se trabaja para incrementar la solidaridad con Gerardo Hernández, René González, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González, quienes fueron detenidos en 1998 por su seguimiento a grupos terroristas radicados en Miami.

Convocado por la cancillería, el foro inició con una presentación de los panelistas transmitida en vivo mediante Internet en la que expusieron el más reciente recurso legal presentado por Martin Garbus, abogado de la defensa de Gerardo, con el título Discovery Motion.

La coordinadora del Comité Internacional por la Liberación de los antiterroristas cubanos, Graciela Ramírez, señaló que la moción contiene evidencia documental para probar la presión ejercida durante el juicio sobre miembros del jurado por parte de unos 80 periodistas pagados por el gobierno estadounidense.

La actividad de los medios para tergiversar los hechos e influir en la decisión de jurado incluyó, de acuerdo con Ramírez, mil 111 artículos en periódicos así como emisiones en ocho canales de televisión y en siete estaciones de radio.

Por su parte, la hija de Ramón, Laura Labañino, argumentó que los periodistas no solo persiguieron a los jurados, sino que acosaron a familiares de estos con el propósito de presionarlos en sus decisiones.

La madre de Antonio, Mirta Rodríguez, enfatizó en el papel de la prensa para divulgar la verdad sobre el caso, pues los grandes medios de comunicación lo continúan silenciando.

Durante el intercambio en línea, internautas de unas 11 naciones como Francia, Estados Unidos y el Líbano, enviaron mensajes de solidaridad y preguntas enfocados principalmente hacia aspectos legales del caso, la situación en las cárceles y la manera en que fueron detenidos.

El panel se refirió también al próximo Coloquio Internacional de Solidaridad con los Cinco, que acontecerá del 28 de noviembre al 1 de diciembre en la oriental provincia de Holguín, con la participación de más de 330 delegados de casi 50 países.
Con informaciones de Prensa Latina

FOTOS AIN: Abel ERNESTO

sábado, 11 de septiembre de 2010

"Maten a los milicianos"

Por Rosa C. Báez

100-0248.JPG“Maten a los milicianos, maten a los padres de los milicianos, maten a los hijos de los milicianos…, hay que matar a todos los revolucionarios”. Aún en su rostro muestra el asco que nos dice sintió cuando, como agente de nuestros órganos de la seguridad del estado infiltrado en grupos disidentes, escuchó a una joven manifestar histéricamente el fin último que quería para los revolucionarios… Y vinieron a mi mente los famosos 3 días de pogroms con los que sueña la gusanera “cuando la revolución se venga abajo”…

Fue una tarde de información y recuento, cuando en la sede del Instituto de Historia de Cuba tuviera lugar el Panel “La historia del terrorismo: política terrorista de los Estados Unidos contra la nación cubana y la heroica resistencia de los cinco patriotas  presos en las mazmorras del imperio”.  Recordamos allí los planes del imperio, los atentados terroristas contra la Revolución, muchos de ellos con su saldo escalofriante de vidas cobradas, desde los mismos inicios de la Revolución… los crímenes del Escambray, las lanchas piratas, los niños enfermos de dengue hemorrágico… y conocimos algunas experiencias de quienes, desde la clandestinidad o la diplomacia, se enfrentaron al terrorismo de los Estados Unidos contra Cuba y la Revolución.

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Y allí estaban ellas: Mirta, la madre de Tony Guerrero; Olga, Elizabeth, Rosa… las esposas que aguardan por Cinco cubanos que expusieron su vida para impedir que nuevas vidas de seres humanos de cualquier nacionalidad, cayeran segadas por la crueldad imperial. Cinco cubanos que desde hace 12 años, guardan injusta prisión en las cárceles norteamericanas. Cinco cubanos dignos.

El panel, integrado por los Doctores José R. Herrera Medina, Néstor García Iturbe, Roberto Hernández Carballo y José Luis Méndez Méndez, se inició con las palabras del Dr. Raúl Izquierdo que exaltó la significación de nuestros Cinco compatriotas en la lucha contra el terrorismo de estado y el desplegado por grupos contrarrevolucionarios en Estados Unidos y anunció que la Unión de Historiadores de Cuba había nominado a los Cinco como Miembros Honorarios de esta Asociación.

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Con ésta y otras actividades, se inicia la Jornada por la Liberación de Fernando, Gerardo, Ramón, René y Antonio cuando se cumplen 12 años de injusta prisión: te exhortamos a incorporarte en Cuba o en el país desde donde lees esta nota a esta jornada, te invitamos a alzar tu voz por su libertad:

Derrumbemos el muro de silencio, con un reclamo de amor y justicia para los cinco.

¡Libertad ahora!