Tras la liberación de René González, uno de los abogados de la causa cubana, Richard Klugh, anunció a teleSUR que realizarán apelaciones para poner en evidencia las violaciones del proceso al que han sido sometidos por la justicia norteamericana Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González.
"Estamos ahora en unos procedimientos que se pueden llamar de apelaciones. Estamos estableciendo violaciones grandes en el proceso e inclusive violaciones del derecho de tener un juicio", aseveró tras adelantar que tienen pruebas del pago de periodistas para perjudicar a los acusados. El abogado aseveró que tienen nuevos elementos para demostrar la inocencia de Gerardo Hernández, sobre quien pesan dos cadenas perpetuas más 15 años de cárcel.
"En el caso de Gerardo Hernández tenemos argumentos de la inocencia de Los Cinco, pero para Gerardo tenemos nuevas evidencias para establecer su inocencia", destacó el abogado.
En su trabajo “Un reto al periodismo” (I parte), Ricardo Alarcón de Quesada planteaba:
“El
gobierno de Estados Unidos incurrió en flagrante violación de la
Constitución y las leyes para asegurar las injustas condenas a los Cinco
patriotas cubanos que pronto cumplirán 14 años de castigo arbitrario e
ilegal. No fue un hecho aislado sino un empeño sistemático que abarcó
todo el tiempo del proceso contra los Cinco y en el que invirtió muchos
millones de dinero público”. […] Como quiera que esa conducta obligaría
a las autoridades —tanto a los tribunales como al Ejecutivo— a disponer
la inmediata liberación de nuestros compañeros, Washington ha
conspirado también para ocultar lo que hizo, incurriendo en un delito
adicional, el del encubrimiento”.
Estos
son los principales aspectos que se expresan en la Declaración Jurada
que el Abogado de Gerardo Hernández Nordelo, Martin Garbus, presentó
recientemente a la Jueza Lenard, y en el que solicita la anulación de la
condena de Gerardo o, como alternativa, el descubrimiento de todas las
pruebas que el gobierno esconde y le conceda una audiencia oral.
Esta
es la misma Jueza que se ha ensañado implacablemente en las condenas de
nuestros hermanos: es por ello que sólo la presión internacional, la
solidaridad internacional, algún día, los hará libres…
Compartimos la traducción de la mencionada Declaración Jurada para su lectura y difusión:
Más
de tres horas han transcurrido del inicio del juicio a Ángel Carromero
en Bayamo. Todo ha marchado como estaba previsto, tranquilidad en la
ciudad y cada una de las partes han realizado su labor sin
contratiempos.
La
sesión comenzó con la exposición del presidente del tribunal, Milson
Piña Hidalgo, seguidas de declaraciones del propio Carromero, quien
reiteró su pena por el accidente del pasado 22 de agosto y sobre todo,
por la muerte de los dos cubanos fallecidos en él, y el sufrimiento
causado a sus familiares.
El
acusado –ciudadano español de 27 años- ratificó también las
declaraciones realizadas durante la fase de instrucción, en las que
afirmaba que perdió
el control del vehículo en una zona de baches u ondulaciones, mientras
circulaba a una velocidad entre 80 y 90 kilómetros por horas. Ángel
Carromero, dirigente de Nuevas Generaciones del Partido Popular (PP) de
Madrid, en España, fue interrogado por la fiscalía y el abogado
defensor, confirmando la versión oficial ofrecida sobre las causas del
accidente: exceso de velocidad y errores del conductor del vehículo al
circular por una carretera en obras que estaba sin pavimentar pero
señalizada según corresponde.
Según
informaciones ofrecidas por la defensa, se estima que el juicio
concluya y quede listo para sentencia este viernes, después de las
intervenciones de ocho testigos y trece peritos.
Detención de Yoani Sánchez
El
periodista García Ginarte confirmó hace unos minutos en su cuenta de
Twitter que Yoani Sánchez y su esposo son trasladados a La Habana en un
auto de las autoridades, en tanto, el carro con el que viajaron a Bayamo
está retornando sobre un remolque, por las pésimas condiciones técnicas
en que se encuentra.
En
el día de ayer, las autoridades de Bayamo detuvieron al matrimonio que
intentaba realizar una provocación y show mediático para perjudicar el
buen desarrollo del juicio que se sigue aquí contra el ciudadano español
Ángel Francisco Carromero Barrios.
Reinaldo
Escobar visitó la semana pasada a funcionarios de la Sección de
Intereses Norteamericanos en La Habana para recibir instrucciones
precisas de las acciones a realizar en Bayamo.
Algo similar realizó Marta Beatriz Roque antes de iniciar su huelga de hambre, fraude que se conoce ahora como la huelga del aguacate. No
es la primera vez que Yoani Sánchez y Escobar intenta provocaciones
similares. Sus últimas maniobras en la red han estado, precisamente,
vinculadas a manipular la verdad de ese accidente.
El prestigioso abogado chileno Juan Guzmán,
quien tuvo a su cargo casi un centenar de querellas contra el dictador
Augusto Pinochet, aseguró que el juicio contra cinco antiterroristas
cubanos presos en Estados Unidos carece de todo sustento.
En
entrevista con Prensa Latina, el exjuez de la Corte de Apelaciones de
Santiago de Chile aseguró conocer muy bien el expediente judicial de los
cubanos y se pudo percatar "de que en el fondo, con meras
apreciaciones, se maquilló un delito que nunca existió".
"Inventaron
un cargo, el de haber puesto en peligro la seguridad nacional de
Estados Unidos, algo que los propios militares estadounidenses
desmintieron en la vista oral", precisó Guzmán, quien asistió en 2007
como observador al proceso presentado por los abogados de la defensa en
la Corte de Apelaciones de Atlanta.
En
el juicio, que comenzó en el otoño de 2000 y se extendió siete meses,
expertos como el entonces jefe del Comando Sur, general Charles Whilhem y
el general retirado Edgard Atkinson, el almirante Eugene Carol, el
coronel George Busckner, e incluso, el exdirector de la Agencia de
Inteligencia del Pentágono James Clapper negaron que los cinco tuvieran
acceso a datos clasificados o secretos.
"Y
eso me llamó mucho la atención, que los jueces fallaran en contra de
ese dictamen, cuando miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos
dijeron que, en ningún momento, la actuación de ellos significó un
peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos", comentó el
jurista.
En
su opinión, esa actitud de la justicia es muy llamativa, "porque en ese
tipo de juicio lo que importa son los peritajes de las personas que
tienen conocimiento, de la ciencia o de un arte, y ahí el tema de los
militares, de los generales, es precisamente el peligro nacional o
internacional de ciertos actos", reflexionó Guzmán, quien en Chile
procesó también a numerosos agentes estatales por violaciones de los
derechos humanos.
Gerardo
Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René
González fueron detenidos en Miami en la madrugada del sábado 12 de
septiembre de 1998, y encarcelados por los próximos 17 meses en celdas
de castigo, en solitario.
La
acusación principal contra ellos, como reconocieron los fiscales y el
juez desde el acta acusatoria hasta el último día del juicio, fue que
habían, pacíficamente, sin armas, penetrado grupos terroristas
anticubanos con el objetivo de informarle a Cuba sobre sus planes
criminales, sin embargo, todo el tiempo fueron tratados por la prensa de
Miami como espías y como tal fueron sentenciados.
Finalmente
recibieron condenas que van desde 15 años hasta doble cadena perpetua
más 15 años, esta última a impuesta Gerardo Hernández.
René
González fue liberado tras cumplir la sanción, pero está obligado a
permanecer durante tres años en territorio norteamericano, bajo el
régimen de libertad supervisada.
Al presenciar el proceso de apelación en Atlanta, el exjuez Guzmán se percató de algunas de las anomalías.
"Me
dio la impresión que había alguna forma de presión, de algún tipo, la
fiscal que actuó en esa oportunidad dijo insolencias bastante
intolerables ante el tribunal, y el tribunal no reaccionó de ninguna
manera, más bien actuó con mucha obsecuencia", narró el letrado.
Recordó
además que los abogados de la defensa tuvieron que dividirse el tiempo,
ya que se les dio solamente media hora para defender a cinco personas,
condenadas.
"Después
la decisión fue absolutamente leonina, contra derecho, no analizó los
puntos de derecho que debía haber analizado, los cuales fueron
argumentados por los abogados, encontré que no hubo igualdad ante la
ley, eso en cuanto a lo que pude observar", rememoró el renombrado
jurista.
Tras
ser enjuiciados en el 2000 en Miami, los cinco reclamaron ante la Corte
de Apelaciones del Onceno Circuito, situado fuera de Florida, en
Atlanta, Georgia.
Después
de una minuciosa revisión de los documentos del caso, el 9 de agosto de
2005, un panel de tres jueces de la Corte hizo pública su opinión, un
detallado análisis de 93 páginas del juicio y de la evidencia,
revirtiendo las condenas y las sentencias, sobre la base de que no
recibieron un juicio justo en Miami. Fue ordenado un nuevo juicio.
Sin embargo, en agosto de 2006 el pleno de esa Corte revirtió la decisión.
"Yo
he estado como observador en varios procesos judiciales en muchos
países y he visto como se realiza la justicia, por ejemplo en Perú para
observar algunas partes del juicio a (Alberto) Fujimori, y ahí me di
cuenta del contraste con el juicio de los cinco", reflexionó Guzmán.
De
acuerdo con el letrado, en Perú vio el interés que tenían los
magistrados por llegar a la verdad, para que los testigos dijeran todo
lo que sabían, sin interrumpirlos, sin cortarles el tiempo, y a los
abogados también se les permitía el mayor tiempo posible para exponer
los argumentos.
"No
había límite de tiempo ni para abogados ni para testigos, eso me tocó
verlo y quedé muy impresionado de cómo funcionó el proceso, a diferencia
del juicio contra los cinco, de la apelación en Atlanta, que fue una
mascarada de juicio", opinó.
El
jurista confesó que con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca
tuvo esperanzas de que dictara una ley de indulto que favoreciera a los
Cinco, como son conocidos internacionalmente en las campañas por su
liberación.
"Yo
decía, Obama es el hombre que va a tener que resolver esta situación
tan penosa para tantas familias cubanas y tan injusta para los propios
prisioneros, que han sido condenados ilegítima e injustamente, sin
embargo, hasta ahora no tomó la decisión", expresó Guzmán.
Uno de los grandes temas internacionales silenciados por los medios es el caso de los cinco cubanos condenados en EEUU a largas penas de cárcel, acusados de delitos como el de “conspiración para el espionaje” (1).
Las campañas internacionales por la libertad de estos cinco hombres son apoyadas por conocidas figuras públicas, entre ellas 10 premios Nobel, artistas de cine como Danny Glover, Martin Sheen o Susan Sarandon, y organizaciones como Amnistía Internacional (2). Pero ni siquiera este reclamo ha servido para que el caso llegue a los medios.
Tal como sostienen miles de activistas internacionales, los cinco cubanos jamás realizaron actos de espionaje ni atentaron contra la seguridad de EEUU, algo confirmado en su juicio incluso por militares norteamericanos. Estuvieron infiltrados, eso sí, en organizaciones terroristas de Miami, con el fin de informar sobre la preparación de atentados en Cuba. Las pruebas que obtuvieron sobre la actividad violenta de estos grupos fueron entregadas al FBI que, increíblemente, en vez de actuar contra dichas organizaciones asentadas en su territorio, procedió a la detención de Los Cinco en 1998.
El papel de los medios ha sido clave en este caso. A nivel internacional, la tónica general ha sido el silencio. También en EEUU: un estudio de Jeffrey Huling, de la Universidad Sonoma State de California, reflejaba ya en 2008 que los grandes medios de cobertura nacional habían ignorado completamente el caso, y las escasas coberturas de algunos como CBS, CNN, The New York Times o el The Washington Post habían respaldado sin matices la versión del Gobierno de EEUU, presentando a Los Cinco como peligrosos espías cubanos (3).
En Miami, los medios jugaron un papel mucho más activo, sobre todo durante el juicio a Los Cinco, celebrado entre los años 2000 y 2001. Con un importante elemento añadido, al que –curiosamente- los medios internacionales no han prestado la menor atención: el Gobierno de EEUU pagó en secreto importantes cantidades de dinero a 84 periodistas de dicha ciudad, para que publicaran noticias y artículos e intervinieran en tertulias de radio y televisión, con el objetivo de difamar a Los Cinco e influir sobre el jurado que, finalmente, les condenó (4). Algo, por cierto, que viola las leyes federales que prohíben la propaganda encubierta dentro del territorio de EEUU. El Gobierno pagó a dichos periodistas a través de Radio y Televisión Martí, medios de propaganda integrados en la llamada Oficina de Transmisiones hacia Cuba y dependientes del presupuesto federal. Muchos de estos periodistas cobraban del Gobierno sin conocimiento de la dirección de los medios de prensa de Miami para los que trabajaban, y en los que insertaban finalmente sus materiales de encargo.
El Gobierno de EEUU consiguió así que durante el juicio dichos periodistas centraran todo su esfuerzo en la demonización de Los Cinco. En los 194 días que duró el juicio, solo en dos diarios, The Miami Herald y El Nuevo Herald, aparecieron 1111 materiales, más de 5 por día (5).
En ellos, Los Cinco eran presentados como espías enviados para atentar contra la seguridad nacional de EEUU, o como asesinos a sueldo del Gobierno cubano. Todo ello acompañado de otros artículos y reportajes sobre la supuesta venta por parte del Gobierno cubano de servicios de inteligencia a grupos terroristas islámicos (6), o sobre el uso de drogas alucinógenas en sus actividades de espionaje (7).
Los pagos gubernamentales a profesionales de medios privados de Miami fueron revelado en 2006 por el periodista Oscar Corral, que sufrió a partir de entonces una campaña de amenazas y debió trasladar a su familia a un lugar más seguro (8). Y en la web titulada “Reporters for Hire” (reporteros de alquiler), están publicadas hasta 2.200 páginas de contratos y documentos de pago del Gobierno de EEUU a dichos periodistas (9).
Pero, a pesar de tener tan a mano las pruebas de este verdadero escándalo político, los grandes medios internacionales prefieren seguir guardando silencio sobre el caso de Los Cinco (10). Notas:
Las
indagaciones del Comité Nacional por la Liberación de los Cinco y de
los abogados de la defensa, han puesto al descubierto que varias decenas
de periodistas de Miami recibían dinero, a través de Radio Martí, para
crear ilegalmente una atmósfera mediática adversa a los cinco patriotas
cubanos, antes, durante y después del juicio arbitrario en el que, por
razones políticas, fueron éstos condenados a injustas y desmesuradas
condenas.
El
gran número de periodistas y las altas cifras de pago puestas al
descubierto reflejan sin embargo solo una ínfima parte de la realidad,
pues el “Broadcasting Board of Governors”, agencia oficial de propaganda
del gobierno de Estados Unidos, se niega obcecadamente y en forma que
obstruye el debido proceso de los Cinco, a revelar los nombres de todos
los periodistas que fueron contratados y la magnitud de los pagos
recibidos, en contra de lo que establecen las leyes de este país.
Pero
aunque todo indica que solamente ha salido a la superficie la punta del
iceberg, este fragmento que ya conocemos es más que suficiente para que
podamos afirmar que nunca antes en la historia judicial de Estados
Unidos el espacio mediático en torno a un proceso ha sido tan invadido y
controlado por el gobierno y que nunca este espacio se ha viciado tanto
con el fin de asegurar oscuros objetivos políticos. En pocos meses
fueron publicados miles de artículos en la prensa escrita e innumerables
comentarios en la radio y la televisión, saturados de mentiras,
manipulaciones y tergiversaciones. Y nunca fue tan abarcadora la guerra
mediática contra acusado alguno. Todos los artículos, todos los
comentarios de esa avalancha mediática tenían el objetivo de condenar a
los Cinco. Ningún artículo, ningún comentario a favor. Sin excepciones.
El juicio a los Cinco en Miami no puede calificarse de otra manera que
de linchamiento mediático. El gobierno que los juzgó fue el que financió
al mismo tiempo la creación de la atmósfera necesaria para
condenarlos.
Miami
era precisamente la única ciudad de Estados Unidos donde era imposible
celebrar un juicio justo. En ninguna otra, un número tan escandaloso de
periodistas se hubiera plegado tan fácilmente a las intenciones del
gobierno. En ninguna otra, el miedo hubiese paralizado toda posible voz
disidente. Solo aquí, en Miami, la ciudad del maniqueísmo político
absoluto, era posible utilizar secreta y pródigamente fondos federales
para lograr una condena mediática tan coordinada, eficaz y unánime.
¿Qué
singularidad existe en esta margen del estrecho de la Florida que
durante tantos años sólo ha permitido un periodismo mediocre, siempre
al servicio de las peores causas? La explicación no consiste solamente
en el incentivo económico representado por los ingresos adicionales a
través de Radio y TV Martí, o de agencias gubernamentales como USAID,
interesadas en promover la subversión en Cuba. Ni siquiera es fenómeno
reservado a motivaciones ideológicas. La respuesta hay que buscarla en
el entramado social de Miami que impide un periodismo profesional,
independiente. Los pocos que lo han intentado a través de una prensa o
una radio alternativa han tenido y tienen todavía que pagar un alto
precio por ello.
El
periodismo en Miami no tenía los grados de libertad de las actuaciones
individuales sino que, con toda seguridad, todos estos periodistas eran
miembros o mantenían vínculos con alguna o algunas de las más de 200
organizaciones cubano-americanas cuyas agendas –con frecuencia de índole
explícitamente terrorista- son impuestas a todo lo que se relaciona con
Cuba. Su actuación no sólo estaba determinada por el pago que recibían
sino por la disciplina inherente a la militancia en estas
organizaciones, algunas de las cuales, además, contrataban espacios en
la radio y la televisión y poseían sus propios órganos de prensa. La
condena a los Cinco tenía rango de consigna, era parte importante del
credo, de las letanías anticastristas que recitaban diariamente –y
todavía recitan- los comunicadores. En los medios de Miami, el
mercenarismo no era excepción sino regla de vida.
Por
otra parte, al igual que en el caso del niño Elián, la amenaza de
represalias paralizó toda iniciativa racional. La demonización de los
Cinco se convirtió en parte importante de la plataforma de propaganda de
los congresistas cubano-americanos y de otros funcionarios y políticos
del Sur de la Florida. Los que, como Janet Rino, propiciaron el regreso a
Cuba del niño con su padre, tuvieron que enfrentarse a la difamación y
al voto de castigo. Igualmente, salvo en los medios alternativos,
ninguna voz se alzó –alzarse era suicida- para defender a los Cinco.
Años más tarde, Oscar Corral vio su prestigio personal enfangado y su
carrera profesional destruida por haber sido el primero en denunciar el
pago del gobierno a diez periodistas de Miami.
Las
interconexiones sociales existentes hacían imposible el ejercicio de
un periodismo mínimamente objetivo en todo lo que estuviese de algún
modo relacionado con el tema cubano. Era el clásico dilema del látigo y
la zanahoria. La zanahoria era el pago que recibían del gobierno, y el
látigo la posible pérdida del empleo, la exclusión y el temor a
represalias aún mayores. Entraba en juego, ciertamente, el dinero que
podían ganar pero, también, y en forma no menos determinante, la
posición social y el salario que podían perder.
*Bioquímico
cubano, actualmente reside en Miami. Trasmite con cierta regularidad
por Radio Miami el Programa “La Opinión del Día”, que aparece poco
después en laradiomiami.com. Es colaborador de Areítodigital.net;
participa, con la Alianza Martiana, en la lucha contra el Bloqueo
impuesto a Cuba por Estados Unidos.
El
Gobierno de Estados Unidos incurrió en flagrante violación de la
Constitución y las leyes para asegurar las injustas condenas a los Cinco
patriotas cubanos que pronto cumplirán 14 años de castigo arbitrario e
ilegal. No fue un hecho aislado sino un empeño sistemático que abarcó
todo el tiempo del proceso contra los Cinco y en el que invirtió muchos
millones de dinero público. Acerca de su duración, las personas
involucradas, el volumen de recursos utilizados y otros aspectos
importantes de esta operación sólo se tiene una información muy parcial.
Comoquiera
que esa conducta obligaría a las autoridades - tanto a los tribunales
como al Ejecutivo - a disponer la inmediata liberación de nuestros
compañeros, Washington ha conspirado también para ocultar lo que hizo,
incurriendo en un delito adicional, el del encubrimiento.
El abogado Martin Garbus, destacado abogado defensor de la Primera Enmienda y de los derechos civiles, que se unió al equipo de defensa legal de los Cinco en abril de 2012, realizó una conferencia de prensa sobre un nuevo affidavit en apoyo al hábeas corpus de Gerardo Hernández.
El abogado precisó que buscan la revocación de su condena injusta, con el argumento de la mala conducta masiva del gobierno, que pagó varios millones de dólares a periodistas de Miami durante el juicio de los Cinco.
Si la jueza, Joan Lenard, no está de acuerdo con la apelación de Hernández para anular la condena, el afidávit pide a la Corte que ordene el descubrimiento y la concesión de una audiencia oral. El objetivo del descubrimiento es la exposición total de la operación ilegal y secreta del gobierno.
El conocimiento de los pagos del gobierno a los periodistas “independientes” fue revelado por primera vez el 8 de septiembre 2006 en un artículo del Miami Herald. . (en español)
El affidavit, de 82 páginas, concluye que:
“Cada dólar de cada artículo, imagen, radio o televisión que se gastó en este programa secreto viola la integridad del juicio. Es por eso que el fiscal se resiste a descubrir.
“Toda persona que decidió pagar, pago, tomó fondos, o cubrió los pagos en este programa secreto, violó la integridad del juicio. Es por eso que el fiscal se resiste a descubrir.
“Es sorprendente ver como el fiscal minimiza el efecto de la palabra impresa y hablada. Es como si los fundadores de este gobierno, la historia de América, la Constitución y la Primera Enmienda, nunca hayan existido.
“El concepto fundamental de un juicio justo fue negado ya que el Gobierno creó una influencia constante intolerable que es un error estructural.
“El Fiscal General, Eric Holder Jr. no era responsable de esta acusación cuando comenzó. Él lo es ahora. La condena de Peticionante [Hernández] debe ser anulada. El Departamento de Justicia debe enviar los datos de estos eventos al Presidente y al Congreso para que podamos tener la esperanza de que esto nunca vuelva a suceder en los Estados Unidos.”Gerardo fue sentenciado a dos cadenas perpetuas más 15 años -la más severa de las penas- junto a René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, todos detenidos en 1998 por su seguimiento a grupos violentos que desde Miami organizan y ejecutan acciones contra Cuba.
De acuerdo con Garbus, en el período 1996-2001 la comunidad miamense recibió a través de la prensa escrita, radial y televisiva un arsenal de propaganda pagada por el Gobierno para interferir en el proceso y persuadir al jurado.
Se trata de largas sumas de dinero, día tras día, año tras año, traducidas en más de mil artículos e informaciones difundidas, manipulación que resulta incomprensible y carece de precedentes, precisa la fuente.
Para la defensa del antiterrorista, los reporteros que publicaron en medios como El Nuevo Herald, The Miami Herald, el Diario las Américas, Radio/TV Martí y WAQI (Radio Mambí), entre otros, actuaron como “agentes secretos pagados”.
Según el abogado, en apenas 194 días El Nuevo Herald divulgó 806 artículos con influencia negativa sobre el juicio, mientras en idéntico lapso The Miami Herald presentó a la opinión pública otros 305.
Ambos periódicos suman en total mil 111 artículos, un promedio de más de cinco por día, advierte.
La declaración de Garbus también pone al descubierto la selección de los periodistas financiados para generar un ambiente hostil que condujera a la condena de Gerardo y sus compañeros, así como las motivaciones de esas personas para aceptar el dinero.
Conforman la relación de contratados, entre otros, Pablo Alfonso, Humberto Cortina, Julio Estorino, Carlos Alberto Montaner, Olance Nogueras, Enrique Encinosa, Ariel Remos, Luis Aguilar, Wilfredo Cancio, Helen Ferre, Caridad Roque, Enrique Patterson y Alberto Muller.
Varios de los citados en el más reciente paso legal en pos del regreso a su país de los antiterroristas tienen en su trayectoria la participación en acciones violentas y actividades subversivas contra Cuba, en algunos casos a partir de denunciados vínculos con la CIA.
Cortina es un veterano de la agresión derrotada en Playa Girón en abril de 1961, Muller fue encargado de organizar bandas amadas y Estorino, Montaner y Encinosa formaron parte de grupos violentos, refleja el documento.
Las sumas recibidas por los periodistas por sus servicios al Gobierno estadounidense van desde alrededor de tres mil hasta varias decenas de miles de dólares.
Pese a los amplios elementos aportados, el Gobierno estadounidense insiste en ocultar pruebas de su conducta para impedir por el momento conocer con exactitud la totalidad de los reporteros pagados y las cuantías obtenidas.
Sin embargo, lo que sabemos es más que suficiente, aclara la defensa en su propósito de demandar la revocación de la injusta condena de Gerardo.
(PL)
La defensa del antiterrorista cubano Gerardo Hernández Nordelo,
prisionero en Estados Unidos, presentará el lunes ante la Corte Federal
del Distrito de Miami, Florida, una nueva petición para que su condena
sea revocada.
El abogado Martin Garbus presentará el 20 de agosto un recurso que
apoya la figura jurídica denominada hábeas corpus, en la cual se exige
el derecho de Hernández a comparecer ante un juez para que resuelva si
su arresto fue legal, informó la página digital del Comité Nacional por
la Liberación de los Cinco.
Refiere
el texto de 90 páginas que el Gobierno estadounidense incurrió en mala
conducta al pagar millones de dólares a periodistas de Miami durante
el juicio ocurrido en 1998, para influir negativamente en el resultado.
Si
la jueza Joan Lenard no revoca la condena de Hernández, el recurso
legal solicita la difusión de documentos oficiales que, a su juicio,
demuestran la existencia de esos pagos.
Asimismo
reclama la convocatoria a una audiencia pública donde denunciar lo que
la defensa considera una operación ilegal y secreta de Washington.
El
conocimiento de los pagos del gobierno a periodistas supuestamente
"independientes" fue revelado por primera vez en un artículo del diario
The Miami Herald, el 8 de septiembre de 2006, recordó el sitio digital.
De
acuerdo con el documento, cada dólar de cada artículo, imagen, radio o
televisión que se gastó en este programa secreto viola la integridad
del juicio.
Hernández,
junto a Fernando González, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y René
González, conocidos mundialmente como Los Cinco, cumplen largas condenas
en Estados Unidos por monitorear las acciones terroristas de grupos
anticubanos asentados en el sur de Florida.
De ellos, Gerardo purga las condenas más severas, dos cadenas perpetuas y 15 años de privación de libertad
Numerosas
personalidades internacionales, asociaciones civiles y representantes
gubernamentales los han defendido y reclaman su liberación inmediata.
En una lucha encabezada por el Comité y gracias a las múltiples
solicitudes, amparadas en la Ley de Libertad de Información, se conoció
que existe una profunda conexión entre el gobierno de Washington y los
periodistas implicados.
Miles
de páginas de contratos prueban que el Buró de Radiodifusión del
Gobierno, la agencia que dirige a la ilegal Radio y TV Martí, empleó a
un equipo de reporteros vinculados con el ala derecha de Miami.
También
quedó al descubierto que se realizaron pagos por parte del gobierno de
Estados Unidos por cerca de un millón de dólares a 27 periodistas. Se
comprobó además, que los artículos publicados antes y durante el
juicio, estaban siendo pagados en secreto por el demandante en el caso,
el gobierno de Estados Unidos.
Esta
explosiva información, desconocida en el momento del proceso, afirma
el Comité, es una parte medular de todo el habeas corpus y de las
apelaciones de los Cinco cubanos, porque si esto se hubiera conocido
durante el juicio, no existe duda de que el mismo pudiera no haber
tenido lugar en Miami.
Al
examinar la historia de Radio Martí** se observa que el control de las
transmisiones hacia Cuba se desplaza desde un ámbito gubernamental que
intenta imponer los estándares oficiales de la radiodifusión en Estados
Unidos, hacia un dominio cada vez mayor por parte de la ultraderecha
cubano-americana residente en Miami. Este proceso alcanza su culminación
en 1998, en vísperas del arresto de los Cinco antiterroristas cubanos.
Ronald
Reagan firmó la ley que daba origen a Radio Martí (“Radio Broadcasting
to Cuba Act”) en octubre de 1983 pero, muy a pesar de los líderes del
llamado exilio histórico y del propio Reagan, Radio Martí no tendría,
según la ley, la independencia de sus homólogas, como Radio Europa
Libre, sino que, por el contrario, estaría subordinada a la Voz de
América (VOA) y sujeta a los mismos controles que regían la
radiodifusión en esta última. Radio Martí salió al aire el 20 de mayo de
1985 desde transmisores situados en Cayo Maratón, Florida. En 1990 la
dirección de Radio Martí, y de TV Martí, creada ese mismo año, fue
asignada a la “Office of Cuba Broadcasting” (OCB), pero permanecía bajo
la égida de la VOA.
Durante
estos primeros años, Jorge Mas Canosa, líder de la organización
terrorista Fundación Nacional Cubano-Americana, ejerció sobre la OCB una
influencia decisiva debido a su posición al frente del “President’s
Advisory Board of Cuba Broadcasting” (Consejo Consultivo Presidencial de
las Transmisiones a Cuba). Para obtener el dominio total, sin embargo,
era necesario sacar la OCB de Washington y trasladarla a Miami, donde
sería mucho más fácil esquivar las frecuentes inspecciones, auditorías y
revisiones de programas que tenían lugar en la capital federal.
En
realidad, Radio Martí fue siempre (y lo es aún), en mayor o menor
grado, una estación más al servicio de la ultraderecha cubano-americana
que detenta el poder político y económico en Miami, con la
particularidad de que no competía sino colaboraba con las demás
estaciones y compartía con ellas staff y programaciones. Las
elucubraciones políticas de Radio Martí encontraban caja de resonancia
en las emisoras locales y viceversa. Citaré como ejemplo el escándalo
que tuvo lugar en 1991. De acuerdo a la versión publicada por Los
Angeles Times (1), Mas Canosa obligó al Director de Radio y TV Martí,
Rolando Bonachea, a emplear a Agustín Alles, que no hablaba inglés, como
nuevo director de noticias, a pesar de que hablar fluidamente el idioma
era un requisito imprescindible para el empleo. Una vez en el cargo,
Alles dio cobertura preferente a todas las actividades de Mas Canosa y
de la FNCA.
A
mediados de 1996, la “U.S. Information Agency” (Agencia de Información
de Estados Unidos) investigaba acusaciones contra Radio Martí acerca de
represalias políticas, favoritismo y tergiversación de noticias. La
investigación fue cerrada abruptamente cuando una ley, propuesta por el
Senador Phil Gramm (R – Texas), eliminó el cargo del funcionario
investigador, Marian Bennet, Inspector General de la Agencia (2). En esa
misma legislatura se autorizó el traslado a Miami de Radio Martí.
En
lo adelante, las organizaciones terroristas de Miami dispondrían a su
arbitrio de una voz del gobierno, pagada por los contribuyentes
estadounidenses, que sería utilizada para promocionar estrechas agendas
políticas de violencia e intolerancia.
Con
la muerte de Mas Canosa (noviembre de 1997) -señala la periodista Kathy
Glasgow (3)- se abrió una brecha en el liderazgo y Radio Martí se
convirtió en fuente de conflictos en el ya turbulento mundo de la
política del exilio miamense, y con los cambios en la programación que
acompañaron el traslado de la emisora a esta ciudad (1998) se produjo lo
que muchos llamaron la “miamización” de Radio Martí: menos noticias,
menos análisis y más retórica anticastrista.
En
palabras del Representante Jeff Flake (R - Az) (4) “El mover la
instalación a Miami sacrificó su efectividad, convirtiéndola simplemente
en otra estación de radio de Miami. Radio Miami debe ser trasladada y
deben realizarse todos los esfuerzos para acabar con su imagen de vocera
de la comunidad cubano-americana de Miami” (5). Incluso el activista de
ultraderecha Jay Mallin (6), quien fue director de noticias, reconoce
que Radio Martí “es hoy apenas otra estación de radio de Miami” (7).
En
mayo 13 de 1998, la columnista puertorriqueña del Nuevo Herald, Marta
Rodríguez (8) afirmó: “Los oyentes apenas distinguen la programación,
confundiéndola con las de otras bien conocidas y estridentes estaciones
de Miami”… “Los directores recientemente nombrados (9) han actuado
rápidamente para ofrecer un menú radial que, curiosamente, responde más a
intereses políticos locales que a los gustos de la audiencia en la
isla” (10).
Poco
antes del arresto de los Cinco (12 de septiembre de 1998), Glasgow
escribió: “Cualquiera que observe (o lea) sabe que, al caer finalmente
la estación en la hirviente caldera política de Miami, cambios
sustanciales y quizás sangrientos estarían por suceder” (11).
Una
gran parte de los comentaristas y reporteros de Radio Martí trabajaban
al mismo tiempo en Radio Mambí o en la WQBA-AM (“La Cubanísima”) (12).
Esta imbricación de personal y programaciones se hizo patente con el
abogado miamense Herminio San Román en la dirección de la emisora
(comienzos de 1997 – mediados de 2001) es decir, en el periodo que
coincide con el arresto y juicio de los Cinco. El ejemplo más conspicuo
es el de Armando Pérez Roura, Director de Radio Mambí, quien llegó a
tener más de cuatro horas semanales de comentarios en Radio Martí,
tiempo más que suficiente para transmitir todo su veneno hacia Cuba y
hacia los Cinco, no solo localmente, sino también hacia el exterior. No
fue el único, por supuesto; otros muchos, como Rafael Díaz Balart y
Carlos Alberto Montaner, contribuyeron a esparcir el veneno en todas
direcciones.
Es
difícil precisar la dimensión local de la audiencia de Radio Martí en
el tiempo que nos ocupa (desde el arresto de los Cinco en 1998 hasta su
condena en 2001). Ciertamente, podía escucharse en Miami por tres
frecuencias de onda corta desde el transmisor situado en Greenville,
Carolina del Norte; y por onda media en algunos lugares del Sur de la
Florida; mientras que TV Martí podía verse por vía satelital (Hispasat
1A fue puesto en órbita en 1992 y el 1B en 1993 y alcanzaron el fin de
su vida útil en 2003).
Pero,
en mi opinión, más importante que la audiencia local de esta emisora,
es el hecho de que muchos de aquellos programas que podían influir
negativamente en el juicio contra los Cinco, eran transmitidos por Radio
Martí y retransmitidos por las emisoras locales o al revés. Como Radio
Martí poseía mayor cantidad de recursos humanos y materiales, tenía por
tanto la mayor capacidad para originar y producir programas. Por otra
parte, el empleo de periodistas y la compra de programas con vista a su
retransmisión de las emisoras locales, era un estímulo material, con
fondos del gobierno, a producciones que influían ilegal y adversamente
contra los Cinco.
No
olvidemos que la bien llamada industria anticastrista de Miami es, sin
duda, uno de los negocios más productivos del mundo: contribuye cada año
con algunas decenas de miles de dólares a las campañas electorales y
recibe a cambio decenas de millones de dólares de fondos federales.
Radio y TV Martí han costado al erario más de medio billón de dólares,
utilizados en gran parte para sostener una burocracia que perpetúa el
discurso irracional con respecto a Cuba, a través de una historia
plagada de ilegalidades.
Terminando
el año 2006, y debido a crecientes indagaciones de congresistas
demócratas y de algunos republicanos moderados, la Casa Blanca
suministró una lista de siete miembros, supuestamente actualizada, del
“President’s Advisory Board of Cuban Broadcasting”. Se supo entonces
que este consejo asesor, que por ley debió estar formado por nueve
miembros y cumplir la función de supervisar las transmisiones radiales y
televisivas hacia Cuba, no se había reunido desde 1998 –el año en que
dio comienzo la infamia- es decir, en los últimos ocho años.
El
descontrol del ejecutivo era tan inmenso, que uno de los miembros
incluidos en la pequeña lista, Charles Tyroler, oficial de inteligencia
durante la administración Reagan, había muerto en 1995, hacía ya once
años. Salvador Lew, quien precedió a Pedro Roig como Director de la OCB
–también en la lista- negó pertenecer al Consejo y guardaba la
impresión de que éste se había desbandado. Otro miembro, Robert
McKinney, vinculado al mundo financiero, declaró que nunca fue citado a
reuniones del Consejo. “En mi opinión –señaló- no quieren que el Consejo
opere”. (13)
Salta
a la vista el rosario abrumador de hechos que revelan no sólo que el
exacerbado ambiente político de Miami hacía imposible un juicio justo
para los Cinco sino que el gobierno, principalmente a través de Radio
Martí, contribuyó notablemente a la creación de esta atmósfera
envenenada. En parte por negligencia y en parte por cálculo interesado,
el gobierno de Estados Unidos dejó a las emisoras Martí a merced de la
ultraderecha cubano-americana. El nombramiento en los organismos
rectores de líderes de organizaciones terroristas, el traslado de la
emisora a Miami en 1998 en vísperas del arresto de los Cinco, la
contratación en masa de periodistas de línea dura anticastrista, la
producción, compra y retransmisión de programas que estimulaban el
ambiente negativo contra los Cinco, la impunidad de los protagonistas, y
la disolución en la práctica del único organismo (“Presidential’s
Advisory Board”) que hubiese podido ejercer algún control, así lo
demuestran.
Notas
(1)
Mike Clary: “Radio Marti move to Miami strains credibility, critics
say: lawmakers, others warn against relocation to heart of Cuban
American community”, Los Angeles Times, Aug 20, 1996. (2) Idem. (3) Kathy Glasgow: “Radio Free Miami”, New Times, Jun 4, 1998. (4)
Citado por Katie Harr – Council on Hemispheric Affaires: “Radio and TV
Marti: Miami’s children of scorn”, The Panama News, Vol. 12, Number 7,
April 9-22, 2006. (5)
“Moving the facilities to Miami sacrificed its effectiveness, making it
simply another Miami radio station. Radio Marti should be relocated and
every effort should be made to end its image as a mouthpiece of the
Miami Cuban American community.” (6) Citado por Harr: Idem. (7) “Today it’s just another Miami radio station.” (8)
Kathy Glasgow: “Incessant Static: Every year millions of your dollars
are pumped into Radio and TV Marti. What do you get in return?”, Miami
New Times, Mar 28, 2002. (9) Herminio San Román, Director de OCB, y Roberto Rodríguez Tejera, Director de Radio Martí. (10)
“Those who listen barely recognize the programming, confusing it with
that of other well-known, strident Miami stations” … “The recently
appointed directors have acted rapidly to … offer a radio menu that,
curiously, responds more to local political interests and their own than
to tastes of their island audience.” (11)
“Anyone watching (or listening) knew that, with the station finally
splashing into Miami’s overheated political cauldron, substancial and
perhaps bloody change was ahead.” (12) Citado por Glasgow: Idem. (13) Andrew Zajac, Chicago Tribune: “Warning to Radio, TV Marti: Congress is watching”, Los Angeles Times, Dec 24, 2006.
*Bioquímico
cubano, actualmente reside en Miami. Trasmite con cierta regularidad
por Radio Miami el Programa “La Opinión del Día”, que aparece poco
después en laradiomiami.com. Es colaborador de Areítodigital.net;
participa, con la Alianza Martiana, en la lucha contra el Bloqueo
impuesto a Cuba por Estados Unidos.
**Emisora gubernamental de Estados Unidos bajo control de organizaciones terroristas de Miami
Al
examinar la historia de Radio Martí** se observa que el control de las
transmisiones hacia Cuba se desplaza desde un ámbito gubernamental que
intenta imponer los estándares oficiales de la radiodifusión en Estados
Unidos, hacia un dominio cada vez mayor por parte de la ultraderecha
cubano-americana residente en Miami. Este proceso alcanza su culminación
en 1998, en vísperas del arresto de los Cinco antiterroristas cubanos.
Ronald
Reagan firmó la ley que daba origen a Radio Martí (“Radio Broadcasting
to Cuba Act”) en octubre de 1983 pero, muy a pesar de los líderes del
llamado exilio histórico y del propio Reagan, Radio Martí no tendría,
según la ley, la independencia de sus homólogas, como Radio Europa
Libre, sino que, por el contrario, estaría subordinada a la Voz de
América (VOA) y sujeta a los mismos controles que regían la
radiodifusión en esta última. Radio Martí salió al aire el 20 de mayo de
1985 desde transmisores situados en Cayo Maratón, Florida. En 1990 la
dirección de Radio Martí, y de TV Martí, creada ese mismo año, fue
asignada a la “Office of Cuba Broadcasting” (OCB), pero permanecía bajo
la égida de la VOA.
Durante
estos primeros años, Jorge Mas Canosa, líder de la organización
terrorista Fundación Nacional Cubano-Americana, ejerció sobre la OCB una
influencia decisiva debido a su posición al frente del “President’s
Advisory Board of Cuba Broadcasting” (Consejo Consultivo Presidencial de
las Transmisiones a Cuba). Para obtener el dominio total, sin embargo,
era necesario sacar la OCB de Washington y trasladarla a Miami, donde
sería mucho más fácil esquivar las frecuentes inspecciones, auditorías y
revisiones de programas que tenían lugar en la capital federal.
En
realidad, Radio Martí fue siempre (y lo es aún), en mayor o menor
grado, una estación más al servicio de la ultraderecha cubano-americana
que detenta el poder político y económico en Miami, con la
particularidad de que no competía sino colaboraba con las demás
estaciones y compartía con ellas staff y programaciones. Las
elucubraciones políticas de Radio Martí encontraban caja de resonancia
en las emisoras locales y viceversa. Citaré como ejemplo el escándalo
que tuvo lugar en 1991. De acuerdo a la versión publicada por Los
Angeles Times (1), Mas Canosa obligó al Director de Radio y TV Martí,
Rolando Bonachea, a emplear a Agustín Alles, que no hablaba inglés, como
nuevo director de noticias, a pesar de que hablar fluidamente el idioma
era un requisito imprescindible para el empleo. Una vez en el cargo,
Alles dio cobertura preferente a todas las actividades de Mas Canosa y
de la FNCA.
A
mediados de 1996, la “U.S. Information Agency” (Agencia de Información
de Estados Unidos) investigaba acusaciones contra Radio Martí acerca de
represalias políticas, favoritismo y tergiversación de noticias. La
investigación fue cerrada abruptamente cuando una ley, propuesta por el
Senador Phil Gramm (R – Texas), eliminó el cargo del funcionario
investigador, Marian Bennet, Inspector General de la Agencia (2). En esa
misma legislatura se autorizó el traslado a Miami de Radio Martí.
En
lo adelante, las organizaciones terroristas de Miami dispondrían a su
arbitrio de una voz del gobierno, pagada por los contribuyentes
estadounidenses, que sería utilizada para promocionar estrechas agendas
políticas de violencia e intolerancia.
Con
la muerte de Mas Canosa (noviembre de 1997) -señala la periodista Kathy
Glasgow (3)- se abrió una brecha en el liderazgo y Radio Martí se
convirtió en fuente de conflictos en el ya turbulento mundo de la
política del exilio miamense, y con los cambios en la programación que
acompañaron el traslado de la emisora a esta ciudad (1998) se produjo lo
que muchos llamaron la “miamización” de Radio Martí: menos noticias,
menos análisis y más retórica anticastrista.
En
palabras del Representante Jeff Flake (R - Az) (4) “El mover la
instalación a Miami sacrificó su efectividad, convirtiéndola simplemente
en otra estación de radio de Miami. Radio Miami debe ser trasladada y
deben realizarse todos los esfuerzos para acabar con su imagen de vocera
de la comunidad cubano-americana de Miami” (5). Incluso el activista de
ultraderecha Jay Mallin (6), quien fue director de noticias, reconoce
que Radio Martí “es hoy apenas otra estación de radio de Miami” (7).
En
mayo 13 de 1998, la columnista puertorriqueña del Nuevo Herald, Marta
Rodríguez (8) afirmó: “Los oyentes apenas distinguen la programación,
confundiéndola con las de otras bien conocidas y estridentes estaciones
de Miami”… “Los directores recientemente nombrados (9) han actuado
rápidamente para ofrecer un menú radial que, curiosamente, responde más a
intereses políticos locales que a los gustos de la audiencia en la
isla” (10).
Poco
antes del arresto de los Cinco (12 de septiembre de 1998), Glasgow
escribió: “Cualquiera que observe (o lea) sabe que, al caer finalmente
la estación en la hirviente caldera política de Miami, cambios
sustanciales y quizás sangrientos estarían por suceder” (11).
Una
gran parte de los comentaristas y reporteros de Radio Martí trabajaban
al mismo tiempo en Radio Mambí o en la WQBA-AM (“La Cubanísima”) (12).
Esta imbricación de personal y programaciones se hizo patente con el
abogado miamense Herminio San Román en la dirección de la emisora
(comienzos de 1997 – mediados de 2001) es decir, en el periodo que
coincide con el arresto y juicio de los Cinco. El ejemplo más conspicuo
es el de Armando Pérez Roura, Director de Radio Mambí, quien llegó a
tener más de cuatro horas semanales de comentarios en Radio Martí,
tiempo más que suficiente para transmitir todo su veneno hacia Cuba y
hacia los Cinco, no solo localmente, sino también hacia el exterior. No
fue el único, por supuesto; otros muchos, como Rafael Díaz Balart y
Carlos Alberto Montaner, contribuyeron a esparcir el veneno en todas
direcciones.
Es
difícil precisar la dimensión local de la audiencia de Radio Martí en
el tiempo que nos ocupa (desde el arresto de los Cinco en 1998 hasta su
condena en 2001). Ciertamente, podía escucharse en Miami por tres
frecuencias de onda corta desde el transmisor situado en Greenville,
Carolina del Norte; y por onda media en algunos lugares del Sur de la
Florida; mientras que TV Martí podía verse por vía satelital (Hispasat
1A fue puesto en órbita en 1992 y el 1B en 1993 y alcanzaron el fin de
su vida útil en 2003).
Pero,
en mi opinión, más importante que la audiencia local de esta emisora,
es el hecho de que muchos de aquellos programas que podían influir
negativamente en el juicio contra los Cinco, eran transmitidos por Radio
Martí y retransmitidos por las emisoras locales o al revés. Como Radio
Martí poseía mayor cantidad de recursos humanos y materiales, tenía por
tanto la mayor capacidad para originar y producir programas. Por otra
parte, el empleo de periodistas y la compra de programas con vista a su
retransmisión de las emisoras locales, era un estímulo material, con
fondos del gobierno, a producciones que influían ilegal y adversamente
contra los Cinco.
No
olvidemos que la bien llamada industria anticastrista de Miami es, sin
duda, uno de los negocios más productivos del mundo: contribuye cada año
con algunas decenas de miles de dólares a las campañas electorales y
recibe a cambio decenas de millones de dólares de fondos federales.
Radio y TV Martí han costado al erario más de medio billón de dólares,
utilizados en gran parte para sostener una burocracia que perpetúa el
discurso irracional con respecto a Cuba, a través de una historia
plagada de ilegalidades.
Terminando
el año 2006, y debido a crecientes indagaciones de congresistas
demócratas y de algunos republicanos moderados, la Casa Blanca
suministró una lista de siete miembros, supuestamente actualizada, del
“President’s Advisory Board of Cuban Broadcasting”. Se supo entonces
que este consejo asesor, que por ley debió estar formado por nueve
miembros y cumplir la función de supervisar las transmisiones radiales y
televisivas hacia Cuba, no se había reunido desde 1998 –el año en que
dio comienzo la infamia- es decir, en los últimos ocho años.
El
descontrol del ejecutivo era tan inmenso, que uno de los miembros
incluidos en la pequeña lista, Charles Tyroler, oficial de inteligencia
durante la administración Reagan, había muerto en 1995, hacía ya once
años. Salvador Lew, quien precedió a Pedro Roig como Director de la OCB
–también en la lista- negó pertenecer al Consejo y guardaba la
impresión de que éste se había desbandado. Otro miembro, Robert
McKinney, vinculado al mundo financiero, declaró que nunca fue citado a
reuniones del Consejo. “En mi opinión –señaló- no quieren que el Consejo
opere”. (13)
Salta
a la vista el rosario abrumador de hechos que revelan no sólo que el
exacerbado ambiente político de Miami hacía imposible un juicio justo
para los Cinco sino que el gobierno, principalmente a través de Radio
Martí, contribuyó notablemente a la creación de esta atmósfera
envenenada. En parte por negligencia y en parte por cálculo interesado,
el gobierno de Estados Unidos dejó a las emisoras Martí a merced de la
ultraderecha cubano-americana. El nombramiento en los organismos
rectores de líderes de organizaciones terroristas, el traslado de la
emisora a Miami en 1998 en vísperas del arresto de los Cinco, la
contratación en masa de periodistas de línea dura anticastrista, la
producción, compra y retransmisión de programas que estimulaban el
ambiente negativo contra los Cinco, la impunidad de los protagonistas, y
la disolución en la práctica del único organismo (“Presidential’s
Advisory Board”) que hubiese podido ejercer algún control, así lo
demuestran.
Notas
(1)
Mike Clary: “Radio Marti move to Miami strains credibility, critics
say: lawmakers, others warn against relocation to heart of Cuban
American community”, Los Angeles Times, Aug 20, 1996. (2) Idem. (3) Kathy Glasgow: “Radio Free Miami”, New Times, Jun 4, 1998. (4)
Citado por Katie Harr – Council on Hemispheric Affaires: “Radio and TV
Marti: Miami’s children of scorn”, The Panama News, Vol. 12, Number 7,
April 9-22, 2006. (5)
“Moving the facilities to Miami sacrificed its effectiveness, making it
simply another Miami radio station. Radio Marti should be relocated and
every effort should be made to end its image as a mouthpiece of the
Miami Cuban American community.” (6) Citado por Harr: Idem. (7) “Today it’s just another Miami radio station.” (8)
Kathy Glasgow: “Incessant Static: Every year millions of your dollars
are pumped into Radio and TV Marti. What do you get in return?”, Miami
New Times, Mar 28, 2002. (9) Herminio San Román, Director de OCB, y Roberto Rodríguez Tejera, Director de Radio Martí. (10)
“Those who listen barely recognize the programming, confusing it with
that of other well-known, strident Miami stations” … “The recently
appointed directors have acted rapidly to … offer a radio menu that,
curiously, responds more to local political interests and their own than
to tastes of their island audience.” (11)
“Anyone watching (or listening) knew that, with the station finally
splashing into Miami’s overheated political cauldron, substancial and
perhaps bloody change was ahead.” (12) Citado por Glasgow: Idem. (13) Andrew Zajac, Chicago Tribune: “Warning to Radio, TV Marti: Congress is watching”, Los Angeles Times, Dec 24, 2006.
*Bioquímico
cubano, actualmente reside en Miami. Trasmite con cierta regularidad
por Radio Miami el Programa “La Opinión del Día”, que aparece poco
después en laradiomiami.com. Es colaborador de Areítodigital.net;
participa, con la Alianza Martiana, en la lucha contra el Bloqueo
impuesto a Cuba por Estados Unidos.
**Emisora gubernamental de Estados Unidos bajo control de organizaciones terroristas de Miami
Se
han cumplido ya once años desde la injusta condena a los cinco
patriotas cubanos. Durante el juicio, que duró 194 días, desde el 27 de
noviembre del año 2000 hasta el 8 de junio de 2001, numerosos
periodistas de los medios de Miami recibieron dinero del gobierno a
través del “U.S. Office of Cuba Broadcasting” que tiene a su cargo a
Radio y TV Martí.
Contra
toda norma ética, el mismo gobierno que juzgaba a los Cinco era el que
pagaba a periodistas para alimentar campañas de odio que hacían
imposible un juicio justo en la ciudad de Miami. Además, los pagos
violaban leyes federales que prohíben la propaganda encubierta (1)
dentro del territorio de Estados Unidos.
El
Comité Nacional por la Libertad de los Cinco ha documentado
sólidamente gran parte de estos pagos ilícitos, a pesar de que la
agencia oficial de propaganda del gobierno (“Broadcasting Board of
Governors”) y su oficina de transmisiones a Cuba (“Office of Cuba
Broadcasting”) se han negado obcecadamente a entregar los documentos
solicitados al amparo de la Ley de Libertad de Información (“Freedom
of Information Act”). Actualmente existe sobrada evidencia de que un
grupo numeroso de periodistas de Miami, a través de la prensa escrita,
la radio y la televisión, envenenaron el ambiente del proceso judicial
contra los Cinco mientras recibían secretamente fondos federales.
Pero
la remuneración a los periodistas involucrados no se limitó a los
pagos mencionados. Apenas dictadas las sentencias contra los Cinco y en
medio del júbilo por haber puesto una vez más al sistema de justicia y
a la política exterior de Estados Unidos al servicio de las pasiones e
intereses del sector más reaccionario del exilio, la administración
Bush les entregó Radio y TV Martí, con sus 25 millones de dólares de
presupuesto para que, como botín de vencedores, como piñata de la
infamia, se repartiese entre los campeones del periodismo mediatizado.
No
se apagaba todavía el eco de las crueles e inconcebiblemente largas
condenas contra los Cinco, cuando el presidente George W. Bush nombraba a
Salvador Lew, veterano de la propaganda anticubana en la
radiodifusión de Miami, como Director de la “Office of Cuba
Broadcasting”. Lew, a quien considero no obstante un hombre honrado, se
vio envuelto en circunstancias que hoy seguramente no serían de su
agrado.
Lew
ocupó el cargo en julio de 2001, a sólo un mes de terminado el juicio.
A pesar de ser considerado por muchos como moderado, tal vez por el
contraste que se produce entre un hombre con amplia experiencia y
dominio del oficio frente al periodismo habitual de vociferación e
iracundia de Miami, de inmediato contrató o en algunos casos renovó los
contratos, a más de 20 comunicadores de la línea dura anticastrista,
quienes ocuparon los cargos de mayor importancia y salario en Radio y TV
Martí, unos como “freelancers” y otros como integrantes fijos de la
nómina.
El
premio mayor lo recibió el Director de Radio Mambí, Armando Pérez
Roura, con la retransmisión por la emisora del gobierno de sus programas
“Tome Nota” y “La Peña Mambisa”. De Radio Mambí habían salido, en la
esfera de la radiodifusión, las manipulaciones más delirantes y los más
furibundos ataques durante el juicio a los Cinco.
Del
“segundo premio” resultó ganadora Nancy Pérez Crespo, Directora de
Nueva Prensa Cubana, agencia de noticias que contribuyó también a
envenenar la atmósfera contra Cuba y contra los Cinco. Además de su
espacio habitual en WAQI, 710 AM, Crespo recibió media hora en Radio
Martí para conducir un show de entrevistas a disidentes dentro de la
isla.
A
Olga Connor, columnista de El Nuevo Herald, incluida entre los diez
periodistas denunciados por Corral (2) por recibir ilícitamente fondos
federales, le concedieron la dirección de un programa de arte en Radio
Martí.
Entre
los premiados por su línea dura y el éxito logrado con las condenas de
los Cinco mencionemos, además, a Santiago Aranegui, comentarista de
Radio Mambí, Luis Zúñiga, que pasó de la Fundación Nacional
Cubano-Americana al grupo disidente Consejo por la Libertad de Cuba,
Pablo Alfonso y Wilfredo Cancio Isla.
En
pocos meses, debido al exceso de personal contratado, a veces creando
duplicidad de funciones, el presupuesto asignado al pago de salarios
corría riesgo de agotarse y fue necesario despedir o relegar a cargos
inferiores a una buena parte del antiguo personal.
La
irrupción vocinglera de los “premiados” no se produjo sin resistencia
de la burocracia anterior. En su artículo “El jefe de Radio Martí crea
mucha estática”, Elaine De Valle (3) refiere que cuatro mujeres
presentaron demandas por discriminación, y cita las quejas de Enrique
Patterson quien, “por principio”, no admitía que le rebajasen el
salario.
Digamos
de paso que, a través de su historia y debido precisamente a
irregularidades como éstas, por llamarlas de algún modo, Radio y TV
Martí han batido récords de investigaciones federales, auditorías,
inspecciones, revisión de programaciones, etc.; aunque los violadores
nunca han sido sancionados y su agenda ha sido siempre la misma:
promover la subversión en Cuba.
Entre
las “hazañas” realizadas por Radio y TV Martí en esta etapa de su
lamentable existencia se cuenta la edición aviesa de algunos
comentarios de Jorge Castañeda, Ministro de Relaciones Exteriores de
México durante la administración de Vicente Fox, que hizo creer
equivocadamente que el gobierno mexicano ofrecía asilo en su sede
diplomática en La Habana a todos los cubanos que deseasen abandonar la
isla. La manipulación generó un grave incidente a las puertas de la
Embajada en febrero de 2002.
Es
probable que el temor a la divulgación de este cúmulo de
irregularidades sea la causa principal que determina la renuencia del
gobierno a entregar la información solicitada por el Comité por la
Libertad de los Cinco, otras instituciones y los abogados de la defensa.
Los
que en Miami aspiran –y son muchos- a desempeñar un papel relevante en
una hipotética Cuba del mañana, valoran altamente la posibilidad de
conducir o participar de algún modo en las transmisiones hacia la isla.
Es la oportunidad -piensan ellos- de comenzar a ser conocidos donde
nadie los conoce (y donde -añadiría yo- nadie tiene interés en
conocerlos).
Para
la ultraderecha de Miami en su conjunto, disfrutar de la dirección de
Radio y TV Martí es importante no sólo desde el punto de vista
económico sino también porque le permite imponer una programación en
armonía con su agenda intolerante y extremista, sin espacios para
acercamientos, negociaciones ni diálogos. Por otra parte, al controlar
los instrumentos de información y propaganda, sustrae del gobierno de
Estados Unidos la capacidad de dictar la política exterior con respecto
a Cuba.
Lo
irónico de esta situación es que las transmisiones de Radio y TV
Martí, violatorias de los códigos internacionales, son interceptadas
eficazmente en la isla por técnicos cubanos. De TV Martí se dice que es
“la TV que no se ve” y la audiencia de su jimagua radial es
prácticamente nula. En términos capitalistas de “costo-beneficio” las
transmisiones hacia Cuba constituyen una carga para el contribuyente
norteamericano sin resultado alguno. En realidad, no cumplen otra
función que no sea la de complacer a la derecha recalcitrante de Miami a
cambio del apoyo electoral con su dinero, sus votos y sus trampas.
NOTAS:
(1)
La U.S. Government Accountability Office (GAO) define la propaganda
encubierta como información que se origina en el gobierno, éste no se la
atribuye y se publica desde otras fuentes. (2) Oscar Corral: “10 Miami Journalists Take U.S. Pay”, The Miami Herald, Sept. 8, 2006. (3) Elaine de Valle: “Radio Marti boss creates lots of static”, The Miami Herald, Mar. 31, 2002.
*Bioquímico
cubano, actualmente reside en Miami. Trasmite con cierta regularidad
por Radio Miami el Programa “La Opinión del Día”, que aparece poco
después en laradiomiami.com. Es colaborador de Areítodigital.net;
participa, con la Alianza Martiana, en la lucha contra el Bloqueo
impuesto a Cuba por Estados Unidos.