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miércoles, 6 de enero de 2016

Para algunos fue simplemente vísperas de Reyes Magos…

Por Rosa C. Báez

Ayer fue 5 de enero: para algunos, amarrados a los recuerdos de infancia o enganchados en la vertiginosa vorágine del consumismo, fue vísperas de Día de Reyes… para muchos cubanos, fue además el aniversario de una pérdida trágica e inolvidable… ese día cayó asesinado por bandidos contrarrevolucionarios alzados en el Escambray, el joven maestro, alfabetizador, negro y revolucionario Conrado Benítez…

Tenía sólo 19 años recién cumplidos… se había graduado de maestro en Minas del Frío y había acudido presto al llamado de Fidel a la primera de las batallas de ideas, la campaña de alfabetización… fue de los primeros en ser ubicados y también el primero en entregar su vida en tan noble causa. Su nombre se convertiría luego en bandera, al crearse días después la brigada de alfabetizadores Conrado Benítez… honrando dicho emblema moriría otro joven, Manuel Ascunce.

Conrado Benítez y Manuel Ascunce
Era apenas una niña, pero recuerdo nuestras noches en el barrio, jugando con mis vecinitos, en la mano aquel pomo de dulces lleno de cocuyos transmutado en farol y en la garganta, el himno: "somos las brigadas Conrado Benítez, somos la vanguardia de la Revolución. Con el libro en alto cumplimos una meta, llevar a toda Cuba la alfabetización". Llevaron, sí, con las letras la luz de la verdad y luego, en lejanas tierras, otros jóvenes maestros cubanos entregarían sus vidas luchando también "trocando la oscurana en claridad"…

Otras jóvenes vidas nos cobró el terrorismo asesino, pero quizá ningunas me llegaron tan dentro como estas… Recuerdo cuando visité el Museo de la Alfabetización, cómo me conmovió el tamaño de sus uniformes, ver sus objetos, pensarme en su lugar, sufrir sus jóvenes muertes…

Sí, quizá para algunos ayer fue simplemente vísperas de Reyes.
Nota en la prensa nacional

Joven alfabetizadora

miércoles, 30 de julio de 2014

Frank País: Una fuerza imantada

El ejemplo de coraje y virtud del joven Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, asesinado un 30 de julio, hace 57 años, estremece y conmueve a todo el pueblo que hoy rinde homenaje a los mártires de la Patria
SANTIAGO DE CUBA.—La tarde del 30 de julio de 1957 entró en la historia para ver la convicción vencer la saña. Justo a las 4:15 p.m., en la estrecha geografía del céntrico Callejón del Muro, una descarga de 22 plomos atravesó la espalda de Frank Isaac País García, pretendiendo acribillar los sueños del joven que supo vivir al compás de su tiempo, el estratega brillante y jefe de la clandestinidad…

Mas no pudo la barbarie evitar que la fuerza imantada de aquel muchacho de mirar profundo y sonrisa franca, continuara conminando a los cubanos, ahora con más energía, a batallar sin tregua contra la dictadura.

Nacido en Santiago de Cuba el 7 de diciembre de 1934, en el humilde hogar del reverendo Francisco País y Rosario García, Frank País tuvo que abrirse a la vida entre los rigores de la supervivencia.
Maestro de profunda raíz martiana y ricos recursos pedagógicos, nacidos del genuino contenido patriótico en todo cuanto impartía, el amor con que enseñaba, los valores morales y principios en los que educaba a los niños, los vínculos de amistad y respeto mutuo que estableció con ellos, Frank País dejó también en sus alumnos una huella inolvidable.

Aquel hombre que con solo 22 años llegó a ser el ser más odiado y temido por la tiranía en las calles cubanas, el que comandaba el llano desde el sabotaje, la agitación, los gallardetes izados, la resistencia cívica, la prensa clandestina, era también un joven como todos, que adoraba los helados de vainilla con galleticas, ordenaba sus ideas delante de una pecera o soñaba a la amada ausente desde una canción: «Ya no estás  más a mi lado, corazón, en el alma solo tengo soledad...».

Por eso, por sus virtudes humanas y entereza, y porque troncharon su vida «cuando estaba dando a la Revolución lo mejor de sí mismo», después del aciago atardecer del 30 de julio, Santiago, el Oriente todo, pararon espontáneamente de emoción.

Los esbirros que balearon a Frank junto a Raúl Pujol sabían perfectamente quiénes eran. Por esa certeza intentaron callar sus muertes y trasladaron los cadáveres al cementerio Santa Ifigenia, donde, con el mayor sigilo, pretendían inhumarlos en un profundo hueco para silenciar definitivamente su espíritu de luchadores inclaudicables.

Pero antes de que las bestias consumaran su orgía, un grupo de mujeres santiagueras, dignas de la estirpe de Mariana Grajales, y con Doña Rosario al frente, llegó al cementerio.

Frank no era el primer hijo que entregaba a la causa justa de los cubanos. Antes había caído el menor de ellos: Josué, a quien lloró con profundo dolor de madre. Pero esa sentida pérdida no impidió en modo alguno que continuara alentando y apoyando a Frank, el primogénito, en el camino que él mismo había elegido y en cuya elección ella había tenido mucho que ver.

Así pues, reclamando sus derechos de madre, doña Rosario se personó en el cementerio. Ante el temor por la exigencia de las mujeres, los monstruos les entregaron los cadáveres ensangrentados. La Doña abrazó fuertemente el de su hijo y lo trasladó de inmediato a su casa.

Dos horas estuvo el cadáver de Frank tendido en la casa de doña Rosario; luego, a solicitud del Movimiento, y en simbólico gesto de amor, fue conducido a la casa de su novia América Domitro.

Veinte cuadras de personas en apretada marcha, enardecidas de rabia y dolor, le acompañarían hasta la necrópolis local. Era el homenaje del pueblo a su existencia fecunda y sencilla, austera y excelsa, esa que le convierte, 57 años después de su muerte, en semilla y luz de todos los tiempos.

Tomado de Juventud Rebelde

En un héroe, todos los héroes... desde Frank al Che, desde Bolívar hasta Chávez...

Video en Youtube


Su nombre es pueblo

La muerte
con su impecable función
de artesana del sol,
que hace héroes, que hace historia
y nos cede un lugar
para morir,
en esta tierra,
por el futuro.

Su ejemplo
se ha convertido en puñal,
se ha convertido en fusil,
se ha convertido en la trinchera
de la voluntad,
de la palabra amar,
de la conciencia
y de la muerte.

No hay nombres
de los que caen en las costas,
de los que caen en los montes,
del que cayó con el machete
en el mismo lugar
que tiempos más atrás
cayeron otros,
otros sin nombre.

A los héroes
se les recuerda sin llanto,
se les recuerda en los brazos,
se les recuerda en la tierra;
y eso me hace pensar
que no han muerto al final,
y que viven allí
donde haya un hombre presto a luchar,
a continuar.

sábado, 26 de julio de 2014

Ramiro Valdés: No olvidemos nunca que llegamos aquí por la unidad del pueblo

Texto íntegro del discurso pronunciado por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto central nacional por el aniversario 61 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, efectuado hoy en el Mausoleo de los Mártires de Artemisa.

General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros

 Combatientes de ayer y de hoy,
Artemiseñas y artemiseños,
 Queridos compatriotas:                                                       

Un día como hoy mis primeras palabras son para todos aquellos que han hecho posible esta Revolución, en especial para los que derramaron su sangre y entregaron sus vidas por una Cuba verdaderamente independiente.

El 26 de julio de 1953 la mayoría de los compañeros que nos agrupamos en las células clandestinas, observando las medidas de seguridad y compartimentación indicadas por Fidel y Abel en el local del Partido Ortodoxo en Prado 109, apenas rebasábamos los 20 años. Éramos jóvenes que soñábamos con transformar la triste realidad imperante en la Cuba de aquel entonces.

La República no tenía nada que ver con la soñada por Martí y Maceo. Durante décadas, el verdadero poder había estado en la embajada yanqui y desde hacía más de un año, un dictador había borrado los últimos vestigios de democracia representativa. Los pobres, negros, mujeres, obreros y campesinos, eran vilmente preteridos y discriminados por una oligarquía entreguista y rapaz.

Muchos de los males políticos, económicos y sociales que aquejaban a nuestro pueblo, fueron magistralmente expuestos por Fidel en su histórico alegato del 16 de octubre de ese mismo año, conocido como “La Historia me absolverá”.

No podemos olvidar nunca el cuadro de opresión, miseria y desigualdades que heredó la Revolución en el ´59. Por aquel entonces la esperanza de vida de los cubanos no sobrepasaba los 60 años; imperaba el tiempo muerto, el desempleo masivo, el desalojo de los campesinos de las tierras que trabajaban; un alto grado de analfabetismo; gran parte de la población no contaba con posibilidades de acceder a la escuela o al médico. La banca, los mayores centrales azucareros, las principales industrias y más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas estaban en manos extranjeras.

Hoy, la gran mayoría de los cubanos solo conoce estos datos por referencias y no por vivencias propias; pues nacieron después del Triunfo de la Revolución, cuando la realidad ya era otra. Por eso, no está de más recordarlos, pues los imperialistas, en sus trasnochados intentos de restauración capitalista y subversión ideológica, se empeñan en falsificar la realidad, dibujar unos supuestamente idílicos años cincuenta y convertir a un tirano despreciable en un prócer respetable.

Ante aquel estado de cosas, no podíamos cruzarnos de brazos. Los jóvenes de la Generación del Centenario, aunados por la prédica y la decisión de lucha de Fidel Castro, no dejamos morir a Martí. Aquel 26 de julio no fue un triunfo de las armas, pero fue una victoria de la moral y de la dignidad. Fue la chispa que encendió nuevamente el motor que nos llevaría justamente 5 años, 5 meses y 5 días después, a alcanzar la verdadera y definitiva independencia. Es el Día de la Rebeldía Nacional, cuando los jóvenes cubanos fuimos consecuentes con los versos vibrantes del Himno Nacional y con el ejemplo de quien fue el autor intelectual de la acción.

 A partir de 1959, a pesar de campañas mediáticas, cruentos bloqueos, amenazas, agresiones, terrorismo de todo tipo, y de la escasez de recursos propia de un país pobre y subdesarrollado, la Revolución logró transformar la triste realidad que caracterizaba a este pequeño archipiélago.

Por primera vez se logró la verdadera soberanía: los destinos del país dejaron de decidirse en Washington. La palabra “democracia” adquirió su verdadera dimensión popular: se acabó la politiquería, la compra de votos y el fraude electoral. Nunca más hubo un asesinato político o un torturado. Fueron barridas las bases institucionales de la discriminación y se dio un paso gigantesco en su eliminación de la conciencia de las personas.

 Este pueblo, otrora analfabeto, ya tiene más de un millón de graduados universitarios y sus logros son reconocidos universalmente por numerosos organismos internacionales, incluyendo la ONU. La que fuera  neocolonia yanqui tiene hoy una mortalidad infantil menor que Estados Unidos y acaba de presidir la Asamblea Mundial de la Salud. Nuestra meta no es enriquecernos, pero nadie está desamparado ni abandonado a su suerte. Gracias a la Revolución, nos libramos de ser el lupanar del Caribe, un paraíso de la droga, el juego y la prostitución, en manos de la mafia y los marines.

Las páginas de heroísmo que los hijos de este país han escrito en otras tierras del mundo son motivo de respeto y admiración. Sangre cubana abonó la independencia de Angola y Namibia, el fin del apartheid en Sudáfrica y las mejores causas de otros pueblos. Maestros, trabajadores de la salud, constructores, entrenadores deportivos, promotores culturales…, en fin: cubanas y cubanos formados en el internacionalismo por la Revolución, han dado su ayuda generosa desde las cumbres del Himalaya hasta las selvas de la Amazonia, porque comparten el concepto de que Patria es Humanidad.

No ha sido fácil llegar hasta aquí: nuestro pueblo ha logrado sobreponerse ante incontables obstáculos y dificultades inimaginables. Justamente hoy se cumplen 25 años de aquella histórica y profética afirmación de Fidel, en Camagüey, de que aún en el hipotético caso de que se desintegrara la Unión Soviética, seguiríamos adelante con la Revolución, dispuestos a pagar el elevado precio de la libertad y de actuar sobre la base de la dignidad y los principios.

 No se equivocaba el  Comandante en Jefe al confiar en este pueblo que supo resistir los largos y duros años del Período Especial, cuando muchos apátridas trasnochados en Miami ya tenían las maletas listas para venir a observar la caída de la Revolución y pretendían recuperar las riquezas malhabidas y volver a imponer un régimen de oprobio y explotación.

Hoy mantienen plena vigencia aquellas palabras de Fidel pronunciadas en 1989, dos años y medio antes de que ocurrieran esos funestos acontecimientos. Que no sueñen los imperialistas: ese es el mismo espíritu que mueve a los revolucionarios en la Cuba actual, el que está en las raíces de la historia de lucha de nuestro pueblo.  Así lo demostró Céspedes tras la derrota inicial en Yara; Maceo, con su vertical Protesta de Baraguá; Martí, al enfrentar el fracaso de la Fernandina; el propio Fidel después del revés del Moncada y cuando en Cinco Palmas se reunió con Raúl y le dijo que con 7 fusiles ganaban la guerra. Ese ha sido y será el espíritu de lucha sin tregua de nuestro pueblo: en nuestros corazones no cabe el desánimo y en nuestro vocabulario está borrada la palabra derrota.

 No podemos olvidar que hemos llegado hasta aquí gracias a la unidad de todo el pueblo, gracias a su confianza en la Revolución. Esa unidad debemos preservarla  por sobre todo las cosas, pues estamos conscientes de que la lucha no ha terminado, solo ha cambiado la manera en la que pretenden destruirnos. Hoy se aplican formas no convencionales de guerra y se emplean las nuevas tecnologías como instrumento de subversión, teniendo como blanco fundamental a los jóvenes. Lo que no acaban de comprender nuestros enemigos es que las nuevas generaciones son fruto de esta Revolución y han demostrado su compromiso de continuar perfeccionándola y preservar las conquistas alcanzadas.

 Como bien expresara Fidel el 26 de julio de 1959: “¡Cuánto se equivocan los que piensan que Cuba se puede resignar tranquilamente a volver al pasado! (…) Qué equivocados están los que creen que la libertad y la seguridad de hoy, la soberanía de hoy, la gloria de hoy, el prestigio de hoy, el pueblo de Cuba se resignaría mansamente a que se lo arrebataran para volver a imponerles aquel pasado odioso.”

 Cuando asaltamos el Moncada, ninguno de nosotros soñó con estar aquí 61 años después. Me siento doblemente honrado al hacer uso de la palabra en el Día de la Rebeldía Nacional, precisamente en mi tierra natal, de la cual Fidel dijera el 17 de enero de 1959: “A juzgar por los hombres que ha dado a la causa de la libertad… a juzgar por el espíritu patriótico que aquí vibra… bien merece llamarse Artemisa el pueblo más revolucionario de Cuba… ¡Pueblos como este son los que han hecho posible el triunfo de Cuba!”.

 Esa es una realidad permanente hoy en esta tierra, pues en Artemisa, como en toda Cuba, siempre es y será 26. Aquí -como en  Mayabeque-, desde hace casi tres años se aplica con resultados  alentadores la experiencia de perfeccionar el funcionamiento de los órganos locales del Poder Popular, que continuará evaluándose hasta el 2016. También se aplica otro importante experimento en la comercialización de productos agropecuarios, con el objetivo de satisfacer con más eficiencia las demandas de la población en este sector.

Por otra parte, no podemos hablar hoy de las transformaciones en Artemisa, sin mencionar el privilegio y también el compromiso que significa que aquí esté enclavada la naciente Zona Especial de Desarrollo Mariel, cuya importancia es crucial para el desarrollo del país.

 Debemos tener siempre presentes que del empeño de todos depende que logremos desarrollar un socialismo próspero y sostenible, como se recoge en los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución, aprobados en el Sexto Congreso. No abundo más sobre el tema porque en este propio mes se ha brindado una amplia y actualizada información a raíz de las decisiones adoptadas en el Consejo de Ministros, los debates en la Asamblea Nacional y las palabras de clausura en ésta última del General de Ejército Raúl Castro Ruz.

Hace apenas cuatro años, cuando el Comandante en Jefe, con su camisa verde olivo de mil batallas, rindió tributo en este propio lugar a los mártires del 26 de Julio en el Mausoleo que los honra, recordábamos que de aquí partimos 28 de los jóvenes que un día como hoy asaltamos los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Éramos un puñado, pero llevábamos con nosotros el espíritu de todos los artemiseños, que era también el espíritu de Cuba entera. No hicimos más que cumplir con la máxima martiana de que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”.

 De ese mismo principio son ejemplos fehacientes nuestros 5 Héroes, tres de los cuales todavía continúan cumpliendo injustas sanciones encarcelados en los Estados Unidos. No cejaremos ni un instante en el empeño de traerlos de vuelta a sus familias, a la Patria. Después de más de 15 años exigiendo su libertad, nuestra fuerza radica en la justicia de esta noble causa y en el apoyo solidario de millones de personas honestas de todo el mundo.

 Artemiseños, compatriotas: esta es la obra, el mérito, la gloria de todo el pueblo, y sobre todo de los hombres y mujeres que han caído en el empeño. Sin nuestros mártires heroicos, nada de lo alcanzado hasta hoy hubiera sido posible. Rindámosles tributo a todos aquellos que cayeron ofrendando sus vidas por hacer realidad este sueño de la Revolución. Inspirados en su ejemplo, no tenemos otra alternativa que seguir luchando cada día, hasta el último aliento, con la Patria, con la Revolución, y con el Socialismo.

 ¡Gloria eterna a nuestros mártires heroicos!
 ¡Vivan Fidel y Raúl!
 ¡Viva la Revolución Cubana!
 ¡Socialismo o muerte! ¡Venceremos!

Tomado de Cubadebate