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viernes, 8 de agosto de 2014

El Partido Comunista y el futuro de la Revolución cubana: 20 realidades

Omar Pérez Salomón
Transcurridos dos años y medio de la realización de la Primera Conferencia Nacional del Partido, resulta útil acercarse al perfeccionamiento de la organización allí acordado y sus antecedentes. 
  1. El partido es fruto de la Revolución y la garantía de su continuidad histórica. En este sentido el General de Ejército Raúl Castro Ruz, en la clausura de la Primera Conferencia Nacional del PCC, el 29 de enero de 2012, expresó: “No olvidemos que solo el partido, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, solo el partido, repito, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en el único Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, el compañero Fidel Castro Ruz“.
  2. El concepto de partido único para dirigir la Revolución y unir a todos los sectores de la sociedad está en la tradición de Cuba. Fue desarrollado por el forjador de la independencia de nuestro país: José Martí. El Partido Comunista de Cuba nació de dos factores esenciales: la unión de la vanguardia de los revolucionarios cubanos en una dimensión jamás alcanzada; y de una doctrina científica, una filosofía político-revolucionaria: el marxismo-leninismo. Fiel a estos pilares, el partido se perfecciona en esta etapa histórica.
  3. En el seno del partido prevalecen las virtudes revolucionarias, la sencillez, la modestia, el vínculo con las masas, que es lo que le da pujanza, ascendencia y prestigio. Como dijera Fidel: “Nunca por encima de las masas; siempre con las masas, y siempre en el corazón del pueblo. Que nuestra autoridad no emane de ser el partido de la Revolución, o de la autoridad que nos dé el partido por sí mismo, sino que nuestra autoridad emane siempre de la idea, del concepto que el pueblo tenga de los militantes y de los cuadros del partido.”
  4. En Cuba, el Partido Comunista creó, junto al pueblo, una constitución socialista, que en su artículo 5 lo define como vanguardia organizada de la nación cubana, y la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado.
  5. Más de un 60% de los actuales militantes ingresó al partido a partir de que comienza el Período especial, cuando nuestros enemigos e incluso algunos amigos, pronosticaban el derrumbe de la Revolución.
  6. El Partido Comunista de Cuba tiene cerca de 700 mil efectivos, y la Unión de Jóvenes Comunistas más de 350 mil miembros, distribuidos en todos los sectores de la sociedad.
  7. De cada 4,5 cubanos mayores de 16 años, 1 es militante del PCC o de la UJC.
  8. En los últimos cinco años más de un 60% de los ingresos al partido provienen de las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas.
  9. El 17% de los jóvenes entre 19 y 30 años son militantes de la UJC y son cantera para el partido. Un 68% de los militantes del partido tiene menos de 55 años, y un 40% menos de 45 años.
  10. Las mujeres representan un 39% de los militantes del partido y un 52% de los jóvenes comunistas.
  11. Como resultado de un profundo análisis realizado por los militantes del partido y de la Unión de Jóvenes Comunistas, fueron aprobados 100 objetivos de trabajo en la Primera Conferencia Nacional del partido en enero de 2012, con el propósito de realizar las transformaciones necesarias para situarlo a la altura de las circunstancias actuales.
  12. Se encuentra en marcha la revisión de los conceptos, los métodos y el estilo de trabajo del partido en sus relaciones con la UJC y las organizaciones de masas, sobre la base del respeto a su funcionamiento democrático y autónomo.
  13. El partido encabeza las acciones para enfrentar la subversión político-ideológica, incluyendo el impulso partidista a tareas que aprovechan las tecnologías de la información y las comunicaciones como herramientas para el desarrollo del conocimiento, la economía y la actividad política e ideológica, como expresa el objetivo 52 de la Primera Conferencia Nacional.
  14. El partido conduce desde hace varios años el combate contra las manifestaciones de corrupción, el delito y las indisciplinas sociales.
  15. Existen religiosos en las filas del partido. Cualquier creyente, si lo desea puede pertenecer al partido.
  16. En el sistema electoral cubano, el pueblo es quien postula y elige. El partido dirige el proceso y garantiza que se cumplan estrictamente sus principios de acuerdo con la ley.
  17. Uno de los instrumentos de lucha que tiene el partido es la prensa. Se avanza en el empeño de que informe de manera oportuna, objetiva, sistemática y transparente la política del partido sobre el desarrollo de la obra de la Revolución, los problemas, dificultades, insuficiencias y adversidades que debemos enfrentar, y tenga en cuenta las necesidades e intereses de la población.
  18. El partido prioriza el trabajo político e ideológico dirigido al sector educacional y científico, con acciones en el ámbito universitario, los centros formadores del deporte, la cultura y la salud; garantizando la atención al talento que en ellos se forma para servir al pueblo.
  19. A través de la implementación del objetivo 58 de la Primera Conferencia Nacional, se consolida la política cultural de la Revolución, definida por el compañero Fidel desde 1961 en sus Palabras a los intelectuales, caracterizada por la democratización del acceso a la cultura, la defensa de la identidad y del patrimonio, con la participación activa de los intelectuales, artistas e instituciones culturales, en un clima de unidad y libertad.
  20. Bajo la dirección del partido, se ejecutan acciones para perfeccionar la enseñanza y divulgación de la historia de Cuba y de la localidad, en el interés de fortalecer la unidad nacional y promover la comprensión sobre el origen y desarrollo de la nación, la consolidación de un pensamiento propio y la tradición patriótica, cultural, solidaria e internacionalista del pueblo cubano.
Tomado de La Pupila Insomne

jueves, 3 de octubre de 2013

La eternidad de las revoluciones

Por Susana Gómez Bugallo

Hoy [3 de octubre] se cumplen 48 años de que Cuba conociera que la lucha internacionalista de Ernesto Guevara continuaba por otros lugares del mundo. También ese día se presentó el primer Comité Central del que sería, a partir de ese momento, el Partido Comunista de Cuba
Es difícil encontrar carta tan triste para los cubanos como esa. El vacío que causara su partida entre el pueblo que ya era suyo, más allá del sentimiento confuso y desgarrador de quien ve marcharse a un ídolo, traía también la certeza feliz de que otras tierras del mundo recibirían el concurso de sus modestos esfuerzos.

Entonces partió a liberar más mundo. Porque solo se forjaría una nueva sociedad cuando el cambio fuera de todos. Él sería parte de esa historia. Se convertía en la confirmación de que el Che era un eterno revolucionario.

No se le podía pedir su renuncia a la lucha. Cierto es que se le quería aquí, protagonista en el perfeccionamiento de la naciente historia. Pero el Che se parecía solo a él. Y pretender que prolongara su estancia era como pedirle conformidad con un fragmento de la Revolución. Él la quería toda. Había cumplido su deber en estas tierras. Este era momento para despedirse y hacer más.

Aquí quedaba la guía para formar al hombre nuevo. Existía al frente de la profunda transformación cultural y social tan necesaria, ese amigo suyo llamado Fidel (que le sueña vivo porque nunca se ha acostumbrado a su ausencia).

La responsabilidad de Fidel al frente de Cuba era suficiente. El Che estaba consciente de ello. Sabía que era la hora de separarse de ese hombre del que aprendió a apreciar peligros y principios. Dejaba en Cuba la pureza de esas primeras ansias revolucionarias. Pero “el más sagrado de los deberes” lo llevaba a seguir en esa pelea eterna contra el imperialismo.
Y, como dijo Fidel, había que respetar la libertad de ese que iba a empuñar un fusil contra los grilletes de la esclavitud. El orgullo de saberlo cubano de convicción era buen motivo para dejarlo partir.

Bajo otros cielos llegó su hora definitiva. Pero Ernesto Guevara era hombre de palabra. Como escribió y se hizo público ese 3 de octubre de 1965, su último pensamiento habrá sido para Cuba.

En medio de la conmoción de sus letras, leídas por Fidel, se hacía también ese día otra parte de la historia. Adquiría nombre definitivo el Partido de la unidad de los revolucionarios cubanos. El teatro Chaplin respondía ¡comunista! a la interrogación del Comandante sobre la designación que correspondía a esta organización guía, de acuerdo con lo que era y llegaría a ser.

El primer Comité Central se dio a conocer en aquella ocasión, liderados sus cien miembros por Fidel y Raúl como Primero y Segundo secretarios, respectivamente. El diario Granma veía la luz y tendría su inaugural edición al día siguiente.

Ya era Cuba ese “santuario de los revolucionarios del continente” que señaló Fidel en su discurso. Ese lugar donde la palabra comunista honraba y no significaba la ofensa en que la pretendían convertir los imperialistas. “Y dentro de cien años no habrá honra mayor, ni habrá nada más natural y lógico que llamarse comunistas”, afirmaba el líder histórico de la Revolución.

No ha pasado todavía ese siglo vaticinado. Pero muchas palabras de aquel 3 de octubre 48 años atrás, se han convertido en apotegmas que ennoblecen. Y en la convicción de que la historia está a favor de quienes creen en las revoluciones.

“Sabemos la transitoriedad de los problemas. Y los problemas pasan, los pueblos perduran; los hombres pasan, los pueblos quedan; las direcciones pasan, las revoluciones persisten... ¡Hemos aprendido a escribir la historia, y la continuaremos escribiendo!”.

Fuente original Juventud Rebelde

Video en Youtube

viernes, 16 de agosto de 2013

50 verdades sobre Eduardo Chibás

Por  Salim Lamrani, para Radio Miami
Detrás de Chibás, con corbata, Fidel Castro
Principal figura política de la Cuba prerrevolucionaria, Eduardo Chibás, guía y fuente de inspiración de la juventud cubana de la época, fundador del Partido del Pueblo Cubano en el cual militó Fidel Castro, merece ocupar el puesto que le corresponde en la Historia:
 1.  Nacido el 15 de agosto de 1907 en Santiago de Cuba en el seno de una familia acomodada, Eduardo René Chibás y Rivas es el fundador del Partido del Pueblo Cubano o Partido Ortodoxo.
 2.  En su juventud, frecuenta el Colegio de los Jesuitas en Santiago de Cuba así como el Colegio de Belén, como lo haría Fidel Castro unos años después.
 3.  Con 17 años entra en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.
 4.  En sus años universitarios, contribuye a las luchas contra la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933) y se manifiesta el 17 de diciembre de 1925 para exigir la libertad de Julio Antonio Mella, fundador del Partido comunista de Cuba. Participa de modo solidario en su huelga de hambre.
 5.   En 1927, entonces miembro del Directorio Estudiantil Universitario (DEU), se opone a la prórroga de poderes del General Machado y es expulsado de la Universidad de La Habana.
 6.  Chibás paga su compromiso político a un precio alto. En agosto de 1931 es encarcelado y luego condenado a exilarse en 1932.
 7.   A la caída de Machado en agosto de 1933, regresa a Cuba y participa en la Revolución de septiembre de 1933.
 8.  Forma parte del Gobierno Revolucionario de Ramón Grau San Martín y desempeña un papel fundamental en la Comisión Ejecutiva. Liderado por Antonio Guiteras, el “Gobierno de los 100 días”, que empieza el 10 de septiembre de 1933, crea un Ministerio del Trabajo, establece la jornada laboral de 8 horas, elabora un sistema de pensiones y seguridad social para los obreros, legaliza los sindicatos, disminuye los precios de los productos de primera necesidad y decreta la autonomía universitaria.
 9.   Tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista, quien lideraría el país entre bambalinas de 1933 a 1940, Chibás, quien condena firmemente la traición del nuevo hombre fuerte, integra el movimiento Izquierda Revolucionaria.
 10.  Crea el programa radial “La Voz de las Antillas” en el cual reivindica la plena soberanía nacional de Cuba y denuncia la violencia y la corrupción.
 11.  En 1934, participa en la creación de Partido Revolucionario Cubano (Partido Auténtico) que lidera Ramón Grau San Martín, y afirma su pertenencia al pensamiento martiano y antiimperialista.
 12.  En 1939, forma parte de los 76 delegados elegidos a la Asamblea Constituyente y participa en la redacción de la nueva Constitución de 1940.
 13.  En 1940, es elegido al Parlamento Cubano y se convierte en el portavoz del Partido Auténtico. Aprovecha esta tribuna legislativa para denunciar al gobierno de Fulgencio Batista, elegido Presidente ese mismo año.
 14.  El 15 de mayo de 1947, frente a la corrupción del Partido Auténtico cuyo símbolo es el Ministro de Educación José Manuel Alemán, el senador Chibás (desde 1944) decide fundar el Partido del Pueblo Cubano, también llamado Partido Ortodoxo.
 15.  El programa del Partido Ortodoxo de Chibás es progresista y se basa en varios pilares: la soberanía nacional, la independencia económica con una diversificación de la producción agrícola, la supresión del latifundio, el desarrollo de la industria, la nacionalización de los servicios públicos, la lucha contra la corrupción y la justicia social con la defensa de los trabajadores.
 16.  En un memorándum confidencial, Estados Unidos, dueño de la economía cubana, analiza con preocupación el programa ortodoxo: “En cuanto a la política interna, Chibás favorece la ‘cubanización’ de toda la actividad económica, para ‘emancipar a Cuba del imperialismo extranjero’; nacionalización gradual, basada en una compensación adecuada, de todos los sectores y empresas públicas de naturaleza monopolística; ‘libre mercado’ basado en controles estrictos de producción y exportación […]; distribución forzada de tierra de cultivo, impuestos a las propiedades no cultivadas, eliminación del sistema feudal y colonial, uso masivo de la maquinaría agrícola y el desarrollo de proyectos de irrigación y de cooperativas agrícolas. Chibás desarrollaría un sistema de seguridad social controlado por el gobierno que brindaría a los ciudadanos una protección adecuada frente a los riesgos económicos de la vejez, la enfermedad, el desempleo y el deceso, con una protección particular a las mujeres y los huérfanos. Establecería una estructura tributaria sobre una base clara, justa y científica”.
 17.  En términos de política internacional, Washington señala que Chibás preconiza “una colaboración con las instituciones internacionales y una condena de las guerras de agresión”, “una política de paz y el mantenimiento de lazos culturales y comerciales con las demás naciones”, “un repudio del derecho de veto en las Naciones Unidas”, “una defensa del sistema regional interamericano y de la solidaridad hemisférica basada en la igualdad”, “un acceso libre y basado en la igualdad al comercio internacional y a las materias primas”, “una oposición firme a todos los tiranos, ‘de Stalin a Trujillo’ y de ‘Franco a Perón’”.
 18.  Feroz anticomunista, Chibás no esconde su desconfianza hacia el Partido Socialista Popular, el partido comunista cubano de la época, por su colaboración con Fulgencio Batista. A nivel internacional, denuncia regularmente “el imperialismo totalitario comunista de Moscú, el más despótico, cruento y agresivo de la Historia” e incluso brinda su apoyo a Estados Unidos en la Guerra de Corea.
 19.  Los elementos más radicales y revolucionarios de la juventud cubana, como Fidel Castro y Max Lesnik, entre otros, integran las filas del Partido Ortodoxo y brindan su apoyo a Chibás.
 20.  Antes del triunfo de la Revolución, Fidel Castro nunca había militado en otro partido político que el Partido Ortodoxo. Se presentaría incluso al Senado como candidato del Partido del Pueblo Cubano en 1952.
 21.  El Partido Ortodoxo atrae también a la población afrocubana, hasta entonces marginada de la vida política.
 22.  Orador de gran talento, Chibás interviene todos los domingos en la radio, desde 1943 hasta 1951. Su programa en la CMQ es el más popular del país y lo siguen millones de cubanos. Denuncia la corrupción del Estado y afirma su voluntad de edificar una nueva Cuba donde el sello de la honestidad y la probidad marcaría a los dirigentes.
 23.  Con José Pardo Llada, Chibás es el comentarista de radio más popular de Cuba.
 24.  En 1948, participa en la elección presidencial y pierde contra Carlos Prío Socarrás, candidato del Partido Auténtico.
 25.  Chibás se muestra muy crítico con el gobierno de Prío, gangrenado por la corrupción como el de su predecesor Ramón Grau San Martín.
 26.  En 1949, el senador Chibás es encarcelado por acusar al gobierno de Prío de favorecer a la multinacional estadounidense Cuban Electric Company y al Tribunal Supremo de corrupción. “Es un honor ir a la cárcel por defender al pueblo cubano”, declara.
 27.  El lema del Partido Ortodoxo se vuelve famoso: “Vergüenza contra dinero. A barrer con los ladrones”, con un escoba como símbolo.
 28.  En un informe sobre el líder del Partido Ortodoxo para el Departamento de Estado, la embajada estadounidense señala que “Chibás es ante todo un campeón de la honestidad en el gobierno. Es probable que hiciera un esfuerzo real para infundir honestidad en el gobierno”.
 29.  En mayo de 1951, Chibás responde al reto que le lanza el famoso periodista José Pardo Llada, que le reprocha mostrarse indulgente con el Ministro de Educación Aureliano Sánchez Arango, antiguo miembro del Directorio de 1927, el cual tenía como Chibás aspiraciones presidenciales.
 30.  Lo acusa entonces de desviar fondos públicos y de crear un imperio inmobiliario en Guatemala. A pesar de sus afirmaciones, Chibás no presenta las pruebas que prometió a la opinión pública.
 31.  Según Max Lesnik, entonces dirigente de la Juventud Ortodoxa y colaborador cercano de Chibás, éste no disponía de las pruebas materiales para confirmar sus acusaciones.
 32.  Esta inútil polémica tiene graves consecuencias para Chibás, que se convierte en objeto de burla de un sector de la opinión pública: “¡Chibás! ¿Dónde está la maleta?”, en referencia a la maleta de pruebas que prometió.
 33.  La dirección del Partido Ortodoxo, más preocupada de consideraciones políticas y puestos en el Senado y en la Asamblea, abandona a Chibás a su suerte, el cual sólo puede contar con la parte más radical de la Juventud Ortodoxa.
 34.  Afectado por este episodio, Chibás decide inmolarse con la esperanza de despertar la conciencia popular. El 5 de agosto de 1951, tras su discurso en la radio, “El último aldabonazo”, se dispara con una pistola.
 35.  En su último discurso, Chibás denuncia otra vez la corrupción: “Hace cinco siglos el Tribunal de la Inquisición le gritaba a Galileo: ¡Mentiroso! y ¡Engañador! ¡Presenta las pruebas de que la tierra se mueve alrededor del Sol! Galileo no pudo presentar las pruebas físicas del hecho evidente y fue condenado, pero siguió repitiendo, firme en su convicción moral: "¡Pero se mueve!" "¡Pero se mueve!" Hace cinco años acusé al Ministro de Educación José Manuel Alemán, de robar los dineros del material y el desayuno escolar y de estar fomentando en Miami un imperio de propiedades e inmuebles. El Ministro Alemán y todos sus corifeos atronaron el espacio gritando: ¡Mentiroso! ¡Calumniador! ¡Presenta las pruebas! Yo no pude presentar las pruebas físicas de que se estaban robando el dinero del Tesoro Nacional, pero seguí repitiendo, firme en mi convicción moral: ¡Se lo roban!  ¡Se lo roban! Ahora acuso al Gobierno de Carlos Prío de ser el más corrompido de cuantos ha tenido la República hasta el presente y a su Ministro de Educación, Sánchez Arango […] de robarse los dineros del material y el desayuno escolar y de realizar grandes inversiones en Guatemala y otras Repúblicas de la América Central al no permitirle el Gobierno de Washington entrar en los Estados Unidos por sus antecedentes comunistas. […]. Cuba necesita despertar. Pero mi aldabonazo no fue, quizás, lo suficiente fuerte. Seguiremos llamando a la conciencia del pueblo cubano. ¡Compañeros de la Ortodoxia, adelante! ¡Por la independencia económica, la libertad política y la justicia social! ¡A barrer a los ladrones del gobierno!  ¡Vergüenza contra dinero! ¡Pueblo de Cuba, levántate y anda! ¡Pueblo cubano, despierta! ¡Este es el último aldabonazo!”
 36.  Tras once días de agonía, Chibás muere el 16 de julio de 1951 en La Habana.
 37.  Según Lesnik, el verdadero debate histórico y político no es saber si Chibás tenía las pruebas materiales sobre Aureliano Sánchez Arango, sino preguntarse sobre su presencia en un “gobierno de ladrones”: “¿Qué hacía el honrado Aureliano en un gobierno de ladrones, defendiendo a los ladrones?”
 38.  Más de un millón de personas asisten a su entierro en el cementerio de Colón de La Habana, en lo que quedará como la más importante velada fúnebre de la Historia de Cuba.
 39.  En vísperas de las elecciones presidenciales de junio de 1952, Chibás, adulado por el pueblo, era el candidato favorito del escrutinio. Según un sondeo del 20 de mayo de 1951 que realizó la revista Bohemia, el líder ortodoxo tenía más de 10 puntos de ventaja sobre los demás candidatos y era el favorito de todas las categorías sociales.
 40.  Un memorándum confidencial de la embajada de Estados Unidos del 11 de julio de 1951 subraya que “Chibás es el candidato favorito”.
 41.  El 10 de marzo de 1952, apenas siete meses después de la desaparición de Chibás y a tres meses de las elecciones presidenciales, el general Fulgencio Batista rompe el orden constitucional y derroca al gobierno de Prío. La dictadura militar duraría seis años, hasta el triunfo de la Revolución Cubana en 1959.
 42.  Sin la muerte de Chibás, la ruptura constitucional no habría ocurrido. Según Fidel Castro, “con Chibás vivo no habría podido dar el golpe de Estado, porque el fundador del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) lo observaba de cerca”.
 43.  En marzo de 1952, Fidel Castro lanza un llamado “a los bravos militantes del Partido glorioso de Chibás” a luchar contra la dictadura militar de Batista.
 44.  La mayoría de los miembros del Movimiento 26 de Julio que fundó Fidel Castro para luchar contra Batista procedían de las filas del Partido Ortodoxo: “Prácticamente todos los miembros […] que cayeron en el Moncada o en la Sierra […] procedían de las filas ortodoxas”, recuerda el líder de la Revolución Cubana.
 45.  El legado moral, revolucionario, antiimperialista y martiano de Chibás fue la principal fuente de inspiración de la Revolución Cubana.
 46.  El 16 de enero de 1959, tras la caída de Batista, Fidel Castro acudió a la tumba de Chibás y le rindió homenaje.
 47.  “La historia de la Revolución, la historia del 26 de julio, está íntimamente ligada a la historia de esta tumba. Porque debo decir aquí que sin la prédica de Eduardo Chibás, sin lo que hizo Eduardo Chibás, sin el civismo y la rebeldía que despertó en la juventud cubana, el 26 de julio no habría sido posible. El 26 de julio fue, pues, la continuación de la obra de Chibás”.
 48.  Según Fidel Castro, las ideas de Chibás se convirtieron en “la causa, en la idea y la ilusión de todo el pueblo”.
 49.  Chibás fue un personaje político de una indiscutible probidad, símbolo de la honestidad en un país marcado por la corrupción.
 50.  Como José Martí, Antonio Maceo, Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras y Fidel Castro, la figura y las ideas de Eduardo Chibás marcaron la Historia de Cuba y forman parte del legado político y antiimperialista del pueblo cubano.

*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Contacto: lamranisalim@yahoo.fr ; Salim.Lamrani@univ-reunion.fr
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

martes, 26 de marzo de 2013

Mella, la teoría revolucionaria y el Partido: Un legado para nuestra militancia

Por Felipe de J. Pérez Cruz*


Julio Antonio Mella nació el 25 de marzo de 1903 en la ciudad de La Habana, y sin haber llegado a cumplir los 26 años de vida, marcó con su ineludible presencia, todo el Siglo XX cubano. Es una figura histórica vital y polémica, pensador de herejías precursoras, militante decisivo para entender el movimiento comunista de su tiempo.

La acción criminal del imperialismo y su lacayo de turno al frente de la neocolonia, sólo le permitió dedicar seis años a la lucha revolucionaria -de finales del 1922 al 10 de enero de 1929- y en ese tiempo alcanzó el más alto protagonismo de su generación y nos legó un pensamiento de riqueza extraordinaria, con una diafanidad y agudeza que hoy, no sólo sorprende sino que, sobre todo, mantiene frescura y trascendencia, actualidad. Mella es imprescindible para pensar el socialismo en el Siglo XXI.

En el 110 aniversario del nacimiento de Mella, desde el escenario de socialismo cubano, sus logros y retos, considero oportuno tratar el tema de Mella y el Partido. Los principios martianos y leninistas del actual Partido Comunista de Cuba, constituyen fundamentos de orden ideológico, teóricos, organizativos y táctico-estratégicos, que están en la base del proyecto revolucionario y su sistema político. Sin embargo no siempre nos ocupamos de su estudio y debate. En esta dirección el fundador Julio Antonio Mella nos dejó una propuesta no suficientemente conocida.


La militancia comunista
Antes del contacto con el movimiento obrero y comunista, Julio Antonio Mella, líder del movimiento estudiantil y de la Reforma Universitaria, no comprendía en toda su dimensión, la protesta de los trabajadores, no podía hacerlo desde los arranques vitalistas de revolucionarismo juvenil. Entonces creía en la necesidad de una élite, preferentemente de jóvenes, que destruyera mediante la acción las lacras neocoloniales y las ominosas diferencias sociales. Mella reclamaba para sí el protagonismo del peruano Manuel González Prada (1844-1918): “los viejos a la tumba y los jóvenes a la obra” (1). Pronto comprenderá que la revolución no es “una cuestión de glándulas, canas y arrugas,” y que a pesar del ímpetu y la rebeldía juvenil, también hay jóvenes tan viejos como el pensamiento retrógrado del que son portadores.

En medio del combate estudiantil encontrará Mella la solidaridad militante de la clase obrera. El sindicalismo revolucionario de Alfredo López (1894-1926) y el magisterio del marxista Carlos Baliño (1848-1926), le ratifican que no puede haber verdadera reforma universitaria sin liberación nacional y socialismo; y que la unidad obrero estudiantil tiene un carácter estratégico, en el combate revolucionario. La vinculación de Mella con la clase obrera, con López y Baliño, le abren una nueva y definitoria universidad. Eran precisamente los momentos en que maduraba el proceso de constitución de la clase obrera cubana como una clase nacional con conciencia de sí y para sí. Y López y Baliño representan las figuras cimeras de este proceso.

De la mano del precursor Carlos Baliño, desde finales de 1923 Julio Antonio se acercó al incipiente movimiento marxista cubano. En diciembre de 1923 es un activo miembro de la Agrupación Comunista de La Habana. La presencia de Carlos Baliño y de los militantes de esta Agrupación, en la fundación de la Universidad Popular “José Martí” el 3 de noviembre de ese año resulta un hecho indicador de tal relación. Cuando Mella el 31 de enero de 1924, tras el fallecimiento de Vladimir Ilich Lenin (1870-1924) (2), interviene en el homenaje realizado en el ultramarino pueblo de Regla, en la colina que quedó desde entonces bautizada con el nombre del genial conductor de la Gran Revolución de Octubre, ya cumplía su primera tarea de Partido. 


José Martí
El joven que se adentraba en el mundo de la militancia comunista, lo hacía acompañado de José Martí Pérez (1853-1895). Desde muy joven había encontrado en los textos del Apóstol la ideología revolucionaria y la eticidad que lo compulsan a rebelarse contra las lacras de la república neocolonial. El avanzado pensamiento martiano le daría a Julio Antonio Mella una gran ventaja sobre otros revolucionarios que en Latinoamérica y el Caribe abrazaron la causa del proletariado.

Con Martí, Mella parte de un escalón superior. Martí aporta a Mella junto a su sustantiva eticidad revolucionaria -el valor del ejemplo-, un método histórico político de conocimiento de la sociedad. La política y la sociedad no fueron concebidas por Martí como asuntos puramente teóricos, sino como cuestiones vivas y concretas, que debían ser analizadas con el propósito de actuar sobre ellas de acuerdo con fines y objetivos fijados de antemano (3).

En momentos en que Carlos Marx (1818-1883), y Federico Engels (1820-1895) desarrollaba su sólida argumentación anticapitalista, Martí toma la especificidad de la América Latina y el anticolonialismo como sus puntos de partida e instrumentos intelectuales, supera al liberalismo e inicia los análisis críticos de la modernidad desde el mundo colonial y el anticolonialismo. Y con esta perspectiva hace una propuesta singular de superación mediante procesos de liberación que instituyan individuos más libres y capaces, constructores de sociedades liberadas con Estados nacionales, formación de ciudadanía y justicia social. Se trata esencialmente de una propuesta de superación del liberalismo predominante.

De Martí y también de los filósofos Enrique José Varona (1849-1933) y José Ingenieros (1877-1925), Julio Antonio Mella, aprendió el valor de la subjetividad humana, del componente espiritual, de la dignidad, la moralidad y el patriotismo de los hombres. Al entroncar con el marxismo encuentra, precisamente los principios integrativos de esos valores universales, con la realidad económica social y las formas y vías de su realización efectiva. El leninismo le abre una dialéctica de continuidad, cambios y rupturas que serían decisivas para su innovadora mirada marxista.

El nacionalismo revolucionario y antiimperialismo martianos se le revelan en toda su trascendente dimensión. Mella comprende al hombre que se adelantó a su tiempo, y supo ver como la independencia de Cuba pasaba por una definición ideológica acerca del papel nefasto de los Estados Unidos y en consecuencia, la necesidad de lograr la unión latinoamericana y caribeña contra su enemigo principal. Así llega a entender que el antiimperialismo martiano a la altura de la segunda década del Siglo XX, sólo sería viable si era anticapitalista, y que la ideología más avanzada para pensar el futuro era la comunista. Y fue totalmente consecuente con estos hallazgos (4).

La lectura de la trascendencia de Martí se completa en Mella con el magisterio de Carlos Baliño. Reconocido como activista marxista en el seno de los emigrados cubanos en Tampa y Cayo Hueso a fines del siglo XIX, Baliño entendió la magnitud y pertinencia de la tarea nacional liberadora de José Martí, y lo secundó en la fundación del Partido Revolucionario Cubana en 1892. En la república neocolonial, oligárquica y burguesa, que los Estados Unidos imponen contra la nación a partir 1902, el veterano marxista se dedicará a forjar la conciencia socialista y marxista en la naciente clase obrera, en lucha constante con las concepciones obreristas, anarquistas y anarcosindicalistas, que no consideraban el problema nacional. En tal misión una y otra vez recurriría a levantar el legado de Martí y de la emigración proletaria que fue base y sostén del Partido Revolucionario Cubano. No es casual que Julio Antonio conociera a Baliño en el local obrero del barrio centro-habanero de Cayo Hueso, fundado en 1912 por los tabaqueros cubanos repatriados

En la tradición de Baliño, Mella declaró a la clase obrera cubana de la época, heredera y continuadora de Martí, y defendió con tesón la línea del ideario democrático revolucionario martiano en los combates de los comunistas cubanos. Esta concepción será el nervio central de la Universidad Popular “José Martí”.
Martí posee una visión totalizadora sociocultural del devenir histórico y el presente de los pueblos (5) que se proyecta desde el Sur colonizado y representa una alternativa civilizatoria, que difiere del eurocentrismo que caracteriza a las teorías surgidas en el Viejo Continente, aspecto que el marxismo no pudo superar. Se destaca en tal contribución la definición martiana sobre la necesidad de asumir crítica y creadoramente el pensamiento más avanzado de la época que se vive, desde el saber también crítico y creador de las tradiciones culturales nacionales, y el valor de los estudios y la construcción histórica, como fuentes de formación de valores e instrumental político prospectivo, en función de la interpretación y transformación revolucionaria de la realidad social. Y este legado preparó a Mella para asumir el marxismo y el leninismo desde una postura creadora, opuesta a los dogmas y las asimilaciones miméticas de experiencias revolucionarias válidas en otras circunstancias.
Mella comprende el extraordinario paso dado por el hombre en el camino de su liberación con el triunfo de la Gran Revolución de Octubre, sin embargo, en su primigenio homenaje a Lenin afirma: “No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones hechas por otros hombres en otros climas...” (6). La diáfana comprensión del problema del sujeto de la Revolución, le ratifica que para el nuevo mundo que abrieron Lenin y los bolcheviques “...lo principal son Hombres, es decir, seres que actúen con su propio pensamiento y en virtud de su propio raciocinio, no por el raciocinio del pensamiento ajeno”(7).

Julio Antonio Mella en 1924, con solo 21 años, llega de la mano de Martí, de manera inequívoca, al problema central que estaría en el centro de los debates, de las victorias y derrotas del movimiento comunista de América Latina y el mundo, hasta hoy: “La causa del socialismo en general,...es la causa del momento, en Cuba, en Rusia, en la India, en los Estados Unidos y en la China. En todas partes. El solo obstáculo es saberlo adaptar a la realidad del medio” (8).. Ningún otro dirigente comunista europeo, asiático o latinoamericano vio tan tempranamente este eje fundamental, determinante en toda la historia posterior del movimiento comunista. Lo seguiría José Carlos Mariátegui (1895-1930) en 1928, con su conocido: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He ahí una misión digna de una generación nueva”(9).


La fundación del Partido
Los días 16-18 de agosto de 1925, Mella participa en la fundación del primer Partido Comunista de Cuba (PCC). Fue delegado al Primer Congreso Nacional de Agrupaciones Comunistas por la Agrupación Comunista de La Habana y la de Manzanillo, que al no tener recursos económicos para enviar a sus representantes delegó en el joven. El hecho significativo de ser designado por la Agrupación Comunista de La Habana, donde militaban reconocidos luchadores del movimiento obrero, y aún algo más sorprendente, que comunistas como los manzanilleros, alejados de la capital, al otro extremo del país, también hicieran recaer sobre Mella su confianza, nombrándolo para representarlos, y su posterior elección como dirigente del PCC, nos ratifica lo enorme que era el prestigio alcanzado por joven líder del movimiento de la Reforma Universitaria. 

Durante las sesiones del Congreso, Julio Antonio tuvo una activa participación en las discusiones y debates. Cumplió cabalmente la responsabilidad que se le dio -las secretarías Prensa y Publicidad-, y sobre todo se destacó por su modestia y honradez revolucionarias: preguntó lo que no sabía, discutió con fervor sus ideas, mostrando su capacidad de atender las opiniones contrarias a las suyas y aceptarlas cuando estas eran las más correctas. El Congreso fue para Mella una escuela, sus maestros, los revolucionarios más experimentados y, sobre todo, el comunista mexicano Enrique Flores Magón (1877-1954), representante del partido de su país y de la Internacional Comunista.

Los presupuestos programáticos aprobados en el Congreso, ratificaron los veintiún puntos aprobados en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista (1920), y en tanto el Partido que nace asume su membresía como Sección de la Internacional Comunista. En el Congresos se fijan las demandas específicas de la clase obrera, los trabajadores y campesinos cubanos, como la jornada de ocho horas y no al pago en vales; el derecho al uso de todas las vías de comunicación controlados por los monopolios; la creación de un impuesto sobre el capital y la nacionalización de los servicios públicos. El nuevo Partido enarbolará la lucha contra la discriminación racial y apoyará los posicionamientos de las mujeres trabajadoras en el movimiento feminista. 

El primer Congreso de los comunistas cubanos definió que la tarea principal de los militantes, era la de llevar las tesis revolucionarias al seno de las organizaciones de masa de los trabajadores y el pueblo, a los sindicatos y liceos, a los campesinas, la juventud y la intelectualidad. El PCC se propuso ampliar su impacto político desde el trabajo de base, y para ello incrementar la creación de células del Partido.

Mella fue elegido, con solo 22 años, miembro del Comité Central del PCC junto con su maestro Carlos Baliño de 77 años, cinco trabajadores y otro intelectual.


Lenin y Martí: una genuina articulación
La aprehensión del marxismo y el leninismo en Julio Antonio Mella estuvo condicionada al limitado y fragmentado conocimiento de las obras de los clásicos que existía en la época y el débil desarrollo de la filosofía y la sociología marxista al desaparecer sus más geniales creadores. Debido a ello y a las propias condiciones en que esta descollante figura desarrolló sus luchas, su visión del marxismo tiene las limitaciones comunes al movimiento comunista internacional de aquellos años, pero lo verdaderamente trascendente es como a pesar de esto, alcanzó una estatura teórica de notable relieve, original y coherente, eminentemente revolucionaria, dentro de la propia teoría y práctica revolucionarias de la época.

Hay en Mella un constante crecer ideológico y político. Sí a principios de 1925 Mella asume la Revolución Social como un “hecho fatal e histórico, independiente de la voluntad de los visionarios propagandistas”(10), en 1926 ya percibe que lo más importante es estar “capacitados para aprovechar el momento histórico” (11) y en 1927 comprende las alternativas que se avecinan y proclama en ruptura con esa visión “fatalista”, así afirma “que la liberación nacional y social no se nos concederá por misericordia” (12). Ya sobre 1928, el pensamiento de Julio Antonio ha madurado extraordinariamente, lo que se aprecia de manera nítida en la revisión que realiza, con vistas a una nueva publicación, de su trabajo de 1924, “Cuba un pueblo que jamás ha sido libre” (13). Gira mucho alrededor de la estrategia y las tácticas adecuadas de la revolución latinoamericana y, en particular para el logro de su desenlace positivo en Cuba.

De Lenin, con más pasión y certeza aún, reincorpora Julio Antonio Mella una definitiva lectura de Martí. En “Glosas al pensamiento de José Martí", ensayo escrito por Mella en 1926, el joven pensador dejó testimonio de su profunda mirada sobre el legado ideológico y político del Apóstol. Este sería el primero y más medular ensayo sobre José Martí de la primera mitad del Siglo XX cubano.

La obra organizativa y el programa liberador e internacionalista del Partido Revolucionario Cubano, con sus bases proletarias en Tampa y Cayo Hueso, enriquecen su concepción revolucionaria de la Historia de Cuba y le demuestran las raíces precursoras de los ideales de justicia social e independencia nacional que enarbolan los comunistas. El democratismo revolucionario y la necesidad y el hacer organizacional martianos dentro de un partido político, su labor propagandística y periodística, el trabajo de masas, le dotan de esencias que confirman, la teoría y práctica partidista leninista, ya para el momento en camino de una empobrecedora esquematización burocrática.

En Mella se produce una genuina articulación del pensamiento martiano con el marxismo y el leninismo. Es que Mella incorpora el marxismo y el leninismo a la ideología revolucionaria cubana como programa de asimilación cognoscitivo, valorativo y práctico transformador de la realidad. Y comprende desde sus primeras incursiones teóricas al socialismo, que éste sólo puede funcionar en una cultura de manera histórico concreta, fundido con la herencia espiritual y práctico transformadora en la que se incluye. Así inició el controvertido pero vital camino, de identificar y reconocer en las obras de Marx, Engels y Lenin - así como en la Gran Revolución Socialista de Octubre y en los procesos revolucionarios del momento, en la India y China-, junto a sus extraordinarios méritos, lo estrictamente referido al pasado siglo XIX o comienzos del XX, lo ruso o asiático, de lo universal e históricamente trascendente. Esta claridad ontológica le otorga al joven líder cubano, una visión política novedosa frente a la mayoría de sus contemporáneos del movimiento comunista, que seguían acríticamente los puntos de vista y las orientaciones elaboradas por el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética.

Mella comprende primero que muchos otros dirigentes comunistas la esencia del planteamiento de Lenin sobre el problema nacional en las condiciones de un país subdesarrollado y semicolonial. Ve con claridad que la ideología encarna los intereses de determinados sujetos sociales concretos, ante todo clasistas, pero su miraje no reduce el marxismo al estrecho análisis sociológico o económico que por entonces, dado el desconocimiento del conjunto de las obras y la vida revolucionaria de Marx, Engels y Lenin, predominaba. Precisamente el estudio de las tesis leninistas llevaría a Mella a fijar las limitaciones de la estrategia y la táctica de la Internacional Comunista en el ámbito latinoamericano; matizadas en conjunto, por un desconocimiento de la tradición y la cultura de nuestros pueblos, a lo que se sumaba la apreciación esquemática del proceso histórico y del movimiento revolucionario del área. Un punto cardinal será la defensa de la tesis de que la revolución socialista en los países coloniales y neocoloniales tenía que ser ante todo nacional, y definitivamente antiimperialista.

En 1926 Julio Antonio afirma: “La lucha contra el imperialismo de todas las fuerzas y tendencias es la lucha más importante en el momento actual... tenemos el deber de plantear el problema “nacionalista” para unos, el “social” para otros pero antiimperialista para todos” (14). A la crítica del mesianismo y de las propuestas pseudo revolucionarias de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA dedica en 1927 ¿Qué es el ARPA?, uno de sus principales trabajos teóricos sobre la revolución latinoamericana. Un año después (1928) Mariátegui en su ruptura definitiva con Haya de la Torre, confirmará los criterios del joven comunista cubano: "La revolución latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista. A esta palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: «antiimperialista», «agrarista», «nacionalista-revolucionaria». El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos" (15).


El Partido
La militancia en el Partido de los comunistas vincula definitivamente a Julio Antonio Mella con el trabajo político diario, en el seno de la clase obrera y del pueblo. ¿Qué es un comunista? se preguntaría, para responderse: “El revolucionario sincero que acepta el programa del Partido y contribuye diariamente con su trabajo a realizarlo” (16).

Para Julio Antonio el Partido tenía entre sus más trascendentales tareas la de “construir la vanguardia inteligente del proletariado. Pues no “basta QUERER emancipase” había “que saber” hacerlo. Había que estar preparados para “comprender y dar satisfacción al anhelo justo de las multitudes” (17).

Para Mella tanto el “obrero inculto” –en el sentido de la instrucción educacional y la cultura política que necesita un revolucionario- como el intelectual reformista que no ha roto el puente que lo une a la burguesía, son sujetos que deben ser reeducados dentro del Partido. Y propone: “Enseñar a los obreros lo que es el socialismo como crítica, como organización, como ciencia, y pone al no obrero en contacto con la masa trabajadora, en la célula, en el comité, en la local, en el campo, en la distribución de propaganda. He aquí el trabajo que hará al partido verdadera vanguardia de la clase obrera y campesina”. Esta labor de crear trabajadores de la Revolución hará al partido fuerte y de un solo haz, irrompible en la lucha de hoy y capaz mañana de realizar su misión desde el poder” (18).

El estudio resulta para Mella una condición de principio. Sus compañeros recuerdan el especial cuidado que concedía a la preparación teórica. La preocupación de Mella y su círculo más cercano de amigos y colaboradores por el estudio de la historia y la teoría revolucionaria ayudó a su toma de partido y creó las sólidas bases de su sorprendente madurez teórica. 

Mella privilegia la labor directa de los militantes persona a persona: “cada miembro del Partido debe ser un propagandista diario y eficaz”... El comunista que lo lleva un poco de convencimiento a alguien en los días que pasan entre junta y junta es un comunista inútil, una rémora (19).

Mella defendía una posición principista sobre la disciplina que partía de la concepción partidista leninista y se aleja diametralmente del autoritarismo, el voluntarismo y la negación de la democracia interna, que se instauró en el movimiento comunista internacional a partir del decisivo XIV Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética (1925). Junto a la defensa de la “necesidad de una dirección, de una disciplina...” (20), Mella postula también la necesidad “de un estudio, de un perfeccionamiento diario en la acción y la teoría, para servir mejor la causa”(21).

Resulta importante subrayar que Julio Antonio no asume el criterio de “funcionario” para el cuadro profesional del Partido, concepto creado por el liderazgo estalinista tras burocratizar la dirección del Partido y fundirla con el Estado. De la mano de Lenin aboga por la necesidad de la formación de los intelectuales orgánicos del proletariado, de “revolucionarios profesionales”, procedentes de las filas intelectuales y obreras, a los que define como “trabajadores de la revolución”. Nada es en Julio Antonio “funcional” a una jerarquía burocrática partidista.

La concepción de sometimiento y anulación del individuo, tanto en aras de la gran causa, como en la adoración al “gran líder” –a su vez transmutada en obediencia a los dictados de la burocracia partidista-, que paralizó el aporte de los sujetos colectivos en el diseño, la organización y evaluación del proyecto socialista soviético, sería fuertemente cuestionada por Mella. Así la imprescindible “unidad de pensamiento en el Partido” será para el joven líder un proceso de “creación” en el que participa toda la militancia y el pueblo revolucionario: “Esta labor-insistía- no es solamente del Comité Ejecutivo y de la redacción del órgano oficial del Partido, sino que ha de ser también obra de los locales del Partido, de las células en la fábricas, de los simpatizantes en general”(22).

Preservar el carácter de vanguardia lúcida, organizada y combativa del Partido Comunista, en la lucha revolucionaria; asegurar la solidez y unidad orgánica e ideológica de su militancia y organizaciones; y el cuidar y profundizar constantemente la estrecha vinculación de los comunistas con las masas, con su sentir y necesidades históricas; constituyen las tres ideas centrales que recorren la concepción de Mella sobre el Partido. 


Mella, teoría y praxis
El recorrido político ideológico de Julio Antonio Mella desde las posiciones del romanticismo antiimperialista hasta las de serio y persistente luchador comunista, es el fruto de una comprometida visión martiana del mundo y de la Revolución, que el joven líder supo articular con la teoría científica, la metodología y el instrumental, creado por Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Lenin. En Mella se expresan las doctrinas básicas de la ideología de la Revolución Cubana: acerca de la independencia nacional, el antiimperialismo, el latino americanismo, la emancipación social y la dignificación del hombre.

Mella construye teoría revolucionaria, precisa y define el lugar, el papel y la naturaleza de nuevo tipo del Partido Comunista martiano y leninista que necesita la Revolución, y lo piensa tanto para que cumpla su tarea inmediata de la toma del poder, como en la perspectiva de las misiones des enajenadoras y constructivas que se acometerán tras el triunfo de Revolución Socialista. La riqueza de su aporte resulta vital en la impostergable y urgente tarea de pensar el socialismo que queremos y podemos construir, en la misión de fortalecer el Partido de la Revolución, martiano, marxista, leninista, comunista.

Julio Antonio Mella reconoce el papel de las ideas en la lucha y al mismo tiempo señala la necesidad de la acción concreta. En sus Glosas martianas, junto a las trincheras de ideas -en perfecta consecuencia- sitúa las trincheras de piedras. La vinculación entre teoría y práctica, entre la idea y la acción, constituiría para Julio Antonio Mella la clave de la transformación social y este es el mensaje que trasladó a sus contemporáneos, y a quienes hoy peleamos el socialismo.

La práctica del hacer revolucionario, el trabajo concreto de masas, la articulación y la madurez de los sujetos y las personalidades resultarán decisivas. No siempre una buena teoría halla la oportunidad histórica, la inteligencia y audacia de sus promotores, la debilidad operacional de las resistencias. Julio Antonio Mella comprendió esta realidad y con agudeza proclamaba: “donde cambia el aspecto de la cuestión es cuando hay que practicar las frases. Entonces se da uno cuenta del gran abismo que va de la realidad a la teoría” (23). Los esfuerzos del fundador cubano por poner en práctica los criterios más revolucionarios, el cómo enfrentó y venció las contradicciones dentro de las propias filas del movimiento comunista de la época; conforman una historia que merece ser más conocida, y a la que dedicaremos otra entrega.


Notas
  1. Julio Antonio Mella: Editorial de “Juventud”, en Mella: Documentos y Artículos. La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1975. p. 79.
  2. Falleció el 21 de enero de 1924.
  3. Ver: Isabel Monal: “José Martí, del liberalismo al democratismo antimperialista. Revista Casa de las Américas, La Habana, Año XIII, N. 76. Enero-febrero, 1973.
  4. Fernando Martínez Heredia: “Los dilemas de Julio Antonio Mella, Rebelión, http://www.rebelion.org 30-05-2005.
  5. Ver. Olivia Miranda: Historia, Cultura y política en el pensamiento revolucionario martiano. La Habana : Editorial Academia, 2002.
  6. Julio Antonio Mella: “Lenine coronado”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit., p. 87.
  7. Julio Antonio Mella: Lenine coronado”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 88
  8. Julio Antonio Mella: “Los Nuevos Libertadores”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 124.
  9. José Carlos Mariátegui: “Aniversario y Balance”, en Amauta Año III, No 17. Lima, setiembre de 1928.
  10. Julio Antonio Mella: Cuba un pueblo que jamás ha sido libre”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 182.
  11. Julio Antonio Mella: “Carta a Sarah Pascual”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 257.
  12. Julio Antonio Mella: “Mensaje de Mella a los Estudiantes”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 279.
  13. Ver ejemplar de “Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre”. Imprenta El ideal. Federación de Torcedores. 1925, en Archivo del Instituto de Historia de Cuba (AIHC), La Habana, Fondo Primer Partido Comunista de Cuba, PE, 2.1/1/8/1-22.
  14. Julio Antonio Mella “Carta a Gustavo Aldereguía”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 259.
  15. José Carlos Mariátegui: "Aniversario y balance", Ob. cit.
  16. Julio Antonio Mella: “Nuestras enfermedades infantiles”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 427.
  17. Julio Antonio Mella: “Mensaje a los compañeros de la Universidad Popular”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 229.
  18. Julio Antonio Mella: “Nuestras enfermedades infantiles” en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 428
  19. Julio Antonio Mella: “Nuestras enfermedades infantiles”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 427.
  20. Julio Antonio Mella: “Nuestras enfermedades infantiles”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 427.
  21. Julio Antonio Mella: “Cursillo para corresponsales”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 290.
  22. Ident. ant.p.288.
  23. Julio Antonio Mella: Proletarios de todos los países, uníos...”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 200

*Doctor en Ciencias Pedagógicas. Profesor e investigador. Presidente en La Habana, de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC).


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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Contextos y descontextos


CONTEXTOS Y DESCONTEXTOS
Por Hugo Chinea.

La descontextualización es una astucia. No puede pasar, no puede ser vendida como un  análisis serio de la realidad cubana. A  medio siglo de un proceso que no ha dejado de ser cambiante y dinámico,  caracterizado precisamente por su capacidad de adaptación según las circunstancias, suprimir los contextos es más que un crimen de lesa ignorancia: es una acción consciente de desvalorización.

Apenas iniciado el año 59, Eisenhower, Presidente entonces de los Estados Unidos de Norte América, no se ocultó para nada en descalificar la Revolución cubana y organizó los primeros actos de terrorismo de estado y desestabilización con la desembozada intención de liquidar a Fidel Castro y ahogar la Revolución que en fecha tan temprana procuraba, esforzadamente, saldar deudas de justicia social y equidad con su pueblo neocolonizado hasta entonces.

Los muchos emigrados, todos apresuradamente idos de Cuba a Estados Unidos, principalmente a Miami, con la intención de regresar enseguida, nada más derrocado el poder revolucionario que para ellos era inminente -acostumbrados a ver caer gobiernos progresistas, líderes de izquierda asesinados, instauración de dictaduras y gobiernos lacayos subordinados y sobornados a la preeminencia yanqui en toda la línea- no cesaron de instigar, conspirar y organizarse para el regreso que, a la altura de 196l, ya habían comprendido que no podría ser de otra manera que por las malas, es decir, por la fuerza.

Ataques terroristas desde el mar, secuestro de buques y de pescadores, de aviones de pasajeros, infiltraciones clandestinas, contagio de plagas a animales y plantas, la creación de más de una decena de organizaciones contrarrevolucionarias clandestinas, de focos de alzados en diferentes puntos de la geografía montañosa,  la preparación de un ejército de mercenarios para desembarcar con  la intención  anunciada de reinstalar la republiquita  de políticos corrompidos y burgueses entreguistas al mando yanqui desde su embajada en La Habana, conformaron todo una urdimbre de presiones, acoso y guerra contra el país.

Estados Unidos canceló la cuota azucarera que Cuba vendía en el mercado norteamericano, principal ingreso de la economía, con la perversa intención de doblegar al gobierno revolucionario.  Se negó a aceptar la nacionalización compensada - un derecho de todos los  pueblos de la tierra- de parte de las propiedades de las transnacionales ese país en las esferas más productivas y sensibles de la economía cubana. Rompieron sus relaciones diplomáticas y decretaron el bloqueo más injusto y prolongado de la historia. Frente a todo, Cuba, firme, no hacía más que defenderse y  acelerar  el proceso de profundización y radicalización de la revolución cubana.

Por otra parte, representantes de las fuerzas políticas internas en el gobierno y otras estructuras no cejaban de poner zancadillas y todo tipo de impedimentos al programa de liberación nacional emprendido desde los primeros días de 1959.

La URSS decide comprar nuestra azúcar, suministrar el petróleo necesario para evitar la paralización del país  y, además, facilitar créditos y otros insumos materiales indispensables para mantener  la nación con vida, iniciándose una relación económica y también política que con el paso de los años se haría más decisiva y profunda.

La reacción interna creó las condiciones para acaparar productos de primera necesidad  con la finalidad de crear la escasez y con ella el malestar, la insurrección, el clima necesario para violentar la vida del país y promover la contrarrevolución abierta y la consecuente caída de la Revolución.

Siempre en una relación defensiva-ofensiva, la Revolución cubana no tenía más alternativa que procurar neutralizar, primero, y descabezar, después, las fuerzas internas que desde la política y la economía pretendían escamotearle al pueblo sus conquistas. Segura de la justeza de las medidas y de la capacidad del  pueblo para respaldarlas, la dirección revolucionaria optó entonces por normar los alimentos estableciendo una cuota y la libreta de abastecimiento -que dura hasta nuestros días- con el propósito de garantizar un mínimo indispensable de productos a la población, y emprendió la  denominada ofensiva revolucionaria de 1968, que no dejó títere particular con cabeza en la producción ni  los servicios, extendiéndose hasta las más simples barberías, cafeterías y vendedores de rasco rasco…

La libreta de abastecimiento no constituía ninguna novedad. Después de la II Guerra Mundial prácticamente toda Europa se vio en la necesidad de establecer cartillas de racionamiento de alimentos y otros productos. En Cuba las autoridades le auguraban una corta duración, no más de seis u ocho meses. Se trataba, entonces,  de aguantar el palo.

En la vida política se hacía indispensable un partido, el brazo político de la revolución  para conducir desde ahí el proceso. Surgen así, sucesivamente, las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI); más tarde con la denominación de Partido Unido de la Revolución Cubana (PURS) y finalmente, en 1975 como Partido Comunista de Cuba.

El país entraba en una fase crítica de protección y defensa de lo alcanzado y de lo que en aquellos años era considerado el modelo de sociedad a seguir, lejos del capitalismo depredador y más cercano a una especie de profesión de fe, tal vez como la de aquellos primeros cristianos ajenos al lujo de las iglesias y su corruptela, los que se realizaban en la lucha, del lado de los más pobres y desposeídos. Fue ese el periodo del combate al cabello largo y los pantalones enfundados, a las parejas de novios en las escuelas,  a las creencias religiosas y reticencia a las diferencias y preferencias sexuales; el culto a vestir de miliciano, no beber en público, ser honrado, ser cortés; la épica de los trabajos voluntarios, de los cortes de caña, de subir al pico Turquino, de enrolarse como combatiente; de los variados extremismos…

Ni socialista, ni comunista, pese a la denominación del Partido Comunista y único del país, más fidelista que otra cosa, el país se adentró en un proceso que, aislado del mundo exterior -bloqueado, acosado por el imperialismo yanqui y toda su cohorte de lacayos de los más disímiles pelajes y países, de la manipulación de sus medios de difusión, de cultura y entretenimiento- se unió como un solo bloque detrás de su líder máximo, el que había rescatado al país y continuaría, a pesar de los pesares, de lo desmesurado de los gastos en comparación con el nivel de la economía, los programas de educación, de salud, ciencia, cultura y deportes. Esos que han hecho grande a este país.

En definitiva comer, aunque fuera magramente, sin morirse de hambre, bien valía la pena para sostener lo que para muchos en el mundo tales empeños y logros parecían quimeras.

Cuba se convirtió en un bastión de resistencia frente al imperialismo yanqui. De unidad de todo un pueblo junto a su líder y al Partido; de un país de analfabetos en uno de los más sobresalientes en los niveles educacionales de su población. En un pueblo sano, dotado de un sistema de salud que hoy es referencia mundial y en el que los niños son sus joyas más queridas. En un referente científico. En uno de los países más solidarios del planeta… En un ejemplo revolucionario para América Latina y para los pueblos sometidos y desesperanzados. Pueblos pobres. Pueblos marginados. Pueblos no pueblos

De una u otra manera, los principales dirigentes de los movimientos y gobiernos revolucionarios, los que  ha alcanzado el  poder, y los que aún no, reconocen la influencia, el papel de Cuba, en el proceso revolucionario que se vive hoy en toda América Latina.

¿¡Qué habría sido de Cuba si se somete en cada coyuntura?! ¿¡ Qué de América Latina?!

¡Salve la existencia de un Partido único y de un dirigente sin par como Fidel Castro!

Una etapa nueva se abre ahora. Efectivamente. Como sentenciaba el Che, si no lográbamos remontar los rezagos  de la vieja sociedad con métodos diferentes, “habría que volver a los caminos trillados”

Se camina ahora, más vale tarde que nunca, por esos caminos. De aprovechar todo lo bueno que el capitalismo ha creado, descortezándolo, conservando el ideal de equidad y justicia que ha inspirado  la Revolución, del desarrollo en todos los campos de la economía y la vida social con la introducción de las técnicas más avanzadas, vengan de donde vengan, conservando la unidad del pueblo en defensa de sus conquistas, con la  elección y promoción de los mejores para todos los cargos y responsabilidades y con un Partido -uno solo, uno es suficiente- que dé cabida al debate y la crítica constructiva y sea capaz de continuar representando y de guiar al pueblo.

De sujetar vanidades, es posible  discernir, utilizando nada más que un tilín de inteligencia y sentido común, lo que este país ha creado en medio siglo y el tamaño de su compromiso histórico.

Y contextualizar la historia. Contextualizarla, amigos. Que las coyunturas tienen su propia leyenda. Tirar por los pelos no hala gigantes.

Lo mejor es rectificar, lo peor es persistir en los errores.

Errores habidos hay, pero en la balanza de la Gloria, apenas un grano son.