Por Wilkie Delgado Correa
En
ocasión del 65 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, uno puede preguntarse y preguntar qué hacen esos hombres
extraordinarios cumpliendo esas sanciones bárbaras en los Estados
Unidos, por qué no se les ha indultado a pesar del reclamo mundial en
este sentido y por qué aún permanecen en las prisiones federales,
después de tantos años en ellas, esos otros Mandelas de nuestro tiempo.
En
estos días el mundo entero rinde honores a Nelson Mandela, cuya
significación hoy, en los días de póstumos homenajes, tal vez alcanzarán
una dimensión mayor que los recibidos en vida después de su
excarcelación, tras su permanencia en la cárcel durante 27 años por su
lucha por la libertad e igualdad de los sudafricanos negros y su
enfrentamiento al régimen de opresión del apartheid.
¿Cuántos
sufrimientos tuvo que soportar en plena juventud y madurez de su
existencia por combatir en forma armada y pacífica, junto a su pueblo,
contra uno de los regímenes más oprobiosos del mundo? ¿Cuánto odio y
venganza se lanzaron contra él y el grupo de dirigentes que le
acompañaron en la cárcel, y, por supuesto, contra el pueblo negro
sudafricano? ¿Cuántos calificativos perversos y viles trataron de
vilipendiarlo y presentarlo como un engendro monstruoso, mezcla de
terrorista y comunista, y como si ambas cosas fueran posibles de existir
en un solo hombre? ¿Qué significó en dolor y muerte, en enajenación y
violación de derechos humanos la instauración del régimen del apartheid?
¿Cuántos millones de seres humanos de la raza negra, amplia mayoría de
Sudáfrica, sufrieron las terríficas condiciones que les impusieron a
sangre y fuego, mucho mayor en la medida que aumentaban su resistencia y
rebeldía?
Hoy
que una vez más, en ocasión de su desaparición física, se le rinden los
honores merecidos a Nelson Mandela, y no obstante la naturaleza
generosa de ese gran hombre, es un deber recordarlo todo. Y no se puede
recibir con complacencia y a ultranza las frases hipócritas vertidas por
algunos que son herederos, como representantes de gobiernos de
determinados países, de la historia vergonzosa de contubernio y
participación directa en apoyo de aquel régimen genocida. Tampoco se
puede olvidar la acción de aquellos países que mantuvieron a Mandela y
su organización política en la lista como terroristas hasta fecha
bastante reciente, como lo fue Estados Unidos. Y no se puede dejar de
pensar y preguntarnos por qué junto a las loas de ahora, no llegan a
manifestar, junto a las expresiones de condolencias, las disculpas
condignas por haber sido partícipes de tan horrenda injusticia
histórica?
Por
otra parte, si se llegase a la conclusión de que todo el mundo requiere
una “segunda oportunidad”, frase empleada por Obama en cierta
oportunidad, debe recordárseles a todos, en ocasión del 65 aniversario
de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que el país que
pretende erigirse en gendarme guardián de estos derechos, al estilo
pretoriano del apartheid, tiene en sus cárceles a luchadores del calibre
y temple de Mandela. Y por eso mismo se impone exigir una mirada que
ponga a la luz del día universal a esos otros Mandelas que todavía
guardan una prisión injusta y bárbara en los EE.UU. y otros países del
mundo. Para este ejercicio, inspirados en la más pura sensibilidad
humana y guiados por una conciencia del bien y la virtud, se requiere un
acercamiento a las ideas de Madiba. A este respecto bastaría ésta:
“Después de escalar una montaña muy alta descubrimos que hay otras
montañas por escalar.”
Empezando
por un ciudadano de casa, ahí está el caso de Leonard Peltier, que es
prisionero político del gobierno estadounidense y que en febrero del
2014 habrá cumplido 38 años en prisión. Fue condenado a dos sentencias
de por vida, por el doble crimen de ser indio norteamericano y ser
defensor de los derechos de su pueblo. Y con seguridad está perseguido
por el pensamiento racista del general Philip Sheridan resumida en la
sentencia que pronunciara hace más de 100 años: "el único indio bueno es
el indio muerto."
Y
Peltier, al estilo de Mandela, como sustento de sus luchas y de las
razones para su larga condena, manifiesta su descargo ideológico de esta
manera: "...Soy un preso del odio, el egoísmo y la mentira y la
ignorancia y la injusticia de la gente que nos supera en número a mí y a
mí pueblo. Ellos bajaron en mis costas y pisotearon mi patria. Ellos me
han impuesto su cultura, religión y leyes. De ahí que mi pueblo es hoy
menos que ayer cuando llegaron a nuestras costas con sus promesas
falsas. Yo soy toda esa voz india y grito desde millones de tumbas con
almas inquietas..."
Ahí
está el puertorriqueño Óscar López Rivera, con 70 años de edad, y el
prisionero más antiguo de América Latina y el Caribe, que tiene ya 32
años cumplidos, y que fuera condenado por su participación en la lucha
independentista de Puerto Rico a 70 años de prisión en dos causas
sucesivas. A mayor abundamiento, ya pudiera estar en libertad, pues
Clinton decretó su clemencia limitada en 1999, si Óscar no hubiera
rehusado tal clemencia por solidaridad con otros dos compañeros
prisioneros, que no fueron incluidos en el indulto. Debo apuntar que
también Mandela hubo de rehusar su libertad condicionada por el régimen
sudafricano, y por ello debió continuar en la cárcel hasta su liberación
definitiva.
Y
¿acaso no es cubano por esencia Óscar López, si el ideal
independentista del Partido de José Martí incluía a Cuba y Puerto Rico
como parte de la lucha, si ambas corrieron suertes parecidas, aunque a
Puerto Rico le tocó la peor, a consecuencia de la intervención
oportunista de los Estados Unidos en la guerra que libraba Cuba contra
España, y si como expresara en los inicios de 1900, la poeta
puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, “Cuba y Puerto Rico son / de un
pájaro las dos alas / reciben flores o balas / sobre el mismo
corazón…”?
Y
naturalmente está el caso que en estos tiempos concita las mayores
manifestaciones de solidaridad a nivel internacional, o sea, el de los 5
Héroes cubanos. Fueron condenados injustamente a penas descomunales,
por el delito y supuesta transgresión de la ley del imperio
estadounidense por luchar contra el terrorismo organizado contra su país
por mafias cubano-norteamericanas asentadas en Miami.
Después
de la liberación de René González, tras cumplir su sentencia de 15 años
de prisión, permanecen en cárceles de los EE.UU. cuatro de ellos. Uno
puede preguntarse y preguntar qué hacen estos 4 cubanos antiterroristas
cumpliendo esas sanciones en los Estados Unidos, por qué no se les ha
indultado a pesar del reclamo mundial en este sentido y por qué aún
permanecen en las prisiones federales, después de 15 años en ellas, con
estas definiciones carcelarias: Fernando González (con fecha de
liberación para el 27 de febrero del 2014); Antonio Guerrero (con fecha
de liberación para el 18 de septiembre del 2017) y 3 años adicionales de
libertad supervisada; Ramón Labañino (con fecha de liberación para el
30 de octubre de 2024); Gerardo Hernández (sin fecha de liberación pues
está condenado de por vida a dos cadenas perpetuas más 15 años).
Cuánta razón y verdad encierra el mensaje de Gerardo Hernández Nordelo, redactado el mismo día de la muerte de Mandela: “Quienes
dedican ilimitados recursos a borrar y reescribir la historia, y lo
tuvieron en sus listas de “peligrosos terroristas”, hoy sufrirán de
amnesia colectiva.
Quienes
lo agraviaron negándole un homenaje en la Ciudad de Miami, por abrazar a
Fidel y agradecer la ayuda de Cuba a Äfrica, hoy tendrán que callar
avergonzados.
Los
Cinco seguiremos enfrentando cada día la injusta prisión –hasta el
final- inspirados en su ejemplo de lealtad y resistencia.”
Y
qué gesto de honradez, qué expresión de gratitud, reflejan las palabras
pronunciadas por Mandela en su visita a Cuba en 1991: “Los
internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia,
la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los
principios y el desinterés que la caracterizan.
Yo
me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda
masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al
pueblo de Angola –en una escala tal que nos era difícil creerlo- cuando
los angolanos se vieron atacados en forma combinada por las tropas
sudafricanas, el FNLA financiado por la CIA, los mercenarios y las
fuerzas de la UNITA y Zaire en 1975 (…) Nosotros en África estamos
acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar
nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de
África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de
uno de nosotros”.
A
estas afirmaciones de Mandela, habría que agregar que tres de nuestros
Cinco héroes -René, Fernando y Gerardo-, cumplieron misión como
combatientes internacionalistas en la República de Angola.
En
este momento histórico en que las campanas doblan por la humanidad
doliente y en honor a Nelson Mandela, ¿es aceptable para la conciencia
humana esta realidad atroz de seres humanos excepcionales confinados en
ergástulas infernales? ¿Acaso no podrá la injusticia más despiadada, ser
vencida por una justicia generosa y racional? ¿Permanecerá el
presidente Obama como un témpano de hielo sin ejercer el perdón
presidencial o indulto, que sería justicia en estos casos? ¿Se escuchará
al fin en la Casa Blanca el clamor universal por la liberación
inmediata de todos estos hombres? Cuándo el presidente Obama diga sus
palabras ante los restos de Mandela en capilla ardiente, ¿tendrá en
mente la historia de ese Héroe acosado por calumnias y mentiras,
persecución, detención y condena brutales? ¿Tendrá en mente los reclamos
que le han hecho para que libere a los otros Mandelas presos en su país
y cuyas historias él conoce perfectamente?
De
todas formas, los héroes verdaderos llevan en sí la fuerza colosal que
requiere la humanidad, cansada de derrotas, para asumir como paradigmas
sus proezas y virtudes a la hora de librar sus batallas, de proseguir la
marcha indetenible en busca de las verdades que le permitan alcanzar la
luz y la felicidad.
La
suerte y el destino de los héroes no pueden ser ignorados, no pueden
pasar inadvertidos ante nuestras miradas y conciencias. Sus
motivaciones, acciones, ideas y sueños, y también sus sacrificios, deben
ser conocidos por todos los que un día tras otro sueñan con la imagen
de un mundo más justo y mejor. Los héroes deben acompañar nuestras
existencias para sentir muy cerca sus influencias bienhechoras e
imprescindibles. El aliento de ellos nos debe incitar a ascender los
peldaños superiores de la escala humana y desafiar, como Sísifos de
estos tiempos, cuantas condenas pretendan aherrojar y estigmatizar
nuestras vidas.
Tomando
como referencia las ideas de José Martí, Héroe Nacional de Cuba,
trataremos de reivindicar con sus palabras a esos hombres gigantes,
afirmando que en ellos van miles de hombres, van pueblos enteros, va la
dignidad humana. Esos hombres son sagrados. Porque esos son héroes: los
que pelean por hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y
desgracia por defender una gran verdad. Esos hombres generosos están en
el bando de los que fundan, construyen y aman. En el bando contrario y
enemigo, están los que odian y destruyen. Ellos son los que pelean por
ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por
quitarles a otros pueblos sus tierras. Estos no son héroes, sino
criminales.
En un homenaje de despedida para Nelson Mandela, digamos con el corazón en las manos:
¡Honor y Gloria para Nelson Mandelo y libertad para los otros Mandelas presos todavía!
*Médico cubano; Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.
Mostrando entradas con la etiqueta Sudafrica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sudafrica. Mostrar todas las entradas
miércoles, 11 de diciembre de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
Sacerdote luchador contra ‘apartheid’ pide a Obama que libere a los 5 Cubanos
Aunque Ud. no lo crea: el Herald difunde noticia sobre Los 5 sin llamarlos "espías de Castro"Sacerdote luchador contra ‘apartheid’ pide a Obama que libere a los 5 Cubanos / EFE
Miami
-- El sacerdote Michael Lapsley, conocido por su lucha contra el
“apartheid” de Sudáfrica, pidió el viernes al presidente de EEUU, Barack
Obama, que libere a los cinco cubanos condenados por espionaje en EEUU,
por los que dice sentir “un gran amor y afinidad”.
La carta del sacerdote, víctima de un intento de asesinato con una carta bomba que obligó a la amputación de sus manos, fue difundida hoy para hacerla coincidir con el día 5, por “los 5 Cubanos”, como se conoce a Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González.
Fueron condenados hace doce años a distintas penas de cárcel en EEUU por conspirar y operar como agentes extranjeros. Hoy sólo está en la calle René González, que salió de la cárcel en octubre de 2011 tras cumplir una condena de 13 años, pero no podrá regresar a Cuba hasta octubre de 2014, cuando termine la libertad vigilada impuesta.
Todos ellos integraban la red “Avispa”, que fue desmantelada en 1998, y los cinco reconocieron ser agentes del Gobierno de La Habana, pero dijeron que no espiaban a EEUU, sino a “grupos terroristas de exiliados” que conspiraban contra Cuba.
“Recuerdo vívidamente la sensación de alegría, alivio y, lo más importante, esperanza que su victoria (electoral) representaba”, dice la carta de Lapsley sobre la noche en que Obama ganó sus primeras elecciones.
Añade que “la única comparación que puedo hacer de lo que sentí esa noche en 2008 fue lo que sentí cuando después de siglos de lucha el ‘apartheid’ fue derrotado en Sudáfrica”.
“Quisiera poder seguir sintiendo esa esperanza sobre lo que su presidencia representa -escribe-. Estoy apelando a ese sentido de justicia natural que vi en usted esa noche para que libere a cinco hombres cubanos que llegaron a EEUU en los 90 para supervisar las actividades de grupos terroristas contra Cuba en el sur de la Florida”.
El sacerdote recuerda que esos hombres “están cumpliendo largas sentencias en sus cárceles e incluso a las esposas de dos de ellos se les niega visas para visitarlos”.
“Estoy seguro que con todo el apoyo internacional que tienen estos hombres usted debe estar bien enterado de este caso y que usted podría liberarlos a través del poder que le otorga la Constitución de EEUU”, apunta el escrito atribuido a Lapsley.
Además se pregunta: “¿Qué podría ser más noble que lo que hicieron estos 5 hombres en la guerra contra el terrorismo y en defensa de su patria?”.
“Personalmente siento un gran amor y afinidad por los 5 cubanos porque soy una víctima del terrorismo a consecuencia de una carta bomba que durante los últimos días del régimen del ‘apartheid’ en 1990 destruyó mis manos y me quitaron un ojo, produciendo además otras lesiones”, manifestó.
Explica que el ataque fue “una reacción de odio” hacia mi trabajo como sacerdote inmerso en la lucha de liberación contra “uno de los sistemas más brutales de opresión racial que el mundo haya visto” y añade que “Cuba siempre se levantó en apoyo al pueblo de Sudáfrica contra esa opresión”.
Lapsley asegura en el escrito que, a modo de “pequeño gesto” para “saldar la deuda que mi país tiene con Cuba”, ha visitado a uno de los encarcelados, Gerardo Hernández, que cumple cadena perpetua, algo que le recuerda “cómo nuestros mejores líderes fueron encarcelados, no porque fueran delincuentes, sino porque buscaban libertad y justicia para todos”.
“La animosidad que ha tenido EEUU hacia la isla de Cuba durante décadas no tiene que ser una carga para usted, que tiene una posición única para ser un agente de cambio activo ayudando a forjar un mundo mejor”, dice a Obama.
En su opinión, el “simple” hecho de liberar a los cinco cubanos no sólo es “lo correcto”, sino que “hará brillar los ojos de toda una nación que ve a estos hombres como héroes” y será un catalizador hacia la normalización de las relaciones bilaterales, así como hacia “la cicatrización de la familia humana. Sé que está en usted y apelo para convocar ese valor”.
Read more here: http://www.elnuevoherald.com/2013/04/05/1447081/sacerdote-luchador-contra-apartheid.html#storylink=cpy
Contenido Relacionado
Agente cubano en libertad provisional en EEUU pide permiso para viajar a Cuba
Imagen agregada RCBáez
martes, 18 de enero de 2011
Resplandores nucleares en el Atlántico Sur II
Por Salvador Capote
En 1974 Shimon Peres asumió el ministerio de Defensa de Israel; poco tiempo después se reunió secretamente en Ginebra con el primer ministro John Vorster de Sudáfrica y acordaron una cooperación estratégica para la defensa mutua (1).
Pretoria aprobó la venta de 50 toneladas de mineral de óxido de uranio (“yellowcake”) a Tel-Aviv. Ese año Sudáfrica comenzó la construcción en Pelindaba de una planta para el enriquecimiento de uranio. Más tarde, Vorster aprobó los fondos para la fabricación de una bomba de uranio “tipo cañón” así como para las excavaciones y la infraestructura de un sitio de pruebas en el desierto de Kalahari. Israel había decidido fabricar una bomba táctica de neutrones y para lograr este objetivo necesitaba disponer de los vastos espacios de Sudáfrica para realizar sus pruebas nucleares.
En Naciones Unidas, la Resolución 3379 del 10 de noviembre de 1975 determinó que “el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial” y recordó la Resolución 3151 G (XXVIII) del 14 de diciembre de 1973 que condenó “la alianza impía entre el racismo sudafricano y el sionismo”. Mientras tanto, la construcción de la planta de Pelindaba llegaba a su fin y comenzaba la instalación de los equipos.
En marzo de 1976 Shimon Peres visitó Sudáfrica y, al mes siguiente, Vorster le devolvió la visita. Como resultado de las conversaciones, Sudáfrica recibiría vehículos blindados, helicópteros, radares y otros equipos bélicos y transferencia de tecnología militar a cambio de óxido de uranio y, además, Israel podría utilizar el desierto de Kalahari o áreas del océano al sur de Ciudad del Cabo para pruebas nucleares (2).
Por esa fecha, Sudáfrica contrató con Francia la construcción en Koeberg de un reactor nuclear y comenzó la excavación de pozos profundos para la realización de ensayos nucleares en el campo de prácticas de bombardeo de Vastrap, al nordeste de Upington, en el desierto de Kalahari.
En Angola, en ese año de 1976, derrotados en el frente norte los invasores del Zaire de Mobutu, el FNLA -engendro de la CIA-, y sus mercenarios; y en el frente sur la invasión sudafricana con sus títeres de UNITA, la guerra había terminado y tocaba el turno a la diplomacia. Una actitud enérgica de la URSS hubiera podido lograr fácilmente al menos los dos objetivos fundamentales exigidos por Cuba: prohibición a los sudafricanos de intervenir nuevamente en Angola y la independencia de Namibia. (3)
Nada de esto tuvo lugar y la guerra se prolongó durante más de una década con frecuentes incursiones de fuerzas sudafricanas al territorio angolano desde sus bases en Namibia, mientras el régimen de Pretoria ganaba tiempo para desarrollar el arma nuclear en complicidad con Tel Aviv.
Este contubernio se vio favorecido por el ascenso al poder en Israel, en 1977, del derechista partido Likud, deseoso de establecer estrechos lazos con Pretoria. En Sudáfrica, en 1978, John Vorster se retiró como primer ministro, P.W. Botha, ministro de Defensa, tomó su lugar y continuó impulsando con más fuerza el programa para la obtención del arma nuclear. Numerosos científicos israelitas pasaron a trabajar a Sudáfrica.
A comienzos de 1977 Israel negoció con Sudáfrica el intercambio de 30 gramos de tritio por otras 50 toneladas de mineral de óxido de uranio. El tritio es pieza clave en la fabricación de bombas de hidrógeno por lo que esta transacción se toma como prueba de que el régimen del apartheid tenía entre sus planes construir bombas termonucleares.
En Julio de ese año, el satélite soviético Cosmos 922 detectó los preparativos para un ensayo nuclear en el desierto de Kalahari. La inteligencia soviética envió entonces un segundo satélite con el fin de obtener una imagen más cercana del sitio de Vastrap. El 2 de agosto, el satélite obtuvo imágenes que comprobaban los preparativos para una prueba nuclear subterránea. Cuatro días después, el jefe de la misión diplomática soviética en Washington se presentó en la Casa Blanca con un mensaje urgente de Brezhnev para Carter: una prueba nuclear en Vastrap “tendría las más serias e incalculables consecuencias para la paz y la seguridad internacionales”. El 7 de agosto, un avión sin señales de identificación, perteneciente al attaché militar estadounidense en Pretoria, fotografió, volando a baja altitud, el sitio de Vastrap. Unos días más tarde, un satélite norteamericano fue desviado de su ruta con el objetivo de obtener más detalles. Estados Unidos trataba en realidad de cubrir las apariencias pues Sudafrica le había informado previamente de su intención de realizar pruebas nucleares (4).
La Unión Soviética pidió cooperación a Estados Unidos para detener el programa sudafricano de armas nucleares, cooperación que podría llegar incluso a un ataque a la planta nuclear de enriquecimiento de uranio de Pelindaba, pero Estados Unidos se opuso. Mientras la Unión Soviética se abstenía de actuar unilateralmente, la CIA y algunos servicios de inteligencia occidentales aprovecharon la situación para obtener de Sudáfrica el acceso a la estación de vigilancia de señales de comunicación de Silvermine, cerca de Ciudad del Cabo, lo cual les permitió monitorear el tráfico en el Atlántico Sur y el Océano Indico (5).
El 4 de noviembre de 1977, el Consejo de Seguridad de la ONU impuso un embargo total de armas a Sudáfrica que en la práctica resultó papel mojado. A partir de entonces, la investigación científica continuó en Pelindaba pero la producción clandestina de la primera bomba atómica sería tarea de la empresa South African Armaments Corporation (ARMSCOR) con instalaciones a 12 millas al oeste de Pretoria.
En enero de 1978, la planta de Pelindaba produjo su primer uranio enriquecido y para el mes de diciembre habían fabricado cantidad suficiente para una primera bomba, pero los ingenieros tardarían más de un año en construir el prototipo. Por esta razón y otras evidencias, la mayor parte de los expertos consideran que fue una pequeña bomba de neutrones israelí la que causó los resplandores nucleares del 22 de septiembre de 1979 en el Atlántico Sur.
Durante la siguiente década los sudafricanos continuaron intercambiando con los israelíes uranio por armas y tecnología nuclear. En abril de 1980 lograron completar la producción del primer prototipo de Bomba A U-235, con el nombre de Melba, una réplica sin alta tecnología, pero segura y confiable, de la “Little Boy” lanzada por los norteamericanos sobre Hiroshima, con una potencia de 12.5 kilotones. El primer prototipo tenía muchos defectos por lo que la producción de nuevas bombas se pospuso durante varios meses y luego, resueltos los problemas técnicos, continuó a razón de aproximadamente una bomba por año. Las bombas A sudafricanas medían seis pies de largo, 2 pies de ancho y pesaban 2,200 libras. Podían ser lanzadas desde un bombardero “Buccaneer” o mediante misiles balísticos desarrollados con ayuda israelí, de un alcance de 1,000 a 1,500 millas, imitaciones del Jericó-2 IRBM (6).
El 22 de diciembre de 1982 el ANC realizó un ataque que causó daños de consideración al reactor nuclear sudafricano Koeberg-1 en respuesta a la masacre perpetrada por el ejército racista en Maseru, Lesotho. Las reparaciones duraron dos años y estuvieron a cargo de las empresas Framatome de Francia y Westinghouse Corporation de Estados Unidos (7).
En mayo de 1985, un traficante de California, de nombre Richard Smyth, fue obligado a comparecer ante un gran jurado en Los Ángeles acusado de enviar ilegalmente a Israel, en 15 oportunidades entre 1980 y 1982, embarques de mecanismos que actúan como una especie de gatillo o disparador para iniciar explosiones nucleares. Estos mecanismos, llamados “krytrons” fueron comprados en EG & G Inc., una compañía con sede en Wellesley, Massachusets, especializada en equipos nucleares. Israel prometió devolver “una parte” de los 800 “krytrons” recibidos, con lo cual el Departamento de Estado quedó benévolamente satisfecho (8).
Mientras tanto, en Angola, el ejército sudafricano incursionaba desde Namibia con el pretexto de atacar los campamentos de la SWAPO pero su principal objetivo inmediato era ayudar a UNITA en el establecimiento de una zona “liberada” en el sur del país. La guerra, sin embargo, era demasiado costosa para Pretoria y, a partir de 1985, con la crisis política y económica agudizándose, iban adquiriendo mayor relevancia los sectores más derechistas y aventureros, que consideraban el uso del arma nuclear como la única opción de supervivencia para el régimen de minoría blanca.
Pronto, tendrían lugar acontecimientos que cambiarían para siempre la historia de África.
(Continuará)
- Thomas C. Reed and Danny B. Stillman: “The nuclear express”, Zanith Press, 2009, p. 173.
- Thomas C. Reed and Danny B. Stillman: Idem, p.174.
- Fidel Castro: “Kangamba”, Cubadebate, 30 de sept. de 2008.
- Murrey Marder and Don Oberdorfer: “How West, Soviets acted to defuse S. African A-test, keeping S. Africa out of the nuclear armaments club”, Washington Post, Aug. 28, 1977.
- Sacha Polakow-Suransky: “The unspoken alliance”, Pantheon Books, N.Y., 2010, p. 114.
- Thomas C. Reed and Danny B. Stillman: Idem, p. 181.
- Zonde Masiza: “A chronology of South Africa’s nuclear program”, The Nonproliferation Review, Fall 1993.
- Robert S. Greenberger and Eduard Lachica: “California man indicted in sale of gear to Israel”, The Wall Street Journal, May 17, 1985.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)