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lunes, 2 de marzo de 2015

Falleció el poeta José Luis Moreno del Toro

Con profundo pesar comparto esta noticia:
"Hemos conocido del lamentable fallecimiento, en la mañana de ayer domingo 1ro de marzo de 2015, del destacado poeta y narrador José Luis Moreno del Toro. En nombre de la Asociación de Escritores de la UNEAC expresamos nuestro más sentido dolor por la pérdida del entrañable amigo y compañero, a la vez que transmitimos nuestro pésame a familiares y amigos.

Nació en Holguín en 1943. Médico de profesión, ejerció como profesor de cirugía general en el Hospital Universitario “General Calixto García”, de La Habana, hasta su desaparición física.

Como miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y de esta Asociación, fue, además de un reconocido escritor, un activo promotor de la cultura de la nación, especialmente de su poesía. Recibió la Distinción por la Cultura Nacional de la República de Cuba (1993), El Hacha de Holguín(1993), Ciudadano Honorífico de Colombia (1997), El Escudo de la Ciudad de Gibara (1995), entre otros reconocimientos. Presidió la cátedra de Cultura Cubana del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana.

Entre otros libros publicó los siguientes poemarios: Carta (1983), Va pue… Poemas casi nicaragüenses (1986), Beber de la lluvia (1988), Poemas de Granada, Granada, España (1994), Otras formas del insomnio, Medellín, Colombia (1996), La otra mordida de la manzana, Medellín, Colombia (1997), Cantigas Salvadas (2000), Agualuna del Otoño (2002), Violeta ya no vive aquí (2003) y la antología Mar de Leva en el 2007.

Sus poemas fueron traducidos a varios idiomas. Su relato Flor de Pino, publicado en Nicaragua en 1984, fue llevado al cine por la realizadora Laura López y recibió premios internacionales en festivales de cine y televisión. Su obra también fue musicalizada, entre la que se destaca su poema Si yo fuera mayo, cuya música fue compuesta por José Antonio Quesada y Martha Campos, con arreglo de Pepe Ordaz e interpretada por Sara González. El 15 de noviembre de 2013, en ocasión de su 70 cumpleaños, la Asociación de Escritores lo homenajeó con el estreno en la sala Rubén Martínez Villena del documental Un hombre muy simple, del realizador Idalberto Betancourt Cordero, dedicado a su vida y a su obra.

“Ni el poeta encontró al médico, ni el médico encontró al poeta. El poeta y el médico se encontraron en un cruce de caminos”, con estas palabras de Moreno se inicia el documental, en el que confiesa haber tenido momentos de mucha felicidad en su vida: “La felicidad se escribe con letra grande, de molde… no es algo que se alcanza, sino algo a donde uno va”. En uno de sus poemas escribió que la felicidad “no es una estrella azul en el horizonte, sino el largo camino hacia ella”.


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Asociación de Escritores UNEAC
17 y H, Vedado, La Habana
(537) 832-4152 / 832-4571 ext. 238


Tomado de un comentario en Segunda Cita

domingo, 11 de enero de 2015

UNEAC: templo cultural para gente íntegra, no para asalariadas

Por Ángel Bravo, Cubainformación


En días recientes a propósito de la provocación y fracaso del performance que pretendía hacer en la Plaza de la Revolución la señora Bruguera, se han escrito importantes artículos, que esa señora debería leer y ojalá comprenderlos, para que aterrice y logre ubicarse, y nunca más vuelva a jugar de artista -menos todavía en estos tiempos que viven Cuba y Estados Unidos-, en un escenario político de relaciones bilaterales, en el que ni ella, ni sus amos tienen cabida.

Como era de esperar, Bruguera tenía a su favor toda la orquestación mediática internacional de los enemigos de la Revolución Cubana. Gracias a ese favor, fue fácil saber los objetivos que perseguía. Con esos aliados, volvía a desnudar su alma entera. El dicho popular acierta: “dime con quién andas y te diré quién eres”. ¡Hicieron mucho ruido, para poca oferta!

A pesar de la enorme publicidad con la que contó para su performance, el pueblo cubano ni si quiera se enteró y otros ni se interesaron, porque estaban celebrando el retorno total de los Cinco héroes, hijos del pueblo revolucionario. Los pocos que llegaron el 30 de diciembre a la Plaza de la Revolución fueron turistas que querían sacarse fotos con los rostros de Camilo y el Che -ellos no tenían ni la menor idea de quien era Bruguera-, y uno que otro despistado que llegó por equivocación. La frustración de los grandes medios comerciales acreditados en La Habana -que tenían las cámaras listas-, fue más grande que la Plaza.

Lo más rescatable que trajo esta fracasada provocación, fue lo que hizo Bruguera algunos días después (el 05 de enero): devolver la Distinción por la Cultura Nacional y renunciar a la membresía de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)

La UNEAC es la catedral de la cultura cubana; pertenecer o ser distinguida por ella, tiene un gran valor humano y cultural, que no puede ser medida materialmente (aunque Bruguera haya usado ese reconocimiento para hacer dinero, sirviendo a los intereses de sus amos). El significado histórico que tiene la UNEAC en la Revolución Cubana, solo alcanza a entenderse a partir de las grandes personalidades que siempre promovieron y defendieron la cultura y los intereses de la nación. A ella están ligados intelectuales y escritores como: Nicolás Guillen, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Lisandro Otero, Roberto Fernández Retamar, Pablo Armando Fernández, Miguel Barnet entre otros.

Hizo bien Bruguera con su renuncia a la UNEAC, porque ahí no hay lugar para asalariados, sino para personas íntegras, que ponen pluma, arte, obra y vida al servicio de un pueblo.
El mismo 05 de enero, personas leales y dignas como Antonio Guerrero, Fernando González, Ramón Labañino y René González llegaron a la UNEAC (Gerardo Hernández no asistió porque estaba acompañando a su esposa, previo al parto de Gema), para agradecer a todos los creadores cubanos, por haber contribuido desde el arte a que se conociera el caso y promovieran a que miles de personas en el mundo se sumaran a la lucha por su liberación. Por supuesto que Bruguera no forma parte de esos creadores cubanos.

Las palabras de Antonio expresadas ese día en la UNEAC, resumen bien, la integridad de los Cinco héroes (apegados a los valores más humanos y desprendidos de cualquier interés material). Al referirse a lo que seguirán haciendo a partir de ahora, parafraseando a José Martí dijo: “De lo que hice no me acuerdo, solo me acuerdo de lo que voy a hacer”. Y termina con un pensamiento que Bruguera y sus amos debieran entender: “A nosotros nos tocó lo que hubieran hecho millones de cubanos, millones de personas en el mundo, no rendirnos ante el chantaje, el soborno, la presión…”

Ocupa Walt Street, Tania Bruguera y Carlos Alberto Montaner

Enrique Ubieta Gómez - Blog "La isla desconocida".- 

Especulo: seguro que Tania Bruguera cuenta con el apoyo de Carlos Alberto Montaner. Este señor sabe de arte político –no me refiero a la “nueva canción” latinoamericana, en sus inicios llamada “canción protesta”, ni a otros antecedentes ilustres, como ciertos poemas de Guillén, Neruda o Dalton, o a los murales de Rivera y Siqueiros–; me lo imagino absorto, frente al televisor, en la contemplación de alguna entretenida saga justiciera de James Bond, el Agente 007. Aquellas películas, paradójicamente, aparentaban ser arte y no política, pero eran todo lo contrario, como cualquiera sabe. 

Pero Tania es una verdadera artista. Hay un punto, sin embargo, en el que Montaner debe haberse sentido contrariado. Tania, que es y tiene derecho a ser una mujer sistémica –aunque incurra en provocaciones inocuas, perdonadas en Colombia y en otros lares no por vocación democrática de esos países, sino por irrelevantes, desde una visión política–, ha querido enlazar su programado perfomance en La Habana a un hecho, este sí, irritante para el sistema, revelador de la crisis profunda –económica, social, política, simbólica– del capitalismo. Ha dicho que su provocación artístico-política en la habanera Plaza de la Revolución sería a la manera del movimiento de los “Ocupa”, que dicho sea de paso, no es un movimiento artístico, aunque porte una estética; expresa la irritación de millones de personas ante el inútil multipartidismo burgués que no los representa. Escoger la Plaza que simboliza la resistencia de todos los latinoamericanos (de todos los hombres y mujeres progresistas del planeta) frente al imperialismo, habrá hecho sonreír a Montaner. Esa sería su venganza frente a los reales “ocupas”. Pero no, creo que no apoyó a Tania. La sola mención de ese movimiento debe haberlo incomodado. Es cierto que especulo, pero me apoyo en un reciente artículo suyo aparecido en El Nuevo Herald. En los primeros días de enero, Montaner tenía otras preocupaciones: 2015, decía, será un año en que “viviremos peligrosamente”. La frase es inintelegible, al menos en español. Sin embargo, no es difícil adivinar lo que intenta decir: la posible llegada al poder, en Grecia y en España, de partidos desconocidos e impredecibles –remember Fidel, remember Chávez–, podría acarrear la inestabilidad… del capitalismo. Ambas organizaciones surgieron del amplio movimiento de los "Ocupa", y Montaner, como los niños irritados, junta todas las groserías escuchadas a los “mayores” (las más ofensivas, según su parecer), aunque algunas sean difícilmente juntables:
"Se trata de una amalgama antisistema. (…) En Syriza se juntan estalinistas nostálgicos, trotskistas, anarquistas, anticapitalistas, antiglobalizadores, verdes que odian los transgénicos, antiamericanos, eurófobos, antieuros, y, por supuesto, propalestinos-antiisrael. (…)

Esta montonera comenzó a gestarse hace unos años en las protestas contra las reuniones internacionales del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial. Era una muchedumbre juvenil reclutada entre las tribus urbanas, frecuentemente desaseada y porrera (…)

Los participantes acamparon en diversas plazas emblemáticas, desde Wall Street en NY hasta la madrileña Puerta del Sol, o se pelearon a pedradas contra las fuerzas del orden en media docena de ciudades (…)

Lo que España y Grecia necesitan es más capitalismo, pero del bueno (…)"

Que la derecha intente apropiarse del vocabulario, las imágenes y los símbolos de la izquierda no es una novedad. Pero la mención a ese movimiento resulta confusa: ¿a quiénes convocaba Tania en La Habana?, ¿exigiría la implementación de un capitalismo “del bueno” en Cuba? En el llamado Primer Mundo, cientos de miles de ciudadanos ex-apolíticos y ex-apáticos manifiestan su ira contra el capitalismo; ¿pretende ella restaurarlo en Cuba? Con mercenarios procapitalistas, partidarios de la globalización de las trasnacionales, defensores de Monsanto, proimperialistas y sionistas –según el listado opuesto al de Montaner, claro–, no se ocupan plazas en países libres. La idea, se me dirá, era hacer arte, pero después de 56 años de Revolución, de 16 años de injusta prisión para tres de nuestros hijos, de la rotunda victoria de fin de año, ¿con qué otro público contaba, además del puñado de corresponsales de agencias trasnacionales acreditadas en el país? Tania, sin dudas, tiene derecho a no compartir los presupuestos de, pese a todo, su Revolución. Pero su referente –puede estar tranquilo Montaner– no es el de los “ocupas” que llenan las plazas de Europa y los Estados Unidos, aunque Tania se empeñe en decir lo contrario

Fuente Cubainformación

lunes, 29 de diciembre de 2014

Tania Bruguera: el extravío de un susurro. Entrevista a Rubén del Valle Lantarón

Sus principales promotores y su tribuna informativa están representados por medios y personas cuyo proyecto esencial para el futuro de Cuba es la restauración del capitalismo.


  • Tania Bruguera regresó a La Habana el pasado viernes 26 de diciembre. Desde hacía varios días, la artista conducía un despliegue mediático, fundamentalmente en las redes sociales, invitando a una nueva edición de su conocido performance El susurro de Tatlin, verificado durante la Décima Bienal de La Habana (2009) en el Centro Wifredo Lam. Evidentemente, esta vez la operatoria de la artista se conduce desde y hacia la praxis publicitaria, evadiendo los mecanismos rectores del sistema institucional del arte y buscando insertarse directamente en el campo del activismo político. ¿En qué punto de este performance se involucra el Consejo Nacional de las Artes Plásticas?

Por la manera en que se han sucedido los acontecimientos, más que un performance creo que se trata de un reality show. Los antecedentes de esta acción están en una carta que Tania publica desde la ciudad del Vaticano titulada “Querido Raúl, dear Obama y querido Papa Francisco”. En este documento felicita a las tres personalidades por la trascendental decisión adoptada y se plantea un grupo de cuestionamientos sobre el futuro de Cuba. Según me cuenta la propia Tania, la carta simplemente tenía la intención de ser un documento catártico de sus sentimientos personales en ese momento ante los acontecimientos que estábamos viviendo, dándole una connotación metafórica a su llamado a que los cubanos salieran a la calle. Continúo citando a Tania cuando te cuento que días después recibió la invitación de varias personas a convertir esta alegoría en una acción concreta.

A partir de ese momento crearon la plataforma Yo también exijo convocando a los cubanos a “exigir públicamente sus derechos civiles el próximo 30 de diciembre a las 3 pm en la Plaza de la Revolución de La Habana”. Dicha convocatoria pasa inmediatamente al periódico digital Diario de Cuba, de marcada orientación contrarrevolucionaria, y desde sus páginas varios textos replican y cubren la noticia. Como dato significativo apunto que este mismo periódico a menos de 24 horas de las declaraciones de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama difundió un texto de Carlos Alberto Montaner, con probado historial terrorista, donde condenaba la decisión de Obama y defendía la necesidad de mantener la política hostil hacia el gobierno cubano, en contraste con la unísona aprobación que esta decisión había generado entre los más diversos sectores nacionales e internacionales. Esta convergencia, inmediatamente, llama nuestra atención.

Mi gestión al frente del CNAP ha buscado privilegiar y promover el diálogo franco, abierto y respetuoso con todos los artistas, cumpliendo así uno de los principios cardinales de la política cultural de la Revolución. Por lo tanto, ante el complejo escenario que estas señales perfilaban, consideramos invitar a Tania a discutir su propuesta, a exponer nuestras diferencias en la manera en que estaba abordando su trabajo y a tratar de buscar soluciones desde las prácticas artísticas. A esta conversación llegó Tania conminándonos a apoyar logísticamente su propuesta, incluso por escrito.

Permíteme en este punto una breve digresión. Tras más de cinco décadas de hostilidades, de una política que pretendía colapsar esta pequeña porción de tierra que llamamos Cuba, el representante del imperio más poderoso del mundo ha confesado haber fracasado en su intento de doblegar por la fuerza esta nación soberana. Esa debería haber sido una lección para todo el mundo, y especialmente para Tania. El método de la presión, del chantaje, de las agendas impuestas no funciona en nuestro país. Un proyecto construido desde el exterior, convocado desde los órganos de prensa de la contrarrevolución, al margen de la legalidad y del sistema institucional no será respaldado, en tales circunstancias, por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas ni por el Ministerio de Cultura.

Los cubanos hemos compartido en estos días acontecimientos históricos inéditos en la historia nacional: regresan a la Patria los tres cubanos encarcelados y los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anuncian el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. Sin dudas un momento complejo, de promisorias esperanzas y proyecciones de futuro, pero también propenso a despliegues extremistas, intransigentes de muy diverso signo.

  • Y entonces, reitero, ¿por qué la recibió? ¿Por qué entonces usted, y Jorge Fernández, cuando están concentrando todas sus energías en la organización de la próxima edición de la Bienal de La Habana deciden invitarla a debatir en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam?
En primer lugar porque considero que Tania es fruto de esta Revolución y de uno de sus proyectos más hermosos: el sistema de enseñanza artística. Tania estudió por doce años en los distintos niveles de enseñanza artística especializada, y luego realizó un máster en el Instituto de Chicago. Tania pertenece a una generación de jóvenes creadores que fueron proyectados hacia la escena internacional por nuestro sistema institucional, y especialmente por la Bienal de La Habana. A partir de ahí ha construido una carrera que parte de concebir el arte como una actitud vital, de profunda reflexión crítica, de vocación universal, entronizada en la rica tradición de formalización estética del pensar y sentir desde lo social.

Me parecía, entonces, imprescindible, agotar todos los recursos posibles desde el terreno del diálogo. Dígase encontrar una solución colegiada, constructiva, de posibles alternativas a su necesidad indagadora pero despejada de un contexto de segura manipulación desde la política. Ella buscaba encontrarse y dialogar con el cubano de a pie, haciendo mucho énfasis en el estereotipo de que el cubano tiene miedo expresarse. Aduje que nuestras calles son un permanente foro de debate, le sugerí la posibilidad de organizar su proyecto en fábricas, en universidades, en la parada de la guagua o en el agromercado. Ninguna de estas propuestas fue aceptada.

Considero que fue una conversación honesta, respetuosa. Pero también creo que Tania llegó a La Habana con muchos condicionamientos externos, con una propuesta muy publicitada y avanzada y no estaba en condiciones de reajustarse, de negociar. Llegó resuelta a iniciar un despliegue que podría llegar a ser autodestructivo. Incluso, en este punto no debemos desechar la posibilidad que algunos sugieren de que estemos inmersos en una estrategia de simulacro, donde desde el inicio la artista se empeña en concretar un proceder insostenible porque lo realmente importarte en esta operatoria son las consecuencias que pueda provocar la represión de este pretendido activismo, tanto legal como personalmente.

  • Según su personal experiencia, ¿en qué punto un proyecto de inserción social como éste se extravía de las estrategias artísticas para afiliarse a los procederes de la publicidad política? Valga decir, ¿cómo esta acción que Tania presenta como parte de un performance ya conocido por el público cubano desdibuja los muy discutibles márgenes de la creación artística...?

Mi opinión sobre este complejo tema no va desde la crítica de arte, sino desde la gestión cultural y la implementación de la política cultural. La expansión de los márgenes o los límites del arte es uno de los temas más polémicos que hemos heredado del pasado siglo XX. Hoy en día el debate sobre lo que es o no arte continúa inundando los más diversos foros de discusión y es ese uno de los mayores retos de la institucionalidad a la hora de acompañar los procesos de la creación.

Las prácticas artísticas contemporáneas comportan cada día más ejecutorias que se insertan en los entresijos de la sociedad, ya sea desde los ejercicios cercanos a lo cotidiano y procesual o desde aquellas aristas que atañen a la política y a las estructuras gubernamentales rectoras en un contexto determinado. Continúan siendo imprecisos, y en expansión, los límites entre el arte y la política, entre la creación y la vida misma. Un debate que hoy se sustenta sobre la base de la responsabilidad ética y el compromiso moral de todos sus actores.

En el orden personal, ese que atañe al artista como individuo, considero que los límites son infinitos: hoy el arte se extiende más allá de las disciplinas implícitas en la creación para abarcar la ciencia, la tecnología y los saberes más recónditos; se privilegian los enfoques interdisciplinarios, transdisciplinarios y la institución debe estar preparada para asumir, legitimar y potenciar estas formas de expresión. Como radicalización de estas estrategias artísticas estaríamos considerando la autoagresión, ya sea desde lo físico o desde lo psicológico. Estos procederes están sujetos a cuestionamientos múltiples que hoy no están dilucidados. Sin embargo, cuando esos procederes involucran a otros, -como en este caso que discutimos, cuando implican a los cubanos en su calidad de sujetos activos de la sociedad civil- se impone, por encima de otros análisis, la dimensión ética de la implicación de la “acción artística”. Y acoto: la libertad debería estar acompañada de una gran responsabilidad, como diría Juan Marinello. En este caso, ese sentido de la responsabilidad le ha sido esquivo a Tania. Ha vulnerado los principios fundamentales según los cuales debería haber evaluado contexto, circunstancias, alcances, disposiciones legales, sujetos involucrados, obsesionada en su pretensión de erigirse un lugar protagónico en medio de acontecimientos que desbordan sus capacidades y que son inéditos en la historia nacional. Tania pretende reproducir modelos foráneos y proyectarse como artífice de un consenso para Cuba que desborde las ideologías y las concepciones políticas por obra y gracia de su voluntad artística. Y me pregunto: ¿pretenderá Tania convertirse en arquetipo de un nuevo Mesías?

La proyección mediática de Tania a propósito de la plataforma Yo también exijo se autodefine como de “izquierda”, “anticapitalista”, “antimercado”. Sin embargo, sus principales promotores y su tribuna informativa están representados por medios y personas cuyo proyecto esencial para el futuro de Cuba es la restauración del capitalismo y la penetración de las ideas de la ultraderecha norteamericana en todos los órdenes de la vida nacional. Resulta entonces un contrasentido pretender darle espacio y voz en la simbólica Plaza de la Revolución a sujetos políticos totalmente deslegitimizados en la escena cubana, muchos de los cuales se oponen incluso a la normalización de las relaciones entre nuestro país y los Estados Unidos.

Uno de los momentos más tristes de mi vida profesional fue constatar que el resultado más mediatizado durante la Décima Bienal de La Habana fue la presencia de Yoani Sánchez en el performance El susurro de Tatlin. Los grandes medios no estaban interesados en la praxis de Tania, ni en el extraordinario performance del chicano Guillermo Gómez Peña. Solo replicaron la implicación de la intervención de Yoani Sánchez. Fue así eclipsado el extraordinario alcance cultural, social, humano de esa edición del evento, fueron silenciadas todas las estrategias discursivas que reflexionaban en torno los retos de la humanidad ante los efectos de la globalización para posicionar en los canales internacionales de información al último constructo de la industria contrarrevolucionaria, legitimándola como intelectual influyente en la política mundial. ¿Cuán ingenuo e irresponsable sería repetir la experiencia, multiplicando la escala exponencialmente?

Evidentemente, esta sexta edición de El susurro de Tatlin no se corresponde con el nivel de riqueza estético y conceptual demostrado antes por Tania, y resulta más una réplica “teatralizada” de cierto método habitual de enfrentamiento político que una propuesta para la recepción estética inteligente y movilizadora. Parece estar agotándose, si así fuera, la variabilidad sugerente y a veces agresiva de un modo artístico de ser que ha sido altamente valorado por críticos, curadores y artistas. Ese desgaste de su condición primigenia, como derivación reproductiva, atenta contra la esencia misma de su génesis y solo podría leerse, en mi opinión, como el extravío de una artista que de alguna manera parece estar perdiendo la conexión esencial con el contexto cubano. Un susurro que parece derivar inevitablemente en naufragio.

Tomado de CubaSï

Declaración de la Presidencia de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC

 A solicitud de la Presidencia de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC CUBARTE reproduce el siguiente texto:
La conocida artista Tania Bruguera ha convocado a un supuesto performance este 30 de diciembre en la emblemática Plaza de la Revolución en La Habana. Ello ha sucedido al margen de cualquier institución cubana y, como sucede en esos casos, la iniciativa ha sido ampliamente difundida por medios de la contrarrevolución, especialmente por el libelo Diario de Cuba, que tomó tempranamente partido contra las declaraciones de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama del pasado 17 de diciembre. Llevamos años en esta batalla frente a los enemigos de la Revolución.  No somos ingenuos, el significado de este performance no va a ser interpretado en modo alguno como una obra artística. Se trata de una provocación política, orientada en el mismo sentido de las tesis de los que la han difundido.

Esta acción no persigue otro propósito que el de situarse en contra de las negociaciones que dan esperanza a muchos seres humanos, en primer lugar a los once millones de cubanos. Será secundada, si acaso, por los pocos mercenarios locales de la política que el mismo Presidente Obama ha considerado fracasada, por los únicos que podrían esperar beneficios de cualquier intento por obstaculizar las negociaciones en curso.

Los escritores y artistas cubanos merecen conocer esta nueva maniobra y no se dejarán confundir por una operación que pretende presentar este performance como un proyecto de pura creación artística. Su evidente intención política se afirma en el propio mensaje de una artista que no busca otra cosa que un protagonismo circunstancial.  

Todo nuestro pueblo festeja hoy el regreso a la Patria de nuestros Cinco Héroes, así como el anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. Rechazamos cualquier acción oportunista que trate de opacar este momento histórico.

Fuente CUBARTE

viernes, 20 de junio de 2014

¡Viva la UNEAC!

Por Luis Toledo Sande*

En la clausura de una reciente asamblea gremial, el principal orador calzó ideas propias citando algo que le había contado la dirigente política de una provincia cubana. Ella —pudo haber sido él: no tiene aquí el género, que es factual, otra intención que mostrar el avance de la mujer en la vida del país— le expresó su desconcierto por un hecho: en una reunión de la filial de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) en su territorio, las intervenciones giraron mayoritariamente sobre otras entidades. Solo una pequeña parte abordó cuestiones internas de dicha organización.

Al oír la anécdota, alguien desde el fondo del salón pronunció el viva que da título a este artículo, y que expresó el reconocimiento de algo inocultable: durante décadas la UNEAC ha sido un espacio de discusión sobre problemas fundamentales del país, con las miras centradas en salvar no solo las conquistas del socialismo, sino el sistema justiciero que estas encarnan y sin él podrían venirse abajo, y el espíritu democrático, participativo, sin el cual no habrá socialismo que valga. Semejantes ímpetus se explican porque la vanguardia de la intelectualidad literaria, artística y de pensamiento de la nación está mayoritariamente identificada con el destino de su pueblo, del cual se sabe parte. Y si bien esa vanguardia no está solo en la UNEAC y sus foros, sobresale en una y en otros, que no por gusto han tenido el aval de la presencia de los guías de la Revolución, empezando por Fidel Castro.

Esa proyección de la UNEAC difiere de cierta tendencia según la cual cada centro de trabajo o de estudio, cada institución, se limitaría a valorar sus respectivas áreas, y que puede estar animada por el deseo de que cada pedazo del país resuelva sus problemas internos. Pero por ese camino los centros y las instituciones se desentenderían de la realidad nacional, y terminarían desconociéndose a sí mismos. Felizmente, nada hasta ahora ha posibilitado el triunfo de tal tendencia, y es de esperar que se le mantenga a raya, sin renunciar a la superación interna de las distintas porciones administrativas o funcionales.

Habría que hacer consideraciones concretas sobre la voluntad de los miembros de la UNEAC de ir más allá de sus fronteras. Después de todo, en su mayoría integran, a la vez, otros centros e instituciones, ni siquiera solo de la llamada gremialmente cultura. El aludido desbordamiento de linderos lo han reforzado, o lo han hecho necesario, los déficits funcionales de instituciones responsabilizadas con un desempeño más abarcador y activo: díganse, para no mencionar más que dos de ellas, el sistema de organismos del Poder Popular —desde la base hasta la cúspide— y también, si es que no sobre todo, la prensa. Contra deficiencias de aquel y de esta se ha pronunciado reiteradamente la dirección del país, de manera señalada Fidel Castro y Raúl Castro, y se pronuncia asiduamente, con seria preocupación asimismo, la generalidad del pueblo.

En vez de lamentar el desbordamiento crítico protagonizado por la UNEAC —cuyas posibles fallas internas tampoco habrá que desconocer— se debería apreciar lo mucho que hay de positivo en él, y procurar que los organismos alcanzados por sus análisis se perfeccionen y cumplan cabalmente su papel. Todo eso es necesario para asegurar que el experimento cubano siga un buen camino, sin desviaciones que lo alejarían de la brújula afianzada en la justicia social. Sería ingenuo pensar, por ejemplo, que todas las críticas lanzadas contra el igualitarismo tienen la mejor orientación.

Es plausible que, gracias a cambios necesarios, felices, en la política migratoria del país, niños y niñas ajedrecistas puedan competir en el exterior. Pero si ello se afinca en que el equipo cubano no lo formen precisamente los mejores talentos, los que mejor juegan, sino que entre los más destacados se escogen los niños y las niñas cuyos familiares puedan pagarles el viaje —acaso sin que se sepa de dónde sale el dinero, y aunque se supiera y su origen fuese el más limpio del mundo—, no solo se arrincona el igualitarismo, sino que se le da un golpe demoledor a la justa equidad. El mensaje iría directamente, en primer lugar, a personas que, por su edad, están llamadas a reproducir lo que se les trasmita, lo que se les enseñe, y por una senda como la esbozada es obvio que tendríamos un funcionamiento social menos igualitario, pero ni remotamente más justo. Tal dinámica satisfaría, eso sí, a fanáticos y beneficiarios del pragmatismo economicista, orientación propia del capitalismo.

Muchos riesgos puede abonar el exceso de confianza, la ausencia de la percepción que debe fomentarse rigurosamente por igual contra epidemias biológicas —dígase el cólera, por ejemplo— y contra torceduras de índole social. No pueden dejarse las cosas a la inercia, a la confianza ciega en la buena voluntad de nadie, ni a la fatalidad, por muy buenos que se crea que pueden ser los resultados de esas actitudes. Insístase en que ya, además de saberse —y nunca debió ignorarse— que el socialismo es reversible, se conoce asimismo que su triunfo no es un acto inevitable, ni siquiera donde se crea que existen o pudieran crearse las mejores condiciones para que sea próspero y sustentable. Hay lúcidas reflexiones revolucionarias, socialistas —como la hecha recientemente por Darío Machado—, sobre qué deben significar para nosotros conceptos como prosperidad, avance y desarrollo. Y habrá que insistir seguramente en el significado de socialismo. No basta el comodín de decir que aún no se ha construido en parte alguna y no se sabe cómo se hace.

Todo eso se debe debatir, en la UNEAC y en todas partes, con el mayor orden posible, pero sin coyundas frustrantes. Se trata de buscar y encontrar un buen funcionamiento en la nación, en la sociedad, en el pueblo, que no es monolítico ni homogéneo, pero debe ser el beneficiario principal de cuanto se haga para bien de la patria. Esta se ha de entender como un pedazo de la humanidad, y además valorarse en sí misma, para beneficio de sus pobladores, pues ningún todo podrá marchar bien si no lo hacen sus componentes.

No se trata de complacer a nadie que, aunque siga viviendo de lo que pueda sacarle al capitalismo, condene cuanto Cuba haga en busca de bienestar para su pueblo, para no hundirse y pasar a ser, si acaso —porque los medios dominantes no facilitarían otra cosa—, un mero tema escarnecido en textos donde se hable de intentos frustrados de fundar un tipo de sociedad no capitalista. Conozco, en varios países, ejemplos de verdadera solidaridad con Cuba, compañeras y compañeros que sinceramente la apoyan, aunque objetivamente no tengan para sí más alternativa que seguir viviendo bajo el capitalismo, a veces con monarquías que ni siquiera tendrían que ser corruptas para ser repudiables: bastaría su condición de régimen arcaico incompatible con la democracia y asentado sobre bases cuya demolición ha costado mucha sangre a la humanidad como para que sobrevivan impunemente en espectáculos zarzueleros (dicho sea con perdón de las buenas zarzuelas).

Las críticas endiabladas contra Cuba, contra todo cuanto ella haga para subsistir en medio de un bloqueo que no cesa, de deficiencias internas y de penurias insufribles aun en medio de los grandes esfuerzos del Estado por mantener los mayores logros de la voluntad socialista, no vienen precisamente de esas personas solidarias. Vienen de algunas que se atrincheran en atalayas de sabiduría teoricista —no teórica, que es otra cosa— y certifican que en Cuba ningún cambio busca salvar la justicia social, sino conducirla al capitalismo. De ser esto cierto, el pueblo cubano tendría la misión histórica de impedirlo, y en ello podría contar, aunque no fuera más ni menos que en el plano moral, con el apoyo de personas honradas, cualesquiera que sean sus nacionalidades y plazas de residencia.

Difícilmente esos luchadores se encuentren entre quienes acudan a los seudónimos, aunque tuvieran —y a veces hasta de eso carecen— el talento necesario para conseguir que sus textos parezcan obras de distintos autores, y no de uno solo “multiplicado” en busca de que las críticas contra Cuba parezcan hechas por varias personas. De poco vale que se quieran disfrazar de obreros aguerridos como se disfraza de Caperucita Roja el lobo: la oreja peluda, los colmillos y las uñas se les ven por debajo del antifaz y de la vestimenta. No importa la pasión que simulen para reclamarles a cubanas y cubanos lo que cierta “Solidaridad de barro” refutada hace años en un textículo escrito y publicado en este país: “Hermano, resiste, por ti y por mí / las privaciones. / Yo volveré bien firme a la faena / de ingerir, por los dos, buenos jamones”.

Son los mismos que calumnian soezmente, que dicen y se desdicen, y, después de despotricar contra Cuba, de condenarla con magistral vehemencia usando como pretexto el restablecimiento de una pequeña propiedad privada que tal vez no debió haber suprimido nunca, se van a un bar para refrescarse a golpe de cerveza, y pagan con un dinero que por esa vía engrosa como norma las arcas de la propiedad privada, no las de una congregación justiciera. Ni Cuba ni ellos se hallan en un planeta regido por el más puro comunismo, sino en el mundo que es, dominado por una realidad contra la cual, hasta donde sabemos, nada concreto hacen los más feroces críticos de Cuba. ¿Hacen algo?

En el afán por despojar a Cuba de toda fuerza que le dé aliento, ponen ellos en duda que existan los jóvenes de vocación anticapitalista mencionados por algún científico social cubano. Invitado por el Movimiento Juvenil Martiano, que está adscrito a la Unión de Jóvenes Comunistas, frecuentemente participo en un plan de animación ideológica llamado Diálogo de Generaciones. Lo he hecho varias veces en La Habana, y —va para unas semanas, tomando para eso parte de mis vacaciones— en un recorrido por las cinco provincias orientales, una cada día, y con tres o cuatro encuentros en cada una de ellas.

No he recibido remuneración material alguna, ni he aspirado a ella. He tenido, sí, una remuneración mucho más importante: el gusto de ver la cifra y la calidad de personas que abogan por mantener el camino socialista e impedir el regreso del capitalismo, un retorno que no está en los planes del Estado y el Partido, y que el pueblo tiene el deber de impedir que llegue a estar en ellos, porque alguien logre colarlo en las líneas trazadas. Habrá otros componentes del pueblo, pero aquí se habla del fraguado en Baraguá y en el Partido Revolucionario Cubano; en la lucha contra un imperio presto ayer y hoy al zarpazo; en la gesta del 26 de Julio y su continuación en la Sierra Maestra. Ese pueblo ratificó su voluntad justiciera en vísperas de la agresión imperialista por Playa Girón y sus inmediaciones, y en la derrota infligida en menos de setenta y dos horas a los mercenarios invasores.

Ese pueblo existe. No hay que perder tiempo intentando convencer de ello a supercríticos y sabios empeñados en negarlo a toda costa. Los intelectuales que forman parte de ese pueblo no son dos ni tres; aunque también eso negarán aquellos sabios que se disfrazan de obreros puros, rojos hasta los tuétanos. Esos quieren que Cuba desparezca, y borrar a cuanta persona defienda el derecho de este país a tomar las medidas necesarias para no perecer. Si pereciera, lo menos grave sería que tales sabios saldrían a vociferar su “convicción” de que ninguna otra cosa es posible, y a festejar, refrescándose con cerveza, su triunfo como agentes de la sabiduría, y quién sabe si de otras formas de inteligencia.

Ellos arremeten contra todo el que —con limpia conciencia de lucha más que con los remilgos de andar creyéndose intelectual o artista: serlo es un hecho y no da ningún derecho especial— defienda la posibilidad de Cuba de mantenerse viva en su camino, y busque alumbrar opciones válidas para este empeño. Contra quienes así actúan es curioso que aquellos críticos concentren su rabia, expresada a veces de manera que da asco. No es un procedimiento nuevo: en él han coincidido la derecha más recalcitrante y lo que suele llamarse extrema izquierda, sin ser siquiera una izquierda cierta.

De ello ha habido antecedentes en el afán de dejar a Cuba sin raíces históricas: no han faltado maniobras para desprestigiar a héroes como Máximo Gómez y Ernesto Che Guevara, e incluso para negar a José Martí, a quien ya apareció alguien que le rindiera, aunque involuntariamente, un homenaje reservado a grandes: ese alguien sostuvo que la obra martiana, de tan colosal que es, no puede haber sido escrita por una sola persona, sino por todo un equipo; y ya antes hubo quien mereciera ser puesto de vuelta y vuelta por haber intentado ridiculizar al héroe. Si contra gigantes se han lanzado fantoches que dan náusea, ¿qué puede quedar para el resto del mundo? Pero Cuba marcha —por ello, aunque la cita no venga del Quijote, hay perros que le ladran—, y tiene instituciones que corren la suerte del pueblo al cual pertenecen. Es justo que se les den sus vivas. Para los fantoches, aunque se disfracen de obreros con lengua aguerrida, aplíquese lo de César Vallejo: ¡Allá ellos!

*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia.
    Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.
Publicado originalmente en Portal Cubarte

martes, 15 de abril de 2014

“Salvar la cultura es salvar a la Patria”

El VIII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba concluyó con la presencia del General de Ejército Raúl Castro. El debate de este Congreso ratificó que la cultura debe acompañar al esfuerzo que se está haciendo para desplegar las fuerzas productivas y también las reservas morales del país, según expresó Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, quien pronunció el discurso de clausura en la última sesión plenaria
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14 de abril de 2014
CONGRESO DE LA UNEAC
Como reto mayor quedó planteada la creación, con máximo rigor, y la fluida interacción con las instituciones y estamentos de nuestra sociedad. Foto: Juvenal Balán
 
A sabiendas de que queda muchísimo trabajo por hacer y de que cada día deben ser más reflexivos y consecuentes “ante el necesario e impostergable proceso de cambio que se está produciendo en la vida económica y social de Cuba”, tal y como expresara en su discurso inicial Miguel Barnet, los artistas e intelectuales de Cuba despidieron el VIII Congreso de su organización.

El ratificado presidente de la UNEAC asumió como obligación de la membresía el aporte “al mejoramiento de la vida espiritual y material con un diagnóstico justo y propuestas constructivas que tengan que ver con los problemas más acuciantes de la sociedad”.

Consciente del papel al que está llamada, la intelectualidad cubana actual debatió aspectos tan puntuales como la presencia de comportamientos cívicamente inaceptables en sectores cada vez más extendidos de la sociedad, el tratamiento de las jerarquías culturales, la difusión de los verdaderos valores en los medios masivos de comunicación, las prácticas culturales en el sector turístico, la desventajosa visibilización de lo que acontece fuera de la capital y la necesidad de preservar y proteger las ciudades como patrimonio cultural de la nación.

El análisis partió del rigor y del registro al tejido social desde una perspectiva integral. La discusión de los dictámenes de las cinco comisiones de Arte, Mercado e Industrias culturales; Ciudad, Arquitectura y Patrimonio; Estatutos, reglamentos y reclamaciones; Cultura y Medios; y Educación, cultura y sociedad, hicieron énfasis en la necesidad de protagonizar cambios sustanciales en los procesos culturales que reclaman una urgente atención, replantear las dinámicas de la producción artística y contribuir al mejoramiento del sistema de educación.

En aras de resolver insatisfacciones y trazar estrategias para sus respectivas soluciones, los delegados abogaron por mantener un diálogo constante y “por saber penetrar a profundidad en las necesidades culturales de los seres humanos con los que trabajamos y saber diferenciar las que responden a sus intereses legítimos de aquellas que son hábitos de consumo inducidos por los centros hegemónicos. Debemos formar ciudadanos capaces de interactuar sin prejuicios con la creación artística, alcanzar rangos de lucidez cada vez más altos y comprender el mundo desde una perspectiva descolonizada, múltiple y diversa”, de acuerdo con el  informe de la comisión Educación, cultura y sociedad, que durante meses trabajó en los complejos conceptos que contempla.

“La cultura es la expresión más cabal del modo en que vivimos. Nada de lo que hacemos o imaginamos queda fuera del universo que define la cultura. Se trata, en última instancia, de cómo vivimos, de aquello que sentimos, y hasta de cómo sabemos morir. Solo desde esa perspectiva y con el instrumental lógico adecuado podríamos aproximarnos a las complejidades del caso cubano”, esgrimió el texto que, además, recordó la observación hecha por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, cuando afirmó que la sociedad cuenta con la fuerza intelectual representada en nuestros educadores, artistas y científicos sociales que junto al Partido deben ser capaces de producir las conceptualizaciones necesarias.

Para articular los objetivos planteados, fue reconocido en el cónclave, la fundamental comunión del trabajo en equipo y la exigencia de ser cada día más eficaces en la defensa de la identidad nacional y promover los auténticos valores de la cultura cubana para que lleguen a las jóvenes generaciones.

“No podemos desconocer hoy que el principal instrumento de dominación con que cuenta el imperialismo es cultural e informativo”, expresó Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la última sesión plenaria. Foto: Juvenal Balán
 Aun con diferencias de criterios, los artistas e intelectuales clausuraron el Congreso con la premisa de que la unidad como la concertación posible de diferentes puntos de vista es la estrategia fundamental de la Revolución Cubana. Así como lo estimó, en el discurso de cierre, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros: “Defiendan esa unidad imprescindible para garantizar la continuidad de la Revolución. Pueden estar seguros de que contarán con el apoyo del Partido y el Gobierno de la nación”.

Con acuerdos tomados y mucho trabajo por delante, esta cita de los intelectuales y artistas de Cuba ratificó las palabras de Díaz-Canel que dan constancia de que la cultura acompañará siempre al proceso revolucionario para lograr un socialismo próspero y sostenible donde lo que distinga al ser humano no sean las posesiones materiales, sino la riqueza de conocimientos, cultura y sensibilidad.

Aun cuando, según señaló Barnet, “la UNEAC no ha hecho otra cosa, desde su génesis, que servir a los ideales más nobles de la Revolución y el destino de la cultura en nuestro país, ha sido, es y será siempre motivo central de preocupación”, la búsqueda de soluciones a los problemas acaparan, desde ahora, la agenda de nuestra vanguardia artística.

“Se trata de buscar el desarrollo y crecimiento económico, pero con el alma plena de sentimientos y espiritualidad; y eso se logra salvando la cultura, que es a la vez salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo”, les manifestó Díaz-Canel, durante la última sesión plenaria.

“La política cultural es una de las conquistas principales de la Revolución Cubana, y su aplicación está reservada al Estado y a su red de instituciones, contando con la participación de nuestros intelectuales revolucionarios. Por los resultados de este Congreso podemos afirmar que la vanguardia genuina de nuestros escritores y artistas, existe, vive, consciente y comprometida con su Revolución”.

“No podemos desconocer hoy que el principal instrumento de dominación con que cuenta el imperialismo es cultural e informativo”, expresó Miguel Díaz-Canel Bermúdez,  en la última sesión plenaria.
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lunes, 14 de abril de 2014

EL CONGRESO Y LA CULTURA DEL COMBATE


Por Wilkie Delgado Correa 

Razones históricas sobran para servirle de fondo propicio a la celebración del Congreso durante los días 11 y 12 de abril. ¡En este empalme histórico no hay azar ni sorpresa!

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El VIII Congreso de la UNEAC ha sido precedido del evento, celebrado del 8 al 10 de abril, en que se ha exhaltado la dimensión de la figura y el legado político e intelectual de Nicolás Guillén, fundador y primer presidente de esa organización. 

   Sobre la misión militante y revolucionaria de la poesía de Guillén, debo apuntar que a finales de diciembre de 1958 la situación de la dictadura de Batista era insostenible en el campo militar. Por ejemplo, en el caso de Baracoa, en el extremo oriental del país, ya le era imposible el envío de refuerzos, ya que las principales ciudades de la provincia de Oriente, incluyendo su capital, Santiago de Cuba, estaban sitiadas y con la amenaza inminente del asalto final. Fue así que las Fuerzas Armadas de Batista decidieron la evacuación de las tropas acantonadas en la ciudad de Baracoa, y procedió a ejecutarla en la tarde y noche del 27 de diciembre en una fragata fondeada en el puerto. Con la partida de todas las tropas batistiana, se produjo la entrada del Ejercito Rebelde al amanecer del día 28. Algunos soldados y clases simpatizantes o colaboradores de las fuerzas revolucionarias no se evacuaron y desertaron, entregándose o presentándose a las tropas del Ejército Rebelde. También se evadieron o fueron liberados por sus custodios un conjunto de jóvenes revolucionarios que habían permanecido presos en la cárcel, sin que hubieran sido sometidos a juicio.

   En la mañana del día 28 las calles angostas y vetustas de Baracoa eran un mar humano que saludaba y abrazaba a los miembros del Ejército Rebelde y a los miembros de las milicias clandestinas revolucionarias, que en conjunto empezaron a adoptar las medidas organizativas, de dirección y orientación a la población. Nunca se había visto una fiesta tan sui géneresis en medio de un conflicto armado. La libertad, tanto tiempo perdida por la usurpación de un régimen tiránico, era recobrada a un precio alto de lucha, de sacrificio y de muerte.

   Al tomar la radioemisora local CMDX, ese día, se inició la transmisión de las orientaciones revolucionarias. A cargo de esa programación, recuerdo que uno de los mensajes estaba dirigido a los soldados que ya habían desertado y a los que aún se mantenían en las filas del régimen. Y entonces recurrimos a la poesía social de Nicolás Guillén, en especial un poema muy pertinente para el contexto y circunstancias revolucionarias que en aquel momento se vivía. 

El mensaje leído entonces, 28 de diciembre de 1958, y en los días subsiguientes, decía: “Y mientras hoy Baracoa respira el aire puro de la libertad. Mientras Sagua de Tánamo es libre y decenas de pueblos más se incorporan a la cadena de pueblos libres, otros pueblos de la Isla esperan su liberación, ocupadas aún por hombres de uniformes amarillos y con órdenes de seguir pisoteando la libertad de esos pueblos. A esos soldados decimos:

“Ya nos veremos yo y tú,/ Juntos en la misma calle,/ Hombro con hombro, tú y yo,/ Sin odios ni yo ni tú,/ Pero sabiendo tú y yo,/ A donde vamos yo y tú./ No sé porque piensa tú,/ Soldado, que te odio yo.”

   La poesía de Guillén, representada por el poema No sé por qué piensas tú, participaba de esta forma en la lucha revolucionaria del país, 21 años después de haber sido publicada en México, en 1937, su obra Cantos para soldados y Sones para turistas, dedicada a su padre, “muerto por soldados” en 1917, en una de las guerras civiles  donde las facciones políticas dirimían disputas electorales.

   En ese entonces vivía exiliado, en Argentina, Nicolás Guillén, quien ese mismo año de 1958 había escrito en Buenos Aires su poema Che Guevara, cuya primera estrofa expresa: “Como si San Martín la mano pura/ a Martí familiar tendido hubiera,/ como si el Plata vegetal viniera/ con el Cauto a juntar agua y ternura”.

   Con el triunfo de 1959 y el retorno del poeta a Cuba, la poesía de Guillén se fundiría con la realidad del pueblo en plena revolución, formaría tribuna en su voz y en la del pueblo y se harían reales y tangibles los vaticinios y esperanzas cantados en sus versos.

   El VIII Congreso de la UNEAC debe abrir sus sesiones a la realidad del país y de la cultura, teniendo como brújula la historia de lucha precedente. Esa que estuvo encarnada en la resistencia y actitud rebelde de Hatuey en los primeros tiempos del encuentro de dos culturas. Esa patentizada en la ruptura decisiva con la dominación colonial y que está simbolizada como Cultura Nacional en nuestro Himno Nacional. La misma que quedó ratificada con la ruptura con el dominio neocolonial del imperialismo yanqui. Esa historia que se ha nutrido con el sudor, las lágrimas y la sangre de generaciones de cubanos a lo largo de siglos, y ha ido creando, en procesos de arremetidas, caídas  y subidas, la obra revolucionaria y perfectible que nos caracteriza y enorgullece.

   Porque, al fin y al cabo, la cultura refleja las manifestaciones multifacéticas de la vida de los seres humanos, y, en lo nacional, refleja aquellas que distinguen a un pueblo. Y a la hora de tener en cuenta lo que identifica, salva, engrandece y eterniza a un pueblo, se trata de sembrar y cosechar las mejores de sus manifestaciones y creaciones. Y esta labor de artífice corresponde a todo el pueblo y a sus vanguardias, recordando siempre un principio que fuera reiterado a principios de la Revolución, por el entonces presidente Dorticós: “al pueblo se asciende, no se baja”. Este ha sido siempre un antídoto sano ante toda posible manifestación o visión distorsionada por el elitismo.

   En torno al papel de la cultura, cabe subrayar que sin cultura la mecánica del movimiento espiritual de los pueblos carecería de sentido moral. La cultura influye decisivamente en la formación moral de los pueblos y de las instituciones. La capacitación intelectual del hombre, cualquiera que sea la índole de sus actividades y la naturaleza de sus funciones, deja expedito el camino para más estrechos vínculos con el hombre mismo. La vida de relación adquiere un sentido más alto, ya que la cultura humaniza, eleva los sentimientos morales y predispone a la comprensión y el amor.

   La cultura es poder y es alma de la nación. Mientras más culto es un pueblo, mejor uso hace de sus libertades. Al respecto Martí dijo: “Ser cultos para ser libres.” Por eso, propagar la cultura es propender a la solidaridad, es crear ese vínculo fraterno y poderoso que enlaza espiritualmente a los pueblos y logra identificarlos entre sí por los valores eternos del pensamiento. En toda la evolución histórica, la cultura insta persuasivamente a los hombres, los conduce al cumplimiento de sus fines esenciales, a la vertical sustanciación de sus aspiraciones e ideologías.

   Existen grandes expectativas en torno a los análisis y proyecciones del congreso de los escritores y artistas cubanos. Muchas serán las ideas que se debatirán en torno a aspectos teóricos y prácticos de la sociedad cubana, así como las conclusiones a la que se arribarán para mejorar la obra de la organización y su influencia social. Y algo debe resplandecer sin duda, la lealtad de la UNEAC a los fines fundacionales de servicio, defensa y lucha por el presente y futuro mejor del país.

   Razones históricas sobran para servirle de fondo propicio a la celebración del Congreso durante los días 11 y 12 de abril, con hechos indelebles como fueron la celebración en abril de 1869, de la Asamblea Constituyente de la República de Cuba en Armas, la aprobación de la Constitución de Guáimaro, la constitución de la Cámara de Representantes, y la proclamación de Carlos Manuel de Céspedes como primer presidente de la nación. Y en un hito de continuidad consecuente, el desembarco de José Martí por Playitas de Cajobabo, veintiséis años después, el 11 de abril de 1895, para reiniciar la lucha en la guerra necesaria de aquellos tiempos. ¡En este empalme histórico no hay azar ni sorpresa!

 AIN FOTO/Roberto MOREJÓN

domingo, 13 de abril de 2014

Miguel Díaz Canel en Congreso de la UNEAC: La disyuntiva sigue siendo socialismo o barbarie


Miguel Díaz-Canel (en el podio), miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, pronuncia las palabras de clausura del VIII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), realizada en el Palacio de las Convenciones de La Habana, el 12 de abril de 2014. AIN FOTO/Roberto MOREJÓN RODRÍGUEZ

PALABRAS DE MIGUEL DIAZ CANEL BERMÚDEZ, PRIMER VICEPRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS EN LA CLAUSURA DEL VIII CONGRESO DE LA UNEAC

Compañero General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central de nuestro Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros

Artistas, escritores y creadores:

Compañeras y compañeros:

Vivimos en un momento trascendental de la historia patria. Siguiendo el rumbo trazado por el Sexto Congreso del Partido, que reflejó el debate  protagonizado  por todo el pueblo, vamos implementando los lineamientos de la política económica y social que allí acordamos. La tarea es gigantesca y no se hace en las condiciones asépticas e ideales de un laboratorio: la actualización del modelo se lleva a cabo al mismo tiempo que se asegura el funcionamiento de la economía y la vida cotidiana de los 11 millones de cubanos, en un entorno de crisis internacional y de bloqueo recrudecido. Entramos justamente ahora en lo más difícil: las transformaciones en la empresa estatal socialista y la unificación monetaria y cambiaria.

En recientes y esclarecedores discursos, el Presidente Raúl Castro reconoció la presencia de manifestaciones de indisciplina social, ilegalidad, delito y corrupción, inaceptables en nuestra sociedad, y que éramos, sin dudas, un pueblo instruido, pero no necesariamente educado ni culto. Además se refirió a las nuevas modalidades de subversión que tratan de poner en práctica nuestros enemigos, y cuya estrategia principal consiste en la instauración de una plataforma de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfilada contra las esencias mismas de la Revolución y con el afán de generar una ruptura ideológica entre generaciones, todo lo cual atenta contra los valores, la identidad y la cultura nacionales.

La reciente revelación de un plan del gobierno de los Estados Unidos para promover la subversión en Cuba mediante una red de mensajería orientada hacia los jóvenes con la intención de desencadenar una “primavera cubana” es una fehaciente expresión de estas siniestras intenciones.

Al enumerar las fuerzas con las que contamos para   enfrentar esos desafíos, nuestro Presidente mencionó, en primer lugar, a los intelectuales y artistas, cuyo compromiso patriótico, como parte de la gran masa del pueblo, está fuera de toda duda.

Con ese espíritu se ha proyectado, desde la base, el debate de este Congreso de la UNEAC, que ha ratificado que la cultura debe acompañar al esfuerzo que se está haciendo hoy para desplegar las fuerzas productivas y también las reservas morales del país, y lograr así un socialismo próspero y sostenible donde lo que distinga al ser humano no sean las posesiones materiales, sino la riqueza de conocimientos, cultura y sensibilidad. Un componente de esta prosperidad, de esa calidad de vida que esperamos alcanzar, radica en la dimensión espiritual que ofrece la cultura. Se trata de buscar el desarrollo y crecimiento económico, pero con el alma plena de sentimientos y espiritualidad; y eso se logra salvando la cultura, que es a la vez salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo.

Esto exige de nosotros que seamos cada día más eficaces en la defensa de nuestra identidad nacional, en la promoción de los auténticos valores de la cultura cubana, tanto de los más jóvenes como de los maestros, de cara al enriquecimiento de la vida espiritual de todo el pueblo.  También en el trabajo por lograr que nuestra historia, y en particular la de la Revolución, llegue a las nuevas generaciones de manera amena, sentida y efectiva.

No podemos desconocer hoy que el principal instrumento de dominación con que cuenta el imperialismo es cultural e informativo. Ha logrado que en todo el mundo prevalezcan de manera aplastante los patrones de su industria del entretenimiento y de la maquinaria mediática a su servicio. La humanidad sufre en el presente la ofensiva de una operación de colonización cultural a gran escala. Se trata de imponer el frívolo e injusto modelo del llamado sueño americano, denunciado tempranamente por nuestro José Martí.

Unas pocas corporaciones, muy poderosas, imponen los paradigmas, ídolos, modas y formas de vida que predominan actualmente en nuestra época. Sus mensajes, en apariencia variados, forman parte de un discurso único, hegemónico, que asocia felicidad y consumo, éxito y dinero, que hace una apología constante del capitalismo y de la superioridad imperial; que se empeña en descalificar todo pensamiento independiente y cualquier causa que se oponga a sus intereses. Junto a la instigación permanente al consumismo promueve, además, el individualismo y egoísmo que desideologiza y desmoviliza.

Cuba está sometida también a esa influencia, a la que se suman los planes específicos de subversión contra nuestra Revolución, que tienen entre sus blancos a los intelectuales y artistas, con el propósito de separarlos de toda intención y preocupación social, para que entonces el cine, la  literatura y el teatro reflejen y enaltezcan los más bajos sentimientos humanos, las más perversas y nocivas ideas y cualquier tipo de inmoralidad. Así pretenden sembrar en ustedes la banalidad y la frivolidad, alejarlos del compromiso político y social y crear el caos y la confusión. Por eso es tan importante para la Patria contar con una vanguardia artística como la representada en la UNEAC, que pueda hacer contribuciones decisivas en la batalla cultural, frente al proyecto colonizador global y frente a los intentos subversivos del Norte revuelto y brutal.

En las condiciones actuales, mantener la coherencia de la política cultural cubana resulta una tarea prioritaria frente a los intentos de los enemigos de dividir al movimiento artístico y manipularlo con aviesos propósitos.

Es necesario y urgente fomentar los valores éticos y estéticos, y favorecer el crecimiento integral del ser humano, ese gran protagonista del socialismo. Como ha expresado la Doctora Graciela Pogolotti: “La cultura nutre el espíritu de la nación y hace brotar valores y formas de comportamiento”.

Nuestro principal desafío radica en la batalla contra los mensajes seudoculturales asociados a la exaltación del consumismo, a la desvalorización de la cultura nacional y a su intrínseca proyección universal.

Un deber insoslayable de los escritores y artistas es evitar que la crisis de valores generada por contradicciones circunstanciales pueda desembocar en la filosofía del “conservatismo social” denunciado reiteradamente por el profesor Martínez Heredia.

Debemos prepararnos cada vez mejor para la confrontación de ideas que se está planteando en el campo de la cultura, de las ciencias sociales, del pensamiento; defender nuestro socialismo y su perfeccionamiento como la única alternativa para salvar la cultura, una de las conquistas principales de la Revolución. No olvidemos que la disyuntiva es socialismo o barbarie. Y, precisamente por ello, la dimensión espiritual no debe descuidarse: tenemos que salir adelante en lo económico y al mismo tiempo en el campo de los valores, de la conciencia. O no tendremos patria independiente y socialista.

Para lograrlo resulta imprescindible consolidar espacios sistemáticos de debate en el seno de la UNEAC, de la Asociación Hermanos Saíz, de las instituciones de la cultura, y la presencia en  nuestros medios de materiales que defiendan a la Revolución, su cultura y su obra. Hay que enfrentar con argumentos (que de hecho nos sobran) las tendencias a distorsionar y desmantelar la historia revolucionaria, y a edulcorar  el pasado capitalista.

La vanguardia artística debe defender nuestras verdades sin actitudes vergonzantes ni temor a ser acusados de “oficialistas”. El oportunismo de aquellos que quieren marcar distancia y convertirse en “personajes” haciendo guiños al enemigo, debe ser desmontado en nuestras publicaciones y en las redes sociales. Tenemos que saber diferenciar al que plantea dudas y criterios con honestidad en nuestros espacios de debate, del que busca notoriedad, sobre todo fuera del país, con posiciones oportunistas.
Hay que luchar incansablemente por la unidad de los intelectuales y artistas revolucionarios. Una unidad que no puede basarse, como nos ha alertado el General de Ejército, en la falsa unanimidad, en la simulación, en consignas y en retórica. Una unidad que debe articularse en un ambiente de diálogo transparente, serio, constructivo, donde confluyan ideas diferentes dentro del marco de los principios y se llegue a propuestas que ayuden a la toma de decisiones en este momento tan trascendente.

Debemos evaluar con rigor el impacto de las nuevas tecnologías en el consumo cultural, en la creación y la distribución. No puede verse ese impacto como algo negativo, sino como un reto inédito para la relación de las instituciones con los creadores, que debe reforzarse sobre reglas de juego diferentes. Tenemos que usar las nuevas tecnologías para promover lo mejor del talento con que contamos.

Las nuevas tecnologías permiten hoy que las personas decidan individualmente qué consumir en términos de cultura. Es una falsa “libertad”, como sabemos, porque el mercado y la publicidad les imponen un repertorio muy limitado, donde pocas veces los auténticos valores tienen cabida. Sin embargo, hay que diferenciar los espacios públicos de los privados. El Estado, por supuesto, no puede interferir en el consumo cultural que decidan asumir los ciudadanos en sus viviendas. Pero en los espacios públicos, la difusión de música y de materiales audiovisuales debe ser regulada.

La política cultural es una de las conquistas principales de la Revolución cubana, y su aplicación está reservada al Estado y a su red de instituciones, contando con la participación de nuestros intelectuales revolucionarios.

Debe reservarse las decisiones sobre qué se presenta, qué se promueve, qué aparece en los medios, qué y cómo se comercializa a través de los circuitos institucionales. Al  propio tiempo, se debe legislar sobre la presencia del arte en aquellos espacios de servicios públicos que funcionan bajo formas de gestión no estatal.

Es imprescindible estudiar en qué zonas de nuestra vida cultural pueden tener cabida las formas de gestión no estatal, a partir del concepto básico de preservar como un principio inalienable la aplicación con coherencia de la política cultural en cualquier escenario, estatal o no estatal. Las decisiones asociadas a la distribución del arte a través de nuestros medios y circuitos institucionales, son de los organismos competentes y responden a nuestras prioridades. Hay que tener en cuenta las tendencias del mercado; pero jamás podemos dejar en manos del mercado la política cultural. El mercado del arte, aunque es una realidad insoslayable, no puede fijar entre nosotros las jerarquías ni los modelos de consumo cultural.
No podemos abrir cauce a las tendencias ingenuas de confiar en mecanismos capitalistas de promoción, ni a la inclinación a debilitar o suprimir el sistema institucional que ha sido eje y bastión de la cultura revolucionaria. El fortalecimiento y la defensa de la institucionalidad es vital.

Estamos obligados a transformar nuestras instituciones en entidades más activas y eficaces para representar en el país y en el extranjero a los creadores cubanos, y para elevar la calidad de vida de la población con el indispensable componente de una oferta rica y diversa de opciones culturales. Pero no podemos demoler las instituciones. El enemigo quiere precisamente eso: destruir la institucionalidad revolucionaria. Nuestra respuesta debe ser mejorarlas, desburocratizarlas, hacerlas más eficientes.

La descolonización de los procesos culturales, con la participación decisiva de los medios de comunicación masiva, tiene que estar entre las principales prioridades de las instituciones y de las organizaciones de creadores. La promoción intencionada de los más valiosos creadores cubanos, de nuestras raíces y tradiciones, debe constituirse en un valladar frente al gran proyecto colonizador. Al propio tiempo, estamos obligados a difundir lo mejor de la creación latinoamericana, caribeña y universal.

Podemos y debemos influir en el gusto de la población: no con prohibiciones que sólo sirven para crear el efecto contrario al deseado, sino con el diseño de políticas coherentes, donde confluyan todos los instrumentos que tiene el Estado, incluidas las instituciones educativas.
Cada vez se hace más claro cómo se entrecruzan educación y cultura, pues una es complemento de la otra. A lo largo del proceso del Congreso, ustedes se han referido a áreas de la educación como la enseñanza de la lengua materna, de la Historia, y la Educación Artística, así como al análisis de la escuela como institución capaz de ser el centro cultural más importante de la comunidad.

En esos planteamientos se evidencia la necesidad de una mayor coordinación en la labor de todos los organismos y organizaciones que influyen en la formación educacional de nuestros niños y jóvenes. Debemos actuar por encima de cualquier espíritu de feudo, con mayor intencionalidad, priorizando la formación integral de nuestros maestros y profesores, de manera permanente, para que estén en mejores condiciones de ofrecer una influencia más positiva y abarcadora en la educación de nuestros niños y jóvenes. Desde la UNEAC, ustedes pueden brindar una ayuda apreciable.

Creo que se hace indispensable el diálogo y la confrontación inteligente de ideas desde nuestra democracia socialista, entre la intelectualidad cubana y las instituciones. Un intercambio que tiene como premisas la independencia y la soberanía de la Patria y una posición firme y clara ante las maniobras engañosas y los peligros que entrañan los cantos de sirena que nos llegan desde el exterior y desde algunos espacios interiores, con los cuales discrepamos. Una interlocución que hay que sostener con la fuerza y el poder del pensamiento y de la cultura. Incluso propiciar el debate público, mediático, en aquellos espacios de amplia comunicación con nuestro pueblo y en otros no tan masivos, pero de prestigio, como los de la UNEAC, y demostrar así la fuerza de nuestras ideas y posiciones.
Cualquier tipo de discriminación y anomalía social debe ser objeto de riguroso análisis. 
Tenemos que emitir nuestras consideraciones, preocupaciones y ofrecer soluciones para hacerlas desaparecer y evitar su reproducción, porque constituyen parte de un fenómeno esencialmente cultural con repercusiones en todas las esferas de la vida cubana y en contradicción evidente con los objetivos de transformación social que trazó la Revolución y defendemos hace más de medio siglo.

Tenemos el deber de defender, al mismo tiempo, nuestro patrimonio cultural como premisa para la construcción del futuro.

En el contexto de la actualización del modelo de gestión económica del país debemos encontrar nuevas formas que sin mercantilismo cultural ni malgastando los recursos presupuestarios del estado, aseguren la renovación y continuidad de los procesos culturales que dan lugar a la existencia misma de la nación.

El amplio, inteligente y aportador debate sobre nuestros problemas y aspiraciones, expresados en diversos temas, no se puede agotar completamente en este congreso, y mucho menos en este discurso de clausura. Por eso el espíritu de debate constructivo que se suscitó mucho antes del evento en los encuentros de base, que se extendió a los de provincias y secciones y que se ha ratificado y ampliado en los días de congreso, debe continuar y tener seguimiento en próximos plenos del Consejo Nacional para instrumentar e implementar todo lo que sea posible. Pueden estar seguros de que contarán con el apoyo del Partido y el Gobierno de la nación.

Ustedes han reconocido que la Revolución ha estado en permanente sintonía con la vanguardia del pensamiento social, político y cultural de la época, y esa ha sido una de las claves de su consolidación como proyecto político. La unidad ha sido y sigue siendo la estrategia fundamental de la Revolución Cubana, lo que, como sabemos, no equivale a homogeneidad de pensamiento, sino a la concertación posible de diferentes puntos de vista.

Defiendan esa unidad imprescindible para garantizar la continuidad de la Revolución.
Con valentía y pasión han aceptado el enorme reto de construir el sujeto cultural que debe protagonizar las transformaciones en nuestra Cuba, junto a todos los sectores de la sociedad cubana y con el pueblo.  Entréguense con reanimado optimismo a tan digna y necesaria tarea.

Por los resultados de este congreso podemos afirmar que la vanguardia genuina de nuestros escritores y artistas, existe, vive, consciente y comprometida con su Revolución,  crea con dignidad y combate sin tregua los esquemas seudoculturales y dogmas que nos tratan de imponer, ajenos a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Que nada los frene en esas convicciones y en el empeño de construir un socialismo sostenible, próspero y por supuesto, implícitamente culto.

Permítanme felicitar, en nombre de la Dirección del Partido y el Estado, a los compañeros elegidos para encabezar a la UNEAC en este mandato, especialmente al querido y admirado Miguel Barnet, y a todos ustedes por haber celebrado un Congreso a la altura de lo que la Patria necesita en estos tiempos.

¡Viva la cultura cubana!
¡Viva la Revolución Cubana!
Muchas gracias.


AIN FOTO/Roberto MOREJÓN RODRÍGUEZ