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viernes, 31 de julio de 2015

Los Medios de Comunicación Social: ¿Un antídoto contra la mensajería monocromática de los principales medios de comunicación?

Por Stephen Kimber*


Tomado de:  Ventana Política  [que] había solicitado este artículo previo a la Conferencia Internacional #TIChabana2015.  Lamentablemente no se pudo garantizar su traducción oficial en el tiempo previsto. No obstante, por la actualidad de los temas que aborda, lo recomendamos a nuestros fieles seguidores, a quienes deseamos una provechosa y muy instructiva lectura. [Publicado el 10 de junio de este 2015, lo traemos a consideración de nuestros lectores]
 
Un saludo a todos los participantes en esta importante conferencia internacional sobre "Los Nuevos Escenarios de la Comunicación Política en el Ámbito Digital - 2015", especialmente a   aquellos que han tenido la gran suerte de estar  en La Habana.
 
Si es su primera vez en Cuba, tienen que haber experimentado ya, sin duda alguna, los miles de soldados armados con armas automáticas deambulando por las calles de La Habana, la supresión de las discrepancias en cada esquina y en cada conversación; los tanques del ejército retumbando a través de los barrios en ruinas, intimidando a los residentes intranquilos para evitar que se levanten en justa rebelión contra el régimen represivo de su país; los hombres empobrecidos, asustados, las mujeres y los niños en las calles de la capital intimidados de tal manera por sus amos dictatoriales que no pueden hacer contacto visual, y ni qué hablar de conversaciones con un extraño ...
 
Estoy bromeando, por supuesto. Hay pocas capitales nacionales en el mundo tan animadas y llenas de vida como La Habana - sin olvidar lo segura y acogedora que es para los extranjeros.
 
Pase un rato en La Habana Vieja, donde disfrutará el ambiente colonial español y la historia revolucionaria cubana al mismo tiempo, junto con lo mejor (y lo peor) del turismo mundial en medio de una ciudad vibrante, una comunidad viva de cubanos. En La Habana Vieja, pasear por una galería de arte nacional de clase mundial, explorar los vestigios de la revolución con los agujeros de balas en el antiguo palacio presidencial, comprar en una de las decenas de tiendas turísticas, mirar en un aula de una escuela primaria, disfrutar de una cerveza en una cervecería mientras observa a un grupo de ruidosos niños felices que patean un balón de fútbol alrededor de una plaza recién restaurada. Andar por el Malecón y disfrutar de la brisa fresca de la Bahía de La Habana en compañía de - dependiendo de la hora del día – pescadores honestos, alocados  estudiantes de secundaria, turistas embobados, estafadores preguntando ¿"tabaco, señor?", y algunos jóvenes amantes. No olviden disfrutar de la vida nocturna en La Rampa, o cenar en una de las cafeterías o restaurantes que abundan cada vez más y que cada vez son más eclécticos que se diseminan continuamente por toda La Habana.
 
Haga lo que yo he hecho ocasionalmente. Pasee por los barrios que están más allá de donde los turistas pasean. Pruebe su español - muy poquito, en mi caso – con los cubanos de la calle. Pregúnteles lo que piensan de su gobierno, sus vidas. Usted no tendrá que esperar mucho para escuchar las críticas - demasiadas reglas, muy pocos burócratas útiles - expresadas abiertamente y sin el evidente temor de que el "Gran Hermano" podría estar mirando. También casi seguro escucha sobre el anhelo comprensible de más recompensa material por su trabajo. Es difícil sobrevivir con el salario promedio cubano, sobre todo en una economía distorsionada por el embargo estadounidense y el dólar de los turistas. Pero también escuchará – de manera clara y convincente – sobre el orgullo que los cubanos sienten por su país: sobre el reconocimiento a nivel mundial de Cuba por los éxitos en la salud, sobre el papel "de la política exterior" humanitaria que los médicos cubanos desempeñan en todo el mundo, sobre el sistema educacional de Cuba y sus tasas de alfabetización mejores que las del primer mundo, sobre la capacidad de Cuba de sobrevivir a un paralizante bloqueo estadounidense de más de 50 años de duración sin capitular, sobre el papel creciente de Cuba como líder respetado en América Latina y su influencia en África y en el mundo no alineado...
 
¿Por qué les cuento todo esto?
 
Porque la realidad cubana difiere mucho de las imágenes que de ella se ha creado y distorsionado en el espejo de la casa de diversiones de los medios de comunicación tradicionales, especialmente en los Estados Unidos, y también, por desgracia, en muchas otras llamadas democracias liberales occidentales, incluyendo mi país natal, Canadá.
 
Eso es un problema, pero también es una oportunidad.
 
Cuando empecé a investigar mi reciente libro sobre el caso de los Cinco Cubanos (Lo que hay en la otra orilla: La verdadera historia de los Cinco Cubanos, Fernwood, 2013), mi comprensión de Cuba se limitaba en gran medida a esas distorsiones de los medios, así como a mi propia visión turística de Cuba vislumbrada - mojito en mano - desde de una tumbona en la playa en un arrebujado centro turístico lejos de la vida del cubano común.
 
No soy yo solo.
 
En las democracias liberales occidentales, nuestro parecer sobre el resto del mundo - no sólo de Cuba, sino también de Palestina, Siria, Ucrania, los propios Estados Unidos – muy a menudo está conformado y condicionado por los medios de comunicación corporativa tradicional. Por supuesto, parte de esa desconexión entre la percepción y la realidad es calculada, deliberada, manipulada ideológicamente por los dueños de esos medios.
 
Pero, como persona trabajando en las trincheras de los medios y que luego pasó décadas enseñando periodismo, debo confesar también que gran parte del problema es nuestra propia ignorancia del "otro", y nuestra incapacidad - incluso la falta de voluntad - para experimentar el mundo a través de un lente desconocido, cómo otros se ven a sí mismos (y nos ven a nosotros).
 
Y eso tiene un efecto en las percepciones de los lectores y espectadores que a menudo no ven la hipocresía que se oculta detrás de las historias que los medios de comunicación brindan sobre Cuba.
 
Los estadounidenses, por ejemplo, han crecido dando por sentado que su democracia electoral tradicional, la primera posterior a la guerra,  no es simplemente la mejor expresión de libertad disponible, sino también la única forma legítima de medir cuán libres son los ciudadanos de un país. Y sin embargo... ¿Puede hablarse de las “pestañas colgantes de las boletas”, los comités de acción política sin restricciones financieras y sin responsabilidad política (los PAC), la institución antidemocrática del colegio electoral de los Estados Unidos, el pésimo número de votantes, las reglas de votación amañadas para excluir la participación de los pobres y las minorías raciales ...? 
 
Los medios de comunicación sí informan sobre estas realidades contradictorias, pero las contextualizan como anomalías menores en su versión de clases de  cívica de la escuela secundaria de cómo funciona realmente la democracia estadounidense. No reconocen - no pueden reconocer - cuán profundamente esas distorsiones "menores" no sólo socavan esa percepción eterna optimista, sino también, en última instancia definen la realidad de su propia democracia electoral.
 
Al mismo tiempo, dichas anteojeras fabricadas como medios de difusión hacen difícil que los estadounidenses reconozcan - y acepten como al menos tan legítimo como su propio sistema defectuoso - el sistema electoral de un solo partido de Cuba, pero centrado en la base, en el barrio. (No hay dudas de que el sistema cubano tiene sus propias distorsiones y fallas - todo sistema lo tiene - pero, a fin de comprenderlas, las personas de fuera primero tienen que empezar por dejar de lado sus propios prejuicios ideológicos y ver el sistema a través de un lente menos hipócrita.)
 
Esto por supuesto se aplica mucho más allá que simplemente a los sistemas electorales. Cuando estaba investigando la historia de los Cinco Cubanos - cinco agentes de inteligencia cubanos arrestados, juzgados y condenados en 2001 por infiltrarse en grupos terroristas de exiliados radicados en Miami, y luego sentenciados a penas sorprendentemente largas en cárceles de los Estados Unidos - me sorprendió la cantidad de estadounidenses que conocí que estaban convencidos de que los Cinco debían ser culpables sencillamente porque así se había decidido en un tribunal estadounidense. También estaban igualmente convencidos de que Alan Gross, el  subcontratista estadounidense de USAID - condenado a una menos sorprendente, pero aún larga sentencia de 15 años en una prisión cubana por el contrabando ilegal de equipos sofisticados de telecomunicaciones en el país - debía ser inocente porque había sido juzgado en un "tribunal popular" cubano que no cumplía con las "nobles" normas requeridas por la justicia estadounidense1. ¿Ah, sí? ¿Puede mencionarse a O.J.? ¿O el caso de la corredora de Central Park? ¿O Trayvon Martin? ¿O Ferguson? ¿El Black Lives Matter? Sin olvidar a Leonard Peltier, Oscar López, Mumia Abu-Jamal, etc., etc.
 
No quiero insinuar aquí que creo, por comparación, que Cuba es una especie de paraíso. No lo es. O que los medios de comunicación dominantes de Cuba hacen un trabajo más que  satisfactorio para ayudar al mundo a entender mejor la realidad cubana, o proporcionar a los cubanos una mayor comprensión de las realidades de las complejidades más allá de sus costas. No creo que lo hagan. Pero ese es otro tema para otro foro.
 
Ya sea que estemos hablando de sistemas electorales o sistemas judiciales - sin olvidar la raza, el género, los derechos humanos, la religión, el capitalismo, el socialismo – los sesgos incorporados corporativos o ideológicos de los profesionales de los medios de comunicación convencionales hacen que sea difícil para ellos ayudar a los ciudadanos comunes a llegar más allá de los estereotipos que nos separan...
 
1 Los Cinco Cubanos y Alan Gross fueron liberados el 17 de diciembre de 2014, como parte de un acuerdo histórico para comenzar a restablecer relaciones entre los Estados Unidos y Cuba sobre bases de respeto después de 50 años de hostilidades.  
 
Una vez más, ¿por qué estoy diciendo esto en una presentación en una conferencia cuyo tema es "Nuevos escenarios de la comunicación política en la Esfera Digital - 2015", y cuyo propósito es "coordinar posiciones y formular recomendaciones sobre cuestiones cardinales mundiales y regionales como la soberanía tecnológica y cultural de las naciones, la gobernanza de Internet, entre otros "?
 
No tengo la presunción de presentarme como un experto en esos "nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital", o pretender presentar posiciones y recomendaciones significativas sobre " cuestiones cardinales mundiales y regionales como la soberanía tecnológica y cultural de las naciones, la gobernanza de Internet, entre otros".
 
Lo que voy a sugerir, de manera sencilla y quizá simplista, es que Internet y los medios sociales de comunicación - periodismo ciudadano, bitácoras, Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest y todos los demás -logs, -libros, -ters, -grams y -ests virtuales, ahora existentes o que se inventen en el futuro - ofrezcan un antídoto potencialmente liberador y alternativo a la corriente principal de mensajería multimedia monocromática.
 
Pero... vamos a volver al "pero".
 
Imagínese a un cubano común en La Habana o Santa Cruz del Norte blogging (emitiendo bitácoras) o, mejor, vlogging (emitiendo bitácoras de vídeo) sobre su experiencia real participando en unas elecciones en Cuba. O explicando cómo un médico cubano trató su diabetes. O describiendo las dificultades para alargar un salario cubano hasta el final del mes. Imagínese que esa bitácora o el vídeo se comparten en Facebook o Twitter o YouTube. Imagínese que lo está leyendo o viendo un estadounidense común y corriente en Cleveland, o Baltimore, o en Oakland. Imagínese ese proceso a la inversa, con los cubanos aprendiendo más acerca de la realidad de los Estados Unidos de aquellos que, como decía Martí, viven "en el monstruo y... conocen sus entrañas2."
 
2 Este trabajo se enfoca principalmente en los medios sociales como un medio de comunicación a nivel mundial. Podría escribirse fácilmente y de manera legítima sobre la forma en que los medios sociales de comunicación pueden ayudar a los cubanos a comunicarse y entenderse mejor entre ellos. Pero esa sería otra presentación. 
 
No estoy hablando aquí acerca de la polémica, frases manidas, versiones de la realidad sancionadas y saneadas por el gobierno o la mensajería corporativa diseñada para promover el último producto o moda pasajera, sino de compartir la vida real de persona a persona que sea posible gracias a las posibilidades liberadoras, de comunicación social interactiva de Internet.
 
A cierto nivel, esto ya está sucediendo, por supuesto. A pesar de lo que podemos leer en los medios sobre la falta de acceso a Internet para los cubanos comunes, estoy continuamente sorprendido por el número de "amigos" cubanos que tengo a través de Facebook, y por la libertad que parecen tener para expresarse en todos y cada uno de los temas.
 
Pero hay obstáculos que hacen que ese acceso sea ubicuo. Las finanzas, para empezar. En Cuba, como en muchos otros países en desarrollo, la construcción y el mantenimiento - sin olvidar su constante actualización - un Internet sólido es caro, y debe competir con muchas otras prioridades nacionales igualmente imperiosas para los escasos recursos con que se cuenta.
 
Pero - aquí está el comienzo del pero - la situación en Cuba es complicada, como siempre, por el factor estadounidense: por las consecuencias del embargo / bloqueo de los EE.UU., y, por supuesto, por los programas de cambio de régimen de los Estados Unidos que han pasado de  tratar de subvertir la soberanía de Cuba sobre el terreno al secuestro de su Internet en el mundo virtual.
 
El caso de Alan Gross es sólo un ejemplo. Cuando fue arrestado en 2009, Gross estaba trabajando en virtud de un contrato secreto con la USAID de más de 500 000 dólares para el contrabando de equipos sofisticados de telecomunicaciones espías en Cuba como una manera de subvertir las leyes y la jurisdicción de ese país. Incluso después de ser declarado culpable, han continuado otros programas de cambio de régimen financiados por Estados Unidos utilizando los medios sociales. De acuerdo con una investigación de Associated Press publicado en 2014, por ejemplo, "el gobierno de los Estados Unidos planeó la creación de un 'Twitter cubano' - una red de comunicaciones diseñado para socavar al gobierno comunista de Cuba, preparado con empresas ficticias y financiado a través de bancos extranjeros3." Según la historia, los contratistas estadounidenses crearon Zunzuneo para recopilar datos personales acerca de incautos internautas cubanos "con la esperanza de que la información podría ser usada algún día con fines políticos".
 
3 http://bigstory.ap.org/article/us-secretly-built-cuban-twitter-stir-unrest
 
Lamentablemente, esto no se ha detenido. De hecho, el 26 de diciembre de 2014 - menos de 10 días después del acercamiento histórico entre Washington y La Habana anunciado por el presidente estadounidense Barack Obama y el presidente cubano Raúl Castro - el Departamento de Estado de los Estados Unidos emitió una convocatoria de propuestas por valor de 11 millones de dólares en contratos para programas "para fortalecer en la isla la capacidad de la sociedad civil independiente con el fin de promover los derechos e intereses de los ciudadanos cubanos, y para superar las limitaciones que han sido impuestas por el gobierno cubano sobre los derechos laborales civiles y políticos de los ciudadanos..." En otras palabras, para continuar interfiriendo en los asuntos internos de Cuba, incluso mediante el uso indebido de Internet para promover un cambio de régimen.
 
Obviamente, esto plantea un dilema para cualquier persona, incluyéndome a mí, que abogo porque Cuba fomente el uso generalizado de Internet para crear una comunicación más abierta de ciudadano a ciudadano, tanto dentro de Cuba como con el resto del mundo. ¿Cómo puede el gobierno cubano alentar esa cuestión en momentos en que los Estados Unidos todavía está tratando activamente de utilizar de manera subrepticia esas mismas herramientas para fomentar la contrarrevolución?
 
Es evidente que uno de los objetivos de las negociaciones en curso para establecer relaciones respetuosas entre Cuba y los Estados Unidos debe ser exigir un reconocimiento estadounidense de que los cubanos tienen el derecho exclusivo de determinar su propio futuro político. Dado lo que hemos visto en cuanto a la postura negociadora del gobierno de Cuba hasta la fecha, se puede estar relativamente seguro de que Cuba seguirá insistiendo en la protección de los intereses legítimos de Cuba en todos y cada uno de los acuerdos.
 
Sin embargo, incluso sin ese tipo de injerencia estadounidense, la cuestión de la soberanía cultural sin fronteras del "lejano oeste" en el mundo de la comunicación en Internet sigue siendo un tema preocupante para todos los países, especialmente teniendo en cuenta el enorme poder y el alcance de la cultura empresarial y popular de los Estados Unidos.
 
En mi propio país, el gobierno canadiense ha regulado tradicionalmente las señales de radiodifusión, en parte para proteger nuestra cultura canadiense anglófona y las industrias culturales del increíble poder del gigante en nuestra frontera meridional. La llegada de Internet no sólo ha socavado esa protección, sino que también ha alentado intereses corporativos y políticos en nuestro propio país -cuyo objetivo es salvar al mundo del  American Idol y Fox News - para tratar de eliminar todas y cada una de las regulaciones de la comunicación.
 
Cuba se encuentra en un momento histórico interesante en el desarrollo de su propio espacio virtual. Por las razones señaladas anteriormente, entre otras, la conectividad a Internet en Cuba no es tan avanzada como en otras jurisdicciones. Eso da a los cubanos la oportunidad de estudiar todo el panorama para ver lo que ha funcionado y lo que no ha funcionado, en cuanto a la gobernanza de Internet, así como para evaluar los riesgos y los beneficios.
 
Es cierto que hay riesgos.
 
Pero también hay recompensa. Cuba siempre ha sido representada incorrectamente por los principales medios de comunicación corporativa, particularmente en los Estados Unidos, y también en Canadá y en muchos países europeos, y en consecuencia incomprendida por muchos ciudadanos comunes y corrientes que de otro modo podrían simpatizar con Cuba y su revolución.
 
Volviendo a las imágenes distorsionadas de Cuba con las que comencé este trabajo, considérense los beneficios de los medios de comunicación social ricos y diversos que permitan a los ciudadanos cubanos comunes contrarrestar las generalizaciones de los medios sobre la "represión del régimen" con los tweets en vivo mostrando la celebración de los cubanos del Primero de Mayo; o yuxtapóngase la información sobre la venta de armas estadounidenses a los países y las facciones en guerra con las cifras que muestran cómo muchos médicos cubanos trabajan en muchos países; o - simplemente y de manera más eficaz – muéstrese a los cubanos siendo cubanos.
 
Como aquellos de nosotros que han disfrutado de Cuba personalmente pueden dar fe, la mejor manera de disipar los mitos sobre Cuba y su revolución, la mejor publicidad para Cuba, es Cuba - y los cubanos.
 
Los medios sociales pueden ayudar a que eso suceda.
 
***
 
STEPHEN KIMBER  es Profesor de Periodismo de la Universidad de King´s College, Halifax, Canadá
 
(Cortesia del autor)
Imagen: Montaje sobre fotos de Roberto Suárez 



lunes, 20 de julio de 2015

El reto cultural ante el nuevo escenario de las relaciones con EEUU

Por Elier Ramírez Cañedo*
  FOTO Jorge LEGAÑOA ALONSO
En menor o mayor medida, Cuba ha sido impactada por las influencias de la cultura norteamericana en la Isla durante más de dos siglos. No podía ser de otra forma debido a la cercanía geográfica y los vínculos históricos existentes desde el surgimiento de ambas naciones. En el siglo XIX ya se encuentran estas influencias de la cultura norteamericana en la isla, pero es en los años de la república neocolonial burguesa que alcanzan su mayor auge, aunque siempre existieron espacios de resistencia cultural que mantuvieron incólumes lo más autóctono de nuestra identidad nacional, manifestados en algunos momentos dentro del pensamiento antiinjerencista y en otros llegaba a ser antimperialista. Esto tuvo expresiones en el teatro, la poesía, la literatura, la historiografía, el periodismo y en otras manifestaciones artísticas, literarias e intelectuales, incluso en las primeras dos décadas de república neocolonial burguesa, a pesar de la falsa percepción que existe de que este período fue de un adormecimiento total de la conciencia nacional.
 El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, y el creciente contacto de la Isla con un mundo globalizado, donde la hegemonía cultural estadounidense es una de sus características fundamentales, ha incrementado el contacto de los cubanos con los productos culturales norteamericanos (música, videojuegos, cine, moda, etc.), los cuales llegan y se reproducen a lo largo y ancho de toda la isla por vías oficiales y no oficiales y en los más disímiles formatos. El llamado fenómeno del “paquete semanal” ha desatado una especie de fiebre por las series estadounidenses, en un sector de la población, mientras que la mayoría de los filmes que se exhiben en la televisión cubana provienen también de Hollywood.
 Sin embargo, no todo dentro de ese gran alud cultural que viene del norte resulta nocivo a nuestros valores e identidad. Más no debe dejarse a la espontaneidad. Si bien es imposible y contraproducente intentar regular tal invasión y su recepción a nivel individual, de lo que se trata es que las instituciones culturales cubanas en los espacios públicos sean referentes a la hora de establecer las jerarquías correctas y necesarias. Siempre me pregunto por qué si existen no pocas películas y series norteamericanas que constituyen en sí una denuncia a los aspectos más oscuros y siniestros del sistema capitalista, no gozan de privilegio en nuestra televisión y más bien son desplazadas por aquellas más alejadas de los valores culturales que defendemos. Pienso por ejemplo en la serie de recién aparición House of Cards o en la Verdadera historia de los Estados Unidos, de Oliver Stone. Ninguna puesta aun en la pantalla cubana. Lo cierto es que existe una izquierda en la producción cultural norteamericana -dentro del espectro político de ese país- que no encuentra aun el espacio necesario en nuestra realidad y que es prácticamente desconocida.
 Por otro lado no podemos olvidar que la cultura cubana siempre ha tenido una vocación universalista y una capacidad muy singular para asimilar lo foráneo, metabolizarlo y producir nuevas creaciones, enriqueciendo continuamente nuestra identidad lejos de ponerla en riesgo. Pero al mismo tiempo hay que tener “ojos judiciales”, como en su momento los tuvo Martí, para ver las dos Norteaméricas, la de Lincoln y la de Cutting. De la primera reconoció siempre sus valores culturales, de la segunda -a la cual llamó Roma Americana- no solo criticó los aspectos políticos que más conocemos, sino también el modo de vida norteamericano que exaltaba la violencia, la irracionalidad y el culto desmedido hacia el dinero, algo que ha sido una constante en la cultura estadounidense hasta nuestros días. Con apenas 18 años expresaba el Apóstol: “Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento.-Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad (…) Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!
 Que buena esa frase ahora que nosotros hablamos de construir un país próspero y sustentable, pues a veces algunos no entienden que la prosperidad y sustentabilidad por la que luchamos no tiene solo una racionalidad económica, sino también espiritual.
 Las influencias culturales más nocivas que nos llegan de los Estados Unidos, entendiendo la cultura en su concepto más amplio, son las que promueve y defiende el sistema capitalista, y que tienen que ver con modos de vida, representaciones, emociones, símbolos, valores, gustos y costumbres, donde el eje fundamental de la felicidad y del éxito es la posesión de riquezas materiales -medio y fin al mismo tiempo- y el mercado es definido como centro rector de toda la sociedad. La cultura del tener frente a la cultura del ser. Es innegable que el “nuevo enfoque de política” hacia Cuba anunciado el 17 de diciembre por el presidente Obama, pretende potenciar este enfrentamiento más allá de la asfixia económica. Es la idea –no tan nueva- de que un mayor contacto de los cubanos con el “magnetismo económico y cultural de la sociedad estadounidense” es el que va en definitiva a lograr la transición hacia el capitalismo en Cuba. “Pero cómo va a cambiar la sociedad –se refiere a la sociedad cubana-, el país específicamente, su cultura específicamente, pudiera suceder rápido o pudiera suceder más lento de lo que me gustaría, pero va a suceder y pienso que este cambio de política va a promover eso”, expresó Obama en una conferencia de prensa dos días después del anuncio del 17 de diciembre, lo que puede considerarse una especie de declaración de guerra cultural contra Cuba.
 El 17D, evidentemente constituyó una victoria del pueblo cubano y de su liderazgo histórico, pero que nos trae con las nuevas oportunidades, nuevos desafíos. Los mayores no es difícil advertir que se hallan en el terreno de la espiritualidad, en el campo cultural e ideológico. Para nadie es un secreto que los difíciles años del período especial han provocado daños significativos en el tejido espiritual de la nación cubana. Algo que los que nos adversan tienen muy bien estudiado, de ahí otro de los elementos a considerar a la hora de explicarse el “nuevo enfoque” de su política hacia la Isla.
 Pienso que, efectivamente si Cuba no pudo ser absorbida culturalmente por los Estados Unidos en los años de la república neocolonial burguesa y se pudo hacer una revolución socialista en sus propias narices, muy difícilmente podrán lograrlo ahora. Pero mi optimismo no es ciego, ni pasivo. No creo que seamos invulnerables y que no tengamos brechas que los que ahora buscan el cambio de régimen en Cuba por otras vías puedan aprovechar muy bien. Sí, debemos ser optimistas, pero activos. La derrota del socialismo en Cuba, sería nuestra más profunda derrota cultural.
 Solo será posible salir airosos de los nuevos desafíos trabajando incansablemente por sanar todo el tejido espiritual de la nación donde quiera que este se encuentre afectado. El mayor reto está en nosotros mismos y en que, sobre todo, logremos crear en nuestra sociedad sujetos críticos con capacidad de discernir entre aquello que en términos culturales nos empobrece y enajena como seres humanos y lo que realmente nos eleva y emancipa. En la medida que nos recuperamos económicamente –cuestión indispensable y urgente-, debemos seguir, más bien ahora redoblar, nuestra intención de crear una cultura diferente y superior al capitalismo. Debemos movilizar y articular táctica y estratégicamente todas nuestras potencialidades ideológicas y culturales. Es en esa integralidad, y con esa organicidad, que debemos pensar, cuando hablamos del país próspero y sustentable que queremos construir.
 El antiimperialismo que forma parte de nuestra cultura política constituye una de nuestras mayores fortalezas, ahora que la imagen del enemigo pretende desdibujarse ante los ojos de los cubanos, en especial de los más jóvenes. Es innegable que el imperialismo ha dado por perdida su lucha contra la generación histórica de la Revolución y ahora trabaja en la construcción de las bases que le permitan alcanzar sus pérfidos objetivos de siempre con las nuevas generaciones, a través de métodos e instrumentos mucho más sutiles y sofisticados del llamado poder inteligente. Ahora que Próspero se nos presenta con nuevos ropajes, la mirada descolonizadora de Caliban, debe acompañarnos todo el tiempo.
 Ante ese plan, nuestro plan no debe ser otro que seguir cifrando nuestras mayores esperanzas de mejoría material y espiritual en nuestros propios esfuerzos y no en las supuestas bondades del vecino poderoso que ahora pudiera parecer –y es también su intención- una especie de mesías ante los ojos de los confundidos y de los que siempre le han hecho el juego. Pienso que la relación con los Estados Unidos no puede entenderse de otra forma que como un componente más –sin restarle la importancia requerida- de todo lo que venimos haciendo tanto en el plano económico como cultural, pero para nada el eje central. Ello será la garantía de que la victoria del 17D, continúe siendo victoria.
 Y en ese sentido creo, como ha sido uno de los lemas de este congreso, que nos sobran a los jóvenes razones para vencer. Tenemos a Fidel. Tenemos a Raúl. Tenemos el relevo. Tenemos a los Cinco. Seguimos teniendo una Revolución, un pueblo heroico y una juventud de vanguardia. Y por si fuera poco, dentro de varias horas se estará izando en el corazón mismo del imperialismo, la bandera más victoriosa y digna del mundo, al menos de los últimos 56 años.
 Es innegable que vivimos un momento de innumerables desafíos, pero también de renovadas esperanzas. En nuestras manos está la bandera.
 Muchas gracias.

Tomado de Cubadebate

*Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro “De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba”.
Intervención en la plenaria del X Congreso de la UJC

FOTO Jorge LEGAÑOA ALONSO
Cubanos en apertura embajada en Washington

martes, 14 de julio de 2015

La urgencia de pensar la comunicación política

Por Darío Machado Rodríguez*

 
La comunicación política, prefiero llamarla de contenido político, tiene hoy el mayor de los desafíos: preservar y enriquecer los valores cultivados por la revolución socialista en condiciones de un cuádruple conjunto de factores que conspiran en contra.

Naturalmente, la comunicación política no puede echar sobre sus hombros toda la responsabilidad. Sin el predominio de la propiedad social, sin un Estado, sin voluntad política y leyes que respalden la orientación socialista de la sociedad cubana poco o nada significarán las acciones en el terreno de la comunicación social. Pero de igual manera, sin la acción consciente desde la ideología y la política revolucionarias, estos factores pueden debilitar y hacer desaparecer el rumbo socialista y con ello la independencia, la soberanía nacional y la identidad cultural.

Pero el tema que nos ocupa concretamente es el de la comunicación de contenido político y, por tanto, lo primero es explicar la naturaleza de ese cuádruple desafío y hacerlo pensando en la posible acción que pueden tener en lo inmediato y en el mediano plazo.

El enfocar los desafíos ideológicos de la comunicación política hay que ir a la raíz de la realidad social, tener en cuenta los datos que esta aporta.

El primer desafío es el que presentan las transformaciones económicas en curso hoy y en los años siguientes en la sociedad cubana, impulsadas por el Estado revolucionario y por la voluntad política de la nación expresada en los Lineamientos y que amplían la acción del mercado y de la propiedad privada.   Ambos elementos contienen el germen del individualismo y junto con su ampliación recrean y amplían la base económica alrededor de la cual puede y de hecho ya ha comenzado a recomponerse subrepticiamente la ideología liberal derrotada por la revolución socialista.

Todos los cubanos, sin importar el lugar que ocupamos en la estructura socioclasista, recibimos iguales beneficios de las políticas sociales del Estado, pero las relaciones económicas que se van abriendo paso, estimuladas por la acción del mercado y la propiedad privada, van tejiendo también relaciones personales de entendimiento mutuo de quienes se encuentran ligados a una cotidianidad específica, diferente de quienes participan en la parte de la economía vinculada a la propiedad social, relaciones que pueden conducir a una autoidentificación como grupo social, con intereses diferentes a los de la sociedad en su conjunto, aun compartiendo los beneficios de las políticas sociales consideradas por muchos “naturales”. Una cadena de favores mutuos, tiende a apartarlos de la proyección colectiva, de la visión de futuro compartido. La ausencia o debilidad en el examen de las consecuencias para todos de ese alejamiento solo servirá a la rearticulación del liberalismo.

No significa lo anterior que estos cambios traigan automáticamente cambios en la mentalidad de las personas, pero tampoco significa negar que a la larga, la cotidianidad de su espacio económico traerá inevitablemente una influencia en la conciencia de los protagonistas, que puede terminar dándose la mano con la ideología liberal si no hay acciones conscientes para evitarlo.

El repunte de la ideología liberal arriba aludido se observa, por ejemplo, en una relectura exageradamente entusiasta de la vieja república que esconde una negación de las transformaciones materiales y culturales desarrolladas por la revolución socialista, o en las propuestas de fórmulas jurídicas y políticas que miran más al pasado que al presente y al futuro, o en la negación a ultranza de fórmulas de orientación socialista para el desarrollo social y económico del país.
Tenemos además presentes los hechos de corrupción que ya han provocado importantes acciones legales en contra de funcionarios que han privatizado los cargos para operar en ellos en función de intereses personales espurios, a lo que se suma el oportunismo que tanto daño espiritual y material hace a la sociedad.
Corruptos y oportunistas no tendrán escrúpulo alguno en servir a la ideología liberal y a una ampliación ilimitada del papel del mercado y de la propiedad privada, puesto que sus intereses individuales hace rato que ya no están en clave social, si es que en algún momento lo estuvieron. A los corruptos y a los oportunistas les viene bien el capitalismo.

Un tercer factor en contra se presenta con el proceso de normalización de las relaciones con los Estados Unidos, ya que junto con la ampliación de los contactos, las inversiones y el comercio, vendrá la propaganda sociológica implícita en la sociedad norteamericana y en su modo de vida. Una sociedad solo exporta lo que porta. La política y las leyes deberán hacer lo suyo en materia de poner límites claros a estas relaciones, pero el efecto simbólico de su presencia -en lo adelante creciente en la sociedad cubana- no se podrá conjurar si no hay un correlato ideológico y político pensando sistémicamente y expresado en la comunicación de contenido político.

Y un cuarto elemento ya lo tenemos también presente en nuestra realidad: me refiero a los medios principalmente digitales y de otra índole a través de los cuales fluye producción informativa y cultural, no siempre veraz y no siempre de buen gusto, conformándose un panorama simbólico diferente en el cual se mira hoy cada vez más la sociedad cubana.

Es imprescindible que nuestros medios nacionales, propiedad social y al servicio del pueblo trabajador, presenten un espejo analítico, crítico, comprometido, convincente de nuestra vida, en el que se vea y reflexione la sociedad cubana. Naturalmente no solo la radio y la televisión nacionales, y la prensa nacional, sino los medios digitales que crecen y se desarrollan en una batalla contra el tiempo.

La necesidad de un enfoque integral de la comunicación de contenido político que recupere todo el talento nacional imbuido de la necesidad de proteger el proyecto de nación que solo sobrevivirá si mantiene su esencia socialista, es hoy el principal objetivo político para echar a andar la ofensiva ideológica en toda la línea de la batalla por la preservación, afianzamiento y enriquecimiento de los logros culturales de la revolución socialista.

En este contexto, se observa en ocasiones una distonía entre el abordaje de los asuntos sensibles del país en la producción periodística que comunican los medios nacionales y en la producción habitualmente llamada cultural: novelas, programas humorísticos, etc.

Mientras en la producción informativa y periodística en general los temas que se aprueban por los medios solo pueden ser tratados parcial e insuficientemente para el nivel cultural del público y las realidades de la sociedad cubana, en la producción cultural se observan licencias que pasan en ocasiones de la crítica necesaria, profunda y constructiva a zaherir sensibilidades en la audiencia y, al exceder los límites, hacen reprobables esos mensajes. Hay que encontrar el justo medio, el equilibrio que de rienda suelta a la creatividad y la diversidad y a la vez evite la confusión y el desencanto.

El correlato ideológico de la aplicación de los cambios necesarios en la economía del país, imprescindibles para garantizar la orientación socialista y con ello preservar la independencia nacional y el proyecto de nación, tiene que tener expresión en los medios nacionales que sirven a la sociedad cubana con más confianza en nuestro público, en nuestros periodistas y en los colectivos de los medios de comunicación, quienes deberán enfocar su trabajo con la necesaria autonomía y no solo otorgarles el derecho a equivocarse como cualquier otra actividad humana, sino también reconocerles el derecho a tener la razón.

Solo ventajas en la actual batalla de ideas nos traerá el tratamiento de la comunicación de contenido político desde la autoestima de los periodistas, los medios y el público,  para un accionar responsable, comprometido y sin secretismos de la realidad nacional. Un público mejor informado y escuchado confiará más en los medios y en la institucionalidad revolucionaria, estará cada vez mejor preparado para ejercer su derecho a participar en los asuntos del país y para controlar su funcionamiento, en particular previniendo la corrupción y la ilegalidad, a la vez que contribuirá a alcanzar como nos pidió nuestro Presidente, toda la democracia posible.

La ofensiva en la comunicación política, como toda operación compleja, deberá tener una estrategia clara, que abarque integralmente todos los escenarios en los cuales tiene y tendrá lugar la batalla de ideas y deberá también mantener y acrecentar sus reservas, lo cual pone la mirada en los más jóvenes.

Estoy convencido que en esta pelea la población adulta cubana formada por la revolución socialista está más preparada para vérselas con la mentira sobre Cuba que los adultos de los países del norte para aceptar la verdad, pero es de importancia estratégica contribuir a la mejor preparación de los jóvenes.

Cabe preguntarnos por qué, si hoy por hoy, cuando el escenario más dinámico de la batalla de ideas está en la comunicación social, nuestros medios de comunicación no producen programas que expliquen la naturaleza de esta confrontación y en especial por qué en nuestro sistema educacional esta materia no tiene el tratamiento que corresponde al desafío que representa. Circula en todo el país información y programación de ninguna o cuando menos escasa o dudosa calidad en el orden ético y cultural (que tiene su principal símbolo en el famoso “paquete”), sin que haya una acción consciente de cara a este verdadero reto de nuestra época.

Creo que debe pensarse seriamente por parte de quienes integran el sistema nacional de educación en cómo instruir y educar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes acerca del funcionamiento de estos medios, en formar una conciencia contrahegemónica en ellos, enseñarles la importancia que tiene para nosotros la veracidad en la producción informativa y también las artimañas de los medios al servicio de los intereses imperialistas para ocultar la verdad. Desarrollar en ellos una conciencia crítica que les permita comprender las intenciones de la producción desinformativa y anticultural de estos medios. No solo pienso en el sistema nacional de educación si lo destaco es porque resulta por su solidez y sistematicidad el más importante, sino en general en todos los espacios formativos del país.

En resumen, junto con el imprescindible crecimiento y desarrollo económico, una organización a tono con los nuevos tiempos, un entramado jurídico normativo eficiente, deben marchar indisolublemente articuladas las políticas sociales que ha defendido el ideal socialista en Cuba, y un correlato ideológico y político que reproduzca y defienda creativa y audazmente los valores de la revolución cubana.


Enviado por su autor para Cubacoraje

*Licenciado en Ciencias Políticas. Diplomado en Teoría del proceso ideológico y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

jueves, 9 de julio de 2015

Cuba: Cinco desafíos de la comunicación en un nuevo contexto

Texto Raúl Garcés

Raúl Garcés en el IV Pleno Ampliado del Comité Nacional
Raúl Garcés en el IV Pleno Ampliado del Comité Nacional
Septiembre de 2014. Teniendo como telón de fondo las imágenes de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y el grupo de experimentación sonora del ICAIC, el dúo Buena Fe entona la emblemática canción de la nueva trova Cuba Va, acompañado del coro entusiasmado de cientos de personas. Probablemente el hecho habría carecido de mayor trascendencia, si no fuera porque ocurría en el mismísimo Miami Dade County Audiotorium.
Abril de 2015. Uno de los símbolos más representativos de la intolerancia política en Miami, Ileana Ross Lehtinen, pone cara de derrota frente a la revista Foreign Policy, como si cinco décadas de industria anticastrista se vinieran abajo de un tirón sobre sus espaldas desde una altura comparable a la del Empire State. “No podemos darle marcha atrás. Es una situación sin salida”.-confiesa, refiriéndose a la eliminación de Cuba de la lista de países terroristas.
Más o menos por esa fecha,  la cantante Rihanna alborota las calles de La Habana, como lo habían hecho antes Beyoncé o Paris Hilton. Más allá de su fama, todas ellas forman parte del oleaje que trae a nuestras costas más visitantes norteamericanos, y que, hasta el nueve de mayo de 2015, había experimentado respecto al año anterior 36 por ciento de crecimiento. Las encuestas dicen claramente que el 65 por ciento  de los norteamericanos, el 56 por ciento de los latinos y la mayoría de los cubanoamericanos apoyan el giro actual de las políticas de Obama. Para colmo, el New York Times ha situado a Cuba en el lugar dos entre los 50 países más atractivos para visitar, y, en ese contexto, el efecto 17D se esparce también por Europa, cuyos habitantes viajan apuradamente a redescubrir la Isla ya no en carabelas, sino en confortables aviones.
Estas son las nuevas circunstancias. Cierto que no se ha levantado el bloqueo, que Marco Rubio y su equipo de pugilato añaden enmiendas contra la Isla a determinadas leyes, que Obama no utiliza todas sus prerrogativas como Presidente para avanzar. Y cierto también que, transcurridos seis meses, estamos más cerca de la posibilidad de convivir civilizadamente y abrir caminos.
¿Qué implicaciones tienen los escenarios descritos para el trabajo de la prensa y los periodistas? ¿Cómo se reacomodarán en lo adelante los significados de la “plaza sitiada”? ¿Cederemos a la tentación de actuar como si todas las murallas se hubieran derribado?
Quisiera dividir esta reflexión en cinco desafíos que, a mi juicio, deberemos afrontar con profesionalidad e inteligencia, si queremos ajustarnos a la sensibilidad y el tacto político demandados por la nueva época.
1. El desafío de la representación
Una investigación reciente de la Facultad de Comunicación confirma que el tratamiento de las fuentes y el acceso a la información sigue siendo un problema medular entre nosotros. De 636 noticias analizadas, el 43.4 por ciento incluía una sola fuente, mientras que el 22.4 por ciento,  dos fuentes representativas del mismo enfoque editorial. La presencia de diferentes puntos de vista se advirtió en apenas el seis por ciento de las notas. Y, tan preocupante como el dato anterior, es que solo el 17.4 por ciento de ellas utilizó documentos, en contraste con el 77.4 por ciento que se conformó con fuentes humanas.
Aspirar a una cobertura del acontecer internacional que desconozca estos antecedentes y prácticas sería como pedirle peras al olmo. Desde el pasado 17 de diciembre hasta la fecha, Cuba y los Estados Unidos han dialogado sobre un amplio espectro de temas, según las notas oficiales emitidas por ambos gobiernos: la lucha contra el terrorismo, la discusión sobre límites marítimos en el Golfo de México, el tratamiento de epidemias; las acciones para enfrentar la emigración ilegal, el contrabando de personas y el fraude de documentos; la conservación de especies marinas, las estrategias para contener derrames de hidrocarburos en el Estrecho de la Florida, la mitigación del cambio climático… ¿Cuáles de ellos han sido abordados por nuestros medios? ¿Qué otros géneros, además de las notas oficiales, hemos utilizado con mayor frecuencia? ¿Cuántos expertos cubanos y norteamericanos han sido entrevistados? Se habrán dado cuenta de que estas preguntas son más retóricas que reales, porque la respuesta es bien conocida por nosotros.  No caeré, sin embargo, en la tentación de culpar a las fuentes, ni mucho menos en la de culparnos a nosotros mismos. La madurez de este gremio sabe, tras nueve congresos de la UPEC, que esa ruta  ayuda poco a entender el problema y dilucidar sus causas.
(…)
 “Es preciso que se sepa la verdad de los Estados Unidos –diría José Martí-. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se han de pregonar sus faltas como virtudes”.
Lo que he llamado “el desafío de representación” tiene que ver entonces con superar estereotipos y cuños que nos han representado históricamente en el discurso público. Participar en política, fortalecer el espíritu de la nación en torno a su presente y futuro, formar ciudadanos, implica que pensemos y discutamos entre todos los dilemas de la actual coyuntura, que recuperemos sin ingenuidades el imaginario simbólico de nuestra Historia, que aprendamos la Historia antigua y contemporánea de los propios Estados Unidos, su cultura política y que distingamos entre su espíritu de libertad y de conquista.  
2.-   El desafío de la comunicación:
Tratarse como iguales no significa, como tantas veces se ha repetido, que los Estados Unidos hayan renunciado a sus objetivos históricos respecto a Cuba. “Aprender el arte de convivir en medio de nuestras diferencias” significa cimentar y abonar un terreno donde el Imperio –entrenado vastamente en una cultura de dominación- y la Isla- obligada a desplegar por más de cincuenta años una cultura de resistencia- puedan dialogar de forma civilizada y productiva.
Ahora bien, que hayan cambiado los medios y las tácticas de conseguir los mismos fines no es marginal, ni el alcance de esos métodos debería subestimarse.
(…)
Es, probablemente, la prueba más grande que haya enfrentado la institucionalidad revolucionaria en las últimas décadas. La pequeña isla, sometida y acosada históricamente por las políticas de bloqueo, privada muchas veces de diálogo con instituciones financieras internacionales, sumergida en el “vivir al día” para resolver cotidianamente problemas de sobrevivencia, tiene que reaccionar ahora a señales que provienen de todas partes, responder con agilidad propuestas, ejecutar proyectos, enfrentar la sobreexcitación global sin desconcertarse.
Es difícil, lo sé, pero la alternativa no es –ni lo está siendo- esconder la cabeza dentro de una concha de caracol. Ha llegado la hora de que el capital humano, intelectual y cultural formado por la Revolución demuestre sus potencialidades, afronte decisiones complejas, desate sus iniciativas para ponerlas en diálogo con las nuevas circunstancias. La avalancha no puede enfrentarse centralizadamente. No en todos los casos. Y menos en la prensa, que tiene y tendrá cada vez más radios, corresponsalías, periódicos comunitarios y redes sociales por todas partes.
(…)
Hay que construir el tejido social de nuestro proceso de cambios comunicativamente y la institucionalidad revolucionaria debiera asegurarse de que dispone  de las estructuras, los recursos humanos y la voluntad para garantizarlo. Luego de tantos años invisibles para las trasnacionales mediáticas, deberíamos aprovechar  el boom del interés por Cuba, lo mismo en titulares de periódicos que en visitas de primeros ministros, congresistas y personalidades de todo tipo, para dar a conocer lo que somos y, sobre todo, lo que podríamos llegar a ser.
Estados Unidos ha dicho, como también cabía esperar, que apoyará al sector privado emergente dentro de la Isla. Y el gobierno cubano, por su parte, ha reconocido las potencialidades de ese sector como  fuente de crecimiento económico. Que se visibilice, que utilice recursos de comunicación para insertarse en el mercado, incluso que necesite la publicidad para posicionarse en un ambiente de creciente competencia, no debiera extrañarnos.
(…)
El Estado tiene el desafío de ser eficiente, y el sistema comunicativo de la Revolución tiene el deber de acompañarlo en ese propósito. Pero si no hay voceros en los ministerios y otras entidades, si las estrategias de comunicación no se convierten en instrumentos de aplicación práctica cotidiana,  si los funcionarios no se entienden a sí mismos como servidores públicos y carecen de entrenamiento para enfrentarse a cámaras, grabadoras y micrófonos, el camino de mostrar la sostenibilidad y prosperidad de nuestro socialismo se hará más empedrado y difícil.
3.   Un problema de interacción.
No es novedad decir que se ha transformado estructuralmente el espacio público cubano. El modelo mediocéntrico, que caracterizó  a nivel global la producción y distribución de formas simbólicas, es ya historia. No digo que los medios no tengan importancia. Lo que quiero decir es que se insertan ahora dentro de un ecosistema más desestructurado y complejo, donde las jerarquías se diluyen. Si en 1980 visibilizar los efectos de un huracán dependía de las cámaras de la televisión o las fotografías de un periódico, hoy los celulares, las redes sociales, el paquete semanal pueden cumplir potencialmente los mismos propósitos.
(…)
Cualquiera de nosotros podría, al analizar estos temas, llamar la atención sobre las dimensiones de la encrucijada cultural en la que estamos. (…)
Por más que nos pese, este es el mundo en que vivimos y el Paquete Semanal, aún en medio de las singularidades del contexto cubano, se parece mucho a lo que Direct TV ofrece a millones de espectadores en todas partes, que no paran de hacer zapping frente a cientos de ofertas audiovisuales simultáneas. La televisión a la carta es una tendencia irreversible e imparable del escenario comunicativo contemporáneo. Y la reacción frente a ella no puede ser la censura, ni los ojos ciegos, ni los oídos sordos.
Lo que en realidad debiera preocuparnos es que nuestros centros de enseñanza no dispongan aún de programas de recepción crítica frente a la televisión, que la crisis de valores desestructure  los mecanismos sociales disponibles para discernir lo ético de lo que no lo es, que los medios  reproduzcan impunemente la misma banalidad y norteamericanización que le cuestionamos al Paquete, que la crítica a todo lo anterior no siempre cristalice en un potente movimiento cívico, de defensa de la cultura de la nación.
(…) Entendamos de una vez que se puede tener la prensa y no tener la comunicación.
4.     Un desafío de gestión.
Si me preguntaran una de las prioridades que la subversión ideológica adoptará en las nuevas condiciones, afirmaría que es cavar un abismo entre la capacidad de creación e innovación del pueblo cubano, y la supuesta intransigencia de sus instituciones.
Como sugerí antes, no nos asombremos de que el adversario apueste a contrastar las formas de gestión no estatal con las públicas,  que intente enfrentarlas, o presentarlas en el imaginario social como dos polos opuestos: de un lado, presuntamente, la modernidad, el emprendimiento, la habilidad para desatar hasta el infinito las fuerzas productivas. De otro, una imagen de inercia, lentitud y burocracia por parte de los aparatos del Estado.
(…)
Dentro de este contexto, resulta decisivo que se respire un ambiente de innovación en la prensa cubana, que aprendamos con urgencia sobre economía de medios y formas novedosas de gestión  para hacerlos sostenibles, que retengamos a los mejores recursos humanos y a cientos de jóvenes talentosos, portadores del espíritu de renovación; que habilitemos las condiciones objetivas y subjetivas para sacudir a los mediocres y premiar a los más consagrados.
Es un hecho que, en algunos casos, las audiencias caen como de un despeñadero o se desplazan desde los medios tradicionales hacia otras plataformas de comunicación más atractivas y dinámicas. Lo anterior debería preocuparnos y obligarnos a evaluar soluciones puntuales, sin esperar a una transformación general del sistema comunicativo. Hay que concentrar los mayores recursos donde más frutos rindan. Como mismo chequeamos con sistematicidad los lineamientos de la política económica –y generamos en torno a ellos propuestas experimentales-, deberíamos intentar llegar a la II Conferencia del Partido con experimentos sòlidos y consistentes, que se constituyan para nuestros medios en locomotoras del cambio.
En las aulas de nuestras universidades, y en la experiencia acumulada por los medios revolucionarios está la arcilla para modelar la nueva prensa. Hay cientos de jóvenes periodistas, con sólida formación académica y modernas habilidades profesionales, dispuestos a fundar. No es incomprensiones y trabas burocráticas lo que ellos buscan, sino libertad de creación, ambientes innovadores, oídos abiertos a formulaciones osadas, iniciativas que los hagan crecer y no desmovilizarse profesionalmente. En todo caso, es lo mismo que buscábamos nosotros en otra época y en otras circunstancias, cuando teníamos 20 años.
5.    El desafío de la construcción de nuevos consensos
Desde el pasado diciembre, y más recientemente a propósito del anuncio de la apertura de embajadas en ambos países, los presidentes Raúl Castro y Barack Obama han dado muestras ejemplares de que es posible entenderse y dialogar. En su misiva al mandatario cubano, Obama invocó términos como “relaciones respetuosas y cooperativas” y ratificó principios de la Carta de Naciones Unidas como “igualdad soberana”, “respeto por la integridad territorial e independencia política de los Estados” y “no injerencia en los asuntos internos”. Hemos tenido que esperar 113 años y recorrer una larga ruta de independencia para desterrar el espíritu plattista de las declaraciones de un gobernante norteamericano. Si la política necesita del discurso para expresarse y hacerse entender,  el próximo 20 de julio estaremos abriendo no solo embajadas, sino también una nueva dimensión comunicativa.
Le toca a la prensa en el nuevo contexto encontrar los tonos apropiados para cada momento, ecualizar el lenguaje, profundizar en los argumentos de acuerdo con la complejidad de las circunstancias. Recuperar la iniciativa del debate y  la policromía del discurso público. No es una prioridad solo para la nueva era en las relaciones Cuba-Estados Unidos, sino también para el fortalecimiento permanente del consenso nacional.
(…) Estos tiempos no son los años 60, ni Cuba es el país de analfabetos que registró el último censo previo al triunfo de la Revolución. Si algo produjeron las últimas cinco décadas fueron hombres y mujeres pensantes, jóvenes informados, ciudadanos capaces. Todos ellos forman parte del presente y el futuro de la República, y ninguna de sus críticas debiera ser motivo de exclusión. En todo caso, fue la  Revolución la que les aseguró el derecho de pensar con cabeza propia y expresar sus convicciones.
(…) Ahora que los Estados Unidos no estarán solo a 90 millas, sino, probablemente, en opulentos aviones de American Airlines posados en nuestros aeropuertos, o en lujosos ferrys con sus narices asomadas al Puerto de La Habana, ninguna escaramuza de coyuntura debiera ser más fuerte que la unidad nacional. Y aunque parezca paradójico, la unidad nacional será más sólida mientras más flexibles y abiertos a la diferencia resulten los límites de la cultura política compartida. (…)
(…) Este pueblo terco y  perseverante que somos los cubanos está entrenado en dar la pelea. Casi doscientos años de lucha por el camino de la independencia nos han hecho llegar hasta aquí y vivir la expectativa de los días que corren. Por nosotros, por nuestros hijos, por Cuba, nos toca ahora, con prudencia y al mismo tiempo con osadía, asumir los riesgos.
*Fragmentos de la ponencia presentada por Raúl Garcés durante el pleno, la cual propició el debate entre los asistentes de todas las provincias del país.