Mostrando entradas con la etiqueta participación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta participación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Proponen política de comunicación para los medios en Cuba

icom-2015La Habana, 7 dic (PL) La necesidad de una ley de medios en Cuba centró hoy el panel Revolución Digital y Derecho de Acceso en el XVIII Encuentro Internacional de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación (ICOM).

Es necesario pensar en un modelo de comunicación que tenga en cuenta la participación social como gestora también de los contenidos de los medios, indicó la periodista Rosa Miriam Elizalde.

Añadió que con el triunfo de la Revolución cubana la prensa pasó de exclusiva "propiedad privada sostenida" a social.

Sin embargo, "la gestión comunicacional en Cuba ha entrado en paradoja con la realidad sociotécnica, propiciando que los medios públicos se conviertan en una suerte de Cenicienta frente a los medios privados, disfrazados independientes".
Para "entender la comunicación en Cuba, primero se debe comprender el proceso revolucionario y su proyecto en favor del ser humano", señaló el profesor titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana Pedro Urra.
En el mismo panel y a favor de reformas constitucionales para los medios de prensa mexicanos, expusieron sus propuestas los profesores de la Universidad Autónoma de México Florence Toussaint y Rodrigo Gómez.

Toussaint señaló las dificultades de las dinámicas socioeconómicas neoliberales que rigen a los medios en la nación azteca, reduciendo y retrasando el sector de medios públicos con respecto al privado.

Por su parte, Gómez resaltó la necesidad de trabajar en la construcción de una ciudadanía comunicativa y de sistemas comunicativos digitales de servicio público.

En ICOM sesionan varios paneles dedicados a la gestión comunicacional, la política de medios, las plataformas web y la responsabilidad social del periodismo en la era digital.

Fuente Prensa Latina
Vea además
Zallo: la comunicación es un bien público

jueves, 9 de julio de 2015

Cuba: Cinco desafíos de la comunicación en un nuevo contexto

Texto Raúl Garcés

Raúl Garcés en el IV Pleno Ampliado del Comité Nacional
Raúl Garcés en el IV Pleno Ampliado del Comité Nacional
Septiembre de 2014. Teniendo como telón de fondo las imágenes de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y el grupo de experimentación sonora del ICAIC, el dúo Buena Fe entona la emblemática canción de la nueva trova Cuba Va, acompañado del coro entusiasmado de cientos de personas. Probablemente el hecho habría carecido de mayor trascendencia, si no fuera porque ocurría en el mismísimo Miami Dade County Audiotorium.
Abril de 2015. Uno de los símbolos más representativos de la intolerancia política en Miami, Ileana Ross Lehtinen, pone cara de derrota frente a la revista Foreign Policy, como si cinco décadas de industria anticastrista se vinieran abajo de un tirón sobre sus espaldas desde una altura comparable a la del Empire State. “No podemos darle marcha atrás. Es una situación sin salida”.-confiesa, refiriéndose a la eliminación de Cuba de la lista de países terroristas.
Más o menos por esa fecha,  la cantante Rihanna alborota las calles de La Habana, como lo habían hecho antes Beyoncé o Paris Hilton. Más allá de su fama, todas ellas forman parte del oleaje que trae a nuestras costas más visitantes norteamericanos, y que, hasta el nueve de mayo de 2015, había experimentado respecto al año anterior 36 por ciento de crecimiento. Las encuestas dicen claramente que el 65 por ciento  de los norteamericanos, el 56 por ciento de los latinos y la mayoría de los cubanoamericanos apoyan el giro actual de las políticas de Obama. Para colmo, el New York Times ha situado a Cuba en el lugar dos entre los 50 países más atractivos para visitar, y, en ese contexto, el efecto 17D se esparce también por Europa, cuyos habitantes viajan apuradamente a redescubrir la Isla ya no en carabelas, sino en confortables aviones.
Estas son las nuevas circunstancias. Cierto que no se ha levantado el bloqueo, que Marco Rubio y su equipo de pugilato añaden enmiendas contra la Isla a determinadas leyes, que Obama no utiliza todas sus prerrogativas como Presidente para avanzar. Y cierto también que, transcurridos seis meses, estamos más cerca de la posibilidad de convivir civilizadamente y abrir caminos.
¿Qué implicaciones tienen los escenarios descritos para el trabajo de la prensa y los periodistas? ¿Cómo se reacomodarán en lo adelante los significados de la “plaza sitiada”? ¿Cederemos a la tentación de actuar como si todas las murallas se hubieran derribado?
Quisiera dividir esta reflexión en cinco desafíos que, a mi juicio, deberemos afrontar con profesionalidad e inteligencia, si queremos ajustarnos a la sensibilidad y el tacto político demandados por la nueva época.
1. El desafío de la representación
Una investigación reciente de la Facultad de Comunicación confirma que el tratamiento de las fuentes y el acceso a la información sigue siendo un problema medular entre nosotros. De 636 noticias analizadas, el 43.4 por ciento incluía una sola fuente, mientras que el 22.4 por ciento,  dos fuentes representativas del mismo enfoque editorial. La presencia de diferentes puntos de vista se advirtió en apenas el seis por ciento de las notas. Y, tan preocupante como el dato anterior, es que solo el 17.4 por ciento de ellas utilizó documentos, en contraste con el 77.4 por ciento que se conformó con fuentes humanas.
Aspirar a una cobertura del acontecer internacional que desconozca estos antecedentes y prácticas sería como pedirle peras al olmo. Desde el pasado 17 de diciembre hasta la fecha, Cuba y los Estados Unidos han dialogado sobre un amplio espectro de temas, según las notas oficiales emitidas por ambos gobiernos: la lucha contra el terrorismo, la discusión sobre límites marítimos en el Golfo de México, el tratamiento de epidemias; las acciones para enfrentar la emigración ilegal, el contrabando de personas y el fraude de documentos; la conservación de especies marinas, las estrategias para contener derrames de hidrocarburos en el Estrecho de la Florida, la mitigación del cambio climático… ¿Cuáles de ellos han sido abordados por nuestros medios? ¿Qué otros géneros, además de las notas oficiales, hemos utilizado con mayor frecuencia? ¿Cuántos expertos cubanos y norteamericanos han sido entrevistados? Se habrán dado cuenta de que estas preguntas son más retóricas que reales, porque la respuesta es bien conocida por nosotros.  No caeré, sin embargo, en la tentación de culpar a las fuentes, ni mucho menos en la de culparnos a nosotros mismos. La madurez de este gremio sabe, tras nueve congresos de la UPEC, que esa ruta  ayuda poco a entender el problema y dilucidar sus causas.
(…)
 “Es preciso que se sepa la verdad de los Estados Unidos –diría José Martí-. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles toda virtud, ni se han de pregonar sus faltas como virtudes”.
Lo que he llamado “el desafío de representación” tiene que ver entonces con superar estereotipos y cuños que nos han representado históricamente en el discurso público. Participar en política, fortalecer el espíritu de la nación en torno a su presente y futuro, formar ciudadanos, implica que pensemos y discutamos entre todos los dilemas de la actual coyuntura, que recuperemos sin ingenuidades el imaginario simbólico de nuestra Historia, que aprendamos la Historia antigua y contemporánea de los propios Estados Unidos, su cultura política y que distingamos entre su espíritu de libertad y de conquista.  
2.-   El desafío de la comunicación:
Tratarse como iguales no significa, como tantas veces se ha repetido, que los Estados Unidos hayan renunciado a sus objetivos históricos respecto a Cuba. “Aprender el arte de convivir en medio de nuestras diferencias” significa cimentar y abonar un terreno donde el Imperio –entrenado vastamente en una cultura de dominación- y la Isla- obligada a desplegar por más de cincuenta años una cultura de resistencia- puedan dialogar de forma civilizada y productiva.
Ahora bien, que hayan cambiado los medios y las tácticas de conseguir los mismos fines no es marginal, ni el alcance de esos métodos debería subestimarse.
(…)
Es, probablemente, la prueba más grande que haya enfrentado la institucionalidad revolucionaria en las últimas décadas. La pequeña isla, sometida y acosada históricamente por las políticas de bloqueo, privada muchas veces de diálogo con instituciones financieras internacionales, sumergida en el “vivir al día” para resolver cotidianamente problemas de sobrevivencia, tiene que reaccionar ahora a señales que provienen de todas partes, responder con agilidad propuestas, ejecutar proyectos, enfrentar la sobreexcitación global sin desconcertarse.
Es difícil, lo sé, pero la alternativa no es –ni lo está siendo- esconder la cabeza dentro de una concha de caracol. Ha llegado la hora de que el capital humano, intelectual y cultural formado por la Revolución demuestre sus potencialidades, afronte decisiones complejas, desate sus iniciativas para ponerlas en diálogo con las nuevas circunstancias. La avalancha no puede enfrentarse centralizadamente. No en todos los casos. Y menos en la prensa, que tiene y tendrá cada vez más radios, corresponsalías, periódicos comunitarios y redes sociales por todas partes.
(…)
Hay que construir el tejido social de nuestro proceso de cambios comunicativamente y la institucionalidad revolucionaria debiera asegurarse de que dispone  de las estructuras, los recursos humanos y la voluntad para garantizarlo. Luego de tantos años invisibles para las trasnacionales mediáticas, deberíamos aprovechar  el boom del interés por Cuba, lo mismo en titulares de periódicos que en visitas de primeros ministros, congresistas y personalidades de todo tipo, para dar a conocer lo que somos y, sobre todo, lo que podríamos llegar a ser.
Estados Unidos ha dicho, como también cabía esperar, que apoyará al sector privado emergente dentro de la Isla. Y el gobierno cubano, por su parte, ha reconocido las potencialidades de ese sector como  fuente de crecimiento económico. Que se visibilice, que utilice recursos de comunicación para insertarse en el mercado, incluso que necesite la publicidad para posicionarse en un ambiente de creciente competencia, no debiera extrañarnos.
(…)
El Estado tiene el desafío de ser eficiente, y el sistema comunicativo de la Revolución tiene el deber de acompañarlo en ese propósito. Pero si no hay voceros en los ministerios y otras entidades, si las estrategias de comunicación no se convierten en instrumentos de aplicación práctica cotidiana,  si los funcionarios no se entienden a sí mismos como servidores públicos y carecen de entrenamiento para enfrentarse a cámaras, grabadoras y micrófonos, el camino de mostrar la sostenibilidad y prosperidad de nuestro socialismo se hará más empedrado y difícil.
3.   Un problema de interacción.
No es novedad decir que se ha transformado estructuralmente el espacio público cubano. El modelo mediocéntrico, que caracterizó  a nivel global la producción y distribución de formas simbólicas, es ya historia. No digo que los medios no tengan importancia. Lo que quiero decir es que se insertan ahora dentro de un ecosistema más desestructurado y complejo, donde las jerarquías se diluyen. Si en 1980 visibilizar los efectos de un huracán dependía de las cámaras de la televisión o las fotografías de un periódico, hoy los celulares, las redes sociales, el paquete semanal pueden cumplir potencialmente los mismos propósitos.
(…)
Cualquiera de nosotros podría, al analizar estos temas, llamar la atención sobre las dimensiones de la encrucijada cultural en la que estamos. (…)
Por más que nos pese, este es el mundo en que vivimos y el Paquete Semanal, aún en medio de las singularidades del contexto cubano, se parece mucho a lo que Direct TV ofrece a millones de espectadores en todas partes, que no paran de hacer zapping frente a cientos de ofertas audiovisuales simultáneas. La televisión a la carta es una tendencia irreversible e imparable del escenario comunicativo contemporáneo. Y la reacción frente a ella no puede ser la censura, ni los ojos ciegos, ni los oídos sordos.
Lo que en realidad debiera preocuparnos es que nuestros centros de enseñanza no dispongan aún de programas de recepción crítica frente a la televisión, que la crisis de valores desestructure  los mecanismos sociales disponibles para discernir lo ético de lo que no lo es, que los medios  reproduzcan impunemente la misma banalidad y norteamericanización que le cuestionamos al Paquete, que la crítica a todo lo anterior no siempre cristalice en un potente movimiento cívico, de defensa de la cultura de la nación.
(…) Entendamos de una vez que se puede tener la prensa y no tener la comunicación.
4.     Un desafío de gestión.
Si me preguntaran una de las prioridades que la subversión ideológica adoptará en las nuevas condiciones, afirmaría que es cavar un abismo entre la capacidad de creación e innovación del pueblo cubano, y la supuesta intransigencia de sus instituciones.
Como sugerí antes, no nos asombremos de que el adversario apueste a contrastar las formas de gestión no estatal con las públicas,  que intente enfrentarlas, o presentarlas en el imaginario social como dos polos opuestos: de un lado, presuntamente, la modernidad, el emprendimiento, la habilidad para desatar hasta el infinito las fuerzas productivas. De otro, una imagen de inercia, lentitud y burocracia por parte de los aparatos del Estado.
(…)
Dentro de este contexto, resulta decisivo que se respire un ambiente de innovación en la prensa cubana, que aprendamos con urgencia sobre economía de medios y formas novedosas de gestión  para hacerlos sostenibles, que retengamos a los mejores recursos humanos y a cientos de jóvenes talentosos, portadores del espíritu de renovación; que habilitemos las condiciones objetivas y subjetivas para sacudir a los mediocres y premiar a los más consagrados.
Es un hecho que, en algunos casos, las audiencias caen como de un despeñadero o se desplazan desde los medios tradicionales hacia otras plataformas de comunicación más atractivas y dinámicas. Lo anterior debería preocuparnos y obligarnos a evaluar soluciones puntuales, sin esperar a una transformación general del sistema comunicativo. Hay que concentrar los mayores recursos donde más frutos rindan. Como mismo chequeamos con sistematicidad los lineamientos de la política económica –y generamos en torno a ellos propuestas experimentales-, deberíamos intentar llegar a la II Conferencia del Partido con experimentos sòlidos y consistentes, que se constituyan para nuestros medios en locomotoras del cambio.
En las aulas de nuestras universidades, y en la experiencia acumulada por los medios revolucionarios está la arcilla para modelar la nueva prensa. Hay cientos de jóvenes periodistas, con sólida formación académica y modernas habilidades profesionales, dispuestos a fundar. No es incomprensiones y trabas burocráticas lo que ellos buscan, sino libertad de creación, ambientes innovadores, oídos abiertos a formulaciones osadas, iniciativas que los hagan crecer y no desmovilizarse profesionalmente. En todo caso, es lo mismo que buscábamos nosotros en otra época y en otras circunstancias, cuando teníamos 20 años.
5.    El desafío de la construcción de nuevos consensos
Desde el pasado diciembre, y más recientemente a propósito del anuncio de la apertura de embajadas en ambos países, los presidentes Raúl Castro y Barack Obama han dado muestras ejemplares de que es posible entenderse y dialogar. En su misiva al mandatario cubano, Obama invocó términos como “relaciones respetuosas y cooperativas” y ratificó principios de la Carta de Naciones Unidas como “igualdad soberana”, “respeto por la integridad territorial e independencia política de los Estados” y “no injerencia en los asuntos internos”. Hemos tenido que esperar 113 años y recorrer una larga ruta de independencia para desterrar el espíritu plattista de las declaraciones de un gobernante norteamericano. Si la política necesita del discurso para expresarse y hacerse entender,  el próximo 20 de julio estaremos abriendo no solo embajadas, sino también una nueva dimensión comunicativa.
Le toca a la prensa en el nuevo contexto encontrar los tonos apropiados para cada momento, ecualizar el lenguaje, profundizar en los argumentos de acuerdo con la complejidad de las circunstancias. Recuperar la iniciativa del debate y  la policromía del discurso público. No es una prioridad solo para la nueva era en las relaciones Cuba-Estados Unidos, sino también para el fortalecimiento permanente del consenso nacional.
(…) Estos tiempos no son los años 60, ni Cuba es el país de analfabetos que registró el último censo previo al triunfo de la Revolución. Si algo produjeron las últimas cinco décadas fueron hombres y mujeres pensantes, jóvenes informados, ciudadanos capaces. Todos ellos forman parte del presente y el futuro de la República, y ninguna de sus críticas debiera ser motivo de exclusión. En todo caso, fue la  Revolución la que les aseguró el derecho de pensar con cabeza propia y expresar sus convicciones.
(…) Ahora que los Estados Unidos no estarán solo a 90 millas, sino, probablemente, en opulentos aviones de American Airlines posados en nuestros aeropuertos, o en lujosos ferrys con sus narices asomadas al Puerto de La Habana, ninguna escaramuza de coyuntura debiera ser más fuerte que la unidad nacional. Y aunque parezca paradójico, la unidad nacional será más sólida mientras más flexibles y abiertos a la diferencia resulten los límites de la cultura política compartida. (…)
(…) Este pueblo terco y  perseverante que somos los cubanos está entrenado en dar la pelea. Casi doscientos años de lucha por el camino de la independencia nos han hecho llegar hasta aquí y vivir la expectativa de los días que corren. Por nosotros, por nuestros hijos, por Cuba, nos toca ahora, con prudencia y al mismo tiempo con osadía, asumir los riesgos.
*Fragmentos de la ponencia presentada por Raúl Garcés durante el pleno, la cual propició el debate entre los asistentes de todas las provincias del país.

domingo, 27 de abril de 2014

Un problema que es de todos

"Los malos sólo triunfan donde los buenos son indiferentes" dijo nuestro José Martí. ¿Cuántas veces hemos pecado por omisión, siendo indiferentes ante la desidia o el mal trato a una propiedad que, gracias a un 1º de enero de 1959, es de todos?  Tal vez al leer este texto de Pedro de la Hoz, se reconozca más de uno. Una buena noticia: no es tarde para corregir el mal y tomar partido!

Este es mi problema


Antes de tomar cartas en el asunto, lo pensó dos veces. ¿Me darán un escándalo? ¿Me tomarán por un tipo impertinente y entrometido? ¿No será mejor que otros asuman la llamada de atención y pongan orden? ¿Estaré arando en el mar?
 
Tres parejas de adolescentes, que patinaban por el separador de la Quinta Avenida, se detuvieron a la altura de la calle 42, y en lugar de descansar en uno de los bancos, se encaramaron en los leones esculpidos que flanquean el paseo. A uno de los ejemplares algún vándalo, en otra época, le mutiló la parte delantera de la cabeza. En la base del otro, latas vacías y restos de comida. Algunos metros más adelante, un banco recientemente reparado yace en el suelo. En diversos tramos del paseo, grafiteros han dejado la impronta de sus desafueros nocturnos.


El hombre se acercó a los adolescentes y les explicó que los leones no eran muebles urbanos, sino ornamentos para recrear la vista de los paseantes. Que al convertirlos en tarima podían ser dañados de modo irreversible. El tono de voz, contenido pero firme, con el que habló a los muchachos inspiró respeto y lo animó a implicarlos en el cuidado de la propiedad social. Estos advirtieron que no estaban recibiendo un regaño ni una descarga, sino una lección.

Era la primera vez en mucho tiempo que el hombre se decidía a actuar de tal manera. Días atrás un reportaje transmitido por la televisión mostró las huellas del saqueo de un edificio cerca del centro histórico de la ciudad y quedó espantado ante los testimonios de vecinos que decían haber visto cómo despojaban el lugar y extraían por la azotea valiosos elementos constructivos originales. Ah, sí, está muy bien la denuncia, ¿pero qué hicieron en su momento esos testigos? ¿Por qué no atajaron a los vándalos intrusos? ¿Hay que dejarlo todo a la policía, a los cuerpos de seguridad y protección? ¿Habrá que esperar siempre por Eusebio Leal?

Y así repasó cuántas veces había esquivado el bulto ante determinadas situaciones. Ni él ni otros como él ponían freno a los cobradores “voluntarios” de los ómnibus urbanos, ni a los revendedores de artículos de primera necesidad que pululan en los alrededores de los mercados, ni a los acaparadores de los primeros turnos en las colas para sacar pasajes en las agencias de viaje, ni a los que tiran escombros en los contenedores, ni a las tribus urbanas que vociferan a altas horas de la noche. Hasta que se dijo: este es mi problema y este otro y aquel. Porque no basta con saber que existen fisuras en el tejido social sino se requiere enfrentarlas.

Todo lo que pueda aportar en la esfera pública para que la convivencia sea armónica e impere el respeto y la disciplina social como algo consuetudinario y natural, debe ser una actitud cívica irreductible e inexcusable de todos y cada uno de los ciudadanos.

Tomado de Opinión, Periódico Granma

lunes, 20 de febrero de 2012

Elecciones en EE.UU.: Le llaman democracia representativa…

Por  Néstor García Iturbe*

El sistema electoral estadounidense está diseñado para dar la apariencia de que existe participación popular en la toma de decisiones y que el candidato elegido para representar a un partido en las elecciones para alguno de los cargos administrativos, incluyendo la presidencia, ha recibido la aprobación de la mayoría.

Cuando analizamos las elecciones, en la que se enfrentan los seleccionados por ambos partidos, nuevamente el sistema de votos compromisarios por estado oculta la poca participación popular y la verdadera finalidad del sistema, que el ganador sea el que más convenga a los intereses que dominan la sociedad.
Recientemente hemos estado conociendo de los resultados en las elecciones primarias que está realizando el Partido Republicano, en lo que aparentemente es una cerrada lucha por los contendientes con el fin de alcanzar el favor de la mayoría de los electores en cada uno de los estados en los que la encuesta se está llevando a cabo.

A esta contienda se le añade un toque especial cuando salen las empresas encuestadoras dando un pronóstico de vencedor acorde con las consultas realizadas, en la que interviene una mínima parte de la población del estado y la intervención de los analistas de las principales cadenas informativas estadounidenses, que toman en consideración como el voto en el estado estará influenciado por la religión de los contendiente, si está de acuerdo con el aborto, si favorece la disminución de impuestos y otros temas más que se añaden a la agenda del diferendo electoral.

Vamos ahora a correr la cortina y ver lo que se oculta detrás de ella.
Hasta ahora nos han hecho como hace el mago cuando nos muestra por ambas partes el pañuelo vacío y nos dice "Nada por aquí, nada por aquí" y después del pañuelo sale volando una paloma. Un truco que nunca confesará como lo hace. Vamos ahora a decirles como es el truco de la paloma en las elecciones primarias de Estados Unidos.

De acuerdo con los votantes registrados en el Partido Republicano en los estados donde hasta la fecha se ha efectuado la selección del candidato a la presidencia, tenemos que en dichos estados existen cerca de 27,5 millones de republicanos, mientras que en todo este proceso de las primarias solamente han participado un poco más de 3 millones, cerca del 11 por ciento del total.

En el caucus de Iowa y Maine participaron menos del uno por ciento de los republicanos registrados. Dentro de los participantes, el 99 por ciento era de la raza blanca.

En Nevada los que participaron estuvieron un poco por encima del tres por ciento, dentro de estos solamente el 5 por ciento era de origen latino en un estado en que un poco más de la cuarta parte de la población es latina.

En la Florida, uno de los estados donde se plantea que la lucha fue más cruenta y hubo una gran asistencia a las primarias, esta no pasó del dieciséis por ciento de los registrados. Dentro de esto, el voto latino representó solamente el 14 por ciento de todos los votantes, que en un 78 por ciento tenían más de 45 años. Pocos latinos, negros y jóvenes participando en la consulta electoral.

En Carolina del Sur, donde los medios de prensas plantearon se registró una asistencia importante a la contienda, solamente asistieron el treinta y cinco por ciento de los electores republicanos. De los que emitieron el voto, el 98 por ciento era de la raza blanca y dentro de estos el 72 por ciento era mayor de 45 años. Prácticamente ausente, dentro de los que votaron, el voto de los negros, los latinos y los jóvenes.

El truco de la paloma es hablar de por cientos tomando como base la cantidad de personas que emitieron su criterio, ya sea mediante voto electoral o en los caucus. Nunca debe decirse que porciento de personas participaron de las inscritas en el partido, tampoco señalar raza y edades de los que votaron. Es la única forma de continuar engañando al público nacional e internacional.

"Nada por aquí, nada por aquí".

El Heraldo, 20 de febrero del 2012


*Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba