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martes, 14 de abril de 2015

Sociedad y política en la Cuba revolucionaria

Por Fernando Martínez Heredia*

PUEBLOS05 copia
En la Cumbre de los Pueblos. Foto: Juvenal Balán/ Cubadebate

No utilizamos la noción de gobernabilidad [1], porque no tiene nada que ver con nuestras realidades, problemas, concepciones sociales y proyectos. Sugerimos que no sea utilizada para analizar, comprender y evaluar este campo que describimos en los casos de la América Latina y el Caribe. “Gobernalidad” es una noción que generaliza un conjunto de abstracciones y disquisiciones de la llamada ciencia política de países de los llamados “desarrollados”, puesta en íntima relación con un cuerpo ideológico correspondiente a los retrocesos conservadores iniciados en la octava década del siglo XX respecto a lo que se había avanzado en las décadas previas en materia de políticas sociales, funcionamiento de sistemas políticos democráticos representativos y respeto a la soberanía de los Estados, autodeterminación de los pueblos y derecho internacional. Sugiero utilizar otro título que corresponda efectivamente a las cuestiones de sociedad y política.

El tratamiento de los temas de la dimensión política de nuestras sociedades está obligado a tener cuenta sus especificidades. La diversidad es uno de los rasgos principales de estas sociedades, y la pluralidad de prácticas, instituciones, normas, valores, historias y tradiciones es una realidad ostensible al aproximarnos a ellas. El repertorio de puntos que aparece a continuación del título “Gobernabilidad democrática” responde a claramente a la ideología referida y resulta parcialmente inatinente por su contenido. Es insuficiente para que cada país dé a conocer lo que entienda necesario en el Foro Social. Lo más conveniente entonces es que cada país organice libremente su exposición.

En Cuba, la dimensión política de la sociedad es mucho más amplia y más rica que el sistema político. A partir de 1959, el ejercicio de la actuación política directa con muy alta conciencia de los derechos y deberes ciudadanos ha sido una constante para la mayoría de la población. Estas prácticas no son intermitentes ni de involucramientos parciales, sino constantes. Combinan las motivaciones procedentes de una conciencia social de lo político y del valor de la solidaridad humana y el patriotismo popular con los vehículos, la estructura y la sistematicidad usual de los sistemas políticos. Lo político, y los deberes a cumplir por el sistema político, incluyen en Cuba mucho de lo que en otras sociedades se deja al arbitrio de otras instancias, con evidente perjuicio para las mayorías, como la alimentación, la salud, el empleo y los derechos del trabajador, la educación, la seguridad social, y otras necesidades del individuo y los grupos sociales.

No es posible representarse ni comprender la legitimidad del liderazgo que emergió de la Revolución que triunfó en 1959, ni la legitimidad del sistema político que se fue configurando en Cuba, sin partir de esos elementos, y sin añadirles que el consenso por parte de las mayorías que el poder político ha gozado durante más de medio siglo tiene bases muy firmes en el imperio de la justicia social, la redistribución sistemática de la riqueza social en beneficio de esas mayorías, la identificación general del gobierno como servidor de los altos fines de la sociedad y administrador honesto –y no como una sucesión de grupos corrompidos que medran, engañan y lucran–, y la defensa intransigente de la soberanía nacional plena. En Cuba, esta no es un tópico de derecho internacional ni de declaraciones políticas, sino una de las piedras miliares de la dimensión cívica de la vida del país y una realidad política amada, porque la soberanía plena fue conquistada por los esfuerzos y los sacrificios de varias generaciones y se identifica como un valor decisivo para la vida política y un ideal popular que no admite cesiones ni transacciones.

Las prácticas y las experiencias prolongadas en el tiempo y convertidas en costumbres y en cultura política constituyen factores decisivos de lo político en Cuba. Hay que reconocer y valorar hechos y procesos fundamentales, como la pacificación de la existencia personal y familiar, que garantizó y elevó la calidad de la vida, las posibilidades, los derechos, los nuevos problemas y los proyectos de las mujeres, los hombres, los niños y los ancianos. Al mismo tiempo, en Cuba no existen desde hace más de cincuenta años la violencia en la política, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzosas, ni las torturas a detenidos. Las tasas de homicidios y de consumo de drogas son bajas. No existe en Cuba como problema de alguna entidad la seguridad de la población. La corrupción y la violencia ligadas al narcotráfico, ese azote terrible para tantas vidas, sociedades y sistemas políticos, no existe en Cuba.

La legalidad y el pensamiento predominantes en Cuba le dan mucha más importancia y funciones al poder político en su conjunto que a normas y equilibrios basados en divisiones del Estado en varios poderes. Sus razones generales fundamentales han estado, y siguen estando hasta hoy, en que la mayor parte de los países del planeta solamente puede enfrentar los desafíos actuales con posibilidades de éxito si cuenta con poderes muy fuertes que las mayorías sientan y respalden como verdaderos representantes suyos, y que posean capacidad de movilizar recursos de la sociedad y decidir y hacer cumplir las decisiones en muy diversas cuestiones importantes. En Cuba esto se ha demostrado una y otra vez en la práctica y ha creado una cultura sólida y muy compartida respecto a la forma de gobierno. Uno de sus rasgos principales es la convicción de que es necesaria una gran unidad política y de propósitos de la nación y la sociedad. Dos de sus razones fundamentales son: defendernos de la agresión permanente, sistemática, ventajista e ilegal que nos hace Estados Unidos; y sortear o resolver parcialmente las profundas y abarcadoras desventajas económicas a las que nos somete el sistema actual de financiarización, centralización y exacciones parasitarias del capitalismo.

A lo largo de todo el proceso iniciado en 1959 ha habido conciencia de las ausencias y las deficiencias que provoca la necesidad de no arriesgar la integridad y la capacidad defensiva del sistema. Pero siempre ha existido el examen crítico de nuestras realidades desde adentro,  ejercido por ciudadanos e instituciones que aspiran al mejor funcionamiento del país y defienden su soberanía nacional plena. Se han expresado siempre diferentes criterios, y discutimos mucho entre nosotros. Fórmulas vacías, confundidas y a veces malintencionadas, como la de que “Cuba debería cambiar”, no tienen en cuenta dos realidades. Primera, que en Cuba ha habido numerosos cambios en los diferentes campos del país, y los sigue habiendo en la actualidad, dentro de la permanencia esencial que es su revolución socialista de liberación nacional y su intento de crear unas personas, una sociedad y una cultura nuevas. Segunda, que nadie puede ni podrá imponerle a Cuba cambios que no sean los que las cubanas y los cubanos quieran darse libremente, en el ejercicio de su cultura, sus intereses, sus ideales, sus proyectos y su soberanía.

Cuba posee una enorme pluralidad social y una larga historia de organizaciones sociales. Toda revolución es una gran fuerza unificadora, que barre diferencias o las pospone, y a veces las oculta. Ha sido un signo importante de desarrollo y madurez la inclusión creciente de ambas en los últimos veinticinco años, tanto en la cotidianeidad como en la vida cívica. Que se haya transitado desde las preocupaciones y la tolerancia hasta la integración con prestigio social constituye un gran avance de las dimensiones políticas y sociales, que reconoce a las diversidades como una fuerza extraordinaria del país y una riqueza inmensa.

Existe hoy una conciencia generalizada de que es necesario seguir avanzando en el sistema político y en las demás dimensiones de la sociedad cubana, e inclusive revolucionar y transformar lo que ha podido parecer lo mejor y lo que debe ser permanente. En el largo y difícil camino de su liberación, los pueblos que fueron colonizados y neocolonizados saben que están obligados a crear, y a liberarse de las normas y las influencias de la dominación que no solo los aplastó y esquilmó, sino que los enseñó a imitarla y creer en su superioridad o inevitabilidad, o a permanecer en el mejor caso a su abrigo, eternamente alienados.

Hay dos Américas. Todos sabemos a cual pertenecemos. Los cubanos estamos orgullosos de formar parte de lo que Martí bautizó como Nuestra América. Exponemos nuestras realidades, problemas, proyectos y sueños, y tratamos de conocer los de nuestros hermanos, para enriquecer con ellos la experiencia que tenemos y los desarrollos que necesitamos.

Solamente asumiendo que hay dos Américas, en todas sus realidades y sus implicaciones, será posible que puedan sentarse ambas en un mismo lugar, y que comiencen a exponer y a intercambiar acerca de sus realidades y sus proyectos, sobre la base del más absoluto respeto mutuo. Sugiero que el Foro de la sociedad civil de la VII Cumbre incorpore el contenido y el valor del legado político de José Martí, y le saque provecho utilizándolo como uno de los materiales que guíen sus propósitos y sus debates.
…….
[1] Opinión acerca del tema “Gobernabilidad democrática” del Foro de la Sociedad Civil que acompañó a la VII Cumbre de las Américas. Los puntos que debían tratarse según su convocatoria constituyen un servicio ideológico prestado por la Organización de Estados Americanos al imperialismo norteamericano y a la dominación capitalista. La absurda prohibición de referirse a realidades concretas de los países de la región evidencia que esa organización totalmente desprestigiada que ya debe dejar de existir trató de reflotarse asumiendo un papel de “mediadora”. El autor, naturalmente, no le hizo caso a sus orientaciones.
Agradezco mucho a Cubadebate haber publicado la versión primera de este texto, que le entregué en Panamá.
Tomado de Cubadebate

*Doctor en Derecho y profesor titular adjunto de la Universidad de La Habana, donde dirigió el Departamento de Filosofía. Trabaja como investigador titular en el Centro Juan Marinello, del Ministerio de Cultura de Cuba. Reconocido ensayista e historiador, fue director de la revista cubana Pensamiento Crítico, y se ha dedicado a las investigaciones sobre la revolución y la historia cubanas, y los movimientos populares latinoamericanos. Es autor de una decena de libros y de más de 200 ensayos y artículos publicados en numerosos países. Ha sido traducido al inglés, portugués, francés e italiano. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. (Ocean Sur)

viernes, 9 de enero de 2015

¡Democracia, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

Por Aquiles Córdova Morán*
 
Ciudad de México.- En el año que terminó, vivimos una verdadera orgía de democracia: “primavera árabe”, “revoluciones de colores”, combatientes “moderados” por la libertad, son algunos de los bellos nombres con que la prensa occidental nos presentó las terribles masacres ocurridas en Túnez, Libia, Egipto, Siria, Palestina, Irak, Afganistán y Ucrania. Si damos crédito a la explicación de los medios, en todos estos casos lo que ocurrió (y sigue ocurriendo en varios de ellos) fue un levantamiento popular (de jóvenes, precisan algunos) en contra de dictadores sanguinarios que se mantenían en el poder desde varias décadas atrás. El fin era sacudirse su oprobiosa dictadura e instaurar en su lugar la panacea infalible y largamente añorada: la democracia occidental con su división de poderes, sus partidos políticos “que representan entre todos a la sociedad entera”, con sus elecciones periódicas en las que el pueblo, mediante el voto universal, libre y secreto, elige a sus gobernantes y labra así su felicidad.

 Esto en teoría. En la realidad, lo que hoy vemos es un Túnez altamente inestable y con graves problemas de desempleo, de crecimiento económico y de una creciente pobreza y desigualdad entre sus ciudadanos; una Libia convertida, casi literalmente, en un montón de ruinas por los misiles de la OTAN, sumida en la violencia y el terrorismo; un Egipto sin paz ni estabilidad internas y, en lugar de la bota de Mubarak, la bota militar, aunque un tanto disfrazada, sobre su cuello; los “moderados” de Siria, luego de haber reducido a escombros medio país y de haber sustraído una parte del territorio a la soberanía del Estado Sirio, súbitamente se quitaron el disfraz de moderados y se convirtieron en el feroz y fanático Emirato Islámico que hoy tiene a Irak dividido en tres pedazos y lleva a cabo una “limpieza étnica” que implica el destierro o la muerte de cristianos, kurdos y otras minorías. En fin, Ucrania, gracias a su revolución de colores, hoy se halla dividida en dos zonas antagónicas y sometida al yugo de una camarilla nazi-fascista cuya única tarea es poner al país bajo el paraguas atómico de la OTAN y, de ese modo, convertirlo en una base militar cuyos misiles apunten a la cabeza y al corazón de la Federación Rusa. No son pues, estos resultados, algo de que pueda enorgullecerse la democracia occidental.

 No hace tanto, escuché el comentario televisado de un escritor de reconocida solvencia intelectual que opinaba sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba. Casi me caigo de la silla cuando lo oí afirmar, con toda seriedad, que el hecho era plausible porque podía ser el final de la “férrea dictadura de los hermanos Castro” sobre la Isla. ¿Férrea dictadura? El espacio no me permite entrar en detalles, pero creo indispensable señalar que Cuba es, según la ONU, el país latinoamericano con el mayor índice de desarrollo humano; el país donde la desigualdad social, medida por el famoso coeficiente de Gini, es una de las menores del planeta; el país donde los servicios educativos y de salud, ambos de excelente calidad, alcanzan realmente a toda la población de la Isla. Y todo esto ha ocurrido a pesar del feroz e ilegal bloqueo económico de EE.UU. y, desde luego, bajo la “férrea dictadura” de los hermanos Castro. Cabe preguntarse entonces: ¿qué tenía en mente el comentarista que hizo esta afirmación? Casi con seguridad hacía suya la versión imperialista de que la falta de derechos humanos, de libertades civiles y políticas y la ausencia de partidos, campañas electorales manipuladoras y elecciones libres mediante voto universal, en Cuba y en cualquier parte del mundo, son signos inequívocos de una “férrea dictadura”. Por lo visto, resulta asaz difícil, si no imposible, liberarse de la cárcel ideológica en que nos ha sumido la propaganda ideológica de los medios al servicio del capital mundial. Aun así, creo que los partidarios decididos de la democracia occidental se pueden dividir en dos grupos: los interesados, es decir, los que la usan como herramienta eficaz de propaganda y de manipulación ideológica, a sabiendas de que mienten; y los que lo son por honradez intelectual, porque están plenamente convencidos de que es así. Del primer grupo no hay nada que decir. No por ahora, al menos. Del segundo creo que, sin faltarles al respeto, puede decirse que cometen un error de apreciación que consiste en confundir la democracia real, la que existe y opera en los países capitalistas, con su concepto teórico.  Confunden la democracia real con la democracia ideal.

 Se olvidan estos últimos, en primer lugar, que la democracia es una forma de Estado y de gobierno (y no un modo de producción y de distribución de la riqueza social) razón por la cual puede funcionar con cualquier tipo de estructura económica cuando las circunstancias lo exigen o lo permiten. Prueba de ello es que fue creación de la Grecia clásica (la de los siglos V y IV a.C.); más específicamente: del Ática y de su capital Atenas, que vivían bajo un sistema de producción esclavista. Es decir, la democracia fue un descubrimiento político de los esclavistas griegos a quienes prestó excelentes servicios, como lo prueba la historia; y justo por eso hoy esa democracia, en su versión moderna, presta servicios parecidos a los esclavistas modernos, a los grandes capitalistas que viven de explotar el trabajo asalariado. Visto así el problema, resulta obviamente absurdo afirmar que esta democracia trae por sí sola bienestar económico, político y social al pueblo trabajador. Si así fuera, saldrían sobrando las organizaciones gremiales, los sindicatos, etc., para la defensa de los intereses laborales del obrero, y habría que resucitar la ley Le Chapelier que sancionaba con pena capital a los promotores y organizadores de sindicatos. Pero todo mundo sabe que no es así.

 En segundo lugar, olvidan que nuestra democracia difiere de la griega en que ésta era una democracia directa, es decir, ejercida por el pueblo reunido en asamblea, mientras que aquélla es una democracia indirecta, representativa, porque el crecimiento de la población en cada país, ante todo, volvió impracticable la segunda. Pero el concepto de representación no tiene un significado único, perfectamente definido y no susceptible de interpretación; por el contrario, admite diversas interpretaciones y aplicaciones en los hechos, de las cuales la democracia partidaria, con su división clásica de poderes, es sólo una de estas posibles variantes, no la única, la universalmente válida, como piensan los bienintencionados y como exigen los que ven en este dogma la mejor arma para propagar y defender sus intereses por el mundo entero. De aquí se sigue que puede haber democracia en un país, es decir, puede haber participación activa, efectiva y eficiente de las masas populares, tanto en la formación del gobierno como en la toma de las decisiones trascendentes para la vida social, aunque no haya muchos partidos políticos ni compra de votos y de conciencia para ganar las elecciones.
Los funestos resultados que la “democracia” al estilo norteamericano ha arrojado en los países arriba citados, así como el secuestro del poder y de la toma de decisiones por una pequeñísima élite de poderosos y privilegiados en los países de “libre empresa”, demuestra que este tipo de democracia está totalmente agotado. Es más: su aplicación a raja tabla es, en buena medida, la responsable de la absurda concentración de la riqueza y del incontenible crecimiento correlativo de la pobreza que se están difundiendo por el planeta; y es también la causa de que ni se encuentren ni puedan aplicarse las medidas correctivas adecuadas para frenar el proceso. La democracia del capital está al cabo de sus días junto con él, y se hace indispensable, por tanto, encontrar nuevas y más perfectas formas de acción y de  representación popular. Esto es lo que intenta la “férrea dictadura de los hermanos Castro”, y esto es lo que no entienden sus detractores, de buena o de mala fe.


*Secretario general del Movimiento Antorchista

Publicado en Antorcha Campesina

lunes, 29 de diciembre de 2014

Cuba: la dignidad gana batallas

Por Marcos Roitman Rosenmann*

 

Son muchos los que durante décadas han vaticinado el fin de la revolución cubana. No han faltado argumentos. En tiempos de la guerra fría se tildó al régimen de ser un títere de la Unión Soviética. Tras la caída del muro de Berlín, y la desarticulación del bloque del este, Cuba se consideró un anacronismo histórico. No tenía cabida en la nueva era de la globalización. Sin apoyos exteriores, la revolución llegaría, sin pena ni gloria, a un callejón sin salida. Moriría y con ello su ideario. Su existencia sería un mal recuerdo en medio de un caos económico, social y político. Cuba entraría a la comunidad internacional con la cabeza gacha y reconociendo su fracaso. Los agoreros intuían un proceso similar al seguido por Rumania, Polonia, Hungría, Bulgaria o la desarticulada URSS. El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos pone en evidencia lo estrecho de un planteamiento como el descrito, mantenido durante medio siglo articulando la política exterior de Estados Unidos.

 Sin embargo, nada de ello ocurrió, a pesar de no tener Cuba el viento a favor. El producto interno bruto descendió 70% a principios de los años 90. El periodo especial fue un balde de agua fría. El racionamiento, la dificultad de obtener combustible, los precios internacionales del azúcar y el tabaco, amén de un comercio internacional que exigía el pago en efectivo, dejaba poco lugar a la esperanza. El diagnóstico era pesimista. El enfermo se moriría irremediablemente. 

Desde Estados Unidos, el lobby anticubano, se frotaba las manos. Nuevas leyes se unieron al embargo y el bloqueo existente desde 1964. Primero, en 1992, durante el gobierno de Bush padre, se aprueba la ley Torricelli, que intentó dar el golpe de gracia a la economía cubana, prohibiendo el comercio de subsidiarias estadunidenses afincadas en terceros países, y prohibiendo tocar puertos estadounidenses a barcos que previamente, con fines comerciales, lo hubiesen hecho en puertos cubanos. Y en segundo lugar, durante el mandato del demócrata Bill Clinton, en 1996, dando vía libre a la ley Helms-Burton, conocida como "ley para la libertad y solidaridad cubana". Dicha ley, como la anterior, aún vigente, contempla la negativa de créditos y ayuda financiera a países y organizaciones que favorezcan o promuevan la cooperación con Cuba. Sus efectos se hacen sentir en sectores como la sanidad, dado las patentes en manos de las farmacéuticas estadunidenses; el alimentario, el financiero o el tecnológico. 
Son múltiples los medicamentos pediátricos y cardiovasculares que no están a disposición de los centros médicos, condenando a la muerte a niños con enfermedades que requieren dichos fármacos para su tratamiento.

 Ningún otro proyecto político en América Latina, democrático, antimperialista, nacionalista y socialista, ha sido atacado con tanta virulencia por Estados Unidos y sus aliados regionales. En este sentido, Cuba tiene el mérito de haber sobrevivido a una invasión, al sabotaje interno, el bloqueo económico y comercial, amén del aislamiento político regional. En el resto de países, los proyectos democráticos fueron aniquilados. Desde Arbenz en Guatemala en 1954, pasando por Joao Goulart en Brasil en 1964, la invasión a República Dominicana en 1965, el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, 1973, la invasión a la isla de Granada en 1983 y Panamá en 1989, el imperialismo estadunidense, con el apoyo de las burguesías locales, impuso en su lugar dictaduras militares.

 Sin embargo Cuba, se levanta victoriosa frente a sus enemigos. Combativa, ha sabido responder a los ataques exteriores. Las razones son múltiples y no es el caso analizarlas en esta ocasión. Sólo destacar el grado de legitimación del proceso revolucionario. Desde los primeros años, son muchos los cambios introducidos a medida que se profundiza la revolución. Nadie que hubiese visitado Cuba en los años 80 o 90 puede sustraerse a las trasformaciones del país en este siglo XXI. Desde las políticas sociales, las culturales, pasando por las nuevas leyes en la esfera económica, las actividades privadas o el turismo. El dinamismo forma parte de un proyecto cuya pervivencia se fundamenta en el alto grado de compromiso político en la defensa de la soberanía nacional y el socialismo.

 Es un logro para la revolución cubana que, tras medio siglo de enfrentamiento, Estados Unidos reconozca, primero, el fracaso del bloqueo y, de manera implícita, la dignidad de un pueblo que ha sabido permanecer firme a sus principios y convicciones.

 En estos momentos el diálogo y la negociación entre Cuba y estados Unidos se realiza en un contexto diferente al que imperase en el siglo XX. América Latina y el Caribe han logrado articular un conjunto de instituciones como Unasur, Celac, Mercosur y la Alba, que suponen un reequilibro de fuerzas ante el viejo sistema hegemonizado por Estados Unidos, OEA y Tiar. La dignidad gana batallas. Cuba es el ejemplo.

 Tomado de La Jornada


*Académico, sociólogo, analista político y ensayista chileno-español nacido en Santiago de Chile, en 1955. Desde 1974, exiliado durante la dictadura del general Augusto Pinochet, reside en España (Wikipedia)

viernes, 31 de mayo de 2013

Por la libertad de Cuba

Por: P.D.M

Esto no se ve en Cuba
Esto no se ve en Cuba

Miles de personas en el mundo laboran  para traer libertad y democracia a Cuba, (dicen los americanos). Falta que nos hace porque en verdad hemos quedado muy atrasados con respecto al resto del mundo.

La culpa la tiene sin dudas la dictadura, porque Cuba era ejemplo de democracia y libertad antes del 59. La Isla cumplía con todos los parámetros necesarios para contar con la amistad de los Estados Unidos y Europa. Golpes de Estado, gorilas gobernando en alternancia con ladrones y corruptos (o eran lo mismo) las transnacionales extranjeras tenían plena libertad para explotar y saquear,  etc.

Tuvimos varios célebres demócratas, Don Tomas Estrada Palma que dicen no robó, pero dejó que los demás lo hicieran y finalmente, muy democráticamente cometió fraude y cómo no pudo mantenerse en el poder provocó una intervención norteamericana. Tuvimos un Presidente al que llamaron El Chino Pesetero (por qué sería) y a otro Tiburón, nos gobernó un “Asno con Garras”, dos Presidentes del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), arramblaron libremente hasta con los cubiertos del Palacio Presidencial, auténticos demócratas ambos, a los que sucedió el secretario personal y Capo di capi de Meyers Lansky en Cuba, Fulgencio Batista quien llevaba unos 20 años asesinando cubanos.

Un policía en México "adorna" su escudo
Un policía en México “adorna” su escudo
Para no quedarnos atrás de las naciones civilizadas liquidamos más de 3000 negros en 1912, les excluimos de la vida social y política, salvo algún que otro tío Tom (eso es de buen gusto en el mundo civilizado), los sacamos de nuestras playas y círculos, les dejamos la parte de afuera de los parques para que pasearan sin molestar a nuestras blancas señoritas. ¡Ah! entonces nos parecíamos tanto al sur de los EEUU, los negros y mulatos no estaban obligados a compartir con nosotros ni nosotros con ellos. Eran libres, no como ahora, que va, entonces podían limpiar zapatos, ser boxeadores profesionales, barrenderos, basureros, limpia pisos, cocineros, criadas, choferes, prostitutas. La Revolución puso fin a ese estado natural de las cosas.

Los Presidentes cubanos de la época contaban con la suerte de no tener que decidir nada por ellos mismos, para eso tenían al Embajador de los EEUU que les decía que hacer y qué no hacer, todo lo consultaban con el Míster, que privilegio ¿Verdad?

Pero llegó al Comandante al frente de la chusma mulata y lo primero  que hizo fue acabar con la libertad. Tomó una serie de medidas bien antidemocráticas como quitarle los latifundios a los terratenientes, quién ha visto hacer eso en un país democrático. ¡Alfabetizó a los guajiros! ¿Por qué permitimos que se violaran sus derechos humanos, a ver, y el derecho a ser ignorantes, a pasar hambre y morir de enfermedades curables? Oigan cada cual debe morir libremente, cómo le da la gana, naturalmente, porque si una cosa tenía la República del 20 de mayo, es que aquí la gente podía morir de enfermedades que los países ricos ni conocían.

El resultado de todo eso es que hoy  no tenemos libertad, ni democracia,  a ver, hace poco se publicó una lista de oficiales de la CIA que trabajan en Cuba, a algunos de la lista los conozco trabajaron conmigo por la libertad en Cuba, gente buena de verdad, generosos, pagaban bien, (entonces estaba a dólar la mentira, ahora ha bajado un poco), para eso están aquí para ayudar a los cubanos, es que en este país opresor no se les permite, como en otras partes del mundo, moverse libremente, actuar en defensa de la democracia, asesorar a las fuerzas de seguridad, es hasta una muestra de falta de capacidad del sistema, desaprovechar la vasta experiencia que tienen en esos asuntos.

 En este país no se permite, y miren que falta de libertad esa, a los policías golpear con porras a los estudiantes, (no tenemos una policía moderna como la de España o la de los EEUU) ah, ni usar carros de agua para regarlos a presión y otras lindezas del capitalismo, ni matar periodistas, miren si estamos atrasados que el último que mataron en Cuba  lo mató Batista en 1958.

Policía en Italia
Policía en Italia
En Cuba no se permite a los policías usar gases lacrimógenos contra los estudiantes, los policías españoles, chilenos, suecos, suizos, estadounidenses, hondureños, franceses, alemanes, etc. arremeten contra los manifestantes con escudos, palos, carros de agua, fusiles de bala de goma, eso en este país está absolutamente prohibido. Nada estamos llenos de prohibiciones. 

Un chofer de alquiler (botero) molesto hace unos días me decía que en este país ya no se puede trabajar, caramba, no se puede sobornar a la policía y cada vez se hace más difícil conseguir gasolina en la bolsa negra. En este país no hay libertad, gritaba a toda voz, hay que pagar impuestos, te quieren poner multas por todo, si te llevas el pare, si recoges pasaje en las Paradas de omnibus, si el escape lanza humo negro, si el carro está sucio, que si las luces,  que los papeles del carro, están pa to, están pa to, no se puede trabajar, así no hay quien trabaje, es un abuso.

Está mala la cosa de verdad,  inspectores, policías, vecinos entrometidos, uno no puede hacer nada por la izquierda para buscarse unos pesitos. Si te queda un tin de gasolina del carro de la empresa no puedes venderla, no puedes ayudar a un “socio” con la pieza de repuesto que sobra en tu almacén, total si está ahí tirada y así miles de cosas, es una tremenda falta de libertad económica.

Nada, que debemos aprender de esos países civilizados y modernos y privatizar la educación, luego poner tarifas bien altas a las matrículas para que los estudiantes protesten y así molerlos a palos y ser democráticos y plurales. Debemos aprender de esas grandes democracias y desvalijar al pueblo para que los bancos recuperen lo que malgastaron y robaron, quitarles la tierra a los campesinos, reducir casi a cero los presupuestos de la salud, la educación y la seguridad social, eso es algo muy pero muy democrático y moderno, pregúntenle a los griegos, a los chipriotas, a los españoles, caramba es que nos hace falta un Rajoy para que nos asesore.


martes, 29 de mayo de 2012

El plattista idilio de Estado de SATS

Jorge Ángel Hernández



Se le atribuye a Nicolás Guillén —el nuestro, bueno también sin exclusiones— la anécdota de haberse aparecido a un sitio que se presumía de rango acompañado por una prostituta. Ante la negativa de que entrase, por tratarse de una persona “de dudosa moral”, el poeta respondió: “Por el contrario, señor, ¡se trata de una prostituta!”. El lance revela, en una clave humorística aplastante, dónde se halla el verdadero conflicto “dudoso” ante la ética y la moral social. Y he recordado esa anécdota leyendo los descargos que Estado de SATS lanza sobre la posición de la Iglesia católica cubana luego de la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba.

Lo primero que se advierte es una reacción furibunda a lo que llaman nacionalismo, en nombre de la democracia y la “creciente sociedad civil”. Y se presenta un supuesto panorama equitativo en medio de una “puja entre el poder totalitario y las fuerzas democratizadoras”. 

La realidad es construida por la percepción del escribiente, para que así sea retransmitida por las verdaderas fuerzas de injerencia que tras la democratización camuflan sus acciones. Se cumple además, disciplinadamente, el patrón de negar méritos al proceso revolucionario cubano, desde su surgimiento hasta el momento actual, y el de proclamar inviable la dirección de la revolución por obsoleta. Los giros fraseológicos abundan en lugares comunes que marcan la esencia propagandística de lo que se sostiene como verdades absolutas. 

Tampoco reconocen, a partir de una “caprichosa impresión”, la legitimidad política de un sistema de gobierno refrendado por el 97,7 de la población en voto libre, directo y secreto. Ni le atribuyen ejercicio de soberanía a esa masa, desde luego. Se consideran a sí mismos los únicos soberanos del país. Se adjudican, también “caprichosamente”, las manifestaciones críticas de la sociedad cubana, —que, agrego por mi parte, se da sobre todo desde el arte, la literatura y ciertos foros de debate profesional, es decir, en un legítimo ejercicio de democratización revolucionaria—, como “espacios abiertos” que “evaden señalar a la cúpula gobernante como los principales causantes de la debacle nacional.”

Según Jardines y Rodiles, editorialistas de Estado de SATS, desde los foros eclesiásticos se ha lanzado el presupuesto de que “solo el Gobierno goza de legitimidad y poder para llevar a cabo un proceso de transformaciones y que, por consiguiente, todos debemos entregarles un cheque en blanco”. He ahí un foco de escozor, de intolerancia política que, por supuesto, no va a admitir al otro desde ningún punto de vista. Y adviértase además la expresión desiderativa subliminal de entregar un cheque en blanco al presunto solucionador.

¿Dónde está “la creciente sociedad civil”, de acuerdo con los editorialistas de Estado de SATS? En quienes comparten su plattista visión acerca del cambio que debe asimilar la sociedad cubana. Por tanto, dentro del escuálido porciento que no refrendó la constitución. La masa de votantes no constituye, para ellos, sociedad civil, por cuanto no cumplen con el requisito imprescindible, a saber: mantener el bloqueo; apoyar la condena, por espías, de los cinco; y entregar el “cheque en blanco” a un sistema de Partidos políticos que ceda la plaza al electoralismo local, el injerencismo y la dominación económica. Para ellos, el cese del bloqueo debe venir porque se instaura el principio de la dominación y se hipoteca la soberanía bajo el patrón de lo que se considera, desde el pensamiento liberal, la democracia

Ese es el futuro perfecto que un grupo de personajes, tan reducido que ni siquiera cuenta como minoría, pretenden legitimar en carácter de oposición.

Pero, según Rodiles y Jardines, el derrocamiento del sistema conduciría a un idilio de reconocimiento internacional, de inversión extranjera y cubanoamericana, de cese de persecuciones de disidentes y, más no faltaba, por fin al cese del bloqueo y el advenimiento de “la verdadera reconciliación entre cubanos de fuera y de dentro” de la Isla. Todo un programa de promesas electorales cuyas insólitas bases fuesen risibles si no se tratara de un comendo de infantería de un proyecto mayor imperialista que no ha dejado de erogar millonarios presupuestos aún en medio de la mayor crisis económica de su historia. No se considera apoyo internacional la abrumadora votación anual de Naciones Unidas en contra del bloqueo, ni se estiman como relaciones comerciales las de las compañías, en nada sospechosas de propugnar el socialismo, que aun así las leyes norteamericanas someten a millonarias multas por comerciar productos con Cuba. Desde luego que no; pues estas se dan desde un poder al que no reconocen los activos radicales del idilio plattista.

No es de extrañar, por tanto, que la Iglesia católica, y sus pensadores más activos, hayan comprendido la naturaleza de sus acciones y, sobre todo, sus pretensiones de usar a la institución religiosa como bastión de la injerencia política. De ahí que los haya convocado a asumir una agenda de mayor independencia, cambios sustanciales y posturas menos excluyentes. O sea, que la Iglesia católica no se comporta como un actor reproductivo de la política revolucionaria, sino, en la esfera política, como socio que reconoce la legitimidad de las fuerzas del poder y su apoyo popular y, acaso, lo errado de su hostilidad pasada. Tampoco es de extrañar, entonces, que la Iglesia reciba el anatema y se le llame, por parte de estos excluyentes “actores políticos” a emprender la retirada justo en el momento en que consigue un verdadero salto.

La participación en el diálogo de intelectuales, empresarios y diversos actores de la sociedad cubana de la diáspora, se debe, nada menos, siempre según estos airados analistas, que al efecto del “hechizo” del “elixir castrista”. Todo un despliegue de análisis, ¿verdad? O acaso, y en rigor, un coletazo de agonía ante el hecho irreversible de que su soledad se hace visible, pierden la buscada complicidad de actores dispuestos a ser eje de manipulación injerencista y se revela la para nada dudosa moral de ese plattismo, intolerable para el más simple de los imaginarios cubanos, que proyectos como el de Estado de SATS pretenden propugnar.

Confronte además:


Foto: Antonio G Rodiles, creador visible de Estado de SATS, espera la verificación de la lista para ingresar a una dependencia de la SINA, en un cónclave plattista de cínico injerencismo político y soberano. Foto: blog cambiosencuba

Fuente: Blog Ogunguerrero

martes, 17 de abril de 2012

Los "presos políticos" acabaron de soñar

Los "presos políticos" acabaron de soñar

"Presos políticos cubanos" llegan a España (El Mundo)


Parece una trágica coincidencia o, quizá, una expiación mística, algo parecido a lo que escribió Dante Alighieri en la Divina Comedia, hablando de la llamada ley del contrapaso que condenaba las almas del infierno a una pena relacionada con los que habían sido sus pecados mientras que estaban con vida.
En las últimas dos semanas, los llamados “ex-presos políticos cubanos” que viven en España, han “sido condenados” a actuar de manera similar a cuando estaban en Cuba. En dos semanas hemos asistido al sucidio del “ex-preso”Albert Santiago Du Bouchet, a las protestas, a las denuncias de represión policial y a la huelga de hambre de una decenas de ellos.

Hoy se escribió un capítulo más de la Cántica de esas personas: los que en Cuba denunciaban condiciones trágicas y se vieron “obligadas” a buscar visibilidad y pedir por la libertad a través de la prensa extranjera, ahora en España denuncian condiciones trágicas y están “obligadas” a buscar visibilidad a través de la prensa extranjera.

El Nuevo Herald titulaba “Ex-presos políticos cubanos en España viven pesadilla”. En el artículo se contaban las breves historias paralelas de Bárbara Dueñas -esposa del médico “ex-preso” Marcelo Cano- y del llamado “periodista independiente” Julio César Gálvez.

Bárbara Dueñas y Marcelo Cano, según lo que afirmaba el diario, “estresados por su situación entraron en una clínica psiquiátrica en enero del 2011, él por una semana, ella por 15 días. Dueñas agregó que “después de que su ayuda del gobierno se terminó el 19 de febrero, no ha podido comprar las medicinas prescritas para los nervios o pagar la renta. Otras familias han sido desalojadas y han tenido que ir a vivir a pequeños apartamentos con otros cubanos” y que ella “quiere regresar a Cuba o mudarse a Estados Unidos con sus hijos que –deprimidos- han dejado de ir a la escuela, pero como su esposo no quiere irse a Estados Unidos, no cumplen los requisitos para los refugiados políticos”. La historia de Dueñas terminaba con una solicitud de ayuda enviada por correo a El Nuevo Herald -un periodico extranjero, ya que su situación es completamente silenciada por los medios oficiales españoles-: “Sólo les pido que hagan todo lo posible por ayudarnos y sacarnos de este país. No me importa para donde nos lleven. Sólo queremos un poco de paz y donde poder trabajar”.

Palabras duras, fuertes y tristes que chocan brutalmente con lo que se decía hace poco más de un año y medio, cuando Marcelo Cano llegó a España: “Para los disidentes es el momento de vivir otras cosas, de reencontrarse con la familia, con los amigos, con la libertad” decía la periodista del canal digital EFE. “Una libertad que me hacía falta, que no he conocido por 45 años”, concluía un esperanzoso e ilusionado Marcelo Cano...

Las declarariónes de Julio César Gálvez eran aún más desconcertantes, sobre todo si se considera lo que él ha dejado en Cuba. El “periodista independiente” afirmaba que “recibió un permiso de trabajo sólo un año después de que llegó y tuvo 22 entrevistas de trabajo, ninguna de ellas exitosa, porque tiene 68 años de edad (...) Su hijo de 7 años dejó de ir esta semana a la escuela porque su familia no podía hacer frente a sus pasajes del metro (...) La suegra de Gálvez murió la semana pasada, pero su cadáver se mantiene en una morgue en Madrid porque la familia no tiene los $1,200 para pagar por la cremación.

Otra situación trágica que también choca con lo que el mismo Julio César Gálvez declaraba el pasado noviembre antes las cámaras de Tv Martí, cuando aún recibía su cheque mensual por el gobierno español: “Yo estoy aprendiendo a vivir en libertad y en democracia. Una cosa que en Cuba es imposible”.  

Es triste ver esa situación y para quién vive en el capitalismo, en la llamada “libertad y democracia”, es muy fácil entender hasta el profundo lo que realmente están viviendo esas personas. Es fácil entender la desesperación de un padre que no puede enviar un niño a la escuela; de una madre que ve a su hija abandonarse y dejar de soñar; de unos hijos que no saben donde entcontrarán el dinero para el entierro de sus seres queridos. Es fácil entender la desesperación de un hombre de 68 años que ya no tiene esperanza de trabajo y que se encuentra totalmente abandonado por el Estado. Ahora lo han aprendido los llamados “expresos” también. Han aprendido cual es la otra cara de lo que consideraban libertad y democracia.


lunes, 20 de febrero de 2012

Elecciones en EE.UU.: Le llaman democracia representativa…

Por  Néstor García Iturbe*

El sistema electoral estadounidense está diseñado para dar la apariencia de que existe participación popular en la toma de decisiones y que el candidato elegido para representar a un partido en las elecciones para alguno de los cargos administrativos, incluyendo la presidencia, ha recibido la aprobación de la mayoría.

Cuando analizamos las elecciones, en la que se enfrentan los seleccionados por ambos partidos, nuevamente el sistema de votos compromisarios por estado oculta la poca participación popular y la verdadera finalidad del sistema, que el ganador sea el que más convenga a los intereses que dominan la sociedad.
Recientemente hemos estado conociendo de los resultados en las elecciones primarias que está realizando el Partido Republicano, en lo que aparentemente es una cerrada lucha por los contendientes con el fin de alcanzar el favor de la mayoría de los electores en cada uno de los estados en los que la encuesta se está llevando a cabo.

A esta contienda se le añade un toque especial cuando salen las empresas encuestadoras dando un pronóstico de vencedor acorde con las consultas realizadas, en la que interviene una mínima parte de la población del estado y la intervención de los analistas de las principales cadenas informativas estadounidenses, que toman en consideración como el voto en el estado estará influenciado por la religión de los contendiente, si está de acuerdo con el aborto, si favorece la disminución de impuestos y otros temas más que se añaden a la agenda del diferendo electoral.

Vamos ahora a correr la cortina y ver lo que se oculta detrás de ella.
Hasta ahora nos han hecho como hace el mago cuando nos muestra por ambas partes el pañuelo vacío y nos dice "Nada por aquí, nada por aquí" y después del pañuelo sale volando una paloma. Un truco que nunca confesará como lo hace. Vamos ahora a decirles como es el truco de la paloma en las elecciones primarias de Estados Unidos.

De acuerdo con los votantes registrados en el Partido Republicano en los estados donde hasta la fecha se ha efectuado la selección del candidato a la presidencia, tenemos que en dichos estados existen cerca de 27,5 millones de republicanos, mientras que en todo este proceso de las primarias solamente han participado un poco más de 3 millones, cerca del 11 por ciento del total.

En el caucus de Iowa y Maine participaron menos del uno por ciento de los republicanos registrados. Dentro de los participantes, el 99 por ciento era de la raza blanca.

En Nevada los que participaron estuvieron un poco por encima del tres por ciento, dentro de estos solamente el 5 por ciento era de origen latino en un estado en que un poco más de la cuarta parte de la población es latina.

En la Florida, uno de los estados donde se plantea que la lucha fue más cruenta y hubo una gran asistencia a las primarias, esta no pasó del dieciséis por ciento de los registrados. Dentro de esto, el voto latino representó solamente el 14 por ciento de todos los votantes, que en un 78 por ciento tenían más de 45 años. Pocos latinos, negros y jóvenes participando en la consulta electoral.

En Carolina del Sur, donde los medios de prensas plantearon se registró una asistencia importante a la contienda, solamente asistieron el treinta y cinco por ciento de los electores republicanos. De los que emitieron el voto, el 98 por ciento era de la raza blanca y dentro de estos el 72 por ciento era mayor de 45 años. Prácticamente ausente, dentro de los que votaron, el voto de los negros, los latinos y los jóvenes.

El truco de la paloma es hablar de por cientos tomando como base la cantidad de personas que emitieron su criterio, ya sea mediante voto electoral o en los caucus. Nunca debe decirse que porciento de personas participaron de las inscritas en el partido, tampoco señalar raza y edades de los que votaron. Es la única forma de continuar engañando al público nacional e internacional.

"Nada por aquí, nada por aquí".

El Heraldo, 20 de febrero del 2012


*Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba

martes, 31 de mayo de 2011

¿Qué ha hecho la Revolución Cubana en más de 50 años?

Por Raúl Antonio Capote*
Cuando se mencionan los logros de la Revolución, siempre y no sin razón, se habla de la Salud Pública y de la Educación, éxitos emblemáticos del proceso revolucionario cubano, pero ¿es eso lo único destacable en estos más de 50 años? Por supuesto que no. A esos resultados  nos referiremos en esta serie de trabajos que comienzan hoy y digo serie porque sería imposible en un solo texto plasmar todo lo que se ha realizado.
Liberación, emancipación y democracia

Como en muchos de los países que fueron colonia, en Cuba la lucha por la libertad pasa por la lucha de liberación nacional. El movimiento que se levantó contra la dictadura de Batista se levantó además contra la dependencia del imperialismo  estadounidense.

La democracia ejercida en Cuba tiene una fuerte configuración popular, en contraposición a la democracia electoral característica de occidente. Pero lo anterior no impide la realización de elecciones, las cuales refuerzan la legitimidad de esa democracia popular.

En Cuba todas las personas pueden votar y ser votadas cumpliendo los 16 años. La inscripción es universal, automática y gratuita. La base de nuestro sistema institucional son los delegados de circunscripción que se agrupan en consejos populares e integran las asambleas municipales. Los candidatos son propuestos y elegidos por el pueblo en reuniones públicas de las diversas zonas vecinales que componen cada circunscripción electoral, no por partidos de la politiquería. Para cada puesto se proponen como mínimo dos candidatos y ocho como máximo. Para ser electo hay que recibir más del 50% de los votos. No existen campañas electorales. La labor de publicidad es realizada por las comisiones electorales. En sitios públicos es colocada la biografía de los candidatos propuestos por el pueblo en las asambleas de barrio, no hay promesas electoreras y la elección o no, se basa en los méritos personales de la persona. Se garantiza así la imparcialidad y el trato equitativo de todos los candidatos.

El voto es libre, secreto y directo. El colegio electoral se encarga de realizar el escrutinio y desde hace por lo menos tres décadas siempre hay un gran número de ciudadanos cubanos, diplomáticos, periodistas y observadores extranjeros. Aunque el voto es voluntario, desde 1970 a la fecha se ha registrado la participación de más del 90% de la población en edad de votar. Ningún representante, diputado o delegado recibe un beneficio por desempeñar su cargo; el Estado les paga un salario exactamente igual al que tenían en sus trabajos antes de desempeñar su cargo, empleo al que regresaran una vez finalizado su mandato. La rendición de cuentas y el mandato revocatorio son un componente importante del sistema electoral.
Aún así este sistema electoral no agota el contenido democrático de la sociedad cubana, la activa participación ciudadana no se limita a escoger, postular, elegir, controlar y revocar a sus representantes, existe una cultura participativa que va mucho más allá de la participación de los ciudadanos en su sistema representativo, existe una vigorosa sociedad civil.

Una de las características de la sociedad cubana es su fuerte cultura del debate y el diálogo. Por las calles de la Habana, en las plazas públicas, en los parques,  pueden encontrarse a grupos de cubanos y cubanas discutiendo sobre varios temas. En las “guaguas” el silencio no existe. La gente interactúa, opina, y si no está de acuerdo, discute, critica. Los tonos verbales llegan a ser muy altos. Un número amplio de cubanos se agrupa en distintas organizaciones de la sociedad civil, como la Federación de Mujeres Cubanas, los Comités de Defensa de la Revolución, etc. Las distintas asociaciones como las de pedagogos, abogados, agricultores, economistas, artistas, minusválidos,  y cientos de ellas más, las cuales tienen peso importante en las decisiones del Estado. Esas organizaciones y asociaciones abarcan prácticamente el universo de actividades, intereses y problemas que conciernen a todos los cubanos.

Además desde los primeros años de la Revolución el pueblo se organizó en milicias armadas para defender la patria, las armas las tiene el pueblo integrado hoy a las Unidades de Milicias de Tropas Territoriales, si la Revolución no contara con el apoyo de su pueblo, no duraría un segundo, (hablamos de millones de milicianos, armados y entrenados)

El programa ideológico que se impulsa y defiende desde la tierra de Martí  y de Fidel ha  integrado en su construcción elementos como la liberación, la democracia, la emancipación y el socialismo, pilares fundamentales en la construcción de un mundo más justo. Estos elementos, junto a la descentralización de la justicia y la administración, marcan una diferencia radical con el socialismo burocrático  y los proyectos socialistas fracasados en Europa del Este el pasado siglo.

Haber derrotado al “fatalismo geográfico” que señalaba que en Cuba no podía sobrevivir un gobierno que no contara con el apoyo  de los Estados Unidos. Es un logro  importantísimo de la Revolución.

Haber derrotado la agresión militar, el terrorismo made in USA y la guerra económica impuesta por el imperio a todo lo largo y ancho del mundo y en todas las esferas de la economía y las finanzas es un logro.

La sobrevivencia ante el derrumbe económico de 1989-1993 cuando Cuba en medio de una feroz e intensificada guerra económica perdió sus principales mercados y fuentes de materias primas.

La dedicación al trabajo de los cubanos durante el catastrófico declive del salario real y los ingresos después de 1990. Impresiona el profesionalismo de muchos cubanos que durante año, desde 1990, ante el enorme deterioro del poder adquisitivo de sus ingresos, continuaron trabajando con seriedad y dedicación en la medicina, universidades, escuelas, el servicio público, u otros empleos. El trabajo abnegado de innumerables ciudadanos durante los años difíciles del Período Especial, 1990-2010, es en esencia lo que ha permitido la recuperación desde la profunda depresión de 1993.

Son importantes logros de la Revolución cubana,  pero hay muchos más a los que nos referiremos en posteriores trabajos,  pero:

Nuestro sistema democrático es  el más importante logro de la Revolución, lo primero que habría que subrayar no fue copia de nadie, sino hubiera seguido el camino del modelo de Europa Oriental, pero  el cubano perdura, vive y se desarrolla en un mundo sin campo socialista y bajo la hegemonía estadounidense. El modelo democrático cubano nace como evolución necesaria de su propia historia
(Continuará)

*escritor y profesor de Historia de Cuba de la Universidad de Ciencias Pedagógicas de La Habana, quien fue durante años el agente Daniel de los servicios de inteligencia cubanos.