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viernes, 5 de febrero de 2016

Fidel: la sana picardía revolucionaria

Por Norelys Morales Aguilera

  No recuerdo el momento exacto en que incorporé a mi enunciación personal la enjundiosa expresión. Era muy joven y con muchas ganas de aprender. El acto locutivo me llegaba de uno de aquellos admirables mayores, que habían militado en el "viejo Partido Comunista cubano", cuyas cicatrices en ambas manos testimoniaban las torturas sufridas en una prisión batistiana. El hombre miró por sobre mi a la distancia, a una distancia de sabidurías propias y remembranzas, venidas de haber vivido mucho, sin pasar por pasar, para exprimir en su memoria, con algo particular que denotaba su semblante y remató: "la sana picardía revolucionaria nos la enseñó Fidel"

Fidel ha ido transcurriendo de coetáneos redimidos a padre inspirador. "Cuídese, padre" le decía un fornido constructor a su paso por una obra en La Habana. Por entre insólitos quehaceres y desvelos ha conducido una epopeya singular, cuya anchura se va sedimentando y acompaña en insondables rutas al capital simbólico de la nación. A veces, una sola frase suya, ahora desde su reposo fecundo abre un cosmos: "no confío en la política de Estados Unidos" que, bastaría para un tratado epistemológico para la Cuba futura.

Padre también le llamó Hugo Chávez muchas veces, agrandando el afecto a “padre ideológico” y comparándolo con Simón Bolívar. La afectuosidad entre ambos llegó a ser un regocijo de pueblos, que escapa a definiciones, pero está enraizada en el ardor de los latinoamericanos y caribeños. Quizás pocos saben que cuando Chávez tuteaba a Fidel, causaba asombro entre los cubanos acostumbrados a llamarle “Usted”, “Comandante”, “Fidel”...

Es que él "descubrió" a aquel terremoto del "por ahora..." en la puja de la utopía realizable de Nuestra América, y quizás hasta vislumbró la urgencia de encontrarlo personalmente. Ideó que lo invitase el historiador de la Habana, Eusebio Leal, pero le dio el sorpresón de recibirlo en la escalerilla de la aeronave a su arribo al aeropuerto habanero. Luego, queriéndole ver disertar, propició que su facundia ardorosa y sapiencia bolivariana, se desbordara en la histórica Aula Magna de la Universidad de La Habana. Chávez llegó a ser recurrentemente familiar, por el cariño que se le dispensaba en la Isla, no solo en el Gobierno.

Sabíamos de aquellas enjundiosas y largas charlas por Chávez que contaba haber sostenido con Fidel. Se producía lo más excelso de dos grandes revolucionarios: soñar y tener la audacia de construir. Quizás nadie pueda nunca saber cuánto aprendió el uno del otro  y en cuanto se complementaron, siempre con ese modo respetuoso probado de Fidel, de compartir experiencias, pero nunca interferir, como han dicho el sandinista Daniel Ortega, o el líder indígena Evo Morales.

Chávez, carismático y divertido, disfrutaba de Fidel y este le seguía el tono con el mismo agrado y diversión entrañables. A veces no parecían dos estadistas de talla, sino simples amigos en algún encargo público. Así, sin percatarnos  un buen día el venezolano estaba desafiando al Comandante a un juego de beisbol en el que ambos participarían. Lo que Chávez quizás no aquilataba centrado en el choque pactado y la superioridad física de sus co-equiperos y sus propias facultades físicas, ya que era un buen lanzador zurdo; es que cada vez que le decía a Fidel, que lo iba a derrotar en el partido, el Comandante reía con los ojos iluminados, que sus coterráneos como nadie, saben interpretar, casi por mística.

Obviamente, nadie tenía ni la más remota idea de lo que el líder cubano podría hacer ante la derrota previsible de  su equipo, frente a un público de unos 45 mil aficionados, y millones de televidentes, en el terreno beisbolístico más emblemático de la Isla, el estadio Latinoamericano. Para la afición cubana y venezolana, muy conocedoras del deporte de las bolas y los strikes, las probabilidades de Cuba contra Venezuela eran de uno contra mil o un millón, decían algunos. Chávez estaba confiado y no dejaba de insistir jocosamente, provocando a Fidel, con la derrota.

La noche del 18 de enero de 1999 daba inicio aquel juego memorable de veteranos del beisbol de Cuba y Venezuela. Fidel sin apartarse de su estilo, tal vez en los pocos ratos de ocio que le permitían sus altas responsabilidades, se había anticipado. Lo planificó todo con minuciosidad, como una operación de inteligencia diseñó hasta el más mínimo detalle, en el más riguroso sigilo, y se preparó para gastar a Chávez y su equipo, la mayor broma que podría imaginarse a un jefe de estado.

Inició el juego. Los venezolanos salieron delante en el marcador como se esperaba, frente a nuestros ilustres veteranos y solo quedaba verlos en la grama del estadio, más allá de que ganaran o perdieran, con el añadido de ver a Chávez de pitcher y a Fidel con camisa de pelotero y pantalón verde olivo.

En el estadio y en sus casas los cubanos trataban de identificar a sus glorias del beisbol y no acertaban, ante aquellos barrigones, con arrugas y barbas encanecidas, pero irreconocibles: ¿cómo era que la fanaticada no podía identificar a sus viejos ídolos? (Sic).  A la altura del tercer capítulo del desafío, comenzaron jugadas poco creíbles, atrapadas que requerían reflejos y una movilidad no apta para veteranos. Aquellos gordos iban a las pelotas con mucha agilidad y daban batazos como de jugadores en plena forma deportiva. Comenzaron las sospechas y las risas en el público, alguien creía reconocer a peloteros del equipo Cuba. Poco a poco se fue develando la incógnita. Fue Chávez, quien en primera base identificó a Orestes Kindelán. El Presidente beisbolista hacía gestos, se reía, protestaba, les hacía señas a los árbitros. Fidel había montado lo impensable, que los cubanos disfrutaban a más no poder. Los venezolanos no salían del desconcierto y la frustración. Fidel debió persuadir a casi uno de que se trataba de una broma a Chávez. Aseguraba, entre risas, que jamás había firmado tantas pelotas como recuerdo de un grato momento.

Se ha hablado bastante del inolvidable juego de pelota. Hay fotos y videos. Pero, quedó un mensaje poco referido: ni su mejor amigo, Hugo Chávez, podría decir que lo había derrotado, aunque fuese en el campo deportivo.  Quedó el magisterio o el ejemplo, como se quiera entender, más allá de una divertida contienda de un juego de beisbol, como hizo tantas veces en su trayectoria cargada de peligros y victorias, que han hecho historia y leyenda imborrables.
Gabriel García Márquez, quien compartiera una larga amistad con Fidel, escribió: "Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria.". Valoraba su actuar como un rasgo de su personalidad.

Pero, los revolucionarios auténticos se acompañan del arte singular de sobreponerse a la adversidad. Lo que Fidel, siempre ha practicado, es la posibilidad de anticiparse, de prever para convertir una derrota pronosticada en victoria, por vías creativas y sin aferrarse a dogmas.

Eso fue lo visto en aquel juego de beisbol de 1999, y desde entonces supongo, era lo que me quería transmitir aquel viejo comunista, marcado en sus manos por cicatrices de tortura, mientras veía en la distancia de su tiempo. Fidel en el juego contra su amigo Chávez, había enseñado practicando, una vez más, el valer de la sana picardía revolucionaria.

Fotos:
Foto 1: Nueva York, 1971. Fotografía de Yousuf Karsh.
© Museum of Fine Arts, Boston, EE.UU.

Otras no están acreditadas.

Ver galería en blog dedicado a estas evocaciones  

https://fidelesfidel.wordpress.com/2016/02/04/fidel-la-sana-picardia-revolucionaria/

Publicado en su blog Isla Mía

jueves, 31 de diciembre de 2015

Cuba, revolución que sigue siendo un faro para el mundo

Cuba, revolución que sigue siendo un faro para el mundo
Por Emilio Marín*
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La revolución cubana está cumpliendo 57 jóvenes años. Entre su último cumpleaños y éste, media el restablecimiento de embajadas con su mal vecino. Eso fue bueno, pero muy incompleto. Cuba sigue su curso, original y nada dogmático.

Si serán originales los cubanos que hicieron su revolución el 1 de enero de 1959, de tal forma que a ellos y sus amigos del mundo les resulta imposible organizar grandes actos. Es que ese día, de Año Nuevo, es de otra clase de festejos, familiares, en el capitalismo y con mayor motivo en el socialismo.

Quizás por ese problema del calendario, el pueblo cubano festeja más el 1 de mayo, con marchas multitudinarias, y sobre todo el 26 de julio, aniversario del ataque al Cuartel Moncada, durante la dictadura de Fulgencio Batista.

¿Cómo llega la Mayor de las Antillas al 57° aniversario de la caída de ese régimen que la había convertido en un garito y virtual colonia norteamericana? Llega bien, aunque para nada exento de autocríticas. Ya las están haciendo los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), reunidos bajo la presidencia de Esteban Lazo.

Cuba tuvo el apoyo de 191 países en la 70° Asamblea General de la ONU, el 27 de octubre pasado, cuando se sometió a votación el levantamiento del bloqueo estadounidense. Si bien desde 1992 se venían registrando votaciones positivas, esta vez fue una goleada histórica pues sólo se registró el voto negativo del propio bloqueador (EEUU) y su socio menor, Israel.

Esa correlación internacional de fuerzas motivó que el 17 de diciembre de 2014 Barack Obama tuviera que liberar a los tres héroes cubanos presos durante 16 años en EE UU y anunciar que comenzaba una negociación con La Habana apuntada al restablecimiento de relaciones diplomáticas.

Y en efecto, entre julio y agosto los dos cancilleres reabrieron sus respectivas embajadas. En el interín el presidente norteamericano hizo declaraciones contrarias al bloqueo, admitiendo que había sido una política equivocada. Por supuesto que no renunciaba al objetivo final de ese mal instrumento: la caída del régimen socialista. Seguiría con esa meta, sólo que ahora por otros medios...

La postura cubana fue perfecta. Saludó el cambio de su mal vecino y estuvo de acuerdo con la reapertura de sedes diplomáticas. Raúl Castro se reunió con su colega yanqui en la Cumbre de las Américas en Panamá y luego en Nueva York, en reuniones de la ONU. Pero tanto el presidente como el canciller, Bruno Rodríguez Parrilla, en esos ámbitos, repitieron sus reclamaciones: 1) levantamiento del bloqueo; 2) devolución de Guantánamo; 3) cese de las campañas ilegales organizadas por Usaid y otras agencias; y 4) indemnizaciones que la isla debe recibir por daños económicos y humanos a lo largo de sucesivos ocupantes de la Casa Blanca, desde Dwight Eisenhower hasta Obama.

Hasta que esos cuatro puntos no tengan solución, no habrá una verdadera normalización de las relaciones cubano-estadounidenses.

Lo positivo.
Desde los discursos de Obama y Castro el 17 de diciembre de 2014 se puede valorar que el vínculo ha mejorado, parcialmente. Ya Washington había sacado a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, con lo que tendrá que devolverle 240 millones de dólares retenidos bajo aquellas acusaciones. También tuvo que flexibilizar, bien que en mínima proporción, aspectos del bloqueo, como dar licencias generales dentro de las 12 categorías de viajes de norteamericanos a la isla prohibida, aumentar el límite de compra de estos viajeros hasta 400 dólares y permitir que estos turistas pudieran usar sus tarjetas de crédito. Obama también autorizó exportar a Cuba materiales de construcción, herramientas y equipos, sólo para el sector privado, que viene en cierto ascenso al calor de las reformas del socialismo.

Con el sector estatal cubano apenas se dio vía libre para que dos firmas norteamericanas firmaran acuerdos con la cubana Etecsa y se autorizó, en forma de prueba, el servicio postal. Seguirán, ampliados los vuelos chárter, y quedarán para 2016 los viajes de líneas regulares.

La enumeración de esos avances permite concluir que hubo leves retoques al bloqueo, y eso es positivo para Cuba. En simultáneo, se deduce que Obama quiere hacer hocicar a su vecino y por eso mantuvo lo esencial de aquel crimen de guerra.
Peor aún, en el último año aplicó multas a bancos internacionales que habían operado con Cuba. El ex ministro de Economía José Luis Rodríguez, en su artículo "El impacto económico del 17 de diciembre, un año después", recuerda que "fue penalizado el banco alemán Commerzbank con una multa de 1.710 millones de dólares por violar las leyes del bloqueo y también tuvo que pagar el pasado octubre 787 millones el banco francés Credit Agricole por el mismo motivo".

El gobierno norteamericano no aceptará los reclamos de levantar el bloqueo, ni siquiera en los aspectos que dependen de la Casa Blanca y al margen de lo establecido en la ley Torricelli de 1992 y la Helms-Burton de 1996. No permite que Cuba use el dólar para sus transacciones, comercie y busque y lleve sus productos con sus propios fletes.

Lo poco de flexibilizado de esa política derrotada 24 veces en la ONU gira en torno a fomentar el capitalismo privado en la isla y evitar acuerdos o inversiones con el Estado. Es una jugada peligrosa e inteligente: debilitar al estado socialista y empoderar a los sectores de burguesía naciente que puedan estar levantando cabeza al socaire de las reformas. Si ese potencial aliado acumula capital, presencia en los medios, etc, entonces la relación de EE UU con ese segmento burgués puede ser un buen negocio en todo sentido, también en el terreno político.

Revolución no dogmática.
Si la revolución cubana llegó hasta aquí es porque, entre otras virtudes, no es dogmática. Tiene sus principios y grandes banderas que no negocia, como le consta a la administración Obama, pero sus políticas concretas y planes para construir el socialismo van cambiando según aciertos, errores y nuevas tareas, amén del contexto internacional.

La industria azucarera cubana, que en noviembre pasado debió demorar unos días por factores climáticos el inicio de la zafra, no es la misma espina dorsal que pretendía llegar a las 10 millones de toneladas en 1970.

Hoy ocupan un lugar mucho más importante el turismo, que terminará este año con 3.5 millones de turistas, la biotecnología e industria de los medicamentos, los servicios médicos, la construcción, etc.

Con los auspicios de la Ley 118 de la Inversión Extranjera, avanza un proyecto estratégico de apertura a la inversión extranjera: la Zona Especial De Mariel (ZEDM). Allí se construye un puerto de aguas profundas, el mayor del Caribe, para barcos contenedores (el cronista no lo sabe pero infiere que puede estar ligado al canal interoceánico que Nicaragua emprenderá con técnica y financiamiento chinos).

En Mariel ya hay inversiones brasileñas, belgas, mexicanas y españolas, que radicarán empresas de varios rubros. Semejante apertura descoloca más aún al imperio pues muchas empresas estadounidenses han expresado interés por el comercio con el vecino.

Esa búsqueda de inversión extranjera es un signo de frescura y no dogmatismo de la revolución cubana, que pone límites en Mariel. Uno es que la extracción de recursos naturales, la prestación de servicios públicos, el desarrollo de la biotecnología, el comercio mayorista y el turismo, tendrán participación mayoritaria cubana.

Otro límite, surge de las palabras de Ana Teresa Igarza, directora general de la Oficina de la ZEDM: "esas primeras empresas extranjeras son pequeñas; tenemos expedientes de otras más fuertes casi concluidos, pero vale aclarar que la Zona no es sólo para los grandes sino también para medianos y pequeños, de personas jurídicas o naturales de cualquier país cuyos proyectos nos convengan".

El faro.
Aquella búsqueda de inversiones es fruto de la necesidad. La isla creció 4 por ciento su PBI en 2015 y necesitará 2.000 millones de dólares para una meta similar en 2016. Con los pies sobre la tierra, la Asamblea presidida por Lazo está discutiendo crecer 2 por ciento para el año entrante.

Modestas, sus metas se van cumpliendo, como que pudieron este año entregar 22.000 nuevas viviendas, la mayoría construidas por el Estado con una parte de particulares y cooperativas.

Haber bajado la mortalidad infantil al 4,2 por mil niños nacidos vivos y sido el primer país en cortar el contagio de madre infectada con HIV al bebé, son logros que deben ponerse a la par o por encima de cómo anduvo la zafra o la extracción del níquel.

Prensa Latina informó el 28 de diciembre que se había cerrado la epidemia del Ébola en África occidental: "los tres países que sufrieron la epidemia, Sierra Leona, Liberia y Guinea, sumaron 28.600 contagios, de los cuales fallecieron 11.300". Allí estuvieron dando una mano los médicos cubanos, los primeros en llegar.

A la hora de soplar las 57 velitas ni Raúl ni Fidel Castro creerán que el suyo es un paraíso terrenal. La Asamblea Nacional discute errores de planificación, demoras, burocratismo, ineficacia, ausentismo laboral y otras lagañas que el socialismo, aún el martiano, no logró sacarse de los ojos. Le es más fácil operar de cataratas y pterigium el ojo humano, en forma gratuita (Operación Milagro).
Una de sus cualidades se potencia en estos días aciagos latinoamericanos, por las derrotas en Venezuela y Argentina. La revolución cubana es un faro para toda la región, demostrativa de que otro mundo es posible. Cuando ciertos ánimos decaen, por esas derrotas, deberían volver la mirada hacia Cuba. El faro sigue allí, para navegantes extraviados, mareados o desmoralizados.

Diario La Arena
* Pseudónimo del periodista argentino Sergio Ortiz, Secretario General del Partido de la Liberación de Argentina. Es miembro del Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba (CAPAC).

domingo, 8 de noviembre de 2015

Cuba y el futuro de la humanidad

bandera cubana

Creo que es hora de pensar para luchar y de pensar cómo triunfar en las actuales circunstancias por difíciles y complejas que sean.

Lo que voy a decir, antes que nada, busca las implicaciones que tiene la crisis de las teorías hegemónicas que se basan en la idea de civilización, progreso, modernidad, o desarrollo.

Lo que voy a decir busca también aclarar la crisis en que nos hallamos quienes pensábamos en términos más o menos lineales en una historia que llevaría del feudalismo al capitalismo, al socialismo parlamentario o estatal y de éste al socialismo post-capitalista o comunista, tesis que en los países coloniales o semi–coloniales enarboló una descolonización en que tomarían el poder las clases oprimidas y colonizadas para seguir sus propios caminos de liberación y construcción del socialismo, objetivo que sólo fue alcanzado por la Revolución Cubana y el Movimiento “26 de Julio”, en una victoria que amerita una reflexión mucho más profunda que nos aclare problemas y soluciones que no son sólo para Cuba sino para el mundo.

Por más que nos cueste reconocer hoy los fracasos de las tesis lineales conservadoras y revolucionarias, nos será imposible resolver cualquier problema actual si no llevamos al terreno de la conciencia, de la dialéctica y el diálogo, lo que realmente hacía y hace imposible el logro de la liberación humana en el caso del capitalismo, y lo que nos faltó o sobró a quienes teniendo la posibilidad de la liberación en los estados-nación del llamado “campo socialista” no logramos nuestras metas en una inmensa región del mundo en que asistimos hoy a la restauración del capitalismo. Esa reflexión necesaria será lamentablemente incompleta si no prestamos igual o mayor atención a las razones del triunfo de Cuba.

Una reflexión colectiva realmente profunda tendrá que orientar nuestras actuales luchas para rechazar lo que nos sobró y para incluir lo que nos faltó en una amplia región del mundo. En esa reflexión, Cuba como victoria ejemplar, hoy asediada y cercada por el imperio más poderoso y agresivo del mundo, nos lleva a recordar y parafrasear un hecho sorprendente que hoy planteamos preguntándonos ¿”Qué tiene Cuba que el imperialismo no pudo con ella” a pesar del prolongado bloqueo y de los incontables asedios de que se hizo objeto a la Isla y sus habitantes?

No sólo será importante destacar lo que Cuba hizo y hace en su lucha por el socialismo y la liberación, ni sólo aclamar lo que se propone hacer para consolidar su proyecto emancipador. También será importante destacar las medidas que el movimiento revolucionario cubano forjó y que no sólo son aplicables en Cuba, que enseñan y señalan un camino universal, parecido en medio de la diversidad.

Como cabe imaginar, lo primero es reiterar algo que hemos afirmado una y otra vez, y es que la libertad, la justicia y la democracia sólo podrán alcanzarse en el socialismo, y que sólo las organizaciones y movimientos que practiquen en su seno las medidas que fortalezcan los objetivos del socialismo podrán lograr y consolidar la justicia social, la democracia y la libertad.

Sólo cuando el poder de decisión sea de los trabajadores, de las comunidades y de los pueblos, y éstos luchen armados de ideas, armados de moral de cooperación y acción colectiva, y adiestrados en el uso de armas defensivas de su soberanía y de su vida; sólo cuando implanten las organizaciones más idóneas –horizontales y verticales– en la economía, el gobierno y los servicios podrán consolidar y defender los proyectos emancipadores.

Y precisamente por eso muchos somos quienes queremos que se haga un mundo en gran parte parecido a lo que se hace en Cuba, por supuesto, sin que los procesos emancipadores de otros pueblos y naciones sean “calca y copia” sino “creación heroica”, creación original y universal. Que cada pueblo, cada nación, “a su modo” –como dirían los zapatistas–, construya con el socialismo la democracia, y con ambos la justicia y la libertad.

Pero antes de concretar esos objetivos y las medidas que en Cuba se tomaron y toman para alcanzarlos, para preservarlos, para impulsarlos, querría traer a cuentas la situación de crisis que padece la Humanidad en la organización del trabajo y de la vida, bajo el dominio de un capitalismo global que volvió a regir en todos los países del antiguo campo socialista, con excepción de Cuba, y no porque fuera Cuba una gran potencia, ni porque estuviera lejos de Estados Unidos, ni porque contara, hasta hace más de una década, con el apoyo del extinto campo socialista, que desde entonces faltó.

Ambos problemas me gustaría esbozar: ¿En qué situación se encuentra la organización del trabajo y la vida en el capitalismo?, y ¿qué le permitió a Cuba construir un sólido camino al socialismo que, entre variantes, muestra tener mucho de aplicable en la emancipación humana?

Al considerar la organización del trabajo y de la vida en el capitalismo destacan los siguientes hechos que no podemos olvidar en ningún razonamiento que se refiera al colapso de ese sistema y al comportamiento cada vez más irracional de las políticas que aplica, y cuya racionalidad tecnológica no logra ocultar ni la barbarie con que actúa ni los peligros que implica:

1º. Siendo el principal valor, o “atractor” del sistema capitalista la maximización de utilidades, de riquezas, y de poder, cualquier objetivo que frene la codicia estructural del sistema es patológicamente “negado” en su totalidad, en su causa, en sus efectos redentores, o acallado mediante políticas ilusorias de quienes pretenden e incluso creen que van a resolver los problemas dentro del sistema.

2º. El capitalismo ha sufrido varias crisis de sobreproducción y subconsumo cuyo inicio se expresó claramente a finales del siglo XIX con el desarrollo creciente del capital corporativo, de las innovaciones tecnológicas y del imperialismo, en que la “renta” de las colonias y países dependientes subsidió a las socialdemocracias reformistas o a las bases de apoyo de las dictaduras fascistas y populistas de los países metropolitanos que así frenaron el movimiento revolucionario.

La actual crisis es significativamente distinta de las anteriores: es una crisis terminal en que hasta las soluciones del “estado benefactor o social” han entrado también en crisis, y en que los “sistemas inteligentes autorregulados, adaptables y creadores” así como la robotización creciente de la producción y de los servicios, hacen imposible abandonar el neoliberalismo triunfante y regresar a Keynes, o regresar a la socialdemocracia, o regresar al populismo de izquierda o de derecha y con ellos superar los problemas sin estrechar cada vez más los vínculos con los trabajadores formales e informales y con las comunidades asediadas y crecientemente despojadas de sus tierras y territorios.

Es más, el capitalismo actual no tiene por qué regresar al nazi–fascismo metropolitano y sus campos de concentración, cuando ha demostrado ya que puede eliminar con “guerras a modo”, “Estados virtuales” y otros recursos, como las pandemias y el hambre, a una inmensa población “sobrante”, y cuando sin necesidad de ir a raptar esclavos en la periferia mundial, éstos van por su cuenta y –entre muertos y desaparecidos– tocan a sus puertas para ser recibidos con gotero y a regañadientes con esas políticas que los funcionarios neoliberales llaman “humanitarias”. Keynesianismo y populismo de izquierda con creciente predominio de la burguesía no tienen ni la menor posibilidad de regresar y consolidarse, tras la gran derrota que sus partidarios sufrieron en las últimas décadas del siglo XX.

3º. Es cierto que al mismo tiempo la organización del trabajo y la vida muestran hoy más que nunca inmensas injusticias y crecientes desigualdades, pero éstas son consecuencia del éxito que han alcanzado quienes dominan el sistema.
Es un hecho: la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se ha vuelto a la vez mucho más eficaz y efectiva que nunca con el enorme impulso que le han dado las ciencias de la complejidad y las tecnociencias, y “paradójicamente”, al mismo tiempo, ha colocado al capitalismo en una situación crítica, sin precedente en la historia.

La notable eficacia con que logran enriquecerse “más y más” “menos y menos” accionistas de las corporaciones y los complejos empresariales–militares–políticos–y– mediáticos, ha incluso derivado en una nueva contradicción de la historia, en que el hombre está al borde de acabar con la vida en la Tierra, afirmación que es rotundamente negada por las fuerzas dominantes y por buena parte de sus ideólogos y apologistas, mientras numerosos científicos rigurosos y honestos, que incluso forman parte de las comisiones intergubernamentales, descubren y publican datos sobre un creciente y variado peligro de ecocidio o de eliminación de la biósfera….Y esta es otra tragedia…el conocimiento científico que comprueba la crisis es descalificado e incluso perseguido por los más distintos medios sicológicos, sociales y políticos. En realidad el conocimiento científico puso en crisis a “la sociedad del conocimiento” y entró en crisis con remedios que de aplicarse darían al traste con los jugosos negocios de las corporaciones y complejos…y con sus codiciosos y coléricos beneficiarios y malogradas estirpes.

De los hechos señalados muchos estamos más o menos conscientes, pero a la gravedad y variedad de las amenazas a la vida en la tierra no le prestamos suficiente atención y otro tanto ocurre con tres hechos más que se añaden a los anteriores y que son fundamentales para comprender y actuar en el mundo realmente existente. Nos referimos a:

4º. La existencia de dos bloques en creciente enfrentamiento, destinados a competir por los recursos y mercados de la Tierra: el Bloque Oriental en formación, encabezado por Rusia y China, y el Bloque Occidental, en que Estados Unidos no sólo ha logrado sumar bajo su liderazgo a la Unión Europea, sino fortalecer el Proyecto de un Dominio Unipolar que considera posible imponer con su gran experiencia neo-colonial y contrainsurgente, perfeccionada con sus modelos de “sistemas inteligentes, autorregulados, adaptables y creadores”. Se trata de un proyecto en que el complejo empresarial-militar-político y mediático de Estados Unidos está empleando todo género de recursos pacíficos y violentos, financieros, sicológicos, militares y para-militares, con escenarios de guerras reales y virtuales, cuya guía es el neoliberalismo global destinado a la estructuración de su poderío también global, un poderío que ya asoma como inmensamente destructivo y autodestructivo.

5º. La proliferación de guerras en que nadie lucha por un proyecto emancipador sino en que las ideologías y los programas político-sociales han sido suplantados por feroces carnicerías contra “el terrorismo”, el “narcotráfico” y el “crimen organizado”, en que estados simulados y actores disfrazados son instrumento de gobiernos y corporaciones que al mismo tiempo que por su intermedio imponen el terror y la destrucción de ciudades y pueblos, de campos, mares y montañas, así como de sitios sagrados logran que los supuestos fieles destruyan y desprestigien a pueblos enteros, a los que simulan representar en sus clásicas versiones sobre “los bárbaros” cuando en realidad muchos de los supuestos fingidos islamistas, fanáticos y “combatientes por la libertad” son reclutas, entrenados, armados, aprovisionados y respaldados como “fuerzas especiales” de la globalización.

Y en ese mundo estamos, en un mundo que trata de imponer el imperio global del gran capital corporativo, en combinación de fuerzas entre los complejos empresariales, militares, políticos y mediáticos. Un mundo que ya ni siquiera se propone un proyecto de civilización, progreso, desarrollo, ni el de socialdemocracia, socialismo, o comunismo. Un mundo que practica el culto de la eficiencia, y la eficacia para el apoyo a las inversiones de las empresas corporativas, y que al mismo tiempo renueva “la cultura de la caridad” y de los llamados “actos humanitarios”, mientras estimula por todos los medios la cultura del egoísmo, del consumismo y del individualismo, y esconde en todo lo que puede el imperio de la colusión, la cooptación y la corrupción combinados con la represión.

6º. A la gigantesca tragedia se añade, tanto en Oriente como en Occidente, la prohibición de señalar su gravedad moral y material, y la prohibición de investigar y documentar lo que en verdad ocurre de injusticia, dolor y destrucción que afecta a la inmensa mayoría de la humanidad, y a toda la tierra y a toda la vida, y a ésta como un hecho novedoso científicamente comprobado.

El “conocimiento incómodo” como se le llama, o conocimiento “negado”, descalificado, florece bajo una orden de callar dictada por los neoliberales globalizadores, y también por los nuevos ideólogos que racionalizan la restauración del capitalismo.

Es así como se acrecienta el gran problema de la humanidad, sobre el que se prohíbe pensar, o al que se descalifica y persigue por todos los medios, en una batalla contra el conocimiento que se inicio desde que en la Universidad de East Anglia se descubrió que el calentamiento global y todas sus consecuencias son de origen antropogénico. Esa amenaza a la vida, lejos de ser la única, posee entre otros muchos recursos ecocidas una cantidad inmensa de bombas nucleares y de armas sofisticadas que hoy manejan gobiernos incendiados en una cultura de la venganza y la cólera, a los que gustosos proveen la grandes potencias para las que el sector armamentista es uno de los que más contribuyen a la marcha del capitalismo y de los macro-negocios. Bombas nucleares con drones que las guían y sistemas perfeccionados de lanzamiento; calentamiento global, incremento del Hoyo de Ozono, destrucción y sobreexplotación de llanos y selvas, de mares y recursos subterráneos, polución creciente del aire en los conglomerados urbanos… son fenómenos de lamentar y también de denunciar. En cuanto a las políticas para detenerlos corresponden a compromisos cuyos responsables sólo ofrecen corregir parte de los males y de las causas que los provocan, sin que cumplan lo que prometen ni en la magnitud ni en los tiempos en que dicen que van a cumplir.

A tan siniestro panorama, entre lamentos y críticas inconsecuentes y a los que la humanidad se ha acostumbrado, se añaden muchos hechos más que revelan la crisis intelectual, económica, cultural, política y moral del capitalismo, dominante en el mundo entero, y en que la única esperanza de solución como Estado–Nación, asoma en Cuba, y en nuevos y notables movimientos sociales en el mundo, como los de los indios mayas del sureste mexicano conocidos como zapatistas, a quienes se añaden muchos otros que aportan elementos emancipadores capaces de reanimar la esperanza. Precedidos por Cuba ven en esa pequeña Isla un punto de apoyo para defender la vida y la libertad, y para construir otro mundo posible y viable, un “mundo Moral” en que el egoísmo ceda a las virtudes humanas acalladas en esta lucha de clases y de imperios, que gobiernan con la fusión de las corporaciones, los complejos empresariales–militares–políticos y mediáticos y el crimen organizado.

De Cuba y de quienes sigan caminos parecidos de emancipación humana dependerá el triunfo de una revolución armada de ideas, de moral y de fuerzas de cooperación y lucha, así como del valor, la entereza, la disciplina y la dignidad…

7º. Es en este contexto en el que pensar en Cuba y su papel en el futuro del mundo resulta de la mayor importancia para conocer la gravedad de los problemas y también en la posibilidad mundial de analizar la solución de los mismos a partir de la experiencia de Cuba y el Mundo. El futuro será muy distinto si se lucha y hace lo que Cuba ha hecho y por lo que ha luchado al romper en los hechos la falsa contradicción entre la democracia y el socialismo, entendida la democracia como la toma de decisiones por el pueblo organizado y sus comisiones especializadas, y entendido el socialismo como un sistema en que el principal objetivo o atractor, lejos de ser la acumulación de utilidades y riquezas sea la alimentación, la vivienda, la salud y la educación con la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, en la producción y los servicios y en la política no sólo económica sino social, cultural, así como en la de los órganos del poder popular y ciudadano, y en las comisiones que apliquen y cumplan con los programas aprobados.

Advertir las posibilidades concretas que el proyecto cubano tiene, y reconocer en él la realización universal de un anhelo histórico que respete la diversidad de creencias, de ideologías, de razas, sexos, inclinaciones sexuales y edades y que con la Justicia social e individual hermane la Libertad, y haga de ambas sus principal valor y meta, será reconocer lo nuevo en la dialéctica de la historia o la nueva dialéctica de la historia.

Cuba es un país que ha mostrado una inmensa capacidad de lucha y negociación, sin que en ningún momento de la lucha o la negociación haya renunciado a sus valores y objetivos centrales. La nueva dialéctica parece indicar que en el futuro se darán fenómenos de lucha y negociación y que en ellos, lo no negociable será el socialismo democrático y la justicia social e individual y lo que habrá de negociarse serán las alternativas y la transición a un mundo capaz de preservar la vida, la justicia, la libertad y la soberanía de pueblos, trabajadores y ciudadanos.

Sobre el camino de la resistencia y lucha de Cuba por mantener su proyecto emancipador nada pude ser más acertado que recordar aquellos discursos pedagógicos y revolucionarios de Fidel cuando en los inicios de la Revolución Cubana, durante horas y horas, en la Plaza de la Revolución hablaba a los guajiros y a su pueblo para que acrecentaran su voluntad, su conciencia y su conocimiento de los valores y metas de la Revolución.
 
Hoy, cuando el analfabetismo ha desaparecido y la escolaridad es universal y alcanza los más altos niveles, cuando los contingentes del pueblo cubano están organizados a lo largo y ancho del país, y compenetrados en su inmensa mayoría de los valores de la revolución, y cuando a sus conocimientos, su conciencia y su voluntad añaden su capacidad para tomar decisiones cruciales en el gobierno de la Isla, como ha ocurrido en numerosas ocasiones en que Cuba mostró claramente la imposibilidad de que una guerra internacional o civil lograra destruirla, nada mejor para ganar la nueva lucha que plantean las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, que hacer efectivas las palabras del reciente discurso que Fidel ya no pronunció ante los campesinos y los guajiros sino ante los hijos de los mismos que lo escucharon en la Universidad de la Habana, al lado de jóvenes provenientes de esos sectores medios que se perfilan en la sociedad cubana según Fernando Martínez Heredia.


De las palabras de Fidel se deducen, con la mayor claridad, tanto la estrategia a seguir por la juventud y el pueblo de Cuba en el mundo actual, como la que seguirán los representantes del complejo–militar–empresarial–mediático y político de Estados Unidos y otros gobiernos y corporaciones del mundo capitalista, si se atreven a conocer la verdad y optan por una política que asegure la vida en el Planeta. Semejante camino, lejos de ser increíble, corresponde a una realidad que se expresa aquí y allá en el largo discurso, con expresiones y palabras como las siguientes sobre nuestra propia fuerza actual y potencial: 
“poseemos armas nucleares en virtud del poder invencible de las armas morales”.

 Esas palabras son exactas: la estrategia de la resistencia del pueblo cubano y otros pueblos está en el poder de sus armas morales y en la demostración que hagan de ellas contra la política de colusión, de cooptación, de corrupción, de intimidación que llevó a la restauración del capitalismo en el llamado campo socialista; “los jóvenes de hoy deben luchar –dijo Fidel– con las armas morales por encima de las ideas de su clase”, como han luchado a lo largo de la historia de Cuba y del Mundo, y como empezó a luchar Fidel, “hijo de terrateniente”. Y agregó: Todos los “hombres de pensamiento” leen y leerán a Martí, el que hizo de la moral un concepto revolucionario invaluable.

Y ya pensando en la Tierra, en el Planeta, Fidel exaltó “la brevísima historia de la especie humana buscando una sociedad justa… frente a un repugnante sistema” como el actual, e hizo ver que “estamos frente a una gran batalla, que debemos librar, que vamos a librar y vamos a ganar, que es lo importante”. En la lucha incluyó una y otra vez a los parásitos y sinvergüenzas que comercian en los mercados escondidos y que se encuentran entre los enemigos principales de una sociedad justa. “Estamos envueltos en una batalla —dijo textualmente—contra vicios, contra desvío de recursos, contra robos, y allí está esa fuerza con la que no contábamos antes de la batalla de las ideas, diseñada para librar esa batalla”.

“En esa batalla no debe haber tregua con nadie” –añadió–. “Cada cosa se llamará por su nombre” y “se apelará al honor de cada sector”, sin que la autocrítica se quede en autocrítica, sino se sancione el inmenso daño que hacen “los sinvergüenzas”. Son las palabras que empleó. Y a ellas Fidel añadió ese tipo de resistencia en lucha frente a lo que el imperialismo usa como un arma poderosísima: el individualismo, la traición al proyecto emancipador por interés personal o familiar, o de grupo y clientela, y que atendiendo a ese interés limitado hace un daño inmenso al interés general de la liberación, de la emancipación, de la revolución. Y también recordó una experiencia personal muy importante para la acción ecuménica de Cuba, en que habiendo pasado del comunismo utópico al marxismo, cuando había ido a Chile en l971 había confirmado que a su respeto de las ideas religiosas, era necesario añadir, con la Teología de la Liberación, “la idea de unir fuerzas y luchas” y a ese respecto trajo nuevamente a cuentas la moral como fuerza. Dijo: “los valores éticos son esenciales, sin valores éticos no hay valores revolucionarios”.

Muchas otras líneas de conducta para la estrategia de la resistencia y la lucha por la justicia, la libertad y la vida se deducen del texto; pero quiero limitarme a los problemas que Fidel plantea a todo el mundo con la siguiente pregunta: ¿”Pueden o no impedir los hombres… puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben”? Y él hace ver que si se lucha con honestidad, con seriedad, con disciplina, con trabajo incansable, y si se reconoce que no se sabe cómo va a ser todo el proceso histórico que viene, ni todo lo que vamos a ir descubriendo, y si se reconoce que estamos decididos a enseñar y aprender, y se recuerda que no puede uno confiar en el imperialismo y que hay “millones de cubanos preparados para la guerra de todo el pueblo”, y si se logra “la ausencia total del miedo”…. no sólo se preservarán los logros de la revolución sino “se podrá decir en la voz de millones o de cientos de miles de millones: “¡Vale la pena haber nacido! ¡Vale la pena haber vivido!”.

Y con esas palabras termino las mías seguro de que Cuba y la Humanidad alcanzarán la justicia y la vida en la tierra.

(Fuente La Jornada)

Sociólogo y crítico mexicano condecorado por la Unesco en 2003 con el Premio Internacional José Martí por su defensa de la identidad de los pueblos indígenas de América Latina
Tomado de Cubadebate

domingo, 1 de noviembre de 2015

Su Ernesto, que es también el mío

Hoy, gracias al trabajo de nuestra compañera Norelys, supe de alguien que escribía sobre el Che... Felizmente, por pura casualidad, la vida me puso este otro trabajo ante los ojos, que los limpia de tanta miasma que leí...

Mi Ernesto

Por Isely*

   atributosConservo pequeños flashazos de aquellos años en mi escuela primaria. Era 8 de octubre de inicios del 2000 y repetíamos incansablemente aquella consigna Seremos como el Che. Ensayábamos por última vez para el acto donde nos pondrían la pañoleta azul y seríamos por fin pioneros moncadistas. Eso era todo un acontecimiento aunque a ciencia cierta no entendía la dimensión de aquel grito a coro de ser como el Che.

Seis años más tarde los libros de Historia de Cuba me describían a Ernesto Guevara como el héroe sin defectos, congelado en un retrato de mi aula. Ernesto Guevara de la Serna, nació el 14 de junio de 1928, protagonizó la Batalla de Santa Clara el 31 de agosto de 1958… y al final, escribir mi valoración personal de la figura histórica. Todo aprendido de memoria para mi prueba final de la asignatura. ¿Y al final del examen? La información quedaba borrada casi automáticamente.

La secundaria fue un poco más de lo mismo. Reproducir tal cual las valoraciones del Che como si fuera un Dios. Me negué ante los profesores de Historia y decidí encontrar otro Ernesto. Aquel hombre infalible de los libros de texto no me convencía. El de las consignas de los matutinos no era mi Che.
Entro a la Universidad y se abren los mundos. Llevo un Che colgado al cuello porque su espíritu de aventura lo comparto. Cae en mis manos casi por azar un libro fascinante: Evocación al Che, escrito por Aleida March, su compañera de vida y de guerra. Esas historias me llevaron a las esencias de Ernesto Guevara. 

Hoy ya mi Che no es el mismo.

Atrapada en la mercantilización de su imagen, mi Ernesto es el de la fotografía de Korda, tomada aquel 4 de octubre de 1960 en el acto por las víctimas de la explosión del barco La Coubre. Mi Che es el muchacho asmático, rebelde y aventurero que emprendió un viaje por toda Latinoamérica el 4 de enero de 1952 con su amigo Alberto Granados en La Poderosa, la motocicleta destartalada que los dejó a medio camino y no por eso retrocedieron en su empeño de viajar.

Mi Che es el excelente nadador, el mismo que prefería a Vallejo y Neruda y dejaba los libros de Marx llenos de apuntes porque hay que crear al hombre nuevo y del capitalismo hay que aprender también. Mi Ernesto es el hombre que dejó a su esposa en México y vino a Cuba a compartir comida enlatada, combates y alegrías con la tropa de la Sierra Maestra. Para mí, es el mismo que con una sinceridad despampanante le cantó unas cuantas verdades al presidente norteamericano en la Asamblea de la ONU en la década del sesenta.

Mi Guevara es el que le dijo un piropo a Aleida a la entrada de un cuartel, el ser humano que añoró a sus hijos, su esposa, su hogar y a la vez convirtió al planeta en su propia casa: Bolivia, El Congo, Guatemala y Cuba supieron de sus andadas. El Che que unos aman y otros odian, pero que sin dudas, despierta pasiones en la opinión pública.

El mío, es el Ernesto que dejó grabados con su propia voz los poemas de Cesar Vallejo dedicados a su esposa; es el doctor que ayudó a curar leprosos en Perú, el que erró varias veces en su vida y no temió reconocer sus errores. El mismo que dijo “pendejo”, “flaco” o cualquier palabra coloquial u ofensiva de su argot argentino. Mi Guevara es el de su carta de despedida a Fidel y al pueblo cubano.

Es el hombre que por convicciones entró a su hogar disfrazado, sentó a los dos hijos en sus piernas y no los abrazó porque era “un amigo de la familia”. Y todo por guardar las apariencias. El mismo Ernesto que con su acento peculiar dijo que al imperialismo no se le puede dar ni un tantito así. Ese que tenía la voz dulce y el carácter recio, la picardía indisciplinada en la mirada pero la disciplina inviolable en sus acciones.

El ser que tenía a la humildad y la igualdad entre los hombres como filosofía constante. El Guevara que pisaba la fábrica al lado del obrero; ese que fumaba un tabaco al tiempo que se devoraba cualquier libro. El Che de la Higuera. El mismo Ernesto que soñó con los ojos abiertos una América sin fronteras.

Tomado del blog Hay locuras
*No logré encontrar más datos sobre la autora en su blog.

Imagen agregada FOTO M.García

jueves, 13 de agosto de 2015

ESCARAMUZAS POLÍTICAS: Sigue vivo el pensamiento de Fidel Castro

Por Gloria Analco*, @GloriaAnalco

 Fidel Castro llega a sus 89 años de edad de una manera triunfal para él y el pueblo cubano: sin cambios políticos en Cuba.
El desplome de la Unión Soviética no hizo colapsar a la Revolución Cubana como tampoco el recrudecimiento del embargo estadounidense. Sus poderosos enemigos se han quebrado la cabeza tratando de borrar de la faz de la Tierra la gesta cubana, y hasta han elaborado planes descabellados para conseguirlo.
Fidel dijo el día que cumplió 70 años, que la Revolución Cubana “está hecha y no hay quien la deshaga”. Eso fue hace 19 años, y parece haber acertado.
Los 11 presidentes de Estados Unidos que han buscado afanosamente vencer a Fidel, han dispuesto, desde el primer día de su ejercicio en el poder, del clásico aparato de la superpotencia: un temible Ejército, el Air ForceOne, el salón Oval, un dormitorio en la Casa Blanca, y a su entera disposición las 16 agencias de inteligencia, sin contar con un nutrido gabinete, además del simbólico “teléfono rojo”, de enlace con otros líderes mundiales. Todo ello entregado en bandeja de plata a un solo individuo por ganar unas elecciones.
Fidel Castro, en cambio, preparó un ejército propio para derrocar al dictador Fulgencio Batista, y organizó la Guerra de Todo el Pueblo para la defensa de la Revolución; por décadas superó todas las dificultades de persecuciones, intentos de asesinato, acoso de espías y traiciones; él mismo se hizo de un aparato de seguridad especializado que le permitió canalizar una serie de necesidades y estar informado de las intenciones de sus enemigos, y tuvo la capacidad de buscar contactos adecuados con chinos y rusos, y penetrar desde un principio el gobierno de los Estados Unidos, lo cual le permitió sobrevivir a muchas crisis.
¿Algo de esto hubieran podido lograr los 11 presidentes de Estados Unidos que han tenido que vérselas con Fidel Castro?
Además, el máximo líder de la Revolución Cubana logró desarticular todas las operaciones montadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en sus siglas en inglés).
Fidel, al abrazar la causa de los humildes, sabía que iba a encontrar a su paso muchos enemigos, y se preparó para enfrentarlos. Desarrolló, entonces, capacidades de gran estratega militar, y su discurso ha sido uno de sus grandes atributos. Sabía que tenía una misión histórica que cumplir.
En su enfrentamiento con Estados Unidos jugó como un gran maestro en la simultaneidad del ajedrez de la política. Enviaba mensajes, influía, desinformaba, compartimentaba. Desarrolló, además, una diplomacia amplia que le permitió crearse un escenario universal e influir en acontecimientos políticos de relevancia internacional.
A lo largo del proceso revolucionario cubano, Fidel, como figura central, se ha reunido e intercambiado, como ningún otro político en el mundo, con miles de personalidades de gobierno, políticos, intelectuales, renombrados economistas, científicos, artistas, jefes de movimientos insurreccionales, etcétera, y realmente su figura política ha resultado muy atrayente para todos estos personajes.
Su historia revolucionaria, que partió del asalto al Cuartel Moncada, en 1953, no ha sido para menos. Consiguió mantener a la Revolución Cubana en el poder, por contar también con un pueblo revolucionario.

*Reportera mexicana, publica en Uno más uno y otros órganos de prensa. Colaboradora habitual de La Polilla Cubana. Trabajo enviado por su autora
  FOTO Roberto Chile

viernes, 27 de febrero de 2015

José Martí y la Guerra Necesaria

Por Luis Toledo Sande
“Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”
Patria libre, cordialidad entre pueblos y equilibrio del mundo

Martí visto por Ernesto García Peña
Así vio en 1990 a José Martí el artista
Ernesto García Peña. (Fotocopia: E.C.L.)
Cuando el 25 de marzo de 1895 José Martí le escribe al dominicano Federico Henríquez y Carvajal: “Yo alzaré el mundo”, no incurre en un exabrupto de vanidad contrario a su ética y su conducta, sino que resume el sentido con que ha preparado la guerra iniciada el anterior 24 de febrero. En la misma carta refuerza ideas que ha venido expresando desde tiempo atrás, incluso en textos relacionados directamente con el Partido Revolucionario Cubano, cuya fundación se proclama en Nueva York el 10 de abril de 1892.
En las Bases de esa organización, llamadas a prudencia ante graves obstáculos que deben vencerse para preparar y hacer una contienda eficaz, apunta que se actuará “sin compromisos inmorales con pueblo u hombre alguno”, y sin “atraerse, con hecho o declaración alguna indiscreta durante su propaganda, la malevolencia o suspicacia de los pueblos con quienes la prudencia o el afecto aconseja o impone el mantenimiento de relaciones cordiales”.
Saber que el Partido se ha creado y tendrá base operativa entre compatriotas emigrados en los Estados Unidos -desde donde se extiende a otras tierras de América y trenza redes conspirativas en Cuba, centro de su programa- da luz sobre una cautela que no es indiferencia irresponsable o cómplice.
El reclamo, en las Bases citadas, de fundar “la nueva República indispensable al equilibrio americano”, remite a textos anteriores suyos, y lo explicitan, entre otros, aquel de Patria del 17 de abril de 1894 en el cual saluda la entrada del Partido en su tercer año de vida, y desde el subtítulo expone que la organización encarna “el alma de la Revolución, y el deber de Cuba en América”.
El primer artículo de las Bases precisa el fin de “lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”. Ello conduce al fondo de ideas pilares expuestas en El tercer año del Partido Revolucionario Cubano, como esta: “las Antillas esclavas acuden a ocupar su puesto de nación en el mundo americano, antes de que el desarrollo desproporcionado de la sección más poderosa de América convierta en teatro de la codicia universal las tierras que pueden ser aún el jardín de sus moradores, y como el fiel del mundo”.
El entorno
Federico Henríquez y Carvajal
En la citada carta a Federico Henríquez y Carvajal,
Martí, en marcha hacia la guerra, afirma: “Ahora
hay que dar respeto y sentido humano, y amable,
al sacrificio”. (Foto: INTERNET)
No habla desde las nubes. Ha residido por más de una década en los Estados Unidos, y el trienio 1889-1891 le ha mostrado la necesidad de acelerar los preparativos de la guerra. En los dos primeros de esos años sesiona el Congreso Internacional de Washington, como fruto del cual tiene lugar en el último de ellos la Comisión Monetaria Internacional, en la misma ciudad. Con ambos intenta el poder anfitrión romper en beneficio propio el equilibrio mundial. Martí combate al primero en la prensa, en la tribuna y en numerosas cartas, y contra la Conferencia actúa desde dentro, como representante de Uruguay.
El poderoso país procura lograr en todo el continente pactos comerciales que le resulten ventajosos, calzados con la circulación dominante del dólar. No impulsa un panamericanismo sano, sino el imperialista que ha llegado al siglo XXI y ha empleado tanto argucias económicas y políticas como violencia armada, a tono con su política internacional, contra la que resisten y luchan pueblos, y gobiernos dignos.
Para espigar, en lo dicho por Martí sobre aquellos foros, unos pocos de los desentrañamientos que alumbren su concepción de la guerra para liberar a Cuba, recordemos advertencias como esta, acerca del primero: “De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”.
A los países de América ya independientes de España se les presenta un reto decisivo: “¿A qué ir de aliados, en lo mejor de la juventud, en la batalla que los Estados Unidos se preparan a librar con el resto del mundo? ¿Por qué han de pelear sobre las repúblicas de América sus batallas con Europa, y ensayar en pueblos libres su sistema de colonización?” No se trata de una forma de dominio accidental, sino de todo un sistema, que no tardará en llamarse neocolonialismo.
Junto a compatriotas, en un antiguo fuerte de Cayo Hueso, en prácticas de tiro. NOTA: La foto es de interés, y ya está visto con Diseño cómo destacar el rostro de Martí para que se distinga
José Martí, junto a compatriotas emigrados, durante una práctica
de tiro (hoy diríamos preparación combativa) en un antiguo
fuerte de Cayo Hueso, 1893. (Foto: ICONOGRAFÍA MARIANA)
Pero Cuba y Puerto Rico, todavía colonias, no están representadas en el Congreso, ni lo estarán en la Comisión Monetaria. Lo que para ellas reservan los planes estadounidenses lo pronostica Martí en particular con respecto a su patria. Se aprecia en cartas a su colaborador Gonzalo de Quesada, quien, secretario de la delegación argentina en el Congreso Internacional mencionado, será secretario suyo en el Partido Revolucionario Cubano.
Es conocida la previsión que estampa en una de esas cartas: “Sobre nuestra tierra, Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres: Ni maldad más fría”. Los sucesos de 1898 certificarán la claridad de la visión martiana.
Un mundo
Para preparar la guerra y los cimientos de la república futura, funda Martí el Partido Revolucionario Cubano, y sabe que este sería nulo, “aunque entendiese los problemas internos” de Cuba y quisiera resolverlos, si ignorase “la misión, aún mayor, a que lo obliga la época en que nace y su posición en el crucero universal. Cuba y Puerto Rico entrarán a la libertad con composición muy diferente y en época muy distinta, y con responsabilidades mucho mayores que los demás pueblos hispanoamericanos”.
Para estos últimos, a inicios del siglo XIX, aunque el sembrador Simón Bolívar y otros intuyeran el peligro que se gestaba en los Estados Unidos, ese país no representaba la amenaza que en las postrimerías de la centuria significaba, con implicaciones más graves aún, para territorios dominados por el coloniaje español: “En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder,–mero fortín de la Roma americana;–y si libres–y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora–serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte”.
A Manuel mercado Martí envió la carta que se considera su testamento politico
Manuel Mercado, presente en los Versos
sencillos
de José Martí: “yo tengo/
Allá en México un amigo”
,
recibió la carta que se considera por
excelencia el testamento político
del héroe.
(Foto: Cortesía de ALFONSO HERRERA
FRANYUTTI)
Por qué está en juego el honor de esa república lo expone Martí con una advertencia increpante y nutrida de realidad: “en el desarrollo de su territorio–por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles–hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo”. De semejante política -Martí lo advierte claramente de diversas maneras- se derivarán males hasta para el mismo pueblo de la voraz nación.
Frente a desafíos colosales, tarea colosal: “Se llegará a muy alto, por la nobleza del fin; o se caerá muy bajo, por no haber sabido comprenderlo. Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son solo dos islas las que vamos a libertar”. Declara que “la verdadera grandeza” radicará en “asegurar, con la dicha de los hombres laboriosos en la independencia de su pueblo, la amistad entre las secciones adversas de un continente, y evitar, en la vida libre de las Antillas prósperas, el conflicto innecesario entre un pueblo tiranizador de América y el mundo coaligado contra su ambición”. El calificativo innecesario es tenue ante los intereses en juego.
Encrucijada
Lo que se decide es vital: “Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba se levanta para todos los tiempos”. En la carta a Henríquez y Carvajal, donde ratifica su voluntad -de alcance planetario- de “servir a este único corazón de nuestras repúblicas”, dice en términos rotundos: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”. Con hechos como el saqueo a México, y los planes de dominar la economía y la política del continente, el honor de la potencia ya estaba lastimado. Con el aumento de sus prácticas expansivas, generadoras de desequilibrio mundial, se quebrantaría aún más.
El mismo día en que escribe aquella carta, fecha Martí el texto que se conoce con el título de Manifiesto de Montecristi, primer programa público de la gesta que ya arde en Cuba. No lo mueven ni prudencias mal entendidas ni entusiasmos infundados, sino el conocimiento de los conflictos medulares que el independentismo tiene ante sí: “En la guerra que se ha reanudado en Cuba no ve la revolución las causas del júbilo que pudiera embargar al heroísmo irreflexivo, sino las responsabilidades que deben preocupar a los fundadores de pueblos”.
Caída de martí en Dos Ríos
La tragedia de Dos Ríos, imaginada en 1917 por el pintor
Esteban Valderrama. (Fotocopia: E.C.L.)
La contienda tiene una enorme significación: “La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo”. Para salvar ese equilibrio se necesita crear “un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo”, afirma.
A Henríquez y Carvajal le dice: “De Santo Domingo ¿por qué le he de hablar? ¿Es eso cosa distinta de Cuba? ¿Vd. no es cubano, y hay quien lo sea mejor que Vd? ¿Y [Máximo] Gómez, no es cubano? ¿Y yo, qué soy, y quién me fija suelo?” Líneas más adelante convoca: “Hagamos por sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la cordillera de fuego andino”.
Deber mayor
Otro texto epistolar refuerza el sentido con que el revolucionario cubano concibe la guerra. Ya en Cuba, entre las prisas y contingencias de la contienda, le escribe al mexicano Manuel Mercado, su confidente por excelencia, la carta fechada 18 de mayo de 1895. La muerte lo sorprende al siguiente día y tensa el carácter testamentario del texto, cumbre de lo que ha sostenido durante años.
A Mercado le resume conversaciones que ha tenido, en campaña, con Eugene Bryson, corresponsal en Cuba de The New York Herald, de las cuales nace el mensaje que el patriota dirige a ese diario estadounidense, donde se publica, en traducción mutilada y adulterada, el mismo día en que él muere. El texto se conoce en su plenitud gracias a que el original, en español, se salvó.
El mismo corresponsal le confiesa que el militar y político español Arsenio Martínez Campos, con quien se ha entrevistado, le ha dicho que el gobierno español se entenderá con el estadounidense antes que aceptar la victoria cubana. Eso le confirma a Martí sus previsiones sobre el tema. A Mercado empieza por decirle: “Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber–puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo–de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.
Monumento a martí en el cementerio de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba
El Mausoleo que guarda los restos del héroe en el cementerio
de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, es venerado sitio de
peregrinación. (Foto: EDUARDO PALOMARES)
No es resolución de última hora, sino decisión pensada y madura: “Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”, afirma, y añade: “En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.
Lo que Martí, y no del todo, ha mantenido “en silencio y como indirectamente”, no es su pensamiento antimperialista, sino el hecho de que, en su proyecto, la lucha armada no se dirige ya en lo fundamental contra el poder de España, aunque todavía este no ha sido derrotado, sino contra los planes de los Estados Unidos. Proclamarlo habría sido una torpeza en quien, por sus mismas labores conspirativas, se ha visto obligado a vivir largamente en ese país.
A ello alude en la carta: “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:–y mi honda es la de David”, palabras ubicadas entre el relato de su plática con Bryson y estas otras sobre la gesta cubana y su contexto: “Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos–como ese de Vd. y mío,–más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia,–les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato de ellos”.
Con la masa creadora
Martí advierte a Mercado hasta sobre la pretensión de la emergente potencia norteña de elevar a presidente de México a un político más fácil para ella de manejar que el caudillo Porfirio Díaz. La actitud entonces de este último explicará que Martí –quien abandona México a finales de 1876 ante el levantamiento anticonstitucional de ese político–, al parecer se entrevista con él en 1894 en pos de apoyo para la revolución cubana. Se sabe que lo intentó.
Urge allegar recursos para una contienda que debe vencer grandes valladares. El anexionismo y el autonomismo se agitan en la isla y sus cúpulas se apiñan entre los más opulentos. A las dos tendencias pudiera aplicar Martí la caracterización que en el texto destina a la segunda: “especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta solo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,–la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,–la masa inteligente y creadora de blancos y negros”.
Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución que lleva su nombre, en La Habana. NOTA: Si no funcionara para la edición impresa, pudiera mantenerse para la digital
José Martí: palmas, bandera y sol en la Plaza
de la Revolución que lleva su nombre.
(Foto: L.T.S.)
Aunque “la actividad anexionista” le resulta igualmente repudiable, Martí aprecia que es “menos temible por la poca realidad de sus aspirantes”. En otras palabras: ansiarán que Cuba se convierta en un estado más de la federación norteña, pero no es lo que interesa a los gobernantes de esta, que se proponen someterla. En tales circunstancias el anexionismo, como el autonomismo, pero plegado más explícitamente que este a los designios de la nación del Norte, abona un ambiente favorable a los planes que la rigen desde el gobierno.
La revolución está en los inicios de su etapa armada, y se le oponen obstáculos enormes. No ignora Martí la posibilidad del fracaso; pero sabe que la guerra es necesaria para preservar el espíritu independentista y, en todo caso, dejar trazada la senda hacia futuros afanes liberadores.
La historia no es el simulacro o farsa en que quisieran tornarla ciertos representantes de una academia promovida desde el poderoso Norte, sino un conjunto de fuerzas actuantes, materiales y morales, que no se borran con maniobras deshonrosas para exterminar el pensamiento liberador y sustituirlo por la ideología del sometimiento.
Cultivando la vocación de dignidad y soberanía, el pueblo cubano se mantiene fiel a un legado que le reclama su constante mejoramiento en la utilidad de la virtud, y solidaridad con otros pueblos, empezando por los de nuestra América. Olvidarlo sería una mayúscula deslealtad a cuanto Martí hizo y, de no haber caído en combate, habría seguido haciendo. Como siguen haciéndolo su ejemplo y su ideario.

lunes, 23 de febrero de 2015

La espada que levantó la previsión martiana

Por Armando Hart Dávalos
En los próximos años, la perdurabilidad y fortaleza de la nación tendrá que tener, como garantía decisiva, la unidad alcanzada hasta aquí, la cual se ha nutrido de las ideas y los sentimientos que sucesivas generaciones de cubanos fueron tejiendo.
 
El 24 de febrero es una fecha de gran significación martiana, ya que marca el comienzo en 1895, de la «guerra necesaria, humanitaria y breve» que organizó y convocó el Apóstol para alcanzar la ansiada independencia de España. Refiriéndose a lo sucedido en la guerra del 68, Martí afirmó: «Nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos». Aludía así a las divisiones y pugnas entre los patriotas que condujeron al fracaso de aquel esfuerzo heroico mantenido durante diez años.
Enfrentado a las frustraciones y el desánimo que dejó aquella primera contienda, Martí extrajo como conclusión esencial que la nueva guerra había que dirigirla de otro modo. Y para ello concibió y organizó el Partido Revolucionario Cubano, eficaz instrumento para forjar la necesaria e imprescindible unidad y para dirigir la guerra con criterio político. Ese partido, constituido en las filas de la emigración en los Estados Unidos primero, y con representación, más tarde, en suelo cubano, se propuso alcanzar no solo la independencia de Cuba, sino también la de Puerto Rico. La primera conclusión, por tanto, que puede extraerse es que, desde sus inicios, el objetivo esencial de la Revolución Cubana no obedece, exclusivamente, a intereses locales ni se reduce a objetivos nacionales; la Revolución Cubana, especialmente después que aparece la figura de Martí, es un suceso de interés y connotación universales.
Consagrado por entero a la causa de la independencia, en el seno del imperialismo naciente, vislumbró antes que nadie, los peligros que se avecinaban para alcanzarla y venciendo incomprensiones y reveses, firmó junto a Mayía Rodríguez, como representante personal del mayor general Máximo Gómez, nombrado por Martí jefe del nuevo Ejército Libertador, y a Enrique Collazo, representando a la Junta Revolucionaria de La Habana, la orden del alzamiento para Cuba, el 29 de enero de 1985, en Nueva York. Esa orden especificaba que el alzamiento se haría con la mayor simultaneidad posible en la segunda mitad del mes de febrero y no antes, y fue dirigida a Juan Gualberto Gómez como representante de Martí en Cuba. Fue precisamente en la reunión de los jefes que habrían de encabezar el alzamiento en el Occidente que acordaron la fecha del 24 de febrero, aceptada también por los jefes de la región oriental y de Las Villas. El Camagüey se comprometió a secundarlo poco después de iniciado.
El cable de Juan Gualberto a Martí, confirmándole la conclusión del período preparatorio con el texto «Giros aceptados» recuerda mucho al enviado por Fidel a Duque de Estrada en Santiago de Cuba, con «Obra agotada», para el alzamiento del 30 de noviembre de 1956, en apoyo al desembarco de los expedicionarios del yate Granma.
Poco después de iniciada la contienda, el 25 de marzo de 1895, desde Montecristi, pueblo de Santo Domingo donde residía Máximo Gómez, se daba a conocer el Manifiesto: El Partido Revolucionario Cubano a Cuba, firmado por Martí y Gómez, exponiendo los fundamentos de la revolución que se iniciaba.
Desde las primeras líneas del Manifiesto de Montecristi se destaca que el propósito inmediato de la revolución, iniciada casi 30 años antes en Yara, era el «saneamiento y emancipación del país para el bien de América y del mundo». Este objetivo, de interés universal, aparece como lo más sustantivo del ideario martiano y está presente a lo largo del texto que suscribió con Gómez; en dicho texto se plantea asimismo que:
La guerra de independencia de Cuba, nudo de haz de islas donde se han de cruzar, en plazo de pocos años el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno el heroísmo juicioso que las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y el  equilibrio aún vacilante del mundo.
Más adelante se subraya:
La revolución cumplirá mañana el deber de explicar de nuevo al país y a las naciones las causas locales, y de ideas de interés universal, con que para el adelanto y servicio de la humanidad reanuda el pueblo emancipador de Yara y Guáimaro una guerra digna del respeto de sus enemigos y el apoyo de los pueblos por su rígido concepto del derecho del hombre, y su aborrecimiento de la venganza estéril y la devastación inútil.
Tal interés se fundamenta y enlaza con los propósitos que se exponen en los Estatutos de Partido Revolucionario Cubano de Martí, de «Auxiliar y apoyar la independencia de Puerto Rico» y, además, como se recoge en el propio Manifiesto, alcanzar y asegurar unas Antillas libres, que a su vez, garanticen y protejan a una América libre.
La pregunta que debemos hacernos es por qué Martí quería una Cuba libre, unas Antillas libres y una América libre; ello lo expresó de una manera tan diáfana que no debería dar lugar a dudas o confusiones. En su artículo con motivo de la conmemoración del segundo aniversario del Partido Revolucionario Cubano, publicado en 1894, señaló:
En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder, mero fortín de la Roma americana; —y si libres y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora— serían en el continente la garantía del equilibrio, de la independencia para la  América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo.
Se observa aquí cómo el Apóstol no pretendía agudizar el conflicto, al que calificó de innecesario, entre la América mestiza y la América sajona. Martí hubiera preferido buscar una solución al conflicto que no condujera a un antagonismo feroz. Pretendía que surgieran unas Antillas libres para servir a los pueblos de nuestra América, e incluso, al propio pueblo de los Estados Unidos que según expresa, «hallará en el desarrollo de su territorio más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores». Y aspiraba, como queda dicho, a garantizar de esta forma, el equilibro del mundo. En el propio Manifiesto de Montecristi, Gómez y Martí agregan:
Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral de América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo.
A 120 años de aquel 24 de febrero de 1895, podemos extraer algunas enseñanzas para el presente y el porvenir; recordemos que la existencia y fortaleza de la nación cubana ha estado siempre fundamentada en la unidad política del pueblo trabajador. Este país, desde el proceso de gestación de la nación y en su recorrido hasta nuestros días, debió enfrentarse a las más diversas y complejas contradicciones internacionales. Dos hombres hicieron posible la unidad nacional: José Martí, que en el siglo XIX la hizo cristalizar a partir de un ingente esfuerzo político y cultural, y Fidel Castro, al evitar que «el Apóstol muriera en el año de su centenario» (1953) —como dijo en el juicio seguido por el asalto a la segunda fortaleza militar del país—. Fidel hizo crecer la memoria del Maestro y le extrajo a su pensamiento vivo y profundo todas las lecciones necesarias para hacer verdaderamente independiente la Patria.
En los próximos años, la perdurabilidad y fortaleza de la nación tendrán que tener, como garantía decisiva, la unidad alcanzada hasta aquí, la cual se ha nutrido de las ideas y sentimientos que sucesivas generaciones de cubanos fueron tejiendo con su sangre, trabajo, inteligencia y cultura a lo largo de toda nuestra historia. Ahora la tarea consiste en interpretar y actualizar  el significado de esa tradición y continuar formando en ella a las nuevas generaciones de cubanos, para que, al hacer suyas las banderas de la Revolución Cubana, las exalten y defiendan en un mundo bien diferente y, desde luego, mucho más complejo que en el que vio la luz en 1959 nuestra histórica Revolución Cubana.

Tomado de Juventud Rebelde