Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de marzo de 2016

Ya vienen llegando

 
Lo más cercano a estos años en Cuba son los inicios de los sesenta, cuando los cambios ocurrían más rápido que nuestra capacidad de asimilarlos. Y tenemos una segunda invasión yanqui, solo que con Google y Paypal en la delantera.

El país se mueve con rapidez hacia un lugar incierto. Lo seguimos con movimiento zombie solo por la certeza de que éste tampoco es nuestro lugar, no es el país que queremos. Las preocupaciones comienzan cuando los adversarios de siempre soplan nuestras velas, nos dan impulso. Y no queda más remedio que emprender la travesía porque no hay puerto seguro a dónde regresar.

El día que llegó Obama a Cuba, el panadero me despertó cantando una canción antes proscrita de la radio, no de las casas cubanas. La visita del presidente estadounidense, Barack Obama, comenzaba con Willy Chirino de banda sonora y un sol tremendo.

En cuestión de horas se nubló el cielo, un rayo cruzó las nubes y el Air Force One aterrizó en Boyeros. Según la religión afrocubana, la lluvia es un buen presagio que barre la mala suerte, quizás no llovió lo suficiente. Si hubiera bajado Harrison Ford por la escalerilla hubiéramos estado más preparados, en cambio lo hizo un presidente negro y carismático con toda su familia.
Tenemos mucha gente importante que no está preparada para lo que viene.
El presidente de EE.UU. hizo gala de comunicación política. Nosotros vimos en la tele no los méritos del otro, sino las deficiencias propias. Mientras algunos despotricaban contra el marketing político  en nuestros medios, yo rezaba para que aprendieran algo de él en cuanto a forma política. Con el POTUS vinieron cientos de personas, muchos de ellos empresarios interesados en la isla. Le dedicó un tiempo valioso a los emprendedores, jóvenes en su mayoría. No hay duda que estos  últimos serán parte de los cambios que sobrevendrán pero ¿se les quiere convertir en grupos de presión política? ¿Es de interés nacional tener un sector económico dependiente de la economía estadounidense?

Una de las mayores ventajas que tiene el proyecto cubano en comparación a sus homólogos de izquierda en el continente, es la ausencia de una burguesía con conciencia de clase. ¿Iremos gustosos a la construcción y fomento de los nuevos ricos? En décadas pasadas logramos distribuir con cierta equidad la riqueza nacional sin poder eliminar totalmente diferencias sociales que hoy amenazan convertirse en clases. ¿Le interesa a Obama que el país crezca económicamente y las familias de todos los barrios prosperen o solo le interesa un grupo que sea utilizable políticamente? El dinero está llegando de EU, parece concentrarse en algunos barrios y ciudades pero apenas salpica a los que no tienen capital para invertir o sufren fatalidades geográficas.

Otro punto de interés fue Internet y las nuevas tecnologías. ¿Por qué se interesa más el POTUS en la información que llega a los jóvenes en vez de los lápices y libretas en las escuelas? Cuba solo necesita que la dejen ser, sin segundas intenciones ni miradas paternalistas. Ya tenemos suficientes problemas propios, que no dependen del bloqueo, para estar ocupados con otros de fabricación foránea.

En un contexto de no-hostilidad con EE.UU. la sociedad civil del país deberá exigir las libertades sacrificadas por las circunstancias que algún funcionario pretenda limitar.
Escuché a Obama hablando a la sociedad civil en un discurso marcado por el carisma y las omisiones.
Lo más importante quizás fue notar el camino escogido hacia la empatía de los cubanos:el nacionalismo martiano. La Revolución cubana fue primero nacionalista que ideológica, un resorte que no ha cambiado con las nuevas generaciones.

El POTUS no puede escapar de su circunstancia, aunque el tema Cuba pueda ser una inversión estratégica para su partido, en realidad se lo cree. Da la impresión de ser hombre de familia, de valores similares a los nuestros que en otro contexto sería nuestro amigo sin pensarlo. Si algo he aprendido hasta hoy es que la vida es más rica que las ideologías. Con grandes amigos en la socialdemocracia y enemigos en mi propio partido, se aprende que los valores son el bien más universal. Ya las discrepancias vienen en cuanto a la forma de convivencia y organización social.

Ese día en el teatro había Internet gratis, un lujo atípico que debería ser norma. Cuando acabó todo me marché impresionado por el dispositivo de seguridad, el no estar acostumbrado a tanta presencia policial quizás sea uno de los mejores valores que me enseñó mi país. El regreso a casa fue agridulce, se siente que el barco ha tomado impulso y las ruedas de la historia han echado a andar sin detenerse. Voy a recordarle al panadero que los Rolling Stones tocan el viernes, no es que los yanquis vengan llegando, es que ya están aquí.

Tomado de El Toque

domingo, 8 de noviembre de 2015

Cuba y el futuro de la humanidad

bandera cubana

Creo que es hora de pensar para luchar y de pensar cómo triunfar en las actuales circunstancias por difíciles y complejas que sean.

Lo que voy a decir, antes que nada, busca las implicaciones que tiene la crisis de las teorías hegemónicas que se basan en la idea de civilización, progreso, modernidad, o desarrollo.

Lo que voy a decir busca también aclarar la crisis en que nos hallamos quienes pensábamos en términos más o menos lineales en una historia que llevaría del feudalismo al capitalismo, al socialismo parlamentario o estatal y de éste al socialismo post-capitalista o comunista, tesis que en los países coloniales o semi–coloniales enarboló una descolonización en que tomarían el poder las clases oprimidas y colonizadas para seguir sus propios caminos de liberación y construcción del socialismo, objetivo que sólo fue alcanzado por la Revolución Cubana y el Movimiento “26 de Julio”, en una victoria que amerita una reflexión mucho más profunda que nos aclare problemas y soluciones que no son sólo para Cuba sino para el mundo.

Por más que nos cueste reconocer hoy los fracasos de las tesis lineales conservadoras y revolucionarias, nos será imposible resolver cualquier problema actual si no llevamos al terreno de la conciencia, de la dialéctica y el diálogo, lo que realmente hacía y hace imposible el logro de la liberación humana en el caso del capitalismo, y lo que nos faltó o sobró a quienes teniendo la posibilidad de la liberación en los estados-nación del llamado “campo socialista” no logramos nuestras metas en una inmensa región del mundo en que asistimos hoy a la restauración del capitalismo. Esa reflexión necesaria será lamentablemente incompleta si no prestamos igual o mayor atención a las razones del triunfo de Cuba.

Una reflexión colectiva realmente profunda tendrá que orientar nuestras actuales luchas para rechazar lo que nos sobró y para incluir lo que nos faltó en una amplia región del mundo. En esa reflexión, Cuba como victoria ejemplar, hoy asediada y cercada por el imperio más poderoso y agresivo del mundo, nos lleva a recordar y parafrasear un hecho sorprendente que hoy planteamos preguntándonos ¿”Qué tiene Cuba que el imperialismo no pudo con ella” a pesar del prolongado bloqueo y de los incontables asedios de que se hizo objeto a la Isla y sus habitantes?

No sólo será importante destacar lo que Cuba hizo y hace en su lucha por el socialismo y la liberación, ni sólo aclamar lo que se propone hacer para consolidar su proyecto emancipador. También será importante destacar las medidas que el movimiento revolucionario cubano forjó y que no sólo son aplicables en Cuba, que enseñan y señalan un camino universal, parecido en medio de la diversidad.

Como cabe imaginar, lo primero es reiterar algo que hemos afirmado una y otra vez, y es que la libertad, la justicia y la democracia sólo podrán alcanzarse en el socialismo, y que sólo las organizaciones y movimientos que practiquen en su seno las medidas que fortalezcan los objetivos del socialismo podrán lograr y consolidar la justicia social, la democracia y la libertad.

Sólo cuando el poder de decisión sea de los trabajadores, de las comunidades y de los pueblos, y éstos luchen armados de ideas, armados de moral de cooperación y acción colectiva, y adiestrados en el uso de armas defensivas de su soberanía y de su vida; sólo cuando implanten las organizaciones más idóneas –horizontales y verticales– en la economía, el gobierno y los servicios podrán consolidar y defender los proyectos emancipadores.

Y precisamente por eso muchos somos quienes queremos que se haga un mundo en gran parte parecido a lo que se hace en Cuba, por supuesto, sin que los procesos emancipadores de otros pueblos y naciones sean “calca y copia” sino “creación heroica”, creación original y universal. Que cada pueblo, cada nación, “a su modo” –como dirían los zapatistas–, construya con el socialismo la democracia, y con ambos la justicia y la libertad.

Pero antes de concretar esos objetivos y las medidas que en Cuba se tomaron y toman para alcanzarlos, para preservarlos, para impulsarlos, querría traer a cuentas la situación de crisis que padece la Humanidad en la organización del trabajo y de la vida, bajo el dominio de un capitalismo global que volvió a regir en todos los países del antiguo campo socialista, con excepción de Cuba, y no porque fuera Cuba una gran potencia, ni porque estuviera lejos de Estados Unidos, ni porque contara, hasta hace más de una década, con el apoyo del extinto campo socialista, que desde entonces faltó.

Ambos problemas me gustaría esbozar: ¿En qué situación se encuentra la organización del trabajo y la vida en el capitalismo?, y ¿qué le permitió a Cuba construir un sólido camino al socialismo que, entre variantes, muestra tener mucho de aplicable en la emancipación humana?

Al considerar la organización del trabajo y de la vida en el capitalismo destacan los siguientes hechos que no podemos olvidar en ningún razonamiento que se refiera al colapso de ese sistema y al comportamiento cada vez más irracional de las políticas que aplica, y cuya racionalidad tecnológica no logra ocultar ni la barbarie con que actúa ni los peligros que implica:

1º. Siendo el principal valor, o “atractor” del sistema capitalista la maximización de utilidades, de riquezas, y de poder, cualquier objetivo que frene la codicia estructural del sistema es patológicamente “negado” en su totalidad, en su causa, en sus efectos redentores, o acallado mediante políticas ilusorias de quienes pretenden e incluso creen que van a resolver los problemas dentro del sistema.

2º. El capitalismo ha sufrido varias crisis de sobreproducción y subconsumo cuyo inicio se expresó claramente a finales del siglo XIX con el desarrollo creciente del capital corporativo, de las innovaciones tecnológicas y del imperialismo, en que la “renta” de las colonias y países dependientes subsidió a las socialdemocracias reformistas o a las bases de apoyo de las dictaduras fascistas y populistas de los países metropolitanos que así frenaron el movimiento revolucionario.

La actual crisis es significativamente distinta de las anteriores: es una crisis terminal en que hasta las soluciones del “estado benefactor o social” han entrado también en crisis, y en que los “sistemas inteligentes autorregulados, adaptables y creadores” así como la robotización creciente de la producción y de los servicios, hacen imposible abandonar el neoliberalismo triunfante y regresar a Keynes, o regresar a la socialdemocracia, o regresar al populismo de izquierda o de derecha y con ellos superar los problemas sin estrechar cada vez más los vínculos con los trabajadores formales e informales y con las comunidades asediadas y crecientemente despojadas de sus tierras y territorios.

Es más, el capitalismo actual no tiene por qué regresar al nazi–fascismo metropolitano y sus campos de concentración, cuando ha demostrado ya que puede eliminar con “guerras a modo”, “Estados virtuales” y otros recursos, como las pandemias y el hambre, a una inmensa población “sobrante”, y cuando sin necesidad de ir a raptar esclavos en la periferia mundial, éstos van por su cuenta y –entre muertos y desaparecidos– tocan a sus puertas para ser recibidos con gotero y a regañadientes con esas políticas que los funcionarios neoliberales llaman “humanitarias”. Keynesianismo y populismo de izquierda con creciente predominio de la burguesía no tienen ni la menor posibilidad de regresar y consolidarse, tras la gran derrota que sus partidarios sufrieron en las últimas décadas del siglo XX.

3º. Es cierto que al mismo tiempo la organización del trabajo y la vida muestran hoy más que nunca inmensas injusticias y crecientes desigualdades, pero éstas son consecuencia del éxito que han alcanzado quienes dominan el sistema.
Es un hecho: la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se ha vuelto a la vez mucho más eficaz y efectiva que nunca con el enorme impulso que le han dado las ciencias de la complejidad y las tecnociencias, y “paradójicamente”, al mismo tiempo, ha colocado al capitalismo en una situación crítica, sin precedente en la historia.

La notable eficacia con que logran enriquecerse “más y más” “menos y menos” accionistas de las corporaciones y los complejos empresariales–militares–políticos–y– mediáticos, ha incluso derivado en una nueva contradicción de la historia, en que el hombre está al borde de acabar con la vida en la Tierra, afirmación que es rotundamente negada por las fuerzas dominantes y por buena parte de sus ideólogos y apologistas, mientras numerosos científicos rigurosos y honestos, que incluso forman parte de las comisiones intergubernamentales, descubren y publican datos sobre un creciente y variado peligro de ecocidio o de eliminación de la biósfera….Y esta es otra tragedia…el conocimiento científico que comprueba la crisis es descalificado e incluso perseguido por los más distintos medios sicológicos, sociales y políticos. En realidad el conocimiento científico puso en crisis a “la sociedad del conocimiento” y entró en crisis con remedios que de aplicarse darían al traste con los jugosos negocios de las corporaciones y complejos…y con sus codiciosos y coléricos beneficiarios y malogradas estirpes.

De los hechos señalados muchos estamos más o menos conscientes, pero a la gravedad y variedad de las amenazas a la vida en la tierra no le prestamos suficiente atención y otro tanto ocurre con tres hechos más que se añaden a los anteriores y que son fundamentales para comprender y actuar en el mundo realmente existente. Nos referimos a:

4º. La existencia de dos bloques en creciente enfrentamiento, destinados a competir por los recursos y mercados de la Tierra: el Bloque Oriental en formación, encabezado por Rusia y China, y el Bloque Occidental, en que Estados Unidos no sólo ha logrado sumar bajo su liderazgo a la Unión Europea, sino fortalecer el Proyecto de un Dominio Unipolar que considera posible imponer con su gran experiencia neo-colonial y contrainsurgente, perfeccionada con sus modelos de “sistemas inteligentes, autorregulados, adaptables y creadores”. Se trata de un proyecto en que el complejo empresarial-militar-político y mediático de Estados Unidos está empleando todo género de recursos pacíficos y violentos, financieros, sicológicos, militares y para-militares, con escenarios de guerras reales y virtuales, cuya guía es el neoliberalismo global destinado a la estructuración de su poderío también global, un poderío que ya asoma como inmensamente destructivo y autodestructivo.

5º. La proliferación de guerras en que nadie lucha por un proyecto emancipador sino en que las ideologías y los programas político-sociales han sido suplantados por feroces carnicerías contra “el terrorismo”, el “narcotráfico” y el “crimen organizado”, en que estados simulados y actores disfrazados son instrumento de gobiernos y corporaciones que al mismo tiempo que por su intermedio imponen el terror y la destrucción de ciudades y pueblos, de campos, mares y montañas, así como de sitios sagrados logran que los supuestos fieles destruyan y desprestigien a pueblos enteros, a los que simulan representar en sus clásicas versiones sobre “los bárbaros” cuando en realidad muchos de los supuestos fingidos islamistas, fanáticos y “combatientes por la libertad” son reclutas, entrenados, armados, aprovisionados y respaldados como “fuerzas especiales” de la globalización.

Y en ese mundo estamos, en un mundo que trata de imponer el imperio global del gran capital corporativo, en combinación de fuerzas entre los complejos empresariales, militares, políticos y mediáticos. Un mundo que ya ni siquiera se propone un proyecto de civilización, progreso, desarrollo, ni el de socialdemocracia, socialismo, o comunismo. Un mundo que practica el culto de la eficiencia, y la eficacia para el apoyo a las inversiones de las empresas corporativas, y que al mismo tiempo renueva “la cultura de la caridad” y de los llamados “actos humanitarios”, mientras estimula por todos los medios la cultura del egoísmo, del consumismo y del individualismo, y esconde en todo lo que puede el imperio de la colusión, la cooptación y la corrupción combinados con la represión.

6º. A la gigantesca tragedia se añade, tanto en Oriente como en Occidente, la prohibición de señalar su gravedad moral y material, y la prohibición de investigar y documentar lo que en verdad ocurre de injusticia, dolor y destrucción que afecta a la inmensa mayoría de la humanidad, y a toda la tierra y a toda la vida, y a ésta como un hecho novedoso científicamente comprobado.

El “conocimiento incómodo” como se le llama, o conocimiento “negado”, descalificado, florece bajo una orden de callar dictada por los neoliberales globalizadores, y también por los nuevos ideólogos que racionalizan la restauración del capitalismo.

Es así como se acrecienta el gran problema de la humanidad, sobre el que se prohíbe pensar, o al que se descalifica y persigue por todos los medios, en una batalla contra el conocimiento que se inicio desde que en la Universidad de East Anglia se descubrió que el calentamiento global y todas sus consecuencias son de origen antropogénico. Esa amenaza a la vida, lejos de ser la única, posee entre otros muchos recursos ecocidas una cantidad inmensa de bombas nucleares y de armas sofisticadas que hoy manejan gobiernos incendiados en una cultura de la venganza y la cólera, a los que gustosos proveen la grandes potencias para las que el sector armamentista es uno de los que más contribuyen a la marcha del capitalismo y de los macro-negocios. Bombas nucleares con drones que las guían y sistemas perfeccionados de lanzamiento; calentamiento global, incremento del Hoyo de Ozono, destrucción y sobreexplotación de llanos y selvas, de mares y recursos subterráneos, polución creciente del aire en los conglomerados urbanos… son fenómenos de lamentar y también de denunciar. En cuanto a las políticas para detenerlos corresponden a compromisos cuyos responsables sólo ofrecen corregir parte de los males y de las causas que los provocan, sin que cumplan lo que prometen ni en la magnitud ni en los tiempos en que dicen que van a cumplir.

A tan siniestro panorama, entre lamentos y críticas inconsecuentes y a los que la humanidad se ha acostumbrado, se añaden muchos hechos más que revelan la crisis intelectual, económica, cultural, política y moral del capitalismo, dominante en el mundo entero, y en que la única esperanza de solución como Estado–Nación, asoma en Cuba, y en nuevos y notables movimientos sociales en el mundo, como los de los indios mayas del sureste mexicano conocidos como zapatistas, a quienes se añaden muchos otros que aportan elementos emancipadores capaces de reanimar la esperanza. Precedidos por Cuba ven en esa pequeña Isla un punto de apoyo para defender la vida y la libertad, y para construir otro mundo posible y viable, un “mundo Moral” en que el egoísmo ceda a las virtudes humanas acalladas en esta lucha de clases y de imperios, que gobiernan con la fusión de las corporaciones, los complejos empresariales–militares–políticos y mediáticos y el crimen organizado.

De Cuba y de quienes sigan caminos parecidos de emancipación humana dependerá el triunfo de una revolución armada de ideas, de moral y de fuerzas de cooperación y lucha, así como del valor, la entereza, la disciplina y la dignidad…

7º. Es en este contexto en el que pensar en Cuba y su papel en el futuro del mundo resulta de la mayor importancia para conocer la gravedad de los problemas y también en la posibilidad mundial de analizar la solución de los mismos a partir de la experiencia de Cuba y el Mundo. El futuro será muy distinto si se lucha y hace lo que Cuba ha hecho y por lo que ha luchado al romper en los hechos la falsa contradicción entre la democracia y el socialismo, entendida la democracia como la toma de decisiones por el pueblo organizado y sus comisiones especializadas, y entendido el socialismo como un sistema en que el principal objetivo o atractor, lejos de ser la acumulación de utilidades y riquezas sea la alimentación, la vivienda, la salud y la educación con la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, en la producción y los servicios y en la política no sólo económica sino social, cultural, así como en la de los órganos del poder popular y ciudadano, y en las comisiones que apliquen y cumplan con los programas aprobados.

Advertir las posibilidades concretas que el proyecto cubano tiene, y reconocer en él la realización universal de un anhelo histórico que respete la diversidad de creencias, de ideologías, de razas, sexos, inclinaciones sexuales y edades y que con la Justicia social e individual hermane la Libertad, y haga de ambas sus principal valor y meta, será reconocer lo nuevo en la dialéctica de la historia o la nueva dialéctica de la historia.

Cuba es un país que ha mostrado una inmensa capacidad de lucha y negociación, sin que en ningún momento de la lucha o la negociación haya renunciado a sus valores y objetivos centrales. La nueva dialéctica parece indicar que en el futuro se darán fenómenos de lucha y negociación y que en ellos, lo no negociable será el socialismo democrático y la justicia social e individual y lo que habrá de negociarse serán las alternativas y la transición a un mundo capaz de preservar la vida, la justicia, la libertad y la soberanía de pueblos, trabajadores y ciudadanos.

Sobre el camino de la resistencia y lucha de Cuba por mantener su proyecto emancipador nada pude ser más acertado que recordar aquellos discursos pedagógicos y revolucionarios de Fidel cuando en los inicios de la Revolución Cubana, durante horas y horas, en la Plaza de la Revolución hablaba a los guajiros y a su pueblo para que acrecentaran su voluntad, su conciencia y su conocimiento de los valores y metas de la Revolución.
 
Hoy, cuando el analfabetismo ha desaparecido y la escolaridad es universal y alcanza los más altos niveles, cuando los contingentes del pueblo cubano están organizados a lo largo y ancho del país, y compenetrados en su inmensa mayoría de los valores de la revolución, y cuando a sus conocimientos, su conciencia y su voluntad añaden su capacidad para tomar decisiones cruciales en el gobierno de la Isla, como ha ocurrido en numerosas ocasiones en que Cuba mostró claramente la imposibilidad de que una guerra internacional o civil lograra destruirla, nada mejor para ganar la nueva lucha que plantean las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, que hacer efectivas las palabras del reciente discurso que Fidel ya no pronunció ante los campesinos y los guajiros sino ante los hijos de los mismos que lo escucharon en la Universidad de la Habana, al lado de jóvenes provenientes de esos sectores medios que se perfilan en la sociedad cubana según Fernando Martínez Heredia.


De las palabras de Fidel se deducen, con la mayor claridad, tanto la estrategia a seguir por la juventud y el pueblo de Cuba en el mundo actual, como la que seguirán los representantes del complejo–militar–empresarial–mediático y político de Estados Unidos y otros gobiernos y corporaciones del mundo capitalista, si se atreven a conocer la verdad y optan por una política que asegure la vida en el Planeta. Semejante camino, lejos de ser increíble, corresponde a una realidad que se expresa aquí y allá en el largo discurso, con expresiones y palabras como las siguientes sobre nuestra propia fuerza actual y potencial: 
“poseemos armas nucleares en virtud del poder invencible de las armas morales”.

 Esas palabras son exactas: la estrategia de la resistencia del pueblo cubano y otros pueblos está en el poder de sus armas morales y en la demostración que hagan de ellas contra la política de colusión, de cooptación, de corrupción, de intimidación que llevó a la restauración del capitalismo en el llamado campo socialista; “los jóvenes de hoy deben luchar –dijo Fidel– con las armas morales por encima de las ideas de su clase”, como han luchado a lo largo de la historia de Cuba y del Mundo, y como empezó a luchar Fidel, “hijo de terrateniente”. Y agregó: Todos los “hombres de pensamiento” leen y leerán a Martí, el que hizo de la moral un concepto revolucionario invaluable.

Y ya pensando en la Tierra, en el Planeta, Fidel exaltó “la brevísima historia de la especie humana buscando una sociedad justa… frente a un repugnante sistema” como el actual, e hizo ver que “estamos frente a una gran batalla, que debemos librar, que vamos a librar y vamos a ganar, que es lo importante”. En la lucha incluyó una y otra vez a los parásitos y sinvergüenzas que comercian en los mercados escondidos y que se encuentran entre los enemigos principales de una sociedad justa. “Estamos envueltos en una batalla —dijo textualmente—contra vicios, contra desvío de recursos, contra robos, y allí está esa fuerza con la que no contábamos antes de la batalla de las ideas, diseñada para librar esa batalla”.

“En esa batalla no debe haber tregua con nadie” –añadió–. “Cada cosa se llamará por su nombre” y “se apelará al honor de cada sector”, sin que la autocrítica se quede en autocrítica, sino se sancione el inmenso daño que hacen “los sinvergüenzas”. Son las palabras que empleó. Y a ellas Fidel añadió ese tipo de resistencia en lucha frente a lo que el imperialismo usa como un arma poderosísima: el individualismo, la traición al proyecto emancipador por interés personal o familiar, o de grupo y clientela, y que atendiendo a ese interés limitado hace un daño inmenso al interés general de la liberación, de la emancipación, de la revolución. Y también recordó una experiencia personal muy importante para la acción ecuménica de Cuba, en que habiendo pasado del comunismo utópico al marxismo, cuando había ido a Chile en l971 había confirmado que a su respeto de las ideas religiosas, era necesario añadir, con la Teología de la Liberación, “la idea de unir fuerzas y luchas” y a ese respecto trajo nuevamente a cuentas la moral como fuerza. Dijo: “los valores éticos son esenciales, sin valores éticos no hay valores revolucionarios”.

Muchas otras líneas de conducta para la estrategia de la resistencia y la lucha por la justicia, la libertad y la vida se deducen del texto; pero quiero limitarme a los problemas que Fidel plantea a todo el mundo con la siguiente pregunta: ¿”Pueden o no impedir los hombres… puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben”? Y él hace ver que si se lucha con honestidad, con seriedad, con disciplina, con trabajo incansable, y si se reconoce que no se sabe cómo va a ser todo el proceso histórico que viene, ni todo lo que vamos a ir descubriendo, y si se reconoce que estamos decididos a enseñar y aprender, y se recuerda que no puede uno confiar en el imperialismo y que hay “millones de cubanos preparados para la guerra de todo el pueblo”, y si se logra “la ausencia total del miedo”…. no sólo se preservarán los logros de la revolución sino “se podrá decir en la voz de millones o de cientos de miles de millones: “¡Vale la pena haber nacido! ¡Vale la pena haber vivido!”.

Y con esas palabras termino las mías seguro de que Cuba y la Humanidad alcanzarán la justicia y la vida en la tierra.

(Fuente La Jornada)

Sociólogo y crítico mexicano condecorado por la Unesco en 2003 con el Premio Internacional José Martí por su defensa de la identidad de los pueblos indígenas de América Latina
Tomado de Cubadebate

martes, 28 de abril de 2015

La necesidad de analizar los precios actuales

La crítica veraz, la que aporta soluciones, es uno de nuestros más fuertes baluartes para, como dijera Fidel "cambiar todo lo que deba ser cambiado":

La necesidad de analizar los precios actuales
Por Ernesto Escobar Soto*

Acabo de leer un breve e interesante trabajo de Guillermo Rodríguez Rivera titulado ¿A quienes les venden las tiendas cubanas? Sin ser un especialista quisiera expresar algunas ideas sobre este importante tema.
Desde el 1959 la Revolución aplicó una política social encaminada a beneficiar a las amplias mayorías hasta ese momento desposeídas y a garantizar las esperanzas humanas individuales y colectivas en cuanto a una vida mejor. Ejemplo de ellos fueron las leyes promulgadas entre las que descuellan la de Reforma Agraria y la de Vivienda; y otras medidas de gran trascendencia como la campaña de alfabetización, la organización de la educación y la salud, ambas con carácter gratuito y cobertura universal, la política de eliminar el desempleo, el elevar los salarios…
A principios de los años 90 a causa de la extraordinaria crisis económica en Cuba (denominada Periodo Especial), provocada por la desaparición de la URSS y el campo socialista europeo, en todo el planeta se esperó como paso inmediato el derrumbamiento de la Revolución cubana. Afamados politólogos progresistas como Noam Chomsky, vaticinaron la destrucción de la Revolución. La situación a la que se enfrentó Cuba no tiene comparación (salvo en periodos de guerra). De un año para otro se redujo un 33% de su PIB, sufrió la pérdida del 85% de su comercio exterior, así como los suministros de petróleo y la mayoría de los alimentos que recibíamos del campo socialista. Al mismo tiempo, internacionalmente se nos negaban créditos y todo tipo de ayuda financiera. El gobierno de los Estados Unidos convertido en la única super potencia mundial arreció su bloqueo contra la Isla. Los enemigos de la Revolución en Miami prepararon sus maletas y fletaron aviones para viajar a Cuba tan prontamente como ocurriera el ineluctable derrumbe de la Revolución, al igual que había acaecido en los países socialistas del este de Europa. La Unión Europea secundó a la potencia norteamericana en su intento de asfixiar a Cuba. El panorama era de una gravedad excepcional. Creo que nadie o casi nadie en el mundo podía creer que Cuba resistiría, se recobraría y volvería a avanzar.
En ese entonces la dirección del país rechazó de plano recurrir al “paquete de medidas económicas neoliberales” como le sugerían conocidos políticos supuestos amigos de Cuba, ya que esto afectaría gravemente a la mayor parte de la población y llevaría al traste el proyecto socialista. En su lugar, resolvió mantener (aunque sujetas a severas afectaciones) las principales conquistas sociales logradas, como la educación y la salud, y el aplicar un conjunto de medidas entre las que descollaron el desarrollo de las inversiones en el turismo para atraer capitales, la creación de las cooperativas UBPC con tierras estatales, la entrega en usufructo de casi dos millones de hectáreas de tierras del Estado a campesinos, la organización de un sistema de tiendas para recaudar divisas(Caracol, Cimex, TRD, Panamericanas y otras), la despenalización del dólar y la creación de una nueva moneda: el CUC, que compartiría sus funciones con el peso cubano.
La creación de las tiendas recaudadoras de divisas estaba dirigida a servir a los cubanos que residían en otros países (especialmente en Estados Unidos) y visitaban Cuba, a los ciudadanos que recibían remesas del exterior y a los turistas extranjeros. Con este fin la recién creada moneda CUC, se usaría en estos mercados y para otros servicios vinculados al turismo, así mismo se definieron los precios de los productos, que se ofertarían en ese sistema de mercados estatales. En tanto se explicó públicamente que se le agregaría un alto gravamen al precio establecido a cada producto en las denominadas popularmente como shopping.
En aquellos momentos consideré que los precios asignados a los productos, especialmente a los artículos esenciales para la familia cubana –el aceite, puré de tomate, los de aseo y otros– eran excesivos y así lo expresé de diversos modos, aunque concordaba en que lo recaudado en dichas tiendas, era indispensable para comprar alimentos y medicinas destinados al consumo de la población.
Aunque no hemos salido del Periodo Especial, ya hemos superado los años más difíciles y surgen promisorias oportunidades para que el país prospere, pero los altos precios en general, y en particular los de las tiendas de recaudación de divisas se mantienen y continúan afectando gravemente a un importante segmento poblacional de escasos recursos, que se ve obligado a comprar cada mes (sin otra opción) en esos mercados, parte de los productos básicos de su canasta familiar.
Hace una veintena de años conocí que en Suecia, país con un alto nivel de vida, el gasto familiar en alimentos suponía el 12% de las entradas económicas. En general los gastos en alimentos de la canasta familiar en los países subdesarrollados son elevados y en muchos fluctúan entre un 60 a un 80%. Es conocido que la familia cubana gasta aproximadamente un 70% de sus ingresos en alimentos, lo que la somete a severas tensiones económicas y le impide a sus miembros realizar otras actividades dirigidas a enriquecer su vida material y subjetiva.
Como es sabido la producción agropecuaria tiene un valor estratégico, la seguridad alimentaria de un país es vital para garantizar su soberanía e independencia. En el caso de Cuba adquiere otra dimensión, pues nos permitiría ahorrar parte de los 2 mil millones de dólares que gastamos en importar alimentos, contribuiría a mejorar la salud de la población y abarataría el coste de la vida.
La situación actual de los precios se agudiza dado que la producción agropecuaria pese a un estimable y progresivo desarrollo, no logra satisfacer las necesidades de la población. En 2014 creció entre un 17% y un 19%, pero los precios subieron aproximadamente en la misma medida. En los altos precios de los productos agropecuarios incide además la existencia de un “monopolio invisible” de intermediarios, que limita solapadamente el crecimiento de la producción y encarece extraordinariamente los precios. Quizás seamos el único país del mundo en donde la mayoría de los vendedores, al término de las jornadas de venta, con los productos descomponiéndose, no bajen los precios. Tal vez una de las respuestas para evitar los intermediarios sea la de arrendar o vender camiones a las cooperativas.
La venta de ropa reciclada o sea la comprada en el extranjero y vendida a la población a precios módicos, es otro de los buenos propósitos dirigidos a la población de bajos ingresos. Creo debía ser jerarquizado y ampliado. Sin embargo considero que se ha deformado, como muchas de las actividades que no se controlan correctamente por las entidades correspondientes.
Hay verdaderas incongruencias en la venta de algunos productos en CUC. Un ejemplo de ello ha sido la venta de piezas de repuesto para los autos. Para las entidades estatales se fijaba un precio, en cambio a los compradores particulares se les imponía uno superior. Como es lógico esta ingenua barbarie burocrática se convirtió de inmediato en otra fuente de corrupción.
Puede que para los organismos y empresas vendedoras de productos en CUC, el considerar bajar los precios les asuste o les provoque trastornos en los planes de ingresos establecidos y se aferren a no realizar cambios.
No podemos olvidar la antigua máxima comercial de que a mayor rotación de las mercancías habrá una mayor ganancia. A más movimiento bajan los precios, aumentan las compras y serán superiores las utilidades para productores y vendedores.
Otro aspecto a considerar es que el nivel de vida de la población ya no es homogéneo, la existencia de casi medio millón de los llamados “cuenta propistas” ha modificado la anterior situación. Por ello hay economistas que consideran que si hay diferencias económicas entre las capas sociales debemos ir a una mayor diferenciación de los precios para beneficio de los más necesitados. Hay productos esenciales para la vida de la familia (como el aceite, el puré de tomate, la ropa, los zapatos, los de aseo que deben ser más asequibles para las familias de bajos ingresos, también existe un segundo grupo de artículos considerados muy necesarios como los refrigeradores, televisores y lavadoras, y finalmente están los llamados suntuosos o los no imprescindibles. En base a esto siempre se pueden establecer diferencias en los precios y gravar a unos productos para sufragar a otros. Por supuesto sin llegar a extremos como el absurdo precio que se impuso a la venta estatal de autos.
Hay artículos esenciales que también pueden ser objeto de diferenciaciones en el precio, teniendo en cuenta una mejor calidad y  diseño, por ejemplo un litro de aceite extrafino envasado en un hermoso recipiente, con un bello diseño tendría un precio superior y un litro de aceite con la calidad requerida, pero con envoltura y diseño menos atractivo costaría menos. Así puede ocurrir con otros productos básicos.
Sin excusar a en lo más mínimo a quienes roban o desvían recursos de sus propios centros de trabajo, hay quienes se escudan en los altos precios para “luchar”, algo muy común en nuestros días.
Elevar el nivel de vida es un propósito esencial de la Revolución, el abaratar en lo posible los precios de los productos que compra la familia cubana contribuiría a ello. Una medida ineludible sería la de valorar casuísticamente la eliminación del elevado gravamen establecido en aquel entonces, a los productos que se ofertan en CUC, garantizando como es lógico una ganancia razonable a la entidad comercializadora.
El proceso de unificación de las dos monedas que existen actualmente en Cuba quizás cree las condiciones para analizar con profundidad el complejo universo de los precios y permita corregir aquellas anomalías que afectan a la población cubana.

*Escritor, editor literario cubano
FOTO BBC

martes, 14 de abril de 2015

Sociedad y política en la Cuba revolucionaria

Por Fernando Martínez Heredia*

PUEBLOS05 copia
En la Cumbre de los Pueblos. Foto: Juvenal Balán/ Cubadebate

No utilizamos la noción de gobernabilidad [1], porque no tiene nada que ver con nuestras realidades, problemas, concepciones sociales y proyectos. Sugerimos que no sea utilizada para analizar, comprender y evaluar este campo que describimos en los casos de la América Latina y el Caribe. “Gobernalidad” es una noción que generaliza un conjunto de abstracciones y disquisiciones de la llamada ciencia política de países de los llamados “desarrollados”, puesta en íntima relación con un cuerpo ideológico correspondiente a los retrocesos conservadores iniciados en la octava década del siglo XX respecto a lo que se había avanzado en las décadas previas en materia de políticas sociales, funcionamiento de sistemas políticos democráticos representativos y respeto a la soberanía de los Estados, autodeterminación de los pueblos y derecho internacional. Sugiero utilizar otro título que corresponda efectivamente a las cuestiones de sociedad y política.

El tratamiento de los temas de la dimensión política de nuestras sociedades está obligado a tener cuenta sus especificidades. La diversidad es uno de los rasgos principales de estas sociedades, y la pluralidad de prácticas, instituciones, normas, valores, historias y tradiciones es una realidad ostensible al aproximarnos a ellas. El repertorio de puntos que aparece a continuación del título “Gobernabilidad democrática” responde a claramente a la ideología referida y resulta parcialmente inatinente por su contenido. Es insuficiente para que cada país dé a conocer lo que entienda necesario en el Foro Social. Lo más conveniente entonces es que cada país organice libremente su exposición.

En Cuba, la dimensión política de la sociedad es mucho más amplia y más rica que el sistema político. A partir de 1959, el ejercicio de la actuación política directa con muy alta conciencia de los derechos y deberes ciudadanos ha sido una constante para la mayoría de la población. Estas prácticas no son intermitentes ni de involucramientos parciales, sino constantes. Combinan las motivaciones procedentes de una conciencia social de lo político y del valor de la solidaridad humana y el patriotismo popular con los vehículos, la estructura y la sistematicidad usual de los sistemas políticos. Lo político, y los deberes a cumplir por el sistema político, incluyen en Cuba mucho de lo que en otras sociedades se deja al arbitrio de otras instancias, con evidente perjuicio para las mayorías, como la alimentación, la salud, el empleo y los derechos del trabajador, la educación, la seguridad social, y otras necesidades del individuo y los grupos sociales.

No es posible representarse ni comprender la legitimidad del liderazgo que emergió de la Revolución que triunfó en 1959, ni la legitimidad del sistema político que se fue configurando en Cuba, sin partir de esos elementos, y sin añadirles que el consenso por parte de las mayorías que el poder político ha gozado durante más de medio siglo tiene bases muy firmes en el imperio de la justicia social, la redistribución sistemática de la riqueza social en beneficio de esas mayorías, la identificación general del gobierno como servidor de los altos fines de la sociedad y administrador honesto –y no como una sucesión de grupos corrompidos que medran, engañan y lucran–, y la defensa intransigente de la soberanía nacional plena. En Cuba, esta no es un tópico de derecho internacional ni de declaraciones políticas, sino una de las piedras miliares de la dimensión cívica de la vida del país y una realidad política amada, porque la soberanía plena fue conquistada por los esfuerzos y los sacrificios de varias generaciones y se identifica como un valor decisivo para la vida política y un ideal popular que no admite cesiones ni transacciones.

Las prácticas y las experiencias prolongadas en el tiempo y convertidas en costumbres y en cultura política constituyen factores decisivos de lo político en Cuba. Hay que reconocer y valorar hechos y procesos fundamentales, como la pacificación de la existencia personal y familiar, que garantizó y elevó la calidad de la vida, las posibilidades, los derechos, los nuevos problemas y los proyectos de las mujeres, los hombres, los niños y los ancianos. Al mismo tiempo, en Cuba no existen desde hace más de cincuenta años la violencia en la política, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzosas, ni las torturas a detenidos. Las tasas de homicidios y de consumo de drogas son bajas. No existe en Cuba como problema de alguna entidad la seguridad de la población. La corrupción y la violencia ligadas al narcotráfico, ese azote terrible para tantas vidas, sociedades y sistemas políticos, no existe en Cuba.

La legalidad y el pensamiento predominantes en Cuba le dan mucha más importancia y funciones al poder político en su conjunto que a normas y equilibrios basados en divisiones del Estado en varios poderes. Sus razones generales fundamentales han estado, y siguen estando hasta hoy, en que la mayor parte de los países del planeta solamente puede enfrentar los desafíos actuales con posibilidades de éxito si cuenta con poderes muy fuertes que las mayorías sientan y respalden como verdaderos representantes suyos, y que posean capacidad de movilizar recursos de la sociedad y decidir y hacer cumplir las decisiones en muy diversas cuestiones importantes. En Cuba esto se ha demostrado una y otra vez en la práctica y ha creado una cultura sólida y muy compartida respecto a la forma de gobierno. Uno de sus rasgos principales es la convicción de que es necesaria una gran unidad política y de propósitos de la nación y la sociedad. Dos de sus razones fundamentales son: defendernos de la agresión permanente, sistemática, ventajista e ilegal que nos hace Estados Unidos; y sortear o resolver parcialmente las profundas y abarcadoras desventajas económicas a las que nos somete el sistema actual de financiarización, centralización y exacciones parasitarias del capitalismo.

A lo largo de todo el proceso iniciado en 1959 ha habido conciencia de las ausencias y las deficiencias que provoca la necesidad de no arriesgar la integridad y la capacidad defensiva del sistema. Pero siempre ha existido el examen crítico de nuestras realidades desde adentro,  ejercido por ciudadanos e instituciones que aspiran al mejor funcionamiento del país y defienden su soberanía nacional plena. Se han expresado siempre diferentes criterios, y discutimos mucho entre nosotros. Fórmulas vacías, confundidas y a veces malintencionadas, como la de que “Cuba debería cambiar”, no tienen en cuenta dos realidades. Primera, que en Cuba ha habido numerosos cambios en los diferentes campos del país, y los sigue habiendo en la actualidad, dentro de la permanencia esencial que es su revolución socialista de liberación nacional y su intento de crear unas personas, una sociedad y una cultura nuevas. Segunda, que nadie puede ni podrá imponerle a Cuba cambios que no sean los que las cubanas y los cubanos quieran darse libremente, en el ejercicio de su cultura, sus intereses, sus ideales, sus proyectos y su soberanía.

Cuba posee una enorme pluralidad social y una larga historia de organizaciones sociales. Toda revolución es una gran fuerza unificadora, que barre diferencias o las pospone, y a veces las oculta. Ha sido un signo importante de desarrollo y madurez la inclusión creciente de ambas en los últimos veinticinco años, tanto en la cotidianeidad como en la vida cívica. Que se haya transitado desde las preocupaciones y la tolerancia hasta la integración con prestigio social constituye un gran avance de las dimensiones políticas y sociales, que reconoce a las diversidades como una fuerza extraordinaria del país y una riqueza inmensa.

Existe hoy una conciencia generalizada de que es necesario seguir avanzando en el sistema político y en las demás dimensiones de la sociedad cubana, e inclusive revolucionar y transformar lo que ha podido parecer lo mejor y lo que debe ser permanente. En el largo y difícil camino de su liberación, los pueblos que fueron colonizados y neocolonizados saben que están obligados a crear, y a liberarse de las normas y las influencias de la dominación que no solo los aplastó y esquilmó, sino que los enseñó a imitarla y creer en su superioridad o inevitabilidad, o a permanecer en el mejor caso a su abrigo, eternamente alienados.

Hay dos Américas. Todos sabemos a cual pertenecemos. Los cubanos estamos orgullosos de formar parte de lo que Martí bautizó como Nuestra América. Exponemos nuestras realidades, problemas, proyectos y sueños, y tratamos de conocer los de nuestros hermanos, para enriquecer con ellos la experiencia que tenemos y los desarrollos que necesitamos.

Solamente asumiendo que hay dos Américas, en todas sus realidades y sus implicaciones, será posible que puedan sentarse ambas en un mismo lugar, y que comiencen a exponer y a intercambiar acerca de sus realidades y sus proyectos, sobre la base del más absoluto respeto mutuo. Sugiero que el Foro de la sociedad civil de la VII Cumbre incorpore el contenido y el valor del legado político de José Martí, y le saque provecho utilizándolo como uno de los materiales que guíen sus propósitos y sus debates.
…….
[1] Opinión acerca del tema “Gobernabilidad democrática” del Foro de la Sociedad Civil que acompañó a la VII Cumbre de las Américas. Los puntos que debían tratarse según su convocatoria constituyen un servicio ideológico prestado por la Organización de Estados Americanos al imperialismo norteamericano y a la dominación capitalista. La absurda prohibición de referirse a realidades concretas de los países de la región evidencia que esa organización totalmente desprestigiada que ya debe dejar de existir trató de reflotarse asumiendo un papel de “mediadora”. El autor, naturalmente, no le hizo caso a sus orientaciones.
Agradezco mucho a Cubadebate haber publicado la versión primera de este texto, que le entregué en Panamá.
Tomado de Cubadebate

*Doctor en Derecho y profesor titular adjunto de la Universidad de La Habana, donde dirigió el Departamento de Filosofía. Trabaja como investigador titular en el Centro Juan Marinello, del Ministerio de Cultura de Cuba. Reconocido ensayista e historiador, fue director de la revista cubana Pensamiento Crítico, y se ha dedicado a las investigaciones sobre la revolución y la historia cubanas, y los movimientos populares latinoamericanos. Es autor de una decena de libros y de más de 200 ensayos y artículos publicados en numerosos países. Ha sido traducido al inglés, portugués, francés e italiano. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. (Ocean Sur)

martes, 2 de septiembre de 2014

¿Banderas nada más?: Portadores de realidades y conceptos, los símbolos no existen al margen de la historia y el entorno social

Texto y fotos por Luis Toledo Sande
En un acto de contenido patriótico.
Cada día se ven por todas partes más banderas de distintos países o referencias visuales a ellas, usadas unas y otras como “adornos” en ropa y en artículos disímiles. Abundan en vehículos, desde rastras hasta bicitaxis, pasando por ómnibus, autos de paseo y tractores, hasta como forro de asientos. Tal proliferación viola normas establecidas para su uso.

El modo como se asumen las banderas tiene raíces, motivaciones y alcances significativos. Han tenido alto valor en la representación y la movilización de colectivos humanos, y lo han aprovechado religiones y poderes, como las Cruzadas, que, en el fondo, el expansionismo colonialista europeo extendió. Diferente es el influjo irradiador que para los pueblos de nuestra América, y para otros de similar historia, tienen sus banderas nacidas en las luchas por la independencia, proceso contrario a los designios de los conquistadores y sus herederos directos.

Entre los conceptos vinculados con las banderas descuellan otros que florecieron en el siglo XIX y han llegado por caminos varios a nuestra época, asociados también con ideas de hoy, o con ausencia relativa de pensamiento. El internacionalismo, que calzó principios sembradores, en el auge de la lucha de clases propagó asimismo el criterio de que los obreros no tenían patria.

Ese aserto, en pueblos para los cuales el patriotismo ha sido un valor básico, puede escocer; pero se erigió sobre bases: la emergente burguesía –que llegó al poder usando a los trabajadores como tropas armadas–, y aquellas otras clases que mantuvieron sus privilegios feudales, eran las dueñas de todo: de una totalidad que incluía, junto con los símbolos que los representaban, los estados nacionales regidos por ellas.

Metrópolis van, metrópolis vienen

La bandera británica sobresale entre
las usadas para cubrir cualquier parte
del cuerpo
Así se llegó a la realidad propia de las potencias opresoras, tanto las coloniales de viejo sello como las imperialistas, a menudo también con colonias a la antigua usanza. Contra una potencia del primer grupo, España –que José Martí calificó de filicida y todavía hoy en la estela colonialista algunos siguen llamando “la madre patria”–, le tocó a Cuba protagonizar una intensa y larga lucha de liberación. La victoria que merecía se la arrebató en 1898 la intervención de una potencia de nuevo tipo, los Estados Unidos, hija putativa de la Gran Bretaña colonialista que había pugnado exitosamente con su rival ibérica.

Desde hace tiempo España tiene menor poderío que esas dos potencias, pero sigue siendo, como las otras dos, una nación que se constituyó haciendo uso del llamado “derecho de conquista”.

Sobre esa historia existen estudios diversos, y conocimiento más o menos generalizado, aunque se oculte, o se quiera ignorar.

Razones de peso explican que las banderas de las tres naciones mencionadas, y las de otras, se sientan asociadas a saqueos de pueblos, y a genocidios. Para la generalidad de los respectivos pobladores que ellas representan oficialmente, carecen del valor afectivo que para los suyos guardan las que se distinguen por encarnar sacrificios en pos de la libertad.

Para conocer esa realidad –en general, y concretamente la de aquellas tres potencias– el mundo tiene una fuente de primer orden en un legado que para cubanas y cubanos ofrece, además, comunicación especialmente familiar: los textos de Martí. Aportan una interpretación luminosa de los nexos entre Cuba y España, de la historia de las potencias colonialistas europeas en su conjunto, y de sus acciones contra otros pueblos. Con especial claridad previsora esas páginas muestran la emergencia, en Norteamérica, del poder imperialista que ya se aprestaba a apoderarse de Cuba y de nuestra América toda, y a romper el equilibrio del mundo.

Símbolos y realidades


Con respecto a las insignias, en particular, de los Estados Unidos y de España, ambos de directa significación para su patria, Martí legó consideraciones cardinales, como suyas. En el pórtico de Versos sencillos se refirió a las maniobras del primero de esos países en “aquel invierno de angustia” de 1889-1890, cuando sesionó, en Washington, la conferencia internacional que marcó el nacimiento, a gran escala, del panamericanismo imperialista. En ese texto plasmó su crispación ante la imagen del águila estadounidense apretando “en sus garras los pabellones todos de la América”.

El águila, que en ese caso simboliza, más que altura, voracidad, no está en la bandera de los Estados Unidos, pero sí en su escudo, y en su relación con el mundo. Las realidades de aquel foro, ocultas para otros, él las denunció en crónicas, discursos y cartas, y le provocaron el malestar físico por el que tuvo que hacer el reposo durante el cual escribió el citado poemario.

Sus estrofas entregan un recuento autobiográfico del revolucionario que en 1895 llegaría con documentación haitiana a Cuba para incorporarse a la guerra que él contribuyó decisivamente a preparar. Al recrear el espectáculo, que él disfrutó en Nueva York, de la célebre bailarina española, testimonia en ese libro: “Han hecho bien en quitar/ El banderón de la acera;/ Porque si está la bandera,/ No sé, yo no puedo entrar”.
De la que algunos llaman “la madre
patria”
 La historia de las potencias y su actitud hacia pueblos oprimidos por ellas no acabó en el pasado: vive y se manifiesta de disímiles formas. Encima de quien lo señale caerá, entre otros, el avispero de cosmopolitas ultramodernos apasionados de la globalización, quienes rabiarán contra lo que huela a patriotismo revolucionario reverenciarán la aldea global diseñada por los poderosos.

 Tal es la imagen del mundo que quieren vender, ayudados por sus cómplices, los cabecillas de maniobras encaminadas a dominar –desde sus bases comerciales, militares y mediáticas instaladas también en aldeas, aunque sean de gran tamaño– las aldeas todas del planeta. En sus ardides son capaces de revolver aviesamente, o buscar que otros los esgriman, hasta los postulados de un internacionalismo contrario a ellos desde la médula.

Diversidad sí, desarraigo no

Aunque en profunda crisis sistémica, el capitalismo conserva fuerza para sobornar y confundir. No es casual que por todas partes pululen las banderas de países poderosos, señaladamente la británica y la estadounidense, y también la española, no la de la república asesinada por el nacionalismo fascista y terrorista, sino la del león colonialista y monárquico.

Los juegos olímpicos celebrados en Londres en 2012 sirvieron, entre otras cosas, para producir enormes cantidades de banderas británicas. En Cuba su arribazón podía parecer una forma de celebrar los 250 años de la toma de La Habana por los ingleses. La presencia de esas banderas en todo tipo de objetos perdura, y quizás refuerza la multiplicación de otras.

Salvo las excepciones señaladas, las fotos que ilustran el presente artículo fueron tomadas en seis provincias cubanas, aunque no se indique la procedencia, pues no se trata de señalar particularidades, sino una realidad que se generaliza. El texto no intenta agotar el tema, que daría para una investigación multidisciplinaria.

El fin principal de la indagación no debe ser la validación de prohibiciones. Quede eso dicho en previsión del avispero anunciado, aunque toda sociedad necesita controles y restricciones. Urge propiciar y fomentar el adecuado pensamiento ante la marcha del mundo en general, y en esa tarea corresponde un papel insustituible a la información y a la educación. No todo puede fiarse a proscripciones, ni dejarse a la espontaneidad y la inercia.
 
Para pueblos como el cubano el concepto de patria tiene una significación vital. La legitimidad de sus luchas por la independencia la avaló la propia incorporación a ella del incipiente movimiento obrero. Hasta el anarquismo dio aquí pruebas de comprender que, si los obreros no tenían patria, su mejor alternativa sería conquistarla. Esa fue una de las mayores lecciones dadas por el gesto de activistas obreros como José Dolores Poyo, Serafín Bello y otros que, seguidos por numerosos compatriotas, colaboraron con Martí en la fundación del Partido Revolucionario Cubano, apoyo en el que también sobresalieron el marxista Carlos Baliño y el socialista Diego Vicente Tejera.
 Dignificación de un símbolo

La enseña nacional en servicios brindados por cuentapropistas
–apláudase tal uso si abona sentimientos patrióticos–
Lúcidamente en guardia contra el autonomismo y el anexionismo, Martí señaló el derrotero seguido por la enseña que llegó a encarnar los ideales de la verdadera independencia. En “El 10 de abril”, artículo de 1892 publicado en Patria, se refirió a la Asamblea de Guáimaro, de la que en 1869 nació nuestra primera República en Armas, y dijo que allí “el pabellón nuevo de Yara”, “la bandera nueva que echó al mundo Céspedes”, cedió, “por la antigüedad y por la historia, al pabellón, saneado por la muerte de López y de Agüero”. Sí, porque enarbolando esa bandera se había echado “a morir con los Agüeros el Camagüey”.

En el pórtico de Versos sencillos había repudiado Martí el anexionismo de Narciso López. Sabía que la muerte de este, a raíz de la expedición en que trajo la bandera a Cárdenas en 1851, fue una de las que sanearon esa enseña, de la que dijo Martí en su discurso del 17 de abril de 1892 en el Hardman Hall neoyorquino, recién fundado el Partido Revolucionario Cubano: “No levantamos aquí bandera nueva, sino que ondeamos otra vez la bandera de los padres”. La dignificaron definitivamente los patriotas que habían confirmado y seguirían confirmando que el rojo del triángulo honra la sangre derramada para lograr la plena independencia.

Para Cuba su bandera está indisolublemente asociada al sacrificio y el heroísmo, como el Himno Nacional, surgido del independentismo indoblegable. Es un deber cultivar el respeto amoroso hacia ambos, y ello conduce a fomentar también el respeto a los símbolos de otros pueblos, si se sienten representativos de estos, y a no rendir culto, ni en apariencia, a los que puedan verse como emblemas de fuerzas conquistadoras.


Las reglamentaciones sobre el uso de los símbolos patrios deben acendrar el respeto que ellos merecen, no propiciar que, de tan intocables, acaben resultando ajenos. No se estimule que cubanos exitosos se sientan con derecho a estampar su firma sobre la bandera. Pero alegra ver que personas jóvenes, y no tan jóvenes, llevan al cuello escarapelas que la representan y, aunque no sean de óptima factura –mejorarlas sería una meta útil–, recuerdan la que traía Martí al caer en combate y, según lo sabido, había pertenecido a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.
 Patria y humanidad

Tan injusto y frustrante como convertirlos en dogma y justificación de aislamiento sería olvidar los versos en que, ante la imagen del pabellón estadounidense impuesto por la interventora potencia norteamericana, Bonifacio Byrne exclamó: “Que no deben flotar dos banderas/ Donde basta con una: ¡la mía!” De ella dice: “Orgullosa lució en la pelea,/ Sin pueril y romántico alarde;/ ¡Al cubano que en ella no crea/ Se le debe azotar por cobarde!”.

Cuba ha dado pruebas de un internacionalismo ejemplar. Pero antes que ver a cubanas y cubanos vistiendo camisetas y otras piezas con banderas británicas, estadounidenses o españolas que por distintas vías inundan el país, ¿no sería más estimulante que llevaran la enseña nacional? “Patria es humanidad”, escribió Martí, y añadió: “es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca y en que nos tocó nacer”. Su sentido de universalidad venía del subsuelo, no de la atmósfera.

No nos confundan los cosmopolitas que, aunque diciendo otra cosa, vengan a proponer una diversidad desarraigada. Más atendible es el disgusto de una compañera latinoamericana ante jóvenes de Cuba envueltos en la bandera de Alemania para celebrar, en el coliseo de la Ciudad Deportiva habanera, el triunfo de aquel país en el reciente campeonato de fútbol dirimido en Brasil.

Además de las banderas foráneas ya mencionadas, otra que abunda en nuestro entorno es la canadiense. En el caso de las latinoamericanas, una apreciación que podría someterse a prueba estadística sugiere que la de Venezuela ha tenido el atractivo que le viene del proyecto bolivariano y la relación de este y su líder Hugo Chávez con Cuba, su pueblo y su Revolución.

Más allá de los goles

Fuera de esos ejemplos, quizás la presencia que alcanzan otras banderas latinoamericanas se relaciona, en especial, con el prestigio que los países respectivos tienen en el reino del futbol. Y este, más que el deporte que debe y merece seguir siendo, parece constituir crecientemente una forma de opio de los pueblos: un opio que remite a las alucinaciones de la globalización y al culto del dinerismo, en dimensiones que difícilmente se expliquen por la importancia de los goles para la humanidad, y con esperanzas que actualizan a gran escala aquella ilusión propulsada con un lema comercial y político: “Usted sí puede tener un Buick”.

Ahora un héroe del futbol –otros deportes requerirían comentarios similares–, un crack africano, pero triunfador en Europa, se puede establecer en Londres y –no es metáfora ni hipérbole– comprar varios Mercedes Benz para su uso personal. ¿Y qué queda para la generalidad de los jóvenes del mundo, entre ellos también futbolistas? Lo de siempre, el encantador capitalismo tiene una sola cosa mala: no todos pueden ser burgueses y tener un Mercedes.

En lo relativo a las banderas entre nosotros, si se van a violar impune y masivamente las normas que regulan su uso, ¿no sería preferible que proliferasen las cubanas? Para eso, desde luego, su producción tendría que alcanzar las cantidades necesarias, y una distribución adecuada a tal fin, con precios asequibles para el pueblo trabajador.


Mercados vacíos de banderas cubanas favorecen el uso indiscriminado o la invasión de banderas de cualquier otro país, llegadas ya se sabe cómo. Pero no son de cualquier nación precisamente, sino de las poderosas, que con recursos variopintos venden su imagen, su discreto encanto. En el mar de banderas que pululan, ¿se ven acaso algunas de países de África, donde están muchas de nuestras raíces? Frente a excesos y déficits, estimula ver que una joven –pudiera ser también un joven– en una institución del país pinta o hace pintar en su rostro la bandera patria, y no de otras naciones, o de equipos deportivos de otros países.
 Tampoco se trata de que la bandera cubana se convierta en imagen para diseñar chancletas y ropa interior, o toallas para secarse todo. Eso se hace en países donde el mercado manda mucho más que el espíritu, mucho más que los valores patrióticos y la emancipación humana, mientras la manipulación del patriotismo justifica masacres “en cualquier oscuro rincón del mundo”.

Melodías celestes

Hace pocos años circuló la imagen de una aspirante de extrema derecha a la vicepresidencia de los Estados Unidos, que posó vistiendo un biquini estampado con la bandera de su país, y apuntando con un fusil. No se trata de apostar a la pudibundez: símbolos son símbolos.

Cuba no está libre del culto a “lo de afuera”, que, propio de excolonias, se refuerza en épocas de crisis material, económica. En ese contexto alcanza un significado específico el hecho de que un establecimiento privado se “engalane” con un pedazo de bandera británica –tal vez porque los propietarios no consiguieron una completa–, y se haga llamar Txiringuito. Así asume la versión en eusquera, lengua vasca, de chiringuito, vocablo que atendibles acarreos lingüísticos identifican como nacido en Cuba, y llevado de aquí a España. En otros lares pueden adaptarlo a distintos idiomas; pero, para nosotros, es natural que siga siendo chiringuito.

Pero acaso más alarmante que transformar sin necesidad esa palabra sea que un hotel cubano, no precisamente de propiedad privada, ostente numerosas banderas y por ningún lado aparezca entre ellas la del país. Hoy en La Habana el blasón del Futbol Club Barcelona (el Barça) puede verse lo mismo en un almendrón particular, compartiendo espacio con la bandera británica, o con otra, que ondeando en la antena de un automóvil estatal. Son signos visuales que no cabe considerar al margen del pensamiento; y, si respondieran a la ausencia de él, requerirían mayor atención aún.
 No sobra insistir en que la llamada desideologización no es tal: ninguna persona normal vive sin ideología, aunque lo pretenda.

Los promotores del desarraigo procuran desmontar todo pensamiento de raíz y alcance nacionales, emancipador, y sustituirlo por el que conviene a los intereses de la transnacionalización imperialista.

Esta dispone de recursos poderosos para colarse en todas partes, y pasar, ante desprevenidos e incautos, como “el pensamiento moderno”, el conjunto de ideas que no parecen tales, sino melodías celestes válidas para poner en el reino de la moda, también regido por los poderosos, a quien pueble con ellas su cabeza.


*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia. Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.

Tomado de su página cultural en Bohemia, donde encontrará estás y otras imágenes que por razones técnicas no agregamos acá

lunes, 25 de agosto de 2014

Politización y despolitización: Una ecuación dialéctica

Por Luis Sexto*

Al pretender escribir de política habría que empezar por definirla. ¿Qué es? Un término sumamente polisémico. En la historia de la filosofía hay diversas definiciones: entre otras, una se refiere a la teoría del Estado; aquella a la del derecho y a la moral según Aristóteles; y esta se relaciona con el arte y la ciencia de gobernar, que comparto porque es la que nos corresponde en este artículo.

 La vanguardia y el aparato políticos podrían estar preocupados por fortalecer al Estado, para convertirlo en el “estado fuerza”, como teorizó Maquiavelo, mediante la politización, con base filosófica, de la ciudadanía. Pero al ciudadano común le interesa más la política aplicada, el arte y la ciencia del buen gobierno, cuya finalidad consiste en construir y preservar una sociedad ordenada, y proveer, en justicia, los medios fundamentales de existencia.

 Por otro costado, el término politización tiene también un significado peyorativo. Con frecuencia escuchamos: “En Cuba la politización es excesiva”. ¿Y en qué país del planeta el ciudadano no se despierta y se duerme con mensajes en diversos dialectos políticos, como los anuncios comerciales o electorales, o los editoriales de los medios a favor de una injerencia militar, o justificativos de tal o más cual compromiso entre partidos? Pero, ciñéndonos a Cuba, la excesiva politización puede tener su correlato en una despolitización que trata de equilibrar los excesos, trazando un círculo vicioso: te politizo porque te despolitizas, o me despolitizo porque me politizas hasta abrumarme.

 A menudo, la política socialista ha recaído en la ritualidad; es decir, ciertos actos se ejecutan porque componen un imperativo, sin que tengan una explicación o una formulación que permita a los ciudadanos asimilarlos conscientemente. Y ello condiciona cierta despolitización, cierto desentendimiento de índole defensiva ante el predominio de un mayor interés por fortalecer el Estado, y preservar incólume la capacidad decisoria y la invulnerabilidad de sus ministros, que por exigir y proyectar el arte y la ciencia del buen gobierno.

 El interés de proteger al Estado de cualquier aparente debilidad ha servido, por momentos, como comodín para justificar la insuficiencia y la deficiencia, o aplicar un impolítico, y por tanto más expedito, ahorro del ejercicio de la política. Por ejemplo, recientemente, en una intervención de un alto funcionario del gobierno ante el plenario de la Asamblea Nacional, entre otras informaciones, dijo –cito las ideas y no las palabras- que nadie espere que como consecuencia de la inminente unificación monetaria, bajen los precios: serán los mismos de hoy. El pueblo, en mayoría, ante esa formulación inapelable, demandará: Dígannos, ¿para qué cambiamos?

 Está clara la verdad del alto funcionario, a pesar de que no lo vimos ni lo oímos esclarecerla en la TV. Por tanto, lo que hoy cuesta 2.00 CUC en una tienda donde se venda en esa moneda fuerte, el precio de un mañana previsto, pero sin día fijo, equivaldrá a 50.00 CUP,  para entonces la única moneda vigente, pero sin la fuerza del que será ya el “extinto peso convertible”. Uno comprende el fundamento económico financiero de la medida. Mas, lo más espinoso de aceptar es el tono y el hermetismo de una decisión, técnicamente justa y necesaria, aunque sin explicaciones plausibles. O lo mismo: los términos empleados por el alto funcionario gubernamental se expusieron desde una posición extraña a nuestra política. Si al menos hubiera explicado que al bajar los precios, a causa de una sobrevaloración artificial del CUP, se trastornaría la relación ente oferta y demanda dentro de circunstancias en que la producción e importación de bienes de consumo se someten a las irregularidades, insuficiencias y deficiencias de la economía cubana.

 Si lo hubiera dicho, o a lo mejor lo dijo y la TV no lo difundió, ni tampoco los demás medios, el ciudadano, en su parecer práctico, podría entender que la situación, sin revaluar el CUP, no se mordería la cola. Lo contrario, es decir, si bajaran los precios por decisión voluntarista, con una sola moneda continuaríamos girando alrededor de los mismos problemas. Desde luego, tanto los diputados como al pueblo, mucho más que conocer una decisión técnica, urgen de la legitimación política, de la explicación de por qué, aunque no lo parezca, la unificación monetaria condicionará favorablemente la evolución de la economía en un plazo más prolongado.

 Ante determinaciones autoritarias que niegan el ejercicio del buen gobierno, o de renuencias impopulares a explicar, mediante el uso racional de la política, los propósitos de una línea de administración o de gobierno, el ciudadano, como el hijo ante una absurda prohibición paterna, optará posiblemente por el bajo rendimiento, la indiferencia, o el descomprometimiento, y derivará incluso hacia la delincuencia u oposición. El ciudadano, al no comprender, podría experimentar una pérdida de fe, o una reducción de sus esperanzas de resolver carencias y satisfacer apetencias. Y experimentará la falsa conciencia de ser “la última carta de la baraja”, o de que ser cubano es un delito en Cuba, como ha expuesto en la web cierto comentario, poco equilibrado y sólo valido de argumentos anecdóticos.

 Ahondemos, y comprobemos racionalmente que en cierto momento la despolitización es el nombre de una politización a contrapelo de la política vigente. Como diversa es la nación, diversos son también los distintos modos de asumir y entender la política. Si digo que cierto sector de la juventud rechaza el modo de hacer política en Cuba, no afirmo que por ello esté despolitizado ese conglomerado de jóvenes, sino que ha experimentado el proceso de manera distinta. No lo dudo, adoptar la indiferencia ante un mensaje político equivale a asumir una posición política.

 Si aceptáramos que el valor supremo de la política es la honradez, la reconocida devaluación ética de nuestra sociedad estaría indicando una despolitización en términos generales. Y si continuamos insistiendo en que las consignas y su repetitiva fraseología componen el mejor modo de unir, de hacer política a favor de los empeños nacionales y socialistas, malgastaremos el tiempo. Con frecuencia, el discurso a base de automatismos expresivos y de lemas y consignas, deteriora el acto político: nada clarifica, nada propone, nada advierte, y encubre, incluso, con un código de doble moral, las acciones contra la honradez esencial de la política revolucionaria.

 Como sabemos, algún grupo se ha politizado despegándose de los ideales a favor del socialismo y de una sociedad independiente, justa y próspera. Y consecuentemente difunden otras propuestas desde los extremos de la derecha o de la izquierda. El sujeto político –en Cuba ha de serlo el ciudadano-, a la vez objeto de la política, refleja la vida, las relaciones sociales de diversas maneras; discrimina, elige una cosa por encima de otra. Todo forma parte de la ideología, y también de la política; por ello, al abjurar de una ideología y de su parte integrante, la política, es casi inevitable albergar otra que, por lo común, suele manifestarse como opuesta.

 Mas, no siempre resulta así. Parémonos sobre otro punto de vista. La emigración opera masivamente en Cuba como solución personal a problemas colectivos. En esa opción hay también una base política. Pero ¿de qué política se trata: de la condicionada por las ideologías, o de la funcional, de la que se expresa en reuniones, en postulados, en rendiciones de cuentas, o de la política que llevamos dentro sostenida por aspiraciones o intenciones de prosperidad personal? En el emigrante posiblemente rija la política de lo que necesito, espero, y no obtengo. No podemos, por tanto, emparejarla a la toma de partido del exiliado, perdedor político cuya revancha va en sus valijas hacia el extranjero. El emigrante se marcha, y regresa cuando pueda o estime. Al exiliado, en cambio, lo sostiene el afán de volver con la nueva política que impondrá cuando él sea parte del poder contrario y vencedor.

 Las relaciones humanas son igualmente éticas y políticas. Aceptar lo que el otro dice es una actitud política; negarlo también. Como es también una actitud ética escuchar al otro, incluso ponerse en su lugar de modo que sus necesidades e intereses modifiquen nuestras actitudes. Ética y política, si hablamos de la ética y la política de la revolución, se implican mutuamente. Por ello, la política autoritaria y la democracia teledirigida obran contra los principios éticos de la tradición revolucionaria.

 Y si nuestros valores históricos más firmes provienen del pasado, incluso de las dos o tres décadas iniciales de la Revolución de 1959, algo positivo alienta en nuestra tradición que aún sus valores de solidaridad, libertad, justicia e independencia continúan ofreciéndose como fundamentos preservadores de la integridad de la nación. Ahora bien, el país está precisamente cambiando, porque enjuicia a cuanto estorba proveniente del pasado inmediato, incluso del más lejano. En la literatura inaugural de la república intervenida de 1902, ciertos cubanos hallan páginas con manifestaciones todavía presentes en nuestra sociedad. Por ejemplo, en Generales y doctores. Habría, por tanto, que meditar sobre el conflicto social novelado por Carlos Loveira, y precisar su pervivencia entre nosotros a pesar de medio siglo de revolución reivindicadora. Pero no blindemos el intelecto en actitud de rechazo. Estudiemos la propuesta. Porque la herencia histórica advierte que la dialéctica no es una asignatura que se aprueba o se suspende en la escuela; es, sencillamente, un método de análisis y dirección que, por vinculaciones temporales, tendrá que considerar el pasado - lo que fuimos- para explicar las insuficiencias de lo que somos. Con ello, hemos de salvaguardar los principios éticos de la Revolución. Y así la ética funcionará como contrapartida en la impostergable necesidad de la política de sacudirse tanta rémora logrera y artificiosa, y de mantener su coherencia programática.

 *Periodista cubano y Premio nacional de periodismo José Martí 2009; tiene una columna fija los viernes en el periódico Juventud Rebelde. Datos Ecured
 Tomado de su Blog "Patria y Humanidad"