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viernes, 12 de septiembre de 2014

Denunciar el terrorismo: fórmula para liberar a los Cinco


Por  Javier Montenegro

 
Percy Alvarado en las sesiones del X Coloquio Internacional por la liberación de Los Cinco y contra el Terrorismo, celebrado ayer 11 de septiembre y donde participaron cerca de 200 activistas de 49 países

No necesita presentación. Percy Francisco Alvarado Godoy (agente Fraile) es bien conocido por sus servicios prestados a la Revolución. Infiltrado en la Fundación Cubano-Americana (FNCA), gracias a él se detuvieron varios intentos de atentados terroristas a instalaciones turísticas del país. En agosto de 1998 se reveló su identidad y hoy utiliza su blog y las redes sociales para continuar la lucha contra el terrorismo mediático.

 Cubahora tuvo la oportunidad de entrevistarle, a propósito de la Jornada Internacional por la Liberación de los Cinco, en una fecha donde han coincidido diferentes actos terroristas, como el asesinato del diplomático cubano Félix García Rodríguez, en 1980, y el atentado contra el World Trade Center, en 2001.

 —El encarcelamiento de los cinco antiterroristas cubanos en Estados Unidos es un claro ejemplo de la hipocresía de Washington a la hora de tratar la guerra contra el terrorismo. ¿Cómo entender esta contradicción?

 —Estados Unidos siempre se ha caracterizado por la manipulación por parte de las élites de poder de los temas de espionaje y terrorismo. Debemos ubicarnos dentro de un contexto específico: aunque existieron casos donde se manejó el tema del terrorismo y el espionaje desde los años cincuenta, la década de los 90 es una expresión muy clara de cómo Estados Unidos manipula este tema. En esa época realizó 116 acciones terroristas contra Cuba, dentro de ellas, conocidos, dieciocho planes de atentado contra el Comandante en Jefe.

 “Cuba ofreció a los Estados Unidos toda la información disponible sobre las actividades que se realizaban en su país en 1998, en una de esas ocasiones, a través de la relación con García Márquez.

 ”El presidente Clinton envió una delegación del FBI a Cuba, a la que se le entregaron una serie de documentos sobre las actividades terroristas que se estaban llevando a cabo y 75 fichas de los principales terroristas radicados en territorio estadounidense. Un instructor nuestro, Roberto Hernández Caballero, viajó a la sede del FBI con las pruebas materiales de todos estos hechos. Junto con ello, se tomó la decisión, por parte de nuestro país, de sacarme a la luz pública para denunciar a la Fundación Cubano-Americana y a este grupúsculo contrarrevolucionario vinculado a acciones terroristas. Hasta ese momento, esta organización trataba de mantener una imagen no vinculada a tales actividades y solo aparentaba limitarse a realizar labor de lobby en el congreso norteamericano.

 “En realidad, la FNCA sí había participado en acciones terroristas contra Cuba, financiando en la década de los ochenta a diferentes organizaciones. En los 90, ante la caída del campo socialista, intentaron intervenir directamente, tener protagonismo; así crearon una cédula, un grupo paramilitar secreto, llamado Consejo Nacional Cubano. Fue este grupo donde me infiltré y estuve trabajando durante varios años. A partir de entonces empieza a gestarse la oleada terrorista contras nuestras instalaciones turísticas y firmas extranjeras, ya que Cuba había determinado como salida para el Período Especial el desarrollo del turismo y la inversión extranjera. Fueron acciones bien planeadas para neutralizar nuestro esfuerzo de resolver la situación económico-social existente.

 ”Se puede decir, sin ningún temor, que Estados Unidos es una fábrica de terrorismo y lo usa para atacar a los países que salen de su espectro hegemónico. Tratan de neutralizar cualquier movimiento o intentos progresistas de otras naciones.

 ”En la década de los 70 y 80 ocurrió un hecho que desnudó cómo Estados Unidos había creado un Frankenstein. Los grupos terroristas cubanos engendrados por la CIA comenzaron a realizar acciones dentro de territorio estadounidense, ejemplo de esto es el Omega 7, dirigido por Eduardo Arosena, y también organizaciones vinculadas a Posada Carriles y Orlando Bosch.

 ”Además del ataque al avión de Barbados, hay otros ejemplos de terrorismo contra nuestro país, como: el intento de voladura de un avión en Jamaica, de ataque a una embajada en Portugal, o la colocación de bombas en envíos postales, que le costó graves heridas a una funcionaria cubana en Perú. También se planearon toda una serie de atentados contra el Comandante en Jefe, uno de ellos fue cuando su visita a Chile a la toma de posesión de Salvador Allende.

 ”Si retomamos la década de los 90, es cierto que al darse luz verde a los actos terroristas, Cuba se vio en la obligación de enviar a Estados Unidos todo un grupo de valiosos compañeros, dentro de los que tuve el privilegio de estar, para ser sus ojos y oídos en Miami, para que nos encargáramos de monitorear la actividad de estos grupos terroristas y a toda costa preservar la integridad de nuestro pueblo.

 ”Estos terroristas, no solo los cubanos, han afectado también en gran medida a los ciudadanos estadounidenses. ¿Cuándo se les complica el juego con los terroristas? El hecho de que hayan realizado varios atentados contra la sede del FBI en Miami y la policía de Metro Dade, y contra todas aquellas agencias de viaje, no representaba un impacto mediático tan grande como el dudoso ataque al World Trade Center.

 ”La primera visión que se le ofrece a la opinión pública internacional es que estos grupos terroristas, financiados y creados por Estados Unidos para enfrentarse a los rusos en Afganistán (Al Qaeda), fueron quienes perpetraron el ataque a las Torres Gemelas; quizás hayan usado a estos grupos para auto infligirse un golpe que llevara a la opinión pública a aceptar lo que vendría a ser la guerra contra el terrorismo, encabezada por Bush a partir de este ataque.

 ”También está el doble discurso relacionado con el espionaje. Estados Unidos impone la condición de que cualquier agente que represente un servicio del enemigo debe inscribirse ante el FBI como agente de un país extranjero. Cuba, ante el incremento de las acciones terroristas, se ve obligada a enviar toda una serie de compañeros a Miami. Entre estos grupos estaba yo, que respondía a la contrainteligencia y trabajaba totalmente solo, lo que me dio la posibilidad de evadir la actividad de los servicios de contraespionaje dentro de Estados Unidos, y tenía el antecedente de que era considerado por ellos un agente que había cumplido misiones de la CIA.

 ”Mientras, los Cinco pertenecían a la llamada Red Avispa. No podemos menospreciar a los servicios del FBI y el contraespionaje del enemigo. Nuestros compañeros fueron detectados mucho antes de ser capturados, pero el problema radica en qué tratamiento se les dio, desde el punto de vista de cómo Estados Unidos maneja estos hechos.

 ”Lo lógico hubiera sido haberles aplicado la pena de agentes no declarados, que conlleva de uno a diez años de privación de libertad; y, en el caso de Gerardo, Ramón y Fernando, haberles aplicado la pena de uso de documentación falsa. Si el juicio no se hubiera politizado, ni manipulado, esto hubiera conllevado, máximo, a unos quince años. Lo usual en este tipo de espionaje era haberlos tratado de otra forma, haberlos expulsado del país como sí ocurrió con algunos diplomáticos.

 ”Ellos han usado el tema del terrorismo y el espionaje para tratar de endilgarnos a nosotros dos culpas o supuestos delitos que están sustentados en la guerra ideológica contra Cuba, una es la de patrocinadores del terrorismo y la otra, una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

 ”El gobierno estadounidense crea a los terroristas, los usa, se les escapan de las manos, a veces se vuelven contra ellos y, paradójicamente, los siguen armando; he ahí un doble discurso ante la opinión pública mundial. Por un lado están combatiéndolos como hacen ahora en Iraq, pero a través de financiamiento secreto les siguen enviando armas. ¿Por qué? Están garantizando la oportunidad de poder intervenir en el Medio Oriente”.

 —¿Cuánto ha variado la manera de hacer terrorismo contra Cuba hoy con relación al momento en que explotó en pleno vuelo el avión de Barbados?

 —Totalmente. El crimen de Barbados ocurrió en el contexto de los años 70 y 80, donde los grupos terroristas llevaban una guerra alrededor del mundo contra Cuba, contra las instalaciones cubanas en el exterior. Después estuvo la oleada terrorista que se inició en 1997. Yo fui uno de los primeros en introducir explosivos en Cuba y detenerlos. Ese terrorismo estaba dirigido contra instalaciones turísticas, el último intento público fue en el 2001, con el tercer intento de volar Tropicana.

 “No quiere decir esto que hayan abandonado el terrorismo contra Cuba. Recientemente fueron capturados cuatro individuos cuyo objetivo era sabotear instalaciones de las FAR. Incluso, cuando la visita del papa Benedicto XVI, existieron planes de realizar actividades terroristas que fueron neutralizadas, y así, tanto nuestros órganos de enfrentamiento, como un grupo de blogueros activos, anunciamos oportunamente para que el enemigo conozca que sabemos en los pasos que anda.

 ”Hace poco yo saqué un trabajo, donde analizo la vulnerabilidad de los planes que se están tramando desde Miami para en conjunto de fuerzas del grupo centroamericano de Posada Carriles y gobiernos de la derecha, con el objeto de realizar posibles atentados contra ministros y mandatarios latinoamericanos en la venidera cumbre de la CELAC en enero de 2015.

 ”Aunque no se ha dejado de utilizar este tipo de terrorismo, se ha pasado a los llamados planes subversivos, un viejo tipo de terrorismo usado ahora en mayor escala, que no mata a las personas pero sí ataca su mentalidad y su forma de ver y recibir la información al ser manipuladas”.

 —El 11 de septiembre de 1980 fue asesinado en Nueva York el diplomático cubano Félix García Rodríguez, funcionario acreditado ante la ONU, mientras conducía su auto por una calle de Queens. ¿Qué papel ha tenido Omega 7 en la subvención del terrorismo contra Cuba?

 —En los últimos años de la década de los 70 y principios de los 80 surgió Omega 7. Esta fue una época sumamente dañina, no solo para Cuba, sino para Estados Unidos, ya que por estos años se realizan las mayores acciones criminales de la mafia terrorista dentro del territorio.

 “No fue solo Félix García Rodríguez a quien se intentó asesinar. Murió Adriana Corcho en Portugal, se intentó a asesinar a nuestros representantes ante la ONU, a Emilio Aragonés en Argentina. Omega 7 fue una organización de extrema derecha que se le fue de las manos a Estados Unidos, realizaron alrededor de 500 actos terroristas en territorio norteamericano. Lo paradójico de todo esto es que los principales representantes del Congreso en los Estados Unidos, de la mafia cubana, han salido en defensa de Eduardo Arosena para que le den la libertad, tal como hicieron con Orlando Bosch.

 ”Omega 7 fue un producto creado por la CIA, a ella se integraron todos los individuos que luego del fracaso de Playa Girón no se quedaron contentos con la actitud de Estados Unidos y llevaron a la muerte de Kennedy. Omega 7 fue el Al Qaeda de esa época, y aunque el FBI capturó a algunos de ellos, salvo el caso de Rolando Hernández Otero y Arocena, las penas de los otros fueron irrisorias.

 ”El sistema de legislación norteamericano falla con respecto al terrorismo, tiene brechas donde triunfa la impunidad; mientras que a nuestros hermanos se les da injustamente cadenas perpetuas, estos individuos andan libremente por los Estados Unidos”.

 —Una y otra vez Estados Unidos coloca a Cuba en su lista de países que auspician el terrorismo, ¿qué razones hay detrás de esta absurda decisión, con el enorme historial de hechos que prueban la responsabilidad de Estados Unidos en actos terroristas contra Cuba?

 —La guerra ideológica contra Cuba está sustentada en varios soportes de discursos mediáticos. Ellos arguyen la presencia en Cuba de algunos estadounidenses a los que se les dio asilo, además de la presencia de algunos etarras y combatientes de la FARC. Cualquier país tiene el soberano y legítimo derecho de dar asilo a cualquier perseguido. Ellos mismos lo hacen a través de la Ley de Ajuste Cubano. Le dieron asilo político a los batistianos, a criminales, y a todos aquellos que han secuestrado nuestras embarcaciones y asesinado, incluso, a personas en Cuba; y han entrado libremente al amparo de esa ley.

 ”La prueba de que Cuba no está implicada en actividades de terrorismo está en las conversaciones de paz que se realizan en La Habana para solucionar el conflicto que se vive en Colombia. Siempre hemos estado contra el terrorismo y le hemos demostrado a Estados Unidos esa posición al entregarle información sensible para proteger su seguridad nacional.

 ”El único fin es satanizarnos y endilgarnos este tipo de acusaciones de país que apoya el narcotráfico, el terrorismo, la trata de personas. Todas esas falsedades son para mantener un constante asedio ideológico hacia nuestro país”.

 —Persiste el silencio de los grandes medios en torno al caso de los Cinco, ¿qué acciones puede tomar un ciudadano para lograr un mayor conocimiento de la causa?

 —Nosotros somos culpables. Tal vez en ese momento no percibimos que debíamos politizar el caso. Confiamos en la legislación norteamericana, aun a sabiendas de que iban a politizarlo. Nuestros hermanos no tendrían nunca un juicio imparcial en Miami. Si nosotros hubiéramos fortalecido más el trabajo de denuncia del terrorismo, si no nos hubiera fallado The New York Times, las cosas hubiesen sido distintas.

 “Mi identidad se revela precisamente por una entrevista con el periodista Timothy Golden, para sacar todos estos planes terroristas a la luz, y me entrevisto con él el 13 de agosto de 1998. Pero los editores del The New York Times decidieron no publicar toda la información que le había dado Cuba, la misma entregada hacía un tiempo al FBI con la novedad de mi identidad.

 ”Nuestros hermanos, ya monitoreados de antes, fueron capturados como una respuesta prepotente. Se ensañaron con ellos por su posición digna, porque si ellos hubieran traicionado nuestra patria, el juicio no hubiera tenido la gran connotación política que ha tenido, porque los Cinco se han convertido en embajadores de nuestras verdades. Sus alegatos son la mayor muestra de por qué estaban ahí.

 ”Quizás si hubiéramos arremetido dentro de la opinión pública internacional hubiéramos logrado un efecto más inmediato. Obama estuvo a punto de dar el indulto presidencial, pero reculó. La presión internacional es grande y nosotros debemos encontrar espacios. Hemos cometido errores con el tema de los Cinco, internos y externos. El primer error dentro del país fue poner en los centros de trabajo un sitial de los Cinco, llegamos a un punto en que no llegamos a la fibra, al verdadero hecho de que cualquiera de su familia pudiera haber sido uno de ellos. Cuando René estuvo en mi casa le hablé de ese tema. Debemos apelar a la sensibilidad del cubano.

 ”Las acusaciones de espionaje contra Cuba, cuando se acrecienta la campaña por la liberación de los Cinco, las acusaciones que acaba de sacar el FBI de que estamos realizando trabajo de sonsacamiento con intelectuales tienen el propósito de viciar nuestras campañas por la liberación de los Cinco.

 ”Nuestros sitios y blogosfera deben ser más activos en rescatar nuestra memoria histórica. Que la gente sepa porqué estaban ahí. La presencia de René y Fernando como difusores, como ejemplos, es muy importante para mostrar la verdad y descanonizarlos, hacerlos humanos. Hoy las personas comprenden que podrían ser nuestros hermanos. Creo que la batalla de los cinco está más fuerte que nunca, pero necesita aún más y la fórmula está en la denuncia del terrorismo”.

Percy Alvarado Godoy hoy usa su blog y las redes sociales para luchar contra el terrorismo. Aquí se le ve en el VII Coloquio junto a un joven palestino que pasó 17 años en prisiones sionistas.

Cuba Ahora
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jueves, 4 de septiembre de 2014

El 5 de septiembre: memoria e historia

Levantamiento popular del 5 de septiembre. La acción preparada para el 5 de septiembre de 1957 debía tener alcance nacional y sus principales objetivos eran el Palacio Presidencial y el Estado Mayor de la Marina en La Habana. Se debían desarrollar levantamientos de apoyo en Cienfuegos y Santiago de Cuba. El 3 de septiembre se realizó una reunión en la que participan oficiales de mayor graduación en la Marina, sumados a última hora y de manera unilateral deciden posponer el alzamiento por 24 o 48 horas, pero debido a falta de comunicación entre los dirigentes del M-26-7 y los oficiales de la Marina, la noticia de posponer el alzamiento no llegó a tiempo a los revolucionarios cienfuegueros.
El 5 de septiembre alrededor de las 5:20 AM, tal y como estaba previsto, comenzó el levantamiento popular en Cienfuegos, quedando la ciudad en manos de los revolucionarios por espacio de 24 horas. Posteriormente Batista lanzó sobre Cienfuegos a sus tropas que ametrallaron y bombardearon indiscriminadamente los barrios, y causaron decenas de muertos, heridos y mutilados entre la población.
Aunque en lo interno esta acción resultó un revés para el movimiento en Cienfuegos, que desde entonces quedó prácticamente neutralizado, en sentido general representó una victoria para la lucha, por su tremenda repercusión nacional y el hecho de que, durante horas, fue un territorio libre, el primero de la Revolución en el país.
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La historia contada por sus protagonistas 

Escrito por 
 
Combatientes en el levantamiento popular armado del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, cuentas sus vivencias de entonces. Combatientes en el levantamiento popular armado del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, cuentas sus vivencias de entonces. Foto: Dorado
Algunos llegaron ya adultos a la Marina de Guerra Revolucionaria, otros eran apenas unos niños la primera vez que abordaron los barcos. Todos, sin embargo, comparten el orgullo de participar en el levantamiento popular armado del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, y por eso hoy cuentan sus historias a las nuevas generaciones.

Raúl Hernández López, quien era marinero entonces, recordó cómo el principal objetivo era entregar las armas al pueblo.
"Se repartieron todas y se combatió hasta las primeras horas de la madrugada del día siguiente en el parque José Martí, defendiendo el colegio de San Lorenzo por combatientes y civiles, pero no se pudo mantener la posición por la llegada de fuerzas superiores".

Durante un encuentro en el Museo Histórico Naval recordó también cómo los hicieron prisioneros y los maltratos que recibieron de los soldados cuando iban de camino al aeropuerto, para ser trasladados a La Habana.
Igualmente Francisco Pérez Delfín y el Contraalmirante Roberto González Loases, último jefe de la Base Naval de Cienfuegos, rememoraron aquellos sucesos y su incorporación a las tareas de la Revolución, luego del triunfo del 1ro. de enero de 1959.

Por su parte, Calixto Braulio Badel Silva y Pedro del Pozo Calá entregaron a la dirección del Museo y el Centro Provincial de Patrimonio, documentos, fotos y otros objetos que guardaban y desean que hoy formen parte del archivo histórico de la provincia.

Publicado en 5 de Septiembre

Cuba: Testimonio sobre el alzamiento de Cienfuegos

El 5 de septiembre de 1957 la ciudad de Cienfuegos fue libre durante casi 24 horas. Un alzamiento popular armado demostró entonces la capacidad de lucha del Movimiento 26 de Julio. En este testimonio el periodista Ángel Bermúdez nos acerca a tal singular acción.

Video en Youtube

lunes, 24 de febrero de 2014

Soñar la guerra: Aniversario 119 del reinicio de las luchas por la independencia de Cuba

Por Karina Marrón González
 
Pareciera una locura que alguien deseara la guerra, pero el 24 de febrero de 1895, los cubanos volvieron a la manigua con el corazón alegre.
 Conquistar el sueño de la libertad para Cuba pasaba inevitablemente por el sacrificio enorme de volver a las armas, dejar el hogar, ofrecer el pecho a las balas; mas lo hacían gustosos. Demasiado tiempo habían acariciado el anhelo de la independencia, demasiados hijos ofrendaron su vida y aún la bandera española lucía dueña y señora donde debía estar, únicamente, la bandera de la estrella solitaria.

 El 24 de febrero, la guerra era el sueño más dulce. No porque quienes se levantaron una vez más contra el poder de la metrópli, desconocieran las penurias a las que se enfrentarían. Ya habían recorrido un largo camino: 10 años de andar la isla descalzos, con escasa ropa y armamento, muchas veces cargando los heridos, la familia, aliviando los dolores del cuerpo gracias a las bondades del monte; 10 años enterrando muertos queridísimos; 10 años de dura pelea y machete.

 Sin embargo, nada de esto importaba, solo la libertad de Cuba. Lo habían dicho en Baraguá, en 1878, y por ello lo habían intentado otra vez en 1879, en aquel ímpetu por no renunciar que fue la Guerra Chiquita.

 Ahora era el momento. La contienda era una necesidad, porque ninguna felicidad estaría completa mientras la Patria permaneciera atada a los designios de otra nación.

 Y por ello no hubo descanso. Aquí y allá se fueron tejiendo las redes para que definitivamente el sacrificio rindiera sus frutos. Cubanos de todas partes, todos los colores, todos los estratos, se unieron con ese fin, aportaron sus "riquezas"; a veces solo un par de pesos que lograban con muchas horas de trabajo, pero que igual servían para "la causa".

 Nada impediría esta vez la conquista de la ansiada libertad. Ni las traiciones ni los fracasos pondrían el desánimo en el corazón de aquellos pinos viejos, cuya vida estaba consagrada por completo a esa misión, o en el de los pinos nuevos, que habían crecido con ese deseo.

 Fue por esta razón que cuando el 6 de enero de 1895 fueron incautados los tres barcos que debían conducir a la Isla a los principales jefes militares residentes en el extranjero, y los recursos bélicos para apoyar el alzamiento interno que debía efectuarse de manera simultánea; la respuesta fue redoblar esfuerzos, prepararse otra vez.

 Unánime era el reclamo de volver a las armas y por ello Martí, pilar indiscutible de la unidad y la organización alcanzada, firmó junto a otros patriotas la orden. Fue recibida por Juan Gualberto Gómez e inmediatamente el país se dispuso para el esperado día. El mismo Apóstol vendría a Cuba "en una cáscara de nuez, o en un Leviatán", pero no habría más esperas.

 El 24 de febrero de 1895, los cubanos volvieron a vestir el traje del guerrero; no porque añoraran la gloria de los héroes homéricos, pues muchos bravos murieron sin que sus nombres aparecieran jamás en los libros de historia. Fueron a la guerra porque era el único camino hacia la libertad y por eso el corazón palpitaba alegre, como si finalmente hubiesen convertido en realidad el sueño.

Fuente Diario Granma

sábado, 18 de enero de 2014

Cultura, historia y un águila que sí caza moscas

Por Luis Toledo Sande*

 Hace cerca de un año, en un coloquio fértil -y celebrado en Cuba, no en otros lares- oí una ponencia que ahora rozaré levemente. Si quien la presentó, persona joven y de notable inteligencia, sólo se hubiera propuesto enaltecer las edificaciones de utilidad pública hechas construir antes de 1959 en Cienfuegos -también pudieran ponerse ejemplos de otras ciudades cubanas- por la alta burguesía local, que tenía los recursos para ello, habría poco o nada que discutir. El valor social, masivo y sin racismo de tales edificaciones creció con una revolución que triunfó en el año mencionado y las puso verdaderamente en función de intereses nacionales y populares que -¿saldrá sobrando recordarlo?- no caracterizaban a los millonarios, por muy grande que fuera o se considere su filantropía.

Pero la ponencia iba más allá de sostener que aquella burguesía en particular era buena, generosa, aparte de encantadora y democrática: según el texto, a tal punto lo era que integrantes suyos hasta iban a los entierros de sus empleados. En algún momento brotó lo que pudiera tenerse como tesis central: dando por sentado lo antes dicho, el caso de esa urbe mostraba que un hijo suyo, Carlos Rafael Rodríguez, cuyo centenario se cumpliría apenas unos días después del coloquio en el cual se presentó la ponencia, había errado al calificar de conservadora y antinacional a la alta burguesía cubana.

Era difícil que tales criterios pasaran inadvertidos. Entre quienes les salieron al paso estuvo el autor de un texto dedicado poco antes a la recordación de aquel eminente intelectual y político a quien no habrá que perdonar las imprecisiones o errores que hubiera cometido (hasta donde sabemos, no era un dios ni pretendió serlo). Pero más injusto aún sería responsabilizarlo por el hecho de que hoy el marxismo y los ideales comunistas en general no estén de moda en el mundo. Lo más probable es que esta circunstancia figure entre revisiones como la dirigida a su obra en aquel encuentro.

La aludida refutación a la ponencia recordó que entre las grandezas históricas y culturales de las que puede blasonar Egipto, e incluso sacar dividendos de ellas por la vía del turismo, sobresalen las famosas Pirámides. Solo que sería por lo menos tan cuestionable afirmar que los faraones allí sepultados las concibieron con ese fin, como olvidar que ellos ordenaron su construcción, no las hicieron. Con ese trabajo corrieron incontables seres humanos cuyos nombres hoy nadie conoce, y a quienes habitualmente se pasa por alto, aunque muchos de ellos habrán muerto en el esfuerzo hecho para levantar obras que hoy siguen desafiando la imaginación y mereciendo que se les considere maravillas.

Tal vez aquellas personas creían que acataban un mandato divino, o simplemente cumplían el papel que “les tocaba”, pero nada echa por tierra esta verdad: fueron brutalmente explotadas, condenadas a trabajar para erigir tumbas que ratificarían como imagen y realidad el poder político y económico, asegurado por la ideología dominante, de monarcas que, de paso, procuraban asegurarse, o hacer ver que se aseguraban, la perpetuidad y el bienestar de su alma, ya fueran ellos el poetizado Tutankamón o cualquier otro.

No hay que retacearles a los burgueses cienfuegueros ni de ningún otro sitio las virtudes personales que tuvieran, ni olvidar que sus “pirámides” -de etiqueta y encanto que constituían evidencia de sus riquezas- se construían con mano de obra explotada, un hecho que no debemos ignorar cuando la explotación de unos seres humanos por otros sigue siendo realidad generalizada en el planeta. Tampoco se necesita ignorar la posible sinceridad de gestos como el de ir a entierros de empleados fieles, para suponer que acciones como esas podían figurar entre los recursos extraeconómicos válidos para ganar la lealtad de los siervos, sobre todo en ciudades relativamente pequeñas, donde resultaba o resulta más factible exhibir relaciones patriarcales de signo feudal.

No insistamos más en una ponencia que no carecía de aciertos en otros órdenes, ni ha de verse como un hecho aislado, sino como expresión de tendencias contemporáneas en las cuales se trenzan marcas diversas, como las del repliegue de las izquierdas y la propensión de representantes suyos a perpetuar códigos de poder nacidos de las desigualdades sociales, y como la euforia de las derechas exitosas, que tienen de su lado aquel repliegue, cuyo significado se refuerza con la extendida resignación que los medios dominantes cultivan con abarcadora eficacia. En ello los auxilia la desprevención de algunos, sin descontar el posible servilismo voluntario de otros, ni ignorar el peso de la realidad.

El culto a los valores del llamado Occidente cristiano -dígase con mayor exactitud: del capitalismo dominante, concentrado en un imperio que explícitamente revalida la guerra entre civilizaciones- lo fomentan los centros de poder con el concurso de sus potentes recursos mediáticos. Procuran que la lucha ideológica parezca demodé, cosa del pasado, mientras ellos mantienen una incesante campaña -enmascarada por imágenes diversas incluso cuando se trata de acciones bélicas genocidas- para que su ideología sea la única o, por lo menos, se acepte con pasividad como si no hubiera otra posible.

El imperio ha impuesto la imagen de una globalización con arreglo a la cual el mundo es una aldea homogénea, a pesar de las abismales diferencias que hay entre unos países y otros, y dentro de cada país, por poderoso que sea. A la vez, difunde la idea de que se ha llegado a una modernidad que representa los valores e intereses imperiales, y a la cual no es razonable, en caso de que sea posible, oponerse.

Ambos extremos o rostros de una misma realidad se apoyan en la colonización cultural, y en las últimas décadas el centro de influencia “académica” se trasladó a los Estados Unidos. Lo que huela a violencia revolucionaria es calificado de terrorismo, y la violencia imperial es un recurso para defender o imponer la democracia, intereses civilizados, aunque los frutos conseguidos sean los que están a la vista en Irak y en Libia, por ejemplo.

Si en tal urdimbre hay textos que cuenten con la propulsión en medios dominantes, no son los que tengan visos de defender ideales comunistas, sino los que se enfilen a devaluarlos. Es algo que se puede hacer, o se hace, a propósito de sucesos identificables con los excesos del llamado estalinismo, y si en medio de eso se puede citar el asesinato de un intelectual y político víctima de la persecución soviética, mejor. Similar rasero se aplica para devaluar realidades como la Segunda República Española, proyecto democrático y fundador derrocado por un bando fascista que durante décadas sumió a España en el terror. 

Cualquier hecho puede ser sometido a lentes de tal índole, siempre que hacerlo invite a la parálisis social, y refutar esas maniobras puede ser tenido por acto inculto, de muy mal gusto.

La desmovilización de las izquierdas en gran parte del mundo es el mayor aliado que en su afán de perpetuarse puede tener el imperio, cuyo poderío mediático ni remotamente supone la exclusión del uso de la fuerza militar. A las personas honradas podría servirles de brújula, para orientarse en hechos y pensamiento, saber qué defiende el imperio. No coincidir con él no necesariamente garantizará abrazar siempre lo más acertado, pero será una guía para no caer en el bando de los mayores errores y horrores. Parézcalo o no lo parezca, el imperio mete su hocico en todas partes, o tiene quienes lo metan por él.

Si un país conoce esa realidad es Cuba, que lleva más de medio siglo enfrentándola con firmeza, y debe seguir haciéndolo: en primer lugar, para bien de su pueblo, y también porque es objeto de la mirada expectante o inquieta de quienes en el mundo siguen buscando en su resistencia pabilo para la esperanza. Por tanto, debe proponerse, para alcanzarlo, el mayor acierto en sus decisiones de toda índole, y su prensa debe contribuir con eficacia a señalar peligros, vengan del asedio enemigo o de errores propios.

Los planes enemigos incluyen sembrar confusiones y cizaña. Recientemente un despacho aparecido en un sitio digital contrarrevolucionario anunció que el águila yanqui volverá al monumento que frente al Malecón de La Habana recuerda a las víctimas del hundimiento del acorazado Maine. El mismo sitio, que afirma haber recibido la supuesta información de cubanos bien enterados sobre el programa de restauración constructiva de la capital del país, sostiene -como dando voz a presuntos estados de opinión- que unos reaccionan ante la noticia “con sorpresa y otros con la esperanza de que Cuba vuelva a la normalidad”.

Así, según la nota, se rectificaría un “disparate”: el cometido en mayo de 1961, días después de la victoria del pueblo cubano sobre mercenarios del imperio en Playa Girón, dato que el texto pasa por alto, al derribar “el águila norteamericana” que coronaba el monumento, y -añade el texto- “los bustos de Leonard Wood, William Mc Kinley y Theodore Roosevelt”.
Llama la atención que, al reclamar la vuelta a su estado original, no se mencionen las más de doscientas cincuenta víctimas del hundimiento del Maine, en cuya memoria se inauguró el monumento en 1925, como expresa una de las dos tarjas centrales, que se conservan hoy. 

Reclaman, aunque no sabemos que formaran parte del monumento -no aparecen en fotos ni se mencionan en textos consultados anteriores a mayo de 1961, ni los recuerdan personas que lo conocieron antes de esa fecha-, la restitución de los bustos de tres representantes conspicuos del imperio directamente vinculados, dos de ellos, con la intervención en la guerra que los patriotas cubanos libraban contra el colonialismo español, y, el tercero, con la instauración en Cuba de una república maniatada por la Enmienda Platt, contexto en el cual se construyó el monumento, y que algunos quisieran restablecer junto con el águila.

Los contrarrevolucionarios dejan ver su orientación: “Si los Estados Unidos se hubieran apoderado de Cuba, algo que fácilmente habrían logrado al finalizar la guerra de independencia”, los cubanos no sufrirían “una dictadura militar de más de medio siglo, ni el país estuviera destruido”. Anexionistas -y autonomistas- de hoy son continuadores de aquellos a quienes José Martí repudió a lo largo de su vida, como ratificó en carta a Manuel Mercado el día antes de caer en combate para frenar los planes de los Estados Unidos desatados con su intervención militar de 1898, que frustró la independencia de Cuba.
Según investigaciones -alguna de ellas hecha incluso en la Cuba revolucionaria- el hundimiento del Maine, suceso utilizado como pretexto por los gobernantes de los Estados Unidos para desatar la intervención que Martí quiso impedir, no fue el resultado de una operación española ni de un autoatentado de los Estados Unidos, sino de un accidente. 

Ahora bien, cualquiera que haya sido la causa del desastre, los marinos estadounidenses muertos en él fueron víctimas físicas de la explosión, y víctimas morales del imperio que usó su muerte como pretexto para consumar sus planes injerencistas. El siglo XX traería nuevas evidencias de cómo actúa ese imperio: ahí están los sucesos de Pearl Harbor; y el XXI casi se estrenó con el derribo de las Torres Gemelas, que aún genera graves sospechas.
A diferencia de otras, la Revolución Cubana no se caracterizó precisamente por la iconoclasia que en otros lares derribó monumentos. Para la vocación independentista del pueblo cubano, derribar de aquel monumento el águila imperial -no la tarja que recuerda a las víctimas del hundimiento del barco, ni la que cita la Resolución en que el gobierno de los Estados Unidos supuestamente se comprometía a reconocer la plena independencia de Cuba- era un acto más legítimo que perpetuar aquella insignia. No hay por qué restablecerla para obedecer un sentido acrítico de la restauración urbana, y menos aún por aceptación de una “normalidad” que negaría la historia revolucionaria del pueblo cubano y de su lucha, pasada y presente, y futura en un plazo que se prevé largo, contra el imperio encarnado en fuerzas que Martí calificó de ultraaguilistas.

El monumento sería fiel a la historia, y a la voluntad del pueblo cubano si en vez de restituir el águila imperial se añade adecuadamente una placa en la cual se informe sobre su derribo, y se expliquen, para quienes no las conozcan, las razones. Incluso, dado que no llegó a hacerse realidad la ilusión de que su lugar lo ocupase una paloma de la paz, obra de Picasso, tal vez lo más acertado sería poner al pie del monumento, como símbolo de rotundo rechazo al imperio, la que se derribó en 1961, esté como esté.

Un proverbio latino en el que se valora ese animal, genéricamente, como símbolo de grandeza, sostiene: “águila no caza moscas”. Pero la imperial, que representa la voracidad ajena a toda norma ética, caza cuanto convenga a sus intereses. La dificultad para ello, en este caso, no radica en el instinto de la voraz ave, sino en que Cuba no es un insecto.


*Filólogo e historiador cubano: investigador de la obra martiana de cuyo Centro de Estudios fue sucesivamente subdirector y director. Profesor titular de nuestro Instituto Superior Pedagógico y asesor del legado martiano en los planes de enseñanza del país; asesor y conductor de programas radiales y de televisión. Jurado en importantes certámenes literarios de nuestro país.  Conferencista en diversos foros internacionales; fue jefe de redacción y luego subdirector de la revista Casa de las Américas. Realizó tareas diplomáticas como Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en España. Desde 2009 ejerce el periodismo cultural en la Revista Bohemia.

Entre los reconocimientos que ha recibido se halla la Distinción Por la Cultura Nacional.
Atiende el Blog “Luis Toledo Sande: artesa en este tiempo”
Publicado originalmente en el Portal Cubarte
 Imagen agregada sobre fotos de Roberto Chile y Mural pintado en 2010 en dicho monumento por Brigada Martha Machado

domingo, 22 de diciembre de 2013

FIDEL: Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?




Fidel y Mandela
Por: Fidel Castro

Quizás el imperio creyó que nuestro pueblo no haría honor a su palabra cuando, en días inciertos del pasado siglo, afirmamos que si incluso la URSS desaparecía Cuba seguiría luchando.

La Segunda Guerra Mundial estalló cuando, el 1ro. de septiembre de 1939, el nazi-fascismo invadió Polonia y cayó como un rayo sobre el pueblo heroico de la URSS, que aportó 27 millones de vidas para preservar a la humanidad de aquella brutal matanza que puso fin a la vida de más de 50 millones de personas.

La guerra es, por otro lado, la única actividad a lo largo de la historia que el género humano nunca ha sido capaz de evitar; lo que llevó a Einstein a responder que no sabía cómo sería la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta sería con palos y piedras.

Sumados los medios disponibles por las dos más poderosas potencias, Estados Unidos y 
Rusia, disponen de más de 20 000 —veinte mil— ojivas nucleares. La humanidad debiera conocer bien que, tres días después de la asunción de John F. Kennedy a la presidencia de su país, el 20 de enero de 1961, un bombardero B-52 de Estados Unidos, en vuelo de rutina, que transportaba dos bombas atómicas con una capacidad destructiva 260 veces superior a la utilizada en Hiroshima, sufrió un accidente que precipitó el aparato hacia tierra. En tales casos, equipos automáticos sofisticados aplican medidas que impiden el estallido de las bombas. La primera cayó a tierra sin riesgo alguno; la segunda, de los 4 mecanismos, tres fallaron, y el cuarto, en estado crítico, apenas funcionó; la bomba por puro azar no estalló.

Ningún acontecimiento presente o pasado que yo recuerde o haya oído mencionar, como la muerte de Mandela, impactó tanto a la opinión pública mundial; y no por sus riquezas, sino por la calidad humana y la nobleza de sus sentimientos e ideas.

A lo largo de la historia, hasta hace apenas un siglo y medio y antes de que las máquinas y robots, a un costo mínimo de energías, se ocuparan de nuestras modestas tareas, no existían ninguno de los fenómenos que hoy conmueven a la humanidad y rigen inexorablemente a cada una de las personas: hombres o mujeres, niños y ancianos, jóvenes y adultos, agricultores y obreros fabriles, manuales o intelectuales. La tendencia dominante es la de instalarse en las ciudades, donde la creación de empleos, transporte y condiciones elementales de vida, demandan enormes inversiones en detrimento de la producción alimentaria y otras formas de vida más razonables.

Tres potencias han hecho descender artefactos en la Luna de nuestro planeta. El mismo día en que Nelson Mandela, envuelto en la bandera de su patria, fue inhumado en el patio de la humilde casa donde nació hace 95 años, un módulo sofisticado de la República Popular China descendía en un espacio iluminado de nuestra Luna. La coincidencia de ambos hechos fue absolutamente casual.

Millones de científicos investigan materias y radiaciones en la Tierra y el espacio; por ellos se conoce que Titán, una de las lunas de Saturno, acumuló 40 —cuarenta— veces más petróleo que el existente en nuestro planeta cuando comenzó la explotación de este hace apenas 125 años, y al ritmo actual de consumo durará apenas un siglo más.
Los fraternales sentimientos de hermandad profunda entre el pueblo cubano y la patria de Nelson Mandela nacieron de un hecho que ni siquiera ha sido mencionado, y de lo cual no habíamos dicho una palabra a lo largo de muchos años; Mandela, porque era un apóstol de la paz y no deseaba lastimar a nadie. Cuba, porque jamás realizó acción alguna en busca de gloria o prestigio.

Cuando la Revolución triunfó en Cuba fuimos solidarios con las colonias portuguesas en África, desde los primeros años; los Movimientos de Liberación en ese continente ponían en jaque al colonialismo y el imperialismo, luego de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de la República Popular China —el país más poblado del mundo—, tras el triunfo glorioso de la Revolución Socialista Rusa.

Las revoluciones sociales conmovían los cimientos del viejo orden. Los pobladores del planeta, en 1960, alcanzaban ya los 3 mil millones de habitantes. Parejamente creció el poder de las grandes empresas transnacionales, casi todas en manos de Estados Unidos, cuya moneda, apoyada en el monopolio del oro y la industria intacta por la lejanía de los frentes de batalla, se hizo dueña de la economía mundial. Richard Nixon derogó unilateralmente el respaldo de su moneda en oro, y las empresas de su país se apoderaron de los principales recursos y materias primas del planeta, que adquirieron con papeles.

Hasta aquí no hay nada que no se conozca.

Pero, ¿por qué se pretende ocultar que el régimen del Apartheid, que tanto hizo sufrir al África e indignó a la inmensa mayoría de las naciones del mundo, era fruto de la Europa colonial y fue convertido en potencia nuclear por Estados Unidos e Israel, lo cual Cuba, un país que apoyaba las colonias portuguesas en África que luchaban por su independencia, condenó abiertamente?

Nuestro pueblo, que había sido cedido por España a Estados Unidos tras la heroica lucha durante más de 30 años, nunca se resignó al régimen esclavista que le impusieron durante casi 500 años.

De Namibia, ocupada por Sudáfrica, partieron en 1975 las tropas racistas apoyadas por tanques ligeros con cañones de 90 milímetros que penetraron más de mil kilómetros hasta las proximidades de Luanda, donde un Batallón de Tropas Especiales cubanas —enviadas por aire— y varias tripulaciones también cubanas de tanques soviéticos que estaban allí sin personal, las pudo contener. Eso ocurrió en noviembre de 1975, 13 años antes de la Batalla de Cuito Cuanavale.

Ya dije que nada hacíamos en busca de prestigio o beneficio alguno. Pero constituye un hecho muy real que Mandela fue un hombre íntegro, revolucionario profundo y radicalmente socialista, que con gran estoicismo soportó 27 años de encarcelamiento solitario. Yo no dejaba de admirar su honradez, su modestia y su enorme mérito.

Cuba cumplía sus deberes internacionalistas rigurosamente. Defendía puntos claves y entrenaba cada año a miles de combatientes angolanos en el manejo de las armas. La URSS suministraba el armamento. Sin embargo, en aquella época la idea del asesor principal por parte de los suministradores del equipo militar no la compartíamos. Miles de angolanos jóvenes y saludables ingresaban constantemente en las unidades de su incipiente ejército. 

El asesor principal no era, sin embargo, un Zhúkov, Rokossovski, Malinovsky u otros muchos que llenaron de gloria la estrategia militar soviética. Su idea obsesiva era enviar brigadas angolanas con las mejores armas al territorio donde supuestamente residía el gobierno tribal de Savimbi, un mercenario al servicio de Estados Unidos y Sudáfrica, que era como enviar las fuerzas que combatían en Stalingrado a la frontera de la España falangista que había enviado más de cien mil soldados a luchar contra la URSS. Ese año se estaba produciendo una operación de ese tipo.

El enemigo avanzaba tras las fuerzas de varias brigadas angolanas, golpeadas en las proximidades del objetivo adonde eran enviadas, a 1 500 kilómetros aproximadamente de Luanda. De allí venían perseguidas por las fuerzas sudafricanas en dirección a Cuito Cuanavale, antigua base militar de la OTAN, a unos 100 kilómetros de la primera Brigada de Tanques cubana.

En ese instante crítico el Presidente de Angola solicitó el apoyo de las tropas cubanas. El Jefe de nuestras fuerzas en el Sur, General Leopoldo Cintra Frías,  nos comunicó la solicitud, algo que solía ser habitual. Nuestra respuesta firme fue que prestaríamos ese apoyo si todas las fuerzas y equipos angolanos de ese frente se subordinaban al mando cubano en el Sur de Angola. Todo el mundo comprendía que nuestra solicitud era un requisito para convertir la antigua base en el campo ideal para golpear a las fuerzas racistas de Sudáfrica.

En menos de 24 horas llegó de Angola la respuesta positiva.

Se decidió el envío inmediato de una Brigada de Tanques cubana hacia ese punto. Varias más estaban en la misma línea hacia el Oeste. El obstáculo principal era el fango y la humedad de la tierra en época de lluvia, que había que revisar metro a metro contra minas antipersonales. A Cuito, fue enviado igualmente el personal para operar los tanques sin tripulación y los cañones que carecían de ellas.

La base estaba separada del territorio que se ubica al Este por el caudaloso y rápido río Cuito, sobre el que se sostenía un sólido puente. El ejército racista lo atacaba desesperadamente; un avión teleguiado repleto de explosivos lograron impactarlo sobre el puente e inutilizarlo. A los tanques angolanos en retirada que podían moverse se les cruzó por un punto más al Norte. Los que no estaban en condiciones adecuadas fueron enterrados, con sus armas apuntando hacia el Este; una densa faja de minas antipersonales y antitanques convirtieron la línea en una mortal trampa al otro lado del río. Cuando las fuerzas racistas reiniciaron el avance y chocaron contra aquella muralla, todas las piezas de artillería y los tanques de las brigadas revolucionarias disparaban desde sus puntos de ubicación en la zona de Cuito.

Un papel especial se reservó para los cazas Mig-23 que, a velocidad cercana a mil kilómetros por hora y a 100  —cien— metros de altura, eran capaces de distinguir si el personal artillero era negro o blanco, y disparaban incesantemente contra ellos.

Cuando el enemigo desgastado e inmovilizado inició la retirada, las fuerzas revolucionarias se prepararon para los combates finales.

Numerosas brigadas angolanas y cubanas se movieron a ritmo rápido y a distancia adecuada hacia el Oeste, donde estaban las únicas vías amplias por donde siempre los sudafricanos iniciaban sus acciones contra Angola. El aeropuerto sin embargo estaba aproximadamente a 300 —trescientos— kilómetros de la frontera con Namibia, ocupada totalmente por el ejército del Apartheid.

Mientras las tropas se reorganizaban y reequipaban se decidió con toda urgencia construir una pista de aterrizaje para los Mig-23. Nuestros pilotos estaban utilizando los equipos aéreos entregados por la URSS a Angola, cuyos pilotos no habían dispuesto del tiempo necesario para su adecuada instrucción. Varios equipos aéreos estaban descontados por bajas que a veces eran ocasionadas por nuestros propios artilleros u operadores de medios antiaéreos. Los sudafricanos ocupaban todavía una parte de la carretera principal que conduce desde el borde de la meseta angolana a Namibia. En los puentes sobre el caudaloso río Cunene, entre el Sur de Angola y el Norte de Namibia, comenzaron en ese lapso con el jueguito de sus disparos con cañones de 140 milímetros  que le daba a sus proyectiles un alcance cercano a los 40 kilómetros. El problema principal radicaba en el hecho de que los racistas sudafricanos poseían, según nuestros cálculos, entre 10 y 12 armas nucleares. 

Habían realizado pruebas incluso en los mares o en las áreas congeladas del Sur. El presidente Ronald Reagan lo había autorizado, y entre los equipos entregados por Israel estaba el dispositivo necesario para hacer estallar la carga nuclear. Nuestra respuesta fue organizar el personal en grupos de combate de no más de 1 000 —mil— hombres, que debían marchar de noche en una amplia extensión de terreno y dotados de carros de combate antiaéreos.

Las armas nucleares de Sudáfrica, según informes fidedignos, no podían ser cargadas por aviones Mirage, necesitaban bombarderos pesados tipo Canberra. Pero en cualquier caso la defensa antiaérea de nuestras fuerzas disponía de numerosos tipos de cohetes que podían golpear y destruir objetivos aéreos hasta decenas de kilómetros de nuestras tropas. 

Adicionalmente, una presa de 80 millones de metros cúbicos de agua situada en territorio angolano había sido ocupada y minada por combatientes cubanos y angolanos. El estallido de aquella presa hubiese sido equivalente a varias armas nucleares.

No obstante, una hidroeléctrica que usaba las fuertes corrientes del río Cunene, antes de llegar a la frontera con Namibia, estaba siendo utilizada por un destacamento del ejército sudafricano.

Cuando en el nuevo teatro de operaciones los racistas comenzaron a disparar los cañones de 140 milímetros, los Mig-23 golpearon fuertemente aquel destacamento de soldados blancos, y los sobrevivientes abandonaron el lugar dejando incluso algunos carteles críticos contra su propio mando. Tal era la situación cuando las fuerzas cubanas y angolanas avanzaban hacia las líneas enemigas.

Supe que Katiuska Blanco, autora de varios relatos históricos, junto a otros periodistas y reporteros gráficos, estaban allí. La situación era tensa pero nadie perdió la calma.
Fue entonces que llegaron noticias de que el enemigo estaba dispuesto a negociar. Se había logrado poner fin a la aventura imperialista y racista; en un continente que en 30 años tendrá una población superior a la de China e India juntas.

El papel de la delegación de Cuba, con motivo del fallecimiento de nuestro hermano y amigo Nelson Mandela, será inolvidable.

Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe del gobierno de Estados Unidos y le dijo en inglés: “Señor presidente, yo soy Castro”.

Cuando mi propia salud puso límite a mi capacidad física, no vacilé un minuto en expresar mi criterio sobre quien a mi juicio podía asumir la responsabilidad. Una vida es un minuto en la historia de los pueblos, y pienso que quien asuma hoy tal responsabilidad requiere la experiencia y autoridad necesaria para optar ante un número creciente, casi infinito, de variantes.

El imperialismo siempre reservará varias cartas para doblegar a nuestra isla aunque tenga que despoblarla, privándola de hombres y mujeres jóvenes, ofreciéndole migajas de los bienes y recursos naturales que saquea al mundo.

Que hablen ahora los voceros del imperio sobre cómo y por qué surgió el Apartheid.


 


 Fidel Castro Ruz
Diciembre 18 de 2013
8 y 35 p.m.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Cuba: Declaración del MINREX sobre posible ataque norteamericano a Siria

El Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba ha conocido con profunda preocupación, la declaración formulada el día 31 de agosto por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en la cual anunció su decisión de lanzar acciones militares contra la República Árabe Siria.

Sin dejar margen alguno a los intentos en curso para alcanzar una solución política al conflicto, ni presentar ninguna evidencia y con total desprecio a las opiniones de numerosos países, incluidos algunos de sus principales aliados, y a las Naciones Unidas, el Presidente de los Estados Unidos ha anunciado su determinación de realizar actos violatorios del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas que provocarán más muerte y destrucción y llevarán, ineludiblemente, a la intensificación del conflicto por el que atraviesa esa nación árabe.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba hace un llamado a los miembros del Consejo de Seguridad a que cumplan su mandato de impedir todo quebrantamiento de la paz y detengan una intervención militar que amenaza la seguridad internacional en esa volátil región del mundo.

Cuba considera que a la Asamblea General, único órgano de las Naciones Unidas donde están representados todos los países, también le compete la responsabilidad de detener la agresión, máxime cuando es previsible que el Consejo de Seguridad, ante la preeminencia de los Estados Unidos en dicho órgano, no pueda tomar una decisión. La Asamblea, en ejercicio de sus facultades, debe reunirse con carácter urgente y tomar las medidas imprescindibles.

El Secretario General de las Naciones Unidas debe involucrarse directamente en impedir los actos que el Presidente de los Estados Unidos dio como hechos casi inevitables. Le correspondería la realización de gestiones diplomáticas urgentes y vigorosas ante el gobierno norteamericano para tratar de salvar la inmensa responsabilidad de su cargo con la paz y la estabilidad mundial.

El Grupo de los 20 se reunirá en San Petersburgo, Rusia, los días 5 y 6 de septiembre. Esa instancia, en la que participarán muchos de los principales líderes mundiales, no podría evadir la obligación de discutir con el Presidente de los Estados Unidos la situación creada y de adoptar acciones concretas al respecto.

Si no se le ocultara la verdad y no fuera constantemente inundado con información tendenciosa, manipulada e incompleta, el pueblo norteamericano, que en sucesivas guerras desde Vietnam hasta la fecha ha sufrido la muerte de decenas de miles de sus jóvenes, no permanecería indiferente ante una nueva conflagración que producirá mayores pérdidas de vidas y, llegado el momento reclamará su responsabilidad a los políticos corruptos y a los medios de prensa mendaces.

Surge la pregunta de qué hará el Congreso de los Estados Unidos cuando reanude sus sesiones el próximo 9 de septiembre y tenga que decidir entre el inicio de una nueva guerra y la preservación de la paz internacional, entre la vida y la muerte. Si, al igual que el Parlamento británico, rechazara los intentos de agresión anunciados por el Presidente, habrá hecho una sorprendente y valiosa contribución a la paz mundial y al cuestionado sistema político de su país. Si los aprueba, tendrá que asumir las consecuencias ante los implacables registros de la historia.

Cuba hace también un llamado a los líderes de opinión de los Estados Unidos y del mundo a impedir que la ley de la selva impere sobre la cordura, se lancen ataques ilegales e ilegítimos contra otros países, y se intente suplantar la diplomacia con la guerra.
Cuba exhorta, asimismo, a los líderes pacifistas, religiosos, a los jóvenes y estudiantes, a los trabajadores, artistas e intelectuales, a los movimientos sociales, fuerzas progresistas y a todos aquellos que rechazan la guerra, a movilizarse para oponerse a la decisión del Presidente de los Estados Unidos de atacar a la nación árabe.

El Ministerio de Relaciones Exteriores hace también un llamado a preservar la soberanía, independencia e integridad territorial de Siria y el derecho a la autodeterminación de su pueblo, y a promover la solución del conflicto por vías diplomáticas sin más derramamiento de sangre.

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.

La Habana, 1 de septiembre de 2013

jueves, 29 de agosto de 2013

La OSPAAAL condena escalada intervencionista en Siria

 

La Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) denuncia la nueva escalada intervencionista del imperialismo norteamericano y sus aliados contra el pueblo sirio.

Resulta altamente preocupante la tensa situación creada por parte de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN con el ánimo de fabricar pretextos y ejecutar una intervención militar contra el Gobierno y el pueblo de Siria, haciendo caso omiso a todos los esfuerzos que realizan algunos Estados por lograr una solución política al conflicto interno de esa nación árabe y que ha costado la vida de miles de personas inocentes, incluyendo ancianos, mujeres y niños.

Las últimas noticias parecen indicar la inminencia de un ataque militar imperialista en el país, encabezado por Estados Unidos, en donde una vez más, nuestra especie se encuentra en peligros reales de extinción, tal y como ha alertado una vez más el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz.

Una agresión militar contra Siria provocaría gravísimas consecuencias no sólo para este pueblo, sino también para otras Naciones y pueblos del Medio Oriente.

La intervención en Siria tendrá por consecuencias la de sembrar el caos y desgracias en ese país, y por efecto de réplica en el conjunto de los países del Medio Oriente y de África del Norte. Por otra parte, constituiría una fragante violación de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional, muchas veces violentado por las potencias imperialistas como ha sucedido anteriormente en Kosovo, Irak, Libia, Afganistán y otros pueblos del mundo, poniendo en peligro la paz y la seguridad internacional.

El Secretariado Ejecutivo de la OSPAAAL condena los actos de mentira, presión y agresión contra Siria y expresa los deseos por hallar una solución política y diplomática al conflicto. Al propio tiempo rechaza los intentos de las potencias imperialistas por socavar la independencia, autodeterminación, soberanía e integridad territorial  del pueblo sirio. 

¡NO a la intervención militar imperialista en Siria!
¡Cese la injusticia e injerencia en los asuntos internos de los pueblos!
¡Reine la Paz!

Secretariado Ejecutivo de la OSPAAAL

miércoles, 28 de agosto de 2013

Reflexiones del Compañero Fidel: La mentira tarifada

Me mueve a escribir el hecho de que muy pronto ocurrirán acontecimientos graves. No transcurren en nuestra época diez o quince años sin que nuestra especie corra peligros reales de extinción. Ni Obama ni nadie podría garantizar otra cosa; lo digo por realismo, ya que solo la verdad nos podría ofrecer un poco más de bienestar y un soplo de esperanza. Hemos llegado en materia de conocimientos a la mayoría de edad. No tenemos derecho a engañar ni a engañarnos.

En su inmensa mayoría la opinión pública conoce bastante sobre el nuevo riesgo que está a sus puertas.

No se trata simplemente de que los cohetes cruceros apunten hacia objetivos militares de Siria, sino que ese valiente país árabe, situado en el corazón de más de mil millones de musulmanes, cuyo espíritu de lucha es proverbial, ha declarado que resistirá hasta el último aliento cualquier ataque a su país.

Todos conocen que Bashar al Assad no era político. Estudió medicina. Se graduó en 1988 y se especializó en oftalmología. Asumió un papel político al morir su padre Hafez al Assad en el año 2000 y tras la muerte accidental de un hermano antes de asumir aquella tarea.

Todos los miembros de la OTAN, aliados incondicionales de Estados Unidos y unos pocos países petroleros aliados al imperio en aquella zona del Medio Oriente, garantizan el abastecimiento mundial de combustibles de origen vegetal, acumulados a lo largo de más de mil millones de años. La disponibilidad de energía procedente, en cambio, de la fusión nuclear de partículas de hidrógeno, tardará por lo menos 60 años. La acumulación de los gases de efecto invernadero continuará así creciendo a elevados ritmos y tras colosales inversiones en tecnologías y equipos.

Por otro lado se afirma que en el 2040, en apenas 27 años, muchas tareas que hoy realiza la policía como imponer multas y otras tareas, serían realizadas por robots. ¿Se imaginan los lectores cuán difícil será discutir con un robot capaz de hacer millones de cálculos por minuto? En realidad era algo inimaginable años atrás.

Hace apenas unas horas, el lunes 26 de agosto, despachos de agencias clásicas bien conocidas por sus servicios sofisticados a Estados Unidos, se dedicaron a difundir la noticia de que Edward Snowden se había tenido que establecer en Rusia porque Cuba había accedido a las presiones de Estados Unidos.

Ignoro si alguien en algún lugar le dijo algo o no a Snowden, porque esa no es mi tarea. Leo lo que puedo sobre noticias, opiniones y libros que se publican en el mundo. Admiro lo valiente y justo de las declaraciones de Snowden, con lo que a mi juicio prestó un servicio al mundo al revelar la política repugnantemente deshonesta del poderoso imperio que miente y engaña al mundo. Con lo que no estaría de acuerdo es que alguien, cualesquiera que fuesen sus méritos, pueda hablar en nombre de Cuba.

La mentira tarifada. ¿Quién la afirma? El diario ruso “Kommersant” ¿Qué es este libelo? Según explica la propia agencia Reuters el diario cita a fuentes próximas al Departamento de Estado norteamericano: “el motivo de ello fue que en el último minuto Cuba informó a las autoridades que impidieran que Snowden tomara el vuelo de la aerolínea Aeroflot.

“Según el rotativo, […] Snowden pasó un par de días en el consulado ruso de Hong Kong para manifestar su intención de volar a Latinoamérica vía Moscú.”
 Si yo quisiera podría hablar de estos temas sobre los que conozco ampliamente.

Hoy observé con especial interés las imágenes del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, durante su visita al buque insignia del destacamento ruso que visita a Venezuela después de su anterior escala en los puertos de La Habana y Nicaragua.

Durante la visita del Presidente venezolano a la nave me impresionaron varias imágenes gráficas. Una de ellas fue la amplitud de los movimientos de sus numerosos radares capaces de controlar las actividades operativas de la nave en cualquier situación que se presente.

Por otra parte, indagamos sobre las actividades del mercenario rotativo “Kommersant”. En su época fue uno de los más perversos medios al servicio de la extrema derecha contrarrevolucionaria, la cual disfruta que el gobierno conservador y lacayo de Londres envíe sus bombarderos a la Base Aérea en Chipre, listos para lanzar sus bombas sobre las fuerzas patrióticas de la heroica Siria, mientras en Egipto, calificado como el corazón del mundo árabe, miles de personas son asesinadas por los autores de un grosero golpe de Estado.

En esa atmósfera se preparan los medios navales y aéreos del imperio y sus aliados para iniciar un genocidio contra los pueblos árabes.

Es absolutamente claro que Estados Unidos tratará siempre de presionar a Cuba como hace con la ONU o cualquier institución pública o privada del mundo, una de las características de los gobiernos de ese país y no sería posible esperar de sus gobiernos otra cosa, pero no en balde se resisten 54 años defendiendo sin tregua —y el tiempo adicional que fuera necesario—, enfrentando el criminal bloqueo económico del poderoso imperio.

Nuestro mayor error es no haber sido capaz de aprender mucho más en mucho menos tiempo.



Fidel Castro Ruz
Agosto 27 de 2013
8 y 34 p.m.

sábado, 3 de agosto de 2013

La santa difamación

Por Arthur González

 Como parte esencial de la guerra sicológica aplicada por el gobierno norteamericano y sus agencias federales de inteligencia contra Cuba, el pasado domingo 28 de julio uno de los sitios digitales contrarrevolucionarios creados para tales fines, divulgó una noticia falsa en la que trataron de involucrar al Obispo de la Diócesis de la provincia de Matanzas.

 Según la ilusoria versión, “el religioso intercedió a favor de las Damas de Blanco este domingo, ante los oficiales de la Seguridad del Estado que las reprimieron en la ciudad de Colón”. Escenario irreal creado por una de las asalariadas de Washington y Miami, que pretendió dar una imagen adulterada de la situación interna cubana, algo común desde 1959 cuando el presidente D. Eisenhower, aprobó el primer Programa de Acciones Encubiertas a propuestas de la CIA, en el cual se plantea: … “Para que la oposición pueda ser escuchada y la base del apoyo popular a Castro debilitada, es necesario desarrollar los medios de información hacia el pueblo cubano, con el fin de iniciar una poderosa ofensiva propagandística en nombre de la oposición declarada”. 

Siguiendo esta misma línea, la asalariada dio declaraciones a la agencia de radio creada con los fines antes descritos en el mencionado Programa de Acción, donde con total teatralidad afirmó: “turbas organizadas por la Seguridad del Estado, la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y las Brigadas de Respuesta Rápida rodearon a las Damas de Blanco en la iglesia San José, de dicha localidad” y agregó: “Es un operativo grandísimo, esto va a ser una masacre, hacemos responsables al Gobierno de los hermanos Castro y la Seguridad del Estado de todo lo que nos pueda pasar, de nuestra integridad física". Finalmente, la propia noticia desinfló la mentira al describir que siete mujeres y 10 hombres fueron trasladados hacia la Estación de la policía por alterar el orden y liberados después de tomadas las declaraciones, ni masacre ni heridos.

 Esto es algo común en las orientaciones que reciben desde Miami para justificar la campaña mediática de que en la Isla “existe represión”. Situaciones similares se detectaron antes de la visita a Cuba del Santo Padre Benedicto XVI, donde les orientaron ocupar varias iglesias para crear ambientes complejos que impidieran su viaje, lo que fue demostrado con grabaciones y filmaciones divulgadas por la TV cubana. Esta táctica es bastante vieja y podemos encontrarla en el diccionario de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos del año 1950 y de 1953 del pasado siglo, en el cual se describe el concepto de Guerra Sicológica, de la manera siguiente: “La guerra sicológica es la acción de propaganda y otros medios de información, emprendida por parte de una nación contra grupos enemigos, para ejercer influencia sobre las opiniones, concepciones, sentimientos y conductas, de manera que apoyen la política y los objetivos de la acción y grupos de la nación que sirve a esa guerra sicológica”.

 Si lo que ejecuta el gobierno norteamericano contra Cuba desde 1959 no es lo mismo, entonces que venga Dios y nos aclare.

 Fuente Blog La isla rebelde
 
 Imagen agregada: Las Damas de Blanco desfilan en La Habana, con el "apoyo" de la prensa extranjera acreditada en Cuba.

viernes, 2 de agosto de 2013

“Nuestra política hacia Cuba, vestigio de la Guerra Fría, es a la vez obsoleta y contraproducente”

Por Salim Lamrani*
Conversaciones con Wayne Smith, último embajador de Estados Unidos en Cuba (I y II Partes)

Wayne S. Smith es el último diplomático estadounidense en ejercer en Cuba con el rango de embajador. Sin relaciones diplomáticas desde su ruptura unilateral con La Habana el 3 de enero de 1961, Washington siempre se ha negado a normalizar sus relaciones con Cuba, a pesar del fin de la Guerra Fría y la opinión unánime de la comunidad internacional.

Este diplomático de profesión, Doctor de la Universidad de George Washington y profesor asociado de la Universidad Johns Hopkins, es también director del “Programa Cuba” del Centro para la Política Internacional. Se le considera el mejor especialista estadounidense de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Smith integró el Departamento de Estado en 1957 y ejerció en la Unión Soviética, Argentina y Cuba. Presente en la embajada estadounidense de La Habana durante el movimiento insurreccional cubano que dirigió el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, Smith asistió a la caída del dictador Fulgencio Batista. Tras la ruptura de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el Presidente John F. Kennedy lo nombró secretario ejecutivo de su Grupo de Trabajo sobre América Latina.

De 1979 a 1982, Smith estuvo a la cabeza de la Sección de Intereses Norteamericanos en Cuba y se distinguió por su política de diálogo y de acercamiento con La Habana bajo el gobierno de James Carter. En 1982, debido a un profundo desacuerdo con la nueva política de la Casa Blanca que elaboró el Presidente Ronald Reagan hacia Cuba, abandonó definitivamente el Departamento de Estado.

Partidario de una normalización de las relaciones con Cuba, Smith aborda en estas conversaciones su experiencia de diplomático en La Habana y la política de Estados Unidos durante los primeros años de la Revolución. Evoca también el acercamiento que inició James Carter con Fidel Castro. Este diálogo termina con una reflexión sobre la actual política de Estados Unidos bajo la administración Obama.

Salim Lamrani: Señor Embajador, ¿a cuándo se remonta su primera experiencia de diplomático en Cuba?

Wayne S. Smith: Mi primera experiencia de diplomático se remonta a agosto de 1958, en plena guerra revolucionaria de los insurrectos de Fidel Castro contra el régimen dictatorial de Fulgencio Batista. En realidad, mi nombramiento a la embajada de Estados Unidos en La Habana se debía más la casualidad que a una elección pensada. Tras dejar el ejército –era un marine–, deseaba integrar el mundo de la diplomacia, ¡con una especialidad en… chino! Luego me fui a estudiar en México y redacté una memoria de Máster que comparaba dos instrumentos de política exterior destinados a proteger zonas de influencias: la Doctrina Monroe en el continente americano y la de la Cortina de Hierro en Europa.

Regresé a Washington en noviembre de 1956, unos días antes del desembarco en Cuba de Fidel Castro con sus 81 guerrilleros procedentes de México, el 2 de diciembre de 1956. Integré la Oficina de Inteligencia y me pidieron que trabajara sobre Cuba. Mi papel consistía en averiguar si había alguna relación entre el Movimiento 26 de Julio (M 26-7) de Castro y los comunistas. No había encontrado absolutamente nada. No había ninguna conexión. Al contrario, el partido comunista cubano no apreciaba mucho a Castro. Había mucha desconfianza hacia él y prefería mantener sus distancias. El acercamiento entre el Partido Socialista Popular –así se llamaba el partido comunista de la época– y el M 26-7 ocurriría más tarde.

Luego integré el servicio de las Relaciones Exteriores. Me transfirieron inmediatamente a La Habana.

SL: ¿Cuál era su punto de vista en aquella época sobre el conflicto que oponía a Fidel Castro y Fulgencio Batista?

WSS: Tras pasar unas semanas en el servicio consular, integré el servicio político de la embajada y estaba encargado de analizar la situación interna. Desde aquella fecha hasta hoy sólo me he ocupado de Cuba. En 1958 estaba convencido de que Castro y sus partidarios tenían grandes posibilidades de conseguir la victoria y que su gobierno sería mucho mejor que el de Batista.

Apoyamos a Batista durante años, incluso durante la guerra insurreccional pues éramos conscientes de que Castro haría una verdadera revolución no sólo en Cuba, sino también en el resto del continente. Había declarado que transformaría los Andes en la Sierra Maestra –macizo montañoso donde se desarrolló la guerrilla del M 26-7– de América Latina. Por supuesto, ello significaba que se opondría a la política de Estados Unidos y reduciría nuestra influencia en el continente, favoreciendo la llegada al poder de gobiernos que se emanciparían de nuestra influencia. Por consiguiente, desde el inicio, nuestra actitud hacia Castro fue hostil.

SL: ¿En qué momento tomó Estados Unidos la decisión de derrocar al gobierno de Fidel Castro?

WSS: En marzo de 1960, durante la explosión del barco francés Le Coubre, cargado de armas belgas, en el puerto de La Habana, Castro nos acusó afirmando que fue obra de la CIA. Probablemente era cierto. A decir verdad no lo sé. Todo el mundo piensa que fuimos nosotros. Podríamos negarlo mil veces y no cambiaría nada, pues nadie nos creería.

Después de ello, durante una reunión en la Casa Blanca con la CIA y el Departamento de Estado, llegamos a la conclusión de que no era posible llegar a un acuerdo con Cuba, particularmente por el discurso sumamente hostil de Castro y el apoyo popular del cual disponía. El Presidente Eisenhower tomó entonces la decisión de derrocar a Castro. A partir de ahí empezaron las acciones destinadas a acabar con él.

SL: Pero ya había actos terroristas contra Cuba desde finales de 1959. Aviones procedentes de la Florida ya bombardeaban Cuba.

WSS: Sí, pero no se trataba de nuestros aviones. Los exilados organizaban esas operaciones. ¿Los apoyaba la CIA? Probablemente. Pero no se trataba de una acción oficial del gobierno de Estados Unidos. En cambio, a partir de marzo de 1960, las acciones que se llevaron contra Cuba formaban parte de un programa oficial destinado a derrocar el poder en La Habana.

SL: No obstante, al triunfo de la Revolución en enero de 1959, todavía no había relaciones con la Unión Soviética.

WSS: Hasta la ruptura de las relaciones en enero de 1961, no había vínculos sólidos entre Castro y la Unión Soviética. Por cierto hubo la visita del diplomático Anastasio Mikoyan a Cuba en 1959, pero no había entonces una relación especial entre Moscú y La Habana.

Diría incluso que el acercamiento se hizo definitivamente la víspera de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961. Castro estaba al tanto de todos los preparativos y sabía a ciencia cierta que sólo era una cuestión de tiempo. No obstante, no pensaba que sólo mandaríamos a unos miles de exilados. Estaba convencido de que varias divisiones de marines seguirían al primer desembarco, lo que no fue el caso.

Del lado de Miami, algunos agentes de la CIA de segunda categoría estaban convencidos de que la invasión sería un paseo y que se derrocaría fácilmente a Castro, como fue el caso en Guatemala en 1954 contra Arbenz. En América Central, el desembarco se hizo por tierra, y en Cuba se haría por mar, pero el resultado sería el mismo, pensaban. La CIA estaba convencida de que los cubanos depondrían las armas y no lucharían. La Agencia incluso pensaba que la población nos recibiría con los brazos abiertos.

SL: Usted estaba en función en Cuba en aquella época. ¿Lo solicitaron para que expresara su opinión sobre la operación?

WSS: Ni siquiera estábamos al tanto de los preparativos. Yo trabajaba en la sección política de la embajada y éramos los más preparados para evaluar la situación interna. Pero nunca nos informaron del menor proyecto. Nadie sabía nada en la embajada.

SL: ¿Qué habría respondido si le hubieran preguntado su punto de vista sobre la operación?

WSS: Habría explicado claramente que sería un fracaso. Un desembarco de unos miles de hombres en Bahía de Cochinos no tenía absolutamente la menor posibilidad de éxito, sobre todo en aquella zona.

SL: ¿Por qué?

WSS: El gobierno de Castro gozaba de un apoyo popular enorme en Cuba, y aún más en aquella región. Aquella zona había sufrido bastante del subdesarrollo y Castro había viajado allí con varios proyectos para permitir que esa población se beneficiara de más prosperidad. Para ella, el nuevo poder era lo mejor que le había sucedido a Cuba, pues estaba saliendo poco a poco de su miseria. Castro era muy popular en la región de Bahía de Cochinos, así como en el resto del país. No había absolutamente ninguna posibilidad de desatar una sublevación popular contra el poder en aquella zona. Pensar lo contrario era totalmente absurdo. Acababan de librarse de Batista que era el símbolo de la explotación. No iban acoger con los brazos abiertos a quienes pretendían restaurar el antiguo régimen.

Entonces, fue la víspera del desembarco, el 16 de abril de 1961, tras los bombardeos de los distintos aeropuertos cubanos en previsión de la invasión, cuando Castro anunció que Cuba era una nación socialista y dio así un paso hacia la Unión Soviética. Su cálculo era el siguiente: dado que la invasión era inminente, iba a necesitar el apoyo de otra superpotencia, la única capaz de hacernos frente.

SL: Entonces la alianza con la Unión Soviética fue una consecuencia directa de la política agresiva de Estados Unidos, ya que durante los primeros dos años de la Revolución Cuba mantuvo una posición de neutralidad en el conflicto que oponía a las dos grandes potencias.

WSS: Fue exactamente eso. Cuba se acercó a la Unión Soviética en gran parte a causa de nosotros, a causa de la política de Estados Unidos. Castro estaba convencido –con razón– de que utilizaríamos todos los recursos necesarios para derrocarlo.

SL: ¿Acaso no habría sido más juicioso por parte de Estados Unidos dar prueba de más diplomacia y enfocar más las relaciones con el nuevo gobierno revolucionario en el diálogo?

WSS: En efecto, podríamos haber intentado establecer una relación positiva con el nuevo poder, pero las fuerzas que había en el Departamento de Estado y en el Pentágono no estaban de acuerdo. Desde el inicio, Washington expresó su escepticismo, si puedo decirlo así, hacia Castro. Pienso que subestimamos a Fidel Castro, quien tenía un apoyo extraordinario de toda la población.

Decidimos entonces romper las relaciones con Cuba y fui el último diplomático de Estados Unidos en abandonar el país. Sólo regresé allí dieciséis años después, en 1977.

SL: Tras la elección de James Carter, en 1977, hubo un acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. ¿Podría contarnos este proceso?

WSS: Cuando llegó al poder, Jimmy Carter expresó su voluntad de tener relaciones con Cuba. ¡Era extraordinario! ¡Acababa de tomar posesión en enero de 1977 y ya estaba hablando de establecer un diálogo con Cuba! Recuerdo haberle dicho a mi esposa Roxy que me iba a perder el tren de la historia pues me encontraba en aquella época en Buenos Aires, como responsable de la sección política de la embajada de Estados Unidos. Pero, afortunadamente, recibí inmediatamente un cable que me invitaba a regresar urgentemente a Washington para participar en los primeros intercambios con los cubanos, que tuvieron lugar en Nueva York. Los primeros encuentros se  celebraron en el modesto hotel Roosevelt, y prosiguieron en el lujoso hotel Plaza. Nuestras relaciones iban mejorando día a día [risas].

SL: ¿Cuáles eran los temas debatidos?

WSS: Al inicio, hablamos de algunos temas secundarios. Luego decidimos ir más lejos y establecer secciones de intereses en La Habana y en Washington que nos permitirían tener una representación diplomática en el país. Teníamos muchos desacuerdos, pero cómo podíamos solucionarlos si no teníamos la posibilidad de hablar de ello, de ahí la importancia de tener diplomáticos en ambas capitales. Nos representaba Suiza en Cuba, Checoslovaquia a Cuba en Washington, pero había temas que no deseábamos abordar a través de otro gobierno.

Después, los cubanos nos invitaron a La Habana y finalizamos el acuerdo sobre la apertura de secciones en la capital cubana.

SL: El Presidente Carter lo nombró a la cabeza de la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana (SINA) en 1979, con el rango de embajador.

WSS: Me nombró al cargo en junio de 1979 y debo decir que la experiencia fue muy fructífera. Hubo varios avances. Delimitamos las fronteras marítimas. Aliviamos el embargo pues permitimos que las filiales estadounidenses ubicadas en el exterior comerciaran con Cuba. Los diplomáticos cubanos y estadounidenses pudieron viajar por todo el país, lo que no era el caso antes. Autorizamos de nuevo los vuelos directos y los exilados pudieron regresar a la isla por primera vez desde el triunfo de la Revolución.

En una palabra, nos encontrábamos en un proceso de normalización completa de nuestras relaciones.

SL: Lamentablemente, James Carter perdió la elección frente a Ronald Reagan en 1981.

WSS: Reagan nombró secretario de Estado a Hall Haig. Éste había declarado que quería hacer de Cuba un “aparcamiento”, lo que indicaba claramente que la política de acercamiento y de diálogo que inició Carter se acabaría enseguida.

El gobierno mexicano había organizado un encuentro secreto entre Haig y el vicepresidente cubano de la época Carlos Rafael Rodríguez. El vicepresidente indicó a Haig que Cuba estaba dispuesta a poner término al envío de armas a las guerrillas de América Central. Cuba esperaba así proseguir el diálogo con Estados Unidos.

SL: ¿Cuál fue la respuesta de Haig?

WSS: Haig rechazó la oferta declarando que Washington no estaba interesado en el diálogo sino en la acción. En realidad Estados Unidos no deseaba de ninguna manera normalizar las relaciones con Cuba.

Dos meses más tarde, el gobierno de La Habana me informó de que Cuba había parado todo suministro de armas con destino a América Central. Los cubanos esperaban así que pudiéramos retomar el diálogo. Transmití la información al Departamento de Estado y pregunté si disponíamos de pruebas que contradijeran la declaración de las autoridades cubanas sobre las armas. Si no era el caso, sugerí que sería bueno retomar el diálogo pues había muchos temas que resolver. Tuve que mandar varios cables y tuve que esperar varios meses antes de recibir una respuesta de Washington.

SL: ¿Cuál fue esa respuesta?

WSS: El Departamento de Estado me informó de que no disponía de ninguna prueba que contradijera la declaración de los cubanos respecto al suministro de armas a América Latina. Pero en el mismo correo, se me informaba de que la Casa Blanca no tenía ningún interés en proseguir el diálogo con Cuba.

Entonces insistí en la necesidad de mantener un contacto con las autoridades cubanas explicando que era nuestro interés proseguir las conversaciones, sin éxito.

Poco tiempo después, el Departamento de Estado publicó una declaración acusando a Cuba de mantener los suministros de armas con destino a América Central  y que Castro había rechazado nuestras propuestas de negociación. ¡Era una mentira total y estaba bien informado para saberlo! Los cubanos estaban dispuestos a debatir nuestros numerosos desacuerdos y era nuestro interés hacerlo.

A partir de ahí, decidí poner término a mi misión diplomática en La Habana, pues no podía seguir trabajando en esas condiciones. Y sobre todo no podía seguir representando al gobierno de Reagan. Pedí entonces que me relevaran de mi cargo en 1982 y puse término a mi carrera de diplomático.

SL: Estaba en desacuerdo con la política hostil de la administración Reagan.

WSS: No sólo estaba en desacuerdo sino que sobre todo no podía soportar las mentiras que emitía el Departamento de Estado. Era simplemente inaceptable. Los cubanos estaban dispuestos a normalizar las relaciones con Estados Unidos pero siempre hemos rechazado el diálogo. No sólo nos negamos a dialogar sino que además mentimos al respecto, acusándolos de oponerse a un acercamiento bilateral entre ambas naciones.

SL: ¿Qué hizo después?

WSS: Justo después de abandonar el servicio de relaciones exteriores, hice el juramento –que quizás nunca debí hacer– de que dedicaría el resto de mi tiempo a hacer que nuestros dos países puedan tener finalmente relaciones normales.

II Parte de la Entrevista:

“Nuestra política hacia Cuba, vestigio de la Guerra Fría, es a la vez obsoleta y contraproducente” Conversaciones con Wayne S. Smith (2/2)

            SL: Actualmente usted es director de Cuba Project del Center for International Policy basado en Washington. ¿Cuál es el objetivo de esta institución?
 
            WSS: El objetivo de nuestro proyecto es poner término a la política que consiste en aislar a Cuba desde hace más de cincuenta años y acercar a nuestros pueblos unidos por la historia y la geografía. Deseamos tener relaciones normales con Cuba. Nuestra política hacia la isla, vestigio de la Guerra Fría, es a la vez obsoleta y contraproducente. La cooperación en todos los campos sería beneficiosa para ambos países.
 
            SL: ¿Por qué Estados Unidos se niega a normalizar las relaciones con Cuba?
 
            WSS: Han pasado los años y todavía estamos en la misma situación absurda. Siempre me pregunto cuáles son las razones que nos impiden sentarnos a la mesa de negociaciones y hablar de nuestros diferendos para encontrar una solución a este conflicto que dura demasiado. Conversamos con los chinos y tenemos relaciones diplomáticas y comerciales perfectamente normales con ese país. Incluso hemos normalizado nuestras relaciones con Vietnam, contra quien libramos una guerra sangrienta, ¡donde perdimos más de 50.000 soldados!

            Hoy el mundo es diferente. La Unión Soviética desapareció y se acabó la Guerra Fría. Castro declaró hace mucho tiempo que Cuba ya no apoyaría a los movimientos revolucionarios en América Latina. Cuba también expresó varias veces su disposición a sentarse a la mesa de las negociaciones. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Cuba ofreció inmediatamente su espacio aéreo y sus aeropuertos para los aviones estadounidenses y expresó su apoyo a Estados Unidos. Cuba había denunciado el terrorismo e hizo partícipe de su voluntad de colaborar plenamente con nosotros en este tema. Cuba firmó las doce resoluciones antiterroristas de las Naciones Unidas.
 
            SL: ¿Cuál fue la respuesta del Presidente George W. Bush?
 
            WSS: En vez de aceptar la mano tendida, Bush puso término a todas las conversaciones con Cuba que se habían establecido bajo la administración Clinton, declarando públicamente que en adelante el objetivo de la política exterior de Estados Unidos sería derrocar al régimen cubano. Durante los ocho años siguientes, la política de Washington tuvo como objetivo derrocar al gobierno cubano. Una política absurda e ineficaz.
 
            SL: ¿Acaso han cambiado las cosas bajo la administración Obama?
 
            WSS: Se levantaron algunas restricciones relativas a los viajes y a las remesas. Ahora los cubanos pueden viajar a su país de origen cuantas veces quieran, mientras que bajo la administración Bush se limitaba a 14 días cada tres años. También es más fácil ahora organizar intercambios académicos y culturales entre los dos país.

            En los años 60, Cuba fue excluida de la Organización de Estados Americanos y todos los países de América Latina –menos México– rompieron las relaciones con La Habana. Ahora es exactamente lo contrario. Somos el único país de América que no tiene relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba. Ahora los aislados somos nosotros y no Cuba.  Como señaló el Presidente Lula de Brasil al Presidente Obama en una cumbre, si no cambiamos esta política obsoleta hacia Cuba, ello dañará nuestra credibilidad internacional.
            Esta política de hostilidad hacia Cuba va contra los intereses de Estados Unidos. Esto no tiene ningún sentido y desgraciadamente no veo a la administración Obama cambiar la situación. Todos pensábamos que su elección permitiría normalizar las relaciones con Cuba, pero no ha sido el caso. Por cierto, suprimió algunas restricciones pero no tomó ninguna medida fundamental que permita la normalización de las relaciones con Cuba. Es muy difícil de comprender.
 
            SL: Estados Unidos explica que no puede normalizar las relaciones con Cuba por la situación de los derechos humanos. Washington no puede levantar las sanciones contra un país que viola los derechos fundamentales.
 
            WSS: La cuestión de los derechos humanos es un argumento que no resiste el análisis. Estados Unidos tiene relaciones con China, Vietnam, Colombia y toda una serie de países que presentan una situación de los derechos humanos mucho peor que la de Cuba.

            Por otra parte, si deseáramos mejorar la situación de los derechos humanos, seríamos mucho más eficaces estableciendo relaciones con Cuba.
 
            SL: Cuba dispone de un partido único que va en contra de los principios democráticos, según Washington.
 
            WSS: China y Vietnam disponen también de un partido único y eso no constituye ningún problema para nosotros. ¿Por qué sería diferente con Cuba?
 
            SL: Según Estados Unidos, la represión de la oposición en Cuba impide toda normalización de las relaciones.
 
            WSS: Soy bastante escéptico. Tomemos el caso de las Damas de Blanco. Se manifiestan libremente en Cuba y publican declaraciones. Yoani Sánchez se comunica con el mundo entero. Las autoridades cubanas no la han encarcelado. Recibo regularmente correos electrónicos del opositor Elizardo Sánchez.

            Por supuesto me gustaría que hubiera más libertad política en Cuba, pero la mayoría de los disidentes actúan libremente en la isla, mientras que no es el caso en numerosos países con los cuales tenemos relaciones diplomáticas y comerciales plenas y completas. Ya no hay ningún preso político en Cuba según Amnistía Internacional.
 
            SL: Washington también acusa a Cuba de tráfico de seres humanos.
 
            WSS: En efecto, el Departamento de Estado acusa a Cuba de tráfico de seres humanos y, obviamente, La Habana rechaza categóricamente la acusación afirmando que dispone de los estándares y mecanismos más avanzados de la región para luchar contra esta plaga.

            ¿De qué prueba dispone Washington para sustentar su acusación? La respuesta es sencilla: ninguna. Nos limitamos a acusar a Cuba de no publicar las medidas que toma para luchar contra este fenómeno. El hecho de que Cuba no comunique al respecto no significa que el país se haya convertido en el centro del tráfico de seres humanos. El informe que publica el Departamento de Estado no proporciona ni un solo ejemplo de implicación cubana en este tipo de crimen. Afirma incluso que el código penal cubano sanciona severamente el tráfico de seres humanos. El informe argumenta que la prostitución no es un delito en Cuba. Pero se tolera también en muchos países del mundo, incluso en Estados Unidos.
            En una palabra, los informes anuales del Departamento de Estado al respecto no aportan ni una sola prueba que sustente esas acusaciones. Lo que resulta más grave es que esos falsos informes deliberadamente engañosos arrojan una sombra sobre la credibilidad de todo el programa de lucha contra el tráfico de seres humanos.
 
            SL: Desde 1982, Estados Unidos mantiene a Cuba en la lista de los países que patrocinan el terrorismo internacional, lo que constituye un obstáculo a la normalización de las relaciones entre ambos países. ¿Qué criterios motivaron la decisión de incluir la isla?
 
            WSS: En marzo de 1982, decidimos incluir a Cuba en la lista de los países que patrocinaban el terrorismo por su apoyo a la guerrilla en El Salvador. El problema es que nosotros hacíamos exactamente lo mismo ya que apoyábamos a  los contras en Nicaragua, con el fin de derrocar al gobierno sandinista. Por otra parte, en diciembre de 1981, el gobierno cubano me había informado personalmente de que había cesado todo envío de armas con destino a América Central. Mientras Cuba buscaba mejorar las relaciones con Estados Unidos, nuestra respuesta fue ubicarla en la lista de los países que patrocinaban el terrorismo.

            Cuba no debería formar parte de esta lista y le voy a explicar las razones. Hace más de 30 años que colocamos a Cuba en esta lista bajo pretextos falaces que no resisten un solo instante el análisis. Cuba siempre condenó el terrorismo y firmó –repito– las doce resoluciones antiterroristas de las Naciones Unidas. Cuba incluso propuso firmar un acuerdo con Estados Unidos al respecto, oferta que siempre hemos rechazado.
 
            SL: Washington reprocha a Cuba albergar a miembros de las FARC y de otras guerrillas colombianas.
 
            WSS: El Departamento de Estado acusa a Cuba de albergar a miembros de la organización separatista vasca ETA y de las FARC colombianas. Conviene subrayar que estos miembros se encuentran en Cuba con el total acuerdo del gobierno español. Por su parte el gobierno colombiano, lejos de acusar a Cuba de albergar a guerrilleros, saludó varias veces la contribución de La Habana en el proceso de paz.
 
            SL: Estados Unidos denuncia el hecho de que Cuba albergue a fugitivos estadounidenses.
 
            WSS: Es verdad que ciudadanos estadounidenses condenados por nuestra justicia se han refugiado en Cuba. Pero ello no basta para ubicar a un país en la lista de Estados que patrocinan el terrorismo, incluso según nuestra propia legislación. Cuba se niega a extraditarlos, pero también nos hemos negado a extraditar a Cuba a reconocidos terroristas, responsables de numerosos asesinatos, que se encuentran en nuestro territorio. Desde 1959 no hemos extraditado a ninguno de ellos.

            El Departamento de Estado ha buscado todos los pretextos para mantener a Cuba en esta lista. Por ejemplo, en 2002, Washington acusó a La Habana albergar a terroristas chilenos, lo que el propio gobierno de Chile desmintió. Luego acusamos a Cuba de estar en contra de la guerra en Irak, olvidándonos de que nuestros aliados más cercanos también habían expresado su desacuerdo.
            También acusamos a Cuba de desarrollar armas biológicas. El propio presidente Jimmy Carter, durante su visita a Cuba en 2002, quien tuvo un acceso total a los centros de investigación apuntados por el Departamento de Estado, desmintió esas informaciones.
 
            SL: Tras el 11 de septiembre de 2001, Bush declaró que a todo país que albergara a un terrorista se le consideraría terrorista. Al mismo tiempo Luis Posada Carriles, un exilado cubano y antiguo agente de la CIA responsable de más de un centenar de asesinatos, se encuentra en Miami y jamás ha sido juzgado por sus crímenes. Hizo estallar un avión civil cubano en pleno vuelo en 1976, lo que costó la vida a 73 personas entre las cuales se encontraba todo el equipo juvenil de esgrima. Es el autor intelectual de la ola de atentados sangrientos que golpearon la industria turística cubana en 1997 y 1998. Reivindicó abiertamente esos actos terroristas en una entrevista en el New York Times el 12 de julio de 1998. ¿Cómo explica esta contradicción entre la retórica gubernamental y la realidad de los hechos?
 
            WSS: Si seguimos la lógica de Bush, entonces somos un Estado terrorista. No se trata sólo de Luis Posada Carriles. Hay todo un grupo de notorios terroristas de origen cubano que se encuentran en libertad en Estados Unido.

            Washington debería arrestar a Posada Carriles y juzgarlo por sus actos terroristas. Deberían meterlo en prisión. Es del interés del pueblo estadounidense.
 
            SL: ¿Por qué se niega Estados Unidos a juzgarlo?
 
            WSS: Nos negamos a juzgarlo a causa de la influencia de la comunidad de exilados cubanos. Por otra parte, dado que fue agente de la CIA, podría hacer declaraciones comprometedoras para todo el aparato gubernamental. Conviene recordar que muchos terroristas cubanos exilados empezaron trabajando en la CIA realizando atentados en Cuba. Una vez que la CIA cerró su base en Miami y cambió de táctica, personajes como Posada Carriles u Orlando Bosch actuaron por su propia cuenta.

            Las pruebas contra Posada son abrumadoras. Documentos desclasificados del FBI y de la CIA muestran que Posada y Bosch estuvieron implicados en el atentado de 1976 que costó la vida a 73 personas, así como en el asesinato de Orlando Letelier, antiguo ministro chileno del gobierno de Salvador Allende, ejecutado en pleno Washington también en 1976, con su asistente Ronnie Moffitt, ciudadana estadounidense. Disponemos también de las grabaciones en las cuales Posada Carriles reconoce ser el autor de los atentados de La Habana de 1997, incluso el del hotel Copacabana que costó la vida al hombre de negocios italiano Fabio di Celmo.
            Nuestra justicia no sancionó ninguno de esos actos terroristas, incluso los que cometió en Estados Unidos contra una ciudadana estadounidense. Al contrario, toleramos eso. Orlando Bosch incluso consiguió el indulto presidencial del presidente George H. W. Bush.
            Cuando Posada Carriles fue juzgado en El Paso, Texas, por un problema migratorio –no por sus actos de terrorismo– pues había entrado en el territorio nacional de modo ilegal, todo ello apareció en el juicio. La jueza Kathleen Cardone, quien debía su puesto al presidente Bush, decidió absolverlo de todos los cargos.
 
            SL: El caso de los cinco presos políticos cubanos encarcelados en Estados Unidos desde 1998, por infiltrarse en grupúsculos violentos del exilio cubano implicados en actos terroristas contra Cuba, constituye actualmente el principal obstáculo a la normalización de las relaciones entre ambas naciones. ¿Cuál es su punto de vista sobre este asunto?
 
            WSS: En los años 90, tras el desmoronamiento de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, un sector del exilio cubano, deseoso de acabar con el gobierno de La Habana, volvió a recurrir a la violencia terrorista. Cuba dependía entonces del turismo para sobrevivir. Grupúsculos extremistas hicieron estallar decenas de bombas en hoteles en Cuba, ocasionando una caída espectacular del flujo turístico. Decenas de personas resultaron heridas y como dijimos un italiano, Fabio di Celmo, murió tras la explosión de una bomba en el hotel Copacabana.

            Ante la falta de reacción del gobierno de Estados Unidos, que dejaba una completa libertad a estos individuos, Cuba infiltró a sus propios agentes en esos grupúsculos. Tras recolectar suficiente información sobre su actuación, los agentes cubanos transmitieron a La Habana un informe sobre cerca de cincuenta personas implicadas en atentados terroristas contra Cuba.
 
            SL: ¿Se transmitió esa información a las autoridades estadounidenses?
 
            WSS: Mejor que eso. En julio de 1998, el gobierno cubano invitó a varios altos responsables del FBI en La Habana y les transmitió toda la información que recolectaron los agentes, que demostraba que varias organizaciones del exilio cubano estaba planificando actividades terroristas y en algunos casos eran responsables de atentados.

            Los cubanos pensaban que con proporcionar esas pruebas al FBI, el gobierno de Estados Unidos tomaría las medidas necesarias para neutralizar a esos individuos.
 
            SL: ¿Cómo reaccionó Estados Unidos?
 
            WSS: En vez de eso, el FBI realizó una investigación para descubrir cómo había conseguido Cuba esa información y procedió al arresto de cinco agentes de la seguridad del Estado infiltrados en la Florida. Es verdaderamente lamentable ya que ello arroja una sombra sobre la credibilidad de nuestra política contra el terrorismo.
 
            SL: ¿No violaron los cinco cubanos la ley estadounidense?
 
            WSS: Sólo eran culpables de una cosa: eran agentes de una potencia extranjera no declarados ante las autoridades estadounidenses. También eran culpables de delitos menores, como posesión de documentos falsos. En ningún caso estaban involucrados en actividades ilegales.

            No obstante fueron juzgados y condenados a penas de prisión muy severas, es decir, en total, a cuatro cadenas perpetuas dobladas de 77 años, aunque se redujeran las penas en el proceso de apelación. Gerardo Hernández fue condenado a dos cadenas perpetuas más 15 años, Ramón Labañinó a 30 años, Antonio Guerrero a 21 años y 10 meses, Fernando González a 17 años y 9 meses y René González a 15 años. Todo ello por intentar impedir la realización de actos terroristas contra su país. Este juicio es una vergüenza terrible para la justicia de Estados Unidos.
 
            SL: Se han agotado casi todos los recursos legales. ¿Piensa que la solución de este caso pasará por un acuerdo político entre La Habana y Washington?
 
            WSS: Muchos de nosotros pensamos que el Presidente Barack Obama autorizaría a la Corte Suprema el estudio del caso. Si el proceso hubiera seguido un curso normal, sin injerencia política, la Corte Suprema habría visto el caso. En vez de ello, el Presidente Obama pidió explícitamente a la Corte Suprema que no revisara el juicio.
 
            SL: ¿Por qué tomó el Presidente Obama semejante decisión?
 
            WSS: Parece que lo presionó la derecha cubanoamericana intransigente que rechaza toda idea de normalización de las relaciones con La Habana. Resulta curioso que le conceda tanto crédito, cuando los sondeos ilustran que su influencia en la comunidad cubana de la Florida es cada vez menos evidente. Cerca del 70% de la opinión pública de Estados Unidos piensa que Washington debería tener relaciones normales con Cuba. Por otra parte, ganó las elecciones en la Florida sin el apoyo de la derecha cubanoamericana.

            Debemos liberar a los cinco inmediatamente pero temo que queda mucho camino por recorrer.
 
            SL: Evoquemos el caso del ciudadano estadounidense Alan Gross, encarcelado en la isla desde 2009 y condenado a quince años de prisión por colaborar en un programa de la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (USAID), cuyo objetivo es conseguir “un cambio de régimen en Cuba”. Había proporcionado a los disidentes equipos de telecomunicación. ¿Qué debe hacer el gobierno cubano, a su parecer?
 
            WSS: Gross es culpable de los actos de los que se le acusa y violó la ley cubana. Pero creo que debería ser liberado por razones humanitarias. Pienso incluso que los cubanos estarían dispuestos a hacerlo si consiguieran la seguridad de que haríamos lo mismo con los cinco.
 
            SL: ¿Qué piensa de las sanciones económicas contra Cuba, en vigor desde 1960?
 
            WSS: La Guerra Fría se acabó en 1991. Deberíamos haber normalizado nuestras relaciones desde entonces. ¿Qué hemos hecho? Exactamente lo contrario. Adoptamos la Ley Torricelli en 1992, la Ley Helms-Burton en 1996 y los dos planes de Bush en 2004 y 2006 que agravan las sanciones contra Cuba. Hemos hecho exactamente lo contrario de lo que habíamos afirmado cuando impusimos las sanciones. Todavía nos encontramos en ese punto. No tengo una explicación lógica. Tengo la impresión de que Cuba tiene el mismo efecto sobre Estados Unidos que la luna llena sobre los lobos. Somos incapaces de actuar racionalmente en nuestra política hacia Cuba.
 
            SL: ¿Cómo analiza las reformas económicas iniciadas por Raúl Castro?
 
            WSS: Creo que es el camino correcto. De todos modos, eso tenía que cambiar un día u otro. Debo decir que soy bastante optimista pues Raúl Castro y sus hombres procedentes del ejército son buenos hombres de negocios y lo han demostrado en el sector turístico. Hicieron un excelente trabajo en este campo.
 
            SL: ¿Qué imagen tienen los ciudadanos estadounidenses de Cuba?
 
            WSS: El pueblo estadounidense tiene una imagen falsa y sesgada de Cuba pero, por otro lado, es favorable a la normalización de las relaciones. Todos los estadounidenses sueñan con descubrir Cuba, que dispone de una población educada y de un excelente sistema de salud. A guisa de comparación, mire sencillamente el número de ciudadanos estadounidenses que no tiene acceso a un seguro médico.
 
 
*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Texto original en Opera Mundi