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jueves, 23 de octubre de 2014

¿Por qué Cuba puede hacer tanto contra el ébola?

Por Angel Guerra Cabrera*

Cuba está realizando una aportación mayor de personal sanitario al combate del ébola en Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry –los tres países invadidos por la epidemia- que ningún otro estado en el mundo.
El complejo mediático que usualmente dispara sin pausa mentiras y calumnias contra la isla no ha tenido más alternativa que reconocerlo puesto que es imposible ocultar un hecho de tan extraordinaria relevancia relacionado con el enfrentamiento a una enfermedad que se ha vuelto noticia de primera plana y que si no es frenada a tiempo puede convertirse en una pandemia global, como alertó Raúl Castro.
El secretario de Estado John Kerry, que nunca ha pronunciado una palabra amable hacia La Habana y jefe de una política exterior que cada vez aprieta más duro la asfixiante tuerca del bloqueo tuvo que reconocer el aporte cubano.
El The New York Times va más lejos pues días después de haber reclamado editorialmente el restablecimiento de las relaciones diplomáticas Estados Unidos-Cuba y el eventual levantamiento de la medida punitiva –no sin hacer algunas alegaciones infundadas-, publica una nueva entrega titulada “La impresionante contribución de Cuba a la lucha contra el ébola” en la que lamenta que Washington, “primer contribuyente financiero” en esta lucha no tenga vínculos diplomáticos con La Habana, “dado que Cuba podría terminar desempeñando la labor más vital”.
El editorial propone que Estados Unidos dé cabida en un centro médico especial que ha habilitado en Monrovia –capital de Liberia- a los trabajadores sanitarios cubanos que eventualmente puedan ser contagiados con la enfermedad y contribuya de ser necesario a su evacuación.
El diario censura que las autoridades estadunidenses “insensiblemente”, se han rehusado a indicar si estarían dispuestos a brindar algún tipo de apoyo y termina dando la razón a Fidel Castro cuando en una columna publicada en Granma expresó la disposición de Cuba a colaborar “gustosamente” con Estados Unidos en aras de enfrentar la epidemia.
Posteriormente, el martes 21 de octubre, voceros del Departamento de Estado dijeron que Estados Unidos estaría dispuesto a colaborar con Cuba en el combate al ébola pero sin especificar cómo.
Es pertinente puntualizar que, independientemente de las particularidades del ébola y de la grave amenaza para la vida de millones de personas que significaría su eventual propagación, Cuba no está haciendo nada que no haya hecho antes.
Desde el triunfo de la Revolución, la solidaridad con los demás seres humanos ha sido siempre un principio cardinal de la educación y la cultura política en la isla, correspondido en la práctica con innumerables acciones de solidaridad internacional en el curso de los años, particularmente en el campo de la salud pública. Sin ir muy lejos, la acción de la brigada médica cubana en Haití, apoyada por médicos haitianos y latinoamericanos formados en Cuba, fue decisiva para frenar la extensión de la tremenda epidemia de cólera en ese país.
Esto solo es posible porque la Revolución ha construido un sólido sistema de salud pública cuyo principio ético básico es que no hay nada más importante que la vida de un ser humano. Podrán faltar medicamentos y equipos cada vez más negados por el bloqueo pero la calidad humana y científica del personal sanitario cubano sigue asegurando que los índices de salud de Cuba sean los mejores de América Latina y varios de ellos superiores a los de Estados Unidos.
No ha de extrañar a nadie que en la isla existan miles de voluntarios dentro del personal de salud para partir a combatir el ébola ni que los cientos de médicos y enfermeros cubanos involucrados directamente en la lucha contra la enfermedad estén apoyados en labores preventivas por más de 4000 compatriotas trabajadores de la salud que laboran actualmente en 32 países africanos desde mucho antes del estallido de la epidemia.
La celebración, en La Habana, de la cumbre de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba) dedicada a preparar a sus miembros para prevenir y combatir el ébola, y proteger sobre todo a los países caribeños más vulnerables, complementa las acciones iniciadas por Cuba. El Alba ha invitado a convocar una reunión de ministros de salud de la Celac, que seguramente contribuirá a crear una red regional de protección de nuestros pueblos contra esta y otras epidemias.

*Periodista cubano residente en México y columnista del diario La Jornada.
(Fuente La Jornada; Tomado de Cubadebate)
Cumbre extraordinaria del ALBA-TCP sobre el bola, celebrada en La Habana el 20 de octubre de 2014. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

martes, 14 de octubre de 2014

Cuba: soberanía y futuro, y los bordes temidos de la alteridad

En el día de ayer les compartimos un trabajo de IPS sobre el primer encuentro, realizado en la Ciudad de Matanzas, del Proyecto Cuba Posible. Hoy, uno de los participantes en el encuentro, el narrador y crítico cultural Alberto Abreu, nos hace llegar su valoración del mismo; esperamos poderles ofrecer en algún momento, las ponencias presentadas.
Seguiremos con interés este proyecto que pudiera convertirse, sí, en un espacio facilitador del diálogo, desde la alteridad y el respeto, desde la unión y siempre desde la valoración de una soberanía -como me escribiera ayer uno de mis lectores- que defienda que, "Para Cuba soberanía sin antimperialismo, sin internacionalismo, sin socialismo-comunismo: martiano, marxista, leninista y fidelista, no es soberanía"

Cuba: soberanía y futuro, y los bordes temidos de la alteridad
Por Alberto Abreu Arcia*
 
Cuando el lector de Afromodernidades lea estas notas ya se habrán cerrado las puertas del primer coloquio “Cuba: soberanía y futuro”, una de las primeras acciones realizadas por el proyecto Cuba Posible, la cual reunió, durante dos días, a más de sesenta intelectuales provenientes de Cárdenas -ciudad sede-, La Habana, Holguín, Villa Clara y Santiago de Cuba. Conceptos como: sociedad civil, ciudadanía, democracia participativa, crisis del modelo socioeconómico, soberanía popular, cambio… estuvieron entre los más escuchados y debatidos en el evento. Por ejemplo, Ovidio D´Angelo inició su intervención refiriéndose a “ciertos prejuicios y estereotipos” no sólo por parte de Estados Unidos sino también del propio Estado cubano con respecto al concepto de la sociedad civil. Posteriormente analizó cómo la complejidad del tejido social y la subjetividad de nuestra población constituyen, en la actualidad, los grandes desafíos que debemos encarar en los empeños por construir una sociedad civilizada, popular y emancipatoria.

 También aludió a algunos datos, arrojados por investigaciones recientes, los cuales plantean que la quinta parte de las familias que conforman la sociedad cubana son disfuncionales, viven en un contexto de un fuerte deterioro socioeconómico y en condiciones de pobreza. Subrayó que las expectativas sociales de la población cubana, en el presente, solo se circunscriben a pensar en el hoy, “el diario”, en cómo yo puedo sobrevivir sin importarme el otro(s). Lo que plantea un reto monumental a la hora construir las bases de una soberanía, sustentada en la idea de ciudadanías inspiradas en la colectivización y solidaridad. A esto se añade, observó D´Angelo, el desgaste y descontextualización de organizaciones sociales como el Poder Popular y los C.D.R. las cuales se han rutinizado y perdido sentido. Con respecto al impacto que está teniendo en la sociedad cubana el nuevo escenario de apertura económica se preguntó: “¿Qué tipo de propiedad privada deberíamos estar proponiendo desde un enfoque socialista, emancipatorio en lugar de ese despelote abierto a cualquier opción que incluso se está dando con las cooperativas?” Y observó que se está haciendo muy poco para construir solidaridad.

 Rafael Hernández, por su parte, desde la perspectiva de las ciencias políticas proponía un grupo de preguntas, al tiempo que demandaba del auditorio: respuestas. Éstas fueron algunas de ellas: “¿Cómo se ha fundado este equilibrio de poderes en Cuba? ¿Cuándo? ¿Ha cambiado este equilibrio de roles y poderes a lo largo de cinco décadas o es el mismo? ¿Hemos tenido etapas o hemos estado siempre igual? ¿Han evolucionado las normas y regulaciones que han regulado las funciones del sistema político?[…] ¿Es el sistema político cubano lo que la ciencia política llama un sistema abierto o cerrado? ¿Dónde termina el sistema político y comienza la sociedad?”

 En las sesiones se habló (reflexionó) en voz alta y de manera clara, como de niños nos enseñaron nuestros padres que se debía cantar el himno nacional. Aquí, como dicen en mi barrio, se le llamó al pan: pan y al vino: vino. Algunas intervenciones se extendieron más de la cuenta. Más que preguntar dirigidas al panel o a los conferencistas devinieron en una especie de catarsis intelectual. Lo que demuestra la necesidad que existe entre nosotros de escenarios de este tipo, que permita la discusión lucida, abierta y respetuosa sobre los problemas más candentes de la realidad cubana.

 Sin embargo, mientras escuchaba con atención las diferentes intervenciones, no pude evitar varias preguntas relacionadas con el tema del coloquio y enunciadas desde mi posicionamiento como negro y homosexual. ¿Cómo ser audible mi voz, preocupaciones e interrogantes dentro de esa plataforma plural, de unidad dentro de la diferencia y de futuridad a la cual ha convocado Cuba Posible? A la hora de mapear conceptos como soberanía, ciudadanía y sus sucesivos avatares por el imaginario de la nación cubana: ¿describen negros, homosexuales, mujeres y otros sujetos deshitoriados el mismo itinerario que el resto de las identidades históricamente hegemónicas?, ¿acaso no fueron la noción de ciudadano moderno, las constituciones, los manuales de urbanidad, las gramáticas de la lengua, anclados en la ideología higienista de la modernidad, en control sobre los lenguajes corporales y el deseo otro, los dispositivos disciplinarios que desde los inicios del proyecto de modernidad latinoamericano confinaron a las márgenes, a los espacios residuales de la nación a estas identidades?, ¿a la hora de leer la historia de la nación cubana, la ciudadanía históricamente subyugada de estos sujetos no opera como un contradiscurso que revela lo que Calvert Casey llamó “la patriotería aristocratizante” de los padres fundadores de la nación?, ¿acaso en sus escritos no están codificados tanto sus intereses de clases como su imagen ideal y excluyente de lo nacional, contraria a la comunidad imaginada por las capas populares y subalternas de la sociedad? Y lo que todavía puede ser más preocupante: ¿Hasta qué punto las ciencias sociales y el pensamiento historiográfico cubano al hablar de pluralidad, diferencia, soberanía y respeto al otro continúa reproduciendo criterios de ordenamiento, clasificación y jerarquización de la razón occidental, y los paradigmas teóricos de la hegemonía: hablando en nombre de una historia única, lineal, totalizadora, y de un sujeto universal sin rostro, color de piel, que no toma en cuentas nuestras múltiples memorias de una nación formada en la diferencia colonial ?

 En esta dimensión se movían las preguntas que formulé a Julio Cesar Guanche cuando, concluida su conferencia, solicité la palabra. Su respuesta fue más allá: se pronunció por la creación de un marco legal y jurídico que protegiera los derechos de estas identidades cuya ciudadanía ha sido históricamente subyugada. Reclamo que varios activistas contra la homofobia y la discriminación racial venimos realizando desde hace bastante tiempo.

 Desde luego, Cuba Posible recién acaba de nacer. Mucho trecho tiene por andar, trabajar, soñar para, finalmente, ubicarse en esos espacios de representatividad, autoridad y reconocimiento, y convertirse en un enclave imprescindible para el dialogo y la confrontación sabia y responsable dentro de la comunidad intelectual cubana y la sociedad toda. Pero su alumbramiento ha sido un acontecimiento feliz y oportuno.

 Finalmente, pienso que una contribución significativa del proyecto Cuba Posible al complejo imaginario social y político de este nuevo milenio estaría en trabajar porque que estas identidades y sujetos subalternos puedan hablar por sí y desde sí, contar sus percepciones sobre la ciudadanía, sus modos de ser democrático, articular el relato de sus memorias, y gestos de contrainsurgencia frente a un poder y una escritura de la Historia con mayúscula concebidos como blanco, varón, heterosexual, y hacerlos sin mediaciones ni el rol ventrílocuo del otro de la hegemonía.

 También (aprovechando la vastísima experiencia acumulada en este sentido por el Centro de Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba durante estos años) Cuba Posible pudiera convertirse en un espacio facilitador del diálogo, las alianzas, negociaciones, y el diseño de estrategias conjuntas entre organizaciones como el CENESEX, el capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente para las Américas y el Caribe (ARAAC), blogueros y otros proyectos comprometidos, al igual de Cuba Posible, con los pobres de la tierra, y que hemos decido amar y construir una nación con todos y para el bien de todos, pero desde el respeto a la alteridad.

Tomado de su Blog Afromodernidades
 
*Narrador, ensayista, curador y crítico cultural.