Acabo de leer las Reflexiones del compañero Fidel titulada Espero no tener que avergonzarme (www.cubasocialista.cu, 29/2/08), las que me motivaron a reiterar en estas líneas razones que explican mi absoluto y resuelto acompañamiento a su vida y obra.Ante todo deseo recordar que cuando Fidel decidió no aspirar ni aceptar el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe, fue consecuente con su discurso del 6 de marzo de 2003 ante
En este momento evito repetir lo que escribí en Gracias, infinitas Gracias por ser Fidel (www.adelante.cu, 19/2/08). Pero sí quiero hacerme eco de lo publicado en Nuestra decisión (www.juventudrebelde.cu, 24/2/08), donde aparecen respuestas a la interrogante “¿Qué lecturas, más allá de las pasiones sentimentales, le dan los jóvenes al valiente mensaje de Fidel?”. Aquí va apenas una muestra sobre qué piensan jóvenes cubanos acerca del Comandante en Jefe en la actual coyuntura histórica:
“Con él no se puede andar con tapujos, critica con fuerza, de frente, pero siempre ha sido el primero en criticarse. Así pasó en la zafra de los diez millones. Fue él justamente quien impulsó el proceso de rectificación de errores. Eso todavía necesitamos aprenderlo muchos”.
“Él mismo pudo haberse dedicado a ser escritor, por su excelente prosa; o a la abogacía que fue lo que estudió; o a administrar los bienes de su familia. Sin embargo, analizó que tenía primero deberes morales y patrióticos que cumplir”.
“Si lo seguimos, si le somos fieles,
Lejos, muy lejos está la posibilidad de que el compañero Fidel se tenga que avergonzar. No puede ser de otro modo, si en rigor él ha sido –por lo menos- esclavo de su pueblo. Sus Reflexiones por siempre constituirán un arma más del arsenal con la cual se cuente, sabia nutriente de nuestra Patria revolucionaria y socialista. Su combate a tono con el apotegma martiano según el cual “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras” es un Sol moral.
Su ser deviene compañía de todas las generaciones de sus compatriotas: de la que con él nos condujo a la clarinada del Primero de Enero; de la generación intermedia que aprendió con él los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una Revolución; de la generación de jóvenes cuyo paradigma de defensa-enriquecimiento-superación constante es su ejemplo; de la generación de infantes, adolescentes y hasta de la que está aún por nacer, por el compromiso guevariano que él hizo suyo: ¡Hasta la victoria siempre! Es nuestro imperecedero Comandante en Jefe.
Sencillamente, es él síntesis de la vergüenza por excelencia.
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