Por Orlando Cruz Capote
El canta-autor Juanes, Cuba, la cultura y sus mediaciones con la política
El concierto en Cuba del colombiano Juanes volvió a despertar “sospechas” de un lado y del otro del espectro ideopolítico norteamericano, latinoamericano-caribeño y desde dentro de la propia Cuba. Pero en este mundo donde predomina la cultura capitalista transnacional y neoliberal -hegemónica además- debemos saber y comprender cuáles deben ser las mediaciones políticas y culturales que podemos seleccionar con fino olfato ideológico y político -es decir, críticamente- para seguir fines estratégicos y tácticos que nos permitan abrirnos paso ante ese bloqueo genocida y criminal que nos ha impuesto el Imperio del Potomac. No es un gesto político directo sino es una amplia política cultural de matices muy latinoamericanos y universales.
Porque pecaríamos de incultos y disfuncionales (anal)-fabetizados al “botar la criatura con la bañera”, sin ocuparnos de beber muy críticamente de esas cascadas incesantes y rápidas de aguas culturales de diversa naturaleza, para saber como tomar, comprender y aprehender lo que nos puede servir en el apoyo a nuestras alternativas socialistas y de izquierda, que tienen que ser, por sobre todo, creaciones heroicas, como lo expresara el Amauta peruano José Carlos Mariátegui.
Un comentario crítico atribuido al Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara sobre el letrado argentino y universal Jorge Luis Borges, me servirá para iniciar mis opiniones al respecto. Dicen que el Comandante Guevara expresó acerca del intelectual porteño “[...] que lástima que siendo tan buen escritor sea tan conservador en la política”. Eso mismo los cubanos podemos decir de Jorge Mañach, un hombre de cultura enciclopédica y muy cubana, que fue en la vida política un individuo de pro-derecha y un anticomunista -en realidad muy anti-partido comunista-, y que formó parte de aquellas agrupaciones de centro derecha en la Isla cuando ésta era neocolonia de los norteamericanos. Pero los valores que poseen estos dos hombres, con dones especiales y también ostentadores de una ambigüedad y una ubicuidad política e ideológica contradictoria, no pueden hacernos olvidar lo que significaron y signaron para las tradiciones históricas y culturales latinoamericana-caribeñas y cubanas.
La algarabía a favor y en contra de Juanes ha sido, como siempre, estrepitosa, en especial porque el hombre vino a Cuba a cantar bajo los auspicios de los Conciertos por la Paz. Los del Norte, léase los EE.UU. y, en especial, los del Miami reaccionario, han proferido amenazas y agresiones contra el popular cantante, muy insertado en ese mercado cultural capitalista de la música. Los de las filas de la izquierda más radical a ultranza -sabe Dios qué cosa es la izquierda para algunos- también han lanzado sus lanzas contra Juanes y sobre todo contra el Gobierno y el Ministerio de Cultura del Verde Caimán.
Adentro, los que decidimos a fin de cuenta lo que hacemos, cuándo, cómo y por qué lo realizamos también tenemos nuestros criterios encontrados, pero saludamos el hecho de que Juanes haya desafiado el bloqueo y también nos preocupamos -y nos vanagloriamos- por el gesto asumido y lo que puede significar para su vida artística, el haber cantado en la patria socialista de Fidel, de Raúl y haya estado entre nosotros contra viento y marea. El riesgo de estar en Cuba ya lo han conocido otros artistas que tienen su mercado y dinero muy asegurado en los EE.UU., incluso cubanos que han ido allá: le cierran las disqueras, los agreden, les queman sus obras y los atacan hasta la saciedad y sin ninguna cultura racional. Puro animalismo político.
Siempre en mis artículos -o casi siempre en algunos de ellos- he ubicado a la Mayor de las Antillas, geográfica y geopolíticamente, en este mundo occidental, cristiano, machista, paternalista y sabiendo que el pueblo cubano siempre va a poseer una visión tentadora, pero realmente aún muy “eurocéntrica” y “norteamericanizadora”, hacia esos valores de la cultura capitalista occidental; y que esa mentalidad colonial desde el poder -heredada y reproducida en este océano de capitalismo-imperialismo mundial- nos va a quedar como una resaca y un atavismo muy duradero y también pernicioso. Y que contra sus peores valores éticos y antihumanos debemos luchar de forma decidida y consciente, política, educacional y culturalmente, porque no podemos estar inmersos ingenua y espontáneamente en la enorme cantidad de seudo-cultura, entretenimientos banales y anti-cultura que se produce hoy y que es consustancial al modo de producción capitalista y su sistema de dominación múltiple.
Diría, a fuerza de ser sincero y honesto, que nos sobrepasa abierta y encubiertamente como una asignatura pendiente de esa modernidad importada, porque junto a esas negativas expresiones -ya reflejadas unas líneas más atrás- también tenemos una mirada discriminadora, racista, depredadora, alienante y enajenante, exclusivista, etc., que debemos dejar detrás, aunque nos pasemos la vida construyendo el socialismo para llegar al comunismo, que es nuestra verdadera meta final, si existe un fin.
He expresado que fuimos hijos de la modernidad europea, con sus luces y sus sombras, que fuimos avasallados por la conquista y el colonialismo español y evangelizados con la cruz y con la espada; que fuimos mestizos, lamentable pero luego con dignidad y honor, por la Trata de esclavos que se produjo de manera brutal y cruel desde más de 15 actuales naciones de África hacia América -gracias a esa Europa civilizada que asesinó a nuestros pueblos originarios- y que fuimos neocolonizados por los gobernantes del monroísmo y el Destino Manifiesto mesiánico estadounidense. Y todo ello en sólo 500 años, que constituye muy poco para la historia de un pueblo -nuevo y mestizo- y que solo lleva 50 años en una dura pelea por construir, en un largo tránsito, un socialismo patriótico, antiimperialista y latinoamericanista, solidario e internacionalista. Y lo hemos hecho, aunque tengamos éxitos y dificultades y múltiples problemáticas por resolver.
Pero siempre seremos esa mezcla y síntesis cultural y, no obstante, es el mismo país-estado-nación donde nació, se forjó y fraguó una cultura propia, una identidad nacional y cultural contra-hegemónica, de resistencia, de desarrollo autónomo, original-creativa y muy auténtica; que se constituyó en un valladar contra la penetración de los imperialismos en las diferentes épocas históricas, fundamentalmente, el estadounidense. Y estuvimos construyendo un socialismo cubano junto a un socialismo modélico soviético y europeo-oriental que también influyó en nuestros aciertos y errores. Pero esa “gran” andanza por la historia también nos hizo más universales y, paradójicamente, más cubanos y latinoamericanos.
El señor tremendista José Sant Roz -al que desconozco, y que escribe desde las páginas de Kaos en la Red y Aporrea- que parece ser “más papista que el Papa”, anda lanzando una revolución anti-cultural y anti-cubana que debe gustarle más a Hillary Clinton que el famoso concierto de Juanes en La Habana. Nosotros no podemos arrepentirnos de estar ubicados a 90 millas de los EE.UU. y que seamos admiradores de la cultura occidental y que miremos y escuchemos música de ese país, que nos guste su ritmo y forma de hacer.
Ahora deseo recordarle una anécdota del Canciller de la Dignidad, el cubano inmortal Raúl Roa García. Este intelectual orgánico y comprometido que fue nuestro representante en la OEA y en la ONU, ante una andanada de preguntas de periodistas norteamericanos que le habían puesto como simple condición el hecho de responderlas todas y que él dijo que sí, pero si a la vez le publicaban todas sus respuestas, contestó a una interrogante provocadora que cuestionó que, cómo era posible que él, que era tan antinorteamericano y antiimperialista fumara cigarros Camell -de origen norteño-, él impasible le respondió que “[...] eso él lo hacía porque le salía de sus co...”
Porque a pesar de que debamos ser más críticos y selectivos en las búsquedas culturales, somos también el primer país que hizo el socialismo y somos antiimperialistas de pura cepa desde el siglo XIX. Nunca los círculos de poder norteamericanos pudieron subsumirnos en su égida anti-latinoamericana y mucho menos mermar nuestro patriotismo. Pero no somos antinorteamericanos sino anticapitalistas y antiimperialistas y albergamos la mayor solidaridad y amistad hacia el pueblo español y el pueblo estadounidense ¿Se olvida de las misiones internacionalistas militares y civiles que Cuba cumplió y cumple -las últimas- actualmente? ¿Sabe Ud. que en Cuba socialista estudian medicina estudiantes pobres, negros y blancos, del Brooklyn y del Bronx neoyorquino?
Una vez escuché una opinión del Premio Nóbel de Literatura, el colombiano Gabriel García Márquez, sobre que los latinoamericanos habíamos introducido nuestra cultura e idioma, nuestros mitos y ritos, nuestras costumbres y religiones sincretizadas, y hasta nuestra música en los Estados Unidos sin habernos gastado un centavo, porque como ellos nos habían cooptado y comprado, nos habían robado territorios -México es un ejemplo-, nos habían extraído cerebros y recursos de todo tipo habíamos penetrado a ese país de contrabando, y que eso a la larga nos podía ser beneficioso. Una contracultura muy difícil de sostener, es cierto, en ese medio pero una enorme cabeza de playa que ya ningún presidente, senador y representante puede ignorar y obviar en sus campañas políticas. El efecto boomerang de la presencia latinoamericana en los EE.UU. es un hecho real contra sus pronósticos imperiales de dominación y hegemonía.
En Cuba, es también cierto, seguimos viendo películas estadounidenses, a Walt Disney, seriales norteamericanos y de casi todas partes del mundo, porque el hombre y la mujer patriota y socialista cubana(o) es consciente y voluntario(a), no puede estar en una urna de cristal, porque eso nos haría más vulnerable que el hecho de someterlo todo a una selección crítica y electiva, política e ideológica. ¿Se asombra de que en Cuba se escuche a Shakira? ¿Por qué? ¿Esa cerrazón arbitraria no se la criticaron a los soviéticos y a los socialistas de Europa Central y del Este e, incluso, se dijo que el hecho de haber conocido al Pato Donald luego de 70 años de socialismo, tuvo un efecto más traumaizante y desmoralizante que el enfrentamiento militar e ideológico más abierto y encubierto entre las grandes potencias y los dos sistemas?
Señor José Sant Roz, no se asombre tanto con lo que digan los intelectuales cubanos en el exterior, aquí hay libertad de expresión dentro de los principios, hay diferencias en las formas y contenidos de construir el socialismo y mucho más en la intelectualidad y hasta en una simple ama de casa. Pero yo prefiero a un Silvio Rodríguez -irreverente y crítico desde su anterior puesto de Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular- abrazando a Juanes en Cuba, que a cubanos haciendo ácidas críticas a su país desde el exterior y en diarios de dudosa procedencia ideológica.
Y aun más, señor José Sant Roz, a los estadounidenses, le bailamos la música, nos gustan sus mujeres y hombres, le fumamos sus cigarros, apreciamos sus bien facturados filmes, somos lectores de Faulkner y de Hemingway, pero si osan agredirnos militarmente con sus marines les daremos su merecido -quizás el último- por cualquier costa, terreno y aire de nuestro territorio nacional. No por gusto estamos aquí luego de 50 años del aquel glorioso Primero de Enero de 1959.
*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba
No hay comentarios:
Publicar un comentario