viernes, 22 de enero de 2010

La ayuda cubana ya ha llegado a Haití

Comienzan los medios a resaltar el brillo de ese sol que no han podido tapar ni con mil dedos!! (véase al respecto "Apagón informativo sobre la ayuda cubana a Haití"

La ayuda cubana ya ha llegado a Haití
Por José Iglesias Fernández


medicos_cubanos_haiti1.jpgHaití, país azotado por una pobreza casi absoluta, (el país más pobre de América) se ha visto castigado de largo por otra mala jugada del destino. Después de dictadores y tiranos déspotas y corruptos (mal común en todo el continente) ha llegado la destrucción en mayúsculas. Los haitianos fueron mano de obra barata de las labores más duras en los campos cubanos, y grado máximo de la injusticia para quienes les vieron trabajar y sufrir sin más recompensa que la supervivencia.


Se dice que el sufrimiento de estos impulsó algunos de los cambios más importantes en Cuba. Una realidad fue que entre las primeras leyes de beneficio a los trabajadores, dictadas por la Revolución, estuviera el reconocimiento a los años de trabajo y el derecho a la jubilación de miles de emigrantes haitianos.


Ahora, que la destrucción ha llegado con el seísmo, los problemas no terminan aquí, sino más bien comienzan después: epidemias, infraestructuras destruidas, no hay agua potable, las escasas pertenencias perdidas, cultivos y animales muertos, pillaje, vandalismo... Eso significa ruina total, todavía más atraso e insistir en la pobreza sobre la cual se ciñe más pobreza sin signos positivos de recuperación. Haití está en serios y gravísimos problemas hoy y prácticamente hipotecado su futuro por mucho tiempo. El devastador terremoto de 7,0 grados en Puerto Príncipe pone aún mayor énfasis en lo que ya era un desastre para el desarrollo humano. Casi todos los edificios de la ciudad, organismos públicos y de ayuda han sido destruidos, uniendo a ello unos 70.000 fallecidos y miles de desaparecidos. Hoy en día es portada mundial, pero lamentablemente y a raíz de experiencias previas, dentro de varias semanas, se dejará de oír su nombre, y entonces, comenzará lo más difícil para sus habitantes: tratar de volver a la vida.


En el momento del desastre Cuba ya tenía en Haití 408 médicos y paramédicos como parte de sus planes de internacionalismo y ayuda a los países pobres, algo que la Revolución ha realizado desde los años 60, los grandes años de la romántica aventura revolucionaria (todavía no definida del lado comunista) cubana. Una colaboración más estrecha entre ambos países comenzó en 1998, cuando el huracán George azotó la isla. Desde entonces los médicos cubanos han atendido una gran cantidad de pacientes haitianos, ejemplo de ello fue la llamada Operación Milagro (la cual fue y sigue siendo realizada a gran escala en Venezuela) para la atención a pacientes con enfermedades oftalmológicas, desde 2004 se realizaron más de 47.000 cirugías de la vista a ciudadanos haitianos.


Al igual que muchos otros procedentes de todas partes de mundo, en Cuba se han formado 917 profesionales de Haití, de ellos 570 médicos y como resultado de la cooperación en materia de educación, se dice que cientos de miles de haitianos han sido alfabetizados. La Brigada Médica Cubana (formada por médicos y paramédicos) que prestaba desde hace tiempo sus servicios en Puerto Príncipe se han visto sorprendidos al igual que el resto de la población, han establecido un hospital de campaña en una instalación anexa al centro hospitalario que sufrió derrumbe.


Ante tal situación, muchos intelectuales, políticos y gente corriente coincide en que es el momento para que los Estados Unidos, Cuba y otros países de América Latina coordinen sus esfuerzos para detener la peor tragedia humana que haya padecido Haití, y para que potencialmente se unan las estrategias del llamado poder blando de Estados Unidos y Cuba de la manera que crean más positivas para Haití y sin dudas de más largo plazo en las relaciones norteamericanas con la isla en este siglo XXI. En casos tan trágicos como este, suele aparecer el lado más humano. Por ejemplo, tras el huracán Katrina que golpeó Nueva Orleans, Fidel Castro ofreció la ayuda de los profesionales que conformar la Brigada Médica Henry Reeves (denominada así haciendo referencia el nombre de un médico neoyorquino que luchó en la guerra de independencia de Cuba contra los españoles y considerado un patriota cubano).


Como era de esperar, los Estados Unidos de G. W. Bush rechazaron la oferta en septiembre de 2005. Finalmente, una pequeña parte de dicha brigada acudió a Nueva Orleans a realizar un trabajo de ayuda y asistencia. Esta brigada continuó disponible para brindar apoyo en cualquier otro lugar del mundo en situaciones de desastre. La brigada está integrada por miles de médicos de los cuales hay especialistas en medicina general integral y otros son especialistas en epidemiología, gastroenterología, psiquiatría, cardiología, cirugía, pediatría, entre otras.


Después del terremoto de octubre de 2005 en Pakistán estos médicos partieron hacia ese país para prestar la tan necesaria ayuda médica después de la devastación de Cachemira. Estados Unidos y Europa enviaron equipos de médicos a Pakistán, cada uno con un campamento base de despliegue durante un mes. Los cubanos desplegaron siete campamentos como base principal y 30 hospitales de campaña en la región de fundamentalistas islámicos de Pakistán, una cantidad muy superior al único equipo enviado por Estados Unidos, con un solo campamento base y con una permanencia de un sólo mes en dicha región a pesar de ser un aliado fundamental en dicho lugar del planeta. Pakistán, una nación con la cual Cuba no tenía relaciones diplomáticas, a partir de dicha acción se han abierto embajadas de ambos países en sus respectivas capitales. Dicha brigada tiene una larga experiencia en catástrofes naturales (acumulan experiencia en intervenciones en lugares tales como China, la nombrada Pakistán, Guatemala, Indonesia y Bolivia) y que sabe desenvolverse muy bien en situaciones precarias y trabajando con muchas limitaciones tanto de medios como de material.

Por las circunstancias de escasez total que sufre la isla desde hace años se unió al resto del personal de la salud radicado allí, el cual auxilia a la ciudadanía desde el comienzo de la tragedia. Las jornadas de trabajo son frenéticas, se habla de 18 horas diarias realizando curas e intervenciones. Debido al gran número de infecciones, se dice que se han tenido que realizar cientos de amputaciones para evitar la extensión de la infección. Por increíblemente no es ninguna película de terror, es la triste realidad que está sucediendo actualmente.


En Puerto Príncipe, los médicos cubanos trabajan en un hospital de campaña y han montado puestos de emergencia en varios puntos estratégicos de esa ciudad como medida preventiva para atender a la población. Durante estos últimos días, debido a la magnitud del desastre y el caos reinante se van a abrir 280 centros de urgencia, con capacidad para 500 personas, con el propósito de albergar a los sin techo y ofrecerles toda la ayuda posible. A pesar del apoyo de multitud de países enviando equipos médicos, comida y medicinas, éstas no llegan a los más necesitados por culpa de la mala organización y caos total reinante.


Los centros serán instalados en plazas públicas, patios de escuelas e iglesias de la capital y seis ciudades de los alrededores. También llegaron el pasado sábado 32 médicos y tres equipos quirúrgicos adicionales desde Cuba, como refuerzo. Dichos galenos recién llegados son haitianos graduados en la Escuela de Medicina de Santiago de Cuba, quienes inmediatamente han comenzado su labor en puntos de concentración y refugios de la población que ha perdido su hogar. La situación en la capital es sumamente crítica y empeora a cada paso, y al tétrico panorama de los derrumbes se suman los centenares de cadáveres que permanecen insepultos en las calles o bajo los escombros, lo que complica aún más la situación epidemiológica.


En estos momentos, el dantesco panorama al que se enfrentan cubanos y resto de cooperantes casi ya es historia pasada: la misma tragedia ha vuelto a azotar Haití, otro nuevo seísmo de 6,1 grados acaba de empeorar lo impeorable. La triste historia, parece, que solamente acaba de empezar.


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