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miércoles, 29 de agosto de 2012

Cómo se desarrolla la Guerra Psicológico-Informativa

Una querida amiga nos alertó de este excelente trabajo: por su extensión, decidimos colgar sólo una introducción del mismo, y compartirles el trabajo, íntegro, para descargar en pdf:

Cómo se desarrolla la Guerra Psicológico-Informativa

Por David Urra

aguila 

Hay un refrán que dice “No se puede analizar el presente sin valorar el pasado. No se puede analizar el pasado considerando el presente”. Es por ello que para analizar lo que ocurre en Latinoamérica en el presente debemos remontarnos a lo que paso, en el pasado reciente y sacar las conclusiones necesarias. Este análisis trata precisamente de esto, de como los EE.UU y sus aliados han impuesto sus conveniencias a fuego y mentiras, condenando a nuestros pueblos a vivir bajo sus condiciones, en la más horrenda pobreza moral y material, sentados en una tierra y una cultura generosa.

Pretendemos no hacer la historia de todas las agresiones norteamericanas contra nuestros pueblos latinoamericanos, sólo veremos algunas de ellas y cómo emplearon los métodos, procedimientos y medios de la Guerra Psicológico-Informativa (GPI):
1. 1.  Invasión a Cuba 1961 (Bahía de Cochinos), Operación Mangosta.
1. 2.  La Guerra de las Malvinas 1982. (Operación XXXX)
1. 3.  Invasión a Granada. 1983 (Operación “Destellos de Furia”)
1. 4.  Invasión a Panamá. Diciembre 1989-enero 1990. (Operación “Asunto justo”)
1. 5.  Invasión a Haití. 1994. (Operación “Defender la democracia”)

Descargar el artículo:

miércoles, 22 de agosto de 2012

El cruento asalto a la embajada de Haití: La Habana, 29 de octubre de 1956.

Por Salvador E. Morales Pérez*



En estos días de fricciones diplomáticas, en  donde descuella la amenaza británica de allanar la sede diplomática de la República de Ecuador en Londres para atrapar a Julián Assange, han sido evocadas situaciones  anteriores donde el derecho de asilo y los allanamientos de sedes diplomáticas se pusieron en discusión. Yo me pregunto si estaremos ante un caso semejante al que redujo el asilo diplomático del político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, a la friolera de un lustro como huésped forzoso de la embajada de Colombia en Lima, asunto que sigue dando lugar a debates jurídicos y políticos interesantes.

O  si estaremos en la antesala de una acción violenta y abominable de violación de la Convención de Viena, independientemente de la regla unilateral y arbitraria enarbolada por el gobierno británico actual. Ya las fuerzas especiales inglesas marcaron un precedente con la Operación Nimrod ejecutada el 5 de mayo de 1980. Ocasión en la cual, con el consentimiento del gobierno iraní ocuparon en son de guerra la embajada de Irán en Londres, ocupada por seis opositores que habían tomado 26 rehenes a cambio de sus demandas.

Últimamente se han mencionado en los medios varias irrupciones brutales en sedes diplomáticas: la de la escalofriante y flamígera masacre perpetrada por los uniformados del gobierno guatemalteco del general Romeo Lucas García contra la embajada española en ciudad Guatemala el 31 de enero de 1980, con saldo rojo de 38 muertos; la acción ejecutada en Afganistán, el 26 de septiembre de 1996, ya en poder de los talibanes contra el ex mandatario Najibullah y su hermano alojado en la embajada de la Organización de la Naciones Unidas de Kabul; o la del comando que envió el dictador peruano Alberto Fujimori, el  22 de abril de 1997 a tomar la embajada nipona en Lima que se hallaba en poder del MRTA para denunciar la situación de las cárceles peruanas y demandar la libertad de algunos compañeros. El saldo rojo fue de 14 guerrilleros acribillados y un civil.  Son los antecedentes más sonados. Hay otros antecedentes, como el asalto a la embajada trujillista en Caracas en 1945 por opositores dominicanos allí exiliados o el secuestro de la embajada estadounidense en Irán en noviembre de 1979 para presionar la extradición del Sha.  No dudamos que haya otros ejemplos  de variados signos políticos, algunos con consecuencias fuertes en el ámbito diplomático, otros solucionados con notable sensatez entre las partes  y algunos  de acallada repercusión como el que deseo destacar aquí:

Existe un antecedente remoto -y también muy sangriento- ocurrido durante la dictadura de Batista. A fines de octubre de 1956, un fuerte destacamento policial encabezado por el jefe de esos cuerpos represivos, el brigadier Rafael Salas Cañizares, uno de los principales cómplices de Fulgencio Batista en el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 que quebró el orden constitucional del país, asaltó la sede de la embajada haitiana, ubicada en Avenida 7a y calle 20, en la barriada de Miramar.

A plena luz del mediodía, el 29 de octubre de 1956, Salas Cañizares, acompañado por otros notorios  asesinos, el coronel Conrado Carratalá, el Jefe del Buró de Investigaciones coronel Orlando Piedra Nogueruela y el capitán Esteban Ventura Novo, (quienes a la caída del dictador en enero de 1959, encontraron tranquilo y acogedor refugio en Estados Unidos) penetraron en el recinto diplomático de Haití a tiro limpio -el escaso personal diplomático se hallaba ausente de la residencia-  procedieron a aniquilar a todos los asilados allí refugiados. Incluyendo a quienes ya la cancillería había concedido salvoconductos y esperaban por las visas que le permitieran viajar al país que se las concediera.  En el intercambio de disparos que tuvo lugar, el obeso y bravucón  brigadier batistiano cayó mortalmente herido.

Se cuenta al respecto, que quien lo hirió fue Secundino Martínez, apodado el  “El Guajiro”,  el único de los asilados que estaba armado, quien se asomó al oír el estrépito formado por la llegada de los carros policiales. Al verlo Salas Cañizares disparó su ametralladora sobre el joven hiriéndolo gravemente. Sin embargo, este, desde el suelo, pudo sacar su arma y disparar. Un balazo le perforó el vientre al brutal jefe de la policía nacional. Se dio la orden de masacrar a todos.
 
En la foto aparecen Leonel Guerra, Carlos
Casanova, Eladio Cid, Félix Hernández y Orlando
Fernández Ferray
En el interior se encontraban dos grupos de asilados de diferente procedencia política. Por un lado estaban entre los allí muertos un grupo de la Organización Auténtica, OA, alentada por el ex presidente Carlos Prío Socarrás, a quienes se les acusaba de haber participado en el frustrado asalto al Cuartel Goicuría, ubicado en la Ciudad de Matanzas, acción encabezada por Reynold García, en abril del mismo año. Se nombraban: Carlos Casanova, Eladio Cid, Orlando Fernández Ferray, Leonel Guerra, Félix Hernández Concepción y Salvador Ibáñez.

El otro grupo estaba conformado por cuatro jóvenes recién llegados y que alojaron provisionalmente en el garaje.  Estaba compuesto por Secundino Martínez, alias El Guajiro, Gregorio García, Alfredo Massip e Israel Escalona. A quienes  las autoridades  de la dictadura señalaban como involucrados en el fallido atentado contra el senador Rolando Masferrer, el gestor de un cuerpo paramilitar adicto al gobierno de facto, de fúnebre recordación: Los tigres de Masferrer.

Los cuerpos represivos de la tiranía estaban ansiosos de sangres. El motivo que los impulsaba fue que el día antes, 28 de octubre de 1956, un comando del Directorio Revolucionario había matado  al coronel Antonio Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), quien estaba acompañado en el cabaret Montmartre, por el teniente coronel Marcelo Tabernilla hijo del jefe del Ejército quien resultó herido en la acción así como la esposa del capitán José Rodríguez Sampedro, también presente en el cabaret. Sospechaban que algunos de los ejecutores de Blanco Rico podían estar en la embajada haitiana.

Para justificar la violación pusieron de pretexto a posteriori -lo cual se demostró luego como totalmente falso- que habían recibido una llamada de los diplomáticos solicitando protección  puesto que unos jóvenes  estaban forzando su entrada en la sede diplomática. Contaban con la aprobación del mismo Batista, como declararon inicialmente voceros del régimen.

El 31 de octubre de 1956 la Embajada de Haití convocó a una conferencia de prensa y entregó una nota oficial en la que se decía: “La Embajada de Haití protesta contra las alegaciones publicadas en la prensa según las cuales la Policía intervino por una llamada de nuestra Embajada”.

Un colega periodista, Pedro Antonio García, quien ha explorado el hecho con especial acuciosidad ha comentado incisivamente:
“Los sucesos del 29 de octubre de 1956 fueron silenciados por la prensa internacional. Las relaciones con Haití fueron tensas solo hasta diciembre, porque con el nuevo Gobierno en Port au Prince volvieron a normalizarse. Nadie llevó este caso al seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), ninguna voz se alzó en el Congreso estadounidense ni en las Naciones Unidas”.

Desde luego, acciones de tan estúpida y brutal naturaleza han sido propias de regímenes autoritarios, de dictaduras arrasadoras, que hacen el trabajo sucio y las tareas que les permiten la sobrevivencia. Dictaduras, que con un poco más que se escarbe, gozan de sibilinos o abiertos padrinazgos de potencias que se dan golpes de pecho de civilizadas y democráticas. La historia contemporánea está cundida de ejemplos de estos dobles discursos. No es de extrañar que hechos tan condenables como el ocurrido en La Habana el 29 de octubre de 1956 se repitan, aunque siempre abrigamos la esperanza de que esto no ocurra de nuevo y que no se cierre el camino a la salida diplomática de sólidas e invulnerables garantías.

*Doctor en Historia, miembro del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

Enviado por su autor

sábado, 21 de enero de 2012

Uno de los secretos mejor guardados del mundo

En la red social Twitter, donde la denuncia de Cuba de una nueva campaña ha generado la solidaridad de muchos, el diseñador y bloguero madrileño Francisco Arnau ha divulgado esta infografía creada por él y publicada en Monthly Review, que da cuenta del secreto mejor guardado del mundo: la colaboración cubana en Haití antes, durante y después del terremoto. Inmejorable ejercicio contra la amnesia y contra las mentiras de quienes convierten a abusadores de mujeres en disidentes.
Ilustración: Paco Arnau / Ciudad futura • Abril de 2010

Reproducción de esta entrada en Monthly Review (NY, EEUU): Haiti: There is aid, and then there is US aid, by Paco Arnau » • Enlace relacionado en Ciudad futura: Ciudad futura en ‘Monthly Review’ »


Fuente de datos: Rebelion.org: “Uno de los secretos mejor guardados del mundo: La cooperación médica cubana en Haití” (Cifras comparativas de la aportación sanitaria en Haití a 23/03/2010) •English: Counterpunch.org: “One of the world’s best kept secrets: Cuban medical aid to Haiti” (Emily J. Kirk & John M. Kirk)


Tomado de Cubadebate
http://www.cubadebate.cu/noticias/2012/01/20/uno-de-los-secretos-mejor-guardados-del-mundo/

jueves, 7 de abril de 2011

Bruno Rodríguez en ONU: “La reconstrucción de Haití es tarea pendiente”

brunocs.jpg"Los problemas de esa hermana nación son, en lo esencial, provocados por siglos de saqueo colonial y neocolonial, por el subdesarrollo, por la imposición de una de las dictaduras más largas y sangrientas que vivió nuestra región y por la intervención extranjera".




Discurso de Bruno Rodríguez Parrilla, Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba en la sesión especial del Consejo de Seguridad sobre Haití. Nueva York, 6 de abril del 2011

Señor Presidente de la República de Colombia y del Consejo de Seguridad, Juan Manuel Santos: 

Señor Presidente de la República de Haití, René García Preval:

Hace apenas un año, más de 150 gobiernos y otros actores internacionales nos comprometimos en la sede de esta Organización a prestar una cooperación sustancial para la recuperación y la reconstrucción de Haití tras el desastre provocado por el terremoto del 12 de enero de ese año. En términos declarativos, fue una muestra encomiable de solidaridad. 

Los montos comprometidos de 9 mil millones de dólares para la reconstrucción, de los cuales 5 mil se desembolsarían en los primeros dos años, más los valiosos ofrecimientos adicionales en especie, aunque fueran insuficientes, reflejaban una voluntad innegable de cooperar. El principio declarado de canalizar esta ayuda con pleno apego a las prioridades del Gobierno haitiano, de forma que fortaleciera la autoridad del Estado, entrañaba un respeto universal a la soberanía de ese sufrido país y a las prerrogativas de sus autoridades gubernamentales.

Parecía existir una voluntad universal de prestar asistencia a esa nación heroica, la primera en romper el yugo colonial y en abolir la esclavitud en el hemisferio americano.
Desafortunadamente, lo ocurrido desde entonces no ha sido consistente con el espíritu que primó en aquella conferencia del 31 de marzo de 2010. Sin embargo, muchos de los autoproclamados “principales donantes” continúan dedicando exorbitantes recursos a la guerra y a la intervención militar.

Los montos de ayuda financiera y material comprometidos, aunque insuficientes frente a la magnitud del problema, no se han desembolsado. No se ha respetado la voluntad del Gobierno haitiano, ni se ha prestado atención a sus prioridades. La reconstrucción de Haití, con la cual todos nos comprometimos, es una tarea pendiente. 

En los meses posteriores al terrible sismo, Haití parecía ser despedazada por los gobiernos de los países más poderosos e industrializados que distribuían sus ayudas, de manera arbitraria y arrogante, mediante sus voraces compañías y algunas de sus más ricas Organizaciones No Gubernamentales.

Hasta hoy, continúa prevaleciendo la canalización de fondos y recursos fuera de los programas y el control del Gobierno haitiano, lo que conduce al despilfarro, la corrupción y la satisfacción de intereses muy marginales o selectivos.

Cuba comparte las preocupaciones expresadas por los Jefes de Gobierno de CARICOM en el Comunicado emitido por su Reunión Inter-sesional del pasado 26 de febrero, cuando se refirieron, con sentido crítico, al Fondo de Recuperación, a la Comisión Interina de Recuperación de Haití, a sus métodos de trabajo, al necesario respeto a las prioridades del gobierno haitiano y al flujo insuficiente de los recursos comprometidos.

Señor Presidente:

Cuba ha concentrado sus esfuerzos en el área que más impacto puede lograr, la salud pública, elemento clave de la sostenibilidad y la estabilidad social de Haití. 

En plena coordinación con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, y bajo las indicaciones y prioridades del gobierno haitiano, hemos trabajado sin descanso en la puesta en marcha de un programa de reconstrucción del sistema nacional de salud, cuya esencia radica en satisfacer las necesidades sanitarias del 75% de la población más necesitada, con un mínimo de gastos.

Desde el 12 de enero de 2010 hasta hoy, han sido atendidos casi 2 millones de pacientes, se han realizado más de 36 mil intervenciones quirúrgicas y casi 8500 partos. Más de 465 mil pacientes han recibido tratamientos de rehabilitación.

Se prestan servicios en 23 hospitales comunitarios de referencia, 30 salas de rehabilitación, 13 centros de salud, 2 posiciones quirúrgicas oftalmológicas y en el Laboratorio de Salud Pública. En los 10 Departamentos del país, se desarrolla un Programa Integral de Higiene y Epidemiología.

El programa de cooperación impulsado por Cuba cuenta hoy con 1 117 colaboradores de la salud, de ellos 923 son cubanos y 194 de varios países graduados en Cuba. 

Los recursos aportados solidaria y generosamente por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, han sido esenciales. Con Brasil, hemos trabajado también estrechamente mediante un Acuerdo Tripartito con Haití.

Cuba ha recibido también el respaldo de varios países para la ejecución de este programa de salud. Namibia, Noruega, Sudáfrica, Australia y España han aportado, junto a grupos de donantes individuales, algo más de 3,5 millones de dólares. 

Estamos dispuestos a trabajar con todo país u organización que, de manera estrictamente humanitaria, con respeto y en plena coordinación con el gobierno haitiano, tenga la voluntad de participar en la reconstrucción y desarrollo de su sistema de salud. 

Simultáneamente, los médicos cubanos han enfrentado una grave epidemia de cólera. 
Para ese fin se establecieron 67 unidades, en las que se han atendido más de 73 mil pacientes, la tercera parte de todos los casos de cólera vistos en el país. De ellos, sólo fallecieron 272 personas, para una tasa de letalidad de 0.37 %, inferior en 5 veces a la del resto de las instituciones presentes en Haití. Ello ha requerido abnegación y espíritu de sacrificio para atender a los pacientes, sobretodo en horas nocturnas. En los últimos 77 días consecutivos, nuestro personal de medicina y enfermería no ha tenido fallecidos de cólera.

Una nueva experiencia fue la creación de los Grupos de Pesquisa Activa “Subcomuna Adentro”, que permitió estudiar a casi 1 millón 700 mil personas que viven en comunidades sin acceso a los servicios de salud, y diagnosticar a más de 5 300 casos de cólera en sus propios domicilios. 

Traigo estos datos, con toda la modestia de nuestro pueblo, solo para argumentar con ejemplos prácticos, nuestra convicción de que lo que requiere Haití es una ayuda sustancial y desinteresada, estrechamente coordinada con su Gobierno, que contribuya a su desarrollo y a superar las inmensas dificultades y disparidades socioeconómicas que afectan al país e impiden la estabilidad y el progreso de su pueblo.

Señor Presidente: 

Haití no precisa de una fuerza de ocupación, no es, ni puede convertirse en un protectorado de las Naciones Unidas. 

El papel de Naciones Unidas es apoyar al Gobierno y al pueblo haitianos en la consolidación de su soberanía y autodeterminación. Las fuerzas de la MINUSTAH han estado en ese país para un mandato muy específico de promoción de la estabilidad, que debió y debe respetarse con rigurosidad. La MINUSTAH no tiene prerrogativas políticas para inmiscuirse en asuntos internos que solo competen a los haitianos ni debe hacerlo. 
No puede aceptarse que sea partícipe de las opciones electorales o que presione a las autoridades soberanas en un sentido u otro. Tampoco tiene ninguna autoridad para hablar a nombre de Haití.

Cuba tiene el firme convencimiento de que la situación humanitaria de Haití no es un tema que competa al Consejo de Seguridad sino a la Asamblea General de quien usurpa frecuentemente sus facultades. No es esta una cuestión que amenace la paz y la seguridad internacionales, ni que se resuelva con fuerzas militares concebidas para operaciones de mantenimiento de la paz. Son conocidas también las serias consecuencias de las omisiones, los excesos, los dobles raseros y los procedimientos antidemocráticos que padece este Consejo. 

Los problemas de esa hermana nación son, en lo esencial, provocados por siglos de saqueo colonial y neocolonial, por el subdesarrollo, por la imposición de una de las dictaduras más largas y sangrientas que vivió nuestra región y por la intervención extranjera. 

El derecho inalienable del pueblo haitiano a la independencia y la autodeterminación debiera ser, al fin, respetado. 

Haití necesita recursos para la reconstrucción y recursos para el desarrollo. Requiere compromiso humanitario y no injerencia ni manipulación política. Hace falta un mínimo de generosidad en vez de tanto egoísmo. 

Muchas gracias 

http://america.cubaminrex.cu/DiscursosIntervenciones/Articulos/Bruno/2011/2011-04-06.html

sábado, 23 de enero de 2010

Fidel: Enviamos médicos y no soldados

Reflexiones del Compañero Fidel: Enviamos médicos y no soldados

reflexiones-de-fidel-26.JPGEn la Reflexión del 14 de enero, dos días después de la catástrofe de Haití que destruyó ese hermano y vecino país, escribí: “Cuba, a pesar de ser un país pobre y bloqueado, desde hace años viene cooperando con el pueblo haitiano. 

Alrededor de 400 médicos y especialistas de la salud prestan cooperación gratuita al pueblo haitiano. En 127 de las 137 comunas del país laboran todos los días nuestros médicos. Por otro lado, no menos de 400 jóvenes haitianos se han formado como médicos en nuestra Patria.

Trabajarán ahora con el refuerzo de médicos nuestros que viajaron ayer para salvar vidas en esta crítica situación. Pueden movilizarse, por lo tanto, sin especial esfuerzo, hasta mil médicos y especialistas de la salud que ya están casi todos allí y dispuestos a cooperar con cualquier otro Estado que  desee salvar vidas haitianas y rehabilitar heridos”.

“La situación es difícil -nos comunicó la jefa de la Brigada Médica Cubana- pero hemos comenzado ya a salvar vidas”.

 Hora tras hora, de día y de noche, en las pocas instalaciones que quedaron en pie, en casas de campaña o en parques y lugares abiertos, por temor de la población a nuevos temblores, los profesionales cubanos de la salud comenzaron a laborar sin descanso. 

La situación era más grave que lo imaginado inicialmente. Decenas de miles de heridos clamaban por auxilio en las calles de Puerto Príncipe, y un número incalculable de personas yacían, vivas o muertas, bajo las ruinas de barro o adobe con que habían sido construidas las viviendas de la inmensa mayoría de la población. Edificios, incluso más sólidos, se derrumbaron. Fue necesario además localizar, en medio de los barrios destruidos, a los médicos haitianos graduados de la ELAM, muchos de los cuales fueron afectados directa o indirectamente por la tragedia.


Funcionarios de Naciones Unidas quedaron atrapados en varios de sus albergues y se perdieron decenas de vidas, incluidos varios de los jefes de la MINUSTAH, una fuerza de Naciones Unidas, y se desconocía el destino de cientos de otros miembros de su personal.
El Palacio Presidencial de Haití se derrumbó. Muchas instalaciones públicas, incluso varias de carácter hospitalario, quedaron en ruinas.

La catástrofe conmovió al mundo, que pudo presenciar lo que estaba ocurriendo a través de las imágenes de los principales canales internacionales de televisión. De todas partes, los gobiernos anunciaron el envío de expertos en rescate, alimentos, medicinas, equipos y otros recursos.

De conformidad con la posición pública formulada por Cuba, personal médico de otras nacionalidades, como españoles, mexicanos, colombianos y de otros países, laboró arduamente junto a nuestros médicos en instalaciones que habíamos improvisado. Organizaciones como la OPS y países amigos como Venezuela y de otras naciones suministraron medicamentos y variados recursos. Una ausencia total de protagonismo y chovinismo caracterizó la conducta intachable de los profesionales cubanos y sus dirigentes.

Cuba, al igual que lo ha hecho en situaciones similares, como cuando el Huracán Katrina causó grandes estragos en la ciudad de Nueva Orleáns y puso en peligro la vida de miles de norteamericanos, ofreció el envío de una brigada médica completa para cooperar con el pueblo de Estados Unidos, un país que, como se conoce, posee inmensos recursos, pero lo que se necesitaba en ese instante eran médicos entrenados y equipados para salvar vidas. Por su ubicación geográfica, más de mil médicos de la Brigada “Henry Reeve” estaban organizados y listos con los medicamentos y equipos pertinentes para partir a cualquier hora del día o de la noche hacia esa ciudad norteamericana. Por nuestra mente no pasó siquiera la idea de que el Presidente de esa nación rechazara la oferta y permitiera que un número de norteamericanos que podían salvarse perdieran la vida. El error de ese Gobierno tal vez consistió en su incapacidad para comprender que el pueblo de Cuba no ve en el pueblo norteamericano un enemigo, ni como culpable de las agresiones que ha sufrido nuestra Patria.

Tampoco aquel Gobierno fue capaz de comprender que nuestro país no necesita mendigar favores o perdones de quienes durante medio siglo han tratado inútilmente de ponernos de rodillas.

Nuestro país, igualmente en el caso de Haití, accedió de inmediato a las solicitudes de sobrevuelo en la región oriental de Cuba y a otras facilidades que requerían las autoridades de Estados Unidos para prestar asistencia lo más rápidamente posible a los ciudadanos norteamericanos y haitianos afectados por el terremoto.

Estas normas han caracterizado la conducta ética de nuestro pueblo que, unido a su ecuanimidad y firmeza, han sido los rasgos permanentes de nuestra política exterior. Eso lo conocen bien cuantos han sido adversarios nuestros en la esfera internacional.

Cuba defenderá firmemente el criterio de que la tragedia que ha tenido lugar en Haití, la nación más pobre del hemisferio occidental, constituye un reto a los países más ricos y poderosos de la comunidad internacional.

Haití es un producto neto del sistema colonial, capitalista imperialista impuesto al mundo. Tanto la esclavitud en Haití como su ulterior pobreza fueron impuestas desde el exterior. El terrible sismo se produce después de la Cumbre de Copenhague, donde fueron pisoteados los derechos más elementales de 192 Estados que forman parte de la Organización de Naciones Unidas.

Tras la tragedia, se ha desatado en Haití una competencia por la adopción precipitada e ilegal de niños y niñas, que obligó a que la UNICEF tomara medidas preventivas contra el desarraigo de muchos niños, que despojaría a familiares allegados de tales derechos.

El número de víctimas mortales sobrepasa ya las cien mil personas. Una elevada cifra de ciudadanos ha perdido brazos o piernas, o ha sufrido fracturas que requieren rehabilitación para el trabajo o el desenvolvimiento de sus vidas.

El 80% del país debe ser reconstruido y crear una economía suficientemente desarrollada para satisfacer las necesidades en la medida de sus capacidades productivas. La reconstrucción de Europa o Japón, a partir de la capacidad productiva y el nivel técnico de la población, era una tarea relativamente sencilla en comparación con el esfuerzo a realizar en Haití. Allí, como en gran parte de África y en otras áreas del Tercer Mundo, es indispensable crear las condiciones para un desarrollo sostenible. En solo 40 años la humanidad tendrá más de  9 mil millones de habitantes, y enfrenta el reto de un cambio climático que los científicos aceptan como una realidad inevitable.

En medio de la tragedia haitiana, sin que nadie sepa cómo y por qué, miles de soldados de las unidades de infantería de marina de Estados Unidos, tropas aerotransportadas de la 82 División y otras fuerzas militares han ocupado el territorio de Haití. Peor aún, ni la Organización de Naciones Unidas, ni el Gobierno de Estados Unidos han ofrecido una explicación a la opinión pública mundial de estos movimientos de fuerzas.

Varios Gobiernos se quejan de que sus medios aéreos no han podido aterrizar y transportar los recursos humanos y técnicos enviados a Haití.

Diversos países anuncian, por su parte, el envío adicional de soldados y equipos militares. Tales hechos, desde mi punto de vista, contribuirían a caotizar y complicar la cooperación internacional, ya de por sí compleja.  Es necesario discutir seriamente el tema y asignar a la Organización de Naciones Unidas el papel rector que le corresponde en este delicado asunto.

Nuestro país cumple una tarea estrictamente humanitaria. En la medida de sus posibilidades contribuirá con los recursos humanos y materiales que estén a su alcance. La voluntad de nuestro pueblo, orgulloso de sus médicos y cooperantes en actividades vitales, es grande y estará a la altura de las circunstancias.

Cualquier cooperación importante que se ofrezca a nuestro país no será rechazada, pero su aceptación estará subordinada por entero a la importancia y trascendencia de la ayuda que se requiera de los recursos humanos de nuestra Patria.

Es justo consignar que, hasta este instante, nuestros modestos medios aéreos y los importantes recursos humanos que Cuba ha puesto a la disposición del pueblo haitiano no han tenido dificultad alguna en llegar a su destino.

¡Enviamos médicos y no soldados!




firma-fidel.jpgFidel Castro Ruz
Enero 23 de 2010
5 y 30 p.m.

Haití y el paradigma cubano de solidaridad

Por Ernesto Wong Maestre*

ain-foto-juvenal-balan_periodico-granma_enviado-especial-hospital-del-seguro-social-i-ofatma-en-puerto-principe-haiti.jpg“Yo quiero que la ley primera de la República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, anheló siempre José Martí, y así se lo prometió a sus compatriotas que junto a él lucharon por la independencia de la Patria, sojuzgada por el imperio colonial español.

Sesenta años después, Fidel Castro y sus compañeros de la "generación del centenario” cumplieron con ese anhelo, proporcionándole al pueblo las herramientas y condiciones iniciales para que cada cubano y cubana hicieran suyo el anhelo, y realmente cada uno rinda culto, con la praxis diaria, a la dignidad plena del ser humano.
Esas palabras de Martí abren las páginas de la Constitución de la República de Cuba y con ellas llegan a todos los cubanos las sabias ideas y las nobles y firmes conductas del Libertador Simón Bolívar, una decisiva fuente de Martí.

Hoy, los médicos y médicas de Cuba son una porción y una muestra significativas de ese tipo de ser y de esa praxis mediante la cual se rinde diariamente culto a la dignidad humana. Otra gran porción son los maestros, otra los técnicos agrícolas o deportivos, otra los artistas, otra los ingenieros, otra los intelectuales, otra gran porción son los trabajadores industriales y una poderosa porción de ese tipo de ser que es ejemplo en rendir culto a la dignidad plena del hombre son los combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, libertadores de pueblos en pleno siglo XX y listos para serlo en el siglo XXI si fuese necesario.

Es en ese anhelo martiano, y también en esa angustia, donde se afirma y se construyó el paradigma cubano de solidaridad, nacional o internacional.

De manera que no sería un error decir que es un paradigma martiano válido como referente pero también como compromiso, no sólo para los cubanos y cubanas, sino para todo aquel que “sienta en su propia mejilla el golpe dado a la mejilla de otro hombre” o de otra mujer, como enseñó otro maestro de pueblos, Ernesto Che Guevara.

Semejante praxis se funda en sólidos valores humanos y en profundos conocimientos de cada esfera y faceta de la vida, así como en cada función a desempeñar ante el ser humano y que este se reconozca como digno, por recibir un tratamiento digno, de una persona digna. ¡Y valga la redundancia!

Los haitianos, después del terremoto del 12 de enero, comprenden más profundamente la solidaridad ofrecida por Cuba iniciada desde hace más de diez años, con el primer gobierno de René Preval y luego con el gobierno de Jean Bertrand Aristide, hasta hoy, de nuevo con el amigo Preval.

Las urgencias actuales no son obstáculo para sentir ese respeto y dignidad que transmiten los y las cubanas en medio del fragor de la tragedia.

Cuba  coopera con Haití desde 1998 aplicando conjuntamente el ya conocido por varias regiones del mundo “Programa Integral de Salud” mediante el cual más de 6 mil noventa colaboradores cubanos (médicos, paramédicos y técnicos de equipos de alta tecnología) han garantizado más de 14 millones de consultas médicas y de 225 mil operaciones quirúrgicas.
En esos diez años ¡cuanta dignidad y cuánto sacrificio por el otro!.

Más de 230 mil vidas fueron rescatadas de la muerte y más de 100 mil bebes vieron la luz en manos de médicos o doctoras cubanas.

¡Qué maravillos historia de dignidad construida por ambos pueblos muy unidos!

¿Será ello parte de la preocupación del gobierno de Barack Obama que con 20 mil soldados pretenderá borrar de la memoria de los haitianos cualquier atractivo o atención por el ejemplo digno del “ser haitiano-martiano” que se ha ido creando a partir de la angustia mutua de Cuba y Haití de dar y recibir más salud a todos por igual?

Un año antes del huracán Katrina, pasó en el 2004 por Haití la tormenta tropical Jeanne, sobre todo por una de sus principales y pobladas ciudades, y fue la primera ocasión en que los haitianos angustiados por los destrozos y las víctimas de Jeanne recibieron en masa la primera ayuda de Cuba, material con 12 toneladas de medicamentos y humana con 64 médicos.

Y con todo ello, la dignidad de la solidaridad martiana. Todos en el mundo saben que Cuba no da lo que le sobra, sino que comparte lo que tiene.

Un año después, en el 2005, la población afroamericana de Nueva Orleáns fue impactada por el huracán Katrina de una forma atroz, y ante esa tragedia, el líder cubano Fidel Castro ofreció las experiencias cubanas al presidente de EEUU, en ese entonces George W. Bush quien dedicado a bombardear Irak y dominar los Balcanes, prestó poca atención a sus compatriotas esparcidos por el sur del país y mucho menos a la solidaridad cubana.

Miles de víctimas y muertos costó al pueblo estadounidense por la desidia y la indignidad de su presidente.

A partir de ahí, Fidel dio instrucciones para crear la Brigada “Henry Reeve” en honor al Brigadier General de origen estadounidense que luchó codo con codo con los independistas cubanos, convirtiéndose en uno de ellos a finales del siglo XIX. De manera que Henry Reeve, después de desaparecido físicamente, continúa rindiendo culto a la dignidad plena del hombre, como todo un buen martiano. Sus integrantes han asistido a víctimas de desastres naturales en Pakistán, Guatemala, Honduras y de otros países.

En Haití, a pocas horas de conocerse la tragedia sufrida al iniciarse el nuevo año, 60 integrantes de la Brigada Henry Reeve arribó a Puerto Príncipe con medicamentos, avituallamiento, alimentos, bolsas de suero y de plasma para reforzar en algunas especialidades a los 400 médicos cubanos y algunos médicos haitianos graduados en Cuba que ya prestaban asistencia médica en Haití, aunque sólo 200 de ellos en Puerto Príncipe.

Muchas familias en Cuba quedaron angustiadas y preocupadas, pero con el ojo siempre avisor y a su lado el fusil para ocupar el lugar de su compañero o compañera ausente si es que los gringos se atreven a invadir.

Es el permanente peligro sobre el cual vive el pueblo cubano y sobre el cual ayuda a más de 60 países en todo el mundo, algo reconocido por la ONU y sus organismos.

Hoy, diversos medios y organismos internacionales ya han reconocido que fue la más importante asistencia médica que recibió el pueblo haitiano en las primeras 72 horas luego del terremoto apoyada por la ágil ayuda en alimentos y materiales donados por Venezuela junto a un contingente de rescatistas venezolanos.

Como ha dicho el presidente Hugo Chávez, es prácticamente la única en estos momentos, la ayuda en médicos cubanos y venezolanos la que actualmente está asistiendo a los haitianos en 5 puntos asistenciales con tres hospitales de campaña (Del Anexo, La Renaissence y Ofatma) y 2 Centros de Diagnósticos Integrales (Grand Grove y Mirebalais) en zonas aledañas a la capital.

Ya para el día 15 convergían sobre la capital otro grupo de entre los 400 médicos cubanos en Haití que crearon el 6to punto de atención denominado Hospital Delmas 33.

En toda esa labor se estima que otros 400 jóvenes médicos haitianos formados en Cuba están enfrascados en las tareas de atención médica llevando la dignidad martiana al pueblo de Petión, Louverture y Dessalines.

Pero Cuba,  ni es prepotente,  ni es egoísta, como sí lo son sus adversarios imperiales, sino modesta y humilde en la victoria o ante los elogios de sus amistades y de sus aliados. Por ello, comparte sus experiencias con Venezuela, Namibia, Noruega, China, República Dominicana, México y Rusia para ayudar al pueblo haitiano mediante proyectos tripartitos o multilaterales.

Hacia EEUU ha mostrado sus quejas por demostrar más su prepotencia y su afán de dominación que su disposición a ayudar al pueblo con buenos modales y no a punta de bayonetas y de mirillas con laser. 

No obstante eso, Cuba dio permiso de sobrevuelo por corredores aéreos del país a viones estadounidenses con carga alimentaria y de socorro dirigida a Haití.

La Organización Panamericana de la Salud ha recibido solicitudes de Cuba en materia de apoyo logístico, material quirúrgico gastable, soporte hospitalario, y otros materiales necesarios para garantizar asistencia médica en Haití. Se espera que la OPS cumpla.

Al celebrarse próximamente el 28 de enero un aniversario más del nacimiento del Apóstol y Héroe Nacional de Cuba, José Martí Pérez, todos los médicos cubanos y haitianos impregnados de la solidaridad martiana podrán decir:

¡Cumplimos Maestro ! ¡Gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo!.
¡Cumplimos Fidel! ¡enhorabuena tu bondad de hacer siempre el bien!
¡Muchas vidas salvamos!
¡Mucha dignidad quedó esparcida por toda la tierra haitiana!
¡Viva Haití!

*El autor es editor y analista internacional, miembro de la Directiva de la Asociación de Cubanos Residentes en Venezuela y profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV.


Foto AIN: Juvenal BALAN_Periódico Granma_Enviado Especial (Hospital del Seguro Social I Ofatma en Puerto Principe, Haití)

viernes, 22 de enero de 2010

La ayuda cubana ya ha llegado a Haití

Comienzan los medios a resaltar el brillo de ese sol que no han podido tapar ni con mil dedos!! (véase al respecto "Apagón informativo sobre la ayuda cubana a Haití"

La ayuda cubana ya ha llegado a Haití
Por José Iglesias Fernández


medicos_cubanos_haiti1.jpgHaití, país azotado por una pobreza casi absoluta, (el país más pobre de América) se ha visto castigado de largo por otra mala jugada del destino. Después de dictadores y tiranos déspotas y corruptos (mal común en todo el continente) ha llegado la destrucción en mayúsculas. Los haitianos fueron mano de obra barata de las labores más duras en los campos cubanos, y grado máximo de la injusticia para quienes les vieron trabajar y sufrir sin más recompensa que la supervivencia.


Se dice que el sufrimiento de estos impulsó algunos de los cambios más importantes en Cuba. Una realidad fue que entre las primeras leyes de beneficio a los trabajadores, dictadas por la Revolución, estuviera el reconocimiento a los años de trabajo y el derecho a la jubilación de miles de emigrantes haitianos.


Ahora, que la destrucción ha llegado con el seísmo, los problemas no terminan aquí, sino más bien comienzan después: epidemias, infraestructuras destruidas, no hay agua potable, las escasas pertenencias perdidas, cultivos y animales muertos, pillaje, vandalismo... Eso significa ruina total, todavía más atraso e insistir en la pobreza sobre la cual se ciñe más pobreza sin signos positivos de recuperación. Haití está en serios y gravísimos problemas hoy y prácticamente hipotecado su futuro por mucho tiempo. El devastador terremoto de 7,0 grados en Puerto Príncipe pone aún mayor énfasis en lo que ya era un desastre para el desarrollo humano. Casi todos los edificios de la ciudad, organismos públicos y de ayuda han sido destruidos, uniendo a ello unos 70.000 fallecidos y miles de desaparecidos. Hoy en día es portada mundial, pero lamentablemente y a raíz de experiencias previas, dentro de varias semanas, se dejará de oír su nombre, y entonces, comenzará lo más difícil para sus habitantes: tratar de volver a la vida.


En el momento del desastre Cuba ya tenía en Haití 408 médicos y paramédicos como parte de sus planes de internacionalismo y ayuda a los países pobres, algo que la Revolución ha realizado desde los años 60, los grandes años de la romántica aventura revolucionaria (todavía no definida del lado comunista) cubana. Una colaboración más estrecha entre ambos países comenzó en 1998, cuando el huracán George azotó la isla. Desde entonces los médicos cubanos han atendido una gran cantidad de pacientes haitianos, ejemplo de ello fue la llamada Operación Milagro (la cual fue y sigue siendo realizada a gran escala en Venezuela) para la atención a pacientes con enfermedades oftalmológicas, desde 2004 se realizaron más de 47.000 cirugías de la vista a ciudadanos haitianos.


Al igual que muchos otros procedentes de todas partes de mundo, en Cuba se han formado 917 profesionales de Haití, de ellos 570 médicos y como resultado de la cooperación en materia de educación, se dice que cientos de miles de haitianos han sido alfabetizados. La Brigada Médica Cubana (formada por médicos y paramédicos) que prestaba desde hace tiempo sus servicios en Puerto Príncipe se han visto sorprendidos al igual que el resto de la población, han establecido un hospital de campaña en una instalación anexa al centro hospitalario que sufrió derrumbe.


Ante tal situación, muchos intelectuales, políticos y gente corriente coincide en que es el momento para que los Estados Unidos, Cuba y otros países de América Latina coordinen sus esfuerzos para detener la peor tragedia humana que haya padecido Haití, y para que potencialmente se unan las estrategias del llamado poder blando de Estados Unidos y Cuba de la manera que crean más positivas para Haití y sin dudas de más largo plazo en las relaciones norteamericanas con la isla en este siglo XXI. En casos tan trágicos como este, suele aparecer el lado más humano. Por ejemplo, tras el huracán Katrina que golpeó Nueva Orleans, Fidel Castro ofreció la ayuda de los profesionales que conformar la Brigada Médica Henry Reeves (denominada así haciendo referencia el nombre de un médico neoyorquino que luchó en la guerra de independencia de Cuba contra los españoles y considerado un patriota cubano).


Como era de esperar, los Estados Unidos de G. W. Bush rechazaron la oferta en septiembre de 2005. Finalmente, una pequeña parte de dicha brigada acudió a Nueva Orleans a realizar un trabajo de ayuda y asistencia. Esta brigada continuó disponible para brindar apoyo en cualquier otro lugar del mundo en situaciones de desastre. La brigada está integrada por miles de médicos de los cuales hay especialistas en medicina general integral y otros son especialistas en epidemiología, gastroenterología, psiquiatría, cardiología, cirugía, pediatría, entre otras.


Después del terremoto de octubre de 2005 en Pakistán estos médicos partieron hacia ese país para prestar la tan necesaria ayuda médica después de la devastación de Cachemira. Estados Unidos y Europa enviaron equipos de médicos a Pakistán, cada uno con un campamento base de despliegue durante un mes. Los cubanos desplegaron siete campamentos como base principal y 30 hospitales de campaña en la región de fundamentalistas islámicos de Pakistán, una cantidad muy superior al único equipo enviado por Estados Unidos, con un solo campamento base y con una permanencia de un sólo mes en dicha región a pesar de ser un aliado fundamental en dicho lugar del planeta. Pakistán, una nación con la cual Cuba no tenía relaciones diplomáticas, a partir de dicha acción se han abierto embajadas de ambos países en sus respectivas capitales. Dicha brigada tiene una larga experiencia en catástrofes naturales (acumulan experiencia en intervenciones en lugares tales como China, la nombrada Pakistán, Guatemala, Indonesia y Bolivia) y que sabe desenvolverse muy bien en situaciones precarias y trabajando con muchas limitaciones tanto de medios como de material.

Por las circunstancias de escasez total que sufre la isla desde hace años se unió al resto del personal de la salud radicado allí, el cual auxilia a la ciudadanía desde el comienzo de la tragedia. Las jornadas de trabajo son frenéticas, se habla de 18 horas diarias realizando curas e intervenciones. Debido al gran número de infecciones, se dice que se han tenido que realizar cientos de amputaciones para evitar la extensión de la infección. Por increíblemente no es ninguna película de terror, es la triste realidad que está sucediendo actualmente.


En Puerto Príncipe, los médicos cubanos trabajan en un hospital de campaña y han montado puestos de emergencia en varios puntos estratégicos de esa ciudad como medida preventiva para atender a la población. Durante estos últimos días, debido a la magnitud del desastre y el caos reinante se van a abrir 280 centros de urgencia, con capacidad para 500 personas, con el propósito de albergar a los sin techo y ofrecerles toda la ayuda posible. A pesar del apoyo de multitud de países enviando equipos médicos, comida y medicinas, éstas no llegan a los más necesitados por culpa de la mala organización y caos total reinante.


Los centros serán instalados en plazas públicas, patios de escuelas e iglesias de la capital y seis ciudades de los alrededores. También llegaron el pasado sábado 32 médicos y tres equipos quirúrgicos adicionales desde Cuba, como refuerzo. Dichos galenos recién llegados son haitianos graduados en la Escuela de Medicina de Santiago de Cuba, quienes inmediatamente han comenzado su labor en puntos de concentración y refugios de la población que ha perdido su hogar. La situación en la capital es sumamente crítica y empeora a cada paso, y al tétrico panorama de los derrumbes se suman los centenares de cadáveres que permanecen insepultos en las calles o bajo los escombros, lo que complica aún más la situación epidemiológica.


En estos momentos, el dantesco panorama al que se enfrentan cubanos y resto de cooperantes casi ya es historia pasada: la misma tragedia ha vuelto a azotar Haití, otro nuevo seísmo de 6,1 grados acaba de empeorar lo impeorable. La triste historia, parece, que solamente acaba de empezar.


martes, 19 de enero de 2010

Médicos cubanos salvan más niños haitianos afectados por terremoto

19 de Enero de 2010, 7:20 am

medicos_cubanos_haiti.jpgLas Tunas, (Redacción Tiempo21).- En medio del caos y la desesperación que vive el pueblo haitiano por el devastador terremoto, los médicos cubanos siguen salvando niños afectados por el sismo, y velan por los pequeños en diferentes lugares de Puerto Príncipe, la capital del país.

Un despacho de la agencia de noticias Prensa Latina remite al caso de la niña  Martina Franklin, de tres años, quien fue protagonista de una de las escenas más dramáticas ocasionadas por el sismo y sobrevivió gracias a la labor de los galenos de la Isla.

En el barrio Carreffour Fevilles, la vivienda de dos plantas donde residía la niña junto a sus padres, se desplomó y causó la muerte de los progenitores, pero la niña quedó atrapada con vida bajo los escombros, y fue rescatada tres días después por socorristas especializados.

Ya en el centro hospitalario La Renaissance, en las cercanías del devastado palacio de gobierno, los médicos cubanos que allí laboran atendieron las severas quemaduras en las extremidades y aunque hubo de amputársele las dos piernas salvaron su vida.

Otro caso impactante fue en el cual sobrevivieron Rosany Joseph y cuatro de sus siete hijos. Los niños, Carlin, Carlina, Amigaelle y Mackensan, sufrieron lesiones diversas al caer el techo de su vivienda, algunos de los traumas en la cabeza, pero recibieron una rápida atención del equipo de pediatras cubanos que labora en el Hospital Universitario de la Paz y tras el alta, su madre decidió, como lo han hecho decenas de pacientes, quedarse a vivir en los jardines de la instalación, para tener bien cerca al equipo de galenos de la Isla.

Luego del terremoto, los 331 médicos cubanos que se encontraban en Haití se mantuvieron prestando asistencia médica, y 81 de ellos desde las primeras horas del desastre instalaron un hospital de campaña en la zona más afectada de esta capital, a los que se sumaron la brigada Hanry Reeve y jóvenes haitianos graduados en la isla, así como estudiantes de medicina que se forman en la oriental provincia de Santiago de Cuba.


 

viernes, 15 de enero de 2010

FIDEL: La lección de Haití

Reflexiones del compañero FIDEL: La lección de Haití

reflexiones-de-fidel-1.JPGDesde hace dos días, casi a las 6 de la tarde, hora de Cuba, ya de noche en Haití por su ubicación geográfica, las emisoras de televisión comenzaron a divulgar noticias de que un violento terremoto, con magnitud de 7,3 en la escala Richter, había golpeado severamente a Puerto Príncipe. El fenómeno sísmico se había originado en una falla tectónica ubicada en el mar, a sólo 15 kilómetros de la capital haitiana, una ciudad donde el 80% de la población habita casas endebles construidas con adobe y barro.

Las noticias continuaron casi sin interrupción durante horas. No había imágenes, pero se afirmaba que muchos edificios públicos, hospitales, escuelas e instalaciones de construcción más sólida se reportaban colapsadas. He leído que un terremoto de magnitud 7,3 equivale a la energía liberada por una explosión igual a 400 mil toneladas de TNT.

Descripciones trágicas eran transmitidas. Los heridos en las calles reclamaban a gritos auxilios médicos, rodeados de ruinas con familias sepultadas. Nadie, sin embargo, había podido transmitir imagen alguna durante muchas horas.

La noticia nos tomó a todos por sorpresa. Muchos escuchábamos con frecuencia informaciones sobre huracanes y grandes inundaciones en Haití, pero ignorábamos que el vecino país corría riesgo de un gran terremoto. Salió a relucir esta vez que hace 200 años se había producido un gran sismo en esa ciudad, que seguramente tendría unos pocos miles de habitantes.

 A las 12 de la noche no se mencionaba todavía una cifra aproximada de víctimas. Altos jefes de Naciones Unidas y varios Jefes de Gobierno hablaban de los conmovedores sucesos y anunciaban el envío de brigadas de socorro. Como hay desplegadas allí tropas de la MINUSTAH, fuerzas de Naciones Unidas de diversos países, algunos ministros de defensa hablaban de posibles bajas entre su personal.

Fue realmente en la mañana de ayer miércoles cuando comenzaron a llegar tristes noticias sobre enormes bajas humanas en la población, e incluso instituciones como Naciones Unidas mencionaban que algunas de sus edificaciones en ese país habían colapsado, una palabra que no dice nada de por sí o podía significar mucho.

Durante horas ininterrumpidas continuaron llegando noticias cada vez más traumáticas de la situación en ese hermano país. Se discutían cifras de víctimas mortales que fluctúan, según versiones, entre 30 mil y 100 mil. Las imágenes son desoladoras;  es evidente que el desastroso acontecimiento ha recibido amplia divulgación mundial, y muchos gobiernos, sinceramente conmovidos, realizan esfuerzos por cooperar en la medida de sus recursos.

La tragedia conmueve de buena fe a gran número de personas, en especial las de carácter natural. Pero tal vez muy pocos se detienen a pensar por qué Haití es un país tan pobre. ¿Por qué su población depende casi en un 50 por ciento de las remesas familiares que se reciben del exterior? ¿Por qué no analizar también las realidades que conducen a la situación actual de Haití y sus enormes sufrimientos?

Lo más curioso de esta historia es que nadie pronuncia una palabra para recordar que Haití fue el primer país en que 400 mil africanos esclavizados y traficados por los europeos se sublevaron contra 30 mil dueños blancos de plantaciones de caña y café, llevando a cabo la primera gran revolución social en nuestro hemisferio. Páginas de insuperable gloria se escribieron allí. El más eminente general de Napoleón fue derrotado. Haití es producto neto del colonialismo y el imperialismo, de más de un siglo de empleo de sus recursos humanos en los trabajos más duros, de las intervenciones militares y la extracción de sus riquezas.

Este olvido histórico no sería tan grave como el hecho real de que Haití constituye una vergüenza de nuestra época, en un mundo donde prevalecen la explotación y el saqueo de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta.

Miles de millones de personas en América Latina, África y Asia sufren de carencias similares, aunque tal vez no todas en una proporción tan alta como Haití.

Situaciones como la de ese país no debieran existir en ningún lugar de la Tierra, donde abundan decenas de miles de ciudades y poblados en condiciones similares y a veces peores, en virtud de un orden económico y político internacional injusto impuesto al mundo. A la población mundial no la amenazan únicamente catástrofes naturales como la de Haití, que es sólo una pálida sombra de lo que puede ocurrir en el planeta con el cambio climático, que fue realmente objeto de burla, escarnio y engaño en Copenhague.

Es justo expresar a todos los países e instituciones que han perdido algunos ciudadanos o miembros con motivo de la catástrofe natural en Haití: no dudamos que realizarán en este instante el mayor esfuerzo por salvar vidas humanas y aliviar el dolor de ese sufrido pueblo. No podemos culparlos del fenómeno natural que ha tenido lugar allí, aunque estemos en desacuerdo con la política seguida con Haití.

No puedo dejar de expresar la opinión de que es hora ya de buscar soluciones reales y verdaderas para ese hermano pueblo.

En el campo de la salud y otras áreas, Cuba, a pesar de ser un país pobre y bloqueado, desde hace años viene cooperando con el pueblo haitiano. Alrededor de 400 médicos y especialistas de la salud prestan cooperación gratuita al pueblo haitiano. En 227 de las 337 comunas del país laboran todos los días nuestros médicos. Por otro lado, no menos de 400 jóvenes haitianos se han formado como médicos en nuestra Patria. Trabajarán ahora con el refuerzo que viajó ayer para salvar vidas en esta crítica situación. Pueden movilizarse, por lo tanto, sin especial esfuerzo, hasta mil médicos y especialistas de la salud que ya están casi todos allí y dispuestos a cooperar con cualquier otro Estado que desee salvar vidas haitianas y rehabilitar heridos.

Otro elevado número de jóvenes haitianos cursan esos estudios de medicina en Cuba.
También cooperamos con el pueblo haitiano en otras esferas que están a nuestro alcance. No habrá, sin embargo, ninguna otra forma de cooperación digna de calificarse así, que la de luchar en el campo de las ideas y la acción política para poner fin a la tragedia sin límite que sufren un gran número de naciones como Haití.

La jefa de nuestra brigada médica informó: “la situación es difícil, pero hemos comenzado ya a salvar vidas”. Lo hizo a través de un escueto mensaje horas después de su llegada ayer a Puerto Príncipe con refuerzos médicos adicionales.

Tarde en la noche comunicó que los médicos cubanos y los haitianos graduados de la ELAM se estaban desplegando en el país. Habían atendido ya en Puerto Príncipe más de mil pacientes, poniendo a funcionar con urgencia un hospital que no había colapsado y utilizando casas de campaña donde era necesario. Se preparaban para instalar rápidamente otros centros de atención urgente.

¡Sentimos un sano orgullo por la cooperación que, en estos instantes trágicos, los médicos cubanos y los jóvenes médicos haitianos formados en Cuba están prestando a sus hermanos de Haití!   




firma-fidel.jpgFidel Castro Ruz
Enero 14 de 2010
8 y 25 p.m.