Por Enrique Ubieta Gómez, La isla desconocida
"Es un borracho", pensé, y me dispuse a seguir. Pero a su lado otro hombre, desaliñado, sucio, que quizás también regresaba de su jornada laboral, repetía angustiado: "parece un ataque de hipoglicemia".
Insistía tanto que me detuve y miré, sin ver, claro, porque de medicina no sé nada.
"¿Usted lo conoce?". "No", me dijo, "pero parece un ataque de hipoglicemia, mira como respira".
Otro hombre se detuvo y opinó que debíamos buscar un auto que lo condujera al hospital. Éramos ya tres. Pero el cuarto transeúnte siguió de largo y todavía se atrevió a decir: "déjenlo, no es asunto de ustedes, si le pasa algo se van a complicar la vida".
"Hay que ayudarlo", respondió el tercero en llegar.
Y el primero, el que nos detuvo con su letanía hipoglicémica gritó: "Oye, ¡esto no es Estados Unidos. Esto es Cuba!"
Entonces vimos llegar el carro. Los tres bloqueamos la calle, e hicimos señas.
Después lo cargamos entre todos, y el vigía, el salvador anónimo, se montó junto al posible enfermo en el asiento trasero.
No sé y probablemente no sepa ya si estaba borracho, o enfermo, cualquiera que sea su enfermedad, pero aquel salvador cansado, sucio, que pasaría inadvertido en la multitud citadina, me recordó que vivimos en Cuba.
Fuente: http://la-isla-desconocida.blogspot.com/2011/11/esto-es-cuba.html
Imagen agregada RCBáez
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