jueves, 29 de mayo de 2014

¿Hasta dónde el mercado?

Por Darío Machado Rodríguez*
 

La relación mercantil puede entenderse como una función “metabólica” de la sociedad que se fundamenta en la necesidad de intercambiar bienes y servicios y en el derecho de las partes a recibirlos en magnitudes equivalentes a las aportadas. “Las partes” son en primer lugar personas, grupos; también entidades, organizaciones económicas, empresas productoras de bienes y servicios, etc.

El derecho a obtener equivalentes por lo aportado tiene un determinado contenido ético: considerar justo recibir en correspondencia con lo que se da. La experiencia advierte que por mucho tiempo no podrá prescindirse de las relaciones mercantiles y por ello el socialismo no puede pretender obviarlas en todos los ámbitos de la vida social desde los inicios del largo proceso de su construcción.

Las relaciones mercantiles son relaciones entre las personas mediadas por los bienes y servicios que estas producen o poseen y que tienen lugar en un contexto que influye sobre ellas de diferentes formas. El acto de intercambio mercantil no es “puro”, puede y de hecho suele estar contaminado no solo por las contingencias y los criterios, sino a menudo también por el engaño (mayor precio del que correspondería, menos cantidad, menor calidad), por la especulación, por la desinformación (por ejemplo, propagar un rumor sobre la escasez de un producto), por los precios monopólicos, por precios regulados en función de propósitos sociales, etc.

Por tal razón, en una sociedad de orientación socialista, el marco jurídico normativo que regule las relaciones mercantiles, los controles, y una administración proba,  constituyen factores imprescindibles para el ejercicio apropiado del mercado, para que funcione al máximo el lado constructivo que puede ejercer, en particular en lo tocante al estímulo al trabajo, y para que la educación encargada de cultivar el hábito de trabajar bien, de producir con calidad, de dar el servicio merecido, de conjurar el afán de lucro y el consumismo, prospere en la conciencia, en la actitud y en los hábitos de las personas.

La relación mercantil supone el intercambio de equivalentes entre sujetos desiguales. La desigualdad de las personas, dada por la división social del trabajo, por el lugar que ocupan en el metabolismo socioeconómico, por su origen social, por sus capacidades individuales y grupales, ha sido compensada por el Estado revolucionario cubano a través de importantes prestaciones sociales, en particular la educación universal y gratuita, la atención a la salud, los subsidios, la protección de la niñez y de la tercera edad, el amparo a las personas con discapacidad, la equidad de oportunidades, pero sin poder superar todas las desigualdades.

La relación mercantil basada en el intercambio de equivalentes es un hecho aceptado por los Lineamientos, pero no subordinando a ella la sociedad, por lo que resulta entonces fundamental para definir cómo abordarlo en lo sucesivo y rectificar cuando sea necesario, atender al marco interpretativo para su asimilación y tratamiento.

Como cualquier otro hecho puede tener diferentes interpretaciones. Su desambiguación dependerá del marco interpretativo desde el cual se haga. La recepción del hecho mercantil y su interpretación es, en consecuencia,  terreno de la lucha ideológica. Pueden darse, al menos, tres variantes:
  • Interpretar el mercado como panacea universal.
  • Restar importancia a sus efectos sociales.
  • Contrarrestarlo inteligentemente con las leyes, las normas, las políticas, la participación social, la educación y las convicciones acerca de su necesaria subordinación a los intereses generales de la sociedad.
Las dos primeras recepciones del hecho mercantil implican su aceptación o promoción. Solo la tercera tiene contenido y sentido socialista ya que cuestiona sus efectos en el ordenamiento y jerarquización de las relaciones entre las personas y necesita hacer una asimilación activa, crítica y constructiva de esa realidad en función del interés social.

Para la construcción socialista es fundamental que el mercado no desarrolle su tendencia natural a condicionar la jerarquización de las relaciones humanas en general, lo cual solo es posible a través de su regulación y de la educación, es decir, interviniendo la relación “natural” discriminante del mercado, desde la acción política y la conciencia de los seres humanos.

Suponer que no hay que prestar atención al impacto social de las relaciones mercantiles, o peor aún, promoverlas como “la solución a todos los males” es letal para la justicia social, para la equidad, para mantener el consenso, para la orientación socialista de la construcción social y, en perspectiva, para la identidad cultural y la propia independencia nacional.

No es lo mismo mantener adecuadas restricciones a la propiedad privada que facilitarlas con marcos jurídicos cada vez más flexibles, mirando solo los efectos económicos. En el caso de la distribución del poder político, hay una gran diferencia entre considerar como hasta hoy la plena igualdad de los ciudadanos para acceder a posiciones representativas en el Estado teniendo en cuenta solamente sus méritos, que considerar la representación desde determinado sector social (cuentapropistas, cooperativistas, campesinos, empresarios, etc.) que no obstante estarán siempre presentes en esos cargos electivos, pero representando a toda la sociedad y no a intereses corporativos.

Son suficientes los dos ejemplos anteriores para entender la importancia del seguimiento inmediato y cercano de las transformaciones económicas en curso. El conocimiento a fondo de los hechos, de los cambios y sus efectos no informará directamente lo que se debe hacer (aun cuando lo contenga potencialmente porque la propia apreciación, la perspectiva del marco interpretativo desde el que se haga ya le influye), sino que mostrará lo que ocurre, permitirá formarse un panorama más real de posibilidades de abordarlos, mientras la actuación ante ellos, aun condicionada por esas posibilidades, dependerá del sujeto de los cambios y de su ideología.

Por “sujeto de los cambios” hay que entender al sujeto que decide, lo que dependerá de la ubicación, complejidad y envergadura de los hechos analizados. Cuando se trata de decisiones que atañen a la sociedad en su conjunto y son  capitales para su desarrollo se impone consultar a todo el pueblo: “…vale la pena recordar a relevancia que tiene el principio de consultar de manera directa con la población las decisiones vitales para el desarrollo de la sociedad.”[i] La práctica de consultar y analizar colectivamente los hechos antes de tomar las decisiones es algo básico para la construcción socialista, decurso en el que se impone en todos los ámbitos de la vida del país socializar la información, consultar, enfocar colectivamente los problemas, aprovechar las potencialidades intelectuales de todos. Consultar, enfocar colectivamente los hechos es una práctica indispensable para el socialismo y una función social que es preciso incorporar como concepto, no solo por razones políticas e ideológicas sino también como principio organizativo y normativa jurídica.

Consumo: unas palabras sobre los criterios en la promoción

El entendimiento ponderado del papel del mercado en una construcción socioeconómica de orientación socialista tiene una arista particular referida al consumo y a la promoción de lo que ofrece el subsistema productor de bienes y servicios.

Hay dos fenómenos indiscutibles en las sociedades humanas, uno es precisamente el consumo. Todas las sociedades son “de consumo”, solo que no necesariamente víctimas del consumismo; el otro es la comunicación, todas las sociedades tienen entre sus actividades fundamentales e indispensables la comunicación, solo que los niveles de responsabilidad con los que tiene lugar la comunicación social difieren y en el caso del capitalismo tardío y su irrefrenable afán de lucro, la publicidad comercial para hacer necesitar al ser humano lo que no le hace falta realmente, o incluso aquello que daña su salud física y mental, es hoy una actividad lucrativa cada vez más especializada, influyente y no solo en el terreno comercial, sino también y muy especialmente en la psicología y la salud misma de las personas.

Si bien en este mundo el enriquecimiento material está limitado por la finitud del planeta, no ocurre lo mismo con el enriquecimiento cultural que no tiene restricciones, salvo las que emanen de las desigualdades presentes, los prejuicios o las arbitrariedades.

No puedo extenderme en este texto en el tema del consumo en una sociedad como la cubana, apenas apuntaré que este debe ser saludable, responsable y racional y que como variable socioeconómica fundamental debe ser estudiado con auxilio de la ciencia.[ii]

Por otro lado, la vida cotidiana de las personas va de la mano con la información y la comunicación. Es una verdad de Perogrullo, pero es imprescindible repetirla para referir que entre el innumerable flujo constante de información que existe en la sociedad está aquella que necesita el ciudadano para atender a sus múltiples necesidades personales y familiares. La información y la comunicación median entre muchas de las necesidades del ser humano y su satisfacción con bienes de consumo y servicios a través del cambio.

Los bienes y servicios que ofrecen las entidades estatales, en particular los nuevos que se produzcan como resultado de la ampliación de las facultades y proyecciones de las empresas, deben ser informados oportuna y exhaustivamente a la población. 
Junto con ello, el incremento del espacio para las relaciones mercantiles en la sociedad cubana va acompañado del surgimiento de numerosas actividades por cuenta propia, arrendamientos y cooperativas vinculadas a la satisfacción de las necesidades de la población, y es natural y conveniente que los bienes y servicios que ofrecen sean informados al público.

Se trata no solamente de la información acerca de las características de estos bienes y servicios y de sus precios, sino también de los derechos de las personas que necesitan adquirirlos, las reclamaciones, las devoluciones, etc.

Es evidente que esta información es todavía insuficiente y deberán encontrarse creativamente las vías y formas que permitan producirla, sistematizarla y ofrecerla al público para que este pueda decidir cómo canalizar mejor sus decisiones.

Sin embargo, el mundo simbólico que crea la publicidad de la oferta mercantil -sea estatal o privada- debe ser objeto desde el vamos de la más esmerada atención para evitar traspasar los límites entre la información de contenido acorde con lo que realmente se ofrece y con una estética atractiva  que siempre contendrá una dosis de estímulo, y el estímulo desmedido y contraproducente al consumo, en particular con el engaño, la superficialidad, la banalidad, las expresiones chabacanas, cutres, de mal gusto, etc.

La imagen que proyectan públicamente sus actividades, la promoción de lo que ofrecen es una variable que debe ser siempre atendida por las instituciones correspondientes de la sociedad para asegurar que la información que se brinda al público tenga contenidos y formas que, además de cumplir con la función de comunicar a la gente aquello que se ofrece, contribuyan a un ambiente alegre, sano, de buen gusto y educado.

Eso es parte también de la subordinación del mercado a los intereses de la sociedad.


[i]       Ver Raúl Castro, discurso por el 55 aniversario del triunfo de la revolución, periódico Granma, jueves 2 de enero de 2014, p. 5.
[ii]       Pueden consultarse de mi propia autoría “La persona y el programa del socialismo en Cuba”, Editorial Vadell y Hnos. SA, Caracas, 2010, pp. 107-115  y “Economía… política, valga la redundancia” Rebelión, 02-10-2012.
* Licenciado en Ciencias Políticas, Diplomado en teoría del proceso ideológico, Doctor en ciencias filosóficas, investigador y profesor titular, preside la cátedra de periodismo de investigación y es vicepresidente de la cátedra de comunicación y sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
 Imagen agregada RCBáez: "Si no te gusta no te la lleves"