viernes, 19 de diciembre de 2014

Primeras impresiones acerca de un nuevo día histórico para Cuba


Por Lohania Aruca Alonso*

     Ayer, 17 de diciembre, día de la celebración de San Lázaro, que representa para los cristianos la resurrección del ser humano frente a la muerte, y para las religiones afrocubanas está dedicado a BabalúAye, el sanador de todas las enfermedades, también se convirtió en un hermoso día histórico de celebración y júbilo popular por el tan deseado regreso a la patria cubana de los tres héroes antiterroristas Ramón, Gerardo y Antonio, quienes se unieron a René y Fernando para reintegrarse a sus familias y al pueblo, que durante 16 años perseveró en la lucha por la libertad de los 5.

     A tan importante y feliz acontecimiento se sumó el anuncio simultáneo por parte de los jefes de gobierno de Cuba, Raúl Castro Ruz, y de los Estados Unidos de América, Barack Obama, del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, después de más de 50 años de interrupción de las mismas por la parte estadounidense. Esta última novedad resultó más inesperada que la primera, pues, es sabido que verdaderamente constituye un paso audaz y valiente,  dentro de la estrategia general de los EE. UU. hacia Cuba, por parte del presidente Obama, a pesar de que no se procedió al levantamiento total del bloqueo económico, comercial y financiero que pesa sobre nuestro país.

      La liberación y el regreso a Cuba de los 5 ha sido un  hecho feliz y conclusivo. Es un caso cerrado, irreversible. De gran trascendencia porque resalta la importancia de los sentimientos de alta calidad humana, como son la justicia y la solidaridad y la manera en que ellos mueven al mundo, cambian y enriquecen la vida de los pueblos y de las personas. Aquel es un testimonio del avance civilizatorio que transcurre paulatinamente, y que a veces es difícil de percibir, pues,  el salvajismo guerrerista y neocolonialista aún es un escenario que domina a la sociedad humana en la actualidad.  También la restauración de las relaciones diplomáticas entre los EE UU y Cuba se puede ubicar en el marco de, o  como una consecuencia de los grandes movimientos mundiales por la paz, la justicia y la solidaridad con Cuba. Nunca estuvimos solos, ni totalmente aislados en los últimos 55 años de lucha revolucionaria, y esto no puede ser olvidado ni disminuido.  Es un factor de índole internacional, que siempre ha influenciado positivamente el avance de la revolución cubana.

      Por otra parte, la decisión de Obama marca un cambio en la estrategia general de las relaciones con Cuba; aunque otra cosa sucede con respecto a su revolución socialista. No se puede soslayar que para la política estadounidense esos son dos conceptos con significados diferentes, que igualmente tienen tratamientos distintos. Si bien para Cuba, en general, se abre una oportunidad de diálogo con el vecino, que puede franquear numerosas puertas, particularmente en el plano de las relaciones culturales, de la actividad económica relacionada con el turismo y de otras áreas de interés común, bilateral, o multilateral a escala regional o mundial, no me hago ilusiones con un desenvolvimiento similar en otras dimensiones pendientes de la confrontación. Así también lo ha declarado Raúl en su breve discurso de ayer. 

El objetivo central hacia la revolución cubana continúa siendo hacerla trizas, derrotarla, sobre todo frente al mundo donde ocurre un cambio civilizatorio,  y,  en especial, como un medio de debilitar los transformaciones positivas con mira a los procesos de integración en América Latina y el Caribe. Restablecer relaciones con el gobierno cubano significa abrir las puertas no sólo a ciertos beneficios, sino también conlleva la ventaja (el riesgo para nosotros) de influenciar y/o respaldar más directamente a las tendencias no socialistas dentro del panorama de transición de la generación histórica, fidelista, a los jóvenes actores que acceden al poder gubernamental (entrevistos por la política estadounidense como una mala esperanza para el sostenimiento del socialismo en Cuba). El “manto sagrado” de la defensa de los derechos humanos y de la democracia, nada menos verdadero ni más hipócrita, por los constantes violadores de ambos, encubre las aspiraciones de los imperialistas.

     Se afloja un poco la soga que pretendió estrangular a la revolución cubana a cambio de tener en La Habana su embajada (el consulado ya funcionaba), de establecer una comunicación, información e influencia más directa sobre la población. En particular, los mayores “beneficios” se encaminan abiertamente hacia la ampliación y el fortalecimiento del sector no estatal (privado) de la economía. Siguen la lógica propia del sistema capitalista, y del neocolonialismo ya conocido en Cuba antes de 1959.

     ¡Bienvenidos sean los retos que nos ofrece en bandeja dorada el vecino! Solamente basta con leer detenidamente el documento dado a conocer ayer mismo por la Casa Blanca acerca del anuncio de Obama y las transformaciones que se propone hacer, o repasar atentamente los artículos del “The New York Times”. Les instamos a tal lectura y reflexión sobre la nueva etapa que se ha abierto en las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba con el fin de apreciarla con mayor exactitud y desde una perspectiva más realista.

     Ahora le toca a los cubanos y cubanas cuidar de lo que la revolución socialista y el gobierno del Poder Popular -que brota del propio pueblo-, ha realizado con inteligencia, audacia y perseverancia durante los últimos 55 años: consolidar la independencia y soberanía de Cuba, llevar a cabo programas económicos y sociales que elevaron extraordinariamente la salud, la educación y la cultura en general hasta el nivel alcanzado actualmente, reconocido esto  por los medios de comunicación masivos y el gobierno estadounidenses, amén de otros organismos e instituciones de alcance internacional.

Atraer hacia Cuba la solidaridad y el apoyo a las luchas por sus causas justas, expresadas en muchas acciones internacionalistas y desprovistas de chovinismo, egoísmo y de aspiraciones de hegemonía o enriquecimiento a costa de otros pueblos hermanos. Reitero, es por todo lo antes dicho que ¡nunca estuvimos solos, ni aislados del mundo! De lo cual aún no se percata el presidente Obama.

      Ojalá “el arte de convivir como buenos vecinos”, que en su discurso apuntó con gran sagacidad Raúl,  sea el futuro emblema de las relaciones entre los EE UU y Cuba; nada más deseado y deseable. Ese sería un gran paso de avance civilizatorio. Pero, por el momento, sigamos con profunda atención, análisis,  y sin bajar la guardia, el advenimiento y la concreción de los anuncios de ayer.  Recordemos aquella sabia y corajuda sentencia demostrada extensamente en su obra por el historiador Emilio Roig de Leuchsenring: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos (Ediciones La Tertulia, La Habana, 1960). Tampoco ahora le debemos nada; sólo la acumulación de sacrificios, sangre, sudor y lágrimas que por más de cinco décadas nos ha costado alcanzar el primer reconocimiento oficial, por parte de los EE. UU., del valor histórico de estas relaciones bilaterales equilibradas, entre ambos gobiernos.-

La Habana,  18 de diciembre de 2014.

 
* Cubana. Periodista e investigadora histórica y cultural. Licenciada en Historia, con especialidad en Urbanismo. Máster en Ciencias Estudios sobre América Latina, el Caribe y Cuba. Miembro de la UNEAC, la Unión de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción y la UPEC. Cumplió tareas como funcionaria del Servicio Exterior del MINREX en Cuba