jueves, 26 de febrero de 2015

Las conversaciones actuales entre yanquis y cubanos. La "Pax Gringa"

Por  Nyls Gustavo Ponce Seoane*

 “…ninguna distinción habré de hacer entre tirio y troyano.”
Virgilio, en La Eneida


Actualización de una expresión antigua.

Comúnmente  con la expresión “tirios y troyanos” se designa a los  partidarios de opiniones o intereses opuestos. El origen de la misma se remonta a la Antigüedad y se encuentra en la rivalidad que existió entre las ciudades de Tiro y Troya, por la hegemonía del  Mediterráneo.

De ahí que "tirios" y "troyanos" se hayan tenido, a lo largo de la historia, como símbolos de la rivalidad y la divergencia. Y eso explica el sentido de la frase "tirios y troyanos" para referirnos a grupos opuestos o rivales

Sin embargo, la expresión se ha generalizado y es utilizada también para señalar que alguien o algo son aceptados por parte de dos bandos enfrentados, para resaltar lo llamativo del caso, ya que, por lo general, no es corriente que dos grupos contrapuestos coincidan en algo.

Se puede decir que esta es una de las muchas locuciones que tiene la lengua para expresar una totalidad que contrapone dos extremos y que ha tenido otras variantes sinónimas a lo largo de la Historia, como son justos por pecadores, moros y cristianos y otras,  acorde a la importancia o influencia  de determinados hechos e ideas de una época que han hecho que dichas frases  hayan trascendido para la posteridad.

El impacto provocado a nivel mundial por lo proclamado el 17 de Diciembre por los Presidentes de Cuba y de EE.UU. puede conllevar, con justificación histórica, a la actualización de la antigua frase, solo que ahora sería  entre “yanquis y cubanos”. Los primeros caracterizados por negocios, dinero y hegemonismo, han hecho célebre la frase de que “Los “americanos” no tienen amigos, solo tienen intereses”. Los segundos apuestan por acciones de ayuda y cooperación solidarias, y la emancipación. Son “de patria o muerte”, en el sentido martiano de que Patria es Humanidad.

Ese día, sin lugar a dudas histórico, fue  muy importante para  Cuba,  para los EE.UU., para todos los hijos  de  Nuestra América y del mundo por lo que significó de intentar lograr acuerdos que, en definitiva,  pueden ser considerados de paz, mediante conversaciones diplomáticas.

Esto se debe  tener presente a la hora de realizar cualquier análisis por estar puestos los ojos esperanzados de todo el mundo en la marcha de las conversaciones que se realizan y que se harán.

Es una nueva página de la historia que recién comienza, por lo que los opositores, que  ven sus intereses en peligro, deben cambiar el discurso y la actitud utilizados hasta el presente. Se deben incorporar a la construcción de  nuevas relaciones con profundos cambios de paradigmas de una vez por todas.

Por otra parte, si de verdad se quiere el éxito de las mismas, debe cesar la prepotencia hegemónica del poderoso y  la guerra mediática que, mediante la creación  de sutiles reflejos condicionados, norma y “formatea “  a las personas para su mejor control, inhibiéndoles la capacidad de pensar por sí mismas, pero que  al mismo tiempo, en relación con Cuba, ha sido poco fértil y productiva, como  lo demuestran los casos de Tele Martí y 14ymedio, que no tienen influencia pública alguna; más daño hacen algunas medidas burocráticas administrativas absurdas que se han tomado…

El  empleo de  otra  antigua  expresión.

En latín la expresión se conoció como “La Pax Romana” y se utilizó para denominar a un largo periodo de  paz impuesto por el  Imperio  Romano  a los pueblos por él sometidos.

En la historia también se conoce como “La Pax Augusta” ya que fue Augusto el que la inició, propició e instrumentó  a partir de  su declaración del fin de las guerras civiles.

La  denominación  de “Pax Romana“ proviene del hecho de que la administración y el sistema legal romanos  impusieron un dispositivo que implicó una paz armada hacia el interior del Imperio mediante el cual se pacificaron las  regiones más conflictivas  que habían sufrido disputas entre tribus, jefes, reyes y ciudades rivales que no beneficiaban la hegemonía imperial.

Durante  la misma, el Imperio  tuvo su mayor prosperidad económica y cultural, así como su máxima extensión geográfica, favoreciendo, además, el despertar de Oriente y la bonanza de Occidente.

La esencia  de  ella fue que los pueblos sometidos tuvieron que acatar las nuevas órdenes del poder central, lo que le permitió al Imperio hacer  sólo guerras hacia fuera del mismo, poniendo fin a algunas guerras internas que  lo perjudicaban y hacían daño. La paz interna o armada incidió en una mayor estabilidad desde el punto de vista institucional. Esto fue lo que hizo que repercutiera  en beneficios para el comercio y la cultura. Sin embargo, los combates  continuaron contra los partos y los germanos, entre otros pueblos de la periferia.

Históricamente, la Pax Romana coincidió en el tiempo con la denominada  “Pax Sínica” (La Paz China) que estaba teniendo lugar en el  este de Asia. Esta estabilidad que disfrutaron China y el Imperio romano favoreció el comercio y los viajes de larga distancia entre las dos esferas de poder.
Por analogía o semejanza histórica, la historiografía del pasado siglo  nombró como “La Pax Americana” al período de paz relativa que existió en el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que coincidió con la posición económica y militar dominante de los Estados Unidos, siendo similar al período de paz en Roma.
Sí, porque esa Paz Americana es en mucho como una Paz Romana de  aquellos días. En ambas situaciones el período fue de una paz relativa pues, aunque fue un tiempo de prosperidad para los estadounidenses, las guerras continuaron ocurriendo fuera  sus fronteras: los Estados Unidos estuvieron implicados en otras guerras como la de Corea y Viet-Nam e invasiones como la de Santo Domingo y Granada.
Terminada la guerra fría con la victoria bajo el liderazgo de los Estados Unidos se dieron las máximas condiciones para la imposición de “la Pax Americana” casi sin límites. Se pasó a un mundo unipolar bajo la hegemonía de los EE.UU.
Desde entonces pasó a existir una modalidad de invasión y destrucción de países, junto con la OTAN, de la que Afganistán e Irak  fueron los casos iniciales, pero cuyo efecto destructor se ha diseminado a países como Libia, Siria y Yemen, con potencial de extenderse hacia cualquier otro. Nunca el panorama ha sido tan desalentador y sin control, con perspectivas de empeoramiento, conforme la acción militar y política de los Estados Unidos,  que se intensifica, arrastrando a sus aliados, manteniendo el espionaje y operaciones encubiertas en varias naciones.
“La Pax Gringa”, nueva modalidad de la Pax Romana-Americana.
Debido a la similitud histórica, lo cierto es que con esta llamada “Paz”  se trata  de aumentar el control  interno donde tienen el poderío e influencia, para evitar  que  los pueblos, como en aquella época sucedía, se salgan fuera de su campo de influencia.
Entonces, de  la misma  forma que la antigua  expresión  “tirios y troyanos” adquirió en el transcurso de la historia  diferentes modalidades,  esta de la Pax Romana y Pax Americana se puede perfectamente actualizar, adaptándola a las nuevas condiciones que surgen en América Latina; teniendo en cuenta además las “nuevas” relaciones que desean establecer los EE.UU. con Cuba, a las cuales se han visto prácticamente obligados. Es por lo que adaptándola al lenguaje de América Latina, bien se le puede llamar “La Pax Gringa
 Fundamento para llamarla así hay, pues la naturaleza imperial  de los Estados Unidos no ha cambiado como lo demuestran las declaraciones abiertas de Barack Obama  sobre el fracaso  de la política dura con respecto a Cuba, sostenida durante más de 50 años, que los ha obligado a cambiar de táctica , pero no de estrategia, como él mismo inicialmente declaró; el desayuno de trabajo realizado por Roberta Jacobson con representantes de minúsculos grupos contrarrevolucionarios inmediatamente después de la primera ronda de conversaciones oficiales con el gobierno cubano en La Habana y sus declaraciones de continuar apoyándolos y  de mantener los privilegios de los emigrantes cubanos y posteriormente, las audiencias celebradas en las Comisiones de Relaciones Exteriores y de Derechos Humanos del Legislativo norteamericano donde intervinieron traidorzuelos cubanos de poca monta que fueron irrespetuosamente llamados y citados a declarar en ellas y donde manifestaron su oposición a la nueva política yanqui con Cuba.
Evidentemente, estos son, de hecho y de derecho, los primeros obstáculos impuestos por la administración norteamericana, desde el mismo comienzo de las conversaciones para la restauración de las relaciones diplomáticas,  al estarse entrometiendo en los asuntos internos de Cuba.
Deben ser denunciados y dados a conocer abierta y públicamente por la parte cubana, para que nadie se llame a engaño, ni amigos ni enemigos, de que si las negociaciones fracasan, la culpa es de ellos y por qué.
Esto es más que necesario decirlo, más aún cuando el objetivo de La Pax Gringa, no nos llamemos a engaño, no es sólo Cuba, sino que, como siempre han querido, después de neutralizada esta,  caer “con esa fuerza más” sobre los pueblos de Nuestra América.
Obviamente, el peso del temor a perder Latinoamérica es mucho mayor que el de hacer negocios con un pequeño y económicamente débil país como Cuba; más aún cuando las fuertes y continuas presiones políticas y diplomáticas de los países latinoamericanos consiguieron que Cuba va a estar presente en la Cumbre de las Américas.
Entonces, el Imperio necesita La Pax Gringa, quizás ahora más que nunca para:
- recuperar la influencia política debilitada sobre lo que otrora fue su “patio trasero”, que en definitiva, siempre lo reforzó a nivel mundial.
 - recuperar la proyección hegemónica en una región en auge económico, y participar e influir en los grandes proyectos de infraestructura, como el de la ampliación del Canal de Panamá, el megapuerto del Mariel, las exploraciones petrolíferas en el Golfo de México, el Canal de Nicaragua y otros.
- recuperar a Venezuela, no solo mediante el “dumping” en los precios de petróleo, sino también mediante  la organización de provocaciones subversivas internas para cambiar su gobierno.
- tratar de producir un distanciamiento entre La Habana y Caracas.
- tratar de atraer a Brasil nuevamente a su esfera de influencia y sacarlo de los BRICS.
- tratar de impedir el aumento de las relaciones económicas y comerciales chino-rusas con la región y que estas puedan conllevar a la presencia militar de dichos países.
Por lo tanto, es posible que Obama con este paso del cambio de táctica hacia Cuba esté dando, además, otro paso: el paso del gigante de las siete leguas, en su política exterior hacia Latinoamérica.
La Embajada y la implementación de la Pax Gringa
Ha llamado la atención -y se ha señalado por casi todos los analistas- lo apresurado que están los norteamericanos por reabrir su Embajada en La Habana lo más rápido posible.
Esto, claramente, responde a sus intereses de recuperar el control sobre Cuba y de la región latinoamericana por lo que significa una Embajada para ellos como canal de comunicación e información, comenzando por establecer una estación CIA, y, lo que es más importante aún: el establecimiento de La Pax Gringa.
Con respecto a Cuba, después de haberla perjudicado tras más de 50 años de bloqueo, lo que ahora ellos desean, con las nuevas relaciones, es darle el abrazo del Ogro-gigante a Pulgarcito-Meñique, para aplastarlo con sus millones.
Y estas relaciones, aunque son en parte positivas para los cubanos, por lo cual nos hemos alegrado, no debemos dejar de ser cuidadosos y estar alertas ante ellas, pues está en juego nuestra independencia y soberanía, lograda y sostenida “a capa y espada” por varias generaciones. Sin regir al dialogo y a los acuerdos, Meñique debe ser hábil y astuto ante el gigante de las siete leguas. Está obligado a serlo.
Quizás se crea que esto pueda ser una simple especulación extremista ideológica sobre el futuro de Cuba. Pero es que ahí están los hechos históricos de lo que significó, más que la Embajada, los embajadores norteamericanos para el gobierno y pueblo cubanos, los que representaban a aquél país en éste.  Los que lo vivimos, no lo olvidamos. Es más, eso contribuyó fundamentalmente a nuestro antiimperialismo, en pensamiento y en sentimiento…
Si hasta ahora los cubanos hemos estado más de medio siglo sin su Embajada ni sus embajadores, no debemos tener apuro alguno ni prisa para volverlos a tener. Para nada.
Si no aceptan nuestras propuestas y planteamientos de que nos quiten el pie de encima, como lo han hecho hasta ahora; de condiciones de respeto e igualdad y de colaboración mutua que deben existir entre nuestros dos pueblos, entonces, no tendrá sentido alguno las relaciones. Es elemental y evidente que “nos quiten el pie de encima” para el restablecimiento de las mismas, como también lo es, que después de quitado, en su nueva táctica, intenten darnos un traspiés. 
Es por eso que estas conversaciones con ellos deben efectuarse sin prisa, pero con pausas, para sopesar bien lo logrado o no y en base a esto, tomar decisiones para nosotros vitales. Que no piensen que se nos está dando una dádiva.
Fidel, en una reflexión reciente, planteó su desconfianza en los políticos norteamericanos. Algunos se asombraron, y hasta no les gustó. Hubo refunfuños. Oportunistas y renegados siempre los hay.
Sí, porque tal asombro y mortificación sólo puede ser de gente motivada por intereses individuales, personales; más aún cuando hay toda una historia que habla y dice más de lo que puede decir una sentencia.
Advertidos hemos estado, no de ahora, sino desde hace mucho tiempo atrás, desde siempre, cuando el Ché, que fue el primero que intentó establecer contactos con ellos, nos dejó dicho, en expresión simpática, una frase que a todos nos gustó en su momento y que gusta incluso ahora cuando la transmiten por la televisión y que fue cuando dijo que “del imperialismo no se puede confiar ni un tantico así” (e hizo esa seña con sus dedos).
La Habana, 25 de febrero de 2015.

Enviado por su autor
*Ingeniero Geólogo. Investigador Auxiliar, Instituto Geología y Paleontología, Ministerio de Energía y Minas de Cuba