domingo, 22 de noviembre de 2015

La Atlántida digital de la política de EEUU para Cuba

Por Rosa Miriam Elizalde*, @elizalderosa

 Una de los muchos servicios en EEUU para alojar páginas en Internet destinados al usuario cubano. Registrar un dominio .COM por un año solo cuesta 0,99 centavos.

Una de los muchos servicios en EEUU para alojar páginas en Internet destinados al usuario cubano. Registrar un dominio .COM por un año cuesta 9 dólares.

La Isla flota en el espacio digital como una Atlántida. No está claro el misterio que hace posible que uno de los negocios más boyantes aquí sea el de las páginas web y el registro de dominios (el Domain Name System, DNS, que ayuda a los usuarios a navegar por Internet), un servicio comercial sostenido con el poder de la infraestructura estadounidense y destinado exclusivamente al sector privado en Cuba. Acerca de esto, que yo sepa, las autoridades norteamericanas no han dicho ni pío.

He leído una y otra vez las medidas anunciadas por Obama en enero de este año, que favorecen las exportaciones de productos y servicios a Cuba en el campo de las telecomunicaciones, además del financiamiento para la creación de facilidades de este tipo de infraestructura en el sector estatal.

A pesar del entusiasmo y la retórica que han acompañado esta decisión, que ve en las telecomunicaciones el Santo Grial para el cambio de régimen en la Isla, apenas se han concretado dos proyectos con la empresa cubana ETECSA -bancos en terceros países de por medio-, porque para que esto pueda florecer es imprescindible el pago en efectivo y por adelantado. Debido a las sanciones financieras, gravita además sobre los empresarios estadounidenses el terror de caer en la telaraña de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro.

Ni en el paquete de Obama del 16 de enero de este año, ni en los que han venido después, se habla abiertamente de ofrecer facilidades a Cuba para el alojamiento de páginas web en servidores norteamericanos, otorgar registros de dominios internacionales de primer nivel -los conocidos .COM, .NET, .ORG, entre otros, adquiridos a través de empresas estadounidenses- o favorecer el comercio electrónico, servicios que tienen precio y que por regla requieren de transacciones a través de tarjetas de crédito y, por tanto, un diálogo directo entre bancos cubanos y estadounidenses, que no existe.

El comercio electrónico con la Isla es, de hecho, uno de los servicios sancionados por la Ley Torricelli (1992) y peso muerto del bloqueo estadounidense. Y para probarlo ahí está la empresa PayPal Inc., líder en transacciones electrónicas en EEUU, que en marzo aceptó pagar 7,7 millones de dólares y llegó a un acuerdo con los reguladores de Estados Unidos, luego de ser acusada de violar las sanciones impuestas por la Casa Blanca a Irán, Cuba y Sudán.

¿Cuál es el misterio, entonces, de que surjan como setas los medios privados en la web, destinados a usuarios en la Isla, sostenidos con una infraestructura transnacional y empleomanía local? ¿Cómo se produce tal exportación de servicios? ¿Por qué los temerosos empresarios del sector en EEUU acogen con entusiasmo a clientes que operan en la Isla por cuenta propia? ¿Por qué Google no bloquea la publicidad en las páginas web de los negocios que generan ganancias a ciudadanos residentes en Cuba, argumento que supuestamente le impide a la compañía abrir algunas de sus plataformas a todos los cubanos?

La paradoja resulta evidente. Si de Google se trata, un cubano, a través de intermediarios en EEUU, puede anunciar su negocio y obtener ingresos por concepto de publicidad incrustada en su página web para Cuba. Sin embargo, Google Adsense, el servicio líder de la compañía en la gestión de publicidad en la web, está bloqueado para los internautas que se conectan desde la Isla.

Basta una ojeada en Internet para descubrir que miles de sitios digitales que promueven o prestan servicios privados en Cuba, han sido alojados en Estados Unidos y portan dominios internacionales. Diría que es difícil encontrar un negocio particular con cierta solvencia en la Isla que no tenga un medio digital propio o se publicite en populares páginas de anuncios, todas alojadas fuera de la Isla. Independientemente de que en Cuba la normativa para el registro de dominios nacionales está varada en la Edad de Piedra y es este el servicio de su tipo más caro del planeta, eso no explica la indulgencia estadounidense, ni su discrecionalidad a la hora de aplicar su política de sanciones específicamente en este ámbito.

La prueba del crecimiento exponencial de los medios digitales cubanos con infraestructura estadounidense, está a la vista. Una búsqueda simple en Google de la palabra “cuba” en la raíz del dominio internacional .COM, por ejemplo, ha generado hoy más de 52 100 resultados, como se puede apreciar a continuación:

cuba punto com
La otra cara de la moneda es que no sabemos exactamente cuántas páginas han desaparecido de la red en virtud de la extraterritorialidad del bloqueo. 
Recordemos, como botón de muestra, la noticia que tuvo bastante eco en el 2008, cuando EEUU borró de Internet más de 80 nombres de dominio, entre los que estaban los de las páginas www.cuba-hemingway.comwww.cuba-havanacity.comwww.ciaocuba.com y www.bonjourcuba.com, estas dos últimas orientadas a turistas franceses e italianos que visitaban la Isla. Eran propiedad de un ciudadano inglés, que había comprado estos nombres en Islas Canarias, a través de una registradora estadounidense (eNom).

Tras el escándalo, la filial latinoamericana de la Corporación internacional para la Asignación de Nombres de Dominio, LatinoamerICANN, emitió una declaración en la que daba cuenta de que muchos Agentes Registradores afincados en EEUU están obligados por ley a no dar servicios a personas o entidades que entren en conflicto con los intereses de Estados Unidos. Reconocía que existen leyes para criminalizar el gasto de dinero de ciudadanos y empresas estadounidenses que favorecen negocios a personas radicadas en Cuba. ¿Cambió entonces la ley, siete años después? ¿Por qué no nos hemos enterado?

Para hacer de la política de EEUU en el ámbito de las telecomunicaciones un territorio aún más extraño, recientemente la Oficina de Transmisiones para Cuba del gobierno de los Estados Unidos rindió honores al informático estadounidense José Alpízar por la creación de una red de distribución de contenidos en la Isla, a través de DVD y unidades flash. Según los reportes de prensa,
“el Sr. Alpizar ha liderado el camino en la distribución de memorias flash que no solo contienen gigabytes de información de audio y video producidos desde Radio y TV Martí especialmente para Cuba -obviamente no se trata solo de programas de estos medios-, sino también información sobre la búsqueda y desarrollo de WiFi y transmisiones de señales de TV satelitales dentro de Cuba, alejadas del control estatal.”
Sería interesante saber si el gobierno de Estados Unidos, que tiene una lista negra unilateral sobre piratería y sanciona a los violadores del derecho de autor, está torpedeando sus propias leyes. Más preguntas se caen de la mata: ¿qué hay dentro de esos gigabytes de información?; el premiado Alpízar y otros que como él trabajan en los proyectos de cambio de régimen en Cuba, ¿distribuyen contenidos de la industria cultural estadounidense?; ¿vendrán de allá muchas de las películas y series que pueblan nuestro informal “Paquete semanal”?

(Fuente Cubadebate. Tomado del blog de la autora, Desbloqueando Cuba)
 
 

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